lunes, 26 de junio de 2023

RESEÑA (by MH) ::: RHADOPIS - Naguib Mahfuz


 
 
Título original: يوميات نائب في الأرياف (Yowniiat naa'b fî al-Ariaf)
Autor: Naguib Mahfuz
Editorial: Edhasa
Traducción: María Luisa Prieto González y Muhammad al-Madkuri
Páginas: 288
Fecha publicación original: 1943
Fecha esta edición: septiembre 2011
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: descatalogado
Diseño e ilustración de cubierta: Enrique Iborra
Rhadopis es una hermosa y sencilla alegoría protagonizada por la generosidad y la perfidia, la fatalidad y la ambición de poder, la belleza y las fuerzas ciegas que se oponen a la voluntad de los individuos. A través de la historia del faraón, Mernaré II y de su insobornable amor por la bella cortesana Rhadopis, Mahfuz ofrece una estremecedora reflexión sobre los sentimientos más íntimos del ser humano, al tiempo que una brillante recreación del ambiente espiritual del Antiguo Egipto.


Naguib Mahfuz es uno de los escritores egipcios más conocidos a nivel internacional, y buena prueba de ello es que, por ahora, es quizás el autor que más se está repitiendo dentro del Reto Egipcio que he propuesto este año. Escribió tanto novelas históricas ambientadas en el Antiguo Egipto como novelas contemporáneas que describían la realidad de su país, y muchas de ellas están consideradas clásicos de la literatura egipcia hoy en día. El libro que yo os traigo es el segundo que publicó dentro de su conocida como Trilogía de Egipto, y para mí, antes de leerlo, uno de sus principales atractivos era que hablaba de la VI dinastía, apenas tratada en la literatura relacionada con esta temática. Y además sale la reina Nitocris (¿os suena el nombre a cierta bloguera? xD), así que me hacía ilusión hablaros de
Rhadopis, que con el subtítulo de Una cortesana del Antiguo Egipto, habla de amores apasionados y fulgurantes pero también de política y malas decisiones de gobierno.

Estamos en el 2184 a. C.. Mernerá II acaba de subir al trono sucediendo a su padre, el faraón Pepy II, y la historia comienza justo el día de la celebración de su entronización en Abu, la capital de Egipto. A poca distancia de allí, en el palacio de la isla de Biya, vive la cortesana Rhadopis, la mujer más hermosa del país. Cuando faraón y cortesana se conocen se enamoran perdidamente el uno del otro, y como ella se niega a formar parte de su harén él la convierte en su única amante, gastándose cantidades desmesuradas de dinero en su palacio... una decisión del faraón nada inteligente cuando está en pleno conflicto con los sacerdotes, a los que quita propiedades para despilfarrar ese dinero con Rhadopis. Cuando el pueblo comienza a revolverse contra su libertino faraón, es el principio del fin para un Mernerá que no es consciente del peligro en el que se encuentra.

Antes de seguir, debo decir que uso el nombre de Mernerá para el faraón porque es el que se usa en el libro, pero que yo sepa el nombre de este faraón era Merenrá (y de hecho si se busca Mernerá en Google, todas las entradas que aparecen están relacionadas con este libro y no con la figura real del faraón...). No entiendo el cambio de nombre (o quizás ha sido un fallo de traducción, porque lo que han hecho es intercambiar dos letras haciendo que el nombre suene totalmente diferente). En cualquier caso seguiré con Mernerá, pero me resulta rarísimo llamarle así, la verdad. 
 
Como suele pasar con buena parte de este tipo de novelas históricas, todo lo que se narra en Rhadopis es totalmente ficticio y fruto exclusivamente de la creatividad del autor, porque además en este caso, como ocurre con muchos faraones egipcios, no hay apenas datos sobre Mernerá II ni sobre su breve (brevísimo) reinado. ¿Qué sabemos realmente? Pues que Mernerá II sucedió a su padre Pepys II, que estaba casado con su hermana Nitocris y que su reinado apenas duró un año. Y aquí ya empiezan las licencias del autor, porque históricamente se cree que este fugaz paso por la Historia de Mernerá fue fruto de su avanzada edad, y en Rhadopis nos encontramos un faraón de veintipocos años y hermoso como un sol. Heródoto, por su parte, dijo que su rápido paso por el trono de Egipto fue provocado por su asesinato, así que versiones hay para escoger. El caso es que si nos atenemos a los hechos, no hay evidencias arqueológicas de ningún acontecimiento sobre su reinado ni se sabe absolutamente nada sobre su figura. Por no saber no sabemos con exactitud quién le sucedió, porque hasta hace poco tiempo se creía que fue su esposa y hermana, Nitocris, toda una leyenda de la que se dice que era la mujer más hermosa de Egipto y que se vengó de los asesinos de su esposo invitándolos a un banquete en un sótano que posteriormente inundó... por decir se ha dicho hasta que la tercera de las pirámides de Giza fue construida por orden suya, no por Micerinos. Pero la ciencia está poniendo muchas cosas en su sitio en este siglo XXI, y hoy en día incluso se cuestiona la propia existencia real de esta figura porque tampoco hay ninguna evidencia histórica sobre ella y se cree que fue un personaje legendario y totalmente inventado en el período tardío de Egipto (conocido como Baja Época). El nombre de Nitocris aparecía en el Canon Real de Turín (listado de faraones egipcios, así como de dioses, semidioses, espíritus, etc... fechado en la época de Ramsés II) como la última reina-faraón de la VI dinastía, y así se había aceptado hasta hace bien poco, pero tras un análisis microscópico del Canon se cree que fue una mala transcripción de un nombre masculino y que, tal como digo, ni siquiera existió en realidad. La ciencia nos da muchísimas alegrías en el campo de la Egiptología pero también tira por tierra muchas teorías ampliamente aceptadas durante los siglos XIX y XX, así que quienes gustamos de este tema y nos interesa todo lo que va surgiendo, tenemos que amoldarnos y aceptar las cosas como vienen.
 
