miércoles, 15 de agosto de 2018

RESEÑA (by MH) ::: UN ASUNTO SUCIO - Marco Vichi




Título original: Una brutta faccenda
Autor: Marco Vichi
Editorial: Duomo
Traducción: Cristina Zelich González
Páginas: 304
Fecha publicación original: 2003
Fecha esta edición: junio 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18,50 euros 
Ilustración de cubierta: Giancarlo Caligaris

 
Abril de 1964. Florencia está cubierta por un cielo gris y triste que no presagia nada bueno. Casimiro, un amigo del comisario Bordelli, acaba de descubrir el cadáver de un hombre en Fiesole, a las afueras de la ciudad. Aunque se apresuran al lugar del supuesto delito, cuando llegan ya no hay ni rastro del cuerpo. Pocos días después, aparece el cuerpo sin vida de una niña y en él se descubre una extraña marca. No será el último cadáver. Comienza así el cerco a un posible asesino en serie y uno de los periodos más sombríos en la carrera de Bordelli. Es un asunto sucio para él y para el resto del equipo de investigadores; un caso que parece destinado a convertirse en una pesadilla sin fin, tan oscura como el cielo de Florencia.

Hay muchísimas series de novela negra con un montón de adeptos con las que yo ni he empezado, y la que estoy siguiendo es precisamente de las que creo que menos llaman la atención o menos entusiasman. De hecho tengo ya preparados los cinco libros publicados por Duomo sobre este comisario (los tres recientes con estas nuevas y preciosas cubiertas, y los dos anteriores que rompen un poco con el diseño y publicados hace ya unos años). El año pasado reseñé El comisario Bordelli, y hoy os traigo la segunda novela de la serie. Y tened por seguro que, después de haber leído Un asunto sucio en apenas tres ratitos por la noche, estoy deseando ponerme con el siguiente, El recién llegado

Estamos en abril de 1964, y ha pasado un año de los sucesos que se narraban en la primera novela de la serie. La rutina en la comisaría sigue su inercia hasta que Bordelli recibe la visita de Casimiro, uno de esos delincuentes medio decentes con los que parece llevarse tan bien y que le dice que ha encontrado un cadáver en la parte externa de los muros de una villa en Fiesole. Cuando llegan allí no encuentran ningún cadáver, pero Bordelli tiene tiempo de atisbar una cara que le resulta conocida, aunque no consigue ubicarla. Casimiro se ofrece entonces para echar un ojo a cualquier cosa extraña que ocurra en los alrededores de la villa y averiguar quiénes son sus ocupantes. Por otro lado, en un parque de Florencia aparece una niña muerta que ha sido asesinada a plena luz del día mientras jugaba en él. Ha muestro estrangulada, y el asesino ha dejado su marca personal: un profundo mordisco en el abdomen. Pronto el asesinato está en boca de todos, y Bordelli sabe que tiene que darse prisa en encontrar al culpable, porque tiene toda la pinta de que este no será el único asesinato que cometa.

En esta segunda novela de Bordelli se mantienen los parámetros del primer libro: la vida personal de Bordelli entremezclada con su trabajo policial, además de un paseo por la Florencia de los fiorentinos, muy lejos de cualquier rastro turístico mínimamente identificable. Aun así, lo que sí resulta muy evidente es un progreso o una evolución en los casos a resolver, que no solo son dos en lugar de uno, sino que son más complicados e intrincados que en el primer volumen... bastante más trabajados a nivel de trama, por así decirlo, porque hay que reconocer que al caso que debía resolver en El comisario Bordelli quizás le faltaba chicha porque quien realmente importaba era el comisario (que yo lo disfruté igualmente, que conste, pero entiendo a quien le pareciese simplote). En esta segunda novela, se alternan las investigaciones del asesino en serie de niñas con un mordisco en el abdomen con la del caso de la villa de Fiesole, que también se complica bastante, asesinatos incluidos, y que ahonda no solo en el pasado de Bordelli, sino en el mismo pasado histórico de Europa (no puedo dar más datos sin desvelar cosas que no debo).

Tal y como comento arriba, también se mantiene todo el aspecto humano de la historia, no solo en cuanto a Bordelli sino en lo que respecta a sus amistades y las personas que le rodean, pues parece evidente que los secundarios que se nos presentaron en el primer libro llegaron para quedarse: Piras, el policía sardo que se convirtió en su mano derecha en la primera novela; Totò, el cocinero de corta estatura que da de comer a Bordelli en su propia cocina día sí y día también; Dante, un excéntrico inventor que formó parte de la investigación del primer libro; Rosa, una prostituta retirada que ejerce de oasis cuando Bordelli necesita relajarse, aunque  la relación entre ambos es solo de amistad (al menor por parte del comisario); Diotivede, médico forense de setenta años que se relaciona mejor con los muertos que con los vivos; el Botta, ladrón y estafador superdotado para la cocina... El modo en que Bordelli se relaciona con sus amistades dice mucho de sí mismo, y el modo en que trata a esos delincuentes que todavía son decentes dentro de su picaresca y su afán de supervivencia, todavía más. En este mundo fiorentino sesentero de polis y criminales hay más abundancia de grises que de blancos y negros.

