viernes, 20 de julio de 2018

RESEÑA (by MH) ::: CARAVAL - Stephanie Garber




Título original: Hearts made of black
Autora: Stephanie Garber 
Editorial: Planeta
Traducción: Julio Hermoso
Páginas: 432
Fecha de publicación: enero 2017
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 17,90 euros
Diseño de portada: Adaptación de Planeta Arte & Diseño a partir de una idea original de @Erin Fitzsimmons y Ray Shappell


Bienvenido, bienvenido a Caraval. Ganar significa la libertad. Perder, renunciar a todos tus sueños. ¿Estás preparado? El juego ha empezado.

Recuerda, sólo es un juego… Scarlett Dragna nunca ha abandonado la pequeña isla en la que ella y su hermana Tella viven bajo la vigilancia de su estricto y cruel padre. Desde hace años Scar sueña con asistir a la celebración anual de Caraval, unos legendarios juegos que duran una semana y en los que la audiencia participa para ganar el Gran Premio. Caraval es magia, misterio y aventura. Y para Scarlett y su hermana representa la libertad y poder huir de su padre. Ahora que está a punto de casarse con un hombre al que nunca ha visto, Scar cree que su sueño nunca se cumplirá. Pero justo dos semanas antes de la boda recibe las tan ansiadas invitaciones a los juegos. Sin embargo, una vez allí nada sale como espera: Legend, el Maestro de Caraval, secuestra a Tella y Scarlett se verá obligada a entrar en un peligroso juego de amor, sueños, medias verdades y magia en el que nada es lo que parece. Real o no, sólo dispone de cinco noches para descifrar todas las pistas que conducen hacia su hermana, o ésta desaparecerá para siempre…
Cuando nos apuntamos al mes de la fantasía y el humor organizado por Laky, llevaba en la cabeza un par de libros de fantasía adulta que he comprado en los últimos meses y que me apetecen mucho, mucho... pero el Pepito Grillo ese que me ronda constantemente y que me obliga a quitarme pendientes me recordó que tenía Caraval esperando en la estantería desde hace al menos un año, y esos tienen preferencia (los pendientes más antiguos, me refiero; hay algunos que llevan tantos años esperando en el mismo sitio de la estantería que han pedido el empadronamiento xD). 

Bueno, que me enrollo: hoy os traigo un libro de fantasía juvenil lleno de magia del que todo el mundo hablaba el año pasado y este año seguramente ya nadie habla. Yo a lo mío, as usual.

Scarlett y Tella son dos hermanas adolescentes que viven en Trisda, una de las islas Conquistadas, y que desde la desaparición/huida de su madre viven atemorizadas por su padre. Llevan años intentando que el maestro Legend, un famoso y misterioso mago, acuda junto a sus intérpretes a su isla para ofrecer uno de sus famosisísimos espectáculos. Tras varios años de intentona, no es la visita de Legend la que reciben, sino tres invitaciones para participar en Caraval, el juego anual que el propio maestro celebra en la isla de los Sueños. Scarlett no quiere ir; está a punto de casarse con un hombre al que no conoce y no quiere estropear la boda porque cree que es la única manera de escapar de su casa. Su hermana Tella, sin embargo, tiene otros planes, y ve en Caraval la solución precisamente para eso, huir de Trisda, así que pronto toman tierra en Caraval junto al guapísimo (y también misterioso. Aquí todos los tíos son misteriosos y guapos xD) Julián, un marinero que llegó semanas atrás a Trisda.

¿Y qué es Caraval? Un concurso donde el maestro Legend es el ojo que todo lo ve, lleno de fantasía y magia donde nada es lo que parece, donde las malas decisiones te pueden hacer tomar caminos muy equivocados, donde las reglas están para seguirlas si todo va bien y para incumplirlas cuando el camino recto no conduce a ningún sitio, donde no puedes fiarte de nadie, donde no hay que dejarse llevar demasiado lejos y donde el juego deja de ser un juego cuando... digamos que muere alguien. ¿El premio para el ganador de este año? Un deseo, sea cual sea. Pero Scarlett está más preocupada por encontrar a la locática de su hermana, a la que no ha visto desde que llegaron a la isla y que cree que ha sido secuestrada por Legend. Pronto se da cuenta de que localizar precisamente a su hermana se convierte en el motor del juego para todos los participantes, y solo tiene cinco noches para ser la primera en encontrarla.

A ver, lo más interesante de esta historia, sin lugar a dudas, es el mundo mágico, turbio, ambiguo y sorprendente que la autora se saca de la manga a la hora de narrar todo lo que ocurre en Caraval. Y me ha gustado mucho el modo en que Scarlett percibe el mundo: asocia las sensaciones, los sentimientos, con los colores; buena parte de la narración sigue estos parámetros. Y aunque es algo a lo que te tienes que ir acstumbrando conforme lees (al principio me sonaba muy raro, luego lo iba buscando), realmente el primerísimo párrafo del capítulo 2 deja muy claro lo que está por venir. En este párrafo las sensaciones de Scarlett son rojas, verdes y amarillas, tal que así, y
Las sensaciones de Scarlett surgían en colores aún más vivos de lo normal. El apremiante rojo de los rescoldos incandescentes. El pujante verde de los brotes nuevos de hierba. El desenfreno del amarillo del batir de las plumas de un ave.
Y a partir de ahí, ejemplos a tutiplén sobre este particular modo de experimentar el mundo: una música de violines más densa que el chocolate más oscuro; resplandecientes chispas en dorado y azul, el color de los sueños de la infancia; se sintió como una idiota en cinco tonos distintos de frutos rojos... os hacéis una idea :)

