Título original: L'Arminuta
Autora: Donatella di Pietrantonio
Editorial: Duomo
Traducción: Miguel García
Páginas: 256
Fecha de publicación: agosto 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16,80 euros
Diseño de cubierta: Elsa Suárez Girard
Con la maleta en una mano y una bolsa con zapatos en la otra, una
muchacha de trece años llama a una puerta tras la que hay un mundo
desconocido, extraño. Empieza así esta historia vehemente y cautivadora,
con una adolescente que de un día para otro es devuelta a su familia
biológica y lo pierde todo: una casa confortable, a sus mejores amigas,
el cariño incondicional de sus padres, o de quienes creía que eran sus
padres. Su nuevo hogar es pequeño, oscuro, hay hermanos por todas partes
y poca comida en la mesa. Pero está Adriana, la hermana pequeña que le
abre mucho más que la puerta de su nueva casa.

Hay libros que solo por la editorial que los publica, o la colección en la que están encuadrados, te ofrecen garantía de calidad. Eso es lo que me ocurre con la colección Nefelibata de la editorial Duomo, y por eso mismo también tenía unas expectativas muy altas con La retornada, de la autora italiana Donatella di Pietrantonio. Pues os digo desde ya que las expectativas no solo se han cumplido sino que se han visto superadas. He devorado la historia en tres ratos, como quien dice, y además es una historia de las que se te quedan rondando la cabeza tras haber sido leídas.
La historia comienza cuando la protagonista, de 13 años, ve como los que hasta ese momento ella pensaba que eran sus padres biológicos, la devuelven a los que son, realmente, sus padres biológicos. De la noche a la mañana, y siendo solo una niña, tiene que enfrentarse al hecho de que los que ella creía sus padres no lo son, a la duda de por qué le han devuelto de la noche a la mañana sin darle ninguna explicación, y al cambio que supone pasar de una vida acomodada en la costa, donde era hija única y vivía con ciertos lujos, a la vida dentro una familia que le es ajena e impuesta, de clase baja, en un pueblo y una casa llena de niños y adolescentes donde ella no solo no es nadie (e incluso mal recibida por algunos de ellos), sino que encima tiene el estigma en la frente: es la retornada, la que unos primos (eso eran realmente los que ella creía padres) han devuelto como si de una cosa o un bulto cualquiera se tratase.
Con el tiempo perdí también aquella idea confusa de normalidad y hoy
ignoro de verdad qué lugar es una madre. Me falta como puede faltarme la
salud, un cobijo, una certeza. Es un vacío persistente, que conozco
pero no supero. Me da vueltas la cabeza si miro dentro. Un paisaje
desolado que de noche me quita el sueño y fabrica pesadillas en el poco
que me deja. La única madre que nunca he perdido es la de mis sueños.
Este párrafo resume a la perfección el sentimiento que persiste en la protagonista durante todo el libro. Como narradora, tiene 33 años, y lo cuenta todo en retrospectiva, pero jamás ha sido capaz de volver a ubicarse, de tener un sentido de pertenencia a una familia, de saber lo que es una madre, después de aquel verano de veinte años atrás.
Y esta idea es primordial en la historia: la pérdida del ancla que supone una madre. En lo que respecta a la figura del padre, tanto el que tenía en primer lugar como el verdadero, es secundaria. Ella quiere recuperar a su antigua madre; con quien sueña es con su antigua madre; a quien echa en falta es a su antigua madre.
El desapego con su nueva familia es constante y persistente, y por como habla en su adultez, sus padres biológicos jamás llegan a ser nada más que eso. Cuando habla de ellos son "la madre", "el padre"... jamás usa el pronombre "mi". Aun así, nos narra la niña que fue, la que luchó por adaptarse, por sobrevivir... una niña fuerte que se lo guardaba todo, que hacía frente a todo, pero que también tenía pesadillas y se sentía absolutamente perdida entre dos mundos que colisionaban entre lo que había conocido hasta ese momento y lo que tenía ahora, y que, sobre todo, no entendía qué había pasado. ¿Qué había hecho mal para que la devolviesen? ¿Si se portaba bien volverían a por ella? ¿La situación era temporal o era para siempre? ¿Por qué no iban a verla sus padres de antes, por qué no la llamaban? ¿Tan poco la querían para deshacerse de ella de esa manera, como si fuese un sofá viejo o una televisión rota? ¿Cómo pueden unos padres devolver a una hija después de 13 años sin echar ni un solo vistazo atrás? ¿Cómo pueden unos padres regalar a un bebé de meses y luego recuperarla como si nada?
