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lunes, 19 de agosto de 2024

RESEÑA (by MH) ::: CAPITANES INTRÉPIDOS - Rudyard Kipling


 
Título original: Captains Courageous
Autor: Rudyard Kipling
Editorial: Austral
Traducción: J. Novo Cerro
Páginas: 336
Fecha publicación original: 1896
Fecha esta edición: febrero 2019
Encuadernación: cartoné
Precio: 11,95 euros
Ilustración de cubierta: Pep Boatella
Ilustraciones interiores: I. W. Taber

 
Capitanes intrépidos es una de las obras más originales y emblemáticas del premio Nobel Rudyard Kipling. La aventura y el aprendizaje de Harvey, un consentido adolescente norteamericano, hasta llegar a convertirse en un hombre cabal, constituye el eje argumental de esta obra que enseña cómo se entra por derecho propio en el mundo adulto. El joven Harvey se verá obligado a pasar por toda una serie de experiencias amargas antes las que tendrá que sacar lo mejor de sí mismo para sobrevivir y hallar su propio camino. De este modo, este pequeño gran héroe se convertirá en símbolo de la lucha por la superación del ser humano y de la necesidad del esfuerzo y la valentía para hacer frente a las dificultades de la existencia.

 
 
Creo que casi todos los que tenemos una edad (digamos, entre treinta y ochenta años xD) hemos visto alguna vez en la vida la película
Capitanes intrépidos, esa en la que un muchacho era recogido en alta mar por un barco pesquero y allí se tenía que quedar currando como el que más y madurando el proceso. Y es que claro, si es Spencer Tracy el que te recoge del agua, todo es como muy cinematográfico y tiene mucho caché. Como siempre pasa, tardé mucho en saber que muchas de esas pelis clásicas que yo había visto en la tele cuando era pequeña basaban sus historias en libros, y cuando lo supe, tampoco he tenido mucha prisa en leer esos originales en papel porque bueno, ya sabéis, una vez que sabes lo que va a pasar, no es lo mismo. Llevo un par de años intentando poner remedio a esto y acercándome a clásicos de los que ya conozco la historia por adaptaciones cinematográficas también clásicas. Ahora le ha tocado el turno a esta novela de Kipling, considerada una obra maestra de la literatura, y aunque ya os he adelantado de lo que va el tema, os hago una sinopsis un poco más apañada.

Harvey Cheyne es un niño de papá... o más de bien de mamá. Su madre es la que pone los mimos en exceso y su padre el que aporta los millones (muchos, muchos millones) de dólares a la vida familiar. Harvey, a sus quince años, a finales del siglo XIX, dispone de doscientos dólares al mes para sus gastos (tirad de matemáticas para trasladar esta cantidad a 2024 y hacer equivalencias). Está acostumbrado a salirse siempre con la suya y a no hacer nada de nada para tener siempre todo lo que quiere. Lo conocemos a bordo de un enorme barco de pasajeros, donde da por saco a la tripulación y tiene a todo el mundo hasta el moñete... hasta que cae al mar en pleno Atlántico Norte. Oh my God, ¿le servirán de algo los doscientos dólares en tan desagradable brete? Pues no, ya sabemos los pobres que no. Así que debe conformarse con el portugués Manuel, un marinero del barco pesquero We`re Here que lo saca del agua inconsciente y se lo lleva a su barco. Allí Harvey intenta convencerlos de que su papá es millonario, que tiene un tren privado, calesas con ponies, cubiertos de oro y que cuando va al baño, huele a eau de diamantes. No le creen, claro, piensan que le falta un viaje, y le dicen que sí, que vale, pero que están a mitad de campaña y hasta dentro de varias semanas no volverán a tierra. Si va a quedarse (no le queda otra, vaya), Harvey tiene que trabajar muy duro como todo el mundo, cobrará diez dólares por todo su trabajo y que no se le oiga ni rechistar. Harvey no es tonto; más bien al contrario por mucho que se empeñe normalmente en no hacer nada, y aquí empieza su viaje hacia la madurez, la responsabilidad, el valor del trabajo y el esfuerzo, la amistad.... y los callos en las manos.

Capitanes intrépidos se publicó originalmente por entregas entre 1896 y 1897 y apareció ya en 1897 como novela primero en EEUU y luego en el Reino Unido (es la única novela de Kipling ambientada por entero en Usamérica, y los usamericanos deben adorarla porque da voz a muchos de los valores de los que ellos están muy orgullosos desde su nacimiento como país, sean verdad o mentira... pero de eso os hablo luego). De hecho la escribió mientras vivía en un pequeño pueblo de Vermont, Brattleboro, famoso por su estructura ferroviaria a finales del XIX y principios del XX, algo también de mucha importancia en la novela... (y de eso también os hablaré luego).

