viernes, 11 de diciembre de 2020

RESEÑA (by MB) ::: LOS GUARDIANES - John Grisham


 

 
Título original: The Guardians
Autor: John Grisham
Editorial: Plaza & Janés
Traducción: Nieves Calvino Gutiérrez
Páginas: 400
Fecha de publicación: octubre 2020
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 22,90 euros
Adaptación de la cubierta original de: Michael J. Windsor




En la pequeña ciudad de Seabrook, Florida, un prometedor abogado llamado Keith Russo fue asesinado a tiros una noche mientras trabajaba hasta tarde en su despacho. El culpable no dejó pistas. No hubo testigos, nadie tenía un motivo. Pero la policía pronto sospechó de Quincy Miller, un joven negro que había sido cliente de Russo.

Miller fue juzgado y condenado a cadena perpetua. Durante veintidós años languideció en prisión, manteniendo su inocencia sin que nadie lo escuchara. Desesperado, escribe una carta al Ministerio de los Guardianes, una pequeña organización sin ánimo de lucro liderada por el abogado y sacerdote episcopaliano Cullen Post. Post viaja por el país luchando contra sentencias injustas y defendiendo a clientes olvidados por el sistema. Sin embargo, en el caso de Quincy Miller encuentra obstáculos inesperados. Los asesinos de Keith Russo son personas poderosas y despiadadas, y no quieren que Miller sea exonerado. Mataron a un abogado hace veintidós años, y matarían a otro sin pensarlo dos veces.
Duke está tumbado, con los ojos cerrados, en un catre dentro de la celda de la muerte. En esta ocasión especial, las reglas le permiten tener un pequeño televisor a color para que vea lo que se le antoje. Lo tiene sin sonido, con las noticias por cable sobre los incendios forestales en la zona oeste. Su cuenta atrás no es una gran historia a nivel nacional.
Cuando hace veintidós años condenaron a Quincy Miller a cadena perpetua por el asesinato de Keith Russo (el abogado que llevaba su divorcio), se le cerraron las puertas de la sociedad y con estas la esperanza y la compasión. Sin dinero, sin familia y sin nadie que le apoyara, solo le quedaba cumplir con la sociedad y vivir el resto de sus días en prisión. De nada sirvió que gritara su inocencia, que las pruebas aportadas en el juicio fuesen manipuladas, que los testimonios no se ajustasen a la verdad y, entre otros elementos, que los informes periciales pseudocientíficos fueran más que dudosos. Ante este panorama judicial, y por mucho que su abogado defensor se desgañitara proclamando la inocencia al jurado, al final no se pudo impedir la sentencia condenatoria.

Se cierran las puertas y se tira la llave. ¿Qué es lo que queda? Para el protagonista de nuestra historia una última oportunidad, la que viene de la mano del Ministerio de los Guardianes, una asociación sin ánimo de lucro que salva a sus clientes in extremis. Para ellos, el "noes imposible, ya no hay remedio" es un elemento que debe despejarse para después desecharlo y así enfocarse solo en lo factible, en la verdad y la inocencia de sus clientes. Para ello realizan todo lo necesario, trabajan y emplean todo su aliento, mueven los recursos disponibles y sacrifican sus vidas con el único propósito de llegar hasta la imparcialidad y la justicia.
En otra pared hay cinco fotografías más pequeñas de nuestros clientes actuales, todos ellos con ropa de presidiarios. Duke Rusell, en Alabama, Shasta Briley, en Carolina del Norte, Billy Rayburn, en Tennessee, Curtis Wallace, en Missisisippi.
Así pues Los Guardianes aceptan el caso de Quincy Miller, un equipo formado por el abogado y sacerdote episcopaliano Cullen Post, la fundadora de la asociación Vicky Gourley, la directora de litigios Mazy Ruffin y el antiguo cliente François Tatum (Frankie). Todos ellos trabajan pro y para demostrar la inocencia independientemente de que se consiga resolver el caso y dan prioridad a su objetivo principal: demostrar la verdad para obtener la exculpación y la absolución de su cliente.

