Título original: Sarna con gusto (Refranes, canciones y rastros de sangre I)
Autor: César Pérez Gellida
Editorial: Suma de Letras
Páginas: 509
Fecha publicación abril de 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18,90 eurosImagen de cubierta: Sonia Volpini
Diseño de cubierta: Chevi Diseñarte
(Esta reseña pertenece a la LECTURA CONJUNTA del libro tras el sorteo organizado por los blogs Libros que hay que leer y Adivina quien lee. Muchas gracias a la editorial por el ejemplar)
Tras el éxito de la trilogía «Versos, canciones y trocitos de carne» vuelve César Pérez Gellida con su novela más negra, protagonizada por el concienzudo inspector de policía Ramiro Sancho.
Una adolescente ha desaparecido en el marco de las ferias patronales de la ciudad. Se trata de la hija de un importante político y las primeras pesquisas apuntan a que podría tratarse de un secuestro.
César Pérez Gellida aborda su novela más negra desde una óptica global con el objeto de ofrecer al lector una visión de 360º sobre un delito sumamente cruel como es la privación de libertad. Y lo ejecuta de una forma tan real que compartirá la angustiosa incertidumbre de la familia, tan estremecedora que saboreará el miedo desde la oscuridad de un lugar desconocido, tan veraz que se ajustará el pasamontañas para meterse en la piel del secuestrador y, como no, tan cercana que participará en el proceso de negociación e investigación en primera persona.
El "género Gellida".
Ahí es nada.
Y yo sin enterarme. ¿En qué estaba pensando?
Bueno, sí que sé en qué podría estar pensando. Normalmente yo suelo huir mucho de los bombazos editoriales. O de las modas. O los famosos "hype". Corro sin mirar atrás, y ya si eso, cuando baja la marea, pasen meses o años, me acerco al elemento en cuestión. Así que si este género con apellido molón llegó a mis oídos, lo mismo lo dejé pasar esperando tiempos mejores.
Y este es un buen ejemplo de que pagan justos por pecadores (marchando una de refranes, que el libro invita... es más, creo que me ha dado el puntazo y voy a seguir tirando por ahí), y que se dejan pasar buenas historias cuando se mete a todas en el mismo cajón.
Te vendrán pesares sin que los buscares. Este podría ser el lema de Ramiro Sancho, por lo leído y por lo intuido de novelas anteriores. Con esta lectura he llegado tarde a la fiesta. No he leído la trilogía "Versos, canciones y trocitos de carne", tal y como comento arriba, así que los pormenores de la borrachera los desconozco. Pero en Sarna con gusto sí que somos testigos de la resaca, comenzamos con ella, y ya se las apaña Gellida para que te pongas en situación. Sí que es cierto que me hubiese gustado estar más ubicada en algunas cosas, con una perspectiva más asentada de la relación entre algunos personajes, pero la historia se puede seguir sin ningún problema sin haber leído los libros anteriores (lo que no quita para que los compre ansiosamente en cuanto pueda porque TENGO que saber lo que pasó en ellos). Me desvío. Que Sancho es de esos tipos con imán. Atrae al lector, pero también a todo lo malo, los problemas, los marrones, cualquier cosa que pueda salir mal, porque ahí estará él esperando para placar lo que pueda y como pueda. Y da igual las veces que grite a los cuatro vientos durante la novela (y son unas cuantas) que qué más le puede pasar, porque no tiene remedio. Le vienen los pesares sin buscarlos. Qué buen personaje es Sancho. Con sus refranes, sus símiles, sus canciones, su pasado, su presente... ¿su futuro? Lo que dice, lo que calla, lo que grita, lo que placa. Lo dicho, un gran personaje.
Te vendrán pesares sin que los buscares. Este podría ser el lema de Ramiro Sancho, por lo leído y por lo intuido de novelas anteriores. Con esta lectura he llegado tarde a la fiesta. No he leído la trilogía "Versos, canciones y trocitos de carne", tal y como comento arriba, así que los pormenores de la borrachera los desconozco. Pero en Sarna con gusto sí que somos testigos de la resaca, comenzamos con ella, y ya se las apaña Gellida para que te pongas en situación. Sí que es cierto que me hubiese gustado estar más ubicada en algunas cosas, con una perspectiva más asentada de la relación entre algunos personajes, pero la historia se puede seguir sin ningún problema sin haber leído los libros anteriores (lo que no quita para que los compre ansiosamente en cuanto pueda porque TENGO que saber lo que pasó en ellos). Me desvío. Que Sancho es de esos tipos con imán. Atrae al lector, pero también a todo lo malo, los problemas, los marrones, cualquier cosa que pueda salir mal, porque ahí estará él esperando para placar lo que pueda y como pueda. Y da igual las veces que grite a los cuatro vientos durante la novela (y son unas cuantas) que qué más le puede pasar, porque no tiene remedio. Le vienen los pesares sin buscarlos. Qué buen personaje es Sancho. Con sus refranes, sus símiles, sus canciones, su pasado, su presente... ¿su futuro? Lo que dice, lo que calla, lo que grita, lo que placa. Lo dicho, un gran personaje.