Ya os lo digo al principio, el libro apenas me ha durado tres ratos en las manos. Sé que hay lectores que consideran lentas las tramas protagonizadas por este comisario italiano, y seguramente si comparamos estas novelas negras con lo que se mueve y triunfa hoy en día en el género, lo serán... pero os aseguro que yo las devoro. No sé si el hecho de que me apasionen los clásicos policíacos y su tempo (mucho más pausado que el de la novela policíaca actual) tiene algo que ver, pero no me importa si la historia no es trepidante ni está llena de acción si lo que cuenta y cómo lo cuenta me gusta, y el comisario Bordelli en su Florencia de los años 60 me gusta mucho. Sí, mientras resuelve los casos nos llora un poco sobre lo solo que está porque ninguna mujer le quiere y tiene la cabeza llena de recuerdos de guerra que el autor no duda en compartir con el lector. También se va por las ramas a veces, y resulta fastidioso a ratos con tanto cigarro (fuma tanto y Vichi nos describe tan pormenorizadamente cada cigarro que se lleva a la boca que cierras el libro oliéndote la ropa a ver si se te ha pegado el olor a tabaco), pero todo forma parte de lo que le hace peculiar como personaje y es un comisario sólido, diferente, y sus novelas casi intimistas, diría yo.

Por todo esto imagino que Bordelli en sí mismo, como personaje, no es plato para todos los gustos. Es una persona excesivamente melancólica, tiene cierta tendencia a la autocompasión en lo que a su vida personal se refiere, su mente se va más de la cuenta a la Segunda Guerra Mundial y a sus vivencias dentro del batallón de San Marcos en su lucha contra los alemanes, fuma como un carretero, en cuanto pone un pie en el despacho se abre una cerveza... Y aun así, te cae bien, te parece real, factible, precisamente porque sus miedos y sus obsesiones no son rocambolescos ni rebuscados, como pasa con otros muchos detectives y policías de la novela policíaca actual. Tiene cincuenta y cuatro años, vivió una guerra que siempre tiene presente, se siente solo, tiene tendencia a obsesionarse con los casos, es justiciero e introspectivo, hace la vista gorda ante pequeños delitos y delincuentes mediocres, jamás usa la violencia y le gusta rodearse de sus amigos y organizar buenas cenas. No es ni mejor ni peor que otros policías literarios: simplemente es él mismo. Se compara mucho a Bordelli con detectives nacidos en la época dorada de la novela negra clásica, como el Marlowe chandleriano, y por una vez, y sin que sirva de precedente en cuanto a markéting se refiere, no me parece nada desatinada la comparación.

A mí esta serie creada por Marco Vichi me parece muy recomendable, pero imagino que solo la disfrutarán aquellos amantes de la novela negra que no les importe un tempo pausado, un protagonista contemplativo y melancólico y un desarrollo reflexivo e intimista de las subtramas, ya sean policiales o personales. Yo soy muy fan de Bordelli, me parece un protagonista muy diferente a lo que se suele ver en el género, y lo diferente, si bueno, doblemente imprescindible :)




Marco Vichi nació en Florencia en 1957 y vive en el Chianti. Es escritor de relatos, obras de teatro y novelas, entre las que destaca la serie protagonizada por el comisario Bordelli. 

Vichi imparte talleres de escritura en varias ciuades italianas y es profesor en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia.

Duomo ha publicado también las novelas Muerte en Florencia (galardonada con el premio Giorgio Scerbanenco-La Stampa 2009) y La fuerza del destino. 

lunes, 13 de agosto de 2018

RESEÑA (by MB) ::: LA MUJER DE VERDE - Arnaldur Indridason





Título original: Grafarþögn
Autor: Arnaldur Indridason
Traducción: Enrique Bernárdez
Editorial: RBA
Páginas: 304
Fecha publicación original: 2001
Fecha esta edición: 2009
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros 
Ilustración de cubierta: Tomás Frost

 
Unos obreros de la construcción descubren un esqueleto humano mientras trabajan en una urbanización de Reykiavik. Años antes, esa parte de la ciudad era todo colinas, y Erlendur y su equipo esperan que se trate de un caso típico de desaparición; quizá alguien una vez se perdió en la nieve y ha permanecido enterrado durante décadas. Pero las colinas tienen más de una trágica historia que contar: relaciones fallidas y angustias, la ira, la violencia doméstica y el miedo, la lealtad familiar y la vergüenza de la familia. Pocas personas quedan aún con vida que puedan contar la historia, y los secretos llevados a la tumba no pueden permanecer ocultos para siempre. Mientras Erlendur comienza a desenterrar secretos casi olivdados, también deberá salvar a su hija de la autodestrucción.
La mujer de verde es una de las novelas negras más premiadas y elogiadas de los últimos años en Europa y Estados Unidos, entre ellos con el prestigioso Golden Dagger británico.

La mujer de verde es la segunda entrega de la serie de Erlendur Sveinsson, aunque para mí ha supuesto el primer contacto con este peculiar detective creado por Arnaldur Indridason.

Nuestro buen detective es como esa tierra que lo acoge. En una primera capa es fría, dura y descarnada, donde la vegetación se reduce a la mínima expresión, los árboles son protagonistas por su ausencia y la aparición de alguien en el horizonte es verdaderamente chocante. Pero, cuando vamos profundizando en su corteza, nos damos cuenta que ya no todo es frío, sino caliente y más caliente... hasta llegar a la lava viva e incandescente.

Pues así, igual que la naturaleza que le rodea, es Erlendur Sveinsson, un hombre rudo, lejano y en principio indiferente a todo y a todos pero que, conforme vamos descarnándolo, vemos que la indiferencia es la compasión por todo y todos, el trabajo minucioso, el no dejar nunca cabos sueltos y el preocuparse por todos los asuntos inacabados, ya sean del presente o del pasado. Él, a través de su impecable técnica investigadora, irá descarnando y descarnándose hasta llegar a la heridas que siguen y seguirán supurando por asuntos que la consciencia colectiva borra y olvida convirtiéndolas en leyendas islandesas.

