lunes, 23 de mayo de 2022

RESEÑA (by MH) ::: ASESINATO EN MESOPOTAMIA - Agatha Christie


 

Título original: Murder in Mesopotamia
Autora: Agatha Christie
Editorial: RBA
Traducción: Ángel Soler Crespo
Páginas: 240
Fecha de publicación original: 1936
Fecha esta edición: 2010
Encuadernación: cartoné
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)



https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/p/esta-pagina-la-abro-yo-mh-modo-personal.html
En pleno desierto iraquí, en un campamento arqueológico situado junto al yacimiento de Tell Yarimjah, Mrs. Leidner da signos de una creciente manía persecutoria que le pro-voca aterradoras alucinaciones. Aunque nadie da mayor importancia a sus temores, ya que cree que pretenden asesinarla, su marido -el director de la excavación- contrata a una experta enfermera para que cuide de ella. El Dr. Leidner y su equipo sólo compren-den la gravedad del asunto cuando la mujer aparece muerta en su lecho con una horrible herida en la cabeza. En este nuevo caso de Agatha Christie, el detective Hércules Poirot se enfrentará a mis-terios que parecen ir más allá de sus posibilidades. La autora británica mezcla en esta ocasión lo razonable con lo sobrenatural para conducir al lector a un laberinto de sospe-chas, indicios y pistas que alejarán progresivamente la resolución del crimen. Poirot, que contará con la inestimable ayuda de la enfermera Leatheran, deberá aplicar con esmero sus particulares métodos de indagación para dar finalmente con el asesino.
 
Os dije que volvería prontito con otro Agatha Christie y aquí estoy... casi dos meses después. Desde hace tiempo me cuesta un mundo sentarme a escribir reseñas, no me lo tengáis en cuenta. Seguimos en el año 1936 pero nos vamos nada menos que a Mesopotamia. Cómo se va notando desde hace unos libros el cambio de vida que experimentó Agatha desde que en 1930 viajó sola por primera vez a Bagdad, comenzó a visitar zonas arqueológicas, a trabar amistad con los integrantes de las excavaciones y a convertir todo eso en parte de su propia vida durante varias décadas tras casarse con Max Mallowan, con quien viajaba frecuentemente al Medio Oriente. Ya introdujo a dos arqueólogos como personajes y se habló de excavaciones en Muerte en las nubes, y en este libro que hoy nos ocupa ya directamente ambienta su misterio entre los integrantes de una excavación arqueológica en Irak. 
 
La historia, tal como digo, nos lleva al desierto iraquí, donde se está llevando a cabo una expedición arqueológica al mando del doctor Leidner. Su esposa, que lo acompaña en la excavación, lleva un tiempo nerviosa, tiene miedo de algo o alguien que no nombra, ve cosas que los demás no ven... y en una localizacion tan pequeña como esa, en la que todos los miembros de la expedición viven en el mismo edificio y comparten todas las horas del día que no están destinadas al trabajo, resulta incómodo. Por ello el doctor Leidner busca la ayuda de Amy Leatheran, enfermera que queda libre de su trabajo en Bagdad justo en ese momento, y que llega a la expedición para cuidar de la señora Leidner. La enfermera Leatheran encuentra a su llegada un ambiente extraño, tenso, con unas dinámicas entre los miembros de la expedición un tanto raras... hasta que se comete un asesinato de estos que parecen de difícil resolución, a primera hora de la tarde en un lugar con un acceso muy limitado donde siempre hay gente pululando y donde parece imposible que alguien entre y salga sin que absolutamente nadie lo vea. Pero el caso es que el crimen se ha cometido y que hay que resolverlo, y para eso nada mejor que Hércules Poirot, que "casualmente" pasaba por Mesopotamia :)
 
Estamos nuevamente ante un caso de Poirot (y es ya el decimocuarto de su carrera... os recuerdo que, aunque miss Marple es muy famosa, realmente protagonizó muy poquitos libros si tenemos en cuenta la extensísima produccion de su creadora, y salvo una recopilación de relatos, entre su primer caso y el segundo pasaron doce años)... bueno, decía que estamos ante un nuevo caso de Poirot, y como la acción transcurre en Mesopotamia y su aparición está pillada con pinzas (la autora dice en la novela que es una casualidad y aparentemente no se molesta en inventarse una buena excusa... y la palabra clave es "aparentemente", porque era más lista que el hambre e hilaba muy fino. Os explico esto al final, porque de casualidad nada), en esta ocasión no hay Hastings que valga, así que se busca otro narrador que realice las funciones que habitualmente realiza Hastings: la elegida es una mujer, la enfermera Amy Leatheran.
 
La enfermera Leatheran funciona a la perfección como narradora tanto por su precisión en los detalles como por no guardarse ni una sola de sus opiniones sobre cada uno de los personajes que forman parte de esta historia, Poirot incluido (ya sabemos que el detective belga, de primeras, no impresiona a nadie). Además sabe expresar muy bien el ambiente que reina en esta excavación, donde se percibe tirantez, ansiedad, desasosiego y una sensación constante de que algo malo va a pasar (y pasa, claro... de otro modo no estaríamos hablando del libro xD). Me ha gustado también mucho lo bien y sencillo que explica cómo funcionaba una expedición arqueológica en aquella época, el rol que cumplía cada uno de sus componentes, a qué se dedicaban los acompañantes que no tenían una ocupación per sé en la dinámica diaria, la permanente presencia de ayudantes locales pululando por todas partes y la convivencia en un espacio no demasiado grande donde cruzarse con alguien a cada momento era una tónica habitual que hacía casi imposible guardar secretos o mantener una cierta privacidad. 
 
