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lunes, 25 de agosto de 2025

RESEÑA (by MH) ::: TIBURÓN - Peter Benchley




Título original: Jaws
Autor: Peter Benchley
Editorial: Planeta
Traducción: Javier Calvo Perales
Páginas: 416
Fecha publicación original: 1974
Fecha esta edición: mayo 2025
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 21,90 euros
Imagen de cubierta: @Roger Kastel (adaptación de la portada de 1974 de Jaws)




 
 
En el 50.º aniversario de la clásica película Tiburón, recuperamos este referente absoluto en una edición conmemorativa con contenido adicional. 

Amity es una pequeña población de la costa atlántica de Estados Unidos que vive principalmente del turismo. Un día cualquiera, al alba, poco antes de empezar la temporada de verano aparecen en la playa los restos de una joven que al parecer ha sido devorada por un tiburón. La policía, la prensa y los comerciantes ocultan la noticia que podría espantar a los veraneantes. Pero a los pocos días un bañista ve desde la costa cómo un animal gigantesco ataca a un muchacho. Entonces empieza la batida: un grupo de hombres hábiles y decididos se lanzarán al mar para enfrentarse a la bestia.

Publicada en 1974, Tiburón alcanzó el éxito inmediatamente. Al año siguiente se estrenó la célebre adaptación al cine dirigida Stephen Spielberg, y en la que Peter Benchley colaboró como co-guionista,. Desde entonces, Tiburón se ha consagrado como un absoluto clásico contemporáneo de la cultura pop.

Esta edición incluye contenido adicional de los archivos de Peter Benchley, como reproducciones del manuscrito original, fotografías del rodaje y varios textos del autor en los que narra en primera persona la escritura de Tiburón y su colaboración con Steven Spielberg.
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Bueno, aunque no hayáis oído nunca hablar del libro, aunque no tuvieseis ni idea de su existencia ni supierais que la película adaptaba una novela, la historia no tiene pérdida. Sí, es esa en la que un tiburón blanco aparece en una playa en plena temporada turística y siembra el terror; esa que dirigió Steven Spielberg cuando solo tenía 26 años y se convirtió automáticamente en un clásico del cine; esa que tiene una banda sonora que reconocemos de inmediato; esa que hizo que miles, millones de turistas, otearan el horizonte antes de meterse en el agua "por si acaso". Bueno, pues esa maravilla de película (para mí, claro. Soy muy fan y además no me gusta la playa y nunca he sufrido de selacofobia a pesar de haber visto la peli muchas veces) fue antes un bestseller literario que vendió millones de ejemplares. Esa es la novela que traigo hoy aprovechando que se ha publicado este año en España una edición especial por el 50 aniversario del estreno de la película (¡50 años!). Os cuento.

Amity es una población costera que basa toda su economía y su supervivencia anual en las hordas de turistas que llegan cada verano, ya sean domingueros ya sean familias que alquilan muchas de sus numerosas casas para pasar todos los meses estivales. Todo gira alrededor de estos ingresos y muchas de las personas de la localidad viven todo el año gracias a lo que ganan con el turismo de junio a septiembre. ¿Qué pasa cuando resulta evidente que un tiburón blanco está atacando a los bañistas y no parece dispuesto a irse? Que solo hay dos opciones: una es decir la verdad y condenar a todo el pueblo a cierres de negocios y un invierno de privaciones; la otra es callarse, dejar que los turistas sigan dejándose el dinero en la localidad y cruzar los dedos para que el tiburón se esté quietecico. El sheriff Brody es partidario de la primera opción (la obvia, la normal), pero hay demasiados intereses políticos y económicos en juego... y luego está el tiburón, que va a lo suyo y las comilonas que se pega a costa de los descerebrados e imprudentes que siguen bañándose en la playa.

A ver, Tiburón tiene cosas muy buenas, pero también tiene cosas muy malas, así que sin enrollarme mucho os hablo un poco de las dos.

En el lado positivo, os digo desde ya que mis escenas favoritas han sido las de los ataques del tiburón (sí, soy así de oscurita xD). No es que esta novela sea un prodigio de prosa y estilo, pero están muy bien narradas, manteniendo la tensión en todo momento aunque el lector sepa que eso va a acabar como el rosario de la aurora y que el humano ese que patalea en el agua tiene los segundos contados. Blenchley intenta incluso transmitir los procesos sensoriales y modelos de comportamiento que llevan a ese tiburón a atacar a la víctima, y le otorga una inteligencia inusual... también una intencionalidad muy inusual, lo que hace que el animal sea constante, cauteloso, imprevisible y no se comporte según las pautas que se esperan de él. Muy buenas escenas, de verdad, y de hecho el libro comienza con una de ellas, lo que te hace frotarte las manos ante lo que está por venir. Por eso fastidia tanto lo que luego hace en otros aspectos, pero a eso llegaré después.

