jueves, 19 de agosto de 2021

RESEÑA (by MH) ::: LA LIBRERÍA AMBULANTE - Christopher Morley


 
 
Título original: Parnassus on Wheels
Autor: Christopher Morley
Editorial: Periférica
Traducción: Juan Sebastián Cárdenas
Páginas: 184
Fecha publicación original: 1917
Fecha esta edición (6ª): marzo 2014
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16,75 euros
Imagen de cubierta: @GettyImages




Prepárese para entrar en un mundo único y lleno de encanto, donde el tiempo se ha detenido: estamos en la segunda década del siglo XX, en unos Estados Unidos todavía rurales y de paisajes idílicos, donde conviven los viejos carromatos y los novísimos automóviles; Roger Mifflin, un librero ambulante que desea regresar a Brooklyn para redactar sus memorias, vende su singular librería sobre ruedas (junto a su yegua y su perro) a la ya madura señorita Helen McGill, quien decide, harta de la monotonía de su vida, lanzarse a la aventura y recorrer mundo. A partir de ese momento se sucederán los encuentros y los desencuentros, y las más divertidas peripecias se darán la mano con las grandes enseñanzas que proporcionan libros y librero.

Desde que este clásico de la literatura norteamericana se publicara en 1917 han sido muchos los lectores seducidos por su poder evocador, por el reconfortante humor que destila y, cómo no, por su atención a los pequeños detalles: estas páginas huelen a las hogazas de pan recién sacadas del horno; en ellas se siente el viento de otoño en los abedules.


Llevaba tiempo detrás de releer La librería ambulante, así que cuando vi que era una de las propuestas que nos hacíais para nuestro reto de Netherfield en el sorteo de aniversario que realizamos anualmente en el blog, supe que había llegado el momento. Es de esos libros que dan paz y se leen con una sonrisa que ilumina la cara, dos virtudes que hoy en día son como maná en el desierto y alegran un poquito el alma.

Estamos a principios del siglo XX en la zona rural de Carolina del Norte. La protagonista de la historia es la señorita Helen McGill, una mujer que ronda los cuarenta años y vive con su hermano Andrew en una granja que les permite vivir honrada y holgadamente pero que exige una dedicación exclusiva, dedicación que empieza a verse mermada por parte de Andrew cuando no solo decide escribir un libro, sino que se convierte en una celebridad literaria y su modo de ver la vida inspira a muchos de sus lectores. Su afán por documentarse para otros libros le hace desaparecer durante meses y, cuando está en la granja, se pasa los días encerrado escribiendo. Helen empieza a estar muy harta de la situación, así que cuando un hombrecillo llamado Roger Mifflin aparece en su puerta con una librería ambulante y la firme intención de vendérsela a su idolatrado Andrew McGill, Helen sabe que debe hacer algo de inmediato. Una librería ambulante es lo bastante extravagante como para captar la atención de su hermano, y si la compra y se lanza a la carretera en ella, ¿quién va a ayudarle en la granja? Decide darle una lección y de paso tomarse esas merecidas vacaciones que no ha disfrutado en más de una década. Es ella la que compra el carromato literario ambulante y la que se sube a él con la firme intención de vender libros por los caminos acompañada de Roger Mifflin... y, aunque todavía no lo sabe, Helen acaba de tomar una decisión que cambiará su vida por completo.
 
 PARNASO AMBULANTE DE ROGER MIFFLIN

Sabed, amigos, que tiene mi percherón

Más de mil libros, antiguos y de ocasión.

Del hombre los mejores amigos son.

Los libros que atiborran este gran vagón

Libros para todos los gustos son,

De líricos versos a Las Musas,

De buena cocina y agricultura,

Novelas apasionadas de prosa pura.

Cada necesidad tiene su libro justo

Y los nuestros te dejarán a gusto.

Jamás habrá librero que dé alcance

A los finos libros de este Paraíso ambulante.


¿Qué os puedo contar sobre esta novela de manera muy breve pero transmitiendo lo reconfortante de su lectura? Pues que estamos ante un road trip en toda regla a bordo de un carromato repleto de buenos libros que también hace las veces de casa a cuestas en la que no faltan el perro ni el caballo con más paciencia que un santo. Que esté ambientado en la América rural de principios del siglo XX supone todo un plus, y que sus protagonistas sean un personaje tan carismático, sabio, chispeante y rebosante de personalidad como Roger Mifflin (aka el señor Barbarroja), y una mujer tan valiente, curiosa y apasionada como Helen, solo puede traer cosas buenas y regalar momentos para el recuerdo.

La librería ambulante derrocha optimismo, buen rollo y amor eterno e incontestable por los libros y por las nuevas vidas que hacen vivir a sus lectores. Se lee con una sonrisa en la boca y es el refugio ideal para un momento pocho o un día de esos que te suplican alejarte del mundanal ruido. Huye como de la peste de pretenciosidades varias y apuesta por una historia sencilla, amable, tierna, divertida y achuchable de esas que llegan al corazón. De paso vivimos unas cuantas aventuras junto a Helen, unas más peligrosas que otras, pero como es de esos libros donde sabes que todo va a salir bien y el happy ending está asegurado, pues recibes a los bandoleros o al hermano perseguidor de la misma manera que recibes una buena conversación junto al fuego: con el alma feliz y una pizca de curiosidad por saber cómo va a terminar todo.
 
