martes, 7 de abril de 2020

RESEÑA (by MH) ::: FRESAS SILVESTRES - Angela Thirkell





Título original: Wild Strawberries
Autora: Angela Thirkell
Traducción: Patricia Antón
Editorial: Gatopardo
Páginas: 280
Fecha publicación original: 1934
Fecha esta edición: abril 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,90 euros 
Imagen de cubierta: Cadhay House (Devon, Inglaterra)

La atractiva Mary Preston, una joven perteneciente a una buena familia venida a menos, es invitada a la espléndida y lujosa finca de los Leslie en Rushwater. Allí, Mary perderá la cabeza por el apuesto seductor David Leslie. Sin embargo, su tía Agnes y la madre de David, la excéntrica Lady Emily, planean emparejarla con otro hombre al que consideran un buen partido. En el espectacular baile de Rushwater, la felicidad de Mary, suspendida entre los imperativos del corazón y las maquinaciones de su familia, penderá de un hilo…

Fresas silvestres (1934) forma parte de un ciclo de veintinueve novelas ambientadas en el condado ficticio de Barbetshire, que Angela Thirkell tomó prestado de Anthony Trollope. Con una mirada afilada y permanentes alusiones y guiños a los clásicos, desde Lord Byron y R. L. Stevenson hasta Ovidio y Virgilio, Thirkell da vida a una galería de personajes cómicos que se debaten entre lo sublime y lo prosaico, sin abandonar jamás una muy británica obsesión por el estatus social.

No puedo decir que conociese a esta autora o esta novela con anterioridad a esta edición, pero como Gatopardo es de esas editoriales de las que miro absolutamente todo lo que sacan porque me interesa también casi absolutamente todo, pronto supe de su próxima aparición y casi se lo quité de las manos a mi librera cuando lo estaba colocando en la mesa de novedades. Ya lo tenía, ya era mío... pero todos los lectores sabemos que entre la compra de un libro y su lectura pueden pasar meses (o años... o trienios... o lustros... o...). El caso es que ha tenido que esperar todo un año pero al fin lo he leído, y lo he disfrutado tanto que espero que Gatopardo nos haga el regalo a sus lectores de publicar algún libro más de esta serie.
 
La familia Leslie, dueña y señora de Rushwater House, es la protagonista absoluta de la historia, y sus peculiares miembros son los encargados de pasear por las páginas para ofrecernos momentos muy divertidos tras los que se esconde un retrato muy marcado de la época. ¿Y quiénes son los Leslie? Pues por un lado tenemos a lady Emily (muchos pájaros en la cabeza, pregunta y no escucha, se va por los cerros de Úbeda, verborrea incontenible... pero deliciosamente encantadora) y su marido, el señor Leslie (pleno de orgullo británico... ergo mira por encima del hombro y considera inferior a cualquier otra nacionalidad del mundo); el segundo hijo de ambos, John (viudo, melancólico, amable, íntegro, indeciso, devoto de su familia, muy trabajador y el único con la cabeza sobre los hombros en la familia); su hija Agnes (la "idiota" de la familia, tal y como se la denomina literalmente, que solo sabe hablar de sus hijos, no tiene otro tema de conversación, pero a la que le sobra empatía y capacidad de comprensión de la mente humana); su hijo pequeño, David (mimado, encantador, guapo, egoísta y un imán para las mujeres sin proponérselo en absoluto); y su nieto mayor, Martin (su padre, primogénito de los Leslie, murió en la Gran Guerra, y eso le convierte en el futuro heredero de Rushwater House... y además idolatra a su tío David, lo que augura una personalidad movidita). ¿Cómo comienza la historia? Con la llegada a Rushwater House de Mary Preston, sobrina del marido de Agnes, que pronto se verá inmersa en las peculiaridades de esta familia y caerá rendida a los pies de David.

Tengo que decir que lo primero que me llamó la atención de la sinopsis es la ambientación. Para quienes no sean grandes admiradores de Anthony Trollope esa referencia a Barsetshire (lugar ficticio donde está ambientada la novela) no significará nada, pero para mí, que admiro muchísimo a Trollope (hace nada os traje una novela suya, El primo Henry), es como una campana repicando. Sus Crónicas de Barsetshire están compuestas por seis libros, y aunque a España traducidos solo nos han llegado los tres primeros (El custodio, Las torres de Barchester y El doctor Thorne), son unas novelas a las que tengo muchísimo cariño y que recomiendo encarecidamente. La elección de Angela Thirkell al usar el condado fictictio de Barsetshire como escenario para casi treinta libros ya me hace sentir una empatía automática hacia ella y sus gustos lectores (que encima esta señora era pariente de la crème de la crème literaria y artística de la época... todo son ventajas, oiga).

Centrándome en el libro en sí... ¿qué encontramos dentro de Fresas silvestres? Pues una novela que te hace reír y que desborda british charming por los cuatro costados. Sus personajes son tontorrones unos, engreídos otros, pero (casi) todos encantadores, y por eso se hacen querer y llegan al corazón del lector. La acción es la típica de un verano en la campiña inglesa vista a través de los ojos de una familia aristocrática bastante pintoresca, y por eso nos movemos entre reuniones de alto postín como cenas, festivales o bailes, y rutinas del día a día que pasan por bañar a los niños, acudir a misa, jugar al tenis o visitar de vez en cuando Londres para algunas gestiones. 

