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lunes, 24 de febrero de 2020

RESEÑA (by MB) ::: VIAJERAS POR EL LEJANO ORIENTE (1847-1910) - Pilar Tejera





Título original: Viajeras por el Lejano Oriente (1847-1910)
Autora: Pilar Tejera 
Editorial: Casiopea
Páginas: 250
Fecha de publicación: marzo 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros 
Diseño de cubierta: Anuska Romero y Karen Behr
«Yokohama, con su cielo gris, su océano gris, sus casas grises y sus tejados también grises, tiene el encanto de parecer a un tiempo vivo y mortecino», escribió la trotamundos victoriana Isabela Bird, primera mujer admitida en la Real Sociedad Geográfica de Londres, cuando en la primavera de 1878, arribaba a Japón tras haber embarcado en un carguero en el puerto de San Francisco provista de su inseparable almohada hinchable, su mosquitera, una bañera de goma, un vestido de tweed «tan apto para el frío, como para el calor», algunas medicinas, una silla de montar, libros, un cuaderno de dibujo y otro de notas.

La trotamundos Margaret Fountaine en Indochina y Camboya, Emily Innes en Malasia, Fanny Bullock Workman en Indochina, Sophia Raffles en Sumatra… Sus apasionantes vidas, están recogidas en este libro que rinde un tributo a las viajeras por el Lejano Oriente.
Pilar Tejera nos da a conocer en Viajeras por el Lejano Oriente (1847-1910) a aquellas mujeres que, ya fueran solas o acompañando a sus maridos, recorrieron esa parte del globo durante unos años en los que el contexto social y político hacía que viajar a esos países no se pareciera en nada a lo que nos supondría ahora coger un avión y  plantarnos allí en unas horas. Estas mujeres fueron pioneras en el cambio de paradigma y mentalidad, sobre todo las que viajaron de motu proprio, solas y con el espíritu de los descubridores metido en el cuerpo pues, al fin y al cabo, vivieron en la era de las exploraciones, cuando el hombre completó y dibujó el mapa del mundo.

En el libro no son ni una ni dos, sino más de veinte las mujeres que plasman en sus escritos una visión particular y personal de sus vivencias, acompañados de pinturas o fotografías. No visitaban esos países como meras turistas esperando encontrar las mismas comodidades que tendrían en sus casas o en sus ciudades... no, realizaban una inmersión total, cultural y socialmente hablando, pues la mayoría viajaban con los ojos del que mira y ve por primera vez, con curiosidad y ganas de aprendizaje. A todo esto se sumaba el contexto político, el imperialismo y colonialismo británicos en los que estaban inmersas estas tierras, y en los que algunas de estas mujeres se vieron atrapadas por revueltas o guerras que, lejos de desanimarlas, las lanzaban a la exploración constante.

Pilar Tejera comienza su libro con un acercamiento al contexto político, social y comercial de la época, y explicándonos en qué circunstancias se firmaron los Tratados de Nankín de 1842 y de Tianjin en 1858, que abrieron las rutas comerciales en China y propiciaron la llegada de comerciantes y funcionarios ingleses que pretendían consolidar dichas rutas; junto a ellos llegaron las mujeres a las que se rinde tributo en Viajeras por el Lejano Oriente.

De China pasamos a Japón y de allí al Sudeste Asiático y territorios conocidos como Indochina (Sudeste Asiático Continental) y las Indias Orientales (Sudeste Asiático insular o archipiélago malayo), donde estas viajeras recorrieron islas como Java, Sumatra, Borneo, Malaca, la isla de Penang y Ceilán, entre otras.

El siglo XIX fue un periodo de grandes cambios. Los mercados se abrieron al tiempo que se abrían los países a nivel político y cultural, todo ello facilitado por los nuevos medios de transporte, las modernas embarcaciones, el ferrocarril... y una tecnología que no dejaba de crecer y asombrar al mundo, haciendo posible que el hombre occidental viajara al Oriente remoto y misterioso.
Las mujeres no lo tuvieron fácil, pero lograron hacer oír su voz y perderse por regiones consideradas extremadamente inapropiadas para su frágil naturaleza. Claro que afirmaciones como esta se hacían cuando la mujer pretendía viajar por decisión propia, y no cuando se la enviaba como misionera o acompañante de su esposo expatriado.
Estas viajeras o trotamundos, como las denomina Pilar Tejera, ya fueran esposas de gobernantes, funcionarios o empresarios, y otras muchas que rompieron moldes y viajaron solas (teniendo en común todas ellas el legado que dejaron mediante sus escritos, pinturas o fotografías), describieron gentes que habitaban paisajes cuya naturaleza, fauna y flora les resultaban especiales o extrañas. 