Roger Mifflin adora su vida, se lo pasa bien recorriendo caminos, haciendo paradas en granjas o montando un espectáculo en medio de una ciudad. Contagia su entusiasmo incluso a aquellos que jamás se les hubiera pasado por la cabeza gastarse unos chelines en algo tan prescindible como un libro, y tiene muchas, muchas frases de esas que cualquier amante de la metaliteratura recibe como agua de mayo, ya sea sobre el beneficio de la lectura o el dudoso conocimiento de los editores sobre lo que es un buen libro. También aparecen innumerables alusiones a autores y libros clásicos (no podía ser de otra manera dado el año en que fue publicado) y, aun así, de todo lo que dice este pelirrojo picarón que se las sabe todas me quedo con la proclama antiesnob que hace de la literatura como el privilegio de unos pocos y su entusiasta defensa del acercamiento de la literatura a las zonas rurales y las gentes sencillas y trabajadoras que viven apartadas en granjas sin ningún acceso a la cultura. Si no les llevas los libros a casa jamás tendrán la oportunidad leerlos y conocerlos. Los libreros se ríen de él, los editores no quieren saber nada de su carromato ambulante, pero este hombrecillo entusiasta hace mucho más por la literatura que todos ellos juntos.

Solo tengo otra novela de Christopher Morley reseñada en el blog, Kathleen, que también os recomiendo encarecidamente. Morley era una auténtica delicia de persona y eso se palpa y se siente en su obra, que es tan deliciosa como él. Cuando busquéis un libro que os sosiegue el espíritu, que os haga evadiros de esa sociedad que tan bonita nos está quedando y os devuelva la fe en la humanidad sin dejar de repartir sonrisas, no dudéis en acercaros a él. En La librería ambulante subimos al Parnaso, nos arrellanamos en un huequecillo del pescante entre Roger y Helen y nos dejamos arrullar por lo bonitas que pueden resultar las cosas cuando nos lanzamos a vivir una aventura en la compañía adecuada. Si hay libros de por medio, es la perfección absoluta. 
 
En resumidas cuentas, y como diría el bueno de Roger... ¡Por los huesos de George Eliot! ¿A qué estáis esperando para leerlo?
 



Christopher Morley (1890-1957) nació en Haverford, Pensilvania. Estudió en Harverford College, donde su padre trabajaba como profesor de matemáticas. Posteriormente, se matricularía en la universidad inglesa de Oxford para estudiar historia moderna durante tres años (época que contaría en su novela autobiográfica de 1931 John Mistletoe). En 1913, de vuelta en Estados Unidos, se instaló en Nueva York y comenzó a trabajar en la editorial Doubleday. Pocos años después se convertiría, recorriendo Estados Unidos como columnista y reportero, en uno de los periodistas más prestigiosos de su época. Su primera novela, La librería ambulante, fue publicada en 1917, y en 1919 apareció The Haunted Bookshop (próximamente en Periférica). Su novela Kitty Foyle, publicada en 1939 y trasladada al cine con el mismo título (en España como Espejismo de amor), fue uno de los grandes éxitos de crítica y público del momento. Y su protagonista, Ginger Rogers, obtuvo un Oscar por su papel como Kitty. Inteligente, lúcido y sofisticado, fue un escritor de éxito y al mismo tiempo un escritor de culto. Se ha dicho de él, comparándolo con Noel Coward, que su refinamiento era indudablemente británico. Sutil humorista, dijo de sí mismo que amaba tanto a Shakespeare como al Conan Doyle de las aventuras de Sherlock Holmes. Sin embargo, su dos grandes maestros fueron compatriotas suyos: Walt Whitman y Mark Twain. El eco de su obra se encuentra en escritores de distintos países y generaciones: de Kingsley Amis a Tom Wolfe.

sábado, 14 de agosto de 2021

RESEÑAS (by MH) ::: INCENDIOS EN HIGHGATE RISE + CHANTAJE EN BELGRAVE SQUARE - Anne Perry

 
 
Tal  como os comenté hace unos meses, a partir de este 2021 os voy a reseñar los libros de reto de Thomas Pitt de dos en dos, y así mato dos pájaros de un tiro: a vosotros os canso menos y yo me hago la ilusión de que avanzo más rápido (spoiler: no es verdad, a estas alturas ya debería llevar leídos dos libros más de los que llevo en este reto).
 
Hoy tocan los libros once y doce de la serie: Incendios en Highgate Rise y Chantaje en Belgrave Square. ¡A por ellos!


 
 
Título original: Highgate Rise
Autora: Anne Perry
Editorial: Debolsillo
Traducción: Jordi Giménez Samanes
Páginas: 446
Fecha de publicación original: 1991
Fecha esta edición (3ª): mayo 2001
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)
Imagen de cubierta: Mary Evans Picture Library


En el Londres victoriano, aquel rutilante mundo de elegancia para unos pocos, hipocresía de esos mismos pocos y formal cortesía hasta para ir al retrete, se cometían crimenes como en cualquier otra gran ciudad...Clemency Shaw, la esposa de un prominete doctor, ha muerto en un incendio. Pero el inspector Pitt tiene dudas sobre el origen del mismo, y, junto a su astuta esposa Charlotte, deberá recorrer una intrincada y siniestra red de pistas y personajes que van desde los más bajos fondos de la sociedad victoriana hasta los más selectos centros de poder...


