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jueves, 30 de abril de 2020

RESEÑA (by MH) ::: AMORES CONTRA EL TIEMPO - Dolores Conquero





Título original: Amores contra el tiempo
Autora: Dolores Conquero
Editorial: Planeta
Páginas: 384
Fecha de publicación: febrero 2018
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 20,90 euros
Fotografía de cubierta: Gabrielle Chanel y Serge Lifar (1937, Venecia)

Oposición familiar, críticas —a veces implacables— del entorno, conflictos laborales…

Son muchos los problemas a los que estas mujeres tuvieron que hacer frente, en diversos momentos históricos, por saltarse uno de los prejuicios más firmemente instalados en la sociedad: que una mujer no puede (o no debe) enamorarse de un hombre más joven que ella. Con un estilo ameno y riguroso, lleno de ritmo, la autora intenta ir más allá de los lugares comunes y a la vez ser escrupulosamente fiel a sus heroínas para contarnos sus historias de deseo, aventuras, amor, lágrimas, inevitables catástrofes y finales felices.
Amores contra el tiempo ha estado en mi punto de mira desde su publicación por una razón muy personal: mi madre es varios años mayor que mi padre. Y aunque pueda parecer una tontería para quien no lo ha vivido, eran finales de los setenta y la familia de mi madre no vio a mi padre con buenos ojos al principio por esa diferencia de edad, por ser muy guapo (lo era... lo es. Mis amigas del instituto decían que se parecía a Clint Eastwood. No es verdad, pero él, todo orgulloso, jamás se ha olvidado de la anécdota xD) y por creer que no era lo suficientemente bueno para ella. Lo dicho, tonterías olvidadas hace mucho tiempo por todos menos por mi madre, que de vez en cuando me las recuerda.

Dolores Conquero lo explica en su prólogo: este libro nace de una experiencia personal, de una relación con un hombre más joven que ella y de los prejuicios que acarreaba esa relación, prejuicios que no solo provenían de fuera, sino de ella misma. ¿Por qué es socialmente aceptado que un señor sea mucho mayor que su compañera sentimental y sin embargo provoca rechazo que sea la mujer la que despunte en años? Más aún, ¿por qué resulta tan difícil de aceptar que un hombre joven se sienta atraído físicamente por una mujer mucho mayor? (en el caso de los famosos, ni siquiera hace falta que sea mayor en edad; si no es un bellezón con silueta de modelo también se cuestiona y sorprende... que se lo pregunten a Pierce Brosnan). El caso es que, a raíz de su situación personal comenzó a fijarse en otras parejas como la suya, donde la mujer fuese mayor que el hombre, y al no encontrar demasiadas, dirigió su atención hacia parejas famosas por esta diferencia de edad (tenemos muchos ejemplos a mano: Emmanuel y Brigitte Macron, Hugh Jackman y su mujer Deborra-Lee, Mark Webber y Ann Neal... últimamente ha sido la actriz Kate Beckinsale, de 46 años, la que está lidiando con comentarios despectivos y haters por su relación con Goody Grace, un músico de 22... y si saco mi vena cinéfila os podría hablar de una relación más desconocida a nivel de masas: la de Aaron Taylor-Johnson, actor británico de 29 años que lleva casado ocho con su mujer Sam, directora de cine de 53. Y la lista sigue y sigue...).

El caso es que de ahí a indagar en romances históricos, en las que ellas eran mayores que ellos, supongo que solo había un paso, y de ahí nace este Amores contra el tiempo. Yo he sido lectora habitual de biografías históricas toda mi vida. Por aquí no suelo traeros muchas porque en los últimos años las lecturas me han llevado por otros derroteros, pero tener, tengo unas cuantas en la estantería (sobre todo de personajes históricos, escritores y actores de cine clásico). Os comento esto porque con Amores contra el tiempo me he reencontrado con un tipo de literatura que disfruto mucho (el ensayo biográfico histórico) y sabía que iba sobre seguro. Lo he disfrutado mucho, y aunque tengo mis historias favoritas por interés personal con las mujeres que los protagonizan y sus épocas, todas, absolutamente todas, merecen muchísimo la pena.

Nueve son las mujeres que, con sus respectivos amores, se pasean por estas páginas. Diana de Poitiers, quien, en el siglo XVI, fue la amante del rey Enrique II de Francia, diecinueve años menor que ella (por si alguien no lo ubica, Enrique II fue el suegro de María Estuardo, reina de Escocia); ya en el siglo XIX, la reina Victoria de Inglaterra y el guapo y rudo escocés John Brown, siete años menor que ella; entramos en el siglo XX con Marie Curie y uno de sus colaboradores habituales, Paul Langevin, cinco años menor; la gran Coco Chanel, con una dilatada vida amorosa en la que destaca, para el tema que nos ocupa, el gran duque ruso Dmitri Romanov, que contaba cinco años menos que ella; la estupenda Agatha Christie y su segundo marido, Max Mallowan, catorce años menor y futuro compañero de maravillosas aventuras; Gala y Salvador Dalí, diez años menor que ella; Dolores Ibárruri (La Pasionaria) y su compañero de partido, Francisco Antón, de quien le separaba una diferencia de edad de entre catorce y diecisiete años según la fuente que se consulte; Julia Urquidi y su sobrino político, Mario Vargas Llosa, diez años menor que ella; y por último Fiona Campbell-Thyssen (exmodelo y exmujer del barón Thyssen...) y Alexander Onassis, hijo del multimillonario griego Aristóteles Onassis, a quien le sacaba dieciséis años.

