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miércoles, 2 de julio de 2025

RESEÑA (by MH) ::: MUJERCITAS EN NONQUITT - Louisa May Alcott


 
Título original: Water-Lilies / Sophie's secret / Debby's debut / A Strange Island / Dandelion
Autora: Louisa May Alcott 
Editorial: Toro Mítico
Traducción: Óscar Mariscal
Páginas: 160
Fecha publicación original: 1887 / 1883 / 1861 / 1868 / 1869
Fecha esta edición: noviembre 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 15,95 euros
Ilustración de cubierta e interiores: Sara Lago




Es en Nonquitt, en el sudeste de Massachusetts, una localidad costera célebre como lugar de veraneo, donde se desarrollan las historias reunidas en esta obra. Allí pasó muchos veranos Louisa May Alcott (1832-1888), autora de la célebre novela Mujercitas, dejando volar su imaginación. Las mujercitas protagonistas de las tres primeras historias que integran esta antología —«Lirios acuáticos», «El secreto de Sophie» y «El debut de Debby»— aparecen como versiones actualizadas de «La Cenicienta», ambientadas en un escenario familiar para Alcott, y en las que se prescinde, entre otras muchas innovaciones, de la rivalidad entre hermanas. Según se presentan aquí, se observa cómo el elemento más reconocible del cuento —la buena doncella que espera al príncipe que ha de sacarla de la pobreza— se va desdibujando: Ruth, en la primera de las historias, se desposa con su príncipe; no sabemos si Tilly, en la segunda, lo hace o no; y Debby, en la tercera, se casa, pero con un hombre sin más patrimonio que «un corazón fiel», unos «brazos fuertes» y «un apellido honesto». En cualquier caso, ninguna de estas tres heroínas, tan ajustadas al patrón de mujer resuelta y autónoma de Alcott, funda sus esperanzas en un casamiento ventajoso para alcanzar las metas vitales que se ha propuesto, bastándoles para ello su propio ingenio, talento y esfuerzo. La obra se completa con «¡Qué isla tan extraña!» y «Diente de León», dos deliciosas fantasías que dan una visión más amplia de los registros juveniles de la autora. 
 

 
 
Adoro mucho a Louisa May Alcott
, y aunque os he hablado varias veces de ella en el blog, creo que la última fue allá por 2020 en una antología de relatos compartida con otras autoras (si hablamos de novelas, Louisa no se pasa por aquí desde 2019). No me voy a  extender sobre ella, su obra y demás por lo dicho, son ya unas cuantas las veces que ha visitado Netherfield, así que me vais a perdonar que sea breve al respecto. El libro que os traigo hoy reúne cinco historias ambientadas en Nonquitt, un pueblito costero ubicado en el sureste de Massachusetts donde ella solía veranear. 
En realidad no se publicaron de manera conjunta sino que aparecieron en distintas publicaciones a lo largo de veintiséis años, siendo una de ellas incluso anterior a Mujercitas, el libro que la hizo inmortal. Os hablo muy sucintamente de cada una de ellas.
 
Lirios acuáticos. En esta historia tenemos por un lado a Christie Johnson, una joven de diecisiete años que pertenece a una familia de pescadores que vive en el faro, y por el otro a un grupo de veraneantes que tratan con mucho desdén y condescendencia a la gente humilde que se gana la vida precisamente gracias a los turistas... aunque no todos en ese grupo son tan esnobs y arrogantes y muestran un interés especial por Christie. 
 
El secreto de Sophie. Sophie es una muchacha suiza que viaja sin su familia a Estados Unidos para visitar a unos amigos. Ahora se halla en la costa acompañando a uno de ellos, y allí conoce a un grupo de frívolas jovencitas de su edad que se muestran desagradables y muy poco corteses con ella. Con quien sí establece una buena amistad es con Tilly, una lugareña que vende su mercancía (langostas, bayas, lirios, conchas...) a los turistas. Tilly tiene un sueño (poder estudiar y convertirse en profesora), y todo su esfuerzo va orientado a conseguir dinero para poder cumplirlo.
 
El debut de Debby. Debby viaja con su tía rumbo a Nonquitt para pasar las vacaciones. La familia de Debby es muy humilde, y su tía, que sí tiene dinero, ha decidido hacre de ella su heredera, refinarla y presentarla en sociedad a ver si consigue un buen matrimonio. Debby pronto llama la atención tanto por su encanto y belleza como por sus modales muy poco elegantes, y no le faltan candidatos que pululen a su alrededor. Su tía tiene claro quien es el más indicado, pero ese chico no es precisamente el favorito de Debby. ¿Qué ganará, el bolsillo o su corazón?

¡Qué isla tan extraña! Este es sin lugar a dudas el relato más atípico, más original y más imaginativo de los cinco que incluye el volumen. Nos dejamos de señoritas humildes en pos de una vida mejor o de romances veraniegos y nos adentramos en una extravagante, pintoresca y extraña isla llena de escenas y personajes sacados de cuentos y canciones infantiles tradicionales ingleses. 
 
Diente de león. Terminamos el volumen con un cuento muy breve que narra cómo un padre se pierde en el mar y cómo su hijo, Diente de león, de apenas tres añitos, permanece siempre con una sonrisa esperando la vuelta de su padre... porque sabe que no ha muerto y volverá, aunque a su madre, que perdió la esperanza hace tiempo, se le parta el corazón contemplando la esperanza de su hijo.
 
Os decía arriba que Alcott veraneaba en Nonquitt, pero por lo que he podido averiguar realmente este lugar era una colonia privada de veraneo que fue fundada originariamente para artistas en el siglo XIX y desde entonces ha evolucionado como destino de muchas familias de ciudades como Nueva York, Boston o Philadelphia para pasar el verano. Al principio Louisa May Alcott alquilaba su alojamiento allí, pero en 1884, tras vender Orchard House (la casa donde escribió
Mujercitas y que hoy en día podemos visitar los turistas como casa museo de la autora), se compró un cottage que por desgracia se incendió en 2013 (vamos, que hasta hace poco más de diez años se podía ver tal cual era hace 140 años cuando Louisa vivió en él).

En fin, que Nonquitt era un lugar muy especial para Alcott, pero por lo dicho arriba resulta evidente que debían convivir dos clases sociales muy diferentes: los lugareños de los alrededores, de clase social baja que vivían del turismo, y los propios turistas, de clase social alta y acostumbrados a un estilo de vida y un elitismo en claro contraste con la humildad de la gente local. Si nos atenemos a esto, podemos decir que, en los dos primeros relatos, Alcott usa esta dicotomía entre clases sociales, el tercero lo dedica a las restricciones y tonterías propias de la alta sociedad, el cuarto relato es una rareza en toda regla y el quinto relato se centra en una familia humilde y la esperanza que los reúne al final.
 