Para situarnos temporalmente en la historia, se nos dice de pasada que al mismo tiempo que suceden los hechos del libro, se están cometiendo los asesinatos de Jack el Destripador, así que estamos en algún punto entre agosto y noviembre de 1888. Pero Pitt no tendrá nada que ver con la investigación de los asesinatos de las cinco mujeres de Whitechapel, sino que su trabajo lo lleva hasta Highgate, municipio cercano a Londres, donde una casa ha ardido hastas los cimientos con una mujer en su interior. Las pruebas demuestran que el incendio fue provocado, pues comenzó en al menos cuatro sitios distintos al mismo tiempo. Allí vivían un médico, el doctor Shaw, y su esposa, la fallecida. Pronto resulta evidente que ambos podrían ser los objetivos del asesino: uno por su condición de médico despositario de muchos secretos además de por su carácter revolucionario en cuanto a sus ideas políticas, y la otra por haber dedicado su labor humanitaria a sacar a la luz los nombres de hombres eminentes que han hecho su fortuna gracias a la miseria de personas que viven hacinadas en las viviendas (si se les puede llamar así) que alquilan. La investigación avanza lenta, y cuando se produce un nuevo incendio en la misma vecindad con otra víctima mortal, la urgencia por resolver el caso resulta apremiante: el doctor Shaw parece estar en el centro de todo, pero ¿y si esa es la estrategia del asesino para ocultar sus verdaderos motivos?
 
Esta nueva entrega se ambienta en la zona de Highgate, actualmente perteneciente a Londres (en su corazón se encuentra el famosisísimo cementerio victoriano de Highgate, donde están enterrados entre otros las escritoras George Eliot, Stella Gibbons y Christina Rossetti, las esposas de Charles Dickens y Julian Barnes, y Karl Marx), pero que en la época en que transcurre la historia todavía no formaba parte de la ciudad y era un municipio aparte (para que os hagáis una idea de lo que ha ido creciendo la ciudad). Pitt es llamado para hacerse cargo de la investigación para contrariedad de la policía de Highgate, que no entienden por qué tiene que ayudarles un inspector de Londres si ellos se bastan solos. Este recurso no es accidental, sino que la autora lo usa para sacar a Pitt de la comisaría de Bow Street justo en el momento en que se están produciendo los asesinatos de Jack el Destripador. De haber permanecido en la comisaría le hubiese tocado participar en esa investigación y no era una opción viable, así que mientras en su comisaría están a la caza de Jack, él se va fuera de Londres. Todo muy conveniente :)
 
Por anteriores entregas ya sabemos que, menos Pitt, investiga hasta el perro, así que a la mujer, a la cuñada, a la tía abuela del fallecido marido de la cuñada, al nuevo marido de la cuñada... ahora se une la criada, que también hace sus pinitos y hay que reconocerle que además lo hace muy bien (anda que no disfruta la buena de Gracie con los señores tan molones a los que sirve, siempre viviendo aventura tras aventura y emparentados con la aristocracia). Además en este caso las investigaciones no solo van por separado sino que tienen una finalidad distinta: el grupo de Charlotte cree que el objetivo era Clemency Shaw por sus actividades humanitarias, y Pitt cree que lo era su marido por sus ideas políticas. Y es que en lo que concierne al contexto social y político que resulta marca de la casa en estas novelas, Perry introduce a la Fabian Society y su defensa de un nuevo orden social con la libertad de expresión como escudo y derecho sin paliativos sin tener en cuenta las consecuencias de su uso irresponsable. También habla de la hipocresía de las clases altas y de los cargos eclesiásticos que hacen su fortuna a costa de las almas a las que deberían proteger. Todo esto da para hablar mucho, pero para ser una minirreseña, me está quedando muy largo, así que lo dejo aquí.

Solo me queda añadir que creo que Perry expone el desenlace del caso de una manera un tanto precipitada y pillada por los pelos, y no es la primera vez que lo hace. A estas alturas tengo muy claro que, además de no darle a Pitt el valor que se merece, los finales son su talón de Aquiles... nobody is perfect.
A veces, cuanto más sofisticados nos creemos más tontos nos volvemos, y cuánta más gente ociosa sin otra cosa en que ocuparse que dictar normas de conducta para los demás, más hipocresía se genera en torno a quien las sigue y quien no.
 
 
Título original: Belgrave Square
Autora: Anne Perry 
Editorial: Debolsillo
Traducción: Matuca Fernández de Villavicencio
Páginas: 448
Fecha publicación original: 1992
Fecha esta edición (2ª): abril 2002
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)
Fotografía de cubierta: Mary Evans Picture Library


Cuando William Weems, un oscuro prestamista, aparece asesinado no hay lágrimas por su muerte, sino una discreta alegría entre aquellos cuyos escasos ingresos esquilmaba sin piedad. Pero cuando el inspector Pitt encuentra en el despacho de la víctima una lista donde figuran algunos caballeros distinguidos de Londres, empieza a comprender la magnitud del caso: Weems no sólo era un usurero sino también un perverso chantajista. Charlotte, la perspicaz esposa de Pitt, será la encargada de esclarecer en la alta sociedad londinense un entramado de turbias pasiones y vil avaricia.

