Con confinamiento o sin él, los días pasan y ya toca el resumen de reseñas deabril, que han sido doce en total. Ya sabéis que están ordenadas según la fecha de publicación de las reseñas, y las imágenes están enlazadas por si alguien está interesado en acceder directamente a la reseña para leerla.
Billy, un joven con problemas mentales, se presenta en el
despacho de Cormoran Strike para pedirle que investigue un crimen que
cree haber presenciado de niño. Pero cuando el detective se dispone a
hacerle más preguntas, Billy sale corriendo despavorido de la oficina.
Tratando de llegar al fondo de la historia, Strike y Robin Ellacott,
su antigua asistente y ahora socia de la agencia, emprenden un camino
sinuoso que los lleva desde las salas más recónditas y secretas del
Parlamento hasta una mansión señorial perdida en el campo.
Y mientras el caso se vuelve cada vez más complejo, la vida de Strike
se complica: su fama como detective privado le impide pasar
desapercibido y su relación con Robin se tensa día a día.
Blanco letal, la novela más épica de una serie que ha
vendido más de once millones de ejemplares en todo el mundo, nos ofrece
un nuevo episodio turbador y muy emocionante de Cormoran Strike y Robin
Ellacott.
Las novelas de Cormoran Strike tienen opiniones muy polarizadas, las amas o las odias (y he leído opiniones muy, muy negativas, creedme), pero yo estoy en el grupo de lectores que las disfrutan un montón y a mucha honra, así que aquí paz y después gloria. Si a todos nos hiciese feliz lo mismo nos perderíamos muchas cosas en esta vida. De hecho me gustan tanto estos libros que, en vista de que no tenía pinta de que fuese a salir Lethal White en España (el cuarto libro de la serie), lo compré en inglés. Muchos meses después por fin se publicó la traducción como Blanco letal y me he juntado con los dos ejemplares, pero no me arrepiento niente di niente :) Tras un prólogo que enlaza directamente con el final del tercer libro y arregla un poco ese desaguisado (esto es opinión personal, claro, pero acabé más cabreada que una mona con cierto personaje al final de El oficio del mal. Lo dejaremos así xD), avanzamos un año en el tiempo. Es entonces cuando un hombre joven y alterado, muy desaseado y mostrando síntomas de algún tipo de trastorno mental, aparece en el despacho de Cormoran Strike pidiéndole que investigue un asesinato del que cree que fue testigo cuando era niño. Ni siquiera es capaz de decir si la víctima era un niño o una niña, solo recuerda una manta rosa y la hondonada donde cree que fue enterrado el cuerpo. Al mismo tiempo Jasper Chiswell, nada menos que el ministro de Cultura británico, solicita también los servicios de Cormoran. Afirma estar siendo víctima de chantaje por algo que, cuando lo hizo, no era ilegal, pero que ahora resultaría problemático dada su posición en el gobierno. De algún modo estos dos casos, aparentemente inconexos, pronto parecerán estar conectados, pero encontrar el final de esos hilos que los unen y hacia donde llevan resultará más complicado de lo esperado.
Como os decía arriba, estamos ante el cuarto libro de la serie, y es el más largo con diferencia (750 páginas, casi doscientas más que el anterior). Somos testigos de cómo la agencia de detectives de Cormoran sigue sacando buen rendimiento de la fama y notoriedad que le proporcionan las resoluciones de los casos anteriores, aunque eso también implica que los rostros de Cormoran y su socia, Robin, son bien conocidos por el público británico gracias a la cobertura mediática y su aparición en los medios de comunicación. Esto hace que tengan que recurrir a contrataciones externas para algunos trabajos o, como en el caso de Blanco letal, a disfrazarse o modificar el aspecto para llevar a cabo las investigaciones. Volvemos a movernos por Londres viajando ocasionalmente a otras partes de Inglaterra, seguimos con ese ritmo sin prisa pero sin pausa de investigación que, como ya he dicho otras veces, a mí me gusta mucho, y también vemos cómo algún personaje sigue sufriendo las consecuencias de los hechos traumáticos ocurridos en el anterior caso, por mucho que quiera aparentar lo contrario.
