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miércoles, 27 de octubre de 2021

RESEÑA(by MH) ::: LA MÁSCARA DE LA MUERTE Y OTRAS HISTORIAS - H. D. Everett


 
 
Título original: The Death Mask and Other Ghosts
Autora: H. D. Everett
Editorial: La Biblioteca de Carfax
Traducción: María Pérez de San Román
Páginas: 192
Fecha publicación original: 1920
Fecha esta edición: enero 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16,50 euros
Ilustración de cubierta: Rafael Martín Coronel



La presente edición incluye los siguientes relatos de fantasmas de la autora inglesa H.D. Everett: «La máscara de la muerte», «Los dedos de una mano», «El teléfono», «El pequeño fantasma de Anne», «La cortina carmesí», «El camino solitario», «La bruja del agua», «Los gaiteros de Mallory» y «La pared susurrante».
La Biblioteca de Carfax es de esas editoriales muy presentes en mis lecturas anuales (tres son ya los libros suyos que he leído este año) y también suele aparecer en mis semanas especiales de Halloween, pero dado que este año he decidido no hacerla (una de tantas cosas que he tenido que descartar este 2021 en el blog), me alegra muchísimo que el proyecto de Reseñas Cruzadas que comparto con mi querida Undine me permita hablaros de una de sus publicaciones. El libro que hemos escogido es la antología de relatos La máscara de la muerte y otras historias, de la escritora británica H. D. Everett, y aunque va a ser una reseña cortita, espero poder transmitiros lo mucho que me han gustado la mayoría de los relatos que incluye.
 
Os diría que es Everett es una autora inédita para mí, pero lo cierto es que hace unos meses leí un relato suyo incluido en la antología Cuentos de brujas de escritoras victorianas. Ese relato era La bruja del agua, que también aparece en el libro que hoy os traigo, pero por lo demás, y aunque había oído hablar de ella, es una autora bastante nueva para mí. Y no es de extrañar, porque no solamente se sabe poco de ella sino que su obra apenas está traducida al castellano (como la de tantas otras escritoras de la época). Sí se sabe que empezó a escribir ya bien cumplidos los cuarenta años y que en apenas catorce llegó a publicar más de veinte novelas de temática muy dispar; lo mismo se adentraba en la novela histórica que se acercaba a la temática sobrenatural que flirteaba con la ciencia ficción. Aunque buena parte de ellas fueron publicadas bajo el seudónimo de Theo Douglas (no fue hasta 1910, trece años antes de su fallecimiento, que se desveló su identidad), La máscara de la muerte y otras historias sí fue publicado con su verdadero nombre en 1920. Muy conocida en su tiempo, autores como M. R. James y Lovecraft cantaban alabanzas sobre ella (este último en un ensayo que justo hace poquito me regalaron, El horror sobrenatural en la literatura), y de hecho vivió de manera muy holgada gracias a los ingresos que percibía por sus libros. ¿Por qué ha quedado en el olvido el nombre de H. D. Everett? Pues eso me pregunto yo sobre muchas autoras que no sobreviven a la escabechina temporal literaria, y las causas son muchas, pero no es ese el tema que nos ocupa. Yo hoy vengo a hablar de mi libro.
 
La máscara de la muerte y otras historias contiene nueve relatos en total que no solo comparten su temática fantasmagórica y sobrenatural, sino que se mueven por terrenos similares y comparten puntos en común muy apegados no solo a la presumible vinculación de la autora con Escocia, sino a la época en que fueron escritos y publicados.

