lunes, 28 de septiembre de 2020

RESEÑA (by MH) ::: LOS AÑOS LIGEROS (CRÓNICAS DE LOS CAZALET I) - Elizabeth Jane Howard





Título original: The Light Years
Autora: Elizabeth Jane Howard
Editorial: Siruela
Traducción: Celia Montolio
Páginas: 436
Fecha publicación original: 1990
Fecha esta edición: 2017
Encuadernación: rústica con sobrecubierta
Precio: 24,95 euros 
Ilustración de cubierta: @NMR / Science & Society Picture Library


El de 1937 y el de 1938. Dos veranos inolvidables, a salvo bajo la dorada luz de Sussex, donde los días se consumen en una sucesión de juegos infantiles y pícnics en la playa. Tres generaciones de la acomodada familia Cazalet reunidas en su finca natal. Los quehaceres de dos abuelos, cuatro hijos, nueve nietos, innumerables parientes políticos, criados y animales domésticos que abarcan desde lo cotidiano hasta lo más trascendental: el chófer conduce demasiado despacio, los niños rescatan a su gato de lo alto de un árbol, los adultos hablan de la amenaza de una nueva guerra, y los sueños y pasiones que acechan bajo su charla ligera apenas opacan la indolente rutina de los últimos años felices que en mucho tiempo conocerá Inglaterra.

Cuando en 1990 Elizabeth Jane Howard publicó la primera novela de las Crónicas de los Cazalet, puso la piedra de toque de lo que se convertiría en un inmediato clásico contemporáneo y en la novela-río más importante escrita en Gran Bretaña desde Una danza para la música del tiempo de Anthony Powell. En Los años ligeros, la autora perfila con exquisitez la geografía íntima de una familia y de un modo de vida que, irremisiblemente, pertenecían ya al mundo de ayer.
Fueron tales la alegría e ilusión que sentí cuando me enteré de que ¡por fin! podríamos leer la serie de los Cazalet en castellano que salí corriendo a comprar su primera entrega, Los años ligeros, nada más estar disponible en las librerías allá por la primavera de 2017. No os engaño: conservo el ticket de compra dentro del libro (es una práctica que he ido adquiriendo en los últimos años para que la vergüenza me golpee cuando me decido a leerlos años después. No tengo compasión de mí misma). ¿Qué ha pasado entonces para que a la editorial Siruela le haya dado tiempo a publicar toda la serie completa de cinco libros y que no haya sido hasta ahora que yo he leído el primero? La vida, supongo. Las circunstancias, supongo. Los cientos de pendientes en la estantería, supongo. Que soy un desastre, seguro. Pero desde luego no ha sido por falta de ganas. Ni por pensar que me iba a desilusionar. Así que estas alturas, cuando ya muchos habéis terminado incluso de leer la serie, viene la menda lerenda diciendo que acaba de leer Los años ligeros y que le ha entusiasmado. A buenas horas mangas verdes, diréis. Nunca es tarde si la dicha es buena, me atrevo a decir yo. El segundi refrán me gusta más: me deja en mejor lugar :)

El caso es que Los años ligeros, como bien sabéis, narra las vidas de los miembros de la familia Cazalet en una franja de tiempo muy concreta que la autora divide en dos partes: la primera, que transcurre durante unas semanas del verano de 1937, y la segunda, durante el mismo periodo vacacional pero de 1938. La autora escoge estos periodos porque es cuando se juntan todos en la casa familiar, Home Place, situada en el campo a 15 kilómetros de la costa; allí viven el anciano matrimonio Cazalet (formado por el Brigada y la Duquesita), y su única hija soltera, Rachel, además del servicio que incluye criadas, cocinera, jardinero, chófer, mozo de cuadra, ayudantes varios... El resto de la familia está compuesto por los tres hijos varones, sus respectivas esposas, sus correspondientes hijos, las niñeras de rigor, las profesoras particulares, las familias de las esposas... Os nombro al personal de servicio y empleados porque en esta novela todo el mundo tiene su porción de protagonismo y también les acompañamos a lo largo de la narración, pero por cuestión de espacio, comprensión y mi propia salud mental a la hora de organizar esto, aquí solo hablaré de los Cazalet... que no es poco.
 
¿Quiénes son los tres hijos varones? Hugh, Edward y Rupert. Los dos primeros trabajan en la empresa familiar dedicada al sector maderero; el más pequeño es profesor y pintor frustrado. Hugh, el mayor, salió vivo pero muy malherido de la Primera Guerra Mundial; además de perder una mano tiene fragmentos de metralla en la cabeza que le provocan fuertes dolores de cabeza. Casado con Sybil, enamorados como el primer día, forman una pareja tan, tan bonica... tienen dos hijos, Simon y Polly, y están esperando el tercero. El segundo hermano, Edward, también luchó en la guerra pero salvo algunas molestias respiratorias por el gas mostaza, salió indemne de la contienda. Es el guaperas de los tres hemanos, la serpiente que encanta a todas las mujeres con dos palabras y mucho charming. Está casado con Villy y tienen tres hijos (Teddy, Louise y Lydia). Rupert era muy joven cuando estalló la Gran Guerra, así que es el único de los tres que no ha pasado por esa experiencia. Viudo de su primera esposa, está casado con Zoë, una jovencísima belleza locamente enamorada de él. También tiene dos hijos, Clary y Neville (los dos de su mujer fallecida), y dada su profesión alejada del mundo empresarial de sus hermanos, es con diferencia el que más apuros económicos pasa de los tres.

