jueves, 12 de mayo de 2016

RESEÑA (by MH) ::: LA BRUJA LOIS - Elizabeth Gaskell




Título original: Lois the witch
Autora: Elizabeth Gaskell
Editorial: Valdemar (El club Diógenes)
Páginas: 164
Traducción: Rafael Lassaletta
Fecha publicación original: 1859
Fecha esta edición: 1996
Encuadernación: rústica
Precio: 7,90 euros
Ilustración de la cubierta: Detalle de Saul y La bruja de Endor (1526, Jacob Cornelisz van Oostsanen)



La bruja Lois se desarrolla en el ambiente puritano de la Nueva Inglaterra de finales del siglo XVII. Lois, una huérfana inglesa, se ve obligada a embarcar con destino al Nuevo Mundo. Allí tiene que enfrentarse a una sociedad dominada por el fanatismo religioso de los peregrinos ingleses, que se habían instalado en la bahía de Massachusetts con el fin de establecer un Estado teocrático que encarnara sus exigentes ideas religiosas. Rodeada de una familia cuyos miembros están afectados por estados psicológicos morbosos y de una ciudad sumida en la histeria religiosa, que impide cualquier consideración racional de la vida, Lois sólo puede observar cómo es acusada de brujería y cómo su vida va girando sin remedio hacia la tragedia.

Reconozco que la temática de los juicios de Salem me apasiona. No de un modo morboso y superficial, sino como hecho histórico que es, por lo inexplicable que resulta aun hoy en día lo que sucedió en esos 14 meses en los que una población pasó a la historia cometiendo unos actos que por mucho que se lean, que se estudien, que se intenta ahondar en ellos, siguen poniendo los pelos de punta. Y digo arriba inexplicables porque lo que sucedió allí va mucho más allá del fanatismo religioso, que es el razonamiento que nos viene a todos a la cabeza al pensar en esos juicios. La raíz de todo fue el aprovechamiento de la situación para ejercer una crueldad terrible (en unos casos para llamar la atención, en otros para saldar deudas pendientes), y si encima esto se lleva a cabo de manera colectiva, como fue el caso, nos lleva a donde estamos ahora mismo, a seguir hablando de lo que ocurrió en una pequeña población de Massachusetts entre 1692 y 1693.

De sobra es conocida El crisol, de Arthur Miller, maravillosa obra de teatro y máxima representante literaria cuando hablamos sobre estos acontecimientos (no voy a entrar en su contexto de la caza de brujas del macarthismo que me salgo de tema). Para mí era la obra más representativa sobre Salem y sus juicios. Y de casualidad me topé con esta novela corta que hoy ocupa mi reseña, escrita casi 100 años antes que la obra de Miller nada menos que por Elizabeth Gaskell. 

Que yo sepa es bastante desconocida, y cuando me puse a indagar descubrí que en España está editada actualmente dentro de una recopilación de sus Cuentos Góticos, publicada por la editorial Alba. De manera independiente, que es la edición que yo tengo, la publicó Valdemar dentro de su colección El club Diógenes hace ya sus veinte añitos. Reconozco que NO entiendo su inclusión dentro de los relatos góticos de Gaskell. Esta nouvelle de gótica no tiene nada. Es una versión novelada, muy preciosista en cuanto a documentación y rigor históricos, sobre lo que ocurrió en aquellos juicios. Gaskell la escribió unos 170 años después de que tuviesen lugar, y se documentó a fondo sobre ellos, narrando una historia que sabes dónde va a llegar, sabes su final, y no puedes dejar de maravillarte ante el modo en que Gaskell te conduce hacia él. De hecho, poco tiene que envidiar a la obra de teatro de Arthur Miller (y yo soy muy fan de esta obra), salvando todas las distancias posibles en género, contexto histórico y época en la que fueron escritas. Y voy a cometer sacrilegio... se parecen demasiado ambas obras en algunas cosas como para que me ronde mucho por la cabeza que, sin lugar a dudas, el bueno de Arthur leyó esta nouvelle antes de acometer su maravillosa obra de teatro. Más allá de eso habrá que dejarlo en el aire.

