jueves, 26 de mayo de 2022

RESEÑA (by MH) ::: DAISY MILLER - Henry James


 
Título original: Daisy Miller
Autor: Henry James
Editorial: Continental
Traducción: no consta en la edición
Páginas: 132
Fecha publicación original: 1878
Fecha esta edición: febrero 2014
Encuadernación: rústica
Precio: 6,76 euros
La señorita Annie P. Miller aparece en Vevey, Suiza, con su madre y su hermano. Su padre, opulento y tosco nuevo rico, quiere pulirla y europeizarla. Daisy, como es llamada, conoce a un refinado joven norteamericano llamado Winterbourne, que se interesa por ella, desconcertado por su desenfado y su coqueta falta de tacto. Se vuelven a ver en Roma y él trata de corregir la conducta de Daisy, sobre todo cuando comienza a coquetear públicamente con un italiano de poca clase llamado Giovanelli. Esto lleva a que la colonia norteamericana en Roma la condene al ostracismo. Daisy muere de unas fiebres contraídas en plena noche romana a solas con Giovanelli, y sus últimas palabras fueron un recado para Winterbourne: "Decidle que jamás me prometí a Giovanelli", como una invitación casi póstuma a largo noviazgo de ultratumba. Toda la tensión de amor y recelo entre Daisy y Winterbourne se debieron exclusivamente a un desajuste social.


Quería traeros al blog alguna obra corta de Henry James, que desde que os hablé hace ya tres años de Lo que Maisie sabía no había vuelto a acercarme al autor (en el blog, me refiero... leerlo sí lo he leído durante este tiempo). Hay mucho donde elegir, porque aunque James es reconocido sobre todo por sus novelas largas, es en sus nouvelles y relatos donde condensa en breves pero rotundas pinceladas todos los temas que definen su obra. Así pues, y tras algún que otro contratiempo, hoy por fin vengo a hablaros de Daisy Miller (contratiempo en forma de castigo por ser superficial con las ediciones. Compré una muy bonita pero me encontré una traducción que era todo lo contrario y que tuve que abandonar... era eso o tirar el libro por la ventana. La edición que traigo hoy necesita veinte correcciones, pero al menos se puede leer sin querer arrancarte los ojos y los personajes se hablan de una manera normal y adecuada para la época... que tampoco es que pida mucho, lo prometo).
 
La historia comienza en Vevey, un pequeño pueblo suizo situado a orillas del lago Lemán donde acuden de manera regular muchos turistas tanto europeos como norteamericanos. Allí pasa unos días el señor Winterbourne, norteamericano de nacimiento que hace muchos años que vive en Suiza, cuando conoce a Daisy Miller, jovencita norteamericana que está viajando por Europa junto a su madre y su hermano. Winterbourne se siente tan fascinado como desconcertado desde el primer momento ante la actitud de la señorita Miller, que lo trata desde el instante en que se conocen, sin tan siquiera saber su nombre, con una confianza muy mal vista por pagos europeos. Esta total ausencia de decoro y respeto por la rectitud moral recibe críticas de todo el mundo, y aunque Winterbourne la asocia al principio a la coquetería ingenua y típica de las muchachas norteamericanas, nunca termina de tenerlas todas consigo... ¿es realmente tan ingenua como él cree o solo una fresca a la que no conviene acercarse demasiado? Porque él está perdidamente enamorado, pero Daisy no se ajusta a lo que cabe esperar de una joven soltera que debe cuidar de su reputación.

Daisy Miller apareció por primera vez en The Cornhill Magazine, una revista literaria mensual que comenzó a publicarse en 1860 y que finalmente cerró sus puertas en 1975 (como curiosidad, nació para hacerle la competencia a All The Year Round, la revista de similares características que publicaba Charles Dickens, y para tal efecto ficharon como editor nada menos que a William Makepeace Thackeray, autor de La feria de las vanidades... y consiguió dicho éxito publicando novelas por entregas de autores como Elizabeth Gaskell, Wilkie Collins, Anthony Trollope, Thomas Hardy, el propio Henry James, etc...). El caso es que Daisy Miller vio la luz en esta revista en 1878, fue publicado como libro el año siguiente y, a día de hoy, sigue siendo una de sus obras más conocidas y aclamadas.

¿Qué ofrece Daisy Miller? Pues algunos de los temas que pulularon por toda la obra de su autor pero en una ración condensada en poco más de cien páginas... como esos frasquitos de perfume de muestra para llevar en el bolso: contienen el mismo producto que el frasco grande pero en un tamaño mucho más manejable. Y con esto os estoy diciendo que si leer a Henry James en sus novelas largas se os hace cuesta arriba, no dejéis de probar a leerlo en su narrativa corta, que hay mucho donde elegir, casi siempre se movía por cauces muy parecidos a sus obras más reconocidas y merecen muchísmo la pena. Y ya puestos a recomendar, como sé que la prosa densa de este autor no siempre entusiasma, os aconsejo su obra más temprana, donde ya era un maestro escribiendo pero su estilo era mucho más accesible. Daisy Miller pertenece a este último grupo; apenas ("apenas") había publicado tres libros antes de esta nouvelle y justo después publicó Washington Square (maravillosa, si me preguntáis a mí).