Rencores, desavenencias, resentimientos, enemistades, atracciones, afinidades, posibles romances, conflictos de personalidades... una comunidad pequeña pero muy heterogénea en la que caben todo tipo de sentimientos es caldo de cultivo para un asesinato imposible a priori pero que por razones obvias sí puede llevarse a cabo, y además pronto queda claro que la personalidad de la víctima, los secretos que escondía y el enrarecimiento que ambos factores impulsaba en las relaciones entre todas las personas que la rodeaban será clave para resolver el asesinato. Ya sabemos lo bien que se le dan a la Christie este tipo de situaciones, y llevárselo al desierto es una manera de rodear de más dificultades un asesinato que ya de por sí se plantea complicado... pero como dice Poirot en cierto momento, lo imposible es precisamente lo que investiga más a fondo.
 
Os decía antes que Agatha hilaba muy fino, y os cuento por qué. En la cronología de las novelas protagonizadas por Poirot, justo en este momento no tiene razón de ser que esté así por que así en Mesopotamia, y de hecho la propia Agatha lo justifica como una simple casualidad... pero en realidad no lo es tanto, y como quien no quiere la cosa lanza un detalle al vuelo durante la narración al decir como de pasada que Poirot acaba de resolver un asesinato a bordo de un tren... lo que temporalmente sitúa a Poirot en esta novela poco después de haber resuelto el crimen de Asesinato en el Orient Express, que evidentemente, dada la ruta del tren, le llevaba por aquellos lares asiáticos, y que fue publicado dos años antes. ¿Cómo apaña esto con el hecho de que entre Asesinato en el Orient Express y Asesinato en Mesopotamia se publicasen varios libros de Poirot  con el personaje ya tranquilamente de vuelta en Londres desde hace mucho tiempo? Pues cogiendo una narradora totalmente ajena al universo Poirot que cuenta su historia bastante tiempo después de que ocurriese a petición de otro de los personajes implicados. Así que todo queda ordenadito y mucho más argumentado de lo que nos quiere dar a entender Agatha en el propio libro... y para tonterías como esta, que a vosotros os darán igual pero que te hace feliz descubrir como lectora, se leen las bibliografías en orden. Ya lo he dicho muchas veces. Para esto, para acompañar la progresión de los personajes y para ser testigos de como la vida personal de Agatha se traslada a sus novelas, tanto cuando esa vida le iba bien como cuando le fue mal o como cuando sus nuevas experiencias vitales resultaban el marco perfecto para nuevas intrigas y asesinatos. Suerte que Poirot le salió muy viajero casi desde el principio... :)



Agatha Christie (1891-1976) es conocida en todo el mundo como la Dama del Crimen. Es la autora más publicada de todos los tiempos, tan solo superada por la Biblia y Shakespeare. Sus libros han vendido más de un billón de copias en inglés y otro billón largo en otros idiomas. Escribió un total de ochenta novelas de misterio y colecciones de relatos breves, diecinueve obras de teatro y seis novelas escritas con el pseudónimo de Mary Westmacott.

Probó suerte con la pluma mientras trabajaba en un hospital durante la primera guerra mundial, y debutó con El misterioso caso de Styles en 1920, cuyo protagonista es el legendario detective Hércules Poirot, que luego aparecería en treinta y tres libros más. Alcanzó la fama con El asesinato de Roger Ackroyd en 1926, y creó a la ingeniosa miss Marple en Muerte en la vicaría, publicado por primera vez en 1930.

lunes, 4 de abril de 2022

RESEÑA (by MH) ::: ENCENDER UNA HOGUERA - Jack London


 
Título original: To Build a Fire
Autor: Jack London
Editorial: Reino de Cordelia
Traducción: Susana Carral
Páginas: 88
Fecha de publicación original: 1901 / 1907
Fecha esta edición: abril 2018
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 17,95 euros
Ilustraciones de cubierta e interiores: Raúl Arias

Pocos relatos resumen con tanta perfección el mundo aventurero y salvaje de Jack London como Encender una hoguera En esta versión Raúl Arias transmite con sus ilustraciones la angustia y la soledad de los protagonistas, la ominosa presencia de lo salvaje o el egoísmo humano ante el acecho de la muerte

He estado mirando y solo os he hablado en una ocasión de Jack London. Fue en 2018 y lo hice con un libro que estoy segura muchos lectores han descubierto a partir de marzo de 2020 buscando lecturas relacionadas con virus, pandemias y apocalipsis. Os hablo de la La peste escarlata (os dejo enlazado el título), y os lo recomiendo muchísimo. El caso es que el año pasado quise volver a hablaros de este autor y leí Colmillo blanco para ese efecto, pero ya sabéis que llevo un año y medio raro en el blog y al final se quedó en el limbo (aprovecho, recomendadísimo también... eso sí, nada que ver con la peli de Disney, que forma parte de mi infancia pero no se parece en nada de nada a la novela. Me sorprendió mucho y para muy bien). El caso es que ya hoy sí vuelve London al blog, y lo hace con un relato que define muy bien tanto su experiencia vital como el modo en que luego la trasladó al papel: Encender una hoguera.