Nuestra protagonista es Lois Barclay, que hasta el comienzo de nuestra historia ha vivido en Bardford, en el condado inglés de Warwickshire, hija de un pastor y su amada esposa. Ambos mueren con muy poco espacio de tiempo (sus circunstancias son muy distintas, pero no pude evitar acordarme de Margaret Hale en Norte y Sur mientras leía este comienzo) y, puesto que queda sola en este mundo, antes de morir su madre le hacer prometer que irá junto a su tío, que vive en Salem, Nueva Inglaterra. Y nuestra buena Lois se embarca rumbo a su aciago destino, metiéndose de cabeza en el seno de una familia que Gaskell utiliza para intentar representar (con éxito) todos y cada uno de los hilos que se entretejieron durante aquellos terroríficos meses para dar lugar a la mítica caza de brujas (y brujos, que al denominar así a lo que ocurrió parece que se excluye a los hombres que también murieron acusados de brujería).

Con la perspectiva que dan casi 170 años de diferencia con los hechos, a lo que hay que añadir que la propia Gaskell era esposa de un pastor unitario y conocía bien de lo que hablaba, en varios momentos, y hablando a través de la narradora, nos llama la atención e intenta explicarnos la diferencia entre la religión tal y como la vivía Lois en su tierra natal, y el puritanismo exacerbado y enfermizo que se encuentra cuando llega a Salem; la obcecación religiosa, el extremismo llevado a niveles de frenesí y una represión social y fanática que cuando estalló, cuando explosionó arrasando varios pueblos (que no solo fue Salem, aunque sí que fue el centro del terror), sacó toda la ponzoña reprimida y virulenta que todas esas gentes escondían detrás de unas apariencias escondidas tras la necesidad imperiosa de pertenecer una comunidad cerrada. Y todas estas explicaciones las da sin agobiar ni cansar con diatribas religiosas, simplemente expone. Lo digo para quien le eche un poco para atrás esta temática (porque a mí sí que me echa para atrás normalmente, y en esta lectura no hay nada en ese sentido).

Gaskell divide la novela en 3 capítulos que marcan con precisión la máxima del planteamiento-nudo-desenlace: el primero lo dedica a presentar a Lois, su situación, su viaje, y cuando conoce a su familia en Salem; en el segundo capítulo desarrolla la historia, conocemos a su familia (la historia se narra casi en su totalidad en ese círculo cerrado, no necesita más para hacernos entender la situación), y la encamina hacia lo que nos encontraremos al fin en el tercer capítulo, el desenlace, que no por esperado es menos desasosegante y perturbador. Lo que ocurrió en Salem es bien conocido, y entrar en más detalles aparte de eso en una novela corta es desvelar demasiado; ya he comentado en otras ocasiones que no me gusta nada destripar argumentos. Solo quiero recalcar el párrafo con el que comienza el tercer y último capítulo (y haciendo una excepción con lo de no poner citas) para que se entienda lo que suponía en aquella época que te acusaran de bruja:
"El pecado de brujería. Hemos oído hablar de él, lo hemos visto desde el exterior; pero difícilmente podemos entender el terror que provocaba. Cada acción impulsiva o desacostumbrada, toda pequeña afección nerviosa, todo dolor o molestia eran percibidos, y no solo por los que rodeaban al paciente si no por él mismo, fuera quien fuera, como algo que actuaba, o se le hacía actuar, de una manera totalmente distinta a la simple u ordinaria"
En estas frases se hace hincapié en algo que solemos pasar por alto, y es cómo influía psicológicamente la acusación de brujería en el acusado, lo que suponía en aquella época que te tacharan de bruja, lo que la mente era capaz de retorcer tanto en los que acusaban como en los que eran denunciados, quienes en muchos casos acababan creyéndose su supuesto pecado viendo señales de su posesión demoníaca en los detalles más nimios, en el pensamiento más inocente, en el gesto más intrascendente.

