Título original: The Call of the Wild
Autor: Jack London
Editorial: Nórdica
Páginas: 176
Traducción: Héctor Arnau
Fecha publicación original: 1903
Traducción: Héctor Arnau
Fecha publicación original: 1903
Fecha esta publicación: enero 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros
Buck es un perro que lleva una buena vida en un rancho de California con su amo, el juez Miller, hasta que lo roban y venden para pagar una deuda de juego. Se lo llevan a Alaska y allí pasa a manos de un par de canadienses entregados a la fiebre del oro que lo entrenan como perro de trineo. La dureza del entorno provocará que Buck vaya recuperando su lado salvaje, única forma de sobrevivir en las frías tierras del norte.
Jack London pasó un año en el Yukón (Canadá) recogiendo material para el libro. La historia fue publicada por entregas en el Saturday Evening Post en el verano del 1903 y un mes después en un único tomo. La gran popularidad y el éxito del libro cimentaron la fama de London. Gran parte del atractivo de esta novela deriva de su aparente simplicidad y de la intensa emoción que transmite este relato de supervivencia.
Jack London pasó un año en el Yukón (Canadá) recogiendo material para el libro. La historia fue publicada por entregas en el Saturday Evening Post en el verano del 1903 y un mes después en un único tomo. La gran popularidad y el éxito del libro cimentaron la fama de London. Gran parte del atractivo de esta novela deriva de su aparente simplicidad y de la intensa emoción que transmite este relato de supervivencia.
Esta reseña es un tanto especial, pues se trata de una opinión compuesta por dos voces, la mía y la de J. Una vez, que los dos hemos leído y comentado pormenorizadamente el libro, nuestras impresiones y conclusiones son más afines de lo que ambos presuponíamos antes de leerlo.
En La llamada de lo salvaje se nos narra la historia de Buck, un perro de padre "San Bernardo" y madre "collie", nacido en la hacienda del juez Miller, una extensa finca situada en el valle de Santa Clara (California) donde "él era el rey, un monarca que regía sobre todo ser viviente que reptase, anduviera o volase por la finca del juez Miller, seres humanos incluidos".
Un día todo cambia. De repente se ve transportado a las tierras heladas de Alaska, y todas sus circunstancias se modifican: el rey queda destronado y sus privilegios quedan revocados. Este descenso a los infiernos será fulminante y repentino: antes lo tenía todo sin pedirlo y ahora no tiene nada, nada importan las súplicas y los lamentos, y las caricias y los premios que antes formaban parte de su aprendizaje son sustituidos por palizas, garrotazos, hambre, desconsuelo y desesperanza.
No es hasta este momento que vemos la talla de Buck, su búsqueda de la libertad. El autor utiliza la narrativa omnisciente para que el lector se identifique con el protagonista. London nos une a Buck, al que acompañaremos en todo su sufrimiento y su desconsuelo. Así mismo, se nos hace partícipes de la moraleja de esta historia: recuperar la libertad a toda costa. Para ello nuestro protagonista debe volver a sus ancestros, y todas las vivencias y experiencias por las que atraviesa a lo largo de la historia le reportan sabiduría y aprendizaje. El autor nos las da a conocer con la figura retórica de la personificación.
Las dos técnicas narrativas usadas por London nos posicionan sin duda del lado de Buck; con sus "pensamientos humanos" nos justifica la crueldad de las leyes de la naturaleza, representada en la tierra dura y fría del territorio del Yukón (Cánada), donde la fuerza física, la sabiduría y el afán de superación harán que solo los que reúnan estos requisitos puedan adaptarse al frío y cruel infierno que los envuelve y los asfixia. Supongo que las experiencias límite nos hacen sacar las fuerzas necesarias para sobrevivir, y estas fuerzas Buck las encuentra en sus ancestros, en lo primitivo (hoy en día diríamos que en nuestro ADN) para hacer frente a la violencia y ferocidad que mueven y motivan su día a día.
En esta novela, la crueldad en grado sumo no la encontraremos en los animales, aunque tienen su parte, sino en los humanos, donde se ve elevada a niveles de salvajismo y ferocidad injustificables e inexplicables para Buck, e incluso para la fría naturaleza que los envuelve. Todos los que van "contra natura" de alguna manera pagarán el precio que les ha llevado a su mezquindad y su locura (representada en la fiebre del oro del Klondike entre 1898 y 1899).
Por esta razón J. lo tiene claro: él prefiere a los perros, aunque dice que las peleas y la sangre no le han gustado demasiado y no entiende su penosa existencia, ni por qué no hacen uso del amor, compañerismo y fidelidad (haciendo así su vida más llevadera), en vez de luchar hasta la muerte con crueldad y violencia.
En lo tocante al final del libro, nuestra opinión disiente un poco. Para J. tendría que haber acabado de otra manera; Buck no tendría que pagar el precio que paga. Yo pienso que la vida es incierta y que quizás era la única salida que tenía, y que realmente es el último regalo que le hace su dueño.
En definitiva, nos ha encantado esta lectura conjunta de todo un clásico de la literatura. Al hacer una lectura a dos bandas se pierde una parte de nuestra intimidad lectora, pero también se amplían nuestra perspectivas, y otras visiones e impresiones hacen que salgamos de nuestra zona de confort y nos aventuremos por otros caminos que puede que incluso nos gusten, como así ha sido.
Además, si a una buena novela la acompañamos con una preciosa edición como la de Nórdica, con las maravillosas ilustraciones de Javier Olivares, todo el proceso se convierte en un deleite.
