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lunes, 23 de junio de 2025

RESEÑAS (by MH) ::: EL CASO DE FARRIER'S LANE + EL DEGOLLADOR DE HYDE PARK - Anne Perry

 
 
Ya se os habrá olvidado, pero aparte del reto atemporal de Agatha Christie, estoy inmersa en varios más con el objetivo de leer/releer series completas en orden, como es el caso de toda la serie protagonizada por el inspector Thomas Pitt. Bueno, lo cierto es que no os hablo de estas novelas desde 2021. ¿Motivo? Que llegué a leer El caso de Farrier's Lane, que era el que tocaba de la serie, me puse malísima con uno de mis virus estomacales invernales, acabé no reseñándolo porque patatas, y llegó un punto en el que si quería seguir adelante con esto tenía que releer ese libro para opinar en condiciones. Si no tuviese que hablar de él por aquí habría seguido sin más con el siguiente, pero si quiero cumplir con mi propósito de reseñarlos todos... pues eso. Total, que casi cuatro años después retomo este tema, y como hice ya con los últimos libros, os hablo de ellos de dos en dos, que así os doy unas pinceladas rápidas y os canso menos (en realidad solo quiero dejar constancia de la lectura).

Por cierto, que desde esa última entrada de 2021 de la que os hablo ya ha fallecido la autora, Anne Perry, así que huelga decir que las series están cerradas y sé exactamente lo que tengo pendiente.
 
Hoy tocan los libros trece y catorce de la serie: El caso de Farrier's Lane y El degollador de Hyde Park. ¡A por ellos!




 
Título original:
Farrier's Lane

Autora: Anne Perry
Editorial: Debolsillo
Traducción: María José Díez y Diego Friera
Páginas: 497
Fecha de publicación original: 1993
Fecha esta edición: enero 2003
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)
Imagen de cubierta: Mary Evans Picture Library


El juez Stafford ha sido envenenado con opio y el inspector Pitt es el encargado de investigar este crimen, asunto que cada vez se va haciendo más y más complejo, pues tropezará con una serie de tramas sentimentales entre sus amigos y conocidos, con las contradicciones de la justicia, con el antisemitismo latente en la sociedad victoriana y con las peculiaridades del mundo teatral. Y a medida que sigue investigando, el inspector Pitt irá recomponiendo una triste historia familiar...

Tal como comento arriba, El caso de Farrier's Lane es la decimotercera novela protagonizada por Thomas Pitt (cuando le dejan xD). Para situarnos temporalmente en la historia estamos en el año 1889, unos meses después de los asesinatos de Jack el Destripador, y en ella asistimos (nunca mejor dicho, porque tiene lugar en un teatro) a la muerte del juez Stafford. Thomas Pitt, que está en otro de los palcos, ve cómo el juez empieza a encontrarse mal y es testigo directo de la muerte, así que está metido en el asunto desde el principio. Pronto se descubre lo que se sospechaba, que el juez ha muerto por envenenamiento de opio, y entonces se abren tres vías de investigación: una, que todo sea cosa de su mujer, Juniper, y de un fiscal amigo del matrimonio, porque ambos están, lo que se dice, liados; dos, que todo tenga que ver con el truculento asesinato cometido en Farrier's Lane cinco años atrás y que conmocionó a la sociedad inglesa (el juez formó parte del tribunal de apelación y últimamente estaba removiendo otra vez el caso); tres, cualquier cosa diferente a las otras dos, que, como imaginaréis, no tiene mucho recorrido :).

Perry solía tocar muchos temas contemporáneos a la época en que ambientaba sus novelas, sobre todo sociales, y esta no es diferente. De hecho, el asesinato al que se hace referencia en el título, ocurrido en Farrier's Lane, y alrededor del cual gira todo la trama, se mete de lleno en el antisemitismo del Londres victoriano, que es algo que quien esté acostumbrado a leer ya no solo novelas ambientadas en esa época, sino contemporáneas a ella, ha leído de mil maneras distintas. Este asesinato no solo fue horroroso, sino con un componente considerado blasfemo que aquí no os voy a contar, y eso engendró un odio en el ciudadano de a pie que derivó en revueltas, agresiones e histerismo. Scotland Yard no quiere ni oír hablar de reabrir el caso porque las presiones que sufrieron para detener a alguien cinco años fueron brutales y el propio juicio tuvo lugar en un ambiente muy convulso, pero ¿y si todo se confirma y condenaron a la persona equivocada? Tambien se habla de la guerra del opio y las consecuencias en un Londres cada vez más lleno de adictos, de la crueldad y/o utilidad de la pena de muerte, de lo mal vistos que estaban los actores en aquella época, del oprobio social que provocaban las relaciones románticas cuando la mujer era más joven que el hombre, del movimiento del esteticismo que estaba dando sus primeros pasos en aquella época... y no quiero extenderme más, pero a la Perry no le importaba usar muchas páginas y contar lo que quería contar.
 
En esta novela hay cambios en las investigadoras aficionadas que ocupan muchas veces más paginas que el propio Pitt. Ya os lo he dicho alguna vez, que en estos libros a veces investiga hasta el perro, pero bueno, es lo que hay. No me puedo quejar de la presencia de Pitt en la novela; no es que sea omnipresente, pero comparada con otras, donde tú como lector tenías que investigar donde estaba el propio investigador porque Pitt not found, pues eso... El caso es que la hermana de Charlotte, Emily, está a punto de dar a luz y se ha ido al campo; Gracie, la criada, está orgullosísima de trabajar para el inspector Pitt pero en esta ocasión se limita a hacer su trabajo y abrir los ojos como platos ante cualquier novedad; la tía Vespasia está un poco mustia porque se ha reencontrado con un viejo amor y no nos honra demasiado con su presencia... ¿Quién quedaba entonces como novedad para investigar? ¡La madre de Charlotte! Sí, esa tan estirada que deplora que su hija se haya casado con un policía y que vive por y para seguir a rajatabla la etiqueta social... hasta ahora, claro. ¿Por qué? Porque la señora es viuda desde hace cinco años y se ha enamorado locamente de un actor judío veinte años más joven que ella que encima es un posible candidato a sospechoso (a partir de la palabra "actor" todo es malo, muy malo, para su posición social). Pero nada, que ella se ha puesto el mundo por montera y arrastra a su hija Charlotte por todo Londres para probar la inocencia de su amado. Qué paciencia tiene el pobre Pitt... xD.