Hace veintidós años hallaron asesinado en su despacho a Keith Russo, un abogado de Seabrook (Florida), una pequeña ciudad de  once mil habitantes. Su mujer, Diana, encontró el cuerpo tendido en el suelo con dos disparos en la cabeza de una escopeta de calibre 12. Después de la conmoción y la sorpresa, el sheriff Bradley Pfitzner se ocupó diligentemente de la investigación, que culminó con la cadena perpetua de nuestro protagonista. Un proceso de lo más interesante en el que parece que la verdad que tuvo validez para los testigos fue la que el dinero y los tratos judiciales pudieron proporcionar, porque la prueba principal se perdió en un incendio muy oportuno y las técnicas periciales también fueron más que dudosas. Así nos encontramos con Quincy Miller, un hombre de color arruinado por su divorcio y muy enfadado con el abogado que le representó en él, Keith Russo. Un proceso preparado con un previsible final, ya que a nuestro reo le pusieron en el camino las piedras que le llevaron directo a la cárcel para los restos.

Pasaron los años y el juez murió, el sheriff se jubiló y su abogado se retiró, diluyéndose el caso en el tiempo. Para los habitantes de Seabrook solo es una historia acaecida en su pasado por alguien que debe resarcirles, pero para Quincy Miller es el presente y el futuro, una herida abierta y lacerante... ¿por qué debe cumplir una penosa condena si es inocente?

En Los Guardianes, John Grisham construye y deconstruye principalmente la historia judicial de Quincy, que vendrá hilada junto a la de los otros cinco clientes en los que actualmente está trabajando la asociación. Por medio de un narrador en primera persona, el abogado y sacerdote Cullen Post, se nos da a conocer lo que sucedió, cómo y quién lo investigó y la vida de la víctima, además de otros hechos y datos recogidos en el expediente judicial que dieron forma a un conjunto de tramas en las que, según se avanza, observamos que no todo está tan olvidado y enterrado como se creía. En esta pequeña ciudad de Florida todavía viven personas a las que no les interesa que se desentierren los esqueletos que mostrarían el grave error judicial (más bien la gran manipulación) que se produjo veintidós años atrás. 

El autor nos regala un thriller trepidante en el que nos invita a navegar por el sistema judicial y penitenciario estadounidense, donde los contrastes entre la justicia y la injusticia, el altruismo y la impunidad, son los vientos que hacen que el lector entre en dinámica enganchándose de una forma ágil y entretenida a los giros y vueltas de tuerca, atrayéndole de esta manera hacia una lectura adictiva en la que solo puede suspirar por un apoteósico final.
Cuando el guardia llama a la puerta, me despido y le prometo que volveré. Chocamos el puño a través de la ventana y me da las gracias de nuevo.

John Grisham (Jonesboro, Arkansas, 1955) se dedicaba a la abogacía antes de convertirse en un escritor de éxito mundial. Desde que publicó su primera novela en 1988, ha escrito casi una por año. Todas sin excepción han sido best sellers y ocho de ellas han resultado ser una magnífica fuente de guiones para el cine.

Entre sus obras destacan los siguientes títulos, todos ellos convertidos también en películas de éxito: Tiempo de matar, La tapadera, El informe Pelícano, El cliente, Cámara de gas, Legítima defensa, El jurado. Sus últimas obras publicadas en España son Ajuste de cuentas, La gran estafa, El caso Fitzgerald, El soborno y Un abogado rebelde.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

RESEÑA (by MB) ::: LA SEGUNDA VIDA DE MISSY - Beth Morrey


 
 
Título original: Saving Missy (aka The love story of Missy Carmichael)
Autora: Beth Morrey
Editorial: Duomo
Traducción: Antonio Prometeo Moya
Páginas: 432
Fecha de publicación: septiembre 2020
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19 euros
Diseño de cubierta: Elsa Suárez Girard


Quisquillosa, malhumorada... terriblemente solitaria. Missy Carmichael tiene una vida sin demasiados cambios ni emociones. Ya casi nunca habla con su hija, y su hijo y único nieto viven en Australia, en las antípodas del mundo. Sabe que quizá su comportamiento tiene mucho que ver con su soledad, pero cambiar puede ser tan difícil a veces.

Un encuentro casual en el parque con dos mujeres muy diferentes entre sí y un enérgico perro le brindarán la oportunidad de adentrarse en un mundo nuevo donde hay un hogar para la esperanza.

