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miércoles, 2 de diciembre de 2020

RESEÑA (by MH) ::: LA EXPEDICIÓN DE LOS DIEZ MIL - Jenofonte




Título original: Κύρου Ανάβασις
Autor: Jenofonte
Editorial: Biblok
Traducción: no consta en la edición 
Páginas: 222
Fecha redacción original: circa 370 a. C. 
Fecha publicación original: Siglos XII-XV (manuscritos medievales)
Fecha esta edición: 2010
Encuadernación: cartoné
Precio: descatalogado (disponible de 2ª mano)
Diseño de cubierta: Mercedes Rojas




Año 401 a. C. Una guerra civil se desata entre Atajerjes, heredero dle trono persa, y su hermano menor, Ciro. Codicioso del trono, Ciro reúne un gran ejército y se lanza sobre Atajerjes. Aunque su ejército gana la batalla, Ciro pierde la vida en ella y las tropas persas se unen a las órdenes de Atajerjes. Atrapado en tierra enemiga, el ejército perdido de los diez mil mercenarios griegos deberá iniciar un duro viaje hacia el norte, hacia la costa del mar Negro, hacia la libertad...

La expedición de los diez mil, también conocida como Anábasis, es la obra maestra de Jenofonte, quien narró la aventura con la viveza y la fuerza que otorga el haber sido uno de sus principales protagonistas, pues él mismo fue el general que lideró la expedición. No es solo uno de los relatos más conocidos de la literatura griega, sino también una de las mayores epopeyas jamás escritas.

Sé que os va a sorprender ver este libro aquí (o bueno, a lo mejor no), pero ya he dicho muchas veces que soy una apasionada de la Historia, aunque mis conocimientos son limitados y circunscritos a lo que voy leyendo de manera autodidacta y poco más. Pero gustarme, me gusta mucho, y por eso hace unos años me hice con esta edición de la Anábasis de Jenofonte con muchas ganas de ponerme con ella en cuanto pudiese... no os voy a decir el problema que tenemos los lectores con esto de "lo leo en cuanto pueda", pero el caso es que se fue quedando atrás, y la premisa de no ficción del reto Todos los clásicos grandes y pequeños me ha venido de perlas para rescatarla de la estantería y ponerme con ella (aunque el reto se va a quedar como está, me planto, no me da la vida). Que nadie salga corriendo que no me voy a poner muy pesada con el contexto histórico, porque ni estoy capacitada para ello ni seguramente os interesa lo más mínimo, pero sí que tengo que daros unos detalles puntuales que anteceden lo que se narra en este libro para poner los acontecimientos en situación.

Darío II fue rey de Persia desde el 423 hasta el 404 a.C. Tenía dos hijos, Arsicas y Ciro el Joven, y a pesar de que la madre de ambos favorecía a Ciro, fue Arsicas el designado por su padre para ser rey a su muerte. Arsicas ascendió al trono como Atajerjes II, y Ciro jamás aceptó su destino de segundón. Tras haber sido detenido por conspirar para asesinar a su hermano, y puesto en libertad por mediación de su madre, se retiró a las tierras de las que era sátrapa, pero en su fuero interno seguía anhelando el trono con más rabia que nunca, así que comenzó a reunir un ejército para iniciar una guerra civil contra Atajerjes. Este es el punto en el que comienza la narración de Jenofonte, que participó y fue protagonista de todos los hechos que narra.

Jenofonte cuenta que muchas de las pequeñas y grandes facciones que fueron conformando ese numeroso ejército no supieron en un principio que estaban marchando contra el rey (ni él mismo lo sabía). Ciro les engañó diciéndoles que iban a lidiar otro tipo de batallas aunque, una vez estuvo claro que se dirigían a enfrentarse contra el ejército de Atajerjes, decidieron permanecer junto a Ciro: en unos casos por fidelidad y respeto hacia él (al parecer era un hombre famoso por su carisma), y en otros por las posibilidades de grandeza, riqueza y poder que conllevaría la victoria de Ciro para aquellos generales que hubiesen permanecido a su lado. El ejército rebelde estaba compuesto por poco más de 60.000 hombres, de los cuales 50.000 eran persas y unos 12.500 mercenarios griegos; en el ejército del rey eran unos 200.000. No desvelo nada si digo que Ciro murió en combate en la batalla de Cunaxa, y que fue entonces cuando su ejército quedó totalmente dividido: la sección persa (conformada en su mayor parte por peltastas, cretenses y hoplitas) se pasó al bando de Atajerjes uniéndose a su ejército, mientras que los mercenarios griegos (a los que enviados del rey intentaron engañar con falsas promesas de perdón y una tregua igualmente falsa) decidieron que ni podían fiarse del rey ni podían quedarse donde estaban. Tenían que volver a casa, y para ello debían cruzar el enorme imperio Persa, territorio hostil, enemigo y desconocido. Aquí comienza la Anábasis, la expedición de los diez mil mercenarios griegos en su retirada hacia el mar Negro.

¿Qué pinta Jenofonte en todo esto? Tras la tregua falsa que os comentaba arriba, en la que los enviados de Atajerjes asesinaron a todos los generales del ejército griego, se eligieron nuevos generales que lo guiaran en la retirada de vuelta a casa, y uno de ellos fue Jenofonte, que narró en esta crónica todos los detalles desde la reunión inicial del ejército de Ciro hasta el final de la expedición, que duró unos cinco meses y de la que solo vieron su final unos seis mil hombres de los diez mil iniciales.
Soldados, no puede desconocerse que nuestra situación es difícil. Nos vemos privados de unos generales como eran los nuestros, de capitanes, de soldados, y, además, de esto, Arieo y los suyos, que antes eran aliados nuestros, nos han hecho traición. Pero, con todo, es preciso salir de este apuro como hombres valientes y no abandonarse al desaliento; es preciso buscar la manera de salvarnos, si es posible, y si no, morir valientemente, pero jamás caer vivos en manos de nuestros enemigos. Creo que sufriríamos las más terribles torturas que podríamos desear a los que nos quieren mal.