¿Qué nos traemos de novelas anteriores? Pues sobre todo la subtrama de Micah Drummond, el jefe de Pitt, por dos motivos. Uno, que en un caso anterior se enamoró de una mujer involucrada en una de las investigaciones (no doy más detalles por si acaso). Esa mujer ahora es viuda pero ha caído en desgracia, así que si decide hacerla su esposa, tendría que dejar su cargo en la policía (aquí creo que debería aclarar que en el siglo XIX, muchos altos cargos dentro de Scotland Yard no se cubrían con policías, sino con caballeros y gente de la alta sociedad que pocas veces pisaban las calles para investigar nada... si Drummond se casa con una mujer caída en desgracia, pierde su posición social y por tanto ya no puede seguir en el Yard). Por otro lado, en el libro anterior, Chantaje en Belgrave Square, se introdujo el Círculo Interno (Inner Circle), una sociedad secreta de comerciantes, financieros y aristócratas que en apariencia hace el bien pero que realmente usa a sus miembros para manipular los estamentos policiales, judiciales y económicos en su propio beneficio... y ay de aquel que se niegue a plegarse a sus exigencias. Bueno, pues aquí volvemos a tener presiones de este Círculo Interno al que pertenece, muy a su pesar, Micah Drummond.

Y llegamos a la resolución... A ver, con que estéis un poco atentos a lo que estáis leyendo, en dos páginas distintas un personaje dice cosas totalmente opuestas y ya sabes que es el culpable. Sí, hay una separación de doscientas páginas y es fácil que se pase... pero si estáis en lo que estáis, de verdad que canta por soleares. La autora vuelve a postergar la conversación con un testigo crucial hasta casi la mitad del libro, cosa que no me parece lógica ni realista. Luego hay algún párrafo importante para la historia que no queda muy claro, y no sé si es cosa de la traducción o del texto original. Y soy muy tiquis, lo sé, pero me ha resultado raro que cierta familia no asocie a Charlotte y a Thomas cuando los conoce por separado usando los dos su apellido Pitt sin esconderlo. ¿No les parece raro que justo en ese momento aparezcan dos Pitt en sus vidas haciendo preguntas? Pero bueno, dejando todo esto a un lado, con estos libros perdono muchas cosas y he disfrutado de la relectura igual que cuando lo leí hace tres años. Sé que no son libros para todo el mundo, que se les podría encontrar muchas pegas y que no son perfectos, pero yo me lo paso pipa leyéndolos y aunque aquí os comente esos peros porque creo que debo hacerlo de manera objetiva, luego leyendo paso de todo eso, la verdad. ¡Y atención, que hay cameo estelar al final del libro de cierto dramaturgo irlandés que encima ayuda a resolver el caso!
 
El asesinato, por así decirlo, de Aaron Godman fue la lenta pasión judicial provocada por el miedo y la ira, pero también por el error de una nación y de lo que pretende ser el sistema judicial que practica. Que existan criminales es un triste hecho de la humanidad. Que existan leyes que, llevadas al límite, infligen un castigo irreparable a un inocente para apaciguar nuestros propios temores constituye una tragedia de un orden mucho mayor. Todos nosotros consentimos,; todos nosotros estamos involucrados.
 
 

 
 
Título original:
The Park Headsman
Autora: Anne Perry 
Editorial: Debolsillo
Traducción: Pedro Fontana 
Páginas: 448
Fecha publicación original: 1994
Fecha esta edición: octubre 2002
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)
Fotografía de cubierta: @Aci/Mary Evans Picture Library


Una serie de sanguinarias decapitaciones en Hyde Park desatan el pánico en la sociedad londinense. Naturalmente, el espinoso caso recae en el recién ascendido inspector Pitt, y si no lo resuelve en un breve plazo es más que probable que eso le cueste también a él la cabeza, profesionalmente hablando. Pero ni siquiera las sutiles pesquisas de su esposa Charlotte arrojan luz sobre los siniestros sucesos. ¿Conseguirá Pitt disipar las brumas del Londres victoriano para ver la luz en uno de sus casos más difíciles y electrizantes?

Este libro lo comenzamos con algo que ya sabíamos desde el final de la novela anterior: Pitt ha sido ascendido a superintendente tras dejar su cargo Micah Drummond. ¿Qué pasa? Que estos cargos, tal y como comento arriba, no los ocupaban policías, sino caballeros y gente de la alta sociedad que no abandonaban jamás su despacho y simplemente se dedicaban a dar órdenes, codearse con las altas esferas y ejercer de jefes. Era un puesto para señores con pedigrí social, así que huelga decir que el ascenso de Pitt no ha sentado nada bien entre aquellos que hasta hace nada eran sus compañeros y sus iguales. No lo respetan, se muestran insolentes y faltones, le provocan para discutir con él... y Pitt lo entiende, pero no puede consentirlo. Aun así le hacen dudar de sí mismo y si realmente está capacitado para el puesto, y eso es lo peor de todo. Los de arriba no se lo ponen mucho más fácil porque, aunque aceptaron su ascenso por recomendación de Drummond, no le van a perdonar una, algo que resulta evidente cuando se enfrentan al caso que nos ocupa.
 
¿Cuál es ese caso? Pues todo empieza con un oficial de la Marina que aparece decapitado en una barca del Serpentine de Hyde Park, y lo que ya de por sí resulta muy complicado porque son incapaces de encontrar donde se cometió realmente el crimen, la motivación o la más mínima pista, comienza a embarullarse cuando aparecen más cadáveres con la cabeza cercenada y sin aparente relación entre ellos mientras aún vivían. Pitt siente la presión de los de arriba, la presión de sus subalternos, la presión para unirse al Inner Circle, la presión social porque los asesinatos de Jack el Destripador todavía colean y la policía está muy mal vista y la presión de no ser capaz de aguantar en el cargo si no averigua pronto la identidad de quien los periódicos ya llaman El Verdugo. Vamos, que a riesgo de hacer un chiste muy malo, está en juego la propia cabeza de Pitt, porque tiene verdugos propios para dar y tomar deseando cortársela de un tajo.
 