Estas son las nueve historias, y en ellas hay de todo: amores que triunfaron, amores que terminaron de manera amistosa, amores que se rompieron debido a una tragedia, amores que vieron su fin por culpa de la sociedad y sus prejuicios, amores que perduraron hasta el final a su modo y siguiendo sus propias reglas, amores que tenían en contra a sus propias familias... Todas comparten la diferencia de edad pero son muy diferentes entre sí ya sea por la época en que tuvieron lugar, por las circunstancias que rodeaban a la pareja o por los obstáculos que tuvieron que salvar. Unas terminaron bien, otras no, pero todas son especiales a su modo. Me cuesta horrores ocultar mi amor epoquero por el siglo XIX y principios del XX, así que si me conocéis un poco sé que os habréis imaginado que mi afinidad tira sobre todo hacia las primeras cinco historias, y aunque ya conocía las circunstancias de algunos de estos romances (como en el caso de Agatha Christie, Marie Curie y la reina Victoria... casi aplaudo cuando comenta que la moral de la reina Victoria no era nada victoriana. ¡Cuánta razón y qué manera tan fantástica de decir tanto en tan pocas palabras!), están narrados y contados de tal forma que he aprendido igualmente algunos detalles que no sabía. Eso no quiere decir que los otros cuatro me hayan parecido menos interesantes, todo lo contrario, y de hecho con ellos es con los que más cosas he descubierto y aprendido porque los desconocía casi por completo. Esa es la virtud de este libro, que aprendes y disfrutas de todo lo que cuenta, incluso de aquello que crees que te va a llamar menos la atención.

Un aspecto del que he disfrutado enormemente ha sido la manera de abordar la narración. La autora no se limita a contar las historias de amor que sustentan la existencia de este libro, sino que aprovecha para esbozar la biografía completa de cada una de estas nueve mujeres, abarcando desde su nacimiento hasta el momento en que conocen a estos hombres y llegando hasta el final de sus días, prestando especial atención a sus logros profesionales o vitales y, en definitiva, a sus existencias mismas más allá de ser mujeres que se enamoraron de hombres más jóvenes que ellas. Es decir, que aunque este libro tiene un fin o un porqué claramente definido en el prólogo, para mí esconde un objetivo último más allá de ese, que es el de reivindicar a estas mujeres que fueron pioneras, valientes y aventureras en cada aspecto de su vida, no solo en el sentimental. Que su manera de vivir el amor fue consecuencia de sus personalidades desbordantes, y no al revés: eran especiales y extraordinarias, y por eso vivieron relaciones especiales y extraordinarias.

Hacer eso, transmitir tantas cosas en unas cuarenta páginas de media por cada una de estas mujeres, y hacerlo así de bien, dice mucho del excelente trabajo de documentación y de toda la información que ha manejado Dolores Conquero para abordar este libro, amén de la habilidad e inteligencia que son necesarias para plasmar todo eso en papel sin saturar. El resultado es una lectura tremendamente entretenida y adictiva, se aprende un montón con ella y descubres un montón de cosas y anécdotas, aunque yo me forcé a leer una biografía al día para asimilarlo todo bien y darle a cada una de estas historias su espacio y su tiempo. Me repito, lo he disfrutado enormemente y sé que en algún momento me darán puntazos y releeré alguna de estas biografías al azar, por el simple placer de hacerlo y recordarlas.

Evidentemente no puedo dejar de recomendarlo; además la edición está muy trabajada y viene acompañada de fotografías que ayudan a ponerle cara a todas las parejas que pululan por sus páginas. Tanto si os gustan las anécdotas históricas, las biografías o los detalles interesantes, como si simplemente tenéis una vena curiosa y disfrutáis descubriendo amores prohibidos, escandalosos, eternos o románticos, os cautivará Amores contra el tiempo. Que no os eche para atrás su carácter de no ficción ni penséis que no es para vosotros por sus tintes históricos. Dolores Conquero lo cuenta todo bonito, sencillo y muy entretenido, incluso con cierta ternura, aprecio y admiración (según corresponda) hacia las personas de las que habla, y eso las hace muy cercanas al lector. Creo que esta edición va camino de agotarse y no sé cómo andará la cosa para conseguirla, pero si se cruza Amores contra el tiempo en vuestro camino, dadle una oportunidad, por favor, porque es una gozada. No os arrepentiréis.






Dolores Conquero (Castro Urdiales, Cantabria) es periodista, licenciada en Ciencias de la Información. Escribió durante diez años en todos los suplementos de El País, donde se especializó en reportajes y entrevistas, y ha sido jefa de sección en las revistas Marie Claire y Mía. En 2002 publicó el libro ¡Filmando! Seis maneras de hacer cine en España (Nuer Editorial). También ha ejercido puntualmente como guionista de televisión (Todos los hombres sois iguales, Versión española) y ha colaborado en publicaciones como Nickel Odeon.
 