Sin querer ahondar más aquí, que no es sitio ni lugar ni os quiero aburrir, os comento todo esto para que entendáis que Rhadopis es una novela de ficción histórica desde la primera hasta la última página porque no se sabe absolutamente nada ni sobre sus protagonistas ni sobre lo que aconteció durante ese año que abarca la novela... que parece una tontería avisar de estas cosas pero hay que hacerlo, porque muchos lectores aceptan al pie de la letra lo que se dice en las novelas históricas y no se dan cuenta de que los autores, una vez catalogan su obra como ficción histórica (y no ensayo histórico), pueden contar lo que les venga en gana porque están en su derecho... pero eso no convierte en realidad lo que narran y el lector tiene que saber diferenciar por muy reputado que sea el autor.

Después de todo esta parrafada diréis que vale, que muy bien, pero que os hable del libro y a ser posible sin enrollarme más de la cuenta, y eso voy a hacer, que me está quedando largo.
 
La VI dinastía fue la última del Imperio Antiguo antes de dar comienzo al Primer Período Intermedio, así que es muy, muy anterior a las dinastías que han dado los nombres más famosos en el imaginario común del Antiguo Egipto (que suelen ser las dinastías XIII y XIV). Eso quiere decir que en esta novela no aparecen las ciudades o localizaciones más famosas relacionadas con este periodo de la historia, pero aun así choca que se designe a Abu como capital de Egipto cuando en esa época era Menfis... Este es de esos libros que creo que necesita muchas notas a pie de página, pero como no las tiene correré un tupido velo. El hecho es que estamos en Abu en un momento de celebración, nada menos que la coronación de un faraón, y en medio de este jolgorio ya se nos muestran los que van a ser los dos puntales del libro: la cortesana Rhadopis por un lado (que acude a esta entronización a modo de espectadora y que todavía no conoce al faraón) y la relación tirante del nuevo rey con los sacerdotes, ya que tiene pensado anexionar a la corona la mayor parte de los bienes de los templos para recuperar los regalos y dones otorgados por sus antepasados. Y estas dos cosas, Rhadopis y el conflicto con los sacerdotes, en apariencia divergentes, acaban convergiendo en el triste destino del faraón. Ya os digo arriba que solo estuvo un año en el trono, así que sorpresa ninguna, y spoiler tampoco.
 
Si os soy sincera, a mí me ha interesado más la parte política de la historia que la romántica, aunque entiendo su presencia en la novela porque es el vehículo que usa el autor para transmitir la introspección espiritual y la sensualidad tan características de su tierra y su herencia cultural. Así, conocemos a la cortesana Rhadopis, hermosa entre en las hermosas, que reúne en su palacio todas las tardes a sus muchos pretendientes, quienes hablan y dialogan entre ellos de lo divino y lo humano esperando el deseado momento en que su anfitriona elige con quien de entre todos ellos va a pasar la noche. Rhadopis es una mujer en apariencia fría, calculadora, carente de sentimientos y nada compasiva, pero en sus momentos de soledad, cuando se nos narra su pasado, cómo ha llegado a ser quién es ahora, sus miedos, su aislamiento y lo que espera de su existencia, conocemos a una mujer que simplemente juega al juego de la seducción y el dinero porque es lo que mejor sabe hacer... hasta que se cruza en su camino Mernerá y somos testigos de un apasionado instalove en toda regla en el que ella cae rendida a sus pies y se enamora por primera vez en su vida, y él decide pasar sus días en el palacio de su amada mostrándose negligente no solo con su esposa-hermana Nitocris, sino con su propio pueblo.

Aun así, Mernerá no pierde de vista su intención inicial, confiscar numerosos bienes de los templos y recuperar toda esa fortuna, pero comete un error que, a la postre, será su ruina: no usa ese dinero en provecho de su pueblo y su país, sino que lo derrocha a manos llenas en el palacio de Rhadopis y en regalos a la propia Rhadopis. Y los dos, ajenos totalmente al mundo exterior, egoístas y egocéntricos como si nada más importara en la vida salvo ellos y su amor, se sorprenden de la inquina y las revueltas cada vez más numerosas contra el faraón... y toman una decisión que ellos creen muy inteligente y muy avispada pero que solo es fruto de las mentes de dos personas que no son conscientes de la realidad, del peligro en que se encuentran ni de las consecuencias de sus acciones. 

Como os decía, esta parte política, aunque tiene menos peso, me parece mucho más interesante porque además es usada por el autor para establecer similitudes con la situación política de Egipto en la época en que fue escrito. Fijaos que no coge a un faraón exitoso y bendecido por los dioses que otorgase gloria a Egipto y bendiciones, prosperidad y riqueza a su pueblo, sino que decidió darle protagonismo a un faraón que solo pensaba en sí mismo y en sus placeres y que se mostró indolente con sus tareas como rey y como gobernante de su pueblo. No os puedo contar qué ocurre para que su reinado llegase a su fin (según la versión de Mahfuz, os recuerdo), pero el ardid que traman entre Rhadopis y él choca frontalmente con lo que se esperaba de un faraón y sus muchos deberes para con su gente. 

Rhadopis es una obra peculiar, sobria, parca en escenarios (el palacio de Biya, donde vive Rhadopis, y el palacio faraónico) de donde salen y entran un grupo escogido de personajes (a los ya nombrados Mernerá, Rhadopis y Nitocris, se suman Sufajatib, el ujier mayor, y Tahu, comandante de la guardia, además de algún otro personaje que no nombro y que tendrá su importancia bien avanzada la novela). El estilo de Mahfuz es lírico, cadencioso, sensual, sugerente y con una vertiente introspectiva cuando de los sentimientos y reflexiones de Rhadopis se trata. Prima sobre todo la relación romántica y apasionada entre la cortesana y el faraón porque alrededor de ella gira buena parte de lo que sucede en la trama, pero la vertiente política, aunque menos acusada y algo desaprovechada para mi gusto, es mucho más interesante tanto porque abre un marco a intrigas más que habituales en épocas faraónicas (lo de los sacerdotes con según qué faraones era el pan de cada día) como porque el autor las usa precisamente para asemejarlas a la política contemporánea a su época. No os voy a decir que Mernaré y Rhadopis me hayan caído bien porque no sería cierto (cada uno por motivos distintos), pero es que si fuesen de otra manera no pasaría lo que pasa en la novela y no derivaría en lo que deriva, así que p'alante con ellos y con su egoísta modo de vivir la vida (el autor intenta redimirlos un poco al final, pero conmigo no ha colado xD).
 