Así encontramos experiencias diversas y contradictorias, como la de Mary Watson, esposa de un capitán escocés, que acabó trágicamente; o la de Annie Brassey, que se enamoró de sus viajes por mar y con su velero visitó Japón, China, Singapur y Ceilán. Otras esposas de diplomáticos fueron la francesa Catherine Bourboulon (que viajó a Pekín y, después de una estancia de ocho años en China, realizó su vuelta por Mongolia, el desierto de Gobi, Siberia, Rusia), Mary Crawford Fraser, Charlotte Canning (que llegó hasta el Tíbet) y Alicia Ellen Neve (que recorrió el río Yangtsé en un barco de vapor). También cabe destacar a Constance Gordon Cumming (escritora y acuarelista que viajó en solitario, recorriendo la India, el Himalaya, las islas Fiyi, las Marquesas, Japón y China) o la paleobotánica y activista Marie Stopes, que viajó a Japón en misión científica.

Pilar Tejera dedica un capítulo exclusivo y de gran importancia a mujeres como la austriaca Ida Pfeiffer quien con escasos recursos, recorrió Brasil, Chile, Tahití, China, Ceilán, India, Mesopotamia, Persia y Rusia; Isabella Bird (cuya débil salud mejoraba en sus viajes) visitó el archipiélago de Hawái, el salvaje Oeste Americano, Japón, China, Malasia, el desierto del Sinaí, el Himalaya, Persia, Kurdistán, el Atlas de Marruecos... y fue la primera mujer en ser admitida como miembro de la Real Sociedad Geográfica de Londrés; Marianne North, pintora de paisajes, aves y plantas de los lugares que recorría (Arizona, Brasil, Ceilán, Chile, Australia, Tasmania, las Islas Seychelles, Malasia, Hawái, Japón, Singapur, Borneo y Java...), dejando más de 800 cuadros para los que se construyó una galería en el Jardín Botánico de Kew (Londres); Helen Caddick, escritora y fotógrafa que recorrió entre otros destinos China, Japón, India y Java; y la escritora, viajera, geógrafa, periodista y fotógrafa estadounidense Eliza Scidmore, que se enamoró de Japón y en cuyo honor se plantaron 3.000 cerezos a orillas del río Potomac.

Fueron grandes mujeres que transitaron territorios remotos en condiciones y circunstancias que, por unas u otras razones, no les resultaban nada fáciles, pues el término turismo aún no se había acuñado y debían acoplarse a los países que viajaban, y no al revés. No es mi intención hacer una reseña interminable, así que dejo que el lector descubra a las ya nombradas y a tantas otras que tuvieron igual o mayor importancia. Pilar Tejera las describe con cuidado y mimo en una edición enriquecida con numerosas y maravillosas ilustraciones y fotografías que te hacen viajar y recorrer aquella época.
No siempre resulta fácil acomodarse a los hábitos de otras culturas... Menos aún cuando los hábitos y conductas ajenas atentan contra nuestra integridad moral o física. Es entonces cuando las cosas empiezan a ponerse interesantes. Muchas veces no fueron las geografías, la lejanía, la amenaza de la enfermedad o de las tribus hostiles lo que supuso el mayor obstáculo para viajar, sino simplemente el abismo cultural.

Pilar Tejera es historiadora y ha estado vinculada a la comunicación y al periodismo de viajes durante dos décadas. En 2008 crea  la comunidad www.mujeresviajeras.com y el sello editorial Ediciones Casiopea, dando respuesta a la demanda de títulos protagonizados por mujeres.

Es autora de siete libros: Casadas con el Imperio (La Esfera de los Libros), que dedicó a las inglesas que vivieron en la India Colonial Británica. Viajeras por los Mares de Sur, Reinas de la Carretera (reseña aquí), Viajeras de Leyenda, Pedaleando el Mundo, Viajeras por el Lejano Oriente y es co-autora de Todos los Caminos llevan a África, estos seis últimos, de Ediciones Casiopea.

lunes, 22 de julio de 2019

RESEÑA (by MB) ::: LAS DAMAS MÁS INTELIGENTES DEL SIGLO XVI - Vicenta Márquez de la Plata





Título original: Las damas más inteligentes del siglo XVI 
Autora: Vicenta Márquez de la Plata 
Editorial: Casiopea  
Páginas: 450
Fecha de publicación: marzo 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros 
Diseño de cubierta: Anuska Romero y Karen Behr



