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viernes, 15 de marzo de 2019

RESEÑA (by MH) ::: ENCANTO Y COMPAÑÍA - Edith Wharton




Título original: Mrs. Manstey's view / The fullness of life / The moving finger / The pretext / Diagnosis / Charm incorporated / Permanent wave 
Autora: Edith Wharton 
Editorial: Funambulista
Traducción: Laura Gimeno, Gonzalo Gómez, Ascensión Cuesta
Posfacio: Laura Gimeno Pahissa
Páginas: 272
Fecha publicación original: 1891/1893/1901/1908/1930/1934/1935
Fecha esta edición: noviembre 2010
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 20 euros 
Imagen de cubierta: Afternoon tea party (Mary Cassant, 1890-1891)



A Edith Wharton (1862-1937) le encantaba que se dijera que en su América contemporánea había dos «self-made men»: Theodore Roosevelt y ella.

Wharton, mujer refinada, elegante y de gran cultura, decidió dedicarse a las letras desoyendo los consejos de su madre que, como tantos miembros de las clases altas de Nueva York, consideraba que la escritura no resultaba adecuada para las mujeres y que las hacía vulgares.

En estos relatos —que abarcan desde 1891 a 1935 y que son una perfecta introducción a la obra de la autora— asistimos a una elegante e irónica disección de la hipocresía de los ricos,de las renuncias personales frente a las presiones sociales, así como a una crítica a la institución del matrimonio, con una mirada compasiva hacia los sueños frustrados del ser humano. Pero la ironía de estos textos no es nunca cruel, y la complicidad que se establece con el lector invita a mirar con nuevos ojos a sus contemporáneos, que se parecen mucho a los nuestros.

Testigo excepcional de un mundo de aparente lujo y de futilidad (pero que oculta toda una «trastienda» de emociones y aspiraciones secretas), estas siete piezas narrativas de Wharton —varias de ellas inéditas en español— recrean la atmósfera de sus grandes novelas, La edad de la inocencia o La casa de la alegría.

Son ya varios los libros de Edith Wharton que os he traído por aquí (y más que os traeré), y este en concreto, si no me falla la memoria, es el segundo de relatos, en los que se mostró muy prolífica y que suponen un buen acercamiento para todos aquellos que quieran conocer su prosa y su estilo y no se atrevan (o no quieran) meterse de lleno en una de sus novelas.

Creo que a estas alturas ha quedado demostrado que me gusta mucho la prosa de esta autora, pero Wharton tiene muchos detractores, casi tantos como Henry James, y no hago la similitud al azar. Con Wharton pasa algo muy curioso, y es que el estigma que le persiguió en vida le sigue persiguiendo casi cien años después de su muerte: su amistad con James. Si ya en su época muchos no querían ver en ella más que una versión femenina de este autor (no puedo estar de acuerdo, y de hecho me parece una afirmación bastante injusta), hoy en día se sigue asociando ya no su obra, sino su propia persona, con él. Y no, Edith Wharton es una autora con entidad propia, estilo propio, una prosa elegante y pulcra, una visión de su época aguda e inteligente y una construcción de personajes sencillamente fantástica. Sé que hay lectores que sus novelas se les atragantan, pero de verdad que su ficción corta suele merecer mucho la pena para quienes esas novelas se le hagan un poco cuesta arriba.

Esta antología tiene como objetivo ejemplificar su trayectoria, crecimiento y evolución como escritora de relatos o de ficción corta. Con ese fin están ordenados temporalmente desde el más antiguo incluido en la compilación, que data de 1891, hasta el más reciente de los siete, que data de 1935, dos años antes de su fallecimiento. ¿Qué encontramos en ellos? Temas tan típicos de la autora como el matrimonio (que aparece de una manera u otra en seis de los siete relatos y en todas sus variantes: felices, infelices y anodinas), la clase media-alta y sus problemas, personajes que representan un abanico totalmente abierto de la sociedad de la época... y todo aderezado con ironía, sutileza, genio y aparente cariño por la mayoría de sus personajes.

Me pongo manos a la obra, que os quiero contar un poquito de cada uno. 