Se dice en la sinopsis que las tres primeras historias contemplan versiones actualizadas de la Cenicienta, pero honestamente veo la comparación muy cogida con pinzas: dejando a un lado a la madrastra y hermanastras malvadas inexistentes, las protagonistas de estos relatos son jóvenes muy amadas en su entorno familiar, son ellas quienes toman sus decisiones y deciden sobre su propia vida y realmente solo una de ellas acaba con un príncipe (si por príncipe entendemos un joven con dinero). Es decir, que bajo mi punto de vista, se asemejan a la Cenicienta tanto como a cualquier otro personaje de cuento con el que quieras ver similitudes. Sí veo más factible la comparación con la hermana de Mujercitas a quien todas quisimos parecernos en algún momento: Jo March, precisamente por esa necesidad de independencia, de conseguir las cosas con el esfuerzo propio, por esa necesidad de ser fieles a sí mismas y por tener el carácter y la fuerza de voluntad necesarios para seguir sus instintos y no hacer solo lo que se espera de ellas sino lo que ellas consideran correcto.  
 
Eso en cuanto a las tres primeras historias, porque las dos dos últimas son completamente distintas.
¡Qué isla tan extraña! es una explosión de imaginación, una concatenación de escenas, personajes y descripciones que aturullan un poco al lector... y cuando digo lector debo decir lector no anglosajón. Esa es la "pega" que le pongo al relato: que nos resulta totalmente ajeno a quienes no hemos crecido con las historias de Mamá Ganso (o Mamá Oca, según la traducción), porque todas esas escenas y esos personajes están sacados de cuentos y canciones tradicionales relacionados con esa figura que Charles Perrault hizo famosa. Que el relato es fantástico, pero estoy segura de que se disfruta mucho más cuando reconoces todo lo que se va describiendo en esa isla. Y en cuanto al último cuento, Diente de león, solo puedo decir que es bonito, muy bonito, y que no tiene más finalidad que decirnos que nunca debemos perder la fe y la esperanza, y que el amor lo puede todo.
 
Lo dejo aquí, que entre mi vaguería habitual y el caloruzo que hace, no dan ganas de estar delante del ordenador (¿cuánto queda para noviembre?). En cualquier caso poco queda por decir. Si os gusta Louisa May Alcott, tarde o temprano leeréis estos relatos; si no os gusta, pues a otra cosa. Pero si no habéis leído nunca a Alcott, también os digo que no creo que sean la mejor puerta de entrada, porque son muy bonitos y muy típicos de su vertiente Mujercitas (ya sabemos que Alcott tenía otra vertiente mucho más de su gusto, y del mío, pero que no era la que le daba de comer) y no dejan de ser historias con su moraleja y su enseñanza muy de la época para jovencitas de ciertas edades. Digamos que estas historias son un complemento a la obra de la autora que todos aquellos lectores que la queremos y respetamos leemos con gusto y mucho cariño... es como volver a casa y saber lo que te vas a encontrar, y por eso es precisamente por lo que vuelves: por la sensación de hogar.



Louisa May Alcott (1832-1888) fue una educadora y novelista estadounidense muy conocida por sus libros para adolescentes. Fue autora de unos 300 títulos de diversos géneros, aunque sus obras más famosas, Mujercitas (1868), novela autobiográfica de su infancia, y sus secuelas, Aquellas mujercitas (1869), Hombrecitos (1871) y Los muchachos de Jo (1886), están consideradas como clásicos.
 
Comprometida con el movimiento abolicionista y los derechos de la mujer, escribió bajo el seudónimo de A.M. Barnard una colección de novelas en las que se trataban temas tabúes para la época como la sexualidad, el incesto o el adulterio.

jueves, 26 de diciembre de 2024

RESEÑA (by MH) ::: EL GRAN DÍA DE LA SEÑORITA PETTIGREW - Winifred Watson


 
Título original: Miss Pettigrew Lives For a Day
Autora: Winifred Watson
Editorial: Espasa
Traducción: Isabel Murillo Fort
Páginas: 276
Fecha publicación original: 1938
Fecha esta edición: noviembre 2008
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: descatalogado en esta edición (reeditado por Alba en su colección Rara Avis en 2023)
Diseño de cubierta: Carrió / Sánchez / Lacasta
Ilustraciones interiores: Mary Thomson (2000)
 

El título de esta encantadora novela alude a las veinticuatro horas más inolvidables en la vida de la señorita Pettigrew, una solterona pobre y sin nadie a quien recurrir. Su vida empezará a cambiar cuando, por un error de la agencia de contratación, empieza a trabajar para Delysia Lafosse, una glamurosa cabaretera que no hace más que meterse en líos. Contra todo pronóstico, las dos mujeres se entienden divinamente; la señorita Pettigrew conquista a Delysia con su sentido común, y la joven actriz será su guía en un mundo nuevo y fascinante.
 
Un perfecto cuento de hadas trasladado a Londres en la década de los años treinta con todo el sabor de las deliciosas comedias románticas del Hollywood clásico. Una novela que había permanecido olvidada durante casi 50 años y que la crítica ha destacado como «cumbre del humor».
 

Termino el año reseñil ventilando otra de mis vergüenzas literarias... Siete años llevaba este libro en la estantería. Siete (el ticket que guardo dentro no miente). Y no será por las ganas de leerlo, que han sido siempre máximas porque sabía que me iba a gustar mucho. Y lo sabía porque he visto la adaptación cinematográfica dos veces (a falta de una), y eso, que lo que jugaba a favor porque ya conocía la historia, también ha jugado en contra porque... bueno, porque ya conocía la historia :). Lo de siempre, que al final se da preferencia a lo que no conoces. Lo de ver la peli antes de leer el libro debería estar penado. El caso es que el 2024 ha sido el año en por fin lo he leído y me he encontrado lo que ya esperaba. Muy recomendable.

