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lunes, 27 de enero de 2025

RESEÑA (by MH) ::: BAJO LA NIEVE - Helen McCloy


 

Título original: Dance of Death
Autora: Helen McCloy
Editorial: Hoja de Lata
Traducción: Raquel García Rojas
Páginas: 304
Fecha publicación original: 1938
Fecha esta edición: noviembre 2023
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 21,90 euros
Ilustración de cubierta: Juan Gregorio Hauciartz

Un misterio bajo la nieve en el Nueva York de los años 30. El primer caso del doctor Basil Willing. Nueva York, años treinta. Tras su fiesta de presentación en sociedad, el cuerpo de la joven Kitty Jocelyn aparece enterrado bajo la nieve, a unas cuantas manzanas de la mansión de los Jocelyn. La autopsia revela que la muerte se debió a una sobredosis de Sveltis, unas píldoras adelgazantes que Kitty publicitaba, pero que supuestamente nunca tomó. Tras las primeras pesquisas, el inspector Foyle y el doctor Basil Willing, sagaz asesor psiquiátrico del fiscal de Nueva York, creen que la víctima fue envenenada con un cóctel Bronx la tarde antes de la fiesta, y cualquiera de los allí presentes pudo ser el culpable: Rhoda Jocelyn, su elegante y arruinada madrastra; la señora Jowett, popular secretaria social encargada de la fiesta; Philip Leach, el apuesto periodista de cotilleos del momento o incluso Ann Jocelyn, prima de Kitty de asombroso parecido con ella, que enseguida confiesa haber sido forzada a suplantar a su prima la noche del baile.
 

 
 
Hace cosa de dos años y medio os traje al blog
Un reflejo velado en el cristal, la octava novela de la serie protagonizada por el psiquiatra Basil Willing, que no solo me gustó mucho sino que recomiendo encarecidamente si os gusta la mezcla de misterio clásico, toque paranormal y un destello gótico por aquí y por allá. El año pasado la editorial Hoja de Lata decidió darnos la alegría de publicar el primer libro de esa serie, Bajo la nieve, y de ella, de esa primera aventura literaria de Willing, vengo a hablaros hoy.
 
Nueva York, años 30. El cuerpo de una mujer muy joven aparece enterrado bajo un montón de nieve en plena calle, con la peculiaridad de estar todavía caliente a pesar de que debería estar frío, muy frío, dado el tiempo que lleva ahí debajo. También está excesivamente delgada y tiene el rostro completamente amarillo, un color que desaparece de cuello para abajo. Todas las sospechas apuntan a que se trata de Kitty Jocelyn, una debutante de dieciocho años cuya fiesta de presentación en sociedad se celebró precisamente pocas horas antes de encontrarse su cuerpo... fiesta a la que supuestamente asistió, porque todo el mundo la vio allí. De hecho también se le ha visto en lugares públicos acompañando a su madrastra después de aparecer el cuerpo. ¿Cómo es posible entonces? ¿Por qué estaba tan caliente después de varias horas muerta bajo la nieve? ¿Por qué tiene el rostro tan amarillo? La clave de parte de este galimatías la tiene su prima, Ann Claude, pero lo que cuenta despierta aún más preguntas y pone el foco en la madrastra de Kitty, Rhoda Jocelyn, y un peculiar personaje que no la abandona ni a sol no a sombra, un tal Luis Pasquale. Si a todo esto añadimos unas pastillas para adelgazar que aparentemente jamás fueron consumidas, la cosa se vuelve muy complicada. Menos mal que ahí está Basil Willing, que ve más allá de lo que las personas quieren mostrar y tiene su particular forma de llegar al fondo del asunto.

Quizás lo primero sería presentar al investigador protagonista de este libro y de toda la serie de novelas que vendrían después (catorce en total). En realidad ya os hablé de él en Un reflejo velado en el cristal, pero ya sabemos que las reseñas blogueras tienen una vida muy breve que pronto pasa al olvido, así que os hago un nuevo resumen por aquí. 