 

Naguib Mahfuz nació en 1911 en El Cairo, donde realizó estudios de Filosofía. Además de uno de los periodistas más reputados y un punto de referencia en la vida intelectual y política de su país, es autor de una amplia producción literaria en la que, junto a originales obras dramáticas, destacan Principio y fin, Cuentos ciertos e inciertos y las novelas históricas ambientadas en Egipto Akhenatón, el rey hereje, Rhadopis, La batalla de Tebas, La maldición de Ra, todas ellas publicadas en Edhasa tanto en la colección de Narrativas Históricas como en la económica en formato de bolsillo, Pocket; todas ellas merecedoras de diversos premios. En el año de su centenario se contabilizaron más de quinientas ediciones de sus obras en más de cuarenta lenguas. El profundo humanismo que emana de su obra y su eficacia como narrador inigualable del alma y la cultura popular egipcia le valieron en 1988 el Premio Nobel de Literatura. Desde 1996 da nombre a uno de las más importantes premios literarios en lengua árabe.

 

jueves, 15 de junio de 2023

RESEÑA (by MH) ::: EL MISTERIO DE SANS SOUCI - Agatha Christie


 
 
Título original: N or M?
Autora: Agatha Christie
Editorial: RBA
Traducción: Ángel Soler Crespo
Páginas: 205
Fecha de publicación original: 1941
Fecha esta edición: 2008
Encuadernación: cartoné
Precio: descatalogado



https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/p/esta-pagina-la-abro-yo-mh-modo-personal.html
 
 
El misterio de Sans Souci es el tercer libro que tiene como protagonistas al matrimonio formado por Tommy y Tuppence Beresford, pero tuvieron que pasar doce años desde su segunda aparición literaria en Matrimonio de sabuesos para que Agatha Christie se decidiese a recuperarlos. Probablemente fueron las circunstancias reales de la época en que fue escrita y publicada la novela (en plena Segunda Guerra Mundial) y el tipo de libros que protagonizaban estos dos personajes (que tiran más al espionaje que al misterio o la novela detectivesca) los que hicieron posible su vuelta... y es que sí, Agatha nos sumerge de cabeza en la Inglaterra de 1940, con la guerra física librándose en el continente pero la intelectual y política librándose en la tranquilidad de cualquier pueblecito inglés. Os cuento un poquito antes de extenderme más sobre esto.
 
Han transcurrido casi tres décadas desde la última vez que supimos de Tommy y Tuppence. Ya pasan de los 45 años y rememoran una y otra vez su pasado lleno de aventuras y peligros, un pasado del que están muy orgullosos y que hace que les duela enormemente que su país, inmerso en la Segunda Guerra Mundial, no les deje ayudar en nada a pesar de su experiencia tanto en la Gran Guerra como en tareas de espionaje. Los consideran unos viejos, y por eso tienen preferencia las personas jóvenes (como sus propios hijos, unos mellizos ya tan mayores como para estar uno en el ejército y la otra descifrando códigos para el Gobierno). Hasta el señor Carter, personaje del Servicio Secreto muy importante en los dos libros anteriores del matrimonio, se ha retirado y vive en Escocia dedicado a la pesca y ya con su nombre verdadero, lord Southampton... Pero un día se presenta en su casa un tal señor Grant, del ministerio de Aprovisionamiento, que habla a Tommy de la quinta columna (el enemigo dentro de casa, espías británicos que trabajan para los alemanes) y le ofrece un trabajo: acudir a la pensión de Sans Souci, en la ciudad costera de Leahampton y descubrir quiénes se esconden tras los alias N y M, dos agentes secretos alemanes que ya han asesinado a uno de los mejores profesionales del Servicio Secreto británico que estaba a punto de desenmascararlos. Tommy acepta encantado a pesar de recibir la orden de engañar a Tuppence y dejarla fuera de esta misión... pero parece mentira que Tommy no conozca a su mujer y de verdad piense que no se va a enterar. Y allí que se presentan los dos, por separado, bajo identidades falsas, dispuestos a descubrir quiénes de los inquilinos de la villa victoriana de Sans Souci están trabajando para los alemanes en una guerra que los buenos pueden ganar... si no la pierden antes, claro.
 
Tal y como os comentaba arriba, los libros protagonizados por los Beresford no son libros de misterio donde hay que resolver un asesinato, tienen historias donde el Servicio de Inteligencia británico está de por medio y suele haber espías o intereses políticos que justifican la trama. Vamos, que Tommy y Tuppence suelen trabajar para el gobierno, y en una época como en la que fue publicado y ambientado este libro, se imponía recuperarlos como personajes. El caso es que El misterio de Sans Souci fue publicado en 1941 y ambientado un año antes, en 1940, y os voy a contar una anécdota sobre este tema. 
 