¿Dónde está el incentivo que marca la diferencia? En la propia personalidad de la familia Leslie: son todos tan distintos entre sí pero se compenetran tan bien, que la vida familiar a mi parecer está retratada de manera magnífica. Los diálogos sobre todo son sensacionales, no solo porque te tienes que reír sí o sí cuando los lees, sino porque transmiten esa familiaridad, esa confianza, esas bromas del pasado o esos lugares comunes inherentes a cualquier núcleo de personas que no solo tiene una historia compartida, sino en el que existe mucho afecto y cariño que no cuesta nada entrever más allá de las pullas y los sarcasmos con que amenizan el tiempo que pasan juntos. Hay muchas risas y mucha ironía, pero también mucha ternura.

La historia se ambienta en los años 30 (comunmente llamado el periodo de entreguerras) en la campiña británica, y la autora la utiliza para hacer hincapié en el sentimiento que tenían los británicos de pérdida ya no solo de sus compatriotas y familiares en la Primera Guerra Mundial, sino de su lugar predominante en el mundo. Tras las risas se asienta un poso evidente de nostalgia y tristeza, y los momentos más emocionantes del libro sin duda aparecen cuando el anciano matrimonio Leslie recuerda a su hijo mayor evitando siempre hacer un espectáculo de su dolor (la conocida flema británica), aunque sí es verdad que las heridas a veces se traducen en comentarios despectivos hacia todo lo que no sea británico (en el libro tal honor recae en su mayor parte sobre los franceses, y en menor medida sobre Argentina, país donde tienen negocios)... Hay que tomarse estos comentarios como lo que son, una crítica bastante punzante y caústica de la sociedad británica de la época, que estaba cicatrizando a marchas forzadas al tiempo que intentaban mantener su orgullo imperial a flote (y sin imaginar todavía lo que se venía encima). 
 
Dicho todo esto, no cabe duda que estamos ante una novela ideal para sonreír y disfrutar, pero que esconde más profundidad y carácter de los que aparenta. Entre risas, diálogos chispeantes, personajes carismáticos y amores que vienen y van, se cuela sutilmente un análisis agudo de los aspectos que preocupaban a la autora en aquel momento. En su buen hacer en la mixtura resultante, en el hecho de que no dejes de reír y sonreír mientras está criticando la situación social de la mujer y la obsesión por la posición social, o poniendo sobre la mesa el dolor de buena parte de la sociedad británica... radica el triunfo de la novela. Mi personaje favorito es el que es, porque estaba destinado a serlo desde que supe de su existencia (los chispazos austenianos que pululan en el fondo de la historia tienen la culpa, aunque en la forma las alusiones literarias van por otros derroteros), y me ha encantado la mención que se hace a la maravillosa labor que la National Trust lleva realizando desde finales del siglo XIX en toda Gran Bretaña recuperando su vastísimo patrimonio histórico (también hay una broma en relación a Enrique VIII y sus seis esposas que seguramente solo me haga gracia a mí... soy muy friki con todo lo relativo al bueno de Henry, lo sé, no puedo evitarlo xD).

Muy recomendable y tal, y como digo arriba, espero que la recuperación de la obra de la autora no se reduzca a este libro y podamos seguir disfrutando de más historias ambientadas en Barsetshire.


Angela Thirkell (1890-1961) nació en Londres en el seno de una familia ilustrada. Entre sus parientes figuraban el artista prerrafaelita Edward Burne-Jones, Rudyard Kipling y Stanley Baldwin, y su padrino fue el novelista J. M. Barrie. Se educó en Londres y París, y empezó a publicar artículos y relatos en los años veinte. En 1931 apareció su primer libro, unas memorias de infancia tituladas Three Houses, y, en 1933, su novela cómica High Rising —ambientada en el ficticio condado de Barsetshire, que tomó prestado de Anthony Trollope— obtuvo un gran éxito. A partir de entonces y hasta su muerte publicó veintinueve novelas que transcurren en el mundo de Barsetshire.

domingo, 5 de abril de 2020

RESEÑA (by MH) ::: EL CALLEJÓN DE LOS RESUCITADOS - Anne Perry



Título original: Resurrection Row
Autora: Anne Perry 
Editorial: Plaza & Janés  
Traducción: Daniel Aguirre
Páginas: 295
Fecha publicación original: 1981
Fecha esta edición (5ª): diciembre 1998
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado
Diseño de cubierta: Judit Commeleran 
Fotografía de cubierta: Mary Evans Picture Library

Un hecho insólito sacude las calles de Londres: varios cadáveres exhumados aparecen en distintos puntos de la ciudad. El inspector Pitt sospecha que esta macabra profanación de tumbas no es obra de un simple psicópata, sino una cortina de humo para desviar la atención de la policía. El cadáver de un tal Godolphin, pintor de cierta fama, despierta de manera especial su interés; por lo visto, es el único que no murió por causas naturales. Al investigar la vida del difunto artista, el inspector Pitt y su esposa Charlotte deberán adentrarse en los más sórdidos ambientes de los barrios bajos londinenses.

Ya sabéis que estoy haciendo el reto de leer (o releer cuando toca) en orden los libros protagonizados por el inspector Thomas Pitt, así que no me repito :) El callejón de los resucitados es el cuarto de la serie, y os adelanto desde ya que, junto con el primero, Los crímenes de Cater Street, es el que más me ha gustado de los cuatro porque recupera en buena medida al Pitt que a mí me encandiló en el primer libro y que he echado mucho de menos en el segundo y el tercero (malestar del que he dejado evidente constancia en las reseñas porque soy una protestona xD).

