jueves, 9 de febrero de 2017

RESEÑA (by MH) ::: ÚLTIMO DÍA DE UN CONDENADO A MUERTE - Victor Hugo




Título original: Le dernier jour d'un condamné
Autor: Victor Hugo
Editorial: Austral
Traductor: Juan Gabriel Vásquez
Prefacio 1829 + 1832:  Victor Hugo
Páginas: 144
Fecha publicación original: 1829
Fecha de publicación: febrero 2016
Encuadernación: rústica
Precio: 2,95 euros
Diseño de cubierta: Sergio Pérez

Desde su celda, un condenado a muerte comparte con el lector, hora por hora, minuto a minuto, los últimos momentos de su vida. Para aliviar su intolerable espera, escribe sobre sus vanas esperanzas de ser indultado, su último viaje en furgón o su miedo a enfrentarse a la multitud en la plaza de ejecuciones, pero también sobre el recuerdo de sus últimos paseos por París o la sonrisa de su hija Marie. A través de sus palabras, el condenado anónimo y sin rostro no tarda en convertirse en un hombre de carne y hueso.

Publicado en 1829, Último día de un condenado a muerte es un conmovedor alegato contra la pena capital, que Víctor Hugo escribió en su lucha por la abolición de las ejecuciones judiciales, convertidas en espectáculo público en Francia tras la Revolución de 1793.


La Revolución francesa nació para poner fin al Despotismo Ilustrado y al autoritarismo de la monarquía y la nobleza, y en nombre de esta derogación, en nombre del sufridor pueblo llano y en nombre de los tres famosos principios que desde entonces son símbolo del pueblo francés (libertad, igualdad, fraternidad), comenzaron las ejecuciones y la adopción de la guillotina como método para llevarlas a cabo: un método igual para todos, sin distinción de rangos ni clases sociales. La Revolución no admitía medias tintas. Y se les fue de las manos, se emborracharon de poder. Las autoridades revolucionarias comenzaron a excederse en la aplicación de la pena de muerte. Bajo el enorme filo de la cuchilla no solo murieron aristócratas o la Antonieta y Luis XVI, que es con lo que hoy en día mucha gente se queda, sino que delincuentes comunes, presos y rivales políticos empezaron a caer como fichas de dominó sin sentido alguno. Comenzó el Terror, durante el que murieron ejecutadas casi 17.000 personas. La guillotina pasó de ser un castigo supuestamente ejemplar para garantizar el nuevo sistema a ser una fiesta pública que reunía al pueblo francés en torno a la infernal máquina para ser testigos de cómo arrancaba una vida tras otra. Una celebración. Y empezaron a surgir voces críticas, voces que clamaban contra el despropósito y la barbarie en que se había convertido aquello.

Una vez terminó el Terror, la guillotina siguió usándose en Francia durante casi dos siglos más (puede parecer mentira porque todo esto nos parece muy lejano, pero la última ejecución por este método fue hace solamente 40 años, en 1977). Por este motivo, Victor Hugo, que nació trece años después de la toma de la Bastilla en 1789 y realmente no vivió en primera persona la Revolución y el posterior Terror, sí que vio morir a mucha gente en la plaza de Grève, familiares y amigos entre ellos. La guillotina seguía siendo el método utilizado contra delincuentes y presos. Y Hugo se erigió en abanderado de la causa abolicionista de la pena de muerte, enfrentándose a una costumbre ya muy arraigada en la sociedad francesa.
 
De todo esto que os comento que sé que a lo mejor os resulta largo pero que considero necesario plasmar por aquí para que se entienda la finalidad de esta novela nace Último día de un condenado a muerte, un alegato en contra de la pena capital en el que somos testigos de las últimas horas de un preso que, cinco semanas después de su sentencia, se enfrenta a sus últimos días en esta vida. Y más que eso, es un documento histórico y social de los restos de una Revolución y un Terror que dejaron como herencia para el pueblo francés el gusto por la sangre, el disfrute del espectáculo de ver caer la cuchilla, el amarre a un desprecio por la vida generalizado en una sociedad que perdió bastante la perspectiva.