En este tipo de nouvelles es donde distinguimos la mano de aquellos que están dotados con el genio de la escritura. En apenas unas páginas Gaskell construye unos personajes extraordinarios, algo que autores con el triple de páginas son incapaces de conseguir (estoy diciendo esto mucho últimamente, lo sé, y acabará por perder significado, pero es que estoy teniendo la suerte de encontrarme nouvelles maravillosamente escritas, aunque bien es verdad que la extensión de páginas de esta es más considerable). La historia está narrada con un tempo perfecto, como si tuviese cientos de páginas por delante y al tiempo demostrando que no hacen falta para redondear la narración. Acompañamos a Lois y entendemos cada uno de los pasos que da, cada sentimiento de desarraigo y abandono que siente, cada sensación de opresión e impotencia ante el fanatismo de unos y la inquina de otros en esa oscuridad que poco a poco va cerniéndose sobre el pueblo y ella misma.

Yo nunca recomiendo o dejo de recomendar libros, doy mi opinión que es lo unico que me atrevo a ofrecer, pero a quien le guste Gaskell, a quien le guste la obra de teatro de Miller (por conocer otra aproximación a los hechos) como quien guste de una buena novela corta o les interese esta parte de la Historia, no creo que se arrepienta de leer La bruja Lois.

Por cierto, hay que darle las gracias a Valdemar por darle la importancia que merecía editándola en solitario y otorgándole el lugar que merece dentro de la obra de Gaskell. Se lo agradezco tanto que hago la vista gorda con el nombre mal escrito de la autora en la cubierta (¿EliSabeth?).

Y ya que estoy, si alguien conoce más obras relacionadas con este tema y me las recomienda, se lo agradecería muchísimo, porque poca cosilla hay
(literarias... las televisivas y cinéfilas están ya requetefichadas)


Elizabeth Cleghorn Gaskell (o Elizabeth Stevenson; 29 de septiembre de 1810-12 de noviembre de 1865), a menudo citada como Sra. Gaskell, fue una novelista y escritora de relatos inglesa durante la época victoriana. Durante un tiempo ha sido recordada por su biografía escrita por Charlote Bontë, pero sus novelas, hoy revalorizadas, ofrecen un excelente retrato de las vidas de muchos sectores sociales (incluyendo a menudo a los más pobres), con una agudeza tal que tienen interés para los historiadores sociales así como para los amantes de la literatura.
Miss Hurst

lunes, 9 de mayo de 2016

RESEÑA (by MH) ::: UN SUSURRO EN LA OSCURIDAD - Louisa May Alcott



 
Título original: A whisper in the dark  
Autora: Louisa May Alcott
Editorial: Hermida Editores
Páginas: 84
Traducción: Óscar Mariscal
Posfacio: Óscar Mariscal
Fecha publicación original: 1863
Fecha esta edición: 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 13,90 euros 
Ilustración de cubierta: Vanidad (c. 1870), de Auguste Toulmouche


La publicación de Un susurro en la oscuridad, novela inédita en castellano de la autora de Mujercitas, Louisa May Alcott, descubrirá al lector español una nueva faceta suya. Enmarcada en el corpus de los thrillers góticos, sus motivos principales se inscriben en la vertiente más popular del género: la salvación personal a través del esfuerzo, la vida modesta y las dificultades en las relaciones amorosas.

En Un susurro en la oscuridad Louisa May Alcott introdujo temas que resultaron especialmente novedosos en la literatura de su época, tales como el consumo de drogas, la locura y el control mental, y que, sin embargo, se alejan bastante de los habituales en su obra y también de su conocido estilo, normalmente luminoso y puro.
Normalmente un libro con la trama que plantea Un susurro en la oscuridad necesita de muchas páginas para llegar a buen término. Páginas y más páginas para desarrollar los personajes, crear ambientación, evolucionar en la trama, profundizar en el aspecto psicológico de la historia... y todo ello mientras se avanza hacia un final que debe ser consecuente, a poder ser sorprendente, o cuanto menos acorde a lo que se ha narrado hasta llegar ahí. Lo dicho, muchas páginas.

Pues Louisa May Alcott lo consiguió en unas setenta. Ni más ni menos. Solo necesita esas setenta páginas para armar una historia que comienza en un tono, termina en otro completamente distinto, donde traza un perfil preciso de los personajes que pululan por ella, hace evolucionar la ambientación en un desasosiego que va in crescendo, se saca de la manga una sorpresa final perfectamente plausible dentro de la narración, y encima lo hace con una calidad literaria de mucha altura. Los grandes escritores hacen cosas así.