Las vistas de la señora Manstey (1881) nos traslada a las cuatro paredes entre las que pasa sus días, uno tras otro, y en completa soledad, la señora Manstey. Viuda, enferma y con una hija viviendo lejos, apenas sale de casa y su única alegría es mirar por la ventana y contemplar la naturaleza que se extiende hasta donde le alcanza la vista. No es una visión especialmente bonita, pero se siente incapaz de vivir sin esas flores, esos árboles, esos parterres..., así que cuando una casa de huéspedes vecina decide ampliar el edificio, la señora Manstey se da cuenta de que ese nuevo pedazo de hormigón tapará las vistas que son su única razón de vivir, y decide tomar cartas en el asunto. Un retrato de la soledad, de esas pequeñas cosas que para los demás no significan nada pero que en otros hacen que la vida merezca la pena, y una defensa de la belleza de la naturaleza (y de la naturaleza en sí misma) cuando el progreso arrasa con todo sin volver la vista atrás.

La plenitud de la vida (1883) nos narra la historia de una mujer (de la que nunca conocemos el nombre) que cuando muere llega a un valle precioso con montañas a lo lejos, un río, árboles... se da cuenta de que la muerte no es el fin, y es todo tan bonito que, paradójicamente, cree que tal vez ahora pueda saber lo que significa realmente vivir, pues siente que la vida junto a su marido no ha sido realmente plena. Nunca conoció en vida a su alma gemela, y en este más allá, y para casos como el suyo, está decretado que encuentre a esa alma gemela y que vivan juntos para toda la eternidad. Este relato haría bueno el dicho de "ten cuidado con lo que deseas", al tiempo que pone en perspectiva que pasamos tanto tiempo pensando en lo que queremos y no tenemos que estamos ciegos ante lo que sí tenemos y seguramente es mucho mejor de lo que pensamos.

El dedo del destino (1901) está narrada en primera persona por un amigo del matrimonio Grancy, y comienza con la muerte de ella. Dechado de virtudes sin igual, amada hasta la extenuación por su marido, la trama gira alrededor de un retrato de esta mujer que su marido venera e idolatra de tal manera que condiciona su vida en muchos aspectos, y que va siendo modificado según sus decisiones para que le acompañe de la manera más fidedigna a lo largo de sus días. Creo, y puede parecer curioso porque estamos hablando de relatos y se sobreentiende la extensión breve, que quizás a esta historia le sobran páginas. Me ha gustado (todos me han gustado), pero probablemente es el que menos he disfrutado, se me ha hecho un pelín lento.

El pretexto (1908) es probablemente mi relato favorito de todo el libro junto con el último de todos. Margaret Ransom, mujer de mediana edad casada con el académico señor Ransom, vive una especie de segunda juventud ilusionada por sus sentimientos hacia Guy Dawnish, un inglés mucho más joven que ella que llegó a la ciudad como protegido de su propio marido. Cree que él le corresponde a pesar de la diferencia de edad, y buscará su compañía tanto como la evitará mientras construye castillos en el aire y se abre ante el lector con todas las consecuencias. En este relato nos sumergimos de lleno en el interior de Margaret, nos ruborizamos con ella, dudamos con ella, la vemos amar (quizás por primera vez) mientras no siempre da los pasos correctos insegura entre el querer y el deber. El final es una bofetada en la cara, de esos ante los que el lector no puede evitar tener una opinión, una certeza, aunque la autora le quiera dar el barniz de la ambigüedad.

El diagnóstico (1930) parte de un diagnóstico médico fulminante que apenas da tiempo de vida al protagonista, Paul Dorrance. Él, que tiene una amante que lo adora pero con la que ya se aburre y que tenía pensado abandonar, decide, en todo su esplendoroso egoísmo, que ya que se va a morir, necesita casarse con ella y tener compañía durante sus últimos días. Vende todo y se van de viaje por Europa sin fecha de vuelta a la espera del momento fatal... pero a veces las cosas no son lo que parecen ni las personas tampoco. Este relato también me ha gustado mucho. Aquí todos juegan su juego, a unos los ves venir pero a otros no, y nadie es tan bueno ni tan malo como pueda parecer en un principio. Viene con plot twist, como alguno que otro en este volumen, así que poco más debo contar sobre él.

