lunes, 2 de octubre de 2017

RESEÑA (by MH) ::: LA MÁSCARA ROBADA - Wilkie Collins



Título original: Mr. Wray's Cash Box (or The Mask and the Mystery - A Christmas Sketch)
Autor: Wilkie Collins
Editorial: Funambulista
Traducción: Ruth María Rodríguez López y Gian Luca Luisi
Páginas: 166
Fecha de publicación original: 1851
Fecha esta edición: noviembre 2014
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 15 euros
Imagen de cubierta: Busto de William Shakespeare en la iglesia de Stratford-upon-Avon

Reuben Wray, actor retirado de los escenarios, es un fanático estudioso de las obras de Shakespeare que se gana la vida dando lecciones de oratoria. Al llegar con su familia a un nuevo hogar en Tidbury-on-the-Marsh, Reuben atrae la atención de algunos de los nuevos vecinos a causa de una caja de caudales que ven oculta bajo su capa. Los lugareños suponen que Wray y su familia son ricos, aunque la caja contenga solo la «máscara robada», réplica en yeso del busto de Shakespeare que se encuentra en la iglesia de Stratford-upon-Avon y que para su dueño vale más que cualquier tesoro en el mundo. El secreto que late tras la máscara abocará al viejo actor y a su familia a un desenlace totalmente inesperado durante la víspera de las Navidades. 
 
Alentado por el éxito de obras como Cuento de Navidad, de su amigo Charles Dickens, Collins, con su habitual ironía, decidió publicar La máscara robada, en diciembre de 1851, para regalar a sus lectores su particular y diferente cuento navideño, lleno de misterio e intriga.

"Un Dickens y un Wilkie al año, todos los años de tu vida". Este ha sido uno de mis mandamientos como lectora durante mucho, mucho tiempo, solamente roto durante algún que otro año (de los recientes sobre todo), en los que no me da la vida para más. Pero siempre, sea novelón, o sea nouvelle, sean relatos, o sea lo que sea, intento no faltar a mi cita. De Dickens, porque es Dios. Y punto. De Wilkie, porque no solo era amigo de Dios, sino que además era un gran novelista y fue pionero en géneros como el policíaco, que tantos adeptos suma hoy en día. Soy muy fan de Wilkie, siempre lo he sido. Tiene algo de morralla en su bibliografía porque su producción fue extensa y, perfecto, como digo, solo Dickens (sí, soy groupie total), pero es de esos autores que hasta lo más modesto lo hacía grande. Menudo par de elementos fueron estos dos, Charlie y Wilkie, cuantos claroscuros... es de esas amistades literarias irrepetibles que dan pie a imaginar mil cosas (al hilo de esto, muy recomendable La soledad de Charles Dickens, de Dan Simmons, ya que estamos).

Me voy por las ramas, lo sé. Sigo. Quizás esto es algo que solo saben aquellos que conocen la vida y obra de Dickens, pero fue él quien recuperó la celebración de la Navidad tal y como la conocemos hoy en día. Además, tenía por costumbre publicar un relato en esas fiestas, costumbre que siguieron otros autores ingleses y que nos lleva a La máscara robada, la novela corta que reseño hoy y que fue publicada en 1851... muy, muy al principio de la carrera como escritor de Collins, y año en el que, por cierto, conoció a Dickens. Esta historia, por tanto, fue un regalo de Wilkie para sus lectores con motivo de la Navidad, aunque lo cierto es que se nota a leguas que la Navidad es solo la excusa para publicar la novela. Vamos, no es el motivo de la historia, ni está ambientada en ella (no al menos en un 98%). Es, por poneros un ejemplo, como cuando te dicen que escribas un relato que contenga una palabra concreta, y tú escribes lo que te parece bien y ya te apañas para meter esa palabra en contexto como puedes. Pues eso es la Navidad en La máscara robada. Y le quedó rebonica. Listo que era mi Wilkie.

La historia gira en torno al monumento funerario de Shakespeare que, en forma de busto, hace siglos que ocupa su lugar en la Holy Trinity Church de Stratford-upon-Avon, donde fue bautizado y está enterrado. Podéis ver el busto en la portada de esta misma edición de Funambulista. Además, Collins nos cuenta que está basada en un suceso real, cosa que, a día de hoy, sigo sin poder verificar... que si lo dice él será verdad, pero yo para mí que intentó darnos gato por liebre :)

El caso es que tal y como dice la sinopsis, un mediocre y anciano actor de teatro, Reuben Wray, ama a Shakespeare y su obra más que a nada en el mundo, y un buen día decide hacer una réplica en escayola del rostro del busto del bardo. El hecho se descubre pero no al autor, así que cuando oye por casualidad que cuando pillen al responsable lo meterán en la cárcel de por vida, decide huir de Stratford-upon-Avon junto a su adorada hija, Annie, y un muchacho que los acompaña donde quiera que vayan, Julio César. Esa máscara es su posesión más preciada, lo que da sentido a su vida, y por eso la lleva metida en una caja de caudales. Pero claro, a ojos de gente mal pensada o, pongamos, a ojos de bandidos y maleantes... ¿qué otra cosa puede haber dentro de una caja de caudales sino dinero? Ay, la que se puede liar...

