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lunes, 30 de junio de 2025

RESEÑA (by MH) ::: EL ÁRBOL DE LA NUEZ MOSCADA - Margery Sharp


 
Título original: The Nutmeg Tree
Autora: Margery Sharp
Editorial: Hoja de Lata
Traducción: Raquel García Rojas
Páginas: 272
Fecha de publicación original: 1936
Fecha esta edición: marzo 2022
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,90 euros
Diseño de la colección: Trabayadores culturales Glayiu


Tras la muerte de su joven marido en la Gran Guerra, Julia Packett decidió dejar a su hija Susan con su aristocrática suegra e irse a Londres a perseguir su sueño de ser actriz. Ahora, a sus 37 años y sin blanca, recibe una carta en la que Susan le anuncia sus planes de boda. Con un renovado espíritu maternal, Julia agarra sus escasos bártulos y viaja a Les Sapins, la preciosa villa alpina donde veranean la abuela Packett, Susan y Bryan Relton, el prometido. Una vez allí, comienza un impredecible festival familiar: la abuela persigue a Julia por toda la villa con sus recetas de repostería; Bryan parece más interesado en gastar las libras de su asignación que en generarlas y Julia se agota representando el papel de dama recatada para agradar a su perfecta y estirada hija. La llegada a Les Sapins de sir William Waring, tutor legal de Susan, será la deliciosa guinda que le faltaba a este disparatado pastel. 
 
Tras la igualmente alocada Cluny Brown (Hoja de Lata, 2020) Sharp nos deleita ahora con otra de sus elegantes comedias sociales, bajo cuya frescura y desenfado asoma también una evidente crítica a la encorsetada sociedad de su tiempo.
 

 
 
He tenido que mirarlo porque no recordaba exactamente cuándo os hablé de
Cluny Brown, el primer libro que leí de Margery Sharp. Bueno, pues han pasado cuatro años exactamente. C-u-a-t-r-o años. No sé si seré la única a la que la rapidez con la que pasa el tiempo no le parece ni medio normal, pero ese es un tema a debatir para otro día. Hoy vengo a hablaros de El árbol de la nuez moscada, el segundo libro que leo de la autora (aunque Hoja de Lata ha publicado ya al menos cuatro. Si es que no me da la vida).
 
Julia Packett es una mujer de mundo, de esas que viven con el mundo por montera y sin que nada ni nadie se cruce en su camino si ese es el camino que está empeñada en seguir: multitud de amantes, una vida dedicada al espectáculo, sin un penique en el bolsillo a pesar de haber tenido miles de libras en el banco... hace tiempo que decidió dejar atrás su pasado y vivir su vida a su manera, pero claro, si en ese pasado hay una hija a la que renunció cuando apenas era una niña y a la que no ve desde hace unos dieciséis años, pues el cuadro cambia. Esa hija ha vivido desde entonces con sus abuelos paternos (que se convirtieron en sus tutores legales) y, de manera bastante sorprendente, ahora acude a Julia desesperada pidiéndole ayuda: se ha enamorado perdidamente de un hombre que conoció seis semanas atrás, quiere casarse YA, pero su abuela no accede a ese matrimonio y quiere que espere un poco. Y Julia, que se ve solicitada por su hija por primera vez en su vida, coge un tren hasta la villa alpina donde se alojan y no para hasta llegar allí a pesar de las tentaciones del camino. Cuando llega se encuentra con un futuro yerno que no quiere para su hija, pero tiene que obrar con inteligencia porque su posición en la casa es complicada. Y encima se enamora. Todo mal, oiga.
 
Esta es de esas novelas de las que muchos dirán que no pasa nada, que solo son unas cuantas personas en una casa, que van y vienen, por el camino se entretienen y, en fin, que vaya rollo. Pues qué queréis que os diga, yo me lo he pasado pipa :) 
 
Para empezar tenemos el mundo al revés en lo que se espera de una madre y una hija, porque aquí la hija es tan estirada y perfecta que no parece humana, y la madre es una mujer que se ha ganado la vida sobe los escenarios, ha vivido como ha querido, ha compartido cama con cuantos ha considerado conveniente (y vivido de ellos, por qué no decirlo) y sigue transitando por la vida de la misma manera sin hacer daño a nadie (o eso intenta). Vamos, que son el punto y la i, pero tanto el punto como la i no están donde deberían estar y realmente son unas desconocidas la una para la otra. Y esta señora, Julia, que tiene mucho (muchísimo) mundo, reconoce a un jeta vago y vividor en cuanto lo ve... y eso es lo que se encuentra cuando tiene delante al prometido de su hija, que además es la razón por la que ha sido invitada a esa casa. ¿Cómo le dices a tu hija perfecta que se ha enamorado de un vago que la va a hacer muy infeliz, cuando tu relación con esa hija está cogida con pinzas y no sabes hasta qué punto puedes entrometerte? Porque encima esa hija no tiene ni la más remota idea de la vida que ha llevado (y lleva) su madre y Julia no le puede decir que sabe como es su prometido sin dar explicaciones que no quiere dar.
 
Y es que ahí está el punto, que (casi) todos en esa casa piensan que Julia es una dama y ella se esfuerza en parecerlo, pero para eso tiene que aparentar tanto, mentir tanto, esforzarse tanto... que sus mentiras tarde o temprano van a terminar alcanzándola. Porque mientras está en esta villa alpina hace de las suyas (que no os voy a contar aquí, claro, pero esta señora tiene recursos para todo y es muy consciente del atractivo que despierta en los hombres) y tienes que quererla porque tiene muy buenas intenciones, pero ella sabe cómo es y no puede evitarlo. Por si fuera poco aparece un señor del que no os voy a contar nada pero vaya, que a la pobre Julia se lo ponen muy difícil porque se enamora de verdad por primera vez en su vida y tanto su pasado como su presente le pesan como una losa.
 
