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jueves, 1 de diciembre de 2022

RESEÑA (by MH) ::: LOS VECINOS DE LADY CHESTER - Emily Eden


 
 
Título original: The Semi-Detached House
Autora: Emily Eden
Editorial: Libros de Seda
Traducción: Tatiana Marco Marín
Páginas: 256
Fecha publicación original: 1859
Fecha esta edición: septiembre 2022
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,95 euros
Diseño de cubierta: Gemma Martínez Viura



Blanche, lady Chester, una joven bella, recién casada y embarazada, y también un poco engreída, se traslada a regañadientes junto con su hermana Aileen a una casa adosada de las afueras mientras su marido, Charles, se encuentra de misión diplomática en Berlín. Al llegar, descubre horrorizada que sus vecinos, los que ocupan la casa adosada a la suya, son de una clase social inferior a la suya. Sin embargo y a pesar de las reticencias, acabará por entablar amistad con la señora Hopkinson y sus dos hijas. Entre fiestas, pícnics y obras de caridad, ambas familias se irán conociendo y ampliando su círculo social. Pero, al mismo tiempo, deberán guardarse de aquellos que solo las buscan por el interés y la posibilidad de medrar socialmente.

 

Hace cosas de tres años, la editorial dÉpoca publicó Una pareja casi perfecta, de Emily Eden (The Semi-Attached Couple en inglés; MB la reseñó en su día aquí), libro que tenía una especie de companion llamado The Semi-Detached House, que es el que acaba de publicar ahora Libros de Seda bajo el título Los vecinos de lady Chester. Hablo de companions porque se llaman prácticamente igual y en inglés se suelen publicar juntos en un mismo volumen, pero realmente son historias independientes, la autora las escribió en etapas de su vida totalmente distintas y no comparten ningún personaje entre ellas (al menos hasta donde yo he podido ver y recordar). El caso es que tenía muchísimas ganas de leerla desde que la editorial anuncio hace meses su publicación, y ha sido comprarla y ponerme con ella (que me perdonen mis tropecientos pendientes). Os cuento.

Blanche (lady Chester) es una jovencita de apenas dieciocho años que se ha casado muy recientemente, que está embarazada y que acaba de enterarse de que a su marido lo trasladan durante varios meses a Berlín. Este desafortunado hecho implica no solo los celos de la recién casada, que cree que su Arthur se encaprichará de cualquier alemana que se cruce en su camino, sino que debe trasladarse a un lugar donde tenga paz y tranquilidad en su estado de buena esperanza mientras espera el regreso de su marido. El lugar elegido es Pleasance, alejado del bullicio de Londres, cuyo único fallo consiste en ser una casa adosada. Blanche, quisquillosa y llena de prejuicios, ya ha dedicido que habrá un niño insoportable, que la madre del niño será entrometida y también insoportable, que habrá gente tocando el piano molestando a todas horas y que llevarán mitones negros (¡horror!). El caso es que da igual lo negro que vea el futuro que finalmente acaba trasladándose a Pleasance junto a su hermana, Aileen, y pronto es testigo de que efectivamente tiene por vecinos a un niño, a su madre y a unas damiselas que cantan y tocan el piano, pero todo lo demás que ocurre a continuación no lo espera ni por asomo.
 
Quizá debería empezar por comentar qué significa realmente semi-detached house, que no es realmente una casa adosada (o no lo que entendemos por casa adosada en España), y eso es muy importante para entender el concepto mismo de la novela. Aquí, una casa adosada es la que se encuentra adosada a la izquierda por una casa y a la derecha por otra casa, es decir, que comparte ambos costados con otras dos casas correspondientes, formando así una hilera de casas de mayor o menor extensión. En inglés, a eso se le llama terraced houses. Cuando se habla de semi-detached house, lo importante precisamente está en ese semi, es decir, que la casa solo comparte uno de los costados con otra casa, el otro costado queda libre. En resumen, son agrupaciones de solo dos casas (de dos plantas normalmente) unidas por una pared, y son muy típicas en el Reino Unido. Este tipo de casa es la que se describe en la novela y la que tanto disgusta en un principio a lady Chester, porque por mucho que quieras, resulta inevitable relacionarse con la familia que vive pared con pared y con la que muchas veces se comparte incluso jardín trasero y demás. Es como un solo edificio dividido por la mitad, y hay más independencia en vivir en una casa en hilera con otras diez casas que en vivir en un conjunto aislado de dos casas unidas. Espero que entendáis a qué me refiero porque me explico fatal :)

Dicho todo esto, vamos al meollo del asunto :)
 