¿Habéis oído hablar sobre Bletchley Park? Este lugar, una instalación militar ultrasecreta que en aquella época se conocía como Station X, fue donde trabajó el criptólogo Alan Turing (junto a miles de personas) descifrando códigos para el gobierno británico usando la archifamosa máquina de rotores llamada Enigma. Hasta aquí todo bien, pero recalco lo que he dicho: Bletchley Park era una instalación ultrasecreta de la que se ha tenido conocimiento público muchos años después de la Segunda Guerra Mundial y que en 1940 era totalmente desconocida para el ciudadano de a pie. Pues bien, la Christie introdujo, en esta su novela sobre espías, y de entre todos los nombres que hay en la viña del Señor,
a un militar británico llamado Bletchley... que también es casualidad, porque era un nombre que no significaba nada para el común de los mortales pero lo era todo para la inteligencia británica y el devenir de la guerra. Claro está, al MI5 le saltaron todas las alarmas (aunque no se nombre como tal, el MI5 es realmente el servicio secreto para el que trabajaban los Beresford en sus aventuras, y que para quien no lo sepa se dedica a la seguridad interna del país, mientras que el MI6 se dedica a la exterior). Sospecharon inmediatamente de Agatha Christie y la investigaron tanto a ella como a sus contactos por si estuviese recibiendo información clasificada; el sujeto más sospechoso era otro criptólogo llamado Dilly Knox, amigo personal de la autora, de quien se creyó que se estaba yendo de la lengua. Al final no pasó nada y Agatha quedó libre de sospecha... Aun así, el libro no se publicó en Estados Unidos hasta que decidieron unirse a los aliados meses después, y Agatha siempre pensó que todo este tema del MI5 tuvo algo que ver (para no dar pistas a los usamericanos sobre lo que se estaba cociendo en la inteligencia británica, se sobreentiende). Lo que no le pasase a esta señora...

En fin, retomando hilo,  Agatha Christie vivió sola en Londres durante los primeros años de la guerra y, para mantenerse ocupada durante una época tan dura, escribió simultáneamente este libro que os traigo hoy y Un cadáver en la biblioteca, el triunfal regreso de miss Marple a la literatura (y que, por ir evidentemente correlativos en publicación, será el siguiente que os traiga al blog. Ya lo he releído, de hecho xD). Así pues, la autora se mantuvo al pie del cañón durante la contienda, pero a mí lo que me ha sorprendido leyendo el libro (porque no lo recordaba a pesar de ser también relectura) es la lucidez de esta señora y la clarividencia a la hora de entender lo que estaba pasando en Europa y lo que se avecinaba. Os recuerdo que esta novela fue publicada en 1941, que aún quedaban cuatro años de guerra, y Agatha, visionaria como ella sola, ya dice en cierto momento por boca de uno de sus personajes que aunque en Inglaterra todo el mundo creía que sería cosa de meses (ya lo pensaron también con la Primera Guerra Mundial y se equivocaron de pleno...  está visto que no aprendieron nada), ella creía que la guerra duraría unos seis años... y es que lo clavó tal cual, a los hechos nos remitimos. También habla de la posibilidad de ataques aéreos de los alemanes al no poder acceder por mar (donde dominaba la marina británica), pero cabe pensar que, por fechas, el Blitz ya habría comenzado en aquella época y en este caso estaba hablando por experiencia y porque era lo que ya se estaba viviendo en las islas británicas.

Y a todo esto, no os he contado nada sobre el libro salvo la sinopsis, ¿verdad? Bueno, es que no os quiero contar mucho más XD. Viajamos a Leahampton, lugar de la costa elegido en la novela como punto de reunión por los alemanes y que, por tanto, es foco de actividad enemiga, y allí nos metemos en una villa victoriana rehabilitada como pensión donde, como suele ser habitual en este tipo de libros, reunimos a un variopinto grupo de personajes a modo de huéspedes (casi todos ellos británicos) entre los que tenemos a un matrimonio de mediana edad, a una mujer joven con su hija pequeña, a una anciana, a un capitán de fragata retirado, a una intimidante comerciante de antigüedades... a los que se unen un refugiado alemán y la propietaria de la pensión junto a su hija. Además conocemos a algunos de los vecinos y, en definitiva, el marco de sospechosos es interesante y juega mucho al despiste (como debe ser). De hecho Agatha se pone juguetona con el lector, como cuando hay una escena concreta en el jardín y de repente entran tropecientos personajes sin aliento de manera extraña para que sospeches de todos ellos, y también hay escenas chiripitifláuticas que parecen sacadas de una película de Peter Sellers xD. ¿Qué hacen ahí Tommy y Tuppence? Asumir una identidad falsa, hacer como que no se conocen y, cada uno a su manera y dentro de sus posibilidades, relacionarse con los demás y hacer sus averiguaciones. La dinámica entre ellos sigue siendo la misma de libros anteriores (a mí me encanta), los diálogos entre ellos siguen teniendo mucha chispa y siguen encontrándose tarde o temprano en situaciones muy peligrosas, algo que los diferencia enormemente de Poirot y miss Marple.
 
Y no os voy a decir nada más, salvo un petit pleasure que me ha encantado: en cierto momento aparece una cita (más o menos, no es literal) de Los papeles póstumos del club Pickwick, y yo soy muy facilona para estas cosas: si adoras a Dickens, estoy en tu equipo. Es más, la cita es del señor Weller, padre de Sam Weller (el mejor personaje del libro sin duda... paso mis días inlof con él), y ya sé que todas estas tontunas que os cuento os dan igual, pero quienes hayáis leído a Pickwick reconoceréis al padre Weller en esta frase:
Guárdate de las viudas, Sammy.
Ahí lo dejo. ¿Próxima estación? Tal y como os decía arriba, el regreso de miss Marple a la literatura en Un cadáver en la biblioteca, y ya nos adentraremos en el año 1942.
 


Agatha Christie (1891-1976) es conocida en todo el mundo como la Dama del Crimen. Es la autora más publicada de todos los tiempos, tan solo superada por la Biblia y Shakespeare. Sus libros han vendido más de un billón de copias en inglés y otro billón largo en otros idiomas. Escribió un total de ochenta novelas de misterio y colecciones de relatos breves, diecinueve obras de teatro y seis novelas escritas con el pseudónimo de Mary Westmacott.

Probó suerte con la pluma mientras trabajaba en un hospital durante la primera guerra mundial, y debutó con El misterioso caso de Styles en 1920, cuyo protagonista es el legendario detective Hércules Poirot, que luego aparecería en treinta y tres libros más. Alcanzó la fama con El asesinato de Roger Ackroyd en 1926, y creó a la ingeniosa miss Marple en Muerte en la vicaría, publicado por primera vez en 1930.

