lunes, 30 de octubre de 2023

RESEÑA (by MH) ::: LA JOYA DE LAS SIETE ESTRELLAS - Bram Stoker


 
 
Título original: The Jewel of Seven Stars
Autor: Bram Stoker
Editorial: Alianza
Traducción: Javier Martín Lalanda
Páginas: 416
Fecha publicación original: 1903
Fecha esta edición: 2016
Encuadernación: rústica
Precio: 12,50 euros



Si el comienzo de La Joya de las Siete Estrellas parece plantear una intriga, su atmósfera se ve rápidamente dominada por la omnipresencia de Tera, la reina y hechicera egipcia que desde hace milenios prepara su regreso al mundo de los vivos en un cuerpo mortal, y la novela se desliza hacia la fantasía y el terror. La lúgubre y casi irrespirable atmósfera que domina la mansión londinense del egiptólogo Trelawny se trasladará después, aunque amplificada por un aura digna de H. P. Lovecraft, al de la solitaria casa de Cornualles donde aquel sabio y sus compañeros de aventura intentarán, mediante la mágica Joya de las Siete Estrellas, resucitar a la momia de la antigua reina.

Hace tropecientos años que tengo este libro, pero llevo tanto tiempo con la idea del reto egipcio en la cabeza (años también, básicamente) que lo he ido dejando, lo he ido dejando, guardándolo por si me lanzaba a proponer el reto... y al final creo que he sido la última en leerlo. En fin, es lo que tiene ser un desastre con patas. El caso es que ya he leído
La joya de las siete estrellas, lo he disfrutado mucho, pero como de este libro se ha hablado bastante en los últimos meses (o yo lo he visto en varios blogs desde hace un año para acá) y no tengo nada interesante que aportar, os cuento mis impresiones lo más sucintamente posible.

La historia comienza en casa del abogado Malcolm Ross, quien recibe a las tres de la madrugada una nota de Margaret Trelawny instándole a acudir urgentemente a su casa porque necesita su ayuda. Apenas la ha visto tres veces en su vida, pero resulta evidente que Ross está enamorado de la señorita Trelawny, así que acude sin pensárselo junto a ella para encontrarse este panorama: el padre de Margaret yace en el suelo de su dormitorio vivo pero rodeado de sangre y en apariencia cataléptico, sin despertar ni responder a ningún estímulo. Nadie puede haber entrado ni salido de la estancia, y en apariencia parece un misterio de habitación cerrada clásico. Pero este dormitorio tiene una peculiaridad: es enorme y está rodeado de antigüedades, objetos arqueológicos e incluso varias momias. El olor típico asociado a esas momias y a una ambientación egipcia impregna por completo la atmósfera de esa estancia produciendo diversos estados de somnolencia a quien permanece mucho tiempo en ella. Pero a esto se suma otro misterio: el señor Trelawny dejó escrito que si algo le ocurría (como ha sido el caso), nadie debía sacarlo de su habitación, nadie debía tocar o mover ni un solo objeto de esa habitación y, lo más inquietante, entre medianoche y el amanecer debían permanecer siempre junto a él un hombre y una mujer velando por su seguridad... y aun así, a pesar de que se siguen sus instrucciones al pie de la letra, los ataques siguen sucediéndose, ante el desconcierto, preocupación y perplejidad de todos los implicados.
 
Siempre digo que con los autores clásicos muchas veces se comete la enorme injusticia de conocerlos (o valorarlos) exclusivamente por una sola novela, la que les dio fama inmortal, obviando por completo una carrera literaria que aunque a nivel de reconocimiento no llegase a alcanzar nunca cotas tan altas, suele esconder obras no solo muy interesantes, sino muchas veces superior incluso en calidad a la obra archifamosa. La joya de las siete estrellas está incluida, a mi parecer, en el primer grupo porque Drácula está a otro nivel, pero aun así es una novela fantástica. No solo es una lectura muy interesante y apasionante a ratos, sino que además me ha parecido muy ambiciosa en su propio concepto e intencionalidad. Que esté asociada al Antiguo Egipto y sus creencias ya la hace muy atrayente y cautivadora (al menos para quienes nos interesa el tema), pero es que Stoker no se queda ahí, va mucho más allá y se sumerge de cabeza en innumerables disertaciones sobre la astrología egipcia, sus creencias, la magia y la batalla contra la muerte terrenal. Eso hace que en algunos tramos la lectura pueda hacerse un poco densa para quien no esté muy interesado en el tema, pues la carga filosófica, científica y esotérica es abrumadora e indispensable para comprender lo que está ocurriendo en la historia.

En cualquier caso esta mezcla de superstición, creencias y ocultismo, a la que se ven sometidos unos personajes con los dos pies ya en el siglo XX, es un claro ejemplo de la época en que fue publicada la novela y sus contradicciones. El siglo XIX fue testigo del furor que vivió Europa por el Antiguo Egipto y todos los hallazgos arqueológicos relacionados con él. Egipto sufrió de hecho un auténtico expolio de su patrimonio (lo de preocuparse por este tema desde estamentos gubernamentales llegó ya tarde y con buena parte de su herencia arqueológica repartida por todo el mundo). El caso es que cualquiera que se presentase allí y encontrase algo se lo llevaba a su casa, había auténticos cazadores de tumbas, y ese es el punto de partida de esta historia: el señor Trelawny ha realizado numerosas expediciones a Egipto y detenta un auténtico museo egipcio en su casa. Pero él está obsesionado con la reina Tera, cuya momia, protegida de un modo inusual, encuentra en uno de sus viajes. Los hechos inexplicables que suceden a este hallazgo (algunos de ellos le afecta incluso a él personalmente), y lo que descubre después sobre la propia Tera, hablan de magia ancestral, hechicería y de una momia muy diferente a cualquier otra que se haya encontrado jamás: Tera tenía un propósito cuando acabó en su tumba, y todos los personajes involucrados en esta historia se verán arrastrados en la consecución de este propósito. Y aunque parezca raro que ya en pleno siglo XX ninguno de estos personajes parezca dudar a la hora de seguir adelante con lo que se espera de ellos, como ya digo al inicio de este párrafo era una época de contradicciones en la que el ocultismo se había hecho un hueco entre ciertos sectores de la sociedad británica y esta historia tuvo que ser, por así decirlo, un
bouchée de plaisir para muchos lectores de aquellos tiempos. Ver a un médico y a un abogado, por poner dos ejemplos de profesiones pragmáticas (e incluso científica como es el caso del médico), totalmente inmersos en el esoterismo y las creencias ancestrales de una figura enterrada miles de años atrás, tuvo que ser algo muy atrayente y adictivo de leer... aunque no llovió a gusto de todos.