Basil Willing es jefe de psiquiatría en un hospital de Nueva York y también ejerce como asesor del fiscal del distrito (de hecho tiene un pequeño despacho en las dependencias de la fiscalía). Su trabajo en este último aspecto se reduce habitualmente a valorar la cordura de los acusados y la fiabilidad de los testigos, pero es un hombre importante y reconocido en su profesión, ha escrito y publicado libros y, en definitiva, es un psiquiatra prestigioso en la ciudad. Sus raíces son tanto anglosajonas como rusas y es de culo inquieto, ha vivido durante años en Europa aunque parece que ya por fin ha decidido asentarse. Vive solo con una especie de mayordomo (en Un reflejo velado en el cristal, octava entrega de la serie, está prometido con una de las protagonistas de la novela) y en, fin que tampoco es que se nos den mucho más detalles sobre él. ¿Qué nos interesa? Pues sobre todo su faceta profesional, analítica, pendiente de cada detalle, de cada gesto, de lo que se dice y, sobre todo, lo que no se dice. Insiste mucho en que hay que estudiar y filtrar las pistas psíquicas del mismo modo y con el mismo cuidado con que se estudian y se filtran las físicas, e incide en la importancia de las huellas psíquicas y los lapsus, cuya decodificación resulta de máxima importancia para ver más allá de lo evidente.

¿A qué se refiere Willing exactamente con esto último? Pues muy brevemente, y siguiendo a Freud, ningún acto humano individual es accidental, y en una persona sana, cualquier acto involuntario (los
lapsus) están causados por un pensamiento o una emoción inconsciente... es el modo en que el inconsciente se expresa cuando está reprimido por la consciencia, y el inconsciente no puede mentir. Todas las personas sufren lapsus continuamente (las locuras de los cuerdos, como se dice en la novela), pero si hablamos de sospechosos, esos lapsus pueden revelar a ojos de un experto (psicólogo/psiquiatra) mucha información que de manera consciente no proporcionaría. ¿Cómo decodifican esos lapsus? Preguntándose qué deseo inconsciente puede haber detrás, por qué el sospechosos querría hacer esa cosa en concreto. Los culpables mienten, y mentir significa represión, lo que provoca conflictos entre el consciente y el subconsciente, y de ahí... efectivamente, lo habéis adivinado: los lapsus. Muy resumido, repito, pero resulta primordial explicarlo aquí porque es el método deductivo que sigue Willing durante toda la novela para resolver el crimen. Detecta unos cuantos lapsus en varias personas sospechosas que necesitan una explicación; la mayor parte de ellos no serán relevantes para el caso, pero uno de ellos es el dedo que señala al asesino y eso requiere decodificarlos todos y buscar su origen.

Dicho todo esto, volvemos al cadáver. ¿Qué tenemos? A una joven de apenas dieciocho años enterrada en la nieve que presenta todos los indicios de un golpe de calor en pleno invierno y cuyo cuerpo sigue caliente horas después del deceso. También tenemos una madrastra que no parece trigo limpio, al amante de la madrastra que es todo un parásito con sus propios problemas, una prima pobre y huérfana que apenas hace cuatro meses que entró en contacto con esta familia y que tiene un parecido asombroso con la fallecida, personal de la casa con algún que otro secreto, pretendientes que se dedican a la industria armamentística y cuyo interés amoroso es cuestionable, pretendientes en general que no sabemos lo que significaban para la víctima... y aun así, aun teniendo sospechosos para elegir y aun descubriendo poco a poco que todos (o casi todos) mienten por tal o cual motivo... aun así, repito, no parece existir un móvil para el asesinato, y eso es lo más desconcertante de todo. No todo es lo que parece en esta familia pero ¿quién querría matar a alguien de dieciocho años que acaba de llegar al país hace apenas unas semanas y que todavía no se ha presentado en sociedad? Ni su propio tío la conocía hasta que pisó Nueva York. Por no cuadrar nada, es que ni siquiera consumía el producto adelgazante que publicitaba y que parece estar detrás de su muerte (de hecho quería engordar un poco) y ese hilo también está totalmente suelto, así que todo es más complicado de  lo que parece.

