viernes, 22 de marzo de 2019

RESEÑA (by MH) ::: RETRATO DE UN ASESINO (CRIMEN EN NAVIDAD) - Anne Meredith




Título original: The portrait of a murderer 
Autora: Anne Meredith
Editorial: Alba
Traducción: Daniel de la Rubia
Páginas: 344
Fecha publicación original: 1934
Fecha esta edición: noviembre 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,50 euros
Imagen de cubierta: Anuncio del coche Hillman, Navidad 1936 (detalle)

«Adrian Gray nació en mayo de 1862 y murió violentamente a manos de uno de sus propios hijos el día de Navidad de 1931. El crimen fue espontáneo e impremeditado, y el asesino se quedó mirando primero el arma dejada en la mesa, luego el cadáver, a la sombra de las cortinas de tapiz, aún sin miedo, sino incrédulo y sin palabras».

Así comienza Retrato de un asesino (1934), una de las primeras muestras de novela policiaca «invertida», donde la identidad del asesino es conocida desde la primera página y el suspense se elabora a partir de sus coartadas y de la incógnita de si será descubierto o conseguirá escapar. Al mismo tiempo, la novela pertenece a la noble tradición inglesa de los crímenes en Navidad, punto de partida, por lo general, para un siniestro retrato de familia. Anne Meredith no desaprovecha ninguno de estos elementos y se adentra en la psicología criminal creando un gran personaje de asesino artista que entronca con otra conocida tradición británica, el esteticismo decadentista.
Segundo clásico policíaco de la semana :) Recodaréis (y si no os acordáis aquí estoy yo para devolveros la memoria xD) que sorteamos este libro en el tercer aniversario del blog. Vamos, es que desde que lo vi entre las novedades de Alba, no tuve ninguna duda. Cuándo podría agenciármelo para mí, eso ya era otro cantar. No contaba con las hadas buenas de la Navidad, esas que te hacen regalos porque sí y sin que tú lo esperes, y un buen día me encontré Retrato de un asesino en el buzón. El hada sabía que jugaba sobre seguro porque soy la tonta de la novela policíaca clásica (no se nota nada, ¿verdad?), pero lo mejor ha sido que me he encontrado con una novela policíaca bastante atípica que, precisamente por esa distinción, me ha resultado de lo más disfrutable.

Navidad de 1931. Adrian Gray es un hombre viudo que, como todas las navidades, ha reunido a sus hijos y sus respectivos cónyuges en la mansión familiar para pasar las fiestas junto a él, esto es: el mayor, Richard, con ambiciones politicas y casado con Laura; Amy, la única soltera de todos los hermanos y que vive junto a su padre; Olivia, casada con Eustace, un corredor de bolsa que ha llevado a la ruina a su suegro junto a otras muchas personas; Isobel, que abandonó hace unos años a su marido y vive también en la casa familiar; Hildebrand, el hijo bohemio casado con una mujer de pésima reputación y que vive en un tugurio junto a una prole de criaturas; y Ruth, la pequeña de todos ellos y la que parece ser más feliz, casada con Miles, un joven abogado. Adrian, el cabeza de familia, muere asesinado la madrugada del día de Navidad a manos de uno de sus seis hijos. Esto se sabe desde la primera línea. Su asesino ha cometido el crimen de manera precipitada, sin premeditar, pero no parece sentir realmente lo que ha hecho ni está arrepentido. Richard, Amy, Olivia, Isobel, Hildebrand, Ruth... ¿quién de todos ellos ha asesinado a su padre? Pues aunque no lo creáis, es lo menos importante de esta historia.

Debo empezar diciendo que la sinopsis no se ajusta a la verdad: no es cierto que conozcamos la identidad del asesino desde la primera página. Nos dicen que el asesino es uno de sus hijos, pero esos hijos son seis en total, no lo olvidemos, y la identidad del vástago que mata a su padre se descubre ya avanzados unos cuantos capítulos y unas cuantas decenas de páginas. Es a partir de entonces cuando el título de la novela cobra sentido y se descubre como lo que es: el retrato del asesino, literalmente. Y aquí es donde yo cambiaría otra cosa de la edición. Nada más empezar hay un índice de capítulos, y sinceramente yo creo que su sitio adecuado es al final del libro, donde no pueda hacer daño. Si me permitís el consejo, no leáis el índice antes de leer el libro, pasad las páginas sin leerlas, porque es fácil deducir cosas que no se deberían deducir hasta que llega el momento adecuado.
 
Dicho todo esto, me resulta complicado hablar de este libro sin desvelar cosas. La estructura está dividida en siete partes más un epílogo. La primera parte, titulada Nochebuena, nos presenta, capítulo a capítulo, a cada miembro de esta familia, su posición dentro de ella y su opinión sobre los demás, sus problemas, las cosas que les inquietan... tenemos un desglose de personajes en toda regla. La autora presenta al cabeza de familia, a todos sus hijos y a sus respectivas, parejas porque uno de ellos es el asesino y quiere que el lector tenga un mapa completo de las complicadas relaciones y lazos que unen a esta familia. 

A partir de determinado momento conocemos la identidad del asesino, y es entonces cuando la trama da un giro de tuerca a la novela policíaca convencional de la época (ahora puede parecer normal conocer la identidad del asesino a mitad de libro, pero es lo que siempre digo, lo que ahora tenemos muy visto hubo una época en la que fue nuevo y rompió moldes). Nos metemos en su cabeza sin puertas ni ventanas que obstaculicen el retrato de un asesino improvisado pero no por ello menos frío. No esconde ni un solo pensamiento ante el lector, ni un solo detalle de lo que pasó aquella noche en el despacho de su padre: lo que hizo y por qué lo hizo; lo que sintió tras hacerlo; cómo asimiló su crimen sin alterarse lo más mínimo ni sentir culpabilidad alguna; y cómo, ya que estaba hecho el daño, se las ingenió para intentar sacar el mayor provecho posible e intentar engañar a todos. 