Luego está toda la parte, también muy interesante, de lo que suponen en un pueblo como este los ataques del tiburón. La novela comienza en junio, cuando faltan apenas unos días para el pistoletazo de salida propiamente dicho de la temporada turística (el famoso 4 de julio). Es decir, que ya hay turistas pero solo una pequeña parte si lo comparamos con lo que está por venir, y eso que está por venir es lo que da de comer al pueblo durante  todo el año (pasan de mil habitantes a diez mil en esos meses). Si en junio cierran las playas y avisan de la presencia del escualo, se acaba la temporada porque ya no es que no vengan los domingueros, es que los que alquilan casas para varios meses se irán a cualquier otro pueblo de los alrededores (porque parece que el tiburón no se mueve de las playas de Amity, el resto son seguras). Así que aquí opina hasta el tato, pero los habitantes de la ciudad tienen claro que ellos tienen que ganar dinero y que quien quiera cerrar las playas es un imbécil y no tiene ni idea de nada; ya se irá el dichoso tiburón, y si no se va, mala suerte, porque lo importante es que ellos hagan caja. Eso por un lado, que luego están los turistas que van precisamente en busca del tiburón ese que han visto en las noticias. Se presentan con hijos y todo, cual si fueran a ver la torre Eiffel, y si no se ve el tiburón se enfurruñan, que se han tragado mucha carretera para tener su recompensa. ¿Los periodistas? Invitando a la gente a meterse en el agua a ver si aparece el tiburón y captan unas imágenes de infarto para el informativo de las seis. Todo por la actualidad.

Pero si malos son los que no le dan importancia a los tiburones, peores son los que sí saben lo que está pasando y la gravedad de no cerrar las playas, pero tienen tanto millón metido en propiedades y especulaciones que tienen muy claro que se guarda silencio y se lavan las manos con lo que pase después. ¿Que no se atiende a razones? Pues intimidación al canto, aunque esa persona que amenazas sea tu amigo de toda la vida y cenes todos meses en su casa. Como resulta que precisamente estos son los que mandan y están en puestos de responsabilidad o influencia (alcaldes y demás... corrupción a saco y periodistas a sueldo de los que gobiernan), pues los que quieren hacer las cosas bien no pueden porque enseguida reciben presiones y el aviso (no siempre cordial) de que va a perder su trabajo. Esta es la posición del sheriff Brody, que quiere hacer las como está mandado, que sabe que va a morir gente y esa gente es responsabilidad suya, pero que no tiene muchas opciones: le obligan a callar, pero eso sí, si sale algo mal las culpas van a recaer sobre él. Se siente un criminal a quien obligan a cometer el crimen y, por cada persona que muera, esos dedos ciudadanos que ahora le tachan de alarmista le acusarán de poner a la gente en peligro.

En resumen, toda la parte del tiburón fantástica y todo lo relacionado con la reacción de la gente ante los ataques y el ambiente que empieza a crearse en el pueblo creo que son muy realistas y están muy bien planteados. Y porque no os he hablado de los expertos: los señoritingos de mucho dinero que van por la vida mirando el océano como si fuera un patio de recreo y los que han sufrido la mar desde que llevaban chupete y tienen la piel más dura que los cocodrilos. Este contrapunto, que resulta muy evidente hacia el último tercio de la novela, ofrece distintas formas de afrontar la situación y es una de las bases del clímax final de la historia.

¿Qué me ha horrorizado del libro? La parte relativa a la subtrama que protagoniza la mujer de Brody. Y me ha pillado por sorpresa porque en la película, por razones obvias, todo esto no aparece (mucha gente inteligente al frente de ese proyecto cinematográfico; sí, señor). Esta señora no solo es insoportable con su rollo de que era rica y de la alta sociedad y se casó con un pobre policía del pueblo donde veraneaba y sus amiguis ya no le hacen casito (chica, que nadie te obliga; si quieres volver a codearte con la Preysler coge camino y buen viaje lleves). Es que hay cierta escena, sobre la cual no puedo decir nada sobre el contexto porque estaría haciendo un spoiler tremendo, que tuve que leer dos veces porque no me creía lo que estaba leyendo. ¿Sabéis eso que se suele decir de ciertos personajes femeninos, que solo pueden haber sido escritos por un hombre? Pues este es uno de ellos. Machismo puro, con un señor proyectando sus propias fantasías sexuales sobre una mujer. Ninguna mujer en sus cabales diría jamás lo que esta señora dice en esta novela (bueno, no sé, a lo mejor alguna hay, que en esta viña del Señor a saber.... pero ya os digo yo que no es muy normal), y se te queda tan mal cuerpo, tan regusto a enfado e indignación, que tu opinión sobre la novela cae en picado. Y nada de lo que hace antes o después mejora el personaje. Nada. No hay redención en general, a esta señora no hay por donde cogerla.

