lunes, 14 de junio de 2021

RESEÑA (by MH) ::: LA GUERRA DE LOS MUNDOS - H. G. Wells


 

Título original: The War of the Worlds
Autor: H. G. Wells
Editorial: Libros del Zorro Rojo
Traducción: Ramiro de Maeztu
Páginas: 208
Fecha publicación original: 1898
Fecha esta edición: noviembre 2016
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: 19,90 euros
Ilustración de portada e interiores: Henrique Alvim Corrêa

 

 

La guerra de los mundos, obra central de uno de los padres de la ciencia ficción, nos invita a realizar un viaje en el tiempo hacia el corazón de las fantasías que, en el siglo XIX, modelaban los cánones de terror, los avances tecnológicos y el choque con ese otro mundo, Marte, del que poco se sabía y todo podía suponerse. 
 
Esta edición recupera las magníficas ilustraciones del artista Henrique Alvim Corrêa, publicadas únicamente en 1906 en una tirada limitada que dio vida a «esos monstruos que tenían algo de hongo en su aceitosa piel oscura». Asimismo, permite escuchar la emisión radial de Orson Welles en la que teatralizó la invasión marciana. La publicación de esta obra, rescate de la edición histórica publicada por la editorial L. Vandamm & Co. en 1906, coincide con el 130.º aniversario del nacimiento de H. G. Wells y el 140.º aniversario del nacimiento de Alvim Corrêa.

Hoy vengo con otro de esos libros que, de tan famosos y tan conocida la historia, he ido dejando siempre pasar dando prioridad a otros. ¿Quién no ha oído hablar de esta invasión de los marcianos o de la emisión radiofónica a cargo de Orson Welles que sembró el pánico la noche de Halloween de 1938? Y eso por no hablar de las innumerables adaptaciones cinematográficas o televisivas... Pues eso, que lo he ido dejando pasar hasta ahora, y me arrepiento mucho porque lo he disfrutado un montón, mucho más de lo que esperaba. Iba con las expectativas moderadas por algunas opiniones tibias que he ido leyendo o escuchando a lo largo de los años, y debo ser rara, porque la principal pega que todo el mundo le pone para mí ha supuesto un plus en la lectura. Bueno, me dejo de anticipaciones y os cuento.

La ambientación inicial de la historia nos lleva al condado inglés de Surrey, a unos 40 kilómetros al suroeste de Londres. En unas canteras de arena ubicadas en tierras comunales entre las localidades de Horsell, Ottershaw y Woking se estrella lo que el narrador en principio llama la Cosa. No es un meteorito, está hecho de metal, y de él intentan salir unos seres horrorosos y desagradables que, aun teniendo algún rasgo humano, no son en absoluto humanos: todavía no lo saben, pero son marcianos. Las banderas blancas sirven de poco, y esa misma noche exterminan con un artilugio que desprende una especie de rayo ardiente a las decenas de personas que rodean la nave. Nuestro narrador es testigo de todo y el único superviviente, y a partir de ahí le acompañamos durante los días siguientes en los que más naves siguen aterrizando en la zona y los marcianos salen de ellas manejando unas máquinas de treinta metros de altura que se yerguen sobre un trípode y usan maquinaria contra la que el ejército inglés poco puede hacer. La guerra entre Marte y la Tierra ha comenzado, y Marte tiene todas las de ganar.

El primer concepto del que tenemos que olvidarnos a la hora de abrir el libro es el del héroe, porque nuestro protagonista no lo es (Tom Cruise who?). Tan solo se trata de un vecino de Woking, un escritor, y es una persona normal y corriente, ordinaria, que tiene muy claro que solo con inteligencia y reflexión conseguirá salir de esta y es el primero en reconocer que, durante las muchas penalidades de su camino, se salva por los pelos y porque ha tenido suerte. No se hace el valiente, no lleva a cabo acciones épicas ni intenta salvar el mundo... bastante tiene con salvarse él si le dejan. Su principal objetivo es reunirse con su mujer, que ha dejado con unos primos en una localidad en apariencia fuera de la ruta de los marcianos, pero con esas máquinas de combate patrullando incansablemente y más numerosas cada día que pasa, sus pasos no siempre pueden dirigirse hacia donde él quiere y eso hará que nos movamos por un radio variable de kilómetros alrededor de Londres siguiendo el avance de la invasión. Desde el principio sabemos que la historia se nos cuenta en retrospectiva y que han pasado varios años desde los sucesos, lo que permite que también podamos conocer puntualmente lo que sucede en Londres aunque el protagonista no esté allí, pero las circunstancias y el porqué de esta parte de la narración no os los voy a desvelar aquí. 

