lunes, 10 de mayo de 2021

RESEÑA (by MB) ::: DESEO DE CHOCOLATE - Care Santos


 

 
Título original: Deseo de chocolate
Autora: Care Santos
Editorial: Planeta
Páginas: 424
Fecha de publicación: mayo 2014
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 21 euros 
Diseño de cubierta: basado en diseño original de Antónia Arrom (dandélia). Departamento de Arte y Diseño, Área Editorial Grupo Planeta.
 
Tres mujeres, tres siglos y la misma chocolatera de exquisita porcelana blanca: Sara: propietaria de un apellido que en Barcelona es sinónimo de chocolate, se enorgullece de dar continuidad a la tradición heredada de sus padres. Aurora: hija de una sirvienta de una familia burguesa del siglo xix, para quien el chocolate es un producto prohibido.

Mariana: esposa del fabricante de chocolate más famoso del siglo xviii, abastecedor de la corte francesa e inventor de una máquina prodigiosa. 

A través de la pasión por el chocolate, Care Santos traza un apasionante viaje en el tiempo en el que recorreremos más de tres siglos de historia, desde su llegada a Europa hasta la sofisticación de nuestros días. Vibrante y adictiva, esta maravillosa novela es un exquisito placer para los sentidos.
«Pertenezco a la señora Adélaïde de Francia».

En Deseo de chocolate se nos relata la historia de una pieza de vajilla, una chocolatera especial, a la que en sentido inverso seguimos el rastro desde que nos la encontramos rota (no en mil, sino en menos pedazos) hasta su origen, la fabrica en que se realizó.
Uno por uno va tomando los fragmentos y les busca un posible compañero. cuantos más encuentra, menos posibilidades de error quedan sobre la mesa. Impregna los cantos con el pegamento y los hace coincidir, presionando un poco para que el fluido pegajoso haga lo que debe.
Y no es una historia cualquiera la de esta pieza de vajilla de porcelana fina, pues, además de ser contenedora de la preciada bebida de los mayas y los aztecas, también está ligada a las intrahistorias de aquellas mujeres que la poseyeron en algún momento durante cuatro siglos.
Mientras la enjabonabas te diste cuenta de que no era una pieza cualquiera. La finura de la porcelana, el diseño de líneas delicadas, con el pico alto y el asa generosa en forma de lazo.
Para saber de ella debemos conocer quién o quiénes fueron sus propietarias o la tuvieron en sus manos, destacando tres mujeres entre todas ellas:
Sara, Aurora y Mariana, quienes, además de su amor y pasión por el chocolate (ya sea tanto al elaborarlo como al disfrutarlo), están unidas por la ciudad de Barcelona. Care Santos narra sus biografías utilizando un hilo musical, una banda sonora que siempre está en el trasfondo de estas vidas: la ópera que se representa en el Liceo, del que también conoceremos su historia a los largo de estos años.

Y hasta aquí los puntos de unión en Deseo de Chocolate, una novela representada por estas tres mujeres en tres actos independientes y distintos que nada tendrán que ver unos con otros. 

Comenzamos con la historia de Sara Rovira, ya en el siglo XXI. Entrada en los cuarenta, relata cómo la chocolatera llegó a su vida al mismo tiempo que su marido, Max Frey, y su amigo, Oriol Pairot, mientras los tres realizaban un curso de técnicas para chocolateros del Gremi de Pastissers de Barcelona. Max se enamora de Sara y ella lo hace de Oriol; un triángulo difícil de conjugar en el que cada uno representa su papel y en el que a veces cuesta dilucidar quienes son los vencedores y quienes los vencidos. Puestos a elegir, me quedo con Max, el Pimpinela escarlata.
Tus cosas estaban pronto recogidas. Cabían en el mismo hatillo que trajiste al llegar. Una vez todo estuvo preparado, te sentaste a esperar en el banco de la cocina. Aún no se te había pasado la conmoción ni, por supuesto, el disgusto. Entonces una mala idea se encendió en tu cabeza como una luciérnaga: la chocolatera.
Seguimos con Aurora, nacida para ser la criada de los Turull, una familia burguesa del siglo XIX. Se dedica a servir y acompañar a Cándida, la amada y única hija de Estanislao, un inventor de maquinaria industrial. Con esta mujer nos trasladamos a una ciudad incipiente y en pleno desarrollo, cuando la industrialización comienza a llegar a sus artesanos.

Si algo tiene claro Aurora es que ella ha nacido como criada y debe morir como tal. En ella se enmarca el orgullo de clases; sabe y conoce perfectamente el lugar que ocupa (primero en la casa de los Turull y después en la de los Sampons), aunque no lo tiene tan claro a final, cuando comienza a trabajar para el doctor Horacio Volpi que, además de médico, también es un apasionado del la ópera, que escucha con devoción en su amado Liceo.
Este sobrenombre de ángel salvador me complace otorgarlo no solo por esto de la manta que acabo de referiros, ni por la taza de delicioso chocolate que me regaló a continuación y que me devolvió de muerto a vivo. Más bien lo digo por la delicada expresión de su rostro.
Finalizamos cuando bajamos al siglo XVIII para conocer a Mariana, la esposa-viuda del chocolatero Fernández, inventor de una máquina que facilita la fabricación del chocolate y que parece que todos están deseosos de poseer, ya sean los del Gremio chocolatero de Barcelona como los ingleses y también los franceses.
 
