lunes, 25 de septiembre de 2023

RESEÑA (by MH) ::: LA LLAVE MAESTRA - Bernard Capes


 
Título original: The Mystery of the Skeleton Key
Autor: Bernard Capes
Editorial: Who
Traducción: Manuel Navarro Villanueva
Introducción: Gilbert K. Chesterton 
Páginas: 232
Fecha publicación original: 1919
Fecha esta edición: enero 2023
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 21,50 euros 
Diseño de cubierta: Julio Antonio Blasco, Sr. López



París, principios de siglo XX. Allí, el joven Vivien Bickerdike ―un noble inglés, vividor y bohemio― conoce al misterioso barón Le Sage, un afable trotamundos que juega al ajedrez por dinero. Ambos entablan una extraña amistad que solo se verá truncada por un inesperado accidente de tráfico.

Un año después la pareja vuelve a encontrarse, ambos invitados a pasar unos días en la residencia campestre de sir Calvin Kennett en Wildshott. Al día siguiente de su llegada a la mansión, durante una partida de caza, una joven y atractiva criada de la casa es asesinada de un tiro por la espalda.

El sargento Ridgway de Scotland Yard es llamado a investigar el caso. El final de la novela es de los más sorprendentes del género y plantea un conflicto moral como solo saben hacerlo las grandes obras de la literatura.


Disfrutando tanto como disfruto de los misterios clásicos, Who Editorial se ha convertido desde su nacimiento en una de mis editoriales de cabecera en el género, de esas que voy a coleccionar todos sus libros conforme vayan saliendo. Este es el primero que traigo por aquí (creo, aunque no es el primero que leo), y os cuento.
 
Vivian Bickerdike se encuentra en París esperando la llegada de su amigo Hugo Kennett, quien tarda varios días en presentarse. Mientras pasa el tiempo solo, Vivian conoce a un enigmático personaje, el barón Le Sage, tan hermético que provoca tanta curiosidad como rechazo. Pasado un tiempo vuelven a encontrarse casualmente en Londres, y más casualmente aún resulta que ambos parten al día siguiente a Wildshott, la residencia de los Kennett en Hampshire, para pasar unos días allí: el barón Le Sage invitado por el General Kennett, quien disfruta de jugar al ajedrez con el misterioso aristócrata, y Vivian por su hijo, Hugo, quien pasa por una de sus habituales crisis nerviosas y necesita de la ayuda de su amigo para superar el trance. Una vez allí vemos sobre todo las dinámicas que se establecen entre los personajes, los caracteres de cada uno y la situación de desconfianza creciente de Vivian hacia el barón. Cuando se comete un asesinato en la propiedad de Wildshott (porque hay un asesinato, claro, pero no os digo a quien asesinan), las sospechas y los recelos serán más evidentes, y los presuntos culpables se irán sumando uno tras otro.

La novela contiene dos tipos de narración: el diario de Vivian Bickerdike y la narración omnisciente, y eso nos hace ver las cosas desde dos puntos de vista, la subjetiva de Bickerdike y la objetiva de la tercera persona, así que resulta muy interesante contrastar ambas versiones, sobre todo en lo que al personaje de Bickerdike se refiere (la opinión que tiene de sí mismo y la que tienen los demás de él). La trama se toma su tiempo para presentar a los personajes y la situación y ambiente en la casa, y además tenemos un retrato muy vívido de esa aristocracia terrateniente que lo era todo en ciertas partes de Inglaterra, con sus partidas de caza, la pleitesía y devoción que despertaban entre la gente de los alrededores y la impunidad con la que se comportaban en cierta situaciones (esa aristocracia se vino abajo tras la Primera Guerra Mundial, y esta novela fue escrita precisamente durante la contienda, así que esa decadencia quizás podía anticiparse pero todavía no estaba asumida por quienes se vieron luego afectados). El caso es que cuando se comete el asesinato ya ha transcurrido medio libro, y para entonces ya tenemos una composición de lugar suficientemente apañada como para empezar a elucubrar. A partir de ahí tendremos investigación, saltaremos de un sospechoso a otro, leeremos testimonios que cambian o se matizan con el tiempo, personas que pueden ser reales o no, secretos de esos que siempre acaban por surgir en este tipo de situaciones, juicios e interrogatorios y una resolución sorprendente por diversas razones.
 
Bernard Capes fue un autor muy prolífico en varios géneros e incluso director de la prestigiosa revista teatral THe Theatre, pero esta fue la primera y última novela de misterio que escribió. Falleció (como tantos otros) en 1918 de gripe española, y La llave maestra se publicó de manera póstuma un año después. En realidad la novela fue un encargo de la editorial Harper Collins, siendo La llave maestra la primera novela detectivesca que encargaban y publicaban. Harper Collins la incluyó  en 1929 (diez años después) en "The Detective Story Club", una colección que publicaron con los que ellos consideraban los mejores y más ingeniosos libros de la época en el género policial o detectivesco, coincidiendo con el surgimiento de la Golden Age de la literatura británica (para esa época Agatha Christie ya había empezado a hacer de las suyas y había abierto el camino para otros muchos autores). Esta edición de 1929 incluía alabanzas a la novela por parte del mismísimo Arnold Bennett, y eso ya son palabras mayores.