En esa retirada los vemos sufrir el acoso del ejército del rey Atajerjes y, cuando consiguieron dejarlo atrás, tuvieron que vérselas con diferentes pueblos bárbaros, que unas veces los dejaban hacer sin enfrentarse a ellos pero que, las más de las ocasiones, les tendían emboscadas o les hacían frente en la medida de sus posibilidades. Atravesaron montañas y desiertos con nevadas que les cubrían hasta las rodillas y les congelaban los pies, sufrieron escasez de vituallas constante ante la necesidad de alimentar a un ejército tan numeroso durante un periodo tan prolongado de tiempo... y todo ello siguiendo el culto a los dioses, actuando o esperando según dictasen los augurios y dejándose guiar por sueños premonitorios que jamás fallaban en sus predicciones. Y como no podía ser menos ante un contingente tan grande pasando penurias y susceptible a la desmotivación de no ver aparecer la costa en el horizonte, no faltaban las trifulcas internas, en las que al parecer Jenofonte, el bueno de Jenofonte, siempre llevaba las de perder. Cada dos por tres le acusaban de traición, de engañar a los soldados, de actuar en beneficio propio o de no tomar las decisiones adecuadas. Pero no os preocupéis, que Jenofonte tenía un piquito de oro y estas disputas duraban poco: los dejaba patidifusos con sus argumentaciones.

Y sí, si notáis un punto de ironía, no es cosa vuestra. Jenofonte lo narra todo en tercera persona, con lo que habla de sí mismo como si fuese un personaje más de los acontecimientos, como si él mismo y el tal Jenofonte de la expedición no fuesen la misma persona. Jenofonte hizo esto, Jenofonte dijo aquello... y admito que he sonreído a ratos mientras leía el libro porque no le hacía falta abuela que le cantase alabanzas. Todo lo hacía bien, todo lo argumentaba bien, todo lo rebatía bien, era el más generoso, el más noble, el más inteligente, el que lo dio todo por sus soldados... baja, Modesto, que sube Jenofonte. A ver, que si todo es verdad hizo muy bien en contarlo tal cual, pero cuando sabes que eso lo dice el autor de sí mismo aunque hable en tercera persona, pues tienes que sonreír y tomarlo todo con una pizca de sal. Pero vamos, que esto es una tontería que os cuento porque me ha hecho gracia; el valor de este documento histórico en sí mismo, de unos hechos que hoy en día se antojan tan épicos como sorprendentes, es extraordinario.

Y es que Jenofonte como narrador es fantástico. Que nadie rechace leer este libro por la temática porque lo cuenta todo de una manera ágil, fluida, interesante y, sobre todo, sencilla. Era un contador de historias nato, y en ningún momento te da la sensación de estar ante un relato histórico denso, intenso y académico; al contrario, en su estilo totalmente asequible, comprensible y cercano, radica su mayor virtud. Y lo que cuenta es un episodio histórico tremendamente interesante, una epopeya que ha llegado hasta nuestros días contada de primera mano, en la que los protagonistas no fueron héroes, sino mercenarios que guerreaban por dinero; no estamos ante una historia de batallas, guerras y ejércitos, porque lo que vemos en su mayor parte es como miles de hombres se patearon más de dos mil kilómetros (parasanga es la unidad de distancia que se usa en la narración, jamás se me olvidará porque se dice de manera constante) a lo largo de territorio enemigo pasando penurias, hambre y frío, así como la vida de campamento, reuniones de oficiales, toma de decisiones, la manera en que se organizaban cuando se enfrentaban a alguna escaramuza... Hay también mucho diálogo en la anábasis, y la narración es tan exhaustiva y pormenorizada detallando tanto la ruta real de la retirada como los conflictos internos que se sucedieron uno tras otro, que más bien parece que estamos ante un diario, probablemente el primero del que se tiene constancia (aunque se cree que faltan tres meses en este relato, tres meses en los que el ejército deambuló perdido en territorio armenio... pero esto hoy en día solo son suposiciones).

Sé que es de esos libros que no se pueden recomendar, no lo voy a hacer, pero que podamos leer en nuestros días lo que ocurrió durante La expedición de los diez mil de boca de uno de sus protagonistas es, sin duda, un lujo y un testimonio de valor incalculable.

 

 


Jenofonte (¿430 a. C.-355 a. C.?). Historiador, militar y filósofo griego. Hijo de un ateniense que fue discípulo de Sócrates, se crió en el seno de una familia acomodada. Durante la Guerra del Peloponeso (431-404 a. C.), en la que luchó formando parte de las fuerzas ecuestres. 

Alistado en un ejército de mercenarios griegos conocidos como la Expedición de los Diez Mil al servicio de Ciro el Joven, príncipe de Persia, en 401 a.C. participó en la campaña contra el rey Artajerjes II, hermano de Ciro. Tras la muerte de éste en la batalla de Cunaxa, los oficiales al mando de los mercenarios griegos fueron asesinados por orden del persa Tisafernes. Jenofonte y los suyos pasaron de ser una tropa mercenaria a un ejército errante sin víveres y en territorio hostil. Jenofonte asumió la dirección de la retirada y puso a sus hombres a salvo en la antigua colonia griega de Trebisonda (actualmente en Turquía), en el mar Negro, tras una marcha de 2.414 km que duró cinco meses. En su libro más celebre, la Anábasis, narra esta retirada. 

