jueves, 9 de junio de 2016

RESEÑA (by MB) ::: UNO DE MIS HIJOS - Anna Katharine Green (Edición Ilustrada)


Título original:  One of my sons
Autora: Anna Katharine Green
Editorial: dÉpoca
Páginas: 368
Traducción: Rosa Sahuquillo Moreno
Introducción: Juan Mari Barasorda
Fecha publicación original: 1901
Fecha de esta edición: abril de 2016
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta y lazo de punto de lectura 
Precio: 23,99 euros
Ilustración de cubierta: Adaptación del óleo sobre lienzo Woman´s Mission: Companion of Manhood (1863), de George Elgar Hicks
Ilustraciones interiores (de la época): Louis Betts

(Incluye como obsequio marcapáginas y lámina de la ilustración de cubierta)


Obra maestra de la "madre de la novela de detectives", Anna Katharine Green, conocida como la Agatha Christie de la época victoriana.
Anna K. Green se distingue por una bella prosa y la construcción de tramas muy ingeniosas y bien desarrolladas en las que incluyó innovaciones como la investigación forense. La Facultad de Derecho de Yale ha puesto  de ejemplo sus libros para demostrar lo peligroso que puede resultar confiar en la evidencia circunstancial.

Un elegante joven circula una tarde de otoño por Nueva York cuando una desesperada niñita reclama su atención y le suplica que entre en la lujosa mansión de su familia, pues su abuelo se ha puesto repentinamente muy enfermo y necesita ayuda. El joven, Arthur Outhwaite, se siente conmovido y acompaña a la pequeña hasta el interior de la casa, donde se convierte en la última persona que ve con vida al anciano, el gran financiero Archibald Gillespie. Antes de morir, este le confía una carta con la petición de que la entregue a una persona concreta, y a ninguna otra.

Por desgracia, la víctima fallece antes de darle más información sobre la identidad del destinatario. Cuando poco después se confirma que ha muerto envenenado, surgen infinidad de preguntas: ¿Qué contiene la carta? ¿A quién va dirigida? ¿Quién es su asesino?

En el momento en que Claire Gillespie interpela al joven abogado Arthur Outhwaite cuando este va paseando por las decimonónicas calles de Nueva York en una tarde de otoño, desconoce hasta qué punto su vida va a cambiar en todos los sentidos...

Más que una invitación por parte de la nieta de Archibald Gillespie es un requerimiento urgente para atender a su abuelo, quien se encuentra en unas circunstancias que demandan de Arthur Outhwaite una atención inapelable... el señor Gillespie parece estar gravemente enfermo, incapaz de hablar y de comportarse con normalidad. Además parece que desconfía de todos los miembros de la casa, parientes y sirvientes, y esta es la razón por la que envía a una persona inocente, su nieta, a pedir ayuda al exterior.

De la mano de Outhwaite nos sumergimos en un misterio con tintes dramáticos, conocemos la vida de nuestros protagonistas y nos paseamos por las diferentes clases sociales en la que estaba estructurada la Nueva York de finales del siglo XIX y principios del XX, no faltándonos motivos para disfrutar de esta obra maestra que es Uno de mis hijos.

En Uno de mis hijos, Anna Katharine Green creó una historia que da buena muestra de cómo se hacían las cosas en aquellos tiempos, con minuciosidad y precisión, y cuidando al máximo detalles como la ambientación y la profundidad de los personajes, pues no solo nos presenta un misterio, sino que sus personajes están vivos e investidos de unas características que los singularizan... incluso los que parece que por parentesco o trabajo podrían tener ciertos rasgos comunes, de la mano de nuestra autora muestran con detalle y precisión una personalidad totalmente diferente.

La narración se ve enriquecida en cada página gracias a las descripciones y al estilo, siendo todo un lujo para los amantes de la artesanía. Y cuando digo artesanía me refiero a que, para este libro, la autora moldea y crea a los personajes construyéndoles una magnifica tela de araña, enredándolos a ellos y a nosotros los lectores en una trama compleja y rica. Por eso uno de los placeres que ha supuesto leer este libro, único e incomparable, ha sido el de luchar de modo figurativo con la autora, para comprobar dónde quería llevarme y por qué quería llevarme hasta allí. Y aún así, no solo he disfrutado del misterio y de todas las pistas que la autora me ha ido entregando, sino que pasearse por una época como aquella ha sido un placer, y sigo descubriéndola y rememorándola en cada ocasión que se presenta. 

