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lunes, 2 de octubre de 2023

RESEÑA (by MH) ::: UN CHELÍN PARA VELAS - Josephine Tey


 
Título original: A Shilling for Candles
Autora: Josephine Tey 
Editorial: Hoja de Lata
Traducción: Pablo González-Nuevo
Páginas: 384
Fecha de publicación original: 1936
Fecha esta edición: julio 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 21,90 euros
Ilustración de cubierta: Valèriane Leblond


En una playa aislada cerca del pequeño pueblo de Westover, el cuerpo sin vida de Christine Clay, famosa actriz británica, aparece en la orilla al amanecer. El encantador Inspector Alan Grant, de Scotland Yard, se pone a investigar de inmediato a los sospechosos: un experto en cotilleos de celebrities, un joven arruinado que pasaba unos días en la casa de campo de Christine, el marido aristócrata de la actriz o su hermano, un tunante que siempre ha vivido del cuento. Grant contará, en este caso, con la ayuda de la intrépida Erica Burgoyne, hija del comisario de policía local y exitosa detective amateur.
Siempre digo que me tomo la lectura de los libros de Josephine Tey con tranquilidad para darle tiempo a Hoja de Lata a que vayan sacando sus libros, y de que me he querido dar cuenta ellos se han puesto las pilas a base de bien y yo me he quedado en la babia, taza de té en mano y contemplando las musarañas... pero vamos, que tampoco supone un problema, si lo sigo racionando así de bien tengo Tey para mucho tiempo. El caso es que este año le tocaba a
Un chelín para velas, el segundo caso de mi adorado y venerado inspector Alan Grant, y he disfrutado de él y de la trama tanto como siempre. 

La historia comienza con la aparición de una joven muerta en traje de baño en un paraje conocido como la Hondonada cerca de un pueblecito llamado Westover... No lleva documentación encima, pero aparece otro personaje, un joven llamado Robert Tisdall, que dice conocerla, que es algo así como su casera, pero que no tiene ni idea de cómo se llama. El bombazo cae cuando se descubre que se trata nada menos que de Christine Clay, estrella de cine que había llegado a Inglaterra para protagonizar tres películas. Más extraño se vuelve todo cuando nada parece indicar que la muerte no sea accidental salvo un botón enredado en su pelo. ¿Ha sido asesinada? Pues tiene toda la pinta, pero lo de apuntar a un sospechoso claro está complicado porque no parece que nadie la quisiera mal pero tampoco que su muerte haya haya dolido demasiado, y encima la prensa sensacionalista no piensa desaprovechar el filón y no da ni un respiro a la policía. Por si faltaba algo,  una médium famosa entre la alta sociedad predijo su muerte un año atrás. Al final las papeletas apuntan al señor Tisdall, pero el inspector Grant no lo tendrá fácil para desenmarañar un caso enrevesado en el que las cosas no terminan de encajar. Menos mal que tendrá la ayuda ocasional de una jovencita de diecisiete años tan peculiar como, afortunadamente, tozuda cuando cree en algo... o en alguien.
 
Pues ya tenemos aquí a mi maravilloso inspector Grant, de esos personajes de los que estás medio enamoriscá (me encanta este palabro) y que, como sabes que tienen una duración determinada y los libros que protagoniza son los que son (seis nada más, si no me equivoco... porca miseria), lo vas espaciando para saborearlo más y durante más tiempo. Lo conocí en La hija del tiempo (fue la primera novela que leí de la autora y sigue siendo mi favorita, os hablé de ella aquí) hace ya unos seis años y ahí perdura mi amor, constante como las estrellas en el firmamento y perdurable como mi falta de motivación para dejar el chocolate.
 
Como digo al principio, Un chelín para velas es la segunda novela protagonizada por Grant (la primera la publicó Hoja de Lata el año pasado... ya tenemos las seis en castellano, si no me equivoco, aunque hayan salido desordenadas), y la he disfrutado un montón. En realidad con Josephine Tey voy sobre seguro, es de esas autoras que están en mi zona de confort y con quien sé que no hay peligro de una mala lectura. Desde el comienzo de la novela ya empieza a campar a sus anchas esa socarronería elegante tan británica, ese flow que tienen muchos libros de la época que te ponen la sonrisa en la boca por el modo que tienen de contar las cosas y la gracia con la que describen el típico carácter inglés con sus manías e idiosincrasias y la flema con la que se enfrentan a cualquier situación, por muy desagradable que sea. ¿Que hay un cadáver en la Hondonada? Joer, es que estos turistas ya podían irse a palmarla a cualquier otro sitio, bastante tienen ellos ya con lo suyo. Y sí, estamos ante una novela de misterio, hay un asesinato y hay que cazar a un asesino, pero ese tono cozy, amable, salpimentado de humor y ligero (en el sentido más positivo de la palabra) no desaparece en ningún momento. Muchos libros de las décadas de los 40 y 50 intentaron esta mezcla tan variopinta, no todos lo consiguieron o se quedaron a medio gas, pero Tey le tenía pillado el punto.