Y ya metiéndome en materia sobre el libro, estamos una vez más ante un ejemplo de literatura clásica de crecimiento personal del adolescente protagonista. En este caso Kipling sitúa al personaje (que, recordemos, es hijo de un multimillonario y está acostumbrada a mandar, no a que le manden, y a no mover un dedo) en un ambiente tan duro, extenuante, peligroso y sacrificado como es el de un barco de pesca en plena campaña, lo que implica no solo que él tendrá que formar parte de todo eso si quiere comer, sino que al barco aún le quedan varias semanas en alta mar y no será cosa de un par de días y a su casa. Y aquí debo hacer un aviso importante, porque ya he leído alguna opinión en la que se hace alusión a este tema para justificar una opinión negativa sobre el libro, y más vale que lo tengáis en cuenta antes de abrirlo: el 85% de la historia transcurre sobre un barco de pesca, como ya he dicho, y Kipling no se limita a "hacer como que" los personajes están en un barco de pesca... no, se zambulle de lleno en la vida del barco, y eso quiere decir que hay montones de términos náuticos y pesqueros, porque eso es lo que hacen en el libro: pescar, vivir en un barco y relacionarse con los pescadores de otros barcos. Si no os apetece leer un libro así, pues a otra cosa mariposa, que no será por falta de oferta literaria... De hecho K
ipling (obviamente) escribió la novela, pero estuvo asesorado en todo momento por el doctor James Conlan, que sirvió de joven en la flota de Gloucester y se convirtió en el artífice no solo de todos los detalles náuticos y de la rutina en un barco que aparecen en el libro, sino de la propia relación entre los componentes de la flota, las supersticiones, el tipo de hombres que se enrolaba en esos barcos o las costumbres de los pueblos pesqueros y sus gentes. Así que creedme, es muy puntilloso en todo.

El caso es que Harvey es rescatado por este barco, el We're Here, y en él encuentra a Dan, otro chaval de su edad, que es hijo del capitán, un viejo lobo de mar sumamente respetado entre el resto de la flota y que sabe donde hay que faenar en todo momento (los demás barcos también saben que lo sabe y no lo pierden de vista). Dan ha mamado la vida en alta mar desde que era un crío, pero dado que acude al colegio (como debe ser), solo acompaña a su padre en verano. Aun así, será el amigo, el maestro y la compañía constante de Harvey en esta aventura, donde no solo conocemos el pasado del resto de la tripulación (además de sus traumas, en algunos casos) y seguiremos paso por paso el proceso de pesca, limpieza y almacenamiento en el barco, sino que también seremos testigos de los conflictos y rivalidades con otros pesqueros, presenciaremos naufragios y la otra parte menos bonita de la historia (esa en la que las cosas no terminan bien y muere gente... de hecho en el We're Here acaba de fallecer un marinero en un accidente cuando Harvey es rescatado), asistiremos a algo parecido a una reunión de toda la flota pesquera y también nos llevaremos algún susto donde las supersticiones en alta mar hacen de las suyas... la vida a bordo del We're Here es tan intensa que llega un punto en que Harvey siente como suyas tanto las victorias como las tragedias de todo y todos los que le rodean porque, como ya os imaginaréis, no tarda en convertirse en uno más de ellos y en ser aceptado como tal (que por cierto, la historia de su rescate pronto es conocida por toda la flota y Harvey es el centro de atención allá por donde va).

Claro, todo esto es posible porque, salvo tragedia o naufragio del We're Here, tarde o temprano se terminará la campaña, llegarán a tierra y él podrá avisar a sus padres de que esta vivo y volver a su vida normal... o no tan normal, porque realmente la vida a bordo es una prueba que no solo le sirve en el presente para saber lo que es el trabajo duro y en equipo, el esfuerzo sobrehumano y el sacrificio, sino que esos valores serán imprescindibles para ponerse al frente del imperio económico y mercantil que ha amasado su padre y del que él se hará cargo a no mucho tardar... y es que su padre empezó desde la nada, sin formación, sin estudios y sin contactos, y solo a base de trabajo, trabajo y más trabajo ha llegado a ser uno de los hombres más ricos de Estados Unidos. El sueño americano, ya sabéis. A esto se dedica una parte del libro, a poner sobre la mesa toda esta serie de clichés, y aunque no comulgo con ello y, sinceramente, me ha sobrado un poco (en mis carnes sufro lo de que no por mucho trabajar se llega más lejos y se cobra un salario decente), entiendo su razón de ser en la lectura y lo que significa a nivel personal como personaje para Harvey en su camino hacia la madurez y la responsabilidad de ser adulto y tener en sus manos no solo el fruto descomunal del trabajo de su padre, sino la vida y el futuro de mucha gente que depende de que se hagan las cosas bien y de que al mando esté una persona honesta que sepa lo que es trabajar y también valorar a sus trabajadores (que son los que sacan las empresas adelante, no lo olvidemos nunca).
 