¿Qué tenemos entonces en El gran día de la señorita Pettigrew? Pues a la susodicha señorita (de nombre Guinevere), una institutriz de mediana edad (usando el baremo de aquellos tiempos, que la pobre solo tiene unos cuarenta años) que no encuentra un trabajo fijo, pasa hambre, está desmoralizada, no tiene con qué pagar el alquiler y se enfrenta a su última oportunidad de ganar algo de dinero que le ayude a tirar hacia delante. ¿La oportunidad? Pues una oferta de trabajo que le lleva hasta la puerta del apartamento de la señorita LaFosse. Esta señorita, que no parece que tenga ningún niño que cuidar pero sí muchos amantes que coordinar para que no coincidan en su casa, zambulle a la señorita Pettigrew de pleno en su caótica vida sin tan siquiera preguntarle porque está ante su puerta. Y así, nuestra querida Guinevere se ve inmersa en un mundo de enredos, hombres atractivos y peligrosos, hombres atractivos y encantadores, besos de película, fiestas, glamour, vestidos de ensueño, clubes nocturnos, dilemas románticos... y en fin, esas cosas que ella solo había visto antes en las salas de cine y en las que de repente es parte protagonista con mucha autoridad. ¿Está la señorita Pettigrew ante su gran día? ¡Lo está, y va a disfrutarlo hasta el último minuto!

Casi cien años nos separan de la publicación de esta novela y, salvando las distancias con la situación personal de la protagonista, creo que la base se sigue usando en muchas obras actuales, y es que la historia de la señorita Pettigrew es la historia de quien comienza el día viendo como le suceden cosas a los demás y lo termina viendo como le suceden cosas a ella misma. No sabe por qué le está pasando lo que le está pasando y le importa un carajo, tiene claro que va a aprovechar al máximo el día que le ha caído encima sin venir cuento y que ya tendrá tiempo de volver a su triste y monótona existencia cuando las aguas vuelvan a su cauce... o no, porque en un día pueden suceder muchas cosas, y más si vives la vida de una persona metida en el faranduleo con mil compromisos sociales, dos mil historias amorosas y tres mil problemas del primer mundo.

¿Quiénes son los protagonistas de esta comedia de enredo?

Pues por un lado, la ya requetenombrada señorita Guinevere Pettigrew, una mujer cansada ya de la vida inestable y casi indigente que lleva, muy delgada porque apenas come, que se considera ineficiente, que está muy nerviosa y que se siente, simple y llanamente, derrotada. Solterona virtuosa, su experiencia en el amor es inexistente a todos los niveles hasta el punto de ser un tanto mojigata y sorprenderse ante cualquier muestra pública de cariño, pero tiene mucho sentido común y ha pasado por muchas casas en su trabajo como institutriz como para saber mucho de la vida sin haberla vivido realmente. Cuando su agencia de trabajo le habla de presentarse en el apartamento de la señorita LaFosse, está tan al límite de sus fuerzas que ella considera este puesto como su última oportunidad. Nada más abrirle la puerta se adentra en una vida completamente distinta a la suya y, como nadie le pregunta qué hace allí, ella tampoco lo dice. Se deja llevar, y llevar, y llevar... en una sensación de aventura y romanticismo sin fin que le abre las puertas de una mente hasta ese momento cerrada a cal y canto a la vida, las sensaciones y la libertad. Deja de ser ella misma por un día, se pone en los zapatos de una mujer con muchas cosas que hacer y muchos sitios a los que ir... o quizás se encuentra a sí misma, quien sabe. Y (casi) todos los que la rodean la consideran en apenas unos minutos la mujer más sabia, más inteligente y más maravillosa que jamás han conocido. Le abren su corazón, la admiten como una más de ellos sin preguntas y sin prejuicios, y Guinevere, eufórica, florece como la preciosa flor que es, aunque la vida se haya empeñado en mantener sus raíces bien enterradas en cemento.

 

... la señorita Pettigrew, conmocionada, excitada, y sí, emocionada. Emocionada hasta la médula. ¿Por qué fingir? Aquello era vida. Aquello era drama. Aquello era acción. Así vivía la otra mitad del mundo.

 

¿Quién esa tal señorita LaFosse que provoca, de manera totalmente inconsciente, todo este milagro? Pues un bellezón que parece sacado de una película de cine, porque a eso es a lo que se dedica: es cantante y actriz, y como muchas jovencitas en su situación en aquella época, tiene muchos admiradores... que no solo son admiradores, sino con los que se acuesta. Uno solo es un buen chico y un mero entretenimiento; otro es un mafioso en toda regla, intimidante y acostumbrado a que se haga lo que él dice, y por este siente una atracción fatal que le cuesta muchísimo superar; y otro la quiere de veras por ella misma, no como un objeto ni un mero pasatiempo, quiere casarse con ella, pero Delysia (que así se llama) no lo tiene muy claro porque eso exigiría sentar la cabeza. Es encantadora, pero su vida es un caos constante donde los hombres entran y salen de su casa y ella tiene que hacer malabarismos para que no coincidan y no se armen jaleos y broncas, y la señorita Pettigrew aparece en su puerta como un ángel que con su eficacia, resolución, saber estar, pragmatismo y (sorprendente) conocimiento sobre la vida le soluciona las papeletas una detrás de otra. No le pregunta qué hacía en la puerta de su apartamento a las diez de la mañana, simplemente la capuza en su vida y no la deja ir en todo el día.

En un principio los editores no quisieron publicar esta novela porque resultaba muy escandalosa para la época, y más al estar escrita por una mujer. Ella insistió y el tiempo le ha dado la razón, porque es la obra porque la que es mundialmente conocida. Para que os hagáis una idea de las reticencias de los editores, en las primeras quince o veinte páginas no solo tenemos a una mujer que mantiene relaciones sexuales con varios hombres diferentes (y es algo que queda claro desde el principio, nada de relaciones platónicas ni cortejos blancos y puros), sino que consume cocaína y se sobreentiende que muchas de las relaciones que mantiene con hombres es por su propio beneficio profesional (son productores de obras teatrales o tienen garitos donde ella puede actuar). Nos muestra un mundo lleno de superficialidad, promiscuidad, adicciones, retoques estéticos... donde lo importante son las relaciones que tienes, como te muestras ante los demás, las apariencias, el poder, el dinero y cómo mantenerte siempre en el candelero para no caer en desgracia y ser sustituido por cualquier otro que ofrezca lo mismo (o más) que tú. 

