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martes, 11 de noviembre de 2025

RESEÑAS MINUS by MH (2025) #14 ::: TERROR (#2)

 

Hola a todos!

Hoy en esta sección de opiniones breves toca una nueva tanda de literatura de terror, género que como ya he comentado alguna vez leo bastante más de lo que mis apariciones por aquí puedan dar a entender.
 
 

Los cuatro libros que traigo hoy son muy distintos entre sí en cuanto al tipo de terror que ofrecen (en algunos casos es sobrenatural, en otros los humanos son los monstruos) y algunos de ellos no son libros que recomendaría alegremente porque he leído opiniones de todo tipo. A mí me han gustado los cuatro, cada uno por cosas distintas y en ocasiones llevando la contraria a la opinión generalizada.

Os cuento. 

 
 


 


 

Título original:
 The Elementals
Autor: Michael McDowell
Editorial: La bestia equilátera
Traducción: Teresa Arijón
Prólogo: Mariana Enríquez
Páginas: 320
Fecha de publicación original: 1981
Fecha esta edición: noviembre 2019 
Encuadernación: rústica sin solapas
Precio: descatalogado
Ilustración de cubierta: M. S. Cotley

Después de un extraño incidente en el funeral de la matriarca Marian, las familias McCray y Savage esperan un tranquilo verano en la costa del golfo de Alabama, donde tres antiguas casas victorianas se elevan en la soledad de una playa abrasadora. Dos de las casas son habitables, mientras que la tercera está siendo invadida por la arena: entre sus paredes, algo desconocido se encuentra al acecho. Algo que ha atemorizado a varios miembros de la familia y que aún los persigue en pesadillas. Algo atroz que parece listo para atacar de nuevo…
 
 
Sé que Blackwater lo petó el año pasado y sí, yo también caí en la avalancha promocional y el delirio colectivo y compré el cofre que incluye todos los libros, pero ahí están sin leer porque antes quería ponerme con este otro, Los elementales, que llegó a mis estanterías antes y tenía preferencia. Y me ha gustado mucho, la verdad. MacDowell escribe muy bien y además maneja de manera excelente tanto los recursos que plantea en la trama como las interacciones entre los personajes.
 
Los elementales cuenta la historia de dos familias, los McCray y los Savage, emparentadas entre sí, que, tras morir la matriarca, deciden trasladarse a Beldame, un lugar aislado al que solo se puede acceder por una franja de tierra que tiene a un lado una laguna y al otro lado un golfo. Beldame en realidad son tres enormes mansiones victorianas idénticas entre ellas, cada una mirando a un lado: dos de ellas todavía son habitables, pero la otra está casi completamente invadida por la arena, cuyas dunas rodean sus paredes. El lugar en sí mismo da escalofríos, esconde secretos y resulta evidente que hay algo en esa tercera casa abandonada... algo que al principio solo percibe India, la única niña del grupo, aunque Odessa, la criada negra de la familia, podría explicarle muchas cosas si le preguntase.
 
Esta novela está encuadrada dentro lo que se denomina gótico sureño, y lo cierto es que el calor asfixiante de Alabama y el entorno de Beldame, con esas tres mansiones góticas en un trozo de tierra rodeado de agua y arena de playa, son dos protagonistas en sí mismos, y aunque la narración empieza poco a poco presentándote a todos los miembros de la familia, la relación entre ellos, lo que supone Beldame en su pasado, el transcurrir de los días en esas casas sin que aparentemente pase nada, notas cómo MacDowell está entretejiendo los hilos de su particular casa encantada. Cuando empieza la fiesta, cuando lo que hay en ese lugar empieza a impacientarse y a reclamar atención, ya estás totalmente inmerso en la historia deseando ver qué te cuentan y cómo te lo cuentan. De entre los personajes, para mí resulta evidente que las que se quedan contigo como lector son India y Odessa, pero todos están ahí por algo... como bien descubrimos tarde o temprano. No sé si este tipo de terror es del gusto de todo el mundo, pero para mí ha sido un fantástico primer acercamiento al autor.
 
