Mostrando entradas con la etiqueta Nivel 2. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nivel 2. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de julio de 2025

RESEÑA (by MH) ::: HETTY GRAY (HIJA DE NADIE) - Rosa Mulholland


 
Título original: Hetty Gray, or Nobody's Bairn
Autora: Rosa Mulholland
Editorial: Libros de Seda
Traducción: Josep Marco Borillo, junto con el equipo de la Universitat Jaume I (Francisco Alemany Rodríguez, Carla Espinosa Ortolà, Marta Marfil Ruiz, Alejandra Megía Ferreres, Itziar Tirado Prades y sara Zahir Habibi) 
Páginas: 224
Fecha publicación original: 1884
Fecha esta edición: noviembre 2024
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,95 euros
Diseño de cubierta: Gemma Martínez Viura



Un día, en la playa de Wavertree tras un naufragio, el señor Kane, un lugareño pobre, encuentra un bebé que ha sobrevivido. Como nadie lo reclama, su esposa y él se hacen cargo de la pequeña. Esta, al ir creciendo, se va haciendo cada vez más bonita y vivaracha. Tanto que acaba por cautivar a la señora Rushton, una viuda rica que decide adoptarla y llevarla por ahí como si fuera un trofeo, no un ser humano al que educar. Hetty crece así encaprichada y, a la vez, sola y descuidada, sin recibir educación alguna. Las cosas no hacen sino empeorar cuando la viuda fallece y el hermano de esta, el señor Enderby, la adopta y hace que reciba educación junto a sus hijas, para que un día pueda convertirse en institutriz y sea independiente.
 
 
No os acordaréis, pero el año pasado ya os hablé en el blog de Rosa Mulholland. En aquella ocasión os traje una recopilación de relatos góticos publicados por La biblioteca de Carfax, y os digo desde ya que la novela que os traigo hoy,
Hetty Gray, se mueve por terrenos completamente distintos en cuanto a estilo y temática. Y cuando digo distintos me refiero a opuestos, porque hoy vengo a hablaros de la historia de una niña huérfana y de su devenir por la vida hasta que por fin encuentra su sitio (la cubierta da a entender que la protagonista es una mujer joven, pero no, lo dicho, es una niña... lo aviso para que no haya lugar a confusiones si os decidís a leer la novela. También he recortado parte de la sinopsis porque destripa el libro entero y lo que ocurre en el mismísimo final O_O). 
 
Cuando comienza la historia, Hetty Gray cuenta apenas con cuatro años. Fue recogida cuando era un bebé en la orilla de la playa tras un naufragio, y los Kane, el humilde matrimonio que la encontró, se quedaron con ella. Así ha vivido hasta ahora, curiosa, traviesa y feliz, hasta que en una de sus escapadas es atropellada por el carruaje de la señora Rushton. De esta mujer pronto sabemos que es egoísta, superficial y caprichosa, y eso mismo es Hetty para ella desde que la conoce: un capricho. Pero tiene mucho dinero y pertenece a la alta sociedad, ¿cómo le van a negar los Kane la oportunidad de vivir una vida así cuando la señora Rushton decide llevársela como su protegida? Y allá que va la pobre Hetty, a vivir una infancia de abandono emocional, sin educación y sin ningún tipo de figura mantera a la que aferrarse, porque la señora Rushton solo le hace caso cuando tiene visitas y pide a Hetty que las entretenga. Jamás la adopta legalmente y, cuando fallece de repente, Hetty queda a cargo del hermano y la cuñada de la señora Rushton, y es aquí donde realmente empieza la historia de nuestra protagonista, porque lejos quedan sus humildes orígenes con los Kane, pero lejos quedan también los lujos con la señora Rushton. Ahora solo es una presencia aceptada en una familia que es lo suficientemente honrada y buena como para no dejarla tirada en la calle pero que de ninguna manera va a tratarla como miembro de pleno derecho en su hogar de Wavertree Hall. En fin, que la vida de Hetty jamás ha sido fácil y ella tampoco es una niña dócil. Que sea lo que tenga que ser... 
 
Como digo arriba, os hablé de Rosa Mulholland en una reseña anterior y esto os dije sobre ella:
 
¿Quién era Rosa Mulholland? Pues sabemos bastante sobre ella, algo poco habitual con muchas de estas autoras. Nacida en Belfast en el seno de una familia de buena posición social, recibió desde muy jovencita el apoyo y aliento de Charles Dickens, que no solo pensaba que tenía un gran talento literario sino que lo demostró publicando muchos de sus relatos en su revista All The Year Round. También Wilkie Collins fue uno de sus mentores, y como anécdota cabe mencionar que Rosa publicó en 1868 (de manera anónima y por entregas en la revista de Dickens) uno de sus libros, The Late Miss Hollingford. La influencia de ambos genios era tan evidente que durante mucho tiempo se creyó que ellos eran los autores (años después, en 1886, ya se publicó bajo el nombre de Rosa y la autoría quedó demostrada). Mulholland escribía poesía, fue editora y publicó un buen número de novelas, todas (salvo que me equivoque) completamente inéditas en castellano (no me voy a repetir, pero habrá que esperar a que editoriales independientes y valientes se animen a publicar alguna novela suya, porque las grandes bastante tienen con publicar siempre las mismas cambiando las cubiertas cada dos años... sin acritud). En fin, que Rosa Mulholland no fue una autora esporádica ni ocasional, ni tampoco una desconocida en su época. Fue prolífica en sus publicaciones y muy polifacética a la hora de moverse por los entresijos del mundillo editorial.
 
