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lunes, 22 de septiembre de 2025

RESEÑA (by MH) ::: LEAVING ATLANTA - Tayari Jones

 


 

Título original: Leaving Atlanta
Autora: Tayari Jones
Editorial: Ediciones El Cobre
Traducción: Juanjo Estrella
Páginas: 296
Fecha esta edición: febrero 2006
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)
Fotografía de cubierta: Chris Ledochowski


Ambientada en el escalofriante contexto de los asesinatos de niños en Atlanta en 1979, "Leaving Atlanta" entrelaza las conmovedoras historias de tres jóvenes protagonistas. Tasha navega por la tormenta emocional de la separación de sus padres mientras lidia con su primer enamoramiento. Mientras tanto, Rodney se esfuerza por forjar amistades y busca la aprobación de su padre abusivo, y Octavia enfrenta las presiones de encajar con el grupo popular en la escuela. En su novela debut, Tayari Jones ilumina las complejidades de la niñez y la resiliencia durante un oscuro capítulo de la historia.
 


 
 
Creo que ya lo he dicho alguna vez, pero soy lectora habitual de true crime y tengo una balda en la estantería dedicada a este tema. Así que cuando leí entre las propuestas del reto Serendipia esta novela,
Leaving Atlanta, que su recomendadora, Eleea Books, bautizaba como "Tres miradas para un true crime", me hicieron los ojos chiribitas y lo tuve clarísimo. ¿Qué me he encontrado? Pues algo totalmente diferente a lo leído hasta ahora en este subgénero, pero aun así una lectura fantástica. Tampoco es que esperase nada concreto, jamás había oído hablar de esta novela, pero los true crime suelen tener unos patrones que Tayari Jones se salta a la torera porque lo que quiere contar es otra cosa, y el resultado es una lectura muy recomendable y de las que no se olvidan.
 
El aspecto de true crime que tiene la novela es que está ambientada en 1979 en Atlanta. Ese verano empezaron a cometerse unos asesinatos en la ciudad que se alargarían hasta mayo de 1981. Murieron asesinadas 28 personas, todas ellas afroamericanas y en su mayoría niños, aunque también hubo adolescentes y adultos. Sus cuerpos fueron encontrados por toda la ciudad y solo hubo una detención, la de Wayne Williams, a quien solo se le pudo condenar por los asesinatos de los adultos. Él siempre ha negado que tuviese nada que ver con las muertes de los niños (fue sentenciado a dos cadenas perpetuas y sigue vivo en prisión), y de hecho desde entonces y cada pocos años se han ido repitiendo pruebas de ADN por si surgiese algo nuevo. El caso se reabrió en 2019 por si las nuevas tecnologías podían ayudar a esclarecer este aspecto. De momento no ha ocurrido nada.
 
Este es el contexto en el que Tayari Jones ambienta su novela. Ella misma era una niña en Altlanta cuando ocurrieron los asesinatos, y de hecho hay un personaje en la historia que se llama como ella... es ella, vaya, pero no se erige en protagonista ni tiene relevancia alguna, solo es una niña más en el colegio al que van los tres personajes de la novela a la que se nombra de pasada de manera casual. Aun así reafirma su presencia en ese marco temporal y local, nos está diciendo que ella estaba ahí cuando pasó todo y que forma parte de su vida.
 
¿Cómo plantea Jones la historia? Cogiendo a tres niños ficticios de quinto curso que asisten a sus clases en la escuela primaria de Oglethorpe y contándonos un momento muy concreto de la vida de los tres, tanto en el ámbito familiar como en el escolar, siempre con los asesinatos de fondo y la sensación de miedo que existía en la comunidad negra de la ciudad... pero sobre todo y ante todo, centrándose en ellos como individuos que no siempre tenían una situación fácil en casa y que en la escuela no eran los reyes de la función, sino todo lo contrario. Estos tres niños son de esos niños que no llaman la atención, que a veces son el objeto de las burlas de sus compañeros, que no tienen un grupo enorme de amigos, que sufren malos tratos en casa, que tienen obligaciones de adultos que no les corresponden, que en ocasiones el mundo se les echa encima porque ni se sienten queridos en casa ni aceptados en su entorno escolar. Las tres historias son muy diferentes, las tres vidas de estos niños son totalmente distintas, cada uno las afronta de manera completamente diversa, pero al final son niños que deberían ser felices y sentirse seguros, y la vida no se lo pone nada fácil.
 
