miércoles, 20 de febrero de 2019

RESEÑA (by MB) ::: EL INVIERNO DE MI DESAZÓN - John Steinbeck





Título original: The winter of our discontent 
Autor: John Steinbeck
Editorial: Nórdica
Traducción: Herederos de Miguel Martínez-Lage 
Páginas: 424
Fecha publicación original: 1961
Fecha esta edición: noviembre 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 22,50 euros

John Steinbeck escribió El invierno de mi desazón en 1961, un año antes de recibir el Premio Nobel de Literatura, y es su última novela. El propio Steinbeck dijo de esta obra que «trata sobre una gran parte de Norteamérica tal como es hoy en día», prestando especial atención a la confrontación entre el dinero producto del trabajo y el heredado.

Steinbeck estudia en esta obra qué es lo que hace que un hombre, Ethan Allen Hawley, empleado y antiguo propietario de una tienda de comestibles, cambie de valores, en apariencia de la noche a la mañana. Ese cambio tendrá lugar, precisamente, el 4 de julio, día de la fiesta nacional estadounidense.

Podemos leer esta novela como una lúcida parábola sobre los valores de Estados Unidos, y de cómo el dinero puede repeler cualquier forma de honestidad.


Un libro grandioso cuyo mensaje sigue plenamente vigente cincuenta años después de la muerte de su autor.

En El invierno de mi desazón, Jonh Steinbeck construye una novela llena de profundidades y capas en la que los personajes poseen esa pátina de mediocridad e intachabilidad que les hace pertenecer a una sociedad, a un pueblo y a una comunidad, y que, conforme se van desprendiendo de sus diferentes envolturas, vemos que hay mucho más. Al final nada o casi nada es lo que parece, pues cuando el dinero es la energía diferenciadora, ella es la que posiciona a las personas en su sociedad, distinguiéndolas en clase y  en pertenencia.

Ethan Allen Hawley es el típico ciudadano medio que vive en la antigua mansión familiar, último vestigio dorado de su poder. Es descendiente de una familia poderosa, los Hawley, balleneros que se asentaron en New Bayton (un pueblo ficticio situado en el estado de Nueva York) y que, junto a otras familias, lograron crecer en prestigio y dignidad a la par que su comunidad.

Todos los Hawley supieron mantener la fortuna de la familia hasta que llegó el padre de Ethan, quien por culpa de su carácter confiado y unos consejos desacertados y desafortunados, perdió todo por medio de unas inversiones desastrosas salvo su mansión, que retuvo y conservó para las siguientes generaciones. Es en este momento temporal cuando conocemos a Ethan Allen Hawley y somos testigos de cómo se encuentran y adónde han llegado los antiguos potentados balleneros: a Ethan solo le quedan la mansión y el puesto de dependiente en el colmado, una tienda de ultramarinos que perteneció a su familia y que también perdió su padre. 

A pesar de su pasado, y ya sea por pereza o confort, Ethan es un hombre felizmente casado junto a su bella esposa Mary, y con dos hijos adolescentes, Ellen y Allen. Su vida transcurre plácida y rutinariamente en el pueblo que lo vio nacer, en su puesto de trabajo y junto a su familia. Las facturas son pagadas cada mes y no siente la necesidad de salir de ese bucle vital, rutinario y diario en el que tanto el trabajo como la familia absorben sus días, y en el que fantasea y se vanagloria de las antiguas hazañas de su abolenga familia. 

Pero este discurrir de días tiene un plazo y un final. Para la familia Hawley supone el clic que les hace despertar y metamorfosearse de una u otra manera; todos participan de este proceso evolutivo del que no sabemos si les encamina hacia un futuro incierto o hacia su pasado dorado. Con este fin se reunen varios elementos, siendo uno de ellos la llegada de un dinero procedente de una herencia. Aunque este dinero no les restituye su fortuna, les transmite un mundo de posibilidades que abarca desde inversiones locales a un colchón de seguridad.

Y así, lo que parece una cuestión nimia de fácil resolución, en el fondo es el resorte que cambia las vidas de esta buena familia, empezando por Ethan, un hombre servicial y atento con su comunidad, que vive investido de una intachabilidad e integridad que utiliza como empoderamiento y pertenencia a una comunidad que, a pesar de su mala fortuna, lo acoge en igualdad de condiciones. Sin embargo, las tentaciones lo rodean con distintas máscaras, ya sean las insinuaciones de Margie Young-Hunt o las proposiciones de algunos agentes comerciales. En su vida comienzan a convivir las corruptelas junto a su honestidad, y estas situaciones no son ajenas a su familia, que participa de ellas en mayor o menor medida. El bueno de Ethan parece que está por encima de todas estas minucias (que reconoce al mismo tiempo que le divierten), pues en su mente ya ha germinado un plan, un gran proyecto que lo devolverá a los vestigios pasados: por fin ocupará el lugar que le corresponde.

