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viernes, 3 de septiembre de 2021

Y EL LIBRO COMIENZA ASÍ... #34+35 ::: JULIO + AGOSTO 2021

¡Hola a todos!

Poquitas reseñas este verano en Netherfield (muchas menos de las planeadas, la verdad), así que hemos decidido juntar los dos meses estivales en una sola entrada. Trece lecturas en total cuyos comienzos podéis leer abajo.

Os recordamos que pinchando en cada imagen accedéis a la reseña en cuestión.

¡Un abrazo y disfrutad de la rentrée, que viene cargadita! 

jueves, 19 de agosto de 2021

RESEÑA (by MH) ::: LA LIBRERÍA AMBULANTE - Christopher Morley


 
 
Título original: Parnassus on Wheels
Autor: Christopher Morley
Editorial: Periférica
Traducción: Juan Sebastián Cárdenas
Páginas: 184
Fecha publicación original: 1917
Fecha esta edición (6ª): marzo 2014
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16,75 euros
Imagen de cubierta: @GettyImages




Prepárese para entrar en un mundo único y lleno de encanto, donde el tiempo se ha detenido: estamos en la segunda década del siglo XX, en unos Estados Unidos todavía rurales y de paisajes idílicos, donde conviven los viejos carromatos y los novísimos automóviles; Roger Mifflin, un librero ambulante que desea regresar a Brooklyn para redactar sus memorias, vende su singular librería sobre ruedas (junto a su yegua y su perro) a la ya madura señorita Helen McGill, quien decide, harta de la monotonía de su vida, lanzarse a la aventura y recorrer mundo. A partir de ese momento se sucederán los encuentros y los desencuentros, y las más divertidas peripecias se darán la mano con las grandes enseñanzas que proporcionan libros y librero.

Desde que este clásico de la literatura norteamericana se publicara en 1917 han sido muchos los lectores seducidos por su poder evocador, por el reconfortante humor que destila y, cómo no, por su atención a los pequeños detalles: estas páginas huelen a las hogazas de pan recién sacadas del horno; en ellas se siente el viento de otoño en los abedules.


Llevaba tiempo detrás de releer La librería ambulante, así que cuando vi que era una de las propuestas que nos hacíais para nuestro reto de Netherfield en el sorteo de aniversario que realizamos anualmente en el blog, supe que había llegado el momento. Es de esos libros que dan paz y se leen con una sonrisa que ilumina la cara, dos virtudes que hoy en día son como maná en el desierto y alegran un poquito el alma.

Estamos a principios del siglo XX en la zona rural de Carolina del Norte. La protagonista de la historia es la señorita Helen McGill, una mujer que ronda los cuarenta años y vive con su hermano Andrew en una granja que les permite vivir honrada y holgadamente pero que exige una dedicación exclusiva, dedicación que empieza a verse mermada por parte de Andrew cuando no solo decide escribir un libro, sino que se convierte en una celebridad literaria y su modo de ver la vida inspira a muchos de sus lectores. Su afán por documentarse para otros libros le hace desaparecer durante meses y, cuando está en la granja, se pasa los días encerrado escribiendo. Helen empieza a estar muy harta de la situación, así que cuando un hombrecillo llamado Roger Mifflin aparece en su puerta con una librería ambulante y la firme intención de vendérsela a su idolatrado Andrew McGill, Helen sabe que debe hacer algo de inmediato. Una librería ambulante es lo bastante extravagante como para captar la atención de su hermano, y si la compra y se lanza a la carretera en ella, ¿quién va a ayudarle en la granja? Decide darle una lección y de paso tomarse esas merecidas vacaciones que no ha disfrutado en más de una década. Es ella la que compra el carromato literario ambulante y la que se sube a él con la firme intención de vender libros por los caminos acompañada de Roger Mifflin... y, aunque todavía no lo sabe, Helen acaba de tomar una decisión que cambiará su vida por completo.
 
 PARNASO AMBULANTE DE ROGER MIFFLIN

Sabed, amigos, que tiene mi percherón

Más de mil libros, antiguos y de ocasión.

Del hombre los mejores amigos son.

Los libros que atiborran este gran vagón

Libros para todos los gustos son,

De líricos versos a Las Musas,

De buena cocina y agricultura,

Novelas apasionadas de prosa pura.

Cada necesidad tiene su libro justo

Y los nuestros te dejarán a gusto.

Jamás habrá librero que dé alcance

A los finos libros de este Paraíso ambulante.