Como presentación rápida y superficial yo creo que basta para introducir a los personajes, y
creo que me las he apañado bien teniendo en cuenta que en la novela al principio cuesta ubicar a tanta gentePero lo dicho, solo al principio, porque la autora hace filigranas y, gracias al cambio constante de puntos de vista y a lo bien definidos que están cada uno de ellos enseguida te haces con todos y, lo que es más importante, los conoces, los diferencias en su individualidad y destacan por sus características y singularidades. Qué difícil me parece lo que hace Howard en esta novela y con qué genio y brillantez lo consigue. Los Cazalet como concepto está muy bien, la piña familiar e indestructible que conforman es la base de la historia, pero aquí lo que realmente interesa es la parcela íntima de cada uno de ellos por separado, los destellos que asoman a las páginas cada vez que asumen el protagonismo en la narración y les acompañamos durante un determinado espacio de tiempo, porque esos sueños, pasiones, sentimientos, frustraciones, miedos, dudas, indecisiones... son determinantes en la dinámica que se establece entre todos ellos y los que realmente deciden el camino por el que transitan sus vidas. En esta novela se dice mucho pero se calla más todavía, y eso facilita y favorece la empatía del lector con los personajes... salvo alguna excepción. Madredelamorhermoso, que no lo vi venir... Se me ha quedado grabado el número de la página, y no creo que se me olvide. No estaba preparada.
 
Aun así, giros inesperados incluidos, imagino que muchos lectores incluirían esta novela en el grupo de esas "en las que no pasa nada", definición que suelen recibir muchas novelas costumbristas británicas, y supongo que será porque disfruto mucho de estas historias, pero no lo veo de la misma manera. Sí, la trama es aparentemente sencilla, pero en absoluto simple, ya no solo porque a mi parecer donde transcurre la vida misma en todas sus inesperadas vertientes no se puede decir que no pasa nada, sino porque Howard sitúa la trama en un contexto histórico muy importante. El periodo de entreguerras es fascinante y trascendental por muchas razones, y los Cazalet ejemplifican a la perfección a la familia de clase media-alta británica que sigue lamiéndose todavía las heridas de la Primera Guerra Mundial y va de cabeza hacia otra guerra mucho más sofisticada tecnológicamente hablando que añade otro miedo a la ya de por sí aterradora certidumbre de tener que enviar familiares al frente: el de saber que esa misma tecnología puede llevar la guerra a la mismísimas puertas de sus casas. Howard traslada toda esta inseguridad a la novela, y así, además de todo el fresco íntimo y sentimental que nos pinta de cada uno de los personajes, nos prepara para una guerra que en 1938 ya muchos anticipaban y para la que comenzaban a prepararse.
 
A todo esto hay que añadir que
Los años ligeros
está tan, tan bien escrita, y es tan preciosista en los detalles, tan milímetricamente descriptiva en muchos pasajes, tan perfeccionista en la construcción y pormenores de los escenarios que describe, que a mí particularmente no me ha quedado otra que enamorarme de la elegancia y aparente facilidad con la que Howard ejecuta algo que no está al alcance de muchos autores. La lectura es pausada porque la autora no quiere que leas sin más, quiere que cierres los ojos y que, cuando los abras, seas capaz de hacer tuyo cada mínimo detalle a tu alrededor... pero en absoluto se hace pesada. Al contrario,
las páginas empiezan a volar una vez te haces con todos los personajes y tienes bien situado a todo el mundo en tu cabeza, y de que te quieres dar cuenta has llegado al final sabiendo que no te queda otra que volver a acompañarles en la siguiente novela. 

Supongo que a estas alturas ha quedado claro que me ha encantado. Soy muy consciente de que es una novela que puede aburrir, gustar sin más o entusiasmar casi a partes iguales, dependiendo del tipo de lector que la tenga entre manos y sus gustos personales (vamos, lo que viene siendo la relación entre cualquier libro y cualquier lector desde que se inventó la imprenta), pero yo me alegro muchísimo de estar en el último grupo. Quiero (¡espero!) leerlos a partir de ahora más o menos seguidos sin dejar pasar mucho tiempo entre uno y otro para evitar que las sensaciones y los sentimientos que me inspiran cada personaje se pierdan entre una lectura y otra. Algo bueno tiene que tener haber esperado a que estén los cinco libros ya publicados.
Elizabeth Jane Howard (Londres, 1923-Suffolk, 2014) escribió quince novelas que recibieron una extraordinaria acogida de público y crítica. Los cinco volúmenes de Crónica de los Cazalet, convertidos ya en un hito inexcusable dentro de las letras inglesas, fueron adaptados con gran éxito a la televisión y a la radio por la BBC. En el año 2002, su autora fue nombrada Comandante de la Orden del Imperio Británico.

viernes, 25 de septiembre de 2020

RESEÑA (by MH) ::: UNA BODA EN LYON - Stefan Zweig



 

Título original: Die Hochzeit von Lyon / Die Wanderung / Ein Mensch, den man nicht vergisst / Zwei Einsame
Autor: Stefan Zweig
Editorial: Acantilado
Traducción: Berta Vias Mahou
Páginas: 80
Fecha publicación original: 1927 / 1901 / 1946 / 1902
Fecha esta edición: febrero 2020
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 10 euros
Ilustración de cubierta: Leonard Beard



Durante el Terror jacobino, una joven, que espera su ejecución en el oscuro sótano de una cárcel, se reencuentra con su prometido, al que creía muerto en un levantamiento de las fuerzas partidarias a la monarquía. Sólo la compasión de sus compañeros de infortunio ayudará a los amantes a cumplir su mayor deseo, presentarse ante Dios como marido y mujer, y a su vez ofrecerá un momentáneo consuelo a todos los presentes. 
 