En realidad La guerra de los mundos se puede leer solamente como una novela de ciencia ficción (o de anticipación científica, que parece que es el término correcto) si eso es lo que busca el lector, pero hacerlo sería como prepararte una pizza carbonara y luego quitarle el beicon y los champiñones (¡sacrilegio!). Es decir, que si os queréis quedar con las máquinas de combate, el poder de su armamento, las nuevas técnicas de destrucción que van mostrando conforme pasan los días (y ellos son más en número y más fuertes como ejército), el modo en que sobreviven y se alimentan en la Tierra y el avance sin prisa pero sin pausa hacia Londres... me repito, si os queréis quedar con la historia de la invasión en sí misma, lo vais a disfrutar mucho. Pero si queréis ir más allá, Wells no esconde en absoluto sus reflexiones y críticas hacia la humanidad en general y la Inglaterra imperialista y colonialista en particular, amén de otras críticas a las que quizás no se les da tanto bombo pero que yo creo que resultan evidentes leyendo la novela.

Desde el principio asemeja la invasión marciana con el imperialismo y la dominación británicos, los más extensos en la historia de la humanidad (que en la época en que fue escrita la novela abarcaba nada menos que casi una cuarta parte de la población mundial... más de cuatrocientos millones de personas, por si no queréis hacer cálculos), así como con el dominio o exterminio automático tanto de especies animales como de otros pueblos considerados inferiores. Los marcianos ven a los británicos de igual manera, así que no pueden quejarse por recibir el mismo trato que ellos han dado. 

Antes de juzgarlos con excesiva severidad debemos recordar que nuestra propia especie ha destruido completa y bárbaramente, no solo especies animales, como la del bisonte y la del dodo, sino también razas humanas inferiores. Los tasmanios, a despecho de su figura humana, fueron enterramente boorados de la existencia en una guerra exterminadora de cincuenta años que emprendieron los inmigrantes europeos. ¿Somos tan grandes apóstoles de misericordia como para arrogarnos el derecho a queja porque los marcianos combatieron con ese mismo espíritu?

Pero también reparte estopa por otros derroteros. Recibe su parte del pastel el archipoderoso ejército británico, una armada gloriosa que no dejaba de aumentar la hegemonía británica pero que se demuestra totalmente inútil e incapaz de frenar la invasión extraterrestre; también recibe un gobierno desaparecido, inoperante e invisible durante todo el libro que, cuando más falta hace, deja a la población totalmente abandonada a su suerte (...). El clero también se lleva lo suyo (supongo que en general, aunque aquí está representada la iglesia anglicana), personificado en la figura del que quizás (seguro) es el personaje más odioso de todo el libro en un alarde de estupidez, egoísmo, enajenación e ineptitud. El ser humano como ente individual no podía salvarse en esta escabechina, y cuando la misma existencia se convierte en un sálvese quien pueda, la compasión queda en barbecho y los instintos más primitivos e irracionales toman el mando; las escenas de huida en masa nos muestran la dos caras de la moneda, la menos habitual (la de la empatía y la bondad con el prójimo) y la mayoritaria (la de la sinrazón, la crueldad y la deshumanización). También se podría meter aquí el prólogo con el que comienza el libro, en el que se critica la prepotencia y la vanidad de la raza humana, el creernos el ombligo del universo sin saber realmente qué hay ahí fuera, pero es que si os dais cuenta, buena parte de lo que he dicho en este párrafo podría extrapolarse a nuestra sociedad del siglo XXI. Así de atemporal es esta novela para los temas base que plantea.

Obviamente, si nos metemos en materia científica, hay que comprender que la novela se publicó a finales del siglo XIX y que lo que hoy en día se sabe sobre Marte en aquella época ni se intuía, con lo que nos movemos todo el tiempo en territorio de suposiciones y creencias que luego se han demostrado incorrectas. Aun así Wells no se sacó de la manga la base hipotética de la historia, sino que basó su teoría en unos fenómenos reales observados por el astrónomo Stéphane Javelle en 1894, y a eso sumó la conjetura de una inviabilidad progresiva de la supervivencia en Marte y la necesidad de sus habitantes de buscar otro lugar en el que vivir, escogiendo la Tierra por ser el planeta más cercano y un testimonio de fertilidad y mares visto desde las estrellas. La verdad es que he leído este libro al mismo tiempo que el rover Perseverance de la NASA está realizando su misión científica en Marte, y no ha dejado de tener su aquel la coincidencia.