La segunda vida de Missy es un homenaje a la amistad, la familia y el poder del perdón, a todo aquello que convierte lo ordinario en extraordinario.

A mi edad, leer necrológicas es un peligro generacional, los contemporáneos van cayendo uno tras otro; cada necrológica era una cámara vacía en mi pequeño revólver.
Cuando conocemos por primera vez a Millicent Carmichael (antes Jameson) reconocemos a una mujer con las huellas de la vida: las arrugas, las carnes flácidas y caídas, el dolor de huesos, las varices que recorren sus piernas... Una apariencia que expone la existencia de una persona que nació hace ya algunos años.

Millicent, Missy, es una anciana de 79 años que, mientras se despide de la última navidad que ha pasado con su hijo y su nieto (apenas se ven porque ellos viven en Australia y ella en Londres), siente que sus días solo sirven para subsistir en su casa vieja y grande. La soledad se ha apoderado de ella, su marido hace algún tiempo que ya no le acompaña y el año anterior finiquitó la relación con su otra hija. Cada día emergen la soledad y la apatía como una niebla que, además de enfriar sus viejos huesos, entumece sus sentidos para relacionarse con todos y con todo aquello que no sean recuerdos compartidos con su marido (el catedrático Leo Carmichael), su casa y las añoranzas que esta le transmite sobre la crianza de sus hijos.

En su memoria comienzan a aparecer reminiscencias de su pasado y decisiones que tomó por y para los demás de las que parece un tanto arrepentida. También aparecen los y si esto, y si aquello, y si no...
Pero mi charla sobre el Codex Sinopensis fue muy bien recibida. Luego me "dediqué" a ser ama de casa, a sofocar la cacofonía cerebral con la escoba.
Así pues, tenemos a una protagonista que se siente una vieja descartada, pero también orgullosa y picajosa a la que por nada del mundo le gusta molestar, pedir ayuda o apoyarse en los demás, aunque sean de la familia. Prefiere aguantarse con su soledad y su nostalgia, aislarse en su casa e imponerse una clausura en la que solamente tienen permitida la entrada los fantasmas y los recuerdos del pasado. Pero todo cambia cuando la oportunidad se cuela por la rendija más imprevista de la mano de Angela, su hijo pequeño Otis, Sylvie y, sobre todo, la perra Bob.
Leo y yo tuvimos una vez una discusión en una fiesta, sotto voce, por la comisura de la boca, levantando los vasos y saludando con la cabeza a los invitados que pasaban. Actualmente la gente no tiene modales; lo sueltan todo sin miramientos.
Los nuevos conocidos de nuestra picajosa Missy le toman la medida, franqueándola por todos lados y disolviendo todas sus excusas para que les dé una oportunidad, les deje entrar en su vida y los nutra de recuerdos y experiencias. A cambio de todo ello le insuflan energía, haciéndole renacer como una persona individual que quiere vivir y celebrar sus días (independientemente de los que le queden) para tomar su propio rumbo.

En La segunda vida de Missy, Beth Morrey dibuja y colorea un retrato sobre las costumbres, las relaciones sociales y el positivismo en relación con una vida plena, llena e independiente de la edad, las circunstancias y el lugar donde se viva.

Las vidas no compartidas y la soledad como enfermedad (no solo mental sino también física) son situaciones muy presentes en nuestros días que se deben combatir (si se puede) tanto si es en solitario como con ayuda. En esta novela la autora nos hace ver cómo las cosas más nimias, lo cotidiano, los amigos, las mascotas, los cafés acompañados... pueden curar y transformar al mismo tiempo toda una vida de dedicación hacia los demás. En su obra encontramos un cántico al optimismo y los milagros del día a día de los que no somos conscientes, y de ella extraemos una maravillosa moraleja: todas nuestras jornadas, con sus amaneceres y crepúsculos, merecen ser vividas, pues en cada una de ellas nos hallamos ante un nuevo renacer.
Sentí otra vez un nudo en la garganta, pero en esta ocasión era un nudo de contento, un heraldo de lágrimas felices. Así que me las tragué y sonreí a todos los que iban acercándose a felicitarme.
A Beth Morrey le llegó la inspiración para su novela debut, La segunda vida de Missy mientras empujaba el cochecito de su recién nacido por los parques de su ciudad. En esos paseos, fue conociendo a la comunidad de dueños de perros, deportistas ocasionales, vecinos y familias, y aquello empezó a sembrar las semillas de su encantadora novela debut. Durante muchos años directora creativa de la productora televisiva británica RDF, Beth llegó a publicar varios de sus trabajos en las antologías de las universidades de Oxford y Cambridge. También fue candidata al Premio Grazia-Orange First Chapter, uno de los galardones literarios más prestigiosos del Reino Unido. En la actualidad, escribe a tiempo completo y vive en Londres con su marido, dos hijos y una perrita llamada Polly.