Sé que la base que buscaba la autora (o al menos la imagino) más allá de este mundo de Caraval es la relación entre estas dos hermanas, lo poco que las une más allá de su relación filial y las muchas cosas que las separan (empezando porque cada una de ellas tiene una personalidad en las Antípodas de la otra), y como, a pesar de todo, la responsable Scarlett pone Caraval patas arriba con tal de encontrar a la cabeza alocada de Tella, porque para ella no hay nada más importante que la seguridad de su hermana, etc... Aun así, me sigo quedando con el mundo de magia y fantasía y con lo sombrío y desconcertante que se pone el asunto a ratos. Es que soy una insensible, ya lo he dicho alguna vez :) 

Y es que sí, cuanto más leía y leía, más imaginaba cómo quedaría el mundo de Caraval en pantalla, y la verdad es que sería una pasada (creo de hecho que algo así hay, no sé si llegará en formato peli o serie). La ambientación, dentro de la explosión de colores y de ese mundo de carpas, castillos, ríos, tíovivos, jardines y pasadizos, es más creepy y pseudogótica de lo que pueda dar a entender la historia y, poniéndote en el lugar de Scarlett, dudas de todo y de todos: algunas cosas previsibles son tan previsibles como parecen, otras no... con matices (vale, lo reconozco, me quise poner en modo "sabelotodo" con una incógnita importante del libro y estuve casi todo el rato convencida de algo. Lo adiviné, pero solo a medias. Muy mal, estoy perdiendo facultades).

Ahora vienen los peros: el final no me ha hecho mucho tilín por dos razones. Una es que iba camino de terminar oscurillo (¡bieeennnnn!) y de repente digamos que no, que cambian las tornas (¡mmmaaalllll!). La otra, y más importante, es que parece un final "arreglado", como si no fuese el final original y se lo hubiesen sacado de la manga sin tener mucho que ver con el resto del libro para poder continuar con la saga. Al terminar el libro miré por ahí y, por lo que he podido intuir, es que precisamente al hacerse cargo de la novela una editorial grande se cambió el final original (y autoconclusivo) para que hubiese una segunda parte (que acaba de salir... y ya hay anunciada tercera). No, no creo que favorezca al libro; más bien le hace un flaco favor porque parece un pegote y se nota bastante el apaño.

De todos modos, a pesar de que creo que al libro le sobran (mucho) las últimas 40 páginas, mentiría si dijese que no me ha entretenido, y que aunque sonreía ante las constantes alusiones a lo bueno que estaba Julián, a sus músculos, a sus abdominales, sus ojos, su pelo, otra vez sus músculos, otra vez sus abdominales, etc... el estilo narrativo que escoge la autora para describir las sensaciones de Scarlett me ha parecido acertado y diferente, y el mundo que ha creado también. Yo leía mucha fantasía hace unos años, y varios de los libros de mi infancia, de esos que te marcan como lectora, son de fantasía; la vida lectora me ha llevado por otros derroteros y este es uno de los géneros que ha salido perjudicado en cuanto a número de lecturas, pero de vez en cuando me encanta leer alguno porque los sigo disfrutando si la historia me parece original y soy capaz de imaginar lo inimaginable del mundo que me describen.

No sé hasta qué punto se puede catalogar a este libro como un buen libro, y sé que tiene tantos detractores como apasionados defensores. Por lo que a mí respecta, solo os puedo decir que le he visto cosas buenas, otras que no tanto, pero que en conjunto es una lectura rápida, entretenida y con un mundo diferente lleno de magia, que es lo que iba buscando. Si se me presenta la oportunidad de leer su continuación, Legendary, no me importaría nada hacerlo. Y no puedo terminar sin resaltar la edición, que es fantástica y está llena de todos esos detalles cuquis que a mí me pirran en un libro :)

Caraval es el debut literario de Stephanie Garber. Cuando no está escribiendo, Stephanie imparte clases de escritura creativa en un instituto privado del Norte de California. Tiene un blog propio y colabora como blogger en un blog sobre escritura y libros.

miércoles, 18 de julio de 2018

RESEÑA (by MB) ::: EL GUARDIÁN DE LOS OBJETOS PERDIDOS - Ruth Hogan





Título original: The keeper of lost things 
Autora: Ruth Hogan 
Editorial: Duomo 
Traducción: Antonio Prometeo Moya 
Páginas: 384
Fecha publicación: mayo 2018
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 14,90 euros
Imagen de cubierta: Diana Beltrán Herrera
 
Una bella historia sobre objetos perdidos y segundas oportunidades

Anthony Peardew, célebre autor de relatos que se acerca al final de sus días, ha pasado la mitad de su vida coleccionando objetos extraviados, tratando de expiar una promesa rota años atrás. Con el tiempo en su contra, decide legar su casa y todos los tesoros perdidos a su asistente, Laura, la única persona en quien confía que cumplirá su promesa y reunirá los cientos de cachivaches con sus legítimos dueños. El último deseo de este guardián de objetos perdidos desencadena una serie de encuentros afortunados que dan una segunda oportunidad a todos aquellos que creían haberse extraviado.

En El guardián de los objetos perdidos, Padua es sinónimo de refugio-paraíso, ya que de ahí emanan o finalizan todas las historias que entretejen las vidas de sus diferentes personajes. 

No es simplemente una casa, sino una mansión, pero su importancia no reside en el valor del inmueble, que lo tiene y mucho (no sé por donde andarán los precios de las mansiones en Londres). El valor lo encontramos en todas aquellas personas diferentes y distintas que, a través de sus historias, de alguna manera han recalado en ella cual puerto seguro, o en las cosas que los representan, hilos perdidos o hebras deshilachadas; allí encontrarán el sentido de sus vidas o, al menos en el caso de las hebras, el final o el significado de algunas parcelas de su existencia.