Así pues, tenemos su confesión, y aunque a partir de ahí la historia vuelve a retomar cauces normales del género, lo hacemos con una perspectiva totalmente distinta. Asistimos a los procedimientos normales en uno de estos crímenes: el descubrimiento del cadáver; la llegada de la policía; la instrucción del caso (que no juicio, como lo han traducido en el libro... son cosas distintas) en la que se presentan las pruebas, se interroga a los testigos y se decide si hay un acusado al que (ahora sí) se llevará a juicio pasados unos meses... Pero tal y como digo, observamos todo esto con una perspectiva distinta, porque ahora de lo que se trata es de ver si el culpable es capaz de engañar a todo el mundo (la policía, su familia, al juez y al jurado de la instrucción...), si consigue hacer recaer las sospechas sobre algún otro miembro de su familia, de observar las consecuencias de sus actos y qué hace al respecto... si, en definitiva, consigue salirse con la suya.

Y de verdad que creo que poco más os puedo contar sobre el libro, porque al conocerse la identidad del asesino cualquier cosa que os cuente es peligrosa y además no quiero daros ninguna pista sobre los derroteros que sigue la historia. A mí me ha gustado mucho, es una novela diferente dentro del género policíaco clásico, está estructurada de una manera espléndida, la psicología del personaje principal está plasmada sin fisuras y a ratos resulta hasta fascinante de leer, y aunque la trama se mueve por diversos escenarios a lo largo de varios meses, no falta ni sobra nada en un camino que conduce sin prisa pero sin pausa hacia un final sencillamente fantástico (o al menos a mí me ha gustado mucho, que esto ya se sabe que va por barrios). Eso sí, vuelvo a recomendaros no leer el índice de capítulos si no queréis recibir pistas sobre la identidad del asesino antes de tiempo. Quien avisa no es traidor, y quien avisa dos veces, ni os cuento :)

 
  
Lucy Beatrice Malleson, conocida por los seudónimos de J. Kilmeny Keith, Anthony Gilbert y Anne Meredith, entre otros, nació en Upper Norwood, un suburbio de Londres, en 1899, hija de un agente de bolsa que se arruinó en la Primera Guerra Mundial. Educada en la Escuela Femenina de St Paul en Hammersmith, no quiso seguir los deseos de su madre de que estudiara para maestra y aprendió mecanografía y taquigrafía para colaborar a la economía familiar. 

A los diecisiete años ya trabajaba como secretaria y empezaba a publicar versos y cuentos en revistas como Punch y otras revistas y a escribir novelas policíacas que eran rechazadas por los editores o, si conseguía publicarlas, por el público. Convencida de que todo se debía a prejuicios de género, decidió firmar como Anthony Gilbert y finalmente en 1927, con The Tragedy at Freyne, logró el éxito. En 1934, como Anne Meredith, le dio la vuelta, con Retrato de un asesino, a la clásica fórmula detectivesca al desvelar la identidad del asesino desde la primera página; y en 1936, de nuevo como Anthony Gilbert, creó en Murder by Experts el personaje del abogado Arthur Cook, que se convertiría en el protagonista de una larga serie de novelas –más de cincuenta, la última de ellas publicada póstumamente en 1974− y radiodramas para la BBC. En 1940 publicó una autobiografía, Three-a-Penny.

Fue secretaria del Detection Club, fundado en 1932 con G. K. Chesterton como presidente. Murió en Londres en 1973.

miércoles, 20 de marzo de 2019

RESEÑA (by MH) ::: EL MISTERIO DE LA CASA ROJA - A.A. Milne




Título original: The Red House Mystery 
Autor: A.A. Milne
Editorial: Siruela
Traducción: Raquel García Rojas
Prólogo: A.A. Milne
Páginas: 226
Fecha de publicación original: 1922
Fecha esta edición: septiembre 2018
Encuadernación: cartoné
Precio: 21,95 euros
Imagen de cubierta: Christchurch Mansion, Ipswich


Mark Ablett, propietario de una magnífica residencia en la campiña inglesa, organiza en su casa un animado encuentro. Entre los variopintos invitados ;una viuda y su casadera hija, un militar retirado, una voluntariosa actriz; se cuentan también Anthony Gillingham y su amigo Bill Beverley, a quienes dos inesperados acontecimientos empujarán a ejercer circunstancialmente de Watson y Holmes: el misterioso asesinato del hermano de su anfitrión ;llegado hace poco desde Australia y considerado como la oveja negra de la familia; y la no menos inexplicable ausencia de este último tras el crimen... 
 
El misterio de la Casa Roja (1922), única incursión en la ficción detectivesca del autor de Winnie the Pooh, es considerada como una de las mejores y más imaginativas novelas de cuarto cerrado en la historia del género.

Ya sabéis que me gusta bastante esta colección de clásicos policíacos de Siruela pero que tengo mis más y mis menos con las elecciones que contiene. Tampoco puedo pretender que me gusten todos los libros de la colección por igual, así que aunque me lleve algún chasco, sigo acercándome a ella a ver qué me encuentro, y este libro que os traigo tenía el plus del autor y la peculiaridad que supuso en su obra una novela de misterio como esta. Y es que El misterio de la Casa Roja fue escrito por A.A. Milne, creador de Winnie the Pooh, lo que no deja de tener su aquel. ¿Queréis saber qué me ha parecido? Pues os cuento.

La Casa Roja del título es la magnífica residencia de Mark Ablett, un hombre rico aunque un tanto peculiar que tiene un hermano al que hace años que no ve (la oveja negra de la familia, que emigró hace mucho tiempo). El día en que comienza la historia, Mark cuenta con varios invitados en la casa pasando unos días de vacaciones así como con la presencia de Cayley, su joven secretario. Durante el desayuno recibe la noticia de que ese día se presentará en la casa su hermano Robert. Cuando horas más tarde el tal Robert aparece asesinado dentro del despacho de Mark, y Mark no aparece por ningún sitio, las cosas parecen claras: Mark ha asesinado a su hermano Robert y se ha dado a la fuga. Pero un nuevo personaje aparece en escena, Antony Gillingham, un joven despreocupado que hace lo que le viene en gana en cada momento, y esa tarde lo que le apetece es pasarse por la Casa Roja, donde sabe que uno de los invitados es su amigo Bill. La casualidad hace que su llegada a la casa coincida justo con el instante en que reina el caos tras haberse escuchado unos disparos y Cayley está intentando acceder al despacho para saber qué ha ocurrido. La policía no ve más allá de la fuga de Mark Ablett; Gillingham, testigo de primera mano del descubrimiento del cadáver, no lo tiene tan claro, y como todo lo que hace en la vida, se toma este incidente como una aventura más: decide convertirse en detective por un espacio de tiempo y averiguar lo que ha ocurrido en la Casa Roja.
Querido padre: como toda la buena gente, tienes debilidad por las novelas policíacas y te parece que nunca hay suficientes. Por eso, después de todo lo que has hecho por mí, lo menos que puedo hacer yo por ti es escribirte una. Aquí está, con más gratitud y afecto de los que puedo expresar en estas líneas.
El misterio de la Casa Roja es la única novela de misterio en la bibliografía de A.A. Milne, y se la dedicó a su padre de la manera que veis arriba. Qué pena que solo escribiese una porque, después de leer esta única incursión del autor en el género, sinceramente creo que la novela de misterio se perdió a un gran autor con un punto de vista un tanto irreverente y una intención notable de darle un poco la vuelta al género. Lo dicho, una pena... como yo hubiese sido su editora, le hubiese implorado menos Winnie the Pooh y más crímenes que resolver xD.