En esta novela nos movemos entre el pueblecito de Westover (el más cercano a donde aparece el cadáver y donde había alquilado una casita la fallecida) y Londres, alternando con paseos en coche por la campiña que no tienen desperdicio y cuya finalidad no os cuento. Tey es fiel a su compromiso con la creación de buenos personajes y su talento para acercárselos al lector de tal manera que acabas encariñado de ellos, ya sea Grant (lo adoro, ¿lo he dicho ya?) como cualquiera del elenco que pivota a su alrededor durante toda la novela y se convierten en cómplices suyos en la resolución del crimen. Y eso que Grant en esta novela peca de precipitación, cree que lo tiene todo resuelto muy pronto, va a encontrarse con un caso complicado donde van surgiendo todo tipo de personajes susceptibles de sospecha y donde va a tener que recibir ayuda inesperada que le vaya despeando el camino. Además hay varios factores a tener en cuenta en cuanto a posibles sospechosos; por un lado las relaciones profesionales de la fallecida, ya que en un mundo como el del celuloide las envidias están a la orden del día, por no hablar de supuestos romances que pueden (o no) haber derivado en celos y ansias de venganza; por otro las relaciones familiares, que Christine Clay ha guardado bajo llave desde el mismo momento en que legó a Hollywood y que, tras su muerte, inevitablemente, salen a la luz cuando las investigaciones dan sus frutos... y, como suele pasar, cuando alguien se esfuerza en tanto en no desvelar de donde viene, es que ese lugar apestaba lo más grande.

A todo esto se suma que la autora introduce dos factores muy interesantes. Uno es el aspecto hollywoodiense de la trama, ya que al ser la fallecida una actriz muy famosa, tenemos no solo a la prensa sensacionalista hambrienta de carnaza y presionando a los investigadores para una colaboración "amistosa" bajo amenaza de publicar cosas que pueden perjudicar la investigación, sino la vida tras bambalinas de unas actrices que pugnaban por los mismo papeles, actores que no se soportaban entre ellos, egos desmedidos por ser la estrella de la función... y el auge de la comedia musical en la gran pantalla, que arrastraba a las multitudes a las salas de cine y se convirtió en el género de moda de la época. Esto me lleva al otro factor; estamos en época de entreguerras, cuando muchos judíos huyeron de Europa con su talento a cuestas y recabaron en una ciudad como Los Ángeles donde el sueño americano era más sueño que nunca (si no rascabas mucho, claro) y cualquier podía triunfar viniese de donde viniese y tuviese a la espalda la mochila que tuviese. Eso hizo que los judíos hicieran prácticamente suya la meca del cine en muchas y muy varias profesiones, y aquí tenemos la representación en un compositor musical al que se rifan las grandes producciones y que es autor de algunas de las canciones más famosas de la época. El ambiente de la novela. en plena campiña inglesa, está muy alejado de Hollywood, pero Josephine Tey coge una pizca de todo ese entorno y esa atmósfera de claroscuros y nos la sirve espolvoreada por toda la novela.

Por lo demás, tenemos un buen misterio (como siempre), unos grandes personajes (como siempre), un maravilloso inspector (como siempre) y un tono muy british (que es una expresión que usamos todos los fanáticos del susodicho tono y que es muy difícil explicar sin repetirse y muy complicado de transmitir si no lo llevas en vena).
Un chelín para velas es una lectura muy recomendable, que duda cabe. ¿Os he contado algo de la investigación? No. ¿Os he contado algo de la trama en sí misma? Pues más bien poco. Por no hablar es que no os he dicho el nombre de ningún personaje salvo el de Tisdall. ¿Hace falta con este topo de libros? No, y además ya sabéis que estoy en contra. De las novelas de misterio y detectives hay que contar la mitad de la mitad de la mitad. Es un tipo de novela con un público muy definido así que todo lector interesado sabe que estos libros están ahí esperándole.. ahondando más, quien ya ha leído a Josephine Tey sabe que ofrece mucho más que una novela de misterio y que para ella unos buenos personajes y las interacciones entre ellos eran primordiales (los diálogos fantásticos, como siempre). Hay que leer a Josephine Tey, vaya.
 
Postdata. Como siempre os digo, no sé si os preguntáis de donde viene ese "chelín para velas" del título. Sin entrar en detalles, aparece en el testamento de la fallecida y es el legado que le deja a su hermano... un hermano que hasta ese momento nadie sabía que existía. Más allá de eso, mis labios están sellados xD.
 
Postdata 2. Esta novela fue adaptada por Hitchcock en 1937 (todavía en la considerada su etapa inglesa) bajo el título de Inocencia y juventud (no, en inglés el título tampoco se parecía mucho al libro original: Young and Innocent en UK y The Girl Was Young en USA). Hace siglos que vi esta peli, pero por lo que recuerdo de ella es una adaptación al estilo tito Hitch: cojo la idea del libro y hago lo que me da la gana. No es de sus mejores pelis pero yo soy muy parcial con las obras del maestro y todas me gustan, así que si la tenéis a mano (se puede ver completa en Youtube), pues no perdéis nada con echarle un vistazo, os lo vais a pasar bien. Además, las películas en aquella época no pasaban de la hora y media; punto a su favor xD. Os pongo el trailer:


 
 




Josephine Tey (Inverness, 1896 – Londres, 1952) es el seudónimo de la escritora escocesa Elizabeth Mackintosh. Fue una mujer independiente y adelantada a su época; jamás se casó y empezó ganándose la vida como profesora de educación física hasta la muerte de su madre, en 1926, cuando tuvo que regresar a casa para hacerse cargo de su padre inválido. Fue entonces cuando, por pura diversión, comenzó a escribir.
 
Entre sus obras más elogiadas por la crítica y el público destaca La hija del tiempo, declarada en 1990 la mejor novela de misterio de la historia por la Crime Writers’Association. 
 