domingo, 6 de diciembre de 2020

RESEÑA (by MH) ::: ENVENENADO EN CARDINGTON CRESCENT - Anne Perry




Título original: Cardington Crescent
Autora: Anne Perry 
Editorial: Plaza & Janés  
Traducción: Luis Morillo Fort
Páginas: 335
Fecha publicación original: 1987

Fecha esta edición (3ª): enero 2000
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado (disponible de 2ª mano)
Fotografía de cubierta: Mary Evans Picture Library


Por enésima vez, el crimen se apropia de los elegantes barrios londinenses y el inspector Pitt se ve obligado a intervenir. Sin embargo, en esta ocasión, se trata de un asesinato particularmente doloroso para el inefable inspector y su perspicaz esposa Charlotte, ya que la víctima es el esposo de Emily, la querida hermana de Charlotte. Pero la tragedia no acaba ahí, ya que a continuación se produce otra muerte en extrañas circunstancias...

Se me están volviendo a complicar las cosas en estas últimas semanas del año, pero al menos me quedo con la satisfacción de que he cumplido mis seis lecturas y reseñas de la serie de Thomas Pitt (la llamo así porque es su nombre oficial, pero realmente es la serie de Charlotte Pitt que está casada con un tal Thomas, inspector de Scotland Yard).

La historia empieza con la aparición de un cuerpo desmembrado cuyas partes, separadas en varios paquetes individuales, aparecen en un radio de varias millas en el barrio londinense de Bloomsbury. Esas partes pertenecen a una mujer joven imposible de identificar... y aquí se queda este caso hasta la página 255 (tal cual os lo cuento), porque entonces entra en acción la verdadera reina de la función, Charlotte Pitt. Su creadora ya no sabía cómo inventarse más historias para que Charlotte se presentase a tomar el té y resolviese los asesinatos, así que se pone el mundo por montera y mata a su cuñado (¡pobre George, con lo bien que me caía!). Lo envenena, para ser más precisos, cuando tanto él como su esposa Emily (hermana de Charlotte) están pasando una temporada en casa de unos familiares en Cardington Crescent, así que Charlotte, como buena hermana, se traslada a esta casa para apoyar a su hermana y de paso hacer ella absolutamente toda la investigación del crimen. Toda. Así que ahí estamos, en una casa donde todos parecen tener secretos muy oscuros, donde todos parecen tener algo contra todos, donde todos son sospechosos del asesinato y donde pasan cosas muy raras a altas horas de la madrugada. Si hay una sospechosa clara, esa es Emily, la hermana de Charlotte, y si algo algo resulta evidente es que el de George no será el único asesinato que se cometa... y luego ya si eso al final del libro volveremos a Thomas Pitt y le veremos desentrañar el caso del cuerpo desmembrado. Que no se diga que Anne Perry deja cabos sueltos :)

Yo intento que no me salga el resquemor cuando me quejo del trato que recibe Pitt cada libro que avanzo en la serie, pero a la vista está que no lo consigo, así que corramos un tupido velo xD.
 