La principal queja que había leído sobre este libro es que su narración es fría y desapasionada, como que a muchos lectores les cuesta conectar con el libro. Evidentemente solo puedo hablar por mí, pero no ha sido mi caso, y no solo lo he disfrutado muchísimo sino que me parece la narración perfecta para la historia que Wells quiere contar. La guerra de los mundos cuenta unos hechos dramáticos pero no necesita usar el drama humano para transmitir al lector las consecuencias de esos hechos. Wells narra de una manera aséptica porque lo que importa es el calendario marciano y la crítica social que esconde ese calendario, además de lo que cada uno de esos días implica en el avance de la invasión hacia Londres. ¿Hay situaciones dramáticas? Por supuesto que las hay, miseria humana también, y dolor, muerte, soledad, desolación, pérdida, depravación... pero Wells no se recrea en ninguna de esas cosas, hacerlo supondría desviarse de su hoja de ruta, y La guerra de los mundos prescinde totalmente del melodrama y del exceso emocional porque sinceramente creo que no le hacen falta.

Sobre la edición solo puedo hablar maravillas. Libros del Zorro Rojo se supera una vez más, y a la edición en cartoné con sobrecubierta (cuya parte interior incluye un póster) suma las ilustraciones de Henrique Alvim Corrêa, que aparecieron en una edición limitada allá por 1906 (apenas ocho años después de la publicación inicial del libro) y que no solo plasman a la perfección lo que se narra en la novela sino que son tan adelantadas a la época y tan visionarias que sorprenden por su modernidad. No es de extrañar que Wells quedara encantado, porque la visión exacta de las máquinas de combate marcianas que tenemos hoy en día se la debemos a Corrêa. La traducción es también la primera al castellano de la novela, que vio la luz en 1902 de la mano de nada menos que Ramiro de Maeztu (ensayista, novelista y crítico literario, entre otras cosas, perteneciente a la generación del 98), y me ha parecido fantástica. Sabéis que soy muy pejiguera con las traducciones antiguas, pero no es el caso. De verdad que me parece una joya de edición.

Adaptaciones hay a montones, desde clásicas hasta la palomitera de Spielberg-Cruise, pasando por un par en formato miniserie que salieron casi al mismo tiempo hace cosa de dos años. Pero en lugar de poneros un tráiler como acostumbro, he buscado una grabación de esa mágica y terrorífica noche de Halloween de 1938 en la que Orson Welles sembró el caos narrando la invasión marciana de la Tierra (al menos para los que llegaron tarde a la retransmisión y se llevaron un buen susto. Los que estaban pegados al transistor desde el principio estaban sobre aviso y tranquilitos disfrutando de la maravillosa voz de este señor... adoro a Welles, para mí era un genio. Y tenía 23 años cuando hizo esta grabación, ojo al dato).



Herbert George Wells nació en Bromley, Inglaterra, en 1866. A los ocho años, un accidente que lo obligó a permanecer en reposo propició el descubrimiento de la lectura y su temprano deseo de escribir. Apasionado por la ciencia, en 1884 obtuvo una beca para estudiar biología en la Normal School of Science de Londres y más tarde se convirtió en uno de los fundadores y el primer presidente de la Royal College of Science Association. Esta influencia del discurso científico se advierte en su legado como novelista y en su convicción de que la especie humana podría ser mejorada gracias a los avances técnicos; pero sus armas fueron otras: la imaginación y la escritura. Del encuentro de estos elementos nació uno de los padres de la ciencia ficción. Perlas del género son La máquina del tiempo (1895), El hombre invisible (1897) y La guerra de los mundos (1898). Al envejecer, Wells comenzó a tamizar su fe en la ciencia con una mirada ética que cuestionó las desmesuras del avance y uso de la tecnología: en su novela El mundo liberado (1914), por ejemplo, imaginó la creación y las consecuencias de la bomba atómica. Wells también criticó la hipocresía de la época victoriana, así como el imperialismo británico. En un pasaje sobre el triunfo marciano, escribe: «El imperio del hombre y el terror que inspira eran cosas pasadas para siempre». Falleció en Londres en 1946.

12 comentarios:

  1. Hola, la leí hace años en una edición no tan estupenda como la tuya, y tengo que reconocer que me dejo un poco fría, pese a que el trasfondo de la historia me pareció muy interesante. Tras leer tu magnífica reseña, me estoy replanteando la relectura. Besos.