Como militar, orador, filósofo, ensayista e historiador, fue el prototipo del erudito ateniense. Aparte de la Anábasis, entre sus obras más destacadas aparecen las Helénicas, continuación de la Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides que cubre el periodo del 411 al 363 a.C.; Ciropedia, biografía idealizada sobre Ciro II el Grande, y Acontecimientos memorables, recuerdos de Sócrates y conversaciones socráticas. Además fue autor de un elogio de Agesilao, de un grupo de tratados políticos y económicos, de una ensayos sobre equitación, caza y guerra de caballería, y de varios diálogos socráticos.

(www.buscabiografías.com)


miércoles, 4 de noviembre de 2020

RESEÑA (by MH) ::: PARADERO DESCONOCIDO - Kressmann Taylor


 

Título original: Address Unknown
Autora: Kressmann Taylor
Editorial: RBA
Traducción: Carmen Aguilar
Páginas: 82
Fecha publicación original: 1938
Fecha esta edición: marzo 2016
Encuadernación: rústica
Precio: 8 euros
Imagen de cubierta: @Luz de la Mora


1932. El alemán Martin Schulse y el judío norteamericano Max Eisenstein se quieren como hermanos, y juntos han abierto una galería de arte en California. Pero Martin decide regresar a casa, así que Max se quedará a ocuparse del negocio. Desde el primer día se escriben cartas, como habían prometido, pero cuando Hitler ascienda al poder en 1933, la tierna complicidad de la primera correspondencia empezará a bascular hacia el horror. Con admirable economía de medios, este epistolario retrata el horror ideológico de la Alemania nazi y, al mismo tiempo, la mecánica intemporal que separa a víctimas y verdugos. Aunque se trata de un relato relacionado con el Holocausto, Paradero desconocido es, entre otras cosas, un thriller impredecible.

Había oído hablar tanto de Paradero desconocido, y siempre tan bien, que sabía que tenía que leerlo, así que me hice con él hace un tiempo. Ya le ha llegado su turno, y sinceramente me ha parecido una joya. ¿Cómo se puede contar una historia tan soberbia en tan pocas páginas?
 
La trama es de sobra conocida, un intercambio epistolar entre dos amigos que comienza en noviembre de 1932. Martin y Max emigraron a Estados Unidos tras la Primera Guerra Mundial, regentan una galería de arte en San Francisco, pero Martin ha decidido regresar a Alemania con su mujer y sus hijos. El intercambio inicial de misivas es el esperable entre los dos, amigables y haciendo honor a la amistad que les une desde hace años, pero pronto empiezan a surgir fricciones: Max, desde Estados Unidos, oye preocupado cómo los judíos son perseguidos, torturados y asesinados, y cómo los pogromos están provocando la huida de los judíos de Alemania; cuando inocentemente (siendo él mismo judío) le pide a Martin que le cuente si todo eso es cierto, en lugar de recibir la respuesta del amigo que él creía conocer, recibe un alegato nazi. Su amigo trabaja para el gobierno, ve en Hitler a su Mesías y no quiere volver a saber nada de su antiguo amigo judío. La relación entre ellos se enfría por motivos evidentes, pero lo que vendrá después es mucho peor: un punto de inflexión que marcará el rumbo definitivo y final de esta amistad.

Paradero desconocido es una obra fantástica por dos motivos: el de ficción literaria propiamente dicha, que narra la relación entre Max y Martin y su devenir a lo largo de un año y medio, marco temporal que abarca la narración, y el del contexto histórico real que explica en pocas pero muy acertadas reflexiones qué pasó en Alemania (y por qué) durante esos años previos a la Segunda Guerra Mundial. 

Empezando por el último aspecto, las cartas que leemos de Martin desde su regreso a Alemania pintan un cuadro que no se debe perder de vista a la hora de entender cómo pudo el nazismo imponerse en el país con tanta rapidez y sin apenas resistencia. Tras la Primera Guerra Mundial, Alemania era un país herido en su orgullo y el pueblo alemán un pueblo humillado, avergonzado y derrotado. Y de repente llegó un hombre de acción, un hombre que les hizo volver a levantar la cabeza y les prometió que reinarían por encima de las demás naciones y las subyugarían; y buena parte del pueblo alemán asumió y aceptó sin condiciones que para hacerlo, había que ser crueles y extirpar el lastre, que debían sufrir unos pocos para mayor gloria de millones de alemanes, y que lo de masacrar, asesinar, coartar y suprimir la libertad era por el bien común y por un fin justo. Esa es la Alemania que estaba viendo la luz a principios de 1933, y es la que Martin narra en sus cartas.

Si el contexto histórico ya es tremendamente interesante por sí mismo, la relación de amistad entre estos dos hombres te hace atravesar como lector por muchas sensaciones, que van desde la comprensión y compasión por Max hasta el rechazo por la oscuridad y deshumanización que van invadiendo el corazón y la cabeza de Martin. Desde el principio sabes que estos dos hombres no solo han sido amigos del alma, sino que sus familias han estado interrelacionadas de diversas maneras y que la suya es de esas amistades que parecen destinadas a perdurar toda la vida. En esta parte es en la que menos quiero ahondar en detalles porque conforma el verdadero leitmotiv de la historia, pero ocurren cosas, cosas que no os puedo decir aquí, que transforman este intercambio de correspondencia en algo muy diferente, cruel y sorprendente... y las cartas, una tras otra, te van arrastrando hacia un final simplemente terrible y grandioso, en el que la inteligencia de uno y la cobardía del otro encuentran amparo y fin en el propio régimen político que uno teme y denuncia y el otro idolatra. Me parece un final tan perfecto, tan bien trabajado carta a carta, tan redondo en su concepto y ejecución, que otorga muy merecidamente a Paradero desconocido el ansiado calificativo de obra maestra. No se puede decir más y mejor en tan prolija economía de páginas.