Bueno, al lío, que me disperso. ¿Cuáles son esos dos temas que imperan en Daisy Miller? Uno de ellos, invariablemente, es el de enfrentar las costumbres y sociedad europeas con las americanas. Winterbourne es norteamericano pero lleva muchos años viviendo en Europa, y su moral, su sentido del decoro y su idea de las buenas maneras en sociedad son las europeas: una jovencita no habla con otra persona si no ha sido presentada antes, no debe andar sola por ahí con hombres y por tanto tiene que ir siempre acompañada por alguien que otorgue respetabilidad a situaciones que pueden comprometer su reputación, debe ser prudente y no decir lo primero que se le pasa por la cabeza, no deben verla acompañada siempre por el mismo hombre y mucho menos pasearse de noche con él...  No os sorprenderá si os digo que todo esto y mucho más es lo que hace Daisy Miller desde el primer momento en que aparece en la novela. Winterbourne descarga todas sus dudas en el hecho de que ella sea americana y en que allí las etiquetas sociales son menos estrictas, pero lo cierto es que durante todo el libro vemos que Daisy es criticada por igual tanto por europeos como por norteamericanos que, en principio, si de verdad el problema fuese "la nacionalidad", la comprenderían o se identificarían con ella en lugar de atacarla. Así que sí, este tema está patente durante toda la historia, pero parece que los tiros van más en la otra dirección, ese segundo tema que os decía que introduce el autor.
¿Qué es lo que ha hecho?

Todo lo que aquí no se hace. Coquetear con el primero que encuentra, sentarse en los rincones con misteriosos italianos, bailar toda la noche con la misma pareja, recibir visitas a las once de la noche. Cuando llegan los visitantes su madre se retira.

Básicamente, damas y caballeros, lo que intenta dilucidar esta historia es la respetabilidad de Daisy Miller, su decoro, su decencia, su virtud y si es o no una desvergonzada, y Winterbourne navega todo el libro entre sus propias sensaciones (que tienden a otorgarle inocencia en todas sus acciones o como mucho a achacarlas a su falta de cultura y de buena educación) y las sensaciones de todos los demás (que tienden a condenarla como una perdida y una fresca). Daisy se sabe objeto de todas estas atenciones y discusiones, sabe que es la comidilla de la buena sociedad y que hasta los sirvientes se ríen desvergonzadamente cada vez que un hombre acude a visitarla, y se pasa todo por el arco del triunfo (Henry James se estará revolviendo en su tumba ante tamaña ordinariez). Actúa como cree conveniente, se comporta como estima oportuno y no recula ni un milímetro cuando un hombre intenta decirle lo que tiene que hacer y como debe comportarse. No puedo ir más allá, es una historia muy corta, pero la novela pone sobre la mesa más escenarios y temáticas de los que pueda parecer a primera vista.
Nunca he permitido a caballero alguno decirme lo que tengo que hacer, o interferir en algo que yo haga.
A título personal, la lectura de este libro ha tenido un aliciente extra: su ambientación, o su doble ambientación, en realidad. En la primera parte de la historia, y gracias a su ubicación en una localidad del Cantón de Vaud, los personajes visitan el castillo de Chillon, una maravilla de origen medieval a orillas del lago Lemán que tuve la oportunidad de visitar yo también hace unos años y que siempre recordaré porque estaba cayendo el diluvio universal y mientras todo el mundo se resguardaba donde podía yo fui casi nadando con tal de no quedarme sin verlo. Inspiración para multitud de escritores (Flaubert, lord Byron, Dumas...) merece que os acerquéis a él si pasáis por aquellos lares, y si accedéis desde el largo paseo costero que va desde Montreux hasta allí, os encontraréis también un monumento a Freddie Mercury (pasó en aquella zona parte de su vida). En fin, que me han hecho ilusión las escenas ambientadas en este castillo, nunca había leído nada situado en Chillon. La segunda parte de la historia está ambientada en Roma, de la que por razones obvias no hace falta que comente nada salvo que la adoro y que espero volver a pisar algún día (sería la tercera vez). Fin del kitkat turístico que no interesa a nadie pero que yo os endoso, que para eso es mi casa :)

En fin, ¿por qué recomiendo leer Daisy Miller? Os diría que porque es Henry James y eso ya es suficiente motivo, pero como soy consciente de la aversión que produce en ciertos lectores (que no comparto, huelga decirlo), tengo que ir más allá. Así que al hecho de ser un Henry James añadiría que también es un buen ejemplo de su narrativa corta en su primera etapa como escritor, y eso implica que tiene mucho de lo bueno que le hizo famoso pero sin el estilo un tanto barroco que muchos deploran. Es decir, que acomete temas interesantes como las diferencias entre la clase burguesa americana y la europea, el rol de la mujer en el último cuarto del siglo XIX, la rebeldía de la mujer joven y moderna ante las normas y restricciones sociales imperantes en la época (las New Women no tardarían en hacer su aparición en escena), las consecuencias y castigos impuestos por una sociedad que no estaba todavía preparada para esa reclamación de independencia y libertad, la carencia de inteligencia emocional a la hora de juzgar el carácter y comportamiento de otras personas, la ausencia de valentía a la hora de hacer primar las opiniones propias ante las ajenas por miedo a sufrir el rechazo de la buena sociedad... muchos caminos que transitar en pocas páginas y todos espléndidamente introducidos y pincelados por el autor de una manera tan sutil y sencilla como redonda, aguda e inteligente. A Daisy Miller no le sobra ni le falta nada, y si a día de hoy sigue siendo una de las obras más reconocidas y aclamadas de James, por encima incluso de algunas mucho más famosas, por algo será.
 