Y con todo y con esto, ya sea en su rutina diaria vendiendo productos y comestibles o en su vida interior, acompañamos al protagonista en su camino transformador por medio de sus reflexiones y en los pasos que da, pasos que al final intuimos que lo conducirán hacia la recuperación de su grandeza pérdida. Así es como vamos descarnando capa a capa al personaje hasta quitarle todos sus envoltorios para descubrir que, debajo de esa brillante honestidad, existe y cohabita otro hombre que no se manifiesta entre los suyos y que, al igual que otros, también tiene su precio... precio que está dispuesto a pagar a pesar de todas las elucubraciones y pesadillas. Al final el resultado también justifica sus medios y los sacrificios de otros, ya sean los de su amigo, Danny Taylor o los de su jefe, Marullo.

En El invierno de mi desazón encontramos una novela testamentaria e impresionante en la que John Steinbeck nos señala la pérdida de valores de la clase media en pos de una evolución kafkiana, donde el dinero es el instrumento que mide y posiciona a sus miembros en la sociedad, y donde la integridad y la honestidad todavía emergen de corrientes soterradas que son las verdaderas instrumentalizadoras del cambio que llega para quedarse. En esta novela se reconocen y se dimensionan la magnitud y la profundidad del escritor atemporal y eterno.

Solo queda dar las gracias a la editorial Nórdica por traérnosla y recordárnosla en esta maravillosa y cuidada edición.



  
John Steinbeck (Salinas, 1902 - Nueva York, 1968). Narrador y dramaturgo estadounidense. Estudió en la Universidad de Stanford, pero desde muy joven tuvo que trabajar duramente como albañil, jornalero rural, agrimensor o empleado de tienda. En la década de 1930 describió la pobreza que acompañó a la Depresión económica y tuvo su primer reconocimiento crítico con la novela Tortilla Flat, en 1935.

Sus novelas se sitúan dentro de la corriente naturalista o del realismo social americano. Su estilo, heredero del naturalismo y próximo al periodismo, se sustenta sin embargo en una gran carga de emotividad en los argumentos y en el simbolismo presente en las situaciones y personajes que crea, como ocurre en sus obras mayores: De ratones y hombres (1937), Las uvas de la ira (1939) y Al este del Edén (1952). Obtuvo el premio Nobel en 1962.

lunes, 18 de febrero de 2019

RESEÑA (by MH) ::: ESCÓNDETE - Lisa Gardner




Título original: Hide
Autora: Lisa Gardner
Editorial: Suma
Traducción: Sandra Chaparro
Páginas: 448
Fecha publicación original: 2007
Fecha esta edición: noviembre 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 17,90 euros
Diseño de cubierta: Pino Sartorio


Tienes motivos para tener miedo
En una sala subterránea de un hospital psiquiátrico abandonado de Massachusetts, el hallazgo de seis cuerpos de mujer momificados resucita la peor pesadilla del agente Bobby Dodge: el regreso de un asesino que creía muerto y enterrado.


No puedes esconderte
Annabelle Granger lleva huyendo desde que recuerda. Su infancia transcurrió en una nebulosa de nuevas ciudades y falsas identidades, pero nunca supo de qué o de quién se ocultaba su familia. Ahora, uno de los cadáveres desenterrados lleva al cuello un colgante con el nombre de Annabelle. Y ella ya no está dispuesta a seguir corriendo.


Sabes que te encontrará
Dodge es consciente de que el único modo de descubrir al criminal es resolver antes el misterio de Annabelle Granger y para ello ha de hacer equipo con su antigua amante y amiga, la detective D.D. Warren. Pero el rastro les conduce a una mujer del pasado de Bobby que puede ser casi tan peligrosa como el asesino...

Llevo varios años leyendo reseñas de la serie de Lisa Gardner protagonizada por Tessa Leoni, y lo que siempre pasa, hay ganas de leerla, pero es que ya van por la tropecientos-no-sé-cuántos de la serie (bueno, la tercera o la cuarta, que me sale el lado exagerado), y como me gusta empezar por el principio, lo he ido dejando pasar. Cuando se anunció Escóndete, la supuesta primera novela de la serie de la detective Warren, pues no me lo pensé, y hoy vengo a contaros qué tal. Y digo supuesta porque no es verdad, es la segunda parte de la serie. Fue publicada en 2007 tras Alone (2005), y por si a alguien le interesa, ya van publicados como once o doce...

La trama empieza con el descubrimiento de una cámara subterránea en los terrenos del antiguo hospital psiquiátrico de Mattapan (Boston). Dentro de esa cámara aparecen los cadáveres de seis niñas asesinadas al menos un par de décadas atrás, y la sargento a cargo de la investigación, D.D. Warren, no duda en requerir la presencia en la escena del crimen de Bobby Dodge, antiguo amante y miembro de la policía estatal, por la aparente relación de este caso con uno que forma parte del pasado del propio Bobby. El tiempo apremia, no hay pistas salvo un guardapelo con el nombre grabado de Annabelle M. Granger en uno de los cadáveres, el hallazgo pronto se filtra a la prensa, y a todo el departamento de policía de Boston le espera muchos días con sus noches sin dormir intentando resolver un caso del que apenas hay hilos de los que tirar. Bobby podría haberse retirado tras confirmar la relación entre los casos, pero decide quedarse y se une a la investigación en curso.