El relato está narrado en primera persona por el preso. Nuestro condenado no tiene nombre, y vive bajo el reinado de Carlos X. Lo poco que sabemos sobre él tenemos que intuirlo gracias a los detalles y retazos que aquí y allá pululan por su crónica. Sabe latín, escribir y presume de educación refinada, y por ello deducimos que es noble, pero jamás sabemos por qué está en esa situación, qué ha hecho, de qué se le acusa... En estos últimos días antes de pasar por la guillotina le han dado tinta, papel, pluma y una lámpara, y decide plasmar por escrito el sinsentido de la situación en que se encuentra, la deshumanización de quienes le contemplan como el objeto de un mero divertimento, la sed de sangre de la multitud que espera ansiosa su cita en la plaza de Grève... Critica la guillotina, supuestamente adoptada para ejecutar con rapidez y sin dolor (¿Cómo lo saben? ¿Quién lo ha dicho? ¿Alguno de los ejecutados? ¿Alguno de esos sobre los que la cuchilla tuvo que caer varias veces para hacer bien el trabajo?); afirma que lo que duele es el alma y el espíritu mientras se espera ese momento, y que para eso no hay cuchilla que caiga demasiado rápida ni que sea demasiado efectiva ni que atenúe suficientemente el dolor; critica al cura cuyo trabajo es consolar con palabras vacuas y carentes de alma a los condenados a muerte, porque su trabajo es tan rutinario como el de quien va a trabajar todos los días de ocho a tres; reflexiona sobre los que acudirán al teatro de su ejecución, porque muchos de ellos, aunque no lo sepan, acabarán igual que él... entonces no les parecerá tan entretenido el espectáculo.

Hugo jamás desvela el delito de su protagonista y no es algo casual. Tampoco le da nombre porque no quiere poner nombres propios ni personalizar. Da igual el delito, la culpabilidad o la inocencia. Nuestro preso es culpable... o eso nos dice él, porque jamás sabemos su supuesto crimen. Podría ser cualquier cosa: un mero hurto, una causa política... o un asesinato. No lo sabemos. En ningún momento pide clemencia ni se justifica por las acciones que le han llevado a la situación en que se encuentra, sean las que sean. Sabe que debería estar mostrando más arrepentimiento pero sus aflicciones ante el destino inevitable le pueden. Sabe que su acto merece un castigo, pero se rebela contra el hecho de pasar semanas a la espera de ese día y contra la realidad de una guillotina que se había convertido en una fiesta. Se mueve entre su presente  y su pasado en un bucle infinito del que es muy consciente. Teme y anhela de igual manera el día en que ruede su cabeza. No quiere morir, pero cuando por fin lo haga terminará la lenta agonía y el suplicio de la espera.

Esta novela, más allá de su calidad literaria, que es indiscutible, y más allá que se esté o no de acuerdo con la postura de Victor Hugo en cuanto a la pena capital, es un excepcional documento histórico, político y social sobre la situación jurídica y penal en Francia después de la Revolución, y de cómo aquella sociedad estaba tan borracha de sangre que no fue capaz de dejar de pedirla una vez terminó la convulsión en Francia. Se habituaron al espectáculo macabro de la guillotina en la plaza, y su desprecio por la vida humana era absoluto. Aquel que clamaba en contra de esta práctica, como Hugo, era vilipendiado y menospreciado, razón por la que la publicación de Último día de un condenado a muerte fue criticada y muy mal recibida, y además realizada bajo seudónimo. Y a raíz de esto viene el broche de oro de esta edición: el prefacio que Hugo escribió en 1832, tres años después de la publicación original de la novela, y que Austral ha traducido a modo de posfacio.

¿Qué tiene de especial este prefacio tardío? Que en él Hugo dio la cara por su obra y decidió dejarse de novelas y metáforas. Decide dar explicaciones y atacar de frente a todos aquellos que le atacaban a él por sus ideas. Es un texto aguerrido, ofendido, contundente y defensor de sus ideas, donde rebate todo aquello que argumentan en contra suya con datos, ejemplos y conclusiones sobre el sinsentido de la pena capital. Estaba enfadado y, aunque creía que había conseguido lo que quería conseguir con esta publicación, necesitaba poner los puntos sobre las íes.