  
Puntuación: 4/5



 

Título original:
 True Crime
Autora: Samantha Kolesnik
Editorial: La Biblioteca de Carfax
Traducción: Shaila Correa
Páginas: 196
Fecha de publicaciónabril 2023
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 17,90 euros
Ilustración de cubierta: Kim Martín Humphrey
 

Suzy vive con su hermano Lim y su madre. La niña está fascinada por las historias de crímenes y su pasatiempo favorito es mirar revistas con fotos de asesinatos. Es su forma de evadirse de los horrores cotidianos con los que convive: el abuso constante de su madre y el novio de esta. Hasta que un día, cansada de la humillación y de someterse a los designios de los demás, actúa. A partir de este momento, Suzy y Lim se embarcan en un frenesí violento y mortal. Cuando la policía los atrapa, Lim acaba en la cárcel y Suzy es acogida por Hank Riley y su esposa. Por fin tiene lo que nunca disfrutó, una familia, pero Suzy ya es diferente y le cuesta encontrar su lugar en el mundo.

 
 
Sigo leyendo poco a poco los libros incluidos en la colección Démeter de La biblioteca de Carfax (donde publican novelas cortas de terror contemporáneo), y este verano le tocó el turno a Crímenes reales, novela debut de la autora y una historia que no me atrevería a recomendar porque hay que tener cierto estómago para leerla. A priori si digo que es la historia de dos hermanos que huyen después de asesinar a su madre tras una vida de abusos y que entran en una espiral de violencia que solo puede tener un muy mal final, os parecerá algo ya leído, ya visto, ya trillado. No. Creedme... NO.
 
Como digo, la novela está protagonizada por dos hermanos (Lim y Suzy) un tanto especiales que además viven en un entorno abusivo con una madre que es una hija de... su madre (lo dejaremos así). Suzy llega a su límite y se asegura de que su madre no vuelva a abusar de nadie más y de paso quema la casa. Lim y ella huyen, pero en lugar de ponerse a salvo, huir de la policía y mantener un perfil bajo, convierten la escapada en un cuentakilómetros de violencia y oscuridad. Palpan los límites entre ellos, lo que cada uno estaría dispuesto a hacer por el otro, hasta qué punto les conviene seguir juntos, si son buenos el uno para el otro, si se manipulan emocionalmente, si Suzy sabe que su hermano haría cualquier cosa por ella (cualquier cosa) y está dispuesta a comprobarlo.
 
Crímenes reales es una lectura muy turbia y muy incómoda, con escenas de violencia y abuso muy explícitas y con una línea argumental no apta para lectores muy sensibles o que reaccionan mal ante determinadas circunstancias. Se adentra en temas como la sexualidad, el dolor, la supervivencia, el abuso tanto físico como emocional, las consecuencias de esos abusos y el desarrollo de la personalidad de quienes los sufren... y la relación entre Lim y Suzy es compleja y anómala; son muy diferentes entre sí pero tienen la misma mochila a cuestas, los dos han vivido en un entorno abusivo, están defectuosos en muchos aspectos y también dañados, muy dañados. Suzy pasaba sus días leyendo revistas sobre true crimes, ahora es ella quien los protagoniza y, aunque comienza su andadura huyendo del abuso y la violencia, pronto descubre que eso no acaba fuera de su hogar porque esas situaciones, cuando eres mujer, jamás se terminan. Cambian, mutan... pero siempre están ahí, no se van jamás. Y el modo en que Suzy maneja todo lo que ocurre... bueno, ese es otro melón que aquí no se puede abrir.  
 
