lunes, 24 de abril de 2017

RESEÑA (by MB) ::: EL CRIMEN DEL ÓMNIBUS - Fortuné du Boisgobey




Título original: Le crime de l'omnibus
Autor: Fortuné du Boisgobey 
Editorial: dÉpoca
Traducción: Eva María González Pardo
Prefacio: Juan Mari Barasorda
Páginas: 312
Fecha de publicaciónmarzo de 2017
Encuadernación: rústica dura con solapas
Precio: 18,90 euros
Ilustración de cubierta: Charles Dana Gibson / Gottfried Heinrich Wilda

El crimen del ómnibus es pionero en la creación de un misterio en habitación cerrada… pero en movimiento. Una joven muere misteriosamente en un ómnibus de París. El pintor Paul Freneuse —testigo de la escena—, al percibir que la joven que viaja junto a él está muerta, comienza a pensar que tal vez ha sido asesinada sin que ningún pasajero se haya dado cuenta, y comparte su deducción con su amigo Binos. Freneuse debe ocupar su escaso tiempo en completar el cuadro que presentará a la Exposición Universal, pero Binos no cejará en la investigación del crimen. El lector hará entonces un recorrido por el París más bohemio, con pistas salpicadas en cada capítulo —una aguja envenenada, el fragmento de una carta…—, una historia de amor y un par de asesinos particularmente audaces...


No hay nada más apetecible que pasear en carruaje, identificarse con su ruido característico, ese monótono traqueteo de ruedas y cascos de caballos que nos aíslan del ruido exterior y hacen que todos nuestros pensamientos afloren, susurrándonos un pasado que desde lejos siempre parece mejor.

El crimen del ómnibus es una invitación de Fortuné du Boisgobey a pasear por un París melancólico y cosmopolita, con el extra de que nuestro autor no es un imaginario de la época, sino todo lo contrario: un contemporáneo que vivió en primera persona esos "años maravillosos", el despertar de una cultura con todos los pintores y bohemios, sus ambientes... en definitiva, la Belle Époque que tanto intentamos imaginar y soñar.

Por lo anterior no solamente tenemos en nuestras manos una novela de misterio, sino que también tenemos un documento histórico, pues en cada página vamos descubriendo personajes, ambientes y mentalidades correspondientes a una época inspiradora de artistas y literatos, sumergiéndonos así en todo el frenesí que mar una etapa de la historia. Además de todos estos ambientes y personajes típicamente parisinos, la trama no tiene desperdicio pues, con permiso del Gran Gaboriau, es verdaderamente innovadora: se ha cometido un crimen en un ómnibus (una habitación cerrada en movimiento). A partir de este momento, todos los que subieron en él, en la ruta desde Halle aux vins a la Plaza Pigalle, son sospechosos... una joven ha muerto, empieza la acción.

Paul Freneuse, pintor de madonnas italianas, iba esa noche subido en el ómnibus y es testigo mudo y ciego, pues en ningún momento percibe lo que ha sucedido dentro del ómnibus; sin quererlo se ve involucrado en el asunto. En principio todo parece normal, producto de una casualidad, una fatalidad... pero en este tipo de misterios (reconociendo que esta novela pertenece a las pioneras en su género, las novelas de detectives) siempre hay alguien o algo que nos hace mirar más allá de las apariencias, y nuestro cerebro empieza a observar, recopilar datos, hilar y, en definitiva, a tejer una historia que rodea al crimen de la joven, pues al final nada ni nadie es casual, y no es oro todo lo que reluce si se mira un poco más allá de las simples apariencias.

Para Freneuse, será su amigo Binos, pintor menos responsable y menos ocupado en su profesión, el que pondrá a su cerebro en situación de alerta y, como no tiene demasiadas cosas que hacer, se involucrará en el misterio; siempre que el lector le acompañe a lo largo de la lectura descubrirá una serie de personajes y situaciones hábilmente conectados al engranaje perfecto que ha creado nuestro autor.

Así, veremos dos líneas de investigación: la de Paul Freneuse, testigo del crimen, y la de Binos que, interesado por la historia, investigará por su cuenta. Luego aparecerá una tercera línea, la cual está reservada para el sorprendente e hilado final.