Encanto y compañía (1934) es el relato que da nombre al volumen, pero creo que por lo bonito que es el título, no porque sea el mejor que contiene (opinión personal, claro xD). James Tagartt está casado con Nadeja... y con toda su santa familia. Refugiados de guerra, provenientes del este de Europa, uno tras otro todos los hermanos de Nadeja se van dejando caer en casa de Tagartt. Todos muy bohemios, muy cultos y encantadores, pero sin tener donde caerse muertos y ni una libra en el bolsillo. Así que se pasa los días buscándoles trabajo, esposos ricos, esposas ricas, conciertos, patrocinadores... lo que sea. Unas veces le sale bien, otras le sale mal, pero lo importante es consagrar su vida a quitarse de una vez por todas de encima a toda esa gente y poder vivir tranquilo (y a solas) con su mujer. Es el relato más ligero en cuanto a temática, el más superficial en apariencia aunque esconda su aquel de fondo. También creo que aquí sobra alguna página, pero es muy entretenido y con diferencia el que más humor tiene de toda la antología. Y el retrato que se hace de esta familia es, cuando menos, muy curioso.

La permanente (1935) ocupa, tal y como decía arriba, el podio de mis favoritos junto a El pretexto. La señora de Vincent Craig acude a su peluquería para hacerse la permanente con un motivo muy especial: va a fugarse con su amante esa misma tarde abandonando a su marido. La pemanente tarda sus buenas cuatro horas, así que mientras tanto asistimos a la crónica de esta infidelidad y de sus planes de futuro con su enamorado. Algo que puede parecer manido y sencillo, tiene un giro de tuerca hacia el final sencillamente genial que es totalmente imposible ver venir y que me ganó desde que lo leí. El cuento de la lechera en versión de una ama de casa acomodada de los años 30 que no tiene desperdicio (sé que puede parecer spoiler lo del cuento de la lechera, pero no, no vais a ver venir el motivo).

Una vez leídos resulta evidente la evolución de Wharton como autora a lo largo de los años. Sin duda mis preferidos están entre los publicados ya comenzado el siglo XX, y aunque ni mucho menos pretendo desmerecer los otros publicados a finales del XIX, sí que es cierto que se nota cómo la pluma de la autora estaba mucho más asentada conforme avanzaban los años. El grueso de su carrera literaria, en lo que a novelas se refiere, pertenece ya al siglo XX, y eso se percibe también en estos relatos.

Quizás yo no soy objetiva porque me gusta mucho la autora, pero es un libro muy recomendable para quien disfrute de los relatos clásicos y de esas historias que en apenas unas páginas ofrecen un estudio de la complejidad humana con sus cosas buenas, sus cosas malas, sus debilidades, sus virtudes, sus miedos, sus sueños y su manera de enfrentarse a la vida y de lidiar con ella, y todo ello plasmado unas veces con humor, otras de manera más sobrecogedora, pero siempre con ese punto de vista inteligente, crítico y afilado tan de Wharton.

Edith Wharton (Edith Newbold Jones, de soltera) nació en 1863 en Nueva York, en el seno de una familia de la alta burguesía. Pasó gran parte de su infancia en Europa, primero en París y luego Alemania y Florencia. Desde pequeña dio muestras de una inteligencia e imaginación excepcionales. De adolescente escribió poemas y en 1877 un cuento: «Fast and Loose». Con 23 años se casó con Edward Wharton, doce años mayor que ella, con quien no compartía ningún interés intelectual ni artístico (acabó divorciándose en 1913). En 1891 apareció su primer relato, «Mrs Manstey’s View» en el Scribner’s Magazine, donde se recogerían regularmente sus textos. En 1897 publicaría The Decoration of Houses, en colaboración con su amigo el arquitecto Ogden Codman, que tuvo un éxito inmediato. En 1902, se instala en The Mount, la casa que los Wharton habían construido en Lenox, pero pronto regresará a Europa, y en 1903 conocerá en Inglaterra a su «queridísimo maestro» Henry James, con quien mantendrá una gran amistad hasta la muerte de éste en 1916. En 1905 aparece La casa de la alegría; en 1907, se instala en París, y ya nunca abandonaría su querida Francia. Durante la Primera Guerra mundial fundó los American Hostels for Refugees, por lo que fue condecorada con la Legión de Honor. En 1920, La edad de la inocencia obtiene el Premio Pullitzer. En 1923 se convirtió en la primera mujer doctor honoris causa por la Universidad de Yale. El 11 de agosto de 1937 padeció una crisis cardíaca que le causó la muerte. Sus restos reposan en el cementerio de Versalles. Su última novela, inacabada, The Buccaners, se publicó póstumamente en 1938.