 

lunes, 12 de junio de 2023

RESEÑA (by MH) ::: VENENO MORTAL - Dorothy L. Sayers


 
Título original: Strong Poison
Autora: Dorothy L. Sayers
Editorial: Lumen
Traducción: Flora Casas
Prólogo: P. D. James
Páginas: 336
Fecha publicación original: 1930
Fecha esta edición: septiembre 2006
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: descatalogado (disponible de 2ª mano)
Diseño de cubierta: Nuria Zaragoza


Lord Peter Wimsey, el detective más distinguido de Inglaterra, se enfrenta en esta ocasión a un caso que parece a punto de cerrarse para siempre. Harriet Vane, escritora de novelas policíacas y experta en venenos, ha sido acusada de envenenar y asesinar a su amante. La policía y el juez están persuadidos de su clamorosa culpabilidad. ¿Podrá lord Peter salvar a esa mujer que empieza a ser para él mucho más que la protagonista de otro misterio? Segundo título de la Biblioteca Dorothy L. Sayers, Veneno mortal es una de las novelas policíacas más ingeniosas y originales que se han escrito jamás, además de una hermosa, peculiar y maravillosa historia de amor.
Dorothy L. Sayers es de esas autoras imprescindibles para quienes estamos muy metidos en la época literaria de la Golden Age británica, pero me da la sensación de que es muy desconocida a nivel general entre los lectores. Su presencia en las editoriales españolas tampoco ha ayudado mucho. Sí, hay traducciones muy, muy antiguas en el mercado de segunda mano (de  la editorial Molino, los mismos de las ediciones que os estoy trayendo de Agatha Christie... y ya sabéis mi opinión sobre esas traducciones), y Lumen hace unos 15-20 años recuperó algunas de las novelas pertenecientes a su serie protagonizada por lord Peter Wimsey (pocas y ni siquiera en orden; al buen tuntún... qué novedad), pero esas traducciones están descatalogadas desde hace muchos años y ninguna otra editorial se ha vuelto a acordar de ella. Y creedme si os digo que Sayers no solo es importante para la literatura de género como autora, sino que fue presidenta del Detection Club durante años (club que sigue existiendo hoy en día) y parte de la asociación de escritores que sentó las bases mismas de lo que hoy se conoce como novela de misterio. En fin, que como no hay visos de que alguna editorial se acuerde de ella y la recupere, el año pasado empecé a releer lo que tengo en casa suyo publicado por Lumen. Este que os traigo hoy es el quinto libro protagonizado por Wimsey (de los cuatro anteriores Lumen solo publicó El misterio del Bellona Club), y es muy importante en la cronología de esta serie porque introduce a un personaje que llegó para quedarse. Pero no adelanto acontecimientos y os explico.
 
La trama empieza en pleno juicio, justo cuando el juez está resumiendo todos los hechos para el jurado antes de que se retiren a deliberar y tomen una decisión sobre el veredicto. La acusada es Harriet Vane, escritora de novelas de misterio y novia del fallecido, Philip Boyes, también escritor y envenenado con arsénico. En el momento de su muerte ya no vivían juntos, pero se habían reunido minutos antes de caer él enfermo y, teniendo en cuenta que Harriet está escribiendo una nueva novela donde se usa el envenenamiento con arsénico y que ha investigado y sabe mucho sobre el tema... pues eso, demasiadas coincidencias, ¿no? Todo apunta clarito y hacia Harriet, el jurado se retira y, cuando vuelve, resulta que una sola persona de ese jurado, una señora de mediana edad, dice que no cree que Harriet sea culpable, y se atiene a esa opinión como si le fuera la vida en ello para desesperación del resto de miembros del jurado. No hay acuerdo ni veredicto, así que se suspende el juicio durante un mes. ¿Quién estaba presente entre el público mientras todo esto sucedía? Lord Peter Wimsey, famoso en toda Inglaterra por su afición a resolver crímenes, y Peter no solo está convencido de que Harriet es inocente, sino que se ha quedado prendado de ella así, sin más, con lo que más le vale demostrar su inocencia en el mes que tiene por delante si quiere salvarla de la horca.

El año pasado leí Todo lo que sé sobre novela negra, de P.D. James, así que ya estaba familiarizada con su opinión sobre Dorothy L. Sayers, pero esta edición incluye un prólogo a su cargo que es casi de obligada lectura para quienes quieran conocer un poco más a fondo quién fue Sayers en el mundo de la literatura y lo novedosos que fueron algunos de los aspectos que incluyó en sus novelas. De algunas de esas cosas os hablaré en un momento, pero sí quiero destacar ahora mismo lo siguiente: que Dorothy L. Sayers escribía muy bien, que tenía un estilo propio y divertido donde tiraba de un humor fresco que no pasa de moda, que el fiel reflejo de su época se percibe hasta en los detalles más nimios y que, sobre todo y ante todo, escribía para entretener a sus lectores, sin ninguna pretensión ni ínfulas.

Curiosamente, las críticas más feroces dirigidas hacia Sayers han tenido como protagonista a su creación más famosa: el detective aficionado lord Peter Wimsey, cuya misma cuna aristocrática, buena educación y existencia llena de privilegios en pleno periodo de entreguerras le valió el título de personaje esnob e intelectualmente arrogante. Sayers se encargó de defender a Wimsey detallando los rasgos y características que debía tener un detective aficionado creíble, y eso pasaba precisamente por tener libertad de movimientos y horarios y, por tanto, una vida exenta de un trabajo con horario regular, contactos en muchos ámbitos y esferas, una cuenta bancaria boyante para poder hacerse cargo de todo lo que va surgiendo durante una investigación, conocimientos de muchos tipos y en muchos sectores diferentes que le ayuden a ir recabando información y uniendo hilos sin tener que estar recurriendo constantemente a expertos y una personalidad que le permita ir evolucionando a lo largo de su periplo literario (bueno, añade más cosas pero con esto os hacéis una idea). 
 
