Mostrando entradas con la etiqueta Inglaterra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Inglaterra. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de octubre de 2019

RESEÑA COMBO (by MH) ::: LA LIBRERÍA - Penelope Fitzgerald




Título original: The bookshop 
Autora: Penelope Fitzgerald 
Editorial: Impedimenta
Traducción: Ana Bustelo  
Páginas: 192
Fecha publicación original: 1978
Fecha esta edición (8ª): marzo 2013
Encuadernación: rústica con sobrecubierta
Precio: 18,40 euros 
Ilustración de cubierta: Casa con techo de paja de mazorca (Dorling Kindersley)



Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado, comido por la humedad y que incluso tiene su propio y caprichoso poltergeist. Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla. Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña de diez años, de hecho la única que no sueña con sabotear su negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita, de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.
Novela finalista del Booker Prize, La librería es una delicada aventura tragicómica, una obra maestra de la entomología librera. Florence Green vive en un minúsculo pueblo costero de Suffolk que en 1959 está literalmente apartado del mundo, y que se caracteriza justamente por «lo que no tiene».

A veces los lectores tenemos ideas tontas, miedos tontos, cuando decidimos hacer frente a un libro que estamos deseando leer. ¿Qué clase de ideas y miedos tontos? Pues de esos que te hacen comprarte un libro con toda la ilusión por muchos motivos, libro que al final acaba languideciendo en la estantería porque te llegan aires de opiniones que hablan de decepción y que te hacen dejarlo pasar un tiempo hasta que se te olviden esas opiniones... lo que no suele pasar nunca si tienes buena memoria xD. Y eso que yo cuando quiero leer un libro, leerlo de verdad, no suelo hacer caso de otras opiniones, sean buenas o malas, entre otras cosas porque suelo ir bastante a contracorriente. Pero no sé qué me ha pasado con este libro que tenía miedo de que no me gustase. Es que QUERÍA con todas mis fuerzas que me gustase. Por fin este año he decidido ser "valiente" y leer La librería, uno de los libros en mis estantes que más ha sufrido este reposo involuntario. ¿Por qué no me va a gustar?, me dije. Si es el tipo de literatura que me encanta, ¿qué puede salir mal?, me dije. Y si al final no me gusta, si al final también me decepciona... ¿qué? ¿Se acabaría el mundo? No, ¿verdad?, me dije. Y aquí estoy para hablaros de La librería, de Penelope Fitzgerald, que he disfrutado un montón y que ya podía haber leído hace cuatro años cuando lo compré en lugar de hacer el panoli. Nada nuevo bajo el sol :)

Y tras esta intro más larga que un día sin pan, os cuento qué me ha parecido la novela.
Florence tenía buen corazón, aunque eso sirve de poco cuando de lo que se trata es de sobrevivir.
Estamos en 1959, y Florence Green, una viuda habitante del pueblecito costero inglés de Hardborough, decide comprar Old House (una casa embrujada del siglo XVIII en primera línea de playa que lleva años abandonada sin que nadie se interese por ella y que además cuenta con un poltergeist como eterno y bullicioso habitante) y abrir en ella una librería, la única del pueblo. Lo que debería ser motivo de alegría para los habitantes de Hardborough acaba convirtiéndose en una guerra encubierta por parte de la alta sociedad de la zona porque se les ha ocurrido, de repente, que ellos también querían Old House para otros menesteres... y si de paso Florence se va del pueblo, tanto mejor. Florence, con casi todo el pueblo en contra, no está dispuesta a que minen su voluntad, y mientras hace frente a sus embites como puede, solo cuenta con la ayuda de una espabilada y resolutiva niña de diez años, con la simpatía de un viejo huraño que vive apartado de la vida social del pueblo y con los consejos de un vago profesional que le recomienda que compre Lolita, de Vladimir Nabokov y lo venda en su librería (al poltergeist frustrado de la casa no lo consideraremos ayuda xD). Florence pronto descubrirá que el éxito a veces no solo es efímero, sino que se vuelve en tu contra, y que a pesar de lo que digan los libros, los optimistas y sus epopeyas, David casi nunca vence a Goliat.

Creo que para entender esta historia primero hay que entender al pueblo en que se sitúa (que es un personaje principal en sí mismo) y a los seres humanos que pululan en él. Hardborough es un lugar cada vez más incomunicado (ferries, puentes, trenes, carreteras... cada poco tiempo pierden un medio de transporte distinto que les una con el mundo), y los habitantes de Hardborough son como el propio lugar en el que viven: replegados en sí mismos, solitarios, aislados de todo y de todos de tal manera que todo lo nuevo, todo lo que se salga de unas rutinas cuyos inicios se pierden en el tiempo, les provoca rechazo, desconfianza y una aversión instantánea. A grandes rasgos, Hardborough es un pueblo que, cuanto menos tiene, menos quiere tener.