Esta novela se publicó originalmente en 1903, y su final, oscuro y abrupto, recibió muchas críticas tanto por parte de los lectores como de los propios críticos literarios. Años después, en 1912, poco antes de morir, Bram Stoker quiso reeditar el libro antes de que se descatalogase, y sus editores le dieron un ultimátum: o cambiaba el final (por uno más optimista, más feliz, más acomodaticio para la época) o no lo reeditaban. Así que se publicó una nueva versión de la novela con un capítulo eliminado (el 16), ligeras modificaciones a lo largo del texto que no aportaban realmente nada y, eso sí, un nuevo final rutilante y estupendísimo. Se dice, se comenta, se rumorea, que ese final ni siquiera lo escribió realmente Stoker y fue cosa de los editores; nunca lo sabremos. La cosa es que el final original estuvo desaparecido y durante décadas no estuvo disponible para su lectura. Esta edición de Alianza recupera la novela original con su final original, pero introduce en las notas a pie de página las ligeras variantes en el texto, informa del capítulo eliminado y también indica a partir de donde se modificó el capítulo final y lo incluye en un epílogo aparte. Huelga decir que me quedo con el final original de Stoker, tanto porque es el suyo, el que él quiso darle al libro y no hay más que hablar, sino porque ese final oscuro y abrupto es mucho más desasosegante y congruente con la historia. Y es, que con todos mis respetos, ¿quiénes son los editores para obligar a un autor a cambiar su final en una reedición porque los lectores o los críticos se han quejado? ¿Y el derecho del autor a escribir la obra que le salga de los mismísimos? Los lectores somos muy libres de opinar sobre lo que nos gusta o no, pero ese derecho no se traslada a los editores para obligar a un autor a alterar su obra original. Es que me ha indignado mucho que en sus últimos meses de vida tuviese que consentir en algo así (si es que alguna vez lo hizo, que ya digo que hay dudas), porque además Stoker estaba totalmente en contra de la censura, que ya había sufrido con anterioridad y sobre la que escribió un artículo en 1908, The Censorship of Fiction.
 
El caso es, por ir finalizando, que se nota a leguas la extensa labor de documentación realizada por Stoker, porque se sumerge en vericuetos muy complicados (de comprender y de explicar) de las creencias antiguas y no se limita a escribir sobre momias malditas y sucesos misteriosos. La combinación del mundo del Antiguo Egipto, la egiptología y la arqueología, con el tono gótico que impregna toda la novela es simplemente fantástico; casi puedes sentir ese olor a momia, las emanaciones que impregnan a habitación del señor Trelawny y la influencia que tienen en los personajes, o la tenebrosidad de ciertos pasajes hacia el final del libro. Y sobre todo esa oscuridad que emana del gran propósito de esta novela, esa ciencia oculta y desconocida durante milenios que, de ser desvelada en un mundo efervescente de nuevas tecnologías, supondría una auténtica revelación, pero también un futuro incierto e indescifrable. He disfrutado mucho de
La joya de las siete estrellas, y reivindico la figura de Bram Stoker más allá de Drácula (que, por otra parte, es uno de mis libros favoritos de toda la vida).
Para bien o para mal, en este lugar habremos de realizar nuestro intento y atenernos luego a sus resultados. Si tenemos éxito, estaremos en disposición de inundar al mundo de la moderna ciencia con tal diluvio de conocimientos del mundo antiguo que transformará todo lo que para nosotros son pensamiento, experimentación y aplicaciones. Si fracasamos, hasta el recuerdo de nuestro intento morirá con nosotros.

Abraham Stoker nació el 8 de noviembre de 1847 en Clontarf, hoy un barrio de Dublín (Irlanda), en cuya universidad estudió. La representación en 1871 de una obra de los alsacianos Emile Erckmann y Alexandre Chatrian -autores de Hugo el lobo y otros relatos de terror- motivará la primera colaboración en prensa de Stoker. Fue crítico teatral durante diez años, hasta que sale de Irlanda en el año 1876 como secretario y representante del actor inglés sir Henry Irving, junto al que dirigió el Lyceum Theatre de Londres. Fueron socios hasta la muerte del actor en 1905.

Stoker fue autor, entre otros títulos, los libros de cuentos El país bajo el ocaso (1881) y Atrapados en la nieve: crónica de una gira teatral (1908), póstumamente El invitado de Drácula y otros relatos inquietantes (1914), el libro de memorias  Recuerdos personales de Henry Irving (1906) y entre las novelas destaca, muy especialmente, Drácula (1897), obra fundadora del vampiro de Transilvania que ha inspirado a tantos y tantos creadores de todas las artes. La leyenda del vampiro ya existía en varias culturas y disciplinas artísticas, sin embargo, nunca fue tan bien relatada como hizo Stoker.

Falleció pobre y olvidado en Londres el 20 de abril de 1912.

lunes, 23 de octubre de 2023

RESEÑA (by MH) ::: EL DIABLO TOCA LA FLAUTA - Seishi Yokomizo


 
 
Título original: 悪魔が来りて笛を吹く (Akuma ga kitarite fue o fuku)
Autor: Seishi Yokomizo
Editorial: Quaterni
Traducción: Eva González Rosales & Kazumi Hasegawa
Páginas: 344
Fecha publicación original: 1951
Fecha esta edición: junio 2023
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 21,95 euros 
Diseño de cubierta: Rafael Soria



El vizconde Tsubaki, sospechoso de un envenenamiento con cianuro que conmocionó a Japón (el caso Tengin-do), se suicida tras dejarle a su hija una carta de despedida que comienza así: « Perdóname. No puedo seguir soportando esta vergüenza y deshonra. Si el secreto que me llevo a la tumba se hiciera público, la reputación y el prestigio de nuestro clan caerían hasta los infiernos ».

A partir de ese momento, comienzan a sucederse los crímenes en el entorno de la familia. Cada vez que alguien es asesinado, suena de fondo El diablo toca la flauta, una melodía compuesta por el propio vizconde.