En esta ocasión todo comienza cuando un cadáver exhumado de su tumba aparece en un carruaje robado en mitad de una noche neblinosa. Se trata de un miembro de la clase alta londinense que vivía en Gadstone Park, zona pudiente de casas majestuosas y residentes de lo más respetables, y que había fallecido tres semanas antes. Las pesquisas de Pitt no parecen dar ningún fruto, todo parece apuntar a un acto de vandalismo, y es entonces cuando aparece un segundo cadáver exhumado en peculiares circunstancias... y luego un tercero... Esto ya no parece un acto vandálico, parece haber un motivo detrás de las exhumaciones y las peculiares puestas en escena, pero ninguno de los cadáveres parecía tener relación entre sí en vida, no presentan signos de haber sido asesinados y ni siquiera estaban enterrados en el mismo cementerio. Aun así, todo, de alguna manera, sigue apuntando a Gadstone Park, aunque Pitt se enfrenta a uno de esos casos en los que se mentaliza de que probablemente nunca averigüe qué está pasando... y no ayuda precisamente que un hombre del pasado de su esposa Charlotte se encuentre entre las personas de interés en el caso.

Os decía al principio que, de los cuatro primeros libros, este es el que más me ha gustado junto con el que abre la serie, y eso ha sido por dos razones: la primera es que he vuelto a reencontrarme con el Pitt que yo quiero ver, el Pitt inspector que investiga y resuelve crímenes, como debe ser... no el de los dos libros anteriores en los que no pintaba absolutamente nada y las investigaciones y las resoluciones corrían a cargo de su mujer y su cuñada; la segunda razón ha sido el caso en sí mismo, bastante complejo en la estructura, la planificación y la manera de presentarlo al lector; además, a mi parecer, está muy bien resuelto. Sobre este segundo aspecto no os puedo dar más datos por razones obvias, pero la trama me ha parecido más trabajada que en los dos casos anteriores y me ha gustado mucho.

También se agradece que reaparezca uno de los personajes que conocimos en el primer libro, Los crímenes de Cater Street. En libros sucesivos, la única familiar de Charlotte que aparece es Emily, los padres como si no existieran, y aunque sí que es cierto que Charlotte ahora vive en otro mundo (el de la clase obrera) muy alejado de la alta sociedad en la que nació, no deja de ser curioso que su familia o sus conocidos no aparezcan para nada a excepción de su hermana (sobre todo porque, a pesar de las circunstancias y la degradación social, no ha habido en apariencia ruptura con ellos). En definitiva, se agradece que por fin aparezca aquí un personaje del primer libro, personaje que no voy a desvelar, pero que remueve sentimientos (de muy diferente índole y por muy diferentes motivos) tanto en Pitt como en Charlotte.

Por otro lado, y aunque aquí volvemos a retomar la rutina de Pitt investigando en un barrio de clase alta (esos donde supuestamente nunca pasa nada porque, según sus residentes, los crímenes son para gente pobre...), tenemos la novedad de seguir la investigación por calles y callejones mucho menos recomendables que suponen una novedad en la inercia de la serie. Pero además Perry retoma otra de las características que identifican estos libros: la exposición de ciertos aspectos de la sociedad victoriana muy alejados del relumbrón, las calles elegantes y la hora del té que asociamos siempre a esta época. En El callejón de los resucitados el foco de interés está centrado en los así llamados asilos para desamparados, instituciones donde la gente trabajaba como esclava a cambio de apenas nada y en condiciones insalubres. Un tercio de la población de Londres vivía a finales del XIX en la más absoluta pobreza, y les daba igual vivir en la calle que vivir en uno de esos asilos que, más que ayudarles, empeoraban su situación, así que preferían ganarse el pan fuera del "cuidado" gubernamental.

También en la novela involucra a algunos de sus personajes en una cruzada más que evidente ahora pero que, en plena era victoriana, no lo era tanto: la solución a lo que veían enlos asilos para desamparados estaba en los niños, en darles la oportunidad que no habían tenido sus padres, en su derecho a la educación, la necesidad de mantenerlos alejados de la enfermedad y la desesperación para que no se viesen abocados a la indigencia, y prepararles para que pudieran tener esperanza y un futuro digno... y en cómo ese pensamiento utópico chocaba con el de "tiene que haber ricos y pobres, es ley de vida, ¿para qué molestarse?".

Por ir concluyendo, una buena ambientación social de la época, muy buena trama de misterio y una investigación que lleva al lector por derroteros que no se espera (yo al menos no he visto venir la resolución... y mucho menos tal y como se plantea en su conjunto).  Si a eso se suma que me he reencontrado con mi Pitt, el que a mí me gusta, tanto mejor. Ya era hora, Anne Perry, ya era hora... como me lo vuelvas a quitar en el siguiente libro, vamos a tener un problema.

Anne Perry nació en Blackheath, Inglaterra, en 1938. Su escolarización fue interrumpida en varias ocasiones por los frecuentes cambios de domicilio y sucesivas enfermedades, que la llevaron a dedicarse apasionadamente a la lectura. Su padre trabajó como astrónomo, matemático y físico nuclear. Él fue quien la animó a dedicarse a la escritura. Tardó veinte años en publicar su primer libro. Durante todo ese tiempo realizó diferentes trabajos para ganarse la vida y dedicarse a lo que realmente era su pasión: escribir. Su primera novela sobre la serie del inspector Pitt, editada en 1979, fue Los crímenes de Cater Street. Anne Perry se ha consagrado como consumada especialista en la recreación de los claroscuros, contrastes y ambigüedades de la sociedad victoriana. Su serie de novelas protagonizadas por el inspector Pitt y Charlotte, su perspicaz esposa, es seguida por millones de lectores en todo el mundo.

viernes, 3 de abril de 2020

Y EL LIBRO COMIENZA ASÍ... #18 ::: MARZO 2020

Hola a todos

Primer viernes de abril, así que toca el resumen de reseñas de marzo, que han sido diez en total. Unas cuantas menos de las que estaban planificadas, pero intentando mantener un ritmo más o menos normal dadas las circunstancias.
 
