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lunes, 21 de octubre de 2024

RESEÑA (by MH) ::: BELFEGOR, EL FANTASMA DEL LOUVRE - Arthur Bernède


 
 
Título original: Belphégor
Autor: Arthur Bernède
Editorial: Valdemar
Traducción: Agustín Izquierdo
Páginas: 304
Fecha de publicación original: 1927
Fecha esta edición: septiembre 2019
Encuadernación: cartoné
Precio: 24 euros
Imagen de cubierta:
Cartel de la película Belphégor (1927)


 
Belfegor apareció inicialmente en el periódico Le Petit Parisien por entregas diarias entre enero y marzo de 1927. Su trama, llena de misterio y suspense, se inicia una noche en la que un vigilante del museo del Louvre sorprende en la Sala de los Dioses Bárbaros a un intruso enmascarado de pie junto a la estatua de Belfegor, dios de los moabitas. El agresor huye perseguido por el guardia y acaba esfumándose. Al día siguiente, la extraña figura vuelve a aparecer y ataca a otro vigilante dejándolo malherido junto a la estatua derribada. El inspector Menardier es encargado de la investigación oficial, pero también se verán implicados en el asunto Chantecoq, “el rey de los detectives”, y el intrépido reportero Bellegarde. En los dos meses que duró la publicación del serial, en Francia no se habló de otra cosa. Finalmente, en 1965, la televisión francesa emitió la mítica serie Belfegor, el fantasma del Louvre.

 

Reconozco que mi primer acercamiento con esta historia fue la adaptación cinematográfica de 2001 con Sophie Marceau, Julie Christie y Frédéric Diefenthal, cosa que no debe extrañar dada mi obsesión insana y vergonzante con el Antiguo Egipto. La película no es gran cosa, la banda sonora me encanta, y poco más... hasta que supe hace unos años que Valdemar tenía publicada la historia original, la compré y ahí ha estado hibernando hasta ahora. Solo puedo deciros, a modo de anticipo, que la película se parece al libro lo que una castaña a un tren y que encima el tal Belfegor, literariamente hablando, ni siquiera tiene nada que ver con Egipto. Pero bueno, era de esperar, que ya sabemos lo fieles que son las adaptaciones y tal. Seguramente el resto de adaptaciones (unas cuantas) serán mucho más ajustadas a la historia original, pero como no las he visto, no puedo opinar. En cualquier caso, me dejo de preámbulos y os hablo sobre la novela. 

La historia comienza al grano. Un vigilante nocturno del Louvre percibe un intruso durante su ronda en la sala de los Dioses Bárbaros junto a la estatua del dios Belfegor. Este intruso, que parece un fantasma y va disfrazado de espectro envuelto en un sudario negro, una capucha y una máscara que solo deja ver sus ojos, desaparece de su vista en un santiamén. El vigilante le persigue, le dispara, pero se escapa, no se sabe por donde. La noche siguiente otro vigilante decide hacer guardia en esa misma sala para comprobar si vuelve a aparecer el que acabará siendo conocido como el Fantasma del Louvre, y lo encuentran asesinado a la mañana siguiente. Este criminal pronto se convierte en la sensación de París, y tras su pista no va tan solo la policía en la figura del inspector Menardier, sino también Jacques Bellegarde, un periodista del Petit Parisien en busca de la noticia, y un tal Chantecoq, una gloria nacional conocido como el rey de los detectives. Pronto Bellegarde y Chantecoq empiezan a recibir notas amenazantes del Fantasma (que firma como Belfegor) para que le dejen en paz si no quieren sufrir las consecuencias, pero eso solo hace que persistan en su empeño por desenmascarar al asesino. ¿Qué busca el Fantasma en la estatua del dios Belfegor? ¿Cómo entra y sale del Louvre? ¿Quiénes son sus compinches? ¿Por qué parece tener un interés muy especial en el periodista Bellegarde?

Antes de nada debo advertiros que no os lleve a error el hecho de que Valdemar publicase esta novela dentro de su colección Gótica, porque ni es gótica, ni de terror ni tiene ningún elemento sobrenatural ni nada de nada. Realmente es una novela de misterio o suspense normal de toda la vida como tantas otras con criminales humanos (que se sabe desde el principio que lo son... humanos, quiero decir, por mucho que el tal Belfegor se vista como un espíritu), investigaciones de detectives/policías/periodistas de por medio y ningún elemento de la literatura gótica a la vista. Que luego vienen las expectativas y las decepciones y ya sabemos lo que pasa. NO es gótica, y si alguien dice que lo es, no os lo creáis. La confusión puede venir por la adaptación cinematográfica de 2001, que sí tiene elementos que podrían encuadrarse ahí... pero ya digo arriba que no se parece absolutamente en nada a la novela.

Dicho esto, primero quizá debería decir qué representa el tal Belfegor, ¿verdad? Pues es el nombre de un demonio en la tradición judía y cristiana, pero la acepción que realmente usa Arhur Bernède en la novela es la que proviene de la Vulgata (no me voy a extender aquí sobre esto, pero se conoce así a la traducción de la Biblia al latín que hicieron San Jerónimo y Santa Paula a finales del siglo IV d. C.). El caso es que en la Vulgata se denomina Belphegor al dios de los moabitas (una civilización semita que vivió en la actual Jordania entre los siglos XIII y I a. C.), y como tal, como una representación del dios moabita, es como se define a la escultura del Louvre alrededor de la cual gira la primera mitad de la novela. Por asociación es como se empieza a conocer también poco a poco al criminal de la novela, al que empiezan llamando Fantasma del Louvre y terminan llamando Belfegor (de ahí el título del libro, vaya xD). Como veis, nada que ver con el Antiguo Egipto y el departamento de Egiptología del Louvre que sirvieron como reclamo en la adaptación cinematográfica del 2001. Porca miseria.

En fin, que Belfegor se publicó por entregas diarias entre enero y marzo de 1927 en Le Petit Parisien (precisamente el periódico en el que trabaja Bellegarde, uno de los protagonistas del libro), y ese mismo año salió en formato novela. No me quiero imaginar el esfuerzo de idear y sacar adelante un capítulo diario durante tres meses, y aunque imagino que buena parte de ese trabajo ya estaría adelantado antes de comenzar con la publicación, se nota el interés por alargar el tema en algunos capítulos de relleno al final del libro que sinceramente son del todo prescindibles y no aportan absolutamente nada salvo un día más de venta de periódicos esperando al desenlace (por ejemplo, sin entrar en muchos detalles, el dedicado al matrimonio Papillon y sus cuitas).

