Mostrando entradas con la etiqueta Algaida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Algaida. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de agosto de 2021

RESEÑA (by MH) ::: MUERTE DULCE - Félix G. Modroño


 

 
Título original: Muerte dulce
Autor: Félix G. Modroño
Editorial: Algaida
Páginas: 400
Fecha publicación original: 2009
Fecha esta edición: octubre 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19 euros
Diseño de cubierta: masgrafica.com




Balmaseda, 1683. Pedro Urtiaga acaba de ser envenenado. En sus últimas horas de vida escribe a su amigo, el doctor Zúñiga, anunciándole su inminente fallecimiento y suplicándole venganza. Este viajará a tierras vascas para averiguar la identidad del asesino. Pronto descubrirá que su muerte no solo tiene que ver con el vino, sino también con una partida de naipes de un juego recién nacido: el mus. Leyendas ancestrales, mujeres enamoradas y falsas apariencias se enredarán en esta trama -en la que los acontecimientos se suceden sin tregua para el lector- relatada sin artificios con una prosa limpia y magnética.

Félix G. Modroño se ha convertido en lectura actual de mis veranos, y el si el año pasado por estas fechas os traje La sangre de los crucificados, la primera entrega de la trilogía protagonizada por Fernando de Zúñiga, ya avisé que este año volvería con la segunda, Muerte dulce. Llevo un 2021 poco acorde a mis (auto)promesas de reseñas, pero por una vez, y sin que sirva de precedente, cumplo. Os cuento.
 
La trama transcurre en 1683, unos meses después de los eventos que sucedieron en la primera novela, y además lo hace con el asesinato de un personaje que, al final de La sangre de los crucificados, adquiría cierta relevancia por un hecho que no os puedo revelar. El caso es que ese personaje, Pedro Urtiaga, escribe una carta en sus últimas y agonizantes horas a su buen amigo Fernando de Zúñiga informándole de que le han envenenado y que haga todo lo posible por encontrar a su asesino. Estos dos amigos no acabaron en muy buenos términos en la anterior entrega, pero una amistad de tantas décadas todo lo puede y allá que se va don Fernando a investigar y, si es posible, vengar la muerte de Urtiaga. Sus pasos le llevarán a tierras vizcaínas y lo hará en buena compañía, pues a su ya fiel escudero Pelayo se unen su hija Leonor(que abandona el convento por un tiempo indecisa sobre su vocación) y su ama de llaves, Isabel. ¿Qué encuentran en Bilbao? El nacimiento del mus, un juego de cartas muy especial que apela al honor en el que no siempre gana quien tiene los mejores naipes. Una ofensa al mus puede provocar desagravios con terribles consecuencias, y en una partida muy concreta parece radicar el germen del misterio que deben desentrañar Zúñiga y Pelayo.
 
A Modroño le tiran mucho sus dos tierras (la natal y la de adopción), asi que si en La sangre de los crucificados nos llevó de viaje a Sevilla, en Muerte dulce nos lleva a tierras vizcaínas. Se mueve sobre todo entre Balmaseda y Bilbao, pero me ha hecho especial ilusión cierta escena en San Juan de Gaztelugatxe, lugar maravilloso donde los haya que tendrá siempre el dudoso honor de ser la incomparable ambientación para mi rotura de menisco :) En fin, que el marco de la novela es fantástico, como siempre, y el uso del lenguaje traslada al lector a la época de una manera natural, sencilla y elegante. Modroño escribe muy pulcro y hace fácil lo difícil, además de que se palpa el trabajo de estudio de localizaciones que hay detrás. Muchas cosas las conocerá porque es su tierra, pero otras necesitan de pisar sobre el terreno y patear mucho.