Rudyard Kipling escribió esta novela poco después de
El libro de la selva, durante los años en los que vivió en Estados Unidos, y él mismo dijo que en ella quería recuperar un mundo dentro de la sociedad estadounidense que ya se estaba perdiendo en aquella época. Y por si fuera poco incluye un capítulo que está considerado un clásico dentro de la literatura ferroviaria, por así decirlo. El padre de Harvey, en su magnificente opulencia, es dueño de un tren privado, y el viaje que se nos describe en ese capítulo, a contrarreloj, cruzando el país de un lado a otro en un tiempo récord, no solo es fascinante y una aventura en sí mismo, sino que encima es realista, porque Kipling consultó a un magnate ferroviario para escribirlo y los horarios, escalas, cambios, tiempos, número de locomotoras y cualquier evento tecnológico y mecánico está calculado al milímetro (de hecho, al parecer otro magnate ferroviarios, que se ve que había muchos en la época, quedó tan fascinado con lo que se cuenta en ese capítulo que él mismo lo hizo realidad punto por punto y comprobó que, efectivamente, el trayecto que se narra en él, en el tiempo que se dice que se tarda, era totalmente plausible y realizable).

En fin, que como veis en este libro tenemos de todo por mar y por tierra, y encima en esta historia todo el mundo es buena gente a su manera dentro de las muchas diferencias que hay entre ellos, y la solidaridad, la empatía, la generosidad, la amistad y la gratitud forman parte de un universo en el que todo es posible y sabes que las cosas van a salir bien de un modo u otro. Harvey es todo lo que debía ser un buen chaval norteamericano de la época destinado a hacer grandes cosas por su país, y aunque esta visión de las cosas tan usamericana, como ya digo, no comulga mucho conmigo (yo soy más de mirar hacia aquella parte del mundo con los ojos de Dickens en Martin Chuzzlewit xD), he disfrutado de la lectura y tiene escenas memorables, como la de la reunión de toda la flota o la de la pesca nocturna de Dan y Harvey (sobre la que no doy más datos pero me ha gustado mucho). De hecho creo que de esas novelas que se manejan tan bien entre una espectacular ambientación y un esmero en los personajes que parece que fueron escritas para ser adaptadas al cine y que, además, deben ser leídas al menos una vez en la vida... si no os importa meteros terminología náutica en vena, insisto. Luego ya os puede gustar más o menos, pero merece la pena su lectura.

Os dejo el tráiler de la adaptación cinematográfica de 1937, por si acaso alguien tiene más interés en ella que en el libro xD (el ya mencionado Spencer Tracy, Freddie Bartholomew, Mickey Rooney, John Carradine, Melvyn Douglas, Lionel Barrymore... vamos, superproducción de Hollywood de las que hicieron época. Se toman muchas libertades, es mucho más dramática que la novela y pasan cosas que ni de lejos pasan en el libro, pero eso es lo que tiene coger un original y "adaptarlo"... y, de hecho, creo que es de esos casos en los que probablemente sea mejor todavía la peli que el libro original, aunque esto lo digo con la boca pequeña porque es una opinión muy personal).





Rudyard Kipling (Bombay, 1865 – Londres, 1936) Escribió relatos, ensayos, novelas y poesía, aunque la mayor parte de su producción son cuentos, género en el que es un absoluto maestro. Iniciado en la masonería a los veinte años, en la logia «Esperanza y Perseverancia Nº 782» de Lahore, Punjab, India, su literatura abarca todos los territorios y géneros, pero sobre todos en sus primeros años arroja luz sobre la colonización inglesa de la India. Rechazó el Premio Nacional de Poesía y en tres ocasiones la Orden de Mérito del Reino Unido, que conlleva el título de Sir, lo que contradice su supuesto imperialismo colonial. Aceptó, sin embargo, el Premio Nobel en 1907. 

Entre sus obras aparecen libros de relatos como El hándicap de la vida (1891), El libro de la selva (1894), Stalky & Co. (1899), Puck de la colina de Pook (1906), La casa de los deseos (1926) y las novelas La luz que se apaga (1891), Capitanes intrépidos (1896) y Kim (1901). Su autobiografía, Algo de mí mismo (1937) se publicó póstumamente.

miércoles, 31 de julio de 2019

Y EL LIBRO COMIENZA ASÍ... #11 ::: JULIO 2019

¡Hola a todos!