Publicado originalmente en 1927, «Una boda en Lyon» es un retrato sobrecogedor de la persecución política y religiosa, uno de los mayores fracasos de la humanidad según Stefan Zweig. La presente edición incluye otros tres relatos: «La caminata», «Un ser humano inolvidable» y «Dos solitarios».

Jamás os he traído a Stefan Zweig al blog, y  teniendo en cuenta lo muchísimo que le admiro desde hace muchos, muchos años, la verdad es que me da hasta vergüenza. Lo conocí como biógrafo, y leí sus obras sobre María Estuardo, María Antonieta y Balzac casi una detrás de otra. Luego ya vino su faceta como novelista y especialista en novelas cortas y relatos, y me terminó de enamorar. Cuando este verano me regalaron Una boda en Lyon por mi cumpleaños, me decidí a traerlo al blog. Me hubiese gustado hacerlo con un libro de más "peso" dentro de su bibliografía, pero ya habrá tiempo para eso.
 
Aunque el libro se llama Una boda en Lyon, en realidad es una compilación de cuatros relatos (publicados originalmente entre 1901 y 1946), siendo el que da título al volumen el principal de ellos. Los otros tres relatos son La caminata, Un ser humano inolvidable y Dos solitarios. Estos cuatro relatos se reparten las apenas 60 páginas que contiene la edición, así que os doy una pincelada sobre cada relato y mi opinión sobre él sin extenderme demasiado (espero).
 
Una boda en Lyon está ambientado durante la Revolución Francesa, concretamente durante los días de noviembre de 1793 en que Lyon fue tomada por asalto tras ser considerada ciudad traidora a la Asamblea Nacional, y en los que se ordenó su total destrucción además de una masacre ciudadana. En este contexto de decenas de fusilamientos diarios conocemos la historia de dos jóvenes que se reencuentran en los sótanos del Ayuntamiento donde pasan la noche antes de su ejecución al amanecer. Tenían previsto casarse justo el día en que las tropas de la Asamblea irrumpieron en la ciudad, y su máxima ilusión sigue siendo morir como marido y mujer.

Un relato conmovedor y muy emocionante, narrado con esa sensibilidad y esa elegancia a las que Zweig nos tiene siempre acostumbrados, y a las que además se suma esa precisión narrativa que ya de por sí brilla en sus novelas cortas y que en este relato arrulla al lector. Apenas necesita veinticinco páginas para pellizcarte el corazón y dejar en él la huella de esta humilde, preciada y triste historia. Es mi favorito de los cuatro relatos, sin lugar a dudas, y es del que menos os voy a hablar porque no debo hacerlo. Así son las cosas.

La caminata
nos traslada a los tiempos en que Jesucristo, aquel al que llamaban el Maestro, obraba milagros en unas tierras que esperaban la llegada del Mesías. Había esperanza en los corazones, y nuestro protagonista es uno de esos jóvenes piadosos llenos de expectación. Un día, tras un funesto sueño, decide ponerse en camino y ver en persona el rostro de su Señor. Camina angustiado, con prisas, ¿y si ocurre algo que le impida conocer al Redentor? 

Quizás es el que más me ha sorprendido del libro ya no solo por la ambientación sino por la historia en sí misma. Es el más original de todos, te imaginas perfectamente desde el principio el momento concreto y preciso hacia el que se encamina el protagonista, y Zweig consigue crear hasta cierta intriga por saber si llegará o no llegará a tiempo, todo aderezado por los entretenimientos y retrasos varios que sufre el protagonista en su andadura. Tiene un final curioso que da para debatir sobre él y su significado, y del que, sin adentrarme más allá, se deduce un trasfondo filosófico más acusado del que aparenta a primera vista.

Un ser humano inolvidable nos invita a conocer a Anton, un hombre que vive su vida acorde a dos premisas muy difíciles en esta sociedad: una es que no se somete a ese poderoso dios que es don dinero, y la otra es que vive entre sus semejantes sin haberse creado ni un solo enemigo. Siempre parece saber lo que necesita la gente, siempre está dispuesto a ayudar a todo el mundo y todas sus buenas acciones le son recompensadas. No tiene un solo penique que pueda llamar suyo, pero no acepta más dinero que el que vaya a necesitar para comer ese mismo día, y si ese día ya tiene el dinero que necesita, no acepta pago alguno. No se preocupa por el mañana, se limita a confiar en Dios... y todas las puertas están abiertas para él.

Estamos ante una reflexión sobre la sociedad en que vivimos subyugada al poder del dinero. Y no me refiero al dinero en grandes cantidades ni a aspiraciones de riqueza, sino al día a día de un ciudadano normal con pequeñas preocupaciones monetarias, facturas que pagar y plazos que cumplir. El narrador, un vecino observador de las andanzas de Anton, es un narrador optimista que tiene fe en sus semejantes y en que estos están siempre a la altura de una persona generosa y desinteresada como Anton. Reflexiona sobre cómo sería nuestra sociedad si todos confiáramos en los demás, si fuesemos altruistas de corazón y elimináramos el dinero de nuestras vidas. Nunca vienen mal meterse en vena estas dosis de fe en la humanidad, y aunque fue publicado de manera póstuma en 1946, no sé en qué época fue escrito... duele pensar en Zweig escribiendo esto y perdiendo desesperadamente esa confianza años después.