Me ha hecho ilusión reencontrarme con Zúñiga y Pelayo, dos personajes que se hacen querer porque son cercanos, te los crees y son buena gente, lo que no quiere decir que sean perfectos. El primero (que sigue fiel a su lema de que lo que otros llaman suerte, él lo llama intuición aderezada de sentido común) ya tiene los achaques de la edad, sigue anclado en el dolor del pasado sin ser consciente de las alegrías que podría darle el presente y se le disparan algunos arranques de genio. Ya lo dije en su primera andanza literaria, es un hombre bueno y honrado, muy inteligente, pero también tiene sus grises, como todo el mundo. Pelayo es todavía muy joven, inocentón e ingenuo, aunque se va espabilando sobre la marcha y estas aventuras junto a don Fernando le están abriendo los ojos a un mundo que hasta ahora no veía más allá que desde su limitada labor de criado en Zamora. Los lazos entre ambos, que siguen abrazando el patrón de maestro-discípulo, evolucionan a marchas forzadas a unos que más parecen de padre e hijo y, aunque ni ellos mismos se den cuenta, el cariño y el respeto es palpable y mutuo. Aumentando su protagonismo, también se asoman a esta novela Leonor, la hermosa hija pequeña de Zúñiga, e Isabel, ama de llaves enamorada desde siempre de su señor y que vale un potosí. ¿Podría decir que la comida es otra protagonista de la novela? Venga, lo digo. Lo es. Se nota que a Modroño le gusta el buen comer, ese que tiene sus raíces en la misma tierra donde se cocina y que insufla de felicidad el estómago. Lo transmite cada vez que los personajes se sientan a la mesa :)
 
¿A qué se refiere la muerte dulce del título? Por un lado a algo de lo que no os puedo hablar porque se desvela muy avanzada la historia, y por otro a esa forma de ganar al mus que se define, entre otras cosas, como poética. Y es que el mus, que funciona como hilo conductor a lo largo de la novela, tiene un gran protagonismo en la historia, que se ambienta unos sesenta años antes de la primera mención histórica al juego en 1745. Es decir, que Modroño aquí nos cuenta su versión sobre el surgimiento del juego, versión que seguramente se acerca mucho a la realidad pero que no deja de ser una interpretación ficticia al no existir registros ni fechas sobre el momento exacto en que empezó a jugarse en las tabernas. Y lo admito, la única pega que puedo ponerle a la historia es que, sintiéndolo mucho, no soy aficionada a los juegos de cartas y en mi vida he jugado al mus. Desconozco por completo sus reglas y estrategias y, sinceramente, los fragmentos en que se explican de manera bastante extensa y profusa me han parecido un tostón. Imagino que quien guste de este juego en particular o de los juegos de naipes en general se lo pasará pipa leyendo tamaña disección sobre los lances o los orígenes de este juego, pero no ha sido mi caso (orígenes aceptados casi unánimamente como vascos aunque hay teorías que discuten este punto). Lo que sí se percibe es la pasión del autor por este juego de cartas, no concibo este libro sin que sea así.
 
Dejando mi ignorancia y desconocimientos a un lado, Muerte dulce se lee del tirón, algo común a todas las novelas de Modroño (al menos las que yo he leído hasta ahora). Confieso que intuí la inspiración para los asesinatos bastante antes que el protagonista, pero no el final propiamente dicho no, y el modo en que se llega a él es lo que cuenta. Una novela muy entretenida llena de intrigas, secretos y aventuras, ideal para disfrutar del recorrido que nos hace el autor por tierras vizcaínas y que te deja con muchas ganas de leer la última novela de la serie. Y aquí viene la gracia de la historia, que el tercer libro, Sombras de agua, es el primero que pisó mis estanterías porque está ambientado en Venecia, y a mí la Venecia del XVII me llama con campanillas. Fue al enterarme que formaba parte de una serie que decidí empezar por el principio porque llevo fatal empezar las series a medias... así que varios años después leeré el libro que lo empezó todo. Yo a lo mío, como siempre :)

Félix G. Modroño es un escritor vizcaíno, afincado en Sevilla. Tras publicar Villalpando, paisajes y rincones (2002), en homenaje al pueblo zamorano de sus padres, se animó a emprender la aventura de su primera novela, La sangre de los crucificados (2007), protagonizada por el doctor Zúñiga, un peculiar investigador del siglo XVII, que también sería el personaje central de sus obras Muerte dulce (2009) y Sombras de agua (2016).
Con La ciudad de los ojos grises (2012) cosechó un gran éxito de ventas y el reconocimiento de los lectores.
Secretos del Arenal obtuvo el XLVI Premio de Novela Ateneo de Sevilla.