Pero claro, la clave está en que esta novela se publicó inicialmente, como ya he dicho, en 1919, mucho antes de que el canon de la novela policíaca y de misterio comenzara a plantar semillas y germinar en lo que hoy conocemos como la edad dorada de la literatura británica de misterio. Todo esto hace que
La llave maestra tenga virtudes y lo que consideramos un defecto pero que para otros no lo será en absoluto. Cuando hablo de la virtud me refiero a algo que quizá quedó de lado en el género cuando se hizo tan popular desde los años 20 en adelante: esa virtud son los personajes que, en la medida de lo posible, están más desarrollados de lo habitual y tienen más aristas visibles de las que acostumbramos a ver en la novela policíaca. Así tenemos a uno de los narradores, Vivian Bickerdicke, al que conocemos tanto en primera persona cuando leemos su diario como en tercera cuando es el narrador omnisciente el que toma la palabra, y eso nos hace ver tanto la imagen que tiene de sí mismo como la que tienen los demás de él, y como supondréis es bastante discordante. No es un personaje que caiga bien, se quiere mucho y tiene un alto concepto de sí mismo, y eso es bueno para la narración porque da mucho juego. Luego tenemos a los hermanos Kennett, Hugo y Audrey: uno es un manojo de nervios con cambios de ánimo extraños que no quiere explicar por qué se encuentra así y la otra es un personaje femenino atípico para la época (y más para estar escrita por un hombre): ignorada en buena medida por sus familiares masculinos y sin amistades por lo aislada que está en esa casa, tiene muy claro que no piensa casarse con el primero que se presente y no tiene miedo de decírselo a la cara a quien se tercie; es muy directa en su relación con los demás, sabe juzgar muy bien el carácter de las personas y es quizás el personaje más inteligente de toda esta historia... con la salvedad del tal barón Le Sage, del que poco os puedo comentar salvo que es muy misterioso (mucho, muy misterioso), que no responde nunca a las preguntas que le hacen, que va de listo por la vida (en el libro no lo dicen así, lo suavizan... pero va de listo por la vida, hacedme caso xD) y que le gusta mucho el ajedrez. También hay muchos secundarios que no os voy a nombrar por no alargar esto mucho, pero varios de ellos son también muy importantes para el caso y la resolución, no son meras comparsas.

He disfrutado de la lectura por todo lo bueno que os comento arriba, pero os hablaba de un defecto... si me atengo en particular al género en el que está circunscrita, el autor se lo oculta todo al lector hasta el mismísimo final, y eso le resta atractivo a una historia de este tipo. La gracia de estas historias está en que mientras lees, seas capaz de ver las pistas, que tengas la misma información que el detective (o buena parte de ella) y que puedas intentar, en la medida de lo posible, adivinar quién es el culpable. En La llave maestra puedes adivinar quién es el asesino antes de llegar al giro final, que es realmente sorprendente, pero eso mismo... adivinarlo de manera literal, al tuntún, porque información no tienes ninguna. Capes usa la baza del archireservado barón Le Sage para hacerlo contenedor de absolutamente toda la información que hace falta para resolver el crimen, así que esa información no solo le está vedada a todos los demás personajes, sino al lector mismo (y además con muchas casualidades reconocidas en la propia resolución). ¿Qué pasa? Que llegas al final y piensas "pues vale, puede ser esto como cualquier otra cosa, porque total, nos hemos enterado de todo en el mismísmo final" (para ser justos hay una breve escena que cuenta dónde va a investigar Le Sage cuando no está en la mansión de los Kennett, pero lo dicho, para la resolución final no ayuda en nada porque para empezar no tenemos ni idea de qué sabe y por qué ha decidido ir ahí, así que lo mismo da). Que no me ha molestado demasiado (un poco sí, pero no como para echar por tierra todo lo demás xD) porque estoy acostumbrada a leer de todo en este género y el resto del libro sí lo he disfrutado, pero sé que hay lectores a los que les molesta mucho este tema y prefiero avisar. Es que por no saber, no sabemos nada de la llave maestra del título hasta la explicación final, para que os hagáis una idea. Si este libro se hubiese publicado quince años después, no hubiese pasado la criba impuesta por las reglas del decálogo que Knox (miembro del Detection Club) publicó en 1929 por incumplir varias de ellas (no entro en detalles, pero ese decálogo estaba destinado a que las historias de detectives fuesen justas con el lector y no se sacasen cosas de la manga o fuesen tramposas), Así que La llave maestra es un whodunit, sí... pero un poco tramposillo :)
 
También comento una cosa mala y otra buena de la edición, y voy con la mala primero: el texto no tiene sangrías en los comienzos de cada nuevo párrafo, y eso dificulta a veces la lectura cuando no hay interrupciones visibles porque todas las líneas ocupan el ancho disponible y no se diferencia de primeras cuando estás dejando el diálogo y estás de nuevo en narración (haciéndote leer dos veces la línea). No sé si ha sido intencionado o error de maquetación, pero es raro. Lo bueno es el uso de algo que muy pocas editoriales mantienen hoy en día, como son las notas a pie de página explicando ciertos términos, personajes, costumbres de la época que un lector de hoy en día desconoce, etc... Creo que salvo la editorial dÉpoca, muy pocas editoriales se toman la molestia de hacerlo en todas y cada una de sus ediciones y en los clásicos no solo se agradece mucho sino que a veces se hace necesario (ya sé que otras muchas editoriales no las incluyen porque no quieren, sin  más... pero no estoy de acuerdo xD). El caso es que esta edición sí las incluye y hay que darles las gracias.