Bueno, lo primero es lo primero, y si estáis atentos ya os habréis dado cuenta. ¿Quién fue el/la lumbreras que decidió traducir este libro como El degollador de Hyde Park? ¿Había leído el libro? ¿Había leído al menos la sinopsis? ¿Alguien se había molestado en decirle de lo que iba? ¿Nadie relacionado con la edición y publicación de este libro tuvo la osadía (o los conocimientos necesarios) de decir en voz alta que lo que hace el asesino del libro es DECAPITAR y no DEGOLLAR... que ambas cosas NO significan lo mismo? Es que no daba crédito cuando empecé a ver el modus operandi de los asesinatos. No tienen ninguna excusa.
 
Dejando esto a un lado, en el aspecto social contemporáneo a la época tenemos nuevamente las muchas alusiones al caso irresoluto de Jack el Destripador, que lleva coleando unos cuantos libros de la serie porque fue un descrédito para Scotland Yard y se llevó por delante el respeto de la gente por el cuerpo policial; se habla de los aires anarquistas que llegaban desde Europa, del eterno conflicto con Irlanda y los atentados fenianos, de la pobreza que alcanzaba ya a millones de personas en el imperio, de la mala opinión sobre la monarquía y una reina enclaustrada desde hacía décadas con un heredero que se daba la vida padre sin hacer nada por su país... la violencia en las calles es latente y cualquier chispa puede significar la destrucción. Aun así también hay apuntes más ligeros y de cotilleo social, y ya que estamos en 1890-91, Perry introduce la riña que separó a Gilbert y Sullivan, los compositores de operetas más famosos de la época victoriana (bueno, tuvieron muchas discusiones por mil motivos, pero en la novela aparecen en el momento en que se separaron y empezaron a colaborar con otros autores... luego se reconciliaron, pero ese es otro tema).
 
Y si algo no puede faltar en estas novelas son las subtramas familiares. Con el ascenso también viene una mudanza de los Pitt a una casa más espaciosa y más acorde con sus nuevos ingresos, así que Charlotte se pasa todo el libro decidiendo el color de las paredes y peleándose con el constructor que preferiría estar recibiendo órdenes de un hombre, no de una mujer. Su madre, Caroline, prosigue con su nueva y liberada forma de vivir la vida que ya comenzó en el libro anterior gracias a su relación con un actor mucho más joven que ella y su inmersión en el mundo bohemio londinense (con las consiguientes habladurías, la más que posible caída en desgracia social y el espanto de sus hijas y su suegra... ¡lleva turbantes y vestidos que no marcan la cintura!). Emily, por su parte, ya recuperada de su parto, ahora se halla inmersa en la campaña política de Jack, su segundo marido, al Parlamento. Y aquí debo volver  a hablar del Inner Circle, que ya he nombrado arriba y que nos acompaña desde hace varios libros: una hermandad infiltrada en todos los estratos sociales con una cara visible buena (cuantiosas donaciones a causas sociales, lucha contra las injusticias, etc...) pero en la que sus miembros permanecen en la sombra, no se conocen entre ellos y tienen que estar a disposición de los que mandan para cualquier cosa que les pidan... y cuando digo cualquier cosa ES cualquier cosa, quieran o no quieran llevarla a cabo si no quieren sufrir ellos mismos las consecuencias. Pitt y Jack ya saben como se las gastan por hechos ocurridos anteriormente, a los dos les han ofrecido unirse y los dos han rechazado la propuesta, y eso puede costarles muy caro a ambos, tanto a Pitt en su trabajo como a Jack en su carrera hacia el Parlamento. Y lo del Inner Circle seguirá durante muchas entregas de la serie, ya dije en su día que era algo así como el archienemigo de Pitt a lo largo de los años.
 
Sobre la resolución, me hace muy feliz que Pitt sea el encargado exclusivo del caso, que sea él quien lo resuelva y, en fin, que no parezca que lo hace cualquiera menos él, como ocurre otras veces (aún así Perry no puede evitarlo y nos ofrece una escena final un poco tonta y muy prescindible a cargo de Charlotte y Emily porque parece que si ellas no descubren algo, no se queda tranquila). ¿Hay peros? Algunos, como siempre en estas novelas. A ver, es mi primera lectura de esta historia y he adivinado sin problemas y con mucha antelación al asesino/s (sip, lo dejo así...), pero bueno, eso no es malo per sé, me pasa con muchas novelas de este tipo. Sí que creo que se repiten mucho las escenas en las que el subjefe Farnsworth va al despacho de Pitt a gritarle que es un incompetente y que no tenían que haberlo ascendido: una bien, dos también, tres vale... pero joer, es que son un montón y se hace pesado. Y reitero una queja del libro anterior porque vuelve a pasar en este: no se entiende que Pitt se presente en casa de los sospechosos veinte veces con su nombre, y que luego Charlotte vaya a cotillear a esas casas a ver de lo que se entera también con su nombre, y que nadie, NADIE, relacione que esos dos Pitt tienen algo que ver entre ellos ni se haga preguntas al respecto. Espero que no sea la norma a partir de ahora porque no es creíble.

Aun así, siempre os lo digo: os comento estos peros porque debo hacerlo de manera objetiva que para eso estoy aquí, pero personalmente me dan bastante igual mientras leo las novelas y las sigo disfrutando mucho (bueno, "casi siempre" me dan bastante igual... yo soy mucho más de Pitt que de Charlotte, lo he dicho muchas veces, y hay cosas que bueno, en fin...).