Fue también autora de una docena de piezas teatrales  (escritas bajo seudónimo distinto: Gordon Daviot), y siempre será recordada por haber creado al inspector Alan Grant de Scotland Yard, protagonista de sus mejores historias.

lunes, 18 de julio de 2022

RESEÑA (by MH) ::: EL CASO DE BETTY KANE - Josephine Tey


 
Título original: The Franchise Affair
Autora: Josephine Tey 
Editorial: Hoja de Lata
Traducción: Pablo González-Nuevo
Páginas: 384
Fecha de publicación original: 1948
Fecha esta edición: junio 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 22,90 euros 
Ilustración de cubierta: Gathering the Marsh (Dee Nickerson, 2016)


Robert Blair, abogado en un pequeño y apacible pueblo británico, da ya por terminada su tranquila jornada laboral en el despacho cuando suena el teléfono. Es Marion Sharpe, ve- cina de la localidad, una mujer de pocas palabras que vive con su madre en una decrépita hacienda a las afueras del pueblo. Las Sharpe acaban de ser acusadas de secuestrar a una recatada jovencita llamada Betty Kane. Las declaraciones de la chica, al principio bastante improbables, cobran fuerza con las minuciosas descripciones del desván de los horrores donde supuestamente la tuvieron retenida. Y Robert Blair, convertido a la fuerza en detective amateur, deberá desentrañar este paradójico caso, que ni tan siquiera el Inspector de Scotland Yard, Alan Grant, es capaz de comprender.

Con lo que me gusta Josephine Tey y lo tranquilamente que me estoy tomando la lectura de sus libros... es que prefiero tener ahí siempre un par esperando en la estantería a quedarme sin ninguno, y aunque la editorial Hoja de Lata edita una novela suya todos los años con puntualidad inglesa, lo cierto es que la bibliografía de Tey es bastante corta y ya no queda mucho para decir aquello de "se acabó lo que se daba", así que ahí voy, estirando el chicle. Pero bueno, la capacidad de resistencia tiene un límite y como ya habéis visto, aquí vengo con El caso de Betty Kane que, como no podía ser menos, he disfrutado un montón (para qué os voy a dejar con la intriga...).
 
La existencia de Robert Blair, abogado en la pequeña población de Milford, es tranquila, rutinaria y apacible en grado sumo, y le gusta, es el modo de vida que ha escogido... pero a veces se pregunta qué pasaría si algo llegase para trastornar esa placidez existencial carente de sorpresas. Pronto lo descubre, pues una llamada de Marion Sharpe, vecina que no se relaciona con nadie del pueblo a quien solo conoce de vista, pone su vida patas arriba. Marion le ruega que, en calidad de abogado, acuda inmediatamente a su casa. Allí lo esperan Hallam, policía local, y el inspector Grant, de Scotland Yard, que le cuenta una historia asombrosa: una joven de quince años, Betty Kane, acusa a Marion Sharpe y a su madre, ya anciana, de haberla secuestrado durante un mes en La Hacienda, la aislada casa donde viven ambas, y de haberla maltratado y golpeado. Sabe cosas de la casa que no deberia saber de no haber estado en ella y, aunque las Sharpe niegan rotundamente las acusaciones, tampoco tienen manera de demostrar que miente. El inspector Grant no parece tener muy claro el caso, pero el cotilleo, la murmuración y los prejuicios de todo un pueblo contra un par de mujeres independientes que no socializan y que por tanto, tienen que ser culpables porque sí, pueden hacer más daño que cualquier sentencia en firme.

El personaje más famoso de Josephine Tey fue el inspector Grant, protagonista de una media docena de libros (mi favoritísimo siempre será La hija del tiempo por la temática histórica en general y de Ricardo III en particular), pero con El caso de Betty Kane no todo el mundo se pone de acuerdo: algunos lo consideran dentro de la serie protagonizada por el personaje aunque apenas haga acto de presencia un par de veces junto con algunas menciones a su nombre (en ese caso y por orden sería el tercer libro dentro de la serie), mientras que otros no lo consideran como tal y su aparición apenas se toma como algo anecdótico. En cualquier caso, en esta novela descubrimos que hace apenas doce meses que Grant pertenece a Scotland Yard y que ya es conocido por ser un juez infalible del carácter humano... aun así, Grant en particular, junto a Scotland Yard en general, deja el pabellón policial por los suelos, y no deja de tener su gracia porque este es el personaje estrella de la autora y aun así no tiene miramientos en hacerle morder el polvo. Y es que en El caso de Betty Kane los protagonistas absolutos son los habitantes de Milford: el abogado Blair como la máquina que hace avanzar la historia, y sus familiares y amigos como los engranajes que hacen que todo funcione como la seda. 
 
El investigador aquí es, por tanto, Robert Blair, que aun no siendo abogado penalista decide hacerse cargo del caso tras conocer a las Sharpe y parecerle que son incapaces de hacer algo como lo que se les acusa. Y eso que se enfrentan a la susodicha Betty Kane, típica rosa inglesa que parece que mea agua bendita (que decimos por aquí), sin tacha alguna en su comportamiento y con una apariencia tan inocente e inmaculada que los periódicos llegan a encontrarle parecido con santa Bernadette... porque aquí es donde se complica la trama: cuando se mete de por medio la prensa sensacionalista. No puede haber acusación en firme porque no hay pruebas firmes (solo circunstanciales) que corroboren la declaración de Betty, pero si un periódico acusa a dos mujeres raras que viven aisladas de secuestrar a una adolescente virtuosa, ya sabemos lo que va a pensar el pueblo llano: nada, no piensan ni razonan nada, simplemente se dejan llevar por lo que les dicen y se comportan como borregos. Así que aquí empieza la cruzada imposible de Robert Blair que, aun sin saber si habrá acusación oficial o no, decide que las Sharpe no pueden vivir bajo la sombra de la sospecha en un pueblo tan pequeño, y se lanza a investigar dónde se metió realmente Betty Kane durante el mes que estuvo desaparecida. No lo tendrá fácil (para ser una adolescente se muestra muy escurridiza en sus andanzas), pero este caso se ha convertido en la ambición de su vida: no solo está dispuesto a refutar la historia de Betty y pillarla en sus mentiras, sino que sabe que hasta que no muestre su verdadera cara ante el público que la adora y todos vean quien se esconde tras ese rostro angelical, las Sharpe no estarán a salvo.