En El guardián de los objetos perdidos descubrimos a personas incompletas, dañadas y frágiles, todas en su periplo existencial, en unos casos por medio de la ruptura y en otros redireccionando sus vidas, queriéndolo o sin querer; así, vemos como unos habitantes de la mansión se lamen sus heridas y otros encuentran la misión de su vida... pero siempre bajo el techo protector que, al mismo tiempo que los acoge, les da las fuerzas necesarias para responsabilizarse de sus vidas y tirar hacia adelante, saliendo de la zona de confort que los paraliza e inmoviliza. 

A mi juicio, la novela está construida de una manera coral, donde los diferentes personajes, ya sean en el tiempo presente o en el pasado, forman parte de un todo, de una sola trama, aunque la autora los haya posicionado con mayor o menor importancia en la novela y dándoles más o menos cabida. Desde un principio se intuye que todos están relacionados; son historias distintas, hilos perdidos, pero unidos forman el todo que justifica la novela.

Anthony Peardew, escritor y propietario de Padua, nos puede parecer un personaje inacabado cuya vida se congeló cuando perdió a Therese, la mujer de la que estaba enamorado, viviendo desde ese día para la remembranza de lo que fue o de lo que pudo ser... evocando y recordando momentos que construyen su presente y de alguna manera le confortan. Estos recuerdos, sumados a sus cualidades observadoras y a una tendencia diogenésica, dan como resultado una misión, la que él mismo se autoimpone: recoger todo aquel objeto perdido u olvidado que encuentre y devolvérselo a su legítimo dueño, para que ellos puedan cerrar sus historias y así él pueda seguir con la suya.

Laura, el ama de llaves de Padua, hereda la mansión y la misión de su propietario y, con ello, si es lo suficientemente inteligente y valiente, también hereda el remedio para curarse esas heridas profundas y existenciales que le condicionan e inmovilizan. Pero en esta empresa no está sola: todos aquellos que pululan por la mansión (el jardinero Freddy, la vecina Sunshine) participan y se involucran en un proyecto que puede parecer casi imposible, pero para el que, uniendo mentes y esfuerzos, encuentran la solución más fácil: la que los nuevos tiempos, junto con la tecnología, ponen a su disposición.

Es en este punto cuando el lector descubre que todas las historias o retazos de ellas forman parte de un todo. Ruth Hogan ha sabido tejer su argumentación con un lenguaje cálido y sencillo que nos hace involucrarnos en cada una de las historias y, con ellas, en sus distintos personajes, ya sean estos de tiempos pasados o presentes, formando así un conjunto heterogéneo que se asemeja a piezas de un puzle: solas, no nos dicen nada; encajadas, nos lo dicen todo. 

Los distintos personajes de El guardián de los objetos perdidos, al recalar en la maravillosa mansión Padua, tienen la oportunidad (ya sea esta primera o segunda) de cerrar ciclos, de tener otros principios más esperanzadores y, de alguna manera, superar hechos pasados y aligerar y renovar sus esperanzas, sin perder en el proceso la frescura y el cariño con los que la autora ha insuflado el libro que, por cierto, es verdaderamente recomendable.

A decir verdad, es mirar la preciosa portada del libro y empezar a sentir todo lo anterior.



Ruth Hogan nació en la casa familiar de Bedford, donde sus padres viven todavía. De niña le fascinaban los ponis y leía todo lo que caía en sus manos. Por suerte para ella, su madre era librera. Estudió Filología Inglesa. Y luego empezó a trabajar en un empleo en la administración local durante diez años. Le servía para pagar las facturas y la hipoteca. Con treinta años sufrió un accidente de tráfico que le impidió trabajar a jornada completa. Encontró entonces un trabajo por horas como recepcionista de un osteópata y dedicó su tiempo libre a escribir. Poco después, le diagnosticaron un cáncer. Como la quimioterapia le producía insomnio, pasaba las noches escribiendo y el resultado final fue El guardián de los objetos perdidos. Vive en una caótica casa de estilo victoriano con su «sufrido» compañero y los perros que ha adoptado.

lunes, 16 de julio de 2018

RESEÑA (by MH) ::: ROSALÍA - Luisa Carnés




Título original: Rosalía
Autora: Luisa Carnés
Editorial: Hoja de Lata
Prólogo: María Xesús Lama
Páginas: 150
Fecha publicación original: 1945
Fecha esta edición: mayo 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 15,90 euros
Ilustración de cubierta: Aitana Carrasco




En Padrón hay una casa humilde cuyo nombre es grato al espíritu: La Huerta de la Paz. Allí una niña enfermiza aprende a andar sobre las piedras viejas del jardín y pasa horas contemplando los aleteos de las mariposas sobre las dalias. Frente a su colegio está el cementerio de Adina, donde la pequeña se entretiene deletreando los epitafios en los días de sol.

Esa niña es Rosalía de Castro, la gran poeta gallega, y esa casa, el hogar al que siempre querrá volver, fuente de inspiración de toda su obra. Tras su infancia en Galicia, la joven Rosalía se instala en el Madrid convulso de Isabel II, donde conoce a Manuel Murguía, su futuro marido, y al dulce Gustavo Adolfo Bécquer, cuyo reflejo en los espejos del Café Suizo es todo melancolía. Después vienen los hijos, Simancas, la muerte de su adorada madre. Y esa continua añoranza de Galicia en medio de la adustez castellana.