¿Qué os puedo contar sobre esta novela de manera muy breve pero transmitiendo lo reconfortante de su lectura? Pues que estamos ante un road trip en toda regla a bordo de un carromato repleto de buenos libros que también hace las veces de casa a cuestas en la que no faltan el perro ni el caballo con más paciencia que un santo. Que esté ambientado en la América rural de principios del siglo XX supone todo un plus, y que sus protagonistas sean un personaje tan carismático, sabio, chispeante y rebosante de personalidad como Roger Mifflin (aka el señor Barbarroja), y una mujer tan valiente, curiosa y apasionada como Helen, solo puede traer cosas buenas y regalar momentos para el recuerdo.

La librería ambulante derrocha optimismo, buen rollo y amor eterno e incontestable por los libros y por las nuevas vidas que hacen vivir a sus lectores. Se lee con una sonrisa en la boca y es el refugio ideal para un momento pocho o un día de esos que te suplican alejarte del mundanal ruido. Huye como de la peste de pretenciosidades varias y apuesta por una historia sencilla, amable, tierna, divertida y achuchable de esas que llegan al corazón. De paso vivimos unas cuantas aventuras junto a Helen, unas más peligrosas que otras, pero como es de esos libros donde sabes que todo va a salir bien y el happy ending está asegurado, pues recibes a los bandoleros o al hermano perseguidor de la misma manera que recibes una buena conversación junto al fuego: con el alma feliz y una pizca de curiosidad por saber cómo va a terminar todo.
 
Roger Mifflin adora su vida, se lo pasa bien recorriendo caminos, haciendo paradas en granjas o montando un espectáculo en medio de una ciudad. Contagia su entusiasmo incluso a aquellos que jamás se les hubiera pasado por la cabeza gastarse unos chelines en algo tan prescindible como un libro, y tiene muchas, muchas frases de esas que cualquier amante de la metaliteratura recibe como agua de mayo, ya sea sobre el beneficio de la lectura o el dudoso conocimiento de los editores sobre lo que es un buen libro. También aparecen innumerables alusiones a autores y libros clásicos (no podía ser de otra manera dado el año en que fue publicado) y, aun así, de todo lo que dice este pelirrojo picarón que se las sabe todas me quedo con la proclama antiesnob que hace de la literatura como el privilegio de unos pocos y su entusiasta defensa del acercamiento de la literatura a las zonas rurales y las gentes sencillas y trabajadoras que viven apartadas en granjas sin ningún acceso a la cultura. Si no les llevas los libros a casa jamás tendrán la oportunidad leerlos y conocerlos. Los libreros se ríen de él, los editores no quieren saber nada de su carromato ambulante, pero este hombrecillo entusiasta hace mucho más por la literatura que todos ellos juntos.

Solo tengo otra novela de Christopher Morley reseñada en el blog, Kathleen, que también os recomiendo encarecidamente. Morley era una auténtica delicia de persona y eso se palpa y se siente en su obra, que es tan deliciosa como él. Cuando busquéis un libro que os sosiegue el espíritu, que os haga evadiros de esa sociedad que tan bonita nos está quedando y os devuelva la fe en la humanidad sin dejar de repartir sonrisas, no dudéis en acercaros a él. En La librería ambulante subimos al Parnaso, nos arrellanamos en un huequecillo del pescante entre Roger y Helen y nos dejamos arrullar por lo bonitas que pueden resultar las cosas cuando nos lanzamos a vivir una aventura en la compañía adecuada. Si hay libros de por medio, es la perfección absoluta. 
 
En resumidas cuentas, y como diría el bueno de Roger... ¡Por los huesos de George Eliot! ¿A qué estáis esperando para leerlo?
 



Christopher Morley (1890-1957) nació en Haverford, Pensilvania. Estudió en Harverford College, donde su padre trabajaba como profesor de matemáticas. Posteriormente, se matricularía en la universidad inglesa de Oxford para estudiar historia moderna durante tres años (época que contaría en su novela autobiográfica de 1931 John Mistletoe). En 1913, de vuelta en Estados Unidos, se instaló en Nueva York y comenzó a trabajar en la editorial Doubleday. Pocos años después se convertiría, recorriendo Estados Unidos como columnista y reportero, en uno de los periodistas más prestigiosos de su época. Su primera novela, La librería ambulante, fue publicada en 1917, y en 1919 apareció The Haunted Bookshop (próximamente en Periférica). Su novela Kitty Foyle, publicada en 1939 y trasladada al cine con el mismo título (en España como Espejismo de amor), fue uno de los grandes éxitos de crítica y público del momento. Y su protagonista, Ginger Rogers, obtuvo un Oscar por su papel como Kitty. Inteligente, lúcido y sofisticado, fue un escritor de éxito y al mismo tiempo un escritor de culto. Se ha dicho de él, comparándolo con Noel Coward, que su refinamiento era indudablemente británico. Sutil humorista, dijo de sí mismo que amaba tanto a Shakespeare como al Conan Doyle de las aventuras de Sherlock Holmes. Sin embargo, su dos grandes maestros fueron compatriotas suyos: Walt Whitman y Mark Twain. El eco de su obra se encuentra en escritores de distintos países y generaciones: de Kingsley Amis a Tom Wolfe.