En resumen, ¿qué tenemos? A Julia, libre como el viento, que por primera (y posiblemente última) vez es requerida por su hija y hace todo lo que puede por impresionar y estar a la altura aunque no siempre tenga éxito (incluso se pasea con un ejemplar de La saga de los Forsyte del que siempre intenta que se vea la cubierta... lo que es leer, lee poco); a su suegra, que piensa que su nuera, aunque le parece un poco llamativa y florida, lleva una vida intachable y todavía conserva aquellos miles de libras que le dio hace años (spoiler: le duraron meses) y que debería abrir una pastelería porque le pega mucho (ya se encargaría ella de buscarle a los clientes); a su hija Susan, dura como una piedra, robot en ciernes, modelo excelso y ejemplar de mujer de vida inmaculada que se ha enamorado de un joven del que no sabe nada, a quien no ha visto en su  salsa pero con quien se ha empeñado en casarse; al joven en cuestión, Bryan, un sinvergüenza que cree estar enamorado de Susan pero que también sabe que Susan va a heredar mucho dinero y que se relame pensando en no trabajar jamás, viajar por el mundo y, básicamente, no hacer nada con su vida; y por último a William, un señor que pondrá el mundo de Julia patas arriba (y al que he adorado fuertemente también...).
 
Cuando os hablé de
Cluny Brown
os comenté que este tipo de novelas pueden parecer frívolas y un tanto superficiales, pero a base de ironía, sentido del humor, buenos personajes y mejores diálogos ofrecen un retrato contemporáneo a una época de entreguerras en la que la sociedad británica se transformó por completo a muchos niveles y de muy diversas maneras. El árbol de la nuez moscada no es tan excéntrica, pero ahonda también en estas tesituras de clases sociales y el modo en que chocaban aquellos que  se movían con los tiempos y aquellos que se negaban a asumir esos cambios... pero sobre todo muestra cómo esta época entre las dos guerras mundiales puso del revés el rol de la mujer en la sociedad británica. Julia, aun siendo mayor en edad, representa el nuevo orden, ese que vivió la Primera Guerra Mundial y puso su libertad por encima de su hogar cuando terminó porque no encajaba en lo que se esperaba de ella; Susan, a pesar de no haber cumplido todavía la mayoría de edad y de la que podría presuponerse ideas más avanzadas, ha vivido siempre entre algodones en un entorno adinerado y culto con un prisma bastante limitado a la hora de contemplar el mundo que le rodea. Las dos son mujeres en un mundo que sigue mirándolas por encima del hombro, pero cada una de ellas vive en un lado completamente distinto de ese cosmos. Y encima en Julia podemos ver reflejado ese mal que un siglo después sigue azotando y masacrando la salud mental femenina: el miedo a envejecer, a engordar, a las arrugas, a no resulta ya atractivas, a no encontrar trabajos que exijan un ideal estético, a no ser ya válidas en una sociedad que no permite que la mujer cumpla años. 
 
En definitiva, tenemos entre manos una novela de esas que se leen con una sonrisa en la boca pero de la que no hay que perder de vista el retrato social que la acompaña. Siempre hay que leer estas historias con un ojo un poco más allá de lo que ofrecen a primera vista, porque si no lo hacemos perdemos ventanas abiertas a una época rebosante de cambios y contradicciones que, por muy lejos que nos pillen en apariencia, no dejan de tener un componente social y humano que nos resulta muy cercano. Si además es Margery Sharp quien está detrás de las páginas, nos encontramos con unos personajes que saben implantar su encanto en cada escena que protagonizan y que nos regalan unos diálogos inteligentes, sutiles y muy muy agudos. Julia es la reina de la función, qué duda cabe, y Sharp la trata con un cariño infinito hasta el mismísimo final, pero no le quitéis los ojos de encima a los demás.
 



 

Margery Sharp (Salisbury, 1905-Aldeburg, 1991) fue una escritora y dramaturga inglesa célebre por sus brillantes comedias sociales y por su serie infantil de Los rescatadores, adaptada al cine por Walt Disney en 1977 y 1990. En sus años de estudiante de Letras y Bellas Artes fue miembro del Equipo Universitario Británico de Debate Femenino, y sus primeros relatos empezaron a aparecer en revistas como Punch, The Saturday Evening Post o Ladies’ Home Journal. En 1930 publicó su primera novela, Rhododendron Pie, a la que le seguirían otras destacadas obras como Cluny Brown, llevada a la gran pantalla por Ernst Lubitsch en 1946, o Britannia Mews y The Nutmeg Tree, ambas adaptadas también al cine de Hollywood de los años cuarenta.

Elegante, ingeniosa, y con una aguda percepción de la naturaleza humana, la obra de Margery Sharp no ha perdido ni un ápice de esa frescura original que encandiló a la crítica y a los lectores de su tiempo.

lunes, 27 de enero de 2025

RESEÑA (by MH) ::: BAJO LA NIEVE - Helen McCloy


 

Título original: Dance of Death
Autora: Helen McCloy
Editorial: Hoja de Lata
Traducción: Raquel García Rojas
Páginas: 304
Fecha publicación original: 1938
Fecha esta edición: noviembre 2023
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 21,90 euros
Ilustración de cubierta: Juan Gregorio Hauciartz

Un misterio bajo la nieve en el Nueva York de los años 30. El primer caso del doctor Basil Willing. Nueva York, años treinta. Tras su fiesta de presentación en sociedad, el cuerpo de la joven Kitty Jocelyn aparece enterrado bajo la nieve, a unas cuantas manzanas de la mansión de los Jocelyn. La autopsia revela que la muerte se debió a una sobredosis de Sveltis, unas píldoras adelgazantes que Kitty publicitaba, pero que supuestamente nunca tomó. Tras las primeras pesquisas, el inspector Foyle y el doctor Basil Willing, sagaz asesor psiquiátrico del fiscal de Nueva York, creen que la víctima fue envenenada con un cóctel Bronx la tarde antes de la fiesta, y cualquiera de los allí presentes pudo ser el culpable: Rhoda Jocelyn, su elegante y arruinada madrastra; la señora Jowett, popular secretaria social encargada de la fiesta; Philip Leach, el apuesto periodista de cotilleos del momento o incluso Ann Jocelyn, prima de Kitty de asombroso parecido con ella, que enseguida confiesa haber sido forzada a suplantar a su prima la noche del baile.
 

