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miércoles, 26 de agosto de 2020

RESEÑA (by MH) ::: HACE CUARENTA AÑOS - Maria van Rysselberghe




Título original: Il y a quarante ans
Autora: Maria van Rysselberghe
Editorial: Errata Naturae
Traducción: Regina López Muñoz
Epílogo: Natalia Zarco
Páginas: 88
Fecha publicación original: 1936
Fecha esta edición (2ª): diciembre 2012
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 12,90 euros 



Estamos a finales del siglo XIX, en una playa del Mar del Norte donde nacerá una pasión absoluta y singular entre Émile y Maria. Será ésta quien nos cuente, cuarenta años después, cómo fue aquel breve y fascinante amor hecho a medias de exaltación y de sumisión. Lo fugaz y lo eterno, así como lo imposible —pues ambos están casados—, marcan esta poderosa historia que nos recuerda en ocasiones a Stendhal y a Flaubert y que se anticipa a las novelas de Marguerite Duras o a las películas de Ingmar Bergman.

Pocas veces se ha dicho tanto y tan bien sobre el amor arrebatado y sobre su engarce en la realidad, aunque sea ésta una realidad de escritores y pintores bohemios al margen de «lo convencional»… y en el límite de lo onírico, como en algunas grandes obras de William Shakespeare.


Una joya secreta de la literatura europea del siglo XX.

Una historia de amor escrita con una elegancia absolutamente única.

No me preguntéis cómo di con este libro, porque no lo recuerdo. Solo sé que cumplía las dos máximas que más me suelen llamar en la mesa de una librería: era un clásico y había estado inédito en castellano hasta el momento de esta edición. Encima no había oído hablar jamás de la autora, así que todas estas condiciones juntas para mí suelen ser compra segura. Y ahora me veo aquí, en la tesitura de hablaros de él, y resulta muy complicado porque todo lo que se cuenta en este relato es muy íntimo, muy personal y muy real; adolece de esa belleza que se disfruta desde fuera pero que resulta fácil mancillar si no se manipula con cuidado, y no dejo de preguntarme que quién soy yo para intentar diseccionar esa intimidad en palabras que en ningún caso le podrán hacer justicia.

Las imágenes que nos han llegado de Maria van Rysselberghe son retratos en su mayor parte pintados por su marido, el pintor belga Théo van Ryssselberghe. Maria amó a su esposo, pero también hubo un momento en el que amó profunda e intensamente al poeta Émile Verhaeren. Émile, también casado, era mayor que Théo, más maduro, pero pertenecían al mismo grupo de amigos. Por determinadas circunstancias Maria y Émile vivieron juntos, a solas, sin sus respectivas parejas, durante unas semanas en una casita junto al mar, y apenas unos dias en su mutua compañía sirvieron como ascuas para un fuego que ardió mientras ellos lo permitieron. Cuarenta años después de aquellas semanas, cuando todos los implicados han fallecido (Émile, su esposa, y el propio marido de Maria, Théo), y estos recuerdos íntimos no podían hacer daño a nadie, Maria habló sobre ellos, les brindó una existencia invisible hasta entonces. Aun así evita dar nombres reales, Émile se convierte en Hubert, y de este modo asistimos al amor entre Hubert y la narradora de esta historia.

Sabemos desde el principio que el amor entre Hubert y Maria es un amor condenado al fracaso, una relación extinta desde su nacimiento y que, sin embargo, está viva de principio a fin. Rezuma embriaguez de los sentidos y del intelecto, y un apasionamiento que a veces tiene mucho de mansedumbre en el caso de Maria. Hubert es el que marca el compás, el que lo inicia todo dando voz a lo que hasta ese momento solo eran sentimientos contenidos y horas compartidas junto a un libro, y el que, llegado, cierto momento, tiene que decidir si antepone la fidelidad a la infidelidad. Maria no se ve capaz de tomar ninguna de esas dos decisiones, pero las acata: no se resiste cuando la infidelidad es un hecho, ama a través de poemas y palabras, y no se humilla cuando hay que tomar una decisión que ninguno quiere tomar. Ambos afirman amar a sus cónyuges y no estar dispuestos a renunciar a ellos, pero al mismo tiempo no pueden evitar amarse como lo hacen, complementarse como lo hacen, sentir que una parte de ellos ha florecido gracias a lo que el otro ve en ellos. Así que, sabiendo que es una relación efímera, que jamás tendrá consistencia ni futuro fuera de esa casita junto a la duna, se entregan a ella en alma (sobre todo en alma) para hacer de esas semanas algo inolvidable.

