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lunes, 26 de febrero de 2024

RESEÑA (by MH) ::: MARIE-CLAIRE - Marguerite Audoux


 
Título original: Marie-Claire
Autora: Marguerite Audoux
Editorial: Funambulista
Traducción: Max Lacruz
Páginas: 184
Fecha publicación original: 1910
Fecha esta edición: noviembre 2022
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 17 euros
Imagen de cubierta: La lección (Norbert Goeneutte, 1876)

 
Con una prosa muy directa, que llega al fondo del alma, esta novela autobiográfica, que ganó el prestigioso Premio Femina en 1910 (vendió cien mil ejemplares en múltiples reediciones) y que con mucha probabilidad dio el nombre a la famosa revista de moda Marie Claire, narra la historia de la infancia y de la adolescencia de la autora, desde el fallecimiento de la madre y los años difíciles en el orfanato de Bourges, en Francia, bajo el cuidado de la bondadosa hermana Marie-Aimée, hasta cuando, todavía pequeña, fue mandada, para ser pastora, a una granja en Sologne, donde conocerá al joven Henri... El escritor y crítico de arte Octave Mirbeau escribió en el prefacio de la primera edición: «Lean Marie-Claire... Y, cuando lo hayan leído, sin querer herir los sentimientos de nadie, se preguntarán cuál de nuestros escritores ―y hablo de los más afamados― sería capaz de escribir un libro así, con tal impecable mesura, y una pureza y grandeza tan radiantes».


No sé si os ha pasado alguna vez que compartís tanto el gusto literario con otra persona que en un intercambio de regalos tú regalas un libro y esa persona te regala a ti ese mismo libro, y a las dos os da la risa porque, en fin, ni a propósito. Pues eso me pasó hace dos navidades con una amiga. Nos regalamos
Marie-Claire, un libro que ansiaba tener desde que salió y que si ya no tenía cuando me lo regalaron fue porque en el mes de diciembre suelo comprar mucho para los demás pero nada para mí (si algún día soy millonaria quizás cambie la proporción, pero lo veo crudo xD). El caso es que el año pasado por diversas circunstancias no le saqué tiempo pero de este año no pasaba, y la premisa del segundo mes de La vuelta al mundo en doce días (autor francés y/o libro ambientado en Francia), de mi querida Undine, me lo ha puesto muy fácil. Pero antes de hablaros de la novela debo hacer alusión al prólogo de Octave Mirbeau (cosas de la vida, es el autor que podéis conocer desde la semana pasada en el blog de Undine), porque explica maravillosamente bien quién fue Marguerite Audoux, por qué este libro vio la luz y cómo llegó a convertirse en todo un éxito de ventas. Que puede parecer algo normal, pero no; os daréis cuenta de que no lo es si os hablo un poco de la historia de la autora.

 
Marguerite Audoux quedó huérfana de madre a los tres años, su padre se desentendió tanto de ella como de su hermana, vivieron durante un tiempo con su tía pero finalmente acabaron en el orfanato de Bourges, regentado por las hermanas de Marie-Immaculée, donde Marguerite perdió todo contacto con su hermana (que fue enviada con las niñas más mayores) y terminó pasando nueve años de su vida. Posteriormente fue enviada a trabajar a una granja, donde pastoreaba a las ovejas y hacía labores de criada. Allí pasó también varios años hasta que, ya con diecinueve años, se marchó a París, donde trabajó como costurera. Todo esto que os acabo de contar aquí es lo que se narra en Marie-Claire. Pero de esto os hablaré dentro de un momento. Primero vuelvo a lo que os decía en el primer párrafo: el prólogo de Octave Mirbeau y cómo llegó este libro a ser escrito y publicado.
 
Marguerite desarrolló su gusto por la lectura cuando vivía en la granja, pero en ningún momento se le pasó por la cabeza dedicarse a la literatura (¿cómo se le iba a pasar? Solo era una huérfana que intentaba ganarse la vida como podía). Como digo arriba, cuando llegó a París se dedicó a la costura, pero en cierto momento se quedó sin medios para ganarse la vida: siempre había tenido problemas de visión, pero estos se acrecentaron al pasarse tantos años forzando los ojos y un médico le dijo que o dejaba de coser, o se quedaba ciega. Curiosamente fue entonces cuando decidió ponerse a escribir, y digo curiosamente no solo por el hecho de sentarse y hacer algo tan difícil como escribir un libro sin ningún tipo de formación o bagaje anteriores relacionados con la literatura, sino porque teniendo problemas de visión no parece la decisión más coherente, ¿no? El caso es que así fue, y de ahí surgió Marie-Claire, obra que jamás nació con la perspectiva de ser publicada. 
 