Un nuevo caso para Kosuke Kindaichi, el detective favorito de los japoneses, que en esta ocasión deberá indagar en los secretos más ocultos de una familia de antiguos aristócratas, para descubrir a un enigmático asesino que pretende acabar con todo el clan Tsubaki.


No sabéis la ilusión que me hace tener la oportunidad de volver a hablaros de Seishi Yokomizo y su detective, Kosuke Kindaichi, y es que, para que os hagáis una idea, así terminé mi reseña la última vez que os hablé de él hace ya un par de años:
Mi única pena es que Kosuke Kindaichi protagonizó un porrón de historias (cuando digo un porrón son muchas de verdad... decenas) pero Quaterni no ha publicado nada sobre este personaje desde que salió este libro que hoy os traigo hace ya casi cuatro años. No me leerán, obviamente, pero yo por si acaso imploro desde aquí un nuevo caso de Kosuke, que he intentado estirar los tres libros todo lo que he podido en el tiempo pero se acabó lo que se daba.
No me leerían, obviamente, pero mi ruego al universo encontró su camino y este 2023 ha sido el año del regreso de Kindaichi a las librerías españolas. ¡Aleluya! Y además con un muy buen libro, como no podía ser menos. Ya sé que por estos lares no sois muy entusiastas de la literatura asiática, y que la literatura policíaca o detectivesca tiene un tono muy diferente a lo que estamos acostumbrados en la literatura occidental, pero es que así es como debe ser y ahí radica su encanto y su idiosincrasia. A Edogawa Rampo no me atrevería a recomendarlo alegremente porque tiene un punto que no siempre entra bien, pero a Seishi Yokomizo sí os lo recomiendo encarecidamente. De hecho llevo haciéndolo desde hace años. Es más occidental en su narración aun siendo muy japonés, y se le nota la admiración por la literatura de la Golden Age británica y por los tipos de misterios que irrumpieron en la literatura en aquella época. En el caso de
El diablo toca la flauta, se trata de la octava novela protagonizada por el detective Kosuke Kindaichi (si no estoy equivocada), y antes de comentar nada más os planteo la trama.

Lo he dicho muy deprisa ("plantear la trama"), pero es más complicado de lo que parece. A ver, os voy a hablar primero de un suceso que tiene lugar en enero de 1947 en una prestigiosa joyería de Tokio. Allí se presenta un hombre de unos cuarenta años con aspecto de pertenecer a la nobleza que dice ser inspector de Sanidad y que exhorta a todos los trabajadores de la joyería a tomarse una medicina porque hay un brote infeccioso... sí, habéis pensado bien: ni brote infeccioso, ni inspector de Sanidad ni medicina que valga. De las trece personas que beben de ese líquido, diez acaban muertas y la joyería desvalijada. Esto por un lado. Por el otro tenemos al vizconde Tsubaki, perteneciente a una familia aristocrática en decadencia, que desaparece dos meses después: salió de su casa sin decir adonde iba y nunca más se supo. En abril aparece un cadáver que se identifica como suyo. ¿Qué une estos dos sucesos? Que se publicaron varios retratos robot tras el robo de la joyería, y uno de ellos era idéntico al vizconde Tsubaki. Más aún, alguien anónimo de su familia fue quien hizo destacar este hecho ante la policía. Nunca se pudo probar nada porque Tsubaki tenía una coartada, pero la vergüenza ya había caído sobre él. Quizás su muerte fue un suicidio, seguramente lo fue. ¿Qué hace entonces que se reabra el caso seis meses después y que sea el detective Kosuke Kindaichi quien se haga cargo de él? Que varios familiares, entre ellos su esposa, creen haber visto al vizconde con vida. ¿Y si no está muerto? ¿Y si engañó a todo el mundo? Kosuke decide introducirse en el hogar de los Tsubaki, y es ahí donde empieza la historia... porque vaya familia se encuentra a su llegada. Y tenedlo claro: sea lo que sea que pasa aquí, es cosa de familia. Todo ocurre dentro de ella, todo queda en ella... y las muertes van a empezar a sucederse una tras otra bien pronto.
 
En esta novela, Yokomizo retoma la estructura de la serie de Kosuke Kindaichi, en la que asume durante toda la novela el papel de narrador y biógrafo del detective, como si este fuese una persona real y le hubiese contado sus casos al escritor para que él los publicase. Por eso, nada más empezar, Seishi Yokomizo se dirige al lector, habla con él sobre las dudas que ha tenido a la hora de publicar este caso por su carácter tan trágico y brutal, tan lleno de odio, sufrimiento y muerte... hasta el propio Kosuke dudó mucho antes de pasarle la información sobre este suceso, porque hay crímenes y crímenes, ninguno deja un poso agradable, pero estos van mucho más allá. Hasta nos lo ubica temporalmente entre otros libros publicados antes protagonizados por Kosuke, pero nada, que tenían muchos reparos... El caso es que después de tanto cargo de conciencia y tantas vueltas, tenemos el libro entre las manos, así que resulta evidente que todo esto son melindres sin más (xD) y que  ambos dejan sus pesares a un lado porque, en fin... ¿a quién no le va a gustar un buen libro sobre una familia, sus secretos, sus miserias, sus recelos y sus venganzas... todo regado con mucho misterio y unos cuantos asesinatos? ¿A quién, eh?