 

sábado, 1 de agosto de 2020

RESEÑA (by MH) ::: LA SANGRE DE LOS CRUCIFICADOS - Félix G. Modroño





Título original: La sangre de los crucificados 
Autor: Félix G. Modroño
Editorial: Algaida
Páginas: 352
Fecha publicación original: 2007
Fecha esta edición: 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros
Diseño de cubierta: masgrafica.com




Zamora, 1682. Don Fernando de Zúñiga, doctor en medicina por la Universidad de Salamanca, acude a la llamada del obispo. Monseñor Balmaseda le encarga averiguar la procedencia de la talla de un Cristo crucificado, hallada en extrañas circunstancias y que parece estar relacionado con la trágica muerte de un herrador. El doctor Zúñiga pronto averigua que aquel suceso oculta una trama de terribles asesinatos, cuya investigación le llevará en un periplo por la Salamanca universitaria, la Corte madrileña y una Sevilla antes opulenta y ahora tan agonizante como los crucificados que procesionan por sus calles.

La sangre de los crucificados es un thriller histórico magníficamente ambientado en la España de finales del siglo XVII, cuyos protagonistas se mezclan con reyes, religiosos o artistas. Una novela que convierte el esplendor artístico del Barroco y las intrigas políticas en torno al último rey de los Austrias en una trepidante aventura.

Yo, como siempre, a mi aire. Cuando muchos estáis leyendo la última y recién publicada novela de Félix G. Modroño, aquí que vengo yo con una que tiene ya sus trece añitos. Ya lo dije cuando os hablé de Secretos del Arenal hace un par de años: estaba empeñadísima en conocer la narrativa de este autor con el famoso doctor Zúñiga, pero finalmente no fue así. Es más, el libro que hizo que me pudieran las ansias de adentrarme en las aventuras de este personaje fue el tercero de la serie, Sombras de agua, porque si a mí me dicen Venecia y siglo XVII, qué queréis que os diga... lo dejo todo. Pero soy muy cuadriculada para estas cosas, para llegar a ese tercer libro tenía que leer los dos primeros y conocer al personaje desde el principio, como está mandao. Y a eso vengo hoy, a hablaros de La sangre de los crucificados, el primer libro protagonizado por don Fernando de Zúñiga.

Zamora, 1682. En la puerta de la casa del obispo de Zamora aparece la escultura de un Jesucristo crucificado. ¿Su peculiaridad? Ya no solo la calidad de la talla (que ningún artista castellano sería capaz de realizar), sino el sorprendente rostro de la escultura, en el que muchos vecinos han reconocido sin dudarlo a Manuel Beltrán, un herrador que apareció asesinado tres meses atrás. Por este motivo el obispo, monseñor Balmaseda, solicita los servicios de don Fernando de Zúñiga, vizconde del Castañar y doctor en Medicina, que posee fama de ser un experto resolviendo enigmas. Zúñiga, con la ayuda de Pelayo, un joven siriviente de monseñor, se pone manos a la obra, y sus pesquisas le llevarán de Zamora a Sevilla pasando por Salamanca, el valle de Las Batuecas o la corte real de Madrid. ¿Su objetivo? Un asesino que mata a sus víctimas para plasmar su agonía en las tallas de Jesucristo en la cruz, y que además se enorgullece de su obra e inteligencia y no puede evitar proclamar su autoría y retar, por medio de anagramas, a quien ose seguirle la pista.

Sé que estas novelas son ampliamente conocidas por estos lares y que poco puedo aportar yo a estas alturas, así que sin más dilación os voy a hablar de los que, para mí, son los tres puntales que hacen de la historia una fantástica lectura.