Fortuné du Boisgobey escribió una novela donde los distintos personajes, ambientes y sociedades están entretejidos con una teatralidad de la que es imposible perderse. Todos confluyen en un mismo espacio, participando, concurriendo y compartiendo todas las acciones y todos los hechos... haciéndonos pensar que podemos encuadrar el París del siglo XIX en un teatro.

Del misterio no voy a desvelar nada, pues lo verdaderamente fascinante es descubrir todos los personajes que pululaban en esa época: pintores, modelos, bohemios, comerciantes, policías... que el autor retrata en cada página, desvelándonos (a los ojos de un coetáneo) sus diferentes razones, pensamientos, amores y desamores, reuniendo a un numeroso y variopinto elenco de personas.

Solo queda dar las gracias a la editorial dÉpoca, pues con esta nueva colección, dÉpoca Noir, sumamos una nueva joya a nuestra biblioteca, descubriéndonos autores como Gaboriau, Cauvain... que por unas cosas u otras no han llegado hasta nuestros días con el reconocimiento que se merecen los grandes clásicos y gracias a los cuales, una vez que leemos sus libros, emergen todas las influencias y aportaciones en otros grandes autores más venerados y conocidos. Cuando compramos un libro de la editorial no solo compramos una gran historia, además hay que añadirle las preciosas ilustraciones que siempre le acompañan; en este caso las ilustraciones originales de Charles Dana Gibson y de Gottfried Heinrich Wilda. Una verdadera delicia haber leído este libro.

Fortuné du Boisgobey (1821-1891). Reconocido escritor francés impulsor del «roman policier» y la «sensation novel». Fue el escritor de novelas criminales más leído durante dos décadas. Su mérito radica no solo en el volumen de producción, sino en su capacidad para transitar desde la novela procedural —basada en la investigación policial— a un género absolutamente en boga hoy en día como es el «thriller urbano», en el que Boisgobey se convirtió en un maestro gracias a la creación de misterios que incitan a su resolución por un investigador aficionado.

domingo, 23 de abril de 2017

MAYO ::: MES DE LA METALITERATURA

Se acerca mayo y con él un nuevo mes temático. En este caso es además uno que yo creo que cuenta con muchos adeptos entre los lectores: el de la METALITERATURA.

Yo creo que ya sabemos todos más o menos qué tipo de libros están incluidos en él, pero hacemos un recordatorio por si acaso con las pautas que tanto Laky como Lidia Casado recopilaron hace unos años.

La metaliteratura se entiende como aquella literatura que habla sobre la propia literatura o que reflexiona sobre ella: procesos de escritura, mecanismos de ficción... También aquella en la que el protagonista es escritor o en la que se habla sobre libros o las consecuencias de leerlos.

Pueden ser novelas experimentales que exploran nuevos límites y rompen con las convenciones retando al lector, libros que juegan con la intertextualidad o aquellos que desdibujan las fronteras entre ficción y realidad.

Libreros, editores, bibliotecas, librerías, escritores, novelas dentro de novelas, personajes de otras novelas implementados en nuevas historias... todo entra dentro de la metaliteratura.

Yo creo que queda claro que es un género muy amplio y con el que se puede jugar mucho.

Ya sabéis cómo funciona esto. Aquí iremos colgando todas las novelas que reseñemos a lo largo del mes de mayo dentro de esta temática. Y por una vez y sin que sirva de precedente, que ya sabéis que soy muy de impulsos y nunca puedo adelantar nada, os puedo anunciar ya una de las reseñas seguras, Nueve semanas (justas-justitas), del escritor valenciano P.L. Salvador, que hace ya un tiempo que quiero traeros por aquí. Además caerá algún otro libro de los que tengo esperando en la estantería, pero eso ya lo iré decidiendo sobre  la marcha.

Y creo que no se me olvida nada. ¿Os animáis?






miércoles, 19 de abril de 2017

RESEÑA (by MH) ::: LA JOVEN QUE NO PODÍA LEER - John Harding




Título original: The girl who couldn't read
Autor: John Harding 
Editorial: Alevosía
Traducción: Alejandro Palomas
Páginas: 275
Fecha de publicación original: 2014
Fecha esta edición: 2015
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 22 euros
Ilustración de cubierta: Michael Steden / Palokha Tetiana



Nueva Inglaterra, década de 1890. Un hombre que se hace llamar doctor John Shepherd llega a un aislado manicomio de mujeres para trabajar como ayudante del propietario, el doctor Morgan. Shepherd lucha por ocultar sus secretos más oscuros, pero pronto descubre que estos abundan en el centro. ¿Quién es la mujer que recorre los pasillos por la noche? ¿Por qué lo odia la enfermera jefe? Y ¿por qué no le permiten visitar la última planta del hospital?