En 2014 creó el blog minovioesmasjoven.com. Su mayor orgullo es, sin embargo, el accésit del Premio Gerardo Diego de Poesía que le concedieron, en 1997, los poetas José Hierro y Claudio Rodríguez.

lunes, 22 de julio de 2019

RESEÑA (by MB) ::: LAS DAMAS MÁS INTELIGENTES DEL SIGLO XVI - Vicenta Márquez de la Plata





Título original: Las damas más inteligentes del siglo XVI 
Autora: Vicenta Márquez de la Plata 
Editorial: Casiopea  
Páginas: 450
Fecha de publicación: marzo 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros 
Diseño de cubierta: Anuska Romero y Karen Behr



Reinaron, conspiraron, firmaron tratados, manejaron los hilos de la política y las artes entre bastidores, etc. Son las damas más inteligentes del siglo XVI. El trasfondo político del momento que les tocó vivir fue convulso: Luchas intestinas entre las potencias europeas, intereses territoriales, negociaciones, tratados y alianzas con otras casas reinantes, casamientos como prebendas en la política reinante, etc. Todas ellas supieron ingeniárselas para salirse con la suya y ser admiradas y respetadas.
En Las damas más inteligentes del siglo XVI vemos reflejado, a través de sus vidas, cómo los reinos de Europa (Castilla, Aragón, Portugal, Francia, Inglaterra y el Sacro Imperio Germánico) se iban centralizando y afianzando gracias a la creación de unas administraciones poderosas donde las relaciones diplomáticas eran la principal herramienta para equilibrar las fuerzas y declarar la guerra o firmar la paz.

Para que esto fuera posible se utilizaban sin piedad a las hijas de sus reyes, ya que desde su nacimiento se estudiaba cómo se debía y podía disponer de estas piezas de poder para mayor grandeza de sus reinos. Eran educadas para este fin, en sumisión y aceptación de su destino; se pactaban y aprobaban compromisos matrimoniales al mismo tiempo que se hacían y deshacían alianzas políticas. Sus vidas y sus destinos estaban unidos a los de sus países: primero al de origen y después al que recalaban con sus matrimonios.

Fue un siglo convulso por las nuevas reorganizaciones políticas, que se solventaban a través de los diferentes conflictos bélicos entre las distintas potencias emergentes. Esta centralización del poder llegaba también a la cuestión religiosa, con la división de los cristianos, los católicos y los protestantes. Los ingleses en este tema también tenían algo que decir.

De igual modo, el descubrimiento de América seguía su curso, aumentando y generando el comercio y con ello el desarrollo económico siguiendo las rutas de los exploradores y conquistadores. También se refundó un nuevo sistema financiero que sufragaba las distintas guerras políticas y religiosas. La cultura, con sus distintas artes, eclosionó en todas estas potencias: arquitectura, pintura, música, literatura... son cuidadas y mimadas, pues de alguna manera representan la grandeza de estos reinos.

Y toda esta introducción para decir que, en medio de esto, se encontraban las grandes damas, las hijas de los reyes criadas y educadas para ser reinas. Aunque en principio se pueda presuponer que estas mujeres eran simples piezas de ajedrez que se llevaban y se traían por los diferentes países europeos, ellas, desde sus puestos designados, siempre tuvieron mucho decir.

Leyendo sus biografías vemos cómo marcaron y dirigieron de alguna forma los designios de los países que representaban. Sabían y entendían que estaban en medio de todas las políticas y sus diversas polémicas y, por tanto, se defendían como mejor sabían o les dejaban por medio de la diplomacia, las intrigas, los pactos... En fin, un trasiego de idas y venidas, necesarias todas ellas para mantenerse en su poder o simplemente poder sobrevivir.

Vicenta Márquez de la Plata, historiadora y autora de este libro, nos trae a cuatro de estas damas: Margarita de Austria (1480-1530), Ana de Bretaña (1477-1514), Luisa de Saboya (1476-1531) y Catalina de Aragón (1485-1536).

La primera biografía es la de Margarita de Habsburgo, hija del archiduque Maximiliano de Austria y hermana de Felipe el Hermoso. Fue elegida por los Reyes Católicos para ser la reina de Castilla cuando se casó con Juan (su heredero), pero todo se malogró cuando este murió prematuramente. Aun así, Margarita bebió y absorbió todo lo que se manejaba en Castilla y Aragón, lo que le sirvió más tarde cuando se hizo cargo de sus numerosos sobrinos. Entre ellos se encontraba el emperador Carlos V, al que ayudó de las mejores maneras posibles siendo gobernadora de alguno de sus territorios (los Países Bajos), o económicamente para sufragar sus diferentes campañas militares.

A continuación encontramos a Ana de Bretaña, duquesa de Bretaña y reina de Francia, a quien casaban y descasaban dependiendo de los intereses políticos. Luchó durante toda su vida por la independencia política y económica de su ducado, que al final terminó absorbido. Mientras tanto, su segundo-tercer marido, Luis XII, respetó (o más bien toleró) cierto aire de independencia pero, mirándolo con perspectiva, se advierte que la función y el motivo finales de su matrimonio eran unificar y fortalecer Francia.

Después aparece Luisa de Saboya, su consuegra y madre de Francisco I, rey de Francia, quien se casaría con Claudia, hija de Ana de Bretaña Luis XII. Esta sí supo entender lo que era el poder y cómo debía ejercerse para su beneficio y los intereses de su país, que parecían confundirse. En ella ya encontramos cierta clase de despotismo, ese abuso de superioridad no limitado por leyes, pues ni estas se atrevían a llevarle la contraria.

Acabamos el libro con Catalina de Aragón, uno de mis personajes históricos preferidos (ay, Catalina, qué ejemplo de aguante y resiliencia), única esposa de Enrique VIII, rey de Inglaterra, a la que no se atrevió a cortarle la cabeza. Hay que leerla para entender todo el contexto histórico del siglo XVI: olvidada por los suyos y repudiada por los que la acogieron, al final demostró cuánta grandeza  y magnitud tenía. Con Catalina es que me emociono y me salgo de su biografía.

Para no extenderme más y repetir los recorridos vitales que tan magistralmente se recogen en Las damas más inteligentes del siglo XVI, diré que todas ellas, además de sabias, fueron influyentes, pues sus decisiones ayudaron a modelar la Europa que ahora conocemos. Los vaivenes de sus vidas se hilaban al compás de los diferentes cambios políticos, al tiempo que cultivaban y alentaban las diferentes artes, estimulando y sufragando su actividad y siendo por tanto las grandes mecenas de ese siglo.

