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viernes, 7 de mayo de 2021

Y EL LIBRO COMIENZA ASÍ... #31 ::: ABRIL 2021

¡Hola a todos!

Ya estamos nuevamente ante el primer viernes de un nuevo mes, y toca resumen de lecturas del anterior, en este caso de abril. Son doce los comienzos que os traemos, y esperamos como siempre que os gusten o llamen vuestra atención.

Os recordamos que pinchando en cada imagen accedéis a la reseña en cuestión.

Esperamos que estéis disfrutando de estos días de descanso semanasanteros. En Netherfield ya hacían buena falta. ¡Un abrazo a todos y a por un buen mes de lecturas!
 
 


lunes, 26 de abril de 2021

RESEÑA (by MH) ::: LA SEÑORA HARRIS EN NUEVA YORK - Paul Gallico


 

 
Título original: Mrs. Harris Goes to New York
Autor: Paul Gallico
Editorial: Alba (colección Rara Avis)
Traducción: Ismael Attrache Sánchez
Páginas: 232
Fecha de publicación original: 1960
Fecha esta edición: mayo 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16 euros
Ilustración de cubierta: Collage a partir de ilustraciones vintage (James Cotliarenco)


Paul Gallico introduce en esta nueva aventura de la señora Harris y su inseparable amiga, la señora Butterfield, el caso del pequeño Henry, a quien su madre dejó a cargo de una familia a cambio de una libra semanal por su manutención y con los años desapareció. Desde entonces, y sin paga, para la familia el niño es una despreciable carga y lo maltratan sin cesar. Habiendo averiguado que su padre fue un soldado de Alabama llamado George Brown, las dos amigas «secuestran» al pequeño, lo cuelan como polizón en un transatlántico y se lo llevan a Nueva York. Están convencidas de que encontrarán al «señor Brown» y de que este se alegrará de la buena nueva. La señora Harris en Nueva York (1960) sigue la línea de cuento de hadas de Flores para la señora Harris (1958), con sus observaciones realistas sobre el sistema de clases y la doble cara de todo sueño, pero cuenta con la novedad de un punto de partida no tan ligero como el deseo de comprarse un vestido de Dior. En todo caso, su humor y su confianza en la amistad y la simpatía son los mismos y dan pie a otra sátira amable y distinguida, que esta vez se ambienta entre diplomáticos, millonarios de Park Avenue, estrellas de cine y cantantes de hillbilly.

Allá por finales de 2017 os traje mi opinión sobre Flores para la señora Harris, una novela fantabulosa y cuqui sobre una señora de la limpieza británica cuyo sueño era comprarse un vestido de Dior en la tienda que la firma tenía en París, y ahorraba durante años para cumplirlo. Ya en aquella reseña comentaba que había tres libros más protagonizados por la señora Harris, y que ojalá se publicasen las continuaciones. Señal divina o no, a los pocos meses se publicó la continuación, La señora Harris en Nueva York, que yo compré cumplidamente en cuanto la vi en la librería... hasta hoy. Sé que hay lectores de estas divagaciones que os traigo un par de veces a la semana que, cuando cuento estas cosas, se sorprenden de que compre los libros con tanta ansia nada más salir y que luego no los lea en años. Si supiérais lo que tengo pendiente de leer en la estantería... y si supiérais la de libros que han descatalogado y me he quedado sin ellos por no comprarlos a tiempo, me comprenderíais. El caso es que no por haber tardado tiempo en leerlo mis ansias por disfrutarlo eran menores, y por fin me he adentrado en sus páginas. 
 
Quizás para entender el argumento de esta historia resulta necesario conocer a la señora Harris del primer libro que os presenté en la anterior reseña. Como mi agotamiento mental actual imposibilita una descripción mejor de la que hice en su momento, me vais a permitir que me autocite y después sigo:
... una oda a las señoras de la limpieza británicas. En esta historia todo el mundo las reconoce, todo el mundo percibe lo que son, como si fuesen una estatua de la reina Victoria o el osito Paddington. Son, SON, las mujeres de la limpieza británicas. Y no necesitan de cabinas de teléfonos donde cambiarse para convertirse en Superwoman: lo llevan de serie, se ve a la legua, se las reconoce nada más verlas. No se dejan impresionar por nada ni por nadie, son decididas, luchadoras, valientes, indómitas, independientes, fuertes y, como algo se les meta entre ceja y ceja, todas las agallas de este mundo son pocas para las que ellas despliegan en su afán por conseguirlo. Así es nuestra protagonista, viuda desde muy joven y que no se ha dejado amedrentar ni un poquito por la situación. Ha salido adelante, se ha buscado la vida, es más que feliz con lo que tiene, posee un carácter de aúpa, y además le encanta verse rodeada de belleza y color.
¿Por qué considero necesario volver a usar mi descripción de la señora Harris en general, y de las señoras de la limpieza británicas en general loadas en estos libros? Porque a ver si no como vais a subiros al carro de un argumento tan peregrino como este.
 