Pero las cosas en la vida vienen como vienen y dio la casualidad de que, por determinadas circunstancias, Marguerite había entrado en contacto con un grupo de artistas franceses entre los que se encontraba Francis Jourdain (pintor, diseñador de muebles, ceramista...), que quedó fascinado con la novela sin pretensiones que le enseño su amiga y se la pasó a Octave Mirbeau, escritor y crítico literario y de arte (entre otras cosas) que compartió el entusiasmo de Jourdain, hasta el punto de conseguir que la editorial Fasquelle publicase la novela con prólogo suyo. Aunque esto a nuestros ojos del siglo XXI puede no parecer gran cosa porque no estamos demasiado familiarizados con Mirbeau, os aseguro que lo fue: Mirbeau detentaba un enorme prestigio en su campo y fue él quien le abrió las puertas al mundo editorial. De hecho, está considerado su descubridor, y Marguerite, a los 46 años y con su primera  novela, pasó de no tener que llevarse a la boca para comer a ser una autora superventas.
Marie-Claire se reeditó en múltiples ocasiones, vendió unos cien mil ejemplares y con ella ganó la séptima edición del Prix Fémina, premio literario con un jurado exclusivamente femenino que nació en contraposición al Goncourt, que solo premiaba a hombres (aclaro que no es un premio dirigido en exclusiva a mujeres escritoras; desde el principio se han galardonado tanto a hombres como a mujeres... simplemente permitía premiar también a mujeres, algo que el Goncourt no hacía).

Diréis que por qué os cuento todo esto, pero es que la historia personal de la autora va íntimamente ligada a la escritura de esta novela, lo que cuenta y la propia intrahistoria que hizo posible que viese la luz y no se quedase en un cajón, como ha pasado y seguirá pasando con tantos manuscritos y borradores que no encuentran su camino hacia la publicación. Pero una vez presentada Marguerite, ahora sí que sí, ¿qué encontramos en Marie-Claire? Como digo arriba, es una autobiografía novelada, así que Marguerite se transforma en Marie-Claire y nos cuenta, en primera persona, todo lo que ocurre en su vida desde que muere su madre cuando ella tiene tres años hasta que se sube a un tren con destino a París dieciséis años después, todo ello ambientado en Francia en la segunda mitad del siglo XIX. La novela en sí misma está dividida en tres partes. Os cuento sin entrar en muchos detalles, aunque realmente, al ser autobiográfica, son hechos constatados y conocidos de la vida de la autora.
 
En la primera vemos como Marie-Claire y su hermana, abandonadas por su padre, acaban en un orfanato regentado por monjas. Allí son separadas y no vuelven a saber la una de la otra durante muchos muchos años, y tampoco parece que les importe, porque Marie-Claire ni vuelve a acordarse de ella ni a nombrarla (salvo en cierto momento hacia el final del libro). Realmente su vida son las amigas que hace en el orfanato, la vida de muchas otras huérfanas que por circunstancias lo tienen muy complicado para abandonar el orfanato, su día a día allí, lo que ve, lo que observa, las rutinas, las peripecias y ocurrencias propias de una niña... todo narrado con una voz que aunque suena infantil por el modo en que muchas veces no es capaz de comprender lo que observa y narra, es muy adulta por el modo en que una niña debe crecer a marchas forzadas si no quiere que el sistema la devore. Y en esta mirada de niña inocente pero que aprende día a día a vivir en un mundo que le ha sido impuesto, recibe lo más parecido al amor de una madre por parte de una de las monjas, la más joven de ellas, Marie-Aimée, a quien Marie-Claire jamás olvida. Que nadie piense en dramas durante esta etapa de su vida, que duró nueve años. No era un orfanato severo, ni se maltrataba a las niñas ni fue una época que ella quisiera dejar atrás; sí se vio envuelta en rencillas de mayores de las que ella pagó un pato que no le correspondía, pero la voz de Marie-Claire es soñadora, inteligente, observadora, cariñosa y en ocasiones con la cabeza llena de pájaros, tal como corresponde a su edad. 

Marie-Claire abandona el orfanato para entrar a trabajar en una granja (la segunda parte de la novela), donde le encargan pastorear las ovejas (que se le da bastante mal, todo sea dicho) y donde encuentra una familia que la acoge desde el principio como a un miembro más y que la trata siempre con cariño y respeto. A partir de aquí ya no os voy a decir nada más, porque la Marie-Claire de estas páginas se convierte en una adolescente, tiene que ganarse la vida, comienza a relacionarse con muchas personas, a tener vivencias más adultas, a ver el mundo desde fuera en lugar de verlo desde dentro como hasta ese momento, y las vertientes por las que transcurre la historia ya deben quedar ignotas a la espera de que os acerquéis al libro. Sí os digo que es en esta etapa en la que descubre algunos libros en la granja que devora a escondidas en cuanto tiene un rato o puede escaquearse de sus labores diarias, y que es aquí donde nace su amor por la literatura, ese amor que luego le llevó a escribir este mismo libro. La tercera parte ni os la desgloso porque depende por entero de cosas que ocurren durante su estancia en la granja.

