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lunes, 16 de septiembre de 2024

RESEÑA (by MH) ::: TRES HOMBRES EN UNA BARCA (POR NO MENCIONAR AL PERRO) - Jerome K. Jerome


 
Título original: Three Man on a Boat (To Say Nothing of the Dog)
Autor: Jerome K. Jerome
Editorial: Blackie Books
Traducción: Juan Carlos Silvi
Introducción: Stella Gibbons
Páginas: 256
Fecha publicación original: 1889
Fecha esta edición: junio 2015
Encuadernación: cartoné
Precio: descatalogado (disponible en edición de bolsillo de la misma editorial)
Ilustración de cubierta: Patrick Faricy



Una hilarante excursión en barca por el Támesis. Un clásico de culto británico. «Éramos cuatro: George, William Samuel Harris, yo y Montmorency. Estábamos sentados en mi habitación, fumando y charlando sobre lo mal que nos encontrábamos; mal desde el punto de vista médico, naturalmente. Todos nos sentíamos enfermos, y eso nos estaba poniendo bastante nerviosos. Harris dijo que a veces le daban unos mareos tan extraordinarios que apenas sabía lo que hacía, y después George dijo que también él tenía mareos y apenas sabía lo que hacía. En mi caso, lo que no funcionaba era el hígado». En consecuencia, los tres hombres (la opinión del perro Montmorency no cuenta) deciden embarcarse en un crucero por el Támesis, en busca de paz espiritual y de vida sana. Lo que ignoran estos mártires de la hipocondría es que a veces pasan cosas que pueden transformar el más modesto de los viajes en una aventura cuando menos pintoresca. «Mi intención no fue la de escribir una obra cómica», declaró Jerome K. Jerome sobre "Tres hombres en una barca". Por lo visto, lo hizo sin querer. 
 
Una de las 100 mejores novelas de todos los tiempos, según The Guardian. Una de las 3 novelas más divertidas de todos los tiempos, según Esquire. Más de 50 millones de ejemplares vendidos desde su publicación.
 
Os he dicho alguna vez que suelo guardar los tickets de compra dentro de los libros para que, cuando me decido a leerlos, la vergüenza me invada de arriba abajo por el tiempo que los he dejado muertos del asco en la estantería... bueno, pues
Tres hombres en una barca (por no mencionar al perro) tenía su recibo dentro y, milagrosamente, la tinta todavía era legible... y digo milagrosamente porque según ese recibo lo compré allá por 2017. Siete años esperando a ser leído... y no será porque no tenía claro que me iba a gustar. No sé, de verdad, esto de las lecturas pendientes es un misterio por descubrir. Ya podían hacer estudios sobre esto en lugar de cuantos huevos se pueden comer a la semana (que además cambian la cantidad cada dos meses xD).
 
En fin, que os cuento un poco sobre el argumento y arrancamos. 

George, Harris y el narrador son, entre otras cosas, un poco (bastante) hipocondríacos y se pasan las horas preguntándose cuanto tiempo les queda de vida. Una noche, entre achaque y achaque, deciden que tienen que cambiar de aires y se les ocurre hacer un trayecto en barca por el Támesis durante dos semanas: remontarán el río desde Kingston hasta Oxford (y vuelta a Kingston), dormirán al sereno, trabajarán duro, comerán y dormirán bien, contemplarán el paisaje... Está claro: es justo lo que necesitan. Ya solo queda la odisea de organizarse, preparar lo que se van a llevar, intentar que todo quepa en un número de maletas que no hunda la embarcación, comprar la comida, salir a tiempo, no hundirse antes de la primera media hora... Vamos, lo normal. ¿Qué opina de todo esto Montmorency, el perro? Pues no gran cosa, pero si ellos van, él también. Faltaría más.
 