Dos solitarios
narra el momento en que se conocen un hombre y una mujer. De él no conocemos el nombre; a ella la llaman "la birriosa Jula". Ambos son compañeros en una fábrica pero jamás han hablado. Él tiene un pie tullido y ella una fealdad tan llamativa que es objeto de burla constante por parte
de sus compañeros. Jula llora la última humillación cuando él se acerca a consolarla y esa conversación, aun siendo practicamente extraños, desahoga sus almas doloridas tras toda una vida sufriendo por sus físicos.

Este relato, que cierra el libro, es muy, muy breve, y también el más sencillo de todos en cuanto a la historia que narra. No es más que el encuentro entre dos seres que sufren por su físico y las limitaciones que les impone en su día a día (en un caso físicas por cuestiones de movilidad, en el otro psicológicas a causa de las humillaciones y el rechazo social), pero Zweig lo cuenta bonito, lo cuenta tierno, y sabes cómo va a terminar desde que empieza, pero eso es lo de menos. A Zweig se le escapa aquí otro poquito de fe en el ser humano y su buen corazón... otro poquito de fe en que las cosas van a salir bien.

No os he reiterado en cada relato lo bien que escribía este señor porque ya lo he dicho en el primero y no hace falta repetirse cuando es algo que se sobreentiende. Aun así (y obviamente es una opinión muy personal), yo creo que Una boda en Lyon es un librín para lectores habituales de Zweig, más que para aquellos que quieran adentrarse en su obra por primera vez, porque para quienes no lo hayan leído nunca, quizás la lectura les sepa a poco. Sin embargo, para quienes sí están habituados a su obra y no van buscando formarse una opinión sobre él en base a estos pocos relatos, Una boda en Lyon supone una ración de caviar reducida pero muy sabrosa... un tentempié de lujo que sabes de antemano que vas a saborear y con el que matar el gusanillo cuando el hambre por leer algo suyo es apremiante y no es momento para un plato más contundente.
 
Huelga decir (antes de que alguien me diga que el caviar no le gusta xD), que lo podéis sustituir por el alimento que más gustéis, pero la conclusión es la misma: Una boda en Lyon es una delicatessen que se degusta con mucho cariño. O yo la he degustado con mucho cariño, que para el caso es lo mismo.

Stefan Zweig (Viena, 1881 – Petrópolis, Brasil, 1942) fue un escritor enormemente popular, tanto en su faceta de ensayista y biógrafo como en la de novelista. Su capacidad narrativa, la pericia y la delicadeza en la descripción de los sentimientos y la elegancia de su estilo lo convierten en un narrador fascinante, capaz de seducirnos desde las primeras líneas. En Acantilado se ha publicado la mayor parte de su obra narrativa y ensayística.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

RESEÑA (by MB) ::: LA MUJER DE LA FALDA VIOLETA - Natsuko Imamura





Título original: Murasaki no sukaato no onna
Autora: Natsuko Imamura
Editorial: Duomo
Traducción: Juan Francisco González Sánchez
Páginas: 192
Fecha de publicación: septiembre 2020
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16,80 euros
Diseño de cubierta: Elsa Suárez Girard


 GANADORA DEL PREMIO AKUTAGAWA, EL MÁS IMPORTANTE EN JAPÓN

La mujer de la falda violeta es de una edad indeterminada, vive sola, no se relaciona con nadie, tiene trabajos temporales y es el entretenimiento del vecindario. Probablemente sea por esa falda violeta que nunca se quita y por seguir siempre las mismas rutinas. La gente repara en ella cuando sale de casa y los niños que juegan en la calle la persiguen e insultan. Esta mujer tiene un talento especial: es capaz de pasar entre muchedumbres sin tocar a nadie y son muchos los que han intentado toparse con ella de forma «accidental» sin conseguirlo. Sin embargo, es el objeto de la curiosidad de otra persona. Porque alguien la observa, constantemente, día tras día. Alguien que conoce todos sus movimientos. ¿Quién es? ¿Cómo sobrevive? ¿Qué pretende? Y ¿por qué desaparece de repente? La mujer de la falda violeta es una novela con altas dosis de humor que explora la vulnerabilidad y la dificultad de encontrar un lugar propio cuando se es diferente.
Crac, crac, crac. Algunos pedacitos de almendra caían sobre la falda de la mujer, resbalando entre los dedos de su mano izquierda, la palma vuelta hacia arriba como si fuera un platito debidamente situado bajo el bollo.
En La mujer de la falda violeta nos adentramos en el significado de la invisibilidad y la soledad que esta conlleva. Es una historia contada en primera persona por alguien que también está muy sola y necesita a esta mujer para llenar su vida y sus días. Esta voyeur será la contadora en primera persona de la vida de La mujer de la falda violeta: sus encuentros, costumbres, trabajos, desempleos... todo aquello que se puede sonsacar con solo observar. Pero esta contadora-observadora no se conforma con mirar y llenar su vida: también, en algún momento, mueve hilos y pasa a la acción, creando situaciones que interfieren y condicionan la vida de la contemplada.
Tuve que acercarme a la tienda de alimentación hasta diez veces para recoger el periódico de ofertas de trabajo antes de que, transcurridos ya por fin tres meses, la mujer de la falda violeta se decidiera a presentarse a entrevistas para puestos más acordes con sus propias capacidades y, por tanto, más a su alcance.
Este párrafo nos muestra cómo la narradora-proactiva conoce a
La mujer de la falda violeta, pues parece que solo ella sabe y entiende (gracias a sus observaciones, claro) lo que la contemplada no solo necesita, si no lo que es capaz de desempeñar.