Nunca viajes solo. Esta es la consigna para quien quiera viajar por el norte (siendo aquí ese norte el de Canadá, sobre todo la famosa área del Yukón, fronteriza con Alaska, donde tuvo lugar la fiebre del oro de finales del siglo XIX). Los protagonistas de Encender una hoguera hacen caso omiso de esta frase que va más allá del consejo y grita mera supervivencia. Ellos supuran exceso de confianza y falta de sesera. Se consideran fuertes, jóvenes, totalmente capaces de luchar y sobreponerse a cualquier eventualidad que surja en el viaje. El frío es el frío y ya está, ¿no? ¿Cómo va a hacer tanto frío como para que mueras durante el camino? Pues sí... es lo que tiene la naturaleza salvaje combinada con una temperatura extrema: que el cuerpo es muy frágil y no está preparado para sobrevivir a ella, y cualquier error, una decisión equivocada, acaban con tu cadáver bajo un árbol esperando a ser encontrado cuando comience el deshielo... 
 
Habréis visto que os hablo de protagonistas, en plural, cuando en realidad os estoy diciendo que se adentran solos en este mar sin fin de nieve, hielo y frío... Pues es que esta edicion de Encender una hoguera en realidad contiene dos relatos del mismo nombre, así que os cuento un poco sobre ambos, aunque adelanto ya que están encuadrados en el contexto de la fiebre del oro y la necesidad de recorrer grandes distancias para acudir donde están los yacimientos o ciertos grupos de trabajo.
 
London publicó el relato inicial en 1901
en la revista Youth's Companion, y tal y como indica el nombre del magazine, iba dirigido a un público juvenil, por lo que es bastante más sencillo, menos intenso y menos dramático que el que vendría después, publicado en 1907, ya dirigido al público adulto y con una carga mucho más sobrecogedora, trágica y cruel de lo que puede ser enfrentarse a una temperatura de sesenta grados bajo cero en plena naturaleza salvaje y totalmente aislado de todo y todos. Esta última versión fue publicada en Century Magazine y está considerada como el mejor relato del autor. En esta edición se ha decidido por incluirlos en orden inverso, es decir, que primero leemos la versión de 1907 y después la versión original de 1901, pero yo voy a hablaros de ambos en el mismo orden en que fueron escritos y publicados, ya os explicaré abajo por qué (en cualquier caso son relatos de una duración bastante breve, con lo que intentaré desvelar lo menos posible).

La versón de 1901 nos presenta a un joven orgulloso que debe recorrer 50 kilómetros a pie bajo una temperatura de 50 grados bajo cero completamente en solitario... 50 grados que pronto se convierten en más de 60 grados negativos, pero él desoye todos los consejos: es fuerte, cree que domina los elementos, tanta protección y tanta tontería es cosa de señoritas, no de hombres hechos y derechos, y allá que se pone en marcha. Y todo va bien durante la primera mitad de recorrido hasta que se cruza con una nimiedad absoluta: caer en una de esas trampas que forman el agua, la nieve y el hielo y que te hace meter los pies en quince centímetros de agua helada... y unos pies mojados a sesenta grados bajo cero pueden suponer la muerte si no se hacen las cosas muy bien y muy rápido. Otra regla esencial: Viaja con los calcetines mojados hasta -30º C, más allá de eso, enciende una hoguera. Y aquí viene lo peliagudo, conseguir un fuego que suponga la diferencia entre la vida o la muerte sobre un lecho de nieve utilizando madera helada, con tanta ropa encima que no puedes mover los dedos y con una temperatura que si te quitas los guantes esos mismos dedos se te congelan en el acto. Cualquier error podría ser fatal, cada segundo cuenta... 

Y aquí me detengo; no penséis que os he dicho mucho, no lo he hecho. Además quería introduciros el porqué del título del relato, que solo tiene sentido si os cuento un poco de qué va la cosa. En todo caso, os recuerdo que esta es la versión que London escribió para un público juvenil. Ahora vamos con la versión adulta, escrita y publicada seis años después, con unos parámetros parecidos pero mucho más extensa en páginas, un personaje extra y una carga narrativa y argumental mucho más dramática. Pero antes de comenzar, os pongo una cita del inicio del relato, que explica mucho mejor que yo cómo es su protagonista:

Por todo eso -el camino como una línea delgada, largo y misterioso, la ausencia del sol en el cielo, el extraordinario frío y lo raro y extraño que la suma de todo ello resultaba- no afectó al hombre. No porque estuviese acostumbrado. Acababa de llegar a aquella región, era un chechaquo, y ese, su primer invierno en ella. Su problema era que no tenía imaginación. Era listo y despierto para todo lo cotidiano, pero solo en relación a las cosas y no a su significado. Cuarenta y cinco grados centígrados bajo cero eran muchos grados por debajo del punto de congelación. Ese hecho le indicaba que hacía frío y podia resultar desagradable, pero nada más. No lo llevaba a pensar en su fragilidad como individuo dependiente de la temperatura, ni en la fragilidad del hombre en general, capaz de vivir solo dentro de unos límites estrictos de frío y calor; y, a partir de ahí, tampoco lo llevaba al campo especulativo de la inmortalidad y el lugar que el hombre ocupa en el universo. A 45º C bajo cero la mordedura del frío podía hacer mucho daño y había que protegerse de ella usando manoplas, orejeras, mocasines abrigosos y calcetines gruesos. Para él, 45º C bajo cero eran exactamente 45º C bajo cero. Nunca se le ocurrió pensar que pudiesen significar algo más.