¿Dónde está la magia del libro, su gran virtud? En la propia narración y la mirada de la autora. Tal y como digo, está narrado en primera persona, y lo primero que destaca es la sencillez y pulcritud con la que está escrito. Que nadie confunda esto con simpleza, que los límites a veces son difusos y llevan a equívocos. Más bien al contrario, la sencillez de Marie-Claire desborda inteligencia, elegancia, sensibilidad, honestidad y un saber describir, narrar y dar vida con palabras a hechos del pasado con la mente muy abierta, límpida y valiente. Sus palabras encierran mucha verdad sobre todos los hechos, circunstancias y personas que hicieron de ella la persona que varias décadas después se sentó ante un papel en blanco con la intención de dimensionarlas y darles su lugar en sus memorias. No tiene una palabra mala para nadie, ni siquiera para quienes le hicieron daño. Es tan sutil en el dolor como radiante en la dicha. Es la historia de una persona que lo miraba todo con ojos esperanzados a quien la vida le pintó bastos desde el principio y con ellos se hizo fuerte y miró siempre hacia adelante. No lo vais a leer pensando que es una obra maestra de la literatura, pero la prosa destila tanta naturalidad y encanto que sí lo vais a acabar pensando que la historia de Marie-Claire (la de Marguerite) no podía ser contada de otra manera.

Existe una segunda parte, L’Atelier de Marie-Claire, publicado diez años después de esta primera novela, que habla sobre el taller de costura en el que se ganaba la vida en París. Creo que hay una traducción al castellano publicada en 1930 (yo no la voy a buscar, prefiero esperar y cruzar los dedos para que Funambulista se decida a publicarla con una NUEVA traducción). Y aún escribió dos novelas más, pero su libro estrella fue siempre Marie-Claire. En la cubierta se dice que esta novela dio nombre a la revista femenina Marie-Claire (la contracubierta es más comedida y matiza con un probablemente xD). No tengo ni idea de si esto es cierto, no he encontrado nada al respecto, pero os lo dejo aquí por si os gustan estos detalles curiosos.



Marguerite Audoux nació en Sancoins, en 1863. Su infancia estuvo marcada por la pérdida de la madre, cuando solo tenía tres años, y por el sucesivo abandono del padre. Tras haber vivido durante nueve años en un orfanato y posteriormente en una granja, en la que ejercía la labor de pastora, se mudó finalmente a París, donde encontró trabajo como costurera y en la lavandería del hospital Laennec. Su vida cambió radicalmente cuando conoció a Jules Lehl, verdadero nombre del escritor Michel Yell, quien, después de descubrir que Yvonne, la sobrina de Marguerite, de la que estaba enamorado, se prostituía, fue a hablar con su tía. Entre ellos se estableció una fuerte relación de amistad y el joven la introdujo en el círculo de intelectuales y artistas que constituían la llamada «Bande de Carnetin». Cuando Yell se enteró de que Marguerite (quien, mientras tanto, había abierto su propio taller de costura) había escrito una novela sobre su vida, propuso el manuscrito al famoso escritor Octave Mirbeau, quien, tras leerlo, recomendó enseguida la publicación a sus editores. El libro, titulado Marie-Claire, vendió más de cien mil ejemplares y recibió el Premio Femina en 1910. Marguerite siguió escribiendo y publicó la segunda parte del libro, El taller de Marie-Claire, además de otras dos novelas y una colección de cuentos. Murió en Saint-Raphaël en 1937.

miércoles, 28 de julio de 2021

RESEÑA (by MH) ::: LA LEYENDA DE UNA CASA SOLARIEGA - Selma Lagerlöf


 
Título original: En Herrgårdssägen
Autora: Selma Lagerlöf
Editorial: Funambulista
Traducción: Elda García-Posada
Posfacio: Elda García-Posada
Páginas: 200
Fecha publicación original: 1899
Fecha esta edición: febrero 2012
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 21 euros
Ilustración de cubierta: Viulunsoittaja (Pekka Halonen, 1901)

En La leyenda de una casa solariega, la Premio Nobel sueca Selma Lagerlöf cuenta la historia del estudiante Gunnar Hede, quien, hechizado por la música de su violín y a punto de perder su mansión campestre en Dalecarlia, cae en la locura. La joven Ingrid Berg, rescatada por él de la tumba, aceptará la difícil tarea de curar a Gunnar con su amor inquebrantable y sacrificado. La novela —a la manera de cuento de hadas psicológico— plantea con extraordinaria intensidad el tema de la lucha entre el bien y el mal, sin dejar de ser un estudio de las relaciones personales y de la aceptación de la alteridad y de la diferencia, al tiempo que es una variante de «la Bella y Bestia», en la que la atmósfera de fábula se fusiona perfectamente con elementos terrenales y con el retrato humano de los personajes. 
 
Selma Lagerlöf, mundialmente famosa por su El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia, muestra un gran conocimiento de la psicología humana en esta novela en la que tanta importancia revisten los temas de la música y el amor, junto con notables pinturas del paisaje y motivos sobrenaturales que el genio de Lagerlöf consigue integrar orgánicamente en la narración. Esta historia es una de las obras más redondas, dramáticas y de mayor calidad estética de la más grande autora sueca de todos los tiempos.

Cuando Undine, mi compañera de aventuras en el proyecto de Reseñas Cruzadas, me propuso leer a Selma Lagerlöf, la primera mujer premiada con el Nobel de Literatura, le dije que sí sin dudarlo. Había escogido como lectura La leyenda de una casa solariega, publicada diez años antes de ganar el mencionado galardón, pero me hubiese dado igual su elección porque, para mi vergüenza, mi desconocimiento sobre esta autora era absoluto. Así que como mi intención era leerla y conocerla fuese cual fuese la lectura, me hice con el libro propuesto y, sin tan siquiera leer la sinopsis, me adentré en sus páginas. No tenía ni idea de lo que me iba a encontrar y he cerrado el libro buscando todo lo publicado en castellano de Lagerlöf que, aunque no es mucho, sí resulta suficiente para seguir disfrutando de su particular forma de contar las cosas. Me ha parecido una lectura muy especial, contada bonita y con una sencillez cautivadora, y os lo adelanto desde ya porque no sé si sabré transmitir lo personal que es este libro en la (espero) breve opinión que comparto con vosotros.
 