Reinaron, conspiraron, firmaron tratados, manejaron los hilos de la política y las artes entre bastidores, etc. Son las damas más inteligentes del siglo XVI. El trasfondo político del momento que les tocó vivir fue convulso: Luchas intestinas entre las potencias europeas, intereses territoriales, negociaciones, tratados y alianzas con otras casas reinantes, casamientos como prebendas en la política reinante, etc. Todas ellas supieron ingeniárselas para salirse con la suya y ser admiradas y respetadas.
En Las damas más inteligentes del siglo XVI vemos reflejado, a través de sus vidas, cómo los reinos de Europa (Castilla, Aragón, Portugal, Francia, Inglaterra y el Sacro Imperio Germánico) se iban centralizando y afianzando gracias a la creación de unas administraciones poderosas donde las relaciones diplomáticas eran la principal herramienta para equilibrar las fuerzas y declarar la guerra o firmar la paz.

Para que esto fuera posible se utilizaban sin piedad a las hijas de sus reyes, ya que desde su nacimiento se estudiaba cómo se debía y podía disponer de estas piezas de poder para mayor grandeza de sus reinos. Eran educadas para este fin, en sumisión y aceptación de su destino; se pactaban y aprobaban compromisos matrimoniales al mismo tiempo que se hacían y deshacían alianzas políticas. Sus vidas y sus destinos estaban unidos a los de sus países: primero al de origen y después al que recalaban con sus matrimonios.

Fue un siglo convulso por las nuevas reorganizaciones políticas, que se solventaban a través de los diferentes conflictos bélicos entre las distintas potencias emergentes. Esta centralización del poder llegaba también a la cuestión religiosa, con la división de los cristianos, los católicos y los protestantes. Los ingleses en este tema también tenían algo que decir.

De igual modo, el descubrimiento de América seguía su curso, aumentando y generando el comercio y con ello el desarrollo económico siguiendo las rutas de los exploradores y conquistadores. También se refundó un nuevo sistema financiero que sufragaba las distintas guerras políticas y religiosas. La cultura, con sus distintas artes, eclosionó en todas estas potencias: arquitectura, pintura, música, literatura... son cuidadas y mimadas, pues de alguna manera representan la grandeza de estos reinos.

Y toda esta introducción para decir que, en medio de esto, se encontraban las grandes damas, las hijas de los reyes criadas y educadas para ser reinas. Aunque en principio se pueda presuponer que estas mujeres eran simples piezas de ajedrez que se llevaban y se traían por los diferentes países europeos, ellas, desde sus puestos designados, siempre tuvieron mucho decir.

Leyendo sus biografías vemos cómo marcaron y dirigieron de alguna forma los designios de los países que representaban. Sabían y entendían que estaban en medio de todas las políticas y sus diversas polémicas y, por tanto, se defendían como mejor sabían o les dejaban por medio de la diplomacia, las intrigas, los pactos... En fin, un trasiego de idas y venidas, necesarias todas ellas para mantenerse en su poder o simplemente poder sobrevivir.

Vicenta Márquez de la Plata, historiadora y autora de este libro, nos trae a cuatro de estas damas: Margarita de Austria (1480-1530), Ana de Bretaña (1477-1514), Luisa de Saboya (1476-1531) y Catalina de Aragón (1485-1536).

La primera biografía es la de Margarita de Habsburgo, hija del archiduque Maximiliano de Austria y hermana de Felipe el Hermoso. Fue elegida por los Reyes Católicos para ser la reina de Castilla cuando se casó con Juan (su heredero), pero todo se malogró cuando este murió prematuramente. Aun así, Margarita bebió y absorbió todo lo que se manejaba en Castilla y Aragón, lo que le sirvió más tarde cuando se hizo cargo de sus numerosos sobrinos. Entre ellos se encontraba el emperador Carlos V, al que ayudó de las mejores maneras posibles siendo gobernadora de alguno de sus territorios (los Países Bajos), o económicamente para sufragar sus diferentes campañas militares.

A continuación encontramos a Ana de Bretaña, duquesa de Bretaña y reina de Francia, a quien casaban y descasaban dependiendo de los intereses políticos. Luchó durante toda su vida por la independencia política y económica de su ducado, que al final terminó absorbido. Mientras tanto, su segundo-tercer marido, Luis XII, respetó (o más bien toleró) cierto aire de independencia pero, mirándolo con perspectiva, se advierte que la función y el motivo finales de su matrimonio eran unificar y fortalecer Francia.

Después aparece Luisa de Saboya, su consuegra y madre de Francisco I, rey de Francia, quien se casaría con Claudia, hija de Ana de Bretaña Luis XII. Esta sí supo entender lo que era el poder y cómo debía ejercerse para su beneficio y los intereses de su país, que parecían confundirse. En ella ya encontramos cierta clase de despotismo, ese abuso de superioridad no limitado por leyes, pues ni estas se atrevían a llevarle la contraria.