Tayari Jones divide la novela en tres partes, en cada una de las partes termina la historia individual de cada niño, pero en realidad las tres historias están conectadas porque todos son compañeros de clase y lo que ocurre incide de una manera o de otra en la existencia de los demás. 
 
La primera niña que conocemos es Tasha. Tasha es de esas niñas que se esfuerzan por ser aceptadas por sus compañeras de clase pero que, cuanto más se esfuerza, más rechazo parece provocar. Su hogar es un hogar normal, tanto ella como su hermana son niñas amadas y protegidas, pero parece que sus padres se van a separar, o al menos, su padre se ha ido de casa con otra mujer. Habla con él a menudo por teléfono, pero no es lo mismo. Lo paga con su madre, que es la que menos culpa tiene y hace lo que puede. A Tasha le gusta Jashante, un chico del colegio que debe tener al menos quince años. Jashante es guapo, tiene éxito entre las chicas, y a esas chicas no les parece bien que le preste atención a Tasha. En la tele, cuando se sientan a cenar, hablan sin parar de los niños desaparecidos. 
 
El segundo niño es Rodney. Su historia comienza cuando un compañero de clase lleva un par de semanas desaparecido. Los padres de Rodney no son tan buenos padres como los de Tasha. Su padre le pega palizas; su madre no hace nada por evitarlo. Tiene que desayunar muchos días en el colegio, algo que solo hacen los niños de familias muy pobres y que su hermana y él tienen que hacer porque su madre ni se molesta en prepararles el desayuno. Rodney siempre anda solo, aislado de los demás. Se meten con él, pero no se defiende. Su única amiga, y porque ella le impone su amistad constantemente, es Octavia. Pero se siente solo, muy solo, y es muy muy infeliz. Su hermana canta constantemente la canción de seguridad que les han enseñado en el colegio para que no se vayan con desconocidos y un policía les da una charla sobre como evitar los secuestros. Pero un día ocurre algo en la escuela... y Rodney toma una decisión.
 
Nuestra última niña es, precisamente, Octavia, la amiga de Rodney. Nos cuenta su historia en primera persona, historia que comienza precisamente cuando otro compañero de escuela más ha desaparecido. Octavia vive sola con su madre, una mujer muy joven que deja sola a su hija cuando se va a trabajar todas las noches. Su madre miente a todo el mundo sobre todo, y hace que Octavia también mienta para que los demás piensen que en esa casa está todo muy controlado. Adora a su hija, pero hace lo que tiene que hacer para salir adelante, y si eso implica que se quede sola todas la noches, sea. Se hacen muchas alusiones a un hermano de la madre, algo pasó hace un tiempo con él y Octavia tiene algo que ver. Octavia es también una niña muy solitaria, pero no sufre por ello, no le importa. Su color de piel es muy muy oscuro y eso al parecer no gusta entre sus compañeros también negros. Su única amiga, aparte de Rodney, es la profesora Grier, y a ella acude cada vez que tiene un rato. Octavia es una niña de sobresalientes, muy madura, demasiado, para su edad, que ve el mundo de una manera mucho más adulta de lo que le corresponde.
 
Para que os hagáis una idea, en 1979 solo habían pasado quince años desde que los afroamericanos en EEUU habían adquirido de forma legal la totalidad de sus derechos civiles (incluido el voto). Eso está muy presente en la novela, porque los adultos de esta historia habían vivido antes y después de ese momento. Sus hijos no, sus hijos solo han conocido la vida posterior a la Ley de Derechos Civiles de 1964 y no entienden muchas de las cosas que sus padres les dicen que ocurrían antes, muchas de las limitaciones, cosas tan básicas como no poder probarse ropa en las tiendas antes de pagarlas ni poder devolverlas, solo por ser negros. Esa desconfianza, esa sensación de amenaza constante se traslada a la historia, porque no se fían de que los blancos cambien de opinión y todo vuelva a ser como era antes, y de hecho creen que el asesino tiene que ser blanco; un negro no mata porque sí. Y si alguien tiene que protegerlos en las calles, que sea negro, por favor, no blanco. Se sienten amenazados, y resulta evidente que este tipo de conversaciones eran las conversaciones que se oían en los barrios de Atlanta donde tiene lugar la historia, cuya población era predominantemente afroamericana y veían como todas las víctimas del asesino en serie también lo eran.
  