Lo que más me admira y me sorprende es que ellas sabían y aceptaban el papel que se les daba, conocedoras en todo momento de su destino (ya fuese por su educación o por el devenir de sus circunstancias), y en ningún momento perdían su objetivo o misión en el mundo, dedicando sus vidas y su energías a la consecución del mismo.

Todo esto y más es lo que encontramos en este maravilloso y refrescante libro escrito por Vicenta Márquez de la Plata.



Nacida en España, Vicenta estudió y vivió en el extranjero. Historiadora especializada en la Edad Media, diplomada en genealogía, heráldica y nobiliaria por el Itto. Salazar y Castro, es, además, profesora invitada de la Univ. de Lisboa y profesora de la cátedra Marqués de Ciadoncha de Madrid. Ha sido ponente en varios Simposios Internacionales y Conferencias. Actualmente sigue con la investigación histórica y la escritura de libros y artículos para revistas especializadas. Autora de más de 20 títulos, los de Isabel la Católica y su tiempo han sido obras de consulta  en el Instituto Cervantes y en la Academia de la Historia. Vicenta se estrena con nuestra editorial con: Damas Ilustres en la Historia de España y  este año con Mujeres Creadoras entre el Renacimiento y el Barroco y Las damas más inteligentes del Siglo XVI.

lunes, 16 de julio de 2018

RESEÑA (by MH) ::: ROSALÍA - Luisa Carnés




Título original: Rosalía
Autora: Luisa Carnés
Editorial: Hoja de Lata
Prólogo: María Xesús Lama
Páginas: 150
Fecha publicación original: 1945
Fecha esta edición: mayo 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 15,90 euros
Ilustración de cubierta: Aitana Carrasco




En Padrón hay una casa humilde cuyo nombre es grato al espíritu: La Huerta de la Paz. Allí una niña enfermiza aprende a andar sobre las piedras viejas del jardín y pasa horas contemplando los aleteos de las mariposas sobre las dalias. Frente a su colegio está el cementerio de Adina, donde la pequeña se entretiene deletreando los epitafios en los días de sol.

Esa niña es Rosalía de Castro, la gran poeta gallega, y esa casa, el hogar al que siempre querrá volver, fuente de inspiración de toda su obra. Tras su infancia en Galicia, la joven Rosalía se instala en el Madrid convulso de Isabel II, donde conoce a Manuel Murguía, su futuro marido, y al dulce Gustavo Adolfo Bécquer, cuyo reflejo en los espejos del Café Suizo es todo melancolía. Después vienen los hijos, Simancas, la muerte de su adorada madre. Y esa continua añoranza de Galicia en medio de la adustez castellana.

Luisa Carnés, la narradora invisible de la Generación del 27, la autora de Tea Rooms. Mujeres obreras, escribió esta biografía en 1945, ya en su exilio mexicano. Una obra llena de encanto y de complicidad, tan rica en ambientes que más parece, en muchos momentos, un cuento gótico que un texto biográfico.
(Por favor, observemos la portada durante 15 segundos, que bien se lo merece. Qué requetebonita es...).

En el día de ayer, domingo 15 de julio, se conmemoró el 133 aniversario de la muerte de Rosalía de Castro. No, no es un número de esos redondos y rotundos que tan bien quedan en las redes sociales a la hora de celebrar estas cosas... ni falta que hace, porque cada día que nos acordemos de ella y de celebrar su obra y su figura, es un buen y provechoso día. 

La autora de esta biografía es una escritora olvidada, como tantas otras, durante muchas décadas, hasta que la editorial Hoja de Lata comenzó a recuperarla hace un par de años. Con la de ganas que tengo de leer sus novelas o sus cuentos (de hecho sorteamos entre vosotros Tea rooms en nuestro primer aniversario bloguero), y he conocido a Luisa Carnés como escritora narrando la vida de otra escritora que sufrió durante muchos años la misma niebla a su alrededor y el mismo oscurantismo en cuanto a la apreciación en vida de su obra. Y no os puedo expresar con palabras la emoción que me ha hecho sentir en algunos pasajes.

Carnés divide la biografía en seis partes, y cada una de ellas en sus correspondientes capítulos, así que creo que la mejor manera de explicaros como están estructuradas las diversas partes de la vida de Rosalía es comentando un poco cada una de estas fracciones que conforman el todo que fue Rosalía de Castro y Murguía.

En Infancia y juventud descubrimos que Rosalía de Castro fue fruto de los amores prohibidos de doña Teresa de Castro y el cura de la parroquia de Santa María de Iria. Las madres solteras abundaban en Galicia en aquellos años y era aceptado, pero no tanto que el padre fuese un cura. Rosalía fue siempre una criatura enfermiza, su infancia y adolescencia fueron tristes, pero el amor por su tierra, enraizado en todo su ser, ya se vislumbraba en ella a pesar de su corta edad. Gustaba de pasar horas en el cementerio de Andina y absorbía todo lo que le rodeaba, la Galicia desdichada, campesina y marinera, el dolor de un pueblo cuyos hombres emigraban para no volver... los aldeanos gallegos fueron sus maestros y la poesía su vocación y el modo en que expresar la pasión por su tierra. Ya de adolescente, escribía poemas sentada a la mesa de su casa de Padrón.