En La llamada de lo salvaje se nos narra la historia de Buck, un perro de padre "San Bernardo" y madre "collie", nacido en la hacienda del juez Miller, una extensa finca situada en el valle de Santa Clara (California) donde "él era el rey, un monarca que regía sobre todo ser viviente que reptase, anduviera o volase por la finca del juez Miller, seres humanos incluidos".
Un día todo cambia. De repente se ve transportado a las tierras heladas de Alaska, y todas sus circunstancias se modifican: el rey queda destronado y sus privilegios quedan revocados. Este descenso a los infiernos será fulminante y repentino: antes lo tenía todo sin pedirlo y ahora no tiene nada, nada importan las súplicas y los lamentos, y las caricias y los premios que antes formaban parte de su aprendizaje son sustituidos por palizas, garrotazos, hambre, desconsuelo y desesperanza.
No es hasta este momento que vemos la talla de Buck, su búsqueda de la libertad. El autor utiliza la narrativa omnisciente para que el lector se identifique con el protagonista. London nos une a Buck, al que acompañaremos en todo su sufrimiento y su desconsuelo. Así mismo, se nos hace partícipes de la moraleja de esta historia: recuperar la libertad a toda costa. Para ello nuestro protagonista debe volver a sus ancestros, y todas las vivencias y experiencias por las que atraviesa a lo largo de la historia le reportan sabiduría y aprendizaje. El autor nos las da a conocer con la figura retórica de la personificación.
Las dos técnicas narrativas usadas por London nos posicionan sin duda del lado de Buck; con sus "pensamientos humanos" nos justifica la crueldad de las leyes de la naturaleza, representada en la tierra dura y fría del territorio del Yukón (Cánada), donde la fuerza física, la sabiduría y el afán de superación harán que solo los que reúnan estos requisitos puedan adaptarse al frío y cruel infierno que los envuelve y los asfixia. Supongo que las experiencias límite nos hacen sacar las fuerzas necesarias para sobrevivir, y estas fuerzas Buck las encuentra en sus ancestros, en lo primitivo (hoy en día diríamos que en nuestro ADN) para hacer frente a la violencia y ferocidad que mueven y motivan su día a día.
En esta novela, la crueldad en grado sumo no la encontraremos en los animales, aunque tienen su parte, sino en los humanos, donde se ve elevada a niveles de salvajismo y ferocidad injustificables e inexplicables para Buck, e incluso para la fría naturaleza que los envuelve. Todos los que van "contra natura" de alguna manera pagarán el precio que les ha llevado a su mezquindad y su locura (representada en la fiebre del oro del Klondike entre 1898 y 1899).
Por esta razón J. lo tiene claro: él prefiere a los perros, aunque dice que las peleas y la sangre no le han gustado demasiado y no entiende su penosa existencia, ni por qué no hacen uso del amor, compañerismo y fidelidad (haciendo así su vida más llevadera), en vez de luchar hasta la muerte con crueldad y violencia.
En lo tocante al final del libro, nuestra opinión disiente un poco. Para J. tendría que haber acabado de otra manera; Buck no tendría que pagar el precio que paga. Yo pienso que la vida es incierta y que quizás era la única salida que tenía, y que realmente es el último regalo que le hace su dueño.
En definitiva, nos ha encantado esta lectura conjunta de todo un clásico de la literatura. Al hacer una lectura a dos bandas se pierde una parte de nuestra intimidad lectora, pero también se amplían nuestra perspectivas, y otras visiones e impresiones hacen que salgamos de nuestra zona de confort y nos aventuremos por otros caminos que puede que incluso nos gusten, como así ha sido.
Además, si a una buena novela la acompañamos con una preciosa edición como la de Nórdica, con las maravillosas ilustraciones de Javier Olivares, todo el proceso se convierte en un deleite.
Jack London (San Francisco, 1876 - Glen Ellen, 1916), seudónimo de John Griffith Chaney, autodidacta, novelista y cuentista estadounidense de obra muy popular; muchos de sus títulos han alcanzado difusión universal. En 1897, London y su cuñado James Shepard embarcaron hacia Alaska debido a la fiebre del oro de Klondike, donde ambientaría sus primeras historias importantes. Sin embargo, el tiempo que pasó en Klondike fue perjudicial para su salud y, al igual que muchos otros que trabajaban mal alimentados en los yacimientos de oro, desarrolló escorbuto. Tras múltiples aventuras fracasó y regresó enfermo, y fue durante su convalecencia que decidió dedicarse a la literatura. En un voluntarioso periodo de formación intelectual, sus lecturas incluyeron desde Kipling a Nietzsche. Socialista desde los veinte años, también se consideraba discípulo del evolucionismo y al servicio de un espíritu aventurero.
Su primera historia publicada fue To the Man On Trail, ofreciéndole The Overland Monthly únicamente 5 dólares por ella. Entre las obras que vendió a las revistas se encontraba la historia corta conocida indistintamente como "Batarde" y "Diable" ,en dos ediciones de la misma y básica historia.
Entre su obras destacan textos ya clásicos como La llamada de lo salvaje (1903), El Lobo de mar (1903), Colmillo Blanco (1907), Martín Eden (1909) y John Barleycorn (1913).
Sus posturas sociales e ideológicas le inspiraron títulos como El pueblo del abismo (1903), Guerra de clases (1905) o El talón de hierro (1908).
Miss Bingley & J