Por otro lado tenemos a Annabelle. Realmente os he dicho arriba que la historia comienza con la aparición de la cámara de los horrores, pero no es del todo cierto. Empieza con la historia de una niña de siete años a la que, un día de octubre de 1982, sus padres metieron en un coche y que desde entonces vivió en permanente huida, de ciudad en ciudad, de estado en estado, siempre con nombres falsos y siempre escondiéndose, aunque Annabelle jamás llegó a saber por qué. Solo sabía que la estaban protegiendo y que su padre la entrenaba para poder defenderse de cualquier ataque. Esa Annabelle niña ahora tiene más de treinta años, tanto su padre como su madre han muerto, y hace años que volvió a Boston, pero jamás volvió a usar su nombre y jamás volvió a tener una vida normal: dejó de huir pero sigue escondiéndose, aunque no sabe de qué se esconde. Vive bajo el nombre de Tanya Nelson, y así hubiese seguido para siempre de no haber visto en las noticias que uno de los cadáveres aparecidos en esa cámara llevaba un guardapelo con su nombre... su nombre auténtico, Annabelle M. Granger, un regalo que le hizo a su mejor amiga de siete años justo antes de desaparecer en 1982. Es el momento de salir a la luz y acudir a la policía, le lleve eso donde le lleve.

Si algo me ha sorprendido del libro es el modo en que está repartido el protagonismo de los personajes, y es que choca bastante que esta sea la segunda novela de la detective Warren (ya ascendida a sargento) cuando es la que menos pinta en la historia. La trama fluctúa casi todo el tiempo entre Annabelle y Bobby Dodge, y aunque Warren está ahí, obviamente, no parece en absoluto la protagonista de la serie que lleva su nombre... y si os digo la verdad, a mí no me ha importado. Annabelle es la reina del show en estas páginas y es un personaje muy interesante, y Bobby también ocupa su espacio sin problemas como contrapartida en el departamento policial. El libro se puede leer en apariencia sin ningún problema sin haber leído el primero, y supongo que D.D. Warren tendrá más protagonismo en otras entregas de la serie (en las que espero que siga saliendo Bobby, por cierto).

La novela avanza todo el rato en una misma dirección: hay que desentrañar el misterio de Annabelle y su familia para descubrir la conexión que tienen con el asesino de la cámara del hospital psiquiátrico. La relación está ahí, pero el padre de Annabelle cubrió de tal manera su rastro que resulta casi imposible desenredar la madeja; es como si la familia Granger jamás hubiera existido, y de Annabelle pueden recibir poca ayuda. Jamás fue informada de lo que pasaba, era solo una niña, y sus padres murieron sin dejar nada atrás que desentrañase el misterio de la huida y la ocultación. La paranoia por esconderse era tal que hace tiempo que ella simplemente cree que su padre estaba loco, y la policía de Boston, por más que busca, solo encuentra callejones sin salida. Así nos tiramos dos tercios largos del libro. Y aquí es donde viene, precisamente, la única pega que le voy a poner a la historia. 

Existe un recurso en el género negro o el thriller con el que yo, particularmente, no comulgo mucho: el del personaje Mesías (bueno, yo lo llamo así, no existe como tal oficialmente hablando, claro). ¿Qué caracteriza a este personaje? Pues que hay que hablar con él pero no se consigue por unas cosas o por otras, y cuando por fin se consigue, resulta que, vaya por Dios, tenía la clave de todo desde el principio, la desglosa de pé a pá en tres páginas y tú como lector te quedas con cara de que te podías haber ahorrado las 350 anteriores. En resumen: el gran misterio se resuelve por el testimonio de un personaje convenientemente apartado de la investigación durante casi todo el libro y la investigación en sí misma resuelve más bien poco. Pues aquí tenemos personaje Mesías, y con lo que estaba disfrutando del libro, eso me ha hecho torcer un poco el morro y poner los ojos en blanco. Perdono a la Gardner porque el libro en sí es muy entretenido y los personajes me han gustado, pero ella misma sabía que eso era una pirula al lector porque lo deja caer de boca de uno de los personajes.
Por lo demás, el libro se lee casi en dos sentadas, los personajes son creíbles dentro de las licencias que se tiene que tomar el género, y es muy entretenido, que es lo que al final cuenta. Y reconozco que lo que más me ha gustado es el retrato que hace de Annabelle, una mujer que lo único que ha aprendido en la vida es a no vivirla, siempre ocultándose sin saber de qué se oculta, y viviendo bajo las mismas premisas que sus padres le inculcaron sin saber cómo romper esa cadena de comportamiento. No sabe de qué o quién tiene que tener miedo, jamás se lo dijeron, y por tanto tiene miedo de todo y de todos mientras sobrevive en su burbuja. En cuanto al asesino, no voy a decir que no lo había visto venir desde su primera aparición porque mentiría, pero de los detalles, su identidad y la conexión no tuve ni idea hasta la revelación del Mesías, y eso sí ha supuesto toda una sorpresa porque nada en el libro te hace presuponer que los tiros vayan por ahí (como no podía ser menos, de eso se trataba, ¿eh, Gardner? xD).