Sorprendido por la dureza con que Morgan trata a sus pacientes e intrigado por una de ellas, Jane Dove (una joven amnésica que adora los libros pero no sabe leer), Shepherd se embarca en un experimento para ayudarla. Su pasado le dará alcance mientras intenta resolver la misteriosa historia de Jane y ambos se convertirán en la tabla de salvación del otro.



«El autor siembra esta novela de múltiples misterios y sobresaltos al viejo estilo con un resultado satisfactorio y bien medido».
Daily Mail

Pues hacía cosa de ¿un año? que tenía el libro en la estantería, y no es que lo fuese dejando porque no quisiera leerlo, que la verdad es que le tenía muchas ganas, pero es lo de siempre, van surgiendo unas lecturas que te hacen ir postergando otras. Así que cuando este fue uno de los libros que nos propusisteis para reseñar en el blog (creo que la propuesta vino de MRCastillo), supe que había llegado el momento, sí o sí. 

La historia comienza con la llegada del doctor Shepherd al manicomio para mujeres en el que va a comenzar su labor como psiquiatra. La institución se halla en una isla, en un edificio lúgubre de estilo gótico y desalentador. El director del centro, el doctor Morgan, es partidario de aplicar métodos modernos con las pacientes. Cuando dice modernos se refiere a crueles en muchos casos. Su intención no es la de reinsertar a estas enfermas en la sociedad o permitirles que lleven una vida normal, sino simplemente mantenerlas controladas y sumisas, como si fuesen ovejas, porque ninguna paciente abandona jamás el centro: llegan para quedarse hasta morir. Esto contrasta frontalmente con la filosofía de la Terapia Moral que practica Shepherd, según la cual a los enfermos mentales hay que tratarlos como las personas que son, darles tareas que les hagan sentirse útiles, construirles un ambiente acogedor en el que realizar la terapia, y en última instancia, prepararlos para su vuelta a la sociedad. 

Morgan se ríe de la Terapia Moral y las creencias de Shepherd, y a Shepherd le horrorizan los métodos de Morgan y su absoluta falta de empatía y compasión por las pacientes. Llegan a un acuerdo. Shepherd debe escoger una paciente, y aplicar en ella las prácticas de la Terapia Moral y comprobar si consigue recuperarla para el mundo normal. La elegida es Jane Dove, adolescente con amnesia que posee una particular forma de hablar: su parloteo es totalmente comprensible, pero inventa constantemente muchas de las palabras que utiliza. Y no puede leer. No sabe por qué, pero no puede leer: algo, o alguien, se lo prohíbe. Le horroriza solo pensar en esa posibilidad.

Hasta aquí puede parecer que la historia va de psiquiatría, de tratamientos, de vertientes médicas... sí y no. Sí, porque eso está evidentemente en la trama, aunque de una manera muy superficial. No, porque lo importante no es lo que se cuenta, sino quién nos lo cuenta. Shepherd es el narrador de la historia. Y desde el principio las cosas no cuadran en él. No puede abrir su propia maleta, la ropa le está muy justa, tiene un golpe en la cabeza, su apariencia no cuadra con los años que supuestamente tiene... pronto averiguamos que no es quien dice ser, pero se integra sin problemas en la dinámica del hospital. No es hasta que comienza a hablarnos de su naturaleza oscura, de sus inclinaciones, de sus instintos anormales... que nos damos cuenta de que el misterio no está en que haya suplantado a alguien, que se sabe casi nada más empezar el libro, sino en él mismo, en lo que esconde y en su pasado. La historia encierra una gran paradoja por el personaje en sí y dónde han ido a parar sus huesos.