Pese a ser pionera en este género (el de las novelas de detectives), Anna K. Green supo reconocer la importancia de estos,; por tanto, no solo vamos a tener uno, sino que serán dos los presentes en la investigación: el joven e impetuoso Caleb Sweetwater, y su maestro y mentor, Ebenezer Gryce; este último está curtido de experiencias que le hacen ver más allá de las apariencias y juegos de espejos con los que en cada momento se nos presenta la realidad

En esta obra, el papel que a mi juicio tiene el abogado Arthur Outhwaite es el de ser los ojos del lector. Aquí la autora es honesta, en el sentido de que todas las pistas y datos que ella nos va entregando lo hace a través de este personaje, y él determina las reflexiones y decisiones según lo que la autora le va dejando ver o entrever... hasta llegar al "sorprendente final", culminación y resolución del misterio, así como a las felices o no tan felices consecuencias dependiendo del personaje al que nos refiramos.

A mi entender, Uno de mis hijos es una novela de misterio, realista y con unos tintes melodramáticos, que nos hace disfrutar no solo del misterio que nos plantea Anna K. Green, sino de todos los cuadros costumbristas que son un fiel reflejo de la sociedad neoyorquina de la época; y en ellos nos involucra la autora con su preciosísima prosa de tal manera que nos da mucha pena terminarla.

Todo este buen hacer, la minuciosidad, el cuidado y el cariño que vemos en la obra de Anna K. Green, se palpa en la edición de este libro. Debería estar en todas las estanterías de aquellos que amamos no solo las buenas novelas, sino también las buenas ediciones. Esta sin duda es de lujo, y además incluye las preciosas ilustraciones originales de Louis Betts, y solo por ellas ya merece la pena tener la novela. Además, debo resaltar la esclarecedora y didáctica introducción de Juan Mari Barasorda (reconozco que la leí después de terminar el libro, por eso de no contaminar las primeras impresiones), y sobre todo la magistral traducción de Rosa Sahuquillo Moreno, que ha sabido captar y trasladar a la obra toda la ambientación, argumentación... además de la esencia de todos los personajes. 

Anna Katharine Green (1846-1935) reconocidísima escritora americana considerada "la madre de la novela de detectives" y también la "inventora" de la detective solterona aficionada, la señorita Butterworth.

Fue una escritora admirada por autores de su tiempo como Wilkie Collins o Arthur Conan Doyle, modelo y ejemplo para posteriores escritoras del género como Agatha Christie (y su entrañable señorita Marple, de la que Amelia Butterworth es precursora), y una autora cuyas novelas pueden ser leídas como un misterioso divertimento o como crónicas históricas y sociales.

Su huella y su legado siguen vigentes y merece ser visibilizada y recordada. 

Miss Bingley

viernes, 3 de junio de 2016

RESEÑA (by MB) ::: DEL COLOR DE LA LECHE - Nell Leyshon


 
Título original: The colour of milk
Autora: Nell Leyshon
Editorial: Sexto piso
Páginas: 176
Traducción: Mariano Peyrou
Prólogo: Valeria Luisselli
Fecha publicación original: 2012
Fecha de esta edición (octava): 2015
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16 euros
Ilustración de cubierta: Ida Reading a Letter, (1899, Vilhelm Hammershoi)



                 
Autor: Nell Leyshon
Traducción: Mariano Peyrou
Colección: Narrativa
Formato: 15 x 23 cm
Género: Novela
Páginas: 184
ISBN: 978-84-15601-34-0
Precio: 16.00 €
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"Este es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano", leemos al inicio de Del Color de la leche. Algo que no sería tan sorprendente si quien escribiera esas líneas no fuera Mary, una joven campesina inglesa del siglo XIX, que por su condición habría estado condenada de por vida al analfabetismo, dispuesta a narrarnos su historia.