No quiero extenderme más, que este es de esos libros que engañan: finitos en apariencia, pero sobre los que se podrían comentar cientos de cosas. Quien haya tenido en las manos una edición de Austral Básicos sabe que son unos libritos que caben en la palma de una mano, tal y como se puede ver en la foto de arriba. Pequeños en tamaño, grandes en contenido, y por tres euritos de nada. Así que quien quiera leer clásicos y no quiera gastarse dinero en ediciones mucho más caras no tiene excusa, porque Austral lo pone muy fácil.


Victor Hugo (Besançon, 1802 - París, 1885) se inició en la literatura con obras de poesía a las que seguirían las novelas Hans de Islandia y Bug-Jargal. En 1827 publicó Cromwell, un drama histórico en el que Hugo empezó a plantear libertades respecto a las restricciones del clasicismo.

El periodo comprendido entre 1829 y 1843 fue el más prolífico del autor, y a él pertenecen obras como Hernani y Nuestra Señora de París, una crítica a la sociedad parisina del momento, que le lanzaría a la fama y le granjearía el nombramiento como miembro de la Academia Francesa en 1841.

La trágica muerte de su hermano y el estrepitoso fracaso de Les Burgraves en 1843 le llevaron a retirarse de la literatura y centrarse en la política. Republicano confeso, se vio obligado a exiliarse en Bélgica tras la derrota de Napoleón III. Fue en los años de exilio cuando escribió algunas de sus obras más relevantes, como Los miserables y Napoleón el pequeño, en las que queda patente su firme oposición al régimen monárquico y las injusticias que este había impuesto en la sociedad francesa.

Victor Hugo regresó a París en 1870 y prosiguió con su actividad literaria y política hasta su muerte. Su extensa obra lo ha consagrado como una de las figuras más relevantes e innovadoras del Romanticismo.   

30 comentarios:

  1. Yo tengo varias ediciones de estas por casa, y lo cierto es que les tengo mucho cariño. No conocía esta que reseñáis hoy, pero me ha dejado patas arriba el dato de la última ejecución por guillotina. Y desde luego, no me importaría nada leer las sensaciones de este condenado.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuando lo descubrí me quedé igual. Parece que estamos hablando de algo de hace siglos y hace 40 años seguían pasando a la gente por la cuchilla. Los pelos de punta. Estas ediciones son una cucada. Pequeñas, baratísimas y con auténticos clásicos de calidad. Me haré con alguno más pronto.

      ¡Besote!

      Eliminar
  2. No lo he leído pero no me importaría, me parecen buenas las estas ediciones de Austral y son económicas :-)
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Economiquísimas, más baratas imposibles. Y el contenido de gran calidad. Si lo lees espero que te parezca tan interesante como a mí :)

      ¡Besote!

      Eliminar
  3. Super interesante!!! Y una reseña muy completa. Me ha gustado mucho. Siempre es buen momento para leer a Víctor Hugo. Saludos des locura de lectura

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias! Victor Hugo es un imprescindible y hay que sacarle hueco siempre que se pueda.

      ¡Besote!

      Eliminar
  4. Hola!!
    A mí me gustó muchísimo. Es verdad que la historia en sí no tiene desperdicio, pero es que el prefacio de Victor Hugo es el broche de oro. Yo con este hombre no puedo ser objetiva... todo lo que he leído de él me ha enamorado.
    Un beso ^-^

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una maravilla el prefacio, porque además cobra todo su sentido lo que intenta contarnos en la novela en sí. Yo también lo disfruté muchísimo, y es que es como dices, es difícil no caer rendida a los pies de este señor.

      ¡Besote!

      Eliminar
  5. Éste sí que lo quiero leer. A ver si hago por conseguirlo. Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues espero que si al final te pones con él lo disfrutes mucho. Leer a Hugo es siempre un lujazo.

      ¡Besote!

