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lunes, 4 de noviembre de 2019

RESEÑA COMBO (by MH) ::: EL COLECCIONISTA - John Fowles




Título original: The collector  
Autor: John Fowles
Editorial: Sexto Piso
Traducción: Andrés Barba 
Páginas: 300
Fecha publicación original: 1963
Fecha esta edición (2ª): abril 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,90 euros
Ilustración de cubierta: Shannon Freshwater
Frederick Clegg es un hombre solitario y anodino que colecciona mariposas. Miranda Grey es una radiante e inteligente niña bien que estudia arte en Londres. Frederick, que admira a Miranda pero es incapaz de abordarla con normalidad, la secuestra y la aloja con todas las comodidades en un sótano en su propiedad, una trampa perfecta acondicionada como una jaula de oro. Fowles recrea un intenso duelo psicológico donde captor y prisionera intercambian papeles con refinamiento y crueldad, cada cual defendiendo sus propios objetivos: Miranda desea recuperar su libertad, Frederick quiere ser aceptado como un igual por el objeto de su obsesión. El resultado es una novela magistral que, haciendo gala de un engranaje tan milimétrico como febril, ha sido leída por cientos de miles de lectores.

La editorial Sexto Piso reeditó el año pasado este clásico moderno (lo publicaron en su primera edición allá por 2011) y en cuanto lo vi en mi librería me hice con él, que ya sabéis que me gusta irme hacia atrás y leer esos libros pioneros cuyos parámetros sentaron las bases para mucho de lo que leemos hoy en día. El libro esperó pacientemente su turno en la estantería y este verano por fin me adentré en sus páginas. Os cuento.

Frederick Clegg es un joven peculiar, asocial, que apenas tiene relación con nadie salvo con su tía y su prima, con las que vive desde que sus padres murieron cuando él era niño, y que aparte de su trabajo como funcionario, solo se interesa por su colección de mariposas... bueno, y por Miranda, una hermosa muchacha estudiante de Arte a la que solo conoce de vista, con la que jamás ha hablado, pero que ocupa cada uno de sus pensamientos. Cree que si Miranda se molestara en conocerlo se daría cuenta que están hechos el uno para el otro, pero en cierto modo sabe que Miranda está en otra liga y lo acepta; se conforma con observarla, seguirla, o con entrar en las mismas cafeterías y pubs que ella entra y estar a unos pocos metros mientras ella disfruta de la compañía de sus amistades. Desea, anhela, sueña e imagina, pero no cruza límites. Hasta que un día le sonríe la fortuna monetaria y empieza a ver luz en el oscuro túnel: ahora tiene los medios para forzar ese encuentro, tiene la capacidad adquisitiva para crear un escenario en el que Miranda pueda conocerle y enamorarse de él tanto como él lo está de ella... que Miranda se adentre en ese escenario de manera voluntaria o no es indiferente. El dinero da a Frederick la oportunidad de pasar del deseo al hecho, del pensamiento al acto, y cuando secuestra a Miranda y se la lleva al búnker que ha decorado, amueblado, equipado y dispuesto en su honor, piensa que el comienzo de su relación será un camino de rosas... y está muy equivocado porque se le ha pasado por alto algo muy evidente: que no conoce a Miranda. No la conoce nada en absoluto.

No creáis que os he destripado la historia porque esto es solo el planteamiento. Se sabe desde la sinopsis que Frederick secuestra a Miranda porque eso no es lo importante, lo importante es lo que sucede a continuación. A partir del secuestro es donde realmente comienza la trama: cuando empieza la lucha de voluntades entre ellos, secuestrador y secuestrada... cuando empieza el juego del gato y el ratón y ambos roles saltan de un personaje a otro una y otra vez. Y es que os decía arriba que esta historia fue pionera en el momento de su publicación hace ya casi 60 años. ¿En qué fue pionera? En lo que hoy llamamos thriller psicológico, aunque vistas las múltiples, variadas y a veces surrealistas derivaciones que ha tenido este género, seguramente aquel que se acerque a esta novela con la mentalidad del lector actual y pensando en lo que hoy se considera thriller psicológico, se llevará un chasco. Y, sin embargo, es una joya. De las que relucen, de las que te hacen devorar el libro. Y la trama es mucho más moderna de lo que pueda parecer por el año en que fue publicada.