Aunque al comenzar la novela hay muchos personajes, no creáis que esto va, tal y como suele suceder en buena parte de las novelas de la época, de descubrir quién de entre todos los que estaban en ese momento en la casa es el asesino. No, en cuanto se descubre el asesinato los mandan a casi todos a su casa y en la mansión solo quedan Cayley (el secretario), Gillingham y Bill. El culpable está claro para la policía, Mark Ablett no aparece, y no hay investigación que valga. Solo Gillingham ve cosas raras en el caso y aprovecha que tiene que quedarse en la casa (por si la policía le necesita al haber sido el primero en llegar hasta el cadáver junto a Cayley) para investigar un poco. Se propone ser detective como antes se ha propuesto multitud de empleos y trabajos para pasar un poco el rato, y él mismo se impone el rol de Sherlock Holmes. A su amigo Bill le propone ser su Watson, y los dos, encantados de la vida, irán desenmarañando lo que ocurrió en el interior de ese despacho.

La novela destaca sobre todo por el humor irónico y a veces socarrón del detective aficionado protagonista, Gillingham, y más inocentón de su compañero de aventuras, Bill. A veces incluso podría parecer que El misterio de la Casa Roja roza la parodia de las novelas policíacas, pero lo hace de una manera tan inteligente que funciona como un reloj si decides hacer caso omiso de ese tono. Es decir, que si quieres ver una parodia la ves, pero si quieres ver un misterio serio y formal (con mucho humor, eso sí) conforme a los mandamientos de la Golden Age, también lo ves. Y conseguir eso es muy, muy difícil, y al tiempo es lo que le da una personalidad y un punto a la novela bastante interesantes.
 
Y tengo que hacer mención aparte al prólogo que adjunta la edición, prólogo que escribió el propio Milne para una de las ediciones de El misterio de la Casa Roja, porque merece la pena su lectura casi tanto como la del libro. Está lleno de humor e ironía (muy en la línea de la propia novela), y en él dejaba claro lo que consideraba una buena novela policíaca. Desde desear que estuviese escrita en inglés (forma sutil de decir que no soportaba el estilo recargado de la prosa cuando se pueden decir las cosas de manera clara y sencilla), a afirmar que prefería que no incluyese tramas románticas porque mientras el lector está pendiente del romance podrían estar pasando cosas mucho más interesantes y determinantes para la resolución del caso. Y hace especial hincapié en que el detective debe ser aficionado y estar a la misma algura que el lector (no tener conocimientos especiales por encima del lector medio), pero que sí debe haber un Watson. Ains, es que no puedo evitarlo, os pongo una cita del prólogo:
¿Qué hay de Watson? ¿Tiene que haber un Watson? Sí. Muera el autor que deja el desenlace para el último capítulo y convierte todos los anteriores en mero prólogo para un drama de cinco minutos. Esa no es forma de escribir una novela. Tenemos que saber capítulo a capítulo lo que piensa el investigador. Para ello puede servirse de Watson o de un soliloquio;  lo primero no es más que una versión dialogada del segundo y, por ello, más entretenido. Un Watson, entonces, pero no necesariamente estúpido. Un poco lento, de acuerdo, como lo somos tantos de nosotros, pero cordial, humano, agradable...
Hace ya un par de meses que lo leí (sí, mi retraso en las reseñas nada más comenzado el año es de traca), y aun así tengo todavía en la cabeza muchas de las escenas del libro. Me lo pasé genial leyéndolo, me hizo sonreír muchas veces y la trama es consistente. No falta el consabido y esperable giro al final del libro, y no tiene esos agujeros negros que me fastidia encontrarme en este tipo de historias porque me estropean la valoración final. Me parece una lectura muy recomendable para quien le gusten los clásicos policíacos, para quien le guste Winnie the Pooh y quiera conocer otra vertiente del autor (y comprobar si lo reconoce en ella o se encuentra a un autor diferente y lleno de posibilidades), y para quien simplemente quiera pasar un buen rato de lectura con un misterio por resolver y unos detectives muy majos empeñados en tener éxito descifrándolo.

Alan Alexander Milne (Londres, 1882-Sussex, 1956) era ya un reconocido dramaturgo cuando en 1926 dio a imprenta los primeros y exitosos relatos dedicados al más célebre oso de la literatura infantil, universalizado por las numerosas adaptaciones cinematográficas a cargo de Walt Disney.

lunes, 18 de marzo de 2019

RESEÑA (by MB) ::: LA DEVOCIÓN DEL SOSPECHOSO X - Keigo Higashino




Título original: Yôgisha X no Kenshin
Autor: Keigo Higashino
Editorial: Ediciones B
Traducción: Francisco Barberán
Páginas: 328
Fecha publicación original: 2005
Fecha esta edición: octubre 2011
Encuadernación: rústica
Precio: 18 euros 
Diseño de cubierta: Estudio Ediciones B



La novela negra que ha vendido dos millones de ejemplares en Japón.

