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lunes, 4 de noviembre de 2019

RESEÑA COMBO (by MH) ::: EL COLECCIONISTA - John Fowles




Título original: The collector  
Autor: John Fowles
Editorial: Sexto Piso
Traducción: Andrés Barba 
Páginas: 300
Fecha publicación original: 1963
Fecha esta edición (2ª): abril 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,90 euros
Ilustración de cubierta: Shannon Freshwater
Frederick Clegg es un hombre solitario y anodino que colecciona mariposas. Miranda Grey es una radiante e inteligente niña bien que estudia arte en Londres. Frederick, que admira a Miranda pero es incapaz de abordarla con normalidad, la secuestra y la aloja con todas las comodidades en un sótano en su propiedad, una trampa perfecta acondicionada como una jaula de oro. Fowles recrea un intenso duelo psicológico donde captor y prisionera intercambian papeles con refinamiento y crueldad, cada cual defendiendo sus propios objetivos: Miranda desea recuperar su libertad, Frederick quiere ser aceptado como un igual por el objeto de su obsesión. El resultado es una novela magistral que, haciendo gala de un engranaje tan milimétrico como febril, ha sido leída por cientos de miles de lectores.

La editorial Sexto Piso reeditó el año pasado este clásico moderno (lo publicaron en su primera edición allá por 2011) y en cuanto lo vi en mi librería me hice con él, que ya sabéis que me gusta irme hacia atrás y leer esos libros pioneros cuyos parámetros sentaron las bases para mucho de lo que leemos hoy en día. El libro esperó pacientemente su turno en la estantería y este verano por fin me adentré en sus páginas. Os cuento.

Frederick Clegg es un joven peculiar, asocial, que apenas tiene relación con nadie salvo con su tía y su prima, con las que vive desde que sus padres murieron cuando él era niño, y que aparte de su trabajo como funcionario, solo se interesa por su colección de mariposas... bueno, y por Miranda, una hermosa muchacha estudiante de Arte a la que solo conoce de vista, con la que jamás ha hablado, pero que ocupa cada uno de sus pensamientos. Cree que si Miranda se molestara en conocerlo se daría cuenta que están hechos el uno para el otro, pero en cierto modo sabe que Miranda está en otra liga y lo acepta; se conforma con observarla, seguirla, o con entrar en las mismas cafeterías y pubs que ella entra y estar a unos pocos metros mientras ella disfruta de la compañía de sus amistades. Desea, anhela, sueña e imagina, pero no cruza límites. Hasta que un día le sonríe la fortuna monetaria y empieza a ver luz en el oscuro túnel: ahora tiene los medios para forzar ese encuentro, tiene la capacidad adquisitiva para crear un escenario en el que Miranda pueda conocerle y enamorarse de él tanto como él lo está de ella... que Miranda se adentre en ese escenario de manera voluntaria o no es indiferente. El dinero da a Frederick la oportunidad de pasar del deseo al hecho, del pensamiento al acto, y cuando secuestra a Miranda y se la lleva al búnker que ha decorado, amueblado, equipado y dispuesto en su honor, piensa que el comienzo de su relación será un camino de rosas... y está muy equivocado porque se le ha pasado por alto algo muy evidente: que no conoce a Miranda. No la conoce nada en absoluto.

No creáis que os he destripado la historia porque esto es solo el planteamiento. Se sabe desde la sinopsis que Frederick secuestra a Miranda porque eso no es lo importante, lo importante es lo que sucede a continuación. A partir del secuestro es donde realmente comienza la trama: cuando empieza la lucha de voluntades entre ellos, secuestrador y secuestrada... cuando empieza el juego del gato y el ratón y ambos roles saltan de un personaje a otro una y otra vez. Y es que os decía arriba que esta historia fue pionera en el momento de su publicación hace ya casi 60 años. ¿En qué fue pionera? En lo que hoy llamamos thriller psicológico, aunque vistas las múltiples, variadas y a veces surrealistas derivaciones que ha tenido este género, seguramente aquel que se acerque a esta novela con la mentalidad del lector actual y pensando en lo que hoy se considera thriller psicológico, se llevará un chasco. Y, sin embargo, es una joya. De las que relucen, de las que te hacen devorar el libro. Y la trama es mucho más moderna de lo que pueda parecer por el año en que fue publicada.

La novela está dividida en tres partes. En la primera Frederick nos cuenta en primera persona su versión de cómo ocurre todo, y para ello nos da unas pinceladas de su vida hasta el momento en que gana las quinielas y decide que, ya que es rico, puede hacer muchas cosas que antes serían impensables: una de esas cosas es poder comprar una casa y habilitarla para tener a alguien secuestrado en su interior. Ese alguien es Miranda, una joven estudiante de Arte con la que jamás ha hablado pero con la que está obsesionado. ¿Su plan? Obviamente secuestrarla, y conseguir con el tiempo que deje de verle como a su secuestrador, le conozca y se enamore de él. Para eso la colma de caprichos y de atenciones (es su manera de que el secuestro no parezca "tan" secuestro y de tenerla contenta... según él) y deja pasar el tiempo, a ver si todo discurre como él cree que debe discurrir.

La segunda parte es el diario de Miranda durante su cautiverio. Gracias a esos caprichos que os comento arriba y que Frederick le concede, Miranda consigue tener papel en el que ir escribiendo un diario secreto donde contar el día a día de su secuestro, lo que le pasa por la cabeza, lo que opina sobre Frederick, sus miedos iniciales (cree que tiene motivación sexual), cómo todo va derivando en algo totalmente distinto, su percepción sobre la gente que ha dejado fuera, si hubiese hecho algunas cosas de manera distinta de haber sabido lo que le iba a pasar... Así conocemos a una Miranda en las Antípodas del ideal recatado, sumiso y tontorrón que había imaginado Frederick, y precisamente en esa discordancia entre lo que él esperaba de Miranda y lo que realmente es Miranda, radica la lucha de voluntades en la que se convierte todo este cautiverio.