Como no podía ser menos, mientras Tey construye esta trama, cuyo interés va in crescendo conforme se van complicando las cosas para las Sharpe y se va agotando el tiempo, también nos muestra la vida de un pueblecito como Milford y nos presenta a algunos secundarios que son los que dan vidilla a la historia. Desde la tía Lin (con quien vive Robert) hasta la cocinera de la casa (digno ejemplo inglés de que en una casa con criada, la que manda es la criada), pasando por Stanley, mecánico que se destapa como un sol de hombre con patas, y Kevin Macdermott, abogado irlandés con una personalidad arrolladora y mejor amigo de Robert. También hay que hacer mención (que para eso son las sospechosas) a las Sharpe, ese tipo de personas que la gente automáticamente descarta y acusa solo porque no se pasan el día invitando a tomar el té a sus vecinos y deciden vivir su vida de manera independiente y autosuficiente. Si son culpables o inocentes es algo que aquí obviamente no puedo comentar, pero de lo que se trata es de que la presunción de inocencia muchas veces nos la ponemos de sombrero, y aquí va una pullita de Tey hacia los prejuicios y las injusticias que cometemos con personas de las que no sabemos nada solamente basándonos en las apariencias y (en este caso) la manipulación de los medios de información.

El caso de Betty Kane es un libro muy inglés y muy de su época, y se mete en charcos con doble ración de guasa e ironía porque puede y porque quiere (que si los irlandeses, que si la moralidad dudosa de algunas mujeres...). Es muy divertido a ratos y, entre dimes y diretes, va avanzando el caso (que no es de asesinato, cosa rara en este tipo de novelas) y vamos conociendo a los personajes gracias a las interacciones entre ellos, impensables cuando comienza la lectura y que son las que realmente van dando forma y personalidad a la historia. Los diálogos son punzantes, ingeniosos, mordaces y, sobre todo, creíbles desde el punto de vista de  los personajes. Tey escribía muy, muy bien, y en sus historias despliega una inteligencia emocional y sutil que atrapa al lector sin que este se dé apenas cuenta. Al menos en mi caso llegó un punto que no podía soltar el libro, y cruzaba los dedos para que las Sharpe no fueran culpables, que no nos hubiesen dado gato por liebre tanto a Robert Blair como a mí y que la máscara de Betty Kane cayese al suelo hecha añicos. ¿Surtieron efecto mis plegarias? Pues no os lo voy a decir, obviamente. A leer el libro se ha dicho.

No creo que pueda ni deba decir más. Si os gusta Josephine Tey, debéis leerlo. Si os gustan los misterios clásicos británicos, debéis leerlo. Si os gusta el costumbrismo irónico y british de tacita de té y personajes peculiares y adorables, debéis leerlo. Si os gusta ese tipo de literatura que se lee con avidez y una sonrisa en la boca mientras se investiga un crimen, debéis leerlo. Algunos libros de Josephine Tey cuesta encuadrarlos de lleno en el subgénero del cozy mystery, pero El caso de Betty Kane es una muestra perfecta y cumple todos los requisitos, así que ya sabéis más o menos lo que podéis esperar de él. Muy recomendable.




Josephine Tey (Inverness, 1896 – Londres, 1952) es el seudónimo de la escritora escocesa Elizabeth Mackintosh. Fue una mujer independiente y adelantada a su época; jamás se casó y empezó ganándose la vida como profesora de educación física hasta la muerte de su madre, en 1926, cuando tuvo que regresar a casa para hacerse cargo de su padre inválido. Fue entonces cuando, por pura diversión, comenzó a escribir.
 
Entre sus obras más elogiadas por la crítica y el público destaca La hija del tiempo, declarada en 1990 la mejor novela de misterio de la historia por la Crime Writers’Association. 
 
Fue también autora de una docena de piezas teatrales  (escritas bajo seudónimo distinto: Gordon Daviot), y siempre será recordada por haber creado al inspector Alan Grant de Scotland Yard, protagonista de sus mejores historias.

viernes, 2 de julio de 2021

Y EL LIBRO COMIENZA ASÍ... #33 ::: JUNIO 2021

¡Hola a todos!

Ya hace calor, mucho calor, y eso quiere decir que estamos en el primer viernes de julio haciendo nuestra entrada mensual recopilatoria. Son diez las lecturas que os traemos correspondientes al mes de junio con sus primeras frases. Esperamos que os gusten.

Os recordamos que pinchando en cada imagen accedéis a la reseña en cuestión.

¡Un abrazo a todos y que julio sea un mes fantástico de lecturas! 

miércoles, 9 de junio de 2021

RESEÑA (by MH) ::: PATRICK HA VUELTO - Josephine Tey


 
Título original: Brat Farrar
Autora: Josephine Tey 
Editorial: Hoja de Lata
Traducción: Pablo González-Nuevo
Páginas: 380
Fecha de publicación original: 1949
Fecha esta edición: julio 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 22,90 euros 
Ilustración de cubierta: Gathering the Marsh (Dee Nickerson, 2016)


Los Ashby son terratenientes ingleses dedicados a la cría de caballos. Siempre han vivido en el pequeño pueblo de Clare y llevan una vida apacible capitaneada por la tía Bee, quien se ocupa de sus cuatro sobrinos tras el fallecimiento de su hermano y su nuera. El dolor por la pérdida de los padres y por la desaparición de un sobrino mellizo en extrañas circunstancias parece ya superado por los años y por días llenos de buena armonía familiar.