Por el fragmento que he compartido arriba podéis ver que estamos ante un hombre totalmente falto de experiencia tanto en la zona en la que está como con las temperaturas a las que se va a enfrentar. El frío es frío, nada más, en su cabeza no cabe la idea de que puede perecer congelado ante el más mínimo error en su trayecto. Cuando en la cita habla de chechaquo se refiere a que es un recién llegado a Alaska en general o a la zona del Yukón en particular, con lo que tiene todas las papeletas para pasarlo mal en el relato.

A partir de aquí os confieso que mi intención al
hablaros primero de la versión breve de 1901 ha sido la de hablaros muy poquito de la segunda versión, que es la que realmente nos interesa de esta edición, la que tiene realmente el reconocimiento y la que me gustaría que os sorprendiese si os decidís a leerla. Ya os he comentado que es una versión aumentada de la anterior (más larga, más intensa, más dramática, con más suspense y un punto de intriga que la versión inicial no tiene), pero además se suma un personaje que acompaña al hombre protagonista: un husky debilitado por el intenso frío (que como seguramente ya habréis adivinado, no es de 45º C bajo cero como cree el protagonista, sino que alcanza los 60º C bajo cero) que sigue al hombre porque sabe que donde hay un humano puede que haya fuego, y necesita entrar en calor como sea. Así que los dos, humano y animal, se enfrentarán a los peligros de decenas de centímetros de nieve y lo que se esconde bajo ella, que tanto puede ser una masa compacta como otras cosas mucho más peligrosas. Y todo bajo un frío extremo que no perdona un solo error.

Jack London, hijo ilegítimo, pobre, con una adolescencia problemática, varios trabajos de poca monta y un don para meterse en líos allá por donde pasaba, decidió viajar a Klondike en busca de fortuna. Corría el año 1897, tenía 21 años y cero recursos, y aunque su aventura como buscador de oro no dio demasiados resultados en el aspecto monetario, hizo de él el escritor que seguimos leyendo hoy en día. Sus novelas y sus artículos periodísticos beben de sus experiencias allí y de las experiencias de otros, de lo que vio allí y lo que sufrió allí, de las penurias de los demás. El Yukón no le dio pepitas de oro pero sí material para su obra literaria, y aquí seguimos, ciento veinte años después, leyéndolo con el alma partida en dos, porque por un lado estás leyendo ficción y maravillándote por la manera que tiene London de contarla, pero por otro sabes que no lo es, que ese era el pan de cada día en aquellas tierras, la crueldad de la vida que llevaban esclavizados por una fiebre de riquezas que muy pocos realmente conseguían... y que mucha gente no salió con vida de Klondike. Lo de London es pura literatura y ya esbozó lo que muchas décadas después se dio en llamar nuevo periodismo: contaba hechos reales como si fueran mera ficción, y por eso son un testimonio valioso e irremplazable de una época y un modo de vida.
 


Jack London (San Francisco, 1876 – Glen Ellen, 1916). Abandonado por su supuesto padre biológico, un astrólogo ambulante, y criado por su madre espiritista, tomó el apellido de su padre adoptivo, dejó temprano la escuela para huir de la pobreza y conocer el mundo.
 
De trabajador explotado en una fábrica de conservas, pasó a ladrón de ostras, de allí a enrolarse en un barco de pesca que llegó hasta Japón y, a su regreso, recorrió buena parte de su país como vagabundo.
Realizó los cuatro años de estudios secundarios en uno solo e ingresó en la universidad, pero pronto tuvo que abandonarla por falta de recursos. Se sumó a la fiebre del oro en Alaska, de donde regresó enfermo y con experiencias que alimentaron sus primeros relatos.
 
Socialista militante, Jack London estaba convencido, como Herbert Spencer, de la supremacía de los más aptos. «Voy a vivir cien años», anunció una vez, pero solo vivió cuarenta, en los que escribió medio centenar de libros, entre los que destacan La llamada de lo salvaje (1903), Lobo de mar (1904), Colmillo blanco (1906) y Martin Eden (1909), y llegó a ser el escritor norteamericano más exitoso de su tiempo. 

 

viernes, 1 de abril de 2022

RESEÑA (by MH) ::: EL MISTERIO DE LA GUÍA DE FERROCARRILES - Agatha Christie


 
 
Título original: The A. B. C. Murders
Autora: Agatha Christie
Editorial: Espasa
Traducción: José Mallorquí Figuerola
Páginas: 272
Fecha de publicación original: 1936
Fecha esta edición: octubre 2018
Encuadernación: rústica sin solapas
Precio: 14,90 euros



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Cuando Hércules Poirot recibe una carta en la que se le desafía a solucionar un crimen inminente, cree que se trata solo de una broma de mal gusto. Pero, aun así, su intuición le hace temer lo peor… Y no se equivoca: Alice Ascher, una estanquera de Andover, es asesinada el día anunciado. Después de ella, el misterioso asesino amenaza a una segunda víctima, esta vez en Bexhill. Y luego, una tercera, en Churston. 