En cuanto a los tres niños, me quedo sin duda con las dos últimas historias por muy distintos motivos. Con la de Octavia porque es una niña maravillosa, fuerte, inteligente, observadora, buena... es de esos personajes que no se te olvidan, con una personalidad arrolladora a pesar de tener solo once años que deseas fuertemente que le vaya bien en la vida, que sientes que tenga que gestionar mucho más de lo que le corresponde para su edad. Rodney, por otro lado... a Rodney quieres abrazarlo, quieres decirle que todo va a ir bien aunque por dentro no lo creas. Quieres decirle que estás ahí, que intente levantar la cabeza y mirar hacia delante con la convicción de que las cosas van a mejorar. Os lo digo tal cual, la historia de Rodney me ha roto el corazón. Ese final es absolutamente terrorífico, es muy duro no por el hecho en sí, sino por lo que implica, por lo que tiene de voluntariedad, y me acuerdo de él muchos días. Señora Jones, esto no se hace. Duele.
 
En fin, que yo buscaba un true crime y me encontré las vidas de tres niños afroamericanos de once o doce años intentando encajar y sobrevivir a su día a día con las escasas armas de que disponen y una fortaleza mental que por su edad no les corresponde enarbolar. Sí, un asesino en serie va secuestrando y matando niños y adolescentes en su entorno... pero eso es el ruido de fondo más que la noticia de primera plana. Me ha gustado mucho, cuenta historias que no se te olvidan y presenta unos personajes que se quedan contigo. Muy recomendable, de verdad, no será el último libro que lea de la autora. 

 

 
Tayari Jones (1970) es una autora conocida por sus poderosas novelas, entre las que se destacan Leaving Atlanta, The Untelling, Silver Sparrow y An American Marriage. Su obra ha sido presentada en prestigiosos espacios como Tin House, The Believer, The New York Times y Callaloo. Como miembro de la Fellowship of Southern Writers, Jones ha recibido numerosos reconocimientos, incluyendo el Hurston/Wright Legacy Award y el Lifetime Achievement Award en Bellas Artes de la Fundación del Caucus Negro del Congreso. Silver Sparrow fue reconocida como una de las #1 Indie Next Picks en 2011 y se incluyó en la Biblioteca de clásicos del Big Read de la NEA en 2016. 
 
Graduada del Spelman College, la Universidad de Iowa y la Universidad Estatal de Arizona, actualmente trabaja como Profesora Asociada en el programa de MFA de la Universidad Rutgers-Newark.

lunes, 20 de enero de 2025

RESEÑA (by MH) ::: EL GRAN ROBO DEL TREN - Michael Crichton



 
 
Título original: The Great Train Robbery
Autor: Michael Crichton
Editorial: Círculo de lectores
Traducción: Aníbal Leal
Páginas: 365
Fecha de publicación original1975
Fecha esta edición: 1976
Encuadernación: Cartoné
Precio: descatalogado (disponible en varias ediciones, todas de segunda mano)
 



 
Esta novela de acción es una auténtica obra maestra del género. Ambienta en la época victoriana, el brumoso Londres finisecular sirve de telón de fondo para el robo más espectacular del siglo. Una vez al mes sale de Londres con destino a París un tren que transporta la paga del ejército británico que lucha en Crimea. Las dos cajas fuertes que la contienen son inviolables y, para abrirlas, se necesitan cuatro llaves distintas que están en poder de cuatro personas. Sin embargo, las cajas llegan vacías a París...

 

Quien bien me conoce sabe que me apasiona la literatura sobre true crimes (tengo una balda dedicada a eso en mis estanterías), y que me quejo siempre mucho de que no nos llega apenas nada traducido sobre true crimes de época (crímenes cometidos sobre todo en el siglo XIX y primera mitad del siglo XX). No sabéis la de material original que hay en inglés, pero aquí no nos llega casi nada, y aunque este género casi siempre habla sobre asesinatos (y en un alto porcentaje sobre asesinos en serie), también da cabida a otro tipo de crímenes (tomándolos como delitos graves), y ahí entra en liza
el gran robo del tren ocurrido en 1855 en Inglaterra. Yo conocía la película protagonizada por Sean Connery porque la vi hace muchos, muchísimos años, cuando lo de investigar cosas en Internet todavía no estaba muy a la orden del día. Por cuestiones varias me puse a indagar sobre ella hace un par de meses, y no solo descubrí que el guion y la dirección corrían a cargo de Michael Crichton (sí, el de Parque Jurásico), sino que ese guion era un adaptación de su propio libro publicado en 1975. Y vamos, me faltó tiempo para buscarlo... como muchos otros que llaman mi atención está requetedescatalogado, pero todavía se pueden encontrar ediciones de segunda mano (yo lo he leído de la biblioteca pero, como quería tenerlo, después lo he comprado). 