Quienes sois habituales de Netherfield ya sabéis que esta entrada mensual y recopilatoria de las primeras frases reseñadas durante el mes anterior suele llegar el primer viernes de mes pero, por primera vez desde que abrió sus puertas, Netherfield se toma un mes de descanso y cierra en agosto, así que la entrada se adelanta un par de días. 

Os dejamos con las primeras frases de todos los libros reseñados durante JULIO. Os recordamos que están ordenados según la fecha de publicación de las reseñas, y las imágenes están enlazadas por si alguien está interesado en acceder directamente a la reseña para leerla.

Sin más os deseamos muy buen mes de agosto a todos, felices vacaciones a los suertudos que las comiencen ahora, ánimo a quienes se les hayan acabado ya, y no olvidéis tener siempre un buen libro a mano :)

¡Nos leemos en septiembre!

https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/2019/07/resena-by-mh-el-dia-del-entierro-edith-wharton.html

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lunes, 15 de julio de 2019

RESEÑA (by MH) ::: POR EL BIEN DE LA HUMANIDAD - Rudyard Kipling




Título original: Cause of humanity and other stories
Autor: Rudyard Kipling
Editorial: Reino de Cordelia 
Traducción: Victoria León
Prólogo: Victoria León
Páginas: 655
Fecha publicación original: 1880's
Fecha esta edición: abril 2019
Encuadernación: rústica con sobrecubierta
Precio: 29,95 euros 
Imagen de cubierta: Edwin Lord Weeks (1849-1903)

 
Ochenta y seis cuentos inéditos de la primera época de la juventud de Kipling, entre los que hay cuatro inconclusos y un puñado atribuidos a él sin que se haya podido confirmar plenamente su autoría. Traducidos al español por primera vez en esta edición, sorprende en ellos la gran calidad literaria del futuro Premio Nobel, considerado uno de los más grandes escritores de cuentos de todos los tiempos.
Tener este libro entre las manos y poder disfrutar de él es un auténtico lujazo porque su contenido, tal y como explica Victoria León en su prólogo (también es la traductora de la obra y, una vez leída, solo queda felicitarla porque es un trabajo de titanes), permaneció fuera de los índices bibliográficos autorizados del autor hasta el año pasado, cuando la editorial Cambridge University Press reunió y publicó su contenido en un solo volumen (por cierto, ¿sabíais que esta editorial británica existe desde el siglo XVI y es la más antigua del mundo? Curiosidades literarias xD).

Quizás para entender un poco el contenido de esta edición habría que hacer una breve mención al contexto en que fueron escritos y publicados los relatos que incluye. Rudyard Kipling era hijo de un oficial del ejército británico y como tal nació en 1865 en la India, perteneciente en aquella época al pomposo y deslumbrante Imperio Británico. Aunque a los seis años fue enviado a Inglaterra para su educación y formación, con 16 años (en 1882) volvió a Bombay como corresponsal de la Civil and Military Gazette, periódico en el que estuvo hasta que a principios de 1888 pasó a formar parte de la plantilla del Pioneer, periódico más grande e importante en el que trabajó como corresponsal solamente un año, momento en que fue destituido y decidió volver a Londres para perseguir de manera profesional su carrera literaria. Bien, pues a esa etapa entre 1882 y finales de 1888 y a su trabajo para esos dos periódicos, pertenece en su mayor parte el conjunto de relatos reunidos aquí, salvo unos pocos que se extienden hasta principios del siglo XX.

Antes de continuar, de lo que os acabo de contar hay que quedarse con un dato no solo importante, sino sorprendente a tenor de la calidad, diversidad y complejidad de buena parte de los relatos que se pueden leer en Por el bien de la humanidad, y es que Kipling tenía entre 16 y 24 años cuando los escribió. Era apenas un adolescente entrando en la edad adulta cuando puso sus pies en la India por segunda vez y se la recorrió de arriba a abajo mientras escribía estas breves aunque agudas crónicas de cómo transcurría allí la vida para los británicos. Repito, sorprendente, porque destilan una madurez y un conocimiento de la vida, la sociedad y su entorno que personas con muchos años más no serían capaces de diseccionar y transmitir de esa manera, ni aun teniendo talento para la literatura.