Parece que las víctimas no guardan relación entre sí y que el diabólico criminal, que firma como ABC, las elige siguiendo un riguroso orden alfabético. El mejor detective de la historia está dispuesto a evitar que el misterioso asesino complete el abecedario…
El misterio de la guía de ferrocarriles fue mi última lectura del año pasado, y aquí estamos, en abril y sin reseñar. Si fuese cualquier otro libro ni me planteaba hablaros de él a estas alturas, pero siendo parte de mi reto lector de leer a Agatha Christie en orden de publicación no me queda otra (bueno, a ver, que nadie me obliga, pero ya me entendéis...) y además es de esas novelas realmente famosas de la autora porque introduce un elemento nuevo en su bibliografía, así que vamos a ello (aunque después de tres meses voy a tener que tirar mucho de memoria... no apunto nunca cuando leo, no aprendo).

Estamos en junio de 1935, y nuestro Hastings sale pitando una vez más de su rancho de Argentina para pasar una temporada en Londres con Poirot. Juntos, como no, tendrán que enfrentarse a un nuevo misterio: están siendo asesinadas distintas personas en distintas localidades y sin relación aparente entre ellas, salvo por el hecho de que en los escenarios de los crímenes aparece una guía de ferrocarriles abierta como seña de identidad del asesino. ¿Cómo se ven involucrados Poirot y Hastings en los hechos? Pues porque el criminal manda una carta a Poirot donde lo reta directamente a que descubra quién es y lo detenga. Firma como A.B.C. y rezuma mucha bravuconería...
Señor Hércules Poirot:

Usted se precia de esclarecer todos los misterios que son demasiado difíciles para nuestra estúpida brigada británica, ¿verdad? Pues veamos, inteligente señor Poirot, lo listo que es usted. Quizá esta nuez que voy a ofrecerle le resulte demasiado difícil de cascar. Preste atención el 21 de este mes en Andover. Suyo afectísimo,
A. B. C.

Lo primero que quizás habría que explicar es el título, de donde viene lo de la guía de ferrocarriles y de donde sale esa firma de A.B.C., porque para los lectores británicos tenía todo el sentido del mundo en su momento pero al traducirlo al castellano lo pierde. En el Reino Unido existía lo que se llamaba la A.B.C Rail Guide (Guía ferroviaria A.B.C), y era una de las muchas guías que comenzaron a publicarse mensualmente cuando la red ferroviaria comenzó a expandirse y a ser de uso habitual en el siglo XIX. Esta en concreto inició su publicación en 1853 y tuvo una andadura muy larga, porque no cerró la persiana hasta 2007. ¿Qué tenía de especial esta guía que la convirtió en favorita para el uso diario de los británicos? Pues que contenía los horarios de trenes ordenados de manera alfabética, mientras que las demás guías eran muy complicadas de consultar. De ahí su nombre, A.B.C., que usa el asesino en este libro para anunciar que va a cometer los asesinatos eligiendo las localizaciones de manera alfabética, y de ahí también el título original de libro, The A.B.C. Murders. Que diréis que para qué os cuento esto... pues porque soy una pesada y, dejando lo evidente a un lado, porque estas guías salen en muchas novelas clásicas británicas de la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX (junto con las guías de viaje turísticas de Baedeker y Murray), y aprovecho para contaros el dato por si os interesa.

Prosigo. No sé si ya habréis percibido cuál es ese elemento nuevo (nuevo al menos en la bibliografía de Agatha Christie) que hace de esta una novela muy famosa entre la obra de la autora: ya no tenemos un crimen privado sino que nos enfrentamos a un asesino en serie. Christie deja a un lado el asesinato con un círculo cerrado de sospechosos entre los que realizar la investigación y donde lo importante es la historia de la víctima, y nos topamos con un asesino que avisa desde el primer asesinato de sus intenciones, que también deja claro que es el primero de muchos y que se mueve por toda la geografía inglesa. Pasamos del crimen con motivos desde dentro al crimen frío e impersonal desde fuera. Nuestro asesino podría ser cualquiera, podría actuar en cualquier parte cuya letra inicial coincida con la letra que corresponda del abecedario en ese momento y ante estas circunstancias, lo normal es llegar siempre tarde y cuando el asesinato ya se ha cometido. Aun así para eso está Poirot, para preguntar, indagar en cada escena del crimen, usar sus células grises, descartar falsas pistas y encontrar hilos de conexión donde no parece haber nada de nada. El detective belga está convencido de que saben algo que no saben que saben y que resulta crucial para la resolución del caso, y en ello trabaja durante toda la investigación.
 
Si hablamos de peculiaridades de la novela, realmente hay otra más. Ya sabemos que cuando Hastings acompaña a Poirot, se convierte en narrador del caso cual Watson con su Sherlock, pero en este caso se cuelan de vez en cuando capítulos contados en tercera persona en los que se nos avisa de que son capítulos "aparte del relato de Hastings", y que él explica en un prólogo que se ha visto en la necesidad de introducir para dar a conocer al lector ciertos hechos en los que él no estuvo presente. Y esto hila con lo que os comenté el otro día en la reseña de Yasuhaka-Mura, porque Yokomizo no solo escribió para su novela una serie de asesinatos en serie sino que su narrador se ve obligador a introducir en la narracion hechos que conoció a posteriori (solo que él los implementa en su propia narración en lugar de separarlos, como hace Hastings en El misterio de la guía de ferrocarriles). ¿Casualidad? Lo dudo mucho... pongo la mano en el fuego a que Yokomizo había leído The A.B.C. Murders antes de escribir su novela (por muy diametralmente opuestas que luego sean en el tipo de historia que ofrecen).