En definitiva, es una novela muy interesante y entretenida ambientada en una época y una sociedad british hasta la médula y donde, dejando a un lado la investigación, su punto fuerte es la construcción psicológica de los personajes, algo que no siempre se trabaja a fondo en este tipo de misterios clásicos... además del estilo del autor, que acabo de caer que no he comentado hasta ahora que me han gustado mucho los diálogos, así que lo hago aquí: se perciben realistas, honestos y fluyen a la perfección. Notas cuando un personaje está harto, está enfadado, la mayor o menor confianza que existe entre los personajes que intervienen en el intercambio de frases... los autores no siempre dan con la clave de un buen diálogo y se nota que Capes tenía muchas tablas en el mundo teatral. Como digo, la única pega la pongo en la ocultación casi total de las pistas que convergen en la resolución del misterio, pero si no sois tiquismiquis con este tema, no dudéis en leerlo si os cae en las manos.
 




 

Bernard Capes (1854-1918) fue un prolífico autor inglés. Publicó más de cuarenta libros de diversos géneros ―poesía, historia y novelas―, además de cientos de artículos en las publicaciones más prestigiosas de su época. Fue, asimismo, editor de The Theatre, la más importante revista victoriana dedicada al mundo de las tablas.

viernes, 22 de septiembre de 2023

RESEÑA (by MH) ::: UN CADÁVER EN LA BIBLIOTECA - Agatha Christie


 
 
Título original: The Body in the Library
Autora: Agatha Christie
Editorial: Espasa
Traducción: Guillermo López Hipkiss
Páginas: 208
Fecha de publicación original: 1942
Fecha esta edición (4ª): diciembre 2019
Encuadernación: rústica sin solapas
Precio: 15,90 euros



https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/p/esta-pagina-la-abro-yo-mh-modo-personal.html
 
 
Bueno, bueno... taitantos años después, y requetetropecientas novelas más tarde... Miss Marple is back!! Anda que no se lo pensó la Christie antes de traerla de vuelta, al menos en narración larga, que en relato sí que le dejaba asomar la patita alguna vez que otra. El caso es que el año 1942 supuso el regreso de Jane Marple al tablero de los asesinatos y las investigaciones, y en
Un cadáver en la biblioteca la vemos nuevamente en acción. Es además, de entre todas las novelas que protagonizó (que son muchas menos de las que la gente normalmente piensa... la estrella indiscutible era Poirot), posiblemente de las más famosas.
 
Vamos a ver, ¿qué tenemos por aquí? Pues a los Bantry, un matrimonio de mediana edad que vive en Gossington Hall. Él es magistrado del distrito, un señor muy respetable del que jamás ha tenido nadie la más nimia razón para sospechar de conducta indecorosa o libertinajes varios. ¿Cómo se desata el caos? Con una desconocida rubia muy hermosa y muy vulgar que aparece asesinada en la biblioteca de la casa. Nadie parece conocerla ni saber quién es, pero claro, si ha entrado en la casa así de descocada será por algo, ¿no? Y las sospechas pronto recaen en el pobre señor Bantry, que ve como le retiran invitaciones, le dan largas y de repente todo el mundo está ocupadísimo para quedar con él. Vamos, lo normal en estos casos: corren rumores falsos, cotilleos, y aunque él se repliega como una tortuga, su señora esposa, Dolly, no está dispuesta a consentirlo. ¿A quién recurre? A su buena amiga y vecina, la señorita Jane Marple, a la que parece que se le da bien esto de resolver asesinatos. Juntas, ya sea de manera independiente o colaborando con la policía, intentarán cazar al auténtico asesino para limpiar el buen nombre del bonachón señor Bantry.

Bueno, pues ya tenemos aquí a la señorita Marple. Quien haya leído Muerte en la vicaría sabrá que en ese libro tiene muy poca presencia aunque sea ella la encargada de resolver el asesinato, y aunque en esta su segunda novela tiene más páginas, ni mucho menos se acerca al protagonismo que suele tener Poirot en sus libros. Agatha Christie era muy realista en este aspecto: una anciana puede meter las narices mucho y de manera muy insistente allá donde le dejen (y donde no también), pero dentro de unos ciertos límites. El caso es que en Un cadáver en la biblioteca aparece ya muy al principio, pero luego desparece durante bastantes capítulos hasta que regresa para quedarse. Y cuando la tenemos en las páginas vemos una constante en este personaje: la desconfianza y su visión de la naturaleza humana. No sé si quienes conocen a este personaje solo de las adaptaciones televisivas tienen una idea aproximada sobre la Marple literaria, pero, por un lado, la Jane de papel y tinta considera que la naturaleza humana es la misma en todas partes y que todos nos movemos por un denominador común, y por eso tiene ejemplos de todo tipo protagonizados por sus vecinos y conocidos para explicar posibles teorías. Por el otro, y precisamente por presumir de conocer muy bien la naturaleza humana, es sumamente desconfiada, nunca se cree nada de lo que le dicen, todo lo pone en duda, todo lo verifica por sus propios medios y siempre muestra una expresión que no da la más mínima pista sobre sus pensamientos a la persona que tiene enfrente.