miércoles, 18 de enero de 2017

RESEÑA (by MB) ::: PATRICIA BRENT, SOLTERONA - Herbert George Jenkins



Título original: Patricia Brent, spinster
Autor: Herbert George Jenkins
Editorial: dÉpoca
Páginas: 290
TraducciónRosa Sahuquillo y Susanna González
Prefacio: Ana Belén Alonso
Fecha publicación original: 1918
Fecha esta edición: noviembre 2016
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 24,90 euros
Ilustración de cubierta: La vie Parisienne
Ilustraciones originales interiores: Iván Cuervo



Nos encontramos en Londres durante la I Guerra Mundial. Patricia Brent trabaja como secretaria de un político y se aloja en Galvin House, una casa de huéspedes en la que reside junto a una diversidad de singulares inquilinos. Un buen día la joven escucha una conversación entre dos chismosas de la pensión, en la que «lamentan» que no tenga pretendientes. Sintiéndose humillada, en un momento de ira anuncia que ha recibido una invitación de su prometido para cenar al día siguiente. Nada extraño, si no fuera porque no existe tal prometido.Pensando en la puesta en escena de su mentira, Patricia acude sola a la falsa cita en el restaurante. Sin embargo, se da cuenta de que se ha metido en un buen lío al comprobar que varios de los huéspedes la han seguido con el claro objetivo de espiarla.

Lo que hubiera dado por estar sentada aquella tarde en el restaurante asador del Quadrant al lado de la señorita Wangle, la señora Mosscrop-Smythe y el señor Bolton. Esa tarde marcaría el destino (sin ser ella consciente) de Patricia Brent, nuestra protagonista. Se alinearían todos los planetas para que la ley de la atracción que había invocado el día anterior anulara su voluntad y su libertad y, así, todos sus deseos y pensamientos pasaran a un plano real; y, como todos sabemos, la realidad siempre supera a la ficción...

Para que la situación anterior se produzca tienen que suceder ciertos desajustes, y así, posteriormente, todas las piezas podrán encajar a la perfección. En el caso de esta historia todo ello acontece a través de una novela de enredos y del retrato de una sociedad, de sus gentes y de sus clases. Se desarrolla en un escenario costumbrista donde el fino humor británico es el hilo conductor de toda la obra; así pues, somos testigos de cómo todas las situaciones y malentendidos que se suceden a causa de las mentiras de Patricia al final parecen verdades, y se interpretan siempre con ese toque english irónico y elegante del que disfrutamos todos los lectores apasionados de ese tipo de humor.

Patricia Brent es una joven culta que trabaja de secretaria para una político en alza. Ella aspira a más pero, en una sociedad cerrada y estamentaria como era la inglesa a principios del siglo XX, para una joven de veinticuatro años esto resulta sumamente complicado, pues a su edad y en esa época ya debería estar casada o recogida de alguna manera. Sin embargo, Patricia no está sola en el mundo. Cuenta con una madrina muy british que, sin saberlo ni pretenderlo, es su mentora y guía: la señorita Wangle, sobrina de un obispo y autoridad moral y social de la pensión Galvin, universo en el que además de Patricia viven otros personajes. La señorita Wangle despliega toda su magia en Patricia a través de los cotilleos y chismorreos de los que forman parte toda la familia de la pensión Galvin. Estos chismorreos son los instrumentos que remueven y activan la vida de nuestra protagonista... en fin, cada hada madrina tiene sus herramientas, aunque no sea consciente de ellas.