No os quiero contar nada de la trama en sí ni de la investigación, así que lo dejo aquí. En definitiva, Escóndete es todo un page turner con sus cosillas, cosillas que a algunos lectores les darán igual y a otros pues no tanto, pero lo que es el libro en sí da lo que promete: unas horas de lectura intrigante y rápida con unos personajes que te hacen querer leer más sobre ellos. Yo seguiré con la serie si se sigue publicando (que espero que sí).


  
La autora superventas Lisa Gardner comenzó trabajando en hostelería hasta que, cansada de quemarse el pelo en los fogones, decidió dedicarse a su pasión: escribir. Confiesa que la fase que más disfruta cuando comienza un libro es la de documentación, y ha convertido su interés por los procedimientos policiales, las técnicas forenses más revolucionarias y las tramas imprevisibles en 17 novelas de suspense que se han convertido en éxitos internacionales. Lisa vive en Nueva Inglaterra con su familia y sus dos perros.

viernes, 15 de febrero de 2019

RESEÑA (by MB) ::: UN AÑO EN LOS BOSQUES - Sue Hubbell




Título original: Living the questions 
Autora: Sue Hubbell 
Editorial: Errata Naturae
Traducción obra: Miguel Ros González
Prólogo: J.M.G. Le Clézio
Traducción prólogo: Regina López Muñoz
Páginas: 304
Fecha publicación original: 1983
Fecha esta edición: mayo 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,50 euros 
Imagen de cubierta: William Britten / Getty Images



Sue Hubbell, bióloga de formación, trabajaba como bibliotecaria en una importante universidad americana y llevaba una vida normal, seguramente demasiado normal. Un buen día, definitivamente harta de la omnipresente sociedad de consumo norteamericana, tanto ella como su marido deciden que quieren otra vida, más rica, más plena, más cercana a sus verdaderos ideales y a la naturaleza salvaje que tanto añoran. Entonces, y con las lecturas de Henry David Thoreau en la cabeza, deciden dejarlo todo y marcharse a vivir a una solitaria y destartalada granja en los bosques de las montañas Ozarks, en el Medio Oeste de Estados Unidos.

Sin embargo, al poco de llegar, el marido de Sue decide abandonarla. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer enfrentada a las montañas, al invierno, a los coyotes, a las motosierras y, algunos días, a la soledad, pero sin perder jamás el sentido del humor y una mirada infinitamente curiosa y prendada por la belleza salvaje que la rodea. La historia de una mujer que construye por sí sola una nueva forma de felicidad y que, de paso, nos descubre, como bióloga y amante de la naturaleza, los secretos de todas las criaturas vivas con las que convive cada día. La historia, por tanto, de una verdadera revolución vital: la búsqueda de una nueva existencia en la que es la propia naturaleza quien le ofrece el conocimiento para decidir quién es ella misma.
«A menudo he soñado con un libro en el que cupiera toda la naturaleza y que me hiciera tan feliz como cuando en otros tiempos leía a Virgilio, junto al mar, a la sombra de los olivos. Un libro en el que la poesía fuera como una respiración, en el que el lenguaje nos acercara su música. Creo que Un año en los bosques de Sue Hubbell es ese libro»  J. M. G. Le Clézio, Premio Nobel de Literatura
 Mis trescientos enjambres de abejas están desperdigados por las colinas del sur de Misuri, en colmenares situados en los pastos de los granjeros o en los límites de sus arboledas. Todos los años doy a cada familia que tiene uno de estos colmenares un galón de miel en concepto de alquiler, aunque a la mayoría de granjeros le gusta tener enjambres en sus tierras, pues las abejas polinizan sus plantaciones y los tréboles de sus pastos.
Un año en los bosques, de Sue Hubbell, es una ventana con vistas a la naturaleza más primigenia donde la belleza salvaje encierra todo un universo vivo, simbiótico, en el que todos los seres vivos, ya sean plantas o animales, crean y construyen simplemente por el hecho de realizar sus funciones vitales, y que solo las personas que se detienen a observar tales funciones se maravillan por la grandeza que supone participar en tales procesos.

Sue Hubbell era una bióloga y apicultora ecológica que poseía "una granja de abejas" en las montañas de Ozarks, en el medio oeste de los Estados Unidos. Junto a su marido dejó una vida cómoda en la universidad para vivir su sueño, ser apicultores en las montañas, y cambiaron su estilo de vida por uno donde la belleza y la sencillez de la naturaleza impregnó sus vidas. 

Durante un tiempo compartieron el mismo sueño hasta que su marido lo dejó para recorrer otros caminos, pero a Sue Hubbell, no pareció afectarle esto gravemente, pues ella ya había quedado atrapada en la belleza salvaje de sus montañas convirtiéndose con el tiempo en La Dama de las Abejas, parte importante de la simbiosis estructural que formaba su ecosistema.

Con Sue Hubbell recorremos las cuatro estaciones en su día a día como apicultora (todos sus enjambres estaban desperdigados por las montañas). Además, como buena bióloga que era, Sue, detallaba a aquellos seres, ya fuesen personas, plantas o animales, que pululaban y compartían su espacio, siempre desde ese respeto reverencial que supone observar a la par que se admira tal majestuosidad natural. 