 
 
Hace cosa de dos años y medio os traje al blog
Un reflejo velado en el cristal, la octava novela de la serie protagonizada por el psiquiatra Basil Willing, que no solo me gustó mucho sino que recomiendo encarecidamente si os gusta la mezcla de misterio clásico, toque paranormal y un destello gótico por aquí y por allá. El año pasado la editorial Hoja de Lata decidió darnos la alegría de publicar el primer libro de esa serie, Bajo la nieve, y de ella, de esa primera aventura literaria de Willing, vengo a hablaros hoy.
 
Nueva York, años 30. El cuerpo de una mujer muy joven aparece enterrado bajo un montón de nieve en plena calle, con la peculiaridad de estar todavía caliente a pesar de que debería estar frío, muy frío, dado el tiempo que lleva ahí debajo. También está excesivamente delgada y tiene el rostro completamente amarillo, un color que desaparece de cuello para abajo. Todas las sospechas apuntan a que se trata de Kitty Jocelyn, una debutante de dieciocho años cuya fiesta de presentación en sociedad se celebró precisamente pocas horas antes de encontrarse su cuerpo... fiesta a la que supuestamente asistió, porque todo el mundo la vio allí. De hecho también se le ha visto en lugares públicos acompañando a su madrastra después de aparecer el cuerpo. ¿Cómo es posible entonces? ¿Por qué estaba tan caliente después de varias horas muerta bajo la nieve? ¿Por qué tiene el rostro tan amarillo? La clave de parte de este galimatías la tiene su prima, Ann Claude, pero lo que cuenta despierta aún más preguntas y pone el foco en la madrastra de Kitty, Rhoda Jocelyn, y un peculiar personaje que no la abandona ni a sol no a sombra, un tal Luis Pasquale. Si a todo esto añadimos unas pastillas para adelgazar que aparentemente jamás fueron consumidas, la cosa se vuelve muy complicada. Menos mal que ahí está Basil Willing, que ve más allá de lo que las personas quieren mostrar y tiene su particular forma de llegar al fondo del asunto.

Quizás lo primero sería presentar al investigador protagonista de este libro y de toda la serie de novelas que vendrían después (catorce en total). En realidad ya os hablé de él en Un reflejo velado en el cristal, pero ya sabemos que las reseñas blogueras tienen una vida muy breve que pronto pasa al olvido, así que os hago un nuevo resumen por aquí. 

Basil Willing es jefe de psiquiatría en un hospital de Nueva York y también ejerce como asesor del fiscal del distrito (de hecho tiene un pequeño despacho en las dependencias de la fiscalía). Su trabajo en este último aspecto se reduce habitualmente a valorar la cordura de los acusados y la fiabilidad de los testigos, pero es un hombre importante y reconocido en su profesión, ha escrito y publicado libros y, en definitiva, es un psiquiatra prestigioso en la ciudad. Sus raíces son tanto anglosajonas como rusas y es de culo inquieto, ha vivido durante años en Europa aunque parece que ya por fin ha decidido asentarse. Vive solo con una especie de mayordomo (en Un reflejo velado en el cristal, octava entrega de la serie, está prometido con una de las protagonistas de la novela) y en, fin que tampoco es que se nos den mucho más detalles sobre él. ¿Qué nos interesa? Pues sobre todo su faceta profesional, analítica, pendiente de cada detalle, de cada gesto, de lo que se dice y, sobre todo, lo que no se dice. Insiste mucho en que hay que estudiar y filtrar las pistas psíquicas del mismo modo y con el mismo cuidado con que se estudian y se filtran las físicas, e incide en la importancia de las huellas psíquicas y los lapsus, cuya decodificación resulta de máxima importancia para ver más allá de lo evidente.

¿A qué se refiere Willing exactamente con esto último? Pues muy brevemente, y siguiendo a Freud, ningún acto humano individual es accidental, y en una persona sana, cualquier acto involuntario (los
lapsus) están causados por un pensamiento o una emoción inconsciente... es el modo en que el inconsciente se expresa cuando está reprimido por la consciencia, y el inconsciente no puede mentir. Todas las personas sufren lapsus continuamente (las locuras de los cuerdos, como se dice en la novela), pero si hablamos de sospechosos, esos lapsus pueden revelar a ojos de un experto (psicólogo/psiquiatra) mucha información que de manera consciente no proporcionaría. ¿Cómo decodifican esos lapsus? Preguntándose qué deseo inconsciente puede haber detrás, por qué el sospechosos querría hacer esa cosa en concreto. Los culpables mienten, y mentir significa represión, lo que provoca conflictos entre el consciente y el subconsciente, y de ahí... efectivamente, lo habéis adivinado: los lapsus. Muy resumido, repito, pero resulta primordial explicarlo aquí porque es el método deductivo que sigue Willing durante toda la novela para resolver el crimen. Detecta unos cuantos lapsus en varias personas sospechosas que necesitan una explicación; la mayor parte de ellos no serán relevantes para el caso, pero uno de ellos es el dedo que señala al asesino y eso requiere decodificarlos todos y buscar su origen.

Dicho todo esto, volvemos al cadáver. ¿Qué tenemos? A una joven de apenas dieciocho años enterrada en la nieve que presenta todos los indicios de un golpe de calor en pleno invierno y cuyo cuerpo sigue caliente horas después del deceso. También tenemos una madrastra que no parece trigo limpio, al amante de la madrastra que es todo un parásito con sus propios problemas, una prima pobre y huérfana que apenas hace cuatro meses que entró en contacto con esta familia y que tiene un parecido asombroso con la fallecida, personal de la casa con algún que otro secreto, pretendientes que se dedican a la industria armamentística y cuyo interés amoroso es cuestionable, pretendientes en general que no sabemos lo que significaban para la víctima... y aun así, aun teniendo sospechosos para elegir y aun descubriendo poco a poco que todos (o casi todos) mienten por tal o cual motivo... aun así, repito, no parece existir un móvil para el asesinato, y eso es lo más desconcertante de todo. No todo es lo que parece en esta familia pero ¿quién querría matar a alguien de dieciocho años que acaba de llegar al país hace apenas unas semanas y que todavía no se ha presentado en sociedad? Ni su propio tío la conocía hasta que pisó Nueva York. Por no cuadrar nada, es que ni siquiera consumía el producto adelgazante que publicitaba y que parece estar detrás de su muerte (de hecho quería engordar un poco) y ese hilo también está totalmente suelto, así que todo es más complicado de  lo que parece.