Así que, en definitiva, os digo con rotundidad que me parece mucho mejor la película que el libro, porque coge todo lo bueno que tiene y elimina todo lo malo que para mí estropea mucho la experiencia lectora, y eso repercute sobre todo en el personaje de la mujer de Brody, que en la película es totalmente distinto y su arco argumental no tiene nada que ver con el de la novela (en el prólogo se denomina como "romántica" a toda esta parte eliminada. Ojiplática me hallo). También se descarta casi toda la parte mafiosa de los especuladores, que yo creo que tenían dos opciones: atenuarla y quitarle peso o potenciarla y darle mucho más empaque que en la novela (ya digo que optaron por lo primero). Se hizo un trabajo estupendo con el guion, fueron al grano con lo que interesaba (el tiburón, las escenas de suspense y acción y la epopeya final) y tuvieron la sensatez de descartar muchas cosas que eran problemáticas en una historia que no necesitaba para nada todo eso. ¿De verdad ningún editor al leer el manuscrito se dio cuenta de la pata coja de la mesa que resultaba toda la historia de la mujer de Brody? ¿Que era un HORROR? En fin, que se podría decir que es producto de la época, pero todo eso se eliminó e en el guion justo al año siguiente... que no es que la adaptación se hiciera cuarenta años después, vaya. Si en 1975 ya era problemático y repugnante, también lo era en 1974.

Resumiendo: no me arrepiento de leer la novela, llevaba años detrás de ella y esta reedición me ha venido de perlas. Pero la experiencia lectora ha sido agridulce y me quedo sin lugar a dudas con la película por siempre jamás. No entiendo algunas decisiones del autor, no aportan nada salvo indignar al lector y estropear una historia que tiene muchos puntos positivos.

Por cierto, en otro orden de cosas, en los extras que incluye la edición (que os desgloso más abajo) se hace hincapié en que el matrimonio Blenchley lamentó enormemente la fobia y el odio hacia los tiburones que despertó la novela (hubo una ola de cacerías de tiburones, competiciones de pesca exhibiéndolos como trofeo, etc...), y que dedicaron buena parte de su vida desde entonces a trabajar para que la percepción sobre ellos cambiase. Colaboraron con un montón de asociaciones para la defensa de los escualos y la conservación de los océanos, y vamos, que se involucraron de manera activa en políticas marinas y la protección de esta especie.

Termino con el listado de todas las cosas que contiene esta edición especial. Y no, nada de cantos pintados ni cosas de esas: todo está en las páginas interiores del libro :)

  • Prólogo a cargo de Wendy Benchley, mujer del autor (que falleció en 2006)
  • Introducción de Peter Benchley (no consta fecha)
  • Página original manuscrita en la que Peter Benchley se decidió finalmente por el título Jaws para la novela
  • Listado de varias páginas con todos los títulos que se consideraron previamente (tanto las manuscritas como las que muestran en texto impreso el contenido porque no siempre de entiende bien lo que pone).
  • Carta de Peter Benchley a David Brown, coproductor de la película junto con Richard Zanuch, en la que da su opinión sobre algunos cambios de guion, lo que no le gusta de los personajes y sus acciones, lo que considera errores y/o incongruencias y dando ideas sobre lo que estima oportuno.
  • Extracto del libro Shark Trouble, de Peter Benchley (sobre cómo llegó a escribir un libro sobre un tiburón asesino, cómo le fue al libro después de su publicación y cómo casi enseguida llegó la adaptación al cine).
  • Fotografías del rodaje de Tiburón. 