 
Puntuación: 4/5

 


 

Título original:
 How to Sell a Haunted House
Autor: Grady Hendrix
Editorial: Minotauro
Traducción: Pilar de la Peña Minguell
Páginas: 440
Fecha de publicación: octubre 2023
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,95 euros

Cuando Louise se entera de que sus padres han muerto, teme volver a casa. No quiere dejar a su pequeña con su ex y volar a Charleston. No quiere enfrentarse al domicilio familiar, donde se amontonan los restos de la vida académica de su padre y de la constante obsesión de su madre por los títeres y los muñecos. No quiere aprender a vivir sin las dos personas que mejor la han conocido y más la han querido del mundo entero. Sobre todo, no quiere tener que lidiar con su hermano, Mark, que nunca ha salido de Charleston, es incapaz de conservar un empleo y no lleva bien el éxito de Louise. Por desgracia, ella lo necesita, porque, para vender esa casa, va a hacer falta algo más que una manita de pintura y retirar los recuerdos de toda una vida. Pero hay casas que no se dejan vender, y la de Louise y Mark tiene otros planes para ellos dos…
 
 
 
Os hablé hace nada de Grady en la entrada de reseñas minus de fantasía y ciencia ficción, y si en aquel caso os traje su primera novela, que se aleja mucho de sus temáticas habituales, hoy os traigo el que probablemente es el libro más controvertido en cuanto a opiniones, porque o gusta mucho o decepciona... o te parece una tontería, que de esas también he leído. A mí me ha gustado mucho, os lo digo desde ya. No creo que sea su mejor libro, no es mi preferido, pero me ha gustado.
 
¿De qué va la historia? Louise es una madre soltera que recibe una llamada de su hermano Mark comunicándole que sus padres han fallecido en un extraño accidente de tráfico. Louise no quiere volver al hogar de su infancia, lleno de los títeres y muñecos a los que su madre dedicó su vida, y no quiere saber nada tampoco de su hermano, pero no le queda otra. Cuando llega allí descubre que Mark ya está intentando vaciar la casa para venderla, pero ella se niega, necesita tiempo y hacer las cosas con cuidado. Pero claro, cuando entra en ella empieza a notar cosas raras, que todo pinta que por alguna razón sus padres salieron corriendo (¿huyendo?) de la casa la noche en que murieron, que tiene la piel de gallina con tanto muñeco observándola y, sobre todo, que algunos de esos muñecos le atacan. Pero si hay algo que pone los pelos de punta es Pupkin... y sobre eso su hermano Mark podría contarle una o dos cosas si le preguntase.
 
Os decía arriba que hay lectores que les ha decepcionado o que directamente piensan que todo este rollo de las marionetas posesas da más risa que otra cosa. Bueno, yo solo puedo deciros que me dan una grima tremenda las marionetas, los guiñoles, las muñecas antiguas de porcelana... no puedo con ellos... os digo más, para que veáis que no exagero: en su día hice un taller de literatura creativa, me pidieron un relato de terror y lo escribí sobre una muñeca de estas. Vaya, que lo que a otros les parece una tontería, a mí me pone los pelillos de punta, así que entiendo su punto de vista pero conmigo, obviamente, Grady ha cumplido. Entrar en una casa como esa llena de cientos de marionetas sería una pesadilla en toda regla, me cagaría de miedo. Por lo demás, tenemos al Grady inteligente de siempre que tan pronto derrocha cierto sentido del humor como se remanga la camisa y empieza a repartir un poco de body horror, que se suele llamar. Lo de las marionetas (lo de una de las marionetas, concretamente) puede resultar grotesco y una ida de olla en cierto momento, pero esa es la intención. No es la novela que recomendaría a quien no haya leído nunca al autor porque es un libro que a muchos de sus lectores habituales no ha entusiasmado, pero oye, cada cual con sus gustos.

