Título original: The bookshop
Autora: Penelope Fitzgerald
Editorial: Impedimenta
Traducción: Ana Bustelo
Páginas: 192
Fecha publicación original: 1978
Fecha esta edición (8ª): marzo 2013
Encuadernación: rústica con sobrecubierta
Precio: 18,40 euros Encuadernación: rústica con sobrecubierta
Ilustración de cubierta: Casa con techo de paja de mazorca (Dorling Kindersley)
Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del
pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado, comido por
la humedad y que incluso tiene su propio y caprichoso poltergeist.
Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del
pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla.
Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña
de diez años, de hecho la única que no sueña con sabotear su negocio.
Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de
Olympia Press de Lolita, de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.
Novela finalista del Booker Prize, La librería
es una delicada aventura tragicómica, una obra maestra de la entomología
librera. Florence Green vive en un minúsculo pueblo costero de Suffolk
que en 1959 está literalmente apartado del mundo, y que se caracteriza
justamente por «lo que no tiene».
A veces los lectores tenemos ideas tontas, miedos tontos, cuando decidimos hacer frente a un libro que estamos deseando leer. ¿Qué clase de ideas y miedos tontos? Pues de esos que te hacen comprarte un libro con toda la ilusión por muchos motivos, libro que al final acaba languideciendo en la estantería porque te llegan aires de opiniones que hablan de decepción y que te hacen dejarlo pasar un tiempo hasta que se te olviden esas opiniones... lo que no suele pasar nunca si tienes buena memoria xD. Y eso que yo cuando quiero leer un libro, leerlo de verdad, no suelo hacer caso de otras opiniones, sean buenas o malas, entre otras cosas porque suelo ir bastante a contracorriente. Pero no sé qué me ha pasado con este libro que tenía miedo de que no me gustase. Es que QUERÍA con todas mis fuerzas que me gustase. Por fin este año he decidido ser "valiente" y leer La librería, uno de los libros en mis estantes que más ha sufrido este reposo involuntario. ¿Por qué no me va a gustar?, me dije. Si es el tipo de literatura que me encanta, ¿qué puede salir mal?, me dije. Y si al final no me gusta, si al final también me decepciona... ¿qué? ¿Se acabaría el mundo? No, ¿verdad?, me dije. Y aquí estoy para hablaros de La librería, de Penelope Fitzgerald, que he disfrutado un montón y que ya podía haber leído hace cuatro años cuando lo compré en lugar de hacer el panoli. Nada nuevo bajo el sol :)
Y tras esta intro más larga que un día sin pan, os cuento qué me ha parecido la novela.
Florence tenía buen corazón, aunque eso sirve de poco cuando de lo que se trata es de sobrevivir.Estamos en 1959, y Florence Green, una viuda habitante del pueblecito costero inglés de Hardborough, decide comprar Old House (una casa embrujada del siglo XVIII en primera línea de playa que lleva años abandonada sin que nadie se interese por ella y que además cuenta con un poltergeist como eterno y bullicioso habitante) y abrir en ella una librería, la única del pueblo. Lo que debería ser motivo de alegría para los habitantes de Hardborough acaba convirtiéndose en una guerra encubierta por parte de la alta sociedad de la zona porque se les ha ocurrido, de repente, que ellos también querían Old House para otros menesteres... y si de paso Florence se va del pueblo, tanto mejor. Florence, con casi todo el pueblo en contra, no está dispuesta a que minen su voluntad, y mientras hace frente a sus embites como puede, solo cuenta con la ayuda de una espabilada y resolutiva niña de diez años, con la simpatía de un viejo huraño que vive apartado de la vida social del pueblo y con los consejos de un vago profesional que le recomienda que compre Lolita, de Vladimir Nabokov y lo venda en su librería (al poltergeist frustrado de la casa no lo consideraremos ayuda xD). Florence pronto descubrirá que el éxito a veces no solo es efímero, sino que se vuelve en tu contra, y que a pesar de lo que digan los libros, los optimistas y sus epopeyas, David casi nunca vence a Goliat.