Los fantasmas forman parte del folclore escocés y, de estar en el ánimo del turista, se pueden hacer rutas por Escocia en pos de fantasmas de todo tipo y condición. Por eso no resulta extraño encontrar muchos relatos góticos clásicos ambientados en Escocia, ya sean casas encantadas, bosques embrujados, las Highlands hechizadas o lagos con unos habitantes un tanto sobrenaturales. Pero ya no solo son tierras aojadas por los espíritus, sino que los propios escoceses tienen fama de supersticiosos y de creer en apariciones, fantasmas, facultades paranormales y avisos de cualquier tipo que anticipen la muerte de alguien o, pro el contrario, intenten evitarla. Con todos estos antecedentes, nada más fascinante que una Escocia sobrenatural, y aunque Margaret Oliphant es mi autora favorita en este terreno (la he traído ya varias veces al blog con lo poquito de su obra que está traducido... la misma historia de siempre), Everett también se me ha descubierto como una autora a tener en cuenta en este aspecto y, de hecho, mi relato favorito de todo el libro, Los gaiteros de Mallory, está ambientado precisamente en las Highlands escocesas. Se dice en la breve biografía de la editorial que se cree que la autora nació o vivió en Escocia dada su especial vinculación literaria con ese país, pero ni siquiera eso se sabe seguro sobre ella. Sea como sea, y aunque quizás su prosa no es tan evocadora ni tan atmosférica como la de Oliphant, sí desprende ese ambiente sugerente y firme que no pone en duda en absoluto la existencia de lo paranormal y que por ello no pretende explicarlo en modo alguno, sino que, como diría aquel, así son las cosas y así se las hemos contado. 
 
Pero sobre esto volveré luego. Ahora quiero hablaros de la otra característica predominante en muchos de los relatos: la guerra. Y es que, tal y como digo arriba, el libro se publicó en 1920, dos años después del fin de la Primera Guerra Mundial, y los vestigios de la contienda son casi un personaje más en varios de los relatos. Aunque todos difieren entre sí y cuentan historias muy diferentes, al menos cuatro de los relatos tienen lugar durante la guerra (y para mí dos de ellos son de los mejores de la compilación, el ya nombrado Las gaitas de Mallory y El teléfono). Todos representan en mayor o menor medida las características ya nombradas anteriormente del imaginario supersticioso sobrenatural, pero más allá de eso, resulta innegable la época a la que pertenecen, unos años en los que Gran Bretaña se vio supeditada por entero a una contienda que ellos presumían al principio breve y trivial y que sin embargo truncó las vidas de más de dos millones y medio de soldados británicos (entre muertos, desaparecidos y heridos). Soldados en batalla, soldados de permiso, soldados licenciados, soldados enamorados... todo eso tiene presencia en los relatos, pero también vemos a las mujeres de la guerra, ya sea como víctimas de ella o dando visibilidad a las que se incorporaron al mercado laboral o actuaron como voluntarias.
 
Así pues, si recopilamos, ¿qué tenemos en La máscara de la muerte y otras historias? Pues tenemos fantasmas de todo tipo, guerra de fondo, algunas casas encantadas, alguna familia maldita, espíritus buenos que quieren proteger de desgracias, espíritus malos de esos que rezuman mala leche, espíritus que simplemente avisan y ahí te las compongas... sin querer ir más allá, de todo un poco. Y llegados a este punto tengo que hablar de otro denominador común, y con ello retomo lo que os decía un par de párrafos atrás: no busquéis explicaciones a los fenómenos paranormales en ninguno de los relatos. Y esto os lo comento porque sé que hay lectores que necesitan que se les explique el porqué de la aparición, o por qué hace lo que hace, o qué pasó después de tal y pascual... No, Everett no estaba interesada en eso. La estructura de sus relatos se basa primordialmente en la exposición de los hechos y, una vez narrados, suele ponerle fin sin más fanfarria. No está interesada en ofrecer pruebas ni en buscarle un sentido al hecho sobrenatural que narra (que está ahí sin más y así hay que tomarlo), sino que lo suyo es relatar cuadros: tengo esta escena y estos personajes dentro del marco y os voy a contar lo que les pasó; lo que ocurra más allá de lo que se ve en esos trazos no es de la incumbencia del lector, por mucho que sí sea de la incumbencia del personaje... si eres capaz de percibir todo lo que esconde, bien; si no, también.
 