La señorita Wangle es mi personaje favorito de esta historia. Representa a esa clase social inglesa que en tantos libros hemos visto reflejada, y en cada uno de sus diálogos nos la retrata y muestra. Siempre con "buena intención", todos sus chismorreos están pincelados de una moralidad e integridad que transmite y envuelve Galvin House. Los habitantes de esta pensión son unos personajes de lo más respetables (y, una vez que los conoces, entrañables), y nuestra mentora procura (como antes lo hizo su tío el obispo) que no se descarrile ninguno de ellos. Entre esos personajes está incluida nuestra protagonista, Patricia Brent.

La historia de Patricia Brent y Peter Bowen es como todas esas historias románticas de chica conoce a chico; en este caso el chico tiene más posibles que la chica y, en definitiva, ella es una cenicienta muy british que ve cómo su vida queda expuesta ante los habitantes de la pensión Galvin. Ellos no desaprovechan la oportunidad de participar de ella porque, de este modo, además de ayudar a Patricia, salen de su rutina y acarician un poco los brillos de una clase social que les está vedada.

Jenkins escribió esta obra con una narración dinámica, ágil y refrescante donde, incluso en los peores momentos, las pinceladas de humor sacan una sonrisa al lector. Así pues esta obra sin duda cumple su función: por un lado es puro entretenimiento, y por el otro en su momento actuó como bálsamo para olvidar o sobrellevar la guerra mundial en la que la sociedad se encontraba inmersa. Puesto que el autor pasa un poco puntillas sobre este tema, vemos cómo los personajes de la obra, a través de todos los enredos, responden y viven de espaldas a esa realidad sintiéndose protegidos y a salvo en Galvin House. Además, la historia de Patricia Brent, con sus tiras y aflojas y todas las situaciones que le suceden, resulta para algunos de ellos lo único positivo y agradable en sus vidas.

En definitiva, gracias a su calidad superior, siempre que tenemos en nuestras manos un libro de dÉpoca sabemos que no nos va a dejar indiferente. Estamos ante una edición de lujo muy cuidada, con una traducción impecable y donde las ilustraciones originales de Iván Cuervo son un valor añadido a lo que se nos cuenta en cada página. Por ello, además de tener un gran libro tenemos una gran joya.


Herbert George Jenkins (1876-1923) fue un escritor y editor inglés reconocido principalmente por sus novelas humorísticas, entre las que destacan Patricia Brent, solterona (1918) y Bindle: some chapters in the life of Joseph Bindle (1916).

Otro personaje marcó también su trayectoria como autor: Malcolm Sage, un agente de la inteligencia británica durante la Primera Guerra Mundial que, reconvertido en detective, desempañará labores de investigación.

Jenkins demostró buena mano para escribir historias con sentido del humor, pero también para reconocerlas: no en vano fue el editor de P.G. Wodehouse, uno de los maestros de este género que nos ha dejado personajes inolvidables como Bertie Wooster y su particular mayordomo, Jeeves.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

RESEÑA (by MH) ::: EL RANCHO DE LA U ALADA - B.M. Bower




Título original: Chip of the Flying U 
Autora: B.M. Bower  
Editorial: Hoja de Lata
Traducción: Raquel Duato García
Páginas: 189
Fecha de publicación original: 1906
Fecha esta edición: 2014
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 17,90 euros
Ilustración de cubierta: David Pollack

 
Montana, un verano a principios del siglo XX. En el rancho de La U Alada, James G. Whitmore, el Viejo, y sus muchachos viven plácidamente entre bromas y ganado. Sin embargo, la visita inesperada de Della, la hermana del patrón, va a revolucionar el día a día de estos entrañables vaqueros, en especial de uno de ellos… Comienza así la accidentada y romántica historia de amor entre Chip, un vaquero aparentemente duro y reservado con increíbles dotes para la pintura, y Della, una joven doctora de armas tomar no muy encantada a priori de pasar unos meses entre caballos y reses.

Una historia pícara y divertidísima que describe las rudezas de la mítica vida en un Salvaje Oeste tan desenfadado, cercano y sencillo que resulta imposible no zambullirse en él. Esta novela es la primera entrega de la exitosa serie de westerns que B. M. Bower ambientó en La U Alada. Narraciones que no han perdido ni un ápice de frescura con el paso del tiempo.