Y sobre ese producto adelgazante también os hablo brevemente. Por lo que llevo leído en sus dos novelas, a la autora le gustaba introducir ciertos elementos que eran relevantes en su época, y en Bajo la nieve ese elemento son las milagrosas píldoras adelgazantes y la publicidad engañosa inherente a ellas. A día de hoy es el pan nuestro de cada día, vivimos rodeados de este tipo de productos, pero en realidad este tipo de tratamientos empezaron a usarse a mediados del siglo XIX, se idearon diversas terapias que no valían para nada orientadas a nivel glandular, etc... pero a partir de los años 30 fue cuando comenzó este mercado a nivel popular y un poco al tuntún con componentes que en principio servían para otras cosas y de los que descubrían por casualidad que adelgazaban (¿os suena?). En la novela se habla de medicamentos piréticos como la nueva sensación para adelgazar; para ello la autora inventa una marca, Sveltis, y a partir de ahí elabora una crítica ya no solo por su publicidad engañosa, sino por los efectos secundarios que tiene sobre quienes la toman. Esta marca, Sveltis, usa la imagen publicitaria de mujeres que son por naturaleza muy delgadas y que probablemente ni necesitan ni consumen ese tipo de productos (una vez más, ¿os suena?). Miles de jovencitas con sobrepeso quieren ser como esa chica delgadísima de la fotografía (...) y devoran un producto que tiene efectos secundarios muy graves cuando se consume en exceso o se tienen ciertas patologías. La crítica por parte de la autora a este tipo de productos es evidente y su efecto sobre mujeres de todas las edades (adolescentes sobre todo en una época de su vida muy sensible e influenciable) está sobre la mesa durante toda la novela. 

Quienes hayáis leído
Un reflejo velado en el cristal y tengáis presente el elemento paranormal o un tanto bizarro que aparece en esa novela, no busquéis lo mismo en Bajo la nieve porque no lo hay. Aquí todo es muy terrenal (una joven asesinada, un móvil que hay que identificar y un asesino que hay que atrapar) y todo se desenvuelve en escenarios de investigación, interrogatorios e intentar ver puntos de luz en el oscuro camino. La parte distintiva la pone el doctor Basil Willing y su experiencia en psicología y psiquiatría, porque mientras sus compañeros en las pesquisas se ciñen a las pruebas físicas y evidentes, él intenta ver más allá de aquello que los sospechosos dicen y ofrecen de manera consciente. De hecho se introduce alguna prueba psicológica como el test de asociación de palabras de Carl Jung (desarrollado en 1910), que no solo tiene en cuenta el contenido de las respuestas, sino el tiempo de demora al emitirlas, las respuestas fisiólogicas asociadas a ellas... lo cual nos lleva a lo ya comentado anteriormente: la importancia del subconsciente a la hora de entender y explicar ciertas conductas.
 
En resumidas cuentas, he disfrutado mucho de esta primera novela protagonizada por Basil Willing (solo me ha faltado la nieve para ponerme en situación xD). La sensación que me ha quedado tras leer a Helen McCloy por segunda vez (aun siendo los dos libros muy distintos tanto en forma como en fondo y temas que tratan) es que intenta ir mas allá de lo obvio, de la trama detectivesca per sé y el misterio a resolver, y que intenta ahondar en aspectos que no solo dan riqueza a la historia sino que hacen que el lector intente prestar más atención. Aunque hay otros detectives literarios anteriores a Willing en la rama médica (como el doctor Thorndyke de R. Austin Freeman), juraría que él fue el primer psiquiatra ficticio que actuaba como tal a la hora de resolver los crímenes (es decir, que usaba la psiquiatría para identificar al asesino y resolver el crimen). Eso hace que la perspectiva de las investigaciones, los métodos y la forma de encarar cualquier aspecto de la trama policial sean muy distintos a lo que se había escrito hasta el momento (os recuerdo que hablo de 1938, la época en que fue publicado... ahora ya estamos a vueltas de todo). ¿He descubierto al culpable bastante antes de que se desvele en la novela? Sí, incluso el motivo detrás del asesinato... una cosa no quita la otra, y tampoco creo que sea muy difícil si eres lector habitual del género y estás un poco atento a todo lo que se dice, pero esto es algo a lo que no doy importancia desde hace mucho tiempo si la novela merece la pena y está bien contada y narrada.
 