Erlendur es un buen conocedor de la naturaleza humana y un hombre introspectivo lleno de remordimientos y asuntos inacabados, por lo que su trabajo le permite al menos cerrar los ciclos y las etapas que él mismo es incapaz de clausurar. Esa compasión le hace comprender y no juzgar (simplemente ayudar), y es la misma que trabaja y mueve su mente en sentido contrario, impermeándolo ante toda posibilidad de felicidad y convirtiéndolo en un ser frío e incomprendido a vistas de la sociedad. Por otro lado, corrientes soterradas mueven y dirigen sus pasos impidiéndole permitirse una pizca de autocompasión, una poca de felicidad y, en definitiva, aceptar y asumir que su vida es tal como es.

Volviendo a La mujer de verde, la historia comienza con la aparición de un esqueleto a las afueras de Reikiavik, aunque no se sabe si se trata de un hombre o una mujer. En un principio solo han podido datarlo en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, y con estos datos arranca la que es una gran y tremenda narración.

En esta novela el trabajo de los arqueólogos es el que marca el ritmo del relato. El autor no nos da todos los datos forenses al principio, sino que tenemos que descubrirlos por otras fuentes o ir esperando al transcurrir de las páginas para poder reconstruir toda la historia. Será necesario utilizar toda la psicología creativa e histórica para saber los porqués de ese esqueleto; el mejor para ello es el inspector Erlendur, quien, junto a Elínborg y Sigurdur Óli, formará el equipo de investigadores necesarios para desenterrar y entender lo que pasó hace años.

Arnaldur Indridason nos conduce inteligentemente y con maestría del presente al pasado, uniendo las subtramas en una principal y haciendo que el lector pase de una a otra sin perder el interés por lo que en ellas se nos cuenta, pues todo está compuesto del mismo material sensible: la injusticia social, el silencio acallado, el mirar para otro lado, la falta de denuncia ante situaciones tremendas que hace que una guerra pase desapercibida para esas personas, pues la verdadera batalla se vive dentro de una casa, de una familia... y aunque todos a su alrededor parecen ser conscientes de lo que pasa, miran hacia otro lado o piensan que son asuntos que no les corresponden. El autor muestra hábilmente esta denuncia social sin ni siquiera pendular en su importancia con las subtramas contemporáneas al inspector Erlendur

Al final nos identificamos con todos los personajes, sentimos su dolor e impotencia, la ausencia de esperanza, la aniquilación de sus almas y espíritus... y anhelamos algún tipo de justicia para poder calmar y mitigar ese dolor injusto y sin propósito. Arnaldur construye un personaje que posee todas las herramientas mentales para enfrentarse a estas circunstancias tan sobrepasadas: la frialdad le invita a no abandonar, a seguir adelante, a enfrentarse con la realidad más descarnada aunque esta tenga más de setenta años. Al mismo tiempo, él debe asumir su propia vida, sus fantasmas, sus consecuencias y sus porqués, que también son tremendos.

La historia que se nos cuenta en La mujer de verde no podría encasillarse en una historia típica islandesa, donde el carácter nórdico moldea y escenifica la trama. A mi entender, creo que lo que el autor nos cuenta atañe a todo ser humano (y no tan humano) que sea capaz de engendrar lo peor y lo mejor, y donde la denuncia social después de tantos años no es suficiente para salvar a tantas víctimas inocentes. Usa para ello una técnica narrativa magistral, donde la austeridad y la sencillez comulgan con una cristalina complejidad que hace que todos los personajes, ya sean del pasado o del presente, dejen esa huella indeleble, imborrable e imperecedera en nuestra memoria, pasando, en definitiva, a formar parte de nosotros mismos sacudiendo nuestras conciencias, impidiendo la anestesia social y obligándonos a no mirar hacia otro lado.

Un gran descubrimiento, una gran novela.


Arnaldur Indriðason (Reikiavik, 28 de enero de 1961) es un escritor islandés. Licenciado en historia, es periodista, crítico de cine y autor de novela negra. Vive con su mujer y sus tres hijos en Reikiavik. Es el autor más conocido de las letras islandesas, traducido a 37 idiomas y con más de 7 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo en octubre de 2011.

En 1997 creó para sus novelas policíacas al personaje del inspector islandés Erlendur Sveinsson, un hombre obsesionado por el pasado y la sombra de su hermano, un niño que desapareció. Divorciado tras un breve matrimonio, solitario y deprimido, Erlendur tiene una hija drogadicta llamada Eva Lind, a la que solo habla cuando no puede escucharle, y un hijo llamado Sindri Snaer. La investigación criminal en sus novelas suele ser un pretexto para resolver un enigma del pasado, y en ellas el lirismo cumple un papel importante. Los autores que le han influido más son dos escritores suecos de los años sesenta, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, que escribieron las aventuras del inspector Martin Beck. 

En 2013 obtuvo el VII Premio RBA de Novela Policiaca por su obra Pasaje de las sombras (Skuggasund).

jueves, 9 de agosto de 2018

RESEÑA (by MH) ::: EL VAMPIRO - John William Polidori



Título original: The vampyre
Autor: John William Polidori
Editorial: Planeta
Traducción: No especificado en la edición
Prólogo: Mariana Enríquez
Páginas: 96
Fecha publicación original: 1819
Fecha esta edición: 2010
Encuadernación: rústica
Precio: 13,90 euros 
Ilustración de cubierta: Miguel Ángel Chávez Villalpando/Alma Julieta Núñez Cruz

 

El vampiro es el relato fundacional del género del «vampiro romántico». Polidori lo escribió en las tormentosas noches de verano, entre el 16 de junio y el 19 de junio de 1816 (en el que fue el año sin verano), en Villa Diodati, junto con Lord Byron, Percy Shelley, Mary Shelley, la condesa Potocka y Matthew Lewis. Villa Diodati era considerado por Mary Shelley como un lugar culturalmente sagrado, en donde habían estado escritores como John Milton, Rousseau y Voltaire. El relato trata de exponer la fuerza del mito que hace que la gente común no crea en los vampiros, de ahí que el protagonista, Lord Ruthven, se aproveche de esta situación para cometer sus actos sanguinarios. Otra de las armas de Ruthven es su gran capacidad de seducción y su efectividad como lo que es, un vampiro, que destaca en el cruel final de este relato con el que Polidori transformó el personaje de vampiro del folclore en una personalidad aristocrática, causando gran impacto en la sociedad de la época.