Voy a entonar un mea culpa y reconocer que a mí los wésterns (he tenido que mirar cómo se escribe este plural, dicho sea de paso), ni fú ni fá. Que no es que no me gusten, es que si puedo ver cualquier otra peli de un género distinto, siempre tiene preferencia. A mi padre le apasionan estas películas (de hecho en su momento teoricé que a todos los padres les gustan los wésterns, aunque supongo que esto es una generalización como un piano de grande), pero jamás ha conseguido que me siente con él a ver una del tirón. El caso es que si encima traslado esto mismo a la literatura, la desidia se multiplica por cien. Soy demasiado british en particular y demasiado europea en general, desde la raíz del pelo hasta la punta de los pies, y si me dan a elegir entre un libro ambientado en el siglo XIX en el Oeste americano o uno de por aquí, yo tiro siempre para el viejo continente.

Todo esto lo digo porque no sabía lo que me iba a encontrar en El rancho de la U alada (naturalmente por culpa mía, no del libro, como comento arriba), y eso que lo tenía en la estantería hace ya un tiempo. No sabía si iba a saber apreciarlo como creía a priori que se merecía.

Y sí, vaya que si lo he apreciado. Me he enamorado de esta historia, de su sencillez, su sentido del humor, su cotidianidad, de ese día a día entre caballos, vaqueros y reses, de unos personajes encantadores... del espíritu juguetón, emprendedor y valiente de Della, de la personalidad "cebolla" de Chip, que esconde bajo muchas capas esa ternura y sensibilidad que todo buen vaquero que se precie sabe ocultar ante los demás... Una pequeña gozada de libro para cuando se tengan ganas de leer con tranquilidad una historia bonita. Y si no se tienen ganas hay que sacarlas de donde sea, porque te arranca la sonrisa constantemente y aligera el alma durante el ratito que lo estás leyendo.

Creo que he empezado la casa por el tejado, y estas impresiones anteriores deberían ir al final, pero estamos ante un libro cortito que se lee en dos o tres sentadas (en menos si tienes tiempo para echarle a la lectura, que no es mi caso. De haberlo tenido, lo hubiese finiquitado en una tarde de domingo tranquilita dedicado a la lectura)... retomo, que es un libro cortito del que tampoco conviene decir mucho porque esta historia es para ir lendola y descubriéndola.

Que tampoco espere nadie una profundidad que remueva los cimientos de la literatura, porque no es lo que pretende. La historia en sí es muy sencilla. En el rancho de La U alada viven su dueño, James Whitmore y sus vaqueros, además de caballos, vacas, terneros... y nadie más. Para ver una mujer tienen que ir al pueblo o visitar casas vecinas. En pocas palabras, allí viven 7 u 8 hombres a sus anchas (el ganadero en la casa, los vaqueros en un barracón) sin tener que preocuparse de asuntos como tener medio adecentada la casa principal o estar pendientes de una mujercita danzando arriba y abajo por todo el rancho a sus anchas y metiendo las narices en todo lo que puede y más. Por eso cuando les anuncian la llegada de Dell, la hermana de Whitmore, no saben si esperar a una mujer apocada que se asuste con el ulular de un búho o a una que se directamente les coja las lazadas y se ponga a derribar reses. ¿Qué se encuentran finalmente? A un terremoto de mujer, doctora para más señas, inteligente, emprendedora, risueña y pizpireta, que no se calla nada, que de medrosa tiene poco, que se amolda a todo y a todos y que no tarda en hacerse un hueco en el rancho y ser respetada y querida por cada uno de sus habitantes... llegando al corazoncito de alguno de una manera totalmente inesperada para él.