Ah... no lo iba a decir pero lo digo, porque la duda me corroe desde que leí el libro. Página 22, segunda de la novela propiamente dicha. Dos trabajadores están limpiando de nieve las calles. La pala choca contra algo. La PALA, repito, choca contra algo. No hay contacto humano, es la PALA la que choca contra eso. Y quien maneja la pala sabe en ese mismo instante que ese algo ESTÁ CALIENTE. ¿Cómo sabe el señor que quita la nieve que está caliente si no lo ha tocado? Ni siquiera sabe qué es, podría ser cualquier cosa, NO lo ha tocado. Mí no entender... En fin, dudas que surgen cuando le das veinte vueltas a lo que lees :)

 
 

 
Helen McCloy (Nueva York, 1904-Woodstock, 1992), pseudónimo de Helen Clarkson, fue una escritora de misterio norteamericana conocida por su serie de novelas protagonizadas por el psiquiatra-detective Basil Willing. 
 
De madre escritora y padre editor, McCloy creció leyendo a Sherlock Holmes y en 1950 se convirtió en la primera mujer presidenta de la Asociación de Escritores de Misterio de Estados Unidos, organización que le otorgó un premio Edgar por sus críticas literarias. Su debut como escritora, Dance of Death (1938), introdujo ya al doctor Willing, quien protagonizaría otros 12 misterios y algunos relatos cortos, la mayoría de tintes góticos y sobrenaturales. Un reflejo velado en el cristal (1950; Hoja de Lata, 2021) es el octavo caso de la serie y está considerado una obra maestra del género y un clásico del misterio sobrenatural estadounidense.

miércoles, 19 de octubre de 2022

RESEÑA (by MH) ::: UN REFLEJO VELADO EN EL CRISTAL - Helen McCloy


 
Título original: Through a Glass, Darkly
Autora: Helen McCloy
Editorial: Hoja de Lata
Traducción: Raquel García Rojas
Páginas: 240
Fecha publicación original: 1950
Fecha esta edición: noviembre 2021
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,90 euros
Diseño de cubierta: Pixelbox

De un día para otro y bajo el pretexto de «no encajar con el espíritu de la escuela», la joven profesora de arte Faustina Crayle es despedida a mitad de curso del idílico internado de Brereton, en plena campiña neoyorquina. La única dispuesta a apoyarla es su colega Gisela von Hohenems, quien va dándose cuenta de la profunda aprensión que su amiga causa en las demás profesoras, alumnas y resto del personal del centro. Parece ser que Faustina es capaz de desdoblar su persona y aparecer al mismo tiempo en dos sitios distintos del colegio, cosa que hace muy a menudo, aterrorizando a todo el mundo. Preocupada y con voluntad de ayudar, Gisela no duda en contarle el extrañísimo fenómeno a su prometido, el doctor Basil Willing, asesor médico de la Fiscalía del Distrito de Nueva York y detective aficionado. Y este, movido por una profunda curiosidad, no tarda en presentarse en Brereton, dispuesto a meter la nariz en este estrambótico puzle fuera de toda razón.
 

Tengo (afortunadamente) montones de lecturas para escoger y traer al blog en esta (que se ha dado en llamar últimamente) spooky season, porque leo habitualmente novelas clasificadas como de terror o gótico y siempre tengo varias a mano, pero aunque quizás no resulte una elección muy obvia, se me ha antojado hablaros de Un reflejo velado en el cristal, de la autora norteamericana Helen McCloy. En todo caso, se ajusta a esas premisas que buscamos para estos días en cuanto a novelas spooky (tintes sobrenaturales, tono gótico...) y es un libro de lo más recomendable, que al fin y al cabo es de lo que se trata. Os cuento.
 