Florence Green no es nativa de Hardborough (por ciertos detalles debemos suponer que es londinense), y aunque es una mujer solitaria que se mimetiza a las mil maravillas con su entorno y que pasa totalmente desapercibida, en el fondo es muy distinta: por dentro le bullen las metas, los objetivos, quiere hacer cosas, las quiere hacer por sí misma y no tiene miedo a intentarlo. Florence es demasiado buena (se dice desde el principio), ingenua y quizás un tanto idealista, pero también es perseverante, valiente y está decidida a sobrevivir y luchar como sea por su sueño, que no es otro que, simplemente trabajar en lo que a ella le gusta: ser librera. Y si los demás se empeñan en que Harborough no necesita una librería, que no necesitan esa "rareza", si la acosan de un modo invisible tan educado como desgastador, ella sigue plantando cara y batallando.
Dicen por ahí que está usted a punto de abrir una librería. Eso significa que no le importa enfrentarse a cosas inverosímiles.
Puedo entender por qué a muchos lectores les parece que no pasa nada en la historia, pero mi experiencia con este libro ha sido totalmente diferente. Es un libro que se apoya totalmente en los personajes, sus sentimientos y su relación con los demás, porque así es la vida y el día a día de cada uno de nosotros. Florence Green es una mujer normal que abre un negocio porque quiere dar un paso adelante en su vida y que no solo no hace daño a nadie, sino que dando ese paso enriquece su comunidad y la vida de los que la rodean. Y en vez de recibir apoyo, cariño y empatía, se encuentra con la mezquindad de la gente y la falsedad que es innata en la naturaleza humana. Resulta muy fácil ponerse en el lugar de Florence tanto en lo bueno como en lo malo; resulta fácil acompañarla en su sueño y su trabajo duro por sacarlo adelante, y en su decepción y vergüenza cuando se da cuenta de que no solo no va a recibir ayuda de nadie, sino que van a hacer todo lo posible por derribar su sueño; y resulta fácil ponerse en su pellejo porque la vida es precisamente eso, un camino empedrado de ilusiones, sueños, decepciones y trabajo duro, y muchas veces nos tragamos todas esas piedras sin que nadie más se dé cuenta y sea consciente de ello. Estoy convencida de que pasan muchas cosas en este libro, pero son tan reales, tan auténticas, tan factibles y mundanas, que las pasamos por alto cuando las vemos negro sobre blanco porque estamos acostumbrados a verlas todos los días.

Pero además de Florence y sus diatribas vecinales, La librería abre una ventana al modo en que funcionaba una pequeña librería en los años 50 y los retos a los que debía enfrentarse el desdichado librero. La propia Fitzgerald fue librera en su momento y toda esa experiencia se vuelca en la historia. Por ello asistimos al proceso ya no solo de decidir qué tipo de libros quiere tener en su librería, sino cómo ordenarlos, cómo distribuirlos y elegir entre lo ineligible. Devoluciones después de haber leído ya el libro, gente que toquitea todo y no compra nada, gente que lee los libros gratis a fuerza de pasarse todos los días y leer el capítulo de turno...  clientela en general, esa que de ningún modo lleva siempre la razón y que muchas veces es una completa impertinente carente de empatía. Accesorios literarios que a veces estorban más que otra cosa, libros que vivirán eternamente en la estantería sin que nadie les dedique una sola mirada, o ese mundillo (poco conocido y bastante implacable) de la distribución editorial, que visto lo visto no ha cambiado nada en los últimos 70 años. Muchos libreros de pequeños establecimientos tienen que lidiar con imposiciones que les obligan a quedarse con veinte libros que no quieren por cada novedad o libro que sí quieren, con lo que al final acaban vendiendo lo que la distribuidora quiere, no lo que a ellos les gustaría. 

Creo que resulta evidente: he disfrutado muchísimo de la novela. La librería puede parecer una historia que solo habla de una mujer que quiere abrir una librería en un pueblo pequeño y aislado y en el que no pasa mucho más... pero sinceramente creo que es mucho más que eso. Convivencia, respeto, empatía, malicia, traición, vergüenza, abuso de poder, la asfixia educada del despotismo solapado en una comunidad pequeña... todo esto forma parte del corazón del libro, tanto por su presencia como por su ausencia, según el caso. Me ha parecido tierno a ratos, en otros divertido, con un poso acusado y persistente de melancolía que no aturulla la historia pero que tampoco la abandona y le confiere un aura nostálgica que, hacia el final del libro, cuando ves en qué va a acabar todo, se convierte en una sombra pegada a las páginas. 

Y Penelope Fitzgerald enmascara todo esto en una aparente simplicidad desapegada porque, sencillamente, escribe muy, muy bien. Te lleva por donde ella quiere con una riqueza narrativa totalmente carente de estridencias y grandilocuencias. La narración fluye, los escenarios cobran vida, los personajes adquieren la dimensionalidad que les corresponde en la trama, y todo ello con una limpieza y una frescura fantásticas. Sencillez y sensibilidad al servicio de las emociones y la humanidad, en lo bueno y en lo malo.