Henry James nació en Nueva York en 1843, en el seno de una rica y culta familia de origen irlandés. Recibió una educación ecléctica y cosmopolita, que se desarrolló en gran parte en Europa¬. En 1875, se estableció en Inglaterra, después de publicar en Estados Unidos sus primeros relatos. El conflicto entre la cultura europea y la norteamericana está en el centro de muchas de sus obras, desde sus primera novelas, Roderick Hudson (1875), Washington Square (1880) o El americano (1876-1877), hasta El Eco (1888) o La otra casa (1896) y la trilogía que culmina su carrera: Las alas de la paloma (1902), Los embajadores (1903) y La copa dorada (1904).

Maestro de la novela breve y el relato, algunos de sus logros más celebrados se cuentan entre este género: Los papeles de Aspern (1888), Otra vuelta de tuerca (1898), En la jaula (1898), Los periódicos (1903) o las narraciones reunidas en Lo más selecto. Fue asimismo un brillante crítico y teórico, como atestiguan los textos reunidos en La imaginación literaria.

Nacionalizado británico, murió en Londres en 1916.

lunes, 23 de mayo de 2022

RESEÑA (by MH) ::: ASESINATO EN MESOPOTAMIA - Agatha Christie


 

Título original: Murder in Mesopotamia
Autora: Agatha Christie
Editorial: RBA
Traducción: Ángel Soler Crespo
Páginas: 240
Fecha de publicación original: 1936
Fecha esta edición: 2010
Encuadernación: cartoné
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)



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En pleno desierto iraquí, en un campamento arqueológico situado junto al yacimiento de Tell Yarimjah, Mrs. Leidner da signos de una creciente manía persecutoria que le pro-voca aterradoras alucinaciones. Aunque nadie da mayor importancia a sus temores, ya que cree que pretenden asesinarla, su marido -el director de la excavación- contrata a una experta enfermera para que cuide de ella. El Dr. Leidner y su equipo sólo compren-den la gravedad del asunto cuando la mujer aparece muerta en su lecho con una horrible herida en la cabeza. En este nuevo caso de Agatha Christie, el detective Hércules Poirot se enfrentará a mis-terios que parecen ir más allá de sus posibilidades. La autora británica mezcla en esta ocasión lo razonable con lo sobrenatural para conducir al lector a un laberinto de sospe-chas, indicios y pistas que alejarán progresivamente la resolución del crimen. Poirot, que contará con la inestimable ayuda de la enfermera Leatheran, deberá aplicar con esmero sus particulares métodos de indagación para dar finalmente con el asesino.
 
Os dije que volvería prontito con otro Agatha Christie y aquí estoy... casi dos meses después. Desde hace tiempo me cuesta un mundo sentarme a escribir reseñas, no me lo tengáis en cuenta. Seguimos en el año 1936 pero nos vamos nada menos que a Mesopotamia. Cómo se va notando desde hace unos libros el cambio de vida que experimentó Agatha desde que en 1930 viajó sola por primera vez a Bagdad, comenzó a visitar zonas arqueológicas, a trabar amistad con los integrantes de las excavaciones y a convertir todo eso en parte de su propia vida durante varias décadas tras casarse con Max Mallowan, con quien viajaba frecuentemente al Medio Oriente. Ya introdujo a dos arqueólogos como personajes y se habló de excavaciones en Muerte en las nubes, y en este libro que hoy nos ocupa ya directamente ambienta su misterio entre los integrantes de una excavación arqueológica en Irak. 
 
La historia, tal como digo, nos lleva al desierto iraquí, donde se está llevando a cabo una expedición arqueológica al mando del doctor Leidner. Su esposa, que lo acompaña en la excavación, lleva un tiempo nerviosa, tiene miedo de algo o alguien que no nombra, ve cosas que los demás no ven... y en una localizacion tan pequeña como esa, en la que todos los miembros de la expedición viven en el mismo edificio y comparten todas las horas del día que no están destinadas al trabajo, resulta incómodo. Por ello el doctor Leidner busca la ayuda de Amy Leatheran, enfermera que queda libre de su trabajo en Bagdad justo en ese momento, y que llega a la expedición para cuidar de la señora Leidner. La enfermera Leatheran encuentra a su llegada un ambiente extraño, tenso, con unas dinámicas entre los miembros de la expedición un tanto raras... hasta que se comete un asesinato de estos que parecen de difícil resolución, a primera hora de la tarde en un lugar con un acceso muy limitado donde siempre hay gente pululando y donde parece imposible que alguien entre y salga sin que absolutamente nadie lo vea. Pero el caso es que el crimen se ha cometido y que hay que resolverlo, y para eso nada mejor que Hércules Poirot, que "casualmente" pasaba por Mesopotamia :)
 