Faustina Crayle trabaja como profesora en un internado para señoritas situado cerca de Nueva York a finales de los años 40. La historia comienza precisamente cuando es despedida de ese internado solo cinco semanas después de haber sido contratada. No solo no recibe ninguna explicación salvo la consabida excusa de que no es adecuada para la institución, sino que la directora se niega incluso a ofrecer buenas referencias sobre ella porque considera que no debería trabajar en ninguna otra parte. Es entonces cuando Faustina, incrédula ante su situación, decide desahogarse con la única amiga que tiene en el internado, Gisela, también profesora y refugiada de guerra vienesa. Le cuenta que todas las demás profesoras la rehúyen y se muestran hostiles con ella, pero no como si les cayera mal, sino como si tuviera algo de malo; las alumnas la observan y vigilan de un modo que considera antinatural, extraño, como si esperasen que ocurriese algo; y la criada que debería limpiarle la habitación no solo no lo hace, sino que cada vez que se cruza con ella parece aterrorizada y se aleja todo lo que puede. Faustina no entiende nada, y Gisela, que se hace la tonta y dice no haber escuchado ningún rumor, en realidad está asustada y cree que algo muy siniestro está ocurriendo en el internado. Finalmente acude a su novio, Basil Willing, un psiquiatra famoso que de vez en cuando se convierte en detective y que desde el primer momento tiene miedo por su prometida... más todavía cuando acude al colegio y se entera de lo que a la propia Faustina no quisieron contarle: que ha sido vista en dos sitios diferentes al mismo tiempo en múltiples ocasiones y por muy diferentes testigos.

Sinopsis (personal) larga pero necesaria para que entendáis de lo que va el tema, aunque la sinopsis oficial ya hace alusión a ello y habla del doppelgänger como el fenómeno al que se enfrentan los personajes en la novela. Pero ¿qué es eso? Vuelvo a tirar de wiki...
Doppelgänger es el vocablo alemán para definir el doble fantasmagórico o sosias malvado de una persona viva [...] El término se utiliza para designar a cualquier doble de una persona, comúnmente en referencia al «gemelo malvado» o al fenómeno de la bilocación [...] En las leyendas nórdicas y germánicas, ver el propio Doppelgänger es un augurio de muerte. Un Doppelgänger visto por amigos o parientes de una persona puede a veces traer mala suerte, ser un mal augurio o una indicación de una enfermedad o un problema de salud inminentes.
Explicado todo esto, varias son las incógnitas a las que se enfrentan no solo los protagonistas de la historia, sino el lector mismo. ¿Es realmente cierto lo que dicen de Faustina, que es capaz de bilocarse y hallarse en dos lugares diferentes pero cercanos en el tiempo? Parece ser que sí, ya son varios los testigos que dicen haber visto el fenomeno, algunos de ellos incontestables en cuanto a fiabilidad. Así que, una vez confirmado este punto, la pregunta importante es esta: ¿realmente ocurre sin el conocimiento de Faustina, que proyecta de manera visible su subconsciente de manera totalmente involuntaria, tal y como ella proclama, o sabe provocar el fenómeno y lo hace intencionadamente con algún fin? Esta duda adquiere mucha importancia cuando en determinado momento del libro ocurre cierto suceso que pone a Faustina en el punto de mira de la policía y los esfuerzos de sus escasos amigos por limpiar su nombre se hacen más urgentes.
 
Entre esos amigos se encuentra el detective de la novela, Basil Willing, un prestigioso psiquiatra que al parecer está siempre de un lado a otro pero que en esta novela decide asentarse definitivamente en Nueva York. Es analítico y no cree para nada en fenómenos sobrenaturales, así que su misión en el libro es encontrar una explicación factible y razonable que contradiga el espectro paranormal que parece asustar a todo el mundo. No se profundiza tampoco demasiado en el personaje, no sé si porque a la autora le interesaban otras cosas o porque ya tenía mucho recorrido literario y se daba por presentado al personaje, ya que este es el octavo libro protagonizado por este psiquiatra (de catorce en total). Yo no he echado de menos no haber leído los siete anteriores salvo en su relación con Gracie, porque en cierto momento se dice que se conocieron en 1940, lo que hace que el comienzo de la relación se remonte al menos a 8 o 9 años atrás, y ni siquiera están prometidos ni nada al comienzo de la historia. ¿Aparece Gracie también en los otros libros de Basil Willing y el avance de su relación es una de las subtramas del personaje o nada de nada? No sé, es la única duda que me ha dejado el desconocimiento del recorrido anterior del detective.