Cuatro años después de comprarlo, ya puedo decir que me parece una delicia de lectura.





Título original: The Bookshop
Año: 2017
Duración: 115 minutos
País: España
Director: Isabel Coixet
Guión: Isabel Coixet
Basada en una historia de: Penelope Fitzgerald

Reparto: Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Bill Nighy, Honor Kneafsey, James Lance, Harvey Bennett, Michael Fitzgerald, Jorge Suquet, Hunter Tremayne, Frances Barber, Gary Piquer, Lucy Tillett, Nigel O'Neill, Toby Gibson, Charlotte Vega, Nick Devlin


     
En un pequeño pueblo de la Inglaterra de 1959, una joven mujer decide, en contra de la educada pero implacable oposición vecinal, abrir la primera librería que haya habido nunca en esa zona.





Al hacer reseñas combo no me gusta que la parte literaria quede muy larga para que esto no se haga pesado, pero a la vista está que no lo he conseguido. Voy a intentar ser breve por aquí, pero me va a costar horrores porque si tengo que contestar a la pregunta de si me ha gustado la adaptación cinematográfica de La librería, la respuesta sería que no lo sé. O, más bien, que no sé hasta qué punto me ha gustado, que puede parecer lo mismo, pero no lo es.

A ver, Isabel Coixet no me entusiasma como directora y guionista, pero tampoco me disgusta. A veces resulta algo pedante y sensiblera, unas pelis me gustan más que otras, pero en general las historias que tiene en la cabeza y que luego plasma en imágenes me gustan, me interesan, y por eso suelo pasar por alto las cosillas que no me hacen mucho tilín. 

En La librería, para mi gusto, vuelve a pecar más o menos de lo mismo. La película tiene muy buenas intenciones, se nota el cariño que la autora siente por el libro, ese cariño que sobre todo se vuelca en los libros durante todo el metraje, pero el resultado final creo que dista mucho de ser lo que podría haber llegado a ser. Y es una pena. Porque yo, que soy una vendida con este tipo de películas, que me trago lo que sea que huela a ambientación de épocas pasadas (y si está relacionado con libros ni os cuento), que soy, de facto, una enamorada de este género... sigo dudando y sigo sin saber hasta qué punto me ha gustado.

Venga, os digo lo que me ha gustado, que termino antes. La fotografía, bonita, sencilla, pero con el matiz justo para evocar esos años 50 en los que se ambienta la película. La librería en sí misma, porque tiene encanto, la quieres para ti, es preciosa. Bill Nighy, y esto, señores, tiene mucho mérito, porque es un actor al que yo no acabo de cogerle el punto (lo veo siempre un poco sobreactuado, histriónico, y por eso siempre lo prefiero en pelis como Love Actually, donde se exige esa sobreactuación, que en pelis donde tiene que ponerse serio). Que respeta muchos de los diálogos del libro al pie de la letra, y eso, en determinadas escenas, tiene mucha importancia, porque lo son todo... Y, si soy generosa, la ambientación, aunque ver, lo que se dice ver el pueblo costero inglés donde se ambienta la historia, lo vemos más bien poco.

Lo que no me ha gustado. Su protagonista, Emily Mortimer, a la que jamás te imaginas como la casi invisible Florence Green literaria y que usa tres gestos para todas las situaciones. James Lance, que otorga a su personaje toda la obviedad desde el primer plano que no tiene en el libro (no ayuda el guión). La ausencia del poltergeist, que a todo el mundo le podrá parecer que no pinta nada pero si está en el libro, es por algo: si la autora quiso otorgarle a la librería esa excentricidad, ¿quién es la Coixet para eliminarlo? Pues eso. Lo desaprovechadísimo que está el personaje de Christine Gipping, que apenas se parece a la literaria y que precisamente por eso el espectador se pierde escenas imprescindibles en el libro: la librería literaria es un caos de escenas que en ningún momento vemos representado en la librería cinematográfica. ¿Dónde queda el fenómeno y controversia que provoca Lolita? No se sabe, este guión lo desecha de un plumazo. Pero eso sí, la Coixet deja de lado escenas maravillosas del libro para hacer hueco a lo que a ella le interesaba: meter romance... totalmente inventado, claro está, al menos al nivel que se muestra en la cinta y totalmente por parte de la interesada femenina.

Sí quiero resaltar algo que me ha llamado mucho la atención en la película, y es el amor verdadero por los libros. Y diréis que vaya cosa, que de eso va la historia, pero me explico. En la película vemos a Florence leyendo, acariciando sus libros, despidiéndose de ellos, de su librería, recomienda lecturas muy concretas... es un canto de amor a la literatura en toda regla. Sin embargo no consigo recordar una escena en el libro en la que Florence demuestre ese amor tan abiertamente. Sí, abre una librería, pero no hay ninguna escena donde nos la describan leyendo, por poner un ejemplo (no al menos que yo recuerde; si me equivoco, decídmelo). Y eso, que puede parecer una tontería, me ha hecho pensar mucho en el libro... ¿por qué la autora hace que su protagonista abra una librería, que las pase canutas por ese motivo, que conozcamos todos los entresijos de la profesión de librero, pero no parece mostrar mayor interés por leer nada de lo que le va llegando a la librería? Ya digo, lo mismo me equivoco porque leí el libro antes de verano, hace ya unos meses, pero me parece curioso. Y, sin embargo, la Coixet inserta montones de escenas que parecen querer compensar esa carencia en la novela.