El amor entre Hubert y Maria es un amor de paseos, de conversaciones, de frases robadas de libros. No es un amor consumado ni un amor físico... es la conjunción de dos almas gemelas que tejen su ternura y su pasión en torno a detalles e instantes prendidos en el día a día de una elegancia y sutileza exquisitas, tan ingrávidos que apenas seríamos conscientes de su existencia si no fuese porque ellos se empeñan en darles consistencia y dimensionalidad en voz alta. Porque así es la prosa de Maria: delicada, sutil y melancólica. Lo que cuenta es importante tanto para el lector como, sobre todo, para ella, pero el modo en que lo cuenta es lo que confiere a este relato el aura de lienzo semitrágico que lo impregna todo. Hace cuarenta años es como tener un cuadro frente a nosotros y poner un pie dentro de él, luego el otro y, una vez dentro, contemplar desde lo más profundo de sus pinceladas y gestos lo que se esconde detrás de esos dos enamorados que pasean del brazo junto al mar en colores ocres y azulados. Maria cuenta su historia, quizás no es la historia que muchos querrían leer, pero es la historia que fue y que no tuvo ninguna oportunidad de ser de otra manera.

Como lectora del siglo XXI no he dejado de sorprenderme durante toda la lectura por la libertad con la que al parecer vivieron aquellas semanas juntos. Estamos hablando de un hombre y una mujer, no solo no casados entre ellos sino casados con otras personas, viviendo a solas en una casa a finales del siglo XIX con la aparente connivencia y beneplácito de todo el mundo (sus correspondientes cónyuges, familiares que visitan, amigos que se pasan por allí...). Se les presupone una mentalidad abierta y bohemia, son todos artistas en sus respectivos campos, pero en cierto momento se da a entender que la esposa de Hubert sufre, sospecha... así que esa sensación de libertad en cierto modo se resquebraja y te preguntas qué circunstancias pudieron propiciar un momento así en sus vidas. Maria no da más explicaciones salvo que ella estaba allí y él necesitaba pasar tiempo junto al mar. Insuficiente desde el punto de vista histórico y social, pero más que suficiente para ella, cuyo interés al escribir estas páginas descansa, obviamente, en otras cosas.

Ya os lo decía en el primer párrafo, Hace cuarenta años respira intimidad, las entrañas del nacimiento de un amor en la cotidianidad de dos personas que viven juntas y aisladas cuando ese amor comienza a respirar. No se sustenta en encuentros fruto de la separación, en momentos arrebatados fruto de la contención, en gestos robados a la vista de la gente... Ambos se saludan en el desayuno, salen a pasear, se buscan a través de los ventanales cuando uno de ellos tiene que ausentarse, se retiran después de la cena y se declaran su amor buscando las palabras exactas en las cartas de Flaubert o los versos de Baudelaire... y entonces da comienzo un nuevo día. Maria van Rysselberghe evitó a toda costa otorgarle un tono superfluo, ampuloso y grandilocuente a algo que para ello significó tanto, y el lector que se acerque a este relato no debe buscarlo. A este lienzo hay que acercarse con respeto, porque Maria nos abre las puertas de su corazón sin diques que la protejan, y con cariño, porque sus protagonistas lo hacen lo mejor que pueden sabiendo que todo tiene un fin. Ellos se empeñaron en ser felices durante aquellas semanas, y debieron conseguirlo, porque cuarenta años después, Maria fue capaz de evocarlas con una precisión admirable.
El corazón sobre el que tan hondo marcaste tus pasos, amplia sombra, consiguió reverdecer de nuevo; sin duda, tanto o más que antes. Pero nadie logró ocupar el espacio del que tú te adueñaste. Nadie estuvo a la altura; nadie tenía ni la exigencia ni la generosidad necesarias.
Puesto que solo yo sobrevivo; puesto que, después de tantos años, mis recuerdos pueden ver la luz sin herir ya a nadie a mi alrededor, te los regalo, querida sombra. Es lo más hermoso que he cosechado para regalarte, y la sed que me dejaste sigue siendo tuya.
(20 de julio de 1894 - 29 de julio de 1934)



Maria van Rysselberghe (Bruselas, 1866 – Cabris, Alpes marítimos, 1959) es una de las más fascinantes escritoras «secretas» de todos los tiempos, una autora de culto de breve obra cuya leyenda ha seducido a numerosos lectores a lo largo de los años. Hija de una familia culta ligada al mundo del arte belga, y casada con el pintor Théo van Rysselberghe, fue también la amiga más cercana de André Gide, quien la bautizó como la «Petite Dame» por su pequeña estatura y presencia física. A partir de 1918 emprendió la tarea de registrar día a día y hasta la muerte de Gide (1951) todo aquello de lo que era testigo en la vida del escritor: frases, acontecimientos, el ambiente en el que vivía, la génesis de sus obras, su postura ante los sucesos de su época, su vida íntima… Durante un tercio de siglo llenó diecinueve gruesos cuadernos de «Notas para la historia auténtica de André Gide». Hoy en día esa crónica es conocida como Los cuadernos de la Petite Dame y, publicada por la editorial Gallimard, constituye un documento irremplazable para el conocimiento de toda una época de la literatura francesa y, en general, europea. Pero su obra no se compone exclusivamente de estos cuadernos: animada por Gide, escribió, al menos, dos textos fundamentales, traducidos por Errata naturae: Para un ruiseñor y Hace cuarenta años.