Envenenado en Cardington Crescent plantea una ambientación distinta a otros libros anteriores de la serie. En este caso nos enfrentamos a un asesinato que se comete dentro de un casa y del que solo puede ser culpable una de las personas que la ocupan en ese momento, ya sea uno de sus moradores habituales o alguno de los familiares que están pasando allí una temporada. Esta casa será el escenario único en buena parte de la narración, y solo la abandonaremos en alguna ocasión excepcional (sobre la que no puedo decir nada) y al final para resolver el caso inicial del libro (el caso de Pitt, vaya). En ella reina un ambiente muy tenso por muy diversos motivos: hay disputas familiares, pullas que vuelan de un lado a otro de la mesa, secretos que se dicen a medias, verdades que se callan por completo, una sensación constante de que hay algo bajo la superficie que no marcha bien... todo ello factible de ser móvil para un asesinato. Pero si hay una persona que se lleva todas las papeletas para desear matar a lord Ashworth es su esposa, Emily, la hermana de Charlotte. George estaba claramente embelesado con Sybilla March, una belleza casada también a su vez, algo que no le impedía recibir sus atenciones abiertamente. Todo estaban al tanto de lo que George y Sybilla se traían entre manos porque ellos tampoco se preocupaban por ocultarlo, así que ¿quién mejor que la esposa despechada, humillada y celosa para ser la culpable? (y que para más inri proviene de una clase social inferior). Pero ahí está Charlotte Pitt para resolver el asesinato y salvar a su hermana de la horca, aunque eso implique meter las narices en casa ajena y excederse en sus atribuciones como invitada. ¡Menuda es Charlotte!

Al ser una trama tan centrada en un ambiente familiar y en sus secretos, en esta entrega se deja un poco de lado la denuncia social... o al menos la que os puedo contar, porque si os digo la práctica victoriana que se denuncia en esta historia os estaría desvelando la resolución de uno de los dos casos que se plantean en ella, y no es plan (aunque me quedo con las ganas). Pero seguimos viendo a la clase alta londinense mirando por encima del hombro a todo lo que no huela a élite, matrimonios concertados sin amor, la hipocresía de tener que guardar las formas, sonreír y aguantarte si eres mujer cuando tu marido te pone los cuernos... Y también vemos cómo Pitt se va alejando cada vez más del Pitt que encandilaba en Los crímenes de Cater Street; y ya no hablo de lo que me quejo siempre (que resulta evidente que a la autora le interesa más Charlotte que él), sino del propio personaje en sí. Y me da bastante pena, la verdad.
 
En fin, que el planteamiento de la historia me gusta mucho y el ambiente dentro de la casa está muy conseguido: sabes que una de esas personas aparentemente respetables y decentes es una asesina, y en la búsqueda de la verdad siempre salen todo tipo de secretos a la luz aunque no tengan que ver con el asesinato que se intenta resolver. Aun así, no me ha parecido redonda por varias razones. Una es la estructura misma del libro: comenzar con un caso para olvidarse de él durante el 85% del libro y recuperarlo al final hilándolo con el caso principal con muchas pinzas y filigranas es, cuando menos, muy fortuito y aleatorio. A mí me ha parecido solo una excusa para darle algunas páginas al pobre Pitt, sin más. Por otro lado, el modo en que Charlotte de repente recibe la iluminación divina y resuelve el caso me ha parecido precipitado y con prisas por darle un final a la historia, no se sabe de donde viene esa resolución: le viene y ya. A eso se suma que la explicación es vaga y ambigua a más no poder, y aunque yo me he decantado por una vertiente (que quiero creer que es la correcta), quien quiera pensar en otra seguramente tenga las mismas posibilidades de acertar. 

De momento sigo con la serie, pero confieso que ya la leo más por la ambientación y los misterios en sí mismos que por mi impulso inicial, que no era otro que Thomas Pitt. Disfruto mucho de este tipo de misterios de época, me ayudan a desconectar entre lecturas con más peso y apenas me duran un suspiro en las manos. A veces no hay que pedirles más a los libros... salvo que no fastidien al personaje principal, pero a eso creo que ya llego tarde.


Anne Perry nació en Blackheath, Inglaterra, en 1938. Su escolarización fue interrumpida en varias ocasiones por los frecuentes cambios de domicilio y sucesivas enfermedades, que la llevaron a dedicarse apasionadamente a la lectura. Su padre trabajó como astrónomo, matemático y físico nuclear. Él fue quien la animó a dedicarse a la escritura. Tardó veinte años en publicar su primer libro. Durante todo ese tiempo realizó diferentes trabajos para ganarse la vida y dedicarse a lo que realmente era su pasión: escribir. Su primera novela sobre la serie del inspector Pitt, editada en 1979, fue Los crímenes de Cater Street. Anne Perry se ha consagrado como consumada especialista en la recreación de los claroscuros, contrastes y ambigüedades de la sociedad victoriana. Su serie de novelas protagonizadas por el inspector Pitt y Charlotte, su perspicaz esposa, es seguida por millones de lectores en todo el mundo.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Y EL LIBRO COMIENZA ASÍ... #26 ::: NOVIEMBRE 2020

¡Hola a todos!