Estamos nuevamente ante un caso de Poirot (y es ya el decimocuarto de su carrera... os recuerdo que, aunque miss Marple es muy famosa, realmente protagonizó muy poquitos libros si tenemos en cuenta la extensísima produccion de su creadora, y salvo una recopilación de relatos, entre su primer caso y el segundo pasaron doce años)... bueno, decía que estamos ante un nuevo caso de Poirot, y como la acción transcurre en Mesopotamia y su aparición está pillada con pinzas (la autora dice en la novela que es una casualidad y aparentemente no se molesta en inventarse una buena excusa... y la palabra clave es "aparentemente", porque era más lista que el hambre e hilaba muy fino. Os explico esto al final, porque de casualidad nada), en esta ocasión no hay Hastings que valga, así que se busca otro narrador que realice las funciones que habitualmente realiza Hastings: la elegida es una mujer, la enfermera Amy Leatheran.
 
La enfermera Leatheran funciona a la perfección como narradora tanto por su precisión en los detalles como por no guardarse ni una sola de sus opiniones sobre cada uno de los personajes que forman parte de esta historia, Poirot incluido (ya sabemos que el detective belga, de primeras, no impresiona a nadie). Además sabe expresar muy bien el ambiente que reina en esta excavación, donde se percibe tirantez, ansiedad, desasosiego y una sensación constante de que algo malo va a pasar (y pasa, claro... de otro modo no estaríamos hablando del libro xD). Me ha gustado también mucho lo bien y sencillo que explica cómo funcionaba una expedición arqueológica en aquella época, el rol que cumplía cada uno de sus componentes, a qué se dedicaban los acompañantes que no tenían una ocupación per sé en la dinámica diaria, la permanente presencia de ayudantes locales pululando por todas partes y la convivencia en un espacio no demasiado grande donde cruzarse con alguien a cada momento era una tónica habitual que hacía casi imposible guardar secretos o mantener una cierta privacidad. 
 
Rencores, desavenencias, resentimientos, enemistades, atracciones, afinidades, posibles romances, conflictos de personalidades... una comunidad pequeña pero muy heterogénea en la que caben todo tipo de sentimientos es caldo de cultivo para un asesinato imposible a priori pero que por razones obvias sí puede llevarse a cabo, y además pronto queda claro que la personalidad de la víctima, los secretos que escondía y el enrarecimiento que ambos factores impulsaba en las relaciones entre todas las personas que la rodeaban será clave para resolver el asesinato. Ya sabemos lo bien que se le dan a la Christie este tipo de situaciones, y llevárselo al desierto es una manera de rodear de más dificultades un asesinato que ya de por sí se plantea complicado... pero como dice Poirot en cierto momento, lo imposible es precisamente lo que investiga más a fondo.
 
Os decía antes que Agatha hilaba muy fino, y os cuento por qué. En la cronología de las novelas protagonizadas por Poirot, justo en este momento no tiene razón de ser que esté así por que así en Mesopotamia, y de hecho la propia Agatha lo justifica como una simple casualidad... pero en realidad no lo es tanto, y como quien no quiere la cosa lanza un detalle al vuelo durante la narración al decir como de pasada que Poirot acaba de resolver un asesinato a bordo de un tren... lo que temporalmente sitúa a Poirot en esta novela poco después de haber resuelto el crimen de Asesinato en el Orient Express, que evidentemente, dada la ruta del tren, le llevaba por aquellos lares asiáticos, y que fue publicado dos años antes. ¿Cómo apaña esto con el hecho de que entre Asesinato en el Orient Express y Asesinato en Mesopotamia se publicasen varios libros de Poirot  con el personaje ya tranquilamente de vuelta en Londres desde hace mucho tiempo? Pues cogiendo una narradora totalmente ajena al universo Poirot que cuenta su historia bastante tiempo después de que ocurriese a petición de otro de los personajes implicados. Así que todo queda ordenadito y mucho más argumentado de lo que nos quiere dar a entender Agatha en el propio libro... y para tonterías como esta, que a vosotros os darán igual pero que te hace feliz descubrir como lectora, se leen las bibliografías en orden. Ya lo he dicho muchas veces. Para esto, para acompañar la progresión de los personajes y para ser testigos de como la vida personal de Agatha se traslada a sus novelas, tanto cuando esa vida le iba bien como cuando le fue mal o como cuando sus nuevas experiencias vitales resultaban el marco perfecto para nuevas intrigas y asesinatos. Suerte que Poirot le salió muy viajero casi desde el principio... :)



Agatha Christie (1891-1976) es conocida en todo el mundo como la Dama del Crimen. Es la autora más publicada de todos los tiempos, tan solo superada por la Biblia y Shakespeare. Sus libros han vendido más de un billón de copias en inglés y otro billón largo en otros idiomas. Escribió un total de ochenta novelas de misterio y colecciones de relatos breves, diecinueve obras de teatro y seis novelas escritas con el pseudónimo de Mary Westmacott.