Ya os digo arriba que este libro es cosa de familia, y es que Seishi Yokomizo despliega ante el lector un sinfín de personajes que o tienen algo que ocultar, o parecen sospechosos o no se sabe muy bien de qué palo van. Todos y cada uno con una personalidad muy marcada (para bien y para mal), todos ellos con secretos, unos con muchas ganas de agradar y ayudar y otros muy molestos de manera muy evidente ante la intrusión de gente ajena al círculo familiar. Dejando a un lado al cabeza de familia, el vizconde Hidebuke Tsubaki, que ya sabemos que comienza el libro fallecido (o no... eso tratamos de dilucidar), tenemos a su esposa, Akiko, hermosa, superficial e hipocondríaca; a su hija, Mineko, de diecinueve años, que es quien acude a Kosuke en busca de ayuda; al tío de Akiko, el conde Tamamushi, creepy, arrogante y muy desagradable; a Kikue, la jovencísima amante del conde; al hermano de Akiko, Toshihiko, su mujer Manako y el hijo de ambos, Kazuhiko, de veintiún años; a Totaro Mishima, ayudante del vizconde, que se ha quedado con la familia a pesar de haber muerto su patrón; Tane, criada; Shino, también sirvienta; y un médico, Jyusuke Mega, que en apariencia trata a Akiko de sus afecciones nerviosas pero que pasa en esa casa más tiempo del normal y pinta también más de lo normal. Todas (o casi todas) estas personas son sospechosas en esta historia en algún momento, y unas cuantas de ellas no van a llegar vivas al final de la novela. Todos dudan de todos, se odian, se mienten, se vigilan, se tienen miedo... A este respecto no os voy a contar nada más salvo que el primer asesinato es de los clasificados como de habitación cerrada, que además era de esos que al autor le gustaba mucho introducir en sus historias y que son muy habituales en este tipo de novelas.

¿Qué os puedo contar sobre Kosuke Kindaichi que no os haya dicho ya? Pues que sigue igual que siempre: mal vestido, siempre despeinado, con pinta zarrapastrosa, tartamudeando sin parar y repartiendo caspa por doquier cada vez que se rasca la cabeza con fruición cuando está pensando o no encuentra explicación a algo. Es un tipo curioso, de esos que muchas veces provoca rechazo en los demás personajes cuando estos son de buena familia (lo que suele ser casi siempre)... pero es inteligente, muy muy inteligente, y sabe leer a las personas y sus motivaciones. Por eso a estas alturas de su trayectoria ficticia ya es famoso en Japón gracias a la resolución de crímenes muy complicados y muy cruentos, y la gente acude a él buscando ayuda. Es un hombre perezoso, aunque parezca lo contrario cuando está en plena actividad detectivesca, y por eso vive en una habitación de hotel donde no tiene que hacer nada y lo tienen a cuerpo de rey. Es una especie de Sherlock Holmes, famoso como detective en su tierra, consejero de la policía nipona, observador, con muchas manías y peculiaridades, con una persona que narra sus casos por él... pero al mismo tiempo es muy diferente. No podía ser menos, son dos culturas muy distintas, pero las fuentes están ahí y son evidentes. Y en esta novela, afortunadamente, volvemos a contar con él a tiempo completo después de su presencia casi testimonial en Yatshuhaka-Mura, así que todo bien.

En fin, que en
El diablo toca la flauta tenemos un poco de todas esas características inherentes a la obra de este autor (al menos la que yo he leído, que son ya cuatro o cinco libros) y que la hacen muy reconocible: un clan familiar en el que no solo hay muchos personajes sino que ninguno parece limpio del todo, ninguno parece capaz de librarse de la sospecha y desconfías hasta del más inocente en apariencia porque no sabes por donde va a saltar la liebre; entre todos ellos se palpa la tensión, la desconfianza, los rencores y todos los viejos asuntos no resueltos que cortan el aire tensionado como un cuchillo; una ambientación de posguerra que se palpa en pequeños detalles (racionamiento, el nuevo orden social, cortes de luz...  o cuando se mencionan de pasada a los refugiados y los ataques aéreos) y en otros detalles más fotográficos, como ruinas y edificios todavía sin reconstruir; la atmósfera supersticiosa y heredada de muchas generaciones también está siempre muy presente, y en esta novela se introduce además una sesión de geomancia que tendrá su importancia en la historia; y, aunque casi toda la novela transcurre dentro de la mansión Tsubaki y se pierde esa atmósfera rural, aislada y supersticiosa de comunidad cerrada de otras novelas, seguimos teniendo una atmósfera opresiva en la que casi tocas con las manos todo lo que esa familia sabes que no dice y que finalmente acabará saliendo a la luz.

En fin, que un gustazo leer una vez más a Seishi Yokomizo y su Kosuke Kindaichi. ¿He adivinado la identidad del culpable? Sí, no os voy a mentir. ¿He tenido suerte? Probablemente, aunque no creo que sea evidente hasta cierto punto avanzado en la trama (de todos modos son ya muchos libros de este tipo a las espaldas). ¿Me ha importado? Nada, ni una pizca, ni una pizca de una pizca xD. Ni uno solo de sus libros me ha defraudado, y me encantan estas familias que construye tan raras, excéntricas y disfuncionales. Kosuke suele entrar en sus dominios como un elefante en una cacharrería, y acaba tirándolo todo hasta que encuentra un hilo del que tirar... aunque también es cierto que de que quiere resolver ese hilo muere hasta el apuntador. Sus novelas no son precisamente tacañas en asesinatos, casi siempre van como mínimo (de ahí p'arriba) de dos en dos, como los Petit-suisse, pero oiga usted, nobody is perfect. Ni siquiera Kosuke Kindaichi. Si se le mueren siempre varios personajes no será porque no le pone empeño xD.

Postdata (me estoy aficionando a estos finales de reseña xD). ¿De dónde viene el título? Pues de una pieza que el propio vizconde Tsubaki compuso justo antes de desaparecer, y que en esta novela suena en los momentos más... siniestros. Es una pieza que se define así en el libro: un alarido del diablo expresado a través del sonido de la flauta; es una melodía sangrienta, diabólica y maldita. En fin, que tiene su por qué en la trama, así que lo dejo aquí.






Seishi Yokomizo (1902-1981) fue un famoso escritor de novelas detectivescas y de misterio que vivió uno de los periodos más interesantes de Japón (la época antes a la II.G.M. y la posterior). De niño era lector de novelas de misterio. Siendo todavía muy joven, con veinte años, publicó su primera obra en la revista “Shin Seinen”. Siempre tuvo claro que su género literario era el policiaco, su primera novela fue Onibi. Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo grandes dificultades para continuar su labor de escritor por las condiciones de tal coyuntura. El éxito vendría después de la guerra, cuando publicó sus obras en la revista Kōdansha, publicación que sigue funcionando en la actualidad. 
 
Estudió farmacia en la Universidad de Osaka pensando dedicarse al negocio familiar pero otro escritor, Edogawa Ranpo, le animó a que siguiera escribiendo. También trabajó en un banco. Estuvo enfermo de tuberculosis, de hecho su primera novela la escribió estando casi tuberculoso (durante su convalecencia en las montañas de Nagano). Su tumba se encuentra en el cementerio Seishun-en de Kawasaki (Kanagawa).