Resulta que la señora Ada Harris y su amiga, Violet Butterfield (cocinera y mujer de la limpieza también, como no podía ser menos) son vecinas, viudas, viven solas y, como ya sabemos por el anterior libro, se juntan por las tardes a tomar el té y compartir las particularidades de las personas para las que trabajan, que suelen ser de la alta sociedad o famosos y, por tanto, con mucho campo para el cotilleo. El caso es que tienen por vecinos a una familia de desalmados en cuyas manos cayó Henry, un niño de acogida que ahora tiene ocho años y ha derivado en saco de boxeo tanto para los padres como para los hijos. Ada conoce algo de la historia de este niño y sufre mucho por él (padre usamericano destinado en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial que se casó con una inglesa, nació el niño, él se volvió a Usamérica, ella se volvió a casar y del niño no se preocupa ni el tato). La madre está ilocalizable, pero del padre conoce el nombre. ¡Mira que si cruza el charco, se presenta en Estados Unidos y encuentra al padre de Henry! Claro está, si para ir a París fueron necesarios dos años de ahorro y que le tocase una quiniela, para ir a USA necesita el gordo de Navidad como mínimo y que no le quiten el 60% en impuestos. Pero a su creador, Gallico, le gusta ponerle las cosas fáciles a su protagonista, así que se inventa un plan que ni pintado: un matrimonio usamericano para el que Ada trabaja en Londres regresa a su tierra y no puede vivir sin Ada y su limpieza. ¿Qué le parecería viajar con ellos a Nueva York? ¡Que se venga también la señora Butterfield a ejercer de cocinera! Ya solo queda secuestrar al niño, introducirlo de estrangis en el barco, que viva de estrangis a bordo durante semanas e introducirlo también de estrangis en Usamérica pasando los controles de inmigración. Lo de encontrar al padre está chupao: todos sabemos que ese país es pequeñito y sin apenas población.
 
Una vez explicada la base de la trama, ¿qué más os puedo contar? Pues poco, porque ya de por sí es de esas historias en las que todo lo que imaginas que puede pasar, pasa, y todo lo que crees que va a ocurrir, ocurre. A ver, el mismo título del libro confirma buena parte de lo que os cuento en la sinopsis: no se sabe cómo (bueno, yo sí lo sé pero me lo callo, obviously), pero consiguen llegar a Nueva York, así que hacen posible lo imposible e introducen a ese niño sin papeles en los grandilocuentes Estados Unidos de América. A partir de ese momento comienza la búsqueda del padre de Henry y, de paso, tal y como ya hizo en el libro anterior con París, el autor nos da un paseo de arriba abajo por la ciudad de Nueva York. De parte a parte, de barrio a barrio, la señora Harris ejerce de guía turística para el lector y, aunque confieso que Nueva York no ejerce sobre mi persona la misma fascinación que otras ciudades, el paseo merece mucho la pena (ergo, por regla de tres, quien sea apasionado de la ciudad se lo pasará pipa leyendo esa parte).
 
Por lo demás, y tal como os digo, habrá quien diga que la historia peca de previsible, pero es que eso no es lo importante, igual que en Flores para la señora Harris lo importante no era si se compraba o no el vestido de Dior. Las lecciones que nos daba la protagonista en el anterior libro (amistad, bondad, empatía, alegría por vivir) aquí se ven acompañadas por emociones y asuntos menos optimistas y alegres. El abandono y maltrato infantil, el racismo, las consecuencias de las malas decisiones, la aceptación de que las buenas intenciones no siempre reciben su recompensa, la asimilación de que no siempre se consigue lo que se quiere por muy buen fondo que tenga... Es un libro bonito con final feliz (no puedo pretender engañaros con lo contrario ni intentar poner el cebo de ¿qué pasará al final? porque estos libros salen con el tono japiflower de imprenta), pero sí que es cierto que en su recorrido toca muchos temas que no por contarlos de manera amable y simpática son menos duros.
 