Probó suerte con la pluma mientras trabajaba en un hospital durante la primera guerra mundial, y debutó con El misterioso caso de Styles en 1920, cuyo protagonista es el legendario detective Hércules Poirot, que luego aparecería en treinta y tres libros más. Alcanzó la fama con El asesinato de Roger Ackroyd en 1926, y creó a la ingeniosa miss Marple en Muerte en la vicaría, publicado por primera vez en 1930.

lunes, 4 de abril de 2022

RESEÑA (by MH) ::: ENCENDER UNA HOGUERA - Jack London


 
Título original: To Build a Fire
Autor: Jack London
Editorial: Reino de Cordelia
Traducción: Susana Carral
Páginas: 88
Fecha de publicación original: 1901 / 1907
Fecha esta edición: abril 2018
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 17,95 euros
Ilustraciones de cubierta e interiores: Raúl Arias

Pocos relatos resumen con tanta perfección el mundo aventurero y salvaje de Jack London como Encender una hoguera En esta versión Raúl Arias transmite con sus ilustraciones la angustia y la soledad de los protagonistas, la ominosa presencia de lo salvaje o el egoísmo humano ante el acecho de la muerte

He estado mirando y solo os he hablado en una ocasión de Jack London. Fue en 2018 y lo hice con un libro que estoy segura muchos lectores han descubierto a partir de marzo de 2020 buscando lecturas relacionadas con virus, pandemias y apocalipsis. Os hablo de la La peste escarlata (os dejo enlazado el título), y os lo recomiendo muchísimo. El caso es que el año pasado quise volver a hablaros de este autor y leí Colmillo blanco para ese efecto, pero ya sabéis que llevo un año y medio raro en el blog y al final se quedó en el limbo (aprovecho, recomendadísimo también... eso sí, nada que ver con la peli de Disney, que forma parte de mi infancia pero no se parece en nada de nada a la novela. Me sorprendió mucho y para muy bien). El caso es que ya hoy sí vuelve London al blog, y lo hace con un relato que define muy bien tanto su experiencia vital como el modo en que luego la trasladó al papel: Encender una hoguera.

Nunca viajes solo. Esta es la consigna para quien quiera viajar por el norte (siendo aquí ese norte el de Canadá, sobre todo la famosa área del Yukón, fronteriza con Alaska, donde tuvo lugar la fiebre del oro de finales del siglo XIX). Los protagonistas de Encender una hoguera hacen caso omiso de esta frase que va más allá del consejo y grita mera supervivencia. Ellos supuran exceso de confianza y falta de sesera. Se consideran fuertes, jóvenes, totalmente capaces de luchar y sobreponerse a cualquier eventualidad que surja en el viaje. El frío es el frío y ya está, ¿no? ¿Cómo va a hacer tanto frío como para que mueras durante el camino? Pues sí... es lo que tiene la naturaleza salvaje combinada con una temperatura extrema: que el cuerpo es muy frágil y no está preparado para sobrevivir a ella, y cualquier error, una decisión equivocada, acaban con tu cadáver bajo un árbol esperando a ser encontrado cuando comience el deshielo... 
 
Habréis visto que os hablo de protagonistas, en plural, cuando en realidad os estoy diciendo que se adentran solos en este mar sin fin de nieve, hielo y frío... Pues es que esta edicion de Encender una hoguera en realidad contiene dos relatos del mismo nombre, así que os cuento un poco sobre ambos, aunque adelanto ya que están encuadrados en el contexto de la fiebre del oro y la necesidad de recorrer grandes distancias para acudir donde están los yacimientos o ciertos grupos de trabajo.
 
London publicó el relato inicial en 1901
en la revista Youth's Companion, y tal y como indica el nombre del magazine, iba dirigido a un público juvenil, por lo que es bastante más sencillo, menos intenso y menos dramático que el que vendría después, publicado en 1907, ya dirigido al público adulto y con una carga mucho más sobrecogedora, trágica y cruel de lo que puede ser enfrentarse a una temperatura de sesenta grados bajo cero en plena naturaleza salvaje y totalmente aislado de todo y todos. Esta última versión fue publicada en Century Magazine y está considerada como el mejor relato del autor. En esta edición se ha decidido por incluirlos en orden inverso, es decir, que primero leemos la versión de 1907 y después la versión original de 1901, pero yo voy a hablaros de ambos en el mismo orden en que fueron escritos y publicados, ya os explicaré abajo por qué (en cualquier caso son relatos de una duración bastante breve, con lo que intentaré desvelar lo menos posible).

La versón de 1901 nos presenta a un joven orgulloso que debe recorrer 50 kilómetros a pie bajo una temperatura de 50 grados bajo cero completamente en solitario... 50 grados que pronto se convierten en más de 60 grados negativos, pero él desoye todos los consejos: es fuerte, cree que domina los elementos, tanta protección y tanta tontería es cosa de señoritas, no de hombres hechos y derechos, y allá que se pone en marcha. Y todo va bien durante la primera mitad de recorrido hasta que se cruza con una nimiedad absoluta: caer en una de esas trampas que forman el agua, la nieve y el hielo y que te hace meter los pies en quince centímetros de agua helada... y unos pies mojados a sesenta grados bajo cero pueden suponer la muerte si no se hacen las cosas muy bien y muy rápido. Otra regla esencial: Viaja con los calcetines mojados hasta -30º C, más allá de eso, enciende una hoguera. Y aquí viene lo peliagudo, conseguir un fuego que suponga la diferencia entre la vida o la muerte sobre un lecho de nieve utilizando madera helada, con tanta ropa encima que no puedes mover los dedos y con una temperatura que si te quitas los guantes esos mismos dedos se te congelan en el acto. Cualquier error podría ser fatal, cada segundo cuenta... 