 

Con mucha frecuencia, buena parte de ese dolor es cólera. Uno experimenta soledad, resentimiento por lo doloroso de la situación, culpa por todo aquello que uno no hizo o dijo y miedo ante la enormidad de la muerte. No se puede hacer nada contra ella. Esa cólera puede volverse contra aquellos de quienes uno debería estar más cerca. La gente suele sentirse aislada en su pérdida, como si nadie más sufriera tanto como ellos, o como si no sufrieran lo suficiente.

 

Un apunte aunque esto se alargue un poco. Jamás hago alusión en las reseñas al pasado de Anne Perry, del que tampoco voy a hablar ahora salvo para comentar una curiosidad que he descubierto al leer esta novela. El degollador de Hyde Park se publicó en 1994. Ese mismo año se estrenó Criaturas celestiales, del director Peter Jackson, donde se narraba un hecho real en el que dos adolescentes asesinaban a la madre de una de ellas. Un periodista se puso a indagar qué había sido de esas dos adolescentes (de las que no se sabía nada por aquel entonces) y descubrió que la (ya por aquel entonces) famosa escritora Anne Perry era una de ellas. Lo hizo público, y fue en ese momento, no antes, cuando el pasado de Perry fue expuesto al público. Hasta entonces había sido una autora más que se ganaba la vida escribiendo sus novelas de misterio y ya. El degollador de Hyde Park fue, por así decirlo, la última novela que Anne Perry publicó con su pasado en el anonimato. Y no solo eso, es que toda la vida que se había construido en Escocia, donde nadie sabía quien era, saltó por los aires. La tormenta mediática fue enorme, muchos compañeros escritores le dieron la espalda (otros muchos permanecieron a su lado) y aunque no creo que eso se note en obras posteriores, dejo aquí constancia por el hecho en sí mismo. 

 



Anne Perry nació en Blackheath, Inglaterra, en 1938. Su escolarización fue interrumpida en varias ocasiones por los frecuentes cambios de domicilio y sucesivas enfermedades, que la llevaron a dedicarse apasionadamente a la lectura. Su padre trabajó como astrónomo, matemático y físico nuclear. Él fue quien la animó a dedicarse a la escritura. Tardó veinte años en publicar su primer libro. Durante todo ese tiempo realizó diferentes trabajos para ganarse la vida y dedicarse a lo que realmente era su pasión: escribir. Su primera novela sobre la serie del inspector Pitt, editada en 1979, fue Los crímenes de Cater Street. Anne Perry se ha consagrado como consumada especialista en la recreación de los claroscuros, contrastes y ambigüedades de la sociedad victoriana. Su serie de novelas protagonizadas por el inspector Pitt y Charlotte, su perspicaz esposa, es seguida por millones de lectores en todo el mundo. Falleció en 2023.

martes, 3 de junio de 2025

RESEÑA (by MH) ::: EL MISTERIO DE SALEM'S LOT - Stephen King


 
 
Título original: Salem's Lot
Autor: Stephen King
Editorial: DeBolsillo
Traducción: Marta Isabel Gustavino Castro
Páginas: 528
Fecha publicación original: 1975
Fecha esta edición: julio 2019
Encuadernación: rústica con sobrecubierta
Precio: 15,95 euros



 
Veinte años atrás, por una apuesta infantil, Ben Mears entró en la casa de los Marsten. Y lo que vio entonces aún recorre sus pesadillas. Ahora, como escritor consagrado, vuelve a Salem's Lot para exorcizar sus fantasmas.
 
Salem's Lot es un pueblo tranquilo y adormilado donde nunca pasa nada..., excepto la antigua tragedia de la casa de los Marsten. Y el perro muerto colgado de la verja del cementerio. Y el misterioso hombre que se instaló en la casa de los Marsten. Y los niños que desaparecen, los animales que mueren desangrados... Y la espantosa presencia de Ellos, quienesquiera que sean Ellos.
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Os cuento. Durante mi adolescencia leí a Stephen King compulsivamente... cogía sus libros y los devoraba con un apetito lector que pocos autores han provocado en mí. Abría libros como It y los leía en menos de una semana (era verano, vacaciones... pero aun así son 1500 páginas). Para mí este señor es un clásico, el único que he conocido en vida, el único que sigue transitando por estas viñas terrenales a día de hoy y el único autor vivo al que puedo señalar como germen de mi pasión por la lectura (los demás están todos muertos...porca miseria). El caso es que en cierta época, por lo que sea, me aparté un poco de lo que estaba publicando King. Creo que hasta El cazador de sueños los leí todos (desordenados), pero hubo un periodo de unos diez años que no me acerqué a un solo libro suyo. Un día se cruzó en mi camino La cúpula y volví a reengancharme a él. No con la pasión de la adolescencia, no he leído todos los libros que ha publicado desde entonces, pero sí unos cuantos. El caso es que llevo como cinco años detrás de comenzar un nuevo reto de estos atemporales y desquiciantes que me planteo de vez en cuando: leer/releer a King en orden de publicación, igual que estoy haciendo con Agatha Christie, entre otros. Lo dicho, un lustro... hasta que el año pasado, aprovechando el 50 aniversario de la publicación de su primer libro, Carrie, decidí que era ahora o nunca. Y en ello estoy. El misterio de Salem's Lot fue su segundo libro (es decir, que este año es también su 50 aniversario, aunque no parece que nadie le esté dando mucho bombo ni tiene pinta de que salgan ediciones especiales), y aunque en absoluto tengo pensado traeros aquí las reseñas de mis lecturas en este nuevo desafío, sí me apetecía hablaros de esta novela en particular porque además me sirve para mi reto. Así que después de esta intro larga y sin ningún interés para vosotros, os cuento de qué va (por si hay algún despistado en la sala que viva debajo de una piedra).