Cada estación del año era un descubrimiento, un renacer cargado de sabiduría que nuestra protagonista absorbía con la humildad y la grandeza de las personas que son capaces de observar y compartir un espacio vital donde tienen cabida todos los seres vivos, incluso aquellos más pequeños como los ácaros y las bacterias. Y así como lo reconocía y lo sentía, Sue también lo trasmitía con sencillez, vitalidad y un sentido del humor que atrapa al lector, que se involucra al tiempo que suspira por esa vida natural. 

Una cosa curiosa del libro es lo actual que es, pues en él encontramos aspiraciones muy presentes y coetáneas a un pensamiento tan contemporáneo como es el de mirar hacia una naturaleza primigenia y salvaje cada vez más frágil porque no hemos sabido observarla con el detalle suficiente que nos haga entenderla y comprenderla. Simplemente la hemos explotado sistemáticamente en aras de nuestro confort. Lo de curioso lo digo porque fue escrito a principios de los 80 y relata las experiencias vividas por la protagonista unos años antes, en la década de los 70. Y aun así, leído cuarenta años después resulta evidente que no ha perdido ni un ápice de esa actualidad y frescura que envuelve a la belleza eterna e imperecedera de esos bosques.

Con todo, y a pesar de lo anterior, es comenzar a leerlo y sumergirte en un universo atemporal y natural donde solo las estaciones del año regulan los ritmos y los procesos de los seres que habitan en ese paraíso terrenal. Y al lector no le queda otra que enredarse y adecuarse a esa naturaleza al tiempo que se involucra con los aprendizajes y descubrimientos que la autora tenga a bien enseñarle, ya sean los azulillos índigo, los mosqueros, los chotacabras o los herrerillos, o plantas, ranas, serpientes, arañas, insectos, ácaros y bacterias. Hubbell fusionaba estos conocimientos con el mundo de las abejas, y por eso conocemos de primera mano todo lo que conllevaba ser una apicultora en las montañas, un trabajo tan real como sensible conectado al respeto y la sencillez. 

Al final,  solo puedo decir que todo este universo físico y natural tiene cabida en Un año en los bosques gracias a una autora que supo ofrecer al lector toda la naturaleza que ocupaba su granja de ciento cincuenta acres al tiempo que conseguía que se interesase por ella. Es un libro para leer y releer cada vez que queramos que la naturaleza en todo su esplendor vuelva a nosotros... y mientras lo digo pienso en alguien muy querido, que cuando leyó a Thoreau, se perdió por Los bosques de Maine, y al que le encantaban las abejas, y que seguramente se reencontrará con Sue Hubbell en este tipo de libros donde el ser humano convive en igualdad con otros seres que son tan diferentes como majestuosos e impresionantes. 

A todo estoy hay que añadir el maravilloso prólogo de J.M.G. Le Clézio, quien supo captar toda la sutileza y sensibilidad de Hubbell. En definitiva, nos encontramos ante una joya valiosa e imprescindible, llena de amor, sabiduría y aprendizaje. 

Y a mí,  solo me queda dar las gracias a la persona que supo ver que este libro encajaba perfectamente conmigo y me lo hizo llegar.




Sue Hubbell nació en Kalamazoo, Michigan, en 1935. Tras licenciarse en Periodismo en la Universidad del Sur de California trabajó como librera y bibliotecaria, mientras desarrollaba su compromiso como activista por la paz en diversas organizaciones. En 1973, sin embargo, decide cambiar radicalmente de vida: abandonar su trabajo y la vida urbana, reducir sus ingresos y también sus gastos, de modo que, además, se redujeran los impuestos que debería pagar a un gobierno que seguía amparando la injustificable Guerra de Vietnam. 

Se marcha entonces a vivir a un remoto lugar de las Montañas Ozarks, en Misuri, donde crea un pequeño negocio de apicultura respetuoso con el bienestar animal y el medio ambiente. Allí escribe Un año en los bosques, considerado hoy en día un libro clásico de la llamada nature writing y del movimiento del decrecimiento, y que ha recibido innumerables elogios a lo largo de varias décadas. 

También es autora de libros como A Book of Bees: And How to Keep Them (1989), Broad Sides from the Other Orders: A Book of Bugs (1993), Far-Flung Hubbell: Essays from the American Road (1995), Waiting for Aphrodite: Journeys Into the Time Before Bones (1999), Shrinking the Cat: Genetic Engineering Before We Knew about Genes (2001) o From Here to There and Back Again (2004). Igualmente, Hubbell ha sido colaboradora habitual de publicaciones como The New Yorker, The New York Times, Times Magazine, Harper’s o Smithsonian.