Y es que a mí me gusta mucho Louisa May Alcott. Sé que no es del gusto de mucha gente, que muchos lectores no soportan Mujercitas (ni sus derivados posteriores), y que esa visión sobre su propia infancia y juventud les resulta edulcorada. No es mi caso; es una lectura que me ha acompañado desde la infancia, y que cuando pude leerla completa, sin censuras, muchos años después, disfruté igual o más. Y es que Alcott era una buena escritora, y con una bibliografía mucho más amplia, diversa y arriesgada de lo que mucha gente conoce de ella. Y dentro de esa extensa obra desconocida están las nouvelles y cuentos que escribió bajo el seudónimo de A.M. Barnard. De tintes góticos en algunas ocasiones, o encuadrados en la "sensation novel" que causaba furor en la época, estaban dirigidas a un público más adulto y se apartaban diametralmente de esa literatura juvenil y llena de buenas intenciones que son su seña de identidad. Un susurro en la oscuridad pertenece a esta serie de nouvelles; fue publicada en un periódico en 1863 con ese seudónimo, aunque poco antes de su muerte consintió en publicarla con su auténtico nombre.

Tengo que avisar que esta nouvelle es tan cortita que hacer una reseña exhaustiva sobre ella es destripar media trama, y eso es lo peor que le puede pasar a esta historia, el estar sobre aviso con respecto a lo que va a ocurrir. De hecho, para mi gusto la sinopsis que ofrece el libro dice mucho más de lo que debería y desvela algo que debería ser una sorpresa, así que la he mutilado sin piedad arriba y no he puesto absolutamente nada concreto que desvele demasiado. 

Hermida Editores vuelve a acertar de pleno con la recuperación en castellano de una nouvelle desconocida de un autor renombrado. La ilustración de la cubierta, del pintor francés Toulmouche, además de preciosa refleja a la perfección la personalidad de nuestra protagonista durante la primera mitad de la historia. Esa vanidad, carente de malicia pero que ni controla ni quiere apaciguar, sella su destino, y está presente durante buena parte de la narración; ese querer prevalecer por encima de los demás, ese orgullo excesivo, ese querer ser el centro de atención y tener a los dos protagonistas masculinos de la historia danzando a su alrededor. Sybil es caprichosa, consentida y orgullosa, pero con un fuerte carácter y un temperamento que sobresalen por encima de esos defectos. No se deja amilanar, no se deja amedrentar e intenta imponerse en un mundo en el que las mujeres debían atenerse a lo que se esperaba de ellas, que no era mucho. Los dos caballeros, padre e hijo, conforman el triángulo alrededor del que gira la trama. Sybil está predestinada a casarse con el hijo, Guy (algo que conocemos desde la primera página, con lo que no estoy desvelando nada), pero tiene muy claro que las cosas deben hacerse según sus propios términos, impliquen lo que impliquen y con las consecuencias que sean necesarias. Lo que no sabe, lo que no anticipa, es que ella misma puede ser la destinataria de esas consecuencias. Y lo que comienza como una historia algo típica del siglo XIX sobre una jovencita que llega a un nuevo hogar con un matrimonio concertado a la vista, un futuro marido muy apuesto y su misterioso padre, adquiere tintes mucho más oscuros que giran hacia aquello por lo que esta nouvelle es denominada como gótica. Y poco más me atrevo a decir. A esta lectura hay que llegar sin ideas preconcebidas o que nos anticipen lo que va a ocurrir, porque pierde toda la gracia.

Sí que quiero comentar una cosilla sobre la traducción. No suelo comentar nada sobre erratas y demás porque, sinceramente, todos los libros las tienen y salvo que sea algo flagrante pues no tiene mayor importancia. Pero en esta edición sí que he visto que se utiliza varias veces la palabra "amante", y que se adjudica en varias ocasiones a Sybil. Intuyo que la palabra original es "lover", y esa palabra en el siglo XIX no tenía las connotaciones que tiene hoy en día. Un "lover" para una jovencita de buena familia del siglo XIX era un pretendiente o un enamorado, como mucho un joven con el que se flirtea (por atenernos al lenguaje de la época)... jamás un amante, y menos en este contexto. Lo dicho, no afecta a la narración (aunque chirría mucho), pero creo que es un error de interpretación de la época sobre la que se está traduciendo que con cuidado se podría haber evitado. Por otro lado, el posfacio del traductor con el que se cierra la novela es muy ilustrativo y ofrece mucha información sobre Louisa May Alcott y su "otra personalidad" como autora de historias adultas, oscuras, góticas o pasionales.