Os pongo a modo de ejemplo una cita extraída de uno de los relatos, El pequeño fantasma de Anne, que parece toda una declaración de intenciones de la autora y sirve para resumir su forma de contar sus historias:
Recuerdo una cosa que me dijo un amigo creyente con el que una vez discutí de asuntos psíquicos: «Siempre sé como distinguir una historia de fantasmas verdadera de una falsa. La verdadera nunca tiene un sentido, y la falsa siempre se empeña en proveerte de uno». Esta historia mía de fantasmas, aunque no es falsa, sí que tiene un sentido, pero puede que sea uno que el lector pase por alto y yo no insistiré en ello.
A todo esto, apenas os he hablado de los relatos en sí mismos, ¿no? Tampoco quiero hacerlo porque son muy cortitos y en este tipo de historias, cuanto menos sepáis, mejor, así que me limitaré a deciros que, curiosamente, el que menos tilín me ha hecho es el que da título al libro, La máscara de la muerte, que tiene como protagonista a un hombre viudo, y no porque no me haya gustado, sino porque comparado con los demás, pues no brilla (pero vamos, que si es el que da título al libro seguramente sea el más famoso... yo es que voy siempre a contracorriente, ya lo sabéis). Por otro lado ya os he nombrado como favoritos Las gaitas de Mallory (gaitas, Highlands, maldiciones... marvellous!!) y El teléfono (que, aunque previsible, no deja de estar muy bien contado y de hacer una alusión muy velada pero valiente a algo que sufren muchas mujeres en conflictos bélicos). El camino solitario es un relato muy sencillo pero, para mí, muy tierno, y tiene un protagonista que lo hace muy especial. Los dedos de una mano me ha hecho buscar en Google una y otra vez a ver si está basado en hechos reales y no he encontrado nada... tengo que seguir buscando. ¿Qué me queda? El pequeño fantasma de Anne, del que os he puesto una cita arriba; La bruja del agua, que como ya os he comentado leí hace unos meses en una antología dedicada a las brujas (no tiene nada que ver con brujas, como tantos otros en esa antología... es una historia de fantasmas); La cortina carmesí, que está narrada en dos tiempos, con su protagonista siendo un niño y luego veinte años mayor viviendo el mismo fenómeno paranormal; y La pared susurrante, que va de casas encantadas y algo más que no os puedo contar.
 
En definitiva, me ha gustado mucho La máscara de la muerte y otras historias, ya sabéis que las historias clásicas de misterio, fantasmas, etc... me pirran, pero los árboles no me impiden ver el bosque y sé que a muchos lectores actuales les cuesta despegarse de su visión contemporánea del terror y el miedo y en este tipo de relatos no ven nada que les interese porque están acostumbrados a sensaciones mucho más fuertes, a tramas mucho más elaboradas o a escenas que buscan impactar y epatar. Siempre os digo lo mismo, eso está muy bien, pero sin estos relatos clásicos no existiría el terror moderno, y nunca está de más acercarse a las bases del género y descubrir de donde viene todo. De todos modos cada cual sabe el tipo de lectura sobrenatural que le gusta leer y, si sois de los miedosos, entonces sí que os recomiendo este tipo de relatos. Hay fantasmas, pero no son de los que ponen los pelos como escarpias... o al menos no lo hacen siempre :)
 
Reseña en casa de Undine -> aquí
 


Henrietta Dorothy Everett (1851-1923), nacida Huskinson, es una autora casi desconocida que escribió a caballo entre el final de la época victoriana y el principio del siglo XX. Los datos biográficos sobre ella son escasos: muchos de sus relatos están ambientados en Escocia, por lo podríamos suponer que nació o vivió allí. Comenzó su carrera literaria a la edad de cuarenta y cuatro años y escribió más de veinte obras bajo el seudónimo de Theo Douglas.

lunes, 12 de septiembre de 2016

RESEÑA COMBO (by MH) ::: EL FANTASMA DE CANTERVILLE - Oscar Wilde

Nada, que me ha dado por ahí, y como por falta de tiempo me cuesta mucho actualizar la sección de la FILMOTECA, tengo pensado hacer de vez en cuando una reseña COMBO (muy "original" el nombre), y reseñar tanto la novela como una adaptación suya al cine o la televisión (como mínimo). 

 ¿Y qué mejor que empezar con un clásico de entre los clásicos?



Título original:  The Canterville Ghost
Autor: Oscar Wilde 
Editorial: Funambulista (colección Intempestivos)
Traducción: Mario Lacruz 
Postfacio: Isabel Lacruz Bassols 
Páginas: 121
Fecha publicación original: 1887 
Fecha esta edición: junio de 2014 (3ª edición)
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 10,30 euros
Ilustración de cubierta:  The execution of Lady Jane Grey (Paul Delaroche, c. 1834)





 Inteligentísima mezcla de sátira social y elaborada farsa, El fantasma de Canterville (originalmente publicada en 1887) es una de las piezas más deliciosas y elegantes del gran Oscar Wilde.