Acabamos el libro con Catalina de Aragón, uno de mis personajes históricos preferidos (ay, Catalina, qué ejemplo de aguante y resiliencia), única esposa de Enrique VIII, rey de Inglaterra, a la que no se atrevió a cortarle la cabeza. Hay que leerla para entender todo el contexto histórico del siglo XVI: olvidada por los suyos y repudiada por los que la acogieron, al final demostró cuánta grandeza  y magnitud tenía. Con Catalina es que me emociono y me salgo de su biografía.

Para no extenderme más y repetir los recorridos vitales que tan magistralmente se recogen en Las damas más inteligentes del siglo XVI, diré que todas ellas, además de sabias, fueron influyentes, pues sus decisiones ayudaron a modelar la Europa que ahora conocemos. Los vaivenes de sus vidas se hilaban al compás de los diferentes cambios políticos, al tiempo que cultivaban y alentaban las diferentes artes, estimulando y sufragando su actividad y siendo por tanto las grandes mecenas de ese siglo.

Lo que más me admira y me sorprende es que ellas sabían y aceptaban el papel que se les daba, conocedoras en todo momento de su destino (ya fuese por su educación o por el devenir de sus circunstancias), y en ningún momento perdían su objetivo o misión en el mundo, dedicando sus vidas y su energías a la consecución del mismo.

Todo esto y más es lo que encontramos en este maravilloso y refrescante libro escrito por Vicenta Márquez de la Plata.



Nacida en España, Vicenta estudió y vivió en el extranjero. Historiadora especializada en la Edad Media, diplomada en genealogía, heráldica y nobiliaria por el Itto. Salazar y Castro, es, además, profesora invitada de la Univ. de Lisboa y profesora de la cátedra Marqués de Ciadoncha de Madrid. Ha sido ponente en varios Simposios Internacionales y Conferencias. Actualmente sigue con la investigación histórica y la escritura de libros y artículos para revistas especializadas. Autora de más de 20 títulos, los de Isabel la Católica y su tiempo han sido obras de consulta  en el Instituto Cervantes y en la Academia de la Historia. Vicenta se estrena con nuestra editorial con: Damas Ilustres en la Historia de España y  este año con Mujeres Creadoras entre el Renacimiento y el Barroco y Las damas más inteligentes del Siglo XVI.

viernes, 11 de enero de 2019

RESEÑA (by MH) ::: REINAS DE LA CARRETERA - Pilar Tejera





Título original: Reinas de la carretera
Autora: Pilar Tejera 
Editorial: Casiopea
Páginas: 300
Fecha de publicación: noviembre 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros 
Diseño de cubierta: Anuska Romero
La carretera, o los caminos de principios del siglo XX, deberíamos decir, fueron parte importante de los escenarios elegidos por la mujer en su lucha por la igualdad. Expresiones del tipo: «la primera mujer en…», fueron cada vez más habituales en récords asociados a la aventura, los viajes y la competición: Annie Londonderry que en 1895 dio la vuelta al mundo en bicicleta, Effie Hotchkiss cruzando los EE. UU en moto en 1915 con su oronda madre encaramada en el sidecar, Anita King, la estrella del cine mudo que atravesó los EE.UU en solitario al volante de un automóvil  y tantas otras, están recogidas en este libro dedicado a las sufragistas y pioneras de la aventura que con sus bicicletas, sus motocicletas y sus flamantes automóviles pusieron a prueba los límites de su resistencia y libraron su peculiar batalla a favor de la igualdad de la mujer en una época en que la vida transcurría en Blanco y Negro.

Hoy en día no solo resulta normal que las mujeres vayamos detrás del volante de nuestros coches, sino ver conductoras profesionales en los autobuses, mujeres transportistas manejando camiones... pero también resulta normal en las estampas cotidianas del día a día escuchar todavía el «¡mujer tenía que ser!» cuando hay algún percance en la conduccion, o ver cómo señores de cierta edad se apostan a visionar, cual película en tecnicolor y entre risitas guasonas, cómo aparca una mujer para ver «si la lía» (sí, yo sigo viendo eso en la calle). Y esto por poner solo algunos ejemplos de lo que todavía tenemos que aguantar las mujeres conductoras. 