«Un thriller impresionante sobre una malograda devoción humana. Un auténtico best seller en Japón.» Publishers Weekly

Yasuko Hanaoka, madre soltera y divorciada, pensaba que por fin se había librado de su ex marido. Pero cuando éste aparece un día ante su puerta, en un complejo de apartamentos en Tokio, la escena se complica y el ex marido acaba muerto en su casa. Madre e hija lo han estrangulado. 

De pronto, Ishigami, el enigmático vecino de la puerta de al lado, se ofrece a ayudarles a deshacerse del cadáver y buscar la coartada perfecta. Yasuko, desesperada, acepta de inmediato. Cuando el cuerpo finalmente aparece y es identificado, Yasuko se convierte en sospechosa.

Sin embargo, el detective Kusanagi, aunque no encuentra fisuras en la coartada de Yasuko, sabe que hay algo extraño. Así que decide consultar al doctor Yukawa, un físico de la Universidad de Tokio que suele colaborar con la policía.

Este, conocido como el Profesor Galileo, estudió en el pasado con Ishigami, el enigmático vecino de la sospechosa. Al reencontrarlo de nuevo, el Profesor Galileo intuye que Ishigami tiene algo que ver con el asesinato. Y lo que aflora da un giro inolvidable a esta fascinante historia.

Nada ni nadie podía impedírselo. Solo necesitaba papel y lápiz para disfrutar resolviendo problemas. Incluso maniatado, podría seguir haciéndolo mentalmente. Aunque no pudiera ver nada, aunque no pudiera oír nada. Ése era su paraíso infinito. Y en él yacía, dormida, una inmensa veta de matemáticas para cuya explotación haría falta emplear más de una vida.
Ishigami Tetsuya es un genio que vive por y para las matemáticas, su mente es toda lógica y razonamiento. Sus desafíos son teorías que se resuelven utilizando fríos y asépticos métodos deductivos, y estos son aplicados en todos los momentos de su vida ya que jamás expresa ninguna emoción ni ninguno de sus sentimientos o pensamientos.

Debajo de esta red de teorías, donde los aspectos de su vida se representan en términos matemáticos y sus comportamientos se describen a través de proposiciones, late también un corazón genuino y profundo capaz de darlo todo por las personas que ama (eso sí, utilizando siempre lo que mejor se le da: las matemáticas).

Ishigami está enamorado de su vecina, Yasuko Hanakoa. Su verenación por ella es tal que no le importa alargar su recorrido cada mañana para ir a su trabajo (él da clases de matemáticas en un instituto) y pasarse por la bententei, tienda donde trabaja Yasuko y donde, como su nombre indica, se sirve bento (raciones de comida preparadas para llevar, bastante comunes en la gastronomía japonesa. Suele ser una bandeja o una caja de madera en la que se incluyen arroz, pescado o carne, y una guarnición de verduras). 

Este recorrido diario, cuando el anhelo y su deseo por verla se intensifican conforme va llegando a la bententei, supone el momento más feliz del día para nuestro protagonista. El trato entre Ishigami y Yasuko no pasa de ser una mera cordialidad formal típica entre vecinos y clientes, pero este matemático colecciona estos momentos y los atesora como piedras preciosas, bastándole con ellos para alimentar el amor que profesa a Yasuko. Él es consciente de que es invisible a los ojos de su amada, sabe que su físico es de los que no atrae a mujeres como esas, pero aun así sigue amándola y esperándola, ambicionando cualquier oportunidad que le permita acercarse a la causa de sus desvelos.

Esta oportunidad surge el día en que Yasuko se reencuentra con su exmarido, Shinji Togashi. Ambos habían mantenido una relación donde los malos tratos hacia ella y su hija se sucedían cada día, y de la que Yasuko había luchado para salir y volver a empezar en otro lugar. Y ahora que todo parece encarrilado, que tiene un trabajo con el que puede cuidar de ella y de su hija, sin la sombra de su ex, este aparece para quedarse y seguirlas atormentando.

Tanto Yasuko como su hija ya adolescente, Misato, no comparten las ideas de Togashi y tampoco se resignan a volver con él ni a su antigua vida, así que en medio de todas estas tensiones y rifirrafes, Togashi muere... Esta es la oportunidad que Ishigami necesitaba para visibilizarse y salir de su invisibilidad, ya que aportándoles su ayuda y su inteligencia, su relación pasará sin duda a otro plano. Y en un momento así, cuando todo ha explotado, a sus vecinas nos le queda otra que ponerse en sus manos, sus razonamientos y su lógica.

A partir de aquí la novela entra en otra dimensión, pues a la vez que vamos profundizando en el personaje de Ishigami y descubriendo todas las capas que envuelven sus razones y sus porqués, sus vecinas se van desinflando ante nuestros ojos y convirtiéndose en meros personajes planos a disposición de las teorías lanzadas por el protagonista. Por otro lado, Ishigami lanza un desafío tras otro con el único objetivo de salvarlas y proporcionarles las coartadas necesarias para que retomen las vidas que llevaban antes de que apareciera Togashi. En este momento, y con este giro argumental, se despliega todo su ingenio matemático trabajando únicamente para salvar a sus vecinas. 

Y así, con este planteamiento y partiendo de esta única premisa (librarlas de la carcel), el bueno de Ishigami empieza a crear y fabricar toda una serie de pistas, indicios e hilos conductores que, más que despejar, enredan a la policía y a los humildes lectores. 

Para desenmarañar todo esto, la policía sabe y entiende que debe colaborar con Manabu Yukawa, físico que por casualidad es compañero de Tetsuya Ishigami y del mismo detective de policía encargado de llevar el caso, Shunpei Kusanagi, y al que se conoce como el profesor Galileo. Él será el único capaz de ponerse en la mente del matemático, empatizar, razonar y comprenderlo de acuerdo a su lógica. Sabe que entendiéndolo podrá desliar y despejar la compleja y complicada cortina de humo creada por Ishigami.