Castilla narra la llegada de Rosalía a la corte madrileña en 1855. Tras narrarnos la situación de una España que todavía convalece de las heridas de la revolución de julio de 1833, Luisa Carnés nos narra el dolor que le supuso a Rosalía dejar atrás sus tierras gallegas y adentrarse en los páramos castellanos endurecidos bajo un sol de justicia. Durante años Rosalía viajó de Madrid a Galicia y viceversa, y cada vez que abandonaba su tierra la melancolía le invadía; llegaba a sentirse extranjera en la propia España. No terminaba de gustarle Madrid, se mostraba retraída, pero a pesar de eso se hace notar entre otros poetas de la época, y de entre todos ellos, su amistad con Gustavo Adolfo Bécquer es la más conocida. Compañeros en tristeza y romanticismo, la suya fue una amistad duradera en el tiempo y de mutua admiración. Allí en Madrid publicó Rosalía sus primeras obras, mal recibidas por la crítica, y conoció también al que sería su marido, Manuel Murguía, el primer hombre que le dedicó unas líneas en prensa y que la admiraba profundamente.


Rosalía fue fruto de un amor secreto, y ella misma era amor, sentía amor hacia todo lo que le rodeaba y despertaba pasión en ella. En El amor nos adentramos en otro tipo de amor, el amor de mujer. Rosalía tenía apenas 21 años cuando se casó con Manuel Murguía en 1858. Él tenía 39. Murguía, como admirador de la Rosalía poeta, era incansable y entregado; como esposo, distante y frío. Murguía ya se asienta en la madurez en todos los aspectos de su vida; Rosalía está naciendo como escritora, está a las puertas de toda su obra literaria. Muchas cosas les separaban y muy pocas les vinculaban. Se dice que lo que les unió fue la búsqueda de paz interior, pero ella siempre se sintió incomprendida por él y no fueron felices.

La obra... creedme si os digo que me gustaría copiaros aquí párrafos y párrafos del libro, pero no puedo. Rosalía fue una poetisa incomprendida e ignorada durante mucho tiempo. Falleció y el silencio se cernió en torno a su obra. Fue Azorín quien dio un puñetazo sobre la mesa y reivindicó su nombre para el mundo. La poesía de Rosalía era íntima, hablaba del dolor y la tristeza del pueblo llano, de sus penas y alegrías, lloraba con ellos, hablaba sobre ellos... no era rimbombante, no era pedante ni era cursi, y por eso quedaba al margen del estilo de poeta que se estilaba por aquel entonces. Fue la precursora de la poesía popular, la poeta que, con los lamentos íntimos de sus versos, esos lamentos íntimos que son comunes a todos los hombres, imprimió rango universal a una obra poética localista y aferrada a Galicia.

La muerte. Rosalía estuvo enferma de tuberculosis durante gran parte de su vida, pero se la llevó un cáncer. Durante sus últimos años imprimió en su obra todo su padecimiento mientras esperaba un final que ella sabía inevitable. Fue su hija Alejandra la que le acompañó durante estos años, la que le comprendía; su hija predilecta. Sus estancias en Padrón ya no conseguían el efecto embriagador de antes. Sufría mucho, y allí pasó sus últimos meses de vida a solas con su hija. Le pidió que quemara sus fotos, sus últimos trabajos. Alejandra le obedeció. Murió el 15 de julio de 1885, con solo 48 años.

Luisa Carnés escribió esta biografía en 1945 mientras estaba exiliada en México; en aquella época se desconocían muchos datos que hoy sí se conocen sobre Rosalía, su entorno, sus afinidades... es decir, que todo lo que está en esta biografía es verídico y representa a Rosalía, la dibuja, pero a pesar de la ardua investigación, no había demasiada información sobre la de Castro. Tal y como explica Maria Xesús Lama en el prólogo, aún quedaba mucho potencial en los datos que ella desconocía y que no fueron descubiertos hasta décadas más tarde. Por ello tiene aún más mérito el acercamiento que Carnés hace a la figura de esta escritora: sugestivo, emocionante y sincero tanto en la forma como en el fondo. Lo fantástico de esta biografía ya no es solo el personaje sobre el que versa, sino la forma en que la narración nos acerca a ella y a su vida. 

Carnés tiene una forma tan bonita de contar la historia, tan iconográfica, que comenzar a leerla es como adentrarse en un cuadro en el que en un principio solo ves la imagen principal en su conjunto, la tierra de Padrón, y poco a poco, recorriendo con la mirada los senderos, caminos y recovecos que a modo de trazos proliferan por todo el lienzo, te lleva hasta un punto concreto, ese punto minúsculo en la imagen, donde vino Rosalía  a la vida y donde comienza todo. Y a partir de ahí comienza a aparecer ante nosotros otro cuadro que sigue el proceso contrario, se hace grande y se expande lleno de naturaleza, poesía, color, pasión... gallego hasta la médula en sus paisajes y en sus gentes, en el que emerge Rosalía, con el alma en una mano y el corazón en la otra, paseando por sus brochazos y volcando sobre el lector su visión sencilla y lírica sobre la vida, la tierra y los hombres que viven en ella.

Follas Novas, Cantares gallegos, En las orillas del Sar... Rosalía de Castro fue quizás la primera escritora popular española, la que con la sencillez de sus versos, la pureza de su lenguaje y la cotidianidad y universalidad de sus temas poéticos, comenzó una revolución contraria al relumbrón y falsas apariencias que imperaban en el ambiente literario de la época... pero los frutos de esa revolución, de la que ella ni siquiera fue consciente, llegaron muchos años después, y ella no pudo ser testigo de ellos.