Si en el libro anterior la época nos sumerge directamente en los meses en los que Jack el Destripador hacía de las suyas, ahora sabemos que han trasncurrido unos meses desde esos crímenes y que la policía de Londres no tiene muy buena fama. Su existencia es puesta en duda, ¿para qué sirve si no es capaz de atrapar a un asesino? En medio de todo esto aparece asesinado William Weems, un usurero y chantajista del que la sociedad puede prescindir totalmente. Los usureros son la peor calaña de la sociedad y no es que Pitt tenga demasiadas ganas de saber quién fue el asesino, pero su intervención es necesaria tras serle adjudicado el caso a pesar de pertenecer a otra comisaría (déjà vu, Anne Perry... repetimos esquema) por orden de su superior directo, Micah Drummond. Las circunstancias en las que tienen que hacerse cargo del caso resultan raras y Pitt sabe que hay gato encerrado, pero no le está permitido cuestionar a Drummond al respecto. Solo necesita saber que lord Byam, miembro del Parlamento, ha solicitado la ayuda de Drummond en calidad de amigo: él era uno de los chantajeados por Weems, quien poseía una carta que lo involucraba en un asunto de índole escandalosa ocurrido veinte años atrás. Esa carta no aparece al registrar el domicilio de Weems... pero sí aparecen otras cosas, y algunas de ellas apuntan a policías. Lo que faltaba, tal y como está el patio.
 
¿Qué cosillas concernientes a la época tenemos en esta duodécima entrega? Pues además de los recelos de la sociedad hacia Scotland Yard por no conseguir identificar y detener a Jack el Destripador, ya vemos el uso del teléfono de manera esporádica (su uso estaba muy restringido a entes gubernamentales o privilegiados socialmente) y el uso de las (por entonces) poco habituales armas de fuego para cometer un crimen (al usurero le vuelan media cabeza con un arma de fuego no identificada hasta bien avanzada la trama). También se adentra en ciertas conversaciones sobre temas económicos como el capital de riesgo (no a nivel de individuos, sino cuando hay países e industrias involucrados), y como los países ricos y poderosos económicamente hablando explotan y se aprovechan de países pequeños que quieren crecer, cuyas empresas dependen de la exportación y necesitan dinero de manera urgente para que su gente no se muera de hambre. El imperio británico asfixiaba económicamente hablando a estos países (intereses elevados a cambio de porcentajes muy altos de esas empresas)... y bueno, nada que no siga ocurriendo hoy en día a nivel mundial. Lo de país rico explotador-país pobre explotado no ha cambiado.
 
También se introduce el Círculo Interno, una sociedad secreta de comerciantes, financieros y aristócratas (entre otros puestos de privilegio social) que supuestamente hacen el bien y lo que verdaderamente hacen es usar a sus miembros para manipular los estamentos policiales, judiciales y económicos en su propio beneficio. Exigen a sus miembros una lealtad que debe estar por encima del honor y de la conciencia aunque eso suponga actuar en contra de la ley... si se niegan, deben atenerse a las consecuencias, y pueden estar seguros de que las habrá. Os decía al principio del párrafo que Perry introduce a esta sociedad porque (salvo que yo me esté confundiendo) la usa recurrentemente a partir de ahora en varias de las novelas de Pitt a modo de archienemigo. Estoy segura de haber leído sobre el Círculo Interno en novelas posteriores, pero no sabía que Chantaje en Belgrave Square era la primera entrega donde se hablaba de ella.
 
Por ir terminando, os confieso que este podría haber sido mi libro favorito de la serie en mucho tiempo si no hubiese sido por un par de cosas. Y digo que podría haber sido mi libro favorito porque por fin, POR FIN, es Thomas Pitt el único encargado de la investigación y el que resuelve el crimen. Ese es su trabajo, es lo que sus lectores esperamos de él, aunque la autora se empeñe en que sea siempre su mujer quien se lleve la gloria. Echo mucho de menos  a Pitt en sus propios libros, lo digo siempre, así que ha sido una muy buena sorpresa. ¿Qué ha pasado para que, aun a pesar de disfrutar de la lectura, se me haya quedado un poco corta la historia? Pues lo primero es que he descubierto el supuesto giro sorprendente del final en el primer cuarto de libro. Imagino que muchos lectores no lo verán venir, pero es que ya llevo muchas tramas como esta a la espalda y resulta inevitable anticiparse. Así pues, sorpresa cero, y aunque eso me pasa con muchos libros y tampoco suelo darle mucha importancia con tal de que la historia me entretenga, sí que me ha parecido un poco tramposilla la manera en que Perry intenta mantener la intriga hasta el final. Sin poder decir nada que no se considere spoiler, digamos que al mismísimo inicio de la trama se da una pista que cualquier detective hubiese seguido ipso facto porque resulta evidente que es de vital importancia... pero claro, entonces no habría historia, y Pitt no sigue esa pista hasta las últimísimas veinte páginas cuando a la autora ya no se le ocurre nada más para alargar la trama y justo a tiempo para resolver el crimen. No me parece realista ni adecuado en el mismo proceso de una investigación, así que no la compro y lo dicho, me parece tramposilla.
 