Por el bien de la humanidad es una antología que recoge nada más y nada menos que 86 relatos (algunos de ellos, muy pocos, inéditos o inconclusos). Son tantos que incluyen géneros literarios y estilos narrativos de todo tipo. Relatos costumbristas, sátiras políticas, parodias, narraciones que se adentran en la fantasía o en lo metafórico, historias navideñas, anécdotas puntuales, crónicas de aventuras, dramas, humor... A veces repite personajes o retoma en un relato lo que contó en otro anterior; indaga en varias ocasiones y en un tono onírico en los delirios que provocan la enfermedad y la fiebre; unas veces narra en primera persona, otras en tercera, a veces a modo de diario, otras en forma de carta, incluso se adentra en el estilo teatral y compone o asemeja el guión de una escena concreta sobre las tablas donde los diálogos entre los personajes fluyen de manera endemoniada. Noches de club entre caballeros, rivalidades políticas, elogios de la profesión periodística, fanfarronadas del ejército, la nostalgia de los británicos residentes en la India (ya fuese de manera voluntaria u obligada), el anhelo de volver a pisar algún día su tierra natal, homenajes a Dickens y a Lewis Carroll (junto a su Alicia), mitos griegos, la relación de los británicos con la población india, la propia visión que tenían los ingleses sobre los indios y sus aportaciones al Imperio ya fuese social o culturalmente, el evidente desprecio que en provincias como Shimla, Lahore o Bengala se sentía hacia Bombay...

Como veis, la temática de los relatos es casi tan variada como su número. La narración está plagada de palabras locales hindúes que en unos casos se nos traducen a pie de página y en otros hay que intuir tirando de contexto. El título del libro proviene de uno de los relatos inéditos que jamás fue publicado y que curiosamente ha sido uno de mis favoritos; fue escrito en 1914 y se aleja por completo de la temática angloindia componiendo una historia de aventuras llena de retranca, energía e ironía que no vio la luz precisamente por la temática que aborda (que no puedo contar), el tono en que lo hace y el estallido de la Primera Guerra Mundial. Resalto otro detalle que va muy asociado al contexto y el público al que iban dirigidos estos relatos: apenas aparecen figuras femeninas en ellos. Creo que me sobrarían dedos de una mano si quisiera contarlas.

¿Por qué decidió en aparincia el propio Kipling hacer estos relatos a un lado y no incluirlos en su bibliografía autorizada? Precisamente porque son excesivamente localistas tanto en lo que respecta a los  años en que fueron escritos como sobre las personas de las que se habla en ellos como de hechos y circunstancias políticas y sociales que para quienes los leían en aquella época eran el pan de cada día y con lo que lidiaban cada mañana al levantarse, pero que una vez transcurrido un tiempo perdían su interés. De hecho, como lectora que se ha adentrado en ellos 130 años después de su publicación, a ratos me sentía un tanto perdida en la comprensión y contextualización de lo que estaba leyendo. Imaginaos que Kipling viviese en la España de la actualidad y escribiese relatos concretos de la situación política que estamos viviendo ahora, y nombrase a este o aquel que pinta algo (poco o mucho) en esa situación y se refiriese a una anécdota puntual que hemos leído en el periódico del día pero que incluso nosotros olvidaremos en una semana... y ahora imaginaos a alguien leyendo esos relatos en 2150. Pues por muy importantes que se crean los políticos españoles y por muchas cosas supertrascendentales que crean que hacen por España (...), dentro de 150 años ni el tato va a saber ni le va a interesar quiénes son ni lo que hicieron en julio de 2019, porque históricamente serán una gota de agua en el océano. Pues eso es lo que leemos en Por el bien de la humanidad pero ambientado en la India británica de los años 80 del siglo XIX. Y si al mismo Kipling le parecía que esos relatos habían perdido el interés pasados unos años, imaginaos al lector del siglo XXI que ni siquiera sabe en muchos casos de qué o quienes está hablando.

¿Debe eso echaros para atrás? En absoluto, porque precisamente estos relatos son un testimonio fascinante de primera mano tanto de la política y la sociedad angloindia de la época como de los intereses, filias y fobias del propio Kipling. La visión que da del imperio, ya privilegiada de por sí gracias a su situación y su profesión, se beneficia precisamente de su genio y su talento a la hora de crear historias que parten muchas veces de situaciones sencillas, hechos habituales que bordean el dramatismo o de anécdotas simpáticas. Yo diría que incluso dan buena muestra de cómo se gestó el gran escritor en que luego se convertiría, porque entre esos relatos hay auténticas joyas, genialidades que te dejan con la boca abierta. Sí, hay otros que se hacen un poco más cuesta arriba por la falta de conexión contextual con lo que te están contando, pero son los menos y en una antología de relatos es muy difícil disfrutar de todos por igual. A mí se me escapaba la sonrisa leyendo muchos de esos relatos, y reconocía el estilo de un autor que en obras posteriores me ha fascinado.