Poco más sobre la trama os puedo contar sin desvelar nada que no debo. Puede parecer que he contado demasiado hasta ahora pero es más bien lo contrario... he contado lo único que se puede contar de la historia si se quiere hablar algo sobre ella. Quedan muchas sorpresas escondidas porque es de esos libros que hay que leer y sorprenderse con ellos. Y si soy sincera tampoco es que esas sorpresas sean mayúsculas o inesperadas, porque todas las pìstas están ahí para verlas y entenderlas, pero lo ideal es ir acompañando a la narración y seguir sus pautas: puedes intuir las cosas, adelantarte a ellas, pero Harding quiere que lo sepas a ciencia cierta a su manera, y ahí está la gracia del asunto.

Una de las cosas que más he disfrutado del libro es su marcado carácter literario. No llega a ser un ejercicio de metaliteratura, pero el autor plasma su amor por la literatura clásica a cada paso que el protagonista da en la novela. Por encima de todo despunta el bardo; las referencias a Shakespeare son constantes, el amor y devoción del protagonista hacia el dramaturgo son evidentes casi desde las primeras páginas: las referencias a sus obras, la constante alusión a ellas para equipararlas a su situación personal o a lo que observa... Shepherd llega a afirmar que todo aquel que admire al bardo es incapaz de mostrarse insensible o cruel, lo cual no deja de tener su gracia. Dickens y su genialidad también pululan por estas páginas, pero el homenaje más evidente se lo lleva Jane Eyre, cuya esencia campa a sus anchas durante toda la historia. El autor coge una de las subtramas de la obra y la reproduce a su antojo y manera propios sin posibilidad alguna de malentendidos, sin disimulo ni rubor alguno, a plena vista para todos los que conocemos y adoramos este prodigio nacido de la pluma de Charlotte Brontë. De esta especie de homenaje viene buena parte del aire gótico con que se describe la historia. Y en otras novelas esto de hacer uso de obras famosas clásicas me molesta, pero en este libro se nota tanto amor por los clásicos y está escrito con tanto respeto y elegancia que simplemente lo he aceptado y disfrutado como lo que parece ser: un regalo del autor para sus lectores.

La ambientación de finales del XIX quizás solo es palpable en los métodos usados dentro de la institución psiquiátrica, porque más allá de eso cuesta situar la historia en el tiempo que se dice que ocurre... o en cualquier otra época, ya que estamos. Toda la trama, salvo escasas escenas, ocurre dentro del manicomio o en sus terrenos, y solo hay relación directa entre 3 o 4 personajes, con lo que se pierde un poco de contexto temporal por el camino. En cuanto al ritmo, la parte central de la novela frena un poco la cadencia de la historia y se toma su tiempo para encauzarla hacia las últimas cincuenta páginas, donde los sucesos precipitan nuevamente el tempo. Pero el final del libro es el que tiene que ser, y lo remarco porque conforme leía me estaba dando mucho miedo... no sabía si el autor iba a darle un final digno a la historia, si la iba a fastidiar, si iba a estropear todo el trabajo de las más de doscientas páginas anteriores, y para mi alivio no lo hace. En mi cabeza había dos finales posibles y honestos con la historia, y afortunadamente me encontré con uno de ellos.

En definitiva, he disfrutado mucho de la novela, aun a pesar de esos altibajos hacia la mitad de la historia. Tiene un regusto atemporal, a esos libros que si no te dijera nadie nada sobre ellos no sabrías muy bien cuándo fueron escritos. John Harding pertenece a ese grupo de autores británicos de los que apenas nos llega nada en castellano. No es muy prolífico a pesar de su edad, solo tiene 5 obras en su haber, pero vamos, que con las "joyas" que nos llegan a las librerías, no deja de sorprender que ciertos autores de renombre sigan por aquí casi inéditos.

Termino ya. Y voy a intentar cortarme para no hacerlo con otra puntilla de las mías. Voy a intentar no decir que no entiendo cómo no se dio cuenta nadie al corregir el libro de que se responde a una pregunta inexistente y que, por tanto, se comieron una frase que quedó sin traducir... 

John Harding (1951) es uno de los novelistas contemporáneos más versátiles de Gran Bretaña. Nació y creció en un pequeño pueblo del distrito de Fenland, en el condado Isle of Ely (Cambridgeshire), y estudió Literatura Inglesa en el St. Catherine’s College de Oxford. En sus inicios fue reportero y redactor de periódicos y revistas, pero pronto se centró en la literatura como ocupación única. También es profesor de escritura narrativa y mentor de novelistas jóvenes a través de la iniciativa The Writing Coach.