Toca resumen de lecturas de noviembre, y como en Netherfield vamos un poco a lo nuestro en cuanto al número de reseñas cada mes, pasamos de las quince del mes pasado a solo ocho en este.

Os recordamos que pinchando en cada imagen accedéis a la reseña en cuestión.

¡Un abrazo! 

miércoles, 2 de diciembre de 2020

RESEÑA (by MH) ::: LA EXPEDICIÓN DE LOS DIEZ MIL - Jenofonte




Título original: Κύρου Ανάβασις
Autor: Jenofonte
Editorial: Biblok
Traducción: no consta en la edición 
Páginas: 222
Fecha redacción original: circa 370 a. C. 
Fecha publicación original: Siglos XII-XV (manuscritos medievales)
Fecha esta edición: 2010
Encuadernación: cartoné
Precio: descatalogado (disponible de 2ª mano)
Diseño de cubierta: Mercedes Rojas




Año 401 a. C. Una guerra civil se desata entre Atajerjes, heredero dle trono persa, y su hermano menor, Ciro. Codicioso del trono, Ciro reúne un gran ejército y se lanza sobre Atajerjes. Aunque su ejército gana la batalla, Ciro pierde la vida en ella y las tropas persas se unen a las órdenes de Atajerjes. Atrapado en tierra enemiga, el ejército perdido de los diez mil mercenarios griegos deberá iniciar un duro viaje hacia el norte, hacia la costa del mar Negro, hacia la libertad...

La expedición de los diez mil, también conocida como Anábasis, es la obra maestra de Jenofonte, quien narró la aventura con la viveza y la fuerza que otorga el haber sido uno de sus principales protagonistas, pues él mismo fue el general que lideró la expedición. No es solo uno de los relatos más conocidos de la literatura griega, sino también una de las mayores epopeyas jamás escritas.

Sé que os va a sorprender ver este libro aquí (o bueno, a lo mejor no), pero ya he dicho muchas veces que soy una apasionada de la Historia, aunque mis conocimientos son limitados y circunscritos a lo que voy leyendo de manera autodidacta y poco más. Pero gustarme, me gusta mucho, y por eso hace unos años me hice con esta edición de la Anábasis de Jenofonte con muchas ganas de ponerme con ella en cuanto pudiese... no os voy a decir el problema que tenemos los lectores con esto de "lo leo en cuanto pueda", pero el caso es que se fue quedando atrás, y la premisa de no ficción del reto Todos los clásicos grandes y pequeños me ha venido de perlas para rescatarla de la estantería y ponerme con ella (aunque el reto se va a quedar como está, me planto, no me da la vida). Que nadie salga corriendo que no me voy a poner muy pesada con el contexto histórico, porque ni estoy capacitada para ello ni seguramente os interesa lo más mínimo, pero sí que tengo que daros unos detalles puntuales que anteceden lo que se narra en este libro para poner los acontecimientos en situación.

Darío II fue rey de Persia desde el 423 hasta el 404 a.C. Tenía dos hijos, Arsicas y Ciro el Joven, y a pesar de que la madre de ambos favorecía a Ciro, fue Arsicas el designado por su padre para ser rey a su muerte. Arsicas ascendió al trono como Atajerjes II, y Ciro jamás aceptó su destino de segundón. Tras haber sido detenido por conspirar para asesinar a su hermano, y puesto en libertad por mediación de su madre, se retiró a las tierras de las que era sátrapa, pero en su fuero interno seguía anhelando el trono con más rabia que nunca, así que comenzó a reunir un ejército para iniciar una guerra civil contra Atajerjes. Este es el punto en el que comienza la narración de Jenofonte, que participó y fue protagonista de todos los hechos que narra.