¿Quienes están a cargo de este caso oficialmente? El inspector Slack, al que ya conocimos en Muerte en la vicaría y que aparece en varias novelas y relatos protagonizados por Jane Marple. En este caso debe colaborar con el coronel Melchett, jefe de policía de Radfordshire y personaje también recurrente en varias historias de Marple (también apareció ya en la Vicaría), con el que Slack tiene sus más y sus menos porque considera que  favorece a los Bantry por su posición social. Luego aparecen más personajes que representan a la ley porque por diversas circunstancias varios condados se ven involucrados en la resolución del asesinato y las localizaciones se alejan de Gossington y St. Mary Mead, pero no os voy a desglosar apenas nada al respecto, ya lo descubriréis vosotros si os animáis a leer el libro.

Y ahora tocan esos datos que intento daros (si consigo verlos y descubrirlos) escondidos en estos libros.
Para empezar, se hace mención al caso de una muchacha que murió en St. Mary Mead y de cuyo asesinato estaba acusada una persona inocente, siendo miss Marple quien descubrió la identidad del verdadero asesino. Pues bien, este caso apareció en forma de relato en
Miss Marple y trece problemas, del que os hablé hace eones en el blog dentro de este mismo reto. ¿Más cositas? El libro está dedicado a su amiga Nan... pues bien, se refiere a Nan Kon, una amiga que Agatha conservó durante toda la vida desde que ambas eran unas niñas. Por otro lado, aparecen varios vecinos de Agatha que ya conocimos en Muerte en la vicaría, pero en esta novela apenas tienen presencia salvo escenas muy puntuales. Y por ir terminando en este apartado, descubrimos que en los años 40, en la campiña inglesa de gente bien no era educado llamar entre las 21:30 de la noche y las 9 de la mañana. Ya podías tener un motivo muy bueno para romper una regla de educación y cortesía tan arraigada como esta :) ¡Ah! Añado que la edición contiene un prólogo de la autora donde explica, entre otras cosas, que el cliché del cadáver en la biblioteca era muy habitual en las novelas de detectives, pero que ella siempre intentaba una variante e sus historias y que por eso, aquí la biblioteca es de lo más normal y lo inverosímil y sensacional es el cadáver en sí mismo. También explica lo de basarse en personas reales para crear a sus personajes, que yo creo que debe ser la pregunta más recurrente que deben recibir los escritores (y que debe aburrirles mucho, dicho sea de paso), pero vamos, que por resumir, explica que podía basarse en personas reales, pero que las dotaba de rasgos y cualidades totalmente inventados.
 
Llegados a este punto, como siempre me pasa, habréis visto que no os he dicho nada sobre el caso... es que me resisto mucho a estas cosas. Os puedo decir que desde el principio hay un personaje relacionado con la televisión que no tiene muy buena fama entre los tranquilos vecinos de St. Mary Mead, que se consigue descubrir la identidad de la hermosa rubia pero que eso no ayuda demasiado a la investigación porque sigue sin explicar absolutamente nada ni que hacía en la biblioteca de los Bantry, y que acabaremos en un hotel donde realmente se cuece todo y descubrimos a muchos nuevos personajes que son los que merecen nuestra atención. Claro, ellos ven a una amable ancianita totalmente inofensiva con la que se desahogan y a quien le cuentan sus penas, pero no saben la clase de persona que tienen enfrente. Quien sí la conoce, describe a Jane Marple de esta manera:
 
Abajo, en el salón, junto a la tercera columna de la izquierda, se sienta una anciana de rostro dulce, apacible, una solterona cuya mente ha sondeado las profundidades de la corrupción humana. Se llama miss Marple. Procede de St. Mary Mead, a unos dos kilómetros de Gossington. Es amiga de los Bantry y, en lo que a crímenes se refiere, no tiene rival.

Con el paso de los años he descubierto que hay team Marple y team Poirot, que los lectores de Agatha tienen su favorito de entre los dos pesos pesados nacidos de su fértil imaginación literaria, y yo sin embargo disfruto de ambos. Poirot protagonizó infinidad de libros y Marple fue mucho más ocasional en sus apariciones, pero son tan diferentes entre sí que hay que quererlos por igual. En cualquier caso parece que Agatha se puso las pilas con su anciana detective y no tardaremos en volver a saber de ella en El caso de los anónimos, pero antes os traeré Cinco cerditos, donde saludaremos de nuevo al belga Poirot, que se nos enfada y no respira si está demasiado tiempo alejado del centro de atención.