En la tercera parte, la más breve porque es la que da conclusión a la historia, volvemos a Frederick, que es el que da un final a la historia... o algo así. No os puedo decir más sobre esta parte, pero ese final, que en realidad no lo es, resulta tan genial desde el punto de vista literario como desasosegante desde el punto de vista moral.

Esta fue la primera novela publicada por Fowles (¿os sorprende que os diga esto? xD) y tanto el modo de plantearla como la estructura que escogió resultaron totalmente innovadores en su momento. Y hasta esa tercera parte en la que todo queda claro, Fowles juega con el lector, que obviamente tiene claro en la cabeza lo que está pasando, lo que está bien y lo que está mal, pero al mismo tiempo, al leer de primera mano al secuestrador durante toda la primera parte, atraviesa un paraje de ambigüedad que en realidad dista mucho de ser cierto. Es como si el lector quisiera transitar por un camino en medio del bosque y el autor le cogiera del brazo e intentara que cogiese ese otro sendero estrecho sin señalizar que se esconde entre los árboles. El lector no hace ni caso al autor y sigue por su camino, pero siente su mano sobre el brazo durante toda la lectura.
 
Sí que es cierto que la segunda parte, la narrada por Miranda, es más lenta, más ardua de leer por repetitiva en cuanto a los pensamientos que ella plasma sobre el papel, que se repiten una y otra vez en ciertas ocasiones, pero es que precisamente ahí radica su autenticidad, su realismo. ¿No os parece natural que una mujer secuestrada durante semanas, meses, cuya única ocupación sea la de pensar y darle vueltas a la cabeza, se enroque y reincida en pensamientos y reflexiones que le preocupan y se aferre a ellas una y otra vez? Es lo que hacemos en situaciones de estrés de la vida diaria, pensar las cosas más de lo necesario, así que imaginaos en una situación como un secuestro y la presión psicológica que eso conlleva... realmente es lo único que se puede hacer: pensar. Así que sí, el diario de Miranda es algo más pesado que la narración de Frederick, pero creo que el autor da en el clavo al plantearlo de esa manera.

Ese diario, por cierto, esconde una de las claves de este secuestro. Porque cuando leemos a Frederick leemos a un hombre que intenta todo el rato justificarse por sus acciones y cuyo eje gira alrededor de la mujer que tiene secuestrada, de la que no consigue lo que quiere y sobre la que comienza a descargar su frustración. Pero el diario de Miranda es otro mundo, un mundo mucho más complejo, en el que, dejando aparte sus reiteraciones sobre lo que ha dejado fuera, sobre lo que le gustaría hacer y ya no sabe si podrá, descubrimos a una mujer de clase acomodada, clasista, intelectual y muy inteligente (mucho más que su secuestrador), culta, formada y versada en el mundo. Y, a lo largo del secuestro, Miranda casi termina por despreciar más a Frederick por no estar a su altura, por no saber darle conversación, por no saber de arte, de literatura, de música, de política... que por su rol de secuestrador. Y este desprecio que es general por los que no han tenido las mismas oportunidades que ella, por aquellos que son inferiores en inteligencia, la sensación de superioridad desde la que observa el mundo, son parte importante de la trama, porque Miranda es la víctima pero no por ello busca agradar al lector, no se le otorga el rol de víctima que da pena sin más (que hubiese sido lo más fácil), y ese es otro de los senderos poco transitados por los que el autor quiere llevarnos.

Tanto la novela como su adaptación cinematográfica (de la que os hablo abajo) fueron muy polémicas en su día porque, por desgracia, se convirtieron en ideario de cabecera de varios psicópatas, secuestradores y asesinos en serie a lo largo de varias décadas, que argumentaban que esta historia había sido la inspiración para sus crímenes. Sobre esto no voy a entrar, hay mucha información en internet sobre ello si os interesa, pero os lo nombro aquí para que os hagáis una idea de la importancia, relevancia y fama que tuvo en su día El coleccionista.

No os puedo decir más que es un muy buen libro tanto en el planteamiento como en la ejecución, y que todo aquel que guste del suspense y/o el thriller psicólogico debería leerlo para conocer los orígenes del género. Dejando a un lado las alusiones a la época y el avance tecnológico sufrido en las últimas décadas que obviamente está ausente en esta novela, la historia, la complejidad de los personajes y la relación entre ellos bien podrían formar parte de una historia actual.






Título original: The collector
Año: 1965
Duración: 119 minutos
País: Reino Unido
Director: William Wyler
Guión: Stanley Mann, John Kohn
Basada en una historia de: John Fowles

Reparto: Terence Stamp, Samantha Eggar, Mona Washbourne, Maurice Dallimore, Edina Ronay, Kenneth More



     
Freddie Clegg, un empleado del Banco de Londres, es un hombre introvertido y triste que se dedica a coleccionar mariposas. Su vida cambia bruscamente cuando le toca la lotería, pues entonces decide secuestrar a Miranda Grey, una joven estudiante de arte por la que se siente atraído desde hace tiempo. Compra una casa en las afueras de Londres y retiene a la chica en el sótano un mes. Durante ese tiempo afloran en los dos personajes sentimientos encontrados.





