jueves, 30 de julio de 2020

RESEÑA (by MH) ::: LOS ROBOS DE RUTLAND PLACE - Anne Perry




Título original: Rutland Place 
Autora: Anne Perry 
Editorial: Plaza & Janés  
Traducción: Jofre Homedes Beutnagel
Páginas: 305
Fecha publicación original: 1983
Fecha esta edición (3ª): febrero 1998
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado (disponible de 2ª mano)
Diseño de cubierta: Judit Commeleran 
Fotografía de cubierta: Mary Evans Picture Library

Una muerte por envenenamiento trastoca una rutinaria investigación en una aristocrática zona de Londres. ¿Se trata de un accidente, de un suicidio? ¿O acaso de un asesinato?

Averiguarlo será el objetivo del tenaz inspector Pitt y su perspicaz esposa Charlotte, y para alcanzarlo deberán recorrer un laberinto de adulterios, reputaciones dudosas, chantajes e incluso incestos que la alta sociedad londinense oculta tras un velo de virtud irreprochable.
No era esta la reseña que pensaba traer hoy pero es la única que me veo capacitada para escribir ahora mismo, así que allá vamos, que lo mismo da un día que otro. Además tengo que avanzar en mi reto de leer la serie de Thomas Pitt en orden, que voy con retraso: me propuse leer seis a lo largo del año y esta que os traigo hoy, Los robos de Rutland Place, es solo la tercera reseña de 2020 (y quinta en la serie, aunque no sé por qué en muchos sitios pone que es la sexta... nonono, es la quinta).

Caroline Ellison, la madre de Charlotte Pitt, acude a su hija para que le ayude a resolver un robo que le trae de cabeza y le puede poner en una situación complicada: no es solo el hecho de que haya desaparecido un medallón, es que ese medallón contiene la imagen de un hombre... que no es su marido... ¡ups! Además las circunstancias hacen difícil que haya sido obra de un criado o de alguien externo: tiene que haber sido un vecino, y eso lo complica todavía más. ¡Menudo escándalo si le da por contarlo! A todo esto se suma que Caroline se siente observada, vigilada, y está muy asustada... Charlotte pronto descubre que otros vecinos de Rutland Place también dicen haber sido víctimas de robos, pero todo se complica cuando una de esas vecinas aparece envenenada en su casa. ¿Suicidio a causa de los remordimientos por haber cometido los robos? ¿Acaso conocía la identidad del culpable y ha sido asesinada? ¿Era la autora de los robos y estaba chantajeando a alguien? ¿De dónde ha salido el veneno si había llegado a su casa quince minutos antes y no aparecen los restos por ningún sitio? Es entonces cuando el inspector Thomas Pitt entra en acción... o algo así.

En Los robos de Rutland Place seguimos con las tres características que forman la base de muchos de estos libros. Una es que los crímenes tienen lugar en barrios de clase alta; la otra es que siempre está involucrado de alguna manera un familiar de Charlotte; la última es que Charlotte parece más detective que su marido. Sin acritud.

En esta quinta novela de la serie, Thomas y Charlotte han subido un poquito en el escalafón social y han pasado de vivir en un piso muy pequeño y oscuro a una casa más grande con un pequeño jardín en un barrio más acomodado. Incluso tienen una criada de quince años que ayuda a Charlotte con las tareas de la casa y con Jemima, que ya tiene dieciocho meses (y que al parecer pronto tendrá un hermanito, aunque es un dato que solo se dice como de pasada en un par de momentos de la novela). Tambien volvemos a saber de los padres de Charlotte, de los que ya no habíamos oído hablar desde la primera novela (y de hecho juraría que en alguna reseña he comentado que me parecía raro que apareciese su hermana Emily con asiduidad pero sus padres no, como si ya no existiesen). Bueno, pues descubrimos que después de los sucesos ocurridos en Los crímenes de Cater Street (y que no desvelaré por si acaso), se han mudado a Rutland Place, barrio igualmente acomodado y que se rige por las mismas convenciones y etiquetas sociales, unas normas no escritas y tan estrictas que impiden algo tan sencillo como denunciar el robo de una joya para que nadie se dé por aludido y no se pierdan amistades.

El misterio en sí mismo avanza como suelen avanzar normalmente en la serie. Por un lado Pitt hace sus pesquisas en unas casas donde no le quieren ni ver, donde los mayordomos arrugan la nariz al ver a un hombre tan desaliñado y carente de clase que tiene la desfachatez de llamar a la puerta principal y no a la de los criados, y con unos sospechosos que responden pocas preguntas pero siempre se sorprenden de lo educado y bien hablado que es ese inspector, a pesar de la pinta pordiosera que tiene (aunque de esa maravillosa voz que tantas veces se elogió en la primera novela no hemos vuelto a saber nada). Por otro está Charlotte, que siempre se las arregla para conocer a alguien que vive cerca de la persona asesinada, y se pasa el libro de visitas sociales para tomar el té intentando averiguar algo entre conversaciones frívolas, pastelitos de nata y pullas que van y vienen... Siempre se entera de muchas más cosas que su marido... Unas veces se las cuenta a Pitt para que las investigue y otras se las calla para ser ella la que ahonde en el asunto... y sí, Charlotte, que te tengo calada: siempre te guardas tú las mejores pistas. Así cualquiera.

Caigo ahora en que quizás a las tres características que comento arriba, se podría añadir una cuarta: casi siempre aparece un personaje que ya conocemos de libros anteriores (más allá de la familia de Charlotte), lo que en realidad tiene mucho sentido porque la alta sociedad londinense era (y sigue siendo) muy elitista y con un número muy concreto de miembros, con lo que por mucho que las tramas cambien de calle, plaza o zona, todos se conocen entre todos y forman un círculo muy cerrado. En este caso aparece de nuevo monsieur Alaric, personaje que ya conocimos en La secta de Paragon Walk y que allá por donde va, causa estragos entre la sección femenina, Charlotte incluida.

Os voy a ser sincera y me quito este sinvivir que me reconcome el alma desde que empecé la serie: por fin he aceptado que el Thomas Pitt de Los crímenes de Cater Street no va a volver. En el libro anterior me hice ilusiones, pero en esta quinta novela Pitt vuelve a ser un inspector poco resolutivo y que pasa casi desapercibido al lado de su mujer. Es lo que hay, tengo que aceptarlo. Cuando comencé el reto, habiendo leído algunos de sus libros de manera suelta y a lo largo de muchos años, no era en absoluto consciente de que iba a pasar esto una vez los fuese leyendo en orden. ¿Me duele? Sí, mucho, porque sigo muy enamorada del Pitt del primer libro. ¿Me va a impedir seguir con la serie? De momento no, porque las intrigas y misterios victorianos son como las pipas, un vicio. Los seguiré leyendo con el corazón un poco roto pero disfrutándolos en igual medida. Soy una contradicción con patas. No sé, ya veremos. Tiempo al tiempo. Ains, Pitt, where are you?

Aun así, y una vez superado todo este dramón lector que yo misma me he buscado, os confieso que es de los que más he disfrutado de la serie (de momento y sin contar el de Cater Street, que siempre será el mejor). Me ha gustado sobre todo la subtrama que introduce la autora con la madre de Charlotte y su enamoramiento de un hombre joven (bastante más joven que ella) y muy atractivo, tanto por lo que supone para ella como mujer casada de la alta sociedad de la época como por el peligro constante que se palpa durante todo el libro en el caso de que ese medallón aparezca. La clase alta londinense no se andaba con chiquitas: haz lo que quieras cuando quieras mientras no se entere nadie, pero como salga a la luz, te desollamos socialmente a ti y a toda tu familia. Por otro lado, también me ha gustado mucho el final; introduce un elemento peliagudo que en un libro de la propia época jamás encontraríamos (o no de manera tan evidente), algo que a la Perry le gusta mucho hacer: sacar los colores a la remilgada sociedad victoriana.

El siguiente será El ahogado del Támesis, del que quiero hablaros en septiembre si no pasa nada. Llevo mucho entre manos pero sigo empeñada en leer y reseñar seis libros de la serie este año. Estoy a medio camino, así que a por ello :)

Anne Perry nació en Blackheath, Inglaterra, en 1938. Su escolarización fue interrumpida en varias ocasiones por los frecuentes cambios de domicilio y sucesivas enfermedades, que la llevaron a dedicarse apasionadamente a la lectura. Su padre trabajó como astrónomo, matemático y físico nuclear. Él fue quien la animó a dedicarse a la escritura. Tardó veinte años en publicar su primer libro. Durante todo ese tiempo realizó diferentes trabajos para ganarse la vida y dedicarse a lo que realmente era su pasión: escribir. Su primera novela sobre la serie del inspector Pitt, editada en 1979, fue Los crímenes de Cater Street. Anne Perry se ha consagrado como consumada especialista en la recreación de los claroscuros, contrastes y ambigüedades de la sociedad victoriana. Su serie de novelas protagonizadas por el inspector Pitt y Charlotte, su perspicaz esposa, es seguida por millones de lectores en todo el mundo.

lunes, 27 de julio de 2020

RESEÑA (by MB) ::: LA CÁMARA VERDE - Martine Desjardins




Título original: La chambre verte
Autora: Martine Desjardins
Editorial: Impedimenta
Traducción: Luisa Lucuix Venegas
Páginas: 256
Fecha de publicación: enero 2018
Encuadernación: rústica con sobrecubierta
Precio: 20,50 euros 
Imagen de cubierta: Mansión del arzobispo, 1555 State Parkway, Chicago. Postal coloreada a mano. (1911, autor desconocido)

Una obra maestra del gótico canadiense, deudora del mejor Robertson Davies, y que bien podrían haber firmado Shirley Jackson o Margaret Atwood. Una de las más divertidas y mordaces sagas familiares de los últimos años, galardonada con el premio Jacques-Brossard.
Todas las casas tienen sus pequeños secretos, pero algunas los protegen con más ahínco que otras. Durante años, los engaños y vilezas de la familia Delorme han sido celosamente custodiados por las robustas paredes de su hogar, una mansión gótica situada en Mont-Royal, a las afueras de Montreal. Tras sus sesenta y siete cerraduras, el edificio ha ocultado las historias más perturbadoras de sus habitantes. Sin embargo, todas ellas saldrán a la luz con la irrupción de la intrigante y hermosa Penny Sterling. Con su llegada se desvelarán los pecados de los Delorme, incluyendo los cometidos en la habitación abovedada conocida como «la cámara verde», donde se esconde el espeluznante cuerpo de una mujer momificada que sujeta entre los dientes un ladrillo con una moneda de plata.
╼Hijo mío, me parece que no te das cuenta de la gravedad de la situación. La gangrena  de la prodigalidad ha infectado esta familia y amenaza con pudrir todas las manzanas  de nuestro cesto. Incluso yo misma podría sucumbir a ella. Si no tomamos inmediatamente medidas draconianas, terminaremos en la calle.  
En La cámara verde, de Martine Desjardins, además de un misterio encontramos la idolatría al dinero en el grado máximo de exaltación, es decir, la acumulación del mismo o su ahorro en un sentido enfermizo que raya en el paroxismo. Pero que estas palabras no os echen para atrás, todo lo contrario. La autora entrega una historia donde la veneración del ahorro se presenta envuelta en un fino humor negro y satírico que recuerda a la mejor ironía british, de la que ofrece grandes dosis (no racanea).

Martine Desjardins nos invita a viajar a la mitad del siglo XX a Canadá, a una mansión que más parece un banco, dividida en apartamentos. Pertenece a la familia Delorme y allí viven junto a sus inquilinos, quienes con sus mensualidades ayudan a mal conservar el edificio y, sobre todo, a su gran misión: acumular billetes, unos encima de otros, en la cámara acorazada, el Sancta Sanctorum del dinero al contado que tienen en este extraño hogar. 

Los miembros de la familia Delorme comparten la consustancialidad a la acumulación del dinero desde que el patriarca, Prosper, visionario y avispado donde los haya, hiciese el negocio de su vida con la compañía de ferrocarriles que quería pasar por su granja. Esta inversión le produjo grandes beneficios que guardó y atesoró, iniciando la gran misión (la devoción por el ahorro), que inculcó a sus hijos. De entre ellos, Louis-Dollard fue el que absorbió su filosofía, que fructificó y expandió cuando se casó con Estelle Monet (lo curioso de estos nombres es que todos tienen un sentido monetario, siendo además los personajes más entregados a la causa del ahorro).

También encontramos a las hermanas de Louis-Dollard (Blástula, Gástrula y Mórula, nombres elegidos por las fases del desarrollo embrionario), que en su día fueron desterradas por su padre al pensar que no tenían nada que aportar al depósito familiar, y que la buena de Estelle, su cuñada, recoge y asiste bajo su techo a cambio de que se ocupen de las tareas domésticas de la mansión. Queda Óscar, relojero y último hijo de Prosper, quien, con más o menos suerte, salió del clan familiar para construir su propio camino.

Terminando con el recorrido familiar por fin llegamos a Vincent, el heredero del clan Delorme, hijo de Louis Dollard y Estelle.
Aún no conocía el reglamento de la casa, y fue Gástrula la encargada de enseñárselo. No era moco de pavo, puesto que constaba de trescientas setenta y cinco reglas (una por cada día del año), y Vincent debía aprendérselas de memoria.
Una vez muerto Prosper, Louis-Dollard ocupa el sitio del patriarca. Junto a su esposa construye la susodicha mansión que más parece un banco, y que contiene una cámara acorazada en la que depositan los billetes y monedas que atesoran y no están justificados por los gastos que, por otro lado, son nimios debido a su autoimpuesta frugalidad. En este proceso vemos cómo los protagonistas vacían sus almas  por medio de maquinaciones; su codicia no se sacia nunca y deben alimentarla sin escrúpulos, sin importarles el cómo ni las consecuencias de sus actos. De este modo sus corazones quedan huecos; para ellos, las emociones y los sentimientos también son sinónimos de despilfarro.

De esta guisa conocemos a unos personajes con los que resulta difícil empatizar y que parecen de lo más dickensianos, propios de una novela decimonónica inglesa. La protagonista principal es la propia mansión, narradora omnisciente de la historia, conocedora de la vida y los secretos de cada uno de sus habitantes. Ella da el toque gótico y negro a la novela, cumpliéndose literalmente el dicho de que las paredes oyen y, por lo visto, en este caso también sienten y actúan.  

Esta familia sin escrúpulos tropieza con su alter ego en la frugal Penny Sterling, su nueva y rica inquilina que, a priori, dispone de una inmensa cantidad de cash. La familia ve en ella la oportunidad de llenar más si cabe su Sanctorum; la introducen y acoplan perfectamente en sus vidas pero, como algunas veces ocurre, nada es lo que parece... 

La preciosa y cuidada edición de Impedimenta nos acerca a un libro precioso, culto y maduro. Martine Desjardins regala al lector unos personajes profundos y redondos que crecen en cada página, incluyendo entre ellos a la querida Mansión, narradora y protagonista principal de la historia. Con un lenguaje enriquecido pero sencillo atrapa al lector en la vida de todos ellos mientras le hace disfrutar de una lectura deliciosa desde el mismo momento en que cae en sus manos.




Martine Desjardins nació en 1957 en Mont-Royal, un barrio de Montreal. Estudió Literatura Comparada, Italiano y Ruso. Es colaboradora habitual de diversos medios, como Elle Quebec y L’Actualité. Dio el salto a la fama en 1997 con su primera novela, Le Cercle de Clara. En 2005 obtuvo el Premio Ringuet de la Academia de las Letras de Quebec por L’Evocation. Su novela fantástica Maleficium (2009) le granjeó el Premio Jacques-Brossard de Ciencia Ficción y Fantasía, galardón que ha obtenido de nuevo en 2017 gracias a La cámara verde, su quinta novela («Un estilo cincelado, teñido de poesía y brío humorístico», Les libraires), considerada su mejor obra hasta el momento.

domingo, 26 de julio de 2020

RESEÑA (by MH) ::: MUERTE EN LA VICARÍA - Agatha Christie





Título original: The Murder at the Vicarage
Autora: Agatha Christie
Editorial: Espasa
Traducción: Carlos Paytuví de Sierra
Páginas: 288
Fecha de publicación original: 1930
Fecha esta edición: abril 2018
Encuadernación: rústica
Precio: 14,90 euros


https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/p/esta-pagina-la-abro-yo-mh-modo-personal.html
El cuerpo sin vida del juez de paz y coronel retirado Lucius Protheroe aparece en el despacho del vicario de St. Mary Mead, un pequeño y tranquilo pueblo de la campiña inglesa.

La esposa del coronel y su amante, un joven pintor, confiesan el asesinato. Sin embargo, su vecina, Miss Jane Marple, una anciana solterona con un profundo conocimiento de la naturaleza humana y una agudísima intuición, descarta inmediatamente su culpabilidad. La hija adolescente del coronel, el neurótico coadjutor del vicario, que guarda un secreto que le atormenta, el doctor del pueblo, un exconvicto encarcelado por el coronel por caza furtiva y la enigmática viuda de un explorador a quien se ha visto discutir acaloradamente con el difunto forman la larga lista de sospechosos.
Bueno, bueno... parecía que no iba a llegar nunca, pero ya está aquí, ya llegó, ¡por fin vemos a señorita Marple en acción! Tras once libros y la creación de Hercule Poirot, el superintendente Battle y el matrimonio Beresford como sus investigadores principales, por fin le tocó el turno a Jane Marple, la anciana más avispada de St. Mary Mead. Muerte en la vicaría ha sido un relectura pero hacía años que no me acercaba a ella y admito que había olvidado detalles como la, en realidad, escasa presencia testimonial en lo que a páginas se refiere de esta detective aficionada... pero no adelanto acontecimientos.

El narrador de la historia (en primera persona) es Leonard Clement, el propio pastor de la vicaría donde se comete el asesinato. Antes de llegar al momento de esa muerte, se toma su tiempo para presentarnos a todos los habitantes de St. Mary Mead que de un modo u otro toman parte en los sucesos o serán considerados sospechosos más adelante a lo largo de la narración. ¿El fallecido? Pues lo revela la sinopsis en la primera línea, pero por si hacéis como yo y no las leéis, aquí no pienso decirlo (de todos modos resulta bastante obvia su identidad a poco que empecéis a leer el libro y conozcáis a los personajes). El caso es que hay cosas que no cuadran, sobre todo las relacionadas con la hora de la muerte, lo que impide verificar coartadas y posibilita que la sospecha baile de un vecino a otro. La única que parece tenerlo claro es miss Marple, cuya casa está justo al lado de la vicaría y no se le escapa nada. Desde el principio dice que, aunque existen siete sospechosos con motivos para el asesinato, cree saber quien es el asesino aunque no pueda probarlo. Pa'chula, ella. Un poco sabihonda la viejecilla cotilla esta, ¿no? Que se lo pregunten a los encargados de la investigación.

Esta no es la primera vez que aparece el pueblecito de St. Mary Mead en un libro de la Christie. En El misterio del tren azul, una de las protagonistas vivía allí, así que aunque no sabemos si ya lo tenía en mente en aquel momento o si simplemente decidió usarlo después, el caso es que este dato se me hubiese pasado totalmente por alto de no estar leyendo los libros en orden. Os parecerá una tontería, pero detalles nimios como este justifican la locura de leer los ochenta libros de esta buena mujer en orden.

Volviendo a Muerte en la vicaría, como habréis visto el narrador es uno de los personajes de la historia (la Christie hilando fino... no digo más) y él es realmente el protagonista durante todo el libro. No conocemos a Jane Marple hasta que ya se ha producido el asesinato; es solo un personaje secundario que aparece unas cuantas veces contadas para dejar claro que sospecha, que sabe más de lo que dice, que no le cuadran algunas cosas y que está dándole vueltas al tema... hasta el final, donde sí, se luce y resuelve el crimen. Vamos, que va haciendo avanzar la historia con sus apariciones pero en absoluto monopoliza la investigación como detective aficionada... picotea la trama, por así decirlo. Nada que ver con el omnipresente Poirot. Tampoco recordaba la opinión un tanto enconada que tienen los vecinos de ella en este primer libro. Gata vieja o gata desagradable son solo algunos de los cariñosos apelativos que le adjudican, aparte de que el narrador dice en varias ocasiones que es una vecina poco popular porque siempre tiene la razón. Esto que os pongo no lo dice el narrador, lo dice el inspector a cargo del caso, pero resume bien el sentir general :)

Estoy convencido de que esa solterona chismosa cree que sabe todo cuanto vale la pena saber. Y a lo mejor no ha salido nunca de este pueblo. Es una presuntuosa. ¿Qué puede saber ella de la vida?
Más allá de eso conocemos a la Marple que se hará famosa, esa un tanto vanidosa que acostumbra a estar siempre en lo cierto, que ve y oye todo cuanto sucede a su alrededor y saca siempre conclusiones acertadas, que siente predilección por el estudio de la naturaleza humana, que considera que es prudente sospechar siempre de todo el mundo, que usa como arma la intuición (la intuición es como leer una palabra sin tener que deletrearla) y que, en definitiva, sin nada que hacer en ese apartado rincón del mundo, prefiere "estudiar" a la gente desde su jardín o con unos prismáticos antes que hacer calceta. Tiene suerte de que eso sirva para resolver asesinatos y que se le perdone que sea una vieja del visillo :) Honestamente, y sin tener nada que ver con todo lo que acabo de comentar, en este su primer libro, la señorita Marple no cala especialmente en el lector, no se hace querer... todavía no.
Si alguna vez quisiera emprender la carrera del crimen, me sentiría más temeroso de Miss Marple que de la ley.
Datos que me apetece comentar. En la traducción se hacen un lío monumental con el tratamiento de miss y mistress, lo utilizan varias veces al revés; se nombra a Chesterton y eso siempre es maravilloso (que se nombre a Sherlock Holmes era más de esperar); aparece un personaje que se apellida Hurst, como moi, así que eso ya lo hace maravilloso aunque tenga cuatro líneas y no pinte nada xD; también conocemos ya en este libro (no lo recordaba) al sobrino de miss Marple, el escritor Raymond West, que va de sobrado por la vida (define St. Mary Mead como una charca estancada); la visión que tiene el vicario del desempeño laboral de su criada, Mary, da un punto muy divertido a la historia, sobre todo porque lo cuenta con mucha ironía resignada; y, para terminar, en 1930 ya se consideraba una modernez lo de escribir poesía sin usar nunca mayúsculas (lo que digo siempre, ya está todo inventado). 

Sobre la investigación en sí misma poco os puedo contar porque no quiero revelar nada. Hay que estar muy al loro con el dichoso reloj porque toda la clave del caso radica en sus adelantos y retrasos y es fácil perder el hilo si no se está pendiente. Los personajes cumplen a la perfección su rol; como siempre suele pasar en este tipo de historias, todos tienen algo que esconder, la clave está en averiguar si esos secretillos son relevantes para la resolución del crimen o no lo son. En cuanto a la identidad del culpable, yo ya la conocía al ser relectura, pero no creo que sea fácil descubrirlo la primera vez que se lee la novela (lo dicho... creo).

A todo esto, no creáis que Agatha Christie se lanzó a escribir un libro tras otro de miss Marple, tal y como hizo por ejemplo con Poirot. Le costó mucho darle espacio a este personaje, lo que no deja de sorprender visto lo querido que es por sus lectores. Muerte en la vicaría se publicó en 1930, apareció un libro de relatos suyos en 1932 (Miss Marple y trece problemas), un solo relato suelto en Problema en Pollensa (1939), pero ya no se volvió a saber más de ella protagonizando una novela hasta 1942 con Un cadáver en la biblioteca, doce años (y veintiséis publicaciones de la autora de por medio) después de su primera aparición. Así que salvo ese libro de relatos que os traeré seguramente a finales de este año o principios del que viene (si todo va bien, que este año no soy muy de fiar en cuanto a constancia), no volveréis a ver a Jane Marple por aquí hasta... a saber. Pero serán muchos años. Muchos, muchos :)



Agatha Christie (1891-1976) es conocida en todo el mundo como la Dama del Crimen. Es la autora más publicada de todos los tiempos, tan solo superada por la Biblia y Shakespeare. Sus libros han vendido más de un billón de copias en inglés y otro billón largo en otros idiomas. Escribió un total de ochenta novelas de misterio y colecciones de relatos breves, diecinueve obras de teatro y seis novelas escritas con el pseudónimo de Mary Westmacott.

Probó suerte con la pluma mientras trabajaba en un hospital durante la primera guerra mundial, y debutó con El misterioso caso de Styles en 1920, cuyo protagonista es el legendario detective Hércules Poirot, que luego aparecería en treinta y tres libros más. Alcanzó la fama con El asesinato de Roger Ackroyd en 1926, y creó a la ingeniosa miss Marple en Muerte en la vicaría, publicado por primera vez en 1930.

viernes, 24 de julio de 2020

RESEÑA (by MH) ::: EL MARAVILLOSO MAGO DE OZ - L. Frank Baum




Título original: The Wonderful Wizard of Oz 
Autor: L. Frank Baum 
Editorial: Alfaguara
Traducción: Gerardo Espinosa
Páginas: 256
Fecha publicación original: 1900
Fecha esta edición: marzo 2016
Encuadernación: cartoné
Precio: 12,95 euros
Ilustraciones de cubierta e interiores: Antonio Segura Donat




Dorothy no podía imaginarse que la casa donde se resguardaba de los tornados saliera volando y aterrizase... en otro mundo.

Deberá buscar la manera de regresar con su perrito Toto a casa. Para ello, viajará hasta la Ciudad de las Esmeraldas, donde el maravilloso Mago de Oz le concederá su deseo (o al menos eso le ha dicho la Bruja buena del Norte).

El viaje no será fácil, pero con la compañía de un espantapájaros, un hombre de hojalata y un león cobarde, Dorothy recorrerá Oz y se enfrentará a sus miedos, y también a cierta bruja malvada que busca venganza...
Para la premisa de libro prohibido en algún momento de la historia quería traeros una lectura que no fuese obvia de primeras, y creo que El maravilloso Mago de Oz cumple perfectamente ese objetivo. No es el tipo de novela en la que uno piense como prohibida, ¿verdad? Pues el caso es que sí, y no solamente una vez. En 1957, el director de bibliotecas de Detroit prohibió este clásico por considerar que no tenía valor para los niños, que promovía la cobardía entre ellos y que defendía la negatividad. Ahí es nada. Pero es que en 1928 también fue prohibido por ser considerado impío por, atención, representar a una mujer en un papel protagonista fuerte... una adolescente no podía ser una heroína (como se diesen una vuelta por las librerías del siglo XXI les daba un parraque). También fue prohibida por una bibliotecaria de Florida por considerarla malsana en los años 50... Y esto por no hablar de siete familias fundamentalistas cristianas de Tennessee que, en 1986, quisieron que se prohibiese en los colegios públicos por la representación que la novela hacía de las brujas buenas, pues, según ellos, eso quería decir que los atributos humanos se desarrollaban de manera individual en vez de ser otorgados por Dios. Creo que en este caso no consiguieron la prohibición, vaya usted a saber por qué con semejante y buena argumentación [modo ironía off].

Mi intención inicial, aquella que yo tenía cuando sentarme delante del ordenador no me suponía un mundo y no estaba tan off para esto de las reseñas, era hablaros del libro y de la adaptación de 1939, que me gusta muchísimo y de la que tengo, a falta de una, dos ediciones chuli-pirulis en dvd... vamos, hacer el trabajo completo como está mandado y traeros una combo comparando novela y adaptación, porque la verdad es que hay diferencias... pero os vais a tener que conformar con la opinión del libro nada más (¡y nada menos, que es fantástico!). La sinopsis propia que os suelo poner creo que sobra un poco porque la historia es archimegaconocida (aunque más por la película que por el libro, las cosas como son), pero por si acaso, ahí va. 

Dorothy, una niña huérfana, vive con su tío Henry, su tía Em y su perro Toto en las praderas de Kansas. Un día se desata un ciclón y a Dorothy no le da tiempo a resguardarse en el sótano; la casa empieza elevarse y a dar vueltas en el aire con ella y Toto en su interior y, cuando finalmente vuelve a tomar tierra, lo hace sobre la Malvada Bruja del Este (a la que obviamente mata), en la tierra de Oz. Dorothy quiere volver a casa, y la Bruja del Norte, aparte de darle las gracias por tan involuntario asesinato, le dice que solo el Gran Mago de Oz, que vive en la Ciudad de las Esmeraldas, puede ayudarle; para llegar allí tiene que seguir el camino de ladrillos de color dorado. Y así, pertrechada solo con un beso en la frente de la Bruja del Norte a modo de protección y los zapatos puntiagudos de plata de la bruja muerta (cuyo uso y poder nadie le explica.. ¡y sí, de plata!), Dorothy emprende un camino que en ocasiones será agradable, en otros peligroso, a lo largo del cual conocerá a los peculiares habitantes de todas las tierras de Oz y, sobre todo, se cruzará con los que serán sus compañeros de aventuras en busca de la magia de Oz: el Espantapájaros (que quiere un cerebro), el León Cobarde (que quiere valentía) y el Leñador de Hojalata (que quiere un corazón).

Ya sabéis lo que viene a continuación, ¿no? Nada más llegar conocemos a los Munchkins, pero luego llegan los Quadlings, los Winkies... Los ladrillos dorados (en el libro no se habla de baldosas amarillas, así que yo tampoco) conducen hacia la Ciudad de las Esmeraldas, pero no siempre es posible seguirlos y hay que desviarse del camino. Los peligros acechan por doquier y eso nos da la oportunidad de comprobar si realmente el León carece de valentía, el Espantapájaros de un cerebro y el Leñador de Hojalata de un corazón. Y sí, se llega a la ciudad verde, y conocen al Maravilloso Mago de Oz, pero ese tampoco es el final del camino... porque en realidad el personaje del Mago de Oz es, como diría aquel, un mero MacGuffin, y simplemente actúa como la excusa o el señuelo que el autor utiliza para contar lo que quiere contar.

¿Y qué es lo que nos quiere contar? Pues los valores generales son fácilmente identificables: que la amistad es un tesoro que hay que cuidar y mimar, que debemos confiar en nosotros mismos y perseverar a pesar de los obstáculos de la vida, que muchas veces buscamos fuera lo que ya tenemos dentro, que tenemos que aprender a hacer uso de las cualidades que nos permiten valernos por nosotros mismos, que a lo largo del camino nos enfrentamos a la bondad y la maldad y en nuestra mano está bascular hacia un lado o hacia el otro, que hay que tener cuidado con lo que se desea, que la madurez se alcanza enfrentándose a los miedos... Supongo que también se podría decir que hace una defensa del hogar y la familia, pues aunque al principio se nos describe la vida de Dorothy como gris (su casa, sus tíos... todo es gris y mustio, no hay alegría, no hay risas), desde el momento en que pisa Oz, su único deseo, el pensamiento que impulsa toda su aventura, es volver a casa. Todos los colores y expectativas de un mundo maravilloso por descubrir no son capaces de arrinconar a sus tíos y a su hogar en Kansas, por muy anodinos que sean. Tal y como os comento, yo creo que en la historia hay valores o enseñanzas muy evidentes que todo el mundo vemos, pero luego cada cual sacará sus propias conclusiones personales.

Os comento una cosa que me ha llamado la atención. Mi edición (íntegra, no sé si esto aparecerá en todas las ediciones... y preciosa, unas ilustraciones fantásticas) contiene la introducción que el autor incluyó en la primera edición de 1900. En ese prólogo explicaba que la formación moral ya formaba parte de la educación de la época y que, por tanto, el tono espeluznante de los cuentos de los Grimm había pasado a mejor vida porque los niños solo buscaban entretenimiento sin que en las historias ocurriese nada desagradable ni moralizante. Por eso, su intención a la hora de escribir El maravilloso Mago de Oz era la de complacer a los niños de la época: su novela aspiraba a ser un cuento de hadas modernizado en el que se mantenían la alegría y la fantasía y se suprimían las penas y pesadillas. ¿Por qué os cuento esto? Porque en esta historia, creada según su autor para rebajar el tono cruel de los cuentos populares del siglo XIX, aparte de muertes evidentes se retuercen pescuezos a mansalva y se decapitan cabezas de animales a tutiplén. Y no una sola vez, sino unas cuantas veces en varios pasajes diferentes. Así que la historia está modernizada, sí. Es alegre, fantasiosa, colorista, llena de buenas intenciones y lecciones, sí. Pero persisten en ella rasgos algo cruentos de literatura para niños de épocas pasadas que hoy en día serían impensables para un autor de literatura infantil (no le dejarían publicarlo, vamos). Conclusión: no solo los Grimm han sido endulzados por el cine. La Metro Goldwyn Mayer también rebajó mucho el tono un poquito sangriento de Baum en su adaptación cinematográfica.

La prosa de Baum es muy cuidada pero sencilla y asequible, y sin duda se luce en las descripciones de la tierra de Oz. He intentado leer el libro dejando a un lado la película, caminar por Oz con los ojos del autor, no con las imágenes que forman parte del imaginario colectivo, y he disfrutado mucho de la aventura. Quizás en cierto momento peca de repetitiva en la estructura de los capítulos en los que Dorothy va conociendo a sus amigos (repite el esquema con los tres casi punto por punto), pero es la única pega que quiero y puedo ponerle. Es una pena que el musical de 1939 haya ensombrecido tantísimo a la obra original de Baum, que haya devorado la historia hasta tal punto que muy pocos lectores sientan la tentación de acercarse a ella. ¿Para qué, si ya han visto la archifamosa película? Pues no, hay que leer El maravilloso Mago de Oz aunque sea una sola vez en la vida. Ya, ya sé que eso se podría decir (se dice y se dirá) de muchos libros, pero cada cual barre para su casa, y mi casa son los clásicos. ¡Qué le voy a hacer!
Lyman Frank Baum (1856-1919) es uno de los grandes autores clásicos de literatura infantil, admirado tanto por escritores como por lectores. Ejerció las más diversas actividades antes de dedicarse a la literatura por completo: periodista, empresario teatral, actor, comerciante o secretario de la Asociación Nacional de Decoradores de Escaparates fueron algunos de los oficios que desempeñó antes del debut del mundo de Oz. Tras varias obras infantiles que no despertaron demasiado interés, en 1900 salió a la venta El Mago de Oz, que se convirtió rápidamente en la obra predilecta en millones de hogares. Reconocido como autor de éxito, Baum se mudó a California, donde escribió secuelas ambientadas en ese mundo hasta su muerte.

lunes, 20 de julio de 2020

RESEÑA (by MB) ::: UNA SEMANA DE LIBERTAD - Rubén Harrysson





Título original: Una semana de libertad
Autor: Rubén Harrysson
Editorial: Caligrama
Páginas: 670
Fecha de publicación: 2020
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 24,95 euros
Imagen de cubierta: Shutterstock








En el Toledo del año 1266, un judío prestamista de la ciudad hace un trato con un noble toledano. El noble le ha ofrecido una información secreta para llevar a cabo un negocio que involucra al arzobispado y que le hará inmensamente rico. A cambio de este favor, el prestamista le ha prometido entregarle a su hija en matrimonio. Pero a una semana de la boda, la sefardí, que lleva toda su vida retenida en la judería, decide escapar seducida por un cartero mozárabe. La salida de la judía de la aljama se convierte en todo un acontecimiento que no solo pondrá patas arriba la vida del cartero y el cura de la apacible parroquia de San Román, sino de toda la ciudad. A cada paso irán descubriendo las capas ocultas de una urbe plagada de secretos. El más importante de sus hallazgos: la conspiración que está tramando la nobleza junto a la iglesia para deponer al rey Alfonso X El Sabio.


Juan Quirino sabía que, a pesar de religiones, incluso a pesar de oficios y, desde luego, a pesar de apellidos con más o menos tradición, en la ciudad de Toledo, todos y cada uno de sus habitantes poseían o alma de militar o alma de poeta.
La historia nos traslada a la Iglesia de San Román de Toledo un domingo de junio de 1266 mientras nos cobijamos de la lluvia de piedras que se precipitan sobre su tejado y campanario. No se trata de una tormenta u otro fenómeno meteorológico parecido, son piedras y cantos recogidos de la calle que los soldados arrojan bajo el mando de Juan de Dios Arriza; reclaman al párroco Manuel de Oligugues Pandueza que les entregue a la joven pareja formada por Adira, hija de Ashir, el prestamista judío, y Barroso, el hijo de Juan Quirino, escriba y mozárabe, que se han fugado para al final recalar y refugiarse en la susodicha parroquía.

Tal es la tesitura en la que se ve envuelto el buen párroco, y así es como Rubén Harrysson comienza su novela, Una semana de libertad.

El destino, con la inestimable ayuda de los humanos, ha puesto sus engranajes a funcionar. Adira no es una mujer libre (su padre la ha prometido a Garemberto, un noble franco), y aunque ella entiende que debe cumplir con el compromiso, pide que se le dé una semana de libertad, semana que compartirá con el joven Barroso.
Barroso era un ser tan adorable como sumiso. Su alma de poeta la guardaba tan adentro que muchos le consideraban tonto, pues no escribía sobre el cauce del río ni tampoco hacía grandes discursos sobre las nieblas de diciembre que escondían Toledo del mundo como si fuera una fantasía. El mozárabe se dedicaba a contemplar y observar; por eso muchos le llamaban el Iluminado.
Queriéndolo o sin querer, durante su semana sabática Adira pone a la ciudad de Toledo y a sus vecinos patas arriba: desde el momento en que cruza el umbral de San Román, todas las personas que entran en contacto con ella se ven envueltas en una vorágine de circunstancias y situaciones que a primera vista sugieren estar inconexas y ser diferentes, pero rascando un poco se descubre que todas tienen un nexo de unión, independientemente de la religión o religiones que profesen o del estatus social en que se encuentren. Son piezas que se mueven con hilos invisibles y que, con sus decisiones o actuaciones, tejen una telaraña que, más que envolverlas, las atrapa. Todos tienen una misión o un destino atado y guiado por no se sabe quién que los dirige meticulosa y sabiamente para conseguir un propósito, un fin.

En un primer momento don Manuel solo aspira a que no le derrumben su iglesia a pedradas. Para ello entiende que debe alejar a la joven pareja de su recinto y devolverla a sus familias, pero esta empresa, que no asemeja muy difícil, se convierte en toda una odisea que le cambiará la vida. Fuera todo son persecuciones y conjuras que no llega a entender, y los tres, en su retorno, tropiezan con el mudéjar Al Hasan, el único que está dispuesto a ayudarles.

Mientras vemos a la pareja fugada y al párroco peregrinar por la ciudad, esta se carga de un ambiente y una atmósfera electrificados, una energía anticipadora de unos hechos hábilmente orquestados que no auguran nada bueno. Aunque a simple vista solo se preparan una conversión y una boda, tras esta pantalla se esconden más misterios y secretos que otra cosa.

Por otro lado aparecen y surgen más personajes que engrandecen la narración: la novicia Velasquita, Gabriela la monja, Alonso de Osorio, el espadero, Fashir, el cautivo, Faldún, Sancho de Aragón, Nuño González de Lara... que junto a tantos otros formarán parte de ese caleidoscopio espacial y temporal del Toledo de Alfonso X el Sabio.
El sefardí le había ordenado vigilar a la muchacha durante los primeros días fuera de la aljama. Temía que, al sentir el viento de la libertad por primera vez, esta sintiera la tentación de escapar. También había insistido en que estuviera al tanto de la actitud de Garemberto, hombre imprevisible, capaz de dar al traste con su plan maestro.
Rubén Harrysson nos invita a recorrer la ciudad medieval cuando la identidad castellano-manchega ni se imaginaba. Durante el espacio temporal de una semana, que más bien parecerá una vida, no habrá calle empedrada que no recorramos ni casa (ya sean sus moradores judíos, musulmanes o cristianos) a la que no entremos. Cada personaje entrega y demuestra todo lo que tiene dentro, pues tanto en los más jóvenes como en los más viejos solo hay movimiento y dinamismo: aunque no lo sepan todos tienen un fin, una misión que cumplir. Con la ayuda del balsero Aguinalde, el alegría, cruzamos el Tajo y transitamos por cada uno de los escalones sociales y religiosos, donde personajes históricos conviven con ficticios al tiempo que conspiran y pululan por la ciudad, unas veces movidos por grandes y profundas pasiones y otras por el brillo dorado de las monedas que alguno atesora en sus baúles.

A lo largo de los breves 170 capítulos, el autor nos imagina su peculiar y particular visión de la ciudad de las tres culturas cuando esta se hallaba en su máximo esplendor, encontrando en ellos una narración llena de ritmo, circunstancias y acción, en la que el punto final no es equivalente al fin de la historia, sino más bien el comienzo de otras tantas nuevas. 

Rubén Harrysson ha vivido la mayor parte de su vida en Madrid. Ha trabajado en radio como actor de doblaje, locutor comercial y de documentales. Desde el año 2013 reside en Estocolmo, donde compagina la escritura y la batería, que toca en dos bandas de rock.

Ha estado trabajando en Una semana de libertad durante los últimos cinco años, proyecto que finalmente ha visto la luz el 7 de junio de 2020.