Luisa Carnés, la narradora invisible de la Generación del 27, la autora de Tea Rooms. Mujeres obreras, escribió esta biografía en 1945, ya en su exilio mexicano. Una obra llena de encanto y de complicidad, tan rica en ambientes que más parece, en muchos momentos, un cuento gótico que un texto biográfico.
(Por favor, observemos la portada durante 15 segundos, que bien se lo merece. Qué requetebonita es...).

En el día de ayer, domingo 15 de julio, se conmemoró el 133 aniversario de la muerte de Rosalía de Castro. No, no es un número de esos redondos y rotundos que tan bien quedan en las redes sociales a la hora de celebrar estas cosas... ni falta que hace, porque cada día que nos acordemos de ella y de celebrar su obra y su figura, es un buen y provechoso día. 

La autora de esta biografía es una escritora olvidada, como tantas otras, durante muchas décadas, hasta que la editorial Hoja de Lata comenzó a recuperarla hace un par de años. Con la de ganas que tengo de leer sus novelas o sus cuentos (de hecho sorteamos entre vosotros Tea rooms en nuestro primer aniversario bloguero), y he conocido a Luisa Carnés como escritora narrando la vida de otra escritora que sufrió durante muchos años la misma niebla a su alrededor y el mismo oscurantismo en cuanto a la apreciación en vida de su obra. Y no os puedo expresar con palabras la emoción que me ha hecho sentir en algunos pasajes.

Carnés divide la biografía en seis partes, y cada una de ellas en sus correspondientes capítulos, así que creo que la mejor manera de explicaros como están estructuradas las diversas partes de la vida de Rosalía es comentando un poco cada una de estas fracciones que conforman el todo que fue Rosalía de Castro y Murguía.

En Infancia y juventud descubrimos que Rosalía de Castro fue fruto de los amores prohibidos de doña Teresa de Castro y el cura de la parroquia de Santa María de Iria. Las madres solteras abundaban en Galicia en aquellos años y era aceptado, pero no tanto que el padre fuese un cura. Rosalía fue siempre una criatura enfermiza, su infancia y adolescencia fueron tristes, pero el amor por su tierra, enraizado en todo su ser, ya se vislumbraba en ella a pesar de su corta edad. Gustaba de pasar horas en el cementerio de Andina y absorbía todo lo que le rodeaba, la Galicia desdichada, campesina y marinera, el dolor de un pueblo cuyos hombres emigraban para no volver... los aldeanos gallegos fueron sus maestros y la poesía su vocación y el modo en que expresar la pasión por su tierra. Ya de adolescente, escribía poemas sentada a la mesa de su casa de Padrón.

Castilla narra la llegada de Rosalía a la corte madrileña en 1855. Tras narrarnos la situación de una España que todavía convalece de las heridas de la revolución de julio de 1833, Luisa Carnés nos narra el dolor que le supuso a Rosalía dejar atrás sus tierras gallegas y adentrarse en los páramos castellanos endurecidos bajo un sol de justicia. Durante años Rosalía viajó de Madrid a Galicia y viceversa, y cada vez que abandonaba su tierra la melancolía le invadía; llegaba a sentirse extranjera en la propia España. No terminaba de gustarle Madrid, se mostraba retraída, pero a pesar de eso se hace notar entre otros poetas de la época, y de entre todos ellos, su amistad con Gustavo Adolfo Bécquer es la más conocida. Compañeros en tristeza y romanticismo, la suya fue una amistad duradera en el tiempo y de mutua admiración. Allí en Madrid publicó Rosalía sus primeras obras, mal recibidas por la crítica, y conoció también al que sería su marido, Manuel Murguía, el primer hombre que le dedicó unas líneas en prensa y que la admiraba profundamente.


Rosalía fue fruto de un amor secreto, y ella misma era amor, sentía amor hacia todo lo que le rodeaba y despertaba pasión en ella. En El amor nos adentramos en otro tipo de amor, el amor de mujer. Rosalía tenía apenas 21 años cuando se casó con Manuel Murguía en 1858. Él tenía 39. Murguía, como admirador de la Rosalía poeta, era incansable y entregado; como esposo, distante y frío. Murguía ya se asienta en la madurez en todos los aspectos de su vida; Rosalía está naciendo como escritora, está a las puertas de toda su obra literaria. Muchas cosas les separaban y muy pocas les vinculaban. Se dice que lo que les unió fue la búsqueda de paz interior, pero ella siempre se sintió incomprendida por él y no fueron felices.

La obra... creedme si os digo que me gustaría copiaros aquí párrafos y párrafos del libro, pero no puedo. Rosalía fue una poetisa incomprendida e ignorada durante mucho tiempo. Falleció y el silencio se cernió en torno a su obra. Fue Azorín quien dio un puñetazo sobre la mesa y reivindicó su nombre para el mundo. La poesía de Rosalía era íntima, hablaba del dolor y la tristeza del pueblo llano, de sus penas y alegrías, lloraba con ellos, hablaba sobre ellos... no era rimbombante, no era pedante ni era cursi, y por eso quedaba al margen del estilo de poeta que se estilaba por aquel entonces. Fue la precursora de la poesía popular, la poeta que, con los lamentos íntimos de sus versos, esos lamentos íntimos que son comunes a todos los hombres, imprimió rango universal a una obra poética localista y aferrada a Galicia.

La muerte. Rosalía estuvo enferma de tuberculosis durante gran parte de su vida, pero se la llevó un cáncer. Durante sus últimos años imprimió en su obra todo su padecimiento mientras esperaba un final que ella sabía inevitable. Fue su hija Alejandra la que le acompañó durante estos años, la que le comprendía; su hija predilecta. Sus estancias en Padrón ya no conseguían el efecto embriagador de antes. Sufría mucho, y allí pasó sus últimos meses de vida a solas con su hija. Le pidió que quemara sus fotos, sus últimos trabajos. Alejandra le obedeció. Murió el 15 de julio de 1885, con solo 48 años.