Pero justo la semana antes de la fiesta de mayoría de edad de Simon, uno de los sobrinos, el mundo de los Ashby da un vuelco completo. Un extraño llamado Brat Farrar llega al pueblo asegurando ser Patrick, el mellizo desaparecido. Él, como hermano unos minutos mayor que Simon, se convertiría en el heredero universal de la fortuna de los Ashby. El enredo está servido y más que bien sazonado. Porque sabemos desde el principio que Brat Farrar es un impostor guiado por alguien cercano a los Ashby.


La última vez que os hablé de Josephine Tey fue con el que es mi libro favorito de la autora, La hija del tiempo, y aunque tengo en la estantería todos los libros que la editorial Hoja de Lata ha ido sacando suyos,
por unas cosas o por otras se me han pasado varios años sin volver a leerla. Como tenía para elegir, me he decantado por Patrick ha vuelto, del que leí excelentes opiniones en su día y de las que a estas alturas no recordaba nada concreto salvo que eran muy positivas, como debe ser... Precisamente por eso, porque lo mejor es no saber nada de nada, todo lo que os cuento en esta especie de sinopsis personal que hago siempre se dice nada más comenzar el libro, así que no hago ningún tipo de spoiler, palabrita de honor.
 
Los Ashby viven en Latchetts dedicados a la cría de caballos, negocio que unos años va mejor que otros y que les permite vivir bien sin mayores holguras. La cabeza de esta singular familia es Bee, que quedó al cuidado de sus cuatro sobrinos tras el fallecimiento de su hermano y su cuñada en un accidente de avión ocho años atrás... bueno, en realidad quedó al cuidado de cinco sobrinos, pero el mayor de ellos, Patrick, que por entonces contaba 12 años, se suicidó poco después de la muerte de sus padres. Han salido adelante, y en seis semanas Simon, gemelo de Patrick, cumplirá 21 años y heredará el patrimonio de los Ashby... o eso creen todos, porque de repente aparece un joven asombrosamente parecido a Simon que dice ser Patrick y, por tanto, el inminente heredero de la pequeña fortuna Ashby al ser el hermano mayor. Cada miembro de la familia se enfrenta al acontecimiento como mejor sabe: unos con emoción, otros con reserva y otros con naturalidad. Simon, que lo pierde todo de la noche a la mañana, es el único que se niega a reconocer a este joven como su hermano gemelo... y tiene toda la razón del mundo, porque el lector sabe desde el principio que en esa casa ha entrado un estafador y que ese chico tímido, reservado y atractivo tiene tanto de Patrick como el hijo del lechero. Pero este es solo el comienzo, no se vayan todavía... ¡aún hay más!
 
Bueno, una vez puestos en situación, ¿qué tenemos? Pues tenemos un niño que se suicidó con apenas doce años que vuelve de entre los muertos bajo la apariencia de un impostor muy bien preparado para pasar todas las pruebas que le pongan por delante; tenemos una familia muy unida que en su mayor parte acoge con los brazos abiertos su regreso una vez superadas todas las pruebas que se le imponen; y tenemos un solo personaje que pone en entredicho su identidad pero que se comporta de un modo muy raro y ambiguo durante buena parte de la historia. ¿Cómo es posible que no duden ante la apariencia física del impostor teniendo en cuenta que la familia Ashby tiene rasgos muy definitorios y característicos? Pues con esa baza juega la autora cuando mata al personaje principal con 12 años: el salto de los 12 a los 21 es muy grande, el Patrick de 21 que se presenta es totalmente compatible con los rasgos de la familia y encima se parece más a Simon ahora en la edad adulta que cuando eran unos chiquillos (se dice en cierto momento que no eran gemelos idénticos). 
 
Y lo cierto es que cualquier otro autor precisamente hubiese jugado con la premisa más evidente, la de hacer volver al personaje sin desverlarnos más sobre él y basar todo el misterio en averiguar
si ese tal Patrick que ha vuelto de entre los muertos es quien dice ser o no. Pero no, Tey plantea la idea totalmente contraria: desde el principio sabemos que no lo es, y a partir de ahí alquila un silloncito en Latchetts y, haciendo uso de su mirada inquisitiva y aguda, nos cuenta la historia que realmente nos quiere contar, que no es otra que la de Brat Farrars, un huérfano que emigró a América desde Inglaterra años atrás, que allí se ganó la vida con los caballos y que ha vuelto a Londres en un impulso. No tiene trabajo y en uno de sus paseos conoce a un actor de poca monta que creció con los hermanos Ashby y no solo los conoce a ellos, sino a su hogar como la palma de la mano, y por cuestiones puramente egoístas se ha propuesto hacer saltar por los aires la herencia de Simon y recibir a cambio un dinero fijo todos los meses de por vida que le permita vivir a cuerpo de rey sin despeinarse. Él es quien prepara a Brat y lo convierte en un Patrick que roza la perfección.