Falleció el 13 de octubre de 2018, a la edad de 83 años, por causas derivadas de la demencia que padecía.

miércoles, 13 de febrero de 2019

RESEÑA (by MH) ::: LADY MARY - Margaret Oliphant




Título original: Old Lady Mary. A Story of the Seen and the Unseen 
Autora: Margaret Oliphant 
Editorial: El Nadir
Traducción: María Inglés 
Páginas: 101
Fecha publicación original: 1885
Fecha esta edición: 2009
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 15 euros 
Ilustración de cubierta: René Parra



 
Una broma pesada, una muerte imprevista, y unos efectos indeseados, son los materiales de los que Margaret Oliphant se sirve para contar la historia de un malentendido. Un error de tanta envergadura que subsanarlo, implicará que su protagonista atraviese una frontera. Lady Mary es una novela de aparecidos que entronca con la tradición del gótico inglés en el que su autora se mueve como pez en el agua. La novela envuelve al lector en una atmósfera de “visitante”, un invitado en la mansión en la que todo tendrá lugar. Sus personajes son encantadores, en especial la juguetona anciana Mary que da título al relato. Pero Oliphant no se engaña respecto a las pasiones humanas y al irrefrenable deseo de vida de la protagonista, cuyos rasgos de bondad y placidez se ven aplastados por un narcisismo infantil que acarreará graves consecuencias. Diálogos chispeantes, descripciones precisas y bellas y una atmósfera de extraña cotidianeidad, hacen de Lady Mary una pequeña joya literaria en el mundo de los fantasmas.
Hoy os traigo una novela corta clásica de fantasmas... corta la novela y más corta (o esa es mi intención) de lo habitual la reseña, porque la vida en estos días no me da para más. Aun así, hoy miércoles tocaba reseñar, yo soy muy cumplidora (además de cabezona), y mejor o peor, quería traeros algún librete. Su autora, Margaret Oliphant, es de esas escritoras victorianas de las que nos ha llegado más bien poco en castellano (poco, poco). Si os digo que escribió más de cien novelas (habéis leído bien, más de cien... tras quedarse viuda tenía que ganarse la vida y algunos años publicaba hasta cuatro libros), y eso sin contar sus relatos, biografías, artículos... ¿no os parece sorprendente, cuando menos? ¿Por qué siempre vemos en las librerías los mismos clásicos a los que solo les cambian la portada cuando hay tantos y tantos autores clásicos completamente ignorados en castellano? Sé que siempre reivindico lo mismo, soy muy pesada, lo sé. No me lo tengáis en cuenta xD.

La premisa de la historia es sencilla. Lady Mary es una anciana de casi noventa años que tiene tan buena salud que cree que nunca va a morir, así que por mucho que la gente de su alrededor le pide que haga testamento, ella se ríe y dice que ya habrá tiempo de hacerlo, ¿a qué vienen tantas prisas? Con ella vive su pupila, también llamada Mary, a la que ha criado desde que era una niña y que se quedará en la calle si lady Mary no le deja nada en el testamento. Un día le da el puntazo, escribe el dichoso testamento, pero por aquello de genio y figura hasta la sepultura, no le dice a nadie que lo ha escrito y lo esconde bien escondido... ¡qué broma más graciosa le va a gastar a la gente cuando vuelvan a insistirle que escriba el testamento y ella enseñe que ya está escrito!

Sí, estáis imaginando bien lo que pasa. Como no podía ser menos, lady Mary muere de repente, no le ha dicho a nadie que ha escrito el testamento ni dónde está escondido, y se va al otro mundo con remordimientos por lo tonta que ha sido y por una broma tan poco graciosa que ha dejado abandonada a su suerte a su pupila. Debe encontrar el modo de comunicarse con los vivos para que el escondite del testamento sea descubierto, y cuando en una especie de ¿purgatorio? le dan la opción de volver como fantasma, acepta. Lo que no imagina es lo complicado que va a resultar su tarea cuando solo pueden verla seres inocentes como los bebés y los niños, cuando no puede hablar y expresarse, o cuando el tiempo para los vivos y los muertos transcurre de un modo muy diferente, y lo que para ella son minutos para su pupila son años viviendo de la caridad de los demás... incluso se entera de lo que la gente piensa sobre ella una vez muerta y de lo que dicen cuando creen que nadie les está escuchando, y eso a veces duele.

Como veis la novela está dividida en dos partes. En la primera la protagonista absoluta es lady Mary, y en ella la autora nos hace un retrato nítido y categórico de esta mujer que se pone el mundo por montera y que la da igual ocho que ochenta. A sus noventa años y con su posición social, a ver quién es el listo que le tose. En la segunda lady Mary ha pasado a mejor vida, pero sigue en la historia como fantasma compartiendo protagonismo con su pupila, Mary, y en ella vemos sus intentos por hacerle comprender a alguien dónde está escondido el testamento. Si tengo que ponerle una pega al libro es el comienzo. El primer capítulo es muy pesado, muy denso, demasiado introductorio y explicativo y con párrafos de páginas y páginas... se hace un poco cuesta arriba leerlo. Pero si alguien se decide a leerlo, que pase ese trago lo mejor que pueda y siga, que no deje el libro, porque prometo que a partir del segundo capítulo, cuando ya empiezan a ocurrir cosas, la narración y el ritmo mejoran muchísimo (iba a decir que todo mejora cuando lady Mary muere, pero no quiero parecer una bruja desconsiderada xD).