Peter Benchley (Nueva York, 1940 - Nueva Jersey, 2006) es conocido principalmente por su célebre novela Tiburón y por haber colaborado como guionista de la adaptación cinematográfica que llevó a cabo Steven Spielberg. A su publicación en 1974, la novela fue un éxito inmediato que causó sensación en el público de la época, generando incluso una tendencia de libros sobre otras amenazas animales similares. Tiburón permaneció en las listas de los libros más vendidos de todo el mundo durante meses, alcanzando los 20 millones de ejemplares y convirtiéndose en un clásico indispensable de la cultura pop. Benchley también es autor de las novelas The Deep y The Island, que también fueron llevadas al cine.

jueves, 24 de junio de 2021

RESEÑA (by MB) ::: COMO EL PERRO Y EL GATO - Gilles Legardinier




Título original: Ça peut pas rater!
Autor: Gilles Legardinier
Editorial: Planeta
Traducción: Juan Camargo
Páginas: 416
Fecha de publicación: octubre 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 5,95 euros 
Diseño de cubierta: Planeta Arte & Diseño





 
«―Marie creía que había encontrado el amor de su vida hasta que Hugues la abandona por otra chica más joven. Agotada y abatida, toma una decisión: no confiará nunca más en los hombres y se vengará de ellos.

«―¡Estoy hasta la coronilla de los hombres! ¡Me tenéis harta! ¡Estoy hasta las narices de vuestras jugarretas! ¿Os ha llegado la hora de sufrir!»

La dulce Marie ha desaparecido, perdida en sus lamentos.
¡Cuidado mundo, llega una nueva Marie! La venganza es un plato que se sirve frío, y ella está congelada...
Ciertos días, alrededor todo comienza a moverse como en un temblor de tierra. La sabiduría popular afirma que, si se produce un cambio en la vida, los acontecimientos se precipitan uno detrás del otro, buenos o malos.
En
Como el perro y el gato, Màrie Lavigne debe aprender a desprenderse de lo viejo y permitir entrar a todo lo nuevo que la vida le tiene preparado. 

Los ojos de Hugues, su novio, la pareja con la que comparte su vida desde hace unos años, se han hecho tan invisibles como su memoria, y parece que se ha olvidado de los planes y sueños compartidos. De manera unilateral ha rescindido el acuerdo no escrito de una convivencia en común, y la abandona y desampara dejándola sola con un previo aviso y desahuciando tanto su vida en común como el quinto piso, ese que nuestra protagonista reconocía como casa.
Con mis cajas de cartón, mi cinta de embalar y el miedo en el cuerpo, subí los cinco pisos, giré la llave y empujé la puerta. Me dio la impresión de ser una ladrona; una sensación horrible y perturbadora. Hacía unos días apenas, aquella era mi casa.
De repente Màrie debe abandonar su hogar, desenamorarse de su novio, seguir adelante y ser feliz. Demasiadas cosas cuando ni siquiera sabes cómo ni por qué has llegado a esa situación. Así pues, otra de las lecciones que debe aprender es la evaluación del proceso, el camino, el principio y el fin de su relación, los cimientos con los que fue construida y los sueños e ilusiones con los que, particularmente ella, la revistió.
Debo de tener la edad de alguna de ellas, pero ningún pequeño me coge de la mano y, al ritmo que van las cosas, seguramente eso nunca suceda. Por otra parte, no estoy segura de que todas las mujeres con las que me cruzo sean las madres de los niños. Es probable que sean las cuidadoras, tal vez las empleadas del hogar.
Sin una casa donde vivir y una pareja a la que querer, nuestra protagonista se siente muy pequeña en un espacio muy grande: de una forma u otra, todo lo que antes poseía se le ha escurrido de las manos.

Pero, después de pasar un tiempo lamiéndose la heridas y llorando en el hombro de su amiga Émilie, llega la hora de ser pragmática y preocuparse de dónde va a vivir y de su frágil situación laboral... En definitiva, de enfocarse en un nuevo propósito de vida: mirar de frente al mundo para sentir su utilidad en él. 

Con la ayuda de su hermana encuentra un lugar provisional que le muestra la belleza y el brillo que pueden tener las cosas, algo a lo que muy pronto comienza a acostumbrarse. Y su vida, que se había convertido en un espacio vacío, comienza a llenarse con nuevos proyectos, amigos, vecinos y compañeros de trabajo (Kevin, Sandro, Alexandre, la señora Brémont, el señor Dussart y, en especial, el entrañable señor Alfredo...), sin olvidarnos del nuevo admirador secreto que le escribe cartas de lo más sugerentes y arrebatadoras.
Abro la carta sospechosa con precaución. Sólo contiene una simple hoja escrita a ordenador.
En Como el perro y el gato encontramos una novela divertida donde lo trágico y lo cómico van de la mano. Gilles Legardinier tiene esa pizca de gracia y picardía necesaria para relatarnos que, a pesar de los pesares, del abandono, la pérdida del hogar y el statu quo, siempre existen otros caminos, nuevas oportunidades y otras formas de comprender y enfrentarse a muy diferentes situaciones: solo hay que entreabrir los ojos y querer ver. 

Y Màrie, los abrirá pero que muy mucho.