Ya sabéis que están ordenadas según la fecha de publicación de las reseñas, y las imágenes están enlazadas por si alguien está interesado en acceder directamente a la reseña para leerla. 

Sed responsables, quedaos en casa y cuidaos muchísimo.

Un abrazo enorme
https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/2020/03/resena-by-mh-la-posada-jamaica-daphne-du-maurier.html

https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/2020/03/resena-by-mh-cuatro-damas-del-misterio-louisa-m-alcott-vernon-lee-amelia-b-edwards-margaret-oliphant.html

https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/2020/03/resena-by-mb-naturaleza-ralph-waldo-emerson.html

https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/2020/03/resena-by-mh-todas-las-criaturas-grandes-y-pequenas-james-herriot.html

https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/2020/03/resena-by-mh-la-sirena-negra-emilia-pardo-bazan.html

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https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/2020/03/resena-by-mh-el-primo-henry-anthony-trollope.html

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jueves, 2 de abril de 2020

RESEÑA (by MH) ::: POLLYANNA - Eleanor H. Porter




Título original: Pollyanna
Autora: Eleanor H. Porter
Editorial: Toro Mítico
Traducción: Marina Casana
Páginas: 232
Fecha publicación original: 1913
Fecha esta edición: octubre 2014
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 15 euros
Ilustración de cubierta e interiores: Sara Lago y Antonio Cuesta



Parlanchina e idealista, ahora que la joven Pollyanna Whittier se ha quedado huérfana, deberá mudarse a una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra para vivir con su severa tía Polly. Pero incluso la naturaleza arisca de su tía no es inconveniente alguno para la optimista Pollyanna. Su filosofía se resume en lo que ella llama "el juego de la alegría", una actitud optimista que aprendió de su padre, que le enseñó a mirar y apreciar el lado bueno de las cosas a pesar de los obstáculos que depara la vida. Así, si uno lo piensa durante el tiempo suficiente, siempre puede encontrar algo por lo que alegrarse en todas las circunstancias que te rodean, hasta en las más insospechadas.

Los vecinos del lugar no tardarán en comprobar que Pollyanna tiene un gran corazón. ¿Quién si no podría hacer desaparecer el permanente enfado del señor Pendleton, un hombre sombrío y tacaño? ¿O convencer a la quejumbrosa e infeliz señora Snow de que disfrute de las cosas tal y como llegan? ¿O ayudar al doctor Chilton a redescubrir la alegría de ayudar a los demás? Todos encontrarán un nuevo sentido a sus vidas, y ello gracias a una niña alegre y valiente. Pero, ¿podrá Pollyanna ver el lado positivo de las cosas cuando deba hacer frente a su mayor reto? ¿Lograrán las personas cuya existencia iluminó que ella sea feliz de nuevo?

Lleno de valores universales hoy postergados, "Pollyanna" es un clásico imperecedero, un libro que, como su joven protagonista, contagia la alegría de vivir.

Ay, mi pobre Pollyanna, con lo alegre que está ella siempre, con el optimismo que regala y desprende a raudales, y el poco ánimo que tengo yo para hacerle justicia ahora mismo en una reseña pizpireta y dicharachera que desprenda humor y buen rollito... Pollyanna de mis entretelas, es lo que hay. Prometo venderte bien, que es lo que realmente importa, y si haces eso que tú sabes, le sacarás seguro la parte positiva a esta reseña que no está a tu altura.

Pollyanna es una niña que ha tenido una vida llena de carencias materiales pero rebosante de amor por parte de su familia. Tras perder a su padre y quedar huérfana, debe mudarse con una tía que vive en otra ciudad y a la que no conoce. Su tía Polly es muy rica, pero también severa, antipática, poco dada a muestras de cariño y con muy pocas ganas de hacerse cargo de su sobrina, pero eso no es impedimento para Polly, que desde que pone un pie en la estación no deja de ver el lado bueno y positivo de todo lo que le rodea... y cuando digo todo es TODO. ¿Cuál es el secreto? "El juego de la alegría", un remedio que le enseñó su padre para afrontar la vida con felicidad y darle siempre la vuelta a las cosas más tristes: si se busca con ahínco, todo tiene un lado bueno. Pollyanna, de profesión parlanchina y que es capaz de mantener conversaciones hasta con los grillos, pronto hará partícipe de este juego a todo el pueblo, que caerá rendido a su encanto y su optimismo... bueno, todos menos su tía, dura de pelar, pero Pollyanna la adora a pesar de todo, y está decidida a quitarle ese morro torcido que tiene siempre y que sea también feliz.

Y de esto va Pollyanna, ni más ni menos. Una niña que si le regalan unas muletas se alegra porque no las necesita, que si le dan un cuarto horrible se alegra porque por la ventana tiene una vista maravillosa y que si la dejan sin cenar se alegra porque el pan duro es la comida de sus sueños y no soñaría con nada mejor que llevarse a la boca. Esta actitud ante la vida se va extendiendo por todos los habitantes del pueblo conforme ella comparte su juego, y esa es la red que va dando fama a Pollyanna: los enfermos poco a poco dejan su actitud negativa y acometen las cosas que sí pueden hacer, los gruñones poco a poco se abren a otras personas y demuestran que tienen un corazoncito, los que se llevan mal con el pueblo poco a poco liman asperezas, los que tienen mal de amores poco a poco pierden el miedo a intentarlo de nuevo... ¿Y qué pasará cuando la vida someta a la propia Pollyanna a un duro trance? ¿El juego de la alegría seguirá siendo igual de efectivo? A leer el libro se ha dicho :)

Os soy muy sincera, yo creo que una niña como Pollyanna, en la vida real, pondría a prueba la paciencia de cualquiera :) Su verborrea no tiene fin, no se calla ni debajo del agua, es insistente, resabidilla y un poco pedante... pero al mismo tiempo te hace sonreír cada dos por tres, y es un ejemplo de empatía, generosidad, humanidad y cariño. Y ese mensaje de obligarse uno mismo a ver el lado bueno y hermoso de las cosas cuando vienen mal dadas en los gestos más cotidianos, en esas pequeñas cosas que tenemos a mano y que nos pueden sacar una sonrisa... yo diría que, con los tiempos que corren, no nos vendría nada mal. Esa es la magia de Pollyanna, su altura moral y ver siempre lo mejor de cada persona, y aunque parezca difícil, como ella dice, solo es cuestión de intentarlo y proponérselo con mucha fuerza.