De todos modos esto no son más que peguillas subjetivas y totalmente personales, porque Chantaje en Belgrave Square es una historia muy entretenida y recomendable para quien guste de este tipo de tramas de misterio victorianas. Esta serie de novelas dan siempre lo que prometen; pueden resultar más o menos acertadas según la ocasión, pero nunca aburren (al menos a mí no me aburren, tampoco voy a generalizar).
Desde hacía diez años formaba parte de un grupo exclusivo conocido como el Círculo Interno, una hermandad donde la pertenencia de un miembro sólo la conocían los miembros más allegados al mismo, y todos se comprometían bajo juramento a que así fuera. Secretamente, realizaban buenas obras, ayudaban a los desventurados, luchaban contra ciertas injusticias y hacían generosas donaciones a numerosas sociedades benéficas. También habían pactado ayudarse mutuamente cuando así se les pidiera y el hermano se identificara con los signos del Círculo. La persona debía acceder a ayudar sin hacer preguntas ni evaluar el coste personal.

Anne Perry nació en Blackheath, Inglaterra, en 1938. Su escolarización fue interrumpida en varias ocasiones por los frecuentes cambios de domicilio y sucesivas enfermedades, que la llevaron a dedicarse apasionadamente a la lectura. Su padre trabajó como astrónomo, matemático y físico nuclear. Él fue quien la animó a dedicarse a la escritura. Tardó veinte años en publicar su primer libro. Durante todo ese tiempo realizó diferentes trabajos para ganarse la vida y dedicarse a lo que realmente era su pasión: escribir. Su primera novela sobre la serie del inspector Pitt, editada en 1979, fue Los crímenes de Cater Street. Anne Perry se ha consagrado como consumada especialista en la recreación de los claroscuros, contrastes y ambigüedades de la sociedad victoriana. Su serie de novelas protagonizadas por el inspector Pitt y Charlotte, su perspicaz esposa, es seguida por millones de lectores en todo el mundo.

 

domingo, 8 de agosto de 2021

RESEÑA (by MH) ::: TRAYECTORIA DE BOOMERANG - Agatha Christie


 
Título original: The Boomerang Clue
Autora: Agatha Christie
Editorial: Molino
Traducción: Manuel Vallvé
Páginas: 256
Fecha de publicación original: 1934
Fecha esta edición: 1999
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)



https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/p/esta-pagina-la-abro-yo-mh-modo-personal.html
Bobby Jones juega al golf con un viejo amigo y en el hoyo 17 la bola se pierde por un acantilado. Al bajar a buscarla encuentra a un hombre agonizante que le susurra: '¿Por qué no le preguntan a Evans?'. Estas palabras llegarán a poner en peligro su vida.
En estos días tocaba resumen de reseñas de julio, pero han sido tan poquitas que ya las colgaré conjuntamente con las de agosto. En su lugar os traigo a Agatha Christie, con la que, tal y como ya os comenté en la anterior reseña de la autora, entramos en 1934, año en que publicó cuatro libros: dos novelas y dos antologías de relatos. Una de las novelas, Asesinato en el Orient Express, la reseñé antes de comenzar este reto (os adjunto el enlace aquí), así que me he puesto manos a la obra con la otra novela, Trayectoria de boomerang, en la que no aparece ninguno de sus famosos detectives ni falta que hace, porque sus dos protagonistas se las apañan solitos muy bien para resolver la trama.
 
Pero antes de empezar, una adivinanza. Sabéis que me quejo mucho de las traducciones de estas ediciones antiguas de Molino, y para que veáis a qué me refiero, os pongo una de esas frases raras que aparecen cada dos por tres en ellas para que veais un ejemplo del desafío comprensivo que supone a veces leer estos libros :) A ver, en determinado momento aparece esto:
Bobby se quedó corrido.
¿A qué creéis que se refiere? Yo lo sé porque tuve que buscar la frase original en inglés para enterarme, porque parece que significa una cosa pero por contexto no tenía sentido. Hagan sus apuestas... os doy la solución al final :) Ahora toca hablaros un poco sobre el libro.

Bobby Jones, hijo del vicario de Marchbolt, está jugando al golf y, cuando va a buscar una bola que ha caído por un acantilado, descubre el cuerpo de un hombre que yace doce metros más abajo. Baja y se queda junto a él mientras su compañero de juego va a en busca de ayuda; lo había dado por muerto, pero no, aun le queda aliento para decir una última frase: ¿Por qué no preguntan a Evans?. Ya fallecido, Bobby registra su cuerpo y no encuentra documento alguno que lo identifique, pero sí una foto de una mujer bellísima. Vuelve a dejarla en su sitio, y cuando aparece otro hombre desconocido (¡vaya, qué casualidad!) que se ofrece a quedarse junto al cuerpo, aprovecha la oportunidad y regresa a casa. Todo esto, que podría haber quedado en un mero accidente o en un caso de suicidio, se complica cuando la policía enseña la foto de la mujer a ver si hay suerte y aparece para reconocer al cadáver y no es la misma foto que Bobby vio en el acantilado, y además empieza a sufrir extraños accidentes que más bien parecen intentos de asesinato. Su amiga, lady Frances Derwent (Frankie para los amigos), tiene claro que detrás de todo esto hay algo turbio, y juntos se ponen a investigar y a meter las narices donde no deben, como bien pronto comprobarán...