lunes, 18 de septiembre de 2017

RESEÑA (by MH) ::: KATHLEEN - Christopher Morley




Título original: Kathleen
Autor: Christopher Morley
Editorial: Periférica
Traducción: Ángeles de los Santos
Páginas: 118
Fecha de publicación original: 1920
Fecha esta edición: septiembre 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 14 euros
Ilustración de cubierta: @Suzanne Meunier/Le Sourire/The Advertising Archives

Aunque esta novela fue escrita en la época del cine mudo, y tiene toda la gracia de las comedias de enredo de esa época, son fundamentales en ella los soberbios diálogos de los personajes, entre el sofisticado toque británico y el desparpajo yanqui.
Un grupo de bromistas, y a la vez románticos, estudiantes de la Universidad de Oxford (entre ellos un norteamericano) forman un club literario muy peculiar: se hacen llamar los Escorpiones. Su próximo reto será escribir una novela sobre personajes reales, dos nombres descubiertos en una carta encontrada por azar en una librería: Kathleen será la heroína de la historia y Joe será el héroe. Pero esto es sólo la primera parte del reto, pues enseguida comenzará la Gran Aventura Kathleen: conocer a la joven protagonista de su novela por los medios que haga falta. La búsqueda de la muchacha por parte del club literario de los Escorpiones está llena de momentos memorables y divertidísimos. Disfraces, mensajes falsos y, sobre todo, un encanto atemporal. Risas y sonrisas.
 
Tal y como sucedía al leer La librería ambulante, los lectores llegan al final de esta novela un poco más felices que como la comenzaron.

Me he propuesto ya en serio, de verdad de la buena, ir sacando pendientes, porque hay libros que los compro la misma semana que salen y luego se tiran años muertos del asco en la estantería. Kathleen es uno de esos libros. Salió hace ahora justo un año, así que sí, he tardado mucho, pero teniendo en cuenta que algunas de mis adquisiciones van camino de la pubertad esperando su momento, podría ser peor. Y una vez más, me arrepiento de no haberlo leído antes, porque además esta novela es de las que sabía al cien por cien que la iba a disfrutar aun sin haber leído una sola página.

Ah, antes de entrar en materia, os hago una confesión: estoy preocupada. Mucho. He vuelto a reírme con un libro. ¿Qué me está pasando? ¿El fin del mundo se acerca? ¿Me estoy volviendo una risueña lectora, en contra de mi voluntad? Espero que sea algo pasajero y vuelva por mis fueros, aquellos de "yo jamás me río cuando leo". Tengo una reputación que mantener.

Oxford, 1912. Un grupo de estudiantes ha formado un club literario, y se han propuesto escribir una historia entre todos (uno escribe un capítulo, el siguiente escribe otro a partir de ahí, etc...). Kenneth Forbes es el encargado de escribir ese primer capítulo, y como todos los estudiantes que se precien hemos hecho siempre, a pesar de tener todas las vacaciones de Navidad para hacerlo, la tarde de antes no ha escrito una sola palabra y toca idear algo de correprisas en el último momento. Y la inspiración le llega a Forbes gracias a una carta que encuentra perdida en una librería. Esa carta, escrita por una tal Kathleen, está remitida a Joe, estudiante en el propio Oxford, y además se nombran a otros miembros de la familia como Charlie, Fred, la madre y el padre de Kathleen...

¿Qué hace Kenneth? Usar a estas personas reales para elaborar la historia por entregas del club literario. A los siete restantes miembros les parece estupendo, y durante semanas inventan todo un mundo alrededor de estos personajes, pero Kathleen, la pizpireta Kathleen, prevalece en sus pensamientos hasta el punto de decidir que tienen que conocerla, verla en persona, regalarle la historia que han escrito inspirada por ella e invitarla al baile conmemorativo de las regatas de la Universidad. Cinco de los ocho miembros del club se apuntan al reto. El primero que lo consiga, gana. Se admiten todas las triquiñuelas y estratagemas necesarias mientras no sonrojen demasiado a la dama... y básicamente, que gane el mejor.