Leí el libro este verano, y he retrasado tanto esta entrada porque estaba empeñada en hacer una reseña combo y no encontraba el momento para ver la película. Por fin he podido sentarme dos horas a verla (bueno, mentira... dos ratos de una hora, lo de dos horas seguidas sentada viendo una película hay épocas de mi vida que me parece ciencia-ficción), así que os cuento brevemente.

Se nota mucho, muchísimo, que detrás de las cámaras está un grande como William Wyler (a quien siempre le estaré eternamente agradecida por películas como Carrie, La loba o la Cumbres borrascosas de Laurie Olivier), quien cuando rodó esta película en 1965 estaba considerado como uno de los tres mejores directores de Hollywood  (de hecho fue de las últimas películas que rodó, se retiró cinco años después). Estrenada solo dos años después de publicarse el libro, es una muy buena película donde todo el peso recae sobre los dos actores principales, Terence Stamp y Samantha Eggar, porque salvo una aparición de escasos 2 o 3 minutos, ellos son los únicos que aparecen en pantalla durante las dos horas... y se la comen. Están espléndidos.

La película en su inicio no se anda con rodeos ni con monólogos del secuestrador. Con solo un par de escenas nos ubica a Frederick y cómo es su rutina, lo insignificante que se siente, lo solitario que es, su amor por las mariposas y al grano, el secuestro. A partir de aquí es muy fiel al libro en lo que se refiere al avance de la relación entre estos dos, al tira y afloja constante entre ellos, a los intentos de escapada de ella, a la desconfianza de él, etc... lo dicho, fiel, todas las escenas importantes están en la película, sabe cuando recortar sin que la historia se resienta... con un par de excepciones.

Una es algo que resulta imposible de trasladar a la pantalla, y es la voz narradora. En el libro conocemos los puntos de vista de ambos en todo momento porque ellos son los narradores de sus propias historias. Eso (salvo una voz en off que aparece al principio y otra al final) no puede adaptarse al cine, y por tanto se queda en el camino una complejidad en los personajes que, aunque bien tratada en pantalla, no llega ni de lejos a la profundidad de la novela. La otra es Miranda... a mí me ha dado la sensación viendo la película de que tuvieron miedo de trasladar la Miranda literaria a la cinematográfica porque, precisamente al no poder plasmar en la pantalla todo lo que se le pasa por la cabeza (tal y como sucede en el libro), corrían el peligro de que el espectador no conectase con la víctima... como si la víctima fuese a parecer menos víctima si no resultaba agradable al espectador. Así que vemos mucho del complejo de inferioridad de Frederick, pero nada de los desprecios y desmanes de Miranda (y repito, al tomar esa decisión le restaron complejidad al personaje, lo que es una pena).

En cualquier caso, y dejando aparte cosas menores como estas (ya sabéis que siempre intento comparar libro y peli más que dar una opinión sobre la peli en sí misma, y siempre me quedo con la sensacion de que la literatura tiene menos prejuicios que el cine, ya sean adaptaciones de hace años como actuales), el guión mantiene el final del libro (¡gracias!) y sus actores hacen un trabajo fantástico, aunque fue Samantha Eggar la que se llevó de entre los dos el mayor reconocimiento por su personaje (y perdonadme la superficialidad, pero qué rematadamente guapo era Terence Stamp en aquella época... demasiado guapo para el papel y lo que representa, diría yo).

Muy recomendable si no la habéis visto todavía :)



John Fowles (Leigh-on-Sea, 1926 - Dorset, 2005) es uno de los escritores británicos más importantes del siglo XX. Estudió en la Bedford School y en la Universidad de Oxford. Fue profesor de inglés en Francia, Grecia e Inglaterra, y desde 1963 se dedicó exclusivamente a escribir. Su producción literaria comprende poemarios, ensayos, adaptaciones teatrales, relatos y sobre todo novelas, que le valieron un amplio prestigio internacional. Entre ellas destacan El coleccionista (1963), La mujer del teniente francés (1981) y El mago (1965).

miércoles, 9 de octubre de 2019

RESEÑA COMBO (by MH) ::: LA LIBRERÍA - Penelope Fitzgerald




Título original: The bookshop 
Autora: Penelope Fitzgerald 
Editorial: Impedimenta
Traducción: Ana Bustelo  
Páginas: 192
Fecha publicación original: 1978
Fecha esta edición (8ª): marzo 2013
Encuadernación: rústica con sobrecubierta
Precio: 18,40 euros 
Ilustración de cubierta: Casa con techo de paja de mazorca (Dorling Kindersley)



Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado, comido por la humedad y que incluso tiene su propio y caprichoso poltergeist. Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla. Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña de diez años, de hecho la única que no sueña con sabotear su negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita, de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.
Novela finalista del Booker Prize, La librería es una delicada aventura tragicómica, una obra maestra de la entomología librera. Florence Green vive en un minúsculo pueblo costero de Suffolk que en 1959 está literalmente apartado del mundo, y que se caracteriza justamente por «lo que no tiene».