Y sí, todo esto es lord Peter Wimsey, pero además, y esto lo añado yo, es un poco payasete, tiene una personalidad peculiar, desbordante y sin complejos de ningún tipo, hace gala de unos modales estrafalarios, es puro nervio, cae bien a todo el mundo pertenezca al estrato social que pertenezca y, sobre todo, es muy buena persona; por eso suscita adoración y lealtad eternas en todo aquel que le conoce. Los diálogos que él protagoniza no tienen desperdicio porque nunca sabes por donde va a salir y además suelta muchas veces lo primero que se le viene a la cabeza, pero la sonrisa está, casi siempre, asegurada (no sé si os servirá como referencia, pero la autora dijo en su día que Wimsey era una mezcla entre Fred Astaire y Bertie Wooster, el aristócrata creado por P. G. Wodehouse).
 
Esto en lo que concierne a Wimsey, pero, ¿qué os puedo contar sobre el libro? Sobre el caso en sí mismo ya sabéis que nada. Yo creo que la identidad del asesino, a poco que estéis acostumbrados a leer este tipo de misterios clásicos, se adivina con cierta facilidad, pero es que eso es lo de menos y da totalmente igual porque la novela se disfruta de la misma manera. Así que dejando esto a un lado resalto varias cosas. Uno es el enamoramiento casi inmediato de Wimsey por Harriet Vane, que está tratado con tanto humor y socarronería que te tienes que reír aunque pienses que Wimsey debería echar un poco el freno (y ya os decía arriba que un personaje había llegado para quedarse en esta serie, y ese personaje no es otro que Harriet, considerada alter ego de la propia autora). Otra es el ambiente bohemio que siempre suele aparecer en los libros de Wimsey y al que siempre tiene que recurrir de una manera u otra; en este caso reaparece Marjorie Phelps, escultora que ya aparece en libros anteriores y que nos lleva por ese mundo de culturetas trasnochados que se pensaban que eran lo más de lo más cuando... bueno, cuando no lo eran, lo dejaré así (por cierto, la autora dice que los dos escritores protagonistas, Harriet Vane y el fallecido Philip Boyes, pertenecían al círculo de Bloomsbury... sí, ese de Virginia Woolf y compañía).
 
Otro personaje a destacar es Bunter, mayordomo británico de pura cepa que vale para todo, y que lo mismo te prepara el baño, se liga a una criada para que le dé información o sabe de química y te hace una demostración de cómo averiguar si una sustancia es un determinado veneno o no (eso sí, le da pánico que su jefe decida casarse y su situación cambie, así que no se toma demasiado bien el enamoramiento de su jefe). ¿Por último? Casi lo mejor de todo el libro: la "residencia felina". Porque si Sherlock Holmes tiene a sus Irregulares, Wimsey tiene a toda una agencia llena de señoras mecanógrafas que son mucho, mucho más que solo eso. Que sí, que se ganan la vida de la manera más honrada, pero cuando Wimsey necesita echar mano de ciertas habilidades en ciertas situaciones para conseguir ciertas cosas, nada mejor que solicitar la colaboración de una de estas damas. Él es quien financia la agencia en la sombra, es quien les ha dado independencia económica y un futuro en una época llena de incertidumbre, miseria e inseguridad, y ellas saben que si les pide algo es por una buena causa, así que no dudan en aprender a abrir cajas fuertes o colarse en una casa de lo más respetable si es necesario con tal de ayudarle.

Ah, antes de terminar, un comentario sobre cómo funciona el sistema judicial británico, porque el juez al principio del libro lo recalca varias veces. El jurado no tiene que decidir en su veredicto si un acusado es culpable o inocente, lo que tiene que decidir es si la Corona ha demostrado sin ningún lugar a dudas si esa persona es culpable o inocente. Que puede parecer lo mismo pero no lo es. En este caso puede parecer que todas las circunstancias presentadas son suficientes para acusar a Harriet Vane del asesinato, pero la obligación de la Corona es demostrar que el veneno no puede haber sido ingerido de ninguna otra manera que no sea por medio de Harriet Vane. Si existe la más mínima posibilidad de que ese veneno haya sido administrado de otra manera aunque sea en el lapso de cinco minutos en medio de la calle, si la Corona no ha sido capaz de eliminar esa ridícula posibilidad por medio de pruebas, no puede darse un veredicto de culpabilidad. Que vosotros diréis que os da igual, pero a mí me parece muy interesante porque todo el argumento del juez gira en torno a esto.

Creo que queda claro que he disfrutado mucho de la relectura y que seguiré con mi proyecto de revisionar todo lo que tengo de esta autora (que se me va a acabar pronto, dicho sea de paso... ahora que hay tanta editorial recuperando misterios clásicos, a ver si alguna se acuerda de Sayers). Por cierto, sé que algunos os estaréis preguntando si es necesario leer estos libros en orden o da igual. Quien me conoce un poco sabe que me obsesiona leer las series en orden siempre que sea posible, pero bajo mi punto de vista, y teniendo en cuenta que en castellano han publicado lo que han querido, en el orden que han querido y que faltan muchos por traducir, pues obviamente os diría que no. Sí, puedes seguir mejor el progreso del personaje (que lo tiene) si lees los que hay en orden, pero vaya, que tampoco es que haya una trama personal potentísima de trasfondo que obligue a seguir un orden concreto ni afecte a las propias investigaciones. En cualquier caso, si gustáis de este tipo de literatura, Sayers es lectura necesaria, que además ella por sí misma fue una persona muy, muy interesante, culta, inteligente y avanzada para su época, y se merece mucho más reconocimiento del que tiene.


Dorothy Leigh Sayers nació en 1893 en Oxford, donde fue una de las primeras mujeres en obtener una licenciatura, en su caso de Francés Medieval. En Londres trabajó en una agencia de publicidad desde 1922 hasta 1929. Su aristócrata detective, lord Peter Wimsey, fue una de las estrellas de la novela negra en los años treinta y protagonizó doce novelas y varios libros de relatos. Dorothy Sayers también destacó como reputada teóloga, dramaturga, ensayista y traductora. Su Divina comedia todavía hoy se considera la mejor traducción al inglés de la obra de Dante. Amiga de T. S. Eliot, C. S. Lewis, Agatha Christie y G. K. Chesterton, Sayers fue una mujer avanzada a su tiempo, madre soltera en un ambiente estrictamente anglicano y victoriano, y precursora literaria de Patricia Highsmith y P. D. James. Murió en 1956. En 1973, la BBC produjo una serie basada en sus obras de lord Peter Wimsey, en la que Ian Carmichael encarna al sofisticado detective.