 
Puntuación: 4/5
 


 

Título original:
 The Lost
Autor: Jack Ketchum 
Editorial: La Biblioteca de Carfax
Traducción: María Pérez de San Román
Páginas: 416
Fecha de publicación: octubre 2022
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 23 euros
Ilustración de cubierta: Rafael Martín Coronel

En una noche del verano de 1965, Ray, Tim y Jennifer están pasando el rato, bebiendo cervezas en el lago Turner, cerca de la ciudad de Sparta. Es una noche más hasta que Ray decide que va a matar a dos amigas que han acampado en las cercanías del lago, porque sí, porque le da rabia que sean niñas pijas, que tengan dinero, que se estén consolando la una a la otra. Tim, su mejor amigo, y Jennifer, su novia, serán testigos, atónitos, del brutal asesinato. Ray sabe que a partir de ahora los tendrá a su merced. Sparta, 1969. Estados Unidos está cambiando y esta pequeña ciudad a las orillas de un lago, no es ajena a esos cambios. Los crímenes de Lisa Steiner y Elise Hanlon aún siguen sin resolver, a pesar de todos los esfuerzos llevados a cabo por los policías Ed Anderson y Charles Schilling. Ray, impune, no deja en presionar a sus amigos para conseguir lo que quiere en cada momento. Pero sus encantos no dan resultado con Sally y Kath, dos chicas jóvenes que aparecen en su vida y a las que desea. Tampoco Jennifer está dispuesta a seguir aguantando las continuas vejaciones a las que la somete Ray continuamente. Todo esto, sumado a la presión del teniente Schilling, llevará a Ray al límite. Una espiral de violencia y abuso que nadie se vio venir.
 
 
 
Uno de los grandes descubrimientos lectores que he realizado gracias a La biblioteca de Carfax es el escritor norteamericano Jack Ketchum. En sus libros no hay elementos sobrenaturales, el ser humano es el ejecutor de todo tipo de horrores y crueldades, y eso, que queréis que os diga, da más miedo que cualquier fantasma. Perdición es el tercero de sus libros que leo, también es el más actual en cuanto al año en que fue publicado por primera vez y, aunque Ketchum es Ketchum y cuando ya lo conoces sabes lo que vas a encontrar, he visto diferencias con respecto a los otros libros, sobre todo en cuanto al desarrollo de la historia. Me ha gustado, pero quizás el que menos de los tres, aunque el personaje principal, Ray, es un psicópata difícil de olvidar.

Para poneros en contexto, la historia comienza en junio de 1965 con un doble asesinato: el de dos amigas que están acampando por parte de Ray, un joven del lugar. El asesino está acompañado por su novia y un amigo, y aunque las investigaciones apuntan hacia él y los policías encargados del caso tienen claro que es el culpable, no pueden demostrar nada y se va de rositas. La trama en sí misma comienza cuatro años después, en 1969. Ray sigue viviendo en el mismo pueblo haciendo su vida como si nada, mangoneando a todo el mundo, vendiendo drogas y acumulando rencor cuando algo no sale a su gusto. Al tiempo se nos presenta a otro puñado de personajes que serán claves en lo que está por venir... porque eso llegará, podéis estar seguros. 

Como digo, es un libro atípico dentro de lo que he leído del autor porque en sus otras historias digamos que la violencia explícita está presente durante toda la novela de una manera u otra, mientras que aquí empieza con violencia y termina con violencia, pero el restante 85% de las páginas es un trabajo exclusivo de desarrollo de personajes, relaciones entre ellos y acumulación de situaciones que nos llevarán a ese final... y ahí está lo curioso del caso, porque si no has leído nunca a Ketchum te imagino adentrándote en la historia y pensando que no pasa nada y que a ver donde te lleva todo esto, mientras que si has leído ya al autor sabes que esa tranquilidad, ese transcurrir de los días, va a reventar a lo grande en algún momento (como de hecho pasa en las últimas ochenta páginas) y muchos de esos personajes que tanto se esmera Ketchum en presentarnos van a terminar mal, muy mal. Así que aviso como avisaría con cualquier otro libro de este autor: hay mucha violencia explícita, si no os gusta ese tipo de terror no os acerquéis, es muy desagradable (aunque nada puede superar a La chica de al lado... esa lectura es una experiencia de la que jamás podrás olvidarte y de la que difícilmente se puede hablar y explicar). 