 
En ese párrafo me quejaba de que ninguna de las muchas novelas de Rosa estuviese traducida al castellano y lo que son las cosas, los dioses me han escuchado (por una vez).
Hetty Gray es la primera de esas novelas que podemos leer en la lengua de Cervantes. Es que es una pena que a día de hoy Rosa Mulholland resulte tan desconocida en nuestro idioma, que apenas esté traducida y que lo poco que llega lo haga con cuentagotas... pero ese poquito que podemos disfrutar en castellano demuestra que era una autora polivalente que lo mismo se adentraba en el terreno de lo gótico y sobrenatural que nos ofrecía una historia llena de encanto como Hetty Gray. Y tampoco debería sorprendernos, porque Rosa Mulholland fue una autora muy renombrada en su día que vendía muchísimo. Es lo de siempre, reeditan una y otra vez a las mismas autoras con los mismos libros cambiando las cubiertas cuando hay tantas, tantísimas escritoras que deberían recuperarse y a las que habría que dar la oportunidad de ser conocidas por el lector actual. No voy a incidir en esto, lo he dicho muchas veces. Yo aquí he venido a hablar de Hetty Gray :).
 
Los niños eran un tema habitual en la literatura del siglo XIX y principios del XX, sobre todo niños huérfanos a los que la vida trataba de mejor o peor manera pero que, si sus autores tenían a bien darles un poco de cariño, solían terminar sus historias mucho mejor de como las habían empezado en un buen hogar y con gente alrededor que los quería y protegía. Y aunque en estas historias se prodigaban ambos sexos, para mí, que soy una groupie total de ciertas niñas literarias, que Hetty Gray sea una niña me lleva invariablemente a Lucy Maud Montgomery y dos de sus personajes más icónicos, Anne Shirley (la de Tejas Verdes) y Emily Byrd Starr (la de Luna Nueva), porque mientras leía la novela de Mulholland y conocía a Hetty Gray, no dejaba de pensar en estos dos personajes, porque Hetty bien podría haberse llamado "Hetty, la de Wavertree Hall". Pero que esto no os lleve a pensar que Mulholland siguió los pasos de Montgomery porque más bien sería al contrario: Hetty Gray se publicó al menos dos décadas antes que cualquiera de los libros ambientados en la Isla del Príncipe Eduardo, así que de haber una antecesora, sería Rosa Mulholland. Dicho todo esto, resulta obvio que las referencias de Mulholland fueron otras más victorianas, pero yo sigo viendo a personajes más adelantados a su tiempo que a los ya existentes en aquel momento.
 
Sobre la historia en sí misma, tiene tanto encanto que lo mejor sería que la descubrieseis por vosotros mismos, pero en líneas generales tenemos a un bebé arrastrado por el mar que cae en manos de un matrimonio bueno y humilde pero que, por circunstancias de la vida, pasa a estar bajo el cuidado de una mujer que no se preocupa lo que debería por ella y, como la vida da muchas vueltas, su peregrinar acaba en el hogar de una familia que la acoge pero que jamás la trata como si fuera de la familia (y no todos los miembros de esa familia la quiere ahí, dicho sea de paso). Esta novela es un coming of age de manual, en la que vemos pasar los años y a Hetty convertida en una adolescente de quince años que ha vivido y sufrido mucho más que cualquier niño de su entorno de su misma edad, pero que sigue siendo muy fiel a sí misma. Ha tenido que cambiar muchas veces de piel: de humilde a vida de lujos para luego quedar en un limbo en el que ni puede volver a ese hogar humilde ni ser enviada a cualquier escuela para huérfanos. La existencia de Hetty es una continua lucha por adaptarse y asimilar cada nueva posición social que le va tocando en gracia. Se vuelve orgullosa cuando se ve entre algodones y se avergüenza de sus origines humildes, la sacan de su entorno y luego no se hace nada para proveer su futuro y su educación... es halagada y luego menospreciada, mimada y luego abandonada, y cuando todo eso acaba, son su afán de supervivencia, su inteligencia y su actitud ante la vida los que le ayudan tanto como le entorpecen en su camino hacia lo que el destino tenga preparado para ella. 
 
Ya comenté en su día que Rosa Mulholland escribía bien, con una prosa tan ágil como cuidada, que sabía cómo envolvernos en los paisajes que describe y que equilibraba con mucha destreza las escenas emotivas o trágicas con los momentos más divertidos o livianos. Todo esto se revela imprescindible cuando tu protagonista es una niña cuyo carácter debe formarse y florecer con el avanzar de las páginas y las situaciones a las que se enfrenta lo mismo son las que corresponden a una chiquilla inquieta y revoltosa con mucha gracia y desparpajo como son funestas y descarnadas hasta el punto de hacerle sufrir a ojos vista del lector. Hetty pasa por muchas vidas distintas en muy pocas páginas, y todo el encanto e interés que rezuma la historia no serían posibles
 sin la construcción del personaje que hace Mulholland. La vemos crecer desde los cuatro años y nos despedimos de ella cuando ni siquiera ha cumplido los dieciocho, pero todas y cada una de las páginas de esta novela son por y para ella. No sabemos de donde viene, ni su pasado ni como acabó naufragada en esa orilla: tampoco tenemos claro con el avanzar de las páginas si acabaremos descubriendo ese pasado (bueno, yo sí lo sé, vosotros tendréis que leerlo para descubrirlo xD); vemos como sufre la falta de educación y las limitaciones que debe enfrentar cuando se le ofrece una orientada a algo que no le interesa y que además descarta cualidades que a ella le hacen muy feliz; vemos el trato que ella recibe en contraposición a los tres hermanos con los que convive, los prejuicios que vuelcan sobre ella y como ella misma vuelca esos prejuicios sobre otros personajes a los que etiqueta sin motivo alguno. Hetty recibe injusticias y las reparte también en su camino hacia la madurez, recibe cariño y lo da a quien cree que se lo merece, pelea por ser buena y merecedora de ese cariño porque a pesar de su juventud es consciente de que no siempre ha hecho las cosas bien. Se rebela contra lo que le duele y le parece injusto porque es lo que toca con su edad y porque todos hemos pasado por ahí... y tú como lector la acompañas de la mano y le buscas su hueco en ese pequeño pedestal que tienes con niñas literarias de la literatura clásica que te han robado el corazón.
 