Al final la trama se concentra en este duelo de mentes y voluntades que nos mantiene a los demás enredados en su laberinto matemático. Aun así, y lejos de apartarnos de su novela, gracias a su maestría en la simplificación y en la sencillez del lenguaje, Keigo Higashino nos atrae y nos absorbe con cada uno de los desafíos planteados, dejándonos siempre a la espera de lo que sucede en cada momento. Por ello el lector acaba dándole las gracias por todo ese enriquecimiento intelectual que nutre todo los pasos y todas las teorías expuestas tanto por el matemático como por el físico.
En una ocasión me planteaste qué era más difícil, si elaborar un problema que resultara irresoluble o resolverlo. ¿Lo recuerdas?
La devoción del sospechoso X es una novela que, a priori, puede parecernos un tanto ardua y engorrosa para los que no estamos muy duchos en matemáticas, pero gracias a la sencillez en su planteamiento y a los ritmos adecuados marcados por el autor, una vez que comienzas con ella simplemente te atrapa, atrayéndote sin remedio hacia su trama al tiempo que lo asimilas todo sin prejuzgar todo lo que concierne a esas matemáticas.

Una novela sorprendente, me alegro de haberla leído.



  
Keigo Higashino, (Osaka, 1958). Estudió Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Osaka, tras lo que comenzó a trabajar como ingeniero para la compañía DENSO. Fue durante esta época cuando comenzó a escribir sus primeras novelas.

En 1985 se dio a conocer ante el gran público gracias a su novela Hokago, con la que recibió uno de los grandes galardones literarios dedicados al misterio de los que se otorgan en Japón, el Edogawa Rampo. A partir de ese momento sus novelas alcanzaron gran popularidad y desde entonces ha recibido premios como el Honkaku, el Naoki o el Chuokoron. A nivel internacional ha sido finalista del Edgar y le fue concedido el Polar Internacional de 2010.

Su obra más conocida es La devoción del sospechoso X, la primera de su serie del Detective Galileo traducida a varios idiomas, y que ha sido adaptada en formato televisivo en su país de origen. Más de quince de sus novelas han sido llevadas al cine y la televisión. (Lecturalia.com)

viernes, 15 de marzo de 2019

RESEÑA (by MH) ::: ENCANTO Y COMPAÑÍA - Edith Wharton




Título original: Mrs. Manstey's view / The fullness of life / The moving finger / The pretext / Diagnosis / Charm incorporated / Permanent wave 
Autora: Edith Wharton 
Editorial: Funambulista
Traducción: Laura Gimeno, Gonzalo Gómez, Ascensión Cuesta
Posfacio: Laura Gimeno Pahissa
Páginas: 272
Fecha publicación original: 1891/1893/1901/1908/1930/1934/1935
Fecha esta edición: noviembre 2010
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 20 euros 
Imagen de cubierta: Afternoon tea party (Mary Cassant, 1890-1891)



A Edith Wharton (1862-1937) le encantaba que se dijera que en su América contemporánea había dos «self-made men»: Theodore Roosevelt y ella.

Wharton, mujer refinada, elegante y de gran cultura, decidió dedicarse a las letras desoyendo los consejos de su madre que, como tantos miembros de las clases altas de Nueva York, consideraba que la escritura no resultaba adecuada para las mujeres y que las hacía vulgares.

En estos relatos —que abarcan desde 1891 a 1935 y que son una perfecta introducción a la obra de la autora— asistimos a una elegante e irónica disección de la hipocresía de los ricos,de las renuncias personales frente a las presiones sociales, así como a una crítica a la institución del matrimonio, con una mirada compasiva hacia los sueños frustrados del ser humano. Pero la ironía de estos textos no es nunca cruel, y la complicidad que se establece con el lector invita a mirar con nuevos ojos a sus contemporáneos, que se parecen mucho a los nuestros.

Testigo excepcional de un mundo de aparente lujo y de futilidad (pero que oculta toda una «trastienda» de emociones y aspiraciones secretas), estas siete piezas narrativas de Wharton —varias de ellas inéditas en español— recrean la atmósfera de sus grandes novelas, La edad de la inocencia o La casa de la alegría.

Son ya varios los libros de Edith Wharton que os he traído por aquí (y más que os traeré), y este en concreto, si no me falla la memoria, es el segundo de relatos, en los que se mostró muy prolífica y que suponen un buen acercamiento para todos aquellos que quieran conocer su prosa y su estilo y no se atrevan (o no quieran) meterse de lleno en una de sus novelas.

Creo que a estas alturas ha quedado demostrado que me gusta mucho la prosa de esta autora, pero Wharton tiene muchos detractores, casi tantos como Henry James, y no hago la similitud al azar. Con Wharton pasa algo muy curioso, y es que el estigma que le persiguió en vida le sigue persiguiendo casi cien años después de su muerte: su amistad con James. Si ya en su época muchos no querían ver en ella más que una versión femenina de este autor (no puedo estar de acuerdo, y de hecho me parece una afirmación bastante injusta), hoy en día se sigue asociando ya no su obra, sino su propia persona, con él. Y no, Edith Wharton es una autora con entidad propia, estilo propio, una prosa elegante y pulcra, una visión de su época aguda e inteligente y una construcción de personajes sencillamente fantástica. Sé que hay lectores que sus novelas se les atragantan, pero de verdad que su ficción corta suele merecer mucho la pena para quienes esas novelas se le hagan un poco cuesta arriba.

Esta antología tiene como objetivo ejemplificar su trayectoria, crecimiento y evolución como escritora de relatos o de ficción corta. Con ese fin están ordenados temporalmente desde el más antiguo incluido en la compilación, que data de 1891, hasta el más reciente de los siete, que data de 1935, dos años antes de su fallecimiento. ¿Qué encontramos en ellos? Temas tan típicos de la autora como el matrimonio (que aparece de una manera u otra en seis de los siete relatos y en todas sus variantes: felices, infelices y anodinas), la clase media-alta y sus problemas, personajes que representan un abanico totalmente abierto de la sociedad de la época... y todo aderezado con ironía, sutileza, genio y aparente cariño por la mayoría de sus personajes.

Me pongo manos a la obra, que os quiero contar un poquito de cada uno. 

Las vistas de la señora Manstey (1881) nos traslada a las cuatro paredes entre las que pasa sus días, uno tras otro, y en completa soledad, la señora Manstey. Viuda, enferma y con una hija viviendo lejos, apenas sale de casa y su única alegría es mirar por la ventana y contemplar la naturaleza que se extiende hasta donde le alcanza la vista. No es una visión especialmente bonita, pero se siente incapaz de vivir sin esas flores, esos árboles, esos parterres..., así que cuando una casa de huéspedes vecina decide ampliar el edificio, la señora Manstey se da cuenta de que ese nuevo pedazo de hormigón tapará las vistas que son su única razón de vivir, y decide tomar cartas en el asunto. Un retrato de la soledad, de esas pequeñas cosas que para los demás no significan nada pero que en otros hacen que la vida merezca la pena, y una defensa de la belleza de la naturaleza (y de la naturaleza en sí misma) cuando el progreso arrasa con todo sin volver la vista atrás.