      Eliminar
  6. Pues creo que me haré con él para tenerlo preparado para leerlo en algún momento, me ha parecido muy interesante.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es de verdad muy interesante y el fiel reflejo de una época además de una causa con la que Hugo estaba muy comprometido. Si finalmente te haces con él espero que te guste tanto como a mí.

      ¡Besote!

      Eliminar
  7. Hola.
    Yo tengo esa misma edición en casa y me lo leí durante un vuelo. Una temática totalmente actual y que todos debemos leer. Victor Hugo está hoy en día más vivo que nunca gracias a la lucidez de sus novelas.
    Un beso :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Verdad que sí? Un genio este señor, y un gustazo leerlo cada vez que se tiene la oportunidad. Quiero releer algunas de sus novelas poco a poco, que las leí hace mucho y me apetece recordar muchas cosas.

      ¡Besote!

      Eliminar
  8. Pues desde luego a mí me has convencido. Te ha quedado una reseña preciosa y voy a ver si me lo busco
    Besos

    ResponderEliminar
  9. Menuda vista para leer esto, no sé. Aunque lo de la guillotina me toca de cerca, no me llama el tema, es como muy macabro en sí. Además eso de los últimos días del condenado está trilladísimo. Lo dejo pasar pero tengo que mirar esa colección.
    Besos

    ResponderEliminar
  10. Hola Miss Hurst,

    Por lo que parece Víctor Hugo utilizaba las novelas como vehículo para denunciar según que hechos!! Leí que Nuestra Señora de París, por ejemplo, es una crítica a las remodelaciones que en aquellos tiempos sufrían las catedrales y otros edificios y monumentos, que llegaban a perder sus elementos estructurales de origen. Por eso en la obra el autor se entretiene tanto es los detalles descriptivos!
    No he leído nada del autor!! Y de esta novela corta ya había leído buenas críticas!! Seguramente comience a conocer la obra del autor a través de ella ;)
    Un saludo!! ;)

    ResponderEliminar
  11. Había escuchado una buena crítica de este libro pero creo que tu reseña aún me deja con más ganas de conocer esta historia, has sido muy ilustrativa y me ha encantado esa pequeña parte histórica que has contado. Además estas ediciones son una monada...a ver si me hago con él pronto.

    Besitos

    ResponderEliminar
  12. Uys, pues este libro no lo conocía. Y es muy interesante. Y con estas ediciones que está sacando Austral, irresistible.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
  13. Me lo apunto porque me has dejado con ganas de leerlo. Gracias por la reseña.

    Besos.

    ResponderEliminar
  14. Una novela muy recomendable inquilinas, gracia por acercárnosla. Besos

    ResponderEliminar
  15. he leído al autor ya algunos libros me han gustado y otros no. No sé qué haré con este

    ResponderEliminar
  16. Ya lo tenía apuntado porque Elena Retamero lo comentó en su canal de youtube, y además de que el tema me parece interesantísimo esos libros son una preciosidad.
    ¡Besos!

    ResponderEliminar
  17. No me importaría leerlo, voy a tenerlo en cuenta.
    Un beso ;)

    ResponderEliminar
  18. ¿Os creéis que no he leído nunca (aún) a Víctor Hugo?
    Estas ediciones de Austral me encantan!! Aunque este título no lo tengo, tengo otros.
    Besos.

    ResponderEliminar
  19. ¡Hola!
    No conocía este libro del autor, no descarto leerlo^^
    Besitos

    ResponderEliminar
  20. Es un clásico muy interesante, lo apunto a ver si lo encuentro. Gracias por vuestra recomendación. Besos

    ResponderEliminar
  21. Peso pesadísimo... Yo aún no me he atrevido la verdad. Besos

    ResponderEliminar
  22. De Víctor Hugo leí Los miserables, novela que me encantó pese a la densidad de la misma. Esta que reseñaís resulta atractiva por el testimonio que se refleja en ella. Besos.

    ResponderEliminar
  23. Vaya, me ha sorprendido mucho que existiera la guillotina aún hace cuarenta años...
    El texto sin duda parece fantástico, no conocía el libro, pero tu reseña me ha cautivad. Me lo apunto.

    Un saludo,
    Laura.

    ResponderEliminar