Una lectura impregnada de ternura, ironía y humor que te llena de positivismo en cada una de sus páginas.
Todo está por construir. Empezamos a quitar los escombros y los ingenieros se preguntan si el subsuelo es lo bastante sólido como para volver a construir encima.

Gilles Legardinier (París, 1965) ha trabajado en el cine como pirotécnico, tanto en Francia como en Estados Unidos y ha dirigido anuncios y documentales a nivel internacional. Actualmente es responsable de comunicación para el cine en varios estudios, labor que compagina con la escritura. 

Legardinier empezó su carrera como escritor en el terreno del thriller con los libros L'Exil des Anges (Prix SNCF du polar 2010) y Nous étions les hommes, hasta que en 2011 escribió Demain j'arrête!, una comedia que se convertiría en todo un fenómeno en Francia. Desde entonces, es uno de los autores más vendidos en su país.

lunes, 31 de mayo de 2021

RESEÑA (by MH) ::: WICKED (MEMORIAS DE UNA BRUJA MALA) - Gregory Maguire


 
Título original: Wicked
Autor: Gregory Maguire
Editorial: Planeta Internacional
Traducción: Claudia Conde
Páginas: 508

Fecha publicación original: 1995
Fecha esta edición: 2007
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)
Ilustración de cubierta e interiores: Douglas Smith



En un pueblo de pescadores de Munchkinland, una región independiente de la tierra de Oz, nace la primera hija de Melena. Su marido, el párroco Frex, no puede estar con ella en tan delicado momento porque el Reloj del Dragón del Tiempo (un teatro de títeres), ha llegado al pueblo y sus espectáculos irreverentes y groseros están haciendo estragos en la parroquia. La criatura se llama Elphaba, tiene la piel verde y unos dientes de tiburón con los que arranca un dedo de un mordisco a una mujer. No es cosa fácil, ser la mala del cuento. Gregory Maguire visita en Wicked. Memorias de una bruja mala las entrañas de uno de los grandes cuentos de la historia y rescata a la niñita de piel verde llamada Elphaba, que crecerá para convertirse en la Malvada Bruja del Oeste, una persona ingeniosa, irritable y poco comprendida que pone en tela de juicio todas nuestras nociones preconcebidas sobre la naturaleza del bien y del mal.

Me gusta la literatura relacionada con las brujas. ¿Lo habíais notado? El reto de Hermanas Fatídicas que nos hemos propuesto Mónica y yo para este año nace tanto de nuestro gusto por esta temática como por la necesidad de leer muchos libros pendientes en la estantería relacionados con ella. Y es que, hablo a título personal, compro lo que voy viendo que me interesa sobre este subgénero, pero luego pasa lo de siempre, que la vida no da para leerlo todo. Wicked es de esos libros que llevan esperando su turno de ser escogidos unos cuantos años, y aunque casi todos los meses incumplo mi (auto)promesa de leer y reseñar dos libros mensuales en este proyecto, en mayo no quería faltar a mi cita con Gregory Maguire. ¿Esperaba algo en concreto? No, porque salvo la premisa de que cuenta la historia (la versión de Maguire, claro... la de Frank L. Baum nunca la sabremos) de Elphaba, la Malvada Bruja del Oeste del libro original de El maravilloso mago de Oz, no tenía ni pajolera idea de lo que me iba a encontrar. De esos libros que lees totalmente a ciegas solo por el concepto en sí mismo de su existencia. Os cuento lo que me ha parecido.

Tal y como os digo, la premisa de Wicked es la de contar la historia de Elphaba, la Malvada Bruja del Oeste (si realmente era malvada y si, ahondando más, era incluso bruja), y lo hace desde el mismísimo comienzo: su nacimiento. Para ello nos traslada al este de Oz, al País de los Munchkins, donde Elphaba viene al mundo hija de un clérigo fanático y de una heredera de buena familia que viven en la absoluta pobreza. Elphaba es un pequeño monstruito con dientes afilados desde el mismo momento en que sale del vientre de su madre y a la que hay atar para que no se muerda a sí misma. Le tiene un miedo atroz al agua y es (para consternación de sus padres) verde. Saltamos varios años y la conocemos en su entrada a la Universidad de Shiz. Sigue siendo verde pero nada queda de ese ser extraño e inquietante que vio la luz años atrás. Es una joven inteligente, con inquietudes y principios, mucho más honrada y honesta que todos sus compañeros juntos, pero con unas ideas extremas que le llevarán por caminos insondables. Esta es la joven que se convertirá en una malvada bruja cuyo final (que es también el final de este libro porque no podía ser otro) conocemos desde la primera página quienes hemos leído la obra original o hemos visto la película. Es decir, que su final es el que es, así que lo que interesa realmente es el camino que Maguire crea para ella, su evolución como persona y personaje, y como las decisiones que va tomando en su recorrido la llevan hasta el final que conocemos de la historia original de Baum.