Mirad lo que os digo, confome escribo, y sobre todo después de este último párrafo, he decidido que la peli tiene sus carencias, pero tiene cosas que me compensan, y que le doy un 7/10. Y que sea lo que Loki quiera :)


Penelope Fitzgerald, de soltera Knox, nació en 1916. Era la hija del editor de Punch, Edmund Knox, y sobrina del teólogo y novelista Ronald Knox, del criptógrafo Dilly Knox y del estudioso de la Biblia Wilfred Knox.
Fue educada en caros colegios de Oxford. Durante la segunda guerra mundial trabajó para la BBC. En 1941 se casó con Desmond Fitzgerald, un soldado irlandés, con el que tuvo tres hijos. Durante algunos años vivió en una casa flotante en el Támesis. Autora tardía, Penelope Fitzgerald publicó su primer libro en 1975, a los cincuenta y ocho años, una biografía del pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones. En 1977 publicó su primera novela, The Golden Child, una historia cómica de misterio ambientada en el mundo de los museos. A lo largo de los siguientes cinco años publicó cuatro novelas vagamente autobiográficas, que la consagraron como una de las figuras más importantes de la nueva narrativa inglesa, comparable a Iris Murdoch o A. S. Byatt. Con La librería (1978) fue finalista del Booker Prize, premio que finalmente consiguió con su siguiente novela, A la deriva (1979). Siguieron Human Voices (1980) y At Freddie’s (1982). En este punto, Fitzgerald declaró que ya estaba cansada de escribir sobre su propia vida, y se decantó por la novela que desvelaba hechos y acontecimientos del pasado, desde un punto de vista histórico. La primera de ellas sería Inocencia (1986), desarrollada en la Italia de los años 50 y que narraba la historia de amor entre la hija de un aristócrata arruinado y un médico comunista. En 1988 publicó El inicio de la primavera, que tiene lugar en el Moscú de 1913, protagonizada por un pequeño impresor inglés perdido en los albores de la Revolución rusa. Siguieron La puerta de los ángeles (1990) y La flor azul (1995), centrada en la vida del poeta alemán Novalis. Penelope Fitzgerald murió en Londres en abril del año 2000.

lunes, 24 de septiembre de 2018

RESEÑA (by MH) ::: UN POCO MENOS QUE ÁNGELES - Barbara Pym





Título original: Less than angels
Autora: Barbara Pym 
Editorial: Gatopardo
Traducción: Irene Oliva Luque 
Páginas: 328
Fecha publicación original: 1955
Fecha esta edición: junio 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,90 euros 
Imagen de cubierta: Toni Frissell, 1941

 
Un poco menos que ángeles es la historia de los amores, los trabajos y las esperanzas de un grupo de jóvenes antropólogos. Catherine Oliphant es escritora y vive con el apuesto antropólogo Tom Mallow. Su relación se tambalea cuando él comienza a tontear con una estudiante, Deirdre Swann. Al enterarse, Catherine se muestra interesada por el solitario antropólogo Alaric Lydgate. Al enredo amoroso se añadirán los tejemanejes de los compañeros de Deirdre y la competitividad que existe entre ellos por ganar una prestigiosa beca de investigación.

Con el sentido del humor y la ironía que la caracterizan, Barbara Pym nos muestra la cotidianidad de las relaciones humanas, en un escenario donde la mediocridad y la presunción del mundo académico están a la orden del día.

Cuando reseñé el pasado abril Los hombres de Wilmet ya os comenté que esperaba como agua de mayo el nuevo Pym que la editorial Gatopardo iba a sacar de cara al verano, así que os podréis imaginar que estaba deseando ponerme con él. Ese nuevo Pym era esta novela que hoy os traigo, Un poco menos que ángeles, así que al tajo :) Como casi todas las obras de Pym, es una novela bastante coral, pero tres son los personajes principales, o los que mueven la trama.