Por lo demás, un exitazo de ventas, como podréis imaginar, todo un bestseller de la época, de consumo muy fácil y calidad justa pero efectiva para mantener la tensión y la intriga hasta el final. Como anécdota, os puedo contar que la imagen que aparece en la cubierta de esta edición corresponde a la adaptación en cuatro partes de la novela del mismo año en que se publicó, 1927. ¿Cómo es posible tanta rapidez? Pues porque la productora cinematográfica que la llevó a cabo, la Société des Cinéromans, pertenecía al propio autor y a dos socios: nada menos que el escritor Gaston Leroux y el actor René Navarre. De hecho, Bernède, el autor de Belphegor, llegó a adaptar veinte de sus novelas a la gran pantalla porque la empresa nació en 1919 con ese fin: adaptar las novelas que ellos mismos escribían... vamos, lo de "yo me lo guiso, yo me lo como" llevado a la máxima expresión. La vida de esta productora fue breve (desapareció en 1929), limitándose a la época del cine mudo y viviendo su época de máximo esplendor cuando la productora Pathé entró en juego en 1922 (alrededor de cincuenta películas en unos siete años). El cine en los años 20 iba a toda máquina.

Volviendo a la novela, os decía arriba que comienza con la confusión inicial a la mañana siguiente de la primera aparición del Fantasma en la sala de los Dioses Bárbaros del Louvre (que no existe en la realidad, al menos con ese nombre, que yo sepa), y son varias las líneas de investigación que comienzan en ese momento: una es la policial (que como no podía ser menos es la más tonta de todas con unos policías que van de listos, no se enteran de nada y siempre miran en la dirección incorrecta); la otra comienza dividida con un periodista por un lado y un detective privado por el otro, aunque luego se unifica cuando estos dos personajes se ven obligados a colaborar por diversas circunstancias. Estas investigaciones se ven entorpecidas por la malevolencia de Belfegor, que por la razón que sea parece que se la tiene jurada el periodista y cada movimiento que hace no tiene más objetivo que perjudicarle, así que aunque no puedo contaros mucho sobre las investigaciones en sí mismas (tampoco es que sean de una inteligencia suprema, todo hay que decirlo, y el detective se hace el interesante todo el rato y no cuenta demasiado sobre sus deducciones), sí puedo deciros que llega un punto en que el Louvre queda totalmente a un lado y todos los esfuerzos se centran en desenmascarar al Fantasma, porque algunos de sus acólitos dan la cara bien pronto, pero la identidad de Belfegor y de sus compinches más cercanos son la gran incógnita hasta el final. Por otro lado, Bernède mueve a los personajes constantemente, ya sea desde el Louvre hasta diversos alojamientos (que describe de manera pormenorizada) pasando por restaurantes o castillos.

No sé si habéis leído alguna (poca o mucha) novela criminal francesa (la famosa roman policier) de finales del XIX y primera mitad del XX, pero digamos que tiene un estilo muy característico y muy alejado de la novela anglosajona del mismo género y la misma época. La trama que lo sustenta es, obviamente, la del misterio policial, pero el tono es muy folletinesco, con mucho melodrama y romance a primera vista y unos diálogos a los que les sobra desmesura y les falta chispa e ingenio (para mí, al menos... es que a ratos me parecen tontorrones y artificiales xD). Muchas de estas novelas las escribían autores profesionales como el propio Bernède y estaban todas cortadas por el mismo patrón: los buenos son muy buenos, los malos son muy malos, pasa de todo como en botica, hay giros a reventar, personajes misteriosos, conspiraciones contra los buenos, personajes tontorrones de relleno que cumplen su función, acólitos sin escrúpulos, damas enfermizas, damas pizpiretas y muy echadas p'alante, detectives que se disfrazan de una manera magistral (Sherlock, que alargada es tu sombra...), y todo esto publicándose un capítulo a diario, con lo que la necesidad de mantener al lector con el alma en vilo hasta el día siguiente hacía que cada capítulo pareciese un oportunidad para sacar un nuevo conejo de la chistera (menos los de relleno, como digo arriba).

Y claro, digo todo esto y os parecerá que no me ha gustado... sí me ha gustado, resulta entretenido, pero sin más. No es un buen libro ni lo pretende, y tiene muchos defectos, pero son los inherentes al tipo de literatura y época a las que pertenece. Este estilo de folletín criminal estaba ya en las últimas en aquellos años y ofrece lo que se le pedía: entretener y enganchar al lector todos los días con una nueva entrega. Eso hace que el esfuerzo del autor por sorprender en cada página sea evidente, que haga varias piruetas para que la trama gire y gire, que los personajes anden como pollo sin cabeza o se enamoren en lo que se tarda en teclear un par de cruce de miradas, y que sepas durante toda la lectura que, de un modo u otro, todo va a acabar bien para los buenos y muy mal para los malos. Del Louvre vemos poco o nada y el pobre dios Belphegor no pinta realmente un carajo, pero se hace alusión al robo de la Gioconda perpetrado en 1911 y eso me ha parecido un puntazo. En fin, que se lee bien, la narración es ágil y llega un punto que sigues leyendo con interés para descubrir qué va a ser lo siguiente y qué se va a inventar el autor para seguir adelante con la historia, y ese era, ni más ni menos, el objetivo inicial del autor, pero no hay que pedirle más al libro. La traducción tiene cosillas, pero no voy a entrar en eso, que me repito mucho.
 
¿Merece la pena el final? ¿Sorprende? Bueno, es un poco rocambolesco y descabellado, pero no esperaba otra cosa, y creo que se ajusta muy bien al tono y las cabriolas argumentales que lo preceden. ¿Recomiendo el libro? Pues la verdad, como no os llame mucho por las razones personales que sean, podéis vivir sin leerlo xD. Soy mucho más de la Golden Age británica y la vertiente norteamericana que de la francesa, creo que resulta muy evidente. En cualquier caso seguiré leyendo de todo, como siempre, que nunca sabes donde vas a encontrar un nuevo favorito.