La novela está dividida en tres partes. En la primera Frederick nos cuenta en primera persona su versión de cómo ocurre todo, y para ello nos da unas pinceladas de su vida hasta el momento en que gana las quinielas y decide que, ya que es rico, puede hacer muchas cosas que antes serían impensables: una de esas cosas es poder comprar una casa y habilitarla para tener a alguien secuestrado en su interior. Ese alguien es Miranda, una joven estudiante de Arte con la que jamás ha hablado pero con la que está obsesionado. ¿Su plan? Obviamente secuestrarla, y conseguir con el tiempo que deje de verle como a su secuestrador, le conozca y se enamore de él. Para eso la colma de caprichos y de atenciones (es su manera de que el secuestro no parezca "tan" secuestro y de tenerla contenta... según él) y deja pasar el tiempo, a ver si todo discurre como él cree que debe discurrir.

La segunda parte es el diario de Miranda durante su cautiverio. Gracias a esos caprichos que os comento arriba y que Frederick le concede, Miranda consigue tener papel en el que ir escribiendo un diario secreto donde contar el día a día de su secuestro, lo que le pasa por la cabeza, lo que opina sobre Frederick, sus miedos iniciales (cree que tiene motivación sexual), cómo todo va derivando en algo totalmente distinto, su percepción sobre la gente que ha dejado fuera, si hubiese hecho algunas cosas de manera distinta de haber sabido lo que le iba a pasar... Así conocemos a una Miranda en las Antípodas del ideal recatado, sumiso y tontorrón que había imaginado Frederick, y precisamente en esa discordancia entre lo que él esperaba de Miranda y lo que realmente es Miranda, radica la lucha de voluntades en la que se convierte todo este cautiverio.

En la tercera parte, la más breve porque es la que da conclusión a la historia, volvemos a Frederick, que es el que da un final a la historia... o algo así. No os puedo decir más sobre esta parte, pero ese final, que en realidad no lo es, resulta tan genial desde el punto de vista literario como desasosegante desde el punto de vista moral.

Esta fue la primera novela publicada por Fowles (¿os sorprende que os diga esto? xD) y tanto el modo de plantearla como la estructura que escogió resultaron totalmente innovadores en su momento. Y hasta esa tercera parte en la que todo queda claro, Fowles juega con el lector, que obviamente tiene claro en la cabeza lo que está pasando, lo que está bien y lo que está mal, pero al mismo tiempo, al leer de primera mano al secuestrador durante toda la primera parte, atraviesa un paraje de ambigüedad que en realidad dista mucho de ser cierto. Es como si el lector quisiera transitar por un camino en medio del bosque y el autor le cogiera del brazo e intentara que cogiese ese otro sendero estrecho sin señalizar que se esconde entre los árboles. El lector no hace ni caso al autor y sigue por su camino, pero siente su mano sobre el brazo durante toda la lectura.
 
Sí que es cierto que la segunda parte, la narrada por Miranda, es más lenta, más ardua de leer por repetitiva en cuanto a los pensamientos que ella plasma sobre el papel, que se repiten una y otra vez en ciertas ocasiones, pero es que precisamente ahí radica su autenticidad, su realismo. ¿No os parece natural que una mujer secuestrada durante semanas, meses, cuya única ocupación sea la de pensar y darle vueltas a la cabeza, se enroque y reincida en pensamientos y reflexiones que le preocupan y se aferre a ellas una y otra vez? Es lo que hacemos en situaciones de estrés de la vida diaria, pensar las cosas más de lo necesario, así que imaginaos en una situación como un secuestro y la presión psicológica que eso conlleva... realmente es lo único que se puede hacer: pensar. Así que sí, el diario de Miranda es algo más pesado que la narración de Frederick, pero creo que el autor da en el clavo al plantearlo de esa manera.

Ese diario, por cierto, esconde una de las claves de este secuestro. Porque cuando leemos a Frederick leemos a un hombre que intenta todo el rato justificarse por sus acciones y cuyo eje gira alrededor de la mujer que tiene secuestrada, de la que no consigue lo que quiere y sobre la que comienza a descargar su frustración. Pero el diario de Miranda es otro mundo, un mundo mucho más complejo, en el que, dejando aparte sus reiteraciones sobre lo que ha dejado fuera, sobre lo que le gustaría hacer y ya no sabe si podrá, descubrimos a una mujer de clase acomodada, clasista, intelectual y muy inteligente (mucho más que su secuestrador), culta, formada y versada en el mundo. Y, a lo largo del secuestro, Miranda casi termina por despreciar más a Frederick por no estar a su altura, por no saber darle conversación, por no saber de arte, de literatura, de música, de política... que por su rol de secuestrador. Y este desprecio que es general por los que no han tenido las mismas oportunidades que ella, por aquellos que son inferiores en inteligencia, la sensación de superioridad desde la que observa el mundo, son parte importante de la trama, porque Miranda es la víctima pero no por ello busca agradar al lector, no se le otorga el rol de víctima que da pena sin más (que hubiese sido lo más fácil), y ese es otro de los senderos poco transitados por los que el autor quiere llevarnos.