Luisa Carnés escribió esta biografía en 1945 mientras estaba exiliada en México; en aquella época se desconocían muchos datos que hoy sí se conocen sobre Rosalía, su entorno, sus afinidades... es decir, que todo lo que está en esta biografía es verídico y representa a Rosalía, la dibuja, pero a pesar de la ardua investigación, no había demasiada información sobre la de Castro. Tal y como explica Maria Xesús Lama en el prólogo, aún quedaba mucho potencial en los datos que ella desconocía y que no fueron descubiertos hasta décadas más tarde. Por ello tiene aún más mérito el acercamiento que Carnés hace a la figura de esta escritora: sugestivo, emocionante y sincero tanto en la forma como en el fondo. Lo fantástico de esta biografía ya no es solo el personaje sobre el que versa, sino la forma en que la narración nos acerca a ella y a su vida. 

Carnés tiene una forma tan bonita de contar la historia, tan iconográfica, que comenzar a leerla es como adentrarse en un cuadro en el que en un principio solo ves la imagen principal en su conjunto, la tierra de Padrón, y poco a poco, recorriendo con la mirada los senderos, caminos y recovecos que a modo de trazos proliferan por todo el lienzo, te lleva hasta un punto concreto, ese punto minúsculo en la imagen, donde vino Rosalía  a la vida y donde comienza todo. Y a partir de ahí comienza a aparecer ante nosotros otro cuadro que sigue el proceso contrario, se hace grande y se expande lleno de naturaleza, poesía, color, pasión... gallego hasta la médula en sus paisajes y en sus gentes, en el que emerge Rosalía, con el alma en una mano y el corazón en la otra, paseando por sus brochazos y volcando sobre el lector su visión sencilla y lírica sobre la vida, la tierra y los hombres que viven en ella.

Follas Novas, Cantares gallegos, En las orillas del Sar... Rosalía de Castro fue quizás la primera escritora popular española, la que con la sencillez de sus versos, la pureza de su lenguaje y la cotidianidad y universalidad de sus temas poéticos, comenzó una revolución contraria al relumbrón y falsas apariencias que imperaban en el ambiente literario de la época... pero los frutos de esa revolución, de la que ella ni siquiera fue consciente, llegaron muchos años después, y ella no pudo ser testigo de ellos.

Creedme, si no habéis leído a Rosalía de Castro, si no conocéis su obra, incluso si no os interesa en absoluto y ni os plantéais leerla, disfrutaréis igualmente de este paseo por su vida como la delicada pieza de orfebrería literaria que es. Os decía arriba que me había emocionado en algunas partes y es totalmente cierto, tanto por lo que se cuenta por el modo en que lo hace. Releeré estas páginas más pronto que tarde. Me lo piden la cabeza y el corazón.
No se estremeció Galicia con esta muerte. A la existencia sombría y dolorosa de esta vida, derramada en amor a su tierra, fundida a ella en ardores y dolor, siguió una muerte sin ruido, sin lágrimas ni plañideras. La lluvia saudosa de Galicia no lloró sobre el cadáver de la apasionada gallega, ni las campanas de Bastabales despidieron a aquel espíritu escogido que las cantara con su más amorosa voz [...]
¡Desolado epílogo! Más tarde este epílogo se ilumina. ¡Ha muerto Rosalía de Castro! Y el grito sale de Padrón y recorre Galicia, campesina y marinera, y llega a la corte de España... Los poetas españoles lloran la muerte de la poetisa gallega. Durante seis años, su nombre volará con el aire de España, como las campanadas de Santa María de Bastabales recorren el valle de la Mahía.


Luisa Carnés (Madrid, 1905-México D.F, 1964) nació en el seno de una familia obrera en el madrileño barrio de Las Letras. A los once años entró a trabajar en un taller de sombrerería, y también desde muy joven empezó a escribir. En 1928 vio publicada su primera obra, Peregrinos de calvario, una colección de narraciones breves, a la que seguiría la novela Natacha (1930), ambientada en un taller textil similar al que ella tan bien conocía. 
 
De lo vivido en su nuevo trabajo como camarera en un salón de té saldría Tea Rooms. Mujeres obreras (1934, Hoja de Lata, 2016), recibida calurosamente por la crítica de la época, que destacó de ella su carácter innovador y su fuerza narrativa.
 
Con el estallido de la Guerra Civil, Carnés se centró en su labor de periodismo militante. Derrotado el bando republicano, hubo de salir al exilio y recaló en México. Allí siguió escribiendo y trabajando como periodista hasta su prematura muerte. Hoja de Lata también ha publicado Trece cuentos (1931-1963), la primera antología de los relatos de Luisa Carnés.

viernes, 13 de julio de 2018

RESEÑA (by MH) ::: EL VENGADOR - Thomas de Quincey




Título original: The avenger 
Autor: Thomas de Quincey  
Editorial: Eneida
Traducción: Pilar López Losada 
Páginas: 90
Fecha publicación original: 1838
Fecha esta edición: noviembre 2009
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 11,95 euros
Ilustración de cubierta: Estudio para la balsa de la medusa (1819, Théodore Géricault)

 

Aquella serie de terroríficos acontecimientos que estremecieron a nuestra tranquila ciudad universitaria situada en el nordeste de Alemania, durante el año de 1816, posee en sí misma algo demasiado memorable para ser relegado al olvido sin su correspondiente crónica [...]