Un reflejo velado en el cristal ofrece un punto de partida y desde ahí recorre varios caminos durante toda la narración, llevando al lector ora por la senda del escepticismo y la explicación racional, ora por la travesía mucho más tumultuosa (y, por tanto, más interesante) de la explicación sobrenatural. El detective, Willing, es un hombre de ciencia y por tanto pretende en todo momento dar una explicación lógica y razonable, pero las distintas paradas de su camino no se lo ponen nada fácil. La autora, Helen McCloy, basa su relato en esta dicotomía y ambivalencia de pruebas, y lo hace de una manera inteligente, atractiva, sencilla pero muy efectiva y creando sobre todo una atmósfera intrigante y ambigua. Cuando Willing intenta razonar las cosas con los pies en la tierra nos parece factible y creíble, pero también nos parece factible y creíble cada vez que nos narra esas bilocaciones y las sensaciones que experimentan quienes las observan, que no dudan pero tampoco saben como explicar lo que han visto.

Me han parecido muy, muy interesantes dos elementos que la autora introduce en la historia y que he corrido a comprobar si son ciertos porque no los conocía (lo son). Uno son las memorias de Goethe, a las que se hace alusión varias veces durante el libro. Al parecer Goethe se cruzó en una ocasión, de camino a Drusenheim y yendo a caballo, a una persona que era exactamente igual que él y que llevaba puestas unas determinadas ropas... ocho años después, en ese mismo camino pero yendo en dirección contraria, volvió a cruzarse con un hombre exactamente igual que él, y cuando Goethe recordó el encuentro anterior, se dio cuenta de que esas determinadas ropas eran las mismas que él llevaba puestas en ese momento. 

El otro elemento, que también se comenta varias veces durante la novela, es igualmente un hecho real. En 1845, en un colegio de señoritas ubicado cerca de Valmiera (a unos cien kilómetros de Riga) se dijo que se había visto en dos sitios a la vez (en varias ocasiones) a mademoiselle Sagée, hasta que sucedió un hecho sorprendente: las cuarenta y dos niñas del internado fueron testigos del mismo fenómeno, en el que la profesora estaba al mismo tiempo sentada en una silla ante ellas y fuera cogiendo flores en el jardín. Una se movía de manera normal, la otra se movía de una manera extraña, torpe, lenta. Los padres sacaron en masa a las niñas del colegio y mademoiselle Sagée fue despedida: solo entonces confesó que la habían despedido de otros diecinueve trabajos por el mismo motivo. Ahí lo dejo :)
 