La plenitud de la vida (1883) nos narra la historia de una mujer (de la que nunca conocemos el nombre) que cuando muere llega a un valle precioso con montañas a lo lejos, un río, árboles... se da cuenta de que la muerte no es el fin, y es todo tan bonito que, paradójicamente, cree que tal vez ahora pueda saber lo que significa realmente vivir, pues siente que la vida junto a su marido no ha sido realmente plena. Nunca conoció en vida a su alma gemela, y en este más allá, y para casos como el suyo, está decretado que encuentre a esa alma gemela y que vivan juntos para toda la eternidad. Este relato haría bueno el dicho de "ten cuidado con lo que deseas", al tiempo que pone en perspectiva que pasamos tanto tiempo pensando en lo que queremos y no tenemos que estamos ciegos ante lo que sí tenemos y seguramente es mucho mejor de lo que pensamos.

El dedo del destino (1901) está narrada en primera persona por un amigo del matrimonio Grancy, y comienza con la muerte de ella. Dechado de virtudes sin igual, amada hasta la extenuación por su marido, la trama gira alrededor de un retrato de esta mujer que su marido venera e idolatra de tal manera que condiciona su vida en muchos aspectos, y que va siendo modificado según sus decisiones para que le acompañe de la manera más fidedigna a lo largo de sus días. Creo, y puede parecer curioso porque estamos hablando de relatos y se sobreentiende la extensión breve, que quizás a esta historia le sobran páginas. Me ha gustado (todos me han gustado), pero probablemente es el que menos he disfrutado, se me ha hecho un pelín lento.

El pretexto (1908) es probablemente mi relato favorito de todo el libro junto con el último de todos. Margaret Ransom, mujer de mediana edad casada con el académico señor Ransom, vive una especie de segunda juventud ilusionada por sus sentimientos hacia Guy Dawnish, un inglés mucho más joven que ella que llegó a la ciudad como protegido de su propio marido. Cree que él le corresponde a pesar de la diferencia de edad, y buscará su compañía tanto como la evitará mientras construye castillos en el aire y se abre ante el lector con todas las consecuencias. En este relato nos sumergimos de lleno en el interior de Margaret, nos ruborizamos con ella, dudamos con ella, la vemos amar (quizás por primera vez) mientras no siempre da los pasos correctos insegura entre el querer y el deber. El final es una bofetada en la cara, de esos ante los que el lector no puede evitar tener una opinión, una certeza, aunque la autora le quiera dar el barniz de la ambigüedad.

El diagnóstico (1930) parte de un diagnóstico médico fulminante que apenas da tiempo de vida al protagonista, Paul Dorrance. Él, que tiene una amante que lo adora pero con la que ya se aburre y que tenía pensado abandonar, decide, en todo su esplendoroso egoísmo, que ya que se va a morir, necesita casarse con ella y tener compañía durante sus últimos días. Vende todo y se van de viaje por Europa sin fecha de vuelta a la espera del momento fatal... pero a veces las cosas no son lo que parecen ni las personas tampoco. Este relato también me ha gustado mucho. Aquí todos juegan su juego, a unos los ves venir pero a otros no, y nadie es tan bueno ni tan malo como pueda parecer en un principio. Viene con plot twist, como alguno que otro en este volumen, así que poco más debo contar sobre él.

Encanto y compañía (1934) es el relato que da nombre al volumen, pero creo que por lo bonito que es el título, no porque sea el mejor que contiene (opinión personal, claro xD). James Tagartt está casado con Nadeja... y con toda su santa familia. Refugiados de guerra, provenientes del este de Europa, uno tras otro todos los hermanos de Nadeja se van dejando caer en casa de Tagartt. Todos muy bohemios, muy cultos y encantadores, pero sin tener donde caerse muertos y ni una libra en el bolsillo. Así que se pasa los días buscándoles trabajo, esposos ricos, esposas ricas, conciertos, patrocinadores... lo que sea. Unas veces le sale bien, otras le sale mal, pero lo importante es consagrar su vida a quitarse de una vez por todas de encima a toda esa gente y poder vivir tranquilo (y a solas) con su mujer. Es el relato más ligero en cuanto a temática, el más superficial en apariencia aunque esconda su aquel de fondo. También creo que aquí sobra alguna página, pero es muy entretenido y con diferencia el que más humor tiene de toda la antología. Y el retrato que se hace de esta familia es, cuando menos, muy curioso.

La permanente (1935) ocupa, tal y como decía arriba, el podio de mis favoritos junto a El pretexto. La señora de Vincent Craig acude a su peluquería para hacerse la permanente con un motivo muy especial: va a fugarse con su amante esa misma tarde abandonando a su marido. La pemanente tarda sus buenas cuatro horas, así que mientras tanto asistimos a la crónica de esta infidelidad y de sus planes de futuro con su enamorado. Algo que puede parecer manido y sencillo, tiene un giro de tuerca hacia el final sencillamente genial que es totalmente imposible ver venir y que me ganó desde que lo leí. El cuento de la lechera en versión de una ama de casa acomodada de los años 30 que no tiene desperdicio (sé que puede parecer spoiler lo del cuento de la lechera, pero no, no vais a ver venir el motivo).

Una vez leídos resulta evidente la evolución de Wharton como autora a lo largo de los años. Sin duda mis preferidos están entre los publicados ya comenzado el siglo XX, y aunque ni mucho menos pretendo desmerecer los otros publicados a finales del XIX, sí que es cierto que se nota cómo la pluma de la autora estaba mucho más asentada conforme avanzaban los años. El grueso de su carrera literaria, en lo que a novelas se refiere, pertenece ya al siglo XX, y eso se percibe también en estos relatos.