¿Recomiendo Por el bien de la humanidad? Sin lugar a dudas, pero no es un libro para todo el mundo. Y sí, sé que esto es un cliché con patas: ningún libro es para todo el mundo, ninguno, y este no iba a ser una excepción, pero quiero puntualizar varias cosas a tener en cuenta antes de abordarlo. Al hecho de que tienen que interesar la época y el contexto político y social en los que fueron escritos estos relatos porque son su razón primordial e indisoluble de existencia en muchos de ellos, se suma que, precisamente, son casi noventa los relatos que contiene y se debe disfrutar mucho del género. Tampoco creo que sea la mejor obra con la que conocer a Kipling para aquellos lectores que nunca hayan leído nada suyo; para mí esta compilación es un regalo para quienes ya nos apasionaba el autor con anterioridad y conocemos en mayor o menor medida su obra, porque así nos acercamos a su obra juvenil (aunque de juvenil en la forma no tiene nada y su calidad es incuestionable).

Para mí es un milagro tener esta edición en castellano y la guardaré como oro en paño. De vez en cuando abriré el libro por una de sus páginas y leeré el relato correspondiente, porque una de las sensaciones con las que me he quedado al terminarlo y cerrarlo es que es de esos libros que se saborean mejor a trozos, a retazos, más que si se lee del tirón un relato detrás de otro. Invita al lector a adentrarse en él como quien busca un escape en cualquier momento del día y que, tras leer una de sus historias, lo cierra y fabula con el azar y la historia en la que lo sumergirá en la siguiente aventura. Ya he disfrutado del todo; ahora me queda degustarlo por raciones.





Rudyard Kipling (Bombay, 1865 – Londres, 1936) Escribió relatos, ensayos, novelas y poesía, aunque la mayor parte de su producción son cuentos, género en el que es un absoluto maestro. Iniciado en la masonería a los veinte años, en la logia «Esperanza y Perseverancia Nº 782» de Lahore, Punjab, India, su literatura abarca todos los territorios y géneros, pero sobre todos en sus primeros años arroja luz sobre la colonización inglesa de la India. Rechazó el Premio Nacional de Poesía y en tres ocasiones la Orden de Mérito del Reino Unido, que conlleva el título de Sir, lo que contradice su supuesto imperialismo colonial. Aceptó, sin embargo, el Premio Nobel en 1907. 

Entre sus obras aparecen libros de relatos como El hándicap de la vida (1891), El libro de la selva (1894), Stalky & Co. (1899), Puck de la colina de Pook (1906), La casa de los deseos (1926) y las novelas La luz que se apaga (1891), Capitanes intrépidos (1896) y Kim (1901). Su autobiografía, Algo de mí mismo (1937) se publicó póstumamente.

viernes, 28 de abril de 2017

RESEÑA COMBO (by MH) ::: EL HOMBRE QUE PUDO REINAR - Rudyard Kipling




Título original: The man who would be king
Autor: Rudyard Kipling  
Editorial: Nórdica
Traducción: Enrique Maldonado
Páginas: 104
Fecha de publicación original: 1888
Fecha esta edición: febrero 2016
Encuadernación: cartoné
Precio: 19,50 euros
Ilustración de cubierta e interiores: Fernando Vicente








El hombre que pudo reinar (1888) narra la historia de dos suboficiales británicos en la India que se convierten en reyes de Kafiristán, una parte remota de Afganistán. El relato está inspirado en las hazañas de James Brooke, un inglés que llegó a ser el primer rajá blanco de Sarawak, en Borneo, y en los viajes del aventurero estadounidense Josiah Harlan, a quien le fue concedido el título de Príncipe de Ghor a perpetuidad para él y sus descendientes.

Esta novela corta, considerada una de las mejores de Kipling, ha sido genialmente ilustrada por Fernando Vicente.

Hoy vengo con la segunda reseña combo del blog (libro + adaptación). Me gustaría hacerlas más a menudo, pero ya se sabe... Y lo hago con otro clásico. Si en la primera ocasión el elegido fue Oscar Wilde, hoy lo es Rudyard Kipling.

Dos razones me impulsaron a hacerme con este libro en cuanto lo vi en la librería. Una es precisamente su adaptación cinematográfica, vista en varias ocasiones (visionada nuevamente para hacer esta reseña) y que considero una de las mejores películas de aventuras de todos los tiempos. La segunda es la edición, y por concretar, su ilustrador. Colecciono (y llegué a hacerlo en su momento inconscientemente, aunque ahora mentiría si dijera que no los voy buscando adrede) los libros que ilustra el grandísimo Fernando Vicente. Tengo la suerte de que todos son libros de mi estilo que compraría y leería igualmente, pero con su trabajo en ellos se convierten para mí en joyitas de colección.

Pero de la película os hablaré en su espacio más abajo, y de Fernando Vicente os iré mostrando su trabajo a lo largo de la reseña. Hablemos primero de esta maravilla de novela corta-relato largo que se sacó Kipling de la manga. Intentaré ser breve (no prometo nada).