Definir la serie de Cormoran Strike resulta complicado porque ni puede encuadrarse dentro del thriller ni de la novela negra (aunque tenga su parte de denuncia social). Son más bien novelas de suspense o misterio, muy al estilo clásico en el tempo, pero con un toque muy personal de la autora. En Blanco letal quizás repite lugares comunes con respecto a libros anteriores (la pierna amputada de Cormoran y los problemas que le da cuando la fuerza demasiado; sus novias de tres meses que a él le importan un carajo pero que acaban perdidamente enamoradas de él; la aparición como invitada estelar de Charlotte, su ex; Robin... y sus cosas varias, por no desvelar detalles), pero los lectores de la serie ya sabemos a lo que venimos cuando abrimos estos libros y no nos importa mientras todo eso esté bien mezclado con la trama y el caso que toca resolver. Aceptamos barco siempre y cuando las páginas vuelen y entretengan, y así ha vuelto a ser en Blanco letal (al menos en mi caso).
Y luego está la relación Cormoran-Robin tanto en lo personal como en lo profesional... me repito, este es el cuarto libro, así que en este aspecto no puedo entrar nada en absoluto sin desvelar cosas que no debo desvelar porque sus arcos como personajes ya tienen mucho recorrido a estas alturas. Ya desde la primera novela, El canto del cuco, comenté que en esta serie el aspecto personal de los protagonistas era igual de importante que la trama detectivesca, y que la Rowling dedica el mismo tiempo a hablarnos de ellos y sus circunstancias que de las investigaciones que llevan a cabo. Pues ha llevado todo eso en Blanco letal a otro nivel, porque la trama personal es apabullante, y entiendo que haya gente que quiera menos Cormoran-Robin-whatever y más misterio-suspense-acción, pero es inevitable. Sinceramente creo que forma parte de la idiosincrasia de la serie el leer estos libros tanto para adentrarse en un nuevo caso como para seguir avanzando en las peculiares y particulares vidas de los dos personajes principales, y de hecho me sorprendo leyendo la reseña del primer libro y comprobando cómo han ido cambiando mis opiniones sobre algunas cosas conforme los senderos de estos dos se han ido bifurcando, separando y acercándose y vuelta a empezar, y el modo en que han ido actuando en consecuencia. Qué queréis que os diga, yo he vuelto a disfrutar mucho con esta cuarta novela de la serie y las 750 páginas se me han pasado en un suspiro. La trama central está bien armada, la narración de la Rowling es tan asequible como notable y los giros, unos previsibles y otros no tanto, agilizan la historia y equilibran su larga extensión. ¿Por qué se llama el libro Blanco letal? Para averiguarlo tendréis que leerlo, pero a mí la respuesta me ha sorprendido: no te acostarás sin saber una cosa más. La adaptación de la BBC debería ver la luz en algún momento a lo largo de este año, y la autora ya ha confirmado que el quinto libro sale a finales de septiembre con el título de Troubled Blood, así que mi idilio con Cormoran Strike tiene todavía carrete... Os dejo la intro de la serie. Porque sí :)
Robert Galbraith es el seudónimo de J.K. Rowling, y con eso ya está todo dicho.
Como
no puedo poner biografía del tal Robert, y tengo que hacer como que no
pongo la de J.K., os pongo los cuatro libros publicados hasta la fecha con
este seudónimo, aunque J.K. dijo en su
momento que como mínimo serían diez, así que tenemos Cormoran para rato.
El canto del cuco (2013, Espasa)
El gusano de seda (2015, Salamandra)
El oficio del mal (2016, Salamandra)
Blanco Letal (2018, Salamandra)
Troubled Blood (fecha lanzamiento en UK el 29-09-2020)
En un paquete misterioso que ha llegado a la oficina, Robin Ellacott
encuentra, horrorizada, una pierna de mujer. Su jefe, el detective
privado Cormoran Strike, se muestra tanto o más sobresaltado ante el
hallazgo, aunque mucho menos sorprendido. Hay cuatro personas de su
pasado que podrían estar involucradas en el envío, y Strike sabe que
todas ellas son capaces de actuar de una forma tan cruel y abominable.
Mientras la policía se concentra en la única pista que Strike ya ha
descartado, éste y Robin deciden investigar por su cuenta y se sumergen
en el mundo siniestro de los otros tres sospechosos. Pero cuando varios
hechos igual de aterradores empiezan a sucederse, Strike y Robin se dan
cuenta de que el tiempo se les agota por momentos... Además de una trama
de suspense ingeniosamente construida y repleta de giros inesperados,
El oficio del mal nos ofrece una historia apasionante sobre un hombre y
una mujer en una encrucijada tanto personal como profesional. Un libro
que te atrapa hasta la última página.