Tanto la novela como su adaptación cinematográfica (de la que os hablo abajo) fueron muy polémicas en su día porque, por desgracia, se convirtieron en ideario de cabecera de varios psicópatas, secuestradores y asesinos en serie a lo largo de varias décadas, que argumentaban que esta historia había sido la inspiración para sus crímenes. Sobre esto no voy a entrar, hay mucha información en internet sobre ello si os interesa, pero os lo nombro aquí para que os hagáis una idea de la importancia, relevancia y fama que tuvo en su día El coleccionista.

No os puedo decir más que es un muy buen libro tanto en el planteamiento como en la ejecución, y que todo aquel que guste del suspense y/o el thriller psicólogico debería leerlo para conocer los orígenes del género. Dejando a un lado las alusiones a la época y el avance tecnológico sufrido en las últimas décadas que obviamente está ausente en esta novela, la historia, la complejidad de los personajes y la relación entre ellos bien podrían formar parte de una historia actual.






Título original: The collector
Año: 1965
Duración: 119 minutos
País: Reino Unido
Director: William Wyler
Guión: Stanley Mann, John Kohn
Basada en una historia de: John Fowles

Reparto: Terence Stamp, Samantha Eggar, Mona Washbourne, Maurice Dallimore, Edina Ronay, Kenneth More



     
Freddie Clegg, un empleado del Banco de Londres, es un hombre introvertido y triste que se dedica a coleccionar mariposas. Su vida cambia bruscamente cuando le toca la lotería, pues entonces decide secuestrar a Miranda Grey, una joven estudiante de arte por la que se siente atraído desde hace tiempo. Compra una casa en las afueras de Londres y retiene a la chica en el sótano un mes. Durante ese tiempo afloran en los dos personajes sentimientos encontrados.





Leí el libro este verano, y he retrasado tanto esta entrada porque estaba empeñada en hacer una reseña combo y no encontraba el momento para ver la película. Por fin he podido sentarme dos horas a verla (bueno, mentira... dos ratos de una hora, lo de dos horas seguidas sentada viendo una película hay épocas de mi vida que me parece ciencia-ficción), así que os cuento brevemente.

Se nota mucho, muchísimo, que detrás de las cámaras está un grande como William Wyler (a quien siempre le estaré eternamente agradecida por películas como Carrie, La loba o la Cumbres borrascosas de Laurie Olivier), quien cuando rodó esta película en 1965 estaba considerado como uno de los tres mejores directores de Hollywood  (de hecho fue de las últimas películas que rodó, se retiró cinco años después). Estrenada solo dos años después de publicarse el libro, es una muy buena película donde todo el peso recae sobre los dos actores principales, Terence Stamp y Samantha Eggar, porque salvo una aparición de escasos 2 o 3 minutos, ellos son los únicos que aparecen en pantalla durante las dos horas... y se la comen. Están espléndidos.

La película en su inicio no se anda con rodeos ni con monólogos del secuestrador. Con solo un par de escenas nos ubica a Frederick y cómo es su rutina, lo insignificante que se siente, lo solitario que es, su amor por las mariposas y al grano, el secuestro. A partir de aquí es muy fiel al libro en lo que se refiere al avance de la relación entre estos dos, al tira y afloja constante entre ellos, a los intentos de escapada de ella, a la desconfianza de él, etc... lo dicho, fiel, todas las escenas importantes están en la película, sabe cuando recortar sin que la historia se resienta... con un par de excepciones.