Creo que para entender esta historia primero hay que entender al pueblo en que se sitúa (que es un personaje principal en sí mismo) y a los seres humanos que pululan en él. Hardborough es un lugar cada vez más incomunicado (ferries, puentes, trenes, carreteras... cada poco tiempo pierden un medio de transporte distinto que les una con el mundo), y los habitantes de Hardborough son como el propio lugar en el que viven: replegados en sí mismos, solitarios, aislados de todo y de todos de tal manera que todo lo nuevo, todo lo que se salga de unas rutinas cuyos inicios se pierden en el tiempo, les provoca rechazo, desconfianza y una aversión instantánea. A grandes rasgos, Hardborough es un pueblo que, cuanto menos tiene, menos quiere tener.
Florence Green no es nativa de Hardborough (por ciertos detalles debemos suponer que es londinense), y aunque es una mujer solitaria que se mimetiza a las mil maravillas con su entorno y que pasa totalmente desapercibida, en el fondo es muy distinta: por dentro le bullen las metas, los objetivos, quiere hacer cosas, las quiere hacer por sí misma y no tiene miedo a intentarlo. Florence es demasiado buena (se dice desde el principio), ingenua y quizás un tanto idealista, pero también es perseverante, valiente y está decidida a sobrevivir y luchar como sea por su sueño, que no es otro que, simplemente trabajar en lo que a ella le gusta: ser librera. Y si los demás se empeñan en que Harborough no necesita una librería, que no necesitan esa "rareza", si la acosan de un modo invisible tan educado como desgastador, ella sigue plantando cara y batallando.
Dicen por ahí que está usted a punto de abrir una librería. Eso significa que no le importa enfrentarse a cosas inverosímiles.Puedo entender por qué a muchos lectores les parece que no pasa nada en la historia, pero mi experiencia con este libro ha sido totalmente diferente. Es un libro que se apoya totalmente en los personajes, sus sentimientos y su relación con los demás, porque así es la vida y el día a día de cada uno de nosotros. Florence Green es una mujer normal que abre un negocio porque quiere dar un paso adelante en su vida y que no solo no hace daño a nadie, sino que dando ese paso enriquece su comunidad y la vida de los que la rodean. Y en vez de recibir apoyo, cariño y empatía, se encuentra con la mezquindad de la gente y la falsedad que es innata en la naturaleza humana. Resulta muy fácil ponerse en el lugar de Florence tanto en lo bueno como en lo malo; resulta fácil acompañarla en su sueño y su trabajo duro por sacarlo adelante, y en su decepción y vergüenza cuando se da cuenta de que no solo no va a recibir ayuda de nadie, sino que van a hacer todo lo posible por derribar su sueño; y resulta fácil ponerse en su pellejo porque la vida es precisamente eso, un camino empedrado de ilusiones, sueños, decepciones y trabajo duro, y muchas veces nos tragamos todas esas piedras sin que nadie más se dé cuenta y sea consciente de ello. Estoy convencida de que pasan muchas cosas en este libro, pero son tan reales, tan auténticas, tan factibles y mundanas, que las pasamos por alto cuando las vemos negro sobre blanco porque estamos acostumbrados a verlas todos los días.
Pero además de Florence y sus diatribas vecinales, La librería abre una ventana al modo en que funcionaba una pequeña librería en los años 50 y los retos a los que debía enfrentarse el desdichado librero. La propia Fitzgerald fue librera en su momento y toda esa experiencia se vuelca en la historia. Por ello asistimos al proceso ya no solo de decidir qué tipo de libros quiere tener en su librería, sino cómo ordenarlos, cómo distribuirlos y elegir entre lo ineligible. Devoluciones después de haber leído ya el libro, gente que toquitea todo y no compra nada, gente que lee los libros gratis a fuerza de pasarse todos los días y leer el capítulo de turno... clientela en general, esa que de ningún modo lleva siempre la razón y que muchas veces es una completa impertinente carente de empatía. Accesorios literarios que a veces estorban más que otra cosa, libros que vivirán eternamente en la estantería sin que nadie les dedique una sola mirada, o ese mundillo (poco conocido y bastante implacable) de la distribución editorial, que visto lo visto no ha cambiado nada en los últimos 70 años. Muchos libreros de pequeños establecimientos tienen que lidiar con imposiciones que les obligan a quedarse con veinte libros que no quieren por cada novedad o libro que sí quieren, con lo que al final acaban vendiendo lo que la distribuidora quiere, no lo que a ellos les gustaría.