Por favor, admiremos durante unos idílicos instantes la belleza de la portada...
... Venga, unos idílicos instantes más, que no se diga.
xD.
Hace ya un año reseñé El gusano de seda, la segunda parte de la serie de Cormoran Strike, y he estado aguantando todo lo que he podido para leer esta tercera parte porque quería hacerlo cuando ya hubiese fecha de publicación en España de la cuarta, Lethal White, que salió hace un porrón de meses en UK. Como parece que Salamandra no tiene prisa por sacarla(shame on them! xD), pero yo sí la tenía por saber cómo continuaban las idas y venidas de Cormoran y Robin Ellacott, pues nada, a saltarme planificaciones y buenas intenciones a la torera.
Han pasado unos meses desde los sucesos de El gusano de seda, y en la agencia de detectives de Cormoran Strike todo sigue su ritmo normal... hasta que Robin abre un paquete dirigido a ella que contiene la pierna cercenada de una mujer joven con una nota en la que hay escrita la estrofa de una canción que hace que Cormoran lo tenga claro desde un principio: el remitente de tan pintoresco envío tiene que ser alguien de su pasado, y es alguien que quiere hacerle daño a él de manera personal. Cuatro nombres le vienen directamente a la cabeza, así que se pone en marcha la maquinaria para averiguar la identidad de la víctima (y propietaria de esa pierna) y la del culpable de entre esos cuatro sospechosos. El problema está en que su relación con la policía (a la que ha dejado en ridículo en los dos anteriores casos), no es todo lo buena que debiera y encima se deciden por investigar al único sospechoso de los cuatro que Cormoran casi descartaría desde el principio. Por tanto, Robin y él comienzan a investigar por su cuenta, pero el tiempo que pueden dedicarle es limitado porque tienen otros casos (pocos y por ello imprescindibles para la supervivencia de la agencia), y el asesino no se anda con chiquitas: tiene muy claro que una de sus víctimas (porque habrá más víctimas, naturalmente) será Robin.
En los dos libros anteriores ya quedan bien marcadas las pautas que siguen las novelas de esta serie: ritmo pausado (que no lento) con picos de acción que hacen que la historia avance sin prisa pero sin pausa, y en la que son tan importantes los personajes como la propia investigación en sí. Todo esto sigue formando parte de El oficio del mal, en la que además el tonillo socarrón y agudo de la Rowling (me niego a llamarla Galbraith, sorry) empapa buena parte del libro. Como novedad en esta novela añade un nuevo elemento: el punto de vista del asesino, del que conocemos no solo sus andanzas y sus pensamientos, sino que además confirma la sospecha de Cormoran: quiere vengarse de él, arruinarle la vida sea como sea, y Robin, "la secretaria" (como él la llama), es el vehículo perfecto para darle donde más le duele.
En lo que respecta a Cormoran Strike, si en el primer libro el foco de atención se centraba en su tormentosa relación con su novia de toda la vida, y en el segundo libro lo hacía sobre su discapacidad, en este lo hace sobre un tema que en las anteriores tramas estaba presente pero siempre se trataba de pasada: la más que sospechosa muerte de su madre. Leda era adicta a las drogas y su muerte fue calificada de suicidio, pero Strike siempre ha creído que fue asesinada por su marido de entonces, un cantante con ínfulas de satánico y también drogodependiente, que resulta ser uno de los sospechosos de la historia. Tirando de este hilo conocemos mucho más de cómo fue la vida del Cormoran adolescente en un hogar disfuncional como ese y de cómo lo que ocurrió con su madre sigue siendo una losa que lleva encima y que es incapaz de quitarse de encima. Por lo demás, Cormoran es un personaje muy estable estructuralmente hablando: el Cormoran del primer libro era un Cormoran muycomplejo en cuanto a personalidad, pero muy metódico y más equilibrado de lo que aparentaba en muchos aspectos, y es el Cormoran que seguimos teniendo. Y además es mucho más honesto consigo mismo que Robin.