Y sobre ese producto adelgazante también os hablo brevemente. Por lo que llevo leído en sus dos novelas, a la autora le gustaba introducir ciertos elementos que eran relevantes en su época, y en Bajo la nieve ese elemento son las milagrosas píldoras adelgazantes y la publicidad engañosa inherente a ellas. A día de hoy es el pan nuestro de cada día, vivimos rodeados de este tipo de productos, pero en realidad este tipo de tratamientos empezaron a usarse a mediados del siglo XIX, se idearon diversas terapias que no valían para nada orientadas a nivel glandular, etc... pero a partir de los años 30 fue cuando comenzó este mercado a nivel popular y un poco al tuntún con componentes que en principio servían para otras cosas y de los que descubrían por casualidad que adelgazaban (¿os suena?). En la novela se habla de medicamentos piréticos como la nueva sensación para adelgazar; para ello la autora inventa una marca, Sveltis, y a partir de ahí elabora una crítica ya no solo por su publicidad engañosa, sino por los efectos secundarios que tiene sobre quienes la toman. Esta marca, Sveltis, usa la imagen publicitaria de mujeres que son por naturaleza muy delgadas y que probablemente ni necesitan ni consumen ese tipo de productos (una vez más, ¿os suena?). Miles de jovencitas con sobrepeso quieren ser como esa chica delgadísima de la fotografía (...) y devoran un producto que tiene efectos secundarios muy graves cuando se consume en exceso o se tienen ciertas patologías. La crítica por parte de la autora a este tipo de productos es evidente y su efecto sobre mujeres de todas las edades (adolescentes sobre todo en una época de su vida muy sensible e influenciable) está sobre la mesa durante toda la novela. 

Quienes hayáis leído
Un reflejo velado en el cristal y tengáis presente el elemento paranormal o un tanto bizarro que aparece en esa novela, no busquéis lo mismo en Bajo la nieve porque no lo hay. Aquí todo es muy terrenal (una joven asesinada, un móvil que hay que identificar y un asesino que hay que atrapar) y todo se desenvuelve en escenarios de investigación, interrogatorios e intentar ver puntos de luz en el oscuro camino. La parte distintiva la pone el doctor Basil Willing y su experiencia en psicología y psiquiatría, porque mientras sus compañeros en las pesquisas se ciñen a las pruebas físicas y evidentes, él intenta ver más allá de aquello que los sospechosos dicen y ofrecen de manera consciente. De hecho se introduce alguna prueba psicológica como el test de asociación de palabras de Carl Jung (desarrollado en 1910), que no solo tiene en cuenta el contenido de las respuestas, sino el tiempo de demora al emitirlas, las respuestas fisiólogicas asociadas a ellas... lo cual nos lleva a lo ya comentado anteriormente: la importancia del subconsciente a la hora de entender y explicar ciertas conductas.
 
En resumidas cuentas, he disfrutado mucho de esta primera novela protagonizada por Basil Willing (solo me ha faltado la nieve para ponerme en situación xD). La sensación que me ha quedado tras leer a Helen McCloy por segunda vez (aun siendo los dos libros muy distintos tanto en forma como en fondo y temas que tratan) es que intenta ir mas allá de lo obvio, de la trama detectivesca per sé y el misterio a resolver, y que intenta ahondar en aspectos que no solo dan riqueza a la historia sino que hacen que el lector intente prestar más atención. Aunque hay otros detectives literarios anteriores a Willing en la rama médica (como el doctor Thorndyke de R. Austin Freeman), juraría que él fue el primer psiquiatra ficticio que actuaba como tal a la hora de resolver los crímenes (es decir, que usaba la psiquiatría para identificar al asesino y resolver el crimen). Eso hace que la perspectiva de las investigaciones, los métodos y la forma de encarar cualquier aspecto de la trama policial sean muy distintos a lo que se había escrito hasta el momento (os recuerdo que hablo de 1938, la época en que fue publicado... ahora ya estamos a vueltas de todo). ¿He descubierto al culpable bastante antes de que se desvele en la novela? Sí, incluso el motivo detrás del asesinato... una cosa no quita la otra, y tampoco creo que sea muy difícil si eres lector habitual del género y estás un poco atento a todo lo que se dice, pero esto es algo a lo que no doy importancia desde hace mucho tiempo si la novela merece la pena y está bien contada y narrada.
 
Ah... no lo iba a decir pero lo digo, porque la duda me corroe desde que leí el libro. Página 22, segunda de la novela propiamente dicha. Dos trabajadores están limpiando de nieve las calles. La pala choca contra algo. La PALA, repito, choca contra algo. No hay contacto humano, es la PALA la que choca contra eso. Y quien maneja la pala sabe en ese mismo instante que ese algo ESTÁ CALIENTE. ¿Cómo sabe el señor que quita la nieve que está caliente si no lo ha tocado? Ni siquiera sabe qué es, podría ser cualquier cosa, NO lo ha tocado. Mí no entender... En fin, dudas que surgen cuando le das veinte vueltas a lo que lees :)

 
 

 
Helen McCloy (Nueva York, 1904-Woodstock, 1992), pseudónimo de Helen Clarkson, fue una escritora de misterio norteamericana conocida por su serie de novelas protagonizadas por el psiquiatra-detective Basil Willing. 
 