 
La disputa no nos extraña absolutamente nada a los amantes de la bebida de los dioses. ¿Qué no haríamos nosotros por una taza o una tableta? Pues, tal y como la novela relata, mandaríamos si pudiéramos a nuestros espías para hacernos a toda costa con el apreciado artilugio. Entre los que envía la delegación francesa se encuentra Victor Philibert Guillot, secretario de madame Adélaïde de Francia, primera propietaria de la chocolatera. Aparte de la misión oficial, nuestro querido Guillot se embarca en otra más personal pues, como bien es sabido (aunque no sé si está comprobado científicamente), nada enamora más que el ofrecimiento de una taza de chocolate caliente cuando te estás muriendo literalmente de frío.

 
Para la lectura de la novela (y posterior reseña) he necesitado tres tazas de leche con cacao puro, media tableta de chocolate y un brownie plastificado y olvidado (más bien escondido) en la puerta del frigorífico, debajo de los loncheados de queso.




Care Santos (Mataró, 1970) es autora de doce novelas, entre las que destacan Habitaciones cerradas (2011), adaptada a la televisión en 2014, El aire que respiras (2013), Deseo de chocolate (Premio Ramon Llull 2014), Diamante azul (2015), Media vida (Premio Nadal 2017) y Todo el bien y todo el mal (2018). Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas, entre ellos el inglés, el alemán, el francés, el sueco, el italiano y el holandés. Es colaboradora habitual de El Periódico de Catalunya.

 

viernes, 7 de mayo de 2021

Y EL LIBRO COMIENZA ASÍ... #31 ::: ABRIL 2021

¡Hola a todos!

Ya estamos nuevamente ante el primer viernes de un nuevo mes, y toca resumen de lecturas del anterior, en este caso de abril. Son doce los comienzos que os traemos, y esperamos como siempre que os gusten o llamen vuestra atención.

Os recordamos que pinchando en cada imagen accedéis a la reseña en cuestión.

Esperamos que estéis disfrutando de estos días de descanso semanasanteros. En Netherfield ya hacían buena falta. ¡Un abrazo a todos y a por un buen mes de lecturas!
 
 


viernes, 30 de abril de 2021

RESEÑA (by MB) ::: LA COCINERA DE HIMMLER - Franz-Olivier Giesbert


 
 
 
Título original: La Cuisinière d'Himmler
Autor: Franz-Olivier Giesbert
Editorial: Alfaguara
Traducción: Juan Carlos Durán Romero
Páginas: 344
Fecha de publicación: 2014
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18,50 euros
Imagen de cubierta: Ute Klaphake/Trevillion Images

He aquí la hilarante epopeya de Rose, una cocinera que nunca le ha temido a nada y que ha sobrevivido a las barbaries del siglo XX (el genocidio armenio, los horrores del nazismo y los delirios del maoísmo) sin perder el humor, el deseo de sexo y el afán de venganza: los tres pilares de la felicidad en su particular credo.

A los ciento cinco años aún regenta su famoso restaurante en Marsella, guarda una pistola en el bolso y no puede evitar los pensamientos eróticos cuando se cruza con algún tipo interesante. Esta singular cocinera, marcada por dos hombres y un siglo, se toma la justicia por su mano matando a sus enemigos suavemente. Rose pertenece ya a esa galería de grandes personajes literarios de los que no podemos separarnos.

Respondí a Jacky que en efecto había vivido, hasta el tuétano de mis huesos, lo que puede considerarse sin temor a equivocarse uno de los periodos más terribles de la historia de la humanidad: el siglo de los asesinos.
Y es que Rose, rondando los ciento cinco años de edad, tiene razón al decir que ha vivido lo suyo. Esta mujer, extraordinaria y peculiar, se dispone a relatarnos sus memorias y bucear en su historia, hilada con los acontecimientos más devastadores sucedidos a lo largo y ancho del siglo XX.
La leyenda familiar cuenta que mi madre sintió la primera contracción al subirse al árbol y estirar el brazo para agarrar al gato. Agarró al animal por la piel del cuello, lo soltó en una rama más baja y, presa de un presentimiento, se tumbó de pronto en un recoveco del cerezo, en la intersección de las ramas. Así fue como llegué al mundo: rodando hasta el suelo.
Rodando es como nuestra protagonista comienza su andadura por la vida en el mar Negro, allá por el año 1907, cuando falta poco para el terrible exterminio armenio, del que será principal protagonista al afectar a toda su familia consanguínea. Así inicia su propio periplo (odisea, más bien) por ese mundo convulso, cambiante y terrible que le toca vivir, con la única compañía de Teo, una salamandra.
Le debo mucho a la recolección, construyo mi filosofía de vida. Mi fatalismo. Mi capacidad para picotear el día a día. Mi obsesión por reciclarlo todo: mis platos, mis desechos, mis alegrías, mis penas.
Resulta increíble que a sus centenarios años,
Rose posea una mente y una memoria viva, vibrante e imperecedera. A pesar de sus peculiares exorcismos, las emociones de antaño se le representan tal cual fueron vividas y experimentadas, y nos las cuenta y las describe con el más nimio y mínimo detalle, para después eternizarlas en sus famosas memorias.
 