Una sofisticada familia norteamericana, los Otis, compra el añejo castillo inglés de los Canterville. El anciano dueño les habla entonces de que en la mansión habita desde tiempos inmemoriales el colérico fantasma de Lord Simón Canterville, que mató a su esposa y cuyo cuerpo desapareció después misteriosamente. Lejos de amedrentarse, los inquilinos compran el castillo con fantasma incluido, y acaban sometiendo al pobre espectro anacrónico, que acaba siendo juguete y víctima de los dos niños terribles de la familia. Tal vez sea El fantasma de Canterville la novela más conocida y celebrada de Wilde, que ha pasado por méritos propios a la lista de obras inolvidables y fundamentales de la literatura universal. 

En esta edición recuperamos, además, la traducción magistral que en los primeros cincuenta realizó Mario Lacruz para la mítica Enciclopedia Pulga de Editorial Plaza, de la que acabaría siendo el director. Una versión ajustadísima y plena de vigor a día de hoy de este texto que no envejece con los años.


Leí El fantasma de Canterville hace muchos años, y era uno de esos libros que quería releer desde hace ya tiempo. Digamos que los años te hacen ver con otros ojos determinados libros, determinados clásicos. Muchas veces esos mismos años te hacen descubrir un libro nuevo, una profundidad distinta, unos detalles que te pasaron desapercibidos la primera vez, unas connotaciones que ni siquiera intuiste en la anterior lectura. También suele pasar que ya no lo disfrutas como antes, o que te das cuenta que el libro no era para tanto, así que hay que tener cuidado con las relecturas juveniles, que luego nos llevamos disgustos. Afortunadamente este no ha sido el caso.

Tendría unos 14 o 15 años cuando leí esta nouvelle de Wilde, así que tampoco es que fuese una cría y que haya descubierto un mundo nuevo en esta segunda relectura, pero sí que es verdad que la he disfrutado muchísimo más y, sobre todo, me he reído mucho más con las mordacidades que se le ocurrían al bueno de Oscar. Más vieja, más pelleja. Y con un humor más... negro :)


Inglaterra y Estados Unidos lo tienen todo en común, menos el idioma, naturalmente.

Esta es de esas frases que a quien más o a quien menos le suena, y resulta que sale de la pluma de Wilde (luego me he enterado que otro dublinés de pro, George Bernard Shaw, dijo algo muy parecido. ¿Quién fue primero? Tengo que enterarme). El caso es que define a la perfección la trama del libro. Una familia americana (el padre es ministro de los Estados Unidos, nada menos) compra el castillo de los Canterville en Inglaterra, muy cerca de Ascot. Se les avisa reiteradamente sobre la presencia de un fantasma muy poco amigable, pero son americanos, y los americanos, como bien se encarga de recordar el ministro, no creen en fantasmas. Así que allí que se mudan todos (ministro, esposa y cuatro hijos), y aunque al principìo siguen renegando de la existencia de dicho fantasma, pronto descubren que realmente existe. ¿Pero qué hacen? Como buenos americanos, comportarse de un modo de lo más pragmático y moderno: le aconsejan engrasante para las cadenas, mejunjes para el dolor de estómago, le tiran almohadas a la cabeza, le preparan trampas nocturnas o incluso le pagan con la misma moneda en lo que a sustos se refiere. Y claro, el fantasma, temido tras haber destruido vidas y asesinado criados y familiares durante 300 años, ufano de sus viles hazañas y terroríficas apariciones, se siente de lo más injuriado y furioso, porque tremenda falta de respeto hacia su persona y de miedo en general hacia sus artes, jamás la hubiese creído posible. Así que planea el asesinato de algunos de los miembros de la familia... concretamente de todos ellos. O casi. Los odia a todos a excepción de Virginia, la dulce hija de quince años del matrimonio, que jamás se ríe de él, sufre por él, y a larga será clave en la resolución de la historia del fantasma. El caso es que nunca sale nada como lo tiene previsto,  empieza a sentirse débil, fatigado y deprimido. ¡Es su deber y obligación hacer las cosas que hace, y estos americanos materialistas le están dejando sin trabajo!