Algo muy importante sobre esta novela es tener claro que no es una historia juvenil y mucho menos infantil. Sexo, terrorismo, violencia, fanatismo religioso, intrigas políticas, dilemas existenciales y filosóficos... Es una novela adulta, y como tal incluye temáticas que lo son y escenas que resultan turbadoras más por lo que dejan entrever que por lo que cuentan. Bajo mi punto de vista este libro tenía dos objetivos: uno era contar una buena historia para Elphaba, labor que recae por completo sobre Maguire al ser una visión suya única y personal del personaje, y el otro era unificar esa visión con la de la historia original de Baum, labor más peliaguda porque implica mucha maña, talento y buen hacer. Para mí, Maguire triunfa en el primer objetivo, empieza a flojear cuando se da cuenta de que tiene que ensamblar eso con una historia que no es la suya y se da cuenta de que no ha preparado el camino todo lo bien que debería, y se pega un buen topetazo cuando llega el momento culmen y se consuma lo que el lector lleva barruntando desde las últimas doscientas páginas: que el Oz que idea Maguire no es compatible con el Oz original de Baum. Y aparte es que destroza todo su buen hacer anterior con el personaje de Elphaba, que es lo peor de todo. Se sabotea a sí mismo. Pero vayamos por partes, que diría Jack.

Este Oz que crea Maguire es un Oz muy inestable políticamente, con el Mago recién llegado en globo dispuesto a llevarse todo por delante, con la gente muriéndose de hambre, exterminio de razas y símiles a campos de concentración, grupos terroristas opositores al gobierno, revueltas sociales... en este Oz se habla esporádicamente de hechicería, de magia, pero porque parece que hay que hacerlo al ser el país fantástico preexistente que es, no porque esté integrado en la historia ni porque tenga realmente peso en la trama. La propia Elphaba, protagonista de la historia, no cree en la magia, no quiere seguir esa rama en sus estudios y no tiene contacto alguno con ella salvo cuando se le acaban las páginas al autor y tiene que ir conectando presente y futuro. Esta Elphaba es una joven estudiosa con unos principios morales firmes que sin embargo no cree en la existencia del alma. Solitaria y muy autosuficiente, acaba formando parte de un grupo de amigos que en algunos casos no supondrán nada para su futuro, pero que en otros serán determinantes para su recorrido vital.

La novela está dividida en cinco partes, cada una de ellas supone un salto temporal de varios años, y sin duda las mejores son las dos primeras. En ellas vemos florecer a Elphaba como personaje, el potencial que tiene, lo bien construido que está, cómo va desarrollándose ante los ojos del lector y lo interesante que se plantea la idea de convertir a una joven tan íntegra y con tan elevado sentido de la justicia en esa Bruja Malvada que conocemos en el libro original de 1900. Estas dos primeras partes, que conforman prácticamente la primera mitad del libro, son la niña de los ojos del autor, su creación, su historia, sus personajes y su Oz. Es donde se le nota cómodo porque es todo suyo, y brilla, convence y entretiene muchísimo. La segunda mitad es la del viraje, la de darse cuenta de que tiene que coger todo eso que ha creado de la nada y meterlo con calzador en una historia ya escrita cien años antes que se ha convertido en un clásico universal y que todo el mundo conoce. Y ahí es donde empieza la cosa a patinar y, por momentos, a perder el rumbo. En lugar de ser dos caminos que llegan a un punto intermedio y se convierten en uno, transcurren en paralelo y los puentes que se crean para unirlos son débiles y muchas veces condenados a derrumbarse.

No lo hemos leído de manera conjunta, pero Mónica y yo coincidimos en el tiempo leyendo este libro, hemos ido comentando cosillas, y varias veces le dije que no veía claro cómo Maguire iba a unificar el Oz que había construido con el Oz original. Es que son completamente diferentes, incompatibles incluso en algunas cosas, y hay elementos del libro original que no tienen cabida en este mundo creado por Maguire. Tampoco veía como esta Elphaba iba a acabar convirtiéndose en una bruja para empezar, así que lo de malvada, ni os cuento. Mis miedos eran fundados, no consigue ensamblar las dos visiones con éxito. Y no hablo desde el punto de vista intransigente de una amante del libro original que quiere que todo sea pluscuamperfecto, sino simplemente desde el punto de vista de una lectora que ve descarrilar una buena historia en su tramo final. Me parece de una falta de recursos evidente el no saber cómo explicar algo porque no has hecho bien tu trabajo en las 400 páginas anteriores y directamente decirlo tal cual en el libro y pasar a otra cosa. A los personajes les valdrá, pero al lector, obviamente, no. 
 