Y es que Robin... ains, Robin... Yo quería ser Robin en el primer libro, quería entrar a trabajar en la oficina de un detective desaliñado e inteligente como Strike, y demostrar mi valía dando el salto de secretaria a ayudante del detective con trabajo profesional de calle y responsabilidades. Era un personaje con el que resultaba muy fácil empatizar: una joven idealista, inteligente y muy currante que prefiere ganar cuatro duros en lo que le apasiona y ser feliz, a ganar miles en un trabajo que odia siendo infeliz y sintiéndose desaprovechada. Peeeeerooooo.... en el segundo libro ya tuve mis más y mis menos con ella y empecé a alejarme del personaje, no tanto por su labor en la agencia de Cormoran como por cómo maneja su vida privada y su relación con el tontilán (por no llamarle otra cosa) de Matthew. Ya en este tercer libro directamente le he puesto tres velas negras (y como encuentre más en los cajones, más que le pongo). Y eso que conocemos un hecho de su pasado (hecho que yo veía venir desde el primer libro) que supuestamente explicaría su comportamiento en muchos aspectos, pero no, a mí sigue sin convencerme que sea tan espabilada para algunas cosas y tan acomodaticia para otras.
Os decía arriba que en esta novela son tan importantes los personajes como la investigación, y es que sí, las
vidas personales de Cormoran y Robin forman parte del tronco que
conforma el hilo conductor de todos los libros, tanto por separado como
en su vertiente conjunta. Resulta evidente (al menos para el lector, para ellos no tanto) que estos dos prefieren estar el uno con el otro que con el ligue de turno (en el caso de él) o con su impresentable prometido (en el caso de ella), pero aun así toman decisiones bastante alejadas de lo esperable en este tipo de situaciones literarias. Resulta complicado explicar esto sin hacer spoilers para que desde fuera no parezca lo de siempre, pero creedme, la Rowling le da un giro bastante diferente que solo se percibe bien si se leen los libros, y delimita la interacción entre estos dos personajes de un modo fantástico. Y vamos, que la Rowling sabe de sobra el interés del lector en este tema y juega mucho, muchísimo, con él. Que una no se hace muchimillonaria escribiendo libros y siendo tonta (... bueno, algún caso habrá, pero ese es otro tema xD).
Y ya que hablamos de la Rowling, quizás solo es percepción mía, pero cada vez que leo un libro de esta serie la sensación con la que me quedo es que se lo pasa bomba escribiéndolos. No se corta, da igual que estemos ante una novela de género, da igual que estemos a la caza de un asesino... ella hace lo que le viene en gana: se entretiene en describirte lo que le apetece, ese detalle nimio que solo le interesa a ella, o en señalarte esa otra cosa que no tiene nada que ver con la trama pero que está ahí, en el escenario que ella imagina, y quiere que le dediques el segundo de atención que se merece. Y aun así, sin que te des cuenta, te lleva de arriba a abajo por toda Inglaterra de la mano y va construyendo como quien no quiere la cosa una trama que puede parecer sencilla pero que en realidad es muy inteligente y está muy organizada y bien distribuida sobre el papel.
No os voy a contar nada de la investigación en sí, como siempre, así que termino declarando lo evidente, que me lo paso muy bien con esta serie y que me parece muy entretenida, y os aseguro que no las tenía todas conmigo cuando la empecé. Yo soy muy potterhead, que vaya por delante, pero eso no quiere decir que todo lo que esta señora escriba me vaya a gustar porque sí, y de hecho, a pesar de las buenas críticas y lo mucho que gusta en general, Una vacante imprevista me dejó bastante indiferente. Tanto, que hace unos años la adaptaron en formato miniserie y todavía sigo intentando echarle ganas para verla.
Las adaptaciones de los libros de Cormoran Strike sí las estoy viendo, aunque cambian cosas sustanciales como suavizar el personaje de Matthew para hacerlo más... ¿majo? ¿menos impresentable? Imagino que para que las decisiones de Robin no parezcan tan estúpidas como parecen en el libro (lo que me demuestra que no voy tan desencaminada en mi opinión sobre este personaje). En fin, que para no faltar a la tradición, termino reseña con el tráiler de la adaptación de esta tercera novela de la serie :)
Robert Galbraith es el seudónimo de J.K. Rowling, y con eso ya está todo dicho.
Como
no puedo poner biografía del tal Robert, y tengo que hacer como que no
pongo la de J.K., os pongo los cuatro libros publicados hasta la fecha con
este seudónimo, aunque J.K. dijo en su
momento que como mínimo serían diez, así que tenemos Cormoran para rato.