Por un lado tenemos a Catherine Oliphant, escritora de relatos y artículos románticos para una revista. Mujer muy independiente y casera, vive con Tom Mallow, atractivo antropólogo de buena familia... aunque lo de vivir es un poco por decir, porque Tom se marchó hace dos años a realizar trabajo de campo a África (su regreso es inminente). Por otro lado tenemos a Deirdre Swan, jovencita de diecinueve años, estudiante de Antropología, que vive en una zona residencial junto a su madre, su hermano y su tía. Aunque intentan emparejarle con los amigos de su hermano, Deirdre jamás se ha enamorado... hasta que conoce por casualidad a Tom Mallow, recién llegado de África, con su atractivo, su encanto... y poco más (aunque ya sabemos todos que con solo eso se llega lejos en esta vida). Así que tenemos el trío servido: Catherine y Deirdre enamoradas de Tom, Catherine y Deirdre que se hacen amigas a pesar de todo, y Tom que se deja querer por todo el mundo y quiere a todo el mundo, porque el mundo le ha hecho así y él es encantador y no puede hacer nada por evitarlo :)

A ellos tres habría que añadir familiares y amigos varios, así como a toda la fauna y flora del mundo académico que tanto le gusta representar a Pym en sus libros... y quien la haya leído un poco, sabe que de entre todo ese mundo académico, los antropólogos son la especie en extinción que más le gusta. En todos sus libros hay un antropólogo, solo que aquí la proporción por metro cuadrado es como la del camarote de los hermanos Marx, y como buenos investigadores y/o universitarios que se precien, pues tienen sus cosillas con las que lidiar: becas de investigación, subvenciones para hacer trabajo de campo, rivalidades, bailes nocturnos en el jardín con máscaras tribales en la cabeza, vocación antropóloga (o la falta de ella), prestigios inmerecidos, excelentes reputaciones que esconden mediocridad por un tubo, charlatanes con muchas "ínfulas de" que no saben de lo que hablan... Vamos, lo normal en el mundillo académico :)

Y es que en esta novela queda muy patente la visión que tenía Pym de dicho mundo. Que a Pym le gustaba sacar a pasear la ironía resulta muy evidente en el conjunto de su obra, pero en Un poco menos que ángeles también disfruta usando su aguda percepción de los defectos humanos a la hora de mostrar la batalla campal que resulta de un ambiente en el que todos se creen mejor que todos, en el que cada uno presume de sus hazañas menospreciando la de los demás, en el que se miden según el número de trabajos publicados y donde los más jóvenes viven pensando a quien arrimarse para avanzar en su carrera. Son todos como muy especialitos y, por decirlo de algún modo, en esta novela los antropólogos son casi de mayor interés antropológico que las propias tribus que van a conocer y estudiar a África.

Por otro lado es la segunda novela que leo de Pym, tras Los hombres de Wilmet, donde aleja mucho a sus protagonistas de las Mujeres excelentes que tan bien describió en la novela del mismo nombre. Y además deja constancia escrita a lo largo de las páginas (os pongo la cita abajo). Aun así, estas mujeres, como en cada novela de la autora, son muy, muy superiores en todos los aspectos a los hombres objeto de su atención. Ya he comentado alguna vez que los personajes masculinos que tanto enamoran a los personajes femeninos en el universo Pym siempre están varios escalones por debajo de ellas en cuanto a fortaleza de carácter, inteligencia y valía, y en Un poco menos que ángeles nos encontramos más de lo mismo. Muchas veces estas mujeres son muy conscientes de esas carencias, y lo asumen con naturalidad y condescendencia, como si solo fuesen niños: son superiores a sus hombres, pero qué se le va a hacer. No se les puede pedir que sean perfectos. Otras veces directamente se les cae la venda de los ojos y siguen adelante con su vida, sin más.
 Yo no soy una de esas mujeres excelentes que pueden simplemente quedarse en casa, comerse un huevo cocido, prepararse una taza de té y estar espléndidas, pensó, ¡pero qué bien le vendría serlo!
A todo esto, no sé si será solo cosa mía, pero la verdad es que cuando llevas unos cuantos Pym a las espaldas, y sobre todo si conectas con el particular mundo de la autora, al atacar un nuevo libro suyo ya te encuentras como en territorio conocido. Quizás desde fuera puede parecer que siempre cuenta cosas parecidas, pero es que su literatura realmente nace de eso, de las relaciones habituales entre las personas, de los detalles especiales que se esconden en la cotidianidad, del día a día de un grupo de gente que acaba interconectada por las razones más diversas. La novela costumbrista es lo que tiene, y además resulta evidente que Barbara Pym tenía sus zonas de confort, pero este es el cuarto libro que leo suyo y sinceramente creo que cada uno de ellos tiene sus propios matices, sus propias peculiaridades, porque el amor, la amistad, la familia... son conceptos universales, pero las personas que nadan en ellos siempre son únicas, diferentes, y por eso las historias siempre tienen su personalidad propia.

Hablando de las zonas de confort de Barbara Pym, un claro ejemplo es la costumbre de situar a sus protagonistas en unos entornos determinados, y además le encantaba hacer guiños sobre ellos en otros libros, con lo que al final tejió un universo dentro de Londres en el que, de un modo u otro, muchos de sus personajes, pertenezcan al libro que pertenezcan, están relacionados con los de otros libros y se mueven en los mismos ambientes, tienen conocidos en común o salen a relucir de manera casual en una conversación. Por poner un ejemplo, se me ha alegrado el corazón al enterarme en este libro de cómo les iba a los Napier o a Mildred y Everard Bone (todos ellos protagonistas de Mujeres excelentes). Y cuando ya has leído unos cuantos de esos libros, y captas esos guiños, esas alusiones, esos comentarios sobre personajes de otros libros que ya conoces, la verdad es que te hace ilusión y no puedes evitar la sonrisa: sabes que ya formas parte de ese mundillo pymenita (me inventé esta palabra en alguna reseña anterior y se queda conmigo forever and ever).