Una es algo que resulta imposible de trasladar a la pantalla, y es la voz narradora. En el libro conocemos los puntos de vista de ambos en todo momento porque ellos son los narradores de sus propias historias. Eso (salvo una voz en off que aparece al principio y otra al final) no puede adaptarse al cine, y por tanto se queda en el camino una complejidad en los personajes que, aunque bien tratada en pantalla, no llega ni de lejos a la profundidad de la novela. La otra es Miranda... a mí me ha dado la sensación viendo la película de que tuvieron miedo de trasladar la Miranda literaria a la cinematográfica porque, precisamente al no poder plasmar en la pantalla todo lo que se le pasa por la cabeza (tal y como sucede en el libro), corrían el peligro de que el espectador no conectase con la víctima... como si la víctima fuese a parecer menos víctima si no resultaba agradable al espectador. Así que vemos mucho del complejo de inferioridad de Frederick, pero nada de los desprecios y desmanes de Miranda (y repito, al tomar esa decisión le restaron complejidad al personaje, lo que es una pena).

En cualquier caso, y dejando aparte cosas menores como estas (ya sabéis que siempre intento comparar libro y peli más que dar una opinión sobre la peli en sí misma, y siempre me quedo con la sensacion de que la literatura tiene menos prejuicios que el cine, ya sean adaptaciones de hace años como actuales), el guión mantiene el final del libro (¡gracias!) y sus actores hacen un trabajo fantástico, aunque fue Samantha Eggar la que se llevó de entre los dos el mayor reconocimiento por su personaje (y perdonadme la superficialidad, pero qué rematadamente guapo era Terence Stamp en aquella época... demasiado guapo para el papel y lo que representa, diría yo).

Muy recomendable si no la habéis visto todavía :)



John Fowles (Leigh-on-Sea, 1926 - Dorset, 2005) es uno de los escritores británicos más importantes del siglo XX. Estudió en la Bedford School y en la Universidad de Oxford. Fue profesor de inglés en Francia, Grecia e Inglaterra, y desde 1963 se dedicó exclusivamente a escribir. Su producción literaria comprende poemarios, ensayos, adaptaciones teatrales, relatos y sobre todo novelas, que le valieron un amplio prestigio internacional. Entre ellas destacan El coleccionista (1963), La mujer del teniente francés (1981) y El mago (1965).

viernes, 3 de junio de 2016

RESEÑA (by MB) ::: DEL COLOR DE LA LECHE - Nell Leyshon


 
Título original: The colour of milk
Autora: Nell Leyshon
Editorial: Sexto piso
Páginas: 176
Traducción: Mariano Peyrou
Prólogo: Valeria Luisselli
Fecha publicación original: 2012
Fecha de esta edición (octava): 2015
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16 euros
Ilustración de cubierta: Ida Reading a Letter, (1899, Vilhelm Hammershoi)



                 
Autor: Nell Leyshon
Traducción: Mariano Peyrou
Colección: Narrativa
Formato: 15 x 23 cm
Género: Novela
Páginas: 184
ISBN: 978-84-15601-34-0
Precio: 16.00 €
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"Este es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano", leemos al inicio de Del Color de la leche. Algo que no sería tan sorprendente si quien escribiera esas líneas no fuera Mary, una joven campesina inglesa del siglo XIX, que por su condición habría estado condenada de por vida al analfabetismo, dispuesta a narrarnos su historia.

Mary tiene quince años y el pelo blanco como la leche, siempre dice lo que piensa y es incapaz de disfrazar la verdad. Podría llegar a considerarse hermosa de no ser por el defecto físico que padece en una pierna. Abocada a una existencia animalizada, a la bruticie de los trabajos en el campo y a la falta de cualquier perspectiva que no sea la de vivir y morir en el anonimato de los seres sometidos, Mary ve cómo todo cambia cuando debe trasladarse a la casa del vicario para cuidar de la mujer enferma de este, y cuando él le enseña a leer y escribir. Gracias al misterio revelado de las palabras, Mary aprenderá a relacionarse de manera diferente con lo que la rodea y consigo misma. Y, lo más importante, podrá referirnos su doloroso y devastador secreto. ¿Cómo romper unas cadenas sin acabar procurándose otras?

Desgarradora lectura en la que se concitan la inocencia y la amargura, la belleza y la brutalidad, así como las relaciones de poder que palpitan soterradas en la pequeña comunidad rural donde vive Mary. Del color de la leche, elegida Libro del año 2014 por el Gremio de Libreros de Madrid, es una novela que no deja indiferente. Valiéndose de la inolvidable voz de Mary, Leyshon parece haber dado voz —y dignidad— a tantas mujeres anónimas aplastadas, sometidas a las injusticias de la sociedad y de la época que les ha tocado vivir, víctimas de abusos y relegadas al olvido. 
En Del color de la leche, Nell Leyshon nos adentra en la Inglaterra profunda y rural de principios del siglo XIX. Estamos lejos de las grandes mansiones, con sus carruajes, fiestas, damas y caballeros. Nuestro escenario es otro: cuando miramos alrededor no vemos esas casas maravillosas, esas mesas llenas de comidas exóticas y refinadas. No hay caballeros que nos tiendan la mano, sino hombres despóticos y brutales que con su omnipresente poder nos guían o más bien dirigen en cada momento.