Los vecinos de lady Chester se asienta sobre todo en tres puntales: los personajes y sus diálogos, el conocimiento que tenía la autora de la aristocracia y la nueva burguesía que se estaba abriendo camino en la sociedad de la época y, por último, el sentido del humor fino y constante que impregna cada página de la historia. Todo esto se combina para dar vida a una historia sencilla pero adorable, de esas que no albergan mayores pretensiones pero que hace falta leer de vez en cuando simplemente por el gusto de leer y disfrutar. Si os digo la verdad, yo he visto a la autora más suelta y confiada en Los vecinos de lady Chester que en Una pareja casi perfecta (algo también normal, se escribieron con unos treinta años de diferencia), como si se lo hubiese pasado en grande escribiéndola, sin presiones, divirtiéndose al recrear a esta gama tan peculiar de personajes y poniéndolos en situaciones y conversaciones donde podía sacar a pasear su ingenio y su ironía. Creo que cuando un autor disfruta dando forma y vida a una historia consigue trapasar el papel y trasladarle al lector ese sentimiento de gozo y satisfacción, y eso he sentido yo leyendo este libro: desde el principio hasta el final he tenido la sonrisa danzando en la boca.

Os hablaba de los personajes, y es que no falta de nada en la novela. En la casa principal de Pleasance tenemos a lady Chester (caprichosa, prejuiciosa pero de buen corazón) y a su hermana Aileen (que es más buena que el pan), con las visitas ocasionales de tía Sarah, que es la voz de la razón y sabe muy bien como llevar a su antojadiza sobrina; luego tenemos a la familia Hopkinson en la casa adosada, compuesta por la señora Hopkinson (matrona que se hace querer por todo el mundo aunque no quiere ir a ninguna parte por no molestar), sus dos hijas, Janet y Rose (educadas, modestas y muy bien avenidas), y el pequeño Charlie, sobrino de ambas e hijo del señor Willis (no os quiero liar con relaciones familiares, pero este señor, que es viudo y jamás amó a su esposa en vida, ahora parece el viudo de Inglaterra... bien le hace falta una mujer que le cante las cuarenta). ¿Quién es el señor de esta casa? El capitán Hopkinson, y como por no faltar no faltan ni las casualidades pilladas con pinzas, resulta que tiene una relación muy directa con lord Chester, el marido ausente de nuestra protagonista. ¿Qué más? Pues también tenemos a los imprescindibles aristócratas arrogantes que les falta cuello para estirarlo cuando están con la plebe y que solo están pendientes de aparentar, a una jovencita que va de frívola y borde cuando es muy sensata y tiene muy buen corazón, un coadjutor rompecorazones (aunque sea de manera involuntaria), un médico de esos que te ayuda a nacer y luego ayuda a nacer a tus hijos, jovencitos encantadores enamorados de jovencitas encantadoras... Hay tanto personaje que esto parece el camarote de los hermanos Marx, pero todos tienen su sitio y, aunque al principio parezca un poco lioso, la madeja se va desenredando adecuadamente.
 
Los vecinos de lady Chester trata, en definitiva, de la relación entre tres familias (los Chester, los Hopkinson y los Sampson, que son los aristócratas estirados esos de los que os hablo), y de las escenas que comparten, las conversaciones y diálogos que cruzan y los enredos que inevitablemente surgen. Entre ellos evoluciona la amistad (en unos casos) y la antipatía (en otros), aprenden a confiar y a saltarse barreras de clase y convenciones sociales, se ayudan los unos a los otros, evolucionan como personas y, al final, cuidan unos de otros como si fueran una sola familia (menos los estirados, claro, no lo digo más veces). Hay romance, es inevitable, pero sin cursilería ni gazmoñería, que en este libro todo tiene encanto; algunos aman en secreto, de manera platónica que luego no lo es tanto; otros amores nacen de no se sabe donde, como en contra de los deseos de uno, pero pisando fuerte y con raíces muy hondas. Hay complicidad, comadreo, un poco de lengua viperina cuando es menester, y hasta se nos cuela una especie de misterio que no lo es tanto porque se ve venir desde la conchinchina, pero da absolutamente igual porque aquí hemos venido a tomarnos un té y unos sándwiches de pepinillo, no a devanarnos los sesos.

Y a todo esto, a mí lo que me ha gustado el estilo de la autora, que como ya digo está menos encorsetado que en su anterior novela. Busca la complicidad del lector, su sonrisa, su camaradería, hacerle pasar un rato entretenido y agradable, y lo consigue con creces. Sé que no todo el humor es igual, que no todo el mundo comulga con la ironía británica sutil y amable, pero Emily Eden lo despliega de una manera natural y deliciosa, nada forzada y con mucho encanto y exquisitez. Los vecinos de lady Chester es de esos libros de los que algunos dirán que no pasa nada, que solo son un grupo de ingleses reuniéndose para tomar el té, celebrando fiestas en el jardín, sorteando malos entendidos, enamorándose en secreto, siendo carismáticos cada vez que abren la boca, descubriendo el amor donde menos se espera, dejando atrás prejuicios, haciendo y devolviendo visitas... y sí, es todo esto, y a mucha honra. Todo se ve según los ojos con que se mire. Si buscas una joya de la literatura universal, pues no, la verdad, mejor abre otro libro. Si te apetece una lectura tranquila, amable, con chispa, personalidad y mucho encanto, la vas a disfrutar sin lugar a dudas, porque la autora te lo pone fácil para conectar tanto con la historia como con los personajes.
 