La ambientación de la novela se mueve entre el ficticio pueblo de Marchbolt (que Agatha sitúa en la costa de Gales) y el condado de Hampshire, con alguna parada ocasional en Londres. Tal y como comento arriba los investigadores principales son Bobby y Frankie, cuya dinámica recuerda mucho a la que Tommy y Tuppence Beresford se traían entre manos en su primera novela juntos, El misterioso señor Brown (no digo más pero lo digo todo). Frankie es de familia aristócratica y eso le permite moverse en círculos sociales a los que no puede llegar Bobby (buena parte de la trama se traslada a una mansión de la campiña por razones que obviamente no puedo desvelar), lo que les ayudará a descubrir la verdadera identidad del misterioso fallecido, lo que se esconde tras su misteriosa muerte, sus misteriosas palabras finales y la identidad de la misteriosa y bella joven de la foto desaparecida (todo muy misterioso, como podréis comprobar). Y a todo esto, ¿quién es Evans? Pues esa es una de las grandes incógnitas del libro que no se resuelve casi hasta la ultimísima página en una maniobra un tanto tramposilla de la Christie (imposible adivinar quién es Evans hasta que se revela, vaya)... ya queda a elección de cada lector perdonarle o no la carta sacada de la manga. Bajo mi punto de vista, aunque se busca mucho a Evans luego no tiene realmente ninguna relevancia en la resolución del caso, así que yo se lo he perdonado y a otra cosa mariposa.
 
Por cierto, me ha parecido curioso el final porque Agatha usa el mismo método para explicar todos los hechos que en La muerte de lord Edgware, publicado el año anterior al libro que nos ocupa, y teniendo en cuenta que los escribió muy seguidos, debemos suponer que era una fórmula muy de su gusto en aquella época (aunque al lector sufra un déjà vu considerable). De esas cosas que solo adviertes cuando lees la bibliografía en orden y que reafirma uno de los motivos detrás de este reto titánico que me va a llevar años. 

Reseña cortita y dominguera; sé que no digo mucho, pero tampoco creo que daba dar más pistas sobre el camino que recorren Bobby y Frankie y hacia donde les llevan sus investigaciones. Esta ha sido una de las lecturas inéditas (para mí) del reto; me ha parecido muy entretenida, con unos cuantos buenos giros, y la pareja protagonista es muy representativa de muchas de las novelas de la Golden Age: jóvenes, inteligentes, valientes, aventureros, de buen corazón y con mucha química entre ellos. No es de esas novelas que creo que caiga en las manos de un lector ocasional de la Christie, pero cumple su misión a la perfección.

Y ahora la resolución del misterio... ¿qué quería decir el traductor cuando escribió Bobby se quedó corrido? Pues nada menos que Bobby se sintió menospreciado. Anda que no hay que echarle imaginación a las traducciones de Molino... Es el segundo misterio que esconden tras el propio misterio de la trama :)




Agatha Christie (1891-1976) es conocida en todo el mundo como la Dama del Crimen. Es la autora más publicada de todos los tiempos, tan solo superada por la Biblia y Shakespeare. Sus libros han vendido más de un billón de copias en inglés y otro billón largo en otros idiomas. Escribió un total de ochenta novelas de misterio y colecciones de relatos breves, diecinueve obras de teatro y seis novelas escritas con el pseudónimo de Mary Westmacott.

Probó suerte con la pluma mientras trabajaba en un hospital durante la primera guerra mundial, y debutó con El misterioso caso de Styles en 1920, cuyo protagonista es el legendario detective Hércules Poirot, que luego aparecería en treinta y tres libros más. Alcanzó la fama con El asesinato de Roger Ackroyd en 1926, y creó a la ingeniosa miss Marple en Muerte en la vicaría, publicado por primera vez en 1930.

 

jueves, 5 de agosto de 2021

RESEÑA (by MH) ::: EL CASO DEL SEÑOR CRUMP - Ludwig Lewisohn


 
Título original: Le cas de Monsieur Crump
Autor: Ludwig Lewisohn
Editorial: Hermida
Traducción: Martha Lucía Pulido
Páginas: 412
Fecha publicación original: 1926
Fecha esta edición: junio 2021
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 25 euros
Imagen de cubierta: Jeunne homme au piano (Gustave Caillebotte)




En Estados Unidos, durante la Belle Époque, Herbert Crump, un joven e inocente académico y músico culto de origen alemán, decide dejar a su familia para conquistar Nueva York. Tras una aventura sexual con Anne, una mujer madura, casada, manipuladora y experimentada adicta al sexo, ésta consigue atraparlo en el matrimonio y amenazar su ingenua y virtuosa vida.

La aventura matrimonial pondrá de manifiesto las diferentes concepciones del mundo de los protagonistas, que oscilan entre el arte y la vulgaridad materialista de la vida, así como la hipocresía de las convenciones sociales del modo de vida puritano que impera en América.

Publicada en 1926, fue rechazada por todos los editores estadounidenses, que sólo vieron en la obra la provocación y el escándalo, como lo haría treinta años después Lolita de Nabokov.