Recuerda una infancia feliz pero corta que se trunca cuando su seguridad, su hogar y su familia caen y desaparecen bajo el terrible exterminio. Convertida en esclava, entiende y comprende muy pronto que solo debe vivir y sobrevivir para seguir adelante con el dolor; olvidar, nunca perdonar, como forma de recordar a los que no han tenido mejor suerte.

Relata en primera persona cómo fue y es ahora su vida, sus decisiones y equivocaciones, los golpes de la buena y mala suerte... una existencia en la que además, sin comerlo ni beberlo, siempre se sitúa en el lado equivocado: el de los perdedores, los explotados y los que deben luchar.

Si algo se aprende del relato que se va conformando en cada página es que su transcurrir existencial es una alegoría, un canto a la vida en el que resulta imperativo aprovechar los momentos, pues estos pasan y no vuelven; desaparecen para dejar sitio, en el mejor de los casos, a otros menos agradables, cuando no aterradores o devastadores.
Me dirán que me estoy volviendo simplona, pero la felicidad siempre es simplona. Además, habiéndola conocido ya en la granja de mis padres, desconfiaba de ella: toda esa embriaguez dentro de mí me daba miedo. La experiencia me había enseñado que nunca dura.
Cuando todo va bien, la Historia viene a estropearlo.
En La cocinera de Himmler recorremos Armenia, la Francia ocupada, las cocinas de un mandatario nazi (Heinrich Himmler), los Estados Unidos, la China de Mao... siempre en primera línea y del lado contrario, ese donde se debe sobrevivir y salvarse. Y es que nuestra Rose no es de las que se quejan y tampoco de las que se quedan demasiado tiempo en una agradable y tranquila zona de confort.
Al final de la cena, Heinrich Himmler pidió verme. Me peiné y me maquillé rápidamente y me presenté a su mesa con el corazón acelerado, la boca seca y temblando como una hoja
Con cada terrible experiencia a la que se sobrepone o sobrevive se hace más fuerte, al tiempo que su semblante se nos oscurece y se reduce nuestra empatía, pues a veces resulta difícil entender todos sus matices, sus grises oscuros traducidos en las decisiones que toma y que ponen su vida y la de los demás patas arribas. Unos encajes de bolillos casi imposibles de hilvanar por el autor, pero, ¿quiénes somos nosotros para juzgar una larga vida? Ha sobrevivido a tantos terrores, traiciones, asesinatos... y aun así, a pesar de los pesares, lo narra con gracia y una pizca de hilarante humor socarrón. 

El secreto de su longevidad son las ganas de vivir y de cocinar, sumadas a un espíritu indomable y unos pensamientos únicos e intransferibles (solo compartidos con su querida salamandra, Teo, su alter ego). Recuerdos, remembranzas que nos sumergen en su biografía y en la Historia, cuyos entresijos y heridas le han dejado muchas y variadas cicatrices tanto en el cuerpo como en el alma. 
 
Aun así, como seguro que ella diría, ¡que me quiten lo bailao!
No creo haber sido nunca tan feliz como en los dos meses y medio que pasamos en Sisteron. Tampoco pasé jamás tanto miedo. Quería esconder mi alegría a toda costa, incluso a Gabriel, por temor a traer los malos espíritus que, al primer signo de alegría, corren para desencantarnos.


Franz-Olivier Giesbert nació en Wilmington, Delaware (Estados Unidos) en 1949. Su familia paterna, de origen escocés, alemán y judío, emigró a la Costa Este estadounidense durante la Primera Guerra Mundial. A los tres años, Giesbert se instaló junto a sus padres en Normandía. Periodista, biógrafo, novelista y presentador de televisión, es una de las grandes figuras del actual panorama cultural francés. Con tan solo dieciocho años publicó su primer artículo en el periódico normando Liberté-Dimanche. Fue corresponsal de L'Express en Estados Unidos y trabajó en Le Nouvel Observateur y en Le Figaro. Actualmente dirige el prestigioso semanario Le Point. 
 
Ha escrito numerosas novelas entre las que destacan L'Affreux (Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, 1992), La Souille (Premio Interallié, 1995), L'Immortel (2007, adaptada al cine por Richard Berry) y Un très grand amour (Premio Duménil, 2010). La cocinera de Himmler, su última novela, ha tenido un resonante éxito de ventas y de crítica en Francia, y los derechos de traducción se han vendido a las principales editoriales europeas. Además de su faceta como novelista, destaca como autor de diferentes ensayos políticos sobre Jacques Chirac, François Mitterrand o Nicolas Sarkozy.

miércoles, 28 de abril de 2021

RESEÑA (by MH) ::: EL ÚLTIMO VERANO - Ricarda Huch




Título original: Der Letzte Sommer
Autora: Ricarda Huch
Editorial: Duomo
Traducción: Carmen Colomines y Christian Frisch
Prólogo: Cecilia Dreymüller
Páginas: 160
Fecha publicación original: 1910
Fecha esta edición: septiembre 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 14,90 euros 
Imagen de cubierta: Casa de campo con abedules (Gustav Klimt)



Corre el año 1906, y el gobernador de San Petersburgo, Yégor Rasimkara, ha cerrado la universidad a raíz de las protestas estudiantiles y se ha refugiado en su casa de campo, donde pretende proteger a su familia y a sí mismo de las amenazas de muerte. Todo es en vano, porque el hombre que su esposa ha elegido para que vele por su seguridad está conspirando a sus espaldas. Capaz de ganarse la confianza, la admiración e incluso el amor de los miembros de la familia,¿llegará a cumplir la misión que tiene encomendada?
 