Ya os digo que yo no sabía nada sobre el libro y lo que he encontrado me ha sorprendido y seducido a partes iguales, así que dudo sobre cuanto contar aquí y cuanto dejar que descubráis si os decidís a abrir sus páginas. Que mis sinopsis suelen ser esbozos de los arranques de los libros y poco más, pero por si acaso... Os puedo hablar de Gunnar Hede, un estudiante cuyas únicas pasiones son su hogar familiar (una casa solariega llamada Munkhyttan) y su violín. Convencido de que la fortuna de su familia va viento en popa, estudia más bien poco y se dedica a tocar su violín a todas horas. Pero no, esa fortuna ya no es lo que era, Munkhyttan corre peligro y Hede decide dedicarse en cuerpo y alma a trabajar para mantener la propiedad, perdiéndose él mismo en el intento. La otra protagonista de la historia es Ingrid, a la que conocemos cuando apenas tiene trece años y su camino se cruza con el del joven estudiante Hede, quedando sus destinos entrelazados para siempre... aunque esos destinos jueguen con ellos y no les pongan las cosas nada fáciles.
 
Como digo al principio, mi desconocimiento sobre Selma Lagerlöf era hasta ahora absoluto, así que el posfacio que incluye la edición a cargo de la propia traductora para mí ha sido muy revelador y de gran ayuda para entender una de las bases de la historia: el amor incondicional que siente el protagonista por su hogar natal y su lucha por mantenerlo como propiedad de su familia. Y es que sí, en ese aspecto la novela tiene tintes autobiográficos muy marcados. La propia Selma luchó durante años para recuperar
Mårbacka, la casa en la que nació y que su familia perdió tras la muerte del cabeza de familia. Cuando publicó La leyenda de una casa solariega este proyecto era solo un sueño, tuvo que trabajar durante muchos años y afianzarse como escritora para ganar el dinero suficiente para volver a comprar la casa, pero no deja de resultar conmovedor lo vívido que resulta ese anhelo durante la narración, ese amar un lugar hasta el punto de sacrificarlo todo por conservarlo, y saber que estaba proyectando en esas palabras su propia realidad y sus propios sentimientos... Y no solo compró la casa y la reconstruyó, sino que con el tiempo acabó adquiriendo las tierras y bosque que pertenecían a la granja, se hizo empresaria y se dedicó a la agricultura, llegando a tener a cincuenta empleados a su cargo. Y eso, que puede parecer algo normal, no lo es en absoluto. Selma era una mujer soltera a finales del siglo XIX-principios del XX, una maestra rural que estaba comenzando a ser reconocida como escritora, y cuando pudo recuperar la casa (en 1907) ni siquiera había ganado todavía el premio Nobel (lo ganó en 1909 tras cinco candidaturas bloqueadas por los miembos de la academia sueca que se negaban a darle el Nobel a una mujer). Lo consiguió, completamente sola, a base de mucho esfuerzo y trabajo duro, y creo que además da buena muestra de su carácter y férrea fuerza de voluntad.

Y vosotros diréis "que ya, que sí... ¿pero qué nos cuentas del libro?". Pues es que estoy convencida de que cuanto menos sepáis, mejor. Sí os puedo decir que Selma Lagerlöf nos cuenta la historia de Gunnar Hede, de Ingrid y de Munkhyttan como un cuento, una fábula en la que sobre todo se nos enseña a aceptar y amar lo que es diferente, en la que se nos obliga a abrir a los ojos e intentar ver más allá de las apariencias y en la que el amor funciona como protector y salvador cuando todo lo demás se demuestra vano o estéril. No hablo de amor grandilocuente ni de grandes gestas, sino de un sentimiento sencillo y honesto que, en su humildad, puede vencer a esos titanes sombríos que nos tragan a veces. Y es que el miedo es una parte esencial de la historia, una losa tan enorme que sumerge entre las sombras todo aquello que toca, no dejando más opciones que la batalla para recuperar la luz o el abandono infinito a esa oscuridad. En contraposición encontramos la belleza de la naturaleza y la música, esa música que el protagonista lleva en la sangre y que ejerce como metáfora de sí mismo, canalizando sus emociones ya sea de un modo represivo o comunicativo; el violín como expresión del alma de Hede completa un círculo en esta historia, y el lector debe escucharlo siempre atentamente para saber acompañarlo en cada momento de su peregrinación. Y es que el fin último de todo es la necesidad de dejar de huir, de tener un sitio al que llamar hogar, encontrar la paz interior y sentirse a gusto con uno mismo.
 