¿Más cosas? Pues como pequeños detalles os puedo decir que me hizo mucha gracia ver a estos dos personajes preocupados por los evidentes efectos del paso del tiempo, y ya tenemos a nuestro Poirot tiñéndose el pelo más negro que el tizón. Sigue retirado y dedicado a cultivar calabacines (algo que descubrimos en El asesinato de Roger Ackroyd) pero está deseando que le lleguen casos de esos fantásticos e imposibles que le hagan interrumpir su retiro. Él solo usa las células grises si se le pone por delante un caso de esos que él llama "la flor y nata de los crímenes" y así pasa los días, a la espera de un crimen perfecto. Sabe que cuando Hastings aparece en la puerta de su casa hay muchas posibilidades de que comience la aventura, así que se atusa el bigotón de la impaciencia... y con razón, aunque la dinámica entre estos dos no cambia, y Hastings (hombre de acción, o eso cree él) se pasa (como siempre) toda la trama quejándose de que Poirot no hace nada aparte de pensar (todavía no parece darse cuenta de que a pesar de esas quejas, él es quien resuelve los casos, no los que piensan poco y se mueven mucho).

El misterio de la guía de ferrocarriles es de esos libros que quien lleve leyendo a Agatha Christie desde hace mucho tiempo ha tenido en sus manos en algún momento u otro, y además es de los que yo creo que recuerdas la identidad del asesino. Para mí eso es un plus, porque lees intentando descubrir las pistas de la autora e intentando también pillarla en agujeros negros argumentales. Lo recomiendo si se quiere leer algo diferente de su obra, y la verdad es que lo he vuelto a disfrutar un montón, no creo que haga falta decirlo. Sobre la investigación en sí, ya sabéis que intento decir siempre lo mínimo, así que no os voy a desvelar nada salvo que... bueno, no, va, que no os digo nada :)
 
Ya estoy leyendo Asesinato en Mesopotamia (donde volvemos a encontrarnos con Poirot pero sin Hastings), así que antes de que acabe abril volveré a traeros otra reseña del reto (¡o eso espero!).



Agatha Christie (1891-1976) es conocida en todo el mundo como la Dama del Crimen. Es la autora más publicada de todos los tiempos, tan solo superada por la Biblia y Shakespeare. Sus libros han vendido más de un billón de copias en inglés y otro billón largo en otros idiomas. Escribió un total de ochenta novelas de misterio y colecciones de relatos breves, diecinueve obras de teatro y seis novelas escritas con el pseudónimo de Mary Westmacott.

Probó suerte con la pluma mientras trabajaba en un hospital durante la primera guerra mundial, y debutó con El misterioso caso de Styles en 1920, cuyo protagonista es el legendario detective Hércules Poirot, que luego aparecería en treinta y tres libros más. Alcanzó la fama con El asesinato de Roger Ackroyd en 1926, y creó a la ingeniosa miss Marple en Muerte en la vicaría, publicado por primera vez en 1930.

martes, 29 de marzo de 2022

RESEÑA (by MH) ::: YATSUHAKA-MURA (EL PUEBLO DE LAS OCHO TUMBAS) - Seishi Yokomizo

 
 
 
Título original: 八つ墓村 (Yatsuhaka Mura)
Autor: Seishi Yokomizo
Editorial: Quaterni
Traducción: Kazumi Hasegawa
Páginas: 412
Fecha publicación original: 1949
Fecha esta edición: noviembre 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,95 euros 
Diseño de cubierta: Rafael Soria



A finales del período Sengoku, uno de los más sangrientos de la historia de Japón, un grupo de samuráis se refugia en un pueblo entre montañas huyendo de sus enemigos. Llevan consigo tres mil monedas de oro, una verdadera fortuna que despierta la codicia de los lugareños. Cegados por la avaricia, los aldeanos asesinan a los samuráis, que en su último aliento maldicen la estirpe de sus verdugos. Casi cuatro siglos después, Yozo Tajimi, descendiente del instigador de aquella matanza, enloquece y asesina a treinta y dos personas antes de desaparecer sin dejar rastro. Han pasado veinte años y la historia parece repetirse. Una misteriosa serie de asesinatos atrae la atención de Kosuke Kindaichi, un detective cuya desharrapada apariencia contrasta notablemente con su prodigiosa capacidad de deducción. ¿Será capaz de resolver el misterio que se oculta tras la aterradora maldición lanzada por los guerreros samuráis? Esta es la tercera entrega de la serie sobre Kosuke Kindaichi, el detective favorito de los japoneses, considerado un icono de la novela negra actual.

Hoy os hablo por tercera vez en el blog de Seishi Yokomizo y su personaje estrella, Kosuke Kindaichi (en 2019 os traje Asesinato en el Honjin y otros relatos, y en 2020 os hablé de
Gokumon-tō). Sé que la novela oriental en general y la clásica en particular no es del gusto de todo el mundo, pero cuando ya se habla de clásica oriental de misterio o detectivesca, la cosa se vuelve todavía más peliaguda. Mi misión en esta vida es hablaros de libros que seguramente luego me digáis que no terminan de llamaros, pero yo no pierdo la fe y perservero en el intento, que para algo me dice mi madre que soy muy cabezona. El libro que traigo hoy es la cuarta novela protagonizada por este detective, y la he disfutado igual o más que sus novelas anteriores.
 