Brillante y premonitorio, este clásico de la literatura es, como apunta Cecilia Dreymüller en su revelador prólogo, una joya entre las novelas históricas, que puede leerse también como una novela policiaca, llena de presagios. Ricarda Huch se descubre como una escritora de caracteres a la altura de Dostoievski.


Hoy es el último miércoles de abril y eso significa que toca reseña del Proyecto de Reseñas Cruzadas que comparto con mi queridísima Undine. El libro del que hoy os vamos a hablar es quizás el primero que tuvimos claro que íbamos a incluir en el proyecto cuando empezamos a hablar de él allá por verano del año pasado. Nos llamaba muchísimo la atención a las dos y queríamos darle visibilidad, porque (al menos bajo mi punto de vista) ha pasado muy desapercibido y apenas se ha hablado de él. Si me preguntáis a mí, y sin que hayamos hablado sobre el tema, creo que las dos estábamos bastante seguras de que íbamos a disfrutar mucho de la lectura, así que aunque siempre tengo mucha curiosidad por saber qué le habrá parecido el libro a Undine, en el caso de El último verano esa curiosidad es todavía mayor. En mi caso os digo desde ya que me ha gustado mucho y que ha cumplido por completo mis expectativas. Vuelvo a estar en las mismas de los últimos tiempos, casi que cierro el libro y me tengo que poner a hablaros de él sin tiempo para reposarlo, pero intentaré transmitiros mis sensaciones lo mejor que pueda.
 
Huch escribió El último verano en 1905, año de la primera Revolución rusa, en la que la tensión social existente en el país dio paso a actos terroristas, huelgas, disturbios, motines, etc... En este contexto de agitación política de masas está ambientada la novela. Tras una revuelta encabezada por diversos estudiantes, la universidad de San Petersburgo ha sido clausurada sin haber finalizado el curso. Estamos en el mes de mayo, y se espera que el juicio a los cabecillas se celebre en agosto. Yégor Rasimkara, gobernador de la ciudad, está recibiendo amenazas de muerte, así que decide trasladarse con su mujer y sus tres hijos a su casa de campo en Kremstoie. Su esposa, Lusinia, contrata a un joven que en apariencia ejercerá como secretario del gobernador pero que en realidad ejercerá labores de seguridad para salvaguardar su vida. Lo que no sabe Lusinia es que Liu, el joven que ha contratado, es en realidad un anarquista que se ha infiltrado en su casa con una misión: asesinar a su esposo antes de que tengan lugar los juicios a los estudiantes sin que su nombre se vea involucrado. Liu no tiene intención de dar su vida por la causa: buscará el momento oportuno con el método más conveniente, y mientras tanto formará parte de la vida de una familia que cree que está ahí para protegerle.

Antes de seguir, permitidme que os haga una pregunta. ¿Habíais oído hablar alguna vez de Ricarda Huch, dejando a un lado este libro que se tradujo al castellano hace solamente un par de años? Os diría que levantaseis la mano, pero ni os voy a ver si lo hacéis (xD), ni creo que, de poder hacerlo, viese muchas manos alzadas. Y ahora comparto con vosotros el comienzo del prólogo que acompaña a esta edición escrito por Cecilia Dreymüller, crítica literaria y especializada en literatura alemana, entre otras muchas cosas:
No había nadie que no la admirase -su talento narrativo, su vigorosa intelectualidad, su integridad moral- o que no apreciase algún aspecto de su inmensa obra: Ricarda Huch, poeta y ensayista nacida en 1864, la primera mujer alemana con un doctorado en Historia, autora de medio centenar de títulos entre poesía, novela histórica, biografía y estudios historiográficos, era la escritora más leída y respetada en la Alemania de la primera mitad del siglo XX.

Atención a las últimas dos líneas... y aun así su nombre, a día de hoy y hablando siempre del lector de a pie (no del erudito y demás esferas literarias elevadas), ha quedado totalmente en el olvido. En este prólogo se explican las razones, razones en las que no voy a entrar a fondo porque no haría más que repetir lo que en él se dice, pero para que entendáis el motivo del enterramiento de su obra, baste decir que la primera pala de arena le cayó encima al oponerse abiertamente a Hitler y al nacionalsocialismo, que estaban convirtiendo a su Alemania en una Alemania que ella no reconocía ni aceptaba, y que la pala de arena definitiva sobrevino después de la guerra, cuando tomó decisiones que la enfrentaron con las dos Alemanias (la Oriental y la Occidental) por distintos motivos. Un resumen un tanto simplista pero que traza a grandes rasgos el cuadro de lo ocurrido es que fue una de tantos intelectuales alemanes que sufrieron censura y persecución (y la muerte en muchos casos, como bien sabemos) por opinar libremente, y que acabó pagando con su salud y su vida el rechazo al mal uso de su nombre y su persona con fines políticos.