Eso sí... si no lo digo reviento: mi alma de Anne Shirley no me lo perdonaría jamás y montaría un drama (Anne Shirley la de Tejas Verdes, para quien no la ubique). En pocas palabras: Pollyanna no existiría si Anne Shirley no hubiese visto la luz cinco años antes que ella, y eso no admite discusión alguna. Es que hasta comparten su sufrimiento por las pecas, el nombre y el pelo. Eleanor Porter escribió su propia versión del personaje que Lucy M. Montgomery hizo inmortal, y le salió muy rebonico... pero lo que es, es. Yo te quiero mucho, Pollyanna, pero Anne Shirley son palabras mayores :)

Pollyanna como historia en sí misma es, por definición, alegría, optimismo, ternura con un elevado sentido de la justicia y la empatía. Ya lo digo arriba, se merece unos cuantos párrafos que destilen esas sensaciones, párrafos que a mí ahora mismo no me salen como me podrían haber salido en otro momento, así que quedaos con lo que realmente importa, con el mensaje del libro: que hay que buscar cosas bonitas en tiempos feos, que hay que agradecer lo que se tiene y no lamentarse por lo que no se tiene, que hay que ayudar a quien lo necesita aunque esa persona no sepa pedir ayuda, que hay que saber mirar más allá de lo evidente en las personas y conocerlas para comprenderlas... Que hay que intentar ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío y mirar la vida con optimismo, aunque de sobra sabemos todos que hacer eso es mucho más difícil que lo contrario.

Si tenéis Pollyanna en casa y no lo habéis leído, echadle un vistazo. Visto lo que tenemos encima, lo del juego de la alegría está complicado, pero casi seguro que durante unas horas os aligerará el corazón un poquito.

Eleanor Hodgman Porter (Littleton, Nuevo Hampshire, 19 de diciembre de 1868 - Cambridge, Massachusetts, 21 de mayo de 1920) se formó como cantante, pero más tarde se dedicó a la escritura. En 1892 se casó con John Lyman Porter y se mudó a Massachusetts. Porter escribió principalmente literatura infantil, con la trilogía de la señorita Billy como hito señero. Su novela más famosa es sin embargo Pollyanna (1913), seguida más adelante por una secuela, Pollyanna Crece (1915), aunque también publicó algunas novelas para adultos. En 1913, Pollyanna ocupó el octavo lugar entre las novelas más vendidas en los Estados Unidos, el segundo en 1914, y el cuarto en 1915 (conoció cuarenta y siete ediciones entre 1915 y 1920). El libro fue un éxito en cuestión de días y se mantuvo en el tiempo hasta el punto de añadir un nuevo término al léxico anglosajón: Pollyanna se usa para describir a una persona que es optimista de manera exacerbada, contra viento y marea. La popularidad del personaje se tradujo en la realización de al menos cinco adaptaciones cinematográficas o televisivas, aunque dos son las más relevantes: una producción de Disney de 1960, con Jane Wyman (la esposa del que fuera presidente, Ronald Reagan), Karl Malden y la joven Hailey Mills, que ganó un Oscar especial por su labor, y una tv-movie de 2003 rodada en Inglaterra. Eleanor H. Porter falleció en Cambridge, Massachusetts, en 1920.

martes, 31 de marzo de 2020

RESEÑA (by MH) ::: LOS ESPÍAS DE VARSOVIA - Alan Furst





Título original: The Spies of Warsaw  
Autor: Alan Furst
Editorial: Seix Barral
Traducción: José Antonio Soriano  
Páginas: 352
Fecha de publicación: febrero 2009
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,50 euros 
Diseño de cubierta: Astrid Stavro



El combate entre espías siempre precede al estruendo de la artillería. En los albores de la Segunda Guerra Mundial, los agentes de inteligencia franceses y alemanes están enfrentados en una lucha a muerte. Mientras la sombra de la esvástica nazi planea sobre Europa y el crudo invierno de 1937 se acerca a Varsovia, el coronel Jean-François Mercier, un atractivo aristócrata destinado a la embajada francesa, se suma a la lucha.

Durante el día, Mercier se ve envuelto en una red de intrigas, secuestros y venganzas; por la noche, frecuenta los salones diplomáticos, con sus elegantes recepciones y lujosas cenas. En una cita a ciegas, Mercier conoce a Anna Szarbek, una abogada parisina de origen polaco que mantiene una relación con un periodista ruso exiliado. A pesar de las dificultades, Mercier se enamora perdidamente de ella.