Quizás yo no soy objetiva porque me gusta mucho la autora, pero es un libro muy recomendable para quien disfrute de los relatos clásicos y de esas historias que en apenas unas páginas ofrecen un estudio de la complejidad humana con sus cosas buenas, sus cosas malas, sus debilidades, sus virtudes, sus miedos, sus sueños y su manera de enfrentarse a la vida y de lidiar con ella, y todo ello plasmado unas veces con humor, otras de manera más sobrecogedora, pero siempre con ese punto de vista inteligente, crítico y afilado tan de Wharton.

Edith Wharton (Edith Newbold Jones, de soltera) nació en 1863 en Nueva York, en el seno de una familia de la alta burguesía. Pasó gran parte de su infancia en Europa, primero en París y luego Alemania y Florencia. Desde pequeña dio muestras de una inteligencia e imaginación excepcionales. De adolescente escribió poemas y en 1877 un cuento: «Fast and Loose». Con 23 años se casó con Edward Wharton, doce años mayor que ella, con quien no compartía ningún interés intelectual ni artístico (acabó divorciándose en 1913). En 1891 apareció su primer relato, «Mrs Manstey’s View» en el Scribner’s Magazine, donde se recogerían regularmente sus textos. En 1897 publicaría The Decoration of Houses, en colaboración con su amigo el arquitecto Ogden Codman, que tuvo un éxito inmediato. En 1902, se instala en The Mount, la casa que los Wharton habían construido en Lenox, pero pronto regresará a Europa, y en 1903 conocerá en Inglaterra a su «queridísimo maestro» Henry James, con quien mantendrá una gran amistad hasta la muerte de éste en 1916. En 1905 aparece La casa de la alegría; en 1907, se instala en París, y ya nunca abandonaría su querida Francia. Durante la Primera Guerra mundial fundó los American Hostels for Refugees, por lo que fue condecorada con la Legión de Honor. En 1920, La edad de la inocencia obtiene el Premio Pullitzer. En 1923 se convirtió en la primera mujer doctor honoris causa por la Universidad de Yale. El 11 de agosto de 1937 padeció una crisis cardíaca que le causó la muerte. Sus restos reposan en el cementerio de Versalles. Su última novela, inacabada, The Buccaners, se publicó póstumamente en 1938.

miércoles, 13 de marzo de 2019

RESEÑA (by MH) ::: EL INVIERNO MÁS OSCURO - Alice Lovelace





Título original: El invierno más oscuro 
Autora: Alice Lovelace 
Editorial: Autopublicado
Páginas: 384
Fecha de publicación: noviembre 2018
Encuadernación: rústica
Precio: 3,40 euros (kindle) + 12,40 euros (papel) 
Diseño de cubierta: Javier Morán Pérez



Grace Southwark, conservadora en el British Museum, guarda un inquietante secreto que se ha vuelto peligroso desde que humanos y vampiros conviven con cierta normalidad. Para una historiadora, trabajar en colaboración con seres tan antiguos constituiría una ventaja si no fuese por la tensión de mantener oculto su don sobrenatural. Una noche, de vuelta a casa en el metro, el ataque de un clan disidente descubre el letal secreto de Grace, poniendo en peligro la diplomacia entre humanos y vampiros pero también su vida. Acorralada por los acontecimientos, decide confiar en Eric Stenkilsson, Legado de Londres, el único capaz de ayudarla a comprender qué clase de monstruo es el que habita su piel. La respuesta resultará tan extraordinaria y decisiva como el camino que recorrerán hasta encontrarla.Una novela romántica y sobrenatural con el toque excéntrico de los jardines invernales en Oxfordshire.

“Todos somos monstruos, Grace, depende de la luz bajo la que se nos observe.”


Confesión nº 1. Como sé que no estáis acostumbrados a ver en Netherfield determinados géneros literarios, vaya esto por delante: me encantan los vampiros. Novelas, pelis, series... obviamente no me vale cualquier historia de vampiros (lo dejaré así y no daré nombres), pero me gustan, y de hecho me he comprado varias en los últimos tiempos relacionadas con el tema. Las disfruto... igual que disfruto las historias/novelas/series/pelis de zombies, pero de eso hablaremos en otro momento si es que surge la ocasión (ahora que lo pienso, algún libro hay ya reseñado en el blog sobre zombies... aquí la muestra). El caso es que me gustan, y no tengo ningún problema en reconocerlo. No solo de clásicos y libros peculiares vive una inquilina.

Confesión nº 2. Cuando surgió el misterio de quién sería la autora detrás del seudónimo de Alice Lovelace me hice la tontis sobre el tema, pero me moría de ganas de que este proyecto viese la luz, porque si en un mismo plato me ponen vampiros y el feelgood de la autora, y todo eso se adereza en ambientillo british, pues yo no dejo ni las migas. Ella llama a esta mezcla "vampiros en Pemberley". Qué pena que Netherfield no se preste tanto al markéting, porque no me hubiese importado adecentar toda un ala de la mansión para estos menesteres :)

Confesión nº 3. Sé que puede parecer que lo digo a toro pasado, y que así es muy fácil estar segura de las cosas, pero pongo la mano en el fuego a que si nadie me hubiese dicho qué escritora se esconde detrás del seudónimo Alice Lovelace, lo hubiese adivinado de todas-todas igualmente. Mónica Gutiérrez tiene un estilo tan personal que define tanto su literatura que es imposible no verlo en este libro: está por todas partes. Por todas. No se salva ni la casita del chófer (bueno, la casa del chófer es que es probablemente el remanso feelgood por antonomasia del libro).

Bueno, a ver qué os cuento (como si no llevase ya tres párrafos poniendo a prueba vuestra paciencia xD). 

La historia tiene lugar en Londres en 2018, pero en un mundo totalmente distinto al nuestro... un mundo en el que cohabitan seres humanos, vampiros y SH (humanos mejorados genéticamente), a los que ocasionalmente se unen hombres lobo, sobre todo cuando alguna puerta del infierno se abre y hay que luchar contra unos cuantos demonios. Cohabitan a la luz, es decir, que la existencia de todos estos seres está normalizada, es de dominio público y están integrados en la sociedad (unos más que otros, pero lo están). El caso es que en este Londres alternativo vive Grace Southwark, una joven historiadora del British Museum que posee un don poco común: con solo tocar a un vampiro, lo reduce a cenizas. Obviamente es un don que no conviene airear mucho por dos razones: si se llegaran a enterar, los vampiros la eliminarían de la faz de la Tierra, y los SH querrían "acogerla como invitada" en sus instalaciones y cortarla en pedacitos para clonar semejante arma. Y es que sí, aquí aparentemente todos son amiguis, pero de esos de no darse mucho la espalda unos a otros no vaya a ser que te claven algo que duela.