Aun así, El último verano ha escapado a este cementerio de libros olvidados en que se ha convertido su obra literaria y no ha dejado de leerse, de reimprimirse y de traducirse en sus más de cien años de existencia, lo que no deja de tener su aquel si tenemos en cuenta que ella lo consideraba un mero capricho fruto de una apuesta. Y es que El último verano nació de un desafío. ¿Sería capaz de escribir una novela policíaca? Bueno, yo os doy mi opinión: si nos ponemos exquisitos con los géneros y subgéneros literarios y demás, policíaca no es (yo le hubiese dado la apuesta por perdida xD). Pero sí le quedó una novela histórica de suspense admirable de la que además he visto reminiscencias en alguna novela posterior que luego os comentaré.

Acabo de darme cuenta de que no os he dicho un dato muy importante: El último verano es una novela epistolar. Solo leemos las cartas procedentes de los habitantes de la casa de Kremstoie, jamás las cartas que ellos reciben ni tampoco las respuestas a esas cartas. ¿Quiénes son, por tanto, los remitentes de las cartas? Por un lado tenemos a Liu, el anarquista infiltrado en la casa y que abre el libro contando su propósito y su misión a un amigo, que será el destinatario de todas sus cartas (por eso no consideréis un spoiler que se explique tan abiertamente quién es Liu y lo que quiere hacer: lo dice él desde el principio): por otro tenemos a Velia, Yéssika y Katia, los tres hijos del matrimonio Rasimkara, ya a sea escribiéndose entre ellos o a una tía (Tatiana) y un primo (Peter) que están en San Petersburgo; también escribe Lusinia, la matriarca de la familia, que se cartea principalmente con su cuñada Tatiana; y no puedo olvidarme de Yégor, el gobernador amenazado de muerte, que aunque escribe ocasionalmente, también aporta su grano de arena.

A través de estas cartas, Ricarda Huch hace un trabajo brillante a la hora de dar forma a sus personajes. Desde el cabeza de familia, despreocupado en cuanto a su seguridad y firme en su creencia de estar haciendo lo correcto, hasta su mujer, Lusinia, que adora a su marido, se replega a su forma de racionalizar las cosas, y aun así ve mucho más allá de lo que él ve. Los tres hijos son completamente diferentes entre sí: Velia, el único hijo varón, es irónico y despreocupado, nada tonto y muy consciente de que las cosas deberían ser de otra manera pero muy cómodo en la situación social que le ha tocado vivir; Katia es la pequeña revolucionaria de la familia, se opone a lo que representa su padre, se rebela ante el cierre de la Universidad, y no es de las que se callan para decir lo que piensa; Yéssika es la florecilla delicada, sensible y con un aura de hada etérea que hace de ella el miembro más susceptible al romance y al desengaño. ¿Quién queda? Pues Liu, el rey (aparente) de la función, el anarquista atractivo, interesante, misterioso que cautiva a todos los miembros de la familia y provoca en cada uno de ellos una respuesta diferente y, aunque parece que algunos de los Rasimkara no terminan de verlo claro y ven algo en él que despierta suspicacias, hay que leer la novela para averiguar si se les llega a pasar por la cabeza que es un caballo de Troya que ha entrado en sus vidas para volarlas en pedazos.

Quizás uno de los grandes logros de esta novela es el modo en que la autora construye ese fragmento social que compone la familia Rasimkara a través de lo que se cuentan en esas cartas. Y es que, más allá de las cartas de Liu a su amigo Konstantin (en las que vemos como Liu estudia a sus víctimas con frialdad y superioridad moral, como juega con ellos y manipula sus sentimientos y aun se permite el lujo de ciertas escenas totalmente frívolas o pensamientos supuestamente empáticos que suenan falsos y que solo demuestran el alto concepto que tiene de sí mismo, su encanto superficial y distante, su narcisismo y su total ausencia de remordimientos ante lo que va a hacer. Si os tuviese que dar mi opinión, Liu tiene rasgos un tanto psicópatas, pero ese es otro tema), el resto de cartas entre miembros de la familia son fuente constante de sonrisas y de empatía y reconocimiento ante los detalles que se les escapan. Motes, pullas, confesiones, risas, frases de cariño, rasgos que van más allá de lo que se le muestra al lector... y todo ello adornado con la rutina del día a día en la casa, los paseos, la llegada del revolucionario automóvil, la familiaridad casi condescendiente con la que hablan de los criados, la alegría sosegada casi utópica con la que parecen terminar todas las discusiones. Huch retrata una familia feliz, un tanto edulcorada a veces, que se adora y se respeta a pesar de las controversias o las ocasionales diferencias, porque quiere que el lector se sienta cercano a ellos y sufra ante la perspectiva de que Liu lleve a cabo su misión y vuele por los aires esa felicidad.