De madre escritora y padre editor, McCloy creció leyendo a Sherlock Holmes y en 1950 se convirtió en la primera mujer presidenta de la Asociación de Escritores de Misterio de Estados Unidos, organización que le otorgó un premio Edgar por sus críticas literarias. Su debut como escritora, Dance of Death (1938), introdujo ya al doctor Willing, quien protagonizaría otros 12 misterios y algunos relatos cortos, la mayoría de tintes góticos y sobrenaturales. Un reflejo velado en el cristal (1950; Hoja de Lata, 2021) es el octavo caso de la serie y está considerado una obra maestra del género y un clásico del misterio sobrenatural estadounidense.

lunes, 2 de octubre de 2023

RESEÑA (by MH) ::: UN CHELÍN PARA VELAS - Josephine Tey


 
Título original: A Shilling for Candles
Autora: Josephine Tey 
Editorial: Hoja de Lata
Traducción: Pablo González-Nuevo
Páginas: 384
Fecha de publicación original: 1936
Fecha esta edición: julio 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 21,90 euros
Ilustración de cubierta: Valèriane Leblond


En una playa aislada cerca del pequeño pueblo de Westover, el cuerpo sin vida de Christine Clay, famosa actriz británica, aparece en la orilla al amanecer. El encantador Inspector Alan Grant, de Scotland Yard, se pone a investigar de inmediato a los sospechosos: un experto en cotilleos de celebrities, un joven arruinado que pasaba unos días en la casa de campo de Christine, el marido aristócrata de la actriz o su hermano, un tunante que siempre ha vivido del cuento. Grant contará, en este caso, con la ayuda de la intrépida Erica Burgoyne, hija del comisario de policía local y exitosa detective amateur.
Siempre digo que me tomo la lectura de los libros de Josephine Tey con tranquilidad para darle tiempo a Hoja de Lata a que vayan sacando sus libros, y de que me he querido dar cuenta ellos se han puesto las pilas a base de bien y yo me he quedado en la babia, taza de té en mano y contemplando las musarañas... pero vamos, que tampoco supone un problema, si lo sigo racionando así de bien tengo Tey para mucho tiempo. El caso es que este año le tocaba a
Un chelín para velas, el segundo caso de mi adorado y venerado inspector Alan Grant, y he disfrutado de él y de la trama tanto como siempre. 

La historia comienza con la aparición de una joven muerta en traje de baño en un paraje conocido como la Hondonada cerca de un pueblecito llamado Westover... No lleva documentación encima, pero aparece otro personaje, un joven llamado Robert Tisdall, que dice conocerla, que es algo así como su casera, pero que no tiene ni idea de cómo se llama. El bombazo cae cuando se descubre que se trata nada menos que de Christine Clay, estrella de cine que había llegado a Inglaterra para protagonizar tres películas. Más extraño se vuelve todo cuando nada parece indicar que la muerte no sea accidental salvo un botón enredado en su pelo. ¿Ha sido asesinada? Pues tiene toda la pinta, pero lo de apuntar a un sospechoso claro está complicado porque no parece que nadie la quisiera mal pero tampoco que su muerte haya haya dolido demasiado, y encima la prensa sensacionalista no piensa desaprovechar el filón y no da ni un respiro a la policía. Por si faltaba algo,  una médium famosa entre la alta sociedad predijo su muerte un año atrás. Al final las papeletas apuntan al señor Tisdall, pero el inspector Grant no lo tendrá fácil para desenmarañar un caso enrevesado en el que las cosas no terminan de encajar. Menos mal que tendrá la ayuda ocasional de una jovencita de diecisiete años tan peculiar como, afortunadamente, tozuda cuando cree en algo... o en alguien.
 
Pues ya tenemos aquí a mi maravilloso inspector Grant, de esos personajes de los que estás medio enamoriscá (me encanta este palabro) y que, como sabes que tienen una duración determinada y los libros que protagoniza son los que son (seis nada más, si no me equivoco... porca miseria), lo vas espaciando para saborearlo más y durante más tiempo. Lo conocí en La hija del tiempo (fue la primera novela que leí de la autora y sigue siendo mi favorita, os hablé de ella aquí) hace ya unos seis años y ahí perdura mi amor, constante como las estrellas en el firmamento y perdurable como mi falta de motivación para dejar el chocolate.
 
Como digo al principio, Un chelín para velas es la segunda novela protagonizada por Grant (la primera la publicó Hoja de Lata el año pasado... ya tenemos las seis en castellano, si no me equivoco, aunque hayan salido desordenadas), y la he disfrutado un montón. En realidad con Josephine Tey voy sobre seguro, es de esas autoras que están en mi zona de confort y con quien sé que no hay peligro de una mala lectura. Desde el comienzo de la novela ya empieza a campar a sus anchas esa socarronería elegante tan británica, ese flow que tienen muchos libros de la época que te ponen la sonrisa en la boca por el modo que tienen de contar las cosas y la gracia con la que describen el típico carácter inglés con sus manías e idiosincrasias y la flema con la que se enfrentan a cualquier situación, por muy desagradable que sea. ¿Que hay un cadáver en la Hondonada? Joer, es que estos turistas ya podían irse a palmarla a cualquier otro sitio, bastante tienen ellos ya con lo suyo. Y sí, estamos ante una novela de misterio, hay un asesinato y hay que cazar a un asesino, pero ese tono cozy, amable, salpimentado de humor y ligero (en el sentido más positivo de la palabra) no desaparece en ningún momento. Muchos libros de las décadas de los 40 y 50 intentaron esta mezcla tan variopinta, no todos lo consiguieron o se quedaron a medio gas, pero Tey le tenía pillado el punto.

En esta novela nos movemos entre el pueblecito de Westover (el más cercano a donde aparece el cadáver y donde había alquilado una casita la fallecida) y Londres, alternando con paseos en coche por la campiña que no tienen desperdicio y cuya finalidad no os cuento. Tey es fiel a su compromiso con la creación de buenos personajes y su talento para acercárselos al lector de tal manera que acabas encariñado de ellos, ya sea Grant (lo adoro, ¿lo he dicho ya?) como cualquiera del elenco que pivota a su alrededor durante toda la novela y se convierten en cómplices suyos en la resolución del crimen. Y eso que Grant en esta novela peca de precipitación, cree que lo tiene todo resuelto muy pronto, va a encontrarse con un caso complicado donde van surgiendo todo tipo de personajes susceptibles de sospecha y donde va a tener que recibir ayuda inesperada que le vaya despeando el camino. Además hay varios factores a tener en cuenta en cuanto a posibles sospechosos; por un lado las relaciones profesionales de la fallecida, ya que en un mundo como el del celuloide las envidias están a la orden del día, por no hablar de supuestos romances que pueden (o no) haber derivado en celos y ansias de venganza; por otro las relaciones familiares, que Christine Clay ha guardado bajo llave desde el mismo momento en que legó a Hollywood y que, tras su muerte, inevitablemente, salen a la luz cuando las investigaciones dan sus frutos... y, como suele pasar, cuando alguien se esfuerza en tanto en no desvelar de donde viene, es que ese lugar apestaba lo más grande.