A veces los lectores tenemos ideas tontas, miedos tontos, cuando decidimos hacer frente a un libro que estamos deseando leer. ¿Qué clase de ideas y miedos tontos? Pues de esos que te hacen comprarte un libro con toda la ilusión por muchos motivos, libro que al final acaba languideciendo en la estantería porque te llegan aires de opiniones que hablan de decepción y que te hacen dejarlo pasar un tiempo hasta que se te olviden esas opiniones... lo que no suele pasar nunca si tienes buena memoria xD. Y eso que yo cuando quiero leer un libro, leerlo de verdad, no suelo hacer caso de otras opiniones, sean buenas o malas, entre otras cosas porque suelo ir bastante a contracorriente. Pero no sé qué me ha pasado con este libro que tenía miedo de que no me gustase. Es que QUERÍA con todas mis fuerzas que me gustase. Por fin este año he decidido ser "valiente" y leer La librería, uno de los libros en mis estantes que más ha sufrido este reposo involuntario. ¿Por qué no me va a gustar?, me dije. Si es el tipo de literatura que me encanta, ¿qué puede salir mal?, me dije. Y si al final no me gusta, si al final también me decepciona... ¿qué? ¿Se acabaría el mundo? No, ¿verdad?, me dije. Y aquí estoy para hablaros de La librería, de Penelope Fitzgerald, que he disfrutado un montón y que ya podía haber leído hace cuatro años cuando lo compré en lugar de hacer el panoli. Nada nuevo bajo el sol :)

Y tras esta intro más larga que un día sin pan, os cuento qué me ha parecido la novela.
Florence tenía buen corazón, aunque eso sirve de poco cuando de lo que se trata es de sobrevivir.
Estamos en 1959, y Florence Green, una viuda habitante del pueblecito costero inglés de Hardborough, decide comprar Old House (una casa embrujada del siglo XVIII en primera línea de playa que lleva años abandonada sin que nadie se interese por ella y que además cuenta con un poltergeist como eterno y bullicioso habitante) y abrir en ella una librería, la única del pueblo. Lo que debería ser motivo de alegría para los habitantes de Hardborough acaba convirtiéndose en una guerra encubierta por parte de la alta sociedad de la zona porque se les ha ocurrido, de repente, que ellos también querían Old House para otros menesteres... y si de paso Florence se va del pueblo, tanto mejor. Florence, con casi todo el pueblo en contra, no está dispuesta a que minen su voluntad, y mientras hace frente a sus embites como puede, solo cuenta con la ayuda de una espabilada y resolutiva niña de diez años, con la simpatía de un viejo huraño que vive apartado de la vida social del pueblo y con los consejos de un vago profesional que le recomienda que compre Lolita, de Vladimir Nabokov y lo venda en su librería (al poltergeist frustrado de la casa no lo consideraremos ayuda xD). Florence pronto descubrirá que el éxito a veces no solo es efímero, sino que se vuelve en tu contra, y que a pesar de lo que digan los libros, los optimistas y sus epopeyas, David casi nunca vence a Goliat.

Creo que para entender esta historia primero hay que entender al pueblo en que se sitúa (que es un personaje principal en sí mismo) y a los seres humanos que pululan en él. Hardborough es un lugar cada vez más incomunicado (ferries, puentes, trenes, carreteras... cada poco tiempo pierden un medio de transporte distinto que les una con el mundo), y los habitantes de Hardborough son como el propio lugar en el que viven: replegados en sí mismos, solitarios, aislados de todo y de todos de tal manera que todo lo nuevo, todo lo que se salga de unas rutinas cuyos inicios se pierden en el tiempo, les provoca rechazo, desconfianza y una aversión instantánea. A grandes rasgos, Hardborough es un pueblo que, cuanto menos tiene, menos quiere tener.

Florence Green no es nativa de Hardborough (por ciertos detalles debemos suponer que es londinense), y aunque es una mujer solitaria que se mimetiza a las mil maravillas con su entorno y que pasa totalmente desapercibida, en el fondo es muy distinta: por dentro le bullen las metas, los objetivos, quiere hacer cosas, las quiere hacer por sí misma y no tiene miedo a intentarlo. Florence es demasiado buena (se dice desde el principio), ingenua y quizás un tanto idealista, pero también es perseverante, valiente y está decidida a sobrevivir y luchar como sea por su sueño, que no es otro que, simplemente trabajar en lo que a ella le gusta: ser librera. Y si los demás se empeñan en que Harborough no necesita una librería, que no necesitan esa "rareza", si la acosan de un modo invisible tan educado como desgastador, ella sigue plantando cara y batallando.
Dicen por ahí que está usted a punto de abrir una librería. Eso significa que no le importa enfrentarse a cosas inverosímiles.
Puedo entender por qué a muchos lectores les parece que no pasa nada en la historia, pero mi experiencia con este libro ha sido totalmente diferente. Es un libro que se apoya totalmente en los personajes, sus sentimientos y su relación con los demás, porque así es la vida y el día a día de cada uno de nosotros. Florence Green es una mujer normal que abre un negocio porque quiere dar un paso adelante en su vida y que no solo no hace daño a nadie, sino que dando ese paso enriquece su comunidad y la vida de los que la rodean. Y en vez de recibir apoyo, cariño y empatía, se encuentra con la mezquindad de la gente y la falsedad que es innata en la naturaleza humana. Resulta muy fácil ponerse en el lugar de Florence tanto en lo bueno como en lo malo; resulta fácil acompañarla en su sueño y su trabajo duro por sacarlo adelante, y en su decepción y vergüenza cuando se da cuenta de que no solo no va a recibir ayuda de nadie, sino que van a hacer todo lo posible por derribar su sueño; y resulta fácil ponerse en su pellejo porque la vida es precisamente eso, un camino empedrado de ilusiones, sueños, decepciones y trabajo duro, y muchas veces nos tragamos todas esas piedras sin que nadie más se dé cuenta y sea consciente de ello. Estoy convencida de que pasan muchas cosas en este libro, pero son tan reales, tan auténticas, tan factibles y mundanas, que las pasamos por alto cuando las vemos negro sobre blanco porque estamos acostumbrados a verlas todos los días.