Ben Mears es un escritor que llega a Jerusalem's Lot atraído por algo que le ocurrió muchos años atrás, cuando era apenas un adolescente y vivía allí con su tía. Tuvo una experiencia aterradora en la tétrica y espeluznante casa de los Marsten que le ha acompañado toda la vida, y en cierto modo tiene pensado escribir sobre esa casa, aunque no comparta esa información con nadie. En cualquier caso es un forastero en Salem's Lot, pero no es el único, porque curiosamente al mismo tiempo que llega él también se establecen en la ciudad dos hombres misteriosos que no solo compran la casa de los Marsten, sino que deciden abrir una tienda de antigüedades en pleno centro de la localidad... al menos uno de ellos, porque el otro de momento no parece que haya llegado todavía. Lo que sí llegan son muertes y desapariciones inexplicables y demasiado numerosas para un lugar con una población de apenas 1500 habitantes, y solo unos pocos atan cabos y parecen darse cuenta de lo que ocurre por las noches en las calles de Lot.

Por mucha intriga que haya querido poner en la sinopsis, todos sabemos que esta es una historia de vampiros, así que seguimos adelante teniendo eso en mente :)

Desde el prólogo sabemos qué dos personajes principales (y algún que otro secundario) han sobrevivido a lo ocurrido en Salem's Lot, y aunque creo que es algo que la gente critica mucho por la anticipación, a mí honestamente me ha dado siempre igual, tanto ahora en la relectura como la primera vez que lo leí. Sabes que ellos viven y por tanto sabes que aquellos con los que comparten estas aciagas semanas no lo hacen, pero en esta historia lo importante es el camino y no los golpes de efecto. Son muchos los personajes que maneja King (algo que ha mantenido en toda su bibliografía), pocos de ellos son agradables y casi todos se comportan como lo que son: gente de miras estrechas que cuando empiezan a ver cosas raras se limitan a cerrar las ventanas, echar las cortinas y coger todo lo que tenga pinta de crucifijo o medalla. No hacen lo sensato, no hablan entre ellos de sus sospechas, no buscan refugio donde deberían y son carne de cañón para unos vampiros neófitos que tampoco es que sean muy inteligentes (lo que no dice nada bueno de los habitantes de Salem's Lot y la facilidad con la que caen uno tras otro). Vamos, que son personas normales enfrentándose a una situación muy anormal y terrorífica para la que no están preparados. Y es que a ver, ¿qué es lo básico? No les invites a entrar en tu casa, no los mires a los ojos, agua bendita, ajo, la luz del sol, recinto consagrado, clavarle una estaca en el corazón, cortarle la cabeza... pero nada, como casi ninguno ha leído Drácula, lo llevan crudo. Crudísimo :)

Y sí, King siempre ha dicho que se le ocurrió la idea de este libro después de leer el Drácula de Bram Stoker, y que su intención era trasladar una historia como esa a los Estados Unidos de mediados de los años 70 en un lugar pequeño, donde todos se conocen; nada de grandes ciudades y personajes que transitan entre multitudes desconocidas... y si estás familiarizado con la obra del escritor irlandés ves las similitudes y los homenajes a Drácula a lo largo de muchas de las páginas. No puedo entrar en detalles por no destripar ni un libro ni el otro, pero King sigue a Stoker sin lugar a dudas tanto en personajes como en situaciones y maneras de resolver ciertas escenas. En realidad esta historia tira más para lo clásico que para la idea del vampiro moderno; es una novela a la antigua, siguiendo los conceptos de la literatura clásica vampírica y transitando por caminos muy parecidos a los que lo hicieron Van Helsing y compañía allá por finales del siglo XIX. Eso quiere decir que hay que leerlo precisamente con ese espíritu añejo, vintage, sin pedir escenas de acción trepidantes, carnicerías en pos de vampiros estaca en mano ni héroes de esos que no saben que son héroes pero que salvan el día y no cuestionan nada de lo que ocurre a su alrededor. No, ni héroes, ni acción a raudales ni caza de vampiros: solo personajes normales y asustados que lo van a pasar mal y que no tienen más que unos cuantos libros de biblioteca sobre vampiros y lo que se cuenta en ellos sobre maneras de matarlos para intentar salvar a todo un pueblo... y claro, las cosas van saliendo como salen.

King coge su Maine del alma para ubicar la historia en un pueblo estándar de aquellos lares, de esos que parecen todos iguales entre sí, que muchos cruzan de camino a cualquier otra parte sin fijarse en nada y que esconde muchos, muchos secretos tras las paredes de cada hogar, cada negocio y cada relación personal. Porque encima en este pueblo siempre han ocurrido cosas, muertes extrañas, desapariciones inexplicables... pero nunca en tan poco tiempo y sin ninguna relación aparente entre sí. Que no hacen falta vampiros para que la violencia campe a sus anchas tanto a la vista como en la intimidad, que para eso ya nos bastamos los humanos, vaya... Y King se toma su tiempo para llevarte de un personaje a otro, de una casa a otra, de un suceso a otro para recordarte una verdad universal: que no tenemos ni idea de lo que pasa en la casa del vecino, de como es la intimidad del matrimonio de enfrente o quien está liado con quien y le pone los cuernos al churri. De hecho quienes más oportunidades tienen de sobrevivir aquí son aquellos que no hablan con nadie, que no se relacionan con nadie, que no tienen amigos ni familia en el pueblo y son fantasmas entre sus propios vecinos. Esos están tan felices en sus casas mientras el armageddon campa a sus anchas. Criaturicas...

No os he hablado todavía de los personajes principales y tampoco voy a extenderme sobre ellos, pero aquí los dejo una breve relación: Ben Mears, escritor que regresa al pueblo tras quedar viudo; Susan, una joven que vive en el pueblo con sus padres pero que anhela marcharse a Nueva York y perseguir sus sueños artísticos; Matt, un profesor de instituto que adora su trabajo tanto como la literatura; el padre Callahan, un sacerdote irlandés católico que le da a la botella con crisis de fe y en busca del Mal en mayúsculas; el doctor Cody, que ve cosas raras en las analíticas y los historiales de algunos de los fallecidos en su hospital; Mark, un niño de doce años muy aficionado a los monstruos clásicos del terror y muy puesto en el tema; Straker, uno de los dos extraños que llega a la casa de los Marsten y abre una tienda de antigüedades; y Barlow, el otro extraño que se deja ver mucho más tarde y si no te lo cruzas, mejor. Y estos son solo los principales, que si nos ponemos con los secundarios no acabamos porque tenemos de todo: policías, camareros, agentes inmobiliarios, niños varios, adolescentes varios, matrimonios varios, el encargado de mantenimiento de los cementerios, el encargado del vertedero, los que hacen trabajillos sueltos, la dueña de la casa de huéspedes, los huéspedes de la susodicha casa, los padres de Susan, un antiguo novio de Susan, la cotilla del pueblo, el conductor de autobús, el ama de llaves del sacerdote... al más puro estilo Dickens, King hace malabarismos con decenas de personajes, y ninguno se le queda suelto, todos tienen su cierre en la historia (o su mordisco, que para el caso es lo mismo).