Repetía despacio la palabra mamá cien veces, hasta que perdía todo sentido y era solo una gimnasia de los labios. Me quedaba huérfana de dos madres vivas. Una me había dado con su leche aún en mi lengua, la otra me había devuelto a los trece años. Era hija de separaciones, parentelas falsas o calladas, distancias. Ya no sabía de quién provenía. En el fondo tampoco lo sé ahora.

Narrada en primera persona, si algo tiene de fascinante esta novela es la voz de la protagonista... protagonista de la que nunca sabemos el nombre y solo conocemos el sobrenombre de la retornada. Es tan directa, tan franca, tan realista en cuanto a la edad que tiene... el tono fluctúa entre la sensatez, la rabia, el dolor o ese humor tan italiano, tan de exagerar un poco las cosas, y todo siempre de una manera desapegada, sin dramas. Tiene cosas de niña y reflexiones propias de alguien que madura a marchas forzadas. En ocasiones tiene una visión aguda e incisiva de todo lo que le rodea, y en otras se comporta como lo que es, una niña que hasta ese momento no ha tenido preocupación alguna, inocente e ingenua para entender por qué está en la situación que está. Pero sobre todo somos testigos, a través de sus palabras, del modo en que crecen sus sentimientos, de lo más bonito que tiene esta historia: la evolución de su relación con su hermana Adriana, tres años menor que ella, y que se aferra a su hermana mayor en cuanto entra por la puerta como quien necesita un amarre en medio del caos y la tormenta. Nuestra protagonista busca deseseperadamente una madre y en el proceso se encuentra a Adriana, y esa es la verdadera relación familiar que consigue enraizar en su vida: esa termina siendo su ancla.
Di Pietrantonio sitúa esta historia en la región italiana de los Abruzos en los años 70, y hace mucho hincapié en el contraste entre la vida acomodada de las zonas costeras y la muy humilde del interior... en la buena vida que llevaba la protagonista en la ciudad y las privaciones que sufre en el pueblo. En lo que no hace diferencias es en el egoísmo de ambas parejas, los padres adoptivos y los biológicos, y en lo crueles que son con una niña que no tiene culpa de nada, que no entiende nada, y a la que llevan y traen, quieren y dejan de querer, cuando a ellos les conviene y les viene bien. Y sí, acabamos entendiéndolo todo, la autora no nos racanea la explicación, y eso solo hace que quieras abrazar más fuerte a la protagonista. Se podría debatir mucho sobre quién es peor en esta historia: si los padres biológicos o los adoptivos; los que regalan al bebé o se quitan de encima a la adolescente... porque nada de lo que haga o deje de hacer ninguno de ellos después de eso excusa su comportamiento. Esta niña pierde el cariño de unos y nunca siente el cariño de los otros, y los detalles puntuales no compensan eso.
La retornada es sobre todo, y ante todo, su protagonista. Tiene
que enfrentarse al abandono, a la soledad, a la añoranza y a la
incertidumbre de lo desconocido. Es fuerte, inteligente, una superviviente que tiene que aprender a mirar el mundo de un modo completamente distinto al que le han enseñado, que tiene que aprender a enseñar los dientes y a vivir en una situación que tarda mucho en comprender. La narración es perfecta, el modo en que te atrapa la historia es subyugante, y con cada paso que la retornada da, con cada cosa que descubres junto a ella, le aprietas la mano un poco más fuerte y no se la sueltas.
Una lectura muy, muy recomendable, y una protagonista deslumbrante con una voz única.
Nació en Arsita, un pequeño pueblo en la provincia de Teramo (Abruzos,
Italia), donde también pasó su infancia. Desde que tenía nueve años
escribe historias, cuentos de hadas, poesía y novelas. Se dio a conocer
con Mia madre è un fiume (2011, Premio Tropea). Su siguiente obra, Bella mia
(2014), quedó entre las finalistas del reconocido Premio Strega, siendo
galardonada posteriormente con el Premio Brancati. Con su tercera
novela, La Retornada, consiguió en 2017 ser finalista del
Premio Napoli y erigirse con el Premio Campiello. En la actualidad vive
en Penne, en los Abruzos, donde escribe y ejerce como dentista
pediátrica.