Arthur Bernède nació en la Bretaña francesa en 1871. Fue un escritor muy prolífico que no solo escribió numerosas novelas policiacas, históricas, de aventuras y de espionaje, sino también obras de teatro, libretos de ópera y guiones cinematográficos. En 1919, viendo que el cine se abría paso como una nueva narrativa, fundó junto con el actor René Navarre y el escritor Gaston Leroux, autor de El fantasma de la Ópera –con la que la presente novela guarda cierta relación–, la Sociedad Cinéromans, una empresa de nuevo cuño destinada a la producción tanto de novelas como de películas. 

Bernède adaptó al cine veinte de sus obras. La más popular, Judex, narra el enfrentamiento de un justiciero contra los banqueros en defensa de una viuda y un huérfano. Miembro de la masonería, luchó toda su vida por lograr el justo reconocimiento de los derechos de autor.
 
Falleció a causa de una crisis cardíaca el 20 de marzo de 1937.

lunes, 31 de octubre de 2022

RESEÑA (by MH) ::: LA CASA DESHABITADA - Charlotte Riddell


 

Título original: The Uninhabited House
Autora: Charlotte Riddell
Editorial: Valdemar
Traducción: José Luis Checa & Agustín Temes
Prólogo: Agustín Temes
Páginas: 256
Fecha publicación original: 1875
Fecha esta edición: 1997
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado

 

No sé cómo se las arregla el tiempo para pasar así de rápido, pero ya estamos nuevamente en esta época del año en la que a todos (o casi todos) los que nos movemos por este vasto y ancho mundo de las opiniones literarias se nos antoja recomendar o compartir una lectura de terror, gótica o que se mueve en el espectro espeluznante... si además da miedo y pone los pelillos como escarpias tenemos el pack completo, pero son dos conceptos que no siempre van juntos, y eso lo sabemos bien quienes estamos muy acostumbrados a leer este tipo de historias.

Este año he decidido traeros una novela de Charlotte Riddell, autora victoriana que, como tantas otras de su época, hoy en día está prácticamente desaparecida en las mesas de las librerías y su obra apenas traducida al castellano. De ella solo había leído Un extraño juego navideño, relato incluido en una antología navideña que reseñé hace unos años, Cuentos victorianos de Navidad, y ya en aquel momento dije que me había quedado con ganas de leer más de esta autora porque precisamente ese cuento era más gótico que navideño. Lo dicho, hay tan poquito suyo en castellano que he tardado lo mío en ponerle remedio, pero por fin he leído La casa deshabitada, publicada por la editorial Valdemar hace ya veinticinco años (y muy descatalogada hoy en día, así que no sé cómo andará la cosa para hacerse con ella).

La historia está ambientada en Londres y narrada por Harry Patterson, un joven pasante que trabaja para el señor Craven, abogado. Una de las clientas más peculiares del bufete es la señorita Blake, mujer de aspecto histriónico y comportamiento irritante y desagradable que no solo le echa mucho morro a la vida (al pobre abogado Craven le cuesta dinero tener tratos con esta señora) sino que depende para vivir dignamente del alquiler de River Hall, una casa a orillas del Tamésis que en realidad pertenece a su sobrina, todavía menor de edad y que no puede decidir sobre ella hasta que cumpla los veintiún años. El caso es que esta casa, si hablamos en términos de habitabilidad y comodidad, es fantástica, pero uno tras otro, todos sus inquilinos acaban marchándose antes de tiempo e incluso abonando dinero en compensación con tal de largarse lo antes posible. Después del último revés en este sentido (con juicio de por medio), Patterson decide irse a vivir a la casa deshabitada y resolver el misterio que hace tan complicado su alquiler permanente. Allí se encontrará no solo con los fantasmas anunciados por los asustados inquilinos anteriores, sino con un misterio que probablemente tiene mucho que ver con esas apariciones fantasmales.

Quienes no están acostumbrados a leer clásicos góticos victorianos y se enfrentan por primera vez a este tipo de lecturas suelen llevarse una decepción, porque esperan encontrar el gótico/terror contemporáneo en historias que fueron escritas en ocasiones hace casi ciento cincuenta años. Hay de todo, obviamente, pero el gótico habitual del siglo XIX poco tiene que ver con mostrar y sí mucho con insinuar; el aspecto sobrenatural de las historias suele presentarse de manera sutil, refinada, elegante y muy alejada de efectismos... y aun así, creedme, en su época provocaban sensación y daban miedo, porque además eran unos tiempos mucho más crédulos, más apegados a las supersticiones y, en casos como las sociedades irlandesa y escocesa, con el aspecto del más allá totalmente asumido y enraizado en la cultura popular; formaba parte de sus vidas, y por eso algunas de las mejores historias de fantasmas del siglo XIX suelen estar firmadas por autores escoceses o irlandeses. Ese es el caso de mi admiradísima Margaret Oliphant, escritora escocesa también muy olvidada hoy en día que ya he traído varias veces al blog (y que ninguna editorial se anima a recuperar en serio, yoyanosécómodecirlo), y también el de la irlandesa Charlotte Riddell, autora de la novela que os traigo hoy; ambas vivieron su cenit como autoras en una época en la que las historias de fantasmas, casas encantadas y fenómenos sobrenaturales estaban de moda en la literatura, y sacaron buen provecho de ello (Riddell llegó a escribir hasta cinco novelas incluyendo un edificio encantado en la trama).

¿Qué ocurre entonces con los lectores de hoy en día? Pues que estamos tan curados de espanto y recibimos ficción de terror de tantas formas diferentes y tan efectiva en muchas ocasiones, que estas historias victorianas apenas nos provocan sobresaltos. Aun así, y sin querer entrar en muchos detalles, en La casa deshabitada hay alguna escena que tiene su aquel, y vamos, desafío a los que estas historias les parecen descafeinadas a que se enfrenten a algunas de estas vivencias, a ver si les parecen poca cosa :) El caso es que, en perspectiva, y leyéndolo desde un punto de vista actual, muchas veces el valor de estos libros no solo está en el aspecto sobrenatural, sino en lo que la autora aprovecha para contarnos sobre la sociedad en la que vivía y el foco que pone en las características de los personajes.