Natsuko Imamura relata la historia de estas dos mujeres: una mira a la otra, y los lectores miramos a las dos, siendo partícipes de la evolución de ambos personajes (la observada y la observadora). En mi caso he de reconocer que, aun siendo protagonista la observada, la mujer de la falda violeta, me ha resultado más interesante la observadora, la mujer de la rebeca amarilla, pues a lo largo de la historia y de su propio relato, también se intuye sútilmente que su vida es igual de invisible y solitaria que la de la primera.
Puesto que era su segundo día, se las arregló para cambiarse con mayor agilidad, sin cometer los errores del día anterior. Además, había traído las medias de casa y supo imprimirle una suave elegancia al nudo del delantal.
En la narración descubrimos que, después de ayudar y encauzar el destino de la mujer de la falda violeta, esta de alguna manera comienza a despegar y florecer saliendo de la parte oscura de la realidad y situándose bajo un foco que la alumbra; esto primero ocurre para bien pero después no tanto, desencadenando a su alrededor sentimientos de envidia de los que la mujer de la rebeca amarilla no podrá salvarla. Aquellas que un día le ayudan a subir, la dejan caer cuando comienza  a brillar.

Sin querer contar demasiado, somos testigos de cómo la realidad de la mujer de la falda violeta cambia para después volver a cambiar, y de cómo la mujer de la rebeca amarilla, además de intentar ayudarla, relata los pormenores que trastocan la vida de la primera y llenan los días de la segunda.
El claxon del vehículo suena dos veces y, entonces, la puerta del apartamento 201 se abre y ella se asoma, mira hacia abajo dirigiendo una sonrisa hacia la calle, donde se encuentra el coche esperándola, y agita la mano.
Si por algo me atrae la literatura japonesa es por el modo en que nos enseña la importancia de las pequeñas cosas; la levedad, la fragilidad, la suavidad y lo vaporoso son capaces de crear y construir grandes historias, demostrando que todo lo grande cabe en lo pequeño. Natsuko Imamura nos enseña esto y más
en una novela regada de ironía. En ella se nos guía y se nos mece, primero con un ritmo lento para luego acelerarnos y revelarnos un final incierto. Para concluir simplemente añadiré que esta novela, aunque lo parezca a primera vista, no muestra a personas tan diferentes, pues en ella descubrimos el caleidoscopio de individuos que forman una sociedad en la que convergen emociones inherentes y comunes a todos ellos: el sentido de pertenencia, la soledad, la invisibilidad, la evolución y el crecimiento, entre otros.

Una novela recomendable que nos hace parar y mirar. 



Natsuko Imamura nació en 1980 en Hiroshima y posteriormente se trasladó a Osaka para completar sus estudios universitarios. Empezó su carrera como escritora con varios relatos cortos que le valieron diferentes galardones literarios, entre ellos, el Dazai Osamu o el Mishima Yukio. Más tarde, dos de sus novelas recibieron el Kawai Hayao y el Noma Literary New Face, y fue nominada para el prestigioso premio Akutagawa, que consiguió finalmente en 2019 con La mujer de la falda violeta y que la ha consagrado como una de las nuevas voces de la literatura japonesa contemporánea.

martes, 22 de septiembre de 2020

RESEÑA (by MH) ::: CÁNDIDO - Voltaire




Título original: Candide, ou l’Optimisme
Autor: Voltaire
Editorial: Blackie Books
Traducción: Carlos Pujol
Prólogo: Julian Barnes
Páginas: 211
Fecha publicación original: 1759
Fecha esta edición: octubre 2018
Encuadernación: cartoné
Precio: 21 euros
Ilustraciones: Quentin Blake




Muchos han sido cándidos sin saberlo. Muchos siguen creyendo que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Aunque cada vez tengamos menos razones para pensarlo. Voltaire disparó con este cuento moral contra el orden establecido, el fanatismo religioso, el optimismo acrítico y la codicia humana, porque el mundo era un lugar «bien loco y bien abominable» en 1759. En muchos aspectos, lo sigue siendo, y en otros, lo es aún más. Un clásico más moderno que nunca. Y necesario como siempre.

Mucho tiempo estuvo esta edición en mi mente hasta que decidí hacerme con ella, y otro tiempo más ha tenido que pasar hasta que me he decidido a leerla, pero yo creo que los libros, cuando son colocados en una estantería, enseguida se hacen una idea de en la santa casa donde han ido a parar y Cándido, en la mía, sabía que tenía que ser paciente, porque su momento llegaría seguro tarde o temprano. Y aquí vengo hoy a hablaros del Cándido de Voltaire.
 