Agatha Christie (1891-1976) es conocida en todo el mundo como la Dama del Crimen. Es la autora más publicada de todos los tiempos, tan solo superada por la Biblia y Shakespeare. Sus libros han vendido más de un billón de copias en inglés y otro billón largo en otros idiomas. Escribió un total de ochenta novelas de misterio y colecciones de relatos breves, diecinueve obras de teatro y seis novelas escritas con el pseudónimo de Mary Westmacott.

Probó suerte con la pluma mientras trabajaba en un hospital durante la primera guerra mundial, y debutó con El misterioso caso de Styles en 1920, cuyo protagonista es el legendario detective Hércules Poirot, que luego aparecería en treinta y tres libros más. Alcanzó la fama con El asesinato de Roger Ackroyd en 1926, y creó a la ingeniosa miss Marple en Muerte en la vicaría, publicado por primera vez en 1930.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

RESEÑA (by MH) ::: DIARIO DE UN LOCO - Lu Xun


 
Título original: 狂人日記 / 狂人日记 / Kuángrén Rìjì
Autor: Lu Xun
Editorial: Verbum
Traducción: Felipe Rodríguez Lanza
Páginas: 44
Fecha de publicación original: 1918
Fecha esta edición: marzo 2016
Encuadernación: rústica
Precio: 16 euros
Imagen de cubierta: Escena de teatro Kabuki (Grabado en colores sobre papel) (Toyohara Kunichika, 1874)


En 1918, en la revista estudiantil Hsin Chingnien [Nueva Corriente], Lu Xun publicó Diario de un loco, que deliberadamente tomó su título de la obra del ruso Nikolás Gogol, de cuya obra fue traductor. El relato narra en primera persona las impresiones de un hombre que cree estar prisionero de unos caníbales. En los caníbales está representada la naturaleza opresiva de la tradición.

Casualidades de la vida, pero este es el segundo diario del que os hablo esta semana. Mi intención era colgar esta reseña el mismo día que participé en junio en el reto de La vuelta al mundo en doce libros de mi queridísima Undine (que ya sabéis que tiene lugar cada tercer miércoles de mes), pero no fue posible. Por mucho que lo intento no puedo comprometerme a reseñar un día concreto porque ya veis como llevo el blog desde hace un par de años (por eso decidí seguirlo al día exclusivamente en Instagram y las reseñas por aquí cuando se pueda). ¿Cuál era la premisa de este pasado mes de junio?
Autor/a de nacionalidad china o extranjera que viviera durante algún tiempo en el país asiático, y que comenzara a publicar antes de la Segunda Guerra Mundial. Pues aquí vengo yo con el escritor chino Lu Xun y su relato más famoso, Diario de un loco, publicado en 1918. Os cuento... si sé cómo hacerlo.
 
Al comienzo de la narración recibimos una explicación de lo que vamos a leer. Un narrador (que ya no vuelve a aparecer) nos dice que se ha enterado de que un antiguo amigo de la universidad está enfermo y se acerca a visitarlo. Una vez allí le recibe el hermano del enfermo, quien le dice que ya está recuperado y haciendo vida normal en otra ciudad, pero que durante su enfermedad dejó por escrito sus pensamientos y que él tiene ese documento en su poder. Se lo entrega a nuestro narrador, quien descubre que la dolencia en cuestión derivó en delirios de persecución y que dejó todo escrito a modo de diario. Este diario es el que leemos, el diario de un loco que cree que todos sus vecinos, niños y adultos, e incluso su hermano, son devoradores de hombres, caníbales que quieren comérselo... y que él no piensa dar su brazo a torcer ni dejarse atrapar. Está solo frente a todo un pueblo que quiere hincarle el diente, y resistirá como buenamente pueda.

Como bien digo arriba, este relato no llega a las cincuenta páginas y muchas de ellas están en blanco o apenas contienen unas frases, así que el texto en sí mismo es muy (muy) breve, pero como suele pasar con este tipo de escritos, tiene mucho trasfondo político y social de la época. Intentaré ser yo también muy breve porque a poco que se diga se está diciendo todo, pero para contextualizar hay que decir aunque sea mínimamente algo, así que a ver qué sale.

Diario de un loco fue publicado en una revista estudiantil en 1918, y como reza la sinopsis, Xun usó como título el de una obra homónima de Gógol publicada en 1835 e incluida dentro de sus Cuentos de San Petersburgo. En la obra del ruso de origen ucraniano (del que Xun era traductor al japonés), el autor del diario narra poco a poco su descenso a la locura; lo que empiezan siendo detalles, situaciones o cosas puntuales acaba convirtiéndose en una pérdida completa de lucidez y cordura. 