A Hetty Gray le pasan cosas malas, se enfrenta a muchas piedras en el camino, se siente sola, cree que no pertenece realmente a ningún sitio, se enrabieta... pero también hay mucha felicidad en este libro, su historia es bonita, llena de sutileza, tierna, con mucho encanto y de esas que al final te dejan el corazón contento y una sonrisa en la boca.

 
 

 

Rosa Mulholland (lady Gilbert por matrimonio) nació en Belfast el 19 de marzo de 1841. Sus intereses iniciales estuvieron centrados en la pintura, pero muy pronto cambiaron hacia la escritura queriendo publicar su primera novela a la edad de quince años. Sus afanes literarios fueron alentados por Charles Dickens, quien era admirador de su trabajo y quien la ayudó en gran manera publicando varios relatos cortos y dos novelas suyas en su revista All the year round.

Sus obras están pobladas de personajes femeninos fuertes e independientes, especialmente en las obras del final de su carrera. Habitualmente transcurren en la Irlanda rural, cuyo folclore y paisaje la fascinaban.

Murió en su casa de Dublín en 1921.

miércoles, 2 de julio de 2025

RESEÑA (by MH) ::: MUJERCITAS EN NONQUITT - Louisa May Alcott


 
Título original: Water-Lilies / Sophie's secret / Debby's debut / A Strange Island / Dandelion
Autora: Louisa May Alcott 
Editorial: Toro Mítico
Traducción: Óscar Mariscal
Páginas: 160
Fecha publicación original: 1887 / 1883 / 1861 / 1868 / 1869
Fecha esta edición: noviembre 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 15,95 euros
Ilustración de cubierta e interiores: Sara Lago




Es en Nonquitt, en el sudeste de Massachusetts, una localidad costera célebre como lugar de veraneo, donde se desarrollan las historias reunidas en esta obra. Allí pasó muchos veranos Louisa May Alcott (1832-1888), autora de la célebre novela Mujercitas, dejando volar su imaginación. Las mujercitas protagonistas de las tres primeras historias que integran esta antología —«Lirios acuáticos», «El secreto de Sophie» y «El debut de Debby»— aparecen como versiones actualizadas de «La Cenicienta», ambientadas en un escenario familiar para Alcott, y en las que se prescinde, entre otras muchas innovaciones, de la rivalidad entre hermanas. Según se presentan aquí, se observa cómo el elemento más reconocible del cuento —la buena doncella que espera al príncipe que ha de sacarla de la pobreza— se va desdibujando: Ruth, en la primera de las historias, se desposa con su príncipe; no sabemos si Tilly, en la segunda, lo hace o no; y Debby, en la tercera, se casa, pero con un hombre sin más patrimonio que «un corazón fiel», unos «brazos fuertes» y «un apellido honesto». En cualquier caso, ninguna de estas tres heroínas, tan ajustadas al patrón de mujer resuelta y autónoma de Alcott, funda sus esperanzas en un casamiento ventajoso para alcanzar las metas vitales que se ha propuesto, bastándoles para ello su propio ingenio, talento y esfuerzo. La obra se completa con «¡Qué isla tan extraña!» y «Diente de León», dos deliciosas fantasías que dan una visión más amplia de los registros juveniles de la autora. 
 

 
 
Adoro mucho a Louisa May Alcott
, y aunque os he hablado varias veces de ella en el blog, creo que la última fue allá por 2020 en una antología de relatos compartida con otras autoras (si hablamos de novelas, Louisa no se pasa por aquí desde 2019). No me voy a  extender sobre ella, su obra y demás por lo dicho, son ya unas cuantas las veces que ha visitado Netherfield, así que me vais a perdonar que sea breve al respecto. El libro que os traigo hoy reúne cinco historias ambientadas en Nonquitt, un pueblito costero ubicado en el sureste de Massachusetts donde ella solía veranear
En realidad no se publicaron de manera conjunta sino que aparecieron en distintas publicaciones a lo largo de veintiséis años, siendo una de ellas incluso anterior a Mujercitas, el libro que la hizo inmortal. Os hablo muy sucintamente de cada una de ellas.
 
Lirios acuáticos. En esta historia tenemos por un lado a Christie Johnson, una joven de diecisiete años que pertenece a una familia de pescadores que vive en el faro, y por el otro a un grupo de veraneantes que tratan con mucho desdén y condescendencia a la gente humilde que se gana la vida precisamente gracias a los turistas... aunque no todos en ese grupo son tan esnobs y arrogantes y muestran un interés especial por Christie. 
 