Pero todo esto, que así leído puede parecer un libro sobre gente frívola, impresentable e insoportable, es todo lo contrario. El gran acierto de Winifred Watson es meter en toda esa burbuja de fiestas y glamour a unos personajes que en esencia son buenos, generosos, amables y tolerantes que te caen bien desde el minuto uno y con los que te encariñas. Viven en ese frenesí, para ellos no existe la contención inglesa, pero son simplemente buena gente (incluso algo ingenua para algunas cosas, como en el caso de la señorita LaFosse) haciendo las cosas lo mejor que pueden en un mundillo que solo te traga y te mastica si tú lo permites. Viven de esa superficialidad, de esa trivialidad, pero son fieles a sus amigos, aman de veras, acogen a los desconocidos sin incomodarlos ni cuestionarlos y no saben lo que es la envidia. Se apoyan unos a otros y, aunque en temas amorosos están un poco perdidos y no saben muy bien lo que quieren, ya vendrá la señorita Pettigrew a arreglarlo. Realmente ese es el intercambio que se produce entre ellos: Guinevere Pettigrew les soluciona los problemas del corazón, y en compensación ellos, de manera inconsciente, le cambian la vida y le hacen muy feliz por un día... y los que vengan. No está nada mal para una panda un tanto alocada, ¿verdad?

Los capítulos de la novela son divisiones de franjas de tiempo, así que para que os hagáis una idea, la historia comienza a las 9:15 de la mañana y termina a las 3:47 de la madrugada del día siguiente. En realidad El gran día de la señorita Pettigrew se lee como una vertiginosa obra de teatro en la que no paran de pasar cosas un minuto tras otro. Hay momentos para el relax en los que la señorita Pettigrew y la señorita LaFosse se toman un descanso para hablar tranquilamente sentadas en el sofá, pero son pequeños oasis entre un desenfreno de salidas, entradas, personajes que van y vienen, preparaciones para fiestas y aventuras varias. Tu como lector lo observas todo con una sonrisa en la boca pensando si la señorita Pettigrew tendrá el broche a tanto enredo amoroso y será ella también la protagonista de su propia historia idílica, pero en eso ya no puedo entrar. Tendréis que leerlo por vosotros mismos. 

En fin, una novela muy recomendable, refrescante y atrevida si la comparamos con la literatura contemporánea a su época. ¿Es previsible? Pues sí, la verdad, es de esas historias donde sabes que sí o sí todo va a acabar bien y nada malo puede ocurrirle a unos personajes que no se lo merecen (bueno, salvo al villano...  de ese no os voy a hablar), pero esto es como todo, lo importante no es el final sino el camino, y el camino, en pleno 2024, sigue siendo delicioso. Ojalá alguna editorial se lance a publicar algo más de esta autora.

Os dejo el tráiler de la película que os comentaba al principio (adaptación un poco libre, según he comprobado tras leer el libro. Sube la historia a otro nivel y creo que le beneficia muchísimo. Las interpretaciones, maravillosas), y aprovecho para desearos unas muy felices fiestas y un 2025 lleno de cosas bonitas y buenas lecturas. ¡Nos vemos el año que viene!


Ah, lo comento en la ficha técnica, pero por si acaso... mi edición está descatalogada desde hace años, pero la editorial Alba recuperó esta novela en 2023 con la misma traducción y las mismas ilustraciones en su colección Rara Avis, así que esa edición podéis encontrarla sin problemas :)
 
 





Winifred Watson nació en 1905 cerca de Newcastle, donde prácticamente residió toda su vida. Su padre tenía un negocio de servicio de comidas y una estable posición económica, que permitió a Winifred y sus hermanas estudiar en un internado e ir a la universidad. Pero con la Depresión de la década de 1930 se vio obligada a emplearse como secretaria para contribuir a la economía familiar. De hecho, su primera novela, Fell Top, la escribió prácticamente en la oficina porque su jefe no le daba trabajo hasta por la tarde. Cuando se publicó en 1935, fue un éxito inmediato y un año después la seguiría una segunda, Odd Shoes. El gran día de la señorita Pettigrew (1938), la tercera, es la única de sus novelas que no ocurre en el campo, y curiosamente fue rechazada por la editorial en un primer momento, precisamente por el tono urbano y ligero en que estaba escrita. Al final aceptó publicarla con la condición de que la siguiente (que sería Upyonder, también en 1938) fuera similar a las dos primeras, de ambiente rústico y tono dramático. La autora estaba convencida de que La señorita Pettigrew sería un éxito, y acertó: lo fue no solo en Gran Bretaña, sino en Estados Unidos, Australia y Francia. Después publicaría Hop, Step and Jump (1939) y en 1943 la última, Leave and Bequeath, de género policíaco. En 1941 había nacido su primer y único hijo y las circunstancias de la guerra, que la pusieron al frente de una casa llena de parientes, le impidieron seguir escribiendo. Después, dijo, el momento pasó. En 2000 pudo ver clamorosamente reeditada su novela más famosa, que en 2008 sería llevada al cine con Frances McDormand y Amy Adams. Murió en Newcastle en 2002.

jueves, 28 de noviembre de 2024

RESEÑA (by MH) ::: MANUAL DEL CORTEJO E INSTRUCCIÓN DE CORTEJANTES



 

 
Título original: Manual del cortejo e instrucción de cortejantes
Autor: Anónimo
Editorial: Maxtor
Páginas: 56
Fecha publicación original: 1839
Fecha esta edición: julio 2005
Encuadernación: rústica con solapas (edición facsímil)
Precio: 5 euros
 

 

Mi queridísima Nitocris (de Un Libro en un Tris, por si hay algún despistado en la sala y todavía no conoce su estupendástico blog) me regaló esta cosa tan bonita hace un par de años, así que no puedo dejar pasar la ocasión de enseñarla y hablar de ella en la premisa que más me cuesta cumplir de mi propio reto: la de los clásicos escritos originalmente en español.
Manual del cortejo e instrucción de cortejantes es una curiosidad que se lee en un suspiro y que da buena muestra de lo que se publicaba hace casi doscientos años en España. Tal y como especifico en los datos técnicos del ejemplar, esta edición es un facsímil. ¿Qué es un facsímil? Pues supongo que todos lo sabéis, pero por si alguien no se ha cruzado nunca con este tipo de libros, es una perfecta imitación o reproducción ya sea de un escrito, una firma, un dibujo... En este caso tenemos la reproducción de un pequeño librito publicado en 1839 e impreso por Antonio Yenes, de quien se dice en la Biblioteca Nacional de España que "destacó por la publicación de obras literarias de autores de su tiempo, que complementó con otras del gusto de la nueva burguesía, en las que se analizan, en tono humorístico, comportamientos sociales de la época". Y sobre esto último, sobre el análisis en tono de humor de un comportamiento social tan del siglo XIX como el cortejo, trata la obra que hoy os traigo.

De hecho, mirad qué entradilla tiene la edición:
 
Leyendo el título ríes?
Anímate, lee mas
y acaso no te reirás.
 