A mí me ha gustado mucho, como todos sus libros, y sigo riéndome con las ocurrencias de esta mujer. Leer a Barbara Pym es entrar en un mundo tan british, tan cotidiano y fascinante a un tiempo, tan lleno de humor (humor que fluctúa entre la ironía y el sarcasmo) y tan representativo de una época, que ya me pueden echar los libros que quieran de Barbara Pym, que yo los adoraré todos porque, por muy similares que parezcan los mundos que recrea, siempre ocurre algo que te sorprende... y en este caso, en Un poco menos que ángeles, es el final. En esta historia pasa algo hacia el final que no había leído hasta ahora en ninguna de las novelas Pym y que te pilla por sorpresa y con el pie cambiado. No me lo esperaba para nada, y lo cuenta de un modo tan... Pym, tan suyo, que lo asimilas casi sin despeinarte, con semblante impertérrito british y un (apenas perceptible) enarcamiento de las cejas xD.

Imagino (¡espero!) que Gatopardo nos sorprenderá con otro Pym el año que viene, pero mientras tanto yo sigo teniendo Jane y Prudence en la estantería pendiente de lectura para que la espera se haga más corta. Y es que leer a Barbara Pym es quererla. No, no te va a llevar a vivir grandes aventuras ni pasiones desbordadas; solo te mete en las casas y las mentes de unos cuantos ingleses educados y contenidos de pura cepa de los años cincuenta, y a ver qué pasa. Y creedme, esas casas y esas mentes inglesas dan para mucho más de lo que parece :)

Ah, y no falta la alusión austenita de casi todos sus libros, que unas veces es más velada que otras, pero en este caso es totalmente directa y además sobre mi favorito, Persuasión (me salen muchos corazones por los dedos, pero no existe teclado ahora mismo capaz de transmitir eso). También se pasean por las páginas las Brontë con sus Rochester y Heathcliff... y los apellidos de autores clásicos. Cómo me gustan estos toquecillos metaliterarios...


Barbara Pym (1913-1980) nació en Oswestry, Shropshire. Se licenció en literatura inglesa en St. Hilda's College, en Oxford. En la Segunda Guerra Mundial prestó servicio en el Cuerpo Auxiliar de la Armada británica. Posteriormente trabajó en el Instituto Africano en Londres.

A lo largo de su vida escribió varias novelas, entre las que destacamos Mujeres excelentes (1952), Jane y Prudence (1953), Less than Angels (1955), Los hombres de Wilmet (1958), No Fond Return of Love (1961), Murió la dulce paloma (1978) y A Few Green Leaves (1980). Tras su muerte, en 1980, se publicó su diario, A Very Private Eye (1985).

Junto con Elizabeth Taylor está considerada una de las escritoras inglesas más importante de la segunda mitad del siglo XX.

lunes, 23 de julio de 2018

RESEÑA (by MH) ::: UN ALMA CÁNDIDA - Elizabeth Taylor




Título original: The soul of kindness
Autora: Elizabeth Taylor 
Editorial: Gatopardo
Traducción: Ana Bustelo Tortella
Páginas: 264
Fecha publicación original: 1964
Fecha esta edición: junio 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,90 euros 
Imagen de cubierta: George Marks (iStock by Getty Images)
Flora parece tenerlo todo. Es alta, rubia y hermosa. Y tiene un hogar, un bebé y un marido, Richard. Tiene bajo control a su amiga Meg y a su hermano, Kit, el cual ha sentido siempre por ella una gran admiración, y también a Patrick, un caprichoso novelista. Sólo Liz, una pintora bohemia, rehúsa ser una seguidora suya. Flora los seduce, los manipula y los encandila con sus destellos de dicha y entusiasmo. Todos se sienten cautivados por el refinado encanto que ejerce en los demás; todos, menos Liz. Será ella quien pondrá en tela de juicio que la candidez de Flora es el «veneno» más dulce de todos.

El escritor Kingsley Amis dijo de Elizabeth Taylor que era una de las mejores novelistas inglesas del siglo xx. La esposa de Amis, la novelista Elizabeth Jane Howard, que mantuvo una larga e íntima amistad con Taylor, declaró tras su muerte que envidiaba a cualquier lector que se topara con su lectura por primera vez.

Sí, vuelvo con otra novela de Elizabeth Taylor, la tercera ya en menos de un año (se me podrá acusar de muchas cosas pero no de ser infiel a los autores que me gustan xD). Tras Una vista del puerto y La señorita Dashwood, hoy le toca el turno a la reciente publicación de Gatopardo, Un alma cándida.