viernes, 15 de febrero de 2019

RESEÑA (by MB) ::: UN AÑO EN LOS BOSQUES - Sue Hubbell




Título original: Living the questions 
Autora: Sue Hubbell 
Editorial: Errata Naturae
Traducción obra: Miguel Ros González
Prólogo: J.M.G. Le Clézio
Traducción prólogo: Regina López Muñoz
Páginas: 304
Fecha publicación original: 1983
Fecha esta edición: mayo 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,50 euros 
Imagen de cubierta: William Britten / Getty Images



Sue Hubbell, bióloga de formación, trabajaba como bibliotecaria en una importante universidad americana y llevaba una vida normal, seguramente demasiado normal. Un buen día, definitivamente harta de la omnipresente sociedad de consumo norteamericana, tanto ella como su marido deciden que quieren otra vida, más rica, más plena, más cercana a sus verdaderos ideales y a la naturaleza salvaje que tanto añoran. Entonces, y con las lecturas de Henry David Thoreau en la cabeza, deciden dejarlo todo y marcharse a vivir a una solitaria y destartalada granja en los bosques de las montañas Ozarks, en el Medio Oeste de Estados Unidos.

Sin embargo, al poco de llegar, el marido de Sue decide abandonarla. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer enfrentada a las montañas, al invierno, a los coyotes, a las motosierras y, algunos días, a la soledad, pero sin perder jamás el sentido del humor y una mirada infinitamente curiosa y prendada por la belleza salvaje que la rodea. La historia de una mujer que construye por sí sola una nueva forma de felicidad y que, de paso, nos descubre, como bióloga y amante de la naturaleza, los secretos de todas las criaturas vivas con las que convive cada día. La historia, por tanto, de una verdadera revolución vital: la búsqueda de una nueva existencia en la que es la propia naturaleza quien le ofrece el conocimiento para decidir quién es ella misma.
«A menudo he soñado con un libro en el que cupiera toda la naturaleza y que me hiciera tan feliz como cuando en otros tiempos leía a Virgilio, junto al mar, a la sombra de los olivos. Un libro en el que la poesía fuera como una respiración, en el que el lenguaje nos acercara su música. Creo que Un año en los bosques de Sue Hubbell es ese libro»  J. M. G. Le Clézio, Premio Nobel de Literatura
 Mis trescientos enjambres de abejas están desperdigados por las colinas del sur de Misuri, en colmenares situados en los pastos de los granjeros o en los límites de sus arboledas. Todos los años doy a cada familia que tiene uno de estos colmenares un galón de miel en concepto de alquiler, aunque a la mayoría de granjeros le gusta tener enjambres en sus tierras, pues las abejas polinizan sus plantaciones y los tréboles de sus pastos.
Un año en los bosques, de Sue Hubbell, es una ventana con vistas a la naturaleza más primigenia donde la belleza salvaje encierra todo un universo vivo, simbiótico, en el que todos los seres vivos, ya sean plantas o animales, crean y construyen simplemente por el hecho de realizar sus funciones vitales, y que solo las personas que se detienen a observar tales funciones se maravillan por la grandeza que supone participar en tales procesos.

Sue Hubbell era una bióloga y apicultora ecológica que poseía "una granja de abejas" en las montañas de Ozarks, en el medio oeste de los Estados Unidos. Junto a su marido dejó una vida cómoda en la universidad para vivir su sueño, ser apicultores en las montañas, y cambiaron su estilo de vida por uno donde la belleza y la sencillez de la naturaleza impregnó sus vidas. 

Durante un tiempo compartieron el mismo sueño hasta que su marido lo dejó para recorrer otros caminos, pero a Sue Hubbell, no pareció afectarle esto gravemente, pues ella ya había quedado atrapada en la belleza salvaje de sus montañas convirtiéndose con el tiempo en La Dama de las Abejas, parte importante de la simbiosis estructural que formaba su ecosistema.

Con Sue Hubbell recorremos las cuatro estaciones en su día a día como apicultora (todos sus enjambres estaban desperdigados por las montañas). Además, como buena bióloga que era, Sue, detallaba a aquellos seres, ya fuesen personas, plantas o animales, que pululaban y compartían su espacio, siempre desde ese respeto reverencial que supone observar a la par que se admira tal majestuosidad natural. 