Y aquí me detengo; no penséis que os he dicho mucho, no lo he hecho. Además quería introduciros el porqué del título del relato, que solo tiene sentido si os cuento un poco de qué va la cosa. En todo caso, os recuerdo que esta es la versión que London escribió para un público juvenil. Ahora vamos con la versión adulta, escrita y publicada seis años después, con unos parámetros parecidos pero mucho más extensa en páginas, un personaje extra y una carga narrativa y argumental mucho más dramática. Pero antes de comenzar, os pongo una cita del inicio del relato, que explica mucho mejor que yo cómo es su protagonista:

Por todo eso -el camino como una línea delgada, largo y misterioso, la ausencia del sol en el cielo, el extraordinario frío y lo raro y extraño que la suma de todo ello resultaba- no afectó al hombre. No porque estuviese acostumbrado. Acababa de llegar a aquella región, era un chechaquo, y ese, su primer invierno en ella. Su problema era que no tenía imaginación. Era listo y despierto para todo lo cotidiano, pero solo en relación a las cosas y no a su significado. Cuarenta y cinco grados centígrados bajo cero eran muchos grados por debajo del punto de congelación. Ese hecho le indicaba que hacía frío y podia resultar desagradable, pero nada más. No lo llevaba a pensar en su fragilidad como individuo dependiente de la temperatura, ni en la fragilidad del hombre en general, capaz de vivir solo dentro de unos límites estrictos de frío y calor; y, a partir de ahí, tampoco lo llevaba al campo especulativo de la inmortalidad y el lugar que el hombre ocupa en el universo. A 45º C bajo cero la mordedura del frío podía hacer mucho daño y había que protegerse de ella usando manoplas, orejeras, mocasines abrigosos y calcetines gruesos. Para él, 45º C bajo cero eran exactamente 45º C bajo cero. Nunca se le ocurrió pensar que pudiesen significar algo más.

Por el fragmento que he compartido arriba podéis ver que estamos ante un hombre totalmente falto de experiencia tanto en la zona en la que está como con las temperaturas a las que se va a enfrentar. El frío es frío, nada más, en su cabeza no cabe la idea de que puede perecer congelado ante el más mínimo error en su trayecto. Cuando en la cita habla de chechaquo se refiere a que es un recién llegado a Alaska en general o a la zona del Yukón en particular, con lo que tiene todas las papeletas para pasarlo mal en el relato.

A partir de aquí os confieso que mi intención al
hablaros primero de la versión breve de 1901 ha sido la de hablaros muy poquito de la segunda versión, que es la que realmente nos interesa de esta edición, la que tiene realmente el reconocimiento y la que me gustaría que os sorprendiese si os decidís a leerla. Ya os he comentado que es una versión aumentada de la anterior (más larga, más intensa, más dramática, con más suspense y un punto de intriga que la versión inicial no tiene), pero además se suma un personaje que acompaña al hombre protagonista: un husky debilitado por el intenso frío (que como seguramente ya habréis adivinado, no es de 45º C bajo cero como cree el protagonista, sino que alcanza los 60º C bajo cero) que sigue al hombre porque sabe que donde hay un humano puede que haya fuego, y necesita entrar en calor como sea. Así que los dos, humano y animal, se enfrentarán a los peligros de decenas de centímetros de nieve y lo que se esconde bajo ella, que tanto puede ser una masa compacta como otras cosas mucho más peligrosas. Y todo bajo un frío extremo que no perdona un solo error.

Jack London, hijo ilegítimo, pobre, con una adolescencia problemática, varios trabajos de poca monta y un don para meterse en líos allá por donde pasaba, decidió viajar a Klondike en busca de fortuna. Corría el año 1897, tenía 21 años y cero recursos, y aunque su aventura como buscador de oro no dio demasiados resultados en el aspecto monetario, hizo de él el escritor que seguimos leyendo hoy en día. Sus novelas y sus artículos periodísticos beben de sus experiencias allí y de las experiencias de otros, de lo que vio allí y lo que sufrió allí, de las penurias de los demás. El Yukón no le dio pepitas de oro pero sí material para su obra literaria, y aquí seguimos, ciento veinte años después, leyéndolo con el alma partida en dos, porque por un lado estás leyendo ficción y maravillándote por la manera que tiene London de contarla, pero por otro sabes que no lo es, que ese era el pan de cada día en aquellas tierras, la crueldad de la vida que llevaban esclavizados por una fiebre de riquezas que muy pocos realmente conseguían... y que mucha gente no salió con vida de Klondike. Lo de London es pura literatura y ya esbozó lo que muchas décadas después se dio en llamar nuevo periodismo: contaba hechos reales como si fueran mera ficción, y por eso son un testimonio valioso e irremplazable de una época y un modo de vida.
 


Jack London (San Francisco, 1876 – Glen Ellen, 1916). Abandonado por su supuesto padre biológico, un astrólogo ambulante, y criado por su madre espiritista, tomó el apellido de su padre adoptivo, dejó temprano la escuela para huir de la pobreza y conocer el mundo.
 