En una nota que hay al final del libro, un hijo de la autora desvela el germen de esta historia. La propia Katherine Kressmann Taylor tenía unos amigos alemanes muy queridos que, tras regresar a Alemania después de vivir muchos años en Estados Unidos, se convirtieron en nazis fanáticos. Al volver a Estados Unidos despreciaban a sus antiguos amigos judíos hasta el punto de negarles el saludo y darles la espalda, y fue entonces cuando, sorprendida ante esta crueldad, comenzó a documentarse sobre lo que estaba pasando en Alemania, algo que el gobierno americano veía estupendísimo y pensaba que no iba con él... el tiempo les demostraría cuan equivocados estaban, pero mientras tanto, un año antes de empezar la contienda (el relato se publicó inicialmente en 1938 en una revista y gracias a su éxito pasó a convertirse en libro y a ser traducido a numerosos idiomas), esta autora supo ver más allá de lo evidente, tuvo la inteligencia y la lucidez necesarias para comprender el terror que se había hecho dueño y señor en Alemania, y lo plasmó en un relato que desborda talento y conocimiento del alma humana y sus más oscuros y atroces recovecos.
 
Paradero desconocido solo necesita unas páginas para introducirnos en el mundo de estos dos amigos que lo han sido todo el uno para el otro, y para avisarnos del peligro que encierran las ideologías radicales, que se lo llevan todo por delante. Y su valor no solo está en retratarnos una época que fue, sino en su atemporalidad, en mirar el presente, mirar hacia el futuro, y ver más de lo mismo. Esta novela se merece una opinión mucho más profunda y analítica que ahonde en todos los aspectos que engloba, pero supongo que queda claro lo fantástica que me ha parecido. Y también supongo que no queda mucha gente por estos lares que todavía no haya leído esta joyita, pero de haberla, que no espere más.  Simplemente maravillosa.






Katherine Kressmann Taylor (1903-1996) fue una escritora estadounidense conocida sobre todo por su obra Paradero desconocido. Cuando el relato apareció por primera vez en 1938 en la revista Story Magazine, causó tal revuelo que pronto se editó como libro y se tradujo a varios idiomas. Tras Paradero desconocido publicó una segunda novela relacionada con el nazismo, Día sin retorno; así como Diary of Florence in Flood, obra en la que relata sus experiencias en Florencia durante la terrible inundación de la ciudad en 1966.

viernes, 30 de octubre de 2020

RESEÑA HALLOWEEN #5 (by MH) ::: LA CASA INFERNAL - Richard Matheson




Título original: Hell House
Autor: Richard Matheson
Editorial: Minotauro
Traducción: Isabel Merino Bodes
Páginas: 320
Fecha publicación original: 1971
Fecha esta edición: noviembre 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18,95 euros
Diseño de cubierta: Opalworks BCN




En 1940 una expedición de cinco personas se internó en la infame Casa Belasco para desentrañar los misterios de la que era considerada como la casa más peligrosa del mundo. Sólo uno de ellos consiguió salir con vida.

Treinta años después, el millonario Rolf Randolph Deutsch contrata a cuatro extraños, entre ellos el único superviviente de la masacre de 1940, para demostrar la existencia de la vida después de la muerte. Para ello deberán pasar una semana en la Casa Belasco. La Casa Infernal les ha permitido entrar, pero ¿los dejará salir?

Damos un salto en el tiempo bastante grande y avanzamos casi un siglo hasta 1971, fecha de publicación de La casa infernal. Este ha sido el año de las casas encantadas, que además es un tema que me gusta mucho en la literatura de terror pero sobre el que he leído poco en los últimos tiempos (a excepción de La maldición de Hill House, de Shirley Jackson, publicada once años antes que esta que os traigo hoy y de la que os hablé en 2017 aquí). El caso es que hacía años que estaba detrás de leer La casa infernal, pero estaba descatalogado, no tenía prisa por hacerme con una edición de segunda mano, y en fin, que por unas cosas o por otras lo he ido dejando. El año pasado Minotauro lo reeditó, y ya no había excusas. 
 
Al anciano y millonario señor Deutsch le queda poco tiempo de vida y su última obsesión es confirmar si hay vida después de la muerte. No quiere mentiras, solo quiere la verdad, sea cual sea. Para ello ha comprado la casa Belasco, situada en el condado de Maine, comúnmente llamada la Casa Infernal por los eventos sucedidos en ella treinta años atrás, cuando un grupo de expertos se adentró en ella para averiguar el origen de los sucesos paranormales que tenían lugar en su interior, y solo uno de ellos salió con vida y muy malherido. Para esta expedición, Deutsch ha contratado a tres personas: Florence Tanner, una atractiva médium espiritualista; Benjamin Fisher, médium físico y único superviviente de la masacre de 1940; y el doctor Barrett, un físico que lleva veinte años estudiando parapsicología y que tiene su propia teoría respecto a este tipo de fenómenos. Los tres, acompañados de Edith, la mujer de Barrett, se adentran en esa casa el 21 de diciembre de 1970. ¿Cuántos saldrán con vida de ella?

A primera vista puede parecer que hay similitudes con La maldición de Hill House, pero solo en la superficie. Mientras que en la novela de Shirley Jackson había un encargado de la investigación que usaba a las otras tres personas como cobayas y no utilizaba ningún método científico (se limitaba a esperar a ver qué ocurría), en La casa infernal tenemos a un encargado de la investigación (el doctor Barrett) cuya misión es intentar encontrar una explicación científica a lo que ocurre en esa casa, para lo que se servirá, aparte de medios tecnológicos, de las habilidades y capacidades parapsicológicas de los dos médiums que le acompañan. Eso hace que la dinámica de los días que pasan allí sea totalmente distinta y que la tensión entre los personajes sea latente, porque unos quieren demostrar que sí hay espíritus que encantan la casa, y el otro quiere demostrar que eso que encanta la casa es algo muy diferente.