Quien más y quien menos sabe que este año se celebra el 200 aniversario de la publicación de Frankenstein, de Mary Shelley, y también quien más y quien menos conoce la historia de cómo fue concebida la historia la noche del 18 de junio de 1816. Me atrevo a añadir que también es de sobra conocida la presencia aquella noche en Villa Diodati de Percy Shelley y de lord Byron, que también formaban parte de esa particular apuesta e intentaron dar igualmente forma a un relato de terror o de fantasmas.

Sin embargo, yo hoy vengo a reinvidicar al otro personaje que estaba presente aquella noche, a ese que suele pasar totalmente desapercibido y al que, sin embargo, los amantes del género de terror en general, y de  la figura del vampiro en particular, se lo debemos todo. Y cuando digo todo, me refiero a todo. John W. Polidori, médico personal de Byron, también concibió aquella noche otro relato de terror gótico fundamental, primigenio y fundacional para la literatura de terror tal y como la conocemos hoy en día: El vampiro.

¿A qué me refiero exactamente? Antes de este relato que hoy os traigo, el vampiro era un mero monstruo de dos patas y colmillos, nada humano, que formaba parte del folclore popular y las supersticiones orales, y que jamás había sido plasmado sobre el papel. Polidori creó un vampiro muy diferente, y al hacerlo pasó a formar parte de la historia de la literatura por dos razones.

La primera, porque El vampiro es el primer cuento de no muertos publicado en lengua inglesa. La segunda, porque creó la figura del vampiro romántico, caballero o aristócrata, atractivo, misterioso... esa figura que hoy damos por sentada y que tan asimilada tenemos no solo literariamente hablando, sino visualmente en otros medios como el cine y la televisión. No, no fue creada por Bram Stoker, como mucha gente cree, sino por Polidori, y además muchas décadas antes del famoso Drácula. Creó un arquetipo de personaje que ha perdurado durante siglos y que a día de hoy sigue vigente y reinventándose.

Encima, injustamente y por motivos publicitarios, durante algún tiempo los editores promocionaron este relato como obra de lord Byron, que ya era muy famoso en la época (por su libertinaje, entre otras cosas), y no fue hasta tiempo después que su verdadera autoría se desveló (en defensa de Byron hay que decir que se apresuró en desmentir que él fuese el autor). Aun así, muchos amantes de la novela de terror o de vampiros siguen desconociendo los orígenes del vampiro que tanto les entusisma, y como yo soy un poco abogada de los pobres (o eso me han llamado siempre en mi casa), aquí me tenéis, recomendando que lo leáis porque, al hacerlo, estaréis asistiendo al nacimiento de un mito literario... y porque Polidori se lo merece. Punto pelota xD. 

¿La historia? En la adinerada vida social de Londres aparece un extraño conde, atractivo, misterioso, que atemoriza a los hombres y encandila a las mujeres, aunque a él solo le interesan las mujeres virtuosas e inocentes, a las que seduce hasta hacerles caer en desgracia. Su nombre, lord Ruthven. Al tiempo aparece en escena Aubrey, un joven huérfano enfermo de romanticismo que, intrigado por la personalidad de lord Ruthven, cuando se entera de que este tiene planeado un viaje por Europa, insiste en acompañarlo... Pero lo que sucede en ese viaje condiciona y destroza para siempre la vida de Aubrey conforme va siendo consciente de quién (o más bien qué) es en realidad lord Ruthven.
Su semblante tenía un tono lívido, mortal. Jamás se coloreaba con un tinte rosado, ni por el rubor de la modestia ni por la fuerte emoción de la pasión; sin embargo, sus facciones y su perfil eran bellos. Muchas damas, de esas que andan siempre en busca de notoriedad, trataban de conquistar sus atenciones y conseguir al menos algunas señales de afecto de este visitante.
Como ya he comentado varias veces es un relato, con lo que se lee tranquilamente en quince minutos, pero os aseguro que tiene su planteamiento, su nudo y su desenlace perfectamente estructurados y contando una historia completa sin fisuras. Y sí, sé que leyéndolo a día de hoy pensaréis "pues si esto ya lo hemos leído de muchas maneras diferentes y no tiene nada de novedoso". ¡Nonononono! Este relato fue lo novedoso, el origen de todo, y lo que nos ha llegado con mucha más fanfarria y notoriedad, lo que vino después, es lo que otros escribieron basándose en el personaje y las características que le definen creados en este relato.

Además tiene su punto chismoso, y es que se albergan pocas dudas en cuanto a que Polidori se basó en lord Byron para crear a este ser cruel y egoísta que usaba a las mujeres a su antojo sin remordimiento alguno. Polidori era el médico personal de Byron pero no parece que sintiese mucho afecto por él; más bien al contrario, y como pasa siempre con muchas cosas, algo tan aparentemente nimio en un principio como esta visión negativa sobre una persona contra la que estaba resentido, se convirtió en todo un éxito traducido a varios idiomas y con adaptación teatral incluida que a día de hoy seguimos viendo y leyendo metamorfoseado en muchas cepas diferentes.