De trabajador explotado en una fábrica de conservas, pasó a ladrón de ostras, de allí a enrolarse en un barco de pesca que llegó hasta Japón y, a su regreso, recorrió buena parte de su país como vagabundo.
Realizó los cuatro años de estudios secundarios en uno solo e ingresó en la universidad, pero pronto tuvo que abandonarla por falta de recursos. Se sumó a la fiebre del oro en Alaska, de donde regresó enfermo y con experiencias que alimentaron sus primeros relatos.
 
Socialista militante, Jack London estaba convencido, como Herbert Spencer, de la supremacía de los más aptos. «Voy a vivir cien años», anunció una vez, pero solo vivió cuarenta, en los que escribió medio centenar de libros, entre los que destacan La llamada de lo salvaje (1903), Lobo de mar (1904), Colmillo blanco (1906) y Martin Eden (1909), y llegó a ser el escritor norteamericano más exitoso de su tiempo. 

 

viernes, 1 de abril de 2022

RESEÑA (by MH) ::: EL MISTERIO DE LA GUÍA DE FERROCARRILES - Agatha Christie


 
 
Título original: The A. B. C. Murders
Autora: Agatha Christie
Editorial: Espasa
Traducción: José Mallorquí Figuerola
Páginas: 272
Fecha de publicación original: 1936
Fecha esta edición: octubre 2018
Encuadernación: rústica sin solapas
Precio: 14,90 euros



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Cuando Hércules Poirot recibe una carta en la que se le desafía a solucionar un crimen inminente, cree que se trata solo de una broma de mal gusto. Pero, aun así, su intuición le hace temer lo peor… Y no se equivoca: Alice Ascher, una estanquera de Andover, es asesinada el día anunciado. Después de ella, el misterioso asesino amenaza a una segunda víctima, esta vez en Bexhill. Y luego, una tercera, en Churston. 

Parece que las víctimas no guardan relación entre sí y que el diabólico criminal, que firma como ABC, las elige siguiendo un riguroso orden alfabético. El mejor detective de la historia está dispuesto a evitar que el misterioso asesino complete el abecedario…
El misterio de la guía de ferrocarriles fue mi última lectura del año pasado, y aquí estamos, en abril y sin reseñar. Si fuese cualquier otro libro ni me planteaba hablaros de él a estas alturas, pero siendo parte de mi reto lector de leer a Agatha Christie en orden de publicación no me queda otra (bueno, a ver, que nadie me obliga, pero ya me entendéis...) y además es de esas novelas realmente famosas de la autora porque introduce un elemento nuevo en su bibliografía, así que vamos a ello (aunque después de tres meses voy a tener que tirar mucho de memoria... no apunto nunca cuando leo, no aprendo).

Estamos en junio de 1935, y nuestro Hastings sale pitando una vez más de su rancho de Argentina para pasar una temporada en Londres con Poirot. Juntos, como no, tendrán que enfrentarse a un nuevo misterio: están siendo asesinadas distintas personas en distintas localidades y sin relación aparente entre ellas, salvo por el hecho de que en los escenarios de los crímenes aparece una guía de ferrocarriles abierta como seña de identidad del asesino. ¿Cómo se ven involucrados Poirot y Hastings en los hechos? Pues porque el criminal manda una carta a Poirot donde lo reta directamente a que descubra quién es y lo detenga. Firma como A.B.C. y rezuma mucha bravuconería...
Señor Hércules Poirot:

Usted se precia de esclarecer todos los misterios que son demasiado difíciles para nuestra estúpida brigada británica, ¿verdad? Pues veamos, inteligente señor Poirot, lo listo que es usted. Quizá esta nuez que voy a ofrecerle le resulte demasiado difícil de cascar. Preste atención el 21 de este mes en Andover. Suyo afectísimo,
A. B. C.

Lo primero que quizás habría que explicar es el título, de donde viene lo de la guía de ferrocarriles y de donde sale esa firma de A.B.C., porque para los lectores británicos tenía todo el sentido del mundo en su momento pero al traducirlo al castellano lo pierde. En el Reino Unido existía lo que se llamaba la A.B.C Rail Guide (Guía ferroviaria A.B.C), y era una de las muchas guías que comenzaron a publicarse mensualmente cuando la red ferroviaria comenzó a expandirse y a ser de uso habitual en el siglo XIX. Esta en concreto inició su publicación en 1853 y tuvo una andadura muy larga, porque no cerró la persiana hasta 2007. ¿Qué tenía de especial esta guía que la convirtió en favorita para el uso diario de los británicos? Pues que contenía los horarios de trenes ordenados de manera alfabética, mientras que las demás guías eran muy complicadas de consultar. De ahí su nombre, A.B.C., que usa el asesino en este libro para anunciar que va a cometer los asesinatos eligiendo las localizaciones de manera alfabética, y de ahí también el título original de libro, The A.B.C. Murders. Que diréis que para qué os cuento esto... pues porque soy una pesada y, dejando lo evidente a un lado, porque estas guías salen en muchas novelas clásicas británicas de la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX (junto con las guías de viaje turísticas de Baedeker y Murray), y aprovecho para contaros el dato por si os interesa.