Quien ya haya leído a Josephine Tey sabe que, aun siendo una dama del misterio, va muy por libre en cuanto al planteamiento de sus intrigas. Esta no es una novela de detectives ni de investigaciones, ni siquiera es una historia que vive por y para el misterio, aunque este va abriéndose camino con el transcurrir de las páginas sin prisa pero sin pausa... No, en realidad es una novela de personajes (como ya sucedía en La señorita Pym dispone, aunque vaya por derroteros muy distintos), de como se interrelacionan, de sus peculiaridades e idiosincrasias y de todas aquellas cosas que los hacen diferentes y, por tanto, también los unen. Tenemos a un personaje como Patrick/Brat en el centro del tablero, y todos los demás personajes se definen ante los ojos del lector por el modo en que él los ve y el modo en que actúan ante él y con él. No es una narración en primera persona, pero Patrick/Brat es nuestro hombre del día, el que llega nuevo a esa casa y, por tanto, el que lo ve todo desde un punto de vista objetivo y externo... y ese es el gancho que va a usar nuestra querida Josephine Tey para ir dando forma a su misterio: lo que la familia Ashby no ve porque lo tiene delante de las narices sí que lo percibe el que llega de fuera y mira todo con ojos reflexivos, desconocidos e inteligentes. Por no hablar de que estamos ante un criminal diferente más bueno que el pan con mucha ética, mucha mala conciencia y muchos buenos sentimientos. Esto tampoco es spoiler, lo vais a comprobar en cuanto abráis el libro.
 
La narración está aderezada con muchos retazos de humor sutil, de frases elegantes con doble sentido, de diálogos que lo mismo te sacan una sonrisa que dejan entrever mucho más de lo que dicen, de personajes secundarios que ponen el toque desenfadado, de toques costumbristas que resaltan sobre todo en la relación entre los Ashby y sus vecinos y, por si fuera poco, de una visita guiada a la vida en una granja de cría de caballos y el tipo de eventos sociales e hípicos que eran habituales en la campiña inglesa. Y es que los caballos son una parte importantísima de la historia; son el motivo por el que Brat Farrars decide convertirse en un impostor (vive por y para los caballos), son el modo de vida de la familia Ashby y son también parte indivisible de ellos mismos como personas. Se podría decir que han estado cabalgando a lomos de un caballo desde que tomaban el biberón, y esa comunión entre jinete y animal tiene una presencia constante durante todo el libro: es la vía de escape que usan muchas veces cuando quieren soltar presión y es el arma que usan cuando quieren hacerse daño.

En definitiva, Patrick ha vuelto es una novela de misterio porque la Tey lo quiso así, pero su intención final fue que conociéramos la historia de los Ashby, la historia de Brat Farrars y la trama que se inventa para que ambas historias colisionen y formen de paso una estupenda novela. Que sí, que sí, que hay intriga, que sabemos en todo momento que algo se cuece, que algo huele a podrido en Dinamarca y que Brat no dejará de hacerse preguntas desde el momento en que pone un pie en la casa y no parará hasta descubrir si sus sospechas son fundadas. Pero mientras tanto tiene que convivir con su "tía y sus hermanos", aprender a ser uno más de ellos y lidiar con la desconfianza de Simon mientras se acerca el día en que será dueño de todo. ¿Lo conseguirá? Porque ahí está el quid de la cuestión, en el modo en que Tey pone todas las cartas sobre la mesa desde el principio y aun así consigue mantener al lector pegado a las páginas mientras va aumentando la tensión y la presión sobre unos personajes cuyas reacciones van adaptándose, sometiéndose y transformándose una vez superada la sorpresa inicial... en ocasiones de un modo que ni siquiera ellos comprenden.

Lo dejo aquí, y lo hago preguntándome la extraña razón que ha motivado una cubierta tan preciosa como inequívocamente invernal en un libro que transcurre en su totalidad a comienzos de verano. Soy malosa, lo sé. El mundo me ha hecho así :)
 


 

Josephine Tey (Inverness, 1896 – Londres, 1952) es el seudónimo de la escritora escocesa Elizabeth Mackintosh. Fue una mujer independiente y adelantada a su época; jamás se casó y empezó ganándose la vida como profesora de educación física hasta la muerte de su madre, en 1926, cuando tuvo que regresar a casa para hacerse cargo de su padre inválido. Fue entonces cuando, por pura diversión, comenzó a escribir.
 
Entre sus obras más elogiadas por la crítica y el público destaca La hija del tiempo, declarada en 1990 la mejor novela de misterio de la historia por la Crime Writers’Association. 
 
Fue también autora de una docena de piezas teatrales  (escritas bajo seudónimo distinto: Gordon Daviot), y siempre será recordada por haber creado al inspector Alan Grant de Scotland Yard, protagonista de sus mejores historias.

lunes, 16 de octubre de 2017

RESEÑA (by MH) ::: LA HIJA DEL TIEMPO - Josephine Tey




Título original: The daughter of time
Autora: Josephine Tey 
Editorial: RBA
Traducción: Efrén del Valle
Páginas: 200
Fecha de publicación original: 1951
Fecha esta edición: septiembre 2012
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros 
Diseño de cubierta: Tomás Frost


Las largas horas de convalecencia en la cama de un hospital pueden llegar a ser mortales para una mente despierta como la de Alan Grant, inspector de Scotland Yard. Pero sus días de tedio acaban cuando alguien le propone un interesante tema sobre el que meditar: ¿podría adivinarse el carácter de alguien solo por su aspecto? Grant se basará en un retrato de Ricardo III para demostrar que ello es posible: el monarca más despiadado de la historia del Reino Unido podría haber sido, según Grant, inocente de todo crimen.

Aquí comienza una investigación llena de conjeturas acerca de la persona y el reinado de Ricardo III, un controvertido pasaje de la historia británica que, tras haber leído esta novela, indudablemente será visto con otros ojos.


La hija del tiempo (Serie Alan Grant, 4) es, sin duda, un clásico que merece un lugar de honor en la biblioteca de todo amante de la literatura negra.

Hoy toca una detectives del siglo XX investigando un crimen del siglo XV desde la cama de un hospital sin pisar la calle. ¿Resultado? Una maravilla.