Y que no se me olvide mencionar la importancia que da Emily Eden a los marinos que comenzaron a hacer carrera y fortuna en Inglaterra desde principios del siglo XIX y que, aun no perteneciendo a la clase alta social británica, tenían lo que muchos de esos aristócratas no tenían: dinero, y creedme si os digo que este dato es muy importante en el devenir de la novela, aunque no pueda decir más al respecto. Con este personaje (el capitán Hopkinson), y dada su admiración por Jane Austen, yo creo (quiero creer) que Emily Eden hace un claro homenaje al capitán Wentworth de Persuasión, que bien recordaréis regresa rico muchos años después a la vida de Anne Elliot tras ser despreciado por no tener oficio ni beneficio... pero vamos, que probablemente me ciegue mi amor por Persuasión... y por el capitán Wentworth.

Si no os ha interesado el libro hasta aquí ya no os va a interesar, así que voy terminando. Qué pena que Emily Eden no escribiese más novelas que Una pareja casi perfecta y Los vecinos de lady Chester, porque estoy segura de que nos hubiese regalado muchos momentos cozy y divertidos. Aun así debemos dar gracias por estas dos obras y por poder disfrutar ya de ambas en castellano. La paciencia es una virtud, y con los clásicos que se alejan de lo trillado hay que tener mucho, pero que mucho aguante mientras se espera. Que por cierto, sus cartas en inglés sí están publicadas, pero no me hago ilusiones de una traducción al castellano.
 




Emily Eden (1797-1859) fue una poeta y novelista inglesa. Séptima hija del barón William Eden y su esposa Eleanor Elliot, permaneció soltera durante toda su vida, algo poco habitual en la época. Sin embargo, su situación económica fue lo suficientemente holgada como para que se lo pudiera permitir, por lo que la escritura no fue para ella una forma de ganarse el sustento, sino algo que hacía por pasión. Cuando estaba cerca de los cuarenta, viajó a la India junto a su hermana Fanny, colonia de la que en aquel entonces su hermano, George Eden, primer conde de Auckland, era gobernador general. De esa época es Up The Country: Letters Written to Her Sister from the Upper Provinces of India (1867). Sin embargo, sus dos obras más exitosas fueron novelas: Los vecinos de lady Chester (The Semi-Detached House,1859) y Una pareja casi perfecta (The Semi-Attached Couple, escrita en 1829 pero que no se publicó hasta 1860). En ambas destaca la ironía y el humor de otras autoras más conocidas, como Jane Austen, su favorita.

martes, 29 de noviembre de 2022

RESEÑA (by MH) ::: MENDEL EL DE LOS LIBROS - Stefan Zweig


 
 
Título original: Buchmendel
Autor: Stefan Zweig
Editorial: Acantilado
Traducción: Berta Vias Mahou
Páginas: 64
Fecha publicación original: 1929
Fecha esta edición: enero 2009
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 9 euros
Ilustración de cubierta: Fragmento de La bibliotèque (1921), de Félix Vallotton



Escrito en 1929, Mendel el de los libros narra la trágica historia de un excéntrico librero de viejo que pasa sus días sentado siempre a la misma mesa en uno de los muchos cafés de la ciudad de Viena. Con su memoria enciclopédica, el inmigrante judío ruso no sólo es tolerado, sino querido y admirado por el dueño del café Gluck y por la culta clientela que requiere sus servicios. Sin embargo, en 1915 Jakob Mendel es enviado a un campo de concentración, acusado injustamente de colaborar con los enemigos del Imperio astrohúngaro. Un breve y brillante relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo XX.
Ya lo comenté en la única otra ocasión en que os hablé de Stefan Zweig: es un autor que admiro muchísimo y al que conocí en su faceta biográfica. Luego vinieron las novelas y sobre todo los relatos y cuentos, que son tantos que aún me faltan muchos por leer (y por adquirir, que es el principal problema xD). El caso es que me ha dado por releer lo que ya tengo, y entre esas historias muy cortitas está Mendel el de los libros. Me gusta tanto que
sigo conservando esta edición aislada de Acantilado a pesar de estar incluido en una recopilación de varios relatos del autor que también tengo. No sabía si traerlo o no al blog porque es un relato muy famoso y del que se ha hablado ya muy extensamente, pero bueno, me he decidido a hablaros de él muy brevemente y de paso invito a Zweig a tomar el té en Netherfield por segunda vez.
 
La historia comienza en Viena en los años 30. El narrador nos cuenta como se refugia en un café huyendo de un chaparrón y pronto empieza a tener la sensación de encontrarse en un sitio familiar, conocido, pero que no consigue localizar en su memoria. No es hasta un rato después que recuerda que está en el café Gluck, el cuartel general de Jakob Mendel... Mendel el de los libros, una leyenda de la ciudad, muy admirado y respetado en su día, a quien incomprensiblemente había olvidado por completo. Es entonces cuando empieza a narrarnos cómo conoció a Mendel, a perfilar la figura de tan peculiar personaje, y también lo acompañaremos cuando intente descubrir qué fue de él.