Puntuación: 4/5
 

miércoles, 31 de marzo de 2021

RESEÑA (by MH) ::: EL CAMELLO - Lord Berners


 
Título original: The Camel
Autor: Lord Berners
Editorial: La Bestia Equilátera
Traducción: Mónica González
Prólogo: Matías Serra Bradford
Páginas: 126
Fecha publicación original: 1936
Fecha esta edición: enero 2009
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: descatalogado (disponible de 2ª mano)
Diseño de cubierta: Juan Pablo Cambariere



La aparición de un camello en la puerta de una vicaría es análoga a la de Lord Berners en el ámbito de las letras, insospechada y parsimoniosamente subversiva. El autor capturó a la perfección aquello que siempre resulta una impresión pasajera: que los animales lo comprenden todo. Lección de sutileza y sobriedad, modelo de economía y estilo, El camello fascinó a Stravinsky, era la novela favorita de Dalí y puede leerse como un guión de Anthony Trollope filmado por Luis Buñuel. Párrocos y percances nimios, suspenso surrealista. Se trata de un certamen de chismes y malentendidos, de criterios morales. El camello se disfruta, en suma, como la fábula que guarda los secretos -los encantos- del mal funcionamiento del mundo.

Supongo (espero) que no se nota, pero estoy bregando mucho para seguir manteniendo actualizada la mitad que me corresponde en Netherfield. Sinceramente, no llego, hay meses que no llego, y hago lo que puedo. La representación máxima de este sinvivir creo que es la reseña que os traigo hoy, porque este mismo domingo por la noche ni había empezado a leer el libro por falta de tiempo. No os voy a decir el agobio que supone saber que tienes que reseñar en dos días algo que ni siquiera has leído todavía, pero así me va la vida. He conseguido leer el libro (es muy finito, de otro modo hubiera sido imposible) y aquí estoy para hablaros de él, aunque la reseña no va a dar para mucho porque yo ya no doy para mucho, y sé que este proyecto de Reseñas Cruzadas que comparto con mi querida Undine se merece algo mucho mejor que mi mediocridad, pero también sé que ella me perdona (no le queda otra, en cualquier caso xD). Sin más dilación, y recordando una vez más la premisa inicial del reto (que leemos el mismo libro pero no lo comentamos entre nosotras hasta leer las reseñas el último miércoles de cada mes y ver lo que nos ha parecido a cada una), os hablo sobre El camello, de lord Berners.

Nuestra historia tiene lugar en el pueblecito inglés de Slumbermere. Allí, tras una fuerte nevada, aparece un camello. Un camello que, sorprendentemente, sabe llamar a la campanilla de las casas. Es más, un camello que, sorprendentemente, sabe llamar a la campanillas de las casas, y que decide hacer uso de semejante talento en la vicaría del pastor Aloysius Hussey y su esposa Antonia. Superado el estupor inicial, Antonia decide quedarse con el camello, que le recuerda a sus tiempos de misionera en Oriente, en los que acostumbraba a ir de acá para allá a lomos de semejante animal (bueno, Oriente le inspira otras cosas también, y cómo me he reído leyendo esa parte). El caso es que ahí que se queda el camello, en el establo de los Hussey. Y vosotros pensaréis que la peculiaridad del libro es esa, un camello a modo de mascota en plena campiña inglesa, y que las risas están aseguradas... y yo os digo que no, que la peculiaridad del libro no es esa, sino la actitud del camello hacia Antonia, la capacidad de comprensión del camello en relación a Antonia, las cosas raras que ocurren derivadas de esa actitud y esa capacidad de comprensión, y como el autor nos engaña haciéndonos creer que nos hemos sentado a leer una cosa y cerramos el libro habiendo leído otra. Y yo encantada de la vida, porque ni siquiera he visto venir el final. ¿Qué más se puede pedir?
 