 

jueves, 8 de junio de 2023

RESEÑA (by MH) ::: EN LA TIERRA DE LOS SANTOS Y LOS POETAS - Alfredo Panzini


 
Título original: Piccole storie del mondo grande
Autor: Alfredo Panzini
Editorial: Ardicia
Traducción: Pepa Linares
Prólogo: Antonio Colinas
Páginas: 96
Fecha publicación original: 1901
Fecha esta edición: febrero 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 14 euros
Ilustración de cubierta: Martin Elfman
En su delicioso En la tierra de los santos y los poetas, como un moderno flâneur, Alfredo Panzini recorre en bicicleta las míticas regiones italianas en las que dejaron su impronta Giacomo Leopardi, Dante Alighieri o Francisco de Asís, reuniendo de este modo arte y espíritu en un lúdico itinerario cuya finalidad no es otra que la de aunar, en su forma esencial, la vida y la literatura. O, como bien escribe Antonio Colinas en su hermoso prólogo a esta edición: «A veces, los seres humanos no solo siguen un viaje físico -el que aprecian los ojos que contemplan y sienten los pies que caminan o, en este caso, pedalean- sino también un viaje interior, que es el que coopera al propio conocimiento, a un ahondamiento en un vivir sabiamente la realidad, a metamorfosearla a través de la creatividad, pero sobre todo de un mundo interior. Cumple así este libro una doble función: ser delicada guía para quien no conoce temas, lugares y personajes y, a la vez, conducir a autor, viajero y lector a una iniciación en un conocimiento más hondo: el que proporcionan las huellas que han dejado determinados poetas y santos de una Italia siempre paradigmática».


En mis estanterías tengo auténticas rarezas a las que me gusta acercarme en el momento justo, y el de
En la tierra de los santos y los poetas ha sido ayudarme a cumplir la premisa del mes de marzo en el reto de La vuelta al mundo en doce libros, de mi querida Undine (y que por ahora llevo al día en Instagram, por aquí imposible... a partir de mediados de año ya veremos). No sabía qué esperar y me he encontrado una lectura de esas que hoy en día se denominan cozy complementada con literatura de viajes en un país que adoro por encima de todas las cosas como es Italia.

Para que comprendáis el tono de la narración, os pongo este párrafo que casi abre el libro:
En lo mejor de nuestra conversación, mi bicicleta detonó como una santabárbara y de repente Pasini me vio desaparecer entre una nube de polvo, como una deidad homérica. ¡La rueda trasera había estallado! Y henos allí, transformados de golpe en dos peatones agachados y polvorientos, objetos de escarnio de los transeúntes que antes mirábamos desde arriba, ¡volando con tan soberbia presteza! Ciertamente uno camina sobre una burbuja de aire, y no solo en la vía que conduce de Rímini a Pésaro.
Como veis, el estilo de Panzini es una mezcla de humor bonachón, ironía amable y una visión de la vida muy particular, y así se mantiene durante todo el viaje... viaje del que todavía no os he contado nada, así que me pongo a ello.
 
En la tierra de los santos y los poetas es un libro de viajes en bicicleta en el que se recorren parcialmente dos zonas de Italia: Las Marcas y Umbría. Los viajeros son el propio autor, Alfredo Panzini, ciclista normal que disfruta más del paisaje y de las gentes que va encontrando por el camino que del deporte en sí mismo (ciclista de paseo, que diríamos ahora), y su amigo Pasini, un ingeniero apasionado del ciclismo muy habituado a darse buenos tutes a lomos de una bicicleta y que será quien marque los tiempos, las jornadas y quien apriete un poco las tuercas a Panzini cuando le flojean las piernas. Y una vez puestos en marcha el libro está dividido en dos partes, y al comienzo de cada una, a modo de título, se nos dice dónde vamos a ir, qué vamos a visitar y los temas que se van a tratar.  
 
En la primera parte se mueven por la región de Las Marcas y, partiendo desde Rímini un 3 de agosto de 1898, ponen rumbo con destino a Recanati, pasando durante el trayecto por Pésaro (ciudad natal del compositor Gioachino Rossini), Fano, Senigallia (lugar de nacimiento del propio autor), Ancona, Aspio y Loreto, ciudad donde está el santuario dedicado a la Virgen del mismo nombre y donde hacen un parón más prolongado. En cualquier caso, como digo, el destino es Recanati, cuna del poeta, filósofo y filólogo del siglo XIX Giacomo Leopardi, y ahí es donde hacemos la parada más larga y donde recorremos unas calles que siguen respirando poesía y que esconden rincones, personas y lugares que apuntan directamente a los versos escritos por el poeta. La plaza mayor dedicada a él, con un monumento erigido a su figura (os dejo la imagen aquí al lado); el palacio de la familia, los lugares donde se sentaba a escribir, la casa de aquella muchacha que nombraba en uno de sus poemas (Nerina para la posteridad, Maria Bellardinelli realmente de nacimiento)... los habitantes de Recanati te hacen una ruta de las calles que paseaba, pisaba y amaba Leopardi, todo rodeado por un valle tranquilo y soleado hacia el que se dirige la mirada de los visitantes una y otra vez.
 