El premio Yokomizo Seishi, como su nombre indica, es un galardón en honor de tan señero escritor y está dotado con un importe de diez mil yenes, se concede a la mejor novela de misterio. Muchas de sus obras se han llevado al cine. Se le considera el escritor de novelas de misterio más famoso de Japón. El estreno en el cine de “El clan Inugami” en 2006 fue uno de los más exitosos que se recuerdan.

 

viernes, 20 de octubre de 2023

RESEÑA (by MH) ::: HACIA CERO - Agatha Christie


 
 
Título original: Towards Zero
Autora: Agatha Christie
Editorial: Molino
Traducción: Stella de Cal
Páginas: 240
Fecha de publicación original: 1944
Fecha esta edición: 1979
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado (disponible de 2ª mano)



 
 
Tal y como os decía en la última reseña dedicada a mi reto de Agatha Christie, hoy toca retomar a uno de esos investigadores que no solo suelen pasar desapercibidos sino que creo que mucha gente que suele leer a esta autora ni siquiera sabe que existe (o si lo ha leído en una novela aislada desconoce que en realidad es otro de sus personajes más o menos recurrentes y que suele sacar a la palestra de vez en cuando). Me refiero al superintendente Battle, que en
Hacia cero protagoniza su quinta novela como personaje. Antes de comenzar aviso que Hacia cero también puede encontrarse titulada como Hora cero (que es un término extraído directamente de la novela), por si os la cruzáis y dudáis al respecto. Os cuento de qué va.

La novela empieza de una manera un tanto atípica, con una reunión de abogados donde discuten el resultado de un juicio donde un hombre ha sido declarado inocente porque las declaraciones de algunos testigos no han resultado como esperaban. Este prólogo solo nos sirve para introducirnos a un personaje, el señor Treves, que aparecerá brevemente más adelante y que nos adelanta un concepto: el de la hora cero (más abajo os explico a qué se refiere). Es entonces cuando se nos presentan uno a uno a todos los personajes que van a formar parte de una manera u otra en la trama: un escocés que intentó suicidarse y que fue rescatado muy a su pesar; una anciana que vive en una casa en la costa; su dama de compañía, que se ocupa realmente de la casa ella sola; un familiar suyo (famoso jugador de tenis) que va a presentarse en esa casa para las vacaciones junto a su nueva mujer al mismo tiempo que la primera mujer también está allí; el dueño de una plantación en Malasia que vuelve a Inglaterra por primera vez en ocho años; un gigoló enamorado perdidamente de una mujer que se ha casado con otro hombre... y el superintendente Battle, que se introduce en la novela enfrentándose a una situación que protagoniza su propia hija en el internado donde transcurre su año escolar. Todos estos personajes van a vivir durante un tiempo en la misma zona (muchos de ellos en la misma casa, otros en hoteles de los alrededores, otros en casas de familiares) bajo un clima de extrema tensión por diversos motivos que no os voy a relatar... hasta que empieza a morir gente. La investigación parecerá pan comido, tan fácil que tiene que haber trampa en alguna parte, y es que encima todos son tan especialitos que podría ser culpable cualquiera de ellos.

Os hablaba de la hora cero... bien, pues según se explica en la novela, se refiere a que las novelas policíacas empiezan donde no deben, con el asesinato, cuando el asesinato es realmente el fin; que la historia comienza mucho antes, con todas las causas y acontecimientos que reúnen a un grupo de personas en un determinado lugar a una hora determinada de un día determinado. Todos los personajes toman decisiones que les llevan a converger en un punto concreto y entonces, solo entonces, llega la hora cero. Que, digamos, en cualquier momento un drama, un crimen, está en curso de preparación... Realmente, si os fijáis, Agatha está barriendo para casa y quedándose tan ancha, porque está describiendo la estructura narrativa que utiliza en buena parte de su bibliografía. En sus novelas muchas veces el primer asesinato no aparece hasta la mitad del libro porque se esmera mucho en presentar no solo a los personajes que van a formar parte de la trama, sino que todos llegan con un bagaje a la historia, y con ese bagaje interactúan entre ellos, y ese bagaje es el que les coloca en un punto concreto en un momento concreto que luego les hará partícipes del escenario donde tiene lugar el crimen, convirtiéndose posteriormente, por tanto, en sospechosos y parte esencial de la investigación. El modelo de asesinato al principio y luego toda una novela de investigación es el pan de cada día en los thrillers y novela negra actuales; ese es el modelo que rechaza Agatha Christie en boca de su personaje, el señor Treves. Da mucha importancia a los personajes ANTES de que se cometa el asesinato, y el misterio comienza ya mucho antes de que el primer crimen tenga lugar. En esta novela introduce además algún personaje muy al principio que apenas aparece en todo el libro y que al final vuelve para justificar precisamente todo el concepto explicado arriba. 

Pero es que todo esto que os he explicado aun hace doble giro mortal, porque cuando se habla de la hora cero en esta novela, es literal: el fin último es el asesinato, y llegamos a las páginas finales prensando que estamos resolviendo varios asesinatos cuando resulta que la mente criminal detrás de todo este percal va mucho, mucho más allá.
Hacia cero es de esos libros que pasa totalmente desapercibido dentro de la obra de su autora porque no sale Poirot, no sale Marple y ni siquiera tiene un título atractivo, llamativo, de esos que si tienes que escoger entre varios libros de la Christie de los que no sabes nada, te hace elegirlo... y sin embargo es una muy buena novela donde esta señora demuestra que escribía mucho, que parecía que escribía siempre lo mismo pero que siempre estaba intentando innovar dentro de los límites del género. Lo he dicho varias veces a lo largo de este reto: puede no parecerlo para quien solo conoce las obras famosas de Agatha Christie, pero no se conformaba con moverse dentro de los clichés de la novela de misterio o detectivesca, siempre intentaba (y casi siempre conseguía) sorprender al lector.
 
