viernes, 14 de mayo de 2021

RESEÑA (by MH) ::: EL LEÓN, LA BRUJA Y EL ARMARIO (LAS CRÓNICAS DE NARNIA I) - C. S. Lewis


 

Título original: The Lion, the Witch and the Wardrobe
Autor: C. S. Lewis
Editorial: Austral
Traducción: Gemma Gallart
Páginas: 256
Fecha publicación original: 1950
Fecha esta edición: junio 2019
Encuadernación: cartoné
Precio: 11,95 euros
Ilustraciones del interior: Pauline Baynes



Narnia…, un mundo congelado…, una tierra que aguarda su liberación. Cuatro niños descubren un armario que les sirve de puerta de acceso a Narnia, un país congelado en un invierno eterno y sin Navidad. Entonces, cumpliendo con las viejas profecías, los niños —junto con el león Aslan—serán los encargados de liberar al reino de la tiranía de la Bruja Blanca y recuperar el verano, la luz y la alegría para todos los habitantes de Narnia.

Aunque parezca mentira, jamás había leído esta primera novela de Las Crónicas de Narnia, de C. S. Lewis. Al menos a mí, a nivel personal, me sorprende, porque a Tolkien lo devoré desde bien jovencita, tengo incluso alguna biografía de los Inklings (cenáculo literario formado por profesores y académicos de la Universidad Oxford a la que pertenecían ambos)... pero jamás me había dado por leer los libros de Narnia. En la adolescencia no me llamó tanto la atención como el mundo de Tolkien, luego vino la peli de 2005 y en fin, que lo fui dejando. El reto de las Hermanas Fatídicas dedicado a temáticas brujiles que comparto con Mónica (Serendipia) me ha venido al pelo para saldar mi deuda.

Supongo que la premisa del libro es de sobra conocida. Durante la Segunda Guerra Mundial miles de niños fueron evacuados de Londres para protegerlos de los ataques aéreos y reubicados en la campiña inglesa, y entre esos niños se encuentran los cuatro protagonistas de esta novela. Peter, Susan, Edmund y Lucy van a parar a una casa enorme propiedad de un anciano profesor, y esta casa tiene su importancia porque incluso recibe visitas turísticas. El caso es que los niños son niños, y si los metes en una casa con tropecientas habitaciones, lo más normal es que se pongan a explorar a ver qué encuentran. En una de esas aventuras exploradoras dan con un armario lleno de abrigos, armario en el que Lucy se adentra en un mundo congelado gobernado por una bruja malvada que teme una profecía: el día en que cuatro humanos (dos hijos de Adán y dos hijas de Eva) ocupen los cuatro tronos, su reinado llegará a su fin. Este mundo se llama Narnia, sus habitantes están tristes porque siempre hace frío pero nunca es Navidad (y porque la bruja es malísima, claro.... pero lo de la Navidad lo llevan clavadito en el alma), y esperan que se cumpla la profecía y que además vuelva su gran esperanza, el león Aslan. Cuando Lucy regresa de Narnia sus hermanos no se creen nada de nada, pero ya tendrán tiempo de creérselo, ya... Narnia tiene planes para ellos, y son mucho más importantes, trascendentales y serios que sus tardes de jugar al escondite en la vieja mansión.

Nada más abrir el libro me he encontrado la dedicatoria de C. S. Lewis a Lucy Barfield, su ahijada, cuyo nombre usó además para la niña descubridora de Narnia en el libro, y me ha sorprendido lo plenamente consciente que era Lewis del modo en que funciona la mente de los lectores. Ya os habréis dado cuenta de que llevo un tiempo volviendo a los clásicos infantiles y juveniles, ya sean relecturas o nuevas lecturas (para mí), y por eso me siento totalmente identificada en esa seguridad que demuestra Lewis al decir que, una vez pasada la infancia, solo se vuelve con entusiasmo a las lecturas infantiles transcurridos muchos años y cuando ya se está en plena edad adulta. Me parece una dedicatoria tan inteligente que no puedo dejar de compartirla con vosotros:

Mi querida Lucy:

Escribí esta historia para ti, pero cuando la empecé no había caído en la cuenta de que las muchachas crecen más rápidamente que los libros. Por lo tanto, ya eres mayor para los cuentos de hadas y, para cuando el relato esté impreso y encuadernado, serás incluso mayor. Sin embargo, algún día serás lo bastante mayor para volver a leer cuentos de hadas, y entonces podrás sacarlo de la estantería superior, quitarle el polvo y decirme qué opinas de él. Probablemente, yo estaré tan sordo que no te oiré, y seré tan viejo que no comprenderé nada de lo que digas... A pesar de todo seguiré siendo...

tu afectuoso padrino,

C. S. Lewis

La adaptación cinematográfica es bastante fiel a la novela en las cosas importantes (aunque mucho más épica y espectacular, qué duda cabe), así que como la lectura en sí misma no ha supuesto ninguna sorpresa, me he dedicado a disfrutar simplemente de la historia y a reconocer esos elementos que hoy en día están muy presentes en la literatura fantástica pero que tienen su base en esta novela. Me imaginaba a los niños de la época leyendo cómo se podía entrar en un armario lleno de abrigos y salir al otro lado en un bosque nevado, y no podía dejar de verlos intentando lo mismo con todas sus fuerzas y empeño en todos los armarios de sus casas. Bueno, tampoco voy a generalizar: yo habría buscado un portal escondido a Narnia de haber leído esto con diez años y me hubiese dado un paseíto por allí de haberlo localizado (y lo hubiese encontrado, estoy segurísima, que soy muy cabezona desde que me parieron xD).

El estilo de Lewis me ha gustado mucho. El narrador se dirige al lector a menudo, le va situando en la narración según se mueven los personajes a través de Narnia e incluso de vez en cuando le recuerda que tal cosa viene de tal otra cosa que se dijo en otro capítulo, con lo que la sensación de que te están contando un cuento es constante. Además, dentro de su sencillez y fácil lectura (después de todo es un libro infantil), está construido y narrado de tal manera que cualquier lector de cualquier edad puede disfrutar de la historia sin tener en ningún momento la sensación de condescendencia por parte del autor ni simplicidad a la hora de volcar la trama sobre las páginas. Es más, me han sorprendido algunos pasajes por su crudeza y violencia no explícita; Lewis sabe hasta donde puede llegar, sabe contar y transmitir esa información sin necesidad de ponerla negro sobre blanco, pero un lector adulto ve perfectamente la imagen en su cabeza y es cruda (me pregunto hasta donde llegará la imaginación de un niño de nuestra época en determinadadas escenas). Vamos, que sí, infantil, pero nada ñoño ni inocente, que por otro lado es una característica muy habitual en los clásicos infantiles, valientes a la hora de contar sus historias y sin infravalorar en ningún momento a su lector... de hecho muchos de estos libros han llegado a ser clásicos precisamente por esa inteligencia a la hora de plantear sus historias, que no solo los convierte en atemporales sino en referentes multigeneracionales.

Os decía en la sinopsis que la llegada de los cuatro niños a Narnia no parece casual, que existe una profecía y que su entrada en este mundo helado parecer tener un fin, y sin querer adentrarme más en la historia, aplaudo a Lewis por no conformarse con crear a un grupo de niños protagonistas perfectos arquetípicos de lo que debe ser un niño-héroe en una novela infantil de aventuras y fantasía. Los niños son personas, y como personas que son de perfectos no tienen nada. Tienen sentimientos negativos como todo el mundo y esos sentimientos negativos les llevan a cometer equivocaciones aunque no sean intencionadas. Yo, como lectora adulta, interiormente aplaudo esa introducción de grises entre tanto blanco y negro. En este Narnia lleno de animales que hablan y criaturas mitológicas y fantásticas (faunos, centauros, hadas, unicornios...) que o son muy buenos o son muy malos, el punto discordante es realista, y Lewis utiliza muy bien ese elemento para planificar la trama y hacerla avanzar gracias a él.

El león, la bruja y el armario es de esos libros con los que hay que tener cuidado cuando se habla de ellos porque es fácil presuponer que todo el mundo sabe de lo que va cuando no tiene porque ser ese el caso, así que lo voy a ir dejando aquí. No voy a entrar en la controversia de si es una alegoría del cristianismo, porque sinceramente creo que el excesivo foco que se pone en ese punto desluce todo lo demás que encierra el libro. Hay ensayos y ensayos que hablan sobre el tema y mil discusiones que debaten sobre el asunto. Cada cual que busque lo que quiera en los libros que lee; yo en El león, la bruja y el armario buscaba conocer de primera mano un clásico de la literatura del que ya conocía la trama por las películas y me he encontrado una trama fantástica (en los dos sentidos) llena de aventuras, de magia y escenas inolvidables... de esas historias que creo que hay que leer al menos una vez en la vida. No voy a decir que sienta la necesidad imperiosa de leer todas las continuaciones, porque si se me presenta la oportunidad lo haré pero tampoco es una prioridad; es una novela autoconclusiva y para mí tiene su cierre y su final. Sí os puedo decir que la he disfrutado mucho y que entiendo perfectamente su importancia dentro del mundo de la literatura fantástica; montones de libros han venido después que tienen mucho que agradecer a las Crónicas de Narnia. 
 
Y, una vez más, me lamento por no haber podido revisionar la película para hablaros de ella (hace años que no la veo y para comentar en reseña combo me gusta tenerlas recientes). En cualquier caso, os dejo el tráiler que, está muy chulo ;)


Un inciso... yo aquí pongo que El león, la bruja y el armario es el primer libro de las Crónicas de Narnia porque es el primero que publicó Lewis, pero en muchos sitios veo que está considerado como el segundo y que se nombra como primero uno que publicó años después... En cualquier caso para mí es el primero y así lo pongo porque yo lo valgo. Si está mal, me doy por enterada, pero no lo voy a cambiar xD.

Clive Staples Lewis (Gran Bretaña, 1898-1963) crítico, académico y novelista inglés, considerado como uno de los mejores escritores de literatura infantil y juvenil en lengua inglesa. Amigo y colega de Tolkien, ambos poseían un agudo intelecto, una sólida formación y una pasión por la mitología nórdica que marcaría sus obras capitales: el Hobbit y El Señor de los anillos, en Tolkien y las Crónicas de Narnia (1950),  en C. S. Lewis. Con Narnia, una obra fantástica y alegórica sobre la eterna lucha entre el bien y el mal, Lewis inauguraba un género que le convertiría en fundador y referente inexcusable de la narrativa fantástica actual.

miércoles, 12 de mayo de 2021

RESEÑA (by MH) ::: REBECCA - Daphne du Maurier


 

Título original: Rebecca
Autora: Daphne du Maurier
Editorial: Galaxia Gutenberg + Círculo de Lectores
Traducción: Fernando Calleja Gutiérrez
Páginas: 480 
Fecha publicación original: 1938
Fecha esta edición: 2009
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: descatalogada (disponible en otras ediciones)
Imagen de cubierta: Fotograma de la adaptación cinematográfica de Rebecca (Alfred Hitchcock, 1940)



«Anoche soñé que volvía a Manderley.» Con esta frase Daphne du Maurier nos introduce en el universo de una mansión en apariencia idílica, con rosaledas y caminos bordeados de rododendros, y praderas que terminan en una pequeña cala. Es la casa de Maxim de Winter, en la que vivía con su esposa Rebecca hasta que ésta murió ahogada en el mar y a la que ahora regresa con su nueva e inocente mujer. Ésta pronto descubrirá, sin embargo, que Manderley no es el mundo perfecto que ella cree: allí vive también la inquietante señora Danvers, el ama de llaves, quien no sólo no acepta a la joven, sino que constantemente le recuerda la figura de Rebecca, la única e insustituible señora De Winter. Rebecca, la encantadora, inteligente y segura Rebecca, cuyo rastro está presente en todas las habitaciones, en cada jarrón, en cada cuadro, en los membretes del papel de cartas. Rebecca, la criatura más hermosa del mundo. Rebecca, la presencia que recorre Manderley y el eco de cuya risa resuena aún en los pasillos cerrados de la casa. Una risa que en el fondo, oculto entre los pliegues de su sonido cristalino, esconde el sabor amargo de los secretos inconfesables.
 
Desde su publicación, hace ya setenta años, Rebecca no ha dejado de cautivar a generaciones de lectores, fenómeno al que no fue ajeno su magnífica adaptación cinematográfica. Du Maurier logra retratar la psicología de sus atormentados personajes con precisión quirúrgica y recrea una inquietante y malsana atmósfera en esta obra maestra, convertida en uno de los más logrados ejemplos de novela gótica del siglo xx.
Uno de mis propósitos lectores para este año es
releer muchos de mis clásicos adorados (si son tochos mejor), esos que ya he leído y a los que no vuelvo más a menudo porque no me da la vida. Sí, tengo muchos pendientes inéditos, pero si la cabeza me pide releer algo, lo voy a releer sin darle más vueltas aunque sea a capítulo por día y que me dure el libro lo que tenga que durar... y eso estoy haciendo desde hace unos meses. Son libros que por regla general no voy a traer por aquí (quiero leerlos para mí, no pensando en lo que voy a contar sobre ellos...), y una de las pocas excepciones a esta regla es la novela que hoy os traigo: Rebecca, de Daphne du Maurier. La razón de hacer una excepción con ella es muy sencilla: son ya cinco las ocasiones en las que os hemos pedido a través de los sorteos de aniversario del blog que nos digáis qué lecturas queréis ver reseñadas en Netherfield, y no exagero si os digo que Rebecca ha sido propuesta en casi todas esas ocasiones, así que al final me he animado. La leí por primera vez en inglés en mi adolescencia, desde entonces han sido ya otras tres veces más las que he visitado Manderley, y sigue pareciéndome una novela maravillosa.
 
La protagonista de la historia, de la que nunca conocemos el nombre salvo alguna alusión a que resulta peculiar, tiene 21 años y está en Montecarlo acompañando a la señora Van Hopper. Huérfana y sin familia, ejerce como su dama de compañía hasta que aparece Maxim de Winter en el mismo hotel en el que se alojan. Maxim es famoso por su propiedad, Manderley, y por ser viudo desde hace unos meses de su mujer, Rebecca. A pesar de su caballerosidad se muestra hosco, burlón, reservado y propenso a la ironía, y no parece tolerar demasiado bien la hipocresía que dictan las etiquetas sociales, por lo que huye de la compañía de la gente... a excepción de la de nuestra humilde jovencita. Cuando Maxim le propone casarse con él, ella no duda en aceptarlo, y mientras pasan su luna de miel en Europa todo parece ir a las mil maravillas... pero su llegada a Manderley lo cambia todo. No sabe cómo ser la señora de una casa como esa, le superan todas las cosas que todo el mundo da por hecho que debe hacer y de las que ella no tiene la más mínima idea; la señora Danvers, ama de llaves de la mansión, se muestra hostil desde el primer momento, y todo el mundo no hace más que repetir lo diferente que es de Rebecca y lo fascinado que esta tenía a todo el mundo, incluido su marido. Rebecca, Rebecca, Rebecca... y si la protagonista lo piensa detenidamente, Maxim jamás le ha dicho que está enamorado de ella, ¿verdad? La nueva señora de Winter empieza a obsesionarse con su antecesora en el puesto, y eso que todavía no sabe lo que está por venir. 
¡Allí estaba Manderley! ¡Nuestro Manderley!
Ahora que me siento a hablaros del libro, sinceramente creo que no tengo mucho que aportar (que es una de las razones por las me veis hablar muy poco sobre clásicos universales archimegaconocidos). Se ha hablado tanto sobre Rebecca, hay tantísimas opiniones disponibles para quien quieras leerlas o verlas, que no sé qué puedo deciros que marque una mínima diferencia (pista: nada). Sí, os voy a dar mi opinión, obviamente, pero no va a diferir de montones de opiniones ya dadas con anterioridad. En definitiva, que no sé muy bien qué os voy a contar, y que sea lo que sea lo voy a ir separando en ¿secciones? No sé cómo llamar a esta cosa que estoy escribiendo sobre la marcha. Poneos cómodos con unas aceitunillas, unas papas y una cervecita bien fría (que dicho sea de paso, menudo asco de calor hace ya).

Rollo macabeo 1. ¿Qué me fascina de
Rebecca?
Podría deciros que todo, pero quedaría muy simplista, así que allá vamos.
 
Su ambientación, que ya deslumbra desde ese primer capítulo que solo adquiere pleno significado cuando termina el libro y que conviene releer al finalizar la lectura para comprenderlo en toda su magnitud. Misterio, suspense, toques góticos y una narración sugestiva con escenas simplemente magistrales. El ritmo narrativo, que va de menos a más, a mucho más, dando una lección maestra del manejo del suspense: comienza de una manera tranquila poniendo todos los peones sobre el tablero para, una vez acomodados en Manderley, empezar a establecer un círculo alrededor de una trama que se nos mantiene oculta pero que de vez en cuando abre pequeñas ventanas para que el lector vaya atisbando a través de ellas; y llega un punto que ese círculo decide que ya está bien, que ya vale de dejar al lector sentado en la silla estudiando la situación, y el círculo comienza a apretar, a apretar, a apretar... y no puedes dejar de pasar las páginas hasta el final para ver cómo estalla esa trama ante la imposibilidad de soportar la presión de ese cerco. La señora Danvers, personaje creepy donde los halla y que la literatura no ha dejado de copiar, emular, imitar y reinventar desde que vio la luz. Esta señora protagoniza algunas de las escenas más memorables del libro, y sin ella nada sería igual en esta historia. Ojalá pudiera hablaros de algunas de esas escenas. No puedo. Maxim de Winter, y esto puede sorprender porque quizás es el personaje accesorio, el nexo de unión entre las dos señoras de Winter que resulta un misterio para el lector durante buena parte del libro. No es un gran personaje de cara al lector pero es un personaje determinante para el modo en que lo percibe todo la protagonista, y en esa construcción ambigua, fría y opaca está toda su genialidad. Y como de la propia protagonista os hablo después, no puedo dejar de nombrar aquí a Rebecca. Emulando a Shrek (profunda que es una), Rebecca tiene tantas capas como una cebolla, y el modo en que esa cebolla va perdiendo sus capas conforme avanzan las páginas es una genialidad que Du Maurier se sacó de la manga, porque además nunca sabes quién va a ser el personaje que en cada momento va a usar el cuchillo para ir haciendo la escabechina. Rebecca no necesita estar presente para ser la dueña de la función.

Rollo macabeo 2. El punto de vista narrativo, uno de los grandes logros del libro (y sé que en esto muchos lectores no estarán de acuerdo. pero para eso estoy en mi casa: para dar mi opinión).
 
Daphne du Maurier era una maestra al crear los puntos de vista desde los que narraba sus libros, y el del personaje principal de Rebecca no iba a ser menos. Ay, este pajarillo asustado jamás ganaría un premio a la autoestima. Todo lo vemos a través de sus ojos, tanto lo que hacen y dicen los demás como sus propias interacciones con el resto de personajes, por no hablar de su percepción personal sobre todo lo que ocurre a su alrededor. A sus 21 años habla de sí misma como si fuese una cría, no le gusta su pelo, no le gusta su aspecto, no tiene experiencia en la vida, no tiene conversación, es demasiado tímida, viste muy mal... Si a una mujer así, demasiado joven, inmadura e impresionable, la meten en una mansión como Manderley, eje central de la vida social de la zona durante generaciones, y todo el mundo nada más verla suelta lo de "¡No te pareces nada a Rebecca!", con tono estupefacto, lo normal es que te obsesiones por saber cómo era la tal Rebecca y que te pongas a preguntar e indagar. ¿Qué descubre? Pues que si no quería taza, se va a atragantar con dos. Rebecca era la mujer más hermosa que jamás se hubiese visto, alta, delgada, elegante, fascinante, simpática, inteligente, afectuosa, amada por todos, deseada por todos, el centro de las miradas allá donde iba... ¿cómo no se va a poner nuestra prota a la defensiva? No tiene armas con las que luchar (y si las tiene no sabe usarlas), le gustaría ser mayor y tener más mundo, y encima no se siente segura del amor de Maxim y está convencida de que la compara continuamente con Rebecca... La protagonista nace con la piedra atada a los pies desde el principio, la autora hace toda una declaración de intenciones titulando al libro con el nombre de su rival y negándole a ella su propio nombre, y su misión durante todo la novela es encontrar el modo de sobreponerse a un entorno que le intimida para encontrarse a sí misma y sacar tarde o temprano a la señora de Winter que debe ser, da igual si la lleva dentro innata o no.
 
Rollo macabeo 3. Pegas de otros lectores al libro
(que no son en absoluto las mías) al hilo de la protagonista.
 
Una de las cosas que creo que menos gusta a muchos lectores de este libro es precisamente la protagonista principal. No la soportan, les parece tan tontorrona y tan acomplejada que no conectan con ella, y yo me pregunto: si la protagonista no fuera así, ¿tendríamos historia? ¿De qué serviría que tuviese una fuerte personalidad y una gran confianza en sí misma para el propósito de la narración? Si nuestra aquella-que-no-tiene-nombre fuera diferente, llegaría a la casa y se comería a la Danvers, a los criados y a todo el que se le pusiera por delante con papas, que para eso es la nueva señora de Winter... pero es que entonces Rebecca como novela no tendría razón de ser. Necesitamos a una protagonista insegura que dude de sí misma y se hunda bajo el peso del fantasma y el recuerdo de su antecesora en el puesto. Necesitamos a una protagonista tan atemorizada de meter la pata en su nueva posición social que tenga hasta miedo de hablar con los criados. Necesitamos a una protagonista tan inmadura que rompa una figura y esconda los pedazos en un cajón como si fuera una cría pequeña para que no se entere nadie. Estamos dentro de su cabeza toda la narración, sabemos que es solo una muchacha que iba para dama de compañía y de repente se encuentra ejerciendo de señora de una mansión cuando sigue usando sus bragas remendadas y no sabe ni peinarse con algo de gracia, teniendo que lidiar encima con el recuerdo de una mujer pluscuamperfecta que no tiene la más mínima intención de esfumarse. ¿Resulta exasperante a veces! ¡Sí! ¿Es la intención? ¡También! ¡Dadle un respiro! Tiene mucha novela por delante para demostrarle al lector si es capaz de madurar, crecer y superar tanto complejo y tanto miedo.

Rollo macabeo 4. ¿Por qué hay que leer más a Daphne du Maurier? 

O, cambiando la pregunta, ¿por qué no se lee más a Daphne du Maurier? Esta autora ha tenido que cargar durante mucho tiempo con el sambenito de escritora de segunda por el mero hecho de dedicar la mayor parte de su obra a los géneros de misterio y suspense. Desde hace algunos años esto ha cambiado, muchas mujeres son hoy en día un referente en este mercado literario, pero Du Maurier sigue sin poder escapar del todo de esa burbuja de infravaloración en la que ha estado metida mucho tiempo. Aun así desde hace unos años se está apostando por la recuperación de su obra en castellano, algo que sus lectores entusiastas no podemos más que agradecer de corazón. Que pase de ser una autora subestimada a una valorada y apreciada en su justa medida depende en su mayor parte de la posibilidad de acercarse a su obra, y eso es algo que hay que agradecer a editoriales como Alba. ¿Y qué podrán encontrarse los lectores en esos libros? Una prosa elegante, sugestiva, atmosférica, sutil y lúcida; una inteligencia aguda a la hora de crear personajes, meterse en sus cabezas y hacerles pivotar de manera precisa en sus tramas; una capacidad extraordinaria para enlazar escenas, detalles, insinuaciones, diálogos... que funcionan como un reloj a la hora de dar sentido a los giros de trama sin que jamás se la pueda acusar de sacarse nada de la manga; y una dedicación absoluta a las ambientaciones de sus novelas, a sabiendas de que su éxito dependía de su singularidad y magnificencia a la hora de coger al lector de la mano y llevarlo hasta el mismo corazón de la historia.

Fin de los rollos macabeos. Diréis que estoy hablando mucho sin contar realmente nada, ¿no? Bien, es la intención, así que antes de que me vaya de la lengua sin darme cuenta, voy finiquitando. Os lo comentaba al principio, son ya cuatro veces con esta las que he leído el libro, he visto otras tantas adaptaciones diferentes, y lo sigo disfrutando igual. Me sigue pareciendo una joya, lo releeré cuantas veces más se tercien, seguirán fascinándome las mismas escenas y seguiré defendiendo la novela porque mi adoración por ella es totalmente genuina. No he tenido tiempo de revisionar la peli de Hitchcock, si no también la hubiese metido y os esperarían otros cuantos párrafos más (grandísima adaptación, por cierto, aunque tiene una diferencia importante y muy concreta con respecto al libro).




Daphne du Maurier nació en Londres en 1907, hija del famoso agente de actores sir Gerald du Maurier y de la actriz Muriel Beaumont, y nieta del artista y escritor George du Maurier. Empezó a escribir historias cortas y artículos con ventiún años, y con veinticuatro publicó su primera novela. Fue una novelista de gran éxito con obras tan conocidas como Rebeca, Posada Jamaica o Mi prima Rachel, muchas de ellas adaptadas al cine. Estuvo casada con el mayor Frederick Browning con el que tuvo tres hijos. Vivió una vida acomodada durante más de veinticinco años en la mansión Menabilly en la costa sur de Cornwall, donde siempre pudo escribir sin preocupaciones. La llenaba de gran orgullo ser el principal sustento económico de su familia. Murió el 19 de abril de 1989.

lunes, 10 de mayo de 2021

RESEÑA (by MB) ::: DESEO DE CHOCOLATE - Care Santos


 

 
Título original: Deseo de chocolate
Autora: Care Santos
Editorial: Planeta
Páginas: 424
Fecha de publicación: mayo 2014
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 21 euros 
Diseño de cubierta: basado en diseño original de Antónia Arrom (dandélia). Departamento de Arte y Diseño, Área Editorial Grupo Planeta.
 
Tres mujeres, tres siglos y la misma chocolatera de exquisita porcelana blanca: Sara: propietaria de un apellido que en Barcelona es sinónimo de chocolate, se enorgullece de dar continuidad a la tradición heredada de sus padres. Aurora: hija de una sirvienta de una familia burguesa del siglo xix, para quien el chocolate es un producto prohibido.

Mariana: esposa del fabricante de chocolate más famoso del siglo xviii, abastecedor de la corte francesa e inventor de una máquina prodigiosa. 

A través de la pasión por el chocolate, Care Santos traza un apasionante viaje en el tiempo en el que recorreremos más de tres siglos de historia, desde su llegada a Europa hasta la sofisticación de nuestros días. Vibrante y adictiva, esta maravillosa novela es un exquisito placer para los sentidos.
«Pertenezco a la señora Adélaïde de Francia».

En Deseo de chocolate se nos relata la historia de una pieza de vajilla, una chocolatera especial, a la que en sentido inverso seguimos el rastro desde que nos la encontramos rota (no en mil, sino en menos pedazos) hasta su origen, la fabrica en que se realizó.
Uno por uno va tomando los fragmentos y les busca un posible compañero. cuantos más encuentra, menos posibilidades de error quedan sobre la mesa. Impregna los cantos con el pegamento y los hace coincidir, presionando un poco para que el fluido pegajoso haga lo que debe.
Y no es una historia cualquiera la de esta pieza de vajilla de porcelana fina, pues, además de ser contenedora de la preciada bebida de los mayas y los aztecas, también está ligada a las intrahistorias de aquellas mujeres que la poseyeron en algún momento durante cuatro siglos.
Mientras la enjabonabas te diste cuenta de que no era una pieza cualquiera. La finura de la porcelana, el diseño de líneas delicadas, con el pico alto y el asa generosa en forma de lazo.
Para saber de ella debemos conocer quién o quiénes fueron sus propietarias o la tuvieron en sus manos, destacando tres mujeres entre todas ellas:
Sara, Aurora y Mariana, quienes, además de su amor y pasión por el chocolate (ya sea tanto al elaborarlo como al disfrutarlo), están unidas por la ciudad de Barcelona. Care Santos narra sus biografías utilizando un hilo musical, una banda sonora que siempre está en el trasfondo de estas vidas: la ópera que se representa en el Liceo, del que también conoceremos su historia a los largo de estos años.

Y hasta aquí los puntos de unión en Deseo de Chocolate, una novela representada por estas tres mujeres en tres actos independientes y distintos que nada tendrán que ver unos con otros. 

Comenzamos con la historia de Sara Rovira, ya en el siglo XXI. Entrada en los cuarenta, relata cómo la chocolatera llegó a su vida al mismo tiempo que su marido, Max Frey, y su amigo, Oriol Pairot, mientras los tres realizaban un curso de técnicas para chocolateros del Gremi de Pastissers de Barcelona. Max se enamora de Sara y ella lo hace de Oriol; un triángulo difícil de conjugar en el que cada uno representa su papel y en el que a veces cuesta dilucidar quienes son los vencedores y quienes los vencidos. Puestos a elegir, me quedo con Max, el Pimpinela escarlata.
Tus cosas estaban pronto recogidas. Cabían en el mismo hatillo que trajiste al llegar. Una vez todo estuvo preparado, te sentaste a esperar en el banco de la cocina. Aún no se te había pasado la conmoción ni, por supuesto, el disgusto. Entonces una mala idea se encendió en tu cabeza como una luciérnaga: la chocolatera.
Seguimos con Aurora, nacida para ser la criada de los Turull, una familia burguesa del siglo XIX. Se dedica a servir y acompañar a Cándida, la amada y única hija de Estanislao, un inventor de maquinaria industrial. Con esta mujer nos trasladamos a una ciudad incipiente y en pleno desarrollo, cuando la industrialización comienza a llegar a sus artesanos.

Si algo tiene claro Aurora es que ella ha nacido como criada y debe morir como tal. En ella se enmarca el orgullo de clases; sabe y conoce perfectamente el lugar que ocupa (primero en la casa de los Turull y después en la de los Sampons), aunque no lo tiene tan claro a final, cuando comienza a trabajar para el doctor Horacio Volpi que, además de médico, también es un apasionado del la ópera, que escucha con devoción en su amado Liceo.
Este sobrenombre de ángel salvador me complace otorgarlo no solo por esto de la manta que acabo de referiros, ni por la taza de delicioso chocolate que me regaló a continuación y que me devolvió de muerto a vivo. Más bien lo digo por la delicada expresión de su rostro.
Finalizamos cuando bajamos al siglo XVIII para conocer a Mariana, la esposa-viuda del chocolatero Fernández, inventor de una máquina que facilita la fabricación del chocolate y que parece que todos están deseosos de poseer, ya sean los del Gremio chocolatero de Barcelona como los ingleses y también los franceses.
 
 
La disputa no nos extraña absolutamente nada a los amantes de la bebida de los dioses. ¿Qué no haríamos nosotros por una taza o una tableta? Pues, tal y como la novela relata, mandaríamos si pudiéramos a nuestros espías para hacernos a toda costa con el apreciado artilugio. Entre los que envía la delegación francesa se encuentra Victor Philibert Guillot, secretario de madame Adélaïde de Francia, primera propietaria de la chocolatera. Aparte de la misión oficial, nuestro querido Guillot se embarca en otra más personal pues, como bien es sabido (aunque no sé si está comprobado científicamente), nada enamora más que el ofrecimiento de una taza de chocolate caliente cuando te estás muriendo literalmente de frío.

 
Para la lectura de la novela (y posterior reseña) he necesitado tres tazas de leche con cacao puro, media tableta de chocolate y un brownie plastificado y olvidado (más bien escondido) en la puerta del frigorífico, debajo de los loncheados de queso.




Care Santos (Mataró, 1970) es autora de doce novelas, entre las que destacan Habitaciones cerradas (2011), adaptada a la televisión en 2014, El aire que respiras (2013), Deseo de chocolate (Premio Ramon Llull 2014), Diamante azul (2015), Media vida (Premio Nadal 2017) y Todo el bien y todo el mal (2018). Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas, entre ellos el inglés, el alemán, el francés, el sueco, el italiano y el holandés. Es colaboradora habitual de El Periódico de Catalunya.

 

viernes, 7 de mayo de 2021

Y EL LIBRO COMIENZA ASÍ... #31 ::: ABRIL 2021

¡Hola a todos!

Ya estamos nuevamente ante el primer viernes de un nuevo mes, y toca resumen de lecturas del anterior, en este caso de abril. Son doce los comienzos que os traemos, y esperamos como siempre que os gusten o llamen vuestra atención.

Os recordamos que pinchando en cada imagen accedéis a la reseña en cuestión.

Esperamos que estéis disfrutando de estos días de descanso semanasanteros. En Netherfield ya hacían buena falta. ¡Un abrazo a todos y a por un buen mes de lecturas!
 
 


viernes, 30 de abril de 2021

RESEÑA (by MB) ::: LA COCINERA DE HIMMLER - Franz-Olivier Giesbert


 
 
 
Título original: La Cuisinière d'Himmler
Autor: Franz-Olivier Giesbert
Editorial: Alfaguara
Traducción: Juan Carlos Durán Romero
Páginas: 344
Fecha de publicación: 2014
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18,50 euros
Imagen de cubierta: Ute Klaphake/Trevillion Images

He aquí la hilarante epopeya de Rose, una cocinera que nunca le ha temido a nada y que ha sobrevivido a las barbaries del siglo XX (el genocidio armenio, los horrores del nazismo y los delirios del maoísmo) sin perder el humor, el deseo de sexo y el afán de venganza: los tres pilares de la felicidad en su particular credo.

A los ciento cinco años aún regenta su famoso restaurante en Marsella, guarda una pistola en el bolso y no puede evitar los pensamientos eróticos cuando se cruza con algún tipo interesante. Esta singular cocinera, marcada por dos hombres y un siglo, se toma la justicia por su mano matando a sus enemigos suavemente. Rose pertenece ya a esa galería de grandes personajes literarios de los que no podemos separarnos.

Respondí a Jacky que en efecto había vivido, hasta el tuétano de mis huesos, lo que puede considerarse sin temor a equivocarse uno de los periodos más terribles de la historia de la humanidad: el siglo de los asesinos.
Y es que Rose, rondando los ciento cinco años de edad, tiene razón al decir que ha vivido lo suyo. Esta mujer, extraordinaria y peculiar, se dispone a relatarnos sus memorias y bucear en su historia, hilada con los acontecimientos más devastadores sucedidos a lo largo y ancho del siglo XX.
La leyenda familiar cuenta que mi madre sintió la primera contracción al subirse al árbol y estirar el brazo para agarrar al gato. Agarró al animal por la piel del cuello, lo soltó en una rama más baja y, presa de un presentimiento, se tumbó de pronto en un recoveco del cerezo, en la intersección de las ramas. Así fue como llegué al mundo: rodando hasta el suelo.
Rodando es como nuestra protagonista comienza su andadura por la vida en el mar Negro, allá por el año 1907, cuando falta poco para el terrible exterminio armenio, del que será principal protagonista al afectar a toda su familia consanguínea. Así inicia su propio periplo (odisea, más bien) por ese mundo convulso, cambiante y terrible que le toca vivir, con la única compañía de Teo, una salamandra.
Le debo mucho a la recolección, construyo mi filosofía de vida. Mi fatalismo. Mi capacidad para picotear el día a día. Mi obsesión por reciclarlo todo: mis platos, mis desechos, mis alegrías, mis penas.
Resulta increíble que a sus centenarios años,
Rose posea una mente y una memoria viva, vibrante e imperecedera. A pesar de sus peculiares exorcismos, las emociones de antaño se le representan tal cual fueron vividas y experimentadas, y nos las cuenta y las describe con el más nimio y mínimo detalle, para después eternizarlas en sus famosas memorias.
 
Recuerda una infancia feliz pero corta que se trunca cuando su seguridad, su hogar y su familia caen y desaparecen bajo el terrible exterminio. Convertida en esclava, entiende y comprende muy pronto que solo debe vivir y sobrevivir para seguir adelante con el dolor; olvidar, nunca perdonar, como forma de recordar a los que no han tenido mejor suerte.

Relata en primera persona cómo fue y es ahora su vida, sus decisiones y equivocaciones, los golpes de la buena y mala suerte... una existencia en la que además, sin comerlo ni beberlo, siempre se sitúa en el lado equivocado: el de los perdedores, los explotados y los que deben luchar.

Si algo se aprende del relato que se va conformando en cada página es que su transcurrir existencial es una alegoría, un canto a la vida en el que resulta imperativo aprovechar los momentos, pues estos pasan y no vuelven; desaparecen para dejar sitio, en el mejor de los casos, a otros menos agradables, cuando no aterradores o devastadores.
Me dirán que me estoy volviendo simplona, pero la felicidad siempre es simplona. Además, habiéndola conocido ya en la granja de mis padres, desconfiaba de ella: toda esa embriaguez dentro de mí me daba miedo. La experiencia me había enseñado que nunca dura.
Cuando todo va bien, la Historia viene a estropearlo.
En La cocinera de Himmler recorremos Armenia, la Francia ocupada, las cocinas de un mandatario nazi (Heinrich Himmler), los Estados Unidos, la China de Mao... siempre en primera línea y del lado contrario, ese donde se debe sobrevivir y salvarse. Y es que nuestra Rose no es de las que se quejan y tampoco de las que se quedan demasiado tiempo en una agradable y tranquila zona de confort.
Al final de la cena, Heinrich Himmler pidió verme. Me peiné y me maquillé rápidamente y me presenté a su mesa con el corazón acelerado, la boca seca y temblando como una hoja
Con cada terrible experiencia a la que se sobrepone o sobrevive se hace más fuerte, al tiempo que su semblante se nos oscurece y se reduce nuestra empatía, pues a veces resulta difícil entender todos sus matices, sus grises oscuros traducidos en las decisiones que toma y que ponen su vida y la de los demás patas arribas. Unos encajes de bolillos casi imposibles de hilvanar por el autor, pero, ¿quiénes somos nosotros para juzgar una larga vida? Ha sobrevivido a tantos terrores, traiciones, asesinatos... y aun así, a pesar de los pesares, lo narra con gracia y una pizca de hilarante humor socarrón. 

El secreto de su longevidad son las ganas de vivir y de cocinar, sumadas a un espíritu indomable y unos pensamientos únicos e intransferibles (solo compartidos con su querida salamandra, Teo, su alter ego). Recuerdos, remembranzas que nos sumergen en su biografía y en la Historia, cuyos entresijos y heridas le han dejado muchas y variadas cicatrices tanto en el cuerpo como en el alma. 
 
Aun así, como seguro que ella diría, ¡que me quiten lo bailao!
No creo haber sido nunca tan feliz como en los dos meses y medio que pasamos en Sisteron. Tampoco pasé jamás tanto miedo. Quería esconder mi alegría a toda costa, incluso a Gabriel, por temor a traer los malos espíritus que, al primer signo de alegría, corren para desencantarnos.


Franz-Olivier Giesbert nació en Wilmington, Delaware (Estados Unidos) en 1949. Su familia paterna, de origen escocés, alemán y judío, emigró a la Costa Este estadounidense durante la Primera Guerra Mundial. A los tres años, Giesbert se instaló junto a sus padres en Normandía. Periodista, biógrafo, novelista y presentador de televisión, es una de las grandes figuras del actual panorama cultural francés. Con tan solo dieciocho años publicó su primer artículo en el periódico normando Liberté-Dimanche. Fue corresponsal de L'Express en Estados Unidos y trabajó en Le Nouvel Observateur y en Le Figaro. Actualmente dirige el prestigioso semanario Le Point. 
 
Ha escrito numerosas novelas entre las que destacan L'Affreux (Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, 1992), La Souille (Premio Interallié, 1995), L'Immortel (2007, adaptada al cine por Richard Berry) y Un très grand amour (Premio Duménil, 2010). La cocinera de Himmler, su última novela, ha tenido un resonante éxito de ventas y de crítica en Francia, y los derechos de traducción se han vendido a las principales editoriales europeas. Además de su faceta como novelista, destaca como autor de diferentes ensayos políticos sobre Jacques Chirac, François Mitterrand o Nicolas Sarkozy.