Jakob Mendel es un personaje complejo, excéntrico y trágico, con una de esas personalidades tan literarias en su concepción y tan extraordinarias en su ejecución que, una vez hechas las presentaciones, resulta muy poco probable que el lector llegue a olvidarlo. Un emigrante judío de la Polonia rusa que vive durante décadas (salvo para dormir) en un café, donde se dedica a leer libro tras libro completamente aislado del mundo. Es librero de viejo, pero no tiene una librería ni unas estanterías llenas de libros. ¿En qué consiste entonces su negocio? En su cerebro, literalmente. Quienes acudían a Mendel lo hacían esperando que les diese un listado de libros sobre un tema, o pidiendo que les buscase un libro especial o dificílisimo de encontrar, o que le hablase de tal o cual libro, quien lo vende, quien lo compra... y para todo esto solo disponía de su cabeza y memoria prodigiosas. Apenas se ganaba unas monedas con cada transacción (de hecho se ofendía en asuntos de dinero) y volvía a sus libros. El ensimismamiento era tan omnipresente, tan drástico y tan hermético, que cuando estalla la guerra (la primera mundial) no es consciente de lo que sucede a su alrededor, y cuando van a buscarlo responde a lo que le preguntan con una inocencia y un candor que conmueven por su ingenuidad.

Realmente en este relato largo puede parecer que no hay más trama que el desarrollo negro sobre blanco de un personaje, que no da tiempo a más en apenas unas decenas de páginas, pero quien haya leído alguna vez a Zweig sabe la capacidad que tenía para desarrollar personajes, ambientación y contexto histórico con unas pinceladas de genio y mucha maestría en el recurso narrativo. Por eso, en estas sesenta páginas contadas, Zweig aprovechó para mostrarnos la caída del personaje de Mendel en paralelo con la caída de Europa tal y como se conocía hasta aquel momento. O dicho de otra manera, Europa se quebró ante el estallido de la Primera Guerra Mundial, y Mendel hizo lo propio como ser humano. Es tan corto el relato que no puedo adentrarme más en esto, pero en la ceguera de Jakob Mendel ante lo que se vino encima con la guerra yo veo un símil con la ceguera de muchos millones de personas que al principio no dieron mayor importancia a lo que estaba sucediendo, y la estupefacción posterior de Mendel es la estupefacción de quien vive en una burbuja y de repente ve que esa burbuja no lo protege de nada.

Por ello, para multiplicar la sensación de aislamiento, ignorancia e ingenuidad, para hacer creíble a un hombre adulto que sigue adelante con sus excentricidades en medio de un conflicto bélico del que no es en absoluto consciente, Zweig dibuja un personaje enroscado sobre sí mismo, solitario, cuyo norte es la mesa del café donde ha establecido su cuartel general y que no mantiene ningún tipo de contacto humano salvo las ocasionales peticiones literarias de ayuda. El autor llama la atención al lector sobre las consecuencias de cerrar ojos y oídos a lo que nos rodea, a los tambores que avisan del peligro y las trompetas que llaman a la cautela. Mendel se encierra en sus libros, se cobija en su memoria prodigiosa y cierra a cal y canto su existencia a cualquier estímulo proveniente de la realidad, y eso supone su ruina. Este relato podría ser un canto de amor a los libros si uno se dejase llevar por el romanticismo idealizado que nos lleva a amar la literatura, pero no lo es; Mendel el de los libros es una advertencia a mantener los ojos bien abiertos, a luchar contra la comodidad de vivir en la ficción y la necesidad de tener siempre un pie en el mundo real. Todos sabemos cómo murió Zweig, en qué circunstancias; cuando se publicó Mendel el de los libros todavía faltaban unos pocos años para el ascenso del nazismo en Alemania y la consecuente Segunda Guerra Mundial, pero Zweig ya cargaba en la mochila con la Gran Guerra, el antisemitismo que comenzó a germinar en ella, y seguía alerta (toda su obra fue prohibida en Alemania en 1936 por el gobierno nazi).

Pero además de todo esto, a Zweig aún le da tiempo a lanzar su último mensaje: que toda existencia es transitoria y está abocada al olvido, y que precisamente deberíamos sumergimos en los libros para huir de esa fugacidad y sentir una conexión con otros seres humanos, que es todo lo contrario a lo que hace el propio narrador al olvidar a Mendel en un primer momento, y de lo que hace el propio Mendel durante sus treinta años de existencia en Viena. El bueno de Mendel, el pobre de Mendel, que se hace un hueco en el corazón del lector... porque no puedes sino sentir piedad y dolor cuando entiendes lo desvalido e indefenso que está, lo vulnerable que es y lo doloroso que resulta siempre la injusticia contra los inocentes que nada comprenden y todo lo sufren.
 