Así pues, estamos ante una historia que se toma su tiempo y que está dividida en dos partes muy diferenciadas que coinciden practicamente a la perfección con las dos mitades del libro. La primera parte nos presenta a todo el elenco de personajes (la señorita Blake, su sobrina la señorita Elmsdale, el abogado Craven, el pasante Patterson, el médico Munro), los problemas que tienen con la casa deshabitada y la historia de la familia que habitó la propia casa antes de entrar en este círculo de alquileres truncados; esta parte puede hacerse larga para quien busque solo la parte gótica y el formato de casa encantada per sé, porque no ponemos un pie en la casa en ningún momento y solo sirve para llevarnos al momento crítico en el que hay que hacer algo con ese dichoso edificio, sea lo que sea. No sé si es apta para lectores impacientes, pero hay que pasar por ella (sí o sí) para llegar a la guinda del pastel, los cacahuetes del helado y el trozo de adorno de chocolate que toda tarta que se precie debe tener: la casa encantada. Nos adentramos en ella en la segunda parte de la novela, ahí es cuando empiezan los sucesos rarunos, las apariciones fantasmales y los hechos sin explicación, y por eso es aquí donde debo cerrar el pico y no desvelaros nada, aunque bueno, huelga decir que para los buscadores de lecturas góticas es en este momento cuando realmente empieza la fiesta. Sí os puedo decir que, dejando a un lado lo que sucede dentro de la casa, también hay algo misterioso externo a ella que parece tener relación con lo que ocurre dentro pero que, obviamente, se va desentramando conforme avanzan las páginas y por tanto tampoco puedo desarrollar.

Os decía arriba que, aparte del factor misterio/sobrenatural, la novela incluye factores de la sociedad británica del siglo XIX que resultan muy interesantes. Uno de ellos, que además está muy presente en mucha de la literatura de la época, es la cuestión de las herencias. En la novela, la esperpéntica señorita Blake, mujer de mediana edad a cargo de su sobrina huérfana (la señorita Elmsdale) lidia como puede con la escasez de recursos a su alcance (y mucho morro también, tal y como digo antes) para salir adelante, pues su sobrina es menor de edad, no puede disponer de la herencia de sus padres, y ella, como su tutora, dispone de una renta muy exigua para las dos. A esto se suma el estigma social y la conciencia de clase, porque hace años pertenecían a una familia muy acomodada con una renta muy elevada, y no fue hasta el fallecimiento del cabeza de familia que se descubrió que todo ese dinero no aparecía por ningún sitio y que de acomodados, ya nada de nada. Incluso el hecho de pensar en ponerse a trabajar supone un estigma y una vergüenza, y prefieren tirar como pueden con lo que tienen. Así que entre este sinvivir de pensión en pensión mangoneando libras por donde pueden (y a quien se deja), la codicia y el enigma que les ha llevado a la situacion en la que están, la demostración de cómo se ganaba la vida un empleado cualquiera de la City londinense y a lo que podía aspirar en su trabajo e incluso un juicio donde se argumenta el abandono de una vivienda por la presencia de fantasmas, transcurren las páginas de esta historia donde, por supuesto, existe un toque romántico que no forma parte sustancial de la trama pero que tiene su razón de ser y de hecho mueve ciertas acciones importantes de la novela.

En definitiva, creo que La casa deshabitada es ideal para esos lectores que no les gustan las novelas de terror que dan miedo (porque lo pasan mal leyéndolas), pero buscan algo con fantasmas y toques sobrenaturales muy ligeros que den fe del tono gótico que se le presupone a la novela sin ser espeluznantes ni escalofriantes. No os voy a decir que la historia sea perfecta, porque a mí, particularmente, se me ha quedado una cosa en el tintero hacia el final que parece que se le olvida resolver. No la puedo comentar (obviamente), así que me la como con patatas y aprieto los labios un tanto contrariada (MH, críptica porque el mundo le ha hecho así), pero que en modo alguno debe desanimar a nadie a la hora de afrontar la lectura; ya sabéis que soy una tiquismiquis y seguramente solo sean cosas mías.

Lo importante es que me he quitado la espina de conocer a Charlotte Riddell en novela larga, algo que hacía años que tenía pendiente. Riddell fue una autora superventas en su época, llegó a ser editora de su propia revista y sus novelas e historias cortas de fantasmas figuran entre las más importantes de la literatura victoriana. Por desgracia el tiempo no se ha portado bien con ella, pocos lectores de hoy en día la conocen y, tal como os comentaba, poco más aparte de La casa deshabitada podemos leer en castellano de la autora, aunque tenemos la suerte de que Reino de Redonda, la editorial del fallecido Javier Marías, publicó una recopilación de algunos de sus cuentos hace unos años titulado La vieja señora Jones y otros cuentos de fantasmas. Este sí se puede encontrar (al menos de momento) con facilidad, y tengo la suerte de que La casa deshabitada no está incluido, así que cuando me ponga con él, que ya lo tengo en la estantería, todos los relatos serán nuevos para mí.

Lo dejo aquí. Felices lecturas de Halloween a todos, escoged bien y pasad mucho miedo entre sus páginas :)

 


 
Charlotte Eliza Lawson Cowan (1832-1906), que ha pasado a la historia de la literatura con el nombre de su marido, James H. Riddell, nació en Carrickfergus, en el condado irlandés de Antrim, y a los quince años escribió su primera novela: The Moors and the Fens, en medio de una existencia invadida por la desgracia. Además de escribir una serie numerosa de novelas que tuvieron una gran acogida en su época, fue propietaria y editora del «St James Magazine». En la actualidad es más conocida por sus historias de terror y misterio y toda antología que se precie suele incluir un relato de la Riddell. La casa deshabitada es una de las mejores y más elegantes historias de misterio de la época victoriana.

lunes, 26 de septiembre de 2022

RESEÑA (by MH) ::: LAS CÁMARAS DEL HORROR DE JULES DE GRANDIN - Seabury Quinn



Autor: Seabury Quinn
Editorial: Valdemar
Traducción: José Luis Moreno-Ruiz
Páginas: 272
Fecha de publicación original: 1927 a 1933
Fecha esta edición: 2004
Encuadernación: cartoné
Precio: descatalogado
Ilustración de cubierta: Ante el espejo (Georg Friedrich Kersting, 1827)



 
Las cámaras del horror de Jules de Grandin es una selección de las historias más horripilantes y escabrosas de este singular investigador, Jules de Grandin, uno de los mejores anatomistas y fisiólogos de la Facultad de Medicina de París, que formó parte de los servicios de información durante la Gran Guerra, y cuyo principal pasatiempo consiste en investigar el mundo de lo oculto. De Grandin aborda el mundo sobrenatural con la eficacia de un científico. Así, utiliza el radio para combatir las apariciones, o la hipnosis y ciertas drogas contra la posesión diabólica; posee vastos conocimientos místicos acerca de la religión egipcia, sobre viejos rituales druidas, hechicería cristiana, o sobre la magia negra practicada por los Templarios. Los cuentos reunidos en esta antología son macabros, perturbadores, crueles, perversos, ligeramente amorales en algunos casos y, en consecuencia, un extraordinario deleite para los aficionados a la literatura fantástica.