Ya sabéis mi pasión por
los clásicos desconocidos y rescatados, así que no os extrañará mi interés por El caso del señor Crump, una de las publicaciones más recientes de la editorial Hermida que además me venía de perlas para mi reto de clásicos. Y es que esta novela de Ludwig Lewisohn fue rechazada en 1926 por todos los editores estadounidenses, que se negaron a publicarla y, por tanto, prohibieron su publicación en  Estados Unidos durante muchos años. Lewisohn tuvo que irse a Francia para publicar por primera vez su libro, y posteriormente apareció en Alemania con un prefacio de Thomas Mann (ahí es nada). Hasta Freud dio su visto bueno a la novela (a la que tildó de obra maestra), lo que no deja de tener su aquel dada la complejidad psicológica del personaje femenino de la historia (lo que hubiese dado el bueno de Sigmund por tener a una mujer así en su diván). A Estados Unidos no llegó hasta dos décadas después, en 1947, y ni siquiera se atrevieron con la versión íntegra; los americanos leyeron la versión mutilada y retocada en aquellos pasajes considerados indecorosos y vergonzantes.
 
De todos modos, no sé si la alusión en la sinopsis de la editorial al escándalo de la Lolita de Nabokov puede despistar a algunos lectores que piensen que esta novela va por los mismos derroteros en cuanto a trama e historia y que sus protagonistas son una preadolescente y un hombre ya maduro. Tengo que dejar claro que no es el caso, que esta historia no tiene nada que ver argumentalmente con Lolita, y que la comparación alude simplemente (¡nada menos!) a la crítica frontal y sin paliativos a la sociedad y moral estadounidenses de la época.
 
Herbert y Anne son los dos protagonistas principales de El caso del señor Crump, y conocemos someramente la vida de ambos hasta que sus destinos quedan fatalmente entrelazados. Herbert Crump pertenece a una familia de músicos de origen alemán. Él también se dedica a la música, pero el enorme apego que siente por sus padres le impide echar a volar y cruzar el charco para formarse en Europa. Permanece en su país y eso hace que sus inicios como músico estén llenos de favores, clases particulares y pequeños pasos. En uno de estos impases se enamora de una joven cantante, que le rompe el corazón. En este momento frágil, perdido y de baja autoestima conoce a Anne Vilas, una mujer casada con tres hijos y veinte años mayor que él (aunque reconoce muchos menos) que le adula, le hace sentirse interesante e importante y pronto lo arrastra a una relación clandestina en la que el sexo prevalece sobre cualquier otra cuestión. Herbert sabe que no ama a Anne, pero ella está decidida a divorciarse y casarse con él a toda costa, y usa lo que sabe que más daño puede hacerle: el amor que siente por sus padres. Le tiende una trampa emocional de la que Herbert no puede escapar si no quiere ser la ruina social de sus progenitores, y este es el comienzo del fin: un matrimonio infernal que el propio Herbert define en cierto momento como una verdadera prostitución en la que él está totalmente esclavizado y a merced de su esposa.
 
Y todo esto que os he dicho no es nada, absolutamente nada, comparado con las escenas y diálogos que contiene este libro. Cuando comienzas a leer, antes de que tenga lugar este matrimonio, y empiezas a encontrarte abortos voluntarios, hombres que salen de camas de niñas, alusiones a masturbaciones en mujeres adolescentes, adolescentes que se prostituyen, padres que intentan abusar de sus hijas, mujeres adictas al sexo, hijos bastardos, relaciones sin matrimonio de por medio... crees que estás leyendo el motivo para el rechazo que sufrió este libro en suelo americano apenas comenzada la década de los años 20. Pero no, nada que ver. O al menos tiene muy poco que ver. La razón principal explota en la cara cuando Anne empieza a asomar la patita y a dejarnos ver el tipo de persona que es, el tipo de existencia que planea para Herbert y como el cinismo de la sociedad le va a permitir salirse con la suya. Y no será porque el propio Herbert no nos pone sobre aviso al comienzo del libro, pero el lector no se espera lo que viene, el extenuante vía crucis emocional de su personaje enredado en una tela de araña tan densa que resulta imposible respirar a través de ella.