El secreto de Sophie. Sophie es una muchacha suiza que viaja sin su familia a Estados Unidos para visitar a unos amigos. Ahora se halla en la costa acompañando a uno de ellos, y allí conoce a un grupo de frívolas jovencitas de su edad que se muestran desagradables y muy poco corteses con ella. Con quien sí establece una buena amistad es con Tilly, una lugareña que vende su mercancía (langostas, bayas, lirios, conchas...) a los turistas. Tilly tiene un sueño (poder estudiar y convertirse en profesora), y todo su esfuerzo va orientado a conseguir dinero para poder cumplirlo.
 
El debut de Debby. Debby viaja con su tía rumbo a Nonquitt para pasar las vacaciones. La familia de Debby es muy humilde, y su tía, que sí tiene dinero, ha decidido hacre de ella su heredera, refinarla y presentarla en sociedad a ver si consigue un buen matrimonio. Debby pronto llama la atención tanto por su encanto y belleza como por sus modales muy poco elegantes, y no le faltan candidatos que pululen a su alrededor. Su tía tiene claro quien es el más indicado, pero ese chico no es precisamente el favorito de Debby. ¿Qué ganará, el bolsillo o su corazón?

¡Qué isla tan extraña! Este es sin lugar a dudas el relato más atípico, más original y más imaginativo de los cinco que incluye el volumen. Nos dejamos de señoritas humildes en pos de una vida mejor o de romances veraniegos y nos adentramos en una extravagante, pintoresca y extraña isla llena de escenas y personajes sacados de cuentos y canciones infantiles tradicionales ingleses. 
 
Diente de león. Terminamos el volumen con un cuento muy breve que narra cómo un padre se pierde en el mar y cómo su hijo, Diente de león, de apenas tres añitos, permanece siempre con una sonrisa esperando la vuelta de su padre... porque sabe que no ha muerto y volverá, aunque a su madre, que perdió la esperanza hace tiempo, se le parta el corazón contemplando la esperanza de su hijo.
 
Os decía arriba que Alcott veraneaba en Nonquitt, pero por lo que he podido averiguar realmente este lugar era una colonia privada de veraneo que fue fundada originariamente para artistas en el siglo XIX y desde entonces ha evolucionado como destino de muchas familias de ciudades como Nueva York, Boston o Philadelphia para pasar el verano. Al principio Louisa May Alcott alquilaba su alojamiento allí, pero en 1884, tras vender Orchard House (la casa donde escribió
Mujercitas y que hoy en día podemos visitar los turistas como casa museo de la autora), se compró un cottage que por desgracia se incendió en 2013 (vamos, que hasta hace poco más de diez años se podía ver tal cual era hace 140 años cuando Louisa vivió en él).

En fin, que Nonquitt era un lugar muy especial para Alcott, pero por lo dicho arriba resulta evidente que debían convivir dos clases sociales muy diferentes: los lugareños de los alrededores, de clase social baja que vivían del turismo, y los propios turistas, de clase social alta y acostumbrados a un estilo de vida y un elitismo en claro contraste con la humildad de la gente local. Si nos atenemos a esto, podemos decir que, en los dos primeros relatos, Alcott usa esta dicotomía entre clases sociales, el tercero lo dedica a las restricciones y tonterías propias de la alta sociedad, el cuarto relato es una rareza en toda regla y el quinto relato se centra en una familia humilde y la esperanza que los reúne al final.
 
Se dice en la sinopsis que las tres primeras historias contemplan versiones actualizadas de la Cenicienta, pero honestamente veo la comparación muy cogida con pinzas: dejando a un lado a la madrastra y hermanastras malvadas inexistentes, las protagonistas de estos relatos son jóvenes muy amadas en su entorno familiar, son ellas quienes toman sus decisiones y deciden sobre su propia vida y realmente solo una de ellas acaba con un príncipe (si por príncipe entendemos un joven con dinero). Es decir, que bajo mi punto de vista, se asemejan a la Cenicienta tanto como a cualquier otro personaje de cuento con el que quieras ver similitudes. Sí veo más factible la comparación con la hermana de Mujercitas a quien todas quisimos parecernos en algún momento: Jo March, precisamente por esa necesidad de independencia, de conseguir las cosas con el esfuerzo propio, por esa necesidad de ser fieles a sí mismas y por tener el carácter y la fuerza de voluntad necesarios para seguir sus instintos y no hacer solo lo que se espera de ellas sino lo que ellas consideran correcto.  
 
Eso en cuanto a las tres primeras historias, porque las dos dos últimas son completamente distintas.
¡Qué isla tan extraña! es una explosión de imaginación, una concatenación de escenas, personajes y descripciones que aturullan un poco al lector... y cuando digo lector debo decir lector no anglosajón. Esa es la "pega" que le pongo al relato: que nos resulta totalmente ajeno a quienes no hemos crecido con las historias de Mamá Ganso (o Mamá Oca, según la traducción), porque todas esas escenas y esos personajes están sacados de cuentos y canciones tradicionales relacionados con esa figura que Charles Perrault hizo famosa. Que el relato es fantástico, pero estoy segura de que se disfruta mucho más cuando reconoces todo lo que se va describiendo en esa isla. Y en cuanto al último cuento, Diente de león, solo puedo decir que es bonito, muy bonito, y que no tiene más finalidad que decirnos que nunca debemos perder la fe y la esperanza, y que el amor lo puede todo.
 