Otra diferencia importante es que mientras que en La maldición de Hill House es una novela muy intimista y psicológica, en la que el terror muchas veces solo está en la mente de los personajes, en La casa infernal el terror y los ataques que sufren los personajes por parte de la casa son muy explícitos, y en algunos casos muy crueles. Matheson se deja de sutilezas y todos los protagonistas de su historia reciben su particular ración de un modo u otro, pero desde luego, si hay un personaje con el que se ensaña, es el de la médium Florence Tanner, así que quedan avisados quienes no gusten de ver sufrir a un personaje.

Dejando a un lado comparaciones (que solamente hago para quienes crean que son novelas parecidas cuando en realidad tienen diferencias de base), los personajes y sus motivaciones están bien definidos para lo que se busca en una historia como esta, aunque mirados en conjunto puedan parecer un tanto estereotipados a ojos de un lector del siglo XXI (no tanto, creo yo, para un lector de hace cincuenta años). El doctor Barrett es un físico camino de los sesenta años que quiere ver culminado el trabajo de toda una vida y ganar con ello un dineral que le permitirá retirarse y vivir tranquilamente con su esposa; Florence Tanner era una actriz de Hollywood medianamente famosa hasta que se retiró para dedicarse al mundo de la parapsicología donde se ha hecho rápidamente un nombre como médium mental, y es la más abierta a la experiencia y a establecer contacto con los espíritus de la casa; Fischer, por su parte, sabe de lo que es capaz la casa (a la que sobrevivió treinta años atrás cuando era solo un adolescente de quince años), y aunque sigue siendo el médium físico más poderoso del país, lo esconde, es mucho más precavido, se protege y se cierra a cualquier intento de acceso por parte de la casa; y nos queda Edith, la esposa de Barrett, a quien acompaña por el simple hecho de que le aterroriza la soledad, y que guarda en su interior complejos e inseguridades que harán las delicias de lo que sea que se esconde entre esas paredes. 
 
La narración avanza separada por días y, dentro de cada día, separada por horas, así que el lector es testigo casi en tiempo real de todo lo que va sucediendo en la casa, y lo cierto es que la
historia da lo que promete: sucesos raros e inexplicables, el mal que se percibe hasta los huesos, poltergeists, invasión de los sueños con fines suicidas, sesiones espiritistas en las que no salen las cosas como estaban previstas y, poco a poco, ataques físicos contra los nuevos inquilinos de la casa. En cierto momento conocemos la historia de la casa y de su antiguo dueño, Belasco (eso ya daría para una novela de terror), y a todo esto se suma que Florence, que nunca ha sido otra cosa que médium mental (solo admite a los espíritus en forma de pensamiento), adquiere facultades de médium física desde el momento en que entra en la casa sin explicación alguna (los espíritus tienen acceso a su cuerpo y hacen uso de él).

Por resumir todo esto, yo diría que hay que tener en cuenta cuatro cosas a la hora de acercarse a este libro: una es que es una novela muy de su tiempo y, a finales de los 60-principios de los 70, los fenómenos paranormales ocupaban titulares (el matrimonio Warren y sus investigaciones estaban de plena actualidad en aquellos tiempos), con lo que todo lo que podía pasar en una casa encantada, aparece aquí (y cuando digo todo, digo todo); la segunda es que en esta novela el terror no se sugiere ni está implícito, sino que aparece de forma totalmente explícita y, hacia el final del libro, sin ahorrarle detalles al lector (lectores sensibles y/o miedosillos, beware); la tercera es (y, sintiendo volver a La maldición de Hill House, es algo que también pasaba en el libro de Jackson) que la casa vuelve a encontrar su camino hacia la destrucción a través de las mujeres, que al ser retratadas como seres reprimidos y/o enamoradizas y/o rebosantes de traumas y/o complejo de salvadoras del mundo, tienen el cartel de "vía libre" tatuado en la frente y son carne de cañón para estos espíritus malajes; la cuarta es un poco trampa porque no os servirá como "cosa a tener en cuenta", pero yo lo he disfrutado mucho aun siendo consciente de sus defectos y creo que es lectura obligada para quien guste de las historias sobre casas encantadas. No es perfecta, si quieres encontrarle pegas se las encuentras, pero entretiene mucho, que es lo que cuenta. ¿El final? Pues como siempre en estos casos, cuestión de gustos. Para mí, normalito, sin más. Me quedo con el desarrollo de la historia y los momentos de tensión.
 
Y voy terminando no sin antes hacer alusión a algo que dije cuando os hablé de La casa y el cerebro el martes, y es que  creo (y probablemente es algo que de no haberlos leído tan seguidos no hubiese notado) que Matheson se inspiró mucho en La casa y el cerebro, ya no tanto en el concepto de casa encantada como en lo que hay detrás del encantamiento de la casa y sus fenómenos paranormales. De hecho, y sin poder adentrarme más en el tema, hacia el final se hace un descubrimiento en la casa muy similar al que se realiza en el libro de Bulwer-Lytton. Que conste que las similitudes no son literales, existe un margen de originalidad en todo lo que se plantea, pero las bases sí que resultan muy evidentes.