¿Qué más tenemos? Pues lo que no os quiero contar :) En todo caso debéis tener claro que esta fábula se mueve entre la realidad y la fantasía, y que ambas transitan cogidas de la mano durante toda la narración. La sensación de cuento acompaña al lector durante toda la historia, y la forma de contarla de Selma Lagerlöf lo es todo en esta novela. Delicada, tierna, sensible, empática... sorprende la sencillez con la que avanzan las páginas y, sin embargo, la profundidad que consigue tanto en la creación de sus personajes como en el modo en que se relacionan entre ellos. Selma Lagerlöf desprende cariño y ternura por sus protagonistas, y aun así no deja que eso se interponga a la hora de contarnos lo que nos quiere contar que, aunque no lo parezca por todo lo que os he dicho, no es bonito ni de color de rosa. Y así, entre música, paisajes, fantasía, elementos sobrenaturales y sueños, se esconde algo tan terrenal y tan realista como es el ser humano, ya sea desdichado o feliz, ya sea recibiendo amor o dándolo, ya sea perdido o con un propósito en la vida. O todo al mismo tiempo.
 
La leyenda de una casa solariega ha sido una lectura tan triste a veces por lo que cuenta como preciosa otras veces por los rayos de luz y esperanza que desprende, que me ha descubierto a una autora a la que continuaré leyendo sin lugar a dudas. ¿Por qué no se habla más de Selma Lagerlöf, que hizo historia en la literatura hace 112 años? Por mi parte intentaré ponerle remedio, tened por seguro que no será la última vez que la veáis en Netherfield.

He dicho que iba a intentar ser breve y estoy decidida a cumplirlo por una vez, pero antes de terminar sí que quería comentaros que, aunque os he hablado mucho de Mårbacka, la casa natal de la autora, no os he dicho que actualmente es su casa-museo, abierta para visitas durante diversos periodos del año. Como ya comenté una vez cuando os hablaba de Salem y la casa de los siete tejados, me erijo en guía turística en tiempos de pandemia y comparto con vosotros la página web de la casa por si tenéis curiosidad y os acercáis por Suecia (enlace aquí). Selma dejó estipulado que el lugar se conservara tal y como estaba cuando ella murió, y yo tengo claro que si alguna vez voy por allí, la parada es obligatoria. 
 
Reseña en casa de Undine -> aquí


Selma Lagerlöf nace el 20 de noviembre de 1858 en Mårbacka, la casa solariega, sita en la provincia sueca de Värmland, que dominará toda su vida y su obra. Con veintitrés años marcha a Estocolmo para estudiar magisterio. Diez años más tarde, mientras se encuentra ejerciendo la enseñanza en Landskrona, publica su primera obra, La saga de Gösta Berling, que tiene una excelente acogida entre el público. Por entonces la familia se ha visto obligada ya, dada su mala situación financiera, a vender Mårbacka. Sin embargo, Selma Lagerlöf a partir de entonces no deja de cosechar éxitos con su fructífera carrera literaria. Entre otras obras, la archiconocida El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia, que escribe en 1906 como libro de geografía para escolares por encargo del Gobierno sueco, la consagra definitivamente como la autora sueca más leída dentro y fuera de su país. Ello le permite retornar a Värmland y recomprar su adorada casa natal, que ampliará y reformará cuando en 1909 reciba el premio Nobel de literatura, siendo a la vez la primera mujer y el primer autor sueco en recibir tal galardón. Durante el resto de su vida, compaginará su faceta de prolífica escritora con las de terrateniente, empresaria y activista política. Muere en Mårbacka el 16 de marzo de 1940, a los 81 años de edad, dejando un abundante legado literario que —integrado por obras que han sido traducidas a múltiples idiomas y llevadas al cine— sigue encumbrándola como uno de los grandes nombres de la literatura universal.

miércoles, 4 de marzo de 2020

RESEÑA (by MH) ::: CUATRO DAMAS DEL MISTERIO - Louisa M. Alcott, Vernon Lee, Amelia B. Edwards, Margaret Oliphant




Título original: Lost in a Pyramid; or The Mummy's Curse / Dionea / How The Third Floor Knew The Potteries / The Library Window
Autoras: Louisa May Alcott, Vernon Lee, Amelia B. Edwards, Margaret Oliphant
Editorial: Funambulista
Traducción: Goran Gallarza, Marina Alonso, Javier Ruiz, Francisco G. González
Páginas: 192
Fecha publicación original: 1869 / 1890 / 1863 / 1896
Fecha esta edición: noviembre 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16,30 euros
Imágenes de cubierta: The Love Letter (Samuel Luke Fildes, 1843-1927)

La maldición de unas semillas encontradas en una pirámide egipcia, los diabólicos acontecimientos que tienen lugar en una alfarería británica, la fantasmal presencia detrás de la ventana de una biblioteca y la extraordinaria aparición de una niña en una noche de tormenta en un pueblo costero italiano son los temas principales de los cuatro cuentos recogidos en este libro.
Son todas ellas historias que envuelven en inquietantes atmósferas llenas de misterio y suspense, escritas por cuatro autoras en lengua inglesa —la americana Louisa May Alcott, la escocesa Margaret Oliphant, la inglesa Amelia B. Edwards y la hija de expatriados británicos Vernon Lee—, que, a finales del siglo XIX y principio del siglo pasado, se dedicaron con éxito a un género que elevó a nivel literario las leyendas y los cuentos populares que hablaban de apariciones espectrales, de profecías ancestrales o de inexplicables acontecimientos sobrenaturales.