Así que, si en pleno siglo XXI nos persigue el estigma de que las mujeres no sabemos conducir, o que siempre conduciremos peor que los hombres, ¿sois capaces de imaginar cómo fue la irrupción de la mujer en la conducción hace 150 años? Porque significó una auténtica revolución social, y las mujeres tuvieron que aguantar mucho, muchísimo, para ejercer su libertad a ponerse al mando de un vehículo y demostrar que estaban igual de capacitadas que los hombres en una sociedad y una época en la que las mujeres no tenían apenas derechos salvo los de casarse, tener hijos y cuidar de su hogar. Por eso, la sociedad en general se llevaba las manos a la cabeza... ¿dónde irán todas esas mujeres montadas en una bicicleta?

Reinas de la carretera está dividido en tres partes naturales en cuanto a cronología. La primera, Una tetera en el manillar (título genial se mire por donde se mire), narra el comienzo de los comienzos: la bicicleta y su uso como vehículo de independencia para la mujer y simbolo de las reivindicaciones en pro de la igualdad que ya pisaban fuerte en Estados Unidos y Europa durante la segunda mitad del siglo XIX; la segunda parte, El mundo por «motera», ya nos adentra en las primeras décadas del siglo XX y el paso de las bicicletas a las motocicletas, y con ello descubrimos a numerosas aventureras ávidas por descubrir el mundo, sin miedo a nada, que montadas sobre sus motos recorrieron las carreteras de medio planeta en viajes plagados de anécdotas e incidentes que maravillaban a medio mundo; la tercera parte, Reinas de la carretera, ya nos sube a bordo de los automóviles y en ellos seguimos recorriendo el mundo acompañando a auténticas pioneras que se pasaron las críticas y los desprecios por el arco del triunfo y pasaron a la historia, al igual que sus predecesoras, por su valentía, arrojo y determinación.

El modo en que están presentadas todas las partes es el mismo, y aunque conocemos en cada momento de manera general la situación de la época, Pilar Tejera incide sobre todo en mujeres concretas, figuras determinadas e individuales con nombres y apellidos que, por una causa u otra, pusieron su granito de arena en la causa del manillar y el volante. No es un ensayo sobre las reinas de la carretera en general, es un ensayo sobre reinas de la carretera muy concretas que marcaron la diferencia. Un homenaje a cada una de ellas apuntándolas con el dedo en representación de tantas otras que siguieron sus pasos y se atrevieron a desafiar ya no solo lo que se esperaba de ellas, sino las numerosas piedras del día a día que se iban encontrando en el camino.

Y es que esos son detalles en los que no solemos caer cuando pensamos en pioneras del siglo XIX, solos nos quedamos en las gestas... pero haceos una idea. ¿Tenéis una imagen mental de la moda de la época, de la ropa que llevaban las mujeres? Corsés que no dejaban respirar, faldas de metros y metros hasta los tobillos... llevaban kilos y kilos de ropa encima para sus tareas diarias que apenas les dejaban moverse. Pues imaginad todo eso haciendo deporte sobre una bicicleta y las faldas enganchándose en las ruedas y las cadenas. Así que no solo se sobrepusieron a los insultos, las humillaciones, a ser objeto de burlas y ridículo... sino que tuvieron que ir adaptando su día a día, la moda, el vestuario, las costumbres, para ir mejorando sus posibilidades y comodidad a bordo de un vehículo.

La invención de los bombachos, del limpiaparabrisas o el espejo retrovisor pertenece a mujeres; vueltas al mundo en bicicleta ganando apuestas; viajes cruzando continentes a bordo de una bici, moto o coche (en muchas ocasiones solas y haciéndose cargo ellas mismas de los problemas mecánicos de los vehículoso, a veces echando uso exclusivamente de imaginación y sentido común); mujeres que empezaron a competir en pruebas exclusivas de hombres de manera profesional a bordo de una bicicicleta... Puede parecer un mensaje manido, pero muchas de las cosas que hoy en día damos por hechas solo existen porque hace muchos, muchos años, otras mujeres decidieron enfrentarse a toda una sociedad y un orden establecido para que las mujeres pudiesen acceder a un mundo más allá del hogar, y lo hicieron en una época en la que era como luchar contra molinos de viento y hacían falta mucha determinación y valentía para no sucumbir a los innumerables obstáculos, humillaciones y condescendencias varias del camino. 

La edición viene acompañada de numerosa e ilustrativa documentación fotográfica, ya sean imágenes generales de la época o fotos que ponen cara a muchas de las mujeres de las que acabamos de conocer su historia. La única pega que debo ponerle si soy totalmente honesta es la necesidad que tiene el texto de una corrección porque hay muchas erratas, pero más allá de eso, Reinas de la carretera es una lectura imprescindible ya no solo para conocer de primera mano la historia de muchas de las mujeres que han hecho posible que hoy en día otras mujeres vayamos al volante de nuestros coches, sino que esas mismas historias, por sí solas, resultan apasionantes. Te las imaginas a bordo de sus bicis, motos o coches cruzando desiertos, carreteras, países y continentes como las aventureras idealistas que fueron, y te dan ganas de coger el coche y salir zumbando para no volver en unos cuantos meses... aunque estoy segura de que, teniendo muchas más facilidades como tenemos hoy en día, nos las apañaríamos mucho, mucho peor.