La mejor manera de conocer la estrictas reglas del cortejo en el siglo XIX es leyendo clásicos escritos de manera coetánea a la época, porque aunque muchas obras contemporáneas ambientadas en esos años intentan ajustarse y ser fieles a ellos históricamente hablando, otras muchas se toman montones (MONTONES) de licencias. No voy a entrar en este tema, que da para hablar largo y tendido, pero el caso es que, como en otras muchas cosas, para aprender de manera fidedigna sobre algo hay que irse a los documentos de la época, ya sean o no de ficción. 
 
Si soy sincera, estoy mucho más familiarizada con el cortejo en la Inglaterra victoriana o de Regencia de lo que lo estoy con el cortejo en la España del siglo XIX, porque leyendo este manual me he dado cuenta que tienen muchas cosas en común (obviamente), pero también difieren en muchas otras. Y sí, sé que este manual está escrito con mucha sorna y mucha guasa, pero aun así se nota muchísimo la diferencia entre la rigidez y la rectitud inglesas y el talante bastante más relajado, atrevido, sensual y flexible español. De hecho se le da al cortejo la importancia justa y necesaria: si acaba en matrimonio,  bien, y si no, pues también, que no será por peces en el mar y mujeres que cortejar.
 
No me voy a extender mucho porque este librillo tiene unas cincuenta páginas incluyendo ilustraciones y un tamaño inferior al de mi mano, así que no tengo intención alguna de extenderme más que el propio e ingeniosos autor (fuese quien fuese, que no lo sabemos). En todo caso, la única manera de contaros un poco el contenido es resumiros brevemente cada uno de los apartados que incluye.

Comienza este librillo con una introducción de dicho autor donde explica el objetivo de su obra, diferencia el cortejo del amor, nos avisa de que escribirá tanto en prosa como en verso (que, por cierto, es español de mediados del siglo XIX y, por tanto, varía en gramática y ortografía con respecto al nuestro; así lo voy a transcribir aquí yo, por si veis cosas que hoy en día son consideradas faltas ortográficas), nos informa de que esto del cortejo no es algo permanente (y si el éxito se ve contra las cuerdas vale eso de a otra cosa mariposa sin pudor alguno) y nos ilumina sobre qué hace falta para cortejar de manera auténtica y genuina:
 
Oh! para esto solo se requiere ocasion, gusto y dinero. La primera se busca, el segundo se adquiere, y el tercero luce mas cuando se economiza. Todo ello se hace con facilidad prodigiosa cuando se siguen las regla del arte, y hé aquí lo que me ha determinado á tratar magistralmente este punto.

Y a partir de aquí ya tenemos las lecciones del manual propiamente dichas, que se dividen del modo siguiente:

 

I. ¿QUÉ ES CORTEJO?

Nuestro autor lo equipara a otros muchos términos (galanteo, chischiveo, obsequio, mutua correspondencia, trato amoroso, etc...) y procede a describirlos todos; más tarde nos puntualiza que el cortejo es todo práctica y cero teoría, sin abstracciones y con actos bien visibles; y acaba dando él su propia definición, lo que para él significa realmente todo este batiburrillo de cosas, y además se enorgullece de que, sea bueno o malo, es una descripción nacida en su Madrid y tiene poco que envidiar a las demás. ¿La comparto con vosotros? Venga, va, aquí la tenéis (la rima está un poco a por uvas, pero bueno... xD).

 

Es el cortejo un hombre apasionado
brazero de la dama en el paseo,
en sus bailes pareja sempiterna, 
en su tertulia, carga de un asiento,
en todos sus caprichos un criado;
acecha sus menores movimientos,
llora si llora, rie si se rie,
no tiene voluntad ni entendimiento,
sino que con su dama quiere y piensa.
Docil cual cera es, leal cual perro,
mudo con todas, hablador con ella:
un capricho fundó tal cautiverio,
y dura, y martiriza hasta que cesa,
á la presencia de un capricho nuevo.


II. ¿CUÁL ES SU ORIGEN?

Aquí el autor nos dice que no esperes que se ponga a buscar en los anales de la historia donde nació el cortejo, que eso es inherente al hombre, pero que cree que nació entre los árabes y fuimos los españoles quienes pulimos el tema, y que si quieres origen, que lo busques en la mujer española, que para eso la península es el país geográfico de los cortejos (y luego ya se pone a tirar por tierra a francesas, italianas y alemanas, diciendo que esas de cortejos no tienen ni idea). En fin, que no es mi misión esbozar aquí todo el capítulo, pero tenemos un despliegue de todo aquello que inició tales lances: la mujer que quería ser idolatrada, el hombre que quería idolatrar, deidades por aquí, deidades por allá... y que todo eso ha perdido seriedad y ha derivado en el cortejo juguetón que impera en la época... y vamos, que ha degenerado un poco, pero que les quiten lo bailao.


III. ¿CUÁL ES SU FIN?

Pues en este tema el autor lo tiene complicado, porque ni todos los hombres cortejan a sus damas con un mismo propósito, ni todos usan los mismos medios ni todo lo que se hace llamar cortejo lo es, así que se decide por hacer una clasificación que va desde los que cortejan porque no saben hacer otra cosa, los que lo hacen por vanidad, los que lo encuentran útil por la razón que sea, los que buscan méritos... o, y estos son los que el autor considera auténticos cortejantes, los que lo hacen simplemente por gusto, tienen buena fe y realmente aspiran a marido: si tienen éxito y se casan, bien; si encuentra un objeto de cortejo que les guste más, pues a por ello sin muchas lagrimas ni pesares. Todo esto explicado mucho más largo, claro, pero ya me estoy extendiendo demasiado.

IV. ¿CUÁLES SON LAS LEYES DEL CORTEJO?

Pues sí, hasta el cortejo necesita leyes que faciliten y aseguren el tránsito por camino tan desconocido. No son muy complicadas: averiguar qué le gusta a tu dama y no contradecirla nunca en nada; no mirar/hablar/pensar en ninguna otra mujer si no es para echar pestes de ella (porque como la alabes, tres velas negras te llevas de equipaje); ir siempre a la vera de tu dama, y donde ella no vaya, tú tampoco vas; y bueno, en fin... perogrulladas varias que hay que contextualizar, que de esto hace doscientos años. No saltéis a la yugular, que además os recuerdo que todo esto estaba escrito a modo de sátira y riéndose de las convenciones sociales de la época.