Nos vamos a los inicios de esta historia. Se cuenta que Yatsuhaka (que puede traducirse como El pueblo de las ocho tumbas) recibió su nombre por un incidente que sucedió hace más de trescientos ochenta años. En aquella época llegaron a la villa ocho hombres que no solo se habían rebelado contra el señor feudal de aquellas tierras sino que habían robado tres mil monedas de oro, y decidieron esconderse en ese lugar apartado rodeado de montañas, donde vivieron en armonía con sus vecinos durante meses. Pero había un precio por sus cabezas y cuando esos mismos vecinos se enteraron decidieron acabar con los samuráis fugados para cobrar la recompensa. Los asesinaron, pero antes de morir el jefe del grupo maldijo al pueblo y sus habitantes... y empezaron a suceder cosas muy raras. Se decidió entonces poner fin a la maldición enterrando los cuerpos en ocho tumbas, que se convierten en lugar sagrado.
 
¿Os he contado mucho? Nada. Ni media página del libro, porque es que ahora viene lo interesante. La acción real de la novela tiene lugar en 1949, en plena posguerra, con una Japón perdedora en la contienda y muchas heridas que lamer y curar. El protagonista (y narrador) de esta historia se llama Tatsuyo Terada, un joven que vive en Kobe y que nunca conoció a su padre, cuya identidad su madre se llevó a la tumba. De repente alguien pregunta por él, y descubre no solo de quien es hijo ilegítimo, sino que también es heredero de una millonada. Y sus pasos lo llevan a Yatsuhaka, donde es bien recibido por su familia paterna pero donde también percibe el odio que le tiene todo el mundo sin conocerlo. ¿Por qué? Pues porque la historia de su padre es una historia de muerte, locura y sangre, y la superstición en su día asoció aquellos horribles hechos con la maldición de los samuráis. La aparición del hijo perdido en la villa alimenta nuevos temores, los vecinos tienen miedo de que vuelva a morir gente... y con razón, porque es asomar la patita Tatsuyo y empezar a caer como moscas.

Repito, ¿os he contado mucho? Repito también. Nada. De hecho me he cortado mucho para no desvelaros la historia del padre de Tatsuyo, que se cuenta en las primerísimas páginas. Pero digamos que Yokomizo tenía ganas de escabechina en esta novela, se escapa el apuntador y de milagro. Me lo imagino sonriendo complacido mientras pensaba quién sería el siguiente en morder el polvo.
 
Estos libros protagonizados por Kosuke Kindaichi siempre tienen como narrador al propio Yokomizo, que funciona como biógrafo oficial de Kindaichi (al que trata como si fuese un personaje real) y que cuenta las cosas según el propio Kindaichi se las ha revelado y/o gracias a documentos de distinto tipo que supuestamente han llegado a su poder. En El pueblo de las ocho tumbas el libro comienza del mismo modo, pero solo durante el primer capítulo, que nos introduce en la leyenda de los ocho samuráis, las ocho tumbas y los hechos trágicos protagonizados por Yozo, el padre del narrador, veinte años atrás. A partir de ese punto cede la palabra al protagonista de la historia, que desde el primer momento nos dice que no es escritor y que por tanto, florituras las mínimas. Va a contar las cosas a su modo tal y como sucedieron y las recuerda sin preocuparse por narrar como lo haría un escritor de novelas de misterio. De hecho en cierto momento se disculpa ante el narrador porque él no puede contar las cosas desde el punto de vista del detective. Apenas estuvo con él, así que no tenía ni idea de como iba la investigación en ningún momento, pero por deferencia hacia los lectores a los que les gusta adivinar el misterio conforme leen, introduce (cuando lo considera pertinente) datos de la investigación de los que solo tuvo constancia mucho tiempo después de los hechos. Eso hace que a veces pare la narración de lo que hizo él para hablar de algo que descubrió mucho después cuando se resolvió el caso. Esta estructura que el autor se saca de la manga funciona y podemos leerlo como un misterio más sin que se nos birle información ni luego dé la sensación de que el final está sacado de la manga (de hecho yo adiviné la identidad del asesino bastante pronto, pero os aseguro que eso no afecta para nada al interés que despierta la historia).

Y al hilo de todo esto, aquí viene la otra peculiaridad de esta novelas con respecto a las anteriores que he leído protagonizadas por Kindaichi... y es que Kindaichi sale muy, muy poco. El narrador solo nos puede contar lo que él ha vivido y los sucesos que él ha protagonizado, así que Kosuke Kindaichi solo aparece cuando los caminos de ambos se cruzan, que sucede en muy escasas ocasiones. Por tanto nos reencontramos con el mismo Kindaichi de siempre (desastrado en su aspecto, con los pelos alborotados de tanto mesárselos con la mano, su tartamudez, sus frases ambiguas que no sueltan prenda al más puro estilo Poirot...) pero en dosis muy pequeñas.