El primero es la ambientación histórica. Modroño tiene una forma tan envolvente y hechicera de describir cada paso que dan los protagonistas que, cuando abres las páginas, ya estás allí con los cincos sentidos, oliendo la mierda y el incienso en las calles, observando las estrellas que iluminan la nocturnidad del valle o las obras de arte que honran muchas de nuestras iglesias, saboreando bizcochos y chocolate caliente o soportando el vino aguado... Ya sea cuando nos movemos por las distintas ciudades como cuando recorremos el camino para llegar a ellas y nos deleitamos con el paisaje, la narración es tan precisa como evocadora, sin filigranas. Se lo pone muy fácil al lector para que este se imagine campando por esos mundos de Dios a finales del siglo XVII, y eso es muy díficil hacerlo bien sin caer en el exceso descriptivo.

Por otro lado están los personajes, y cuando hablo de personajes sin duda lo hago de Zúñiga y de Pelayo. Todos, más o menos relevantes en la trama (y además reales en algunos casos, entremezclados con los ficticios), están magníficamente perfilados, pero los protas son los que son. Con el transcurrir de las páginas vamos conociendo el pasado de Fernando de Zúñiga, un pasado en el que no tengo ninguna intención de adentrarme aquí porque hay que descubrirlo en la lectura, pero que en conjunto moldea a un hombre que no solo es muy inteligente sino que es muy inquieto intelectualmente (ambas cosas, por desgracia, no siempre van unidas), y que tiene una forma de entender y vivir la vida que hace que el lector se quede totalmente cautivado por él. Es un buen hombre, íntegro, honrado y justo, pero como todo buen personaje que se precie de serlo también es tridimensional, y entre tanta virtud se cuelan grises que guarda en lo más recóndito de su corazón y que le dan una pátina de autenticidad y verosimilitud.

Pelayo, por su parte, es como un libro en blanco que va rellenando sus páginas con conocimientos a marchas forzadas. A mí me ha producido mucha ternurna, a ratos me lo imaginaba con los ojos como platos conociendo el mundo más allá de las murallas de Zamora y absorbiendo todo lo que puede de las perlas que va dejando caer Zúñiga. Y cuando se puede apuntar un tanto y ser el primero en caer o resolver algo, la cara satisfecha no se la quita nadie. Es un chaval espabilado y un gran acompañante para Zúñiga; forman una pareja entrañable y el lector es testigo de cómo va creciendo la confianza y el afecto entre ellos. Pelayo nunca tuvo un padre y Zúñiga sabe reconocer las virtudes del adolescente y le coge cariño. Se complementan a la perfección y esa química traspasa las páginas.

En tercer lugar, pero no menos importante, están la narración, el trabajo y el estilo del propio autor. Mi conocimiento sobre la obra de Félix G. Modroño es limitado pues este es solo el segundo libro que leo suyo, pero ya lo dije en Secretos del Arenal: este señor escribe muy bien, su prosa es tan sencilla de leer como cuidada y pulcra en la forma, y además se nota que sabe de lo que escribe y que el trabajo que hay detrás es enorme. Os confieso una cosa: conforme leía y me daba esos paseos por ese patrimonio histórico tan magnífico que tienen las ciudades que aparecen en la novela (entonces y ahora, porque buena parte sigue todavía en pie), me parecían tan detalladas y pormenorizadas las descripciones, tan personales los puntos de vista a la hora de hablar de esas iglesias, conventos, calles y edificios, que me imaginaba al autor conociendo, visitando y revisitando cada uno de ellos para documentarse. Por eso no me ha sorprendido nada encontrarme navegando por estos mundos de internet con una página dedicada a esta serie (que no había visitado nunca) y ver en ella un montón de fotografías de los lugares que aparecen en el libro y que fueron hechas por él en su momento. Se palpa ese trabajo documental mientras lees la novela, trabajo que invita a seguir los pasos de los lugares que pisan los personajes... y de eso tiene gran parte de culpa el buen hacer del autor en todos los sentidos.

No me enrollo más, que me conozco. Solo os confirmo que ya tengo en la estantería Muerte dulce, la siguiente aventura de Zúñiga, por si quedaba alguna duda de lo mucho que he disfrutado de La sangre de los crucificados.