Pero además de Florence y sus diatribas vecinales, La librería abre una ventana al modo en que funcionaba una pequeña librería en los años 50 y los retos a los que debía enfrentarse el desdichado librero. La propia Fitzgerald fue librera en su momento y toda esa experiencia se vuelca en la historia. Por ello asistimos al proceso ya no solo de decidir qué tipo de libros quiere tener en su librería, sino cómo ordenarlos, cómo distribuirlos y elegir entre lo ineligible. Devoluciones después de haber leído ya el libro, gente que toquitea todo y no compra nada, gente que lee los libros gratis a fuerza de pasarse todos los días y leer el capítulo de turno...  clientela en general, esa que de ningún modo lleva siempre la razón y que muchas veces es una completa impertinente carente de empatía. Accesorios literarios que a veces estorban más que otra cosa, libros que vivirán eternamente en la estantería sin que nadie les dedique una sola mirada, o ese mundillo (poco conocido y bastante implacable) de la distribución editorial, que visto lo visto no ha cambiado nada en los últimos 70 años. Muchos libreros de pequeños establecimientos tienen que lidiar con imposiciones que les obligan a quedarse con veinte libros que no quieren por cada novedad o libro que sí quieren, con lo que al final acaban vendiendo lo que la distribuidora quiere, no lo que a ellos les gustaría. 

Creo que resulta evidente: he disfrutado muchísimo de la novela. La librería puede parecer una historia que solo habla de una mujer que quiere abrir una librería en un pueblo pequeño y aislado y en el que no pasa mucho más... pero sinceramente creo que es mucho más que eso. Convivencia, respeto, empatía, malicia, traición, vergüenza, abuso de poder, la asfixia educada del despotismo solapado en una comunidad pequeña... todo esto forma parte del corazón del libro, tanto por su presencia como por su ausencia, según el caso. Me ha parecido tierno a ratos, en otros divertido, con un poso acusado y persistente de melancolía que no aturulla la historia pero que tampoco la abandona y le confiere un aura nostálgica que, hacia el final del libro, cuando ves en qué va a acabar todo, se convierte en una sombra pegada a las páginas. 

Y Penelope Fitzgerald enmascara todo esto en una aparente simplicidad desapegada porque, sencillamente, escribe muy, muy bien. Te lleva por donde ella quiere con una riqueza narrativa totalmente carente de estridencias y grandilocuencias. La narración fluye, los escenarios cobran vida, los personajes adquieren la dimensionalidad que les corresponde en la trama, y todo ello con una limpieza y una frescura fantásticas. Sencillez y sensibilidad al servicio de las emociones y la humanidad, en lo bueno y en lo malo.

Cuatro años después de comprarlo, ya puedo decir que me parece una delicia de lectura.





Título original: The Bookshop
Año: 2017
Duración: 115 minutos
País: España
Director: Isabel Coixet
Guión: Isabel Coixet
Basada en una historia de: Penelope Fitzgerald

Reparto: Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Bill Nighy, Honor Kneafsey, James Lance, Harvey Bennett, Michael Fitzgerald, Jorge Suquet, Hunter Tremayne, Frances Barber, Gary Piquer, Lucy Tillett, Nigel O'Neill, Toby Gibson, Charlotte Vega, Nick Devlin


     
En un pequeño pueblo de la Inglaterra de 1959, una joven mujer decide, en contra de la educada pero implacable oposición vecinal, abrir la primera librería que haya habido nunca en esa zona.





Al hacer reseñas combo no me gusta que la parte literaria quede muy larga para que esto no se haga pesado, pero a la vista está que no lo he conseguido. Voy a intentar ser breve por aquí, pero me va a costar horrores porque si tengo que contestar a la pregunta de si me ha gustado la adaptación cinematográfica de La librería, la respuesta sería que no lo sé. O, más bien, que no sé hasta qué punto me ha gustado, que puede parecer lo mismo, pero no lo es.

A ver, Isabel Coixet no me entusiasma como directora y guionista, pero tampoco me disgusta. A veces resulta algo pedante y sensiblera, unas pelis me gustan más que otras, pero en general las historias que tiene en la cabeza y que luego plasma en imágenes me gustan, me interesan, y por eso suelo pasar por alto las cosillas que no me hacen mucho tilín. 

En La librería, para mi gusto, vuelve a pecar más o menos de lo mismo. La película tiene muy buenas intenciones, se nota el cariño que la autora siente por el libro, ese cariño que sobre todo se vuelca en los libros durante todo el metraje, pero el resultado final creo que dista mucho de ser lo que podría haber llegado a ser. Y es una pena. Porque yo, que soy una vendida con este tipo de películas, que me trago lo que sea que huela a ambientación de épocas pasadas (y si está relacionado con libros ni os cuento), que soy, de facto, una enamorada de este género... sigo dudando y sigo sin saber hasta qué punto me ha gustado.

Venga, os digo lo que me ha gustado, que termino antes. La fotografía, bonita, sencilla, pero con el matiz justo para evocar esos años 50 en los que se ambienta la película. La librería en sí misma, porque tiene encanto, la quieres para ti, es preciosa. Bill Nighy, y esto, señores, tiene mucho mérito, porque es un actor al que yo no acabo de cogerle el punto (lo veo siempre un poco sobreactuado, histriónico, y por eso siempre lo prefiero en pelis como Love Actually, donde se exige esa sobreactuación, que en pelis donde tiene que ponerse serio). Que respeta muchos de los diálogos del libro al pie de la letra, y eso, en determinadas escenas, tiene mucha importancia, porque lo son todo... Y, si soy generosa, la ambientación, aunque ver, lo que se dice ver el pueblo costero inglés donde se ambienta la historia, lo vemos más bien poco.

