viernes, 2 de marzo de 2018

RESEÑA (by MH) ::: LOS NIÑOS DE LOS BELLOS DÍAS - Eduard von Keyserling




Título original: Feiertagskinder 
Autor: Eduard von Keyserling 
Editorial: Nocturna (colección Noches Blancas)
Traducción: Carlos Fortea
Páginas: 125
Fecha de publicación original: 1918
Fecha esta edición: mayo 2011
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 14 euros 
Ilustración de cubierta: Joven en una barca (James Tissot, 1870)


 
Melancólica, soñadora, la joven Irma es una de esas personas que contemplan la vida como si de una obra de teatro se tratara y que, en lugar de tomar parte en ella, desempeñan su papel desde el otro lado del telón. Su marido, el barón Ulrich von Buchow, es todo lo contrario: un hombre pragmático y con los pies en la tierra. Mientras Ulrich centra su atención en la finca y la educación de sus dos hijos, Irma siente que, poco a poco, el deseo de cambiar su vida por otra más interesante se va apoderando de ella... hasta que, de improviso, un trágico acontecimiento da un vuelco a la situación y provoca que todos los conflictos lleguen a su punto álgido.

Los niños de los bellos días, última novela de Keyserling y una de las que escribió ya ciego, habla de amor y celos, vacío interior, grandes esperanzas y, a modo de prólogo del divorcio, el fracaso de un matrimonio.


Creo que la publicación de clásicos de la editorial Nocturna pasa bastante desapercibida entre sus novelas de otras temáticas más comerciales, pero lo cierto es que existe y, aunque no  muy extensa, es muy buena. No solo tiene publicados dos maravillosos Dickens que no pueden encontrarse en los catálogos de otras editoriales más orientadas a este género, sino que hace unos años recuperaron buena parte de la obra de un autor bastante desconocido por estos lares como es Eduard von Keyserling. A esa recuperación pertenece esta novela que hoy os traigo, la primera que leo suya (y última que publicó... empezando al revés), pero no será la última. Me ha gustado mucho, aunque creo que no es de esas novelas para recomendar a todo el mundo.

Irma von Buchow languidece en su mansión campestre. Ella, junto a su marido, sus dos hijos y su padre, pertenecen a la aristocracia terrateniente alemana, pero en esta casa cada cual se toma su lugar en la vida de una manera totalmente distinta. Ulrich es el cabeza de familia, y sobre él recaen todas las responsabilidades, ya no solo del hogar familiar, sino de sus tierras, sus finanzas, las gentes que trabajan para él, y hasta las deudas de su hermano Achaz, un vivales que habla mucho y hace más bien poco. Ulrich es un hombre serio, grave, que trabaja de sol a sol por sacar su renta adelante y adora a su esposa, aunque le cuesta expresar sus sentimientos. Ulrich es el que tiene que cargar todo el peso del mundo sobre sus hombros mientras los demás viven libres de preocupaciones.

Sin embargo, Irma, como digo arriba, languidece... porque ella quiere, claro, porque lo tiene todo al alcance de la mano. Podría hacer mil cosas, pero escoge no hacer ninguna. No le interesa nada, no le satisface nada, su marido le aburre, rechaza a su hija Isa, lo de ejercer de esposa del terrateniente es demasiado esfuerzo... Irma solo quiere a su precioso hijo Uli, por el que se desvive, y reír, bailar, disfrutar de la naturaleza y de las cosas bonitas... y todo eso solo lo tiene cuando su cuñado Achaz aparece por casa. Achaz, que ríe, ríe, ríe, y cuenta muchas anécdotas de la gran ciudad, y es muy simpático, y agradable, y seductor, mientras dilapida la fortuna de su hermano, le critica a sus espaldas por su devoción al trabajo (aunque sea ese trabajo el que pague sus continuas deudas de juego) y, en definitiva, le echa mucha jeta a la vida. Pero a Irma todo eso le da igual. Achaz es todo lo que Ulrich no es. Achaz es la luz de los días de fiesta, es la fiesta en sí misma... y su marido es el gris de los días laborables: le deprime.

El espíritu de Emma Bovary pulula por las páginas de esta novela de manera persistente, aunque con diferencias. Esa insatisfacción crónica, ese persistente querer estar en cualquier otra parte, esa frustración constante con la realidad que le rodea, ese mundo de fantasía donde la protagonista cree que todo será mejor que su verdadera existencia... Irma podría tenerlo todo para empatizar con el lector, quien podría entender sus ansias por escapar de los valores burgueses que le atan a un marido que no ama; un lector que podría acompañarla en su lucha por la libertad, por la felicidad, en una época donde la mujer pertenecía a su marido y lo de la separación o el fracaso matrimonial, sobre todo si era la mujer la que lo provocaba, se consideraba amoral (más aún en la alta sociedad). Irma podría tenerlo todo... pero yo no la he soportado. 