A raíz de todo esto, en cierto momento de la novela surge una explicación a este baile entre realismo y superstición, entre la lucha contra lo que no se entiende y se considera un engaño y la aceptación de que hay algo más allá de lo que conocemos y comprendemos a simple vista: esto es, que los americanos tienen los pies en la tierra y no se creen nada de nada... mientras que los europeos, por nuestra cultura y toda la historia que llevamos a las espaldas, creemos en los elementos y fenómenos paranormales y los tenemos mucho más asumidos. Ya me diréis si estáis de acuerdo :)
¡Eres incapaz de ceder a la idea de que pudiera existir tal cosa! Para mí es más fácil porque crecí en Europa. Una civilización antigua como la nuestra es escéptica ante cualquier creencia, incluso las ideas científicas modernas por las que vosotros, aquí en Estados Unidos, mostráis una reverencia casi religiosa. Nosotros no, porque nuestra civilización ha vivido muchas revoluciones intelectuales. Una y otra vez hemos visto que la ciencia de una generación se convertía en la mitología de la siguiente [...] Y allí el pasado siempre está con nosotros. En nuestas costumbres y en nuestros hogares, así como en nuestros libros [...] En edificios muy viejos suceden cosas extrañas, y los que viven en sitios así se acostumbran tanto a lo inexplicabe que pierden el miedo e incluso el interés. Tú te sentirías obligado a negarlo o a investigar. Nosotros nos limitamos a sonreír y a encogernos de hombros y decirnos: "Esto también pasará...".
Y dicho todo esto, y por ir terminando, yo creo que el gran enigma de la novela es precisamente la pobre Faustina, no tanto por el misterio que le rodea, sino por ella misma como persona, tan mustia, tan sola, tan perdida todo el tiempo... Bien es cierto que conforme avanzan las páginas conoceremos su pasado, de donde viene y si eso tiene alguna relación con lo que le está sucediendo, pero es un personaje que da pena, y tal parece que en esas proyecciones inmateriales que son visibles para los demás se fuera buena parte de su energía vital y lo que la define como persona.

En definitiva, una novela de misterio muy entretenida, muy bien hilada, con tintes sobrenaturales y cierto aire gótico que no predomina pero persiste conforme avanza la trama. La he disfrutado mucho, la autora juega muy bien durante toda la narración con los elementos que crea, te invita como lector a sacar tus propias conclusiones y la verdad es que me he quedado con ganas de seguir leyéndola... peeeeero me veo en la obligación de hacer una advertencia sobre el final, que ya nos conocemos todos :) Son ya muchos años por aquí y precisamente los comentarios a las reseñas sirven para conocer las filias y las fobias de los lectores a la hora de abrir un libro. Una de las fobias más persistentes es la que se tiene a los finales abiertos o ambiguos. A mí no suelen molestarme (salvo que no estén justificados y parezcan incompetencia del escritor para darle un cierre a su historia... alguno de estos me he encontrado este año), pero sé que hay lectores que sienten rechazo sistemático por este tipo de finales. Pues bien, aviso a navegantes: Un reflejo velado en el cristal tiene un final MUY ambiguo. Mucho. Y además la autora es plenamente consciente de lo que está haciendo y lo deja en plan "ahí lo llevas, lector. Cree lo que quieras creer, que mi trabajo termina aquí. Ahora empieza el tuyo". Así que ya cada cual que obre en consecuencia, que mi trabajo también termina aquí (pero lo recomiendo mucho, insisto).
 
Ah, me acabo de acordar y lo suelto aquí en plan pegote... puntazo cuando llegas a cierta escena en el libro y reconoces a la perfección la imagen de la cubierta :)
 
Otro ah... todos (o casi todos) los capítulos comienzan con unos versos que terminan con la palabra Faustina... pues bien, dudaba si eran invención de la autora y no lo son; pertenecen al poema Faustine, de Algernon Charles Swinburne. No hay ninguna nota en el libro que lo explique y me ha costado dar con este tema, pero a cabezona no me gana nadie, y si alguien más tiene la costumbre de comprobar estas cosas, le ahorro el trabajo.

 
 

Helen McCloy (Nueva York, 1904-Woodstock, 1992), pseudónimo de Helen Clarkson, fue una escritora de misterio norteamericana conocida por su serie de novelas protagonizadas por el psiquiatra-detective Basil Willing. 
 
De madre escritora y padre editor, McCloy creció leyendo a Sherlock Holmes y en 1950 se convirtió en la primera mujer presidenta de la Asociación de Escritores de Misterio de Estados Unidos, organización que le otorgó un premio Edgar por sus críticas literarias. Su debut como escritora, Dance of Death (1938), introdujo ya al doctor Willing, quien protagonizaría otros 12 misterios y algunos relatos cortos, la mayoría de tintes góticos y sobrenaturales. Un reflejo velado en el cristal (1950; Hoja de Lata, 2021) es el octavo caso de la serie y está considerado una obra maestra del género y un clásico del misterio sobrenatural estadounidense.