Por ir terminando... con Louisa May Alcott hay que librarse de prejuicios, hacerlos a un lado y adentrarse por otros senderos de su bibliografía muy alejados de las hermanas March y sus canciones navideñas alrededor de un piano. Porque esos caminos sorprenderán a muchos cuando se vean transportados a historias de una tremenda calidad literaria, absorbentes, desasosegantes, espeluznantes y oscuras, que una vez que se empiezan a leer nos obligan a no levantar la vista hasta que las terminamos. Que los árboles no nos impidan ver el bosque, porque Louisa May Alcott, independientemente de los derroteros hacia los que condujo de manera predominante su carrera literaria, tenía muchos recovecos, como tantos y tantos escritores. Y esos recovecos bien se merecen una lectura, porque te puedes encontrar historias que rozan la perfección. Como esta.


Louisa May Alcott (Germantown, Pensilvania 1832 - Boston, 1888) era hija del reformista y pedagogo Amos Bronson Alcott, de quien recibió una esmerada educación. Su infancia y adolescencia transcurrieron en los círculos trascendentalistas de Boston y Concord (Massachusetts), siendo alumna de Emerson y de Thoreau, cuyas enseñanzas humanistas ejercieron una gran influencia en su pensamiento y en su obra literaria. Tras el fracaso de su padre en la fundación de una comunidad utópica en Harvard, Louisa se vio obligada a impartir clases y trabajar de costurera y asistenta.

Su primera novela, Estado de ánimo (Moods), apareció en 1864. En 1865 viajo a Europa. Dos años después dirigió la revista para niños Merry's Museum.
En 1868 publica su gran éxito Mujercitas, lo que le permitió saldar sus deudas y devolver la tranquilidad económica a la familia. Posteriormente publicó dos novelas que pueden considerarse secuelas de Mujercitas: Hombrecitos (1871), donde recreó el ambiente de la escuela innovadora creada por su padre, y Los muchachos de Jo (1886).

En 1877 publicó bajo pseudónimo a novela gótica Un moderno Mefistófeles, la historia de un poeta que firma un pacto faústico. Además escribió con el pseudónimo de A.M. Barnard cuentos y novelas apasionadas, en una línea muy distinta de Mujercitas, como Long Fatal Love Chase y Pauline`s Passion and Punishment. También publicó historias morales para niños.

Murió en Boston, donde pasó los últimos años de su vida escribiendo. Su obra literaria abarca más de trescientos títulos.   
Miss Hurst

viernes, 6 de mayo de 2016

RESEÑA (by MB) ::: TODO LO PERDIDO Y ENCONTRADO - Lucy Foley




 
Título original: The book of lost and found
Autora: Lucy Foley
Editorial: Maeva Ediciones
Páginas: 416
Traducción: Álvaro Abella Villar
Fecha publicación:  2015
Encuadernación: cartoné
Precio: 21,90 euros 
Diseño cubierta: Sandra Dios sobre imagen de Shutterstock

Corren los años ochenta y a Kate, una joven fotógrafa londinense, le está costando mucho sobreponerse a la muerte de su madre, una famosa bailarina de orígenes inciertos. Cuando recibe de manos de su abuela adoptiva un misterioso retrato de una mujer que guarda un sorprendente parecido con su madre, Kate se embarca en un viaje para desenmarañar su historia familiar que la llevará desde Córcega, donde está la casa del famoso pintor Thomas Stafford, hasta el París de los años treinta. En este inolvidable periplo, con el que pretende hacer las paces y un gran misterio: ¿qué relación tiene el autor del cuadro con su madre? ¿Y con la propia Kate? 
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En su primera novela, Todo lo perdido y encontrado, Lucy Foley nos narra una historia que como ella misma ha comentado en alguna ocasión está inspirada en la vida de sus abuelas. En ella nos invita a recorrer un siglo XX lleno de acontecimientos extraordinarios, donde sus personajes amarán y sufrirán dependiendo de la predisposición que tengan para lo uno o lo otro, y donde los bucles serán una constante en el recorrido familiar, repitiéndose y transmitiéndose en mayor o menor medida en nuestros protagonistas.