En cualquier caso la señora Harris no estará sola en esta aventura, porque además de la señora Butterfield le acompañan otros personajes que no os revelo porque aparecen en su primera novela en París y es sorpresa-sorpresa. Y lo que realmente importa es que ella siempre, siempre deja su estela allá donde va, sembrando buenos sentimientos, sonrisas y haciendo amigos por todas partes con una facilidad que ya quisieran muchos. ¿Es realista esta historia? No. ¿Lo pretende? Tampoco. ¿A quién le importa que no sea realista? A mí que me registren, y si tú, que estás al otro lado de la pantalla leyéndome, buscas una trama realista que tenga los pies en la tierra y no huela a eau de cuento de hadas, más vale que no te acerques a ella. Es una historia cuqui llena de buenos sentimientos, buenas acciones, solidaridad, amor de muchos tipos, un elevado sentimiento de justicia, solidaridad y acciones improbables con un éxito sorprendente. Para llevar todo esto a cabo hace falta tener a un personaje como Ada Harris de protagonista y a un lector que la acompañe con los ojos cerrados lleno de fe en las buenas personas (aunque no sean reales).
 
En resumen, ¿qué tenemos en La señora Harris en Nueva York? Pues tenemos una serie de desdichas que como no son nada catastróficas terminan como tienen que terminar, bien, que para eso nos vamos al otro lado del mundo a buscar una aguja en un pajar y eso merece su recompensa; tenemos una serie de personajes secundarios (en unos casos ya conocidos, en otros no) que hacen bueno aquello de que lo importante no es lo que andas, sino quien te acompaña; tenemos feelgood a raudales aun cuando las cosas se tuercen, aun cuando llueve algún bofetón, aun cuando la búsqueda del padre no parece dar sus frutos, porque en esta historia brillan tres rayos de sol por cada nubarrón; y tenemos, sobre todo y ante todo, a Ada Harris, señora de la limpieza y heroína infatigable, inmune a las piedras del camino, optimista por naturaleza, buena persona por genética, amable por convicción y altruista por vocación... aprendimos a adorarla en Flores para la señora Harris, y en La señora Harris en Nueva York pone lo mismo sobre la mesa y añade una vulnerabilidad transitoria que la hace todavía más achuchable. ¿Quién quiere realismo teniendo todo esto? Not me.
Nada en la vida era un triunfo completo, al cien por cien, pero muchas veces uno podía muy bien conformarse con menos, que era la mejor lección que se podía aprender.

(ya solo quedan dos aventurillas de la señora Harris, una en el Parlamento y otra en Moscú... volveré a invocar a la buena fortuna a ver si cuela y podemos leerlas en castellano a no mucho tardar).


De ascendencia italiana y austriaca, Paul Gallico nació en Nueva York en 1897. Se licenció por la Universidad de Columbia y empezó a trabajar como periodista deportivo para The New York Daily News. A finales de la década de 1930, decidió abandonar el periodismo deportivo y empezó a escribir relatos breves para varias revistas. Una de sus novelas infantiles más conocidas, El ganso de nieve (1941), así como algunas otras, tuvieron su origen en esos relatos cortos. Otros títulos que le hicieron célebre fueron The Adventures of Hiram Holliday (1939) o el relato The Man Who Hated People (1950), que se convirtió en un libro llamado Love of Seven Dolls (1954) y dio lugar a la película Lili (1953) y al musical Carnival! (1961).

Flores para la señora Harris (1958) tuvo tal éxito que, en las décadas siguientes, la seguirían tres secuelas (Mrs Harris Goes to New York en 1960, Mrs Harris, M.P. en 1965 y Mrs Harris Goes to Moscow en 1974). En 1969 publicaría La aventura del Poseidón, también conocida por su adaptación al cine en 1972. A lo largo de su extensa y prolífica carrera combinó la literatura infantil con la adulta, a veces eliminando los límites entre ambos géneros. Thomasina: The Cat Who Thought She Was God (1957) o Manxmouse (1968) son otras de sus obras infantiles más conocidas. Murió en Mónaco en 1976.