Poco más voy a decir porque la investigación queda para quien lo lea. Este fue el último libro protagonizado por el superintendente Battle, supongo que la autora consideró que no daba para más y realmente es un personaje que, a diferencia de otros creados por esa cabecita suya, no cala especialmente por su personalidad. Es un buen personaje, pero de esos que marca distancias con el lector. Así que con Hacia cero decimos adiós por segunda vez a un personaje en este reto: ya nos despedimos del capitán Hastings  hace muchos libros (aunque este personaje volverá para la despedida de Poirot dentro de treinta años... sí, treinta, habéis leído bien xD) y ahora es Battle quien hace mutis por el foro. C'est la vie.

Cuando vuelva a hablaros de Agatha lo haré con un libro muy especial porque voy a poder incluirlo en mi reto egipcio. Si lo planeo mejor no me sale. Hasta entonces, leed mucho y bien :)



Agatha Christie (1891-1976) es conocida en todo el mundo como la Dama del Crimen. Es la autora más publicada de todos los tiempos, tan solo superada por la Biblia y Shakespeare. Sus libros han vendido más de un billón de copias en inglés y otro billón largo en otros idiomas. Escribió un total de ochenta novelas de misterio y colecciones de relatos breves, diecinueve obras de teatro y seis novelas escritas con el pseudónimo de Mary Westmacott.

Probó suerte con la pluma mientras trabajaba en un hospital durante la primera guerra mundial, y debutó con El misterioso caso de Styles en 1920, cuyo protagonista es el legendario detective Hércules Poirot, que luego aparecería en treinta y tres libros más. Alcanzó la fama con El asesinato de Roger Ackroyd en 1926, y creó a la ingeniosa miss Marple en Muerte en la vicaría, publicado por primera vez en 1930.

miércoles, 18 de octubre de 2023

RESEÑA (by MH) ::: AQUÍ VIVIÓ NEFERTITI - Mary Chubb

 
 
Título original: Nefertiti Lived Here
Autora: Mary Chubb
Editorial: Alba
Traducción: José C. Vales
Introducción: Peter Lacovara
Páginas: 272
Fecha de publicación original: 1954
Fecha esta edición: febrero 2022
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18,50 euros 
Ilustración de cubierta: Nefertiti recibe los rayos benéficos del dios Atón (detalle) (Grabado que representa un bajorrelieve de la XVIII dinastía)
Ilustraciones interiores: Ralph Lavers

A Mary Chubb se la conoce como «la arqueóloga accidental» porque, como cuenta al principio de estas memorias, ella lo que quería ser era escultora y a esta vocación dedicó sus estudios. Sin embargo, un trabajo de secretaria adjunta en la Sociedad para la Exploración de Egipto, que empezó siendo una forma de llegar a fin de mes, acabó convirtiéndose en una pasión... y en 1930 se unió a una expedición, dirigida por el eminente egiptólogo John Pendlebury, al yacimiento de Tell el-Amarna, los restos de Aketatón, la efímera capital que fundó el herético faraón Akenatón, esposo de Nefertiti, padre de Tutankamón. 
 
Aquí vivió Nefertiti (1954) es el recuento de sus experiencias, «su ración de polvo y calor», presidido por el entusiasmo –con su contrapunto de humor británico- y conducido con un muy buen pulso narrativo.

Como si la editorial Alba me leyese el pensamiento (ojalá... tengo muchos libros en la cabeza sin publicar en España xD), como si supiera que llevaba un par de años dándole vueltas al reto egipcio en la cabeza, va y saca un clásico de la literatura egiptóloga y arqueológica como
Aquí vivió Nefertiti. No me dio tiempo a comprarlo porque nada más salir, mi queridísma amiga Mar me lo regaló sabiendo como sabe lo apasionada que soy con este tema, y yo lo guardé como oro en paño para este 2023, año en el que ya, sí que sí, tenía que lanzar el reto de una vez por todas. Y lo he disfrutado tanto, me ha gustado tanto... qué feliz soy por poder tener este libro en mis estanterías. Con este preámbulo, y conociéndome como algunos me conocéis, os imaginaréis que se viene reseña con los picos de entusiasmo por las nubes, y cuando yo me entusiasmo soy insoportable. Pido perdón por adelantado.
 
Mary Chubb entró a trabajar como secretaria adjunta en la Sociedad para la Exploración de Egipto por casualidad y sin tener pajolera idea (ni interés tampoco) sobre egiptología. Empezó a trabajar ahí como podría haberlo hecho en cualquier otra parte, porque simplemente era un trabajo remunerado con un buen horario que le permitía asistir a sus clases de escultura por las tardes... porque esa era su auténtica pasión, su vocación: el arte. A eso quería dedicar su vida, pero claro, hay que comer. El caso es que en su trabajo en la Sociedad tenía por encima de ella a la secretaria oficial que, por la razón que fuese, no le dejaba hacer gran cosa, y Mary, aburrida, se pasaba el tiempo entre cajas, polvo y montones de documentación y objetos sin orden ni concierto que no había quien entendiese. ¿Por qué? Porque en aquella época eran los propios arqueólogos los que tenían que hacerse cargo en el propio terreno de todo el trabajo administrativo, informes, catalogación y etiquetado de lo extraído, la correspondencia, etc... y bastante tenían con su propio trabajo como para mandar algo inteligible, así que un churro y lo que ellos mandaban llegaba a ser lo mismo. 
 
Un comentario al azar y afortunado de Mary en cierto momento cambió su vida:
Un director de campo no debería perder el tiempo redactando estos informes [...] ¿No estaría bien que hubiera un miembro en cada excavación que se dedicara únicamente a este tipo de trabajo... todo el trabajo administrativo que obviamente tiene que hacerse en una excavación, pero que es una completa pérdida de tiempo para los egiptólogos, que tienen que interrumpir su trabajo y ponerse a esto?

Y lanzado el guante (que fue aceptado por la junta directiva tras muchas deliberaciones), unos meses después, sin tener ni idea sobre el Antiguo Egipto, sin haber orientado jamás su interés personal o profesional hacia ese campo, Mary Chubb formaba parte de una nueva expedición a Tell-el-Amarna (la ciudad levantada de la nada como capital del reinado del faraón hereje, Akenatón) en calidad de secretaria del director de campo. Así, tal cual... o sea, es que yo leo estos libros, estos testimonios, y los ojos me hacen chiribitas, porque son cosas que en la sociedad actual, en la vida actual, en el campo profesional y de estudio actual, es totalmente impensable. Vivencias como las de Mary Chubb o Amelia Edwards solo son factibles y posibles en una época muy concreta. Sí, la experiencia de ambas en Egipto, además de ser muy diferente, está separada por unos sesenta años, y una estuvo allí en la segunda mitad del siglo XIX mientras que la otra lo hizo en los años 30 del siglo XX, pero aun así son oportunidades que solo puedes imaginar en un contexto muy determinado bendecido por los dioses. Estoy segura de que si hoy en día me contratasen de secretaria en una sociedad egiptológica (¡ojalá!), lo más que vería de Egipto sería la ilustración de mi taza del desayuno. Pero me estoy desviando del tema; es que yo quiero ser Mary Chubb en este libro, o Amelia Edwards en el suyo, así que perdonadme las digresiones... aunque Mary se encarga de darme un toque para que no me emociona mucho nada más comenzar el libro xD:

Qué bonito suena: evoca la visión hollywoodiense de una esbelta figura vestida de lino blanco, con todos los destellos del mundo reflejándose en el pelo, mecanografiando tranquilamente en una apacible oficina, mientras un grupo de egiptólogos bronceados y sudorosos se pelean con el polvo y el calor. Pero esto no es una historia de Hollywood. Es una historia real...

Estamos en 1930. Mary Chubb tenía veintisiete años, y para que os hagáis una idea, era casi la mayor del equipo que partió hacia Amarna. Esos integrantes eran: Hilary Waddington, de 28 años; Ralph Lavers, de 23 años; Herbert Farimant, conocido como Tommy, único arqueólogo profesional y también con menos de 30 años; y John Pendlebury, director de campo con solo 26 años, acompañado de su mujer, Hilda... Todos jovencísimos, tres de ellos (Hilary, Ralph y la propia Mary) sin ninguna experiencia en yacimientos arqueológicos y uno de ellos (Ralph) es además el autor de las ilustraciones interiores que incluye esta edición (pero realizadas en el momento de la publicación del libro más de veinte años después de la expedición, no fueron hechas in situ durante ella). 

Aunque tras el descubrimiento en 1922 de la tumba de Tutankamón el auge de la egiptología hizo que muchas personas anónimas se animaran a pagar cuotas o hacer donativos a sociedades egiptológicas como para la que ellos trabajaban, cuando se puso en marcha esta expedición esa fiebre se había calmado, la gente prefería guardarse sus guineas para otras cosas, el dinero era limitado y su trabajo, por tanto, de una duración determinada de unos tres meses (y eso administrando muy bien la cantidad que tenían asignada). A ser posible, en ese tiempo tenían que encontrar algo que justificase su presencia allí y el motivo mismo de la expedición, así como que posibilitase reunir dinero para que pudiesen volver al año siguiente. No os voy a hablar de las cosas que encuentran porque para eso hay que leer el libro, pero hay de todo, incluso alguna cosa muy sorprendente aunque con poca importancia egiptológica... la emoción de encontrar, excavar, limpiar, ir perfilando el objeto, ir haciéndote una idea de lo que estás mirando, sacarlo con cuidado, transportarlo con más cuidado todavía, observarlo y hacer conjeturas... Todo eso hay que vivirlo leyendo a Mary.

Cuando llegan a Amarna viven en una casa restaurada de la época de Akenatón y entonces empieza realmente la aventura para Mary Chubb. Tras unos comienzos dubitativos entre seis personas que no se conocen de nada y se ven obligadas a relacionarse y convivir durante meses, pronto la rutina de cada uno se ve establecida, aunque en un sitio donde hay demasiado trabajo, faltan manos y el tiempo es limitado, al final toca hacer mucho más de lo que te corresponde, y Mary, que como digo arriba viajaba en calidad de secretaria, acaba haciendo de todo: labores de escayolista, química, enfermera, delineante, pintora, arqueóloga, restauradora, carpintera... y todo esto al tiempo que tiene llevar al día milimétricamente todo el registro de las piezas, su catalogación, su etiqueta... porque de que lo haga bien y al día depende que todo ese material pueda ser adecuadamente evaluado tanto por las autoridades egipcias como por la propia sociedad en Londres.

Os cito cómo define Mary la arqueología, porque me encanta:

... esta forma de vivir al revés con el fin de añadir algo, por poco que sea, a los conocimientos existentes.

Y eso hacen ellos, una más de tantas expediciones en Tell-el-Amarna, donde ya trabajó en 1891 el eminente Flinders Petrie (fundador de la arqueología científica y cuyos métodos sigue Mary en su trabajo), y donde una expedición alemana encontró el archifamoso busto de Nefertiti. Aun así hay mucho trabajo por hacer, pero lo interesante, lo importante aquí, es como Mary se va introduciendo poco a poco en el mundo de la arqueología y la egiptología. Se maravilla por todo lo que ve, por todo lo que encuentran, porque no tiene ideas preconcebidas y para ella todo es una tabula rasa. Lo que le interesa sobre todo es el pueblo de Amarna, las gentes que vivían entre esas calles, en esas casas, que lucieron en algún momento esos brazaletes, lo que veían cuando se asomaban a sus ventanas... más que la familia real compuesta por Akenatón, Nefertiti y sus hijas (que también, pero menos). La emoción que siente con los descubrimientos, la imaginación que echa a volar fantaseando sobre el pasado y los dueños de algunos de los objetos que desentierran...

Nos cuenta como sigue el método de Petrie para registrar cada objeto, las tarjetas donde además había que hacer dibujos a escala, las decisiones según el tipo de objetos que eran... ese era buena parte de su trabajo al final del día, cuando ya todo el mundo estaba acostado y tenía que hacerlo si no quería acumular y cometer errores ni equivocar descubrimientos. La acompañamos a la tumba de Akenatón, en plena montaña escarpada, escondida, de un acceso casi imposible y a varias horas de la propia ciudad de Amarna, saqueada mucho tiempo atrás, como tantas y tantas otras tumbas. Nos habla de la falta de dinero, el problema principal de las excavaciones pequeñas, y la ironía de cierto descubrimiento que se hace sobre el terreno... Las enfermedades inevitables entre el equipo, las desilusiones, las alegrías, las celebraciones, esa cerveza al atardecer cuando se ha terminado el trabajo de campo del día. Sus labores como enfermera junto a Hilda tratando a los trabajadores y a los niños, aquejados constantemente de problemas de oftalmía. Conocemos a un americano señoritingo, típico turista en Egipto que no tiene ni idea de donde está, que se ofrece a ayudar en la excavación a cambio solo de la manutención pero que no espera que se lo tomen en serio, y cuando lo ponen a trabajar, flipa mucho (muchísimo xD)... y también descubrimos qué pasa al final: todos los objetos hallados hay que mandarlos al museo de El Cairo cuando termina la campaña y allí hay que pasar por una inspección: el Ministerio de Antigüedades puede quedarse con todo lo que quiera, y lo que no quiera, pasa a la institución encargada de la excavación, y ahí es donde se hacen números para la siguiente campaña (si es que puede haber una).

Mary dedica bastantes páginas a explicar quién fue Akenatón y el momento histórico que protagonizó: breve (muy breve ) en el tiempo, pero tan rupturista con la religión egipcia y el culto a los dioses que había imperado durante miles de años, que a día de hoy seguimos hablando de él cuando de otros faraones no sabemos apenas nada (o no interesan demasiado, vaya). No voy a comentar aquí como se fundó la ciudad de Aketatón, como se produjo el cambio a una religión monoteísta y demás, porque para eso están los libros y Google. Aun así, Mary Chubb se esfuerza también en contextualizar todo ese periodo con la decadente política exterior, la fobia a las posesiones terrenales de Akenatón, la repudia que impuso sobre Nefertiti hacia el final de su reinado... pero cuando habla de familia real patina en algunas cosas, porque lo que se sabe hoy en día no es lo que se creía saber hace 80 o 90 años. Esto os lo comento porque es muy fácil dar por cierto todo lo que se dice en este tipo de libros, pero una cosa que hay que tener en cuenta es algo que comparten todos los libros sobre egiptología y el Antiguo Egipto publicados durante los siglos XIX y XX, y es que muchas de las teorías que en ellos se dan por ciertas luego han resultado ser falsas. El siglo XX, su tecnología y un avance exponencial en este campo han tirado por tierra parentescos que hasta hace bien poco se daban por hechos, y en
Aquí vivió Nefertiti no solo hay un error con la identidad de un busto que encuentran (en una nota al pie se explica la teoría actual), sino que hay parentescos que hoy en día sigo viendo incorrectos en muchos sitios y en este caso puede llevar a error a algunos lectores. Tutankamón no era medio hermano de Akenatón, era su hijo... y no era hijo tampoco de Nefertiti, sino de una hermana de sangre de Akenatón (mismos padres, vaya: Amenofis III y la reina Tiy). De hecho se ha podido incluso identificar la momia de su madre gracias al ADN, aunque no se sabe el nombre (la momia se conoce simplemente como La Dama joven). Pues un dato como este, que está verificado desde 2010, sigo viéndolo mal incluso en exposiciones actuales sobre el tema, como la exposición inmersiva sobre Tutankamón que llegó a Madrid a finales del año pasado (bueno, al contar la historia de Tut se iban al templo de Abu Simbel, que ni siquiera estaba construido en su época, así que rigor, poco en general).

Vuelvo, que me voy por las ramas. Al final Mary cuenta lo que fue de cada uno de estos miembros de la expedición, y aunque no voy a entrar en detalles porque es algo que debéis descubrir si leéis el libro, sí os digo que hay un caso en concreto que da una pena infinita. Lo que sí creo que puedo contar es qué fue de la propia Mary Chubb, o cómo se convirtió en escritora. Después de esta primera expedición participó en varias, y su vida a partir de entonces estuvo totalmente ligada a la egiptología de campo... hasta que durante la Segunda Guerra Mundial, montando en bicicleta en su Inglaterra natal, chocó con un camión y tuvieron que amputarle una pierna. Esta inmovilidad forzosa le alejó de Egipto pero le acercó a la literatura, y es gracias a ella que tenemos Aquí vivió Nefertiti en las manos. Escrita y publicada casi veinticinco años después de la propia expedición, parece haber sido escrita in situ, tan detalladas son sus impresiones, tan claros sus pensamientos, las cosas que ve, las cosas que reflexiona, la convivencia con sus compañeros, los coyotes aullando en la distancia, las interacciones con los trabajadores egipcios y el trabajo de unos obreros basado en la sabiduría heredada durante miles de años.

Mary Chubb no había escrito ni publicado nada antes de escribir Aquí vivió Nefertiti, y aun así te coge de la mano y te transporta a sus semanas en pleno desierto, con un calor galopante sobre su cabeza y la ilusión con la que recorría apresurada el camino entre la casa y donde estuvieran  excavando ese día porque se había desenterrado algo y necesitaban su ayuda. Bien escrito, bien estructurado, exponiendo su trabajo de una manera sencilla pero muy clara, con un sentido del humor y una fina ironía que parecen marca de la casa británica de la época, y una intención evidente de que todos sus lectores podamos sentirnos un poco expedicionarios en Egipto siendo solo unos aficionados pero viviendo grandes momentos... trabajando mucho, de sol a sol, pero con la certeza de estar en un lugar privilegiado y estar disfrutando de una oportunidad única.

¿Podemos esperar que se traduzca su libro City in the Sand? Cruzaremos los dedos a ver si hay suerte...




 

Mary Chubb nació en Londres en 1903. En 1928 entró a formar parte como secretaria adjunta de la Sociedad de Exploración de Egipto (Egypt Exploration Society), y dos años después fue enviada a la excavación de Tell el-Amarna, una experiencia que infundió en ella un entusiasmo permanente —aunque fuera de aficionada— por la arqueología en general y por la egiptología en particular. Participaría luego en excavaciones en Irak, en el yacimiento de Tell Asmar, para el Instituto de Estudios Orientales de la Universidad de Chicago. Volvió a Inglaterra en plena Segunda Guerra Mundial. Un día, yendo en bicicleta, la atropelló un camión militar. Tuvieron que amputarle una pierna, lo que puso fin a su carrera como arqueóloga. Escribió entonces libros de divulgación tanto para adultos como para niños y también para revistas como Punch. En 1954 publicó Nefertiti vivió aquí, sus memorias de la expedición a Egipto, y en 1957 City in the Sand, sobre sus excavaciones en Mesopotamia, Creta y Grecia. Murió con casi cien años en Salisbury en 2003.