Dice Jerome en el prólogo del libro que la belleza de su libro no radica en la calidad literaria, el estilo de su prosa ni en la profundidad de los temas que trata, sino en que todo lo que se narra en él ocurrió en realidad y él se limitó a darle color y vidilla al asunto, y que, por tanto, en la veracidad de los hechos está su mayor virtud. Y es que los tres personajes del libro son reales, aunque aparezcan con el nombre cambiado: el narrador es el propio autor, Jerome el tal George era George Wingrave y, el así llamado Harris en la novela, era realmente Carl Hentschel (el perro, al parecer, era inventado xD). Este trío de amigos solía hacer muchas salidas en barca y todas las anécdotas de esos viajes muy exageradas y ficcionadas para el propósito del libro son las que adornan esta obra cómica que, según dicen, nació en la cabeza de Jerome con ínfulas de guía de viajes mientras disfrutaba de su propia luna de miel por el Támesis. Y lo cierto es que esa primera idea, esa base, resulta evidente a lo largo de la lectura porque trazos de explicación para turistas salpican toda la narración, pero resulta obvio que durante el camino el tono y el fin de la obra se encaminaron por otros derroteros.
 
Entonces, ¿qué podemos encontrar en
Tres hombres en una barca? Pues eso el viaje de tres amigos y su perro por el Támesis viviendo despropósitos varios mientras su inoperancia resulta evidente y la vida les pone zancadillas constantes para que queden queden en ridículo cada quince minutos. A todo esto se añade que Jerome usa esas vicisitudes para contarnos anécdotas de su pasado (o el de sus amigos) que enlazan directamente con la situación ridícula en cuestión y que en el pasado es igualmente ridícula y divertida (que van desde perderse en el laberinto del palacio de Hampton Court a la idea de que va morir joven que tiene desde niño pasando por el empeño por cantar canciones cómicas cuando no se saben la letra). Y para seguir sumando tenemos ese recorrido turístico que os comentaba arriba, ya que en la ribera del Támesis hay montones de ciudades y pequeñas localidades y siempre hay algo curioso que contar sobre ellas, ya sea arquitectónico, histórico o de comer/beber/livinglavidaloca, que es lo que mejor se les da (o directamente dicen que esas localidades son feas y que no hay que contar, que también alguna hay). Por si esto fuera poco de vez en cuando el autor despliega párrafos bucólicos y poéticos describiendo el paisaje, de los que despierta enseguida para volver a la chanza y el diario de viaje, que sus compañeros no están para la lírica (vamos, que son párrafos que están ahí para pitorrearse un poco de la engolada prosa victoriana, o para demostrar que si quisiera escribir así, podría... o para lo que él quisiera. El caso es que están ahí xD).

El punto que quizás ha hecho que este libro siga leyéndose hoy en día y se siga vendiendo como churros más de cien años después cuando ni es un ejemplo claro de alta literatura (ni lo pretende) está en su humor, en no tomarse en serio y al mismo tiempo en ser más inteligente de lo que pretender mostrar a primera vista (este libro, aquí donde lo veis, lleva vendidos más de un millón de ejemplares desde su publicación inicial). Y es que Tres hombres en una barca tuvo muy malas críticas en una sociedad tan purista y estricta como la victoriana y fue tachada, entre otras muchas cosas, de vulgar y fútil. ¿Por qué? Porque el humor es muy (en apariencia) de estar por casa, de ese tipo de humor tonto que hemos vivido (y producido) todo el mundo con nuestro grupo de amigos en el que cada cual conoce las peculiaridades de los demás y te descojonas (con perdón) de sus tonterías, meteduras de pata y equivocaciones y parece que hay un concurso para ver quién es más patán. Es un tipo de humor que te tiene que gustar, navega entre lo absurdo y la avispada  ironía inglesa. Reconozco que no es para todo el mundo, y si no soléis conectar con este tipo de humor, huid hacia otro lado (a mí a veces me venían los Monty Python a la cabeza mientras leía, pero no quiero que esto despiste a nadie, no vaya a ser que luego me lo echéis en cara. Para mí, sí; para los demás, a saber). Si a todo esto se suma que resulta una oda evidente a una existencia sin estrés, responsabilidades ni complicaciones, a la holgazanería y a la desidia mientras te pegas la vida padre comiendo, bebiendo y tumbado a la bartola, pues se entiende que los hacendosos y austeros victorianos se llevasen las manos a la cabeza.
 