 

lunes, 13 de noviembre de 2017

RESEÑA (by MH) ::: FLORES PARA LA SEÑORA HARRIS - Paul Gallico



Título original: Flowers for Mrs Harris
Autor: Paul Gallico
Editorial: Alba (colección Rara Avis)
Traducción: Ismael Attrache Sánchez
Páginas: 166
Fecha de publicación original: 1958
Fecha esta edición: noviembre 2015
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16 euros
Ilustración de cubierta: Molesko Studio

La señora Harris, una viuda de cierta edad que se dedica a limpiar casas de la clase alta londinense, descubre un buen día, en el armario de una de sus más ricas clientas, un par de vestidos de Dior que la dejan cautivada. Contra todo pronóstico, decide que ella quiere −necesita− uno de esos vestidos, aunque nunca vaya a tener ocasión de llevarlo. Cuando se entera del precio, en lugar de venirse abajo, empieza a ahorrar para conseguir su objetivo e inicia así un largo proyecto que, al cabo de dos años, acabará llevándola a París. 
«Este libro está dedicado con cariño a las valientes e indispensables señoras de la limpieza que año tras año adecentan las Islas Británicas.»

Sin más dilaciones, y para no eternizarme con una de mis, redundando, eternas entradillas, resumo: hoy toca cuquilibro :)

La colección Rara Avis, de la editorial Alba, nos da muchas alegrías y, lo que es mejor, en multitud de géneros, porque es una colección donde cabe un poco de todo. Y hoy toca un libro cuqui. Y muy british. British hasta la médula. ¿Qué más se puede pedir en esta vida? Pues una dedicatoria como esta del autor, que ya te pone la sonrisa nada más abrir el libro:
Este libro está dedicado a las galantes e indispensables señoras de la limpieza que, año tras año, ponen orden en las Islas Británicas.
Porque eso es Flores para la señora Harris, una oda a las señoras de la limpieza británicas. En esta historia todo el mundo las reconoce, todo el mundo percibe lo que son, como si fuesen una estatua de la reina Victoria o el osito Paddington. Son, SON, las mujeres de la limpieza británicas. Y no necesitan de cabinas de teléfonos donde cambiarse para convertirse en Superwoman: lo llevan de serie, se ve a la legua, se las reconoce nada más verlas. No se dejan impresionar por nada ni por nadie, son decididas, luchadoras, valientes, indómitas, independientes, fuertes y, como algo se les meta entre ceja y ceja, todas las agallas de este mundo son pocas para las que ellas despliegan en su afán por conseguirlo. Así es nuestra protagonista, viuda desde muy joven y que no se ha dejado amedrentar ni un poquito por la situación. Ha salido adelante, se ha buscado la vida, es más que feliz con lo que tiene, posee un carácter de aúpa, y además le encanta verse rodeada de belleza y color.

¿Y qué se le antoja a Ada Harris, señora de la limpieza británica y habitante de Londres? Un vestido de Dior. Pero nada de comprarlo en la boutique de la esquina... no, ella quiere comprarlo donde lo compran las damas de la alta sociedad, en el lugar sacrosanto de la firma allá en París. El vestido y el viaje cuestan su salario anual, pero también hay que vivir, así que con todo lo que hay que descontar, la cosa se puede ir a dos o tres años mínimo para poder ahorrar lo necesario. ¿Creéis que eso echa para atrás a nuestra maravillosa Ada Harris? ¡Nononono! Sin atajos, a base de trabajo, sudor y sacrificio personal, se dispone a hacer realidad su sueño. 

Si os digo que consigue llegar hasta París no os desvelo nada, porque se dice en la primera página del libro. ¿Alguien lo había dudado con lo dicho hasta ahora? ¡Claro que llega a París! ¡Claro que sube al primer piso, el de los pases privados de Christian Dior, en la Avenue Montaigne! ¡Con su abrigo desgastado, sus guantes mal escogidos, su bolso de imitación de piel y su ridículo sombrero! Y creedme, no está dispuesta a recibir un no por respuesta por culpa de su aspecto plebeyo y de clase obrera. Lleva un fajo de billetes en el bolso que quita el hipo y quiere comprar un vestido. Y además tiene que volver a su trabajo en Londres al día siguiente y ni siquiera va a hacer noche en la deslumbrante París, así que ya pueden ponerse las pilas los de Dior... porque no, Julia Roberts no fue la primera en sufrir en carnes propias el rechazo de las dependientas estiradas en las firmas de alta costura :)

Lo que pasa a continuación, las aventuras de Ada Harris en París, tendréis que averiguarlo por vosotros mismos, pero os digo desde ya que como os pongáis a ello, vais a caer rendidos ante esta humilde e inolvidable mujer que tiene ansias de belleza y elegancia, pero que ganará cosas mucho más preciosas por el camino. La señora Harris cree que si tiene un vestido tan bonito que cuesta 450 libras ya no puede desear nada más en esta vida, y el avanzar de las páginas le demostrará lo equivocada que está.