Lo que no me ha gustado. Su protagonista, Emily Mortimer, a la que jamás te imaginas como la casi invisible Florence Green literaria y que usa tres gestos para todas las situaciones. James Lance, que otorga a su personaje toda la obviedad desde el primer plano que no tiene en el libro (no ayuda el guión). La ausencia del poltergeist, que a todo el mundo le podrá parecer que no pinta nada pero si está en el libro, es por algo: si la autora quiso otorgarle a la librería esa excentricidad, ¿quién es la Coixet para eliminarlo? Pues eso. Lo desaprovechadísimo que está el personaje de Christine Gipping, que apenas se parece a la literaria y que precisamente por eso el espectador se pierde escenas imprescindibles en el libro: la librería literaria es un caos de escenas que en ningún momento vemos representado en la librería cinematográfica. ¿Dónde queda el fenómeno y controversia que provoca Lolita? No se sabe, este guión lo desecha de un plumazo. Pero eso sí, la Coixet deja de lado escenas maravillosas del libro para hacer hueco a lo que a ella le interesaba: meter romance... totalmente inventado, claro está, al menos al nivel que se muestra en la cinta y totalmente por parte de la interesada femenina.

Sí quiero resaltar algo que me ha llamado mucho la atención en la película, y es el amor verdadero por los libros. Y diréis que vaya cosa, que de eso va la historia, pero me explico. En la película vemos a Florence leyendo, acariciando sus libros, despidiéndose de ellos, de su librería, recomienda lecturas muy concretas... es un canto de amor a la literatura en toda regla. Sin embargo no consigo recordar una escena en el libro en la que Florence demuestre ese amor tan abiertamente. Sí, abre una librería, pero no hay ninguna escena donde nos la describan leyendo, por poner un ejemplo (no al menos que yo recuerde; si me equivoco, decídmelo). Y eso, que puede parecer una tontería, me ha hecho pensar mucho en el libro... ¿por qué la autora hace que su protagonista abra una librería, que las pase canutas por ese motivo, que conozcamos todos los entresijos de la profesión de librero, pero no parece mostrar mayor interés por leer nada de lo que le va llegando a la librería? Ya digo, lo mismo me equivoco porque leí el libro antes de verano, hace ya unos meses, pero me parece curioso. Y, sin embargo, la Coixet inserta montones de escenas que parecen querer compensar esa carencia en la novela.

Mirad lo que os digo, confome escribo, y sobre todo después de este último párrafo, he decidido que la peli tiene sus carencias, pero tiene cosas que me compensan, y que le doy un 7/10. Y que sea lo que Loki quiera :)


Penelope Fitzgerald, de soltera Knox, nació en 1916. Era la hija del editor de Punch, Edmund Knox, y sobrina del teólogo y novelista Ronald Knox, del criptógrafo Dilly Knox y del estudioso de la Biblia Wilfred Knox.
Fue educada en caros colegios de Oxford. Durante la segunda guerra mundial trabajó para la BBC. En 1941 se casó con Desmond Fitzgerald, un soldado irlandés, con el que tuvo tres hijos. Durante algunos años vivió en una casa flotante en el Támesis. Autora tardía, Penelope Fitzgerald publicó su primer libro en 1975, a los cincuenta y ocho años, una biografía del pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones. En 1977 publicó su primera novela, The Golden Child, una historia cómica de misterio ambientada en el mundo de los museos. A lo largo de los siguientes cinco años publicó cuatro novelas vagamente autobiográficas, que la consagraron como una de las figuras más importantes de la nueva narrativa inglesa, comparable a Iris Murdoch o A. S. Byatt. Con La librería (1978) fue finalista del Booker Prize, premio que finalmente consiguió con su siguiente novela, A la deriva (1979). Siguieron Human Voices (1980) y At Freddie’s (1982). En este punto, Fitzgerald declaró que ya estaba cansada de escribir sobre su propia vida, y se decantó por la novela que desvelaba hechos y acontecimientos del pasado, desde un punto de vista histórico. La primera de ellas sería Inocencia (1986), desarrollada en la Italia de los años 50 y que narraba la historia de amor entre la hija de un aristócrata arruinado y un médico comunista. En 1988 publicó El inicio de la primavera, que tiene lugar en el Moscú de 1913, protagonizada por un pequeño impresor inglés perdido en los albores de la Revolución rusa. Siguieron La puerta de los ángeles (1990) y La flor azul (1995), centrada en la vida del poeta alemán Novalis. Penelope Fitzgerald murió en Londres en abril del año 2000.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

RESEÑA COMBO (by MH) ::: EL ASESINO VIVE EN EL 21 - S. A. Steeman




Título original: L'assasin habite au 21 
Autor: S. A. Steeman
Editorial: Siruela
Traducción: Susana Prieto Mori
Páginas: 224
Fecha publicación original: 1939
Fecha esta edición: noviembre 2017
Encuadernación: cartoné
Precio: 19,95 euros 
Imagen de cubierta: Ilustración de NRM / Pictorial Collection / Science & Society Picture Library



En el neblinoso Londres de los años treinta, un asesino en serie tiene aterrorizada a la capital. Tras matar a sus víctimas de un golpe en la cabeza, les roba y deja junto a ellas una nota con la más anodina de las firmas: «Mr. Smith». Cuando, tras el último ataque, un testigo ve al criminal entrar en una pensión del número 21 de Russel Square, Scotland Yard —con el superintendente Strickland al frente del caso— pondrá bajo vigilancia a sus huéspedes: la viuda Hobson, dueña del establecimiento; el señor Collins, vendedor a domicilio de radios; el mayor Fairchild, retirado tras haber servido en las Colonias; la señorita Holland, amante de los gatos... Pero pese a haber estrechado tanto el cerco, descubrir entre todos la verdadera identidad de Mr. Smith no resultará sencillo en absoluto...