Mary tiene quince años y el pelo blanco como la leche, siempre dice lo que piensa y es incapaz de disfrazar la verdad. Podría llegar a considerarse hermosa de no ser por el defecto físico que padece en una pierna. Abocada a una existencia animalizada, a la bruticie de los trabajos en el campo y a la falta de cualquier perspectiva que no sea la de vivir y morir en el anonimato de los seres sometidos, Mary ve cómo todo cambia cuando debe trasladarse a la casa del vicario para cuidar de la mujer enferma de este, y cuando él le enseña a leer y escribir. Gracias al misterio revelado de las palabras, Mary aprenderá a relacionarse de manera diferente con lo que la rodea y consigo misma. Y, lo más importante, podrá referirnos su doloroso y devastador secreto. ¿Cómo romper unas cadenas sin acabar procurándose otras?

Desgarradora lectura en la que se concitan la inocencia y la amargura, la belleza y la brutalidad, así como las relaciones de poder que palpitan soterradas en la pequeña comunidad rural donde vive Mary. Del color de la leche, elegida Libro del año 2014 por el Gremio de Libreros de Madrid, es una novela que no deja indiferente. Valiéndose de la inolvidable voz de Mary, Leyshon parece haber dado voz —y dignidad— a tantas mujeres anónimas aplastadas, sometidas a las injusticias de la sociedad y de la época que les ha tocado vivir, víctimas de abusos y relegadas al olvido. 
En Del color de la leche, Nell Leyshon nos adentra en la Inglaterra profunda y rural de principios del siglo XIX. Estamos lejos de las grandes mansiones, con sus carruajes, fiestas, damas y caballeros. Nuestro escenario es otro: cuando miramos alrededor no vemos esas casas maravillosas, esas mesas llenas de comidas exóticas y refinadas. No hay caballeros que nos tiendan la mano, sino hombres despóticos y brutales que con su omnipresente poder nos guían o más bien dirigen en cada momento.

Mary, nuestra protagonista, es una joven de quince años con unas cualidades innatas a la tierra que la sostiene: sencillez, naturalidad, transparencia y humildad. Vive en una granja situada en la Inglaterra profunda junto con su familia, compuesta por su padre (el amo), su madre, sus hermanas y su abuelo.

El padre (siempre que aparece en la novela me recuerda a Bernarda Alba) es el dueño y señor de los destinos de todas la personas que están bajo su protección; o, expresándolo con otro enfoque, bajo su autoritarismo tiránico y cruel. Todos deben trabajar para seguir adelante; comer es su único objetivo y no queda espacio ni tiempo para otras cosas más mundanas y secundarias, como pueden ser el amor, la amabilidad, la tolerancia, la compasión... es la supervivencia en estado básico. O comes o mueres.

Mary es joven e inteligente, y su educación (o ausencia de ella) no le ha negado ciertas cualidades que transmite con esa transparencia y franqueza que solo poseen las personas con un espíritu joven y limpio. Su padre, a través del duro trabajo y sin compasión, la ha fraguado como al acero. Es orgullosa e íntegra, y todas las personas que se le acercan, ya sea  de una manera positiva o negativa, procuran absorber esos rasgos; su fuerza vital, su juventud, sencillez y alegría conviven en ella de forma natural, y ni el duro trabajo ni sus minusvalías le impiden disfrutar de todo lo que le rodea, empatizando con las personas y adivinando sus necesidades y sentimientos.
Cuando Mary "asciende en la escala social", de granjera a criada del vicario, las perspectivas son halagüeña: el trabajo duro desaparece y entra en contacto con mundos más elevados. Ahora no tiene a un padre despótico que le obliga a trabajar todas las horas del día hasta el desfallecimiento. En su lugar hay una persona educada, bondadosa, que la escucha y la protege, y de alguna manera, al ser su trabajo más llevadero, le queda tiempo y energía para pensar en ella, en los suyos y en las nuevas personas que han entrado en su vida.