Os decía arriba que El último verano es una novela histórica de suspense, y me reafirmo en ello. La vertiente histórica resulta evidente, y Huch, con una capacidad de anticipación y visión encomiables, no solo retrata la Rusia revolucionaria en ciernes, sino la convulsión social y política que subyacía bajo esa sacudida colectiva. Pero también es una novela de suspense, porque la tensión no deja de crecer durante todo el libro y Huch, capricho o no, sabe jugar con ella. ¿Cumplirá Liu con su amenaza? ¿Asesinará finalmente al gobernador o se echará atrás? ¿Lo descubrirán o se saldrá con la suya? Ves llegar las últimas cartas, esas cartas que por narices deben resolver el misterio, y aunque crees que sabes lo que ocurrirá siempre queda espacio para el ¿Y si...? Y ahí radica la grandeza de esta novela, que en apenas 150 páginas no solo perfila psicológicamente a casi diez personajes, sino que esboza ampliamente una revolución política y social que alboreaba y además consigue crear una atmósfera de intriga y tensión en torno al eje con el que arranca la novela. 

Os decía arriba que había visto reminiscencias en una novela posterior, y me refería a Paradero desconocido. Evidentemente están ambientadas en dos periodos muy diferentes, pero ambas son epistolares y la naturaleza misma de la obra es muy similar, tanto en la labor de contextualización de sus respectivos momentos históricos como en el trabajo con los personajes y en la atmósfera de suspense in crescendo que va empujando al lector hacia unos finales simplemente fantásticos. A quien le guste Paradero desconocido, creo que tiene muchas papeletas para disfrutar también mucho de El último verano, que encima es anterior y, por tanto, la realmente pionera de las dos.

No he querido adentrarme demasiado en el tema político que inevitablemente aparece aquí y allá en las cartas (sobre todo en las de Liu), porque no quiero extenderme más y porque creo que se comprende mucho mejor leyendo a los personajes que soltando yo aquí una parrafada. Esos ideales forman parte de la personalidad intrínseca misma de cada personaje, y son ellos los que deben contarlos a través de sus cartas. Por mi parte solo puedo añadir que me parece una pena que esta novela pasase tan desapercibida en el momento de su publicación hace ya casi dos años, y que si tenéis la oportunidad de acercaros a ella no lo dudéis. Es de esas novelas cortas que cumplen la máxima de estar tan bien escritas, tan bien desarrolladas y tan bien planteadas desde su base, que no necesitan más páginas para contar lo que quieren contar, ni para ahondar hasta la profundidad que quieren ahondar. Los personajes están magníficamente perfilados, y si me lanzo a la piscina y os digo mis corresponsales favoritos, serían sin duda Lusinia (la madre), Velia (su hijo) y Liu (el conspirador asesino). Lusinia en concreto tiene una amplitud de miras en algunos aspectos a la hora de escribir sus cartas, y al mismo tiempo la ves tan obtusa en otros, que no puedes dejar de sentir empatía hacia ella y su humanidad imperfecta y sesgada.

En definitiva, El último verano me parece una novela muy recomendable. ¿Qué le habrá parecido a Undine? Tensión, intriga, dolor de barriga...

 

Reseña de El último verano en Lecturas de Undine -> aquí



 

Ricarda Huch nació en Brunswick en 1864, estudió Historia, Filología y Filosofía en Zúrich y fue una de las primeras mujeres alemanas en obtener una titulación universitaria. Galardonada por su labor literaria con el prestigioso Premio Goethe en 1931, fue la primera escritora elegida para formar parte de la Academia Prusiana de las Artes, cargo que abandonó posteriormente como protesta por la llegada de Hitler al poder. Además de poemarios y biografías, Huch es autora de las novelas Aus der Triumphgasse, Der Fall Deruga y Frühling in der Schweiz. Falleció en 1947, mientras se documentaba sobre la resistencia alemana al nazismo.

lunes, 26 de abril de 2021

RESEÑA (by MH) ::: LA SEÑORA HARRIS EN NUEVA YORK - Paul Gallico


 

 
Título original: Mrs. Harris Goes to New York
Autor: Paul Gallico
Editorial: Alba (colección Rara Avis)
Traducción: Ismael Attrache Sánchez
Páginas: 232
Fecha de publicación original: 1960
Fecha esta edición: mayo 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16 euros
Ilustración de cubierta: Collage a partir de ilustraciones vintage (James Cotliarenco)


Paul Gallico introduce en esta nueva aventura de la señora Harris y su inseparable amiga, la señora Butterfield, el caso del pequeño Henry, a quien su madre dejó a cargo de una familia a cambio de una libra semanal por su manutención y con los años desapareció. Desde entonces, y sin paga, para la familia el niño es una despreciable carga y lo maltratan sin cesar. Habiendo averiguado que su padre fue un soldado de Alabama llamado George Brown, las dos amigas «secuestran» al pequeño, lo cuelan como polizón en un transatlántico y se lo llevan a Nueva York. Están convencidas de que encontrarán al «señor Brown» y de que este se alegrará de la buena nueva. La señora Harris en Nueva York (1960) sigue la línea de cuento de hadas de Flores para la señora Harris (1958), con sus observaciones realistas sobre el sistema de clases y la doble cara de todo sueño, pero cuenta con la novedad de un punto de partida no tan ligero como el deseo de comprarse un vestido de Dior. En todo caso, su humor y su confianza en la amistad y la simpatía son los mismos y dan pie a otra sátira amable y distinguida, que esta vez se ambienta entre diplomáticos, millonarios de Park Avenue, estrellas de cine y cantantes de hillbilly.