El asesino vive en el 21 —publicada originalmente en 1939 y llevada al cine tres años después por Henri-Georges Clouzot— es la obra maestra de su autor y una de las más brillantes aportaciones continentales a la novela detectivesca clásica.

No me voy a andar con rodeos: qué bien, ¡pero qué bien!, me lo he pasado con este libro. Creo que, si los cuento, este debe ser el octavo libro de la colección de clásicos policíacos de Siruela que reseño, y siempre lo digo, me encuentro de todo. Unos me hacen más tilín, otros menos. Pues bien, El asesino vive en el 21 me ha recordado en todo su esplendor por qué adoro este género, por qué me pirra el clásico policíaco de los años 30-40 y por qué me dejo el sueldo mes tras mes comprando todo lo que huela remotamente a un misterio escrito durante las primeras décadas del siglo XX. Si cuando yo digo que me hace falta un dinerete de la lotería de manera urgente...

Vamos al lío. Se están produciendo unos asesinatos en Londres que traen a Scotland Yard de cabeza. Siempre se llevan a cabo cuando la niebla oculta en buena medida el crimen, y las víctimas parecen aleatorias y sin ninguna relación entre ellas. Además el asesino siempre deja una tarjeta de visita donde se da a conocer como Mr. Smith. Un conocido y habitual de la policía (atención al modo en que lo hace, es genial) suelta el bombazo: ha sido testigo de uno de esos asesinatos y, aunque no le ha podido ver la cara, ha seguido al criminal hasta su casa. Sabe donde vive: ni más ni menos que en el número 21 de Russell Square, muy cerquita del British Museum.

Pero claro, acabamos de empezar el libro, no puede ser esto tan fácil, ¿no? Pues no, no lo es. Y es que en el 21 de Russell Square no vive uno sino muchos sospechosos: es una casa de huéspedes con unos diez inquilinos entre hombres y mujeres, así que Scotland Yard sabe dónde está, pero no sabe quién es ni tampoco puede desvelar que sabe dónde vive para no alertarle. De este modo empieza el juego del ratón y el gato entre la policía y el asesino porque, a pesar de sus precauciones, el criminal se ha dado cuenta de que la casa está vigilada, y aun así se las apaña para seguir haciendo de las suyas y el número de víctimas sigue creciendo a un ritmo alarmante. Llega un punto en que salta la liebre, los huéspedes saben que entre ellos hay un asesino, pero al estar todos bajo sospecha no pueden abandonar la casa y deben seguir con su rutina de convivencia habitual (aunque son british, señores, aquí no hay dramatismos ni histerismos que valgan. Todo muy polite xD).

El planteamiento en sí mismo es genial, y además el protagonismo recae en su mayor parte sobre los huéspedes/sospechosos y las relaciones que se establecen entre ellos en la casa, no sobre el agente asignado al caso. Este agente, el superintendente Strickland, se enfrenta a un escurridizo asesino que consigue dar esquinazo constantemente a un cuerpo policial que va deteniendo, uno a uno, a buena parte de los inquilinos de esa casa de huéspedes, y uno a uno tiene que ir soltándolos porque los crímenes siguen produciéndose... Porque esto es lo curioso: Mr. Smith, nuestro misterioso asesino, podría cargarle el muerto (o muertos, como es el caso) a cualquiera de sus compañeros de la casa de huéspedes conforme van siendo detenidos, pero no lo hace, sigue matando. Así se va reduciendo el círculo de sospechosos, y a los que van quedando no hay manera de pillarlos; está claro que el tal Mr. Smith se está riendo de Scotland Yard y de sus capacidades deductivas, y cuanto más intentan cercarle, más se ríe de ellos; cuanto más vigilan el 21 de Russell Square, más esquinazo les da. Y así llegamos a un final con sorpresa que es sencillamente fantástico.

Pero aun así, aun siendo la premisa una gozada para quienes nos gusta el género, lo que realmente atrapa al lector es la forma en la que está narrada. El autor era belga, compatriota y amigo de otro grande del género, Georges Simenon (creador del personaje del inspector Maigret), pero en esta novela hace gala de un humor británico brillante que campa a sus anchas de principio a fin. Al parecer él mismo era muy guasón y muy irónico en la vida real, y esa personalidad se traslada completamente a la historia, en la que te saca la sonrisa constantemente. Incluso se permite el lujo, hacia el final del libro y hasta en dos ocasiones, de dirigirse al lector "que aún no ha adivinado al culpable" para preguntarle si realmente se considera un buen detective, si ya ha adivinado quién es el asesino, y le recuerda que tiene todas las pistas a su alcance y que la solución aparece literalmente en la novela en varias ocasiones. Reta al lector a destaparle el juego, una lucha mental que él mismo reconoce que usa emulando a autores de la Golden Age como Ellery Queen o Hugh Austin.

Y a todo esto, y sé que soy muy pesada con este tema, una vez más estamos ante un debut como escritor. El asesino vive en el 21 fue la primera novela (publicada al menos) de Steeman, y a mí estas genialidades me fascinan, ya lo sabéis. La novela es consistente y está perfectamente estructurada y dosificada en cuanto a la información que va dando, y el autor tiene razón cuando le da un toque al lector hacia el final de la lectura: la solución está a la vista, pero hay que saber verla. No solo hay que leer, hay que entender y asimilar lo que se está leyendo.