La colección de Valdemar Gótica (que ya ronda las 126 publicaciones) contiene novelas archiconocidas y renombradas que hoy en día están consideradas clásicos universales, pero también da cabida a autores y obras que en su día fueron representantes imprescindibles de la literatura de terror y/o gótica y que hoy, sea por la causa que sea, nos resultan totalmente desconocidos. La recuperación que hace Valdemar de esta bibliografía no tiene precio, y abrir uno de sus libros y descubrir a un escritor del que no sabías nada es un placer indescriptible. Eso me ha pasado a mí con Seabury Quinn y su personaje, Jules de Grandin. Llevaba un tiempo en la estantería sin leer (creo que mientras tanto se ha llegado incluso a descatalogar) y como suele pasar, ahora me arrepiento de no haberlo leído antes.

Este volumen, titulado Las cámaras del horror de Jules de Grandin, incluye seis de los noventa y dos relatos cortos que Quinn publicó en la revista Weird Tales entre 1925 y 1951, en los que el protagonista se enfrenta a diversos casos que de un modo u otros se asientan en lo sobrenatural... o en lo que nosotros llamaríamos sobrenatural, pero que para De Grandin es otra cosa. Quizás, antes de empezar y hablaros sobre los relatos, tendría que establecer la dinámica y la base sobre la que trabajan estas historias y la perspectiva que se asume en ellas a la hora de afrontar a los hechos. Y para ello os voy a citar un párrafo de la primera historia donde De Grandin establece lo que podemos encontrar en este libro:
Nada hay en este mundo, o fuera de él, amigo mío, que pueda calificarse como sobrenatural. Ni los más grandes sabios de nuestro tiempo pueden decir dónde comienzan los poderes de las fuerzas de la naturaleza y dónde concluyen. Por eso, siempre decimos eso de que "a la luz de la experiencia que hemos acumulado" y cosas así... ¿Pero qué sabemos en realidad de la naturaleza? ¿Hemos llegado a dominarla en toda su poderosa extensión? Yo creo que no... Yo mismo, Monsieur, he sido testigo de cosas que ningún hombre creería ciertas si se las contara. Me llamarían mentiroso; incluso mi buen amigo Trowbridge, que tiene una imaginación difícil de superar incluso por un escritor que se dedique a la ficción, diría lo mismo... En cualquier caso, no creo que quepa la posibilidad de hablar de fenómenos sobrenaturales, cuando aún no hemos alcanzado a comprender una mínima parte de la expresión con que se manifiestan las fuerzas naturales.

En resumen, que nosotros no comprendamos algo no quiere decir que sea sobrenatural. Nuestro desconocimiento de muchas de las fuerzas que se manifiestan en la naturaleza es infinito y, cuando se presentan, enseguida las catalogamos fuera de los términos conocidos en dicha naturaleza, cuando lo único que ocurre es que no las entendemos todavía porque trabajan en un espectro que nuestra mente no domina. Partiendo de esta base, estos relatos no van de desenmascarar fraudes, timos ni supuestos hechos extraordinarios que acaban teniendo una explicación perfectamente mundana o una mano artificiosa tejiendo ardides; no, el tronco argumental es que esos fenómenos son reales, ocurren, y el protagonista lidia con ellos como mejor puede y se enfrenta a ellos con las armas que su amplia experiencia le ha enseñado a utilizar. De Grandin pertenece a esa rama de detectives de ficción (surgidos a la sombra de los detectives de manual) que se dedicaban a la investigación de lo oculto y de los secretos de la naturaleza que todavía no alcanzamos a comprender... en resumen, detectives de lo ocultista y versados en fenómenos paranormales.

Y a todo esto, ¿cómo es el propio Jules de Grandin? Según podemos colegir de los detalles aquí y allá que se dan en las páginas, es un médico francés menudo, de cabello y mostachos rubios, sibarita con la comida y la bebida, con sus batines de seda, sus flores en el ojal, todo un figurín con su pañuelo oliendo a lavanda y las iniciales bordadas... en realidad tiene reminiscencias a Poirot, e incluso arrebatos a lo "¡Yo soy Jules De Grandin, ni más ni menos!" llenos de soberbia, pomposidad y prepotencia, pero es más... no sé, más activo que Poirot, que presume de sentarse en un sillón y ser capaz de resolver los casos sin moverse de ahí. De Grandin se mete en situaciones en las que corre peligro su vida y hace gala de una envidiable forma física que lo saca de muchos problemas, así que le va más la marcha que al belga. Por otro lado, es un criminalista acreditado por la policía secreta francesa y odia que lo confundan con curanderos o médiums espirituales; él es médico y además eminente, y espera que lo traten como tal, no como a un charlatán. Cabe decir también que, al más puro estilo Sherlock Holmes, las historias de De Grandin son narradas por otra persona, el doctor Trowbridge, un colega médico que además le resulta necesario para trabajar en muchos de los casos por tratarse de un médico estadounidense y, por tanto, tener licencia para ejercer legalmente en ese país, algo que a Jules De Grandin le está vedado.

No puedo entrar en detalles dada la brevedad de las historias, pero os cuento un poquito de qué va cada una para que os hagáis una idea de los fenómenos que se tratan en el libro (sin especificar demasiado para no desvelar más de la cuenta). Ya os he hablado del aspecto paranormal o de temática sobrenatural, que es la característica definitoria de la mayor parte de ellas, pero también se cuela alguna trama muy mundana en cuanto a los terrores que narra y que, por tanto, explora el lado oscuro, cruel y sádico de la naturaleza humana.