Allá por finales de 2017 os traje mi opinión sobre Flores para la señora Harris, una novela fantabulosa y cuqui sobre una señora de la limpieza británica cuyo sueño era comprarse un vestido de Dior en la tienda que la firma tenía en París, y ahorraba durante años para cumplirlo. Ya en aquella reseña comentaba que había tres libros más protagonizados por la señora Harris, y que ojalá se publicasen las continuaciones. Señal divina o no, a los pocos meses se publicó la continuación, La señora Harris en Nueva York, que yo compré cumplidamente en cuanto la vi en la librería... hasta hoy. Sé que hay lectores de estas divagaciones que os traigo un par de veces a la semana que, cuando cuento estas cosas, se sorprenden de que compre los libros con tanta ansia nada más salir y que luego no los lea en años. Si supiérais lo que tengo pendiente de leer en la estantería... y si supiérais la de libros que han descatalogado y me he quedado sin ellos por no comprarlos a tiempo, me comprenderíais. El caso es que no por haber tardado tiempo en leerlo mis ansias por disfrutarlo eran menores, y por fin me he adentrado en sus páginas. 
 
Quizás para entender el argumento de esta historia resulta necesario conocer a la señora Harris del primer libro que os presenté en la anterior reseña. Como mi agotamiento mental actual imposibilita una descripción mejor de la que hice en su momento, me vais a permitir que me autocite y después sigo:
... una oda a las señoras de la limpieza británicas. En esta historia todo el mundo las reconoce, todo el mundo percibe lo que son, como si fuesen una estatua de la reina Victoria o el osito Paddington. Son, SON, las mujeres de la limpieza británicas. Y no necesitan de cabinas de teléfonos donde cambiarse para convertirse en Superwoman: lo llevan de serie, se ve a la legua, se las reconoce nada más verlas. No se dejan impresionar por nada ni por nadie, son decididas, luchadoras, valientes, indómitas, independientes, fuertes y, como algo se les meta entre ceja y ceja, todas las agallas de este mundo son pocas para las que ellas despliegan en su afán por conseguirlo. Así es nuestra protagonista, viuda desde muy joven y que no se ha dejado amedrentar ni un poquito por la situación. Ha salido adelante, se ha buscado la vida, es más que feliz con lo que tiene, posee un carácter de aúpa, y además le encanta verse rodeada de belleza y color.
¿Por qué considero necesario volver a usar mi descripción de la señora Harris en general, y de las señoras de la limpieza británicas en general loadas en estos libros? Porque a ver si no como vais a subiros al carro de un argumento tan peregrino como este.
 
Resulta que la señora Ada Harris y su amiga, Violet Butterfield (cocinera y mujer de la limpieza también, como no podía ser menos) son vecinas, viudas, viven solas y, como ya sabemos por el anterior libro, se juntan por las tardes a tomar el té y compartir las particularidades de las personas para las que trabajan, que suelen ser de la alta sociedad o famosos y, por tanto, con mucho campo para el cotilleo. El caso es que tienen por vecinos a una familia de desalmados en cuyas manos cayó Henry, un niño de acogida que ahora tiene ocho años y ha derivado en saco de boxeo tanto para los padres como para los hijos. Ada conoce algo de la historia de este niño y sufre mucho por él (padre usamericano destinado en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial que se casó con una inglesa, nació el niño, él se volvió a Usamérica, ella se volvió a casar y del niño no se preocupa ni el tato). La madre está ilocalizable, pero del padre conoce el nombre. ¡Mira que si cruza el charco, se presenta en Estados Unidos y encuentra al padre de Henry! Claro está, si para ir a París fueron necesarios dos años de ahorro y que le tocase una quiniela, para ir a USA necesita el gordo de Navidad como mínimo y que no le quiten el 60% en impuestos. Pero a su creador, Gallico, le gusta ponerle las cosas fáciles a su protagonista, así que se inventa un plan que ni pintado: un matrimonio usamericano para el que Ada trabaja en Londres regresa a su tierra y no puede vivir sin Ada y su limpieza. ¿Qué le parecería viajar con ellos a Nueva York? ¡Que se venga también la señora Butterfield a ejercer de cocinera! Ya solo queda secuestrar al niño, introducirlo de estrangis en el barco, que viva de estrangis a bordo durante semanas e introducirlo también de estrangis en Usamérica pasando los controles de inmigración. Lo de encontrar al padre está chupao: todos sabemos que ese país es pequeñito y sin apenas población.
 
Una vez explicada la base de la trama, ¿qué más os puedo contar? Pues poco, porque ya de por sí es de esas historias en las que todo lo que imaginas que puede pasar, pasa, y todo lo que crees que va a ocurrir, ocurre. A ver, el mismo título del libro confirma buena parte de lo que os cuento en la sinopsis: no se sabe cómo (bueno, yo sí lo sé pero me lo callo, obviously), pero consiguen llegar a Nueva York, así que hacen posible lo imposible e introducen a ese niño sin papeles en los grandilocuentes Estados Unidos de América. A partir de ese momento comienza la búsqueda del padre de Henry y, de paso, tal y como ya hizo en el libro anterior con París, el autor nos da un paseo de arriba abajo por la ciudad de Nueva York. De parte a parte, de barrio a barrio, la señora Harris ejerce de guía turística para el lector y, aunque confieso que Nueva York no ejerce sobre mi persona la misma fascinación que otras ciudades, el paseo merece mucho la pena (ergo, por regla de tres, quien sea apasionado de la ciudad se lo pasará pipa leyendo esa parte).
 