Richard Matheson (1926 - 2013) es considerado uno de los autores más influyentes del siglo XX por escritores de la talla de Ray Bradbury o Stephen King. Además de su contribución a la ciencia ficción, el terror, la fantasía y el western, Matheson destaca por su labor como guionista. Llevan su firma algunos de los capítulos más memorables de las emblemáticas The twilight zone, Star Trek o The Alfred Hitchcock Hour; además de las adaptaciones de cuentos de Edgar Allan Poe dirigidas por Roger Corman o el primer trabajo cinematográfico de Steven Spielberg. También varios de sus relatos han sido llevados a la gran pantalla, como El increíble hombre menguante en 1957 o El último escalón en 2000. Pero el más recordado de todos ellos es Soy leyenda.

Entre los numerosos premios que ha obtenido se hallan el World Fantasy (1976, 1978, 1984, 1990), el Bram Stoker (1990, 1991), el International Horror Guild Award (2000), el Retro Hugo (2001), el Locus (1990), el Readercon (1990) y el British Fantasy (1996).

jueves, 29 de octubre de 2020

RESEÑA HALLOWEEN #4 (by MH) ::: OLALLA - Robert Louis Stevenson




Título original: Olalla
Autor: Robert Louis Stevenson
Editorial: Ediciones Invisibles
Traducción: Isabel Llasat
Páginas: 96
Fecha publicación original: 1885
Fecha esta edición: octubre 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 13 euros



Siguiendo las recomendaciones médicas, un oficial escocés herido en combate y que necesitará un largo período de convalecencia accede a convertirse en el huésped de una familia que vive en un gran caserón fortificado en un remoto rincón de España. Según le han dicho, en la casa, muy deteriorada por el tiempo, solo vive una madre con sus dos hijos: Felipe, de pocas  luces, y Olalla, de la que apenas se sabe nada, últimos supervivientes de esta estirpe venida a menos, víctima de los excesos y la endogamia. Pero antes de entrar en la fortificación, el oficial  tendrá que aceptar una condición previa: deberá renunciar a mantener cualquier tipo de relación con la familia.

Tenía este libro desde hace un tiempo en la estantería, pero como prometía ambientación gótica lo he estado reservando a propósito para estas fechas, así que os cuento un poquito sobre Olalla. Que por cierto, cuarto clásico que os traigo esta semana para Halloween, y cuarta historia contada por el narrador en primera persona. Coincidencia absoluta, no lo he hecho a propósito, pero esto demuestra que el recurso de narrar experiencias turbadoras, sobrenaturales o terroríficas en primera persona da mucho juego en la literatura gótica y de terror.
 
Pues, como os digo, tenemos un narrador (soldado escocés en este caso) que, tras ser herido en España, necesita de un lugar tranquilo en el que pasar sus últimas semanas de convalecencia, y su médico le recomienda una casa muy remota y aislada. Sus dueños (madre, hija e hijo), que pese a la extensa propiedad viven casi en la indigencia, también convivirán con él, pero le imponen una condición: no tener ningún trato con ellos. Se le proporcionará habitación, se le proporcionarán sus comidas y podrá pasear por los alrededores, pero nada de intentar establecer ningún tipo de relación con ellos. Pero claro, eso es fácil de pedir y complicado de llevar a cabo, así que el contacto resulta inevitable. El hijo, Felipe, es quien le recoge en un carro; extraño, algo duro de entendederas y con tendencia a arrebatos de crueldad y cólera, parece admirar mucho a nuestro soldado (de una manera un tanto atrevida para la época, diría yo). La madre, también muy extraña, posee una belleza admirable, pero siempre anda medio ida, como en otro mundo, desconectada por completo de su entorno. A quien no ve nunca por allí es a la hija, Olalla, pero algunas noches ocurren cosas extrañas en esa casa y cree que quizás ella es la causa... hasta que la conoce, se enamora perdidamente de ella y su obsesión es sacarla de allí como sea.
 
Stevenson entreteje la magnífica ambientación de la historia a base de puntadas precisas que van conformando un cuadro tan enigmático como atrayente. Las características de la novela gótica están por todas partes: la casa tétrica y decadente rodeada por paisajes agrestes y escarpados que acentúan la sensación de aislamiento y tosquedad; tormentas y vientos que influyen en el estado de ánimo de una manera anormal ("es el viento negro. Sientes que deberías hacer algo y no sabes qué es"); una familia que, tras siglos de endogamia e incesto en pos de la perfección genética, ha quedado reducida a unos miembros extraños y siniestros que los habitantes del pueblo cercano, temerosos de ellos, rehúyen; gritos y aullidos en la noche, salvajes y atormentados, de los que nadie parece saber nada a la mañana siguiente; un cuadro misterioso e inquietante que obsesiona al soldado; una joven hermosa y enigmática que parece querer elevarse por encima de toda esta corrupción y de la maldición que parece acarrear su familia...

Aun así, yo creo que la virtud de Olalla está precisamente en cómo se cuentan los hechos, no en los hechos propiamente dichos, porque Stevenson insinúa sin poner etiquetas, y al no hacerlo, las posibilidades que se abren ante el lector son variadas al tratar de definir qué ocurre en esa familia y el modo en que el soldado interactúa con ella. Que conste que el autor va incluso más allá de lo que otros autores de su época se atrevieron a ir en algunos comportamientos y alusiones entre personajes, pero se guarda muy mucho de que el lector tenga una comprensión total de la maldición que sufre esa familia, e incluso juega con el hecho de que su naturaleza sea sobrenatural o que su decadencia sea fruto de una enfermedad mental. Olalla no deja de referirse a su estirpe cuando se lamenta de su maldición, pero en este relato no hay que dar nada por sentado. La ambientación gótica y la excelente atmósfera que supura la historia no deben opacar los muchos hilos que, a mi parecer, pretendía ovillar el autor, y que resultan fascinantes por sí mismos.