La gran Stella Gibbons dice en el prólogo que incluye esta edición que este libro fue publicado en una Inglaterra que ha desaparecido para siempre, y aunque sí es cierto que muchos de los lugares que se describen en él ya han desaparecido, y que
Tres hombres en una barca es de esas historias que pertenecen eminentemente a su época y es victoriana hasta la médula (lo que se narra en ella es difícil imaginarlo en cualquier otro contexto que no sea el de la Inglaterra de finales del XIX), tiene en su narración, en la relación entre los tres amigos y en el propio espíritu de la novela un algo atemporal que hace que hoy en día sigas riéndote y sintiendo complicidad con lo que te están contando. No es un libro perfecto, pierde ritmo hacia el último tercio de libro (era muy complicado mantener el nivel de humor durante toda la narración) y aparece una escena casi al final que no solo no es graciosa, sino que chirría muchísimo y corta de cuajo el tono que ha mantenido hasta ese momento (todavía me pregunto en qué estaba pensando Jerome para incluirla en la novela), pero esas imperfecciones no deben opacar ni menoscabar los logros de una aventura que, si conectas con ella, te arranca unas cuantas carcajadas (de esas que se escapan en voz alta, nada de sonrisillas).
 
Yo me he reído mucho, sobre todo en la primera mitad, y eso me sucede tan de uvas a peras con un libro que, bueno, poco más puedo decir al respecto. Me encantaría subirme a una barca de esas y surcar el Támesis camino de Oxford haciendo paradas para visitar muchos de los lugares que pueblan su ribera. Me encantaría navegar y no hacer nada más que disfrutar del lento discurrir en las aguas y me encantaría que la estresante vida que vivimos hoy en día nos permitiese bajarnos del tobogán diario... vivir momentos como estos de vez en cuando para resetear el cerebro y descansar de este modo supervivencia en el que nos vemos enjaulados. Vaya, que adoro este libro por muchas de las razones que los victorianos criticaron. Diría que ojalá lo hubiese leído antes, pero los libros se leen cuando les llega su momento, sin más.
 


Jerome Klapka Jerome fue un escritor inglés de vida azarosa, maestro de la narrativa cómica. Nació en la localidad de Walsall, cerca de Gales, en un período de moral victoriana y plena efervescencia industrial. Al mes de cumplir doce años, en 1871, el padre falleció. Su madre lo haría tan solo unos años más tarde, cuando Jerome cumplió los dieciséis. A la edad de catorce, la situación económica familiar era ya acuciante, y Jerome abandonó sus estudios y comenzó a ejercer una ristra de variopintos trabajos por los que pasó sin pena ni gloria: desde empleado de ferrocarriles hasta maestro de escuela, pasando por el periodismo y la interpretación teatral.

Inspirado por unos versos del poeta estadounidense Henry Wadsworth Longfellow, empezó a escribir sus experiencias sobre el escenario en clave de humor, publicadas a modo de entregas en la revista The Play, y finalmente compiladas en un único volumen. Dos años después de la publicación en 1886 de The Idle Thoughts of an Idle Fellow, una recopilación de ensayos humorísticos, contrajo matrimonio con Georgina Elizabeth Henrietta, Ettie. Su viaje a lo largo del Támesis a manera de luna de miel fue la semilla de su obra narrativa más aclamada: Tres hombres en una barca. Con la publicación en 1889 de esta novela cómica llegó la fama y el éxito para el Jerome escritor. Aunque nunca volvió a conseguir alcanzar las cotas de éxito que obtuvo gracias a Tres hombres..., en los años sucesivos a su publicación escribió una secuela, Three Men on the Bummel, entre otras novelas, relatos y ensayos. Sus dramaturgias también obtuvieron el favor del público londinense. Entre ellas, la más celebrada fue The Passing of the Third Floor Back (1908), en cartel de manera recurrente hasta bien entrada la década de 1960. Fue también editor de las revistas satíricas The Idle y To-Day, la última fundada por él mismo en 1893. La Primera Guerra Mundial llegó a Europa cuando Jerome contaba con 57 años, y se alistó en el ejército francés como conductor de ambulancia. Murió en 1927, legó una autobiografía, My Life and Times, y solo dejó un objetivo por cumplir: convertirse en miembro del parlamento inglés.

miércoles, 6 de octubre de 2021

RESEÑA (by MH) ::: MEMORIAS DE UNA SUEGRA - George R. Sims




Título original: Memoirs of a Mother-in-Law
Autor: George R. Sims
Editorial: Siruela
Traducción: Alejandro Palomas
Páginas: 228
Fecha publicación original: 1892
Fecha esta edición: 2015
Encuadernación: cartoné
Precio: 17,95 euros
Imagen de cubierta: Oliver Wendell Holmes Doroth Q Together with A Ballad of the Boston Tea Party and Grandmother's Story of Bunker Hill Battle (1875)




En este clásico, George R. Sims retrata con humor y maestría la figura de la suegra y su sempiterna fama, consiguiendo así una joya satírica que merece la pena saborear.