Aclamado por la crítica y adorado por el público, Alan Furst evoca con gran belleza e intriga la Europa de la década de 1930. Con Los espías de Varsovia trasciende el género de espías y consigue arrojar luz sobre los aspectos más profundos del alma humana: la duda, la traición, el coraje, el miedo y, ante todo, el amor, lo único capaz de iluminar esos tiempos inciertos. Emocionante, atmosférica, erótica, inolvidable, la mejor novela de «un maestro incomparable» (The New York Times).
Conocía este libro desde hace años gracias a una miniserie de la BBC (os habréis dado cuenta de que esto es una tónica en mi vida... qué haría yo sin la BBC...) protagonizada por mi querido David Tennant (el mejor Doctor Who ever, pero esa es otra historia xD). El caso es que no llegó a mis manos hasta el año pasado que viajé a Polonia, por eso de allá donde fueres, lee algo ambientado allí. Y yo, optimista donde las haya, puse rumbo a Varsovia con mi libro bajo el brazo pensando que iba a leer sobre Varsovia estando en la propia ciudad... ilusa, ya debería saber que cuando se viaja, no se lee. Veinte paupérrimas páginas leí en tierras polacas... hasta ahora. En estos extraños tiempos en que estoy leyendo lo que me pide la cabeza, la cabeza me recuerda los libros más insospechados.

La historia comienza en otoño de 1937. Jean-François Mercier es el agregado militar en la embajada francesa en Varsovia, título que implica casi por definición su calidad de espía. Mercier es un viudo atractivo de cuarenta y tantos años con el cuerpo lleno de cicatrices y una leve cojera regalo de las dos contiendas en las que ha combatido. Está harto de guerras, pero las noticias que van llegando de Alemania no auguran otra cosa: desde su llegada al poder, Adolf Hitler no ha dejado de crear un ejército colosal nunca visto antes en Europa, y además no se esconde: lo pregona, lo publica en sus panfletos, se jacta en sus periódicos propagandísticos... y aunque la red de espionaje no deja de informar al respecto, los judíos huyen con lo puesto hacia otros lares y se hacen incursiones para averiguar qué tácticas o armamento están construyendo los alemanes, parece que los gobiernos europeos no acaban de creérselo: perro ladrador poco mordedor, piensan; no va a ser tan idiota de anunciar tan libremente y con tanta soberbia que va a hundir a Europa en otra guerra... y mientras los grandes mandatarios europeos se miraban el ombligo, el perro atacó y mordió.

Los espías de Varsovia como título no deja lugar a dudas sobre lo que se puede encontrar en su interior. La novela esconde un vals diplomático lleno de pasos a izquierda y derecha donde las ingentes labores de inteligencia se codean con la bulliciosa y constante socialización de las altas esferas en una Varsovia donde los judíos formaban parte imprescindible de la vida social y cultural. Mientras, de fondo, los alemanes están construyendo las mejores carreteras de Europa que les facilitarán el futuro avance y están diseñando tanques a los que no se les ponga nada por delante. No quieren cometer los mismos errores que en la Primera Guerra Mundial, y precisamente esos aires de guerra que no dejan de soplar con una letanía sorda durante toda la novela (y además es algo que se palpa con intensidad, tanto porque el lector ya sabe lo que ocurrió como por el fantástico hacer del autor), contrastan con la inoperancia de los gobiernos europeos, que no fueron capaces de reaccionar ni de interpretar correctamente y a tiempo unas señales evidentes, tal y como se va desgranando a lo largo de la novela.

No es un libro que se deba leer con prisas por pasar páginas si de verdad se quiere exprimir todo lo que cuenta. La vida de Mercier como agregado militar en Varsovia y espía con agentes secretos a su cargo, algunos de esos mismos agentes poniéndole en peligro al asustarse por no saber si han sido descubiertos, espías de otros países con los que confraternizar, misiones en la frontera alemana, viajes a París a informar a sus superiores, una cierta vida amorosa para imbuir la trama con una pizca de glamour... todo eso hace de este libro un entretenimiento estupendo porque Furst es un excelente narrador y usa el tempo perfecto para introducir dosis de buen suspense entre tanto secretismo. Pero (y a esto me refería con lo de exprimir con tranquilidad las páginas) el contexto histórico y político no es menos importante, y aunque no abruma, sí que exige atención si no se quiere leer por leer y se pretende aprender algo en el proceso. A todo esto, no deja de resultar irónico el hervidero de delegaciones europeas que confluían en aquella época en Polonia, tomándola como base de operaciones y chanchullos varios, y lo solo que estuvo luego este país cuando comenzó la contienda: fue el primero en ser atacado por el ejército alemán y en rendirse en septiembre de 1939, nadie acudió en su ayuda. Precisamente se toma ese momento como el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Mercier como personaje te cae bien, y se beneficia de ser el protagonista absoluto de la historia, aunque siempre acompañado de muy buenos secundarios (de los que nos os hablo, hay que descubrirlos en la lectura). Lleva lo suyo a la espalda y , como militar que es, se encuentra más cómodo haciendo trabajo de campo que en las innumerables cenas, recepciones y eventos varios a los que no se debe faltar por cuestiones diplomáticas: en esas reuniones todos se conocen, todos saben a lo que se dedican los demás y todos actúan con una sonrisa como si no lo supieran... si en el proceso se enteran de algo interesante que pueda servir a sus servicios de inteligencia, se dará la velada por buena. Mercier daría lo que fuese por irse a su casa en la campiña francesa, con sus perros y la nada alrededor, para no moverse de allí nunca más; sin embargo, Europa se encuentra en un momento crítico en el que se mira de reojo lo que pasa en Alemania, pero en el que cuando se obtiene información importante, no se le da la importancia que tiene. Mercier es de esos personajes que sabes que no van a ser héroes porque no les van a dejar y porque el momento que viven no es el más propicio: hacen su trabajo, lo hacen bien, pero la ineptitud de los de arriba frustra todo lo que sacrifican los de abajo.