Cada estación del año era un descubrimiento, un renacer cargado de sabiduría que nuestra protagonista absorbía con la humildad y la grandeza de las personas que son capaces de observar y compartir un espacio vital donde tienen cabida todos los seres vivos, incluso aquellos más pequeños como los ácaros y las bacterias. Y así como lo reconocía y lo sentía, Sue también lo trasmitía con sencillez, vitalidad y un sentido del humor que atrapa al lector, que se involucra al tiempo que suspira por esa vida natural. 

Una cosa curiosa del libro es lo actual que es, pues en él encontramos aspiraciones muy presentes y coetáneas a un pensamiento tan contemporáneo como es el de mirar hacia una naturaleza primigenia y salvaje cada vez más frágil porque no hemos sabido observarla con el detalle suficiente que nos haga entenderla y comprenderla. Simplemente la hemos explotado sistemáticamente en aras de nuestro confort. Lo de curioso lo digo porque fue escrito a principios de los 80 y relata las experiencias vividas por la protagonista unos años antes, en la década de los 70. Y aun así, leído cuarenta años después resulta evidente que no ha perdido ni un ápice de esa actualidad y frescura que envuelve a la belleza eterna e imperecedera de esos bosques.

Con todo, y a pesar de lo anterior, es comenzar a leerlo y sumergirte en un universo atemporal y natural donde solo las estaciones del año regulan los ritmos y los procesos de los seres que habitan en ese paraíso terrenal. Y al lector no le queda otra que enredarse y adecuarse a esa naturaleza al tiempo que se involucra con los aprendizajes y descubrimientos que la autora tenga a bien enseñarle, ya sean los azulillos índigo, los mosqueros, los chotacabras o los herrerillos, o plantas, ranas, serpientes, arañas, insectos, ácaros y bacterias. Hubbell fusionaba estos conocimientos con el mundo de las abejas, y por eso conocemos de primera mano todo lo que conllevaba ser una apicultora en las montañas, un trabajo tan real como sensible conectado al respeto y la sencillez. 

Al final,  solo puedo decir que todo este universo físico y natural tiene cabida en Un año en los bosques gracias a una autora que supo ofrecer al lector toda la naturaleza que ocupaba su granja de ciento cincuenta acres al tiempo que conseguía que se interesase por ella. Es un libro para leer y releer cada vez que queramos que la naturaleza en todo su esplendor vuelva a nosotros... y mientras lo digo pienso en alguien muy querido, que cuando leyó a Thoreau, se perdió por Los bosques de Maine, y al que le encantaban las abejas, y que seguramente se reencontrará con Sue Hubbell en este tipo de libros donde el ser humano convive en igualdad con otros seres que son tan diferentes como majestuosos e impresionantes. 

A todo estoy hay que añadir el maravilloso prólogo de J.M.G. Le Clézio, quien supo captar toda la sutileza y sensibilidad de Hubbell. En definitiva, nos encontramos ante una joya valiosa e imprescindible, llena de amor, sabiduría y aprendizaje. 

Y a mí,  solo me queda dar las gracias a la persona que supo ver que este libro encajaba perfectamente conmigo y me lo hizo llegar.




Sue Hubbell nació en Kalamazoo, Michigan, en 1935. Tras licenciarse en Periodismo en la Universidad del Sur de California trabajó como librera y bibliotecaria, mientras desarrollaba su compromiso como activista por la paz en diversas organizaciones. En 1973, sin embargo, decide cambiar radicalmente de vida: abandonar su trabajo y la vida urbana, reducir sus ingresos y también sus gastos, de modo que, además, se redujeran los impuestos que debería pagar a un gobierno que seguía amparando la injustificable Guerra de Vietnam. 

Se marcha entonces a vivir a un remoto lugar de las Montañas Ozarks, en Misuri, donde crea un pequeño negocio de apicultura respetuoso con el bienestar animal y el medio ambiente. Allí escribe Un año en los bosques, considerado hoy en día un libro clásico de la llamada nature writing y del movimiento del decrecimiento, y que ha recibido innumerables elogios a lo largo de varias décadas. 

También es autora de libros como A Book of Bees: And How to Keep Them (1989), Broad Sides from the Other Orders: A Book of Bugs (1993), Far-Flung Hubbell: Essays from the American Road (1995), Waiting for Aphrodite: Journeys Into the Time Before Bones (1999), Shrinking the Cat: Genetic Engineering Before We Knew about Genes (2001) o From Here to There and Back Again (2004). Igualmente, Hubbell ha sido colaboradora habitual de publicaciones como The New Yorker, The New York Times, Times Magazine, Harper’s o Smithsonian.

Falleció el 13 de octubre de 2018, a la edad de 83 años, por causas derivadas de la demencia que padecía.