Bueno, vamos a meternos en el meollo del asunto. ¿Conocéis el hecho real que ficciona esta novela? Os cuento. En la época en que tuvo lugar el robo, se despachaban miles de libras en plata y oro desde Londres hasta París, principalmente de comerciantes ingleses que mandaban ese dinero a sus homólogos franceses, y la primera parte del trayecto la realizaban trenes que salían tres veces al día desde la estación de London Bridge hasta Folkestone (desde Folkestone hasta Boulogne el trayecto se realizaba en una locomotora de vapor y a partir de Boulogne ya se hacía cargo la compañía naviera de Messagerie Maritimes). Los lingotes de oro viajaban dentro de tres cajas fuertes patentadas para este tipo de transporte que necesitaban de dos llaves para su apertura (con las mismas dos llaves podían abrirse las tres cajas fuertes). Parecían inexpugnables por el peso (no se las podían llevar sin más y en aquella época todavía no existía la dinamita), por la seguridad (hacían falta esas dos llaves, y no solo no se guardaban juntas sino que una de las medidas de seguridad era que ninguna persona podía tener las dos llaves en sus manos al mismo tiempo), el robo debía realizarse en un tren en movimiento (tenían que bajarse en marcha con un peso de varios cientos de kilos), con vigilancia dentro del vagón y además el robo debía permanecer indetectable hasta que abrieran esas cajas fuertes ya en Francia y se descubriese el pastel. Y aun así, a pesar de todo esto, la noche del 15 de mayo de 1855 se llevó a cabo el robo de 12.000 libras esterlinas en oro en uno de esos trayectos hacia Folkestone (un millón y medio de libras esterlinas actuales... ahí es nada). Hoy en día os puede parecer que no es para tanto, pero imaginad una sociedad como la victoriana: aquello se convirtió en el delito del siglo, la hazaña más increíble de la época moderna, y ocupó titulares durante muchos, muchos meses, más todavía porque no se sabía quién había llevado a cabo el robo, la policía estaba totalmente perdida...y bueno, cosas varias que no os voy a contar por si no queréis saber mucho más sobre este tema.

Hasta aquí los hechos reales.
 
¿Qué hace Crichton con esta historia en El gran robo del tren? Ajustarse en muchas cosas a la realidad, pero también ficcionar muchas otras, y aparte lo hace como si de un documento periodístico se tratase. Realmente, si no indagas mucho sobre el libro, la impresión inicial es que hace una novela testimonio al estilo de A sangre fría, de Truman Capote: es decir, un híbrido que conjuga una novela tradicional con una narración que se nutre de los documentos históricos, extractos judiciales y las crónicas periodísticas reales contemporáneas a la época (en este caso prescindiendo de las entrevistas a personajes reales por razones obvias). Y eso es lo que parece que hace Crichton durante toda la novela, contarte los hechos reales, apoyarse en declaraciones de la época y ficcionar todo aquello que necesita ser ficcionado en aras de la propia narración y avance de la historia... pero NO. Cuando te pones a indagar descubres que ha cambiado ligeramente los nombres de los personajes (y su historia personal, sus antecedentes, orígenes, etc...), que ha modificado detalles relativos al propio oro y su transporte, que ha ampliado cuestiones concernientes a la preparación y organización del robo, y que incluso ha cambiado el modo en que se descubrió todo el pastel y lo que ocurrió con los ladrones. Es decir, que sí, la novela se ciñe todo lo posible a los hechos reales y se basa en documentos reales, pero desde el momento en que cambia los nombres de los personajes para poder inventar e imaginar con libertad, el libro se convierte, al fin y al cabo, en una novela tradicional, una representación ficticia de los hechos reales, aunque asemeje una novela testimonio. Crichton rizando el rizo... y le sale de maravilla. 