Así comienza El vengador, novela inédita en España del genial y heterodoxo Thomas de Quincey, cuyo espíritu transgresor queda reflejado en las siguientes irónicas palabras:Si un hombre se deja tentar por un asesinato, poco después piensa que el robo no tiene importancia, y del robo pasa a la bebida y a no respetar los sábados, y de esto pasa a la negligencia de los modales y al abandono de sus deberes

Thomas de Quincey es de esos autores que hay que conocer más allá de sus novelas, sus ensayos y, en definitiva, su obra como escritor. Él, en sí mismo, podría ser el personaje de muchas novelas de su época. Nacido en una familia adinerada, y con una educación a la altura de grandes eruditos (de hecho fue un gran erudito), en un acto de rebeldía se escapó de casa con 17 años renunciando a todos sus privilegios. Fue un adolescente fugitivo, siendo rico malvivió donde pudo en la pobreza absoluta, convivió con una prostituta de la que se enamoró perdidamente, y alimentó una aversión a las grandes ciudades como Londres que le duraría toda la vida. Tras su regreso a casa se marchó a estudiar a Oxford, se convirtió en un adicto al opio tras un terrible dolor de muelas, dilapidó su fortuna y comenzó a trabajar como periodista para sobrevivir, convirtiéndose en un excelente observador crítico de la sociedad y el tiempo en los que le tocó vivir. Y lo más curioso es que cada aspecto de su vida lo conocemos gracias a él, porque él mismo se encargó de contarlo todo con pelos y señales. Lo de radiar la vida propia hasta el tuétano y sin vergüenza alguna, esa lacra de la sociedad actual donde la intimidad es una utopía, ya lo hizo de Quincey hace sus buenos 200 años. Todo un precursor de lo peor de la modernidad.

El caso es que de Quincey es conocido sobre todo por sus artículos y sus ensayos, unas veces autobiográficos y otros dando muestras de su profundo conocimiento sobre criminología, entre otras muchas cosas. Tengo intención de leerlo todo más pronto que tarde, pero es que tenía ganas de leer algo suyo y lo primero que se me cruzó por delante fue esta novela corta de ficción, El vengador, inédita en España hasta esta misma edición que os traigo. Y os lo digo desde ya: la he disfrutado muchísimo.

Nuestro narrador es un profesor universitario de una ciudad situada en la campiña alemana. La historia que nos cuenta transcurrió años atrás, en 1816, y los hechos fueron tan extraordinarios que se ve en la necesidad de ser su cronista. Al tratarse de un lugar tan pequeño, nuestro narrador conoció a todos los implicados: asesinos y víctimas... y creedme, hubo muchas víctimas. Os cuento con toda tranquilidad que son diez los casos de asesinato que vamos a conocer en esta historia porque se dice desde el principio, pero en algunos de esos casos hubo múltiples víctimas... en algunos de esos casos de asesinato se exterminaron a familias enteras... Diez casos de asesinato, pero más del doble de muertes. El desconcierto, el pavor, el terror y la desconfianza se apoderaron de este pequeño municipio, hasta que un día los asesinatos cesaron. Solo nuestro narrador sabe por qué, y esa es la historia que se dispone a contarnos.

Imaginaos: esta historia tiene sus correspondientes introducción-nudo-desenlace, se nos presentan a ciertos personajes e incluso tenemos alguna escena de sociedad, se narran diez casos de asesinato, el terror social que provocan y además se resuelve la historia y acabamos conociendo la identidad de los asesinos... y tenemos por delante la exigua cantidad de 80 páginas que no piden ni una sola más, porque se queda todo cerrado y perfectamente explicado. En serio, me quitaría el sombrero si llevase uno. Estas novelas cortas de menos de cien páginas que te narran más que otros libros de quinientas me fascinan.

¿Y qué podemos encontrar en El vengador? Ciertamente no es una novela de asesinatos ni de un asesino en serie, y sé que puede parecer incongruente dada la carnicería que sugiere la sinopsis que os he hecho. Se cataloga a esta novela como de terror, pero a mí me parece más una novela con tintes góticos modernos donde el autor explora temas que fueron recurrentes en sus ensayos y en su obra: la violencia, la crueldad, el derramamiento de sangre, la venganza, la reacción a lo desconocido dentro de una comunidad pequeña, los motivos del asesino, la justicia con su balanza y su espada y la desigualdad con que usa ambas cosas... De Quincey era experto en criminología y en esta novela resulta evidente, pero lo curioso es la forma que tiene el autor de exponerlo.

La narración de los hechos bien podría estar sacada de un periódico de la época. Como el periodista que era, de Quincey da voz precisa y contenida a su narrador a la hora de explicar los crímenes: lo hace en detalle pero de forma desapasionada y profesional, como un atestado policial en el que hay que explicar por dónde entraron los asesinos, qué hicieron, en qué orden; cómo reaccionaron las víctimas, qué hicieron, en qué orden; cómo salieron los asesinos de la casa; cómo se descubrieron los asesinatos... Por eso comento arriba que nadie espere un libro de sangre y muerte, porque la narración es mucho más aséptica. No es hasta el final, cuando conocemos las razones de la mente criminal detrás de todos estos asesinatos (porque su identidad la intuimos casi desde el principio), que la narración gira hacia lo que realmente buscaba el autor: el enfrentamiento entre la ética, la ley y la justicia, ya sea impartida por métodos legales o tomada por la propia mano, además de la denuncia de ciertos hechos que no os puedo desglosar aquí porque os contaría mucho más de lo que puedo contar.

¿Es lícito tomarse la justicia por la mano, por mucho que los motivos lo justifiquen, si la verdadera justicia, esa que se supone que nos ampara a todos, lo que hace en realidad es actuar en nuestra contra? De Quincey plantea el dilema moral y leyéndolo bien pareciese que toma postura, pero eso ya lo dejo a criterio de quien se adentre en sus páginas.