Pero ahora no tiene a un padre básico, déspota y cruel. Ahora su dueño es una persona con unas cualidades más elevadas, ya sean buenas o no tan buenas. Y Mary descubrirá muy pronto que ser educado no significa ser buena persona; no hay nada gratis. Su transparencia, la franqueza y las ganas de aprender son las armas que otras personas utilizarán para robarle toda su luz.

Nell Leyshon, con un estilo sencillo, claro y limpio, en un lenguaje casi hablado (es mejor leer esta novela sin ningún bolígrafo al lado para no desorientarte en la lectura, porque tienes ganas constantes de corregir las mayúsculas), da voz a Mary. Ella es, en primera persona, quien nos la cuenta a través de este texto testimonial. Con humildad y sencillez nos relata su vida, todo envuelto en una atmósfera de esperanza y optimismo que incluso, en los momentos más duros, siempre percibes.

Quizás por eso el final me descuadró un poco. Cuando toda la información cambia te das cuenta de que tus premisas no son las correctas y, en mi caso, no llego a entender la decisión final de Mary; no entiendo que esa inteligencia y empatía que muestra hacia los suyos no la muestre hacia ella misma. Pero es su historia, y así nos la cuenta.
Nell Leyshon nació en Glastonbury (Inglaterra). Novelista y dramaturga, ha recibido numerosos premios. Su primera novela, Black Dirt (2004), fue candidata al Orange Prize for Fiction y preseleccionada para el Commonwealth Book Prize. En 2008 publicó Devotion. Por su obra teatral Comfort Me With Apples, ha sido galardonada con el premio Evening Standard Theatre. Bedlam fue la primera obra escrita por una mujer para el Shakesperare´s Globe Theatre. Además, recibió el Premio Richard Imison por su primera obra teatral para la BBC Radio. Del color de la leche fue seleccionada para el premio Femina 2014 al mejor libro traducido en Francia y obtuvo el premio Libro del Año 2014, otorgado por el Gremio de Libreros de Madrid.
Miss Bingley

miércoles, 1 de junio de 2016

RESEÑA (by MH) ::: SARNA CON GUSTO - César Pérez Gellida



Título original:  Sarna con gusto (Refranes, canciones y rastros de sangre I)
Autor: César Pérez Gellida
Editorial: Suma de Letras
Páginas: 509
Fecha publicación abril de 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18,90 euros
Imagen de cubierta: Sonia Volpini
Diseño de cubierta: Chevi Diseñarte


(Esta reseña pertenece a la LECTURA CONJUNTA del libro tras el sorteo organizado por los blogs Libros que hay que leer y Adivina quien lee. Muchas gracias a la editorial por el ejemplar)

Tras el éxito de la trilogía «Versos, canciones y trocitos de carne» vuelve César Pérez Gellida con su novela más negra, protagonizada por el concienzudo inspector de policía Ramiro Sancho.

Lastrado por los efectos nocivos que le ha dejado la obsesiva persecución de Augusto Ledesma, el pelirrojo inspector de homicidios de Valladolid, Ramiro Sancho, vuelve al Cuerpo con la esperanza de retomar las riendas de su vida anterior. Nada más lejos de la realidad.

Una adolescente ha desaparecido en el marco de las ferias patronales de la ciudad. Se trata de la hija de un importante político y las primeras pesquisas apuntan a que podría tratarse de un secuestro.

César Pérez Gellida aborda su novela más negra desde una óptica global con el objeto de ofrecer al lector una visión de 360º sobre un delito sumamente cruel como es la privación de libertad. Y lo ejecuta de una forma tan real que compartirá la angustiosa incertidumbre de la familia, tan estremecedora que saboreará el miedo desde la oscuridad de un lugar desconocido, tan veraz que se ajustará el pasamontañas para meterse en la piel del secuestrador y, como no, tan cercana que participará en el proceso de negociación e investigación en primera persona.

El "género Gellida".

Ahí es nada.

Y yo sin enterarme. ¿En qué estaba pensando? 