Conocemos a Flora el día de su boda con Richard. Desde el primer momento la autora nos hace un fresco vivo de la personalidad de esta belleza inglesa (un auténtico ejemplo de lo que se conoce como English rose), que siempre ha vivido entre algodones, jamás ha sufrido, jamás ha padecido y todo aquel que la conoce se desvive para que nada de lo malo que hay en este mundo la roce siquiera. Y ella transita por ese mismo mundo tal que así, sin que nada parezca preocuparle, ocupándose de su casa, de su familia y de su hija, e intentando arreglar la vida de los demás en la certeza absoluta de que todo lo que ella haga es por su bien y nada más que por su bien, y bien hecho está. ¿Acaso ha hecho algo ella que no roce la perfección en cualquier ámbito de su vida? Flora es un personaje que vive al margen de la realidad, en esa línea difusa en la que se tiene un pie en el mundo que habita el resto de la humanidad y otro en el mundo propio, sin llegar a ser nunca del todo consciente de lo que realmente ocurre a su alrededor, sintiéndose segura y protegida porque así ha sido cada minuto de su existencia, y creyéndose con potestad para inmiscuirse en la vida de los demás y conseguir que sean tan perfectas como la suya. Y esta frase del libro es quizás la más explicativa al respecto:
—¿Y qué tal ha ido todo para Flora?
—Estaba anestesiada.
—Siempre lo ha estado.
Y a pesar de lo que comento arriba, no perdáis de vista a Flora... hacia el final algunos personajes la miran de manera diferente, el aura de perfección se desdibuja, y esa Flora resultante me cuadra mucho más. He conocido a personas así (conozco a personas así actualmente), con lo que el retrato me ha quedado clarísimo y sé perfectamente de qué tipo de persona está hablando Elizabeth Taylor. La estampa me ha parecido magistral. Aun así, aunque quizás por la sinopsis pueda dar la sensación de que la protagonista única es ella, Flora, realmente esta es una novela muy coral en la que el protagonismo y las páginas se reparten casi a partes iguales entre varios personajes; sí, Flora es en muchas ocasiones la conexión entre ellos, e influye (o lo intenta) en la mayoría, pero todos los personajes son tan importantes como ella en el devenir de la historia y en el interés que despiertan sus tramas.

Así, en el ámbito familiar de Flora conocemos a su madre, la señora Secretan, una mujer que quedó viuda muchos años atrás y que ha dedicado toda su existencia, literalmente, a su hija Flora. Vive por ella, respira por ella, todos sus pensamientos son para ella, y es feliz en la certeza de que ha dado vida y criado a la perfección más absoluta hecha mujer. Cuando Flora se casa y se va a vivir junto a su marido, es cuando a esta mujer se le echa encima su casa y no encuentra un propósito que llene sus horas. Por otro lado está Richard, el marido de Flora, que para mí es quizás el más desdibujado del libro. También hay que tener en cuenta que está casado con la culminación de la perfección en la Tierra, y eso tiene que ser complicadillo. Aun así es un buen hombre al que simplemente le gusta tener algún secretillo; otra cosa es que ese secretillo sea conveniente para su matrimonio. Y en el plano familiar terminamos con Percy Quatermaine, el padre viudo de Richard, y Barbara Goldman, la mujer con la que mantiene una relación mal vista porque no están casados. Ambos sobrepasan los cincuenta años, y no deja de resultar curioso que incluso a esas edades se desaprobase en la buena sociedad que mantuvieran una relación sin matrimonio de por medio. Flora mete las narices en esta relación, como no podía ser menos, y los resultados tendréis que comprobarlos por vosotros mismos.

Y luego está el ámbito no familiar, el de las amistades. Patrick Barlow es el amigo novelista de Flora, y quizás el mejor personaje de la novela en todos los sentidos: como personaje en sí mismo y como persona. Siempre preocupado por todo el mundo, siempre pendiente de todos sin pedir jamás nada a cambio ni querer llamar la atención, y descuidando siempre su propia vida personal, en la que sufre el desamor, la falta de inspiración, la angustia de no saberse querido, y sin importunar jamás a nadie con estos problemas... Flora camina por la vida como un alma cándida cuando es Patrick quien realmente se comporta como tal. Por otro lado están los hermanos Driscoll, Meg y Kit. Meg es la mejor amiga de Flora, la que, cuando Flora estaba fuera de casa, se hacía cargo de su sobreproteccionismo y sustituía a la señora Secretan en su cuidado. Está enamorada de Patrick Barlow, sabe que no es correspondida, y vive una vida gris que le angustia y le deprime. Su hermano Kit es un melancólico joven aspirante a actor enamorado platónicamente de Flora desde que era un crío... pero no en el aspecto sexual, sino como quien adora a una diosa de la perfección y todo lo que compara con ella le parece insulso, imperfecto y anodino. 