Félix G. Modroño es un escritor vizcaíno, afincado en Sevilla. Tras publicar Villalpando, paisajes y rincones (2002), en homenaje al pueblo zamorano de sus padres, se animó a emprender la aventura de su primera novela, La sangre de los crucificados (2007), protagonizada por el doctor Zúñiga, un peculiar investigador del siglo XVII, que también sería el personaje central de sus obras Muerte dulce (2009) y Sombras de agua (2016).
Con La ciudad de los ojos grises (2012) cosechó un gran éxito de ventas y el reconocimiento de los lectores.
Secretos del Arenal obtuvo el XLVI Premio de Novela Ateneo de Sevilla.

viernes, 19 de octubre de 2018

RESEÑA (by MH) ::: SECRETOS DEL ARENAL - Félix G. Modroño






Título original: Secretos del Arenal 
Autor: Félix G. Modroño
Editorial: Algaida
Páginas: 381
Fecha de publicación: octubre 2014
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 5,65 euros
Diseño de cubierta: www.masgrafica.com




El destino entrelazado de dos mujeres,en dos ciudades y dos épocas diferentes.

El voluptuoso mundo del vino ha unido a Silvia y Mateo en una relación tan intermitente como apasionada, donde nunca hay preguntas ni tampoco respuestas. Pero ella sigue atormentada por el dolor de hace muchos años: en 1989 el cadáver de su hermana mayor apareció en el monte Artxanda, salvajemente mutilado, y desde entonces el asesino sigue libre, sin que las investigaciones (primero de la Policía Nacional, y luego de la Ertzaintza) hayan logrado sustanciales avances.

Un día, Mateo recibe el correo electrónico de una desconocida que le propone leer la novela Secretos del Arenal: una historia de intrigas, venganza y supervivencia situada en la Sevilla de postguerra, una ciudad acosada por el hambre, la miseria y la represión política. Mateo no sabe que es la propia Silvia quien le manda ese correo, y por supuesto desconoce qué claves se esconden tras las lectura de esa novela.

En la más reciente novela de Félix G. Modroño, galardonada con el XLVI Premio Ateneo de Sevilla, el destino parece entretejer las historias de dos mujeres, en dos ciudades diferentes separadas por más de mil kilómetros y con casi medio siglo de diferencia. Quizás el Arenal (el de Bilbao o el de Sevilla) aún oculte las claves de un misterio nunca resuelto, y quizás un libro contenga las repuestas a las preguntas que nunca se formularon.

Nada, que estaba yo empeñadísima en conocer la prosa de Félix G. Modroño, y más empeñada todavía en hacerlo con el famoso doctor Zúñiga, pero como con la literatura no se pueden hacer planes (o yo no los hago demasiado... bueno, más o menos, pero soy una caótica ordenada, si eso es posible), se me cruzó primero por delante Secretos del Arenal y tuve que cambiar el chip. Y es que quienes me conocéis un poco sabéis que no me prodigo demasiado en este tipo de historias de dos épocas porque siempre me pasa lo mismo, que disfruto mucho más la del pasado que la del presente, y vaya, que una de vez en cuando no hace daño, pero tampoco voy buscándolas. Y hete aquí que, para mi sorpresa, Modroño casi, casi, ha conseguido lo imposible... o quizás lo que ha conseguido es aún mejor... pero no adelanto acontecimientos :)

La historia está narrada en dos tiempos. En el primero de ellos, ambientado en el presente y en Bilbao, conocemos la historia entre Silvia y Mateo en general, y la de Silvia en particular. Ella pertenece a una familia dedicada a la viticultura pero ha estudiado Periodismo, que ejerce como freelance para huir de esos viñedos. En uno de sus trabajos como periodista conoce a Mateo, un sumiller con el que mantiene encuentros esporádicos a lo largo de casi veinte años. Y es que sobre Silvia hay que conocer o entender dos cosas: una es que no ha superado el asesinato de su hermana, ocurrido en 1989 y del cual no se encontró al culpable; la otra es que representa eso que se ha dado en llamar el poliamor... Silvia tiene pareja, y esa pareja acepta no solo que tenga otras relaciones, sino que se enamore de otras personas, y Mateo forma parte de este último grupo. Está enamorada de los dos, pero que nadie se lleve a engaño: aqui el novio no pinta nada y el tema no va por ahí. Esta historia va de lo que Silvia quiere contarle a Mateo y no se atreve a hacer cara a cara; en su lugar, y desde el anonimato, le recomienda que lea una novela, Secretos del Arenal.