Y encima todo está contextualizado en una época de los Estados Unidos muy concreta, esa en la que no solo había muchos veteranos de Vietnam en montones de hogares a lo largo y ancho de todo el país, sino que también vivían todavía muchos veterano de la Segunda Guerra Mundial, ya de mediana edad o ancianos. Eso implica no solo traumas, estrés postraumático y oscuridad jamás superada, sino que aquellos que consiguieron salir indemnes psicológicamente de todo aquello han visto de todo, han vivido de todo, han caminado en el infierno y han sobrevivido para contarlo y deberían ser capaces de enfrentarse a lo que se les viene encima... pero no, nada puede prepararlos para el terror primigenio, ese que se te mete en los huesos y del que no hay escapatoria. En cualquier caso King describe a la perfección lo que era un lugar cualquiera del país en aquellos años, con miles y miles de veteranos intentando reincorporarse a a vida normal en la medida de sus posibilidades y monumentos memoriales en la plaza homenajeando a los que no consiguieron volver con vida para tener esa misma oportunidad.

En fin, lo dejo aquí, que todo el mundo conoce esta historia y no tengo nada realmente interesante que aportar. Que un libro como este sea solo el segundo de un autor como Stephen King dice mucho de las razones que hacen que cincuenta años después sea uno de los autores más famosos del mundo. Tiene escenas míticas que no os puedo desglosar aquí, pero han quedado en el imaginario de sus lectores para siempre, y esta relectura, muchos muchos años después de la anterior, me ha parecido igual de buena y la he disfrutado incluso más. Le he dado vueltas a alguna cosa que no terminaba de encajar o que creo que no queda del todo clara tal y como está narrado, pero es de esos libros que me da igual si alguna cosa me cojea. Y repito, lo he dicho varias veces, estamos hablando del segundo libro de King, EL SEGUNDO, después de Carrie, nada menos, y justo antes de El resplandor, ahí es nada. Me cuesta pensar en escritores contemporáneos con un comienzo de carrera literaria como este. No os voy a hablar de su estilo literario, de su prosa ni de tal y pascual... O te gusta o no te gusta. Yo lo adoro mucho, por si no os había quedado claro.




Stephen King (1947) es autor de más de sesenta libros, todos ellos best sellers internacionales. Sus títulos más recientes son Holly, Cuento de Hadas, Billy Summers, Después, La sangre manda, El Instituto, Elevación, El visitante (cuya adaptación audiovisual se estrenó en HBO en enero de 2020), La caja de botones de Gwendy (con Richard Chizmar), Bellas durmientes (con su hijo Owen King), El bazar de los malos sueños, la trilogía Bill Hodges (Mr. Mercedes, Quien pierde paga y Fin de guardia), Revival y Doctor Sueño. La novela 22/11/63 (convertida en serie de televisión en Hulu) fue elegida por The New York Times Book Review como una de las diez mejores novelas de 2011 y por Los Angeles Times como la mejor novela de intriga del año. Los libros de la serie La Torre Oscura e It han sido adaptados al cine, así como gran parte de sus clásicos, desde Misery hasta El resplandor pasando por Carrie, El juego de Gerald y La zona muerta.
 
En reconocimiento a su trayectoria profesional, le han sido concedidos los premios PEN American Literary Service Award en 2018, National Medal of Arts en 2014 y National Book Foundation Medal for Distinguished Contribution to American Letters en 2003.
 
Vive en Bangor, Maine, con su esposa Tabitha King, también novelista.

sábado, 14 de agosto de 2021

RESEÑAS (by MH) ::: INCENDIOS EN HIGHGATE RISE + CHANTAJE EN BELGRAVE SQUARE - Anne Perry

 
 
Tal  como os comenté hace unos meses, a partir de este 2021 os voy a reseñar los libros de reto de Thomas Pitt de dos en dos, y así mato dos pájaros de un tiro: a vosotros os canso menos y yo me hago la ilusión de que avanzo más rápido (spoiler: no es verdad, a estas alturas ya debería llevar leídos dos libros más de los que llevo en este reto).
 
Hoy tocan los libros once y doce de la serie: Incendios en Highgate Rise y Chantaje en Belgrave Square. ¡A por ellos!


 
 
Título original: Highgate Rise
Autora: Anne Perry
Editorial: Debolsillo
Traducción: Jordi Giménez Samanes
Páginas: 446
Fecha de publicación original: 1991
Fecha esta edición (3ª): mayo 2001
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)
Imagen de cubierta: Mary Evans Picture Library


En el Londres victoriano, aquel rutilante mundo de elegancia para unos pocos, hipocresía de esos mismos pocos y formal cortesía hasta para ir al retrete, se cometían crimenes como en cualquier otra gran ciudad...Clemency Shaw, la esposa de un prominete doctor, ha muerto en un incendio. Pero el inspector Pitt tiene dudas sobre el origen del mismo, y, junto a su astuta esposa Charlotte, deberá recorrer una intrincada y siniestra red de pistas y personajes que van desde los más bajos fondos de la sociedad victoriana hasta los más selectos centros de poder...