Dioses del Oriente y del Occidente. Un médico acude al doctor Trowbridge en busca de su ayuda. Tiene una paciente que se está muriendo y no es capaz de diagnosticar el problema. Pérdida de apetito y peso progresivos, palidez cadavérica, dolor de cabeza, lasitud, pesadillas... En ese momento Jules De Grandin está de visita en casa de su amigo Trowbridge y ambos se presentan en casa de la paciente, donde resulta evidente un intenso olor a incienso y la presencia intimidadora en el hall de una escultura que el marido envió hace unas semanas desde la India y que parece seguirte con la mirada. Las criadas hablan desde entonces de una presencia infernal, y la enfermedad de la pobre señora Chetwynde resulta ser algo mucho más complicado de lo que esperaban.

Poltergeist. Julia Loudon, una chica normal y adorable de veintinueve años que iba a contraer matrimonio en unos meses, de repente empieza a comportarse de una manera extraña y un desorden nervioso completamente anormal parece haberse apoderado de su mente. Ni los médicos de la medicina tradicional ni los que se dedican a la medicina alternativa (por llamarlo así... otra palabra sería farsantes) han conseguido curar su enfermedad ni dar una explicación a las extrañas manifestaciones que sufre su comportamiento. Los fenómenos ya empiezan a mostrarse alrededor de la propia Julia, a atacarla e intentar hacerle daño, y su padre ya no sabe a quién acudir. Finalmente, desesperado, se presenta ante De Grandin, quien pronto descubre que algo muy peligroso y vengativo, que tiene sus raíces en la propia familia Loudon, no está dispuesto a soltar a su víctima.

La casa de las máscara de oro. Dos mujeres jóvenes, felices y hermosas no acuden una noche a la cita que tienen con sus parejas. Al día siguiente una de ellas aparece muerta y la otra ha desaparecido. El análisis forense dictamina suicidio para la fallecida, pero los hechos demuestran todo lo contrario. Pronto empiezan a desaparecer más mujeres en las mismas circunstancias y urge averiguar qué está sucediendo. De Grandin y Trowbridge tendrán que jugarse el pellejo e implicarse personalmente en la investigación de la policía... lo que encontrarán más allá de ciénagas y bosques, en un viejo pabellón de caza abandonado, es un escenario de pesadilla.

La broma macabra de Warburg Tantavul. Warburg Tantavul está en su lecho de muerte pero una sonrisa siniestra no deja de asomar a su boca. Sus últimas palabras son para recordarle a su hijo que no está de acuerdo con que se case con su prima Arabella, que debe tenerlo bien presente... Una vez muerto, los primos siguen con su intención de casarse, pero, junto con el testamento, aparece una carta que debe ser abierta cuando nazca el primogénito de ambos. Esa carta los asusta hasta el punto de buscar consejo, pero se sienten incapaces de desobedecer su voluntad y abrirla antes de tiempo, así que la dejan bajo la custodia de Trowbridge y De Grandin. Llega el día de la boda y, aparte de suceder hechos de difícil explicación, comienza la tortura para esta pareja...

Muerte furtiva. El patriarca de la familia Pancoast, miembro respetable de la comunidad y participante activo de su iglesia, ha sido asesinado de una manera cruenta y tan brutal que la policía está tan desconcertada como alarmada. Pero lo peor está por venir, porque lo que parecía un hecho aislado se convierte en un carrusel de asesinatos, todos perpetrados sobre miembros de la familia Pancoast, con un ensañamiento inexplicable y sin ningún móvil aparente que los justifique. Cuando De Grandin empieza a hacer preguntas no solo descubre cosas muy interesantes sobre monsieur Pancoast y su pasado en Oriente, sino que una misteriosa mujer parece estar detrás de cada ataque.

El juego de las almas. Durante una visita a una prisión, De Grandin y Trowbridge son testigos de la conmovedora despedida entre una mujer y un preso que está en el corredor de la muerte y espera su ejecución en unas horas. Más tarde conocen a la mujer, que les confiesa que el preso, Lonny, que es su cuñado, es totalmente inocente de los cargos y va a morir por culpa de los celos y la venganza de su propio hermano, Larry. Es entonces cuando De Grandin se propone burlar a la muerte y pedir ayuda al doctor Hussein Obeyid, "uno de los diez filósofos más grandes del mundo", para que le ayude en su particular juego de las almas.

Seabury Quinn eclipsó en su época a muchos autores hoy famosos y reconocidos, pero los años se han portado regular con él en cuanto a relevancia y no ha sobrellevado del todo bien el paso del tiempo. Sus historias querían impactar, sobresaltar y provocar (en estas que os traigo hoy, sumado a la temática paranormal, se tratan temas que van del incesto a la homosexualidad pasando por la trata de blancas y  la tortura... y cuando digo provocar es que reitero que fueron publicados hace casi un siglo), su prosa no es especialmente elegante ni trascendente, modifica o reinventa la definición de algunos términos que no significan lo que él dice solo para que se ajusten a la historia que quiere contar, hay explicaciones que no tienen ni pies ni cabeza... sí, entiendo que este autor no haya pasado el corte de calidad que se exige a ciertos clásicos del género, pero también hay que reconocerle que desecha cualquier intento de querer aparentar algo que no es y que hay mucha honestidad en ello. Y precisamente esa honestidad en cuanto a lo que escribe y cómo lo escribe, el recurso de la provocación sin más objetivo que el de contar las cosas a su manera y eludir la intencionalidad de otros autores de alcanzar una literatura excelsa que salte la barrera de la mortalidad, le dan una personalidad propia y le otorgan un espacio personal que completa el muy diverso panorama de autores de género de su época.

No sé, yo he disfrutado mucho de las historias y de la forma de contarlas, me han dado igual las casualidades y los cuestionables (por, a mi entender, inverosímiles) métodos que usa De Grandin, y me ha dado también igual el propio De Grandin, prepotente, con salidas de tono de diva y la certeza absoluta de que siempre se sale con la suya y no hay ente ni suceso paranormal que se le resista. Lo dicho, en esto es muy Poirot y ya estoy más que acostumbrada. ¿Es un libro para todo el mundo? Pues no, la verdad, pero ninguno lo es. Con lo dicho hasta aquí cada cual se formará su idea de si le apetece o no conocer a Seabury Quinn.



Seabury Quinn nació el día de año nuevo de 1889 en Washington. A los once años, tras la lectura de Drácula, comenzó a interesarse en las leyendas sobrenaturales, religiones primitivas, misticismo, brujería, necromancia y ritos fúnebres,temas en los que llegó a ser un auténtico erudito.
 