Creo que resulta evidente: he disfrutado muchísimo de la novela. La librería puede parecer una historia que solo habla de una mujer que quiere abrir una librería en un pueblo pequeño y aislado y en el que no pasa mucho más... pero sinceramente creo que es mucho más que eso. Convivencia, respeto, empatía, malicia, traición, vergüenza, abuso de poder, la asfixia educada del despotismo solapado en una comunidad pequeña... todo esto forma parte del corazón del libro, tanto por su presencia como por su ausencia, según el caso. Me ha parecido tierno a ratos, en otros divertido, con un poso acusado y persistente de melancolía que no aturulla la historia pero que tampoco la abandona y le confiere un aura nostálgica que, hacia el final del libro, cuando ves en qué va a acabar todo, se convierte en una sombra pegada a las páginas.
Y Penelope Fitzgerald enmascara todo esto en una aparente simplicidad desapegada porque, sencillamente, escribe muy, muy bien. Te lleva por donde ella quiere con una riqueza narrativa totalmente carente de estridencias y grandilocuencias. La narración fluye, los escenarios cobran vida, los personajes adquieren la dimensionalidad que les corresponde en la trama, y todo ello con una limpieza y una frescura fantásticas. Sencillez y sensibilidad al servicio de las emociones y la humanidad, en lo bueno y en lo malo.
Cuatro años después de comprarlo, ya puedo decir que me parece una delicia de lectura.
Título original: The Bookshop
Año: 2017
Duración: 115 minutos
País: España
Director: Isabel Coixet
Guión: Isabel CoixetDirector: Isabel Coixet
Basada en una historia de: Penelope Fitzgerald
Reparto: Emily Mortimer,
Patricia Clarkson,
Bill Nighy,
Honor Kneafsey,
James Lance,
Harvey Bennett,
Michael Fitzgerald,
Jorge Suquet,
Hunter Tremayne,
Frances Barber,
Gary Piquer,
Lucy Tillett,
Nigel O'Neill,
Toby Gibson,
Charlotte Vega,
Nick DevlinA ver, Isabel Coixet no me entusiasma como directora y guionista, pero tampoco me disgusta. A veces resulta algo pedante y sensiblera, unas pelis me gustan más que otras, pero en general las historias que tiene en la cabeza y que luego plasma en imágenes me gustan, me interesan, y por eso suelo pasar por alto las cosillas que no me hacen mucho tilín.
En La librería, para mi gusto, vuelve a pecar más o menos de lo mismo. La película tiene muy buenas intenciones, se nota el cariño que la autora siente por el libro, ese cariño que sobre todo se vuelca en los libros durante todo el metraje, pero el resultado final creo que dista mucho de ser lo que podría haber llegado a ser. Y es una pena. Porque yo, que soy una vendida con este tipo de películas, que me trago lo que sea que huela a ambientación de épocas pasadas (y si está relacionado con libros ni os cuento), que soy, de facto, una enamorada de este género... sigo dudando y sigo sin saber hasta qué punto me ha gustado.
Venga, os digo lo que me ha gustado, que termino antes. La fotografía, bonita, sencilla, pero con el matiz justo para evocar esos años 50 en los que se ambienta la película. La librería en sí misma, porque tiene encanto, la quieres para ti, es preciosa. Bill Nighy, y esto, señores, tiene mucho mérito, porque es un actor al que yo no acabo de cogerle el punto (lo veo siempre un poco sobreactuado, histriónico, y por eso siempre lo prefiero en pelis como Love Actually, donde se exige esa sobreactuación, que en pelis donde tiene que ponerse serio). Que respeta muchos de los diálogos del libro al pie de la letra, y eso, en determinadas escenas, tiene mucha importancia, porque lo son todo... Y, si soy generosa, la ambientación, aunque ver, lo que se dice ver el pueblo costero inglés donde se ambienta la historia, lo vemos más bien poco.