La versión de Xun difiere en algunos factores, siendo el más importante de ellos uno que nos queda claro desde la primera página: la locura que contiene el diario no es definitiva ni irrevocable, sino puntual y fruto de la enfermedad de su autor, pues esa enfermedad ya ha sido superada en el momento en que el narrador accede a ese diario. Pero claro, teniendo en cuenta que esos caníbales representan la tradición como elemento opresor del gobierno chino, que el enfermo se resiste y se niega a ser uno de esos comehombres, que se siente diferente, que se revuelve contra aquellos que quieren devorarlo... ¿qué significa entonces esa recuperación, esa sanación, esa ausencia de enfermedad? ¿Que ha claudicado? ¿Que ha dejado de resistirse? ¿Que ha acabado asumiendo esa represión como todos los demás y, por tanto, ha dejado de sentirse perseguido? Porque quien no vea más allá del significado oculto del relato se quedará con cara de "¿ya? ¿termina así sin más?", pero conociendo el trasfondo, el final da para debatir y lanzar diversas teorías (y cuando hablo de final es un final que se conoce desde la primera página, así que no estoy desvelando ni destripando nada, que creo que ha quedado claro pero por si acaso... el final se sabe desde el principio).
 
Para mí resulta definitivo que, al comienzo del relato, cuando se nos dice que el enfermo ha sanado y vive en otro sitio, también se nos dice que "ocupa un puesto oficial" (me repito... aparece en la primera página). Teniendo en cuenta la simbología política, el trasfondo social y lo que representan esos comehombres, no os digo ná y os lo digo tó... puedo estar equivocada, pero tengo muy claro a qué se debe la "recuperación" del protagonista. Y es que además este loco (que estaremos todos de acuerdo en que de loco no tiene nada), se sorprende porque sus vecinos han sido agredidos por los alguaciles, han sufrido represalias sin motivo, se suicidan desesperados por las deudas y los acreedores... viven oprimidos por su gobierno, pero a quien miran mal es a él, a quien quieren convertir es a él, quien se sale del rebaño es él... y eso no puede ser. Lo tienen asumido. Son esclavos del gobierno y quieren que él también lo sea... todo un pueblo de caníbales queriendo convertir en caníbal al único que todavía tiene escrúpulos y no quiere cruzar esa línea que no tiene vuelta atrás. Realmente es un relato que sin el adecuado contexto histórico pierde su razón de ser y no se entiende como debería entenderse, pero no tengáis miedo porque el texto se encarga de echarle una mano al lector cuando es necesario. Os pongo un ejemplo muy inicial en la historia:
¿Qué razones tiene Chao Güi-weng y los hombres de la calle para detestarme? Hace veinte años di un pisotón por error en un viejo libro de cuentas del señor Gu Chiu, lo que le produjo gran contrariedad. Aunque Chao Güi-weng no conoce al señor Gu, ha debido oír hablar de este asunto y quiere sacar la cara por él; por ello se ha puesto de acuerdo contra mí con los hombres de la calle.

Vale, nosotros, como lectores occidentales del siglo XXI leemos esto y nos quedamos igual, ¿no? Pero si luego en una nota nos explican que el tal Gu Chiu a quien el protagonista pisó hace años realmente significa antigüedad y que se está aludiendo a la historia de la opresión feudal en China, entendemos la posición que el tal loco tiene contra ese sistema, que hizo algo en el pasado al respecto y que se siente perseguido y odiado por ello, y podemos entender mucho mejor lo que vamos a leer en el resto de las páginas. Porque además, y esto es opinión personal (y sigo poniendo como ejemplo la cita de arriba), una vez que sabes la palabra clave, lo que significa, y como lector eres capaz de entender el doble sentido que encierra el conjunto, todo cobra un matiz completamente distinto y maravilla la inteligencia que tenía Xun para usar las palabras y decir todo lo que quería decir pero no podía explicitar. Simplemente los occidentales necesitamos una ayuda extra que nos guíe un poco, pero como la tenemos, pues ya está, p'alante y a disfrutar del relato.

Os diría muchas cosas más, pero es que de verdad que se lee en diez minutos y tampoco quiero soltaros un rollo sobre la política china que no creo que os interese demasiado (ya lo buscaréis vosotros si leéis el relato y os apetece indagar un poco sobre el contexto político y social de China cuando fue publicado el relato en 1918)... En fin, resumiendo: que si os cae en las manos dadle una oportunidad, intentad ver más allá de lo que se dice negro sobre blanco y de los caníbales que acosan al loco, y veréis un retrato certero, interesante y (la verdad) poco alentador de la China de principios del siglo XX. Que además, y como todo suma, tal y como reza la biografía abajo, Lu Xun está considerado el padre de la literatura moderna en China y Diario de un loco la primera narración de estilo occidental china, y eso ya de por sí es muy, muy interesante. No sé qué más queréis, la verdad xD.

 



Lu Xun, a veces transcrito como Lu Sin o Lu Hsun (Shaoxing, China; 25 de septiembre de 1881 - Shanghái, China; 19 de octubre de 1936) fue el pseudónimo del escritor chino moderno Chou Shue-Jen.

Representante máximo del Movimiento del Cuatro de Mayo, está considerado el padre de la literatura moderna en China. Formó parte de la Liga de Escritores de Izquierdas, grupo de intelectuales afines al Partido Comunista Chino, y se destacó por sus ataques a la cultura china tradicional y su defensa de la necesidad de acometer reformas profundas en la cultura y la sociedad chinas. En este sentido, abogó por la reforma lingüística, siendo uno de los primeros escritores que, siguiendo las ideas de intelectuales como Hu Shih, utilizó la lengua vernácula en lugar del chino clásico como medio de expresión literaria.
 