Jenofonte cuenta que muchas de las pequeñas y grandes facciones que fueron conformando ese numeroso ejército no supieron en un principio que estaban marchando contra el rey (ni él mismo lo sabía). Ciro les engañó diciéndoles que iban a lidiar otro tipo de batallas aunque, una vez estuvo claro que se dirigían a enfrentarse contra el ejército de Atajerjes, decidieron permanecer junto a Ciro: en unos casos por fidelidad y respeto hacia él (al parecer era un hombre famoso por su carisma), y en otros por las posibilidades de grandeza, riqueza y poder que conllevaría la victoria de Ciro para aquellos generales que hubiesen permanecido a su lado. El ejército rebelde estaba compuesto por poco más de 60.000 hombres, de los cuales 50.000 eran persas y unos 12.500 mercenarios griegos; en el ejército del rey eran unos 200.000. No desvelo nada si digo que Ciro murió en combate en la batalla de Cunaxa, y que fue entonces cuando su ejército quedó totalmente dividido: la sección persa (conformada en su mayor parte por peltastas, cretenses y hoplitas) se pasó al bando de Atajerjes uniéndose a su ejército, mientras que los mercenarios griegos (a los que enviados del rey intentaron engañar con falsas promesas de perdón y una tregua igualmente falsa) decidieron que ni podían fiarse del rey ni podían quedarse donde estaban. Tenían que volver a casa, y para ello debían cruzar el enorme imperio Persa, territorio hostil, enemigo y desconocido. Aquí comienza la Anábasis, la expedición de los diez mil mercenarios griegos en su retirada hacia el mar Negro.

¿Qué pinta Jenofonte en todo esto? Tras la tregua falsa que os comentaba arriba, en la que los enviados de Atajerjes asesinaron a todos los generales del ejército griego, se eligieron nuevos generales que lo guiaran en la retirada de vuelta a casa, y uno de ellos fue Jenofonte, que narró en esta crónica todos los detalles desde la reunión inicial del ejército de Ciro hasta el final de la expedición, que duró unos cinco meses y de la que solo vieron su final unos seis mil hombres de los diez mil iniciales.
Soldados, no puede desconocerse que nuestra situación es difícil. Nos vemos privados de unos generales como eran los nuestros, de capitanes, de soldados, y, además, de esto, Arieo y los suyos, que antes eran aliados nuestros, nos han hecho traición. Pero, con todo, es preciso salir de este apuro como hombres valientes y no abandonarse al desaliento; es preciso buscar la manera de salvarnos, si es posible, y si no, morir valientemente, pero jamás caer vivos en manos de nuestros enemigos. Creo que sufriríamos las más terribles torturas que podríamos desear a los que nos quieren mal.

En esa retirada los vemos sufrir el acoso del ejército del rey Atajerjes y, cuando consiguieron dejarlo atrás, tuvieron que vérselas con diferentes pueblos bárbaros, que unas veces los dejaban hacer sin enfrentarse a ellos pero que, las más de las ocasiones, les tendían emboscadas o les hacían frente en la medida de sus posibilidades. Atravesaron montañas y desiertos con nevadas que les cubrían hasta las rodillas y les congelaban los pies, sufrieron escasez de vituallas constante ante la necesidad de alimentar a un ejército tan numeroso durante un periodo tan prolongado de tiempo... y todo ello siguiendo el culto a los dioses, actuando o esperando según dictasen los augurios y dejándose guiar por sueños premonitorios que jamás fallaban en sus predicciones. Y como no podía ser menos ante un contingente tan grande pasando penurias y susceptible a la desmotivación de no ver aparecer la costa en el horizonte, no faltaban las trifulcas internas, en las que al parecer Jenofonte, el bueno de Jenofonte, siempre llevaba las de perder. Cada dos por tres le acusaban de traición, de engañar a los soldados, de actuar en beneficio propio o de no tomar las decisiones adecuadas. Pero no os preocupéis, que Jenofonte tenía un piquito de oro y estas disputas duraban poco: los dejaba patidifusos con sus argumentaciones.