A todo esto se suma que la autora introduce dos factores muy interesantes. Uno es el aspecto hollywoodiense de la trama, ya que al ser la fallecida una actriz muy famosa, tenemos no solo a la prensa sensacionalista hambrienta de carnaza y presionando a los investigadores para una colaboración "amistosa" bajo amenaza de publicar cosas que pueden perjudicar la investigación, sino la vida tras bambalinas de unas actrices que pugnaban por los mismo papeles, actores que no se soportaban entre ellos, egos desmedidos por ser la estrella de la función... y el auge de la comedia musical en la gran pantalla, que arrastraba a las multitudes a las salas de cine y se convirtió en el género de moda de la época. Esto me lleva al otro factor; estamos en época de entreguerras, cuando muchos judíos huyeron de Europa con su talento a cuestas y recabaron en una ciudad como Los Ángeles donde el sueño americano era más sueño que nunca (si no rascabas mucho, claro) y cualquier podía triunfar viniese de donde viniese y tuviese a la espalda la mochila que tuviese. Eso hizo que los judíos hicieran prácticamente suya la meca del cine en muchas y muy varias profesiones, y aquí tenemos la representación en un compositor musical al que se rifan las grandes producciones y que es autor de algunas de las canciones más famosas de la época. El ambiente de la novela. en plena campiña inglesa, está muy alejado de Hollywood, pero Josephine Tey coge una pizca de todo ese entorno y esa atmósfera de claroscuros y nos la sirve espolvoreada por toda la novela.

Por lo demás, tenemos un buen misterio (como siempre), unos grandes personajes (como siempre), un maravilloso inspector (como siempre) y un tono muy british (que es una expresión que usamos todos los fanáticos del susodicho tono y que es muy difícil explicar sin repetirse y muy complicado de transmitir si no lo llevas en vena).
Un chelín para velas es una lectura muy recomendable, que duda cabe. ¿Os he contado algo de la investigación? No. ¿Os he contado algo de la trama en sí misma? Pues más bien poco. Por no hablar es que no os he dicho el nombre de ningún personaje salvo el de Tisdall. ¿Hace falta con este topo de libros? No, y además ya sabéis que estoy en contra. De las novelas de misterio y detectives hay que contar la mitad de la mitad de la mitad. Es un tipo de novela con un público muy definido así que todo lector interesado sabe que estos libros están ahí esperándole.. ahondando más, quien ya ha leído a Josephine Tey sabe que ofrece mucho más que una novela de misterio y que para ella unos buenos personajes y las interacciones entre ellos eran primordiales (los diálogos fantásticos, como siempre). Hay que leer a Josephine Tey, vaya.
 
Postdata. Como siempre os digo, no sé si os preguntáis de donde viene ese "chelín para velas" del título. Sin entrar en detalles, aparece en el testamento de la fallecida y es el legado que le deja a su hermano... un hermano que hasta ese momento nadie sabía que existía. Más allá de eso, mis labios están sellados xD.
 
Postdata 2. Esta novela fue adaptada por Hitchcock en 1937 (todavía en la considerada su etapa inglesa) bajo el título de Inocencia y juventud (no, en inglés el título tampoco se parecía mucho al libro original: Young and Innocent en UK y The Girl Was Young en USA). Hace siglos que vi esta peli, pero por lo que recuerdo de ella es una adaptación al estilo tito Hitch: cojo la idea del libro y hago lo que me da la gana. No es de sus mejores pelis pero yo soy muy parcial con las obras del maestro y todas me gustan, así que si la tenéis a mano (se puede ver completa en Youtube), pues no perdéis nada con echarle un vistazo, os lo vais a pasar bien. Además, las películas en aquella época no pasaban de la hora y media; punto a su favor xD. Os pongo el trailer:


 
 




Josephine Tey (Inverness, 1896 – Londres, 1952) es el seudónimo de la escritora escocesa Elizabeth Mackintosh. Fue una mujer independiente y adelantada a su época; jamás se casó y empezó ganándose la vida como profesora de educación física hasta la muerte de su madre, en 1926, cuando tuvo que regresar a casa para hacerse cargo de su padre inválido. Fue entonces cuando, por pura diversión, comenzó a escribir.
 
Entre sus obras más elogiadas por la crítica y el público destaca La hija del tiempo, declarada en 1990 la mejor novela de misterio de la historia por la Crime Writers’Association. 
 
Fue también autora de una docena de piezas teatrales  (escritas bajo seudónimo distinto: Gordon Daviot), y siempre será recordada por haber creado al inspector Alan Grant de Scotland Yard, protagonista de sus mejores historias.

miércoles, 19 de octubre de 2022

RESEÑA (by MH) ::: UN REFLEJO VELADO EN EL CRISTAL - Helen McCloy


 
Título original: Through a Glass, Darkly
Autora: Helen McCloy
Editorial: Hoja de Lata
Traducción: Raquel García Rojas
Páginas: 240
Fecha publicación original: 1950
Fecha esta edición: noviembre 2021
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,90 euros
Diseño de cubierta: Pixelbox

De un día para otro y bajo el pretexto de «no encajar con el espíritu de la escuela», la joven profesora de arte Faustina Crayle es despedida a mitad de curso del idílico internado de Brereton, en plena campiña neoyorquina. La única dispuesta a apoyarla es su colega Gisela von Hohenems, quien va dándose cuenta de la profunda aprensión que su amiga causa en las demás profesoras, alumnas y resto del personal del centro. Parece ser que Faustina es capaz de desdoblar su persona y aparecer al mismo tiempo en dos sitios distintos del colegio, cosa que hace muy a menudo, aterrorizando a todo el mundo. Preocupada y con voluntad de ayudar, Gisela no duda en contarle el extrañísimo fenómeno a su prometido, el doctor Basil Willing, asesor médico de la Fiscalía del Distrito de Nueva York y detective aficionado. Y este, movido por una profunda curiosidad, no tarda en presentarse en Brereton, dispuesto a meter la nariz en este estrambótico puzle fuera de toda razón.
 