El canto del cuco (2013, Espasa)
El gusano de seda (2015, Salamandra)
El oficio del mal (2016, Salamandra)
Lethal White (2018) - pendiente de publicación en España
Título original: The silkworm Autor(a):Robert Galbraith Editorial: Salamandra
Traducción: Gemma Rovira Ortega
Páginas:544
Fecha esta edición: marzo 2015
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19 euros Ilustración de cubierta: Sian Wilson
La desaparición del novelista Owen Quine no altera demasiado a su
esposa, convencida de que su marido se ha marchado a pasar unos días
solo, tal como ha hecho en otras ocasiones. Por ello acude al despacho
del detective privado Cormoran Strike para encargarle que encuentre a su
esposo y lo lleve de vuelta a casa.
Sin embargo, a medida que la investigación avanza, Cormoran descubre que
tras la ausencia de Quine hay mucho más de lo que su mujer cree. No
hace mucho, Owen había acabado un manuscrito en el que revelaba los
secretos más comprometidos de prácticamente todos sus conocidos. Es
evidente que la publicación de la novela arruinaría sus vidas, así que,
en teoría, cualquiera de ellos haría lo que fuese por impedir que el
libro saliera a la luz.
Segunda entrega de la aclamada serie protagonizada por el detective
Cormoran Strike y su ayudante Robin Ellacott, dos personas que por su
arrojo y determinación, astucia y encanto, honestidad y pasión por su
trabajo forman una peculiar pareja que deleitará a los aficionados a las
historias de misterio y suspense.
Me estoy jugando alguna amistad con esta reseña (no miro a nadie xD), pero el verano pasado os mostré mi entusiasmo por El canto del cuco, la primera parte de la (de momento) trilogíaprotagonizada por Cormoran Strike y su ayudante Robin, y aquí vengo con el segundo tomo de la serie. Me encantan estos libros, os mentiría si os dijese lo contrario. Me lo paso pipa y Cormoran me parece lo más de lo más (lo replus). Así que aunque me dispongo a contaros qué me ha parecido la novela, que no os quepa ninguna duda de que me ha gustado mucho, y eso que iba con reparos porque el segundo no le ha gustado a mucha gente que sí le gustó el primero (y de hecho dicen que es el más flojo de los tres). Pero nada, lo que os digo, yo a lo mío: me ha gustado. Han pasado unos meses desde los acontecimientos que tuvieron lugar en El canto del cuco. Strike se ha convertido en el detective privado de moda, le caen casos y trabajos como churros, la gente de dinero se pelea por contratar sus servicios... y vamos, que lo que en el primer libro eran todo penurias económicas, en este, por ese lado, se ha despejado el camino. Pero Cormoran está muy harto de los ricos maleducados estos, así que cuando una mujer sin un penique le pide que encuentre a su marido, Owen Quine, un escritor con ínfulas de genio que lleva desaparecido días, acepta el caso aun a sabiendas de que seguramente no cobrará por él.
Pero algo que parecía muy sencillo (encontrar a un hombre que supuestamente se ha ido de picospardos con alguna amante), se convierte en algo mucho más turbio, grotesco y truculento... tan turbio, grotesco y truculento como el último manuscrito que quería publicar Owen Quine, Bombyx Mori(el gusano de seda que da título al libro, pero en latín), y alrededor del que parece girar todo el misterio de su desaparición, porque no solo crea un nuevo subgénero literario, el brutalismo mágico, sino que en él no deja títere con cabeza entre su familia, sus amistades, sus amantes y los personajes del mundo editorial en el que se mueve. Y ese manuscrito lo han leído muchas personas, así que, por decirlo de algún modo, hay muchos, muchos sospechosos que odian a muerte a Quine.
Lo único que me había revelado de Bombyx Mori era que el gusano de seda era una metáfora del escritor, que sufre una agonía para escribir algo que valga la pena.
Ya lo dije en El canto del cuco, esta serie protagonizada por Strike contiene historias donde no hay que esperar acción trepidante porque no la hay. Bebe mucho de los clásicos policíacos, del sin prisa pero sin pausa, del investigar para averiguar, de los interrogatorios, de las visitas a sospechosos, de las vigilancias a pie de calle... y todo a su debido tiempo sin trucos ni piruetas mortales; sigue sus premisas y en su ritmo se asemeja mucho más a esos clásicos que menciono que a los thrillers o novelas negras actuales. Son novelas policíacas en las que el caso avanza sin estridencias pero sin grietas, y dando mucha, muchísima importancia, a los personajes. Y es que, como ya pasaba en el primero, el terreno personal de los dos
protagonistas es casi igual de importante que la trama, y ambas
cosas se entrelazan a lo largo de toda la narración.