Yo no voy a dar nombres concretos de ninguna de las mujeres que aparecen individualizadas a lo largo de la narración porque no quiero resaltar a ninguna por encima de las demás. Baste decir que fueron mujeres que pertenecieron a una época en la que convivían rasgos tan típicamente victorianos como viajar bien abastecidas de té a todas partes (lo de la tetera en el manillar no es una exageración) con la osadía rebelde de vestir pantalones y llegar con la cara desollada por el sol a su destino tras meses de viaje por carretera cumpliendo sueños y derribando barreras y prejuicios. Hicieron historia, y lo menos que podemos hacer es conocerlas y ponerles nombre. Bien merecido lo tienen.

Pilar Tejera es historiadora y ha estado vinculada a la comunicación y al periodismo de viajes durante dos décadas. En 2008 crea  la comunidad www.mujeresviajeras.com y el sello editorial Ediciones Casiopea, dando respuesta a la demanda de títulos protagonizados por mujeres.

viernes, 13 de abril de 2018

RESEÑA (by MB) ::: LAS AMBICIONES DE JANE FRANKLIN - Alison Alexander



Título original: The Ambitions of Jane Franklin 
Autora: Alison Alexander
Editorial: Casiopea
Traducción: Paula Zumalacarregui 
Páginas: 401
Fecha de publicación: enero 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros 
Ilustración de cubierta: retrato de Jane Franklin, cortesía de la familia Simplinson; Joseph Licett, "Vista del retiro del Gobernador, New Norfolk, tierra de Van Diemen", cortesía del Allport Library y Museum of Fine Arts, Oficina del Archivo y el Patrimonio de Tasmania
 
En una época en que las mujeres se quedaban en casa bordando, Jane Franklin probablemente fue la más grande viajera del momento. Esta biografía nos cuenta la vida de esta mujer inimitable, desde su nacimiento en Londres en 1837, su matrimonio con Sir John Franklin a los 36 años y sus numerosos viajes, incluyendo Rusia, Tierra Santa, el Norte de África, América y Australia. Sir John Franklin fue un capitán de la Royal Navy y explorador del ártico británico. Él y todos los miembros de su expedición murieron en el ártico canadiense mientras pretendían encontrar el Paso del Noroeste. Tras su desaparición, su esposa Lady Jane presionó al Almirantazgo, a la opinión pública y hasta al Presidente de los EE.UU para financiar expediciones para localizarle.
 
Este libro es la traducción de la obra original narrada por la escritora e historiadora australiana Alison Alexander tras varios años de investigación y que ha obtenido destacados premios, entre otros, el National Biography Award 2.014. “La completa y sagaz biografía de una mujer inteligente, vital y de fortaleza mental decidida a trascender las expectativas de su edad y de su clase”, según el jurado de este galardón.

Jane Franklin no es cualquier mujer. Ella representa la esencia de la libertad a la que cualquier persona (hombre o mujer) querría aspirar. Para conocerla debemos quitarle todas las capas que la han impregnado a lo largo de su vida, ya sean sociales o ambientales y, en definitiva, tenemos que descontextualizarla para entender y comprender las razones que motivaron su vida, su inagotable energía y sus indomables espíritu y carácter.

Jane Franklin es ese tipo de mujer que, independientemente de donde naciera o cuales hubieran sido su ambiente y su contexto, habría sabido salir adelante sin renunciar ni una pizca a sus ideales o ambiciones. 

Cuando se habla de ambiciones en una mujer parece que se dice en un sentido peyorativo, pero lejos de la realidad. Jane se midió de igual a igual con hombres más ambiciosos que ella que la criticaban por las mismas cosas que ellos también hacían. Pero eso no la desanimó; más bien al contrario, porque supo sumar todas las experiencias y derrotas que sufrió injustamente por ser mujer para amortizarlas después y sacar los frutos que quiso.

Así, si alguien supo adaptarse a lo que se esperaba de ella por su condición femenina, esa fue Jane Franklin, y encima de no renunciar a ninguno de sus sueños, deslumbró por su inteligencia y rentabilizó todas las experiencias, ya fueran positivas o negativas, sin dejar de ser ella misma.