Y no cuento más, que mucho ha sido ya. Lo importante, lo genial, es leerlo con la prosa de Wilde. Esta parodia y sátira de relato gótico hay que disfrutarla leyendo despacio cada página; riendo ante las ocurrencias tanto de los americanos como del fantasma, con esa eterna comparación entre los materialistas americanos y los aristocráticos y encorsetados ingleses; saboreando la elegancia del bueno de Oscar Wilde, su talento, su inteligencia, su fina ironía, su ingenio y delicadeza a la hora de escribir. Son ochenta páginas de puro deleite, pero también reside en ellas cierto poso de tristeza, personificada en un personaje que se siente vilipendiado solo por ser cómo es y por ser fiel a su naturaleza; se siente incomprendido, y él solo quiere llevar a cabo su trabajo y hacer lo que le corresponde por ser quién es. No cuesta mucho imaginarse a Wilde sintiéndose identificado con la incomprensión que sufre el personaje de Simon de Canterville.

Quien lo haya leído sabrá de lo que hablo (si es que le gusta esta breve novela tanto como a mí, que imagino que no será del gusto de todo el mundo), y quien no lo haya leído, dentro de que no me gusta recomendar, son apenas ochenta páginas, y es de esas historias que hay que leer alguna vez en la vida. Es divertida, es satírica, pero tiene su propia moraleja y un final tierno que la primera vez que se lee choca si lo comparamos con la primera mitad de la historia. Es un clásico imprescindible. Y hay que leerlo. Sí o sí.

Para terminar, me voy a detener un momento en la traducción, porque llama mucho la atención en esta edición de Funambulista. Más que nada porque es una traducción antigua, de los años 50 (evidente en cosas como traducir Simon con la tilde castellana, Simón), y no solo te la resaltan como algo digno de ser mencionado, sino que además el postfacio no está dedicado al autor y su obra, como sería lo normal, sino a él mismo, al traductor: Mario Lacruz. Y me chocó tanto (nunca lo había visto antes, de hecho) que estuve investigando un poco, y resulta que este señor fue un reputado editor de sellos tan importantes como Seix Barral o Plaza&Janés, y que fue uno de los descubridores de autores como Rosa Montero, Paco Umbral, Antonio Muñoz Molina o Julio Llamazares. Fue él también quien publicó casi toda la obra de Saramago en España. Vamos, que está considerado uno de los editores más importantes en lengua española del siglo XX. También era novelista. En vida había prohibido el acceso a un amario de su propiedad, y tras su muerte, una vez abierto, apareció una columna de escritos que se elevaba metro y medio de altura, que ahora se están publicando poco a poco. El postfacio irradia tanto amor, cariño, respeto y admiración por parte de su hija (también traductora, entre otras cosas, por lo que he visto), que dejo aquí este párrafo en honor a su padre, por si hay alguien por ahí a quien le guste tanto como a mí investigar y cotillear este tipo de cosas y quiere conocer un poco su legado.

Y no me enrollo más, que voy con la "adaptación".






Título original: The Canterville Ghost
Año: 1944
Duración: 95 minutos
País: Estados Unidos
Director: Jules Dassin
Guión: Edwin Blum
Basada en una novela de: Oscar Wilde

Reparto: Charles Laughton, Robert Young, Margaret O'Brien, William Gargan








En 1644, el señor de Canterville condena a su hijo a ser emparedado por traicionar el honor de la familia. Desde entonces su fantasma vaga por el castillo. Trescientos años después, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), una compañía de infantería americana se aloja en el castillo y se dedica a hacer todo tipo de gamberradas al fantasma.


Pues esta puede decirse que es la adaptación más afamada de la novela... y bueno, pues vale :))). A ver, como película no deja de tener su punto, se deja ver estupendamente, tiene alguna interpretación muy buena, es muy amable, muy de su época... es un clásico de estos que te sientas un domingo por la tarde y lo ves de un tirón con la sonrisa en la boca, pero lo de mejor (o incluso buena) adaptación es muy discutible.

Y aclaro que adoro el cine clásico, que es de mis aficiones favoritas, y que si critico la peli un poco no es por desconocimiento del cine de aquella época o porque no sepa valorarlo... es que me parece que queda muy por debajo de la novela original. A ver, es que cuando algo no me hace mucha gracia me sale la vena puntillosa, lo siento un montón.