Tal y como os decía arriba, esta es una historia de fantasmas, pero no tanto una historia gótica. Y de serlo, sería con muchos matices que la diferencian de los relatos góticos victorianos a los que estamos acostumbrados. En estos últimos los protagonistas siempre son mortales que se enfrentan a una situación con tintes sobrenaturales, y el fantasma, de haberlo, suele ser malvado, encanta casas, atrae incautos para matarlos del susto... Vamos, en las novelas góticas victorianas habituales, el fantasma está para asustar, matar, o ambas cosas, pero no suele ser el protagonista (dejemos aparte al fantasma de Canterville de Oscar Wilde). Aquí no, aquí el fantasma es una buena mujer que, después de fallecer, quiere remediar un error terrible, y en el purgatorio le es concedido el deseo de volver a la tierra como espectro hasta que consiga solucionarlo. No hay escenas impactantes, no hay sustos de muerte. Todo transcurre con normalidad porque la razón de ser de este fantasma es una buena acción y la finalidad de la historia es saber si consigue llevarla a cabo, y por ello es una de las dos protagonistas de pleno derecho, cosa que ahora nos puede parecer lo más normal del mundo pero en el siglo XIX no era así.

Lady Mary cuenta con solo cien páginas pero muy bien aprovechadas. No es de esas lecturas imprescindibles, pero sí de esas que se leen con gusto y que se disfrutan. Oliphant cogió a una protagonista de armas tomar, una mujer de edad avanzada fuerte y con mucho carácter a la que poco le importaban las habladurías, y construye a su alrededor una historia bonita y curiosa en la que nos da un toque de atención sobre las cosas que hacemos en vida y que cuando morimos poca solución tienen; esto lo salpica con un poco de contexto y denuncial social, con un buen meneo de elemento sobrenatural, y un espolvoreo de buenas intenciones que le dan el punto justo de condimento a una trama que se recupera sin problemas del comienzo farragoso y llega un punto que se lee del tirón. Por poner un ejemplo, toda la parte en la que lady Mary se despierta en un mundo que ya no es el de los vivos, y cómo se da cuenta de que está muerta, la gente que se va encontrando... me parece preciosamente escrito y muy bien narrado.

Si os gustan las historias clásicas victorianas con fantasmas y un punto sobrenatural, pero sin llegar a adentrarse demasiado en el terreno gótico, es una lectura interesante, bonita y agradecida :)





Margaret Oliphant nació en 1828 en Wallyford (Escocia) y falleció en Wimbledon en 1897. Creció en un ambiente que favoreció su interés por los juegos literarios y publicó su primera novela en 1849. A pesar de llevar una vida personal dura, en la que la enfermedad, la muerte y las necesidades económicas, la acuciaron, no se dejó derrotar. Tras la muerte de su esposo en Roma, regresó a Inglaterra para dedicarse a escribir como forma de manutención, y logró gran fama, siendo muy conocida por sus relatos góticos, dotados de una maestría particular. A lo largo de su vida escribió más de cien artículos para el Blackwod´s Magazine, famosa revista en la que escribieran Edgar Allan Poe y Nathaniel Hawthorne.

lunes, 11 de febrero de 2019

RESEÑA (by MB) ::: PRECIOSA POLLY PEMBERTON - Frances Hodgson Burnett




Título original: Pretty Polly Pemberton 
Autora: Frances Hodgson Burnett 
Editorial: dÉpoca
Traducción: Rosa Sahuquillo y Susanna González
Introducción: Blanca Briones 
Páginas: 180
Fecha publicación original: 1878
Fecha esta edición: noviembre 2018
Encuadernación: cartoné
Precio: 18,90 euros 
Ilustraciones interiores: Peterson's Magazine y Journal des Demoiselles






Inglaterra, 1877. El joven Gaston Framleigh, oficial de la Guardia, descubre que al otro lado de la calle, en una pequeña y humilde casita, reside una encantadora y vivaracha joven por la que se siente absolutamente cautivado... hasta que descubre su profesión: la preciosa Polly Pemberton es actriz de teatro, actividad del todo inadmisible a los ojos de un joven de noble cuna tan arrogante y engreído como él. No obstante, y a pesar de la mutua antipatía inicial, pronto empiezan a ser frecuentes sus visitas a la casa de los Pemberton, donde Gaston es bien recibido por la preciosa Polly —que reside junto a su aya y su poco respetable tío— hasta que ambos son advertidos del exceso e inconveniencia de dichas visitas.

Antes de que las habladurías alcancen cotas indeseadas, Polly, de carácter decidido y orgulloso, decide tomar cartas en el asunto, y la tirante relación entre los dos vecinos tomará nuevos derroteros… Sin embargo, las circunstancias y las amistades mutuas no se lo pondrán nada fácil para ignorarse el uno al otro.
De modo que, si tienen ustedes el hábito de dedicar su tiempo a leer historias románticas, habrán sabido al instante que, al anunciar el capitán Gaston Framleigh -en el primer capítulo- que estaba observando a una joven en un jardín, la joven en cuestión no habría aparecido en ese jardín sin el propósito de que sufriera o suspirara, se riera y se alegrara para su propio bien y el del capitán Gaston.
Con este precioso párrafo, Frances Hodgson Burnett nos introduce en otra joya literaria de la colección Delicatessen perteneciente a la editorial dÉpoca.