Lo voy dejando aquí. Tal y como digo al principio, es una historia tan conocida que simplemente he decidido intentar explicar lo que a mí me dice, lo que yo siento cuando la leo, que puede estar muy equivocado pero cada lector somos un mundo y es mi visión del libro. El final siempre me emociona, siempre consigue transmitirme la agonía tanto de la soledad más absoluta como de la ausencia de huella en este mundo, la melancolía de la existencia vacua sin memoria futura... una posteridad en la que nadie te recuerda y tu estela se desvanece, mientras que los libros siempre permanecen y son testigos de tu esencia efímera.
Dejando a un lado los libros, aquel hombre singular no sabía nada del mundo, pues todos los fenómenos de la existencia solo comenzaban a ser reales para él cuando se vertían en letras, cuando se reunían en un libro y, como quien dice, se habían esterilizado.

 

 


 
Stefan Zweig (Viena, 1881 – Petrópolis, Brasil, 1942) fue un escritor enormemente popular, tanto en su faceta de ensayista y biógrafo como en la de novelista. Su capacidad narrativa, la pericia y la delicadeza en la descripción de los sentimientos y la elegancia de su estilo lo convierten en un narrador fascinante, capaz de seducirnos desde las primeras líneas. En Acantilado se ha publicado la mayor parte de su obra narrativa y ensayística.

miércoles, 6 de octubre de 2021

RESEÑA (by MH) ::: MEMORIAS DE UNA SUEGRA - George R. Sims




Título original: Memoirs of a Mother-in-Law
Autor: George R. Sims
Editorial: Siruela
Traducción: Alejandro Palomas
Páginas: 228
Fecha publicación original: 1892
Fecha esta edición: 2015
Encuadernación: cartoné
Precio: 17,95 euros
Imagen de cubierta: Oliver Wendell Holmes Doroth Q Together with A Ballad of the Boston Tea Party and Grandmother's Story of Bunker Hill Battle (1875)




En este clásico, George R. Sims retrata con humor y maestría la figura de la suegra y su sempiterna fama, consiguiendo así una joya satírica que merece la pena saborear.

La señora Jane Tressider nunca ha tenido miedo de decir lo que piensa, ni siquiera para reconocer que al hacerlo haya podido ofender a alguien. En cualquier caso, siendo madre de nueve hijos, no puede permitirse el lujo de que esa pequeña flaqueza interfiera en su labor, que no es otra que la de mantener a raya a su irresponsable marido mientras se encarga de llevar no solo su propia casa, sino también las de sus siete hijos e hijas ya casados. Partiendo de la premisa de que las suegras han sido mal entendidas y nadie se ha puesto jamás de su lado, Jane está decidida a poner las cosas en su sitio y a defender al grupo más difamado que existe sobre la faz de la tierra. El resultado es este diario, una hilarante comedia de modales y una sutil sátira de costumbres y actitudes típicamente eduardianas.

 
Memorias de una suegra llevaba un montón de tiempo esperando a ser leído, y la premisa de novela protagonizada por una familia me venía que ni pintada para el reto de Todos los clásicos grandes y pequeños, así que ya no tuve excusa. Llevo tal retraso en las reseñas que lo leí hace al menos dos meses y aún no os había hablado de él, así que como no tomé notas toca reseña estilo "tiro de memoria", pero al menos dejo constancia de la lectura. Os cuento de qué va (aunque el título no deja lugar a muchas ambigüedades) y qué me ha parecido.
 
Jane Tressider es una señora de mediana edad que tiene la buena o mala suerte de tener nada menos que nueve hijos que no solo le dan los disgustos propios de toda prole, sino que a todos tarde o temprano les da por casarse, mudarse, tener hijos, contratar criados, soportar vecinos y, sobre todo y ante todo, tener opiniones propias que no siempre coinciden con las suyas. ¿Y quién va a saber mejor que ella, madre de familia numerosa y sargenta de su hogar, lo que hay que hacer en cada suceso que acontece en la vida adulta? Pues nadie, obviamente, y como no tiene abuela y está bastante segura de no equivocarse nunca, y encima tiene la sanísima costumbre de evitar úlceras innecesarias y no callarse absolutamente nada, pasa lo que pasa: que se mete donde no le llaman, se sulfura porque no le hacen caso y se pregunta por qué nadie comprende que ella está en posesión absoluta de la verdad y que la experiencia hace que sea mucho más sabia que su marido, yernos, nueras, hijos, nietos, criados, vecinos, y todo aquel que respire a a doscientas millas a la redonda.
 