Escritor en la China de principios del siglo XX, Hsun recorrió buena parte del territorio de su país empleándose como redactor de periódicos y profesor en colegios y universidades. Su vida fue azarosa y llena de contrariedades, pues ser escritor y, además, ensayista crítico y revolucionario no eran tareas que fueran bien vistas en una nación que todavía mantenía vicios feudales. Diario de un loco resultó la primera narración de estilo occidental en China, escrita de forma directa y clara. El giro vanguardista de Lu Xun ayudó a la aceptación del relato breve como vehículo literario eficaz, huyendo de la narración omnisciente tradicional y sustituyéndola por un solo narrador a través de cuyos ojos se filtra la historia.

lunes, 18 de septiembre de 2023

RESEÑA (by MH) ::: DIARIO DE UN FISCAL RURAL - Tawfiq Al-Hakim


 
Título original: يوميات نائب في الأرياف (Yowniiat naa'b fî al-Ariaf)
Autor: Tawfiq Al-Hakim
Editorial: Ediciones del viento
Traducción: Emilio García Gómez
Páginas: 164
Fecha publicación original: 1937
Fecha esta edición (3ª): febrero 2011
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16 euros
Imagen de cubierta: Pasajeros árabes viajando en autobús (autor desconocido, Egipto, diciembre de 1940)

La vida de un fiscal egipcio en su modesto destino rural, discurre con la monotonía burocrática de los pequeños delitos cotidianos —hurtos, disputas vecinales, etc...—. Una noche, sin embargo, es despertado precipitadamente con la noticia de un asesinato.

La traducción del brillante arabista Emilio García Gómez, Premio Príncipe de Asturias 1992, no hace sino iluminar este divertido relato que refleja con ironía y sensibilidad la realidad de la población egipcia de las aldeas en aquellos años.


Sí, estoy viva. A duras penas, pero ahí sigo. Mala hierba... Y esto de asomar la pata por aquí de uvas a peras cuando el Pisuerga pasa por Valladolid hace que lleve un retraso considerable en muchos de los retos en los que me aventuro, pero yo sigo empeñada en sacarlos adelante (el problema está en poder sentarme a escribir estas opiniones, no en leer, como ya he dicho muchas veces
...). Esta que os traigo hoy, Diario de un fiscal rural, es la segunda novela de la que os voy a hablar dentro del reto egipcio que he convocado este año, aunque la leí allá por Semana Santa (sí, habéis leído bien... en Semana Santa). No encontré exactamente lo que yo pensaba que iba a encontrar (o lo que la sinopsis da a entender que esconde el libro... o lo que yo pensaba que la sinopsis daba a entender... qué difícil es la vida del lector xD), pero lo disfruté mucho igualmente (de todos modos ahondaré en esto dentro de un momento para evitar también confusiones a futuros lectores y que no les pase lo que a mí). Voy a ser breve, de verdad que no tengo tiempo, que hace siglos que lo leí y sigo adelante con estas cosas por pura cabezonería. En fin, al grano. 
 
Diario de un fiscal rural es precisamente eso, el diario de un fiscal egipcio en los años 30, desde el momento en que lo llaman en mitad de la noche para presentarse en el escenario de un asesinato. Un hombre ha muerto tras recibir un impacto de bala desde un cañaveral mientras caminaba por un camino estrecho. En principio parece un crimen vulgar sin mayor interés en el que no se conoce motivo ni rencillas con otras personas por parte del fallecido, no hay testigos... hasta que descubren que el muerto es viudo, que tiene un niño pequeño y que este niño está al cuidado de su cuñada, una muchacha de apenas dieciséis años tan hermosa que todos los implicados en la investigación son incapaces de cerrar la boca. ¿Tiene esta joven algo que ver con el crimen? Mientras pasan los días y se avanza poco o nada, nuestro narrador vive su día a día de manera normal, que tiene lugar básicamente trasladándose de un lado a otro y cumpliendo su función en interminables juicios despachados de cualquier manera...

Y ahora vuelvo a lo que comentaba en el primer párrafo, lo de que no he encontrado lo que esperaba encontrar. Mi error quizás fue fiarme más de la sinopsis que del propio título, porque el título no engaña: estamos ante un diario de un fiscal rural, ni más ni menos, y eso implica que lo que realmente cuenta esta historia es el día a día de un fiscal rural en el Egipto de provincias de los años 30 del siglo XX, además de todas las idiosincrasias y tejemanejes internos que se traían entre los implicados en el ámbito judicial de la zona, ofreciendo al mismo tiempo un retrato vívido de la vida del campesinado egipcio de la época, todos ellos aspectos que el autor conocía muy bien porque fue oficial de juzgados durante años y trabajó en varias ciudades de la geografía de su país. Es decir, que plasmó sus experiencias personales y de eso va realmente el libro. Repito, el título es clarísimo al respecto. Sin embargo, tras leer la sinopsis, yo pensé (equivocadamente) que la historia iba a girar alrededor del asesinato, que iba a ser un misterio o que la investigación iba a ser una parte importante de la trama. Nada más alejado de la realidad, y de hecho al final puedes llegar a quedarte con cara de póquer con respecto a este tema (no digo más). El asesinato con el que comienza el libro, ese que hace salir de madrugada de su casa a nuestro protagonista, solo es una excusa para todo lo dicho anteriormente, así que esto es un aviso para navegantes: no cojáis este libro por el aspecto misterio/asesinato/investigación porque os vais a llevar un chasco. No es lo que le interesa al autor y no está ni siquiera bien desarrollado (bajo mi modesto punto de vista).