Yo me he quedado con la sensación de que esta historia necesitaba ser única, inédita, para poder seguir su propio camino, porque de hecho es totalmente independiente salvo cuando no le queda más remedio que no serlo, y ese el principio del fin. ¿Que quería escribir un libro ambientado en Oz? ¡Perfecto! Pero que hubiese cogido cualquier personaje de su invención y le hubiese dado el final que él hubiese querido. Esta Elphaba llamándose Ruthkin (por ejemplo), no siendo un personaje de El mago de Oz, hubiese funcionado igual y hubiese podido tener su propia historia. Aun así, y a pesar de la decepción por lo que podría haber sido y no ha llegado a ser, me quedo con lo bueno, que es la primera mitad del libro, que sí que he disfrutado mucho y que tiene escenas que perduran en mi memoria.

Existe un musical que al parecer poco tiene que ver con la novela. Es mucho más familiar, mucho más amable, mucho más romántico y con un final más feliz. De hecho, muchos de aquellos que vieron primero el musical y luego se acercaron al libro parece que se enfadaron porque difieren mucho: en el libro pasan cosas malosas que en el musical se arreglan :) Se avecina adaptación cinematográfica (si la pandemia lo permite) para finales de este año, pero ya han avisado que está basada en el musical, no en el libro, así que será también family friendly y más para todos los públicos.

Por cierto, para terminar, como anécdota de interés os puedo contar que lo de la Malvada Bruja del Oeste de color verde es cosa de la famosa película de 1939, no del libro original de Baum, donde no se hace alusión alguna al respecto. Otra cosa que Maguire ha cogido de la película que en el libro ni se nombra no os la comento por aquí por no hacer un spoiler, pero vamos, que se nota que a Maguire le tiraba más la visión cinematográfica que la novela original :) 

Reseña de El maravilloso Mago de Oz -> aquí

Gregory Maguire (Albany, Nueva York, Estados Unidos, 9 de junio de 1954). Se graduó en Literatura Inglesa y Americana. Autor de cinco novelas para adultos y una docena de obras infantiles, el éxito le llegó con Wicked. Memorias de una bruja mala.

lunes, 10 de mayo de 2021

RESEÑA (by MB) ::: DESEO DE CHOCOLATE - Care Santos


 

 
Título original: Deseo de chocolate
Autora: Care Santos
Editorial: Planeta
Páginas: 424
Fecha de publicación: mayo 2014
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 21 euros 
Diseño de cubierta: basado en diseño original de Antónia Arrom (dandélia). Departamento de Arte y Diseño, Área Editorial Grupo Planeta.
 
Tres mujeres, tres siglos y la misma chocolatera de exquisita porcelana blanca: Sara: propietaria de un apellido que en Barcelona es sinónimo de chocolate, se enorgullece de dar continuidad a la tradición heredada de sus padres. Aurora: hija de una sirvienta de una familia burguesa del siglo xix, para quien el chocolate es un producto prohibido.

Mariana: esposa del fabricante de chocolate más famoso del siglo xviii, abastecedor de la corte francesa e inventor de una máquina prodigiosa. 

A través de la pasión por el chocolate, Care Santos traza un apasionante viaje en el tiempo en el que recorreremos más de tres siglos de historia, desde su llegada a Europa hasta la sofisticación de nuestros días. Vibrante y adictiva, esta maravillosa novela es un exquisito placer para los sentidos.
«Pertenezco a la señora Adélaïde de Francia».

En Deseo de chocolate se nos relata la historia de una pieza de vajilla, una chocolatera especial, a la que en sentido inverso seguimos el rastro desde que nos la encontramos rota (no en mil, sino en menos pedazos) hasta su origen, la fabrica en que se realizó.
Uno por uno va tomando los fragmentos y les busca un posible compañero. cuantos más encuentra, menos posibilidades de error quedan sobre la mesa. Impregna los cantos con el pegamento y los hace coincidir, presionando un poco para que el fluido pegajoso haga lo que debe.
Y no es una historia cualquiera la de esta pieza de vajilla de porcelana fina, pues, además de ser contenedora de la preciada bebida de los mayas y los aztecas, también está ligada a las intrahistorias de aquellas mujeres que la poseyeron en algún momento durante cuatro siglos.
Mientras la enjabonabas te diste cuenta de que no era una pieza cualquiera. La finura de la porcelana, el diseño de líneas delicadas, con el pico alto y el asa generosa en forma de lazo.
Para saber de ella debemos conocer quién o quiénes fueron sus propietarias o la tuvieron en sus manos, destacando tres mujeres entre todas ellas:
Sara, Aurora y Mariana, quienes, además de su amor y pasión por el chocolate (ya sea tanto al elaborarlo como al disfrutarlo), están unidas por la ciudad de Barcelona. Care Santos narra sus biografías utilizando un hilo musical, una banda sonora que siempre está en el trasfondo de estas vidas: la ópera que se representa en el Liceo, del que también conoceremos su historia a los largo de estos años.