Lo dejo aquí, que entre mi vaguería habitual y el caloruzo que hace, no dan ganas de estar delante del ordenador (¿cuánto queda para noviembre?). En cualquier caso poco queda por decir. Si os gusta Louisa May Alcott, tarde o temprano leeréis estos relatos; si no os gusta, pues a otra cosa. Pero si no habéis leído nunca a Alcott, también os digo que no creo que sean la mejor puerta de entrada, porque son muy bonitos y muy típicos de su vertiente Mujercitas (ya sabemos que Alcott tenía otra vertiente mucho más de su gusto, y del mío, pero que no era la que le daba de comer) y no dejan de ser historias con su moraleja y su enseñanza muy de la época para jovencitas de ciertas edades. Digamos que estas historias son un complemento a la obra de la autora que todos aquellos lectores que la queremos y respetamos leemos con gusto y mucho cariño... es como volver a casa y saber lo que te vas a encontrar, y por eso es precisamente por lo que vuelves: por la sensación de hogar.



Louisa May Alcott (1832-1888) fue una educadora y novelista estadounidense muy conocida por sus libros para adolescentes. Fue autora de unos 300 títulos de diversos géneros, aunque sus obras más famosas, Mujercitas (1868), novela autobiográfica de su infancia, y sus secuelas, Aquellas mujercitas (1869), Hombrecitos (1871) y Los muchachos de Jo (1886), están consideradas como clásicos.
 
Comprometida con el movimiento abolicionista y los derechos de la mujer, escribió bajo el seudónimo de A.M. Barnard una colección de novelas en las que se trataban temas tabúes para la época como la sexualidad, el incesto o el adulterio.

lunes, 30 de junio de 2025

RESEÑA (by MH) ::: EL ÁRBOL DE LA NUEZ MOSCADA - Margery Sharp


 
Título original: The Nutmeg Tree
Autora: Margery Sharp
Editorial: Hoja de Lata
Traducción: Raquel García Rojas
Páginas: 272
Fecha de publicación original: 1936
Fecha esta edición: marzo 2022
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,90 euros
Diseño de la colección: Trabayadores culturales Glayiu


Tras la muerte de su joven marido en la Gran Guerra, Julia Packett decidió dejar a su hija Susan con su aristocrática suegra e irse a Londres a perseguir su sueño de ser actriz. Ahora, a sus 37 años y sin blanca, recibe una carta en la que Susan le anuncia sus planes de boda. Con un renovado espíritu maternal, Julia agarra sus escasos bártulos y viaja a Les Sapins, la preciosa villa alpina donde veranean la abuela Packett, Susan y Bryan Relton, el prometido. Una vez allí, comienza un impredecible festival familiar: la abuela persigue a Julia por toda la villa con sus recetas de repostería; Bryan parece más interesado en gastar las libras de su asignación que en generarlas y Julia se agota representando el papel de dama recatada para agradar a su perfecta y estirada hija. La llegada a Les Sapins de sir William Waring, tutor legal de Susan, será la deliciosa guinda que le faltaba a este disparatado pastel. 
 
Tras la igualmente alocada Cluny Brown (Hoja de Lata, 2020) Sharp nos deleita ahora con otra de sus elegantes comedias sociales, bajo cuya frescura y desenfado asoma también una evidente crítica a la encorsetada sociedad de su tiempo.
 

 
 
He tenido que mirarlo porque no recordaba exactamente cuándo os hablé de
Cluny Brown, el primer libro que leí de Margery Sharp. Bueno, pues han pasado cuatro años exactamente. C-u-a-t-r-o años. No sé si seré la única a la que la rapidez con la que pasa el tiempo no le parece ni medio normal, pero ese es un tema a debatir para otro día. Hoy vengo a hablaros de El árbol de la nuez moscada, el segundo libro que leo de la autora (aunque Hoja de Lata ha publicado ya al menos cuatro. Si es que no me da la vida).
 
Julia Packett es una mujer de mundo, de esas que viven con el mundo por montera y sin que nada ni nadie se cruce en su camino si ese es el camino que está empeñada en seguir: multitud de amantes, una vida dedicada al espectáculo, sin un penique en el bolsillo a pesar de haber tenido miles de libras en el banco... hace tiempo que decidió dejar atrás su pasado y vivir su vida a su manera, pero claro, si en ese pasado hay una hija a la que renunció cuando apenas era una niña y a la que no ve desde hace unos dieciséis años, pues el cuadro cambia. Esa hija ha vivido desde entonces con sus abuelos paternos (que se convirtieron en sus tutores legales) y, de manera bastante sorprendente, ahora acude a Julia desesperada pidiéndole ayuda: se ha enamorado perdidamente de un hombre que conoció seis semanas atrás, quiere casarse YA, pero su abuela no accede a ese matrimonio y quiere que espere un poco. Y Julia, que se ve solicitada por su hija por primera vez en su vida, coge un tren hasta la villa alpina donde se alojan y no para hasta llegar allí a pesar de las tentaciones del camino. Cuando llega se encuentra con un futuro yerno que no quiere para su hija, pero tiene que obrar con inteligencia porque su posición en la casa es complicada. Y encima se enamora. Todo mal, oiga.
 