Lo que no me ha gustado. Su protagonista, Emily Mortimer, a la que jamás te imaginas como la casi invisible Florence Green literaria y que usa tres gestos para todas las situaciones. James Lance, que otorga a su personaje toda la obviedad desde el primer plano que no tiene en el libro (no ayuda el guión). La ausencia del poltergeist, que a todo el mundo le podrá parecer que no pinta nada pero si está en el libro, es por algo: si la autora quiso otorgarle a la librería esa excentricidad, ¿quién es la Coixet para eliminarlo? Pues eso. Lo desaprovechadísimo que está el personaje de Christine Gipping, que apenas se parece a la literaria y que precisamente por eso el espectador se pierde escenas imprescindibles en el libro: la librería literaria es un caos de escenas que en ningún momento vemos representado en la librería cinematográfica. ¿Dónde queda el fenómeno y controversia que provoca Lolita? No se sabe, este guión lo desecha de un plumazo. Pero eso sí, la Coixet deja de lado escenas maravillosas del libro para hacer hueco a lo que a ella le interesaba: meter romance... totalmente inventado, claro está, al menos al nivel que se muestra en la cinta y totalmente por parte de la interesada femenina.
Sí quiero resaltar algo que me ha llamado mucho la atención en la película, y es el amor verdadero por los libros. Y diréis que vaya cosa, que de eso va la historia, pero me explico. En la película vemos a Florence leyendo, acariciando sus libros, despidiéndose de ellos, de su librería, recomienda lecturas muy concretas... es un canto de amor a la literatura en toda regla. Sin embargo no consigo recordar una escena en el libro en la que Florence demuestre ese amor tan abiertamente. Sí, abre una librería, pero no hay ninguna escena donde nos la describan leyendo, por poner un ejemplo (no al menos que yo recuerde; si me equivoco, decídmelo). Y eso, que puede parecer una tontería, me ha hecho pensar mucho en el libro... ¿por qué la autora hace que su protagonista abra una librería, que las pase canutas por ese motivo, que conozcamos todos los entresijos de la profesión de librero, pero no parece mostrar mayor interés por leer nada de lo que le va llegando a la librería? Ya digo, lo mismo me equivoco porque leí el libro antes de verano, hace ya unos meses, pero me parece curioso. Y, sin embargo, la Coixet inserta montones de escenas que parecen querer compensar esa carencia en la novela.
Mirad lo que os digo, confome escribo, y sobre todo después de este último párrafo, he decidido que la peli tiene sus carencias, pero tiene cosas que me compensan, y que le doy un 7/10. Y que sea lo que Loki quiera :)
Penelope Fitzgerald, de soltera Knox, nació en 1916. Era la hija del editor de Punch,
Edmund Knox, y sobrina del teólogo y novelista Ronald Knox, del
criptógrafo Dilly Knox y del estudioso de la Biblia Wilfred Knox.
Fue
educada en caros colegios de Oxford. Durante la segunda guerra mundial
trabajó para la BBC. En 1941 se casó con Desmond Fitzgerald, un soldado
irlandés, con el que tuvo tres hijos. Durante algunos años vivió en una
casa flotante en el Támesis. Autora tardía, Penelope Fitzgerald publicó
su primer libro en 1975, a los cincuenta y ocho años, una biografía del
pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones. En 1977 publicó su primera
novela, The Golden Child, una historia cómica de misterio
ambientada en el mundo de los museos. A lo largo de los siguientes cinco
años publicó cuatro novelas vagamente autobiográficas, que la
consagraron como una de las figuras más importantes de la nueva
narrativa inglesa, comparable a Iris Murdoch o A. S. Byatt. Con La librería (1978) fue finalista del Booker Prize, premio que finalmente consiguió con su siguiente novela, A la deriva (1979). Siguieron Human Voices (1980) y At Freddie’s
(1982). En este punto, Fitzgerald declaró que ya estaba cansada de
escribir sobre su propia vida, y se decantó por la novela que desvelaba
hechos y acontecimientos del pasado, desde un punto de vista histórico.
La primera de ellas sería Inocencia (1986),
desarrollada en la Italia de los años 50 y que narraba la historia de
amor entre la hija de un aristócrata arruinado y un médico comunista. En
1988 publicó El inicio de la primavera, que
tiene lugar en el Moscú de 1913, protagonizada por un pequeño impresor
inglés perdido en los albores de la Revolución rusa. Siguieron La puerta de los ángeles (1990) y La flor azul (1995), centrada en la vida del poeta alemán Novalis. Penelope Fitzgerald murió en Londres en abril del año 2000.




