Prosigo. No sé si ya habréis percibido cuál es ese elemento nuevo (nuevo al menos en la bibliografía de Agatha Christie) que hace de esta una novela muy famosa entre la obra de la autora: ya no tenemos un crimen privado sino que nos enfrentamos a un asesino en serie. Christie deja a un lado el asesinato con un círculo cerrado de sospechosos entre los que realizar la investigación y donde lo importante es la historia de la víctima, y nos topamos con un asesino que avisa desde el primer asesinato de sus intenciones, que también deja claro que es el primero de muchos y que se mueve por toda la geografía inglesa. Pasamos del crimen con motivos desde dentro al crimen frío e impersonal desde fuera. Nuestro asesino podría ser cualquiera, podría actuar en cualquier parte cuya letra inicial coincida con la letra que corresponda del abecedario en ese momento y ante estas circunstancias, lo normal es llegar siempre tarde y cuando el asesinato ya se ha cometido. Aun así para eso está Poirot, para preguntar, indagar en cada escena del crimen, usar sus células grises, descartar falsas pistas y encontrar hilos de conexión donde no parece haber nada de nada. El detective belga está convencido de que saben algo que no saben que saben y que resulta crucial para la resolución del caso, y en ello trabaja durante toda la investigación.
 
Si hablamos de peculiaridades de la novela, realmente hay otra más. Ya sabemos que cuando Hastings acompaña a Poirot, se convierte en narrador del caso cual Watson con su Sherlock, pero en este caso se cuelan de vez en cuando capítulos contados en tercera persona en los que se nos avisa de que son capítulos "aparte del relato de Hastings", y que él explica en un prólogo que se ha visto en la necesidad de introducir para dar a conocer al lector ciertos hechos en los que él no estuvo presente. Y esto hila con lo que os comenté el otro día en la reseña de Yasuhaka-Mura, porque Yokomizo no solo escribió para su novela una serie de asesinatos en serie sino que su narrador se ve obligador a introducir en la narracion hechos que conoció a posteriori (solo que él los implementa en su propia narración en lugar de separarlos, como hace Hastings en El misterio de la guía de ferrocarriles). ¿Casualidad? Lo dudo mucho... pongo la mano en el fuego a que Yokomizo había leído The A.B.C. Murders antes de escribir su novela (por muy diametralmente opuestas que luego sean en el tipo de historia que ofrecen).

¿Más cosas? Pues como pequeños detalles os puedo decir que me hizo mucha gracia ver a estos dos personajes preocupados por los evidentes efectos del paso del tiempo, y ya tenemos a nuestro Poirot tiñéndose el pelo más negro que el tizón. Sigue retirado y dedicado a cultivar calabacines (algo que descubrimos en El asesinato de Roger Ackroyd) pero está deseando que le lleguen casos de esos fantásticos e imposibles que le hagan interrumpir su retiro. Él solo usa las células grises si se le pone por delante un caso de esos que él llama "la flor y nata de los crímenes" y así pasa los días, a la espera de un crimen perfecto. Sabe que cuando Hastings aparece en la puerta de su casa hay muchas posibilidades de que comience la aventura, así que se atusa el bigotón de la impaciencia... y con razón, aunque la dinámica entre estos dos no cambia, y Hastings (hombre de acción, o eso cree él) se pasa (como siempre) toda la trama quejándose de que Poirot no hace nada aparte de pensar (todavía no parece darse cuenta de que a pesar de esas quejas, él es quien resuelve los casos, no los que piensan poco y se mueven mucho).

El misterio de la guía de ferrocarriles es de esos libros que quien lleve leyendo a Agatha Christie desde hace mucho tiempo ha tenido en sus manos en algún momento u otro, y además es de los que yo creo que recuerdas la identidad del asesino. Para mí eso es un plus, porque lees intentando descubrir las pistas de la autora e intentando también pillarla en agujeros negros argumentales. Lo recomiendo si se quiere leer algo diferente de su obra, y la verdad es que lo he vuelto a disfrutar un montón, no creo que haga falta decirlo. Sobre la investigación en sí, ya sabéis que intento decir siempre lo mínimo, así que no os voy a desvelar nada salvo que... bueno, no, va, que no os digo nada :)
 
Ya estoy leyendo Asesinato en Mesopotamia (donde volvemos a encontrarnos con Poirot pero sin Hastings), así que antes de que acabe abril volveré a traeros otra reseña del reto (¡o eso espero!).



Agatha Christie (1891-1976) es conocida en todo el mundo como la Dama del Crimen. Es la autora más publicada de todos los tiempos, tan solo superada por la Biblia y Shakespeare. Sus libros han vendido más de un billón de copias en inglés y otro billón largo en otros idiomas. Escribió un total de ochenta novelas de misterio y colecciones de relatos breves, diecinueve obras de teatro y seis novelas escritas con el pseudónimo de Mary Westmacott.

Probó suerte con la pluma mientras trabajaba en un hospital durante la primera guerra mundial, y debutó con El misterioso caso de Styles en 1920, cuyo protagonista es el legendario detective Hércules Poirot, que luego aparecería en treinta y tres libros más. Alcanzó la fama con El asesinato de Roger Ackroyd en 1926, y creó a la ingeniosa miss Marple en Muerte en la vicaría, publicado por primera vez en 1930.