La prosa del autor es preciosista pero pulcra y sencilla de leer, y la narración te va atrapando conforme se va desglosando el día a día de esta comunidad envuelta en el terror, en la que el caos y el miedo a lo desconocido se apoderan hasta de la misma policía. A mí me ha gustado mucho la narración, que está escrita del tirón sin división alguna entre capítulos, y la historia me ha absorbido. Algunos de los asesinatos se detallan de tal manera que seguramente están inspirados en otros muchos casos de asesinatos reales que el autor conocía. ¿El final? Me ha sorprendido por la temática que aborda, no era la que esperaba en absoluto, y es más moderna, más actual, de lo que podría parecer.

Me quedo con muchas ganas de seguir leyendo a de Quincey. Seguramente lo próximo sea un ensayo que hace años que tengo en el punto de mira y para el que nunca saco tiempo, Del asesinato considerado como una de las bellas artes. Me pirra el título, porque deja intuir el espíritu transgresor e independiente de su autor, y además creo que dice mucho del enfoque con el que narra los asesinatos en la historia que hoy os traigo.


Thomas de Quincey (Manchester, 15 de agosto de 1785-Edimburgo, 8 de diciembre de 1859), hijo de un acomodado comerciante, recibió una esmerada educación, con una especial incidencia en las disciplinas clásicas (a los trece años escribía griego), a cargo de preceptores particulares. A los 17 años se escapó de casa y vivió en Gales y Londres. De regreso estudió en el Worcester Collage de Oxford. De allí arranca su proverbial adicción al opio. Las necesidades económicas (había dilapidado su fortuna) y la numerosa prole a la que tenía que alimentar (tuvo ocho hijos) le obligaron a trabajar como periodista. La mejor biografía de Thomas de Quincey nos ha sido legada por el propio escritor en tres entregas: Confesiones de un inglés comedor de opio (1821), Suspiria de profundis (1845) y Apuntes autobiográficos (1853).
 
Erudito, original, transgresor, imaginativo, laberíntico y crítico, no sólo literario sino de la sociedad de su tiempo, constituye una referencia fundamental para la estética del Decadentismo.

Su biblioteca, integrada por más de 5.000 volúmenes, contenía obras de Homero, Sófocles, Píndaro, Horacio, Tito Livio, John Milton, Robert Burton, John Donne, Francis Bacon, Jonathan Swift, Francois Rabelais, Laurence Sterne...

De ella dijo: Los libros son los únicos artículos de propiedad en los que soy más rico que mis vecinos.

miércoles, 11 de julio de 2018

RESEÑA (by MH) ::: EL SECRETO DE LA CAJA DE SÁNDALO - Ana María Trigo





Título original: El secreto de la caja de sándalo
Autora: Ana María Trigo 
Editorial: Autopublicado
Páginas: 221
Fecha de publicación: julio 2017
Encuadernación: rústica
Precio: 2,99 euros (kindle) + 11,43 euros (papel)
Diseño de portada: Melchelle Designs





Valle de los Reyes, Egipto, 1880. Un joven arqueólogo inglés está a punto de descubrir la tumba de un importante dignatario egipcio que ha permanecido intacta durante casi 3.000 años. En su interior le aguardan tesoros de un valor incalculable pero también, y sobre todo, un secreto que ha dormido durante siglos y que puede hacer realidad el mayor de sus deseos. Londres, tres años después Sherlock Holmes y el Dr. Watson reciben en Baker Street la sorprendente noticia del robo de una serie de objetos egipcios a pocos días de la inauguración de una de las exposiciones más importantes que ha acometido el Museo Británico.

Comienza así una nueva aventura que les llevará a moverse entre los entresijos del Museo Británico y los secretos de la expedición arqueológica más importante de su tiempo; a adentrarse en la mansión de una de las familias más antiguas de Inglaterra o en el bello e inquietante cementerio de Highgate y a tratar con personajes tan fascinantes como Lord Leighton, arqueólogo y mecenas de la excavación y tan ruines como los ladrones de cuerpos que actuaban en la época. Sin embargo, mientras avanza en el caso, gracias a su proverbial inteligencia y dotes de observación, Sherlock Holmes se encontrará por primera vez dudando de sus métodos de trabajo y de una realidad que quizás irá más allá de sus propios prejuicios.
No soy habitual lectora de pastiches (el año pasado leí alguno que se me pasó traeros por aquí), pero de vez en cuando, si se me cruza uno que me parece interesante y que promete ser canónico y respetar a los personajes originales, la curiosidad me puede y me lanzo a la piscina. Sherlock Holmes es un personaje que se presta mucho a este subgénero literario con resultados muy diversos: en muchas ocasiones ese resultado es decepcionante por el mero uso de markéting que se hace del nombre del personaje sin que tenga mucho que ver con el original de Doyle; en otros, el autor del pastiche consigue crear una historia en la que se respeta a los personajes, la ambientación, la época... pero sabiendo construir una historia y una trama propias que otorguen autonomía al pastiche. El secreto de la caja de sándalo pertenece al segundo grupo.

La historia comienza con un prólogo en el Valle de los Reyes de Egipto en agosto de 1880, cuando lord Alexander Leighton descubre al fin la tumba, todavía con los sellos intactos, de Senenmut, arquitecto, atrónomo y hombre de confianza del faraón Amenofis II. Los jeroglíficos en el sello de la tumba advierten de una maldición, y en ese primer contacto con la tumba después de tres mil años aislada del mundo, ocurre algo, un pequeño detalle... Tres años más tarde, el Museo Británico está a punto de inaugurar una exposición sobre buena parte de las maravillas que se encontraron en esa tumba, pero pocos días antes de la inauguración, quince de esos objetos son robados a pesar de la extrema vigilancia. Queda poco tiempo para recuperarlos, el gobierno egipcio no puede enterarse de que esos objetos han sido robados, y Scotland Yard recibe órdenes para que Sherlock Holmes se haga cargo del caso.