Y hasta aquí los puntos de unión en Deseo de Chocolate, una novela representada por estas tres mujeres en tres actos independientes y distintos que nada tendrán que ver unos con otros. 

Comenzamos con la historia de Sara Rovira, ya en el siglo XXI. Entrada en los cuarenta, relata cómo la chocolatera llegó a su vida al mismo tiempo que su marido, Max Frey, y su amigo, Oriol Pairot, mientras los tres realizaban un curso de técnicas para chocolateros del Gremi de Pastissers de Barcelona. Max se enamora de Sara y ella lo hace de Oriol; un triángulo difícil de conjugar en el que cada uno representa su papel y en el que a veces cuesta dilucidar quienes son los vencedores y quienes los vencidos. Puestos a elegir, me quedo con Max, el Pimpinela escarlata.
Tus cosas estaban pronto recogidas. Cabían en el mismo hatillo que trajiste al llegar. Una vez todo estuvo preparado, te sentaste a esperar en el banco de la cocina. Aún no se te había pasado la conmoción ni, por supuesto, el disgusto. Entonces una mala idea se encendió en tu cabeza como una luciérnaga: la chocolatera.
Seguimos con Aurora, nacida para ser la criada de los Turull, una familia burguesa del siglo XIX. Se dedica a servir y acompañar a Cándida, la amada y única hija de Estanislao, un inventor de maquinaria industrial. Con esta mujer nos trasladamos a una ciudad incipiente y en pleno desarrollo, cuando la industrialización comienza a llegar a sus artesanos.

Si algo tiene claro Aurora es que ella ha nacido como criada y debe morir como tal. En ella se enmarca el orgullo de clases; sabe y conoce perfectamente el lugar que ocupa (primero en la casa de los Turull y después en la de los Sampons), aunque no lo tiene tan claro a final, cuando comienza a trabajar para el doctor Horacio Volpi que, además de médico, también es un apasionado del la ópera, que escucha con devoción en su amado Liceo.
Este sobrenombre de ángel salvador me complace otorgarlo no solo por esto de la manta que acabo de referiros, ni por la taza de delicioso chocolate que me regaló a continuación y que me devolvió de muerto a vivo. Más bien lo digo por la delicada expresión de su rostro.
Finalizamos cuando bajamos al siglo XVIII para conocer a Mariana, la esposa-viuda del chocolatero Fernández, inventor de una máquina que facilita la fabricación del chocolate y que parece que todos están deseosos de poseer, ya sean los del Gremio chocolatero de Barcelona como los ingleses y también los franceses.
 
 
La disputa no nos extraña absolutamente nada a los amantes de la bebida de los dioses. ¿Qué no haríamos nosotros por una taza o una tableta? Pues, tal y como la novela relata, mandaríamos si pudiéramos a nuestros espías para hacernos a toda costa con el apreciado artilugio. Entre los que envía la delegación francesa se encuentra Victor Philibert Guillot, secretario de madame Adélaïde de Francia, primera propietaria de la chocolatera. Aparte de la misión oficial, nuestro querido Guillot se embarca en otra más personal pues, como bien es sabido (aunque no sé si está comprobado científicamente), nada enamora más que el ofrecimiento de una taza de chocolate caliente cuando te estás muriendo literalmente de frío.

 
Para la lectura de la novela (y posterior reseña) he necesitado tres tazas de leche con cacao puro, media tableta de chocolate y un brownie plastificado y olvidado (más bien escondido) en la puerta del frigorífico, debajo de los loncheados de queso.




Care Santos (Mataró, 1970) es autora de doce novelas, entre las que destacan Habitaciones cerradas (2011), adaptada a la televisión en 2014, El aire que respiras (2013), Deseo de chocolate (Premio Ramon Llull 2014), Diamante azul (2015), Media vida (Premio Nadal 2017) y Todo el bien y todo el mal (2018). Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas, entre ellos el inglés, el alemán, el francés, el sueco, el italiano y el holandés. Es colaboradora habitual de El Periódico de Catalunya.