Sí, llegado el mes de marzo del proyecto de Reseñas Cruzadas puedo decir que por fin he disfrutado de una de las lecturas que habíamos escogido previamente. Y no deja de tener su aquel, porque probablemente sea la lectura con menos pretensiones de las tres, la que menos ínfulas de loquesea tiene... o quizás tiene pretensiones e ínfulas pero sabe esconderlas muy bien detrás de mucha imaginación a la hora de idear escenas inverosímiles y mucha desvergüenza para contarlas. Porque El camello parece un juego de su autor, se le ve la intención de pasárselo bien escribiéndolo y hacerle pasarlo bien a quien lo lea, y el humor negro, un tanto retorcido, bastante mordaz, que impregna toda la obra, parece escapársele a su autor por entre los dedos. Yo me imagino a lord Berners sonriendo mientras escribía esto, sobre todo en muy determinados pasajes, y anticipando la reacción de sus lectores. Y es que era todo un personaje este lord Berners.
 
No soy mucho de extenderme (ni de hablar siquiera, salvo excepciones) sobre los autores en la propia reseña, y aunque tampoco tengo intención de hacerlo hoy, sí que resulta inevitable dar un par de pinceladas sobre lord Berners, porque conociéndolo un poco a él, podéis haceros una idea de lo que puede encontrarse en su literatura en general, y en El camello en particular. Lord Berners era un aristócrata estrafalario, singular y excéntrico que hacía de las bromas (de mejor o peor gusto) su particular afición y que se dedicaba a idear barrabasadas con cualquier animal que caía a su alcance (ya fuese pintarle las plumas a las palomas, tener jirafas de mascota para tomar el té o publicar anuncios vendiendo rinocerontes y animales amaestrados). Era compositor, pintor y escritor, se codeó con lo más granado de la alta sociedad de la época y si tenéis a mano un ejemplar de Amor en clima frío, de Nancy Mitford, veréis que está dedicado precisamente a él (os lo enseño yo de todos modos en la foto... Berners era una especie de mentor de Nancy, e incluso algún personaje de esta autora está basado en él). Os contaría muchas anécdotas de este señor (el prólogo de esta edición es fantástico en este aspecto), pero lo dicho, no quiero extenderme en demasía. En definitiva, era peculiar, vivió la vida como quiso, se puso el mundo por montera, no se tomaba nada demasiado en serio, y eso basta para que os hagáis una idea. Ah, y era lector de Jane Austen. Grande.
El camello, que fascinó a Stravinski y era uno de los libros favoritos de Dalí, puede leerse como un guión de Trollope filmado por Buñuel; párrocos y percances nimios, suspenso surrealista.

Qué acertadísima me parece esta frase del autor del prólogo,  Matías Serra Bradford (escritor, traductor y crítico argentino). La ambientación parece sacada de esas crónicas de Barsetshire tan costumbristas de Anthony Trollope (que en español siguen sin estar traducidas y publicadas al completo, dicho sea de paso), llenas de párrocos, de vecinos ricos y pobres, de destellos de la vida en provincias y, en definitiva, de escenas de la vida parroquial (que diría George Eliot, que quizás falta en ese párrafo de arriba para hacer un símil completo), pero al mismo tiempo, desde que aparece ese camello en la puerta de la vicaría, y desde que la narración avanza a partir de ahí, sabes que no estás delante de una historia amable ni costumbrista en absoluto, que pasan cosas que oscilan entre el surrealismo y la extravagancia, que te están contando cosas que a poco que te propongas racionalizarlas, fracasarás en el intento... que lo que pasa no puede ser, y porque no puede ser pasa, y ahí está la gracia. Y todo barnizado con un humor negro que roza la mala leche a veces y que va derivando poco a poco en algo muy diferente, oscuro, corrosivo y con un toque malévolo. Por si fuera poco, aviso a aquellos navegantes que les gusta tenerlo todo bien atadito cuando cierran un libro: El camello no tiene ninguna intención de explicaros el comienzo de la historia, se pasa por el arco del Triunfo que el lector necesite saber qué hace ese camello ahí y cómo ha llamado a la campanilla. Que la historia no va de eso, y dicho queda. Luego no quiero quejas.