Para situarnos temporalmente en la historia, se nos dice de pasada que al mismo tiempo que suceden los hechos del libro, se están cometiendo los asesinatos de Jack el Destripador, así que estamos en algún punto entre agosto y noviembre de 1888. Pero Pitt no tendrá nada que ver con la investigación de los asesinatos de las cinco mujeres de Whitechapel, sino que su trabajo lo lleva hasta Highgate, municipio cercano a Londres, donde una casa ha ardido hastas los cimientos con una mujer en su interior. Las pruebas demuestran que el incendio fue provocado, pues comenzó en al menos cuatro sitios distintos al mismo tiempo. Allí vivían un médico, el doctor Shaw, y su esposa, la fallecida. Pronto resulta evidente que ambos podrían ser los objetivos del asesino: uno por su condición de médico despositario de muchos secretos además de por su carácter revolucionario en cuanto a sus ideas políticas, y la otra por haber dedicado su labor humanitaria a sacar a la luz los nombres de hombres eminentes que han hecho su fortuna gracias a la miseria de personas que viven hacinadas en las viviendas (si se les puede llamar así) que alquilan. La investigación avanza lenta, y cuando se produce un nuevo incendio en la misma vecindad con otra víctima mortal, la urgencia por resolver el caso resulta apremiante: el doctor Shaw parece estar en el centro de todo, pero ¿y si esa es la estrategia del asesino para ocultar sus verdaderos motivos?
 
Esta nueva entrega se ambienta en la zona de Highgate, actualmente perteneciente a Londres (en su corazón se encuentra el famosisísimo cementerio victoriano de Highgate, donde están enterrados entre otros las escritoras George Eliot, Stella Gibbons y Christina Rossetti, las esposas de Charles Dickens y Julian Barnes, y Karl Marx), pero que en la época en que transcurre la historia todavía no formaba parte de la ciudad y era un municipio aparte (para que os hagáis una idea de lo que ha ido creciendo la ciudad). Pitt es llamado para hacerse cargo de la investigación para contrariedad de la policía de Highgate, que no entienden por qué tiene que ayudarles un inspector de Londres si ellos se bastan solos. Este recurso no es accidental, sino que la autora lo usa para sacar a Pitt de la comisaría de Bow Street justo en el momento en que se están produciendo los asesinatos de Jack el Destripador. De haber permanecido en la comisaría le hubiese tocado participar en esa investigación y no era una opción viable, así que mientras en su comisaría están a la caza de Jack, él se va fuera de Londres. Todo muy conveniente :)
 
Por anteriores entregas ya sabemos que, menos Pitt, investiga hasta el perro, así que a la mujer, a la cuñada, a la tía abuela del fallecido marido de la cuñada, al nuevo marido de la cuñada... ahora se une la criada, que también hace sus pinitos y hay que reconocerle que además lo hace muy bien (anda que no disfruta la buena de Gracie con los señores tan molones a los que sirve, siempre viviendo aventura tras aventura y emparentados con la aristocracia). Además en este caso las investigaciones no solo van por separado sino que tienen una finalidad distinta: el grupo de Charlotte cree que el objetivo era Clemency Shaw por sus actividades humanitarias, y Pitt cree que lo era su marido por sus ideas políticas. Y es que en lo que concierne al contexto social y político que resulta marca de la casa en estas novelas, Perry introduce a la Fabian Society y su defensa de un nuevo orden social con la libertad de expresión como escudo y derecho sin paliativos sin tener en cuenta las consecuencias de su uso irresponsable. También habla de la hipocresía de las clases altas y de los cargos eclesiásticos que hacen su fortuna a costa de las almas a las que deberían proteger. Todo esto da para hablar mucho, pero para ser una minirreseña, me está quedando muy largo, así que lo dejo aquí.

Solo me queda añadir que creo que Perry expone el desenlace del caso de una manera un tanto precipitada y pillada por los pelos, y no es la primera vez que lo hace. A estas alturas tengo muy claro que, además de no darle a Pitt el valor que se merece, los finales son su talón de Aquiles... nobody is perfect.
A veces, cuanto más sofisticados nos creemos más tontos nos volvemos, y cuánta más gente ociosa sin otra cosa en que ocuparse que dictar normas de conducta para los demás, más hipocresía se genera en torno a quien las sigue y quien no.
 
 
Título original: Belgrave Square
Autora: Anne Perry 
Editorial: Debolsillo
Traducción: Matuca Fernández de Villavicencio
Páginas: 448
Fecha publicación original: 1992
Fecha esta edición (2ª): abril 2002
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)
Fotografía de cubierta: Mary Evans Picture Library


Cuando William Weems, un oscuro prestamista, aparece asesinado no hay lágrimas por su muerte, sino una discreta alegría entre aquellos cuyos escasos ingresos esquilmaba sin piedad. Pero cuando el inspector Pitt encuentra en el despacho de la víctima una lista donde figuran algunos caballeros distinguidos de Londres, empieza a comprender la magnitud del caso: Weems no sólo era un usurero sino también un perverso chantajista. Charlotte, la perspicaz esposa de Pitt, será la encargada de esclarecer en la alta sociedad londinense un entramado de turbias pasiones y vil avaricia.

Si en el libro anterior la época nos sumerge directamente en los meses en los que Jack el Destripador hacía de las suyas, ahora sabemos que han trasncurrido unos meses desde esos crímenes y que la policía de Londres no tiene muy buena fama. Su existencia es puesta en duda, ¿para qué sirve si no es capaz de atrapar a un asesino? En medio de todo esto aparece asesinado William Weems, un usurero y chantajista del que la sociedad puede prescindir totalmente. Los usureros son la peor calaña de la sociedad y no es que Pitt tenga demasiadas ganas de saber quién fue el asesino, pero su intervención es necesaria tras serle adjudicado el caso a pesar de pertenecer a otra comisaría (déjà vu, Anne Perry... repetimos esquema) por orden de su superior directo, Micah Drummond. Las circunstancias en las que tienen que hacerse cargo del caso resultan raras y Pitt sabe que hay gato encerrado, pero no le está permitido cuestionar a Drummond al respecto. Solo necesita saber que lord Byam, miembro del Parlamento, ha solicitado la ayuda de Drummond en calidad de amigo: él era uno de los chantajeados por Weems, quien poseía una carta que lo involucraba en un asunto de índole escandalosa ocurrido veinte años atrás. Esa carta no aparece al registrar el domicilio de Weems... pero sí aparecen otras cosas, y algunas de ellas apuntan a policías. Lo que faltaba, tal y como está el patio.
 