Preciosa Polly Pemberton es lo mismo que hablar de un romanticismo torticero y retorcido donde los sentimientos y el amor se desenfocan y se redirigen hacia un amor sufrido y de sentido único, donde los encuentros y desencuentros marcan las vidas de los jóvenes protagonistas: ella, la preciosa Polly Pemberton, actriz orgullosa y digna, y él, Gaston Framleigh, orgulloso oficial y supuesto heredero de una gran fortuna.

Los desequilibrios sociales y mentales están dados y, si a ello se añade el orgullo sumado de ambos, resulta muy difícil que el amor, una vez surgido, florezca y crezca en las mejores condiciones. Nuestros protagonistas resultan ser dos seres tan arrogantes y altivos que cualquier pensamiento negativo, por nimio que sea, les hace acerrojarse en unos procesos mentales tóxicos y convencidos que los dejan más ciegos que otra cosa (peyorativamente hablando, claro).

Hay que agradecer que la historia no resulte tan sencilla como la simple fórmula de chico descubre a chica en el jardín de su casa, esta levanta la vista y los dos quedan prendados por la eterna llama del amor. Si hubiera sido así, la reseña solamente hubiera necesitado dos palabras, tralarí, tralará, y entonces, la editorial dÉpoca no se habría molestado en realizar una edición tan cuidada y esmerada con esas preciosas filigranas e ilustraciones. 

Como iba diciendo, las cosas no van a ser tan fáciles para nuestros protagonistas. La preciosa y altiva Polly es una mujer honesta, llena de recursos y sabiduría que utiliza como herramientas que modelan su vida y la de los demás, ya sea en el plano profesional como en el personal. Polly es el personaje activo que marca los ritmos y los procesos de toda la argumentación, posibilitando así todos los encuentros y desencuentros que se suceden en el peculiar romance.

Vamos, por decirlo a grosso modo, y en lo que respecta al joven oficial Gaston Framleigh, es ella la que va a darle la vuelta como a un calcetín, y a él le da lo mismo si lo ve venir o no, porque se une a este proceso aportando toda su energía y frenesí. Y eso que desde el principio nos encontramos con un Gaston más o menos igual de orgulloso y altivo, pero es que además es indolente, lo que le hace encerrarse en procesos mentales que no le dejan ver más allá del quiero pero no debo, y enredarse para dar los pasos adecuados por los que suspira su corazón desoído. 

Frances Hodgson Burnett fabrica dos personajes que, a pesar de todo, son tal para cual, y así nos lo demuestra a lo largo de su narración. Solo falta descubrir cómo los protagonistas, a pesar de todo, se reconocen y hasta dónde son capaces de llegar en sus autotormentos, pues el argumento se va retorciendo con el transcurrir de las páginas, alejándose de la historia sencilla que intuimos cuando leemos la primera página y vemos el sendero hacia la casa de Polly como un camino trillado de vino y rosas. Conforme se va liando el argumento, se va originando un duelo de voluntades donde las mentes de los protagonistas se enrocan en unos pareceres y dictámenes tan negativos y obstinados que les imposibilita ver y hacer lo que realmente desean. 

Como tampoco es cuestión de dejar a los personajes con un frenesí eterno y autodestructivo, para desenredar su liada madeja, la autora hace llegar a sus vidas otras personas más sencillas y blancas que les hacen reflejarse en sus espejos con el fin de que puedan desactivar de alguna manera sus egos dominantes y reconducir con ello la situación, ayudándolos a encontrarse en su felicidad.

Sin quererlo casi lo he dicho todo. Solo me queda por comentar la contextualización de la historia, la ambientación y la época en que fue escrita, donde el rigorismo y las clases sociales encorsetaban a la sociedad. La grandeza de todo esto es cómo una autora imaginó una historia donde se rompía y se recomponía todo al tiempo que debía encajar las piezas de un puzle delicioso, estructurando y reestructurando a unos personajes para que se acoplasen, se articulasen y acabasen ensamblándose con su historia.

Supongo que fue todo un deleite escribir Preciosa Polly Pemberton, al igual que ha resultado todo un placer leerlo. No hay nada como no dejar de sonreír a lo largo de su lectura y, si eso se acompaña de una edición preciosa y unas ilustraciones maravillosas, pues eso: más y mejor.


Frances Hodgson Burnett (Manchester, 1849 - Knoxsville, 1924) Escritora norteamericana de origen británico. Tras la muerte del padre y debido a la situación familiar que carece de medios económicos, la familia emigró a los Estados Unidos en 1895. Allí se ganó la vida escribiendo poemas y relatos cortos para el público juvenil. A los veintitrés años contrajo matrimonio con el doctor Burnett, con quien tuvo dos hijos.

El éxito le llegó con su libro El pequeño lord Fauntleroy (1885), que escribió inspirándose en su propio hijo. Algunas de sus obras más notables: Sara Crewe (1883), La formación de una marquesa (1901), El jardín secreto (1909).


Posee un estilo elegante y buenas facultades de observación, que hacen interesante incluso desde el punto de vista psicológico y social la lectura de sus obras.