Quizás para entender lo que quería contar Lewisohn habría que irse al mismo final, porque supone un zarpazo en toda regla a la sociedad americana, su hipocresía moral, la ausencia de presunción de inocencia y unas leyes que tildaban de inmoralidad y destrucción del hogar estadounidense todo aquello que hiciera tambalear la pantomima de ideal de vida americano que habían convertido en su eslogan permanente. La verdad era lo de menos; la realidad era lo de menos; las personas eran lo de menos. El manejo de la opinión pública lo regía todo. Y tampoco creo que hayan cambiado demasiado las cosas: vemos todos los días como se pisotea en los medios de comunicación a cualquier personaje semipúblico que saque un pie fuera del tiesto, y como la audiencia ávida de miserias ajenas se lo pasa pipa con el escarnio... pero ese es otro tema.
Anne, honestamente pienso que eres la bruja de corazón más negro que existe en el mundo entero.
Tiene que transcurrir casi todo el libro para que Herbert le dedique estas palabras a su esposa, y aun así se quedan enormemente cortas después de haber leído cientos de páginas de tortura emocional por parte de esta mujer hacia un marido que peca de pusilánime y que paga durante toda su vida un error de juicio y la falta de carácter propia de la juventud. Resulta inevitable caminar durante toda la novela al lado de Herbert, un hombre humillado, sometido, ninguneado, extorsionado y oprimido por su mujer y por los hijos de esta durante años... y aunque entiendes las razones que le mantienen ahí (que empiezan siendo de tipo familiar y acaban siendo de tipo profesional para evitar escándalos cuando comienza a ser un músico reconocido), sufres como lector y desearías que se dejase de tanto remilgo y huyese como alma que lleva el diablo, ¡y al carajo con la estrecha y farisaica sociedad que protege al mismísimo demonio! Porque eso es Anne, una mujer pérfida carente de vergüenza, empatía y escrúpulos. Quiere a Herbert para ella sola, lo aparta de su familia, lo arruina económicamente, lo chantajea emocionalmente, lo degrada profesionalmente, lo humilla en reuniones sociales en cuanto no recibe su ración de sexo y tergiversa constantemente la verdad creando una leyenda en torno a ella y su relación con Herbert que nada tiene que ver con la realidad. ¿Y quién va a poner en duda a una mujer tan aparentemente devota de sus hijos y su marido?
Qué extraño. De veras siente ternura por mí, pero la existencia de ese sentimiento depende de que yo esté aquí, que sea su objeto, su cosa, su esclavo, su prisionero, fusionado con su familia, sirviendo sus intereses; depende también de la exclusión de mis padres, de la exclusión de mi arte excepto como medio impersonal de traer comida, de la exclusión de mis amigos, de mis intereses, de mis ocupaciones fuera de estos muros. Funciona con los instintos más primitivos de la esposa y madre animal hacia su macho. Si fuera joven y la madre de mis hijos, ese comportamiento sería lo suficiente malo, irritante y aplastante. Considerando su edad y Bronson, Luella y Eileen Vilas, es grotesco, una verdadera caricatura de la vida de familia.
Herbert busca una salida a esta prisión a través de su pasión, la música, y resulta curiosa la manera en la que el autor plantea este tema dentro de la novela. Asumiendo el relato como si fuese una biografía novelada de un personaje real, va introduciendo las obras que Herbert compone a lo largo de su vida, la situación personal en la que vive cuando surgen en su cabeza, si son un éxito, si no lo son, donde las presenta, por cuáles sigue siendo recordado... Además del Herbert Crump personaje crea al Herbert Crump compositor, y a veces tienes que recordarte que de nada te va a servir buscar tal o cual composición en internet, porque no la vas a encontrar.
 
Resulta complicado transmitir el tono de la novela sin desvelar demasiado, y creedme si os digo que lo que os he contado apenas roza la superficie del agujero negro que es este matrimonio desigual e infeliz en el que Herbert intenta abrir puertas, una detrás de otra, que Anne tiene cerradas con llaves lanzadas hace tiempo al mar. El caso del señor Crump es una muy buena novela (una propuesta políticamente incorrecta incluso en nuestros días, yo diría que hasta arriesgada por parte de la editorial en los tiempos que corren) que se devora por lo bien planteada que está la trama, por unos personajes complejos que no dejan indiferente al lector y porque no puedes dejar de leer para averiguar en qué termina todo. El matrimonio, la familia, el instinto sexual, el arte, los misterios de la vida, la infidelidad, las malas decisiones, la ausencia de carácter, la crueldad, el maltrato psicológico dentro del matrimonio, la degradación moral... son muchos los aspectos sobre los que reflexiona una narración que, aun sin ser en primera persona, se adentra constantemente en la cabeza de Herbert, lo que nos permite ser testigos de ese abanico mental por el que transcurre su existencia, una existencia que mastica su juventud y sus sueños y vomita una resignación gris y derrotada que choca frontalmente con el optimismo de color de rosa de la sociedad usamericana. No es de extrañar que no le perdonasen a Lewisohn que mostrase la otra cara de la moneda, esa que es oscura, depravada y feroz, y donde pasan cosas malas, vaya por Dios. ¿El final? Habrá a quien no le guste, pero yo lo he esperado durante toda la novela; no me imaginaba otro.
 



Ludwig Lewisohn (Berlín, 1882-Miami, 1955) fue novelista, traductor, editor y crítico. Nace en el seno de una familia judía que se traslada a Charleston, South Carolina, cuando él tiene 7 años. En 1924 se instala en París, donde se publicará en inglés su obra Crump, censurada en Estados Unidos. En 1934, ante la ascensión del nazismo en Europa, regresa a los Estados Unidos con el proyecto de mantener viva la cultura judía; es un momento de intensa correspondencia con Thomas Mann. A pesar de la censura de la que sus obras son objeto, es nombrado profesor de Literatura en Brandeis University (Boston), donde continuará hasta su muerte su intensa actividad de traductor del francés y del alemán al inglés. Escribió prefacios para sus traducciones en los que presenta su posición profesional. Entre sus obras, las novelas Crump (1926) y Stephen Scott (1930) se caracterizan por lo que Ludwig Lewisohn llama «disociación imaginativa»: una especie de ausencia momentánea que se convierte en estrategia de carácter proustiano y que, junto a las referencias musicales constantes, marcan el estilo característico del autor. Vale la pena mencionar la obra biográfica en dos volúmenes Goethe, the Story of a Man (1949), que Lewisohn va tejiendo a partir de traducciones de cartas y documentos de sus contemporáneos escritos en alemán, pues su estrategia afirma la traducción literaria como una actividad que sobrepasa los límites de lo lingüístico y de lo estilístico.