Creedme, si no habéis leído a Rosalía de Castro, si no conocéis su obra, incluso si no os interesa en absoluto y ni os plantéais leerla, disfrutaréis igualmente de este paseo por su vida como la delicada pieza de orfebrería literaria que es. Os decía arriba que me había emocionado en algunas partes y es totalmente cierto, tanto por lo que se cuenta por el modo en que lo hace. Releeré estas páginas más pronto que tarde. Me lo piden la cabeza y el corazón.
No se estremeció Galicia con esta muerte. A la existencia sombría y dolorosa de esta vida, derramada en amor a su tierra, fundida a ella en ardores y dolor, siguió una muerte sin ruido, sin lágrimas ni plañideras. La lluvia saudosa de Galicia no lloró sobre el cadáver de la apasionada gallega, ni las campanas de Bastabales despidieron a aquel espíritu escogido que las cantara con su más amorosa voz [...]
¡Desolado epílogo! Más tarde este epílogo se ilumina. ¡Ha muerto Rosalía de Castro! Y el grito sale de Padrón y recorre Galicia, campesina y marinera, y llega a la corte de España... Los poetas españoles lloran la muerte de la poetisa gallega. Durante seis años, su nombre volará con el aire de España, como las campanadas de Santa María de Bastabales recorren el valle de la Mahía.


Luisa Carnés (Madrid, 1905-México D.F, 1964) nació en el seno de una familia obrera en el madrileño barrio de Las Letras. A los once años entró a trabajar en un taller de sombrerería, y también desde muy joven empezó a escribir. En 1928 vio publicada su primera obra, Peregrinos de calvario, una colección de narraciones breves, a la que seguiría la novela Natacha (1930), ambientada en un taller textil similar al que ella tan bien conocía. 
 
De lo vivido en su nuevo trabajo como camarera en un salón de té saldría Tea Rooms. Mujeres obreras (1934, Hoja de Lata, 2016), recibida calurosamente por la crítica de la época, que destacó de ella su carácter innovador y su fuerza narrativa.
 
Con el estallido de la Guerra Civil, Carnés se centró en su labor de periodismo militante. Derrotado el bando republicano, hubo de salir al exilio y recaló en México. Allí siguió escribiendo y trabajando como periodista hasta su prematura muerte. Hoja de Lata también ha publicado Trece cuentos (1931-1963), la primera antología de los relatos de Luisa Carnés.

viernes, 13 de abril de 2018

RESEÑA (by MB) ::: LAS AMBICIONES DE JANE FRANKLIN - Alison Alexander



Título original: The Ambitions of Jane Franklin 
Autora: Alison Alexander
Editorial: Casiopea
Traducción: Paula Zumalacarregui 
Páginas: 401
Fecha de publicación: enero 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros 
Ilustración de cubierta: retrato de Jane Franklin, cortesía de la familia Simplinson; Joseph Licett, "Vista del retiro del Gobernador, New Norfolk, tierra de Van Diemen", cortesía del Allport Library y Museum of Fine Arts, Oficina del Archivo y el Patrimonio de Tasmania
 
En una época en que las mujeres se quedaban en casa bordando, Jane Franklin probablemente fue la más grande viajera del momento. Esta biografía nos cuenta la vida de esta mujer inimitable, desde su nacimiento en Londres en 1837, su matrimonio con Sir John Franklin a los 36 años y sus numerosos viajes, incluyendo Rusia, Tierra Santa, el Norte de África, América y Australia. Sir John Franklin fue un capitán de la Royal Navy y explorador del ártico británico. Él y todos los miembros de su expedición murieron en el ártico canadiense mientras pretendían encontrar el Paso del Noroeste. Tras su desaparición, su esposa Lady Jane presionó al Almirantazgo, a la opinión pública y hasta al Presidente de los EE.UU para financiar expediciones para localizarle.
 
Este libro es la traducción de la obra original narrada por la escritora e historiadora australiana Alison Alexander tras varios años de investigación y que ha obtenido destacados premios, entre otros, el National Biography Award 2.014. “La completa y sagaz biografía de una mujer inteligente, vital y de fortaleza mental decidida a trascender las expectativas de su edad y de su clase”, según el jurado de este galardón.

Jane Franklin no es cualquier mujer. Ella representa la esencia de la libertad a la que cualquier persona (hombre o mujer) querría aspirar. Para conocerla debemos quitarle todas las capas que la han impregnado a lo largo de su vida, ya sean sociales o ambientales y, en definitiva, tenemos que descontextualizarla para entender y comprender las razones que motivaron su vida, su inagotable energía y sus indomables espíritu y carácter.

Jane Franklin es ese tipo de mujer que, independientemente de donde naciera o cuales hubieran sido su ambiente y su contexto, habría sabido salir adelante sin renunciar ni una pizca a sus ideales o ambiciones. 

Cuando se habla de ambiciones en una mujer parece que se dice en un sentido peyorativo, pero lejos de la realidad. Jane se midió de igual a igual con hombres más ambiciosos que ella que la criticaban por las mismas cosas que ellos también hacían. Pero eso no la desanimó; más bien al contrario, porque supo sumar todas las experiencias y derrotas que sufrió injustamente por ser mujer para amortizarlas después y sacar los frutos que quiso.

Así, si alguien supo adaptarse a lo que se esperaba de ella por su condición femenina, esa fue Jane Franklin, y encima de no renunciar a ninguno de sus sueños, deslumbró por su inteligencia y rentabilizó todas las experiencias, ya fueran positivas o negativas, sin dejar de ser ella misma.

Volviendo a contextualizar Las ambiciones de Jane Franklin, descubrimos en sus páginas que esta gran mujer nació a finales del siglo XVIII (en el año 1791) y murió a los 84 años. Tuvo una larga vida... o más correcto sería decir que su vida fue esplendida, una vida vivida. Eligió todos sus momentos y situaciones en una época en la que esa elección no existía para las mujeres.