Ya desde el principio, un Watson ya anciano nos advierte que este es uno de esos casos que nunca salieron a la luz pública por determinadas y delicadas circunstancias (más allá de evitar un incidente diplomático), y que quedaron a buen recuado en una valija metálica en los sótanos del banco Cox and Co.. Tal y como digo arriba, estamos en 1883, y eso quiere decir que el caso está ambientado pocos años después de que diera comienzo la singular andadura de la asociación Holmes-Watson, y por mi parte creo que la autora hace un gran trabajo. Todo lo que tiene de fácil coger unos personajes memorables que ya están creados y con los que, "aparentemente", solo hay que seguir unas pautas, lo tiene de difícil precisamente eso, estar a la altura de unos personajes originales y un mundo e idiosincrasias que, quien más y quien menos, ya conoce... al menos los que nos acercamos a este tipo de libros sí que los conocemos, porque de hecho es la razón por la que nos decidimos a leer estas aproximaciones a la órbita de Sherlock.

¿Qué tiene por tanto este pastiche sherlockiano que hace recomendable su lectura? Que se ajusta al Canon holmesiano en fechas y situaciones (con alguna salvedad que no puedo nombrar pero que no tiene mayor importancia en la narración); que es fiel a los personajes originales de Doyle y a su forma de comportarse y de interactuar entre ellos, sin intentar cambiarlos ni modificarlos en beneficio de la historia que ella quiere contar (no usa el nombre de Sherlock en vano y para ganar lectores: coge al personaje de Sherlock y crea una nueva historia para él coherente dentro de su bibliografía); que el caso es muy de la época en la que está ambientado, muy victoriano, muy de unos años en los que los descubrimientos arqueológicos en Egipto estaban a la orden del día y causaban sensación, donde la fiebre colonialista por el exotismo hindú estaba de moda, y también muy de unos años en los que la creencia en lo sobrenatural se llevaba mucho entre las clases sociales altas; a todo esto se suma que respeta mucho el mapa de Londres, por así llamarlo, y te mueve por determinados sitios icónicos de la ciudad de aquella época que lo siguen siendo hoy en día (si aparece el cementerio de Highgate en una novela, yo soy muy feliz... ¡tenéis que visitarlo!).

Pero sin duda uno de los aspectos que más me llamaban del libro, dejando aparte a los personajes de Doyle, era precisamente la vertiente egiptóloga. Algunos de vosotros ya lo sabéis, y quienes no lo sepan se enteran ahora: la Egiptología es una de mis pasiones (pero en plan muy, MUY, apasionado), así que os podéis imaginar las lucecitas de colores que se me encendieron al ver el Antiguo Egipto compartiendo páginas e historia con Holmes y Watson. Además, conociendo la formación académica y profesional de la autora, y sabiendo la precisión, fidelidad y profesionalidad con las que se trataría en el libro todo lo concerniente a esta ciencia, así como la parte relacionada con el arte y sus objetos, para mí era un reclamo de campanillas. No me ha defraudado en absoluto, y de hecho es casi lo que más he disfrutado de la novela. Este Senenmut, cuya tumba es el comienzo de todo en la trama, no es el que conocemos los que más o menos estamos al tanto de la historia de Hatshepsut, la reina borrada de la historia... es un Senenmut creado o inventado por la autora, pero la historia que crea alrededor de él da para mucho y además deja algunas incógnitas muy interesantes.

Y es que es precisamente en esta parte, la relacionada con la Egiptología, donde la autora se toma su mayor licencia en la novela y donde se aleja de lo esperado... es donde, por así decirlo, deja su personal impronta, su firma, y donde pone sobre la mesa el giro que le da su sello personal a la trama... trama de la que veréis que os estoy contando poco en sí misma, pero es que no debo hacerlo. Sherlock debe encontrar las quince piezas robadas, descubrirá en el camino otras cosas, y a poco que hablase sabríais por dónde van las sospechas de Sherlock y sobre quién orienta las pesquisas y por qué, y es lo peor que podría hacer.

En resumidas cuentas, aquellos que gusten de leer novelas basadas en el personaje de Sherlock Holmes, que no duden en acercarse a esta novela porque es un pastiche muy serio y honesto en cuanto al Canon holmesiano; respeta estructura, personajes y ambientación, y además tiene los ingredientes extras del Antiguo Egipto, los jeroglíficos, las maldiciones que aparecían en muchas de sus tumbas para quienes osasen mancillarlas, el British Museum, el cementerio de Highgate, y algún detalle diferente, poco convencional, que le da salsa a la historia... y a su final. No voy a decir que no lo vi venir porque mentiría, pero es que eso es lo de menos en esta historia. Palabrita.

Ana María Trigo es escritora y tasadora de arte y antigüedades. Es licenciada en Historia del Arte y Humanidades y Graduada en Derecho. Le apasionan el estudio de la Egiptología, las historias de Sherlock Holmes y las viejas películas en blanco y negro. 
 
Ha publicado varios libros con editoriales y desde el año pasado se ha lanzado a publicar directamente en Amazon. 
 
En su tiempo libre la encontrarás visitando museos y mercadillos de anticuario, enfrascada en un buen libro con una taza de té o trabajando en su próximo manuscrito.
 
Actualmente vive en Madrid con su marido y trabaja en una conocida casa de subastas internacional.