Porque lo que importa no es si en París cumple o no su sueño, si consigue o no su ansiado vestido de Christian Dior, sino el proceso para conseguirlo, la determinación, la ilusión, la aventura, los descalabros, los tropiezos, los sacrificios... y las personas que se encuentra por el camino, personas que necesitan como agua de mayo un hada madrina en forma de señora de la limpieza británica  que dé un poco de luz y calor a sus vidas.

Flores para la señora Harris comienza siendo la historia de amor de la señora Harris por un vestido de Dior, y termina siendo una oda al amor por la vida, a no dejar jamás de intentar cumplir nuestros sueños, a no permitir que nuestro lugar en el mundo defina quiénes somos y a lo que aspiramos. Te deja con una sonrisa en la cara, con un poso de alegría, de confianza en la existencia de la bondad humana, y aunque un pepito grillo te dice que en la vida real seguramente las cosas hubiesen sido muy distintas, para eso están los libros: para soñar. Y la lección está ahí: el amor, la amistad, la humanidad, la bondad, la empatía, una sonrisa cuando todo parece ir mal... todo ello debe prevalecer siempre sobre lo material. 

Dos tercios de la historia transcurren en París, y mientras que en el tercio restante somos testigos el carácter admirable de nuestra protagonista en su tesón por conseguir los cientos de libras que le hacen falta, en esas otras páginas, las que tienen lugar cuando pisa la Ciudad de la Luz, es donde la magia de la historia se despliega ante nuestros ojos. Personajes memorables, de los que quizás al cabo de las semanas no recuerdas sus nombres pero sí cada uno de sus actos y efectos en la historia; diálogos exquisitos e inteligentes, de esos que nacen de una visión acerada e ingeniosa del mundo y sus habitantes; y sobre todo el poso, ese sedimento risueño, optimista y pleno de fe en la raza humana y en su bondad que no te suelta cuando cierras el libro.

Estamos en el mes feelgood, y eso es lo que representa este libro, pero no caigáis en la tentación de creer que no hay nada más allá de eso. La moraleja intrínseca a la historia, lejos de resultar moralizante, destila sentido común, genialidad y amor en el sentido más amplio de la palabra. Y si os preguntáis qué tiene que ver el título con el dichoso vestido de Dior... pues tendréis que leer también el libro para descubrirlo. Porque lo es todo: ese título lo resume todo.

Por cierto, ¿recordáis la peli aquella de La aventura del Poseidón? ¿Esa de catástrofes en la que un trasatlántico queda boca abajo, y sálvese quien pueda, y todas esas cosas? Pues la novela en que se basaba era de este mismo autor, Paul Gallico, y salvo alguna edición viejuna de esta novela, poca cosa suya más hay en castellano. Y encima resulta que nuestra querida señora Harris protagonizó al menos tres novelas más: en una de ellas se largaba a Nueva York y en otra plantaba sus feos zapatos en Moscú. Sé que tengo la boca muy grande y las manos muy ligeras para pedir a todas horas que traduzcan cosas inéditas en castellano, pero, ¿de verdad nos vamos a quedar a medias con las aventuras de Ada? Ya son ganas de hacernos sufrir, oye...

De ascendencia italiana y austriaca, Paul Gallico nació en Nueva York en 1897. Se licenció por la Universidad de Columbia y empezó a trabajar como periodista deportivo para The New York Daily News. A finales de la década de 1930, decidió abandonar el periodismo deportivo y empezó a escribir relatos breves para varias revistas. Una de sus novelas infantiles más conocidas, El ganso de nieve (1941), así como algunas otras, tuvieron su origen en esos relatos cortos. Otros títulos que le hicieron célebre fueron The Adventures of Hiram Holliday (1939) o el relato The Man Who Hated People (1950), que se convirtió en un libro llamado Love of Seven Dolls (1954) y dio lugar a la película Lili (1953) y al musical Carnival! (1961).

Flores para la señora Harris (1958) tuvo tal éxito que, en las décadas siguientes, la seguirían tres secuelas (Mrs Harris Goes to New York en 1960, Mrs Harris, M.P. en 1965 y Mrs Harris Goes to Moscow en 1974). En 1969 publicaría La aventura del Poseidón, también conocida por su adaptación al cine en 1972. A lo largo de su extensa y prolífica carrera combinó la literatura infantil con la adulta, a veces eliminando los límites entre ambos géneros. Thomasina: The Cat Who Thought She Was God (1957) o Manxmouse (1968) son otras de sus obras infantiles más conocidas. Murió en Mónaco en 1976.