Esta historia contiene muchos de los ingredientes de las novelas que han hecho famoso a Wilkie Collins, solo que de manera muy condensada a causa de la escasa longitud. Collins era un experto en escribir muchas novelas de menor enjundia y aun así contar buenas historias y muy entretenidas. ¿De qué ingredientes hablamos entonces? Pues tenemos la intriga (no mucha, la justa y necesaria, una pizquilla, que no es un libro per se de misterio), tenemos una historia de amor (de fondo, nada predominante, con cierta dosis de humor y para nada empalagosa), un poco de sensation novel (Wilkie fue uno de los precursores de este género junto a Mary Elizabeth Braddon, y aquí no podía faltar... qué melodramática era la gente del XIX, oiga) y el inevitable toque de humor (de esto se encargan sobre todo dos personajes: Julio César, muy a su pesar, y Colebatch, muy a propósito y encantado de la vida de ser tan histriónico).

¿Pero qué es lo que llama sobre todo la atención en esta novela? La adoración sin paliativos por William Shakespeare y, sobre todo, por sus obras. Todo en la vida de Reuben Wray gira alrededor tanto de uno como de las otras. Cada suceso de la vida, cada cualidad inherente al ser humano, sus defectos, las virtudes... todo tiene su reflejo en una u otra obra de Shakespeare. Cada recuerdo que Wray atesora, cada honor que ha recibido en su vida, todo lo que alguna vez ha conocido, está asociado al bardo porque, tal y como dice en cierto momento nuestro protagonista: ¿Qué es Shakespeare sino un gran sol que brilla sobre la humanidad, lo mismo sobre grandes que pequeños?

Collins se toma su tiempo, y digamos que la mitad de las páginas las dedica a introducirnos en la historia y presentarnos a los personajes y sus idiosincrasias, y es en la otra mitad donde se mueve la trama y lo que da vidilla a la historia, pero la una sin la otra no son nada y cada una de las páginas merece mucho la pena. Y aviso, porque sé que hay gente que le molesta (Norah, no te miro): el narrador nos habla por aquí y por allá continuamente. Pero es un encanto, que conste, así que aunque alguien no sea partidario de estas cosas, que le dé una oportunidad. Justo arriba, en la foto, se ve un ejemplo clarísimo, pero dejo por aquí otro mucho más directo que ilustra perfectamente lo que digo:

Quizás a estas alturas estén cansados de estos tres personajes tan familiares y sencillos como son el señor y la señorita Wray y Julio César el carpintero. Además, sospecho firmemente que están realmente ansiosos de tener un pequeño estimulante literario proporcionado por la figura de un villano. Probarán este estímulo por una doble vía ya que tengo dos maleantes completamente preparados para ustedes en este capítulo.
En definitiva, quien admire a Shakespeare, debe leer La máscara robada. Quien sienta curiosidad sobre cómo funcionaban las bambalinas de un teatro en el XIX, se encontrará aquí un retrato nostálgico y yo diría que no tan ficticio desde el punto de vista del que no triunfa y se contenta con vivir entre ellas. Y para quien le guste Wilkie Collins, verá que en esta historia no falta nada de lo que ha hecho famosa su obra, aunque sea en pequeñas dosis. Quizás el motivo más peregrino para comenzar su lectura sea la pretendida aureola navideña, pero vamos, que quien la busque, también la encontrará.

Wilkie no engaña. Promete al principio una trama sencilla, escrita de forma llana y familiar, como si se la narrara a unos amigos. Y eso hace. Sin más. Y por eso esta historia es una delicatessen con pinta de obra menor pero que da gusto sentarse a leer. A ver si me da tiempo a leer otro Wilkie antes de que termine el año, y compenso el abandono del año pasado. Ay, de verdad, qué sacrificada es la vida del lector... xD.