Esta es de esas novelas de las que muchos dirán que no pasa nada, que solo son unas cuantas personas en una casa, que van y vienen, por el camino se entretienen y, en fin, que vaya rollo. Pues qué queréis que os diga, yo me lo he pasado pipa :) 
 
Para empezar tenemos el mundo al revés en lo que se espera de una madre y una hija, porque aquí la hija es tan estirada y perfecta que no parece humana, y la madre es una mujer que se ha ganado la vida sobe los escenarios, ha vivido como ha querido, ha compartido cama con cuantos ha considerado conveniente (y vivido de ellos, por qué no decirlo) y sigue transitando por la vida de la misma manera sin hacer daño a nadie (o eso intenta). Vamos, que son el punto y la i, pero tanto el punto como la i no están donde deberían estar y realmente son unas desconocidas la una para la otra. Y esta señora, Julia, que tiene mucho (muchísimo) mundo, reconoce a un jeta vago y vividor en cuanto lo ve... y eso es lo que se encuentra cuando tiene delante al prometido de su hija, que además es la razón por la que ha sido invitada a esa casa. ¿Cómo le dices a tu hija perfecta que se ha enamorado de un vago que la va a hacer muy infeliz, cuando tu relación con esa hija está cogida con pinzas y no sabes hasta qué punto puedes entrometerte? Porque encima esa hija no tiene ni la más remota idea de la vida que ha llevado (y lleva) su madre y Julia no le puede decir que sabe como es su prometido sin dar explicaciones que no quiere dar.
 
Y es que ahí está el punto, que (casi) todos en esa casa piensan que Julia es una dama y ella se esfuerza en parecerlo, pero para eso tiene que aparentar tanto, mentir tanto, esforzarse tanto... que sus mentiras tarde o temprano van a terminar alcanzándola. Porque mientras está en esta villa alpina hace de las suyas (que no os voy a contar aquí, claro, pero esta señora tiene recursos para todo y es muy consciente del atractivo que despierta en los hombres) y tienes que quererla porque tiene muy buenas intenciones, pero ella sabe cómo es y no puede evitarlo. Por si fuera poco aparece un señor del que no os voy a contar nada pero vaya, que a la pobre Julia se lo ponen muy difícil porque se enamora de verdad por primera vez en su vida y tanto su pasado como su presente le pesan como una losa.
 
En resumen, ¿qué tenemos? A Julia, libre como el viento, que por primera (y posiblemente última) vez es requerida por su hija y hace todo lo que puede por impresionar y estar a la altura aunque no siempre tenga éxito (incluso se pasea con un ejemplar de La saga de los Forsyte del que siempre intenta que se vea la cubierta... lo que es leer, lee poco); a su suegra, que piensa que su nuera, aunque le parece un poco llamativa y florida, lleva una vida intachable y todavía conserva aquellos miles de libras que le dio hace años (spoiler: le duraron meses) y que debería abrir una pastelería porque le pega mucho (ya se encargaría ella de buscarle a los clientes); a su hija Susan, dura como una piedra, robot en ciernes, modelo excelso y ejemplar de mujer de vida inmaculada que se ha enamorado de un joven del que no sabe nada, a quien no ha visto en su  salsa pero con quien se ha empeñado en casarse; al joven en cuestión, Bryan, un sinvergüenza que cree estar enamorado de Susan pero que también sabe que Susan va a heredar mucho dinero y que se relame pensando en no trabajar jamás, viajar por el mundo y, básicamente, no hacer nada con su vida; y por último a William, un señor que pondrá el mundo de Julia patas arriba (y al que he adorado fuertemente también...).
 
Cuando os hablé de
Cluny Brown
os comenté que este tipo de novelas pueden parecer frívolas y un tanto superficiales, pero a base de ironía, sentido del humor, buenos personajes y mejores diálogos ofrecen un retrato contemporáneo a una época de entreguerras en la que la sociedad británica se transformó por completo a muchos niveles y de muy diversas maneras. El árbol de la nuez moscada no es tan excéntrica, pero ahonda también en estas tesituras de clases sociales y el modo en que chocaban aquellos que  se movían con los tiempos y aquellos que se negaban a asumir esos cambios... pero sobre todo muestra cómo esta época entre las dos guerras mundiales puso del revés el rol de la mujer en la sociedad británica. Julia, aun siendo mayor en edad, representa el nuevo orden, ese que vivió la Primera Guerra Mundial y puso su libertad por encima de su hogar cuando terminó porque no encajaba en lo que se esperaba de ella; Susan, a pesar de no haber cumplido todavía la mayoría de edad y de la que podría presuponerse ideas más avanzadas, ha vivido siempre entre algodones en un entorno adinerado y culto con un prisma bastante limitado a la hora de contemplar el mundo que le rodea. Las dos son mujeres en un mundo que sigue mirándolas por encima del hombro, pero cada una de ellas vive en un lado completamente distinto de ese cosmos. Y encima en Julia podemos ver reflejado ese mal que un siglo después sigue azotando y masacrando la salud mental femenina: el miedo a envejecer, a engordar, a las arrugas, a no resulta ya atractivas, a no encontrar trabajos que exijan un ideal estético, a no ser ya válidas en una sociedad que no permite que la mujer cumpla años. 
 
En definitiva, tenemos entre manos una novela de esas que se leen con una sonrisa en la boca pero de la que no hay que perder de vista el retrato social que la acompaña. Siempre hay que leer estas historias con un ojo un poco más allá de lo que ofrecen a primera vista, porque si no lo hacemos perdemos ventanas abiertas a una época rebosante de cambios y contradicciones que, por muy lejos que nos pillen en apariencia, no dejan de tener un componente social y humano que nos resulta muy cercano. Si además es Margery Sharp quien está detrás de las páginas, nos encontramos con unos personajes que saben implantar su encanto en cada escena que protagonizan y que nos regalan unos diálogos inteligentes, sutiles y muy muy agudos. Julia es la reina de la función, qué duda cabe, y Sharp la trata con un cariño infinito hasta el mismísimo final, pero no le quitéis los ojos de encima a los demás.
 