La señora Jane Tressider nunca ha tenido miedo de decir lo que piensa, ni siquiera para reconocer que al hacerlo haya podido ofender a alguien. En cualquier caso, siendo madre de nueve hijos, no puede permitirse el lujo de que esa pequeña flaqueza interfiera en su labor, que no es otra que la de mantener a raya a su irresponsable marido mientras se encarga de llevar no solo su propia casa, sino también las de sus siete hijos e hijas ya casados. Partiendo de la premisa de que las suegras han sido mal entendidas y nadie se ha puesto jamás de su lado, Jane está decidida a poner las cosas en su sitio y a defender al grupo más difamado que existe sobre la faz de la tierra. El resultado es este diario, una hilarante comedia de modales y una sutil sátira de costumbres y actitudes típicamente eduardianas.

 
Memorias de una suegra llevaba un montón de tiempo esperando a ser leído, y la premisa de novela protagonizada por una familia me venía que ni pintada para el reto de Todos los clásicos grandes y pequeños, así que ya no tuve excusa. Llevo tal retraso en las reseñas que lo leí hace al menos dos meses y aún no os había hablado de él, así que como no tomé notas toca reseña estilo "tiro de memoria", pero al menos dejo constancia de la lectura. Os cuento de qué va (aunque el título no deja lugar a muchas ambigüedades) y qué me ha parecido.
 
Jane Tressider es una señora de mediana edad que tiene la buena o mala suerte de tener nada menos que nueve hijos que no solo le dan los disgustos propios de toda prole, sino que a todos tarde o temprano les da por casarse, mudarse, tener hijos, contratar criados, soportar vecinos y, sobre todo y ante todo, tener opiniones propias que no siempre coinciden con las suyas. ¿Y quién va a saber mejor que ella, madre de familia numerosa y sargenta de su hogar, lo que hay que hacer en cada suceso que acontece en la vida adulta? Pues nadie, obviamente, y como no tiene abuela y está bastante segura de no equivocarse nunca, y encima tiene la sanísima costumbre de evitar úlceras innecesarias y no callarse absolutamente nada, pasa lo que pasa: que se mete donde no le llaman, se sulfura porque no le hacen caso y se pregunta por qué nadie comprende que ella está en posesión absoluta de la verdad y que la experiencia hace que sea mucho más sabia que su marido, yernos, nueras, hijos, nietos, criados, vecinos, y todo aquel que respire a a doscientas millas a la redonda.
 
Lo primero que tengo que dejar claro es que la sinopsis oficial no es correcta (y es una sinopsis que imagino han cogido de ediciones en inglés que tampoco son correctas, que las he visto por ahí). No es una hilarante comedia de modales y una sutil sátira de costumbres y actitudes típicamente eduardianas, básicamente porque este libro se publicó en 1892, cuando todavía estaba en el trono la reina Victoria y a su hijo Eduardo aún le quedaban sus buenos nueve años para ser coronado. Más allá de que se considere o no hilarante, lo sería en todo caso con las costumbres y actitudes típicamente victorianas
 