Lo primero que tengo que dejar claro es que la sinopsis oficial no es correcta (y es una sinopsis que imagino han cogido de ediciones en inglés que tampoco son correctas, que las he visto por ahí). No es una hilarante comedia de modales y una sutil sátira de costumbres y actitudes típicamente eduardianas, básicamente porque este libro se publicó en 1892, cuando todavía estaba en el trono la reina Victoria y a su hijo Eduardo aún le quedaban sus buenos nueve años para ser coronado. Más allá de que se considere o no hilarante, lo sería en todo caso con las costumbres y actitudes típicamente victorianas
 
En cuanto a la novela, creo que la sinopsis que os he hecho resume a la perfección lo que se narra en ella. La señora Tressider va de sufrida, generosa y altruista pero es una metomentodo de cuidado y todo tiene que hacerse como ella diga y a su gusto. Dice que no se mete en nada y se mete en todo; dice que solo quiere ayudar y lo que quiere es imponer su criterio; se exaspera con su marido porque dice que no tiene sangre en las venas y lo que le pasa al marido es que busca a la desesperada momentos de tranquilidad; le saca pegas a casi todas las nueras y los yernos, se mete en su forma de hacer las cosas, en su manera de llevar la casa, en el modo en que deciden ganarse la vida... pero ojo, que a ella lo único que le pasa es que es honesta y si la verdad es como ella la ve, ¿a santo de qué se va a callar? Siempre dice lo que piensa. Punto. Vamos, que el libro comienza con un alegato de la señora Tressider diciendo que quiere dejar el pabellón de las suegras muy alto tras tantos años de escarnio, ridículo y desprecio, y en el proceso digamos que consigue el efecto totalmente contrario
(ahí está la gracia de la novela, vaya). Al final incluso dice que sus hijos se han enfadado al leer las memorias y no se lo explica... ¡si ella solo ha dicho la verdad!

El libro está dividido en capítulos, cada uno de ellos dedicado a uno de sus hijos y a su correspondiente esposo/esposa. También tenemos el inevitable pique entre algunos hermanos, el hijo bohemio que no quiere trabajar y quiere ganarse la vida escribiendo, el yerno excéntrico que vive una guerra sin cuartel con los vecinos, la nuera que se pone a llorar cada vez que la señora Tressider le deja caer que no tiene ni idea de cómo llevar su casa, los nietos... Y ya que estoy aquí lo digo, aunque sé que estas asociaciones mentales mías están pilladas por los pelos: os aseguro que mientras leía y veía la dinámica que creó el autor entre el matrimonio Tressider, no podía dejar de pensar en el matrimonio Bennett de Orgullo y prejuicio... esa madre marimandona y atacada de los nervios que se desespera ante la pachorra impasible de su marido y que cree que lo tiene que hacer todo ella, y ese marido que parece que no le da importancia a nada, cargado de ironía y de una visión de la vida mucho más relajada que la de su mujer, pero que en cuanto tiene que sacar de problemas a alguno de sus hijos actúa sin fisuras como el cabeza de familia que es. No sé si Sims tenía en mente a los Bennett cuando escribió el libro pero lo parece. Y seré la única que lo ve porque no será cierto, pero para eso están los libros, para llevárnoslos a nuestro terreno :)

Si os digo la verdad, tanto como hilarante no me ha parecido porque a ratos peca un poco de repetitiva, de seguir la misma dinámica en el desarrollo de algunos capítulos e incluso de repetir la misma información de un capítulo al siguiente (hasta el punto de que me hizo dudar si se había publicado por entregas, porque en ese tipo de publicaciones se hacía inevitable repetir algunas cosas para recordar la entrega anterior, pero creo que no es el caso). De todos modos este 2021 no se presta preciamente a que me ría mucho con los libros y sé que algunas de las novelas que estoy leyendo me hubiesen parecido mucho más divertidas y las hubiese valorado de otra manera de haberlas abierto en otra época de mi vida. Aun así, la sátira, la mordacidad y el destripe literal de las costumbres victorianas y el papel de la suegra dentro del núcleo familiar están ahí, y resulta inevitable sonreír ante las salidas que tiene la señora Tressider y la buenísima y maravillosísima opinión que tiene la buena mujer de sí misma. Yo creo que todo el mundo conocemos a alguien como ella, y ya no solo en su papel de suegra, sino con un ego como un piano, la estrategia de ser faltonas escudándose en ser sinceras, un afán superlativo de meterse en todo y una visión de humildes sobre sí mismas totalmente irreal. 
 
A modo de resumen diría que me ha parecido muy entretenida pero "con sus cosillas", y en cualquier caso la recomiendo para quien guste de literatura de humor victoriana, de la que tampoco andamos sobradísimos en traducciones al castellano. Además se aprende mucho sobre las costumbres de la época tanto en cuestiones hogareñas como en cosas tan concretas como la búsqueda de una casa y los chanchullos de los que hacían uso muchos caseros, por poner un ejemplo. Que yo todas estas cosillas las voy anotando mentalmente, me parecen muy interesantes.
 