 

Margery Sharp (Salisbury, 1905-Aldeburg, 1991) fue una escritora y dramaturga inglesa célebre por sus brillantes comedias sociales y por su serie infantil de Los rescatadores, adaptada al cine por Walt Disney en 1977 y 1990. En sus años de estudiante de Letras y Bellas Artes fue miembro del Equipo Universitario Británico de Debate Femenino, y sus primeros relatos empezaron a aparecer en revistas como Punch, The Saturday Evening Post o Ladies’ Home Journal. En 1930 publicó su primera novela, Rhododendron Pie, a la que le seguirían otras destacadas obras como Cluny Brown, llevada a la gran pantalla por Ernst Lubitsch en 1946, o Britannia Mews y The Nutmeg Tree, ambas adaptadas también al cine de Hollywood de los años cuarenta.

Elegante, ingeniosa, y con una aguda percepción de la naturaleza humana, la obra de Margery Sharp no ha perdido ni un ápice de esa frescura original que encandiló a la crítica y a los lectores de su tiempo.

lunes, 16 de junio de 2025

RESEÑA (by MH) ::: EL CASO DEL ASESINATO DE LA CANARIO - S. S. Van Dine

 


Título original: The Canary Murder Case
Autor: S. S. Van Dine
Editorial: Reino de Cordelia
Traducción: María Robledano
Prólogo: J. Egido
Páginas: 360
Fecha publicación original: 1927
Fecha esta edición: octubre 2017
Encuadernación: rústica con sobrecubierta
Precio: 19,95 euros
Imagen de cubierta: Imagen promocional de The Canary Murder Case (1929, Paramount)





La actriz de variedades Margaret Odell, conocida en los ambientes teatrales como la Canario, aparece estrangulada misteriosamente en su apartamento. Entre los sospechosos figuran varios hombres de negocios a los que ella chantajeaba con la amenaza de hacer público su condición de examantes. Todos tienen una excelente coartada y el fiscal jefe del distrito de Nueva York, John F. X. Markham, no tiene más remedio que volver a solicitar ayuda al sofisticado y extravagante Philo Vance. Solo él será capaz de aplicar sus dotes psicológicas para sortear la confusión de las pruebas. Publicada en 1927, El caso del asesinato de la Canario fue la primera película de esta serie detectivesca llevada al cine, con William Powell en el papel del adinerado y culto detective Philo Vance, y la mítica Louise Brooks como la Canario, en una de las escasas películas sonoras de la actriz.
 
  
 
Leí
El caso del asesinato de Benson, el primero de los libros protagonizados por Philo Vance, allá por 2017, aunque no os lo traje al blog y no quedó constancia en Netherfield (cosa rara, porque en aquel entonces reseñaba muchísimo más que ahora). Han tenido que pasar casi ocho años para que me haya decidido a leer el segundo, y no sé daros un motivo razonable, porque el primero me gustó lo suficiente como para comprar los dos siguientes (creo que Reino de Cordelia ya va por el séptimo o cosa así... si es que no me da la vida). Bueno, el caso es que ya he leído El caso del asesinato de la Canario, el segundo de la serie, y realmente no he notado el enorme lapso de tiempo entre las dos lecturas porque pronto se le coge el tono al personaje principal. Philo Vance es muy especialito y deja clara su forma de ser en todo momento. Tampoco hay nada que exija que sean leídos en orden salvo algunas alusiones a que en el pasado ayudó al fiscal a resolver el caso de Benson, pero sin más: no hay pasado del personaje (este señor es un misterio) ni subtramas que pasen de un libro a otro, al menos de momento.  Os cuento.
 
La historia comienza hablándonos directamente del extraordinario asesinato de Margaret Odell, que tuvo en jaque a la policía (y a aquellos que los ayudaban) a causa de su complejidad, originalidad y los muchos elementos desconcertantes que surgieron a cada paso de la investigación. Odell era conocida como la Canario en el mundo de las variedades, y como solía ser habitual en este ámbito, muchos hombres andaban detrás de ella buscando sus favores: unos lo conseguían, otros se cansaban de ella, otros se lo curraban mucho para llegar a tener su premio algún día... el caso es que la noche en que aparece asesinada la Canario no solo se encuentra la policía una escena del crimen bastante complicada, sino que son varios los hombres que entran en la lista de sospechosos como habituales en la vida de esta mujer. El fiscal a cargo del caso es Markham, y Markham gusta de recurrir al enigmático Philo Vance cuando un caso pinta mal... y sí, este asesinato les va a dar muchos quebraderos de cabeza.
 
El problema de tus modernos Solones es que intentan reducir la naturaleza humana a una fórmula; cuando en realidad, el hombre, al igual que la vida, es infinitamente complejo. Es astuto y taimado, versado con el paso de los siglos en las argucias más diabólicas. Tal es la zorrería de esta criatura  que, incluso en el transcurso habitual de su vana y estúpida lucha por la existencia, dice instintiva y deliberadamente noventa y nueve mentiras y solo una verdad 
 
Antes de nada os presento a Philo Vance, aunque poco se sabe realmente sobre él. Heredó una enorme fortuna en su día y se dedica básicamente a levantarse a las tantas de la mañana, ir de museos, acudir a la ópera y coleccionar antigüedades. Es tan sofisticado como pedante y arrogante, muy dado a las disertaciones académicas, siempre tiene que quedar por encima de los demás y le gusta presumir de superioridad intelectual. Es un hombre del Renacimiento en los años 20 neoyorquinos: habla multitud de idiomas, es extremadamente culto, practica varios deportes, está muy versado en diversas disciplinas... No es un personaje que caiga bien, os lo digo desde ya: le gusta tocar las narices y polemizar, se burla de las conclusiones de los demás porque no tolera lo que él denomina estupidez... pero cumple su función de dar con la resolución de los casos, así que poco más le vamos a pedir. Ah, y realmente no se llama Philo Vance; su cronista, ese que nos narra sus libros a modo de Watson con Shelock Holmes, oculta su verdadero nombre porque es un caballero muy conocido en la élite social de Nueva York y no quiere que su colaboración con la policía sea notoria.
 