Más allá de observar de primera mano el día a día del rancho, no solo en cuanto a trabajo con los animales se refiere, sino el modo en que pasaban el poco tiempo libre que tenían, su relación con otros vecinos, la relación entre unos trabajadores que se pasan juntos las 24 horas del día y que realmente forman una familia... resaltan a todas luces dos personajes: Chip y Dell. Chip (que da realmente nombre al título original de la novela) y su evolución como personaje desde la llegada de la Doctorcita (como no tardan en llamar a Dell los vaqueros del rancho), es realmente la trama principal de la historia. Él da nombre a la novela porque lo que va sintiendo y descubriendo a lo largo de ella forman la base en la que se estructuran las divertidas idas y venidas que hacen de esta historia lo que es, que no deja de tener ese típico estira y afloja con tintes románticos que a priori puede parecer manido pero que en este caso, y gracias sobre todo al encanto de los dos protagonistas, es de todo menos azucarado. Más bien lo contrario. Te sacan la sonrisa y a veces la risa contenida (por las horas en las que puedo leer, que si no nadie hubiese podido impedir que ríese bien alto). Hasta que no dicen su edad, bien se podría pensar que Chip tiene realmente el doble de años por su forma de ser y de ver las cosas, y todo eso cambia muy a pesar suyo.

¿La otra protagonista del rifirafe ranchero? Dell, que representa a aquellas mujeres que fueron pioneras a finales del siglo XIX y principios del XX no solamente estudiando una carrera, sino metiéndose de lleno en una profesión en la que a las mujeres simplemente se las valoraba como ayudantes de los hombres y no se les veía capaces de profesarla. Doctora, emprendedora (como demuestra no solo por su actitud en el rancho, sino por los planes que tiene para su futuro), fuerte, inteligente y que sabe adaptarse al medio en el que vive (lo mismo dispara a un coyote que arregla la pata de un caballo). Su extroversión y alegría chocan de lleno con la adustez retraída de Chip, originando multitud de situaciones que hacen de esta novela un auténtico disfrute (porque no, esto no es una novela romántica, que nadie se lleve a engaños... o al menos no lo es al uso. Está presente, pero no monopoliza la historia). Dell es una mujer nada típica del Este de Estados Unidos que se traslada al Oeste, bastante más cerrado en cuanto a la intromisión paulatina de la mujer en el mundo profesional (y que consideran a los del Este unos señoritos), y no voy a decir que lo hace en igual medida que un hombre, porque hay que tener en cuenta que esta novela fue escrita en 1906 y todavía había mucho trabajo por delante, pero sin duda es un buen ejemplo de cómo las cosas ya estaban cambiando.

En resumen, que es un libro bonito, divertido, que se lee rápido, que está repleto de personajes entrañables de los que no puedes evitar encariñarte, que te hace reír, tiene encanto, que elude pretensiones demasiado altas en favor de una historia que fluye sola sin intentar aparentar algo que no es... y que os remito al tercer párrafo de la reseña. Ya dije que había empezado la casa por el tejado.

El rancho de La U Alada fue el primer western escrito por Bower y la novela que le hizo famosa. A partir de ahí escribió más de 40 wésterns, entre ellos varios ambientados en La U Alada. Hace ya un par de años que Hoja de Lata editó este primer volumen y no tiene pinta de que vayan a seguir con sus historias, pero yo por si acaso lo dejo caer. Y a ver si cuela. 

(Por cierto, Hoja de Lata ha hecho un esfuerzo por recuperar novelas ambientadas en el Viejo Oeste con mujeres fuertes, emprendedoras y pioneras como protagonistas. Yo no he tenido el placer de leerlo, pero hace un tiempo mi compi Miss Bingley ya reseñó Cartas de una pionera, de Elinore Pruit Stewart, para quien le gusten los libros de esta temática).
   


B.M. Bower (Montana, 1871- 1940), seudónimo de Bertha Muzzy Sinclair, fue una exitosa escritora de westerns populares, muchos de los cuales serían llevados al cine posteriormente. Su obra se esforzó por recrear, siempre con un toque de humor no exento en ocasiones de romanticismo, la vida diaria de los vaqueros, así como el ambiente plácido y duro a la vez del Salvaje Oeste. Entre su prolífica obra cabe destacar Her Prairie Knight (1907), Lonesome Land (1912) o Cabin Fever (1918) y, sobre todo, la famosa serie de novelas ambientadas en el rancho de La U Alada, inéditas hasta ahora en castellano y cuya primera entrega, El rancho de La U Alada, publica ahora Hoja de Lata.

Miss Hurst