Estudió Derecho en Washington y fue alistado para combatir en la Primera Guerra Mundial. De regreso a su país, empezó a trabajar como periodista y escritor de relatos, la mayor parte de terror, que enviaba a las revistas pulp de la época, como la famosa Weird Tales, que entre 1923 y 1952 le publicó 159 cuentos –92 de ellos protagonizados por Jules de Grandin–, convirtiéndose así Seabury Quinn en el autor más popular de la historia de esta revista. 
 
Falleció el 24 de diciembre de 1969.

viernes, 22 de enero de 2021

RESEÑA (by MH) ::: LA BRUJA DEL ÁMBAR - Johann Wilhelm Meinhold


 

Título original: Maria Schweidler, die Bernsteinhexe
Autor: Johann Wilhelm Meinhold
Editorial: Valdemar
Traducción: Rafael Lassaletta
Páginas: 224
Fecha publicación original: 1838
Fecha esta edición: 1998
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 11,30 euros 



Sirviéndose del recurso literario de limitarse a preparar para su publicación un documento del siglo XVII encontrado casualmente en su parroquia, Wilhelm Meinhold, teólogo y pastor protestante alemán (1797-1851), da a la luz en 1842 La bruja del ámbar, crónica de un célebre proceso por brujería a Mary Schweidler, hija de un pastor que ocupó el mismo cargo parroquial en el pasado.

Con La bruja del ámbar, Meinhold quiso inaugurar un nuevo género literario al que dio el nombre de «narraciones de crónicas», un género que despertó un interés inusitado, sobre todo en Inglaterra, donde sus obras, alguna traducida al inglés por la madre de Oscar Wilde, entusiasmaron a los prerrafaelistas Rossetti, Burne-Jones y William Morris.

La bruja del ámbar, al margen de suponer un brillante argumento religioso contra algunos aspectos del protestantismo, aparte de su carácter de novela histórica o de su contenido literario terrorífico o sobrenatural, puede leerse como una novela de suspense, pues la historia de Mary Schweidler pone en el tapete una denuncia falsa de brujería por venganza, un proceso judicial amañado en el que se intenta comprar o presionar testigos, la búsqueda de pruebas exculpatorias y un elemento de suspense, la sentencia, propio de las novelas y películas de procedimiento judicial.


Para quienes no hayan visto la entrada sobre el #RetoHermanasFatídicas, Mónica (Serendipia) y yo vamos a dedicar 2021 a leer sobre brujas y brujería en libros y literatura de muy distintos tipos y géneros. Hemos propuesto para cada mes un mínimo de dos lecturas (cuando ha sido posible hemos incluido siempre al menos un clásico), y el reto consiste en leer al menos una de esas propuestas (y de ahí para arriba... como si queremos leer todos los libros cada mes). El caso es que en enero tenía claro que quería leer las dos novelas propuestas y os voy a hablar de ambas en el blog (spoiler: ninguna estaría en mi lista de favoritas del año, pero tampoco en la de peores. El reto ha empezado tibio). Hoy os hablo del clásico, La bruja del ámbar, publicado en 1838, que supuso en su época el precursor de un nuevo género literario.
 
¿Qué género literario es ese? El de "narraciones de crónicas", que a grosso modo consiste en narrar cronológicamente unos sucesos que están supuestamente basados en hechos reales (pero que no lo están, obviamente). Así pues, La bruja del ámbar, partiendo en todo momento de una historia de ficción, presenta a Meinhold, el propio autor (del que solo tenemos noticias en la primera página para introducir la historia y en la última para despedirse), contándonos que ha encontrado un manuscrito escondido en su iglesia y que ha decidido compartirlo con el lector... y a partir de ahí toda la narración consta de las entradas de ese manuscrito. Y ahora diréis: pues vaya cosa, ficción novelada que quiere hacer pasar por reales hechos que no lo son. Sí, pero es que estamos hablando de hace casi doscientos años, las cosas tienen que inventarse y nacer en algún momento, y en aquella época supuso algo totalmente novedoso. Hay que darle al libro los méritos que tiene, que para sacarle los puntos flojos aún me queda reseña :)
 
A ver, vuelvo a la historia. Meinhold reflexiona un poco sobre el desconocido autor del manuscrito, de dónde será, las palabras que usa, su origen noble... y una vez que parece concluir que este buen señor vivía en Pomerania pero que era extranjero y que nos encontramos inmersos en la Guerra de los Treinta Años en la isla de Usedom, entramos en materia (para situarnos, la acción se sitúa entre 1618 y 1649). Como al parecer el manuscrito no está completo, nosotros leemos a partir del (supuesto) capítulo siete, y nos sumergimos en un pueblo que acaba de ser saqueado y destruido por los soldados y con muchos de sus habitantes escondiéndose en un bosque cercano. 
 
El narrador (el segundo, el que realmente nos va a contar la historia a través del manuscrito) es un pastor protestante, viudo y con una hija, Mary, que está pasando bastantes penurias junto a muchos de sus vecinos en el bosque en el que están escondidos. Sus casas, sus pertenenecias, sus animales... todo ha desaparecido y no tienen qué llevarse a la boca. Tras muchos días en los que van tirando hacia delante ya sea por golpes de suerte, caridad de vecinos a los que les va mejor o circunstancias varias  sin más relevancia, Mary halla por casualidad un yacimiento de ámbar. Lo van sacando poco a poco entre su padre y ella para venderlo a escondidas y usar ese dinero para alimentar a todo el mundo, pero jamás dicen de donde sacan esa enorme cantidad de dinero, lo que ya resulta sospechoso para algunos. Si a eso se suma que hay un personaje que se la tiene jurada al pastor y a su hija, que un noble pretende a Mary y solo sufre su rechazo, que Mary hace excursiones nocturnas a solas, que empiezan a enfermar los niños y los animales y Mary, que tendría que ser capaz de sanarlos, solo consigue que mueran... pues que se juntan el hambre y las ganas de comer: Mary es acusada de bruja para beneficio de unos y venganza de otros. Acusar es la parte fácil, solo requiere maldad; demostrar que no eres bruja ya es otro cantar, porque hasta los fenómenos metereológicos parecen decididos a sembrar la duda.
 
Mirad, nunca hago las reseñas así, pero creo que voy a deciros sin más en un párrafo lo que me ha gustado y en otro lo que no, porque hay de todo. Es lo que más me apaña para hablaros de este libro y creo que va a quedar más claro.
 