Cándido, el protagonista de la historia, es un joven bueno e inocente que vive en el castillo de un barón en Westfalia. No se conoce con seguridad el parentesco entre ambos, aunque se sospecha que Cándido es fruto de los amoríos de la hermana del barón. Allí pasa sus días empapándose de la sapiencia de Pangloss, preceptor y oráculo de este hogar, cuya máxima es que no hay efecto sin causa, que este mundo es el mejor de los mundos posibles y que todo siempre es lo mejor que puede ser. Cuando Cándido es pillado in fraganti saboreando las mieles de Cunegunda, la hija del barón, recibe una patada en el trasero y es expulsado del castillo, lo que a ojos expertos no parece la mejor situación de todas las situaciones posibles pero no es así como lo ve Cándido, fiel contra viento y marea a Pangloss y sus doctrinas. A partir de este momento Cándido tiene que ganarse la vida y labrarse un porvenir, lo que le llevará a unirse al ejército búlgaro, a verse involucrado en el terrible terremoto de Portugal de 1735 y su posterior auto de fe, viajará a América, conocerá a los jesuitas de Paraguay, se adentrará en la utopía de Eldorado, pasará por Surinam y volverá a Europa, se reencontrará con personas que creía fallecidas, matará sin querer, se cruzará con personas muy malas una y otra y otra y otra vez (algunas buenas también, que haberlas, haylas...). Pero aunque el mundo se empeña en demostrarle que las enseñanzas de Pangloss son una patochada, sigue intentando no perder la fe en su preceptor: si todo ha sido hecho para un fin, necesariamente todo es para el mejor fin. Y mira que le cuesta, y mira que duda, pero ahí está, a verlas venir.
 
Una novela llena de aventuras sin fin ¿no? Sí, pero no. Aventuras las hay a montones, la mayor parte de ellas sin sentido alguno y totalmente inverosímiles, incongruentes y muy exageradas. En esta historia todos los personajes pasan por unas calamidades y unas experiencias que ni el culebrón de las tres y media; algunas de hecho son bastante crueles, pero aquí resucita hasta el tato, todos vuelven de entre los muertos, y a veces parece una competición entre todos ellos: cuantas más desdichas y desgracias, más galones de cara a los demás. Lo de "y yo más" debió nacer con este libro :)
Estas aventuras son el caldo de cultivo para que Cándido se debata todo el libro entre lo que Pangloss le enseñó sobre el mundo y lo que realmente encuentra en él. Las cosas malas se suceden una tras otra pero él siempre intenta ver el lado positivo y aplicar la filosofía de su preceptor. Quien no quiere ver, no ve.
 
Bueno, ¿pero entonces qué es en realidad Cándido? Primero, una crítica al optimismo metafísico de Whilelm Leibniz, representado por el preceptor Pangloss. Ataca su filosofía de que vivimos en el mejor mundo posible por los cuatro costados una y otra vez durante toda la historia y, eventualmente, Cándido comienza a percibir que si este el mejor mundo que podemos tener, desde luego no es un buen mundo. Pero Voltaire también hace crítica de su Francia y sus compatriotas, de la corrupción de la iglesia, de los atropellos que se cometen en nombre de cualquier religión, de las desgracias sociales de su tiempo, de la explotación de los países del primer mundo sobre los países más desfavorecidos, de las crueldades que se cometen tras el parapeto de la guerra, de la maldad intrínseca del ser humano, de la corrupción de la clase política... En la historia aparecen muchos horrores, personajes y acontecimientos reales del siglo XVIII, y esta frase del libro lo dice todo:
Si este es el mejor de los mundos posibles, ¿cómo serán los otros?
Estas que os acabo de comentar son las facetas atemporales del libro, muchas de ellas totalmente aplicables a nuestro tiempo, más de doscientos sesenta años después. Pero este libro nació también muy aferrado a su propia época y a la propia persona de Voltaire, y de hecho el autor lo usó para no dejar títere con cabeza. Sus enemigos, sus detractores, sus críticos... todos (o muchos de ellos) tienen su particular minuto de gloria en esta historia, y para comprender todo esto resultan totalmente imprescindibles las notas aclaratorias que explican muchas de estas situaciones (y que, incomprensiblemente, están al final del libro, lo que te obliga a estar yendo constantemente al final para consultarlas. Es la única pega que puedo ponerle a la edición, pero es una pega muy molesta).
 
En fin, que os preguntaréis dónde está la gracia de todo esto que os cuento. Pues está en que Cándido es una sátira en toda regla narrada con mucho humor y mucha ironía. Hasta las mayores calamidades y los hechos más horrorosos se muestran ante el lector con una mordacidad que en modo alguno se hace cuesta arriba; más bien al contrario. La crítica está presente durante todo el libro, el lector actual es consciente de ella aun cuando en ocasiones no la comprenda de la misma manera que un lector de su época, pero las peripecias de Cándido, Cunegunda, Pangloss y los demás personajes que se van encontrando a lo largo del camino son tan peculiares, entretenidas y ocurrentes que la novela se lee del tirón y se disfruta mientras piensas qué será lo siguiente que se le ocurra al autor y qué otro infortunio desmesurado sufrirán sus protagonistas.
 
Yo he conectado tanto con la narración de Voltaire que me sale del alma recomendarla muchísimo, pero sé que no debo porque soy consciente de que la sátira barnizada de humor sobre temas tan serios (y cruentos  a veces) no será plato de gusto para todo el mundo. Si supiérais los temas pormenorizados que se tratan en el libro quizás no entenderíais lo bien que me lo he pasado leyéndolo, pero el hecho es que así ha sido, y que resulta inevitable sonreír en muchas ocasiones.
Aun no siendo una autobiografía, Cándido refleja la evolución filosófica del propio Voltaire a lo largo de su vida, quien además acuñó en la última frase del libro una expresión cuyo significado a día de hoy se sigue cuestionando y sigue recibiendo diferentes interpretaciones. No os voy a decir nada más al respecto, si queréis descubrir la evolución de Cándido, tendréis que leer el libro.