Hace poco os hablaba de mi pasión por la estirpe inglesa de los Tudor, pero os decía que en general, me apasionaba la historia de Inglaterra. Los Tudor, dentro de lo interesante que fue su reinado, es una parte sencilla de la historia. Salvo las idas y venidas de católicos y protestantes en el trono (¿para cuándo un libro dedicado a mi adorada e injustamente olvidada Jane Grey?), y la aparición en escena de María Estuardo y su rivalidad con su prima Isabel, digamos que esta parte de la historia inglesa es bastante lineal. 

Pero no se puede decir lo mismo de la situación en Inglaterra antes de que Enrique VII, el primer Tudor, llegase al trono. A finales del siglo XIV la Casa de Plantagenet llegó a su fin, comenzó la guerra de las Dos Rosas que enfrentaba a dos de sus ramas, los York y los Lancaster... y fue entonces cuando vino al mundo Ricardo III, ese personaje histórico lleno de enigmas, de preguntas sin resolver, que ha pasado a la historia como un asesino de niños, que es defenestrado por los propios ingleses hasta el día de hoy, que fue vapuleado por Shakespeare en su obra del mismo nombre... pero que, aun así, sigue siendo un desconocido, porque muchas cosas no cuadran en sus dos escasos años de reinado.

¿Quién fue Ricardo III? ¿Por qué hizo lo que hizo, o lo que dicen que hizo? ¿Por qué pasó de ser una persona adorada por su familia y los ingleses, a ser odiado por sus supuestos crímenes? ¿Realmente se convirtió en el monstruo que dicen llegó a ser? ¿Mató a sus dos sobrinos, dos niños, los hijos de su hermano, para quitarse posibles contrincantes al trono?

Vosotros diréis que a qué viene este rollo histórico. Pues viene a que esta novela, la cuarta protagonizada por el inspector Alan Grant, es una historia de detectives muy, muy especial. Tan especial, que está considerada la mejor de su género. Sí, tenemos trama policial y buscamos a un asesino. Y sí, tenemos asesinatos, crímenes, complots, traiciones, pistas falsas, grandes personajes, mentiras, verdades, misterios, rencores, falsos testimonios... pero ocurridos hace más de 500 años. Cómo me gusta irme p'atrás en el tiempo... los ojos me hacen chiribitas de la emoción :)

El inspector Grant es un detective convaleciente en la cama de un hospital, aburrido hasta el infinito y más allá, y que se considera un experto en el estudio de los rostros. Una amiga suya, Marta, le lleva retratos y fotografías de personajes históricos, hombres, mujeres, niños, para que se entretenga estudiándolos e intentando adivinar su carácter. Pero uno, solamente uno de esos retratos, llama verdaderamente su atención, y decide resolver un enigma que hace cinco siglos que espera a ser resuelto: el de Ricardo III, rey de Inglaterra y señor de Irlanda, aquel que amaba a su hermano, Eduardo IV, y al que fue fiel hasta su muerte, pero que después se obsesionó con acceder al trono y comenzó a cometer barbaridades... supuestamente. Si para ello tenía que decapitar consejeros, tirar el nombre de su madre por los suelos, encerrar a sus dos sobrinos en la Torre de Londres y luego matarlos, lo hizo... una vez más, supuestamente. 

En una sola palabra, fascinante. Grant, pidiendo favores a las enfermeras (geniales los apodos que les pone), a sus amigos, a un becario que le agencian del British Museum (y que será determinante en la investigación, porque acudirá a todos los sitios donde él no puede acudir al estar postrado en la cama además de servirle de contrapunto en todas las teorías), empieza a recopilar, amontonar, leer sin parar, libro de Historia tras libro de Historia, intentando desenredar la madeja de lo que era verdad y lo que era mentira, de lo que se omitía y lo que se exageraba, dónde estaban implicadas animadversiones personales por parte del historiador de turno y dónde el historiador de turno lo que hacía era simplemente no mojarse, hablar de oídas o repetir rumores de portería (Tomás Moro queda a la altura del betún).

Y así, apartando la morralla, desenmascarando las mentiras, tirando de hilos imperceptibles, poco a poco va apareciendo ante nuestros ojos un Ricardo III desconocido, un Ricardo III que, como pasa con muchos personajes históricos, solo conocemos por lo que nos han querido contar. Y la Historia muchas veces está escrita por los vencedores, por los que tenian intereses ocultos, por los que decidían lo que debía pasar a la posteridad. Esto ha sido así desde que el mundo es mundo y desde que el devenir de la historia se plasma por escrito.  

¿Mató realmente a sus sobrinos y los emparedó entre los muros de piedra? ¿Por qué? ¿De verdad le tenía tanto miedo la familia de su hermano? ¿De verdad estaba tan desesperado por acceder al trono? La verdad es la hija del tiempo. De este proverbio antiguo procede el título de la novela, y me parece maravilloso. Solo el tiempo, y no siempre, suele poner las cosas en su sitio, y desde la misma portada ya sabes lo que la autora quiere contarte: la verdad.

Y esto me lleva a explicaros una de las razones fundamentales por las que me ha fascinado este libro: porque me ha hecho admirar profundamente, más todavía, a su autora, Josephine Tey. Esta investigación no es una investigación ficticia. No ha cogido a su detective, ha inventado un caso para él, y lo ha resulto conforme a ella le ha parecido conveniente. No, es una pesquisa real sobre un personaje real, desglosada a base de libros reales de Historia, de investigación de campo, de desenmascarar a aquellos personajes involucrados, sus intereses, lo que hacía cada miembro de la familia en aquel momento, cómo eso cuadraba con lo que luego se contaba en los libros... Es un trabajo de investigación por parte de la autora de esos que te dejan con la boca abierta, un libro de ensayo histórico camuflado, de manera brillante, en una novela policíaca admirable y muy, muy entretenida. Ella, solo ella, es la detective de esta historia. Ella, y solo ella, desenmascara la gran mentira de Ricardo III, y solo le da la palabra a Alan Grant para contárselo al lector... ¿o no? ¿O es todo mentira y nos retrata solo el cuadro que ella quiere? 