La novela está dividida en cinco partes, a saber:
Preparativos (mayo-octubre de 1854), Las llaves (noviembre de 1854-febrero de 1855), Dilaciones y dificultades (marzo-mayo de 1855), El gran robo del tren (mayo de 1855) y Arresto y proceso (noviembre de 1856-agosto de 1857). Dentro de estas divisiones el autor nos va llevando de un personaje a otro, de una situación a otra, de un objetivo a otro, dedicándoles capítulos muy cortos que van al grano y que, página tras página, nos van acercando hasta el momento cumbre de la novela. Si miráis las fechas veréis que toda la organización, planificación y ejecución del robo llevó cosa de un año, y eso sí que se ajusta a lo tiempos del robo real del tren. Tal y como el propio Crichton dice en su prólogo, esto era algo habitual en aquella época: cualquier delito importante y de envergadura necesitaba unos preparativos muy meticulosos si quería realizarse con éxito porque había que tener muchas cosas en cuenta y los medios para conseguirlo eran limitados y peliagudos. Hacía falta mucho ingenio, mucha inteligencia, el control de muchos elementos distintos y también mucha, mucha suerte. Y a partir de aquí aviso: no voy a hacer ninguna alusión más al robo real ni voy a hacer comparaciones entre lo que ocurrió realmente y lo que cuenta Crichton, porque tendría que escribir una tesis que os aburriría y que nadie me va a pagar (¡ojalá! xD), así que quien quiera saber, Google esta a su disposición. Me ciño a la novela y a la ficción salvo en un par de detalles muy puntuales (dijo MH cuando ya llevaba escritos cuatro párrafos larguísimos... xD).
 
¿Quién es la mente maestra detrás del robo en esta novela? Edward Pierce, un caballero de unos treinta años, pulcro, elegante, alto, esbelto y de barba rojiza. Sus modales y su vestimenta son (en apariencia) los de un joven respetable y de buena posición, pero lo mismo se mueve con soltura entre gente de bien que se adentra en el bajo mundo delictivo y hace imponer su ley. Tiene amigos muy importantes y nadie que lo conozca en su papel de gentleman sospecharía jamás a lo que se dedica realmente y de donde le viene su posición acomodada. Él es quien piensa en todos y cada uno de los pasos y detalles de este robo, quien sortea las adversidades, quien decide cómo y de qué manera deben moverse todas las personas de las que depende para conseguir sus objetivos, a quien no le tiembla la mano cuando alguien parece flaquear y quien piensa siempre a lo grande durante el largo año que transcurre entre el comienzo de los preparativos y el robo en sí. Y con todo esto, no penséis que es de los que se quedan mirando en la barrera mientras los demás ponen en riesgo su libertad (o sus vidas) para no involucrarse demasiado, no... él mismo se mete en todos los berenjenales que hacen falta e incluso quien lleva a cabo la escena más peligrosa de toda la novela, de la que depende el éxito o el fracaso. No es un mindundi cualquiera, este Pierce, ni tampoco un cobarde. Sabe lo que quiere y tiene células grises de sobra para llevarlo a cabo.

Pero Pierce necesita de la ayuda de varias personas más, entre las que destacan sobre todo su amante, que regenta un burdel y que (en vista de los acontecimientos) nació para actriz, y Agar, un experto en manipular y abrir cualquier tipo de cerraduras. El gran desafío de este golpe es conseguir las cuatro llaves (sí, en el libro son cuatro) que se necesitan para abrir las cajas fuertes de metal (que en esta novela contienen el oro que va a Francia para financiar la guerra de Crimea), porque esas cuatro llaves están separadas en tres lugares distintos y bajo medidas de protección extremas, y claro, ellos no quieren robar las llaves porque eso haría saltar las alarmas: lo que quieren es tener acceso a esas llaves, hacer copias y volver a dejarlas donde estaban para que nadie se percate de que la seguridad de esas llaves se ha visto comprometida, y eso limita mucho, muchísimo, las oportunidades, el tiempo y las posibilidades de éxito. A partir de aquí se encontrarán con dificultades enormes por causas tan verosímiles en unos casos como sorprendentes en otros, cambios de última hora que lo complicarán todo aún más, escenas de acción que han sido muy copiadas en multitud de películas (dicho sea de paso), un ingenio fuera de toda duda para ir sorteando todo lo que se va cruzando en el camino y un ritmo impecable que se mantiene durante toda la novela, página tras página, mientras nos movemos de un cuadro a otro de este tablero de ajedrez siguiendo a cada una de sus piezas.
 