Kate, nuestra protagonista principal, será la encargada de reconstruir toda la saga familiar, tirando de los hilos que el destino o las personas pongan en su mano, utilizando combinaciones temporales e intercalando presente y futuro. También se utiliza la primera o tercera persona dependiendo si nos situamos en el presente, más cercano y lleno de posibilidades, o en el pasado, cerrado pero no superado y donde se supone que todo está escrito.

Los ambientes y escenarios en que se desarrolla la novela están llenos de claroscuros, pasando de un Londres con un cielo lluvioso y plomizo, acompañado de unas connotaciones pesimistas, nostálgicas y románticas, a la isla de Córcega, llena de colores, donde la luminosidad, el calor y el mar hacen sin duda de ella un lugar de encuentro y positivismo; esa luz impregnará a alguno de nuestros protagonistas permitiéndole ver un poco más allá, mientras se lame las heridas e intenta reconducir su vida de alguna manera.


Cuando Lucy Foley nos sitúa en la vida de Kate en el tiempo presente, estamos hablando del Londres de los años ochenta. Kate es huérfana de madre; su abuela adoptiva, Evelyn Darling, acaba de morir, y antes de su obituario deja a Kate un retrato de una mujer muy parecida a su madre ("un boceto hecho con pluma y tinta, realizado de forma exquisita"). A este dibujo le acompaña una extraña carta, que es la punta de la madeja con la que Kate tiene que lidiar para desentrañar todos los secretos de su familia, así como para llenar ese vacío interior que le produce tanto desosiego y desapego.


Conforme tira de esa madeja, la historia de su familia se irá revelando, y a ella se irán sumando los demás personajes de esta historia: Alice, Thomas y Oliver. Pasado y presente se irán intercalando, descubriéndonos las diferentes épocas y ciudades en que transcurren sus historias: Londres, París, Venecia, Córcega, Nueva York...

Los años veinte, treinta, cuarenta... hasta llegar al presente de la historia, los años ochenta, son las épocas en las que transcurren las distintas vidas de nuestros protagonistas. Pero en todas ellas nuestra guía será Kate, que conseguirá desenmarañar la historia de su familia genética. Conoceremos todos los por qués, los motivos, las consecuencias de su decisiones, así como el estilo de vida de las diferentes clases sociales, sus distintos mundillos y sus particulares decadencia e hipocresía moral. No solo asistimos al recorrido de su vidas, sino al de sus carreras o actividades, ya sean artistas, aristócratas, académicos, etc...

La temática me ha parecido un tanto recurrente y manida, porque conforme iba avanzando rememoraba lecturas más o menos recientes (El legado, La casa veneciana...), y porque los escenarios y épocas son más o menos parecidos; esta sensación me ha acompañado durante toda la lectura. Independientemente de esto, debo decir que la historia, con su estilo sencillo, sus descripciones paisajísticas y su visualidad, me ha encantado, y he disfrutado de todos los personajes en sus diferentes épocas y con sus particulares vicisitudes. 

La edición de Maeva es muy bonita, con la fotografía de una mujer joven, vital, subiéndose a un coche allá por los años veinte, y que por alguna razón parece muy actual. Las guardas también están ilustradas, tal y como muestro en la imagen de abajo.



Lucy Foley nació en Sussex en 1986. Esta joven escritora británica de veintiocho años estudió literatura inglesa en las universidades de Durham y UCL, y trabajó como editora de ficción en una importante editorial de su país.

Actualmente está escribiendo su segunda novela y  dedica  parte de su tiempo a viajar para documentarse.

Su primera novela, Todo lo perdido y encontrado, ha recibido elogios tanto de los lectores como de la crítica.
Miss Bingley