La he disfrutado mucho, en definitiva. Los espías de Varsovia es una novela en la que entras poco a poco y que al final te cuesta soltar: es muy entretenida, trepidante en según qué escenas, fantásticamente ambientada y con un personaje principal que te importa y al que acompañas sin dudarlo de la mano. No soy muy habitual del género de espías pero porque tampoco he puesto mucho empeño, porque lo que leo suele gustarme siempre. He estado mirando y Seix Barral tiene publicados un montón de libros de este autor (toda una eminencia en la literatura de espionaje), así que caerá algún otro... cuando se pueda. 

Y por ir terminando, como sé que a muchos os interesará más la miniserie de la BBC que la novela (xD), aquí os dejo el tráiler para que le echéis un vistazo (se llama Spies of Warsaw, igual que el libro en su título original).

 


Alan Furst. Nació y creció en Manhattan, Nueva York. Ha vivido largas temporadas en Francia, inicialmente ejerciendo como profesor en la Facultad de Letras de la Universidad de Montpellier, y años después en París. Como periodista ha viajado por Europa del Este y Rusia y ha sido colaborador habitual de Esquire y The International Herald Tribune. Entre sus novelas históricas de espionaje destacan: Night Soldiers (1988), The World at Night (1996), Red Gold (1999), todas ellas de próxima publicación en Seix Barral, y El oficial polaco (1995; Seix Barral, 2007), Un oscuro viaje (2004; Seix Barral, 2008) y El corresponsal (Seix Barral, 2006). Su obra tiene una crítica magnífica y ha sido publicada con extraordinario éxito en Estados Unidos y varios países de Europa. Los espías de Varsovia ha sido alabada por la crítica y refrendada por el público, que la ha colocado durante semanas en la lista de los libros más vendidos del New York Times.

jueves, 26 de marzo de 2020

RESEÑA (by MH) ::: EL PRIMO HENRY - Anthony Trollope





Título original: Cousin Henry 
Autor: Anthony Trollope
Editorial: Belvedere
Traducción: Miguel Ángel Pérez Pérez 
Páginas: 224
Fecha publicación original: 1879
Fecha esta edición: noviembre 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 17,50 euros 
Imagen de cubierta: Portrait of the artist (1800, John Vanderlyn)



Indefer Jones es un anciano terrateniente que ve próxima su muerte. El testamento, tras haberlo modificado varias veces a causa de sus dudas, ya lo tiene redactado y lacrado. Las dudas vienen marcadas por el deseo de que sus propiedades pasen a manos de su sobrina, Isabel Brodrick, la cual es respetada y querida por todos los arrendatarios, pero la tradición inglesa establece que las tiene que heredar el mayor de los varones de la familia, que no es otro que el apocado e impopular Henry Jones, su otro sobrino. Tras rehacerlo en sucesivas ocasiones, en sus últimos días redacta uno en secreto y lo guarda sin decir a nadie donde lo ha hecho. Bajo la continua sospecha de que existe un testamento diferente, el notario no descansará hasta dar con él y, por ende, con el verdadero heredero.

La de tiempo que llevaba El primo Henry guiñándome el ojo desde la estantería mientras yo me hacía la interesante... y eso que adoro a Anthony Trollope, pero en España se publica tan poquito suyo que voy racionando con paciencia lo que va saliendo. En cualquier caso ya era hora de que el flirteo llegase a su fin y de ponerse manos a la obra :)

Indefer Jones es un terrateniente ya anciano que vive feliz con su sobrina, Isabel Brodrick, la luz de sus ojos... pero Indefer tiene un problema: su testamento. Su propiedad, Llanfeare, ha ido pasando generación tras generación a un descendiente varón, pero más por tradición que por ley, puesto que no existe ninguna cláusula vinculante que obligue a ello. Y ahí reside el problema que trae por la calle de la amargura a Indefer desde hace años: si se deja llevar por el corazón, la propiedad debería pasar a Isabel, a la que no solo adora, sino que es conocida y muy querida por todos los arredentarios y sería la mejor dueña que Llanfeare podría tener... pero su cabeza le dice que, por tradición, la propiedad debería pasar al varón correspondiente en la línea de sucesión, Henry Jones, a quien no soporta y que cuando visita Llanfeare apenas muestra interés por las tierras y quienes las arrendan. Indefer Jones ha cambiado el testamento múltiples veces a lo largo de los años, y el último, el definitivo, lega en favor de Henry Jones y deja sin nada a Isabel (por múltiples razones que no vienen al caso)... pero ya en su lecho de muerte, dice unas últimas palabras que hacen pensar a Isabel que hay un testamento posterior, uno diferente redactado en su ausencia... un testamento sobre el que ella decide guardar silencio, que debe estar escondido en alguna parte y cuya localización seguramente solo conoce su primo Henry.

El primo Henry es una novela de personajes, no de trama, y eso es algo que debe tener muy claro quien se acerque a ella. El leitmotiv de la historia está claro desde el principio (un testamento perdido, un personaje que sabe dónde está escondido y duda sobre qué hacer con esa información, y otro personajes que sabe que existe ese testamento pero que por testarudez no lo dice), y a partir de ahí nos adentramos en las cabezas de los personajes y asistimos a sus idas y venidas, sus motivaciones, sus dudas, las decisiones que toman en consecuencia y las repercusiones de esas decisiones.