George R. Sims (1847-1922) fue uno de los dramaturgos y escritores de sátiras más reconocidos de su tiempo. Amigo personal de W. S. Gilbert y Ambrose Bierce, fue autor de más de treinta obras de teatro, algunas de las cuales gozaron de una extensa vida a lo largo y ancho del Reino Unido.

lunes, 27 de septiembre de 2021

RESEÑA (by MH) ::: UNA VILLA EN FLORENCIA - William Somerset Maugham



Título original: Up at the Villa
Autor:
William Somerset Maugham
Editorial:
Ediciones Invisibles
Traducción:
Carlos Mayor
Páginas:
184
Fecha publicación original: 1941
Fecha esta edición: junio 2021
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16 euros
Diseño de cubierta: Andy Noguerón




Una novela de suspense que pasa del rosa al negro en solo una noche.

Desde el balcón de la fabulosa villa florentina donde pasa sus vacaciones, la joven y atractiva viuda Mary Panton hace balance de su situación: sin duda, no tardarán en llegarle ofertas de matrimonio, pero lo más sensato sería elegir al honorable y afectuoso Edgar Swift, veinte años mayor que ella, destinado a un cargo de responsabilidad en la embajada de la India.

Pero mientras espera este momento, un giro inesperado amenaza con arruinar sus planes. Un simple acto de compasión se convierte para ella en una situación más que comprometedora, que pone en peligro el plácido futuro que había previsto.


Hace unas semanas os hablaba de Florencia al comentaros mi opnión sobre Las aventuras de Pinocho y allí nos quedamos, pero con una historia muy distinta de un autor muy diferente. Ediciones Invisibles vuelve a regalarle a sus lectores una delicatessen con la publicación de Una villa en Florencia, de William Somerset Maugham, más conocido por El velo pintado, Servidumbre humana y El filo de la navaja, pero que, como tantos otros escritores de su época, desplegaba también ese talento en novelas cortas.

La protagonista de la historia es Mary Panton, una atractiva mujer de unos treinta años que, tras enviudar un año atrás, ha quedado en una situación económica complicada. Vive desde hace unos meses en una villa asentada sobre una colina desde la que se disfuta de una panorámica inigualable de la ciudad de Florencia. Allí pasa los días de manera tranquila con salidas ocasionales y allí también recibe las visitas de Edgar Swift, un hombre bastante mayor que ella al que conoce de toda la vida y que sospecha tiene previsto proponerle matrimonio de manera inmediata. Mary se casó una vez por amor y, si vuelve a contraer matrimonio, lo hará de manera más calculada y pensando en su porvenir y estabilidad económica. Edgar es el candidato perfecto para eso, pero ocupa un cargo importantísimo en el gobierno británico y con perspectivas inmediatas de ascenso. Su futura esposa tiene que ser una mujer de pasado intachable y presente inmaculado... Y Mary es todo eso ahora, pero el futuro esconde sorpresas a la vuelta de la esquina y hay que lidiar con ellas, y más si esas sorpresas tienen el aspecto de un joven inmigrante ilegal que ha pasado por tantas penurias como para ver en Mary a una diosa que le alegre un poco la vida. Para preocuparse por las consecuencias ya habrá tiempo.
 
Antes de seguir hablando del libto siento volver con una batallita, pero ya os comenté que viví en Florencia, y os voy a hablar de algo que creo que resulta mucho más evidente para quien vive allí durante un tiempo que para quien solo está de pasada: es una ciudad que emana oscuridad. Esto os lo dice alguien que ama esta ciudad (pero que la ama con sus cosas buenas y sus cosas malas... amor verdadero, vamos), y siempre que digo esto la gente se sorprende porque muchas veces cuesta ver más allá del aura romántica que implantaron precisamente los turistas ingleses allá en el siglo XIX. Aun así, es totalmente cierto: Florencia es una ciudad por cuyas calles ha corrido mucha sangre, calles que han visto mucha violencia durante siglos, está apuntalada sobre traiciones, asesinatos y crueldad, y eso es algo que no se percibe durante una visita de tres o cuatro días, pero sí cuando te mueves por ella de manera habitual y fuera de las luces de neón... no me preguntéis el cómo ni el porqué: se respira
 
Y todo esto os lo digo porque esa frase inicial de la sinopsis editorial (
una novela de suspense que pasa del rosa al negro en una sola noche) me parece muy, muy acertada en relación al espíritu de claroscuros sobre el que se asienta Florencia: es una ciudad de una belleza deslumbrante que se tiñe de negro con una facilidad pasmosa, en un abrir y cerrar de ojos y sin apenas darte cuenta. Maugham, como el escritor inteligente y brillante que era, capta este aura a la perfección en sus páginas, porque eso es precisamente lo que ofrece Una villa en Florencia: la cadencia armoniosa y bella que impregna la Toscana asaltada de repente por un trazo estridente que rompe ese equilibrio y lo tizna todo de una oscuridad que amenaza con hacer saltar por los aires la existencia impávida (con tendencia a la intrepidez) de su protagonista. ¿Qué vencerá, la luz o las tinieblas?
 