¿Qué me ha gustado? Leer un clásico siempre me aporta cosas positivas porque aprendo un montón sobre la época, la sociedad que se retrata dependiendo del país en que se ambiente, el movimiento cultural al que representa (o del que se intenta alejar), el estilo narrativo... y esto es algo totalmente independiente de que ese libro luego me guste más o menos: simplemente me enriquece y disfruto aprendiendo cosas, así que solo por eso ya me ha merecido la pena su lectura. Sobre la historia en sí misma, la segunda mitad es con diferencia la mejor, la más interesante, la más emocionante en cuanto a los hechos que se producen en ella y la que realmente hace que este libro destaque y ofrezca un acercamiento a la brujería y su enraizamiento en las clases populares a mediados del siglo XVII en Alemania. Este libro cobra vida a partir de la acusación de brujería y de todo lo que sucede después, y a pesar de sus defectos, que los tiene, creo que el autor hace un buen trabajo cuando plasma por qué entre los vecinos de Mary los hay que no creen en la existencia de las brujas y también los hay que ven señales de esa brujería hasta en las piedras. Esa dicotomía representa el sentir de una época que daba dos pasos adelante y uno atrás y no terminaba de quitarse las supersticiones de encima.
 
¿Qué no me ha gustado? Lo primero es la sinopsis, creo que promete algo que luego no encuentras en la lectura. El suspense, por ejemplo. No existe ese suspense, porque
durante la narración se adelanta en varias ocasiones cómo va a terminar la historia e incluso se dice qué personaje va a propiciar ese fin, con lo que das por segura su aparición estelar por mucho que el autor intente rizar el rizo y hacerte creer que puede pasar algo más de lo que realmente pasa. Siguiendo con la edición, me ha molestado bastante que el numeroso texto que hay en latín no esté traducido, porque cuando son citas las puedes sacar por contexto, pero es que hay hasta cartas que tienes que saltarte e intuir. No costaba tanto poner notas a pie de página con las traducciones (dirán que culpa mía por no haber aprovechado mis clases de latín en el instituto, y a lo mejor tienen razón... o no). Por otro lado, y volviendo al libro, las primeras setenta páginas dan vueltas sobre sí mismas como una peonza; repiten la fórmula "Dios nos cuida y nos da de comer, damos gracias, pasa algo malo y vuelve el hambre.... empezamos de nuevo: Dios nos cuida y nos da de comer, damos gracias, pasa algo malo y vuelve el hambre... empezamos de nuevo: Dios...". Entendéis a lo que me refiero, ¿no? Pues así setenta páginas. Me costó mucho meterme en el libro, lo admito, y seguí adelante porque sabía de lo que iba y sabía que, aunque ese primer tercio no me estuviese contando absolutamente nada, en algún momento entrarían la acusación de brujería y el juicio y la historia evolucionaría.
 
Antes de acabar se me ha ocurrido un tercer apartado. ¿Qué cosillas creo que pueden molestar a otros lectores aunque a mí no me hayan molestado? Pues que es un libro muy de su época, mucho, y eso quiere decir que las reacciones son muy exageradas y todo se cuenta con mucho dramatismo y exceso. Para que nos entendamos, si hubiese echado un euro en una hucha (las damas de Regencia no tomamos chupitos) cada vez que alguien se desmaya en esta historia, me habría comprado una de esas ediciones anotadas de Akal que solo se pueden pagar tras hipotecar tu casa. Los desmayos se suman por decenas, ya sean hombres o mujeres. Es todo como muy intenso. Si sois de los de poner los ojos en blanco ante estas cosas, avisados estáis. ¿Más? Pues el uso indiscriminado de nombres que no vienen a cuento, no pintan nada en la historia y estorban mucho la lectura. Como cuando alguien te quiere contar que vio a su amigo Pepe y para eso te desgrana todo el árbol familiar remontándose a la época de los celtíberos. Ah, y la religión, que es casi un personaje más en el libro. Se dice que esta historia es una crítica al protestantismo (o cuando menos a ciertos aspectos), pero ahí no voy a entrar, que bastante largo me está quedando esto.

La bruja del ámbar me ha parecido una curiosidad, y no me arrepiento en absoluto de haberla leído (lo mismo parece lo contrario pero no, no me arrepiento...), pero no me atrevo a recomendarlo salvo a aquellos lectores que gusten de leer todo clásico que caiga en sus manos y estén además muy interesados en literatura sobre brujería. Eso sí, quien decida leerlo y se le hagan cuesta arriba esas setenta páginas que comento arriba, que tenga paciencia y no tire la toalla. La historia mejora, coge ritmo y se vuelve muy interesante, prometido (aunque ni es terrorífica ni sobrenatural... no escojáis esta lectura en base a eso que promete la sinopsis). La segunda mitad del libro merece realmente la pena, los interrogatorios son fantásticos, y su único lastre es el adelanto constante durante la narración en cuanto al resultado de lo que se cuenta porque perjudica el misterio en sí mismo.

Whilelm Meinhold (1797-1851). Teólogo y pastor protestante alemán. Sirviéndose del recurso literario de limitarse a preparar para su publicación un documento del siglo XVII encontrado casualmente en su parroquia, dio a la luz en 1842 La bruja del ámbar, crónica de un célebre proceso por brujería a Mary Schweidler, hija de un pastor que ocupó el mismo cargo parroquial en el pasado. Con La bruja del ámbar, quiso inaugurar un nuevo género literario al que dio el nombre de "narraciones de crónicas", un género que despertó un interés inusitado, sobre todo en Inglaterra, donde sus obras, alguna traducida al inglés por la madre de Oscar Wilde, entusiasmaron a los prerrafaelistas Rossetti, Burne-Jones y William Morris. La bruja del ámbar, al margen de suponer un brillante argumento religioso contra algunos aspectos del protestantismo, aparte de su carácter de novela histórica o de su contenido literario terrorífico o sobrenatural, puede leerse como una novela de suspense, pues la historia de Mary Schweidler pone en el tapete una denuncia falsa de brujería por venganza, un proceso judicial amañado en el que se intenta comprar o presionar testigos, la búsqueda de pruebas exculpatorias y un elemento de suspense, la sentencia, propio de las novelas y películas de procedimiento judicial.