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  2. Lo cierto es que el género no me atrae demasiado y aun siendo un clasicazo y a pesar de tu fantástica reseña voy a seguir sin animarme.
    Besos.

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  3. Mi querida Miss Hurst,
    No sabes cuánto me alegro que te hayas decidido a leerla al fin porque nos pasa a todos, obras archiconocidas que no leemos porque creemos saberlo todo de ellas ¡y qué equivocados estamos! leerlo uno mismo no tiene precio.
    Dan ganas de una relectura pero ya, aunque mi edición no es tan bonita como la tuya 🙄😁🥰💋

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  4. De mis eternos pendientes y no me animo por lo que comentas. He visto tantas series, tantas pelis que me parece conocer ya la historia. Pero me voy a tener que animar. Y gracias por ese video! Me lo guardo para escucharlo con absoluta tranquilidad. Espero que tengan subtítulos...
    Besotes!!!

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  5. Hola. Menudo pitote montarías ahora si haces algo así, con lo que le gusta al rebaño una fake News y si es destructiva mejor. En fin, que yo confieso que solo he visto la versión palomitera y me gustó, lo confieso, aunque no me di cuenta de que Cruise era un héroe? ¿Seguro? En fin, que por lo visto aunque la idea en sí sea la misma veo que poco o casi nada tiene que ver con el relato original de Wells. Me ha recordado a uno que leí de Félix J. Palma, que me gustó mucho pero ni volví. Las trilogías y yo. Pues como me estoy llevando gratas sorpresas con los clásicos últimamente, no lo descarto. Libros del zorro rojo hace ediciones muy chulas. Y si, hoy en día si nos invaden desde Marte, adiós muy buenas.
    Besos

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  6. Ale, ya me estás picando... entre que me encantan las ediciones ilustradas, tengo la de El hombre invisible del mismo autor y la misma editorial... y la pasión que le pones a la historia... ya estoy incluyéndola en mi lista de deseos...
    Un besazo

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  7. Me ha encantado tu reseña. Me has animado totalmente a leerlo, es de esas historias que leeré en algún momento pero que no me llama la atención en demasía y se le ponen delante otras. Pero me gustó todo el análisis que has sacado de su lectura, muy interesante. Me apunto esta edición de Libros del zorro rojo, siempre son maravillosas no me extraña que este también lo sea. Un abrazo.

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  8. Hace unos años leí "Un hombre con atributos", la biografía novelada de David Lodge sobre H. G. Wells y me impresionó justo lo que comentas tú: la mirada tan clarividente que tenía Wells sobre los desastres autodestructivos de la humanidad, daba escalofríos lo bien que predecía las guerras (por los recursos) y el desastre climático, me quedé bizca. En cuanto al título que nos recomiendas, es cierto que como estamos hartos de ver pelis y series que más o menos lo adaptan, se nos va desdibujando el original y leyéndote a ti me han entrado muchas ganas de ir a la novela original (que nunca he leído). Mi anécdota favorita sobre esta obra es la adaptación radiofónica de Orson Wells y la que montó. Besos.

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  9. De sus tres obras más famosas, quizá es la que menos me llama. Si algún día me estreno con el autor será con El hombre invisible o La máquina del tiempo. Ni siquiera vi la peli, aunque no me importaría, seguro que tiene que estar bien esa versión de Spielberg. Aunque me ha gustado lo que comentas de la crítica que hace, comparando la invasión alienígena con el colonialismo o imperialismo. Siempre se aprende algo nuevo. ^^
    Es curioso, porque en mi lectura actual Wells hace un cameo y se pasea entre sus páginas como un personaje más.

    Un beso ;)

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  10. Querida MH:
    Te he leído sólo linealmente porque este libro lo tengo pendiente de reseñar. Pero me alegra saber que tu visión de la lectura ha sido positiva. En cuanto a tu edición, efectivamente es una maravilla.
    Un abrazo grande y enhorabuena por lo que presumo (en realidad lo sé) es una magnífica reseña!!

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  11. La grabación es fabulosa eh jejeje. La película también la he visto pero no se me había ocurrido nunca leer la obra. De todos modos, ya veo que hay gente que se le ha hecho cuesta arriba, aunque a ti no. De momento, no tengo pensado leerla pero sí ha sido un placer leer tu reseña. Besos

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  12. Leí hace años "El mapa del cielo", de Félix J. Palma, en la que Wells es el protagonista del libro y se basa en esta obra. A mí me encantó, pero no me convenció de animarme con este.

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