En el caso de Cormoran cobra importancia, o se le da una relevancia que en el primer libro quedaba más soslayada, a su incapacidad. Esa media pierna que perdió en Afganistán le da muchos problemas, y esa prótesis que utiliza aguantaría el ritmo de una persona normal, pero no el de alguien como él que se tira todo el día en la calle y que tiene una envergadura considerable. Cuando la ciudad se ve cubierta por varios centimetros de nieve, cuando hay que utilizar un coche con marchas, o simplemente un mal paso o un mal movimiento de la rodilla a la que va unida la prótesis, se convierte en un problema grave. En esta segunda novela se ahonda más en el día a día de una persona con estas limitaciones, y en lo mucho que le cuesta a Cormoran reconocerlas o admitir el dolor casi perpetuo que siente en la pierna.
Más allá de eso, el Cormoran Strike que conocimos en la primera novela sigue aquí en todo su esplendor. Su persistencia, la capacidad organizativa adquirida en el ejército, su intuición, su temeridad, su inteligencia... Es muy grande en todos lo sentidos. Soy muy fan de este personaje. Ni yo misma sé por qué, pero estas cosas no tienen por qué tener una razón de ser. Me encanta, y ya está.
Con Robin sí que he tenido mis más y mis menos... el grito de "¡Todas somos Robin!" de mi reseña de El canto del cuco se ha quedado un poco chafadillo (de verdad, luego me releo pasado el tiempo y se me va mucho la pinza... jajaja). A ver, la Robin inteligente e intuitiva que quiere ser a toda costa detective privado, que quiere que Cormoran le dé más responsabilidades, que quiere dedicar su vida a esto, que rechaza trabajos mucho mejor pagados por cumplir su sueño, que quiere que reconozcan su talento... esa Robin peleona sigue estando ahí. Pero luego hay una Robin que no me gusta nada, la Robin que se va a su casa y aguanta al tipejo ese llamado Matthew, del que no puedo dar más explicaciones salvo decir que lo mandaría de una patada en el culo a China. No digo que quiera que surja algo con Strike (¡no lo digo!, ¡no lo digo!, ¡no estoy cruzando los dedos debajo de la mesa!, ¿vale? xDDD), pero estoy esperando a ver cuándo se da cuenta de ciertas cosas y pone pies en polvorosa. Muy en polvorosa. Porque Robin es muy lista para algunas cosas pero muy tonta para otras.
En cuanto al mundo en el que se desenvuelve la trama, si
ya en el primer libro no era nada soslayada la crítica a los nuevos
ricos y sus pies de barro, en este es el mundillo editorial el que
recibe unos cuantos zascas, tanto por el modo en que las editoriales
tratan de aprovechar cualquier suceso siniestro con tal de hacer caja,
como por la rivalidad entre autores a cuentas de su talento y éxito (o
la carencia de una o ambas cosas), como por los escritores en sí mismos y
lo que están dispuestos a hacer con tal de ver su nombre en la prensa.
En esta historia hay mucho ego suelto, los escritores protagonistas se
creen la repanocha, y no me cabe duda de que la Rowling
Galbraith ha volcado mucho de lo visto y vivido en todos estos años.
Toda la novela gira alrededor del mundo editorial, y por un lado o por
el otro caen perlas sobre el tema. Se llega a decir que hoy por hoy hay
más escritores que lectores, que hay obsesión por publicar, que todo el
mundo se cree con talento para escribir un libro... También da una
visión bastante negativa de los autores que están en la cima del éxito
(o lo han estado alguna vez y han caído en el olvido). Mucho se podría
debatir sobre esto.
Los
escritores somos una raza salvaje, señor Strike. Si busca amistades
duraderas y camaradería desinteresada, alístese en el ejército y aprenda
a matar. Si prefiere una vida llena de alianzas pasajeras con colegas
que se regodearán con cada uno de sus fracasos, escriba novelas.