Pues con este panorama, a Grace no se le ocurre más que tocar a un vampiro que le ataca en un vagón de metro, lo deja de tal manera que cabe en un cenicero, y todo queda grabado en las cámaras del vagón... así que pronto se enteran todos los que se tienen que enterar: los SH y los vampiros. Entre caer en las garras de los vampiros o de los SH, ¿qué preferiríais vosotros? Grace lo tiene claro cuando ve al impresionante vikingo Eric Stenkilsson, Legado de los vampiros en Londres, con muchos cientos de siglos a las espaldas y una espada fantastidubi que usa que da gusto. Pero no debemos perder de vista la cuestión esencial... ¿quién es Grace? O más bien, ¿qué es Grace? ¿De dónde le viene ese poder? ¿Qué finalidad tiene? ¿Está Grace destinada a algo importante? Lo averiguaremos, vaya que sí, y mientras lo hacemos, lo pasaremos bien, que diría aquel. Muy bien. 

Sé que a quienes no os gusta la fantasía/vampiros/whatever ahora mismo os estarán chirriando los dientes, pero hacedme caso: no hay motivo. Es más: si le dais una oportunidad lo vais a disfrutar un montón. Mónica se adentra en esta novela por terreno desconocido, se sentó ante el teclado y se puso a escribir algo totalmente diferente a todo lo que había escrito, y le ha salido un libro muy de ella, muy identificable con su estilo narrativo, con sus gustos, su humor y esas pinceladas marca de la casa... y aun así muy diferente en todo lo demás. Ya sabemos que lo más complicado al escribir una novela de fantasía es saber crear el mundo en que tiene lugar (el famoso worldbuilding), y lo ha hecho con naturalidad, armonía y coherencia. Te lo crees todo desde el principìo, te sumerges en ese mundo en el que tu compi de curro podría ser una vampiro centenaria y tu exnovio un humano alterado genéticamente con supepoderes. Todo normalísimo y de estar por casa :)

Si habéis leído a Mónica decir en alguna parte que no os aconseja leer su libro porque es romántico y bladibladibla (¡ver para creer! Una escritora pregonando que no se lea su libro...), no le hagáis ni caso, porque no sabe lo que dice xD. En realidad sé que muchos lectores buscan en sus libros la historia de amor. Yo no pertenezco a ese grupo, nunca lo he pertenecido. En sus libros busco una historia y una trama que me interesen por montones de cosas que nada tienen que ver con la relación romántica, y siempre las encuentro. El invierno más oscuro no ha sido una excepción; sí, hay mucho amor, de ese que trasciende el tiempo y el espacio y está destinado a ser lo que finalmente es por la fuerza de los mares, los océanos y la reina Victoria desde su tumba, pero no es lo más importante de la trama, solo uno de los muchos aspectos que la componen. El recorrido en pos de la verdadera identidad de Grace y su misión en este mundo de vampiros, superhumanos y demonios son demasiado interesantes y atractivos como para quedar arrinconados por la historia romántica. 

Sé que no os estoy contando mucho de la trama, pero porque no quiero xD. La sinopsis que os he escrito resume todo lo que tenéis que saber sobre ella a la hora de sentaros a leer el libro. ¿Qué más cosas tenéis que saber? Que las referencias literarias tan marca de la autora están por todas partes, las cinematográficas también, que alguna que otra pulla vuela hacia algún que otro libro, que Londres sigue siendo tan maravilloso como siempre, que ese vikingo milenario tuvo cara y percha en mi cabeza desde el minuto uno (¡y acerté!), y que si algo hace bien Mónica es escribir unos diálogos fantásticos y derrochar mucha ironía y humor british. Hay confrontaciones dialécticas en este libro geniales por el juego de palabras y el intercambio de retintines, pero si algo me ha hecho sonreír sin parar (y reflexionar también en otras ocasiones, de todo un poco) son las entradillas de los capítulos, todas pertenecientes a extractos del diario de Grace Southwark, y que son sencillamente geniales. Y las recalco porque pueden pasar desapercibidas y son uno de los puntos fuertes de la historia.  

Y a todo esto... ¿Qué es eso de "no me gustan las novelas de vampiros y no me interesa"? ¿Eso de "es que los vampiros no me gustan y no me animo"? ¿O eso de "pufff, qué pereza, ¡vampiros!"? Quitaos prejuicios de encima, sacudidlos con brío y mandadlos donde Darcy perdió los suyos, porque si habéis leído a Mónica antes, os aseguro que todo lo que os gustó de sus historias lo vais a encontrar aquí (absolutamente todo), y si no la habéis leído nunca y os gustan las historias bien narradas, con mucho humor, fantásticos diálogos, buen rollo y mucha esencia british, es justamente lo que vais a encontrar. ¿Que hay vampiros en la historia? Pues sí. ¿Y? ¡Ellos también se merecen un poco de feelgood en sus no-vidas! :)


Alice Lovelace es el seudónimo escogido por la escritora Mónica Gutiérrez para sus publicaciones en el género de la fantasía, y separar así estas novelas del resto de su producción literaria. 

Mónica nació y vive en Barcelona. Es licenciada en Periodismo por la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) e Historia por la Universitat de Barcelona (UB). Apasionada lectora, escribe novela, relatos y poesía. En la actualidad compagina la escritura de ficción con la docencia y suele charlar de literatura con buenos amigos en su blog de autora, Serendipia.

Debutó en el mundo de la publicación con Cuéntame una noctalia, y las buenas críticas de Un hotel en ninguna parte, su segunda novela, han mantenido a la autora durante más de un año en la lista de los más vendidos. Con la editorial Roca publicó El noviembre de Kate en 2016, y Todos los veranos del mundo en 2018. Entre medias, en 2017, autopublicó su novela La librería del señor Livingstone.

El invierno más oscuro es su primera incursión en el género fantástico.