Por lo demás, y tal como os digo, habrá quien diga que la historia peca de previsible, pero es que eso no es lo importante, igual que en Flores para la señora Harris lo importante no era si se compraba o no el vestido de Dior. Las lecciones que nos daba la protagonista en el anterior libro (amistad, bondad, empatía, alegría por vivir) aquí se ven acompañadas por emociones y asuntos menos optimistas y alegres. El abandono y maltrato infantil, el racismo, las consecuencias de las malas decisiones, la aceptación de que las buenas intenciones no siempre reciben su recompensa, la asimilación de que no siempre se consigue lo que se quiere por muy buen fondo que tenga... Es un libro bonito con final feliz (no puedo pretender engañaros con lo contrario ni intentar poner el cebo de ¿qué pasará al final? porque estos libros salen con el tono japiflower de imprenta), pero sí que es cierto que en su recorrido toca muchos temas que no por contarlos de manera amable y simpática son menos duros.
 
En cualquier caso la señora Harris no estará sola en esta aventura, porque además de la señora Butterfield le acompañan otros personajes que no os revelo porque aparecen en su primera novela en París y es sorpresa-sorpresa. Y lo que realmente importa es que ella siempre, siempre deja su estela allá donde va, sembrando buenos sentimientos, sonrisas y haciendo amigos por todas partes con una facilidad que ya quisieran muchos. ¿Es realista esta historia? No. ¿Lo pretende? Tampoco. ¿A quién le importa que no sea realista? A mí que me registren, y si tú, que estás al otro lado de la pantalla leyéndome, buscas una trama realista que tenga los pies en la tierra y no huela a eau de cuento de hadas, más vale que no te acerques a ella. Es una historia cuqui llena de buenos sentimientos, buenas acciones, solidaridad, amor de muchos tipos, un elevado sentimiento de justicia, solidaridad y acciones improbables con un éxito sorprendente. Para llevar todo esto a cabo hace falta tener a un personaje como Ada Harris de protagonista y a un lector que la acompañe con los ojos cerrados lleno de fe en las buenas personas (aunque no sean reales).
 
En resumen, ¿qué tenemos en La señora Harris en Nueva York? Pues tenemos una serie de desdichas que como no son nada catastróficas terminan como tienen que terminar, bien, que para eso nos vamos al otro lado del mundo a buscar una aguja en un pajar y eso merece su recompensa; tenemos una serie de personajes secundarios (en unos casos ya conocidos, en otros no) que hacen bueno aquello de que lo importante no es lo que andas, sino quien te acompaña; tenemos feelgood a raudales aun cuando las cosas se tuercen, aun cuando llueve algún bofetón, aun cuando la búsqueda del padre no parece dar sus frutos, porque en esta historia brillan tres rayos de sol por cada nubarrón; y tenemos, sobre todo y ante todo, a Ada Harris, señora de la limpieza y heroína infatigable, inmune a las piedras del camino, optimista por naturaleza, buena persona por genética, amable por convicción y altruista por vocación... aprendimos a adorarla en Flores para la señora Harris, y en La señora Harris en Nueva York pone lo mismo sobre la mesa y añade una vulnerabilidad transitoria que la hace todavía más achuchable. ¿Quién quiere realismo teniendo todo esto? Not me.
Nada en la vida era un triunfo completo, al cien por cien, pero muchas veces uno podía muy bien conformarse con menos, que era la mejor lección que se podía aprender.

(ya solo quedan dos aventurillas de la señora Harris, una en el Parlamento y otra en Moscú... volveré a invocar a la buena fortuna a ver si cuela y podemos leerlas en castellano a no mucho tardar).


De ascendencia italiana y austriaca, Paul Gallico nació en Nueva York en 1897. Se licenció por la Universidad de Columbia y empezó a trabajar como periodista deportivo para The New York Daily News. A finales de la década de 1930, decidió abandonar el periodismo deportivo y empezó a escribir relatos breves para varias revistas. Una de sus novelas infantiles más conocidas, El ganso de nieve (1941), así como algunas otras, tuvieron su origen en esos relatos cortos. Otros títulos que le hicieron célebre fueron The Adventures of Hiram Holliday (1939) o el relato The Man Who Hated People (1950), que se convirtió en un libro llamado Love of Seven Dolls (1954) y dio lugar a la película Lili (1953) y al musical Carnival! (1961).

Flores para la señora Harris (1958) tuvo tal éxito que, en las décadas siguientes, la seguirían tres secuelas (Mrs Harris Goes to New York en 1960, Mrs Harris, M.P. en 1965 y Mrs Harris Goes to Moscow en 1974). En 1969 publicaría La aventura del Poseidón, también conocida por su adaptación al cine en 1972. A lo largo de su extensa y prolífica carrera combinó la literatura infantil con la adulta, a veces eliminando los límites entre ambos géneros. Thomasina: The Cat Who Thought She Was God (1957) o Manxmouse (1968) son otras de sus obras infantiles más conocidas. Murió en Mónaco en 1976.