Si os digo la verdad no tenía ni idea de la publicación de este libro hasta que un día acudí a mi librería y me lo encontré flamante en mi mesa de novedades, esa a la que siempre acudo en busca de nuevas ediciones de clásicos. A poco que me conozcáis os podéis imaginar las campanas que resonaron en mi cabeza al encontrarme un título tan sugerente como Cuatro damas del misterio (¡misterio! ¡clásico! ¡victoriano!) y la promesa de varias historias cortas de la mano de autoras que en un par de casos admiro mucho y os he traído ya en varias ocasiones al blog, y en el otro par de casos de autoras a las que todavía no había tenido el placer de leer pero estaba deseando hacerlo. Vamos, que me faltó tiempo para hacerme con un ejemplar, ni siquiera miré la sinopsis, ni de qué iban las historias ni nada de nada. No me hacía falta. Confianza ciega en las autoras y en la editorial.

Durante los últimos años han proliferado en España antologías o compilaciones de relatos o cuentos de autoras victorianas (sobre todo en las áreas del misterio o el subgénero gótico) en un claro intento por dar visibilidad, en unos casos, a un numeroso grupo de escritoras que han desaparecido del imaginario contemporáneo enterradas por décadas de oscurantismo y olvido pero que en su día tuvieron un nombre y cierta reputación en ambientes literarios, y en otros casos para dar a conocer el trabajo en el relato corto o cuento de autoras conocidas o renombradas por otro tipo de historias o géneros. En unos casos la literatura era una afición o un intento de hacerse un hueco como escritoras, y en otros era la profesión y único medio de subsistencia de la autora en cuestión.

Las  cuatro damas del misterio a las que alude el título de esta compilación fueron todas escritoras profesionales que se movieron ya no solo en el ámbito de la ficción (ya fuese novela larga, relato o novela corta), sino que en algunos casos fueron enormemente consideradas en la literatura de viajes, el ensayo o el periodismo. Se dedicaban a la escritura, hicieron de ella su medio de vida, y algunas fueron incluso criticadas por su exceso de producción, porque se consideraba que esa prodigalidad era directamente proporcional al deterioro en calidad de lo que publicaban... no era cierto (no más que en el caso de cualquier otro autor con un ritmo rápido de publicación), pero sea como sea había que comer, y para autoras como Margaret Oliphant, viuda, sin recursos y a cargo de tres hijos, escribir y publicar era cuestión de supervivencia. 

La selección del cuarteto de historias que componen este volumen no deja de resultar curioso (y no sé si intencionado por parte de la editorial), pues todas pertenecen a dos décadas del siglo XIX muy concretas (las de 1860 y 1890), quedando divididas por tanto en dos grupos separados por más de treinta años entre sí. Esa diferencia de épocas en las que fueron concebidas se delata sobre todo en el desarrollo y la complejidad de las tramas, más breves y sencillas en el caso de las escritas en la década de 1860, y más desarrolladas e intrincadas en lo que respecta a las publicadas en la década de 1890. Os cuento un poco sobre cada una de estas historias y sus autoras (de las que incluyo la pequeña biografía que la editorial comparte en la ficha del libro).


PERDIDOS EN LA PIRÁMIDE (o La maldición de la momia), de Louisa May Alcott (1869) 

Louisa May Alcott (1832-1888) fue una escritora americana, gran partidaria de las causas sociales, conocida, sobre todo, por la célebre novela Mujercitas. Editorial Funambulista publicó en 2014 su libro Un cuento de enfermera (reseña aquí).

Paul Forsyth le cuenta a su prometida Evelyn cómo se perdió en una ocasión dentro de la pirámide de Keops junto al profesor Niles, y cómo tuvo que quemar una momia que encontraron en uno de los pasadizos para que el humo guiase a aquellos que les buscaban. De aquella expedición se trajo una caja de semillas como recuerdo, semillas de las que se encapricha Evelyn a pesar de las reticencias de Paul, quien no cree que sea buena idea plantar esas semillas, pero... ¿qué sería de la literatura si los personajes hiciesen caso de las buenas ideas y no hiciesen cosas que tendrán consecuencias?

Poco más os puedo contar sobre una historia que apenas ocupa unas veinte páginas. A pesar de ser publicada en 1869, esta historia de Alcott permaneció olvidada entre su obra hasta 1998 (por la fecha imagino que fue descubierta poco después de La herencia, novela inédita y muy temprana de la autora que os reseñé el año pasado). La verdad es que ante la sola lectura del título os podéis imaginar por donde van los tiros: este breve relato fue uno de los precursores de las maldiciones egipcias en la literatura, tema que 150 años después se sigue explotando intermitentemente tanto en papel como en el cine. Lo que siempre digo, lo que hoy día nos parece trillado tuvo su origen mucho tiempo atrás, y Perdidos en la pirámide da buena muestra de ello. 