Si tengo que resumir lo que para mí ha sido El camello, sería algo así: esta es la historia en la que, en lugar de adoptar una mujer a un camello, un camello adopta a una mujer, y lo que ocurre a continuación, por muy sorprendente que parezca; una historia en la que el lector se imagina cien cosas sobre ese camello, la razón de ser de ese camello, quedando todas ellas sin respuesta; sobre lo poco que le importa a dicho lector todo lo sorprendente, todo lo que queda sin respuesta, porque se lo pasa pipa en el proceso de lectura y no le hace falta nada más. ¿Cómo consigue Gerald Berners esa conexión con el lector? A base de buenos personajes, de situaciones inverosímiles narradas con tal inteligencia que induce al lector a aceptar camello como animal de compañía, de una sutileza descarada (sí, Berners se las apaña para contar cosas de manera sutil que son de un atrevido impensable para la época en general pero no para él en particular, que hizo de la osadía excéntrica su modo de vida) que se abre paso para ser muy claro cuando no puede pero quiere (y consigue) serlo, y, sobre todo, a base de ese aire juguetón, caprichoso, singular y soberbio que impregna una narración llena de ironías, dobles sentidos, malentendidos y situaciones rocambolescas que realmente ejemplifican a la perfección la vida en la campiña inglesa a principios del XX pero con un satírico giro de tuerca.

Os lo decía arriba, este libro huele a antojo del autor, sin más pretensión que la mera diversión extravagante, y el resultado es una delicatessen que se disfruta precisamente por su brevedad y la justa medida en que usa todos los elementos. Poco más puedo añadir sin adentrarme en una trama que apenas se extiende durante cien páginas, he intentado no desvelar absolutamente nada de lo que ocurre en el libro porque perdería toda la gracia, y en su capacidad de sorprender está su valía. Si tenéis la suerte de toparos con un ejemplar, no lo dudéis (esta edición está descatalogada y es de una editorial argentina. Que yo sepa en español no hay ninguna otra). Eso sí, no quiero terminar sin comentar un guiño que sé que a Undine no le habrá pasado tampoco por alto, y es que en el prólogo de El camello se hace alusión a otro camello que aparecerá precisamente en otra novela que leeremos y reseñaremos en este proyecto de Reseñas Cruzadas sin que tuviésemos ni idea sobre el particular cuando escogimos ambas lecturas. Una coincidencia así, con la de miles de libros que teníamos para elegir, no deja de ser un buen augurio y una serendipia literaria. En mayo descubriremos si se cumplen las expectativas :)

 

Reseña en Lecturas de Undine de El camello -> aquí


 
  
 

Gerald Tyrwhitt-Wilson mejor conocido como Lord Berners, nació en Apley, Shropshire, Inglaterra, en 1883. Fue compositor de música clásica, pintor, escritor y un excéntrico nato. Stravinski lo calificó como el compositor británico más interesante del siglo xx, “el Satie inglés”. Como autor se ganó la admiración de figuras de la talla de Evelyn Waugh, H. G. Wells, Isaiah Berlin y Jean Cocteau. Se educó en el Eton College. En su juventud viajó por Europa, ocupó cargos diplomáticos en Constantinopla y Roma, y obtuvo su título nobiliario en 1919.

Escribió dos autobiografías (First Childhood y A Distant Prospect), relatos y novelas como The Girls of Radcliff Hall, Far from the Madding War, The Romance of a Nose y Count Omega.

Se rodeó de escritores y amigos notables: Ronald Firbank, Max Beerbohm, John Betjeman, Maurice Bowra y Nancy Mitford, entre muchos otros. Mark Amory, biógrafo de Berners, cuenta que el médico que lo atendió los últimos años se negaba a cobrarle porque “su compañía era retribución suficiente”. Murió en su legendaria mansión de Faringdon en 1950.