Mary, nuestra protagonista, es una joven de quince años con unas cualidades innatas a la tierra que la sostiene: sencillez, naturalidad, transparencia y humildad. Vive en una granja situada en la Inglaterra profunda junto con su familia, compuesta por su padre (el amo), su madre, sus hermanas y su abuelo.

El padre (siempre que aparece en la novela me recuerda a Bernarda Alba) es el dueño y señor de los destinos de todas la personas que están bajo su protección; o, expresándolo con otro enfoque, bajo su autoritarismo tiránico y cruel. Todos deben trabajar para seguir adelante; comer es su único objetivo y no queda espacio ni tiempo para otras cosas más mundanas y secundarias, como pueden ser el amor, la amabilidad, la tolerancia, la compasión... es la supervivencia en estado básico. O comes o mueres.

Mary es joven e inteligente, y su educación (o ausencia de ella) no le ha negado ciertas cualidades que transmite con esa transparencia y franqueza que solo poseen las personas con un espíritu joven y limpio. Su padre, a través del duro trabajo y sin compasión, la ha fraguado como al acero. Es orgullosa e íntegra, y todas las personas que se le acercan, ya sea  de una manera positiva o negativa, procuran absorber esos rasgos; su fuerza vital, su juventud, sencillez y alegría conviven en ella de forma natural, y ni el duro trabajo ni sus minusvalías le impiden disfrutar de todo lo que le rodea, empatizando con las personas y adivinando sus necesidades y sentimientos.
Cuando Mary "asciende en la escala social", de granjera a criada del vicario, las perspectivas son halagüeña: el trabajo duro desaparece y entra en contacto con mundos más elevados. Ahora no tiene a un padre despótico que le obliga a trabajar todas las horas del día hasta el desfallecimiento. En su lugar hay una persona educada, bondadosa, que la escucha y la protege, y de alguna manera, al ser su trabajo más llevadero, le queda tiempo y energía para pensar en ella, en los suyos y en las nuevas personas que han entrado en su vida.

Pero ahora no tiene a un padre básico, déspota y cruel. Ahora su dueño es una persona con unas cualidades más elevadas, ya sean buenas o no tan buenas. Y Mary descubrirá muy pronto que ser educado no significa ser buena persona; no hay nada gratis. Su transparencia, la franqueza y las ganas de aprender son las armas que otras personas utilizarán para robarle toda su luz.

Nell Leyshon, con un estilo sencillo, claro y limpio, en un lenguaje casi hablado (es mejor leer esta novela sin ningún bolígrafo al lado para no desorientarte en la lectura, porque tienes ganas constantes de corregir las mayúsculas), da voz a Mary. Ella es, en primera persona, quien nos la cuenta a través de este texto testimonial. Con humildad y sencillez nos relata su vida, todo envuelto en una atmósfera de esperanza y optimismo que incluso, en los momentos más duros, siempre percibes.

Quizás por eso el final me descuadró un poco. Cuando toda la información cambia te das cuenta de que tus premisas no son las correctas y, en mi caso, no llego a entender la decisión final de Mary; no entiendo que esa inteligencia y empatía que muestra hacia los suyos no la muestre hacia ella misma. Pero es su historia, y así nos la cuenta.
Nell Leyshon nació en Glastonbury (Inglaterra). Novelista y dramaturga, ha recibido numerosos premios. Su primera novela, Black Dirt (2004), fue candidata al Orange Prize for Fiction y preseleccionada para el Commonwealth Book Prize. En 2008 publicó Devotion. Por su obra teatral Comfort Me With Apples, ha sido galardonada con el premio Evening Standard Theatre. Bedlam fue la primera obra escrita por una mujer para el Shakesperare´s Globe Theatre. Además, recibió el Premio Richard Imison por su primera obra teatral para la BBC Radio. Del color de la leche fue seleccionada para el premio Femina 2014 al mejor libro traducido en Francia y obtuvo el premio Libro del Año 2014, otorgado por el Gremio de Libreros de Madrid.
Miss Bingley