Perdidos en la pirámide es una historia sencilla por su economía de páginas pero muy bien estructurada y, aunque te imaginas los derroteros por los que transitará, mantiene el interés gracias a la naturalidad con que está escrita y al punto de suspense que la rodea. Por cierto, al hilo de lo que siempre os comento sobre Alcott y su gusto por historias bastante más oscuras que Mujercitas que se veía obligada a publicar con seudónimo...  Perdidos en la pirámide fue publicado bajo las iniciales L.M.A., justamente entre medias de Mujercitas (1868) y Aquellas mujercitas (1869). Lo que era correcto y decoroso para una dama, con su nombre completo; las historias de sangre y truenos, como ella las llamaba, con seudónimo o escondiendo su nombre. Un ejemplo más de su bibliografía.

DIONEA, de Vernon Lee (1890)

Vernon Lee (1856-1935), seudónimo de Violet Paget, de padres ingleses, nació en Francia, pero vivió gran parte de su vida en Italia. Su fama se debe principalmente a sus cuentos de fantasmas y de misterio y a la literatura de viajes.

Dionea es una niña de cuatro o cinco años que aparece en la costa italiana como única superviviente de un naufragio: está atada a una tabla de madera, lleva ropas extrañas, no porta ningún crucifijo que la identifique como cristiana y no entiende una palabra de italiano. Nadie parece saber nada del barco hundido ni, sorprendentemente, ningún otro cadáver es arrastrado a la costa. El pueblo costero donde recae esta niña es de gente humilde y sencilla, nadie puede hacerse cargo de ella, pero a petición del doctor Alessandro de Rosis (que vive en ese mismo pueblo), la princesa de Sabinia la toma como protegida y unas monjas de un convento cercano la acogen. La historia nos va narrando como esta niña va creciendo y convirtiéndose en un ser tremendamente hermoso que causa tanta fascinación como rechazo pero que posee una moralidad más que dudosa: mejor no darle motivos de enfado o resentimiento, porque entre los habitantes del pueblo comienzan a circular rumores de que quien le ofende, paga las consecuencias.

El nombre de Dionea parece provenir de Dione, amante de Zeus y madre de la diosa Venus, y ese aire mitológico, de fuerzas naturales, deidades y leyendas impregnan toda la historia. En apenas cincuenta páginas, Vernon construye toda una historia alrededor de este personaje femenino al que nunca da voz y que solo conocemos por lo que se nos cuenta de ella. El relato está narrado por completo de manera epistolar, siendo el autor de las cartas el doctor Alessandro de Rosis y la receptora la princesa de Sabinia. Conforme el doctor informa a la princesa de la evolución de su pupila, vamos conociendo la preocupación creciente de este hombre ante el carácter que revela Dionea, el escaso interés que parece tener por relacionarse con sus vecinos y las tragedias que acontecen a todo aquel que osa interesarse más de la cuenta por ella. 

Es la primera vez que leo a Vernon Lee, famosa sobre todo por sus historias góticas y de fantasmas en el terreno de ficción, y por su literatura de viajes y provocadores ensayos en el de la no ficción. Vivió buena parte de su vida adulta en Italia (de ahí la localización de esta historia) y, aunque no puedo comparar con nada más (ya digo que es lo primero que leo suyo y no sé si el resto de su obra de ficción está a la misma altura), para mí es, junto con La ventana de la biblioteca, de Margaret Oliphant, el mejor relato de los cuatro, el más complejo tanto a nivel de trama como de construcción del personaje principal. La narración incluye multitud de referencias artísticas, literarias y mitológicas, y la autora, a pesar de la escasez de espacio, se apaña para adentrarse en diversos ámbitos de su interés y cerrarlo todo. A mí me ha gustado mucho, probablemente lo relea en algún momento para exprimirlo un poco más.


EL TERCER HORNO, de Amelia B. Edwards (1863)

Amelia B. Edwards (1831-1892) fue una escritora, periodista y egiptóloga inglesa. Empezó a escribir desde muy joven, tanto que a los siete años llegó a publicar su primera poesía. El carruaje fantasma es una de sus obras más celebradas.

Este relato, contado en primera persona por un hombre que desde el principio nos avisa de que no puede explicar los hechos que va a narrar, nos lleva a una fábrica de porcelana en la región de los alfareros (Staffordshire Potteries). En ella comienza nuestro narrador como aprendiz de la mano de George Barnard, el capataz, que pronto se convierte en su único y mejor amigo. Barnard está prometido con Leah Payne, una joven casi veinte años menor que él y un modelo de virtud del que nuestro narrador queda prendado (pero solo como se admira a alguien digno de ser admirado, no de un modo romántico). Esta idílica situación se trastoca cuando aparece en escena un francés llamado Louis Laroche; todos menos Leah parecen presentir el peligro que encierra este hombre, lo que conducirá a una situación en la que serán necesarias decisiones extremas.

No os puedo contar qué elemento de la historia posibilita su presencia en esta recopilación de relatos de misterio porque os estaría desvelando el final mismo de lo que en ella se cuenta. Sí que os puedo decir que cuando llega, lo reconoces y sabes lo que es sin género de dudas antes de que el protagonista de la historia sepa ponerle nombre, y el interés radica en la motivación que lo provoca y hasta donde puede llegar un hombre para proteger a la mujer que ama.