Y sí, si notáis un punto de ironía, no es cosa vuestra. Jenofonte lo narra todo en tercera persona, con lo que habla de sí mismo como si fuese un personaje más de los acontecimientos, como si él mismo y el tal Jenofonte de la expedición no fuesen la misma persona. Jenofonte hizo esto, Jenofonte dijo aquello... y admito que he sonreído a ratos mientras leía el libro porque no le hacía falta abuela que le cantase alabanzas. Todo lo hacía bien, todo lo argumentaba bien, todo lo rebatía bien, era el más generoso, el más noble, el más inteligente, el que lo dio todo por sus soldados... baja, Modesto, que sube Jenofonte. A ver, que si todo es verdad hizo muy bien en contarlo tal cual, pero cuando sabes que eso lo dice el autor de sí mismo aunque hable en tercera persona, pues tienes que sonreír y tomarlo todo con una pizca de sal. Pero vamos, que esto es una tontería que os cuento porque me ha hecho gracia; el valor de este documento histórico en sí mismo, de unos hechos que hoy en día se antojan tan épicos como sorprendentes, es extraordinario.

Y es que Jenofonte como narrador es fantástico. Que nadie rechace leer este libro por la temática porque lo cuenta todo de una manera ágil, fluida, interesante y, sobre todo, sencilla. Era un contador de historias nato, y en ningún momento te da la sensación de estar ante un relato histórico denso, intenso y académico; al contrario, en su estilo totalmente asequible, comprensible y cercano, radica su mayor virtud. Y lo que cuenta es un episodio histórico tremendamente interesante, una epopeya que ha llegado hasta nuestros días contada de primera mano, en la que los protagonistas no fueron héroes, sino mercenarios que guerreaban por dinero; no estamos ante una historia de batallas, guerras y ejércitos, porque lo que vemos en su mayor parte es como miles de hombres se patearon más de dos mil kilómetros (parasanga es la unidad de distancia que se usa en la narración, jamás se me olvidará porque se dice de manera constante) a lo largo de territorio enemigo pasando penurias, hambre y frío, así como la vida de campamento, reuniones de oficiales, toma de decisiones, la manera en que se organizaban cuando se enfrentaban a alguna escaramuza... Hay también mucho diálogo en la anábasis, y la narración es tan exhaustiva y pormenorizada detallando tanto la ruta real de la retirada como los conflictos internos que se sucedieron uno tras otro, que más bien parece que estamos ante un diario, probablemente el primero del que se tiene constancia (aunque se cree que faltan tres meses en este relato, tres meses en los que el ejército deambuló perdido en territorio armenio... pero esto hoy en día solo son suposiciones).

Sé que es de esos libros que no se pueden recomendar, no lo voy a hacer, pero que podamos leer en nuestros días lo que ocurrió durante La expedición de los diez mil de boca de uno de sus protagonistas es, sin duda, un lujo y un testimonio de valor incalculable.

 

 


Jenofonte (¿430 a. C.-355 a. C.?). Historiador, militar y filósofo griego. Hijo de un ateniense que fue discípulo de Sócrates, se crió en el seno de una familia acomodada. Durante la Guerra del Peloponeso (431-404 a. C.), en la que luchó formando parte de las fuerzas ecuestres. 

Alistado en un ejército de mercenarios griegos conocidos como la Expedición de los Diez Mil al servicio de Ciro el Joven, príncipe de Persia, en 401 a.C. participó en la campaña contra el rey Artajerjes II, hermano de Ciro. Tras la muerte de éste en la batalla de Cunaxa, los oficiales al mando de los mercenarios griegos fueron asesinados por orden del persa Tisafernes. Jenofonte y los suyos pasaron de ser una tropa mercenaria a un ejército errante sin víveres y en territorio hostil. Jenofonte asumió la dirección de la retirada y puso a sus hombres a salvo en la antigua colonia griega de Trebisonda (actualmente en Turquía), en el mar Negro, tras una marcha de 2.414 km que duró cinco meses. En su libro más celebre, la Anábasis, narra esta retirada. 

Como militar, orador, filósofo, ensayista e historiador, fue el prototipo del erudito ateniense. Aparte de la Anábasis, entre sus obras más destacadas aparecen las Helénicas, continuación de la Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides que cubre el periodo del 411 al 363 a.C.; Ciropedia, biografía idealizada sobre Ciro II el Grande, y Acontecimientos memorables, recuerdos de Sócrates y conversaciones socráticas. Además fue autor de un elogio de Agesilao, de un grupo de tratados políticos y económicos, de una ensayos sobre equitación, caza y guerra de caballería, y de varios diálogos socráticos.

(www.buscabiografías.com)