Ya sabéis que siempre evito contar ni una palabra de más sobre el caso en sí y lo que se va averiguando, así que lo dejo aquí. A mí me ha parecido muy bien narrada, bien hilada y bien resuelta (bueno, hay una cosa hacia el final en plan "no te flipes tanto, J.K." que tampoco tiene mayor importancia pero que mi lado tiquis no puede dejar de mencionar). Iba con pies de plomo pero me ha gustado, y del tercero hablan muy bien, así que ¡alegría! A seguir disfrutando de Cormoran. Y para quien le interese, la BBC emitió las adaptaciones de los dos primeros libros antes de Navidad, y la del tercero se está emitiendo esta misma semana. Yo os dejo el tráiler de la adaptación de este segundo libro, que es el que toca :)
Robert Galbraith es el seudónimo de J.K. Rowling, y con eso ya está todo dicho.
Como
no puedo poner biografía del tal Robert, y tengo que hacer como que no
pongo la de J.K., os pongo los tres libros publicados hasta la fecha con
este seudónimo y el título del cuarto, ya confirmado. J.K. dijo en su momento que como mínimo serían 6, así que tenemos Cormoran para rato.
Título original: The cuckoo's nest Autor:Robert Galbraith (aka J. K. Rowling) Editorial: Espasa Traducción: Jesús de la Torre Olid
Páginas: 550 Fecha publicación: 2013
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 19,90 euros Diseño de cubierta: Adaptación de la original por parte del Departamento de Arte y Diseño (Planeta)
Una joven modelo con problemas emocionales cae desde su balcón de
Mayfair en plena noche. Su cuerpo yace en la calle nevada. Todo el mundo
asume que ha sido un suicidio, excepto su hermano, que contrata los
servicios del investigador privado Cormoran Strike para que se encargue
del caso.
Veterano de guerra con secuelas físicas y psicológicas, la
vida de Strike es un desastre. El encargo le da cierto respiro
económico, pero cuanto más profundiza en el complejo mundo de la modelo,
más oscuro parece todo y más se acerca Strike a un gran peligro.
Un
elegante misterio impregnado de la atmósfera de Londres, desde las
calles más selectas de Mayfair hasta los pubs ocultos del East End o el
bullicio del Soho.
Creo que a estas alturas de la vida me ahorro lo de comentar que Robert Galbraith es el seudónimo de J. K. Rowling, y prosigo :)
Llevaba siglos detrás de ponerme con las novelas protagonizadas por el detective Cormoran Strike, pero entre unas cosas y otras lo fui dejando. Hace unos meses me enteré de que habría adaptación de la BBC de los tres libros, y me dije que esta era la mía y que tenía que leerlos antes de que comenzase. Este pasado domingo 28 de agosto se estrenaba el primer capítulo... y yo con los rulos puestos y el libro sin leer. Pues bien, si os digo que desde el domingo 28 no ha pasado ni una semana, que encima estoy de viaje mientras leéis esto, y que evidentemente estoy colgando reseña y el libro está, por tanto, leído, os haréis una idea de lo que me ha durado en las manos. No más de un par de días en el que no podía dejar de pasar las páginas. Y creedme, me sentí aliviada, porque Una vacante imprevista no llegó a hacerme todo el tilín que me hubiese gustado, y tenía todas mis esperanzas puestas en los libros de este oso detective de 1,90 metros. Muy fan (hasta las trancas) de Cormoran Strike y muy reconciliada con J.K. Rowling más allá de Harry Potter. Esta novela y estos personajes no necesitaban un seudónimo para triunfar.
Sé que ya lo habréis leído muchos, y además hace mucho tiempo, pero hago mini-resumen. La historia comienza con una súper modelo, Lula Landry, cayendo desde su balcón hacia la muerte una fría y nevada noche de enero. Con un pasado conflictivo, diagnosticada con trastorno bipolar, se concluye que se ha suicidado y se da carpetazo a la historia. Tres meses después el hermano de Lula se presenta en la oficina del detective privado Cormoran Strike para que investigue lo que sucedió; él cree que fue asesinada.
Este caso coincide con la llegada a la oficina de Robin Ellacott para ocupar el puesto de secretaria temporal. Robin no puede creerse su buena suerte, porque siempre había soñado con trabajar para un detective privado, pero lo que se encuentra es un Cormoran en el peor momento de su vida, que acaba de dejar a su prometida tras quince años de relación, que vive en la oficina y que además no tiene un penique y es incapaz de pagar el préstamo con el que abrió la oficina. Ah, y es hijo de una celebridad rockera al estilo de Mick Jagger y una de sus grupis... tuvo una infancia, como mínimo, complicada, aunque eso, en el mundo del famoseo que desconfía de los detectives y sus preguntas, abre muchas puertas.