Es muy cortito también (de apenas veinticinco páginas), y sumado a la fluidez de la narración y lo interesante de la historia, la verdad es que la lectura dura un suspiro. Me ha llamado la atención (no puedo evitarlo, sabéis que soy doña clásicos policíacos) que en determinado momento se introducen elementos forenses en la detección de pruebas, y es que no hay que olvidar que este relato es bastante temprano y la ciencia forense estaba apenas viendo la luz en aqella época. Muy interesante verlo ya plasmado en un relato de este tipo.

Un primer acercamiento muy positivo a la narrativa de esta autora.


LA VENTANA DE LA BIBLIOTECA, de Margaret Oliphant (1896)

Margaret Oliphant (1828-1897) fue una novelista e historiadora escocesa. Entre sus obras literarias destacan los relatos de fantasmas de corte victoriano, como La puerta abierta y La ventana de la biblioteca (publicado en este volumen).

La protagonista, que también narra en este caso en primera persona, nos habla de un suceso que le ocurrió en su juventud cuando estaba pasando un verano con su tía en Edimburgo. Se define como una muchacha seria, a la que le gustaba estar a solas con un libro o vislumbrando a través de una ventana el ir y venir de la gente. También comenta que tenía una especie de sexto sentido que le permitía escuchar todo lo que se decía a su alrededor aun sin estar pendiente, y ver todo lo que ocurría a su alrededor aun sin levantar la vista de su libro. Desde donde se asoma a la calle puede ver la biblioteca escolar, y sobre una de sus ventanas se cierne un misterio. ¿Es de verdad o de mentira? ¿Está pintada sobre la pared o tiene cristales de verdad? Todo el mundo parece estar de acuerdo, es de mentira, un efecto óptico para mantener la uniformidad de la fachada, pero ella comienza a ver más allá de la ventana, el interior de la habitación, poco a poco, un mueble aquí, una silla allá... hasta que lo ve a él moviéndose por la estancia. El problema está en que solamente ella parecer verlo y comienza a obsesionarse con ese enigmático joven.

Y aquí tenemos de nuevo a mi querida Margaret Oliphant en su tercera aparición en el blog (y mientras dependa de mí y encuentre traducciones suyas, por aquí seguirá apareciendo). Su prosa es tan de su tierra, tan escocesa, que te va envolviendo poco a poco en brumas evocadoras, descripciones sugerentes, tintes misteriosos y personajes que parecen extraídos de esa literatura del romanticismo que ya era agua pasada en el cambio de siglo que estaba a la vuelta de la esquina. Oliphant además veía la literatura gótica o de misterio no como un medio para provocar terror, sino para hacer de lo sobrenatural algo admisible, factible, que provocase empatía en el lector y le hiciese replantearse su propia condición humana y sus valores morales (Una ciudad asediada, que os traje el pasado Halloween, es otra buena muestra de lo que os comento, al igual que Lady Mary). Aquí no hay horror ni terror, hay una sensación de anhelo imposible, de misterio insondable... incluso de cierta ambigüedad, porque las personas alrededor de la protagonista dan muchos rodeos, callan cuando podrían hablar, y al final te quedas con la sensación de que has visto mucho en la historia, pero no todo lo que la autora quería que vieras.

Este relato es de los más famosos de su obra y fue bastante polémico en su época porque muchos quisieron ver en él una denuncia sobre las condiciones opresivas en que vivían las mujeres victorianas. Yo me quedo con las muchísimas reminiscencias a Walter Scott presentes en la historia (Oliphant idolatraba a Scott) y con una historia narrada de manera tan visual, tan reflexiva y con tanta emoción que ese joven de la ventana se queda contigo y ya no lo olvidas.

Tal y como ha ido quedando claro conforme os hablaba de los relatos uno a uno, aunque he disfrutado mucho de los cuatro, debo admitir que los dos más extensos han sido mis preferidos, pues dan lugar a mayor desarrollo y profundidad de la historia (de igual modo, que los dos sean también los publicados en la década de 1890 no creo que tenga realmente nada que ver). Aun así, lo dicho, he disfrutado mucho de todos y el libro me duró un suspiro en las manos. Me ha servido también para reencontrarme con dos autoras que adoro, como son Alcott y Oliphant, y para conocer a otras dos de las que espero leer más en un futuro, Lee y Edwards (a decir verdad, le tengo echado el ojo a un libro de viajes de Amelia Edwards sobre Egipto desde hace siglos, así que creo que va siendo hora de hacerme con él).

Sé que muchos no sois de relatos, me lo comentáis cada vez que os traigo un libro de este tipo, pero soy muy pesada y cuando algo merece la pena, mi deber es insistiros e intentar que le deis una oportunidad. Cuatro damas del misterio se compone de relatos de misterio, no de terror, que se adentran en varios tópicos góticos (maldiciones, fantasmas, mitología, brujería...) pero de un modo elegante y nada oscuro. Cuatro historias y estilos muy diferentes como totalmente diferentes fueron las personalidades y vidas de sus cuatro autoras, aunque todas ellas tuvieron que pelear mucho para ver sus historias negro sobre blanco en una época en la que vivir de la literatura siendo mujer era una posibilidad factible pero en absoluto exenta de muchas piedras en el camino.