Estamos en la India de finales del siglo XIX, cuando era colonia del imperio británico y cobijo para hombres tan variopintos como exploradores y aventureros o sinvergüenzas y rufianes. Peachie Carnehan y Daniel Dravot pertenecen a este último grupo; dos canallas británicos, anteriormente suboficiales del ejército, que recorren la India engañando, estafando y sobornando. El narrador los conoce superficialmente al principio de la historia en una anécdota que ya es un fiel reflejo del modo de vida de estos dos caballeros, y no vuelve a saber de ellos hasta que se presentan de improviso en la oficina del periódico en el que trabaja pidiéndole mapas, atlas e información: han decidido que la India se les queda pequeña, que ya han hecho todo lo que podían hacer en ella, y que ahora quieren ser reyes... reyes de verdad por derecho propio, con un reino, súbditos, corona. Y la región escogida es Kafiristán, más allá de Afganistán. Tan imposible es resistirse a la ayuda que solicitan que nuestro narrador se la presta y, tras verlos partir en busca de su reino, no vuelve a saber de ellos... hasta un año y medio después, cuando aparece en la misma oficina un despojo apenas humano que dice ser Peachie Carnehan. Y comienza a narrar la historia del hombre que quiso ser rey, que llegó a serlo... uno de los mejores relatos de aventuras que yo he leído nunca.

Peachie y Dan quieren imitar lo que años antes había hecho James Brooke, un inglés que llegó a ser el primer rajá blanco de Sarawak (Borneo) y en quien Kipling se inspiró para esta historia, y que a su vez ejemplifica lo que era el imperio colonial británico y su (gran) opinión sobre sí mismos y sus pretensiones. Podían gobernar allá donde quisieran, tenían derecho a tomar lo que se les antojaba, y los que vivían en aquellas tierras eran unos ignorantes asalvajados que se doblegarían sin cuestión alguna bajo la superioridad del yugo britanico. Pero Kipling no se conforma con esta nada velada crítica, sino que va cambiando las tornas y el tono de la historia, y conforme las ansias de poder se apoderan de uno de los protagonistas, cuando realmente comienza a creerse un dios enviado para gobernar los destinos de esos pueblos y se olvida de los principios que regían en primera instancia su aventura (el contracto inicial), se pierde el tono ligero del principio y la cosa se pone más seria, produciéndose una evolución bastante insospechada para quien no conozca la historia de antemano: se pasa de un tono ligero y picaresco a uno bastante más áspero, pero sin dejar nunca de ser audaz, intrépido y descarado.

La narración en primera persona corre a cargo del periodista inglés, del que jamás sabemos su nombre pero que siempre se ha dado por hecho que es un alter ego del propio Kipling (él mismo trabajó en un periódico en Bombay con un nombre muy parecido al que aparece en el relato), y también resulta evidente que el autor volcó en la historia su pertenencia a la orden masónica, cuyos ritos, espíritu y símbolos subyacen a lo largo de todo el relato (los tres protagonistas son masones), aunque solo se nombra como tal ya en Kafiristán.

Un relato imprescindible sobre todo para quien le guste el género de aventuras. En aquellos tiempos muchos escritores tenían unas vidas y experimentaban unas vivencias que eran maná para la literatura. Kipling era uno de ellos, y se nota en todas y cada una de sus obras.

Termino con la edición. De las ilustraciones de Vicente hay buena muestra tanto en el booktrailer que os adjunto arriba como en las fotografías que adjunto de mi ejemplar (en las fotos he evitado las del final para quien no conozca la historia). Soy muy fan de este señor, y si no fuera por sus ilustraciones esta edición no sería lo mismo... edición que sigue la misma tónica que otros libros ya reseñados de Nórdica por aquí, como La cata, de Roald Dahl. Tapa dura, con lomo de tela roja, y en su interior noventa páginas (veinticinco de ellas correspondiente a ilustraciones) en las que el texto es grande para ocupar el mayor número posible de ellas y darle más empaque. La edición merece muchísimo la pena y es de calidad, como todas las de Nórdica (para regalo es una gozada), son 20 euros muy bien invertidos... pero, como siempre, os aviso: estos relatos duran lo que duran en las manos, no más de un rato. Ya cada cual que decida si se gasta ese dinero en este tipo de edición o en una novela que le dé más horas de lectura.








Título original: The man who would be king
Año: 1975
Duración: 129 minutos
País: Estados Unidos
Director: John Huston
Guión: John Juston, Gladys Hill
Basada en una novela de: Rudyard Kipling

Reparto: Sean Connery, Michael Caine, Cristopher Plummer, Saeed Jaffrey, Shakira Caine, Albert Moses

 
 
 
Danny Dravot y Peachy Carnehan, dos aventureros que viajan a la India en 1880, sobreviven gracias al contrabando de armas y otras mercancías. Un día deciden hacer fortuna en el legendario reino de Kafiristán. Después de un durísimo viaje a través del Himalaya, alcanzan su meta justo a tiempo para hacer uso de su experiencia en el combate y salvar a un pueblo de sus asaltantes.