Tengo (afortunadamente) montones de lecturas para escoger y traer al blog en esta (que se ha dado en llamar últimamente) spooky season, porque leo habitualmente novelas clasificadas como de terror o gótico y siempre tengo varias a mano, pero aunque quizás no resulte una elección muy obvia, se me ha antojado hablaros de Un reflejo velado en el cristal, de la autora norteamericana Helen McCloy. En todo caso, se ajusta a esas premisas que buscamos para estos días en cuanto a novelas spooky (tintes sobrenaturales, tono gótico...) y es un libro de lo más recomendable, que al fin y al cabo es de lo que se trata. Os cuento.
 
Faustina Crayle trabaja como profesora en un internado para señoritas situado cerca de Nueva York a finales de los años 40. La historia comienza precisamente cuando es despedida de ese internado solo cinco semanas después de haber sido contratada. No solo no recibe ninguna explicación salvo la consabida excusa de que no es adecuada para la institución, sino que la directora se niega incluso a ofrecer buenas referencias sobre ella porque considera que no debería trabajar en ninguna otra parte. Es entonces cuando Faustina, incrédula ante su situación, decide desahogarse con la única amiga que tiene en el internado, Gisela, también profesora y refugiada de guerra vienesa. Le cuenta que todas las demás profesoras la rehúyen y se muestran hostiles con ella, pero no como si les cayera mal, sino como si tuviera algo de malo; las alumnas la observan y vigilan de un modo que considera antinatural, extraño, como si esperasen que ocurriese algo; y la criada que debería limpiarle la habitación no solo no lo hace, sino que cada vez que se cruza con ella parece aterrorizada y se aleja todo lo que puede. Faustina no entiende nada, y Gisela, que se hace la tonta y dice no haber escuchado ningún rumor, en realidad está asustada y cree que algo muy siniestro está ocurriendo en el internado. Finalmente acude a su novio, Basil Willing, un psiquiatra famoso que de vez en cuando se convierte en detective y que desde el primer momento tiene miedo por su prometida... más todavía cuando acude al colegio y se entera de lo que a la propia Faustina no quisieron contarle: que ha sido vista en dos sitios diferentes al mismo tiempo en múltiples ocasiones y por muy diferentes testigos.

Sinopsis (personal) larga pero necesaria para que entendáis de lo que va el tema, aunque la sinopsis oficial ya hace alusión a ello y habla del doppelgänger como el fenómeno al que se enfrentan los personajes en la novela. Pero ¿qué es eso? Vuelvo a tirar de wiki...
Doppelgänger es el vocablo alemán para definir el doble fantasmagórico o sosias malvado de una persona viva [...] El término se utiliza para designar a cualquier doble de una persona, comúnmente en referencia al «gemelo malvado» o al fenómeno de la bilocación [...] En las leyendas nórdicas y germánicas, ver el propio Doppelgänger es un augurio de muerte. Un Doppelgänger visto por amigos o parientes de una persona puede a veces traer mala suerte, ser un mal augurio o una indicación de una enfermedad o un problema de salud inminentes.
Explicado todo esto, varias son las incógnitas a las que se enfrentan no solo los protagonistas de la historia, sino el lector mismo. ¿Es realmente cierto lo que dicen de Faustina, que es capaz de bilocarse y hallarse en dos lugares diferentes pero cercanos en el tiempo? Parece ser que sí, ya son varios los testigos que dicen haber visto el fenomeno, algunos de ellos incontestables en cuanto a fiabilidad. Así que, una vez confirmado este punto, la pregunta importante es esta: ¿realmente ocurre sin el conocimiento de Faustina, que proyecta de manera visible su subconsciente de manera totalmente involuntaria, tal y como ella proclama, o sabe provocar el fenómeno y lo hace intencionadamente con algún fin? Esta duda adquiere mucha importancia cuando en determinado momento del libro ocurre cierto suceso que pone a Faustina en el punto de mira de la policía y los esfuerzos de sus escasos amigos por limpiar su nombre se hacen más urgentes.
 
Entre esos amigos se encuentra el detective de la novela, Basil Willing, un prestigioso psiquiatra que al parecer está siempre de un lado a otro pero que en esta novela decide asentarse definitivamente en Nueva York. Es analítico y no cree para nada en fenómenos sobrenaturales, así que su misión en el libro es encontrar una explicación factible y razonable que contradiga el espectro paranormal que parece asustar a todo el mundo. No se profundiza tampoco demasiado en el personaje, no sé si porque a la autora le interesaban otras cosas o porque ya tenía mucho recorrido literario y se daba por presentado al personaje, ya que este es el octavo libro protagonizado por este psiquiatra (de catorce en total). Yo no he echado de menos no haber leído los siete anteriores salvo en su relación con Gracie, porque en cierto momento se dice que se conocieron en 1940, lo que hace que el comienzo de la relación se remonte al menos a 8 o 9 años atrás, y ni siquiera están prometidos ni nada al comienzo de la historia. ¿Aparece Gracie también en los otros libros de Basil Willing y el avance de su relación es una de las subtramas del personaje o nada de nada? No sé, es la única duda que me ha dejado el desconocimiento del recorrido anterior del detective.

Un reflejo velado en el cristal ofrece un punto de partida y desde ahí recorre varios caminos durante toda la narración, llevando al lector ora por la senda del escepticismo y la explicación racional, ora por la travesía mucho más tumultuosa (y, por tanto, más interesante) de la explicación sobrenatural. El detective, Willing, es un hombre de ciencia y por tanto pretende en todo momento dar una explicación lógica y razonable, pero las distintas paradas de su camino no se lo ponen nada fácil. La autora, Helen McCloy, basa su relato en esta dicotomía y ambivalencia de pruebas, y lo hace de una manera inteligente, atractiva, sencilla pero muy efectiva y creando sobre todo una atmósfera intrigante y ambigua. Cuando Willing intenta razonar las cosas con los pies en la tierra nos parece factible y creíble, pero también nos parece factible y creíble cada vez que nos narra esas bilocaciones y las sensaciones que experimentan quienes las observan, que no dudan pero tampoco saben como explicar lo que han visto.