Se casó cuando quiso y con quien le convenía, y no tuvo hijos porque así lo decidió. Entre otras mucha cosas, se dedicó a su gran pasión, viajar, viajar y viajar, pudiendo conocer y visitar todas las tierras descubiertas en los cinco distintos continentes. Todos estos lugares, con sus diferentes gentes, sus contrastes y sus distintas idiosincrasias, pasaron por sus pupilas y, como ella misma decía, ni su frágil salud ni la pereza eran excusa para no hacer lo que realmente quería en el momento en que lo decidía.

En la reseña no voy a entrar en los hechos concretos de su vida, sería como desvelar o revelar lo que debe ser descubierto por el lector a través de cada de página... como espoilear y direccionar las opiniones que cada cual pueda tener.

Para mí, Jane Franklin ha supuesto esa bocanada de aire fresco, primigenio y original con el que nacemos cada ser humano. Para bien o para mal, su esencia se podía malinterpretar. Pero es de justicia decir que Jane fue siempre Jane: no se doblegó. Más bien al contrario; siempre supo utilizar todo lo que le rodeaba, su contexto, tanto humano como social, para poder ser ella tal y como ella quería ser. Si alguna vez las circunstancias la abrumaban, lejos de deprimirse o utilizarlas como excusa, las sumaba y aprendía de ellas para no dejar de ser nunca Jane Franklin.

Para ir terminando, confieso que este libro es el que me hubiera gustado leer cuando tenía 15 años, pues es tan clarificador como enriquecedor y me habría abierto la mente a muchas cosas. A través de su biografía descubres que siempre hay más: que tú, por ser tú, puedes construir tus sueños, sin renuncias ni excusas. Para Jane las quejas nunca fueron motivo para no hacer al final las cosas que quería hacer.

En definitiva, vivir tu vida. O, como ahora se dice ahora, casi 150 años después,  poder ser tu mejor versión. Y no creo que pudiera haber una mejor versión de Jane Franklin.
 


Alison Alexander (Hobart, Tasmania, 1949) es una de las historiadoras más conocidas de Tasmania.

Es la autora de Tasmania´s Convicts y la editora de The Companion to Tasmanian History.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

RESEÑA (by MH) ::: LA MUERTE DE LA MARIPOSA (Zelda y Francis Scott Fitzgerald) - Pietro Citati



Título original: La morte della farfalla
Autor: Pietro Citati
Editorial: Gatopardo
Traducción: Teresa Clavel
Páginas: 100
Fecha de publicación original: 2006
Fecha esta edición: septiembre 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 14,95 euros
Diseño de cubierta: Rosa Lladó

Pietro Citati construye con absoluta precisión el esplendor y la caída de una de las parejas más exitosas y envidiadas de la década de los treinta: el escritor Francis Scott Fitzgerald y su esposa Zelda Sayre. La gran complicidad de su relación fue un vínculo que duró toda la vida, pese al alcoholismo de él y la locura de ella, que, afectada de esquizofrenia, pasó la mayor parte de sus días recluida en clínicas psiquiátricas.

A Citati le bastan tan solo unas páginas para construir un retrato extraordinario sobre una pareja que hizo de su propia vida un experimento social y estético.

«No hay nada sobre nuestros pies», escribió Fitzgerald cuando su relación con Zelda amenazaba con romperse en pedazos.

Si pensáis en una biografía normal, os vendrán a la cabeza un número variable de páginas, pero nunca menos de unas cientos. La muerte de la mariposa consta de cien, solo cien, y podría decirse que incluye tres biografías, nada menos: la del escritor Francis Scott Fitzgerald por un lado, la de su esposa Zelda por otro, y la de la vida de ambos en común. Haceos una idea de la economía, precisión, maestría, y casi genialidad, que requiere el uso de las palabras por parte del biógrafo, porque no puede desperdiciar ni una sola de ellas. Y eso mismo hace Pietro Citati. Es lo primero que leo de este autor, y me he quedado con muchas ganas de repetir.

La muerte de la mariposa se adentra en la relación de una pareja que aunque aquí nos resulte más lejana, en círculos literarios y hollywoodienses dio y sigue dando mucho que hablar (se ha llegado a hacer alguna serie de televisión sobre el tema). Aun así, tal y como digo, para entender lo que llegaron a ser estas dos personas juntas y ese extraño vínculo que los unía, Citati se esfuerza incansablemente durante todas las páginas en hacernos comprender a Francis y a Zelda como entes individuales, ya muy complejos de por sí, que arrastraban muchos demonios internos que, juntos como pareja, y a pesar de lo mucho que se amaron, fueron incapaces de contener. Más bien lo contrario.
Acerca de esa historia de amor, no estoy seguro de nada. Como le dijo Jozan a Nancy Milford, los Fitzgerald eran ambos mitómanos y mentirosos: "Aquel par necesitaba el drama, los dos lo inventaban y tal vez eran víctimas de su inestable y un tanto morbosa imaginación".
Citati describe a Scott Fitzgerald como un hombre vanidoso (aunque no orgulloso), que buscaba por encima de todas las cosas gustar. Tenía ansias de gloria, quería el éxito. Y ese querer gustar a toda costa acabó convirtiéndose en una obsesión para él. No tenía confianza en sí mismo, no se respetaba... se le define como un mitómano incurable, al igual que Balzac, que soñaba con un futuro lleno de triunfos pero vivía un presente lleno de sombras. Fitzgerald era, en sí mismo, una grieta.