Y aquí entra la segunda trama, que muy originalmente introduce el autor a modo de capítulos de un libro que se llama como el libro real: Secretos del Arenal. Esta parte está ambientada en Sevilla, en los años posteriores a la Guerra Civil, con lo que eso implica: persecuciones ideológicas, planes para asesinar a Franco, huérfanos que vieron morir a sus padres, miseria, hambre... había que andarse con mucho cuidado durante aquellos años, en los que además en Europa se estaba librando la Segunda Guerra Mundial. Siendo esta una novela dentro de otra novela, conocemos a varios personajes, entre los que destacan estos cuatro: Olalla Carmona, jovencita de catorce años que vive con sus tías desde que sus padres fueron asesinados durante la guerra; Martín Villalpando, huérfano que trabaja de aprendiz en la redacción del ABC y que se enamora de Olalla nada más verla; Pepe Ravelo, el Tumba, violador y asesino que, estando en la cárcel, fue reclutado por los falangistas y ahora vive en Sevilla encargado de erradicar cualquier atisbo de conspiración en contra del régimen; y Madame La Madrid, que regenta una casa de señoritas donde acude lo más granado de Sevilla (y lo no tan granado), que usa su negocio para extraer secretos de sus clientes y que tiene un pasado que nadie conoce.

Y me perdonáis esta intro tan larga de la historia, pero es que quería exponerla claramente para dejar patente la aparente imposibilidad de conexión que existe a priori entre ambas tramas (y más teniendo en cuenta que una de ellas es un libro) pero que, obviamente, y dado que estamos ante el tipo de historia que estamos, tienen que acabar conectando al final de un modo u otro. Y es que aunque pueda parecer que os he contado mucho, realmente no os he contado nada de nada. Ni debo hacerlo, porque los hilos que van entretejiendo las dos subtramas solo aparecen cuando el autor así lo quiere, y aunque es cierto que a partir de determinado punto ves clara la conexión, dar cualquier pista de antemano resultaría fatal para el futuro lector.

Hablando de la trama en presente, la que protagoniza Silvia, debo decir que el autor me hizo reír al final del segundo capítulo, y es que parecía que nos estaba presentando a una protagonista femenina cliché y prototípica hasta que la última frase del segundo capítulo pone las cartas sobre la mesa, y lo hace tan sibilinamente que... pues eso, me hizo gracia :) Y a partir del tercero es cuando realmente Silvia se abre ante el lector y conocemos su filosofía de vida, así como su forma de ver las cosas, y el autor plasma sobre el papel reflexiones que dan en el clavo mucho más de lo que nos atreveríamos a confesar. Esto no quiere decir que el lector comulgue con el estilo de vida de Silvia, y de hecho el personaje corre el riesgo de no empatizar con muchos lectores que desaprueben lo que hace y la juzguen, pero me parece un personaje tan bien planteado en su fondo que, al menos en mi caso, eso no ha ocurrido. Aquí creo que Modroño ha sido muy listo al eliminar de la ecuación a su novio David y darle el tratamiento de ente; se le nombra pero no tiene ni una escena en el libro salvo algún recuerdo de tres líneas, así que novio que no ves, conflicto que no sientes. Al quitarlo de la ecuación, elimina morralla innecesaria que entorpecería los cauces por los que navega la trama.