Perro de buena raza, hasta la muerte caza. Hay muchos frentes abiertos en esta historia. Tenemos el más evidente, el secuestro de Margarita, una adolescente de quince años hija de un político para cuya captura parece no haber explicaciones reales; tenemos a Sancho, en plena marea post-Augusto Ledesma y post-consecuencias de ese caso, e inmerso en una transición vital hacia no se sabe dónde; tenemos a una Congregación cuya aparición en la trama es un tanto difusa pero que poco a poco empieza a coger cuerpo (y que nos dará muchas "alegrías" futuras, supongo); tenemos reapariciones de antiguos personajes (de esos que yo no conocía, vamos), aparición de nuevos, conexiones del pasado, venganzas... y ahí está Sancho para lidiar con casi todo. Lo que no quiere decir que el camino sea fácil, todo lo contrario, pero va lidiando con todos los frentes. Los secundarios van y vienen pero él es quien se echa todo a la espalda, el que está siempre ahí (salvo alguna de las tramas que descansa más en otros brazos); de caza hasta el final y sus últimas consecuencias.
El clavo que sobresale es el que recibe un martillazo. Quiero centrarme en el secuestro de Margarita un momento. El trabajo que hace el autor por sumergirnos en el operativo de un secuestro es encomiable y la ardua labor de documentación está latente en cada paso que avanza la trama, porque además nos ofrece la perspectiva del caso desde todos los aspectos posibles: el de la secuestrada, el de los secuestradores, el de su familia, el de las fuerzas policiales asignadas al caso y encargadas de resolverlo, el de la negociación con los secuestradores, el de las cosas que pueden ir mal... Somos testigos de los días de encierro, la tortura psicológica y física, de la inseguridad, del miedo, de los errores que cometemos en situaciones límite, de lo que nos hace sobrevivir, de lo que nos empuja a no querer hacerlo... Reconozco que he intentado no leer reseñas (o las he leído de puntillas, que para el caso es lo mismo) sobre este libro por si me destripaban algo sobre el caso y su resolución, porque sinceramente es lo peor que le puede pasar a esta historia. Y me alegro de haberlo hecho así porque no tenía ninguna opinión formada con anterioridad sobre los derroteros hacia los que iba la trama. No tenía ni la más remota idea de lo que iba a pasar salvo lo que iba intuyendo ya inmersa en la historia. En otros libros no me importa (muy entrecomillado esto, pero bueno, digamos que me importa algo menos), pero en las novelas de este género es casi pecado mortal ir prevenida. Por eso yo aquí tampoco desvelaré nada que implique meterme de lleno en la trama.
Sí que quiero comentar que se me han quedado un par de flecos sobre el secuestro sobre los que me hubiese gustado saber más, y uno de ellos está relacionado con algo que podría parecer consecuencia del encierro, del estrés psicológico al que está sometida la adolescente, pero que en una única frase a lo largo del libro se da a entender que no es así, que viene de antes. Nos imaginamos o podemos imaginar qué es, pero me he quedado un poco con las ganas de saber más sobre ese tema, y más teniendo en cuenta que es determinante en cierto momento de los acontecimientos (que saber o no saber no afecta para nada a la historia, es más curiosidad personal que otra cosa).
Quien habla por refranes es un saco de verdades. Ese subtítulo de Refranes, canciones y rastros de sangre no tiene ninguna pérdida. Cada capítulo comienza con un refrán que más tarde aparecerá a lo largo de sus líneas y siempre (o casi siempre) en boca de Sancho; acompaña una banda sonora que va desde Nirvana hasta El último de la fila, pasando por Calle 13 o La dama se esconde; y los rastros de sangre... para eso tenéis que leer la novela, porque unos son recientes y otros tienen su historia. A simple vista puede parecer que la historia abarca demasiado, pero no. Todo está finamente hilado, todo converge cuando tiene que hacerlo, y Gellida no se limita a lo fácil, a un caso de secuestro, sino que lo condimenta con unos cuantos sabores más que le dan mucho más empaque a la historia y nos preparan para las posteriores entregas.
Una novela estupenda que anticipa lo que está por venir y que, en mi caso, te pica para que leas lo que vino antes. Gellida tiene una forma de narrar muy potente, con un protagonista que en ocasiones ensombrece a sus compañeros con la alargada sombra de su omnipresente personalidad. No es el caso de los malos, que se bastan y se sobran para lucirse en la narración (porque sí, se puede hablar de malos, tal cual. No hay medias tintas). Se me ha desdibujado un poco la inspectora Robles conforme avanzaban las páginas, y aunque al final parece que remonta, quizás se le podría haber sacado más provecho (imagino o espero que sabremos más sobre ella en el futuro). Gellida se hace algún guiño a sí mismo a lo largo de la narración, porque él lo vale y porque te quiere sacar la sonrisa (y lo consigue). Y no puedo terminar esto sin hacer alusión al fantástico prólogo, porque mejor entradilla que esa para un libro como este no se podía haber escrito. Fan hasta las trancas del tal Urtzi, inspector de Homicidios.
César Pérez Gellida nació en Valladolid en 1974. Es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid y máster en Dirección Comercial y Markéting por la Camara de Comercio de Valladolid. Desarrolló su carrera profesional en empresas vinculadas con el mundo de las telecomunicaciones y la industria audiovisual hasta que, en 2011, decidió dedicarse en exclusiva a su carrera de escritor. César irrumpió con fuerza en el mundo editorial con Memento mori, que cosechó grandes éxitos tanto de ventas como de crítica y obtuvo el premio Racimo de literatura 2012. Constituía la primera parte de la trilogía Versos, canciones y tocitos de carne, que continuó con Dies irae y se cerró con Consummatum est, por la cual le fue otorgada la Medalla de Honor de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses 2014 por su ardua labor de documentación. En noviembre de 2014 le otorgaron el Premio Piñón de Oro como vallisoletano ilustre y en 2015 publicó Khimera, su cuarta novela. Actualmente sigue escribiendo novelas y colaborando como columnista en El Norte de Castilla.
Miss Hurst