Zelda Sayre era todo lo contrario, no presentaba fisuras. Lírica, enigmática, extraña, artificiosa, extravagante, vivía en su propio mundo de color y nada ni nadie le daba miedo. Toda la confianza que le faltaba a Francis le sobraba a ella, se consideraba por encima de los demás, se mostraba egoísta, confundía a los hombres que la cortejaban, interpretaba un papel... era como la reina de las mariposas que intentas cazar al vuelo y se te escapa una y otra vez entre las manos. Zelda era más fuerte que Fitzgerald. Siempre buscó un hombre más fuerte que ella, y nunca lo encontró.

Se conocieron en 1918 y se casaron en Nueva York en 1920. Vivieron para amar y ser amados, eran derrochadores, despilfarradores... brillaban como se brillaba en aquella época, con luces de neón.  Pero llegó un momento en que, en ese matrimonio, acabaron siendo cuatro: Francis, Zelda, el alcohol y la esquizofrenia. La enfermedad mental de Zelda, latente desde la infancia, explotó cuando se obsesionó, a los 27 años, con convertirse en una bailarina de éxito, una Pavlova. Comenzó a torturarse con repetir los movimientos una y otra vez hasta la extenuación, se infringía castigos corporales buscando la perfección, y la esquizofrenia, hasta entonces agazapada, encontró vía libre para manifestarse. 

Fitzgerald siempre se consideró culpable de la enfermedad de su esposa; su alcoholismo alejó a Zelda, la empujó hacia el abismo, y Zelda acabó convirtiéndose en una ciudad fantasma que vivió su vida a partir de entonces saliendo y entrando de clínicas, hundiéndose y resurgiendo de intentos de suicidio, escondiéndose tras falsas curas. Y Fitzgerald bebía, bebía, bebía, porque era la única manera en que podía sobrevivir a su complejo de inferioridad, el único modo que conocía para despertar sentimientos en los demás, para que se preocupasen por él... bebía porque era lo único que sabía hacer bien aparte de escribir.

Al principio de la reseña os decía que en La muerte de la mariposa se condensaban tres biografías en una. No es del todo cierto. Son realmente cuatro las biografías que incluye (o tres biografías y una bibliografía, si hay que ser ajustada), porque la obra de Fitzgerald acapara su particular número de páginas, su correspondiente vivisección y su inevitable protagonismo. Suave es la noche es la novela que Citati defiende como obra maestra del autor, a la que define como la arquitectura de lo efímero, la estructura oculta de las cosas hecha libro. El gran Gatsby apenas se menciona.

Me ha pasado algo muy curioso con este libro. Yo no soy de subrayar, marcar, ni siquiera de señalar con post-its las páginas donde algo me gusta. Sé que mucha gente lo hace, pero yo nunca lo he hecho ni me veo haciéndolo. Solo ahora, para escribir las reseñas,  abro las notas del móvil y apunto alguna página donde hay algo que quiero comentar y no quiero que se me olvide, o una cita que me parece importante. Pues con esta lectura tuve que dejar de hacerlo, porque las marcaba casi todas. Una detrás de otra. He apuntado tantas páginas para poneros alguna cita que bien podría reproduciros el libro entero. Y es que ya os lo decía antes: Citati no desperdicia ni una sola palabra.

Tras leer una sola página resulta evidente que este autor, en sí mismo y más allá de su faceta como biógrafo en este libro, es un escritor maravilloso, que trabaja con las palabras de un modo perfeccionista, cuidado, elegante, maestro y, aun así, accesible para el lector. Pero estas escasas cien páginas no deben dar a entender que es una lectura rápida, porque no lo es. El hecho de que cada palabra sea imprescindible, que no sobre nada, convierte a esta lectura en una carrera de fondo, de esas que lees unos minutos y te obligas a cerrar el libro marcando con el dedo la página en la que te encuentras porque necesitas parar y recapacitar sobre lo que acabas de leer y las personas sobre las que estás leyendo... Francis Scott Fitzgerald y Zelda Sayre representan a la felicidad y la desdicha peleando con uñas y dientes. Su único crimen fue buscar la felicidad, y está claro que la desdicha ganó de calle la guerra.

Os digo más. Es imposible hacerse una idea real de lo que se cuenta en esta biografía, de quiénes eran Zelda y Scott, si no se lee. Hay que leerla. Porque se puede intentar resumir lo que en ella se narra, captar retazos, agarrar frases, rescatar destellos, en un intento por conformar un retrato verosímil de estas dos personas y su vida en común, pero es imposible hacerlo como lo hace Citati, imposible acercarse a la perfección de estas cien páginas. Y también es imposible que yo os cuente lo que fue la vida de estos dos personajes en una reseña que no se alargue hasta el infinito, así que lo dejo aquí. Con mi recomendación absoluta, por si no había quedado claro.



Pietro Citati (Florencia, 1930) es uno de los escritores de mayor prestigio en la actualidad.

Autor de espléndidas biografías, como Goethe, Alejandro Magno, Tolstói, Kafka o Leopardi, Citati ha contribuido con ellas a la renovación del género biográfico, que, a partir de los años setenta y debido a la mescolanza entre biografía novelada y novela biográfica, estaba prácticamente agotado. Citati consigue dar una vuelta de tuerca a la propia obra biográfica al convertir al autor en personaje de la obra literaria.


Como crítico literario, Pietro Citati no es menos conocido, pues cabe destacar sus ensayos La luz de la noche, Ulises y la Odisea, y El mal absoluto. Ha obtenido los premios Strega, Médicis y Grinzane Cavour, entre otros.