V. PELIGROS DEL CORTEJO

Aquí básicamente se advierte al lector de que el cortejo puede salir muy bien pero también muy mal, y que, por tanto, puede ser peligroso para algunos cortejantes. Que el cortejo debe ser amable y tranquilito, nada de romanticismos ni cosas de esas que llevan a duelos y pistolas, y también se destruyen reputaciones, así que más vale saber lo que se hace. Pero vamos, que parece que el mayor peligro de todos es que el cortejante pierda un tiempo precioso en una cortejada que le sale rana. Peligrosísimo, vaya. Pobrecillo.

 

VI. DESDE CORTEJO A MARIDO (Paso natural)

Y entonces llegamos al quid de la cuestión, porque ¿para qué sirve el dichoso cortejo? Pues para pavimentar ese aterrador camino que lleva hacia el matrimonio. Y al parecer la primera regla del cortejante es no fiarse de aquella que se enamora del primero que le dice hola, porque esa va muy encendida por la vida. No, hay que ir paso a paso, con buena letra... y lo mismo, con suerte, acabas casado. 

 

VII. DESDE MARIDO A CORTEJO (Paso retrógrado)

Termina el anónimo autor de este insigne tratado del galanteo diciendo que, una vez te has casado, de vez en cuando tienes que darle una alegría a tu mujercita y volver a los dulces, obsequiosos e ilusionantes días del cortejo si quieres conservarla y ser feliz con ella...  y que esto también va por las mujeres con respecto a sus maridos, que hay que cuidarlos y muchas cambian sus dulzores por amargores en cuanto se casan, aunque aquí mete un poco el rabo entre las piernas y no se atreve a adentrarse mucho por si sale escaldado.

***

En fin, que con esto y un bizcocho, dejo aquí este tocho. Como digo al principio, es una curiosidad divertida y muy guasona sobre algo que era de suma importancia en el siglo XIX en el círculo de determinadas clases sociales, pero que según el país de origen tenía sus propias reglas y sus propias salvedades. Está claro que el cortejo español daba para mucha chanza y mucho palique, y las instrucciones, consejos y diretes del autor dan buena muestra de ello.
 
 
Entre el práctico y el teórico
gran diferencia verá:
hace el práctico y no sabe,
sabe el teórico y no hará.
No pienses que yo cortejo
porque enseñe á cortejar,
que hay geógrafo que en el mapa
todo el orbe correrá,
y no hizo viage alguno
ni por tierra ni por mar.
Leéme y acuérdate
de la piedras de afilar;
que hace cortar al cuchillo
y ella no puede cortar.

 



lunes, 11 de noviembre de 2024

RESEÑA (by MH) ::: CINCO SEMANAS EN GLOBO - Jules Verne


 
Título original: Cinq semaines en ballon
Autor: Jules Verne
Editorial: Alma
Traducción: Mauro Armiño
Páginas: 384
Fecha publicación original: 1863
Fecha esta edición: abril 2018
Encuadernación: cartoné
Precio: 15,95 euros 
Diseño de cubierta: lookatcia.com
Ilustraciones interiores: Fyodor Pavlov



Jules Verne es uno de los grandes referentes de la novela de aventuras y precursor de la ciencia ficción. Su obra celebra la fascinación por lo desconocido y lo exótico y ha hecho viajar a generaciones de lectores por escenarios maravillosos. 
 
Cinco semanas en globo es la primera novela del autor francés y en ella ya se pueden apreciar los rasgos que caracterizaron sus narraciones. Un científico avanzado a su tiempo, un atrevido cazador y un ingenioso y abnegado sirviente emprenderán un fascinante viaje en globo aerostático a través de África. Surcando el cielo en el Victoria, los aventureros descubrirán la singular belleza del paisaje africano y las peculiaridades de sus habitantes, pero también deberán hacer frente a los múltiples peligros que esconde el trayecto.
 
Llevo años (AÑOS) con la idea de leer/releer los Viajes Extraordinarios de Jules Verne en orden, porque he leído unos cuantos (los más conocidos, como suele ser habitual) pero me faltan muchos. El año pasado decidí que este 2024 tenía que ser el año, sí o sí, en que empezase este titánico reto que se va a alargar muchos años (sí, otro reto larguísimo en el tiempo... lo mío no tiene nombre: son más de sesenta libros.. y porque no os hablo de más proyectos de lectura atemporales que iré empezando con el tiempo, que los hay). El caso es que hace ya un par de meses (lo mío con las reseñas no tiene mucho remedio) inicié esta aventura de la mano de
Cinco semanas en globo, la primera de estas gestas extraordinarias y también la primera novela del autor, lo que no deja de ser sorprendente. Sí que había publicado relatos y había escrito alguna obra de teatro, pero como novela, Cinco semanas en globo fue el debut literario del autor. Curiosamente, y a pesar de que era lo habitual en aquella época, no se publicó por entregas sino como un solo volumen, siendo un rotundo éxito de ventas y dándole a Verne la estabilidad económica que buscaba en aquel momento (otras obras posteriores suyas sí se publicaron por entregas, pero eso ya vendría después). Os cuento.
 
Estamos en 1862, en una sesión de la Real Sociedad Geográfica de Londres. En ella se anuncia que el doctor Samuel Fergusson, un aventurero que ha recorrido el mundo de arriba abajo en las más variopintas expediciones, va a cartografiar África desde el aire, desde un globo llamado Victoria (como su reina, para garantizar el éxito de la empresa), de este a oeste y en un periodo de tiempo de no más de un par de semanas. El punto de partida será Zanzíbar, y el de llegada... pues donde se pueda y les lleve el viaje. Seguirá rutas ya conocidas donde otros exploradores ya han dejado constancia de su paso y llegará allí donde otros muchos expedicionarios no han conseguido llegar por tierra. Viajar por el aire tiene muchas ventajas (evitar enfermedades, enfrentamientos o las dificultades de avanzar por terreno inhóspito) pero también pueden surgir muchas complicaciones totalmente ajenas al propio manejo del globo, así que Fergusson no irá solo: le acompañarán su criado, Joe, un joven al que no se le pone nada por delante y que admira a su patrón por encima de todas las cosas, y su gran amigo Dick Kennedy, un escocés experto en caza (vive por y para la caza, vaya) a quien no entusiasma demasiado esta expedición pero que no abandonaría a Fergusson ante el peligro por nada del mundo. Llega el día en que tan proyectado viaje comienza entre bombo y platillo y todo son esperanzas y buenas perspectivas, pero ¿qué encontrarán a lo largo de este viaje? ¿Qué peligros deberán sortear? ¿Conseguirán tomar tierra? Y lo más importante... ¿sobrevivirán los tres a esta aventura?
 