Pero que esta familia esté formada por un tipo u otro de criaturas sobrenaturales (no seré yo la que ponga nombre a lo que no se dice explícitamente), o que simplemente muestren conductas violentas y anormales propias de su carácter endogámico y un más que probable trastorno genético (no seré yo la que diga que este es el caso), no es la única ambigüedad que predomina en la historia. La relación entre Felipe y el soldado, la relación entre Olalla y el soldado, la naturaleza de Olalla y, por curioso que parezca, la naturaleza del propio soldado, por no hablar de la señora de la casa... No es de esas lecturas que se terminan y a otra cosa; dejan al lector pensando sobre qué ha leído e intentando unir esos hilos de los que os hablaba antes.
 
El propio Stevenson dijo no estar muy contento con el resultado del relato debido a las dificultades de trasladar su visión original a una narrativa estándar, y fue el propio Stevenson, con estas palabras, el que probablemente propició que su relato no recibiera el reconocimiento de los entusiastas del género (menos mal que siempre hay editoriales con alma de arqueólogas literarias que no tienen miedo de excavar, indagar y recuperar). Sí, es un relato demasiado ambiguo, demasiado contenido, como para entusiasmar a quienes busquen literatura gótica de manual, y sí, el final es de esos polarizantes que no creo que sea del gusto de todo el mundo, pero precisamente esas particularidades son las que le dan personalidad y marcan la diferencia, las que le otorgan su lugar en una marabunta de historias que a veces se parecen demasiado entre ellas. Y la narración de Stevenson, por añadidura, no solo es envolvente, intensa y fascinante, sino muy visual y adelantada para su época en el modo de presentar algunas escenas. Robert Louis Stevenson era un magnífico contador de historias.

A título personal, creo que Olalla se saborea cuando se lee y se intensifica y perpetúa en el paladar conforme pasan los días; nunca se termina de ir, tiene mucho más que contar de lo que aparenta.
Los que mucho aprenden no hacen sino quedarse con la primera capa del conocimiento; entienden las leyes, conciben la dignidad del designio, pero el horror de lo real se les borra de la memoria. Somos los que convivimos con el mal los que lo recordamos, creo, y estamos advertidos y nos compadecemos.

Robert Louis Stevenson (1850-1894). Enfermo de tuberculosis desde su juventud, pasó gran parte de su vida viajando para encontrar un clima que fuera favorable a sus pulmones. En una estancia en París conoció a Fanny Osbourne, una norteamericana separada y con hijos. La siguió a América y se casó con ella en 1880, a pesar de la oposición familiar. Años más tarde, la pareja emprendió un viaje por el Pacífico y se estableció en Samoa. Stevenson es recordado especialmente por La isla del tesoro, El extraño caso del Dr.Jekyll y Mr. Hyde, y esta estremecedora Olalla, que apareció publicada en la Navidad de 1885.

miércoles, 28 de octubre de 2020

RESEÑA HALLOWEEN #3 (by MH) ::: LA PUERTA ABIERTA - Margaret Oliphant


 
 
Título original: The Open Door
Autora: Margaret Oliphant
Editorial: Valdemar
Traducción: Rafael Díaz Santander
Prólogo: Los editores
Páginas: 130
Fecha publicación original: 1882
Fecha esta edición: enero 1987
Encuadernación: rústica
Precio: Descatalogado (disponible de 2ª mano)
Imagen de cubierta: Abtei im Eichwald (Gaspar David Friedrich)



La puerta abierta es quizá, junto a Otra vuelta de tuerca de Henry James, El guardavías de Dickens, o La mujer del sueño de Wilkie Collins, una de las más destacadas y originales creaciones del cuento de miedo inglés, en opinión de Montague Rhode James, uno de los maestros indiscutibles del género.

La atmósfera inquietante en la que se desarrolla el relato y la sensibilidad con que la autora describe los acontecimientos logran infundirle un extraño y poético patetismo que trasciende los límites convencionales del género.

El misterio gira en torno al ruinoso frontispicio de una antigua mansión en el que se abre el hueco de una puerta solitaria que el tiempo ha despojado de todo significado y que ya no conduce a ninguna parte. Una angustiada voz que gime y suplica ante esa puerta abierta y vacía es el único indicio de una tragedia que se renueva a lo largo del tiempo y que tal vez ha quedado grabada en el oculto corazón de la naturaleza.
Mirad que hay poco de esta autora disponible en castellano, pero la admiro tanto que aun así me he apañado para que esta sea la cuarta vez que os hablo de ella en Netherfield, siendo esta además la segunda vez que participa en mis especiales de clásicos por Halloween. Hoy os hablo de La puerta abierta, un relato largo (se aproxima bastante a novela corta) que en España está incluido en varias compilaciones de terror o góticas pero que yo tuve la suerte de encontrar en su momento en una edición separada publicada por Valdemar hace más de treinta años
 
Volvemos a tener un narrador en primera persona, un hombre de familia que alquila la casa de Brentwood (muy cerca de Edimburgo) para alojarse allí por un espacio máximo de dos años junto a su esposa y sus tres hijos (dos muchachas y un único varón, de constitución algo frágil). La casa está rodeada de un entorno natural privilegiado, un parque en el que se hallan las ruinas de la antigua mansión de Brentwood, entre las que destaca, en un edificio cercano que probablemente había sido la entrada trasera para las dependencias del servicio, el hueco de una puerta que ya no da acceso a nada, una puerta vacía a ninguna parte, pues las estancias han desaparecido. Roland, que así se llama el hijo del narrador, debe cruzar ese parque todos los días para asistir a la escuela, y de repente cae muy enfermo, afirmando desesesperado que alguien en ese parque llora y sufre muchísimo, y que cree que quizás, tal vez, puede que ese alguien no esté vivo, y que no, que él no está enfermo, simplemente tiene ese lamento metido tan dentro de su cabeza que lo escucha noche tras noche y es incapaz de soportarlo. Nadie le cree, todos temen que tenga alguna especie de fiebre cerebral, pero él confía en su padre. Su padre sabrá lo que hay que hacer para ayudar a ese espíritu. Y ese padre, desesperado, no puede fallarle a su hijo. Tiene que adentrarse en ese parque, tratar de escuchar lo mismo que él... y sus pasos le llevan hasta esa puerta en ruinas abierta hacia la nada.