Volviendo a contextualizar Las ambiciones de Jane Franklin, descubrimos en sus páginas que esta gran mujer nació a finales del siglo XVIII (en el año 1791) y murió a los 84 años. Tuvo una larga vida... o más correcto sería decir que su vida fue esplendida, una vida vivida. Eligió todos sus momentos y situaciones en una época en la que esa elección no existía para las mujeres.

Se casó cuando quiso y con quien le convenía, y no tuvo hijos porque así lo decidió. Entre otras mucha cosas, se dedicó a su gran pasión, viajar, viajar y viajar, pudiendo conocer y visitar todas las tierras descubiertas en los cinco distintos continentes. Todos estos lugares, con sus diferentes gentes, sus contrastes y sus distintas idiosincrasias, pasaron por sus pupilas y, como ella misma decía, ni su frágil salud ni la pereza eran excusa para no hacer lo que realmente quería en el momento en que lo decidía.

En la reseña no voy a entrar en los hechos concretos de su vida, sería como desvelar o revelar lo que debe ser descubierto por el lector a través de cada de página... como espoilear y direccionar las opiniones que cada cual pueda tener.

Para mí, Jane Franklin ha supuesto esa bocanada de aire fresco, primigenio y original con el que nacemos cada ser humano. Para bien o para mal, su esencia se podía malinterpretar. Pero es de justicia decir que Jane fue siempre Jane: no se doblegó. Más bien al contrario; siempre supo utilizar todo lo que le rodeaba, su contexto, tanto humano como social, para poder ser ella tal y como ella quería ser. Si alguna vez las circunstancias la abrumaban, lejos de deprimirse o utilizarlas como excusa, las sumaba y aprendía de ellas para no dejar de ser nunca Jane Franklin.

Para ir terminando, confieso que este libro es el que me hubiera gustado leer cuando tenía 15 años, pues es tan clarificador como enriquecedor y me habría abierto la mente a muchas cosas. A través de su biografía descubres que siempre hay más: que tú, por ser tú, puedes construir tus sueños, sin renuncias ni excusas. Para Jane las quejas nunca fueron motivo para no hacer al final las cosas que quería hacer.

En definitiva, vivir tu vida. O, como ahora se dice ahora, casi 150 años después,  poder ser tu mejor versión. Y no creo que pudiera haber una mejor versión de Jane Franklin.
 


Alison Alexander (Hobart, Tasmania, 1949) es una de las historiadoras más conocidas de Tasmania.

Es la autora de Tasmania´s Convicts y la editora de The Companion to Tasmanian History.

viernes, 24 de noviembre de 2017

RESEÑA (by MB) ::: MIL VIAJES A ÍTACA - Ana Capsir Brasas





Título original: Mil viajes a Ítaca: una visión personal sobre Grecia 
Autora: Ana Capsir Brasas 
Editorial: Casiopea
Páginas: 439
Fecha de publicación: junio 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 20 euros 
Diseño de cubierta: MarianaEguaras.com
Pocos destinos provocan tantas sensaciones como Grecia. La Grecia de la literatura, contada por autores como Gerald Durrell o Henry Miller. La Grecia del pensamiento, de la filosofía… La Grecia clásica, y también la Grecia cotidiana, protagonizada por el Mediterráneo, la luz del sol, los pozos blancos, las olivas, el ouzo, las playas recoletas. La Grecia mitológica que nos lleva a viajar al laberinto del Minotauro y a la bella Ariadna, la Grecia intemporal, en la que la vida transcurre a un ritmo que parece detenido.

En palabras de la autora: Este es un relato de un viaje nostálgico. Con la pura esencia griega de los “nostos” las aventuras de un retorno marítimo en una nave no totalmente física sino también del espíritu y del crecimiento interior, la transformación antes de volver a casa.

Como en la Odisea, el que partió y el que llegó tras sucesivos naufragios y desembarcos en orillas desconocidas, no es el mismo.

Mil viajes a Ítaca es el canto de sirena que durante 25 años ha interpretado Ana Capsir en sus mil viajes de ida y vuelta por las islas griegas. Todos sus cánticos son la plasmación de sus recuerdos, remembranzas y sentimientos que, regados por el sol y el mar griegos, le hacen sentir una nostalgia infinita... esa sensación de pérdida que sentimos cuando abandonamos un lugar amado.

Así, vemos y percibimos en cada relato todo el amor que siente por esas islas, esa curiosidad infinita que le hace percibir todos los detalles y las distintas luces que bañan esas tierras (luces de la mañana, los atardeceres, el sol radiante)... Todo nos lo describe con un lenguaje tecnicolor y los diferentes azules y blancos que representan a Grecia impregnan su narración, pero estos relatos no son solo descripciones de paisajes y retratos detallados de lugares, sino que, a cada uno ellos, Ana Capsir le añade todos los sentimientos que han posibilitado y facilitado el amor que siente por esas islas.