Como digo arriba, Verne comenzó su carrera como novelista con el primerísimo libro de los Viajes Extraordinarios, Cinco semanas en globo, aunque no era lo primero que escribía... pero eso que escribía (alguna obra de teatro, algún relato) no le daba para comer, y ahí fue cuando retomó una vieja idea: escribir libros donde la ciencia y la aventura fueran un aspecto importante en la trama. Escribió un manuscrito que fue rechazado en varias ocasiones, y su suerte no cambió hasta que conoció a Pierre-Jules Hetzel. ¿Quién era este señor? Un editor que se ha hecho precisamente famoso por ser el responsable de publicar los Viajes Extraordinarios de Verne pero que también fue el editor de Victor Hugo y Jules Michelet, entre otros grandes genios de la literatura francesa del siglo XIX (por si no os suena Michelet, os hablé en su día de él con La bruja). El caso es que Hetzel, junto a Jean Macé fundó en 1863 Le Magazin d'éducation et de récréation (Revista de Educación y Recreo), una publicación ilustrada para todas las edades con un espíritu tanto instructivo como de entretenimiento, y el objetivo casi principal de publicar los libros de Verne e implementar a su vez el aspecto científico. Una vez se terminaba de publicar el libro por entregas en el magazine, él mismo editaba la historia en formato libro a finales de año de cara a los regalos navideños, y todo quedaba en familia y en su bolsillo :) ¿Cómo se conocieron Verne y Hetzel? Pues eso sigue siendo un misterio, pero ese manuscrito tan rechazado de Verne fue devuelto por Hetzel con muchas correcciones, y de ahí nació Cinco semanas en globo. El éxito fue tal que firmaron un contrato espléndido que otorgaba a Verne veinte mil francos durante los siguientes veinte años a cambio de escribir dos libros anuales. Cuando Hetzel falleció y su hijo se hizo cargo de la editorial, se mantuvieron las mismas condiciones, lo que llevó a un proyecto de vida de cuarenta años y 62 novelas (las ocho últimas de ellas revisadas por el hijo de Verne, Michael, tras la muerte de su padre, pero ese ya es otro tema).
 
Volviendo al libro en sí mismo, creo necesario explicar dos elementos esenciales de la novela: por un lado, el propio artilugio en el que el viajan (el así llamado aerostato durante toda la novela); por el otro, el objetivo detrás de la expedición.

Si hablamos del aerostato, Verne dedica un capítulo entero a explicar todos los tecnicismos inherentes a su estructura, capacidad y construcción, como el hecho de que se utiliza gas hidrógeno para inflarlo por ser mucho más ligero que el aire y su producción muy fácil (este método ya se usaba desde finales del siglo XVIII). También se calcula el peso que puede transportar el globo haciendo números para hallar su fuerza ascensional y, por tanto, su capacidad (no os especifico nada de esto, pero Verne te desglosa todos los cálculos, mostrando ya un fervor por los detalles que le haría famoso a lo largo de toda su obra). Sabemos las medidas del aerostato e incluso descubrimos que el globo realmente no es uno, sino dos: uno más pequeño dentro de uno de mayor tamaño comunicados entre sí por una válvula por si fuera necesario su uso (y eso permitía continuar con el viaje en caso de que el globo exterior resultase dañado). El material de los aerostatos, la barquilla, la red que soporta la barquilla, los instrumentos necesarios para el viaje (barómetros, termómetros, brújulas, sextantes, etc...), las anclas, los víveres, las armas... todo todo queda desglosado y explicado, aunque buena parte del funcionamiento del globo, sus posibilidades, sus necesidades... las descubrimos o aprendemos poco a poco durante el viaje. Este aerostato es el cuarto personaje de la historia sin lugar a dudas, y Verne le dedica tanto o más tiempo que a alguno de los humanos que van subidos en él.
 
Y si nos detenemos en el propósito mismo del viaje, el objetivo real detrás de la expedición es hallar las fuentes del Nilo siguiendo los pasos de expediciones anteriores (las de Burton y Speke en África Oriental por un lado, y la de Barth en el Sahara por el otro). La admiración de Verne tanto por estos exploradores como por tantos otros que expedicionaron en África una y otra vez para cartografiar un continente tan desconocido, no solo resulta obvia, sino que forma parte importante de la trama. Las alusiones a las expediciones de Burton, Speke y Barth son constantes, pero además el relato está salpicado de hechos sobre otros que no tuvieron tanta suerte y perdieron la vida en el continente, de anécdotas sobre aquellos que sí tuvieron éxito y vivieron para contarlo e incluso hay un párrafo donde se nombra, uno detrás de otro, a decenas y decenas y decenas de exploradores. No quiso que ni uno solo se quedase fuera de su novela, porque todos ellos fueron la inspiración para escribirla. La documentación es apabullante y su descripción de cada lugar que recorren, de cada zona que identifican, de cada paraje que les indica que van por el buen camino, está llena de detalles y particularidades. No sé discernir donde acaba lo documentado y donde empiezan la imaginación y la intuición, pero poco importa porque el viaje y el sentido homenaje a una época como aquella
resulta igualmente fascinante. No debemos olvidar que en el año en que se publicó esta historia, el propio David Livingstone (el famoso doctor Livingstone) estaba explorando el continente africano que protagoniza esta historia (expedicionando el río Zambeze) y que a él mismo le fue también encomendado dos años después (en 1865) explorar las fuentes del Nilo por una ruta distinta a las ya conocidas. Es decir, que Verne estaba, al menos de manera literaria, en el meollo del mundo científico y hablaba de cosas que estaban ocurriendo en aquel mismo momento histórico.

Sobre el viaje en sí mismo, si nos atenemos a que inicialmente los planes de Fergusson auguraban un par de semanas y acaban siendo cinco (lo que ya de por sí es un spoiler como una casa en el propio título de la novela xD), queda claro que surgen muchas complicaciones en el camino. Aunque viajando por aire evitan muchas cosas, lo cierto es que deben bajar a tierra ya sea para pasar la noche, para conseguir carne fresca para comer o incluso para entablar contacto con nativos, lo que implica muchos riesgos. Pero es que aunque estén en el aire, desde tierra también les pueden atacar (como así ocurre en muchas ocasiones) y, sobre todo, lo que no se puede controlar de ninguna manera es su dependencia absoluta de las corrientes de aire (si no las hay, no se mueven) y de la climatología en general... es decir, que da igual las previsiones que hagas, que pueden surgir mil y una cosas imprevistas. Y claro, estamos ante una novela de aventuras, así que sí, pasan muchas peripecias, están muchas veces en peligro de muerte, tienen que hacer muchos sacrificios, idear maneras de salir adelante y habrá momentos, como es normal, en que a pesar de sus muchos recursos y sus muchas reacciones ante los imprevistos, piensen que no saldrán de África con vida.