También hay que hablar de la señora Pringle, vecina de Flora y Richard, casada con un político al que nunca acompaña porque no está de acuerdo con sus ideas políticas, y que se pasa la vida completamente sola... Y luego está Liz. Liz, que en la sinopsis parece un personaje omnipresente en la novela y que apenas tiene una pocas escenas. Es el personaje menos importante en cuanto a presencia en páginas, se le nombra más que aparece, pero sí es el personaje que desata la caída de las máscaras y la rotura de las vendas que ciegan algunos ojos. Y hasta ahi puedo contar.

Perdonadme un desglose tan amplio de personajes, pero es que es una novela, como digo arriba, muy coral, y todas sus historias son igual de importantes de cara al lector. Todas. Porque Un alma cándida es una novela típicamente costumbrista inglesa, y eso quiere decir que este es de esos libros en los que puede parecer que no pasa nada, o que no ocurre ningún suceso de esos que te dejan con el moño del revés, pero es que ahí está el truco de este tipo de historias: que sí pasan muchas cosas, muchas, pero son las cosas que nos pueden pasar a nosotros mismos en nuestro día a día, o a nuestras amistades, vecinos, familiares... y que por cotidianas no nos parecen relevantes, pero son realmente esos detalles los que, sumados uno a uno, conforman lo que es la vida tal y como la conocemos. La autora nos los cuenta con mucha ironía y acidez, sí, pero también con mucha autenticidad. Te crees a estos personajes, los ves plausibles, te parecen muy genuinos, y sus vidas avanzan ante tus ojos hasta que todo va ajustándose como un puzle y cada uno de ellos ocupa el lugar que le está destinado en él.

No puedo dejar de mencionar que el mundo literario vuelve a estar muy presente, igual que lo estaba en La señorita Dashwood, aunque de un modo totalmente diferente. Se hacen alusiones a personajes o libros sin nombrar a sus autoras (casos de Jane Austen y Elizabeth von Arnim), o se nombran directamente, caso de Henry James; tenemos escritores profesionales y personajes que trabajan en el mundo editorial; algunos leen con avidez y otros no se avergüenzan de decir que no tocan un libro ni con un palo... hasta tenemos a alguno que presume de que lee, pero lo que hace es esperar a que salgan las reseñas de los libros y en base a ellas hablar luego como si los hubiese leído y supiera de lo que está hablando. Elizabeth Taylor suele introducir mucha metaliteratura en sus obras, y habla sobre literatura y los tipos de lectores (o no lectores) que existen, y es algo que me encanta en sus novelas.

Un alma cándida es una novela donde las rutinas, los día a día, los detalles que conforman la existencia, cobran vida dentro de un círculo social reducido como el que la autora crea, donde los personajes lo son todo y lo ocupan todo. Se tratan temas que duelen y ocurren cosas que hacen daño porque así es la vida fuera de los libros, y, a pesar de todo, la autora te saca sonrisas con esa fina ironía inglesa que, aunque clava la puntilla donde tiene que clavarla, hace cercanas a todas estas personas en sus cosas buenas y sus cosas malas. La prosa de Elizabeth Taylor es fantástica, el estilo descriptivo es magnífico, y erige unos diálogos sencillamente maravillosos que se bastan por sí solos para dibujar de manera precisa a los personajes (qué gusto da leer una buena traducción, en serio... la espina de La señorita Dashwood todavía me duele). Si os gusta una buena novela costumbrista, un retrato al fresco de la sociedad inglesa de clase media de mediados del siglo XX, Un alma cándida es una novela muy recomendable, como todo lo que yo he leído hasta ahora de esta autora.


Elizabeth Taylor (1912-1975) fue una novelista y escritora de relatos británica. Kingsley Amis la describió como “una de las mejores novelistas inglesas nacidas en este siglo”; Antonia Fraser se refirió a ella como “una de las escritoras más injustamente olvidadas del siglo XX” y Hillary Mantel dijo que era “hábil, buena escritora y no se le habían reconocido lo bastante sus méritos”.

Fue brevemente miembro del Partido Comunista y luego apoyó durante toda la vida al Partido Laborista británico. Su primera novela, En casa de la señora Lippincote, se publicó en 1945 y fue finalista del Premio Booker con Mrs. Palfrey at the Claremont. Seguirían once más, entre ellas, La señorita Dashwood (1946), quizá la que muestra más claramente la influencia de Jane Austen en su obra.

Las novelas de Taylor tratan de las situaciones de la vida cotidiana, sobre las que escribe con destreza. Sus agudos pero cariñosos retratos de la vida de la clase media y media-alta inglesa le valieron un fiel seguimiento de lectores con gusto literario, así como leales amigos en el campo de las letras. Fue amiga del novelista Ivy Compton-Burnett y del novelista y crítico Robert Liddell.

Anne Tyler la comparó en una ocasión con Jane Austen, Barbara Pym y Elizabeth Bowen, diciendo que eran las cuatro “hermanas del alma”.