No me quiero enrollar mucho que como ya habréis visto os traigo reseña combo y os quiero hablar también un poquito de la película. En resumen, ya sabéis que las medias tintas no son lo mío: que cuando disfruto muchísimo con un libro se me nota a la legua, y con este creo que os habrá quedado claro a estas alturas: me ha e-n-c-a-n-t-a-d-o. Tiene absolutamente todo lo que le pido a estas historias: ritmo narrativo, excelentes diálogos, mucho encanto british (aunque el autor no lo sea), ironía, humor y un final sorprendente. Un misterio clásico policíaco muy, muy recomendable.






Título original: L'assassin habite... au 21
Año: 1942
Duración: 84 minutos
País: Francia
Director: Henri-Georges Clouzot
Guión: S. A. Steeman, Henri-Georges Clouzot
Basada en una novela de: S. A. Steeman

Reparto: Pierre Fresnay, Suzy Delair, Jean Tissier, Pierre Larquey, Noel Roquevert, René Génin, Jean Despeaux, Marc Natol, Huguette Vivier




  
En París, en el barrio de Montmartre, actúa un misterioso asesino que tiene el cinismo de dejar una tarjeta de visita sobre sus víctimas. En un mes ha asesinado ya a cuatro personas.
 




Hacía mucho tiempo que no os traía una reseña combo, y si no pasa nada me he juntado con varias que traeros antes de que acabe el año. Pero todo a su tiempo, y hoy toca la primera de ellas, El asesino vive en el 21.

Si os soy sincera no tenía ni idea de la existencia de esta película hasta que leí el libro. Lo disfruté tanto que me puse a buscar adaptaciones cinematográficas y di con esta, estrenada apenas tres años después de la publicación de la novela. Y me la compré, sin más. Cuando yo me pongo en plan fan, me pongo XD. Esta fue la primera de las adaptaciones; luego vino otra en 1948, de nacionalidad argentina, titulada muy poéticamente como La muerte camina en la lluvia. 

Sobre la trama no os cuento nada que para eso está la reseña arriba y se explica de sobra. Ya sabéis que cuando hago reseñas combo me dedico principalmente a contaros impresiones generales sobre la película y las diferencias o similitudes con la novela que más me han llamado la atención. Y os digo desde ya que la peli, aunque resultona y muy entretenida, se aleja del libro en muchas, muchas cosas.

La primera diferencia, que además es muy notable porque es la que marca todo el tono de la pelícua, es que es francesa. Y eso, más allá de que trasladan la ambientación del neblinoso Londres a un París que de niebla sabe poco, se nota en que es... pues eso, francesa. El caso es que intenta mantener el tono juguetón e irónico del libro original de Steeman, pero no le sale porque el humor de Steeman, aun siendo belga, era muy británico, y el humor francés se parece al británico lo que un huevo a una castaña. Dejamos a un lado la sutileza y la ironía y lo apostamos todo a un humor mucho más... ¿obvio? No sé, yo me entiendo. De todos modos una cosa no quita la otra, ya digo que el resultado queda aparente, es una película muy entretenida, tiene un ritmo rapidísimo y, como además es muy cortita (apenas 80 minutos), se pasa volando.

Eso en cuanto al tono. Por lo que respecta a la adaptación en sí misma, realmente es como contarte la misma historia de un modo totalmente diferente. En la novela, el detective apenas tiene importancia, casi toda la trama y la acción se desarrolla con los personajes de la casa como protagonistas y así se mantiene hasta el final. Pero claro, estamos a principios de los años 40, las adaptaciones de Sherlock Holmes con Basil Rathbone de protagonista estaban triunfando, e imagino que ni se les pasó por la cabeza dejar de lado al detective en la adaptación cinematográfica. Así pues, aquí el rey absoluto de la función es el inspector a cargo del caso, e incluso le buscan una novia pizpireta, graciosilla y muy resuelta ella que también se meterá en la investigación y tendrá mucho que ver en la resolución del misterio (interpretada por Suzy Delair, actriz y cantante francesa de estas adorables y cuquis especializadas en comedia que, por si os interesa, sigue vivita y coleando a sus 101 años).


Total, que ya no estamos en Londres, sino en París; ya no tenemos a un Mr. Smith sino a un Monsieur Durand; nos meten a una cantante lírica gracioseta, metomentodo y a veces un poco pesada como novia del detective y nos meten a un detective que se infiltra en la casa de huéspedes que también es muy listo, muy gracioso y muy sobradillo; se inventan huéspedes y relaciones entre ellos y, por tanto, todo lo que ocurre en la pensión es completamente inventado... Comienza con la misma premisa (asesino que deja tarjeta con su nombre en las calles de París), termina con la misma identidad del culpable, pero entre medias cualquier parecido con la novela es pura coincidencia.

Y si habéis llegado hasta aquí puede parecer que no me ha gustado la película o no la recomiendo, y estaréis equivocados. Ya lo he comentado, es muy entretenida, se pasa en un suspiro y si no conoces la novela original, resulta incluso una película muy original y diferente. Es que además yo adoro el cine clásico, y a veces hasta me parecía que quería emular el toque de Ernst Lubitsch... pero claro, ni se aproxima al genio de Lubitsch ni se acerca a la novela original, y en eso está su máximo defecto, no en la película en sí misma.

Vamos, que como adaptación, no. Como película, sí. Más o menos lo de siempre. Pero si le echáis un vistazo como entretenimiento sin más y sin pensar en la novela, yo creo que os puede gustar mucho :)


Stanislas-André Steeman (Lieja, 1908-1970) fue un prolífico autor de novelas policiacas, muchas de las cuales han sido adaptadas a la gran pantalla. En la actualidad está considerado, junto a Jean Ray y Georges Simenon, como el máximo exponente del género en Bélgica.