Wilkie Collins nació en Londres en 1824. Muy joven entró como aprendiz en una empresa de comercio de té, que abandonó pronto para dedicarse a la literatura, campo en el que rápidamente alcanzó el éxito. Considerado uno de los padres de la narrativa policíaca, durante sus sesenta y cinco años de vida escribió casi treinta novelas y más de cincuenta relatos. Fue amigo íntimo de Charles Dickens desde que se conocieron en 1851, fecha en que comenzó una fructífera colaboración. Su novela de misterio La dama de blanco (1860) y la policíaca La piedra lunar (1868) están consideradas obras cumbres en sus respectivos géneros.

Aquejado de «gota reumatoide», se aficionó al consumo de láudano. Como resultado de esta adicción, experimentó durante toda su vida alucinaciones paranoides y declaraba que se encontraba constantemente acompañado de un doble suyo, invisible para todos los demás, que él apodaba el Fantasma Wilkie.


Collins nunca se casó, pero vivió, a temporadas, con la viuda Caroline Graves. Además, tuvo tres hijos con otra mujer, Martha Rudd. En 1870, volvió definitivamente con  Graves y, hasta su muerte, en 1889, complementó ambas relaciones.


De Wilkie Collins, en 2006, Editorial Funambulista ha publicado La reina de corazones, y, en 2011, Corazón y ciencia.

14 comentarios:

  1. Me encanta cuando os ponéis así en plan groupie total porque yo me siento al leer estas reseñas como una cría de primaria aprendiendo de una maestra de ésas que hacen que los niños aprendan solos, no sé si me entendéis. xD
    Yo no he leído nunca a este autor, me da vergüenza reconocerlo, y a Dickens sólo en versión original pero adaptada, o sea, poca cosa. Pero como siempre salgo de aquí hiperestimulada, pues igual algo me busco.
    Besos.

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  2. No he leído nada del autor, pero vamos que voy a tener que estrenarme con él...
    Besos

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  3. Uys, qué de tiempo sin leer nada de Wilkie Collins! Y esta obra no la conocía, así que apuntadita queda.
    Besotes!!!

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  4. De Wilkie Collins he leído La dama de blanco y La piedra lunar, y me gustaron muchísimo ambas. Esta novelita no la conocía, pero tal como nos la presentas la voy a tener muy en cuenta en mis futuras lecturas.
    ¡Un abrazo!

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  5. No he leído nada del autora y habrá que ponerle remedio. Me llevo anotada la recomendación.
    Un beso ;)

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  6. Ay...no sé, no sé... mira que hace años, cuando era más jovencita... intenté leerme La piedra lunar y no conseguí terminarlo, no me gustó... no sé si no era el momento para mí o qué... y la verdad es que le cogí "tirria" al autor (me pasa siempre, que si una obra no me gusta ya no leo nada más de él... qué se le va a hacer), no sé igual es hora de empezar a remediarlo...
    Tendré que pensarlo muy mucho, ;), y sobre todo porque me gustan vuestras reseñas...
    Un besazo

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  7. Yo estoy empeñada en querer leer La dama del lago pero no se presenta la ocasión. Este que traes hoy no pinta mal, pero a mí Shakespeare como que tampoco...y eso que soy de las que cuando desconfía dice "hum, algo huele a podrido en Dinamarca". Wilkie el tramposo y Dickens, vaya dos, ¿te imaginas que conversaciones tendrían? Lo que sí me llevo es el de Simmons.
    Ya te iré diciendo.
    Besos

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  8. Me encantan vuestras reseñas tan cercanas. No he leìdo a Collins, ¡¡lo confieso!! pero creo que, antes que este libro, me llaman otros del autor. Besos

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  9. ¡Me encanta Collins! lo que disfruto con estas historias, y es que hija, estoy de acuerdo contigo, la vida del lector es muy sacrificada, yo creo que voy a dejar de limpiar la cocina (bueno, la verdad es que ni he empezado) para releer alguna de sus obras...no me queda más remedio que vivir entre grasa y armarios pegajosos, pero la lectura es lo primero, jajajaja.

    Besitos Miss H!!

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  10. Me lo apunto sin dudarlo, gracias por la reseña y la recomendación.
    Un beso enorme. :)

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  11. A mi me también me gusta mucho este autor. Y esta novela es breve pero buena

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  12. He leído La dama de blanco y La piedra lunar y con ambas disfruté mucho.Esta me la llevo que no la conocía.
    Besos

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  13. Me encanta Collins y esta no la conocía. Me la apunto. Besinos.

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  14. Yo también soy fan de Collins desde hace muchos años pero lo tengo bastante abandonado. Tomo nota de este título pese a que Shakespeare no me va nada.

    Por cierto, magnífica reseña.

    Besotes.

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