En cuanto a la novela, creo que la sinopsis que os he hecho resume a la perfección lo que se narra en ella. La señora Tressider va de sufrida, generosa y altruista pero es una metomentodo de cuidado y todo tiene que hacerse como ella diga y a su gusto. Dice que no se mete en nada y se mete en todo; dice que solo quiere ayudar y lo que quiere es imponer su criterio; se exaspera con su marido porque dice que no tiene sangre en las venas y lo que le pasa al marido es que busca a la desesperada momentos de tranquilidad; le saca pegas a casi todas las nueras y los yernos, se mete en su forma de hacer las cosas, en su manera de llevar la casa, en el modo en que deciden ganarse la vida... pero ojo, que a ella lo único que le pasa es que es honesta y si la verdad es como ella la ve, ¿a santo de qué se va a callar? Siempre dice lo que piensa. Punto. Vamos, que el libro comienza con un alegato de la señora Tressider diciendo que quiere dejar el pabellón de las suegras muy alto tras tantos años de escarnio, ridículo y desprecio, y en el proceso digamos que consigue el efecto totalmente contrario
(ahí está la gracia de la novela, vaya). Al final incluso dice que sus hijos se han enfadado al leer las memorias y no se lo explica... ¡si ella solo ha dicho la verdad!

El libro está dividido en capítulos, cada uno de ellos dedicado a uno de sus hijos y a su correspondiente esposo/esposa. También tenemos el inevitable pique entre algunos hermanos, el hijo bohemio que no quiere trabajar y quiere ganarse la vida escribiendo, el yerno excéntrico que vive una guerra sin cuartel con los vecinos, la nuera que se pone a llorar cada vez que la señora Tressider le deja caer que no tiene ni idea de cómo llevar su casa, los nietos... Y ya que estoy aquí lo digo, aunque sé que estas asociaciones mentales mías están pilladas por los pelos: os aseguro que mientras leía y veía la dinámica que creó el autor entre el matrimonio Tressider, no podía dejar de pensar en el matrimonio Bennett de Orgullo y prejuicio... esa madre marimandona y atacada de los nervios que se desespera ante la pachorra impasible de su marido y que cree que lo tiene que hacer todo ella, y ese marido que parece que no le da importancia a nada, cargado de ironía y de una visión de la vida mucho más relajada que la de su mujer, pero que en cuanto tiene que sacar de problemas a alguno de sus hijos actúa sin fisuras como el cabeza de familia que es. No sé si Sims tenía en mente a los Bennett cuando escribió el libro pero lo parece. Y seré la única que lo ve porque no será cierto, pero para eso están los libros, para llevárnoslos a nuestro terreno :)

Si os digo la verdad, tanto como hilarante no me ha parecido porque a ratos peca un poco de repetitiva, de seguir la misma dinámica en el desarrollo de algunos capítulos e incluso de repetir la misma información de un capítulo al siguiente (hasta el punto de que me hizo dudar si se había publicado por entregas, porque en ese tipo de publicaciones se hacía inevitable repetir algunas cosas para recordar la entrega anterior, pero creo que no es el caso). De todos modos este 2021 no se presta preciamente a que me ría mucho con los libros y sé que algunas de las novelas que estoy leyendo me hubiesen parecido mucho más divertidas y las hubiese valorado de otra manera de haberlas abierto en otra época de mi vida. Aun así, la sátira, la mordacidad y el destripe literal de las costumbres victorianas y el papel de la suegra dentro del núcleo familiar están ahí, y resulta inevitable sonreír ante las salidas que tiene la señora Tressider y la buenísima y maravillosísima opinión que tiene la buena mujer de sí misma. Yo creo que todo el mundo conocemos a alguien como ella, y ya no solo en su papel de suegra, sino con un ego como un piano, la estrategia de ser faltonas escudándose en ser sinceras, un afán superlativo de meterse en todo y una visión de humildes sobre sí mismas totalmente irreal. 
 
A modo de resumen diría que me ha parecido muy entretenida pero "con sus cosillas", y en cualquier caso la recomiendo para quien guste de literatura de humor victoriana, de la que tampoco andamos sobradísimos en traducciones al castellano. Además se aprende mucho sobre las costumbres de la época tanto en cuestiones hogareñas como en cosas tan concretas como la búsqueda de una casa y los chanchullos de los que hacían uso muchos caseros, por poner un ejemplo. Que yo todas estas cosillas las voy anotando mentalmente, me parecen muy interesantes.
 
George R. Sims (1847-1922) fue uno de los dramaturgos y escritores de sátiras más reconocidos de su tiempo. Amigo personal de W. S. Gilbert y Ambrose Bierce, fue autor de más de treinta obras de teatro, algunas de las cuales gozaron de una extensa vida a lo largo y ancho del Reino Unido.