Así que os podéis imaginar lo que viene a partir de aquí. Todo vale con tal de ser los primeros en hablar con ella, y una vez llegan a Wolverhampton, localidad donde vive Kathleen, lo primero que hacen es acechar la casa. Cuando ya han visto a Kathleen de lejos y han caído perdidamente enamorados de sus perfectos tobillos y su rostro nacarado, cada uno de ellos empieza a desplegar sus estrategias (cada cual más ingeniosa, rebuscada y divertida) con el fin de ser los primeros en entrar en esa casa y conocerla.

Esta novela, que rebosa humor británico por los cuatro costados, fue escrita por un norteamericano, Christopher Morley (aunque pasó varios años en Oxford y eso se nota de cabo a rabo). Quizás por ello le da el protagonismo principal al único americano de entre todos los valerosos estudiantes que se lanzan a la conquista de Kathleen (de apellido Kent, por cierto). A través del diario de Johnny Blair, becario de Rhodes, asistimos a la caza de esta pobre muchacha, cuyo hogar familiar va a comenzar a ser testigo de los hechos y sucesos más surrealistas que hayan vivido nunca. De vez en cuando se pasa al narrador omnisciente para hacernos también partícipes de algunas de las andanzas del resto de estudiante o del caos que está empezando a invadir el hogar de los Kent, pero es el señor Blair el que se lleva más minutos de gloria.

Como es natural, el punto culminante de la historia se da cuando todos, de una manera u otra, cada uno con una identidad suplantada, empiezan a coincidir en la casa, y os aseguro que me estoy riendo mientras escribo esto y me acuerdo de algunas cosas. No puedo contar mucho más porque entonces os desvelo las maquinaciones que se traen entre manos, y de esas os tendréis que enterar cuando os pongáis con la novela.

No os voy a engañar, es una historia sencilla y amable, sin pretensiones, pero divertidísima, descongestionante y de esas que te dejan muy buen rollo. La prosa es inteligente y elegante, la narración llena de vitalidad, y el ambiente estudiantil de Oxford, muy auténtico. El estilo es muy británico, me repito, no parece escrita por un norteamericano. Morley dedica el libro A la verdadera Kathleen, con mis disculpas, y teniendo en cuenta que él también fue un becario americano en Oxford pocos años antes de escribirla, me da que esta historia tiene más de verídica de lo que pueda parecer en un principio. Pensar que esto, o algo muy parecido, seguramente ocurrió en realidad hace que sea, si cabe, más divertido. Visualizas la escena en esa casa y te ríes, no puedes evitarlo. No cuesta nada imaginar esta historia como una película cómica de enredo o una obra de teatro, y de hecho tengo que mirar si existe alguna adaptación, porque se presta totalmente a ello.

Vamos, que si os gustan las buenas comedias de enredos (a poder ser con regusto británico), si queréis sonreír mientras leéis (y además queréis que esa misma sonrisa permanezca en la boca cuando cerráis el libro), si necesitáis una lectura ligera que os dé un respiro entre novelas con más empaque (y que esa ligereza no tenga nada de tontorrona y sea inteligente), y, en resumidas cuentas, queréis pasar un buen rato leyendo una historia que os dure poquito en las manos y que sea muy divertida y entretenida... pues ya estáis tardando en haceros con Kathleen. Lo agradeceréis.


Christopher Morley (1890-1957) nació en Haverford, Pensilvania, y estudió en Haverford College, donde su padre trabajaba como profesor de matemáticas. Posteriormente, se matricularía en la universidad inglesa de Oxford para estudiar historia moderna durante tres años (época que contaría en su novela autobiográfica de 1931 John Mistletoe, y, en parte, en Kathleen). En 1913, de vuelta en Estados Unidos, se instaló en Nueva York y comenzó a trabajar en la editorial Doubleday. Pocos años después se convertiría, recorriendo Estados Unidos como columnista y reportero, en uno de los periodistas más prestigiosos de su época. 
 
Su primera novela, La librería ambulante (Periférica, 2012), fue publicada en 1917; en 1919 apareció su continuación, La librería encantada (Periférica, 2013). En 1939 se hizo mundialmente conocido por su novela Kitty Foyle, trasladada al cine con Ginger Rogers como protagonista. Inteligente, lúcido y sofisticado, fue un escritor de éxito y al mismo tiempo un escritor de culto. Se ha dicho de él, comparándolo con Noel Coward, que su refinamiento era indudablemente británico. Sutil humorista, dijo de sí mismo que amaba tanto a Shakespeare como al Conan Doyle de las aventuras de Sherlock Holmes. Sin embargo, sus dos grandes maestros fueron compatriotas suyos: Walt Whitman y Mark Twain. El eco de su obra se encuentra en escritores de distintos países y generaciones: de Kingsley Amis a Tom Wolfe.