El canto del cuco es un comienzo fascinante para esta pareja tan peculiar de detective y secretaria con aspiraciones detectivescas. J.K. Galbraith tira de veteranía para componer dos personajes tan bien escritos que a las cien páginas ya los conoces como la palma de tu mano, y a los que no dejas de ver crecer a lo largo de la novela. Te arrastran con ellos, adoras a Cormoran, adoras a Robin, y en fin, que a mí, como veréis, me han convencido por completo.
El caso en sí está llevado con mano de hierro, al estilo más clásico, sin flipadas varias ni intentos de impactar al lector con disparates sacados de la manga: una investigación con un tempo que a muchos podría parecerle lento pero que a mí me ha encantado, paso a paso, llena de conversaciones, entrevistas, personajes que entran y salen, y sin llegar a saber casi hasta el final qué es lo que le ronda por la cabeza a Strike.
La admiración y cariño que derrocha J.K.
Galbraith por la literatura clásica de detectives son evidentes, sobre
todo porque sabe traérsela a nuestros tiempos y, cogiendo todo lo mejor
de este género, construye unos personajes muy especiales al servicio de una trama sin artificos pero compacta... uno personajes de esos que esperas que protagonicen más libros, porque los
haces tuyos, te llegan. Con una sencillez apabullante construye a un
Cormoran Strike que se queda en la retina y que deberían
estudiar todos aquellos que escriben novela negra o thrillers y tiran de
un cliché tras otro para construir otro cliché más con patas. Y qué puedo decir de Robin... todas somos Robin (o casi todas... bueno, va, yo soy Robin). Es que este personaje, y su pasión por trabajar para un detective privado, me han hecho rememorar cómo me sentí cuando conocí la serie de Doctor Who (Friki alert!! Friki alert!!). Cuando comencé a ver esa maravilla de la ciencia-ficción, donde un Señor del Tiempo viajaba en una cabina telefónica azul en el tiempo y el espacio, hacia delante y hacia atrás, a millones de años luz o a la vuelta de la esquina... yo no quería ser el Doctor, yo quería ser la Companion, la humana que le acompañaba y se emocionaba y maravillaba en cada aventura. Yo QUERÍA ser la Companion (Rose a ser posible... con el Décimo, por el amor de dos). Bueno (que me desvío), pues eso me ha hecho sentir Robin con su pasión por este trabajo. Yo he querido ser Robin en este libro. Y para mí ese es el mayor piropo que le puedo echar a este y a cualquier otro personaje.
No quiero terminar sin comentar la visión que muestra J.K. del mundo del famoseo desde una perspectiva de alguien que entra en él sin llegar a integrarse del todo. La crítica a la superficialidad e idiotez de las clases altas sociales, de los nuevos ricos y sus extravagancias o incapacidades para manejar su fama y sus cantidades ingentes de ingresos... a veces da la sensación que es un punto de vista muy personal, el de una persona que también ha dado el salto de no tener nada a tener millones en el banco y que, a pesar de tenerlo todo, de moverse en un mundo impensable veinte años atrás, ha mantenido los pies en la tierra y una actitud reprobatoria hacia ese mundo con pies de barro.
En fin, que por si os cabía alguna duda, me lo he pasado pipa con El canto del cuco. Es un thriller sencillo en la forma pero que funciona como un reloj, y precisamente en esa sencillez está su encanto en una época en la que desde el género se intenta rizar mucho el rizo, y en la que se quieren contar demasiadas cosas a ver cuál impacta más. Se agradece de vez en cuando una historia que se tome su tiempo, que introduzca perfectamente a los personajes y su investigación y en la que encima no se quede ningún cabo suelto. Estoy deseando ponerme con El gusano de seda, y comprobar cómo les va a este par de íntegros, inteligentes, apasionados y astutos detectives.
Os dejo con el tráiler de la miniserie de la que os hablaba al principio. Tom Burke se parece al Cormoran Strike literario lo que un huevo a una castaña, pero como resulta que soy muy fan de este hombre, no seré yo la que le ponga pegas :)
Me encontré esta foto por Internet y no puedo remediar ponerla. Robert Galbraith que ni pintao :)
Como no puedo poner biografía del tal Robert, y tengo que hacer como que no pongo la de J.K., os pongo los tres libros publicados hasta la fecha con este seudónimo (y que os aseguro desde ya que no tardaré en traer por aquí).