No quiero repetirme, pero tengo que reafirmarme en algo que ya os he dicho en ocasiones anteriores al hablaros de otras obras de la autora: los fantasmas de Margaret Oliphant no son los típicos fantasmas terroríficos que pretenden asustar o mortificar a los vivos, ni fantasmas resentidos que pagan con ellos la frustración de haberse quedado atrapados. Suelen ser fantasmas que quieren transmitir un mensaje y ayudar o, como ocurre en este caso, fantasmas que se encuentran perdidos y sufren al no encontrar su camino hacia el otro lado. No son los villanos de la historia, sino sus víctimas; necesitan la ayuda de los vivos, pero no saben cómo pedirla; vuelven una y otra vez al lugar de sus desdichas, pero en ocasiones ni siquiera saben que están muertos.
Hay movimientos y sonidos en la naturaleza perfectamente comprensibles, como el crujido de las pequeñas ramas en la escarcha, o la gravilla del sendero, que a veces producen un efecto tan fantástico que uno se pregunta intrigado quién lo ha producido; pero esto sucede cuando no hay un verdadero misterio. Les aseguro que estos efectos son incomparablemente más turbadores cuando se sospecha que hay algo. Yo distinguía y comprendía aquellos sonidos; pero no comprendía el susurro. No era una simple manifestación de la Naturaleza; había una intención, un sentimiento... el espíritu de una criatura invisible. 
La ambientación de Oliphant es, como siempre, deslumbrante. Da igual que te cuente cómo son los paisajes que rodean Edimburgo y sus pueblos más cercanos, la perfección de sus matices, lo acogedor de sus campos, la frescura de su entorno o la felicidad que se siente ante la sensación de encontrarse en casa.... que resulta igual de fascinante y sugerente cuando se adentra en la noche gótica llena de crujidos, sombras, sensaciones de horror y oscuridad. Tenía un don especial para recrear atmósferas sugestivas que estimulan y alertan los sentidos, y creedme, hay varios pasajes en este libro que hacen que los escalofríos vengan a cabalgar por tu espina dorsal como si no hubiese un mañana. Tratad de imaginaros en medio de ese bosque junto al umbral de una puerta hacia la nada rodeados de maleza y árboles amenazadores en una oscuridad opresiva, con la luz de un farol apenas iluminando unos pasos más allá y, en silencio, esperando escuchar algo, esperando, esperando... y de repente oyendo unos lamentos desgarradores justo a vuestro lado sin que haya absolutamente nadie a vuestro alrededor. Nada, que me ha venido otra vez un escalofrío. Será posible...

Una lectura fantástica para estas fechas, muy bien escrita, maravillosamente ambientada (incluso tiene algún punto de humor triste y resignado cuando el narrador afirma que tener un fantasma en casa estaba de moda en aquella época y se pagaba gustosamente por ello... aunque la ilusión decaía cuando había que convivir de verdad con él), y que ofrece una historia de fantasmas de las de antes, inquietante y emotiva sin fanfarrias ni efectos especiales que desvíen la atención de lo que verdaderamente importa: los personajes. Porque Oliphant usa siempre sus ghost stories para contar otras cosas que a ella le interesaban y para enfatizar la humanidad de sus personajes y sus creencias, ya sea un padre no demasiado supersticioso que haría lo que fuese por su hijo, como ese hijo que está sufriendo por algo que sabe que no es de este mundo y aun así quiere ayudarlo, como otros personajes que aparecen en la historia y que no os desvelo para no adelantar acontecimientos, pero que aportan otros puntos de vista diferentes sobre lo que se nos está contando, ya sea por carencia de fe en lo sobrenatural como por confiar ciegamente en su existencia.
 
Ya sabéis que durante esta semana os voy a traer seis lecturas, todas muy diferentes entre sí de épocas y ambientaciones también muy diferentes, pero si me preguntáis a mí cuál sería mi favorita para leer la misma noche de Halloween, con poca luz, en silencio, y con una sensación de estremecimiento constante durante las dos horas de lectura, sería sin duda La puerta abierta. Ya lo he dicho alguna vez (creo), pero yo no soy de asustarme leyendo, así que cuando os digo que una historia me ha puesto los pelillos de punta, creedme porque es así.
 
A todo esto, ¿os he hablado del enebro? ¿No? Lo dejo entonces para otro día...




Margaret Oliphant nació en 1828 en Wallyford (Escocia) y falleció en Wimbledon en 1897. Creció en un ambiente que favoreció su interés por los juegos literarios y publicó su primera novela en 1849. A pesar de llevar una vida personal dura, en la que la enfermedad, la muerte y las necesidades económicas, la acuciaron, no se dejó derrotar. Tras la muerte de su esposo en Roma, regresó a Inglaterra para dedicarse a escribir como forma de manutención, y logró gran fama, siendo muy conocida por sus relatos góticos, dotados de una maestría particular. A lo largo de su vida escribió más de cien artículos para el Blackwod´s Magazine, famosa revista en la que escribieran Edgar Allan Poe y Nathaniel Hawthorne.