No he podido con ella, lo siento. Me ha parecido egoísta, muy egoísta, irresponsable e inmadura. No le he perdonado el trato que le da a su hija, o más bien el trato que no le da. Emma Bovary tampoco llegó a sentirse nunca madre, no sentía ningún apego por su hija, pero lo de Irma es peor: decide ser madre de uno solo de sus hijos, el que se parece a ella. Ama a su hijo Uli por encima de todas las cosas: es tan alegre, tiene tanta luz, es tan guapo... a su hija Isa, solo una niña, simplemente la desprecia porque se parece a su padre. Irma la considera una personita gris, cuando ella solo quiere luz, luz, luz... Y esa niña, totalmente ignorada por una madre que no soporta que ni la toque, y sola, completamente sola, vagando por las páginas en busca de un gesto de cariño, de un abrazo, de un beso, me ha roto el corazón. Supongo que me ha vuelto a pasar lo de siempre, que el autor quiere que empaticemos con un personaje y yo me he ido por el lado contrario. 

Tampoco he soportado a Achaz, dicho sea de paso, pero él no es realmente el protagonista de la novela ni el que quiere darnos pena a través de las páginas. Juega el papel de hermano encantador que siempre dice que va a cambiar pero que nunca lo hace, que solo pronuncia palabras vacías y que hace bueno el dicho de que "el camino hacia el cielo está pavimentado de buenas intenciones". Es egoísta y ya, no busca justificaciones ni insatisfacciones que valgan para engatusar al lector. Simplemente es el instrumento para que la trama desencadene en lo que desencandena. Irma y él son tal para cual: egoístas, solo piensan en ellos mismos sin importar a quien arrastren detrás.

Que conste que yo solo os transmito lo que he sentido con los personajes, que eso es independiente de la calidad de la novela, que es fantástica. De hecho me gusta cuando los personajes me hacen amarlos u odiarlos. No necesito que me caigan bien si la historia es buena y Von Keyserling recrea una trama llena de anhelos, tristezas, celos y traiciones que no cuenta nada nuevo, porque la insatisfacción de la mujer en el matrimonio ya era una temática muy habitual de la época, pero lo hace con una prosa excepcional, elegante, contenida y contando mucho en pocas páginas. Las descripciones de la naturaleza son tan visuales, tan descriptivas, que rebosan impresionismo. Y la sutileza de la narración es, en sí misma, bonita de leer. No encuentro otra manera de explicarlo.

Los niños de los bellos días está imbuido de melancolía, de amargura, de un querer estar en otra parte, de tener lo que no se tiene, de creer que se debería estar haciendo algo distinto a lo que se hace... de una insatisfacción constante que, tras un suceso trágico que ocurre a mitad de la historia, explosiona. En la novela pasan más cosas de las que no os he hablado, porque en una novela tan corta no se puede decir mucho más sin desvelar cosas importantes, pero el espíritu es el que os cuento. Y es una lectura muy recomendable, pero quien la afronte debe ser consciente de que se va a adentrar en una narración pausada y nostálgica, donde pasan grandes cosas agazapadas detrás de aparentes nimiedades, y que es muy de personajes, para bien o para mal.



Eduard Graf von Keyserling nació en el castillo de Paddern, cerca de Hasenpoth (Aizpute), Curlandia, en 1855. Miembro de una antigua y noble familia alemana del Báltico, y familiar del filósofo Hermann Keyserling, estudió en la Universidad de Dorpat, pero fue obligado a abandonar sus estudios debido a un incidente que le alejó de los círculos aristocráticos. Tras mudarse a Viena, continuó estudiando y empezó a familiarizarse con las ideas sociales del naturalismo. Fue entonces cuando comenzó a publicar.
 
Posteriormente se trasladó a Múnich, de donde, a excepción de una corta estancia en Italia, ya no saldría. Allí frecuentó nuevos círculos artísticos, entre los que se encontraban L. Corinth, M. Halbe, R. Kassner y F. Wedekind. Durante esta etapa escribiría muchas obras de teatro, pero lo que le condujo al verdadero reconocimiento fueron sus novelas. 
 
Ya enfermo de sífilis, en 1904 publicó la novela Un ardiente verano (Nocturna, 2010). En 1908 se quedó ciego y hubo de dictar sus últimas novelas a sus hermanas, hasta su muerte en 1918.

17 comentarios:

  1. Irma ya me cae mal solo de haberte leído aunque estoy de acuerdo contigo en que no es necesario apreciar a los protas si la historia es buena y desde luego lo parece.
    Besos

    ResponderEliminar
  2. Aunque para mi es muy importante que alguno de los personajes de una novela me caiga bien para disfrutarla porque necesito ir a muerte con él y creo que no me pasaría en ésta, lo cierto es que el libro despierta mi curiosidad porque no había oído hablar de él ni del autor,así que tomó nota por si en algún momento me lo tropiezo. Una pregunta como descubría tantos clásicos interesantes?. Yo no llego ni a la cuarta parte. Besinos.

    ResponderEliminar
  3. No conocía al autor, pero le podría dar una oportunidad, me gusta lo que cuentas.
    Besos

    ResponderEliminar
  4. Hola chicas, pues la verdad es que con este no me animo... aunque escriba muy bien, no me atrae mucho tanta melancolía, y tan poca empatía con el personaje principal.
    Un besazo

    ResponderEliminar
  5. Yo tampoco necesito que los personajes me caigan bien para disfrutar de una lectura, mal iría entonces. Lo que necesito es creérmelos y listo. Me la llevo anotada.
    Besos.

    ResponderEliminar
  6. Menuda cara de aburrimiento gasta la muchacha y según la he visto he pensado : anda que como la novela sea igual...
    Ahí anda la cosa. No tengo mucha paciencia para este tipo de historias, es como que me dan sueño. A los adultos ya les he cogido manía y la nena pobre, da mucha penita.
    La dejo pasar.
    Besos

    ResponderEliminar
  7. Nocturna es una editorial de lo más interesante, porque también me llaman mucho la atención su colección de autores orientales.

    Pues a mí también me recordaba a la señora Bovary, así que primero probaré con la historia de esta (que ya tengo en casa) y si la disfruto no me importaría probar con esta otra.

    Besitos

    ResponderEliminar
  8. Uy esa Irma. Aunque a mi tampoco me es imprescindible que los personajes me caigan bien para que me guste la novela la verdad
    Besos

    ResponderEliminar
  9. Sabía que no debía haber entrado, lo sabía, pero me pierde vuestra compañía 😊 Ea, pues otro que me llevo, qué cruz!!!

    Besitos carinyet 💋💋💋

    ResponderEliminar
  10. No me importa que sea de ritmo pausado, al contrario, a veces el cuerpo me pide una de estas historias para degustar a pequeños sorbos, con ese aire melancólico que transmiten ciertas novelas de época. Me encantaría leerlo.

    Un beso ;)

    ResponderEliminar
  11. Es que lo peor que te puede pasar con un personaje es que te resulte indiferente. Pero tanto que lo ames como que lo odies es muy buena señal. Me llevo el libro, que creo que lo disfrutaría mucho.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
  12. A mí me alucina la cantidad de cosas que aprendo cuando paso por aquí. Ese detalle de ediciones poco conocidas o editoriales en las que una no repara. Y esta historia, pues también me gusta. a mí el ritmo pausado tampoco me supone problema si la historia interesa. Me la llevo anotada.
    Besos

    ResponderEliminar
  13. No es mi tipo de historias pero se agradece la reseña, siempre tan buena y que te da ganas de leer el libro. Saludos.

    ResponderEliminar
  14. Pues no lo conocía, llevas razón en que esta línea de la editorial es poco conocida. Me gusta cuando logran que se te atraviesen personajes, jeje.Tomo nota. Un besote!

    ResponderEliminar
  15. ¡Hola! De vez en cuando, me gusta leer este estilo de historias, cargadas de melancolía y tristeza. Por lo que no dudaría en leer este libro. Muchas gracias por la reseña, un besito!

    ResponderEliminar
  16. Madre mía qué mujer, ¡no? A mí este tipo de personajes más que provocarme rechazo me produce el efecto contrario, así que quiero ver de qué manera se aburre. No me importaría leerlo. Besos

    ResponderEliminar
  17. Anda, pues es cierto, no conocía esta línea de la editorial, me ha sorprendido. En cuanto a la novela...estoy algo cansa da de personajes con los que no empatizo y la trama tampoco me atrae, así que va a ser que no :/

    ResponderEliminar