Y luego está la ambientación, que es una protagonista más de la novela. Muchas de las cosas que ocurren en la novela necesitan su contexto ya no solo dentro de la era victoriana en que tuvieron lugar, sino en los bajos (muy bajos) fondos de un Londres que en aquella época era el centro del planeta Tierra para todo lo bueno y para todo lo malo (y de esto último había mucho). En la novela se nos explican cosas muy sórdidas (prostitución infantil, prácticas nauseabundas relacionadas con niñas...), pero el autor sabe muy bien lo que está narrando y que no necesita de parafernalia barata y manipuladora para escandalizar al lector; lo cuenta porque lo tiene que contar, pero con sensibilidad, al grano, ironía incluso y a otra cosa. No se recrea, no hace espectáculo y no pone en duda la inteligencia del lector, que ya sabe perfectamente lo que está leyendo sin que nadie intente mangonearlo. Luego hay cosas mucho menos truculentas pero que también eran inherentes a estos sectores de la sociedad, como la jerga ininteligible que usaban todos estos delincuentes (romaní llamaban a este lenguaje delictivo). Claro, yo os hablo de skippers, salchicheros, culebras, cerrajeros, escenas, campanas, traductores, palomeros... y os viene a la cabeza la definición normal o habitual, pero no, cada una de estas cosas significaba algo muy concreto en el mundo criminal, y poco a poco lo vamos descubriendo conforme avanza la novela porque todo y todos intervienen de alguna manera en la elaboración del crimen. Y salpicando todo esto, un retrato magnífico de una época, mediados del siglo XIX, en la que la estrictas costumbres victorianas convivían con una tecnología que avanzaba a la velocidad de la luz, un modo de vida que hacía lo que podía para adaptarse al cambio incesante y constante de los tiempos, una sociedad que iba de moralista y a la que deslumbraban los crímenes y los criminales (asistían a los ahorcamientos como quien va a un concierto y sentían fascinación por criminales apuestos y atractivos como el tal Pierce) y, en fin, una época victoriana que se sustentaba en la contradicción, las ambivalencias y la adaptación a innumerables cambios que lo pusieron todo patas arriba.

Debo decir (y digo xD) que El gran robo del tren se ha convertido en uno de mis dos libros favoritos de Crichton junto con Parque jurásico. Lo he disfrutado un montón y no sé si lamento haber tardado toda una vida en llegar a esta historia o alegrarme de haberla leído al fin. Llevo un par de años dedicada a leer y releer la obra de este autor y la versatilidad que tenía en cuanto a sus libros y guiones es impresionante, no lo encasilléis en ciencia ficción porque su bibliografía incluye muchos géneros y subgéneros. En el caso de El gran robo del tren, no solo es una novela trepidante e inteligente que te hace rascar un hueco en cuanto puedes para poder seguir leyendo, sino que la documentación de la época victoriana en la que transcurre (sobre todo de los bajos fondos) es impresionante: una masterclass en tantos aspectos  y variadas esferas que resulta imposible no aprender algo durante la lectura. Crichton en estado de gracia, la verdad. La única pega que se le puede poner es que, en un hecho muy concreto, quizás fue todavía mejor y más apasionante la realidad que la ficción, pero vamos, que es por ser quisquillosa en grado sumo. Me ha gustado muchísimo, por forma y por fondo. No sé si lo he dicho ya. Tampoco sé si para que guste tanto te tienen que apasionar muchas cosas diferentes que a mí me chiflan y confluyen en la novela (época victoriana, ferrocarriles, true crime...) pero el caso es que para mí es una joya (entiendo que para otros no lo sea en absoluto, también os digo. Cada cual con sus filias)
 
Como os comentaba al principio, el propio Crichton se hizo cargo del guion y la dirección de la adaptación de su novela en 1979. El papel de Pierce lo protagonizó Sean Connery y, después de haber leído el libro, me parece un acierto de diez, porque es un personaje con mil aristas (de las buenas y de las malas) y Sean Connery lo mismo podía interpretar a un gentleman que a un sinvergüenza sin que se le moviera el peluquín. Os dejo el trailer por si os interesa:
 





John Michael Crichton (1942-2008) fue un escritor, guionista, director, productor de cine y médico estadounidense. Es especialmente célebre por sus trabajos en los géneros de la ciencia ficción, la intriga y la ficción médica. Entre su extensa obra destacan las novelas Parque Jurásico, Latitudes piratas, El mundo perdido, Dientes de dragón, Micro, El guerrero número 13 y Estado de miedo. Sus libros han vendido más de 200 millones de ejemplares en todo el mundo, han sido traducidos a cuarenta idiomas y han servido de base para quince largometrajes. Escribió y dirigió WestworldEl primer gran asalto al tren y Coma, y creó la exitosa serie de televisión Urgencias.