Y es que aquí viene la otra peculiaridad de estas novelas protagonizadas por Vance: ese cronista del que os hablo, el narrador del libro, es el propio autor, S. S. Van Dine, que se introduce en la historia como personaje y mejor amigo de Philo Vance. Trabaja en exclusiva para él tanto en temas legales como financieros e incluso vive con él durante ciertos periodos de tiempo, así que se convierte en partícipe de todos los casos y de cada una de las escenas que hay en ellos, porque allá donde va Vance, también va Van Dine. No dice ni pío en toda la novela (no habla jamás como personaje) pero sí se dirigen a él constantemente, forma parte del grupo... vamos, está ahí todo el tiempo, y a ratos te olvidas de todo esto y solo piensas en un narrador en primera persona sin más hasta que algún otro personaje dice su nombre y recuerdas que el autor se ha sumergido en la novela. Además de todo esto, se inventa la notas al pie xD. Claro, son notas del propio narrador, pero como el narrador no es real, muchas de las notas tampoco lo son (y encima las alterna con notas que sí son reales para aumentar la confusión). En definitiva, el señor Van Dine se monta todo un juego de malabares en estas novelas y además innova, porque no recuerdo a nadie antes que él que hiciera esto.
 
Sobre el caso y la investigación en sí mismos, como ya he comentado en la sinopsis, la dificultad estriba en dos cosas. Por un lado el lugar en el que está situado el apartamento donde se comete el crimen y la dificultad que entraña llegar hasta él sin ser visto por alguno de los conserjes que están las 24 horas trabajando en ese pasillo (se incluye un mapa de esa planta para hacer hincapié en este aspecto). Por otro lado, aunque hay varios sospechosos, y resulta evidente que el culpable tiene que ser uno de ellos, da la casualidad de que todos tienen coartada y  también todos hicieron algo esa noche que no quieren que se sepa. Y desentrañar todo eso con las escasas pistas que ofrece el escenario del crimen resulta muy complicado. El acercamiento de Philo Vance es siempre psicológico y razonado, considera que las pruebas circunstanciales, las deducciones y las pruebas objetivas pueden llevar a engaño, mientras que Markham, el fiscal a quien ayuda, y Heath, el sargento de policía que está a cargo de los casos, piensan todo lo contrario: si a+b=c, no hay ninguna posibilidad de que un factor d les eche a perder su razonamiento deductivo. Esto lleva a muchas escenas a lo largo de la novela donde debaten entre ellos y se cuestionan unos a otros sus argumentaciones y teorías. Heath quiere darle en las narices al prepotente de Vance y Vance se ríe de Heath por la simplicidad de sus deducciones. Para los profesionales todo es demasiado obvio y se necesitan pruebas, no teorías; para Vance todo radica en las sutilezas que diferencian la psique de cada individuo y este asesinato es obra de una mente genial y maquiavélica que ha previsto todo hasta el milímetro, así que entre dimes y diretes van intentando sacar adelante la investigación.
 
En el fondo todos llevamos un asesino dentro. Una persona que nunca haya sentido anhelos apasionados de querer matar a alguien no alberga emociones. ¿Crees que es la ética o la teología lo que detiene a la persona ante el homicidio? ¡Claro que no! Es la falta de valor, el miedo a ser descubierto, o cazado o atormentado por los remordimientos.   
 
Margaret Odell como personaje no aparece salvo muerta en la novela. Todo gira en torno a ella, sus amoríos, los hombres con los que sr juntaba, si le hacían regalos, si les chantajeaba... pero no es más que un personaje del que se habla, jamás tiene presencia más allá de eso y jamás la vemos con vida. Por eso me chocaban mucho las fotos promocionales de la película, donde parece que ella tiene mucho protagonismo viva, y de hecho el prólogo de la novela versa casi tanto sobre la actriz que la protagonizó (Louise Brooks) como sobre S. S. Van Dine y su obra. Bueno, pues efectivamente al buscar el tráiler y demás, se aprovecha mucho el personaje para la gran pantalla y tiene una presencia mucho más evidente. Se puede ver la peli entera en Youtube, por cierto, por si a alguien le interesa. 
  


S. S. Van Dine (Charlottesville, Virginia, 1888 - Nueva York, 1939) es el pseudónimo utilizado por Willard Huntington Wright para escribir las novelas del detective Philo Vance, doce títulos que entre 1926 y 1939 revolucionaron la novela de misterio internacional con un enorme éxito de público. La serie, adaptada a la radio y al cine, la protagonizaba un adinerado excombatiente de la Primera Guerra Mundial, sofisticado coleccionista de arte, dandy y cínico, que con la ayuda del propio Van Dine ayudaba a resolver casos aparentemente imposibles a John F. X. Markham, fiscal de de Nueva York.