¿Adónde quiero llegar? A que hay que leerlo al menos una vez en la vida. Sí, ya sabemos que ante el Frankenstein de Mary Shelley, este relato de apenas 65 páginas parece poca cosa, pero oigan ustedes, que si Shelley creó al moderno Prometeo y a su monstruo, Polidori creó al vampiro romántico, gótico y aristocrático por excelencia, ese que hacía que a las mujeres se les cayesen las ropas blancas del gustirrinin y que corrompía la virtud con solo una mirada... ese que, a base de exprimirlo hasta la saciedad, sigue dando de comer a mucha gente... ese que (sí, reconozcámoslo) sigue fascinando y encendiendo la imaginación de muchas personas (iba a poner otro verbo, pero soy una inquilina de Netherfield y debo expresarme fisnamente y con propiedad). 

En resumen (aunque creo que ha quedado claro porque soy muy pesada): que Polidori se merece un respeto y un reconocimiento por el sillón que ocupó aquella noche en Villa Diodati entre tanto genio de la literatura, y porque además consiguió algo que dos de ellos, Byron y Percy Shelley, literatos célebres, no consiguieron: crear un personaje literario inmortal. Que eso está al alcance de muy pocos, señorías. Muy pocos. Y los lectores a veces tenemos muy mala memoria y se nos olvida darle al César lo que es del César, y no nos preocupamos por conocer los orígenes de la literatura que leemos. Polidori también existe. Team Polidori :)

Postdata 1. Mi edición ya tiene sus años, así que a día de hoy creo que es más fácil encontrar esta historia en recopilaciones de relatos y cuentos de vampiros que individualmente. De todos modos supongo que, al estar libre de derechos, tiene que andar por internet sin problemas disponible para su lectura :)

Postdata 2. Leedlo xD. 

Postdata 3. Añadida de última hora tras lectura pre-posteo inminente: siento de veras que a veces me salgan estas reseñas tan groupies, no puedo evitarlo.



John William Polidori (1795-1821) fue un médico y escritor anglo-italiano comúnmente asociado al movimiento romántico inglés. Autor del primer relato vampírico en inglés, El vampiro

Aunque era un médico aventajado que con solo 19 años había leído su tesis de licenciatura en la Universidad de Edimburgo, su ambición literaria dominó gran parte de su vida, y su relación con lord Byron, quien ridiculizaba sus escritos y a quien parecía envidiar (hasta el punto de que el vampiro de su relato se inspira directamente en el aristócrata inglés), no hizo más que deteriorarse hasta que este lo despidió.

Aquejado de una fuerte depresión y de múltiples deudas de juego, puso fin a su vida ingiriendo veneno, aunque el informe oficial fue de fallecimiento por muerte natural. Su hermana Charlotte publicó parte de su diario de manera póstuma, si bien eliminó los pasajes que consideraba censurables y destruyó el manuscrito original.

Polidori era tío por parte de su hermana Frances de los hermanos Rossetti, entre los que destacaron Dante Gabriel, el célebre pintor, y Cristina, una de las poetisas más importantes de su tiempo.

lunes, 6 de agosto de 2018

RESEÑA (by MH) ::: ETHAN FROME - Edith Wharton




Título original: Ethan Frome 
Autora: Edith Wharton
Editorial: Alba
Traducción: Ángela Pérez 
Páginas: 165
Fecha de publicación original: 1911
Fecha esta edición (2ª): diciembre 2014
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 14 euros 
Ilustración de cubierta: Detalle de Granja de Nueva Inglaterra en un camino invernal (1854, George Henry Durrie)
Un joven ingeniero retenido por su trabajo en una pequeña localidad de Massachussets observa a un hombre lisiado y envejecido que recoge en la oficina de correos una revista y un sobre con medicamentos. Es invierno y el ambiente del pueblo es claustrofóbico. El aspecto educado del hombre, la edad que no corresponde a su físico, los misteriosos silencios y prevenciones que despierta su presencia en los demás, su vida casi aislada en una destartalada granja con dos mujeres, llevan a preguntarse al ingeniero por qué sigue viviendo en un sitio de donde, como dicen los lugareños, «casi todos los listos se marchan». Pero el hombre tiene un motivo para no haberse marchado, o para haberlo intentado y nunca conseguido: una historia en la que se mezclan la fatalidad del destino y todas las sutilezas del amor prohibido.

Ethan Frome (1911) es una nouvelle cuyo escenario −los pueblos y bosques de Nueva Inglaterra− es toda una tradición de la más distinguida literatura norteamericana (de Hawthorne a Lovecraft) pero una excepción en una novelista esencialmente moderna y urbana como Edith Wharton. Sin embargo, desde su publicación, no dejaría de ser una de sus obras más características, uno de los ejemplos más celebrados de su sensibilidad y de su estilo. Un auténtico clásico norteamericano y una auténtica lección de arte narrativo.

Hoy vengo con otra relectura, que este año me ha dado por ahí... pero es que desde finales del año pasado os he ido leyendo varias reseñas del libro, y se os ha notado tanto lo mucho que lo habéis disfrutado que me ha dado morriña de lo que yo sentí la primera vez que lo tuve entre mis manos, así que he vuelto a sacarlo de la estantería y me he acomodado en un sillón dispuestísima a volver a maravillarme con él... y es que esta historia, creedme, es una auténtica gozada, y creo que con cada relectura la trama se engrandece a ojos del lector.

Le echamos el primer vistazo a Ethan Frome a través de los ojos del narrador, un joven ingeniero de paso en la ciudad de Starkfield (Massachusetts) que, por circunstancias laborales, se ve obligado a pasar todo el invierno en la ciudad. Nuestro narrador observa cómo Ethan se acerca en su calesa a la oficina de Correos cada día, recoge lo que haya, si lo hay, y, sin apenas cruzar palabra con nadie, se sube nuevamente a su calesa y se marcha a casa. Cicatriz roja en la frente, rostro lúgubre, lado derecho del cuerpo contraído y una persistente cojera. Este ingeniero va enterándose de algunos detalles sobre Ethan Frome por lo que le van contando aquí y allá pero, cuando por ciertas circunstancias Frome se convierte en su medio de transporte diario, será cuando comience a dibujarse ante él quién es realmente este hombre... y el día en que una intensa nevada les obliga a hacer parada en la granja de Frome, granja donde apenas pone nadie un pie desde hace más de veinte años, será el día en que comience a entender la verdadera historia de este hombre agreste como la tierra que lo vio nacer.