Sobre la trama no voy a contar nada ya porque está contado todo arriba, y además me he enrollado más de lo que quería así que aquí toca abreviar. Me limitaré a valorar brevemente la película como adaptación. Y lo primero que tengo que decir es que esta película de ese genio llamado John Huston siempre me ha parecido una maravilla si del género de aventuras hablamos, pero una vez leído el relato en el que se basa además tengo que añadir que es una excelente y muy digna interpretación de la historia de Kipling.

La película sigue la misma ruta precisa que el relato con escasas excepciones, como en el trayecto hacia Kafiristán, donde la historia se detiene mucho más, los personajes tienen sus momentos de lucimiento, y es quizás la parte que más se aleja del relato. Sí que hay diferencia en el uso casi abusivo del hecho de que los tres protagonistas sean masones. En el relato es algo que se sobreentiende todol el tiempo pero que solo adquiere nombre y relevancia cuando ya son reyes de Kafiristán. En la película desde el minuto uno lo recalcan, lo dicen, lo repiten... de sutiles nada, y de hecho es un poco excesivo porque parece una oda a esta orden y hasta te dan una descripción que ya quisiera la wiki.

Otra diferencia con la historia escrita es la identidad del periodista. En el relato es un alter ego de Kipling, nunca el mismo Kipling, y de hecho cambia aspectos que podrían ser coincidentes con su propia vida. En la película se dejan de "supuestos" y es el propio Kipling el que hace las funciones del periodista, e incluso en su primera escena en cámara se le ve escribiendo el poema The ballad of Boh Da Thone, que sutilmente ambienta la historia en 1888, año en que fue escrito (al igual que el propio relato que nos ocupa), cosa que nunca sabemos con certeza en el relato.

Sobre los actores qué puedo decir... no se parecen nada físicamente a lo que describe Kipling, pero cualquiera le pone pegas a Sir Michael y Sir Sean. Y aunque para mi gusto Caine es el que se luce en la película y sobresale muy por encima de Connery (soy muy de Caine en cualquier cosa que hace, lo admito), los dos están fantásticos: Connery como Daniel Dravot, que comienza como un sinvergüenza aventurero que se las sabe todas y poco a poco se le empieza a subir a la cabeza lo de ser rey, y Caine como Peachey Carnehan que, aunque al comienzo representa el mismo arquetipo vividor y canalla que Dravot, a diferencia de él mantiene los pies en la tierra y es muy consciente de la precariedad de la situación en la que están. Es su amistad incondicional la que hace que decida permanecer junto a Dravot a pesar de las consecuencias que vaticina, y los dos actores protagonizan una escena hacia el final (todo aquel que haya visto la película sabrá seguro a cuál me refiero porque es LA escena) que simple y llanamente multiplica por cien (para mejor) la escrita por Kipling. Memorable. No entro más en detalles porque os estaría estropeando tanto la película como el relato.

Diría más cosas pero si habéis llegado hasta aquí será milagro y no quiero tentar a la suerte. Termino con lo dicho al principio, brillante cine de aventuras con unos soberbios protagonistas. De esos clásicos que hay que ver sí o sí al menos una vez en la vida.


Rudyard Kipling (1865-1936). Narrador y poeta inglés, controvertido por sus ideas imperialistas y uno de los más grandes cuentistas de la lengua inglesa. Pertenecía a una familia de origen inglés (su padre, John Lockwood Kipling, era pintor y superintendente del Museo de Lahore), y pasó en la India los primeros tiempos de su infancia. A los seis años fue enviado a Inglaterra, donde estudió en el United Services College de Westward Ho, en Devonshire, ambiente que luego describió en la novela Las aventuras de Stalky.

De vuelta en 1882 a la India, se dedicó al periodismo en calidad de subdirector de The Lahore Civil and Military Gazette y, después, entre 1887 y 1889, de The Pioneer. En sus relatos, situados en el ambiente de la vida india según podía entenderla un inglés y escritos en un lenguaje directo y vigoroso que recuerda la jerga militar, Kipling reveló un agudo espíritu de observación, capacidad inventiva y una habilidad especial en la descripción de tipos característicos de oficiales y muchachos inspirados en la realidad inmediata. El estilo rápido y escueto, el tono rudo y frecuentemente cínico, y el crudo realismo que recuerda los de St. Crane y Hemingway, ofrecen un sabor de experiencia vivida, con matices de anécdota narrada bajo las tiendas de un campamento de soldados en el curso de las prolongadas veladas nocturnas.