Sobre esto último, supongo que quienes pueden hablar con conocimiento de causa son los historiadores. Yo, apasionada entusiasta de la materia (pero profana), teniendo en cuenta que desglosa con todo lujo de detalles la bibliografía utilizada (bibliografía que tira por los suelos en su mayor parte, dicho sea de paso), creo que es muy plausible todo lo que cuenta. Y vale, lo admito, soy del bando pro-Ricardo, y nunca he creído que matase a sus sobrinos, así que conmigo lo ha tenido fácil. Siempre he estado de parte de los historiadores que apuntan hacia otro culpable, el mismo hacia el que se apunta en este libro... porque sí, como en toda novela de detectives, se llega al descubrimiento del asesino (y que no os digo cuál es porque esto sigue siendo, al fin y al cabo, una investigación policial aunque nuestro detective no abandone la cama, y tendréis que leer el libro para enteraros). Quizás por eso me ha fascinado tanto la historia, porque algo que yo veía muy difícil demostrar, se demuestra que sí sería verificable y posible históricamente hablando.

Una cosa que me ha sorprendido mucho. Al menos en aquella época (la novela fue escrita a principios de los años 50), según nos quiere dar a entender la autora, los ingleses de a pie no solo estudiaban Historia... la aprendían, formaba parte de sus conocimientos. La almacenaban. Todo el mundo a quien el inspector Grant le muestra la foto o le habla sobre el tema, sabía quién era Ricardo III, lo recordaba de sus libros del colegio, y sabía que se le acusaba de matar a sus sobrinos, sabía cómo supuestamente habían muerto los niños, sabía incluso a quién se le había enconmendado el asesinato. Y todos, todos tenía su opinión sobre este rey: malvado, vil, asesino. Algo así me resulta impensable por estos lares. Llamadme descreída.

En fin, que nunca es tarde si la dicha es buena, y esta ha sido buenísima no, lo siguiente. He tardado mucho, muchísimo, en leer este libro porque soy un desastre en general y tengo demasiado pendiente esperando. Pero es una joyita para quien le interese una novela de detectives especial y diferente, además de una buena investigación histórica en general. De verdad, una joya. Y encima con la pluma de una escritora como Josephine Tey, que hace fácil lo difícil, y que da gusto leer. La sencillez con la que describe la guerra de las Dos Rosas, la simplicidad con la que nos sitúa en un abrir y cerrar de ojos en la Inglaterra del siglo XV... En escasas páginas resume un conflicto, unas familias, una época de una manera diáfana y sin artificios. Muy fan.

Termino (oigo los suspiros de alivio). Para quien le interese toda esta temática, en cuestión de series y películas hay donde escoger (la mayor o menor verosimilitud histórica de cada producción ya es otra cosa). Por poner solo unos ejemplos, desde la adaptación de la obra de Shakespeare al cine de la mano de sir Laurence Olivier, hasta un documental maravilloso que guardo como oro en paño desde que salió en el que Al Pacino deconstruye la obra del propio bardo, llamado Looking for Richard. En cuestión de miniseries tenemos The White Queen, adaptación de la novela de Philippa Gregory, nos lleva a la época de la guerra de las Dos Rosas, con Ricardo todavía como hermano del rey, Eduardo IV. Incluso hay una película británica de 2005 muy desconocida por estos lares pero que también atesoro hace años, titulada Princes in the Tower y basada en hechos reales, en la que se cuenta cómo apareció un hombre que decía ser uno de los dos niños que Ricardo III encerró en la Torre, dieciséis años después de su supuesta muerte. 

Ale, os dejo material para investigar, ver y disfrutar. Haced el favor de leer el libro quiénes no lo hayáis hecho. Y como hoy estoy que lo tiro, os informo que la editorial Hoja de Lata sacó a principios de verano otra novela de la serie de Alan Grant, El caso de Betty Kane. Yo lo recibí como regalito de cumple, así que espera a buen recaudo en la estantería. A ver si cae este mismo año :)






Aviso a navegantes: tengo una copia repetida de este libro. No es la misma edición que aquí enseño, es de bolsillo sin solapas, pero está completamente nueva (sin una sola lectura). Si alguien quiere leer el libro, se la regalo encantada de la vida. Va en serio. Si no me la pide nadie va a acabar pobre y desgraciada en una librería de segunda mano a la espera de que alguien se digne hacerle mimos, así que, sin vergüenza, si alguien la quiere... ¡¡email al canto!! :)


Josephine Tey (Inverness, 1896 – Londres, 1952) es el seudónimo de la escritora escocesa Elizabeth Mackintosh. Fue una mujer independiente y adelantada a su época; jamás se casó y empezó ganándose la vida como profesora de educación física hasta la muerte de su madre, en 1926, cuando tuvo que regresar a casa para hacerse cargo de su padre inválido. Fue entonces cuando, por pura diversión, comenzó a escribir. 
Entre sus obras más elogiadas por la crítica y el público destaca La hija del tiempo, declarada en 1990 la mejor novela de misterio de la historia por la Crime Writers’Association. 
Fue también autora de una docena de piezas teatrales  (escritas bajo seudónimo distinto: Gordon Daviot), y siempre será recordada por haber creado al inspector Alan Grant de Scotland Yard, protagonista de sus mejores historias.