¿Qué cosillas concernientes a la época tenemos en esta duodécima entrega? Pues además de los recelos de la sociedad hacia Scotland Yard por no conseguir identificar y detener a Jack el Destripador, ya vemos el uso del teléfono de manera esporádica (su uso estaba muy restringido a entes gubernamentales o privilegiados socialmente) y el uso de las (por entonces) poco habituales armas de fuego para cometer un crimen (al usurero le vuelan media cabeza con un arma de fuego no identificada hasta bien avanzada la trama). También se adentra en ciertas conversaciones sobre temas económicos como el capital de riesgo (no a nivel de individuos, sino cuando hay países e industrias involucrados), y como los países ricos y poderosos económicamente hablando explotan y se aprovechan de países pequeños que quieren crecer, cuyas empresas dependen de la exportación y necesitan dinero de manera urgente para que su gente no se muera de hambre. El imperio británico asfixiaba económicamente hablando a estos países (intereses elevados a cambio de porcentajes muy altos de esas empresas)... y bueno, nada que no siga ocurriendo hoy en día a nivel mundial. Lo de país rico explotador-país pobre explotado no ha cambiado.
 
También se introduce el Círculo Interno, una sociedad secreta de comerciantes, financieros y aristócratas (entre otros puestos de privilegio social) que supuestamente hacen el bien y lo que verdaderamente hacen es usar a sus miembros para manipular los estamentos policiales, judiciales y económicos en su propio beneficio. Exigen a sus miembros una lealtad que debe estar por encima del honor y de la conciencia aunque eso suponga actuar en contra de la ley... si se niegan, deben atenerse a las consecuencias, y pueden estar seguros de que las habrá. Os decía al principio del párrafo que Perry introduce a esta sociedad porque (salvo que yo me esté confundiendo) la usa recurrentemente a partir de ahora en varias de las novelas de Pitt a modo de archienemigo. Estoy segura de haber leído sobre el Círculo Interno en novelas posteriores, pero no sabía que Chantaje en Belgrave Square era la primera entrega donde se hablaba de ella.
 
Por ir terminando, os confieso que este podría haber sido mi libro favorito de la serie en mucho tiempo si no hubiese sido por un par de cosas. Y digo que podría haber sido mi libro favorito porque por fin, POR FIN, es Thomas Pitt el único encargado de la investigación y el que resuelve el crimen. Ese es su trabajo, es lo que sus lectores esperamos de él, aunque la autora se empeñe en que sea siempre su mujer quien se lleve la gloria. Echo mucho de menos  a Pitt en sus propios libros, lo digo siempre, así que ha sido una muy buena sorpresa. ¿Qué ha pasado para que, aun a pesar de disfrutar de la lectura, se me haya quedado un poco corta la historia? Pues lo primero es que he descubierto el supuesto giro sorprendente del final en el primer cuarto de libro. Imagino que muchos lectores no lo verán venir, pero es que ya llevo muchas tramas como esta a la espalda y resulta inevitable anticiparse. Así pues, sorpresa cero, y aunque eso me pasa con muchos libros y tampoco suelo darle mucha importancia con tal de que la historia me entretenga, sí que me ha parecido un poco tramposilla la manera en que Perry intenta mantener la intriga hasta el final. Sin poder decir nada que no se considere spoiler, digamos que al mismísimo inicio de la trama se da una pista que cualquier detective hubiese seguido ipso facto porque resulta evidente que es de vital importancia... pero claro, entonces no habría historia, y Pitt no sigue esa pista hasta las últimísimas veinte páginas cuando a la autora ya no se le ocurre nada más para alargar la trama y justo a tiempo para resolver el crimen. No me parece realista ni adecuado en el mismo proceso de una investigación, así que no la compro y lo dicho, me parece tramposilla.
 
De todos modos esto no son más que peguillas subjetivas y totalmente personales, porque Chantaje en Belgrave Square es una historia muy entretenida y recomendable para quien guste de este tipo de tramas de misterio victorianas. Esta serie de novelas dan siempre lo que prometen; pueden resultar más o menos acertadas según la ocasión, pero nunca aburren (al menos a mí no me aburren, tampoco voy a generalizar).
Desde hacía diez años formaba parte de un grupo exclusivo conocido como el Círculo Interno, una hermandad donde la pertenencia de un miembro sólo la conocían los miembros más allegados al mismo, y todos se comprometían bajo juramento a que así fuera. Secretamente, realizaban buenas obras, ayudaban a los desventurados, luchaban contra ciertas injusticias y hacían generosas donaciones a numerosas sociedades benéficas. También habían pactado ayudarse mutuamente cuando así se les pidiera y el hermano se identificara con los signos del Círculo. La persona debía acceder a ayudar sin hacer preguntas ni evaluar el coste personal.

Anne Perry nació en Blackheath, Inglaterra, en 1938. Su escolarización fue interrumpida en varias ocasiones por los frecuentes cambios de domicilio y sucesivas enfermedades, que la llevaron a dedicarse apasionadamente a la lectura. Su padre trabajó como astrónomo, matemático y físico nuclear. Él fue quien la animó a dedicarse a la escritura. Tardó veinte años en publicar su primer libro. Durante todo ese tiempo realizó diferentes trabajos para ganarse la vida y dedicarse a lo que realmente era su pasión: escribir. Su primera novela sobre la serie del inspector Pitt, editada en 1979, fue Los crímenes de Cater Street. Anne Perry se ha consagrado como consumada especialista en la recreación de los claroscuros, contrastes y ambigüedades de la sociedad victoriana. Su serie de novelas protagonizadas por el inspector Pitt y Charlotte, su perspicaz esposa, es seguida por millones de lectores en todo el mundo.