Me han parecido muy, muy interesantes dos elementos que la autora introduce en la historia y que he corrido a comprobar si son ciertos porque no los conocía (lo son). Uno son las memorias de Goethe, a las que se hace alusión varias veces durante el libro. Al parecer Goethe se cruzó en una ocasión, de camino a Drusenheim y yendo a caballo, a una persona que era exactamente igual que él y que llevaba puestas unas determinadas ropas... ocho años después, en ese mismo camino pero yendo en dirección contraria, volvió a cruzarse con un hombre exactamente igual que él, y cuando Goethe recordó el encuentro anterior, se dio cuenta de que esas determinadas ropas eran las mismas que él llevaba puestas en ese momento. 

El otro elemento, que también se comenta varias veces durante la novela, es igualmente un hecho real. En 1845, en un colegio de señoritas ubicado cerca de Valmiera (a unos cien kilómetros de Riga) se dijo que se había visto en dos sitios a la vez (en varias ocasiones) a mademoiselle Sagée, hasta que sucedió un hecho sorprendente: las cuarenta y dos niñas del internado fueron testigos del mismo fenómeno, en el que la profesora estaba al mismo tiempo sentada en una silla ante ellas y fuera cogiendo flores en el jardín. Una se movía de manera normal, la otra se movía de una manera extraña, torpe, lenta. Los padres sacaron en masa a las niñas del colegio y mademoiselle Sagée fue despedida: solo entonces confesó que la habían despedido de otros diecinueve trabajos por el mismo motivo. Ahí lo dejo :)
 
A raíz de todo esto, en cierto momento de la novela surge una explicación a este baile entre realismo y superstición, entre la lucha contra lo que no se entiende y se considera un engaño y la aceptación de que hay algo más allá de lo que conocemos y comprendemos a simple vista: esto es, que los americanos tienen los pies en la tierra y no se creen nada de nada... mientras que los europeos, por nuestra cultura y toda la historia que llevamos a las espaldas, creemos en los elementos y fenómenos paranormales y los tenemos mucho más asumidos. Ya me diréis si estáis de acuerdo :)
¡Eres incapaz de ceder a la idea de que pudiera existir tal cosa! Para mí es más fácil porque crecí en Europa. Una civilización antigua como la nuestra es escéptica ante cualquier creencia, incluso las ideas científicas modernas por las que vosotros, aquí en Estados Unidos, mostráis una reverencia casi religiosa. Nosotros no, porque nuestra civilización ha vivido muchas revoluciones intelectuales. Una y otra vez hemos visto que la ciencia de una generación se convertía en la mitología de la siguiente [...] Y allí el pasado siempre está con nosotros. En nuestas costumbres y en nuestros hogares, así como en nuestros libros [...] En edificios muy viejos suceden cosas extrañas, y los que viven en sitios así se acostumbran tanto a lo inexplicabe que pierden el miedo e incluso el interés. Tú te sentirías obligado a negarlo o a investigar. Nosotros nos limitamos a sonreír y a encogernos de hombros y decirnos: "Esto también pasará...".
Y dicho todo esto, y por ir terminando, yo creo que el gran enigma de la novela es precisamente la pobre Faustina, no tanto por el misterio que le rodea, sino por ella misma como persona, tan mustia, tan sola, tan perdida todo el tiempo... Bien es cierto que conforme avanzan las páginas conoceremos su pasado, de donde viene y si eso tiene alguna relación con lo que le está sucediendo, pero es un personaje que da pena, y tal parece que en esas proyecciones inmateriales que son visibles para los demás se fuera buena parte de su energía vital y lo que la define como persona.

En definitiva, una novela de misterio muy entretenida, muy bien hilada, con tintes sobrenaturales y cierto aire gótico que no predomina pero persiste conforme avanza la trama. La he disfrutado mucho, la autora juega muy bien durante toda la narración con los elementos que crea, te invita como lector a sacar tus propias conclusiones y la verdad es que me he quedado con ganas de seguir leyéndola... peeeeero me veo en la obligación de hacer una advertencia sobre el final, que ya nos conocemos todos :) Son ya muchos años por aquí y precisamente los comentarios a las reseñas sirven para conocer las filias y las fobias de los lectores a la hora de abrir un libro. Una de las fobias más persistentes es la que se tiene a los finales abiertos o ambiguos. A mí no suelen molestarme (salvo que no estén justificados y parezcan incompetencia del escritor para darle un cierre a su historia... alguno de estos me he encontrado este año), pero sé que hay lectores que sienten rechazo sistemático por este tipo de finales. Pues bien, aviso a navegantes: Un reflejo velado en el cristal tiene un final MUY ambiguo. Mucho. Y además la autora es plenamente consciente de lo que está haciendo y lo deja en plan "ahí lo llevas, lector. Cree lo que quieras creer, que mi trabajo termina aquí. Ahora empieza el tuyo". Así que ya cada cual que obre en consecuencia, que mi trabajo también termina aquí (pero lo recomiendo mucho, insisto).
 
Ah, me acabo de acordar y lo suelto aquí en plan pegote... puntazo cuando llegas a cierta escena en el libro y reconoces a la perfección la imagen de la cubierta :)
 
Otro ah... todos (o casi todos) los capítulos comienzan con unos versos que terminan con la palabra Faustina... pues bien, dudaba si eran invención de la autora y no lo son; pertenecen al poema Faustine, de Algernon Charles Swinburne. No hay ninguna nota en el libro que lo explique y me ha costado dar con este tema, pero a cabezona no me gana nadie, y si alguien más tiene la costumbre de comprobar estas cosas, le ahorro el trabajo.

 
 

Helen McCloy (Nueva York, 1904-Woodstock, 1992), pseudónimo de Helen Clarkson, fue una escritora de misterio norteamericana conocida por su serie de novelas protagonizadas por el psiquiatra-detective Basil Willing. 
 
De madre escritora y padre editor, McCloy creció leyendo a Sherlock Holmes y en 1950 se convirtió en la primera mujer presidenta de la Asociación de Escritores de Misterio de Estados Unidos, organización que le otorgó un premio Edgar por sus críticas literarias. Su debut como escritora, Dance of Death (1938), introdujo ya al doctor Willing, quien protagonizaría otros 12 misterios y algunos relatos cortos, la mayoría de tintes góticos y sobrenaturales. Un reflejo velado en el cristal (1950; Hoja de Lata, 2021) es el octavo caso de la serie y está considerado una obra maestra del género y un clásico del misterio sobrenatural estadounidense.