¿Qué más tenemos en este libro? Asesinatos y muertes a tutiplén. Como os decía, aquí casi muere hasta el apuntador, y George R. R. Martin debió tomar buena nota, porque nadie está a salvo por muy importante o protagonista que parezca a priori. Es decir, que El pueblo de las ocho tumbas se aleja un poco del whodunit, tónica predominante en occidente y que Yokomizo usaba también en muchas de sus novelas. Esto no va de un solo asesinato que nos pasamos todo el libro investigando... aquí muere alguien cada dos capítulos y llega un momento en que te preguntas quién será el siguiente, porque nadie parece estar seguro a excepción del narrador.

Yatshuhaka-Mura comparte muchas de las características de la obra de esta época del autor (al menos de la que yo he leído, claro): la ambientación y la atmósfera son predominantes, con esa aureola de tradiciones y supersticiones que retrotraen a épocas muy anteriores a cuando realmente está ambientada la historia. Una villa pequeña, aislada y rodeada por montañas, un grupo pequeño de habitantes donde todos se conocen o están relacionados de alguna manera, secretos familiares, desconfianza hacia todo y hacia todos, personajes extraños que están ahí para actuar de manera sospechosa, una comunidad cerrada a todo lo que venga de fuera y la sensación constante como lector de que todos esos personajes que se mueven por las páginas tienen una historia común que no conoces y unos lazos que los unen (ya sean positivos o negativos) ocultos tras un rostro pétreo y unas sobrias costumbres milenarias. Por eso, y a pesar de la parquedad con que el narrador lo cuenta todo, estás de su lado en todo momento: te imaginas llegando a Yatsuhaka, donde no solo no conoces a nadie sino que todo el mundo te mira con odio, y encima se te muere alguien casi al minuto de pisar tu nueva casa (más las que vendrán...), dando motivos a los recelos de esos que te miran mal. Él saldria corriendo si pudiera y tú como lector harías lo mismo si estuvieras en su situación.
 
Os acabo de decir que todas las obras que he leído de Yokomizo tienen elementos muy comunes, pero la verdad es que también tienen elementos que las diferencian, porque Yokomizo experimentaba con todo lo que llegaba desde occidente en cuanto a novela de misterio y detectivesca y lo aplicaba en sus propias obras. En Asesinato en el Honjin y otros relatos usó los tres tipos de misterio predominantes en la Golden Age británica (misterio de habitación cerrada, víctima sin cara no identificable y el impostor); en
Gokumon-tō optó por idear un whodunit de manual en el que la mitología japonesa se entremezclaba con la muerte dando lugar a escenarios bellos y espantosos por igual; y en Yatsuhaka-Mura opta por casi lo que podría ser asesinato en serie aunque no parece haber un método que defina a ese asesino (y qué casualidad que esta misma semana os hablaré, si no pasa nada, de un libro de Agatha Christie publicado en 1936 que usaba este mismo tipo de trama). Todos tienen como nexo de unión al detective Kosuke Kindaichi, pero su presencia en cada uno de ellos aumenta o disminuye según conviene y, como ya digo, en este último es casi testimonial (por mucho que al final sea él, obviamente, quien destape el cotarro).
 
Qué queréis que os diga, es que yo disfruto mucho de estas novelas, la atmósfera me parece siempre fantástica, me encanta ver cómo la sociedad nipona era mucho menos timorata que la occidental de la época (aquí se habla de abusos sexuales, líbidos enormes y sexo fuera del matrimonio sin mayores complicaciones, y eso que hablamos de un pueblo pequeño y muy, muy cerrado) y las tramas que ocurren en lugares apartados que se retroalimentan con sus tragedias y supersticiones sin apenas contacto con el exterior me pirran. Mi única pena es que Kosuke Kindaichi protagonizó un porrón de historias (cuando digo un porrón son muchas de verdad... decenas) pero Quaterni no ha publicado nada sobre este personaje desde que salió este libro que hoy os traigo hace ya casi cuatro años. No me leerán, obviamente, pero yo por si acaso imploro desde aquí un nuevo caso de Kosuke, que he intentado estirar los tres libros todo lo que he podido en el tiempo pero se acabó lo que se daba.
 




Seishi Yokomizo (1902-1981) fue un famoso escritor de novelas detectivescas y de misterio que vivió uno de los periodos más interesantes de Japón (la época antes a la II.G.M. y la posterior). De niño era lector de novelas de misterio. Siendo todavía muy joven, con veinte años, publicó su primera obra en la revista “Shin Seinen”. Siempre tuvo claro que su género literario era el policiaco, su primera novela fue Onibi. Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo grandes dificultades para continuar su labor de escritor por las condiciones de tal coyuntura. El éxito vendría después de la guerra, cuando publicó sus obras en la revista Kōdansha, publicación que sigue funcionando en la actualidad. 
 
Estudió farmacia en la Universidad de Osaka pensando dedicarse al negocio familiar pero otro escritor, Edogawa Ranpo, le animó a que siguiera escribiendo. También trabajó en un banco. Estuvo enfermo de tuberculosis, de hecho su primera novela la escribió estando casi tuberculoso (durante su convalecencia en las montañas de Nagano). Su tumba se encuentra en el cementerio Seishun-en de Kawasaki (Kanagawa).

El premio Yokomizo Seishi, como su nombre indica, es un galardón en honor de tan señero escritor y está dotado con un importe de diez mil yenes, se concede a la mejor novela de misterio. Muchas de sus obras se han llevado al cine. Se le considera el escritor de novelas de misterio más famoso de Japón. El estreno en el cine de “El clan Inugami” en 2006 fue uno de los más exitosos que se recuerdan.