Aquí termina la voz del narrador en primera persona, y retrocedemos 24 años en el tiempo para ser testigos de lo que ocurrió, aunque esta vez la narración es en tercera. Y sobre todo y ante todo, regresamos para conocer quién era en realidad Ethan Frome. Pero antes quiero hablaros brevemente de la ambientación, porque el personaje que da nombre a esta novela está forjado desde las mismas entrañas que conforman la gelidez, dureza y severidad del entorno que le rodea. 

Starkfield es el nombre ficticio que la autora adoptó para este pueblo agreste de Nueva Inglaterra. Ya el nombre es toda una declaración de intenciones (hace referencia a la crueldad o inhóspito de aquella región), y la intención de Wharton era plasmar la realidad abrupta de aquellas tierras, que hasta el momento de la publicación de Ethan Frome, aparecían en la literatura de una manera bastante más acogedora y muy alejada de la realidad. Starkfield es una tierra de largos inviernos sepultados bajo la nieve donde el sol se oculta durante meses y el aislamiento empuja a sus gentes hacia lo más recóndito de sus hogares y sus almas, confiriéndoles una adustez perpetua y resistente.
Cuando llevaba allí un poco más, y había visto que seguían a esta fase de claridad cristalina largos períodos de frío sin sol, cuando las tormentas de febrero habían plantado sus tiendas blancas en la abnegada aldea, y la impetuosa caballería de los vientos de marzo había acudido en su apoyo, empecé a comprender por qué Starkfield salía del asedio de seis meses como una guarnición rendida por el hambre que capitula sin condiciones [...] considerando todo esto, comprendí la siniestra fuerza de la frase de Harmon: "Casi todos los listos se marchan".
¿Por qué no se marchó entonces Ethan Frome? ¿Qué le ataba a Starkfield? Porque Ethan Frome es, ante todo, muy inteligente. Lo es, pero no fue uno de esos listos que abandonó Starkfield. La respuesta a estas preguntas son el principio y el fin del personaje. Su pesada condena, esa piedra atada al tobillo que le arrastra a las profundidades de la nada infinita... su destino. Porque a Ethan Frome le toca siempre el palillo más corto y la mala combinación de cartas. Su destino siempre ha estado escrito en letras esquivas y malencaradas, su estrella siempre ha estado apagada y su suerte siempre ha estado vestida de desgracia. Ethan Frome nació para no ver cumplidos ninguno de sus sueños. Ninguno en absoluto. Solo en una ocasión rozó con las manos algo parecido a la ilusión, a la felicidad, a la dicha, y esa es la historia que se nos narra en estas páginas... la cruel historia que se nos narra en estas páginas.

Ethan Frome es un hombre parco en palabras pero de una sensibilidad e inteligencia acusadas y desaprovechadas en una granja en la que trabaja de sol a sol sin apenas obtener rendimiento. Iba para ingeniero, llegó a marcharse de Starkfield para estudiar y a punto estuvo de ser libre y de romper sus lazos con aquella tierra, pero la muerte de su padre lo trastocó todo. Ahora está casado con Zeena, una mujer mayor que él que vive presa de dolores imaginarios y aferrada a lazos que tiende alrededor del cuello de su marido y que maneja con destreza y malicia. Desde hace un año vive con ellos la joven Mattie, prima de Zeena, no muy apta para las labores del hogar, pero capaz de asombrarse con esos conocimientos tan inusuales para un granjero y de pintar con palabras lo que Ethan oculta en su alma.

Este es el triángulo alrededor del que Edith Wharton urde la trama, y los tres están retratados de un modo extraordinario a base de pinceladas, de gestos que les delatan, de miradas que entre ellos pasan de largo y que solo el lector puede atisbar, de palabras que no se dicen pero sobrevuelan estancias... Los buenos escritores no necesitan describir con meticulosidad cómo son sus personajes: simplemente les dan vida y los dimensionan sobre las páginas, y Wharton no era una buena escritora sin más: era muy (muy) buena, y la construcción de personajes era sin duda una de sus señas de identidad, una de las cosas que hacen grande su obra (creo que os digo lo mismo cada vez que reseño una novela suya, pero es que es totalmente cierto y no hacer hincapié en ello sería negligencia pura y dura).

A todo esto se suma la excelente narración, imbuida de una premonición fatal que acompaña toda la lectura; sabes que algo va a ocurrir, algo muy malo, porque sabes que el destino de Ethan Frome es negro como el tizón por muchos rayos de sol que él intente atrapar entre las nubes. Desde el inicio del libro lo esperas, lo anticipas, no os estoy desvelando nada que no sepáis desde la segunda página, pero no eres capaz de adivinar por dónde va a llegar, qué va a pasar, qué lo va a provocar... hasta que lo tienes encima y te deja sin aliento.

Y es que ese final es de los que nunca se olvidan, de los que te hacen pensar "Wharton, ¿de verdad vas a hacer lo que yo creo que vas a hacer?". Y lo hace, vaya si lo hace. Y le da al libro un broche majestuoso... sí, majestuoso. Con todas las letras. Qué pena no poder explicaros todo lo que encierra ese final, lo que significa en la historia, cómo la redondea, sin contaros cosas que serían imperdonables y que no puedo ni esbozar. Tendré que conformarme con la esperanza de que lo leáis y lo comprobéis por vosotros mismos. Y todo esto os lo digo sabiendo como sabía lo que iba a pasar. Imaginad la primera vez que lo leí.