El guionista Edwin Blum se quedó con lo de que había un fantasma en un castillo, y a partir de ahí se inventó una historia completamente distinta que se parece a la novela de Wilde en básicamente nada. Fuera familia americana, fuera ambientación del XIX, fuera la historia y el pasado del fantasma, fuera quien tiene el papel de redimir al fantasma, fuera esa ironía punzante del maestro irlandés...

Fuera todo. Pero tenemos un fantasma. Que no se diga.

Hay que aclarar que esta película americana fue rodada en 1944 en plena 2ª Guerra Mundial. La única intención de muchas películas de aquellos años (baste recordar cómo trasladaron a todo un personaje victoriano como Sherlock Holmes a esta misma época de la mano de Basil Rathbone) fue la de motivar tanto a sus tropas como a los ciudadanos que vivían inmersos en la contienda, tratando de resaltar lo valerosos que eran los soldados, cómo superaban sus miedos y cómo se crecían ante la barbarie del ejército enemigo. Y eso mismo hicieron con El fantasma de Canterville. Se lo llevaron a una Inglaterra inmersa en guerra, en la que una compañía de soldados americanos llega al castillo donde habita el fantasma, y al tiempo que se preparan para luchar contra los nazis, deben hacer frente a la molestia que supone un bonachón fantasma con el rostro y orundo cuerpo del fantástico Charles Laughton. ¿Bonachón? Primer problema grave. El original es un asesino que no solo no se arrepiente sino que se vanagloria del mal que ha hecho a mucha, mucha gente. Todo lleno de ironía, sarcasmo, mucho humor negro, y un final en el que se le da la oportunidad de la redención... pero de bonachón no tiene nada. Y ese pelazo con ondas tampoco :)
Entre esta compañía americana destaca (aparte del graciosete del grupo que da la nota simpática...supongo) Cuffy, personaje interpretado por Robert Young, y que es realmente el protagonista de esta historia, pues pronto se revela su (milagrosa) relación con la familia de los Canterville. Además aparece la dueña del castillo, una niña de 6 años, que bueno, reconozco que no soy muy fan de los niños prodigio de aquella época, pero es que es muy repelentilla y marisabidilla. Tipica niña actriz de la época, nada que replicar a eso, y hay que entenderla en su contexto... pero que no :))

Por no extenderme mucho: que la película, la historia, el desarrollo de la historia, los personajes, no tienen nada que ver con la novela de Wilde... NADA. Si obviamos eso tenemos una película cuya finalidad de ensalzamiento del ejército americano es patente, fue filmada con ese fin, y se vale de una historia amable, simpática en algún momento, con alguna escena estupenda (como la del baile que os pongo al final, a partir del minuto 1:30 o así) para contarnos lo valerosos que eran los soldados (y lo simpáticos y alegres y tal que eran comparados con los estirados ingleses, dicho sea de paso). Poco más se puede extraer de la película. Laughton, el gran Laughton, está desaprovechasimo; la historia del fantasma la cambian de tal modo para adecuarse al tono amable de la película que poco margen le quedó para lucirse y construir un buen personaje.

Vamos, entretenidilla... pero nada que ver con el libro.

He localizado otra que a priori tiene peor pinta, que está ambientada en la actualidad y que creo que es una peli rodada para televisión, pero por lo que he leído es más fiel a la novela original. Le echaré un vistazo.

 

Oscar Wilde nació en 1854 en Dublín, en el seno de una familia protestante. Durante su estancia en el Magdalen College de Oxford se integró en el llamado movimiento"decadente" en literatura: se dejó el pelo largo, y decoraba sus aposentos con plumas de pavo y porcelanas eróticas. Casado con Constance Lloyd, con quien tuvo dos hijos, sin embargo sus querencias se dirigían a los muchachos de la calle. Finalmente, su relación con lord Alfred Douglas, el joven marqués de Queensberry, le ocasionaría su ruina como afamado autor, tras un juicio degradante y una estancia en prisión por conducta indecorosa. Murió en París, en 1900, arruinado.

Autor de arrollador éxito, genio de la ironía y conocido a ambos lados del Atlántico, a él se deben obras teatrales como Salomé (1894) y La importancia de llamarse Ernesto (1895), o novelas como El retrato de Dorian Gray (1890).


Miss Hurst