Creo no equivocarme si afirmo que Giacomo Leopardi,a pesar de ser un erudito del Romanticismo italiano venerado por aquellas tierras, resulta muy desconocido para los lectores de hoy en día. Sin adentrarme aquí en su obra, sí quiero resaltar que su obra está considerada como pesimista y supurante de desvalimiento, y creo que Panzini lo resume muy bien cuando dice: Quien puede expresar la armonía de la vida con los medios sensibles que llamamos arte no disfruta de la vida; y quien la disfruta no sabe expresarla. Leopardi, qué duda cabe, pertenecía al primer grupo. Resultan curiosos, por cierto, los rumores que corrían entre los aldeanos de Recanati por aquella época; a saber, que el poeta había muerto envenenado por no querer traicionar sus ideales, cuando lo cierto es que fue un hombre muy enfermizo toda su vida a muchos niveles (respiratorio, cardíaco, circulatorio...), sufría a causa de su deformación de la columna vertebral que le provocó una doble joroba y murió a causa de su muy delicada salud. Por ir terminando con Leopardi y Recanati, dejo aquí esta otra cita del autor que resume la comunión entre ambos:
He hallado el secreto de la poesía de Leopardi. Es una poesía autóctona, sin tradiciones, sin escuelas, surgida aquí, formada a partir de una naturaleza antigua y de un alma nueva.
Nos montamos de nuevo sobre la bicicleta y comenzamos a pedalear. Las Marcas limitan al oeste con los Montes Apeninos y al otro lado está Umbría, que es hacia donde ponen rumbo Panzini y Pasini en la segunda parte de este viaje lleno de montes, valles y campos fragantes. El objetivo más importante en este caso es Asís, pero antes seguimos haciendo paradas, hablando con señores mayores sentados en muretes que saben de todo y lo mismo te comentan la batalla de Castelfidardo y la toma de Ancona como te hablan del cercano castillo de la Rancia, donde Napoleón se alojó en 1798 cuando firmó el tratado con Pío VI... enciclopedias andantes (aunque sea con la ayuda de bastones) de su tierra y deseosos de compartirla con forasteros a los que dirigen para continuar con bien su viaje. Pero no quiero entretenerme de más, que me estoy alargando mucho. Hacemos noche en Tolentino, a orillas del río Chienti y patria de san Nicolás, y seguimos hasta Serravalle, último pueblo de Las Marcas. Y ahí entramos en Umbría, pasamos por Foligno, Spello, el templo de Santa Maria degli Angeli, la casita de la Porciúncula (lugar donde comenzó el movimiento franciscano)... y traspasamos las murallas de Asís.

Aquí, sobre todo, prima la denuncia a una ciudad en la que todo el mundo vive del turismo que rodea a la figura de san Francisco de Asís. Ya en Loreto, unas cuantas páginas atrás, el autor comparte el sentir de una de las personas con las que se cruza en el camino:
Hay más de cuarenta mil herejes en Loreto, que no consideran nada a la Virgen y solo se ocupan de sangrar a los pobres forasteros, pero, por amor de Dios, no diga nada a nadie porque me desangrarían a mí.
Este mismo sentir, multiplicado por mil, se transmite en Asís. Los turistas desesperados porque no consiguen quitarse de encima a los guías, cicerones, sacristanes y mendigos que no solo no les dejan dar un paso, sino que están constantemente tocándolos para llamar su atención. Por eso no deja de tener su gracia que a Pasini y a Panzini se la dan con queso en determinado momento, cuando llega un libertador a dispersar a sus acosadores y resulta ser más de lo mismo pero con un método mucho más sofisticado y elegante, adaptado al malestar creciente de los visitantes de la ciudad que buscan un respiro. Y de su mano visitan el Pincetto (un parque público inmenso lleno de setos y mármoles), la catedral, la casa paterna de san Francisco... Pero  no termina aquí el viaje y aún se dirigen a Gubbio, con su anfiteatro romano, a Scheggia, e incluso suben al monte Catria. Os lo aseguro, nunca tan pocas páginas albergaron tanto pedaleo, turismo, ciudades, paisajes y sitios que admirar y visitar. Tardo yo más en comentarlo que Pasini en escribirlo, y aun así no estoy contando nada salvo trazaros un poco la ruta :)
 
Este es el viaje de su autor en busca de la personalidad y el espíritu de dos regiones italianas que hasta el siglo XIX estuvieron muy aisladas y cuyas intransitables zonas montañosas, a principios del siglo XX, seguían confinando un carácter muy arraigado y especial dentro de la geografía itálica. Buscando un objetivo que aunase todo esto con la literatura, el arte y la espiritualidad, decidió seguir las huellas de un poeta (Leopardi) y un santo (Francisco de Asís), dos personajes célebres.
Pasini, el ciclista experimentado, parece que está corriendo el Giro de Italia, pero Alfredo Panzini se recrea en el viaje, observa todo con atención, se integra en la idiosincrasia de cada lugar que visita y, dejando a un lado lo que cuenta de las localidades y sus ciudadanos ilustres, ahí radica la singularidad de su narración. 
 
En la tierra de los santos y los poetas es un libro de no ficción breve, sencillo en la narración, sin ninguna guía predeterminada ni ningún esquema en apariencia que estructure la narración. Simplemente se deja llevar por sensaciones, pensamientos y reflexiones, y las transmite con delicadeza, frescura, naturalidad y una sensibilidad carente de artificios. Hay lirismo porque la temática, la ambientación, los lugares y la propia ruta emanan lírica, pero no hay engolamiento ni pedantería, y por eso es un gustazo recorrer el trayecto acompañando al autor. Además se para a hablar con los transeúntes que se va encontrando por el camino, con los campesinos y con los propios habitantes de las localidades donde paran, y comparte con el lector esas conversaciones entre desconocidos que, aunque breves, esconden el espíritu mismo de las tierras que están recorriendo y de sus gentes, que es en realidad uno de los objetivos de este viaje: retratar la Italia misma que subyace en estas dos regiones por medio tanto de sus ciudadanos célebres como de aquellos anónimos que realmente conforman la identidad de su tierra. El final peca de abrupto, estamos viajando y de repente se termina el libro y sanseacabó, pero aun así es una lectura muy interesante y curiosa si os llaman este tipo de libros.

 
 
 
Alfredo Panzini (Senigallia, 1863-Roma, 1939). Escritor italiano. Dotado de una sólida formación clásica y de una visión escéptica del mundo, en su obra expresa la repulsión que le inspiraba la modernidad. De su obra lingüística destaca el Dizionario moderno (1905); de la narrativa, los escritos autobiográficos La lanterna di Diogene (1907) y Viaggio di un povero letterato (1919), y las novelas Il mondo è retondo (1921) e Il padrone sono me (1922).