Veinticinco años son muchos años recorriendo y descubriendo lugares y sitios (algunos con mayor o menor suerte) donde para bien, o no tanto, el turismo ha influenciado en sus gentes y remodelado las costumbres y su manera de enfrentarse a sus vidas. La autora, con sus ojos curiosos, participa de esta evolución: de alguna manera nos cuenta cómo algunas gentes se sienten invadidas y se vuelven hurañas y, sin embargo, con las mejores de sus sonrisas, otras intentan atraer o atrapar a esa marabunta  moderna cargada de monedas que representan esperanza para algunos y desesperanza para otros. 

Ana Capsir, a través de sus conversaciones con las diferentes gentes en las distintas islas, observa, ve y sobre todo siente todas esas impresiones, pues 25 años son muchos años para no dejarse llevar por algún tipo de sentimiento. En este caso se percibe su amor por todas las islas, incluso las que a priori parecen más antipáticas, y al final, de su relato sientes la empatía que la autora ha experimentado por esas personas, compartiendo con ellas sus argumentos y, de alguna manera, justificando sus actuaciones.

También es verdad que, cuando nos acunamos en el sentimiento y la nostalgia, nuestras remembranzas siempre son percibidas de la manera más positiva: aquella comida me supo mejor, el azul era más azul, el sol brillaba más esplendoroso... se potencian los sentimientos y los recuerdos a todos los niveles, y esto es lo que se percibe en todos los relatos. En cada uno de ellos vemos plasmados esos recuerdos, que se retroalimentan de sentimientos y sensaciones. Si los calamares de antaño no se saborean igual que los de ahora tal vez sea porque los que comí hace años los cocinaba mi madre, y entre todos los ingredientes hay uno que es insustituible e imposible de encapsular y comercializar: su amor. Pero, siendo un poco pragmática, creo que los sabores de ahora y los de antes no son tan distintos, si no que simplemente los recuerdos que acompañan a esos platos, si son buenos, los potencian y los enriquecen.

Al igual que con los sabores, se percibe en sus relatos cómo las diferentes islas han ido adaptándose a los tiempos, y cómo la autora ha percibido, unas veces para bien y otras no tanto, esta evolución natural y eterna que es el paso del tiempo, y que solo a través de la nostalgia, con su apego intrínseco, de alguna manera queremos detener.

Mil viajes a Ítaca son los viajes que Ana Capsir realiza a sus recuerdos, en este caso los fabricados en sus viajes a la islas griegas. Con un lenguaje poético, nos los describe un tanto inconexos (al igual que sucede con los recuerdos, el subconsciente parece que los aflora caprichosamente). Así, en la compilación que hace de todos ellos no hay un hilo cronológico; podemos pasar de una década a otra guiados simplemente a través de los recuerdos que le surgen a la autora. También vemos que no hay una planificación de los viajes, pues estos se describen de igual manera que sus recuerdos: aleatoriamente.

Por esta razón, con los primeros relatos puedes sentirte un poco perdido, pues crees que solo estás leyendo un libro de viajes donde vas a encontrar una fecha, un lugar o un restaurante. Pero, conforme te vas adaptando a la lectura y empiezas a empatizar con la autora, ves que además de invitarte a sus viajes, te hace partícipe de todas sus experiencias, de sus impresiones, de los lugares y las gentes que calaron en su vida, haciéndole peregrinar por todas las islas hasta llegar a su Ítaca particular, su casa en Evgiros, para así poder enraizarse con todo lo anterior y posibilitar la fabricación de nuevas remembranzas y nuevos recuerdos.

Realmente es un libro muy curioso y lleno de detalles donde la autora, además de relatarnos sus viajes describiendo gentes y lugares, te abre su corazón y comparte con los lectores sus experiencias enriquecidas de sabores, sensaciones y sentimientos.


Ana Capsir Brasas, nacida en Valencia en 1959. Bióloga y Patrona de Altura de la Marina Mercante. Tras 7 años en el CSIC, trabajando en bioquímica vegetal, dio un giro para dedicarse al mundo del chárter, la enseñanza y los servicios náuticos de forma profesional. 
Participó en "Al filo de lo imposible" a bordo de su propio velero, "La Maga Azul". Colabora con revistas náuticas y con el Huffington Post. Desde 2010 escribe en su blog, “Navegando por Grecia”, donde vuelca sus vivencias en el país que le ha atrapado en los últimos 25 años. 
En este, su primer libro, se adentra en sus sensaciones con un estilo intimista.