La edición incluye un prólogo de la propia Edith Wharton a la edición de 1922, y me ha resultado muy curiosa porque muchas veces leemos un libro y no somos plenamente conscientes del proceso que hay detrás, del porqué un autor escoge una forma de narrar y no otra, una forma de darnos a conocer detalles y no otra, del grado de complejidad o superficiliadad conscientes que otorga a la narración y a los personajes... Wharton confiesa en este prólogo que su forma de abordar esta historia recibió el rechazo unánime de los pocos amigos a los que se lo esbozó, pero que ella, por primera vez, tenía la confianza suficiente en sí misma como para saber que hacía lo correcto y que debía seguir su instinto, haciendo caso omiso de esas opiniones disuasorias.

El resultado de esa persistencia, de esa terquedad, fue esta obra maestra, esta pulida joya escasa en longitud pero enorme en su genio narrativo, que creo que todo lector debería leer al menos una vez en la vida. Os aseguro que merece mucho la pena, y que probablemente no olvidéis nunca lo que encontréis en sus páginas.



Edith Wharton nació en Nueva York en 1862. Su nombre de soltera era Edith Newbold Jones. Su familia era de clase alta, comparable a la aristocracia europea, y consecuentemente recibió una esmerada educación privada.

Antes de cumplir los cinco años viajó por primera vez con sus padres a Europa. En 1885, cuando tenía veintitrés años, Edith se casó con Edgard (Teddy) Robbins Wharton, doce años mayor que ella. Se divorciaron en 1913 a causa de las repetidas y públicas infidelidades de su marido, que afectaron mental y físicamente a la escritora y que motivaron que tuviera que ser ingresada en una casa de reposo. 

Su primera novela, El valle de la decisión, se publicó en 1902: un romance histórico que transcurre en la Italia del siglo XVIII. El año siguiente publicaría Santuario, y en 1905 vería la luz su primera gran novela, La casa de la alegría. En 1907 se estableció definitivamente en Francia, donde se convirtió en discípula y amiga de Henry James. De esta época destaca su novela corta Ethan Frome, una trágica historia de amor entre personas corrientes ambientada en Nueva Inglaterra, que se publicó en 1911. Su obra más conocida es La edad de la inocencia, publicada en 1920 y ganadora del premio Pulitzer en 1921.

Edith Wharton está considerada la más genial novelista americana de su generación, admirada por intelectuales de la talla de Henry James, Francis Scott Fitzgerald, Jean Cocteau y Ernest Hemingway. Falleció el 11 de agosto de 1937 en la localidad de Sain-Brice-sous-Forêt, cerca de París. Está enterrada en el Cementerio de Gonards en Versalles.

viernes, 3 de agosto de 2018

RESEÑA (by MH) ::: EL CASO DEMICHELLIS - Francisco Marín





Título original: El caso Demichellis 
Autor: Francisco Marín
Editorial: Atlantis
Páginas: 330
Fecha de publicación: septiembre 2016 
Encuadernación: rústica
Precio: 19 euros 
Imagen de cubierta: Yeko Photo Studio - Fotolia.com




Un intenso thriller que se desarrolla en los juzgados y las calles de Ibiza y que nos atrapará desde las primeras páginas. Con el trasfondo de la crisis económica, un prestigioso abogado políticamente incorrecto y un extravagante detective buscan resolver un asesinato. En su búsqueda de la verdad se encontrarán con una serie de personajes variopintos y nos mostrarán los entresijos de la abogacía y las virtudes y miserias del sistema judicial español.


Conocí El caso Demichellis gracias a la reseña que Paco, de Un lector indiscreto, hizo en su día, y me llamó mucho la atención, porque además creo que es la única opinión que he leído sobre el libro y me he encontrado muchas buenas sorpresas fuera del circuito comercial. Además se agradece que se escriban novelas negras/thrillers/policíacas cuya ambientación no sea la misma de siempre (o la más habitual), así que un thriller ambientado en Ibiza y además en invierno, fuera de la temporada turística (es decir, la Ibiza del día a día de los ibicencos, por así decirlo) pintaba, como poco, original.

La novela empieza con un juicio, el de Eduardo Ribas, en el que se le juzga por el homicidio de la enfermera Ana López Demichellis. Raúl Ballesteros es su abogado del turno de oficio. Para él, no existe prueba de cargo, solo meras pruebas circunstanciales. Cree que su defendido es culpable de ciertos robos pero inocente del homicidio, aunque cuando el destino de una persona está en manos de un jurado popular, que exista prueba de cargo o no es casi lo de menos. La objetividad y la imparcialidad ni están, ni se las espera. Que ese jurado tenga conocimientos legales, ni se pretende. Así que Ribas, sin pruebas irrefutables que lo condenen, es declarado culpable. Primer zasca del autor al sistema judicial español (primero de unos cuantos):
¿A alguien se le ocurriría dejarse sacar una muela por una persona elegida por sorteo de entre el censo electoral? ¿Alguien dejaría que le arreglase su coche una persona elegida al azar? Seguramente en ambos casos preferiríamos un dentista o un mecánico con experiencia. Sin embargo, la Justicia parecía que la podía impartir cualquiera. Elegimos nueve personas por sorteo cuyo conocimiento sobre el funcinamiento de los tribunales procede de las series de televisión, les explicamos someramente el principio de presunción de inocencia, por si no lo han asimilado con las series, y hala, a decidir si condenan o absuelven a alguien de la comisión de un homicidio.
Ni siquiera la propia hermana de la fallecida, Raquel, cree que Ribas sea el culpable, así que visto que las autoridades no tienen intención de seguir indagando, propone a Ballesteros que ellos mismos busquen al criminal. Para ello necesitan la ayuda de un detective privado, y Raquel se pone en contacto con un antiguo compañero de universidad, Alex Zarco, un joven con antecedentes psiquiátricos al que le apasiona su trabajo y que, cansado de perseguir infidelidades y de trabajillos menores, ve en este caso la oportunidad de hacer un verdadero trabajo de investigación y de despuntar en la profesión. Los tres se disponen a averiguar la verdad, cueste lo que cueste.