La acción se ambienta en 1938, periodo de entreguerras que tantas alegrías nos ha dado en el campo de la literatura y que siempre adolece de ese aire de calma que precede a la tormenta. Maugham introduce este elemento en la historia de una manera sutil pero inequívoca; los judíos llevan años huyendo de Alemania, malviven como inmigrantes ilegales trabajando de lo que pueden y les dejan, y sobrellevan el sufrimiento de su pueblo como buenamente pueden mientras en Europa lo miran todo desde lejos con condescendencia, falsa compasión y una inconsciencia plena (y en muchos casos voluntaria) de lo que ocurría. Maugham  tiene poco tiempo para contar su historia y no se adentra plenamente en este tema pero deja las chinas en el camino para que el lector las pise y sienta la molestia en el zapato. Por otro lado, el imperio británico seguía dominando la faz de la tierra por aquellas fechas y, si cerraban los ojos ante una posible guerra contra el gobierno alemán, más cerrados los tenían ante la desaparición de su imperio, el más extenso de la historia. La Segunda Guerra Mundial también se llevó esto por delante pero, a efectos de nuestra historia, ser gobernador general (antiguamente llamado virrey) de la India en 1938 todavía era uno de los cargos más importantes a los que podía aspirar un pez gordo político, y eso también tiene su importancia en la trama de la novela de una manera que no os puedo explicar.

Y es que en realidad, explicar, lo que es explicar, puedo explicar poco, y de hecho os aconsejaría que os contasen lo menos posible sobre la historia. Las suaves colinas de Florencia, la tranquilidad de sus villas, el paisaje toscano, la ciudad monumental al fondo, el clima caprichoso, la paz de tanta belleza... la literatura y el cine han señalado Italia en general, y la Toscana en particular, como lugar de refugio y de búsqueda de uno mismo para personajes que han alcanzado un punto de inflexión en su vida. Así es como conocemos a Mary Panton y como nos adentramos en una historia en la que nos movemos de propuestas matrimoniales que se toman en serio a propuestas que no de la mano de personajes altaneros en unos casos y frívolos en otros, y asistimos a cenas y reuniones de gente bien en las que unos hablan sin saber y otros tiran de ironía para decir lo que piensan... todo es un juego cuando se está en sociedad y un pensamiento introspectivo cuando se carece de compañía. Y cuando crees que estás ante una historia
que rezuma a literatura clásica inglesa de  la primera mitad del siglo XX, de esa encantadora, aguda e inteligente en su deambular por caminos transitados, llega Maugham y te da una palmada en todas las narices, que estamos en Florencia y aquí siempre hay un mundo alternativo, un mundo de esos que asemejan a ese luminoso en el que existimos pero donde todo es gris y hay cosas malas acechando en las sombras. Maugham debió pensar, ¿qué tal si añadimos un poco de intriga y tensión a todo este costumbrismo? Et voilá!
 
Poco más puedo y quiero contaros de Una villa en Florencia. A mí me ha gustado mucho ya no solo por la historia en sí misma, que también, sino porque leer a Maugham siempre es un placer. Desbordaba inteligencia y sentido común a la hora de crear a sus personajes, y eso hace que los sientas reales más allá de sus acciones y de las situaciones a las que los enfrenta. Los finales de sus historias no son convencionalmente felices ni desgraciados ni todo lo contrario, porque los matices con que los diferenciaba eran plenamente consecuentes con las complejidades de sus personajes, así que la balanza siempre pende de un hilo (y en este caso ya me guardaré yo mucho de dar ni una sola pista al respecto). Maugham publicó Una villa en Florencia en 1941, en plena gloria de su carrera (está considerado el autor mejor pagado de la década de 1930), y aun así la historia, el estilo en que está contada y la manera en que ocurren sus principales eventos avanzan en dirección contraria a cualquier forma de pretenciosisad y artificio. Una villa en Florencia destila cierto desenfado en su impecable acabado. como si fuese la obra de un autor genial que disfruta sentándose a escribir, que no tiene ninguna presión a la hora de hacerlo y en la que todo fluye sin dificultad hasta cerrar toda una trama en apenas 180 páginas. Por eso ejemplifica a la perfección ese pequeño placer literario de la colección que lo contiene, y por eso me parece una lectura tan recomendable como disfrutable. Y de paso os recomiendo encarecidamente a Maugham en general si no lo habéis leído nunca. Ya estáis tardando.

 
William Somerset Maugham (París, 1874 – Cap Ferrat, Niza, 1965). Nacido en Francia por un azar familiar, Somerset Maugham es uno de los escritores más populares de la narrativa inglesa de la primera mitad del siglo XX. Huérfano de madre y padre desde muy joven, estudió en el King ‘s School de Canterbury, donde sufrió acoso por parte de compañeros que se burlaban de su escasa estatura y de su tartamudez. En 1897 comenzó una prolífica carrera literaria —que comprende narrativa, teatro, ensayo o crítica—, que compaginó con ocupaciones tan diversas como ejercer de espía para los servicios secretos británicos o trabajar de guionista para estudios de Hollywood.