Por un lado tenemos a Indefer Jones, la indecisión hecha persona, que no es capaz de plantarse en una postura y atenerse a ella. El pobre sufre mucho por estos quebraderos de cabeza, pero solo se puede culpar a sí mismo y a su carácter inseguro e irresoluto, porque nadie intenta influenciarle en un sentido u otro. En cualquier caso no me ensañaré con él porque sin todas esas vacilaciones no tendríamos libro. Luego tenemos al primo Henry que da título al libro. Henry es un cobarde temeroso que sufre el desprecio de todo el mundo en Llanfeare y alrededores; sabe dónde está el testamento, pero también sabe que si aparece se quedará sin herencia, y duda sobre qué hacer con él, si quedar como un héroe revelando su paradero o dejar que lo encuentren por sus propios miedos. Henry es tan insulso que ni siquiera es un malo redomado de estos que encienden al lector; no tiene malicia (si la tuviera haría las cosas de una manera totalmente distinta): simplemente es un pobre hombre, y actúa en consecuencia. Y luego tenemos a Isabel, sobrina del difunto Indefer Jones y prima del consabido Henry... Isabel sabe que hay otro testamento a su favor escondido en alguna parte de la finca, pero odia tanto a Henry, odia tanto la mera idea de obtener una sola libra gracias a él o a cualquier acto suyo, que prefiere renunciar a todo, cual mártir de la causa, antes que desvelar que sabe a ciencia cierta que hay otro testamento. Orgullosa, egoísta, tozuda y autoproclamada víctima, Isabel, por méritos propios, no cae mucho mejor que su primo.

Dicho todo esto resulta evidente que ninguno de los personajes principales logra que el lector empatice con ellos, pero eso no debe tomarse como algo malo; al contrario, a mí me ha parecido muy realista. La mente humana es muy complicada y los héroes y villanos absolutos no tienen cabida en esta historia. Ya sea, en el caso de Henry, por su cobardía y pusilanimidad, o en el caso de Isabel, porque va de mártir y se regodea en la sensación que eso le produce, lo cierto es que los dos podrían hacer las cosas muy diferentes y no las hacen, y el lector no puede evitar reprochárselo. Quizás (seguro) el personaje que mejor me ha caído es el abogado que se hace cargo del testamento, Apjohn, que tiene muy claro que hay otro posterior, que quiere encontrarlo porque está seguro de que será a favor de Isabel (y él quiere que Llanfeare sea de Isabel), así que se pone manos a la obra y actúa toda la novela en consecuencia como un terrier que no suelta su presa. Es el único personaje resolutivo y que actúa siempre con un fin (un fin que además es totalmente altruista, porque él no gana ni pierde nada en el asunto) y el lector se lo agradece en comparación con las actitudes de los otros dos (muy diferentes entre sí, en circunstancias muy diferentes también, pero ambas igualmente egoístas, vacilantes y timoratas).

Por cierto, que me ha resultado también muy llamativa la crítica nada velada que Trollope lanza contra los medios de comunicación y el poder que tienen para jugar con la vida de las personas sin miramientos ni remilgos. En la novela vemos como cierto periódico pone en circulación información no contrastada para apalear y hundir socialmente a un personaje. Que esa información sea verídica o no es lo de menos, lo importante es el uso que se hace de ese poder para manipular la opinión pública. Imaginaos lo que pensaría Trollope si tuviese una ventana desde la que observar una sociedad de la información como la nuestra, totalmente carente de escrúpulos, corrupta en algunos casos, amarillista en muchos, donde la información vuela en segundos a todo el planeta, sea cierta o no, manipulando las corrientes de opinión. Aporrearía la máquina de escribir hasta que se le cayesen los dedos.

El primo Henry es, en definitiva, un libro donde lo que importa, lo que se exprime y lo que se disecciona es la mente humana puesta a prueba ante una situación muy concreta y particular, y donde Trollope, que era un genio a la hora de otorgar individualidad y dimensionalidad a sus personajes, pone sobre la mesa la imperfección del género humano y todas sus carencias y flaquezas. Unas veces entiendes las dudas y decisiones que toman los personajes; otras veces te enfadas con ellos por la forma tan particular que tienen de afrontarlo todo. El premio final es una historia tan bien escrita, con unas personalidades tan bien definidas y diferenciadas, que cuando el lector se pregunte diez años después de qué iba el libro y lo que ocurría en él, se acordará sin ninguna duda.

De Anthony Trollope tengo otro par de libros más sin leer en la estantería (Ojo por ojoEl mundo en que vivimos). Dejaré pasar otra vez un tiempo antes de ponerme con uno de ellos... pero tampoco mucho :)



Anthony Trollope nació en Londres en 1815. Su infancia no fue de las más felices porque su padre, el abogado Thomas Trollope, tuvo durante mucho tiempo grandes problemas económicos y su madre, la escritora Frances Stapleton, en 1827 se fue a EE. UU. para unirse auna comunidad utópica y dejó a Anthony solo en Inglaterra. A su vuelta de América, Frances, más conocida como Fanny Trollope, publicó el libro Domestic Manners of the Americans, un fuerte ataque a las costumbres y a la sociedad americana, que se convirtió enseguida en un bestseller. A pesar del éxito del libro, la familia siguió en dificultades y tuvo que marcharse a Bélgica para huir de los acreedores. 

Trollope volvió a Gran Bretaña, donde encontró trabajo como funcionario de Correos y, durante sus largos viajes en tren como inspector postal, empezó a escribir sus primeras obras inspiradas en las cartas perdidas. La fama la alcanzó con la novela The Warden (1855), primera de las seis novelas situadas en el imaginario condado de Barsetshire. Después de una exitosa carrera en Correos y de intentar sin suerte la carrera política, se dedicó exclusivamente a la literatura: su producción consta de más de cincuenta obras, entre las cuales destacan las novelas «políticas» o llamadas el ciclo «de Palliser» en las que a su habitual humor asocia una crítica a la hipocresía y a la ausencia de auténticos valores morales en la sociedad victoriana. Murió en Londres en 1882 y fue enterrado en el Kensal Green Cemetery al lado de su contemporáneo Wilkie Collins.