En todo caso, y dejando esta pequeña decepción a un lado (de la que solo me culpo a mí misma), el libro se disfruta mucho por lo que realmente es, y me ha parecido muy, muy interesante todo lo que se cuenta, porque no tiene desperdicio. ¿Y qué cuenta? Pues tal como os digo arriba, Al-Hakim fue fiscal rural en provincias y esta novela podría denominarse como autobiográfica en muchos aspectos, porque no solo vemos el trabajo de un fiscal, que muchas veces era un paripé absoluto en manos del cadí que le toque (un cadí es un juez en territorio musulmán) y las ganas que tenga de trabajar, sino que vemos como todos los potentados del lugar (personal de la delegación del gobierno, el médico, el boticario...) se reúnen a menudo haciendo camarilla de privilegiados, se emborrachan, pierden los papeles, se aprovechan de su estatus para hacer lo que les da la gana... y él intenta alejarse de toda esa corrupción para mantener su prestigio y su honor intactos. No se lo ponen fácil pero ha encontrado el modo de vivir su vida, hacer su trabajo y que lo dejen en paz. El protagonista también se cuestiona a menudo sobre la utilidad de un sistema judicial que no tiene ni pies ni cabeza, en el que se le dedica a cada causa cinco minutos escasos y donde el acusado muchas veces no tiene ni idea de qué se le acusa, por qué está mal lo que ha hecho o qué ley ha contravenido:
 
Era una multa que les llovía del cielo, como las desgracias, y un tributo que pagaban porque la ley decía que había que pagarlo. Cuantas veces me he preguntado a mí mismo sobre el sentido de tal manera de juzgar. ¿Podemos llamar correccional a ese juicio, siendo así que el delincuente no comprende en absoluto que lo es?
 
La traducción es original del año 1955. Fue publicada por el Instituto Hispano-Árabe de Cultura y fue realizada por el arabista español más importante del siglo XX, Emilio García Gómez (catedrático y doctor honoris causa por la Universidad de Granada,  Académico de la Lengua y presidente de la de la Historia y Premio Príncipe de Asturias de Humanidades en 1992... nada menos)... pero por muy prestigiosa que sea, todas las traducciones hay que corregirlas. y esta en concreto está llena de erratas, erratas además fácilmente subsanables a poco que se les dedique un mínimo de atención. No sé, me da la sensación de que las editoriales cada vez se preocupan menos por las correcciones y los lectores nos merecemos algo mejor, la verdad. Estamos pagando por ello cada vez que compramos un libro.
 
Dicho todo esto, recomiendo Diario de un fiscal rural para todos aquellos curiosos de la sociedad egipcia en general y de una época como la de entreguerras en particular en la que el Egipto rural estaba abandonado a su suerte en manos de los que manejaban el dinero y ostentaban el poder (y que se preocupaban menos cero de una población que ellos consideraban prescindible) y donde la vida transcurría según unas reglas que no todos comprendían. Lo mejor de todo es que Tawfiq Al-Hakim lo cuenta de una manera totalmente natural, sencilla, sin aspavientos y con un humor muy particular que le da un toque de desenfado muy agradecido a la narración. Que parece que estoy hablando de un libro muy serio y no lo es... todo lo contrario: sí que habla sobre cosas serias (porque eran el día a día de mucha gente que vivía con lo mínimo y haciendo gala de una moral un tanto dudosa), pero lo hace con mucho encanto.
 

 

Tawfiq Al-Hakim (1898-1987) nace en Alejandría, la ciudad de los poetas, en 1899. A pesar de su carácter pacífico, no duda en lanzarse a la calle en 1919 para participar en las revueltas estudiantiles. Su padre, magistrado de carrera, lo envía a París a estudiar leyes en 1925, pero el joven Tawfiq abandona pronto las aulas para sumergirse en el ambiente cultural. Regresa a Alejandría, tres años después, con nuevas ideas artísticas que provocarían una pequeña tormenta en el mundo de la cultura de su país. Se emplea como oficial de juzgados, y frecuenta un café de la plaza Al Raml, donde escribe sus reflexiones. Posteriormente es destinado a los juzgados civiles de diversas ciudades, experiencia que luego reflejaría en el Diario de un Fiscal Rural (1937). Tras los éxitos de ésta y otras obras (Memorias en Arte y Justicia, El retorno del Alma) así como de sus piezas teatrales, se instala en El Cairo. Ejerce el periodismo hasta que es nombrado Director de la Biblioteca Nacional, y posteriormente es elegido miembro de la Academia Árabe de la Lengua. Muere en 1987 dejando atrás una extensa obra y un sólido prestigio literario. También está considerado el padre del teatro egipcio moderno.