En una época como esta en la que das una patada a una piedra y salen doscientas novelas negras o thrillers, los toques originales o diferentes muchas veces lo son todo a la hora de decantarse por un libro u otro y, además, disfrutarlo. La primera novedad, tal y como comento al princìpio, es  ambientar la historia en la isla de Ibiza y además en invierno, con lo que se aleja de la imagen que todos tenemos en la retina cuando pensamos en la isla, se quita de encima el trasiego de turistas y bullicios varios y nos ofrece la imagen de una capital tranquila en la que hay delitos, como en cualquier otra urbe, pero casi nunca de sangre. Además nos pasea por la ciudad pero de un modo tranquilo, sin apabullar con calles, bares y direcciones. 
 
La segunda es que el autor, funcionario de la Administración de Justicia, despliega sobre la mesa varias subtramas en las que no duda en criticar en funcionamiento de sistema judicial en nuestro país. Ya os comento arriba la del jurado popular, pero tampoco duda en lanzar dardos envenenados contra el modo de trabajar de los propios funcionarios de la Administración (sin cortarse un pelo), ni, y aquí es donde viene la velantía por parte del autor en los tiempos que corren, en adentrarse en un terreno tan pantanoso como la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, su nula practicidad judicial, el uso indebido que se hace de ella a nivel mediático y el miedo que tienen los políticos, sean del partido que sean, a meterle mano para no ser objeto de iras y presiones. Lo hace además argumentando todas las vertientes posibles, todos los enfoques y las ramificaciones judiciales y sociales así como su aplicación real, sin importarle meter los pies en el barro ni exponer hechos políticamente incorrectos, dejando con ello abierto el debate. En ningún momento adoctrina: lo que quiere es que el lector contraste los datos que tiene con los que está leyendo, y que se forje su propia opinión.

En cuanto a los personajes, los tres principales son obviamente los ya nombrados, y además os presento algún secundario. Raquel López Demichellis, la hermana de la fallecida, es quizás la más enigmática, la que más se esconde tanto del lector como de sus propios compañeros de aventura. Tiene un carácter fuerte pero reservado. Da dos pasos hacia delante y enseguida da uno atrás marcando las distancias. Raúl Ballesteros es un abogado de éxito cuyo trabajo le agobia, que vive en un mundo de nuevos ricos en el que no se siente a gusto, que a menudo se siente solo y deprimido, que empieza a sentirse viejo y que lidia con un divorcio bañado en mucha bilis y una hija adolescente que pasa de él y que comienza a frecuentar malas compañías. Su mejor amigo, Paco Marín, es millonario gracias a la lotería y, por tener algo en lo que entretener sus días de asueto sin fin, se dedica a pintar, a exponer sus obras, y ahora está decidido a escribir un libro (Paco básicamente vive la vida que muchos queremos vivir cuando decimos "a ver si me toca la lotería" xD). Y luego está Alex Zarco, un detective privado algo torpón y especial, con un trastorno psiquiátrico a cuestas pero muchas ganas de hacer cosas y de hacerlas bien, que comienza un tanto torpe en sus investigaciones y que al final, a fuerza de constancia, resulta una pieza clave en la resolución del caso.
 
Ya sabéis que cuando reseño este tipo de libros intento contar lo menos posible sobre la investigación en sí, porque cualquier mínima pista puede estropearos la lectura. Sí que os digo que el final queda totalmente cerrado y explicado de manera coherente sin sacarse cosas de la manga aunque, siendo honesta, reconozco que tuve claro quién era el asesino durante dos tercios del libro. Obviamente desconocía los motivos, así que mi interés radicaba precisamente en eso, el porqué, más que en el quién. Eso sí, el final post-final, ya centrado en los personajes y sin nada que ver con el caso policial en sí mismo, sí que viene con sorpresa para darle un cierre al libro original y con un punto yo diría que hasta guasón y divertido.

El caso Demichellis es un thriller ágil que va de menos a más y que en la segunda mitad se lee de una sentada. La ambientación en Ibiza le da un plus de originalidad, así como la relación entre todos los personajes, tanto principales como secundarios, de la que no os he dado tampoco ninguna pista porque no debo hacerlo. Además el punto de vista que dan varias subtramas beben de la propia experiencia profesional del autor y nos ofrecen una perspectiva diferente sobre la realidad que nos rodea, con la que se puede estar o no de acuerdo, pero que invita al lector a pensar y reflexionar de un modo crítico sobre cosas que da por sentadas. 

Sé que estáis saturados de novelas de este género, que tendréis muchas pendientes en la estantería (y no dejan de salir nuevas), pero si queréis leer algo diferente, algo alejado de la mesa de novedades y de tremebundas campañas de markéting, de un autor que, ante todo, se nota que quiere entretener y divertir al lector, El caso Demichellis es una lectura muy recomendable, dinámica y fresca.



Francisco Marín González (Castro-Urdiales, Cantabria, 1962). A los nueve años se traslada con su familia a vivir a Benidorm (Alicante), donde transcurrirá toda su juventud. Posteriormente residirá en Valencia, Bellvís (Lleida), San Sebastián y finalmente se afincará en Ibiza, donde vive en la actualidad. Es licenciado en Derecho por la UNED. Estudió tres cursos de Filosofía en la Universidad de Valencia, pero no acabó la carrera. Durante algunos años trabajó como recepcionista de hotel y camarero. Desde 1992 es funcionario de la Administración de Justicia.