La trama del intralibro Secretos en el Arenal se adentra en plena posguerra civil española, que admito que no es un tema que busque como lectura (aunque luego me tope con algunas que me gustan mucho), y a la que al principio no llegaba a pillarle el punto porque se toma su tiempo para avanzar. Todos sus primeros capítulos son en sí mismos un tanto introductorios: primero presenta a Martín, luego a Olalla, luego al Tumba, luego a La Madrid... pero todo eso empieza a confluir en un momento determinado y es cuando esta subtrama despega. En cuanto al retrato de la situación política del momento, aunque da muchos detalles, lo hace para el lector de a pie sin apabullar ni adoctrinar (ni aburrir, dato importante), y la ambientación de la Sevilla de 1942 me ha parecido muy acertada. De hecho, tanto en la ambientación sevillana como en la vizcaína, se nota que el autor sabe por donde se mueve en todo momento: juega en terreno conocido.
 
Os decía arriba que Modroño casi había conseguido lo imposible, y es que durante al menos la mitad de la novela, para mi sorpresa, me estaba gustando más la trama del presente que la histórica, cuyo avance, como ya digo, no parecía llevar realmente a ningún sitio (a ningún sitio de interés, al menos). Ya me veía yo proclamando a los cuatro vientos que por fin había disfrutado más de la trama contemporánea que de la pasada en un libro de este tipo... pero no, al final nada de nada, porque llega un punto a mitad de narración en la que la trama histórica comienza a evolucionar, todo empieza a cuadrar, por fin pasan cosas... y Silvia, educadamente, se hace a un lado sin dejar de estar presente. De hecho el autor consigue un empate técnico entre ambas tramas y, sinceramente, para mí eso es lo mejor que se puede decir de una novela con esta estructura. Es lo que debería ocurrir en todos los libros con dos épocas que se entrelazan y que, por desgracia, muy pocas veces se consigue: debería existir una balanza entre ambas tramas, en la que el interés se alterne y en la cabeza del lector todo quede nivelado, en vez de quedarse con la sensación de que una trama sobra o no está a la altura. En este aspecto, creo que Modroño sobresale.

Ese Arenal del título representa dos puntos cardinales totalmente diferentes (El Arenal de Sevilla y El Arenal de Bilbao) y, por, tanto, pronto se hace evidente que esos secretos del Arenal del título corren en ambas direcciones. Realmente esta es la historia de dos mujeres muy diferentes de dos épocas muy distintas a las que une el secreto que ambas, cada una en su propia vida, guarda celosamente, y del que yo no os pienso dar ni una pista. Y sí, este el punto de partida de muchas de estas historias, pero lo que diferencia a esta, el descubrimiento con el que yo me quedo, es el de la prosa de su autor. Para mí ha sido lo mejor de la novela, porque aunque la historia es interesante, está bien hilada y el personaje de Silvia me parece muy logrado, es la narración de Modroño la que da personalidad a todo eso y hace que no sea una historia más ambientada en dos épocas que se entrelazan, como tantas otras que se publican todos los años. Félix G. Modroño escribe muy bien. Y sé que con esto no descubro nada a nadie porque llego tarde a la fiesta y ya lo conocéis todos, pero yo soy muy especialita y tenía miedo de no ver eso que todo el mundo ve en este escritor. Por una vez, y sin que sirva de precedente, lo he visto. 

En resumen, si Secretos del Arenal me ha gustado mucho sin ser un género que me entusiasme, cuando me ponga con Zúñiga creo que me lo voy a pasar pipa.




Félix G. Modroño es un escritor vizcaíno, afincado en Sevilla. Tras publicar Villalpando, paisajes y rincones (2002), en homenaje al pueblo zamorano de sus padres, se animó a emprender la aventura de su primera novela, La sangre de los crucificados (2007), protagonizada por el doctor Zúñiga, un peculiar investigador del siglo XVII, que también sería el personaje central de sus obras Muerte dulce (2009) y Sombras de agua (2016).
Con La ciudad de los ojos grises (2012) cosechó un gran éxito de ventas y el reconocimiento de los lectores.
Secretos del Arenal obtuvo el XLVI Premio de Novela Ateneo de Sevilla.