Los tres únicos personajes de la novela fueron escritos para cumplir cada uno un rol muy concreto, y a ese rol se atienen durante toda la novela. Dick Kennedy da la estampa del explorador per sé, que solo piensa en cazar, cazar y cazar y que trata a sus muchas escopetas y rifles como si fueran sus hijos; este personaje parecía que iba a dar mucho juego al principio de la novela en cuanto al tono humorístico y demás, pero al final eso queda en nada. Luego tenemos al fiel Joe, criado de Fergusson, que sí que adopta el papel más ligero de la historia, suelta chistes malos, descubre dotes de supervivencia que no sabía que tenía y, también hay que decirlo, es el que impregna las páginas con comentarios bastante fuera de lugar sobre las gentes que se van encontrando. Fergusson, por su parte, es el científico, el alma de este viaje, el que nos ilustra sobre anteriores expediciones y ciencia en general, el propio inventor del aerostato en el que viajan y la cabeza sensata ante las múltiples situaciones complicadas que se presentan. Muchas veces tiene que pararles los pies a sus compañeros cuando se dejan llevar por prejuicios sobre el continente africano y sus habitantes e intenta compensar la visión tan inglesa, imperialista y mercenaria de sus compañeros de viaje, así que Fergusson tiene trabajo durante toda la novela. 

Lo cierto es que he dudado mucho a la hora de decidir si la novela de Verne ha envejecido muy mal en ese aspecto, o si precisamente esos comentarios están ahí puestos porque es, ni más ni menos, lo que cualquier inglés del XIX pensaría y diría (sin ningún lugar a dudas, además). No debemos olvidar que los protagonistas de Verne son ingleses y esta expedición se hace para mayor gloria del imperio británico, así que si quería ser realista, debía plasmar todos los males inherentes a ello, que desde el punto de vista francés, enemigo natural del imperio, eran muchos y variados. Joe y Kennedy son personajes muy de su época, pero que Verne introdujera el Pepito Grillo de Fergusson para reconvenirles constantemente me hace pensar y desear que todo eso está ahí puesto de manera intencionada para dar verosimilitud a la narración. En cualquier caso, aquí dejo constancia por si fuera de interés.
 
Como datos extra, os puedo comentar que no aparece ni una sola mujer en esta historia (al menos que yo recuerde), que hay constantes alusiones a viajar a la Luna (con lo que da la sensación de que Verne ya tenía en mente un argumento de este tipo, lo que  no sería de extrañar dado que su tercera novela ya fue
De la Tierra a la Luna), que Verne no había subido jamás a un globo antes de escribir esta novela (lo hizo por primera vez diez años después, en 1873), que se le olvidaron algunas cosas imprescindibles y necesarias cuando hizo la lista de lo que debían llevar en el globo (del estilo de algo tan básico como una muda de ropa... esta gente no se cambia ni los gayumbos en las cinco semanas) o que se le escaparon fallos de raccord durante la historia (algún personaje tan pronto está completamente desnudo como está completamente vestido, por poner un ejemplo). No es un libro perfecto, tiene sus fallos, alguna que otra incongruencia y a veces parece que la información sobre exploraciones y exploradores reales está metida de manera poco natural en las conversaciones entre los protagonistas (Verne aprendería a introducir estas cosas con naturalidad poco a poco en sus novelas), pero eso no afecta en nada a la lectura, que alterna momentos muy tranquilos con momentos de mucha tensión o peligro, e incluso de desesperación y desesperanza. No olvidemos que en África se alternan la selva y los bosques tropicales plenos de vegetación con el desierto más desolado y mortal, así que los personajes pasan por muchos estados de ánimo y supervivencia.
 
No me extiendo más. Si no estoy equivocada, Jules Verne es el autor más traducido en lengua francesa y el segundo más traducido a nivel mundial solo por detrás de Agatha Christie. Dudo mucho que a él se le pasara siquiera por la cabeza algo así cuando escribió aquel primer borrador porque un hito así está fuera de las expectativas de cualquier escritor, pero el caso es que no solo fue un visionario que se adelantó y predijo logros e inventos científicos impensables en su época, sino que además sus novelas eran muy entretenidas.  A mí me acompañaron durante mi infancia y adolescencia y en este mastodóntico reto voy a disfrutar cada momento tanto de los libros que jamás he leído como de las relecturas. No prometo reseñarlas todas, pero lo intentaré, porque no veo a casi nadie hablar de Verne, no está de moda entre el mundo lectoril y no se le hace mucho caso... y quien bien me conoce sabe que yo las modas las paso de largo con una taza de té y un sándwich de pepinillos a mano. ¿Próxima aventura? Viaje al centro de la Tierra. Nada menos. Me lo voy a pasar pipa.
 

Jules Verne nació en Nantes en 1828, hijo de un abogado. Estudió y se doctoró en Derecho en París, siguiendo los derechos de su padre, pero, cuando decidió dedicarse a las letras, éste dejó de mantenerlo. Con la ayuda de los Dumas, padre e hijo, obtiene un empleo en el Théâtre-Lyrique de París y consigue estrenar en 1850 una comedia, Les pailles rompues. En 1851 empieza a publicar relatos en la revista Le musée des familles. En 1857 se convierte en agente de bolsa y empieza a viajar por Inglaterra, Escocia, Noruega y Escandinavia. 
En 1862 propone al editor Pierre-Jules Hetzel su novela Cinco semanas en globo, que se publica al año siguiente con un éxito extraordinario, y se liga a él con un contrato para escribir novelas y cuentos para el Magasin d'éducation et de récréation durante veinte años. Ahí inicia su serie de Viajes extraordinarios, que llegaría a ocupar sesenta y cuatro volúmenes. Nuevos viajes por Europa, África y América del Norte le servirían de inspiración. Viaje al centro de la Tierra (1864), De la Tierra a la Luna (1865), Los hijos del capitán Grant (1868), Veinte mil leguas de viaje submarino (1870), La vuelta al mundo en ochenta días (1873), La isla misteriosa (1874-1875), Michel Strogoff (1876) o Las tribulaciones de un chino en China (1879) son algunas de sus más célebres novelas, que cautivaron a los lectores y entraron a formar parte del imaginario universal de lo siglos XIX y XX. 
Padre de la ciencia ficción, su interés por la tecnología y sus posibilidades es visible en El castillo de los Cárpatos (1892). Verne murió en Amiens en 1905.