La edición, dejando a un lado lo que comento arriba de las notas aclaratorias, es fantástica. Incluye las ilustraciones (tanto en color como en blanco y negro) de Quentin Blake (que al menos aquí en España conocemos sobre todo por ser el ilustrador de los cuentos infantiles de Roald Dahl en sus ediciones más famosas), además de un prólogo de mi querido y adorado Julian Barnes. Una edición para disfrutar, coleccionar y redescubrir pasado un tiempo. ¡Ah! Al hilo de su inclusión en la premisa de "Clásico publicado con seudónimo", aun siendo Voltaire en sí mismo un seudónimo, el libro no fue publicado bajo ese nombre, porque de hecho Voltaire jamás admitió públicamente que la obra fuese suya. Cándido vio la luz bajo la autoría de Monsieur Le Docteur Ralph (El señor doctor Ralph), y de ahí su aparición por estos lares.
François-Marie Arouet (París, 21 de noviembre de 1694-ibidem, 30 de mayo de 1778), más conocido como Voltaire, fue un escritor, historiador, filósofo y abogado francés que figura como uno de los principales representantes de la Ilustración, un período que enfatizó el poder de la razón humana, de la ciencia y el respeto hacia la humanidad. En 1746 Voltaire fue elegido miembro de la Academia francesa en la que ocupó el asiento número 33.

viernes, 18 de septiembre de 2020

RESEÑA (by MH) ::: NIDO DE ARAÑAS - Elisabeth Sanxay Holding



Título original: Net of cobwebs
Autora: Elisabeth Sanxay Holding
Editorial: Lumen
Traducción: Matuca Fernández de Villavicencio
Páginas: 208
Fecha publicación original: 1945
Fecha esta edición: enero 2008
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: descatalogado (disponible de 2ª mano)
 


Malcolm Drake ya no es el chico lleno de energía que un día se fue a luchar por su país en la Segunda Guerra Mundial. De vuelta a casa, es un hombre triste y frágil a quien toda la familia intenta proteger. Vive con su hermano Arthur, con su cuñada, con su hermana y con la tía Envie, una mujer mayor que domina el clan de los Drake. Cuando Envie muere súbitamente tras tomarse una copa durante una velada, muchos sospechan que Malcolm tiene algo que ver con el asunto. El médico que visita a la anciana, por ejemplo, cree que el sobrino pudo haber introducido alcohol puro en la copa y su ingesta pudo producirle un ataque cardíaco. Las personas dispuestas a defenderlo de repente desaparecen, e incluso Lily, una vecina capaz de saltarse con desenvoltura las puritanas reglas sociales y muy dispuesta a defender la inocencia de Malcolm, nota de pronto que algo raro pasa en su casa. La policía interviene y la tela de araña que envuelve al hombre se estrecha... 

Tras La pared vacía, publicamos otra de las espléndidas novelas de Elisabeth Sanxay Holding, una maestra del suspense, largo tiempo olvidada, que ahora vuelve a tener en vilo a los buenos lectores.
Supe por primera vez de Elisabeth Sanxay Holding gracias a una reseña de Inés en su blog, La huella de los libros. No habló de este libro que hoy os traigo, pero yo, ansiosa en grado sumo cuando se trata de clásicos descatalogados complicados de encontrar, tuve la oportunidad de hacerme con las tres novelas que publicó Lumen en su día de esta autora; y así, sin saber siquiera si me gustaría su estilo, me encontré en la estantería con Miasma, La pared vacía (que fue la que reseñó Inés, os la he enlazado arriba) y Nido de arañas, que es la que os traigo hoy tras haber echado a suertes por cual empezaba (literalmente). Os confirmo, por si estáis sufriendo por mi espíritu enfermo de compradora compulsiva (...), que tras este primer acercamiento no me arrepiento de haber comprado los tres libros a ciegas.
 
Malcolm Drake vive en el hogar familiar de su hermano Arthur desde que regresó de la guerra. Algo ocurrió mientras estaba en el frente, y el sentimiento de culpa, junto a los ataques de pánico, se han adueñado de él. Tiene montones de reservas de unas pastillas azules que el médico le ha dicho que no tome, pero le ayudan a calmarse y a dormir. Cuando fallece Evie, la tía de su cuñada (que tiene una dolencia cardiaca que le impide probar el alcohol), un criado dice que ha visto a Malcolm servirle una cantidad excesiva de bebida antes de que cayese fulminada al suelo. Sí, las dichosas pastillas azules tienen efectos secundarios y a veces no recuerda qué ha hecho o ha dejado de hacer, pero Malcolm está casi seguro de que eso no es verdad. Le sirvió una cantidad muy pequeña solo para ver qué pasaba ¿no? Nada que ver con la cantidad que dice el criado... pero es que no lo sabe a ciencia cierta. Y el médico, que lo odia porque no sigue sus consejos, certifica que Evie ha muerto por culpa de ese exceso de alcohol. No tardará mucho en presentarse la policía haciendo preguntas, así que más vale que Malcolm averigüe por su cuenta qué ha pasado, porque el único que parece creer en su inocencia es él mismo: lleva demasiado tiempo comportándose de un modo muy raro.