Bueno, sí que sé en qué podría estar pensando. Normalmente yo suelo huir mucho de los bombazos editoriales. O de las modas. O los famosos "hype". Corro sin mirar atrás, y ya si eso, cuando baja la marea, pasen meses o años, me acerco al elemento en cuestión. Así que si este género con apellido molón llegó a mis oídos, lo mismo lo dejé pasar esperando tiempos mejores. 

Y este es un buen ejemplo de que pagan justos por pecadores (marchando una de refranes, que el libro invita... es más, creo que me ha dado el puntazo y voy a seguir tirando por ahí), y que se dejan pasar buenas historias cuando se mete a todas en el mismo cajón.


Te vendrán pesares sin que los buscares. Este podría ser el lema de Ramiro Sancho, por lo leído y por lo intuido de novelas anteriores. Con esta lectura he llegado tarde a la fiesta. No he leído la trilogía "Versos, canciones y trocitos de carne", tal y como comento arriba, así que los pormenores de la borrachera los desconozco. Pero en Sarna con gusto sí que somos testigos de la resaca, comenzamos con ella, y ya se las apaña Gellida para que te pongas en situación. Sí que es cierto que me hubiese gustado estar más ubicada en algunas cosas, con una perspectiva más asentada de la relación entre algunos personajes, pero la historia se puede seguir sin ningún problema sin haber leído los libros anteriores (lo que no quita para que los compre ansiosamente en cuanto pueda porque TENGO que saber lo que pasó en ellos). Me desvío. Que Sancho es de esos tipos con imán. Atrae al lector, pero también a todo lo malo, los problemas, los marrones, cualquier cosa que pueda salir mal, porque ahí estará él esperando para placar lo que pueda y como pueda. Y da igual las veces que grite a los cuatro vientos durante la novela (y son unas cuantas) que qué más le puede pasar, porque no tiene remedio. Le vienen los pesares sin buscarlos. Qué buen personaje es Sancho. Con sus refranes, sus símiles, sus canciones, su pasado, su presente... ¿su futuro? Lo que dice, lo que calla, lo que grita, lo que placa. Lo dicho, un gran personaje.

Perro de buena raza, hasta la muerte caza. Hay muchos frentes abiertos en esta historia. Tenemos el más evidente, el secuestro de Margarita, una adolescente de quince años hija de un político para cuya captura parece no haber explicaciones reales; tenemos a Sancho, en plena marea post-Augusto Ledesma y post-consecuencias de ese caso, e inmerso en una transición vital hacia no se sabe dónde; tenemos a una Congregación cuya aparición en la trama es un tanto difusa pero que poco a poco empieza a coger cuerpo (y que nos dará muchas "alegrías" futuras, supongo); tenemos reapariciones de antiguos personajes (de esos que yo no conocía, vamos), aparición de nuevos, conexiones del pasado, venganzas... y ahí está Sancho para lidiar con casi todo. Lo que no quiere decir que el camino sea fácil, todo lo contrario, pero va lidiando con todos los frentes. Los secundarios van y vienen pero él es quien se echa todo a la espalda, el que está siempre ahí (salvo alguna de las tramas que descansa más en otros brazos); de caza hasta el final y sus últimas consecuencias.


El clavo que sobresale es el que recibe un martillazo. Quiero centrarme en el secuestro de Margarita un momento. El trabajo que hace el autor por sumergirnos en el operativo de un secuestro es encomiable y la ardua labor de documentación está latente en cada paso que avanza la trama, porque además nos ofrece la perspectiva del caso desde todos los aspectos posibles: el de la secuestrada, el de los secuestradores, el de su familia, el de las fuerzas policiales asignadas al caso y encargadas de resolverlo, el de la negociación con los secuestradores, el de las cosas que pueden ir mal... Somos testigos de los días de encierro, la tortura psicológica y física, de la inseguridad, del miedo, de los errores que cometemos en situaciones límite, de lo que nos hace sobrevivir, de lo que nos empuja a no querer hacerlo... Reconozco que he intentado no leer reseñas (o las he leído de puntillas, que para el caso es lo mismo) sobre este libro por si me destripaban algo sobre el caso y su resolución, porque sinceramente es lo peor que le puede pasar a esta historia. Y me alegro de haberlo hecho así porque no tenía ninguna opinión formada con anterioridad sobre los derroteros hacia los que iba la trama. No tenía ni la más remota idea de lo que iba a pasar salvo lo que iba intuyendo ya inmersa en la historia. En otros libros no me importa (muy entrecomillado esto, pero bueno, digamos que me importa algo menos), pero en las novelas de este género es casi pecado mortal ir prevenida. Por eso yo aquí tampoco desvelaré nada que implique meterme de lleno en la trama.

Sí que quiero comentar que se me han quedado un par de flecos sobre el secuestro sobre los que me hubiese gustado saber más, y uno de ellos está relacionado con algo que podría parecer consecuencia del encierro, del estrés psicológico al que está sometida la adolescente, pero que en una única frase a lo largo del libro se da a entender que no es así, que viene de antes. Nos imaginamos o podemos imaginar qué es, pero me he quedado un poco con las ganas de saber más sobre ese tema, y más teniendo en cuenta que es determinante en cierto momento de los acontecimientos (que saber o no saber no afecta para nada a la historia, es más curiosidad personal que otra cosa).

Quien habla por refranes es un saco de verdades. Ese subtítulo de Refranes, canciones y rastros de sangre no tiene ninguna pérdida. Cada capítulo comienza con un refrán que más tarde aparecerá a lo largo de sus líneas y siempre (o casi siempre) en boca de Sancho; acompaña una banda sonora que va desde Nirvana hasta El último de la fila, pasando por Calle 13 o La dama se esconde; y los rastros de sangre... para eso tenéis que leer la novela, porque unos son recientes y otros tienen su historia. A simple vista puede parecer que la historia abarca demasiado, pero no. Todo está finamente hilado, todo converge cuando tiene que hacerlo, y Gellida no se limita a lo fácil, a un caso de secuestro, sino que lo condimenta con unos cuantos sabores más que le dan mucho más empaque a la historia y nos preparan para las posteriores entregas.

Una novela estupenda que anticipa lo que está por venir y que, en mi caso, te pica para que leas lo que vino antes. Gellida tiene una forma de narrar muy potente, con un protagonista que en ocasiones ensombrece a sus compañeros con la alargada sombra de su omnipresente personalidad. No es el caso de los malos, que se bastan y se sobran para lucirse en la narración (porque sí, se puede hablar de malos, tal cual. No hay medias tintas). Se me ha desdibujado un poco la inspectora Robles conforme avanzaban las páginas, y aunque al final parece que remonta, quizás se le podría haber sacado más provecho (imagino o espero que sabremos más sobre ella en el futuro). Gellida se hace algún guiño a sí mismo a lo largo de la narración, porque él lo vale y porque te quiere sacar la sonrisa (y lo consigue). Y no puedo terminar esto sin hacer alusión al fantástico prólogo, porque mejor entradilla que esa para un libro como este no se podía haber escrito. Fan hasta las trancas del tal Urtzi, inspector de Homicidios.


César Pérez Gellida nació en Valladolid en 1974. Es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid y máster en Dirección Comercial y Markéting por la Camara de Comercio de Valladolid. Desarrolló su carrera profesional en empresas vinculadas con el mundo de las telecomunicaciones y la industria audiovisual hasta que, en 2011, decidió dedicarse en exclusiva a su carrera de escritor. César irrumpió con fuerza en el mundo editorial con Memento mori, que cosechó grandes éxitos tanto de ventas como de crítica y obtuvo el premio Racimo de literatura 2012. Constituía la primera parte de la trilogía Versos, canciones y tocitos de carne, que  continuó con Dies irae y se cerró con Consummatum est, por la cual le fue otorgada la Medalla de Honor de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses 2014 por su ardua labor de documentación. En noviembre de 2014 le otorgaron el Premio Piñón de Oro como vallisoletano ilustre y en 2015 publicó Khimera, su cuarta novela. Actualmente sigue escribiendo novelas y colaborando como columnista en El Norte de Castilla.
Miss Hurst