La novela está ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, pero es algo que apenas se toca en la trama y a lo que se alude muy esporádicamente para contextualizar la historia, que se centra realmente en el estrés postraumático del protagonista y en la situación en la que se ve envuelto tanto por su estado mental frágil e inestable como por las pastillas que toma sin el visto bueno del médico, medicación que tiene efectos secundarios que afectan a la memoria. Así pues, nos encontramos con un protagonista poco fiable, recurso del que se abusa hoy en día hasta la saciedad pero que no era nada habitual en 1945, año de publicación de la novela. De hecho, Sanxay Holding está considerada la precursora en el uso de este tipo de personajes y se dice que novelistas como Patricia Highsmith tienen mucho que agradecerle.
 
El caso es que la autora, en lugar de darle a Malcolm la narración exclusiva en primera persona impidiendo al lector que tenga otro punto de vista que no sea el suyo, lo que hace es usar un narrador ominisciente que se mete constantemente en la cabeza de Malcolm y que en muchas ocasiones, sin nada que lo advierta, se hace a un lado para que el propio Malcolm nos dé a conocer sus pensamientos con su propia voz. Es una mezcla de narración en tercera y primera persona completamente integrada en muchos párrafos, un estilo narrativo peculiar que no creo que sea fácil de llevar a cabo pero que armoniza a la perfección con el ambiente de incertidumbre que quiere crear la autora y que además obliga al lector a estar muy atento.
 
Malcolm, como personaje, da mucho juego. Desde el principio conocemos su estado mental, su abuso de los barbitúricos, sus lagunas de memoria, lo agobiado que se siente en casa de su hermano, lo controlado que cree estar por todo el mundo a su alrededor, lo impotente que se siente al no tener la capacidad económica para vivir independiente de todos ellos, lo culpable que se siente al no ser capaz de corresponder a los evidentes sentimientos amorosos de la hermana de su cuñada... Malcolm se siente atrapado en esa telaraña, tiene una vida muy complicada, un comportamiento que dista mucho de ser estable y un futuro no mucho más halagüeño, así que el asesinato y su posterior cruzada para probar que es inocente solo le llevan a más complicaciones, a más comportamientos que no son percibidos como normales y a un aumento de las sospechas de todo el mundo cada minuto que pasa. Cuanto más lucha por escapar del nido de arañas más atrapado queda en él; cuanto más depende de hacer las cosas bien, más se equivoca, y de esto va toda la novela. ¿Será capaz de escapar del círculo que se va cerniendo sobre él y de demostrar su inocencia? Eso en el caso de que sea inocente, porque... ¿lo es? No recuerda nada. No sabe lo que se va a encontrar al final del camino. Puede probar su inocencia o puede descubrir que es un asesino.

Asociar esta historia a un género concreto resulta complicado. Es una novela de suspense con tintes psicológicos y un aire noir muy acentuado en el que ni siquiera falta un personaje femenino enigmático con trazas inconscientes de femme fatale que no se sabe de qué va ni qué pinta en la historia, pero a ella acude el protagonista una y otra vez a lo largo de la trama y su presencia se antoja importante, aunque no sepas hasta el final dónde encajarla ni cuál es su papel. El grupo de personajes que rodean al protagonista son percibidos tanto desde fuera de la cabeza de Malcolm como desde dentro, y eso hace que les rodee un aura de ambigüedad que lo mismo te hace pensar que están de verdad preocupados por él como que tienen mucho que ocultar en todo este asunto. 
 
En definitiva, he disfrutado mucho de la novela, que además se lee muy rápido, ya no solo por sus escasas doscientas páginas sino por el estilo ágil de la autora y las ansias por llegar al final y descubrir qué es lo que pasa. Y si tengo que opinar sobre dicho final, a mí me ha parecido totalmente coherente con lo que se narra en la historia. No tardaré mucho en ponerme con uno de lo otros dos libros que me esperan en la estantería.

Termino con una digresión. Qué pena me da que la editorial Lumen no siguiese con la línea editorial que comenzó en la primera década del siglo XXI y que abandonó mediada la segunda década. Dorothy L. Sayers, Elisabeth Sanxay Holding, Anthony Berkeley, Barbara Pym, Ivy Compton-Burnett, Louis Bromfield, Jean Rhys, Glenway Wescott, Elizabeth von Arnim, Ford Madox Ford... clásicos de la primera mitad del siglo XX, todos con una estética editorial en la cubierta muy parecida, todos abandonados y jamás reeditados tras publicar unos pocos libros de cada uno de ellos (la única que se salva en cuanto a número es Sayers, de la que llegaron a publicar seis novelas de la serie de su lord Peter Wimsey). Hoy en día estos libros son casi objetos de busca y captura para quienes amamos los clásicos y una determinada época. Muchos los tengo en la estantería, pero han llegado ahí gracias a mucho tiempo dedicado a encontrarlos y a dinero invertido en ellos. Lo dicho, una pena, porque presupuesto de un pobre lector para el mercado de segunda mano da hasta donde da, y todos estos libros y estos autores se merecen una segunda oportunidad en librerías. Algunos lo han conseguido de la mano de otras editoriales; otros ahí están, aguardando en la recámara del olvido editorial.

Nacida en Brooklyn en 1889, Elisabeth Sanxay Holding empezó a publicar ficción en 1920, pero la debacle financiera de 1929 y el deber de mantener a sus dos hijas la obligaron a dedicarse por completo a la novela de suspense, que en aquel entonces tenía un mercado más estable. Desde los años treinta y hasta su muerte, en 1955, Sanxay Holding publicó dieciocho novelas, de las cuales Lumen, de momento, ha rescatado tres y publicado dos. Alfred Hitchcock incluyó